The Project Gutenberg EBook of Historia de Amrica desde sus tiempos ms
remotos hasta nuestros das, tomo I, by Juan Ortega Rubio

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Title: Historia de Amrica desde sus tiempos ms remotos hasta nuestros das, tomo I

Author: Juan Ortega Rubio

Release Date: September 24, 2018 [EBook #57960]

Language: Spanish

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                               HISTORIA
                                  DE
                                AMRICA

                     DESDE SUS TIEMPOS MS REMOTOS
                          HASTA NUESTROS DAS

                                  POR

                         D. JUAN ORTEGA RUBIO

                CATEDRTICO DE LA UNIVERSIDAD CENTRAL.


                                TOMO I.


                                MADRID
                 LIBRERA DE LOS SUCESORES DE HERNANDO
                       CALLE DEL ARENAL, NM. 11
                                 1917




PRLOGO


    I. POLTICA DE ESPAA EN LAS INDIAS.

   II. PLAN DE LA OBRA.

  III. FUENTES DE CONOCIMIENTO.

   IV. EXPOSICIN DE PROPSITOS.

    V. DESCRIPCIN GEOGRFICA DE AMRICA.




I

POLTICA DE ESPAA EN LAS INDIAS.


Cuando no conservamos un palmo de terreno en Amrica, cuando los
hermosos restos de nuestro inmenso poder colonial han adquirido
recientemente su independencia, tomamos la pluma para escribir
la historia de aquella parte del mundo. Hace tiempo que venimos
acariciando esta idea; pero circunstancias especiales nos han impedido
realizarla. Bajo el peso de larga enfermedad y en los ltimos aos
de la vida, tendremos tiempo para resear los muchos y variados
acontecimientos que se han sucedido en el Nuevo Mundo? Tendremos
fuerzas intelectuales y fsicas para tamaa empresa? Sea de ello lo
que fuere, ponemos manos a la obra, creyendo firmemente que hacemos un
bien a Espaa, y tambin--aunque slo sea por el cario con que hemos
de referir acontecimientos pasados--a las antiguas colonias americanas.
No para atraernos las simpatas de los pueblos del Nuevo Mundo, sino
porque as lo sentimos de todo corazn, comenzaremos afirmando que
nuestra vieja y querida Espaa no quiere, ni puede, ni debe pensar en
ejercer hegemona alguna sobre los pueblos ibero-americanos. Queremos y
aspiramos solamente a una comunin fraternal, y no seremos exigentes si
les recordamos que la mayor parte de los pueblos americanos pertenecen
a nuestra raza, hablan nuestro idioma, piensan como nosotros y llevan
nuestros apellidos.

Espaoles y americanos de raza ibera, olvidando antiguos agravios,
slo pensarn en adelante vivir la vida de la cultura y del progreso.
Espaoles y americanos de raza ibera, inspirados en generosos
sentimientos, condenarn el poder de la fuerza y olvidarn en lo
sucesivo que unos fueron vencedores y otros vencidos, que unos fueron
conquistadores y otros conquistados.

Al mismo tiempo que rogamos a los hijos de aquellas Repblicas de
nuestra raza, que no se olviden de Espaa y que honren la memoria
de los descubridores y colonizadores de las Indias, tambin les
diremos que somos admiradores de los valerosos paladines que en los
comienzos del siglo XIX proclamaron su independencia y libertad. Con
la realizacin de tales acontecimientos, creemos que se cumpla una
ley histrica, la cual consiste en que las colonias, cuando llegan
a la mayor edad, esto es, a cierto grado de civilizacin y cultura,
se separan de la Metrpoli. Aquellas posesiones coloniales, 26 veces
mayores--como escriben Baralt (Rafael Mara) y Daz (Ramn)--que el
propio territorio de la Metrpoli, eran mole inmensa que los hombres
debilitados por la edad y los achaques de Espaa no podan sostener
por mucho tiempo[1]. Lo que llama la atencin y causa extraeza es
el largo tiempo en que Espaa, sin ejrcito ni marina, sin frutos
ni manufacturas para cambiar sus productos, dominase tan extensos
territorios. Lo que impidi por siglos revolucin reformadora en
Amrica fu, segn los citados Baralt y Daz, la despoblacin,
efecto de una industria escasa y del comercio exclusivo; la falta
de comunicaciones interiores que aisla las comarcas; la ignorancia
que las embrutece y amolda para el yugo perpetuo; la divisin del
pueblo en clases que diversifican las costumbres y los intereses; el
hbito morboso de la servidumbre, cimentado en la ignorancia y en
la supersticin religiosa, auxiliares indispensables y fieles del
despotismo; la ctedra del Evangelio y los confesionarios convertidos
en tribunas de doctrinas serviles; los peninsulares revestidos con los
primeros y los ms importantes cargos de la Repblica; los americanos
excludos de ellos, no por las leyes, sino por la poltica mezquina del
Gobierno[2]. Vamos a escribir vuestras hazaas, pueblos americanos.
Nosotros, siguiendo a lord Macaulay, profesamos el principio de que la
poltica leal y honrada es la mejor de todas, y la nica que conviene
as a los individuos aislados como a las colectividades, a los hombres
como a los pueblos[3]. Colocados en el alto tribunal de la historia,
mostraremos una y cien veces que no tenemos prejuicios de ninguna clase
y narraremos con la misma imparcialidad los hechos realizados por los
espaoles que por los americanos de raza ibera o de raza anglo-sajona.
De Polibio es la siguiente mxima: El que toma oficio de historiador,
algunas veces debe enaltecer a los enemigos, cuando sus hechos lo
merecen, y otras reprender a los amigos, cuando sus errores son dignos
de vituperio[4]. Nosotros no tenemos enemigos; son todos amigos.

       [1] _Resumen de la Historia de Venezuela_, tomo I, pg. 1.

       [2] Ibidem.

       [3] _Estudios histricos_, pg. 126.

       [4] _Historia de los romanos_, lib. I.

Tambin queremos que termine nuestra leyenda histrica. Bastante
tiempo hemos hecho y aun estamos haciendo una novela de la historia.
Imprtanos poco que Espaa tenga mayor o menor antigedad; no afirmamos
que el suelo de nuestra nacin es el mejor de Europa, ni paramos
mientes en las hazaas realizadas por los cristianos durante los
tiempos medioevales, ni consideramos a Isabel la Catlica como tipo de
la mujer perfecta, ni creemos en el cesarismo de Carlos V, ni en la
prudencia de Felipe II, ni decimos orgullosos que nuestros abuelos se
cubrieron de laureles peleando con los franceses en los comienzos del
siglo XIX, ni tenemos frecuentemente en nuestros labios los nombres de
Sagunto y de Numancia, de San Quintn y Lepanto, de Zaragoza y Gerona.

No son nuestros escritores los primeros de la historia de la
literatura, como tampoco son nuestros artistas los ms inspirados, ni
nuestros industriales los ms dignos de fama.

En nuestra larga historia encontramos pocos polticos ilustres.

Guerreros y marinos no son superiores a los de otras naciones.
Cuentan sesudos cronistas que nuestros triunfos en los Tiempos
Medios fueron debidos a la intervencin de Santiago o de San Isidro;
refieren competentes historiadores que nuestros desastres en la edad
contempornea fueron gloriosos. Lo primero y lo segundo pertenecen al
mundo de la fbula. Ni los santos intervinieron en aquellas batallas,
ni la fortuna acompa siempre a nuestras banderas. Nuestros cronistas
creyeron en los milagros y nuestros poetas no dudaron de que la
valenta iba siempre unida al espaol. Dejemos tambin descansar las
cenizas del Cid.

Si tiempo adelante (ltimos aos del siglo XV y gran parte del XVI)
el Sol no se pona en los dominios espaoles y los soldados del Gran
Capitn y de Alejandro Farnesio, de Hernn Corts y de Francisco
Pizarro se coronaban de laureles, lo mismo en Europa que en las Indias,
luego, peleando con Francia e Inglaterra, sufrieron grandes reveses y
no pocas desventuras.

Escritores extranjeros y espaoles son injustos con nuestra nacin.
Espaa--dice ilustre historiador desde una ctedra de la Sorbona--nada
ha hecho por la civilizacin y el progreso; y famoso poltico de la
Gran Bretaa ha dicho en popular discurso que Espaa se halla entre
las naciones moribundas. No tiene pulso el pueblo espaol, repeta
Silvela en su pesimismo poltico. Posee Espaa--escribe Macas
Picavea--la patria amada, alientos para seguir viviendo entre los
pueblos vivos de la historia? Es mortal, por el contrario, su agona,
y al fin hemos tocado en la vspera de su desaparicin como nacin
independiente? Cual Polonia y Turqua va a ser repartida y devorada
en forma de despojos por sus poderosos vecinos? Y si hemos de vivir,
a qu precio y con cules remedios? Y, si tenemos de morir, por qu
hemos venido a dar en este trance de muerte?[5].

       [5] _El problema nacional_, Prlogo, pg. VII.

Somos de opinin que no es tan grande nuestra decadencia, ni se
encuentra tampoco tan gastada y pobre la nacionalidad espaola. Cierto
es que adelantamos poco en el camino del progreso y que el miedo, el
apocamiento y el egosmo, como en las pocas de verdadera crisis,
se halla en la mayora de nuestros compatriotas. Apenas encontramos
hombres de carcter. Aquellos que creamos espritus fuertes, se
han convertido en aduladores cortesanos. Hasta los sabios y los
artistas rinden culto al que la fortuna, caprichosa de suyo, levanta
sobre el pavs. La inteligencia--tales eran las palabras de Colbert
refirindose a los sabios de su tiempo--rindi respeto y vasallaje al
monarca (Luis XIV). Las clases ricas, ms vanidosas que prudentes, se
cruzan de brazos, cuidndose poco de la prosperidad o decaimiento de
Espaa. La clase obrera, especialmente en las grandes poblaciones,
si ama el trabajo, gusta ms de los placeres. Los establecimientos
de enseanza, lo mismo los pertenecientes al elemento civil que al
militar, piden reformas a voz en grito. Maestros y discpulos andan
desorientados, los primeros, sin vocacin alguna, y los segundos, sin
entusiasmo por la ciencia. Si de poltica se trata, hemos de decir que
en los Cuerpos Colegisladores (Senado y Congreso) abundan los audaces,
no los ms conocedores de la poltica o de la administracin pblica.
Los gobiernos que se suceden de algn tiempo a esta parte marchan casi
siempre a la ventura y carecen frecuentemente de ideales. No aparece
un hombre de Estado ni un verdadero orador. Estudiando la situacin
poltica de Francia, escriba Timn lo siguiente: Lo confesar, aunque
haya de ofender la vanidad de mis ms ilustres contemporneos: nunca
conoc a un hombre, a uno slo, que me pareciese enteramente digno de
dirigir el gobierno de mi pas, ya por falta de talento, ya, sobre
todo, por falta de virtud[6]. Ms adelante, aade: Cuntos oradores
se asemejan a esas lucirnagas o gusanos de luz que centellean en la
hierba como la estrella en los cielos! Pero acrquese a ellos una
luz, y verse cun fcilmente pierden su fosforescencia y brillo[7].
Seramos justos si dijsemos de nuestros actuales polticos y oradores
lo que el crtico francs deca de los de su tiempo y de su nacin?

       [6] _Libro de los oradores_, tomo I, Advertencia, pg. VII.

       [7] Ibidem, pg. 40.

Sin embargo de nuestro decaimiento presente, Espaa debe ocupar
puesto importante entre las naciones europeas; pero no oigamos
impasibles las quejas de nuestro pobre pueblo, ni permanezcamos con
los brazos cruzados ante las desgracias de esta bendita tierra, donde
descansan las cenizas de nuestros mayores y donde descansarn las de
nuestros hijos, ni cerremos los ojos para no ver que estamos cerca
de un precipicio. Sera cobarda llorar sobre las ruinas de nuestras
ciudades, como el profeta Jeremas lloraba sobre los restos de
Jerusaln. Sera propio de mujeres llorar por la prdida de Granada,
como el infortunado Boabdil. Nos hallamos amenazados de grandes males?
No lo sabemos. Nos asaltan tremendas dudas.

En estos momentos, cuando nuestro espritu se encuentra confuso, un
rayo de esperanza cruza por nuestra mente. Si llegase la hora tremenda
anunciada por muchos, volvamos la vista a las Indias, a esas Indias
descubiertas por nuestros antepasados. A vosotros, hijos del Nuevo
Mundo, pediremos entonces albergue en vuestras populosas ciudades o en
vuestros ricos y productivos terrenos. Nada esperamos ni queremos de
las egostas naciones de Europa; tenemos toda nuestra confianza en los
generosos pueblos americanos. No deis crdito a ciegos defensores de
los indios, a la cabeza de los cuales se hallan Ercilla, autor de _La
Araucana_, y el P. Las Casas, Obispo de Chiapas. Uno y otro, Ercilla y
Las Casas, llegaron a olvidar frecuentemente que la imparcialidad es
una de las cualidades principales y ms necesarias del historiador.
Lejos de mostrarse imparciales en sus juicios, se convirtieron--y
sentimos tener que decirlo--en plaideras asalariadas de los indgenas
y en acres censores de los espaoles.

No deis crdito a D. Jorge Juan y a D. Antonio Ulloa. Sin poner en
duda los mritos de los insignes marinos, conviene no olvidar el
espritu generoso que les animaba al dirigir censuras tan amargas a
las autoridades de las Indias. Segn ellos, la misma conducta que los
antiguos cartagineses y romanos observaron en Espaa, los espaoles
del siglo XVI observaron en el Nuevo Mundo. Aqullos fueron fieros
conquistadores y codiciosos comerciantes; nosotros no les fuimos en
zaga cuando de exacciones y rapias se trataba. Si en el fondo hay
bastante verdad en el relato, no se olvide la poca y el modo de hacer
la informacin. El P. Las Casas fu el maestro, mejor dicho, el orculo
de todos los escritores de las Indias, los cuales mostraron empeo
en exagerar las doctrinas del piadoso prelado. Hermoso es el cuadro
que pintaron nuestros sabios marinos, no sin que se note a primera
vista demasiado colorido y alguna que otra incorreccin en el dibujo.
Buscaron el efecto de la pintura, la expresin vigorosa y enrgica,
movidos exclusivamente por el corazn, por los sentimientos generosos
de la poca (Apndice A).

No deis crdito a los muchos autores extranjeros que repiten a toda
hora que el aventurero castellano lleg al Nuevo Mundo llevando en una
mano la espada y en la otra incendiaria tea, como si se propusiese
conmover y aterrar a los mismos indgenas salvajes.

Menos crdito debis dar a juicios apasionados de famoso escritor
francs, el cual, con ms deseo de causar efecto que de decir verdad,
ha escrito lo que copiamos a continuacin: Espaa--tales son sus
palabras--pone la primera el pie en Amrica; pero esta nacin devota no
sabe ya pensar ni trabajar; no sabe ms que asolar, destruir y rezar su
rosario; mata, saquea, pasea la cruz y la hoguera a travs de Mxico,
y deja all, para bienvenida, la inquisicin y la esclavitud[8].

       [8] Pelletan, _Profesin de fe del siglo XIX_, pg. 355. Tr.

Si hubo exageracin en la pintura de Ercilla y del P. Las Casas, de
D. Jorge Juan y de D. Antonio Ulloa; si apenas tiene parecido con el
original lo escrito por el autor de la _Profesin de fe del siglo XIX_,
no por eso habremos de negar que algunos o muchos descubridores y
conquistadores ni fueron prudentes, ni buenos, ni justos.

Pero, sea ms o menos censurable la conducta de aquellos espaoles del
siglo XVI, prometemos que en la centuria XX nuestras armas sern la
azada, el arado, el pico, la sierra, el martillo y el yunque. En el
siglo XVI fuimos en busca del misterioso Bellocino y a pediros que nos
llenaseis una habitacin de rico metal; pero en el XX iremos a labrar
el suelo, a edificar la casa, a variar el curso de los ros, a guiar
las aguas del manantial, a derribar el rbol, a tallar el mueble, a
cultivar el tabaco, el caf, la caa de azcar y el algodn, a coger el
cacao, a buscar la esmeralda; en una palabra, a compartir con vosotros
el trabajo y a tomar parte en vuestras alegras y en vuestras penas. En
el siglo XX, en cambio de vuestra proteccin y ayuda, os recordaremos
el _Quijote_, la condenacin ms enrgica de nuestras antiguas locuras,
y _La vida es sueo_, el cntico ms hermoso de la libertad; y os
llevaremos _Las nacionalidades_, aspiracin nueva del pueblo espaol, y
los _Episodios nacionales_, gallarda y simptica relacin de nuestros
usos y costumbres.

Las dos manos que vemos en la bandera argentina, no son las dos de
aquel pas, sino una es la de Amrica y la otra es la de Espaa. Si
la obra de nuestros antepasados en el Nuevo Mundo fu de guerra,
la nuestra ser de paz. Si los espaoles que pasaron a las Indias
eran--como dice Platn de los espartanos del tiempo de Licurgo--_ms
que ciudadanos, soldados acampados bajo tiendas_, a la sazn tenemos
presente el precepto pedaggico americano que dice: Si la antorcha de
la libertad ha de iluminar el mundo, es preciso que sea con la luz del
entendimiento. La obra que queremos realizar, no slo ser de paz,
sino tambin poltica, pues pretenderemos fomentar la unin de las
Repblicas latinas entre s y luego la unin de dichas Repblicas con
la madre Patria. Nada importa que sea grande el espacio que separa
a Espaa de Amrica; nada importa el largo tiempo en que han estado
separados espaoles y americanos. Unos y otros jams olvidarn una
fecha memorable: el 12 de Octubre de 1492.

Buena prueba de ello es la noticia que copiamos a continuacin. El
Secretario de Estado o de Relaciones Exteriores de la Repblica
dominicana, en carta fechada el 20 de Noviembre de 1912, y dirigida a
sus colegas de las otras naciones de origen ibero en aquel Continente,
recomienda la celebracin del da 12 de Octubre, aniversario del
descubrimiento de Amrica, como fiesta nacional en todos los Estados
ibero-americanos.

He aqu el prrafo de la carta de que queda hecha referencia, que atae
al asunto que nos ocupa:

  Cree asimismo la Repblica Dominicana que las naciones del Nuevo
  Continente deben perpetuar de un modo que revista mayor gratitud
  y amor el da inmortal del descubrimiento de Amrica. No slo con
  el objeto de honrar de una manera solemne y general el nombre del
  esclarecido nauta genovs Cristbal Coln, sino con el laudable
  propsito de que todas las naciones americanas tengan un da de
  fiesta comn, el Gobierno de la Repblica Dominicana se permite
  proponer igualmente al de V. E., que ese da, con la denominacin
  que se considere oportuna, sea declarado de fiesta nacional en
  vuestro pas.

  Ya mi Gobierno lo ha declarado de fiesta oficial con la
  denominacin de Da de Coln, a reserva de hacer que las Cmaras,
  tan pronto termine el receso en que se encuentran, lo declaren da
  de fiesta nacional[9].

       [9] _Unin Ibero-Americana_, nm. 4, pgs. 6 y 7.

  La Asamblea Nacional Legislativa de la Repblica de El Salvador,

  _Considerando_: que el 12 de Octubre, aniversario del
  descubrimiento de Amrica, es una fecha digna de ser conmemorada
  por todas las naciones de este Continente;

  Que varias de estas naciones han decretado da de fiesta nacional
  esa magna fecha histrica, insinuando la idea de que todos los
  pases americanos tributen en este da recuerdo de gratitud y
  admiracin al descubridor del Nuevo Mundo, Cristbal Coln,


                                DECRETA

  Artculo nico. Declrase el 12 de Octubre da de Fiesta Nacional.

  Dado en el Saln de Sesiones del Poder Legislativo. Palacio
  Nacional: San Salvador a 11 de Junio de 1915.

  _Francisco G. de Machn_, Presidente.--_Rafael A. Orellana_, primer
  Secretario.--_J. H. Villacorta_, segundo Secretario.

  Palacio Nacional: San Salvador, 12 de Junio de 1915.

  Publquese.--_C. Melndez._--El Ministro de Gobernacin, _Cecilio
  Bustamante_.

Igual conducta que Santo Domingo y El Salvador han seguido las
Repblicas de Cuba, Chile, Argentina, Uruguay, Honduras, Paraguay,
Brasil, Panam, Guatemala y Colombia.

Trasladaremos aqu lo que acerca de la poltica espaola en las Indias
dicen D. Francisco Pi y Margall y D. Jacinto Benavente:

  Las naciones cultas (de Amrica), escribe el ilustre historiador
  Pi y Margall, no vacilo en afirmar que, fuera de la religin y de
  la guerra, tenan mejores costumbres que las de Europa. El Per,
  hasta dentro de la guerra, ya que la haca con ms respeto que
  nosotros a la persona y los bienes de los enemigos. Con nuestro
  contacto depravronse todas, en comn sentir de los primitivos
  historiadores de Indias. Bajo la antigua tirana eran dciles,
  trabajadoras, poco propensas a litigios, modeladas en el uso
  de sensuales deleites; bajo la nuestra, con ser mucho peor,
  contaminronse de todos nuestros vicios y se hicieron rebeldes,
  inactivas, pendencieras, lujuriosas.

  De las tribus salvajes no me atrevo a formular juicio general de
  ningn gnero. Las haba rayanas de los brutos y las haba que en
  el sentimiento de la dignidad propia y la ajena igualaban cuando no
  aventajaban a los pueblos cultos[10].

       [10] _Historia general de Amrica_, tom. I. vol. II. pgs.
       1.903 y 1.904.

Del gran dramaturgo Benavente son las siguientes palabras:

  ... Y de nuestra poltica colonial en las Indias, qu no se
  habr dicho? No sera tan tirnica, tan destructora, cuando de
  ellas surgieron pueblos grandes y libres, orgullo de nuestra
  raza. Una poltica tirnica, opresora, destruye toda posibilidad
  de emancipacin. No habramos oprimido tanto, cuando de igual a
  igual, fuertes y triunfantes, pudieron combatirnos y proclamar su
  independencia.

  Yo he visitado alguna parte de la Amrica espaola, y, con orgullo
  puedo decirlo, lo mejor que hall en ella es lo que de espaol
  queda all, pese al cosmopolitismo invasor. Las virtudes de la
  familia espaola, esa discrecin de la mujer no contaminada
  de feminismo, que ms bien debiera llamarse masculinismo, la
  generosidad hidalga en los hombres, el trato afable y llano con los
  iguales, con los inferiores, todas esas virtudes de nuestra raza,
  la ms democrtica del mundo, contrastando con la sequedad de los
  hombres de presa que all acuden de todas partes, hacen de aquellas
  hermosas ciudades, que nos recuerdan a las espaolas, cuando en los
  hogares donde an alienta el espritu de Espaa se penetra como
  amigo, ciudades a la americana, cuando despus, por sus calles,
  entre empujones y codazos, ve uno a los otros, a los extranjeros
  de todos los puntos del mundo, brutales, febriles, codiciosos de
  bienes materiales...[11]

       [11] Discurso ledo en los _Juegos florales_ de El Escorial el
       29 de Agosto de 1915.

Sin embargo del respeto y admiracin que sentimos por Pi y Margall y
por Benavente, habremos de manifestar que no estamos conformes con la
opinin del uno ni con la del otro.

Reconoce el autor de _Las nacionalidades_ que las tribus americanas,
lo mismo cultas que salvajes tenan los vicios de la embriaguez, de
la lujuria, de la prostitucin y del juego. Por nuestra parte diremos
que no debe olvidarse cmo el canibalismo se hallaba extendido por
toda Amrica de la manera ms brutal y fiera, hasta el punto que
muchos pueblos del Amazonas declaraban que preferan ser comidos por
sus parientes antes que por los gusanos[12]. Asimismo sabemos con
toda certeza que unas tribus se contentaban con beberse la sangre
del cautivo, otras se repartan en menudos pedazos las carnes del
difunto, llegando el refinamiento de la crueldad al extremo de que
si no alcanzaba el reparto para todos, cocan algn trozo en agua,
distribuyendo luego el lquido con el objeto de que todos pudiesen
decir que haban probado en mayor o menor cantidad la carne del enemigo.

       [12] Markham, List. of Tribes etc. (Fourk, Anthrop. Inst.
       1895, pg. 233).

Tambin no parece ocioso advertir que la esclavitud era en las Indias
ms brbara y repugnante que en los pueblos de Europa.

No negaremos que numerosas tribus indias que poblaban algunos de
aquellos dilatados pases, ya tuviesen establecida su morada en las
heladas regiones de Groenlandia, ya en las riberas de los caudalosos
Mississip y Amazonas, o en los elevados picos de los Andes, aunque no
tenan gobierno organizado ni leyes escritas y crean en dioses feroces
que se alimentaban de sangre humana, eran dulces, pacficas y buenas.
No negaremos la pureza de costumbres, la sobriedad y el respeto al
extranjero de aquellas tribus brbaras que habitaban en el Gran Chaco
o en la Patagonia. Pero habremos de aadir que muchos indgenas fueron
taimados y perversos. Ellos pagaron con traiciones los beneficios que
reciban de sus patronos, al mismo tiempo que se postraban ante los
espaoles, que les maltrataban o envilecan. Fueron desleales con los
castellanos, que les trataban como hombres; obedientes y cariosos con
los que vean en ellos seres irracionales. No hacan distincin entre
sus bienhechores y sus tiranos.

Si llevamos a Amrica--contestaremos a Benavente--nuestra poltica y
administracin, nuestra religin catlica, nuestro rgimen econmico,
nuestras ideas sobre la hacienda pblica, nuestro sistema municipal
democrtico, nuestras instituciones benficas, nuestros consulados,
nuestras Audiencias y nuestras Universidades, tambin les llevamos
modos, usos y costumbres, ruines pasiones y no pocos vicios. Cierto es
que los frailes por un lado y la Compaa de Jess por otro, cubrieron
el suelo de iglesias y de hospitales, los misioneros llevaron la
civilizacin a los pases ms lejanos e incultos, los artistas de la
Metrpoli instruyeron en las Bellas Artes a aquellos numerosos pueblos
y los colonos espaoles crearon muchas industrias y ensearon a los
indgenas la apertura de caminos y el cultivo de los campos; pero
frailes, misioneros, artistas y colonos abusaron de la ignorancia de
los indios y les engaaron en los tratos que con ellos hicieron.

Si el gran poeta Quintana, recordando nuestras culpas pasadas, crea
vindicar a su patria diciendo:

            _Crimen fueron del tiempo, no de Espaa_,

el historiador, aunque con profundo sentimiento, se ve obligado a decir
otra cosa. De los primeros espaoles descubridores y conquistadores
de Amrica, habremos de afirmar que, hombres de poca cultura y, como
tales, de hbitos un tanto groseros, cometieron con harta frecuencia
desrdenes y tropelas, robos y muertes. (Apndice B).

Los soldados de Corts y Pizarro no tenan la disciplina de aquellos
que mandaba el Gran Capitn, Antonio de Leiva y el marqus de
Pescara, ni aun la de los tercios de Flandes, ni siquiera la de los
que conquistaron Portugal bajo las rdenes del duque de Alba. Los
aventureros que desde Andaluca, especialmente de Sevilla, iban a
Amrica, eran hombres ms dados a la vagancia que al trabajo. Servan
unos de espadachines escuderos a elevadas damas o influyentes galanes;
descendan otros a rufianes de la ms nfima clase de cortesanas;
dedicbanse muchos a cobrar el barato en las casas de juego o se
agregaban a las compaas de comediantes o faranduleros, con el slo
objeto de aplaudir en los corrales a damas y a galanes. En busca de
aventuras se dirigan tambin al Nuevo Mundo castellanos, extremeos,
catalanes y manchegos, gente ruda, altiva y spera en sus costumbres.

Aqullos y stos, unos y otros eran asistentes diarios a las farsas que
imitaban perfectamente o con exactitud las palizas, las lidias de toros
y los autos de fe que celebraba la Inquisicin.

Recordaremos a este propsito al hidalgo de Extremadura, que vindose
tan falto de dineros, y aun no con muchos amigos, se acogi al remedio
a que otros muchos perdidos en aquella ciudad (Sevilla) se acogen, que
es el pasarse a las Indias, refugio y amparo de los desesperados de
Espaa, iglesia de los alzados, salvoconducto de los homicidas, pala
y cubierta de los jugadores (a quien llaman diestros los peritos en
el arte), aagaza general de mujeres libres, engao comn de muchos y
remedio particular de pocos[13].

       [13] Cervantes, _El Celoso Extremeo_, pg. 5.

Y Prescott escribi que los conquistadores del Nuevo Mundo fueron
soldados de fortuna, aventureros desesperados que entraron en la
empresa como en un juego, proponindose jugar sin el menor escrpulo y
con el nico objeto de ganar de cualquier modo que fuese[14].

       [14] _Historia del Per_, tom. II, pg. 215.

Crean que por el derecho de conquista podan, no slo repartirse las
cosas, sino tambin las personas; pero no debemos olvidar--pues el
asunto tiene transcendental importancia--que la gente que iba de Espaa
se vea obligada frecuentemente a subir altas y fragosas montaas, a
recorrer estrechas y pedregosas veredas o valles donde nunca llegaba
la luz del sol, a atravesar caudalosos ros, terribles precipicios y
profundas simas, a subir escarpadas rocas y montes cubiertos de verdor
y cuyas cimas, coronadas de nieve, se ocultaban en las nubes, a bajar
cordilleras, a arrostrar riesgos y trabajos, a luchar de noche y de
da en las ciudades y en los campos. Para conquistar aquel pas, donde
se encontraban hombres sencillos y feroces, civilizados y salvajes,
hospitalarios y antropfagos, necesitaba la Metrpoli, y no lo tena,
poderoso, obediente y disciplinado ejrcito.

Conviene recordar que las distracciones del espaol estaban reducidas
a fugaces amoros con alguna india cautiva, a escuchar picaresco
cuento y a veces legendarias hazaas referidas en largas noches de
invierno por algn soldado poeta. Otra hubiese sido la conducta de los
conquistadores de las Indias al tener en su compaa mujeres de la
misma raza y del mismo pas, pues ellas, con sus amores y caricias, con
sus alegras y bondades, habran transformado por completo el carcter
de aquellos rudos soldados.

Tampoco habremos de negar que algunos de los primeros conquistadores,
con la excusa de la civilizacin, olvidndose de la Moral cristiana,
hollaron las instituciones, sentimientos, usos y costumbres de las
razas americanas. Con la excusa de la civilizacin, algunos de los
primeros conquistadores arrebataron a los indios sus mujeres y sus
hijas, sus casas y sus tierras. Con la excusa de la civilizacin,
algunos de los primeros conquistadores arrojaron de su pedestal
aquellos dolos que haban sido el consuelo de infinitas generaciones,
en tanto que el miedo y el terror, cuando no la desesperacin, se
pintaba en el rostro de los indgenas. Tuvieron a dicha no pocos
religiosos espaoles derribar templos, romper dolos y recorrer
extensas comarcas imponiendo por la fuerza la doctrina del Crucificado.

En otro orden de cosas, tambin se cometieron abusos sin cuento. No
negaremos lo que dice--y que copiamos a continuacin--el provisor
Morales. Es general el vicio de amancebamiento con indias, y algunos
tienen cantidad de ellas como en serrallo[15]. El citado cronista, ms
dado a la leyenda que a la historia, se atrevi a escribir que algunos
espaoles se entretenan, tiempo despus de la conquista, en cazar
indios con perros de caza[16], aadiendo otros autores que hubo entre
los nuestros quienes llegaron a creer que los indgenas no pertenecan
a la especie humana, y que valan, por tanto, lo mismo que un mono o un
caballo. Slo se nos ocurre contestar--y esta es la nica observacin o
comentario a la noticia--que no haban de faltar compatriotas nuestros,
ya que careciesen de toda clase de cultura, ya que por instinto fuesen
crueles y feroces.

       [15] _Relacin dada por el provisor Morales sobre cosas que
       convenan probarse en el Per._ M. S.

       [16] Ibidem.

Tristsima era la vida del indio entre algunos espaoles. El, sin
mujer que le consuele, sin hijos que le ayuden en sus trabajos y sin
familia que se compadezca de sus infortunios, condenado a vivir--si
vida puede llamarse--en el fondo de las minas para extraer el oro y
la plata que los reyes de Espaa gastaban en guerras y los cortesanos
en orgas; agricultor y recolector de los frutos de la tierra para
que se alimentasen sus despiadados amos; esclavo de hombres que se
llamaban religiosos cuando la religin ensea que ambos eran hijos de
un mismo Dios; el indio, repetimos, hastiado de la vida, buscaba en el
suicidio, enfermedad de todas las sociedades caducas y desesperadas,
el trmino de sus penas y dolores. Preferan la muerte a la prdida de
su libertad, a la servidumbre, a la esclavitud. Los incultos indgenas
se crean ms felices que los civilizados espaoles. Indiferentes los
indios a los goces de la cultura, vivan alegres y satisfechos en sus
montaas y bosques. Lo que Dozy deca de los bedunos del tiempo de
Mahoma, decimos nosotros de los indios del siglo XVI. Guiados (los
bedunos)--tales son las palabras del historiador francs--no por
principios filosficos, sino por una especie de instinto, han realizado
de buenas a primeras la noble divisa de la revolucin francesa: la
libertad, la igualdad y la fraternidad[17].

       [17] _Historia de los musulmanes espaoles_, tomo I, pg. 36.
       Tr.

Severos censores hemos sido al juzgar la conducta de los conquistadores
espaoles en las Indias, y sin miramientos de ninguna clase diremos
despus lo bueno y lo malo que hicieron; pero colocndonos en el alto
tribunal de la historia, aadiremos que no todos son negruras en el
descubrimiento, conquista y gobierno de Espaa en el Nuevo Mundo, como
no todo son negruras--aunque otra cosa digan apasionados cronistas--lo
realizado en la colonizacin inglesa y portuguesa de las Indias
Orientales. La imparcialidad no ha sido norma de los historiadores
antiguos y modernos. A pesar de los juicios poco favorables que
escritores europeos y americanos han emitido acerca de la poltica de
los gobiernos de Madrid, Londres y Lisboa, a pesar de la ingratitud
de algunas naciones de Amrica--no todas, por fortuna--con Espaa,
Inglaterra y Portugal, nadie podr negar, o mejor dicho, conviene no
olvidar que un ilustre hijo de la repblica de Gnova, al servicio
de los Reyes Catlicos D. Fernando y Doa Isabel, descubri el Nuevo
Mundo, y que ingleses, portugueses y espaoles llevaron a aquellas
lejanas tierras su respectiva civilizacin y cultura.

Al ocuparnos en las conquistas de unos pueblos sobre otros, tentados
estamos para decir que, lo mismo en aquella poca que antes y despus,
lo mismo si se trata de Espaa que de otras naciones, dichas conquistas
han ido casi siempre acompaadas de abusos y alevosas. Si pecaron
los espaoles, tambin pecaron ingleses, franceses, dinamarqueses y
holandeses. Si no fu generosa ni aun prudente la poltica seguida
por nuestros compatriotas, tampoco lo fu la de otras naciones.
Recurdense los Gobiernos de lord Clive y de Warren Hastings en la
India. Del primero, gobernador general de las posesiones inglesas
de Bengala, dice lord Macaulay lo siguiente: Se sabe que antes de
salir de la India remes a su patria ms de ciento ochenta mil libras
esterlinas por conducto de la Compaa Holandesa, y ms de cuarenta
mil por la Inglesa, aparte de otras considerables sumas enviadas por
casas particulares. Adems, posea joyas de gran precio, medio muy
generalizado entonces de traer valores a Europa, y en la India era
dueo de propiedades cuyas rentas estimaba l mismo en veintisiete
mil libras; de modo, que sus ingresos anuales, cuando menos, segn la
opinin de John Malcolm, pasaban de cuarenta mil libras esterlinas
(3.800.000 reales), rentas en aquella poca tan pinges y raras como lo
son en la nuestra las de cien mil libras. As, que podemos afirmar, sin
temor de incurrir en exageracin, que ningn ingls que comenzara la
vida sin bienes de fortuna ha llegado, como Clive, a encontrarse a los
treinta y tres aos poseedor de tan inmensas riquezas[18]. Respecto a
la administracin de Warren Hastings, gobernador de Bengala, aade el
citado historiador, que es imposible desconocer que hacen contrapeso
a los grandes crmenes que la mancharon, los grandes servicios que
prest al Estado[19]. En efecto, muchos y graves fueron los atropellos
cometidos por Hastings y contados por Burke en la Cmara de los
Lores. Tampoco pasaremos en silencio las crueldades que el francs
D'Esnambuc cometi con los naturales de la Martinica en el ao 1635,
ni la conducta torpe, torpsima de los dinamarqueses en la costa de
Coromandel y de los holandeses en la citada India.

       [18] _Estudios histricos_, pg. 140. Tr.

       [19] Ibidem, pg. 285.

All en la antigedad, la historia ensea que Virgilio daba idea clara
del destino y de la poltica exterior de Roma en los siguientes versos:

    _Tu regere imperio populos, Romane, memento_:

    ..................................................

    _Parcere subjectis, et debellare superbos_[20].

       [20] _Eneida_, lib. VI, versos 851 y 853.

Y las Doce Tablas consagraron aquel terrible principio que dice:

    _Adversas hostes terna auctoritas esto._

Cartago, gobernada por egosta aristocracia, slo quera aumentar el
producto de su trfico, importndole poco las ideas de patria, de
justicia, de honor y de cultura.

Los germanos se apoderaron de la mejor y mayor parte de la tierra de
los vencidos, y algunos de aqullos, los anglo-sajones, por ejemplo, se
hicieron dueos de todo en la Bretaa. Tristsima fu la condicin de
los vencidos.

Cuando los musulmanes lograron la victoria en la Laguna de Janda,
los ibero-romanos sufrieron toda clase de vejaciones, y cuando los
cristianos tomaron a Granada hicieron objeto de su odio a los hijos del
Profeta.

En nuestros das, ingleses, alemanes, franceses, italianos, rusos y
portugueses, guiados nicamente por la idea del lucro, ven en sus
colonias ancho campo donde extender y desarrollar sus respectivas
industrias.

En suma: el _V victis_ de Breno, fu y ser, no la ley horrible del
derecho de gentes en la poca romana, sino el dogma poltico de todos
los tiempos y de todos los pueblos.

De Sir Russell Wallace, son las siguientes palabras: Qu
colonizadores y conquistadores tan maravillosos estos espaoles y
portugueses! En los territorios colonizados por ellos, trazaron cambios
mucho ms rpidos que todos los dems pueblos modernos, y semejantes
a los romanos, poseen sus grandes facultades para imponer su lengua,
cultura y religin a pueblos brbaros y salvajes.

Carioso por dems se muestra con nosotros Sir Russell Wallace. Si
no creemos que Espaa tenga justos ttulos para pedir, como nacin
colonizadora, lugar preeminente en la Historia, tampoco admitimos que
la prdida de las colonias de la Amrica del Sur, sea prueba palmaria
de su incapacidad para gobernar las extensas posesiones adquiridas
en aquellos lejanos territorios. La Gran Bretaa no pudo sofocar la
rebelin y perdi las colonias de Amrica del Norte, y a Espaa le
sucedi lo mismo. Una y otra nacin perdieron sus respectivas colonias
porque deban perderlas, porque no era posible tener en perpetua tutela
pueblos poderosos y cultos.

No olvidemos, no, que las Leyes de Indias son monumento glorioso de la
legislacin espaola, y la Casa de la Contratacin mereci alabanzas,
lo mismo de nacionales que de extranjeros. Y dgase lo que se quiera en
contrario, digna de encomio fu muchas veces la conducta de nuestros
Reyes. Ellos, en no pocos casos, recomendaron con gran solicitud a sus
infelices indios.

Isabel la Catlica deca en su testamento lo siguiente:

  Cuando nos fueron concedidas por la Santa Sede Apostlica las
  Islas y Tierra Firme del mar Ocano, descubiertas y por descubrir,
  nuestra principal intencin fu al tiempo que lo suplicamos al Papa
  Alejandro VI, de buena memoria, que nos hizo la dicha concesin,
  de procurar inducir y traer los pueblos de ellas, y los convertir
  a nuestra Santa Fe Catlica y enviar a las dichas islas y Tierra
  Firme, prelado y religiosos, clrigos y otras personas doctas y
  temerosas de Dios, para instruir los vecinos y moradores de ellas
  a la fe catlica y los doctrinar, y ensear buenas costumbres y
  poner en ello la diligencia debida, segn ms largamente en las
  letras de la dicha concesin se contiene. Suplico al Rey, mi seor,
  muy afectuosamente, y encargo y mando a la Princesa, mi hija, y al
  Prncipe, su marido, que as lo hagan y cumplan, y que ste sea su
  principal fin y en ello pongan mucha diligencia y no consientan
  ni den lugar a que los indios vecinos y moradores de las dichas
  islas y Tierra Firme, ganados y por ganar, reciban agravio alguno
  en sus personas y bienes... Igual conducta--como se muestra por
  diferentes Reales Cdulas--, observaron Carlos I, Felipe II, Felipe
  III y Carlos II. Gloria inmortal merece el Emperador Carlos V por
  la Cdula que di el 15 de Abril de 1540 en favor de los negros de
  la provincia de Tierra Firme, llamada Castilla del Oro (Apndice
  C). No se olvide que Felipe II, al recibir en su palacio al
  visitador Muoz (1568), que ejerci sangrienta dictadura en Mxico,
  le dijo con severidad: Te mand a las Indias a gobernar, y no a
  destruir, contndose tambin que, como casi al mismo tiempo se
  le presentara el Virrey del Per, D. Francisco de Toledo, matador
  del inca Sairi Tupac, le dirigi en tono amenazador las siguientes
  palabras: Idos a vuestra casa, que yo no os mand al Per para
  matar Reyes. Felipe III mir con singular cario a los infelices
  indios. Y en la _Recopilacin de las Leyes de Indias_, Felipe IV
  escribi por su real mano la hermosa clusula que copiamos: Quiero
  que me dis satisfaccin a m y al mundo, del modo de tratar esos
  mis vasallos, y de no hacerlo, con que en respuesta de esta carta
  vea yo ejecutados ejemplares castigos en los que hubieren excedido
  en esta parte. Mandamos a los Virreyes, Presidentes, Audiencias
  y Justicias, que visto y considerado lo que Su Majestad fu
  servido de mandar y todo cuanto se contiene en las Leyes de esta
  Recopilacin, dadas en favor de los indios, lo guarden y cumplan
  con tal especial cuidado, que no den motivo a nuestra indignacin,
  y para todos sea cargo de residencia. Habremos de referir, por
  ltimo, que al confirmar Carlos II la concesin pontifical, lo hizo
  con las siguientes palabras: Y por que nuestra voluntad es que los
  indios sean tratados con toda suavidad, blandura y caricia, y de
  ninguna persona eclesistica o secular ofendidos: Mando que sean
  bien y justamente tratados, y si algn agravio han recibido, lo
  remedien, y provean de manera que no se exceda cosa alguna lo que
  por las letras apostlicas de la dicha concesin nos es inyungido y
  mandado.

La misma simptica conducta siguieron con bastante frecuencia los
Reyes de la Casa de Borbn. Ilustre historiador contemporneo ha dicho
lo siguiente: En lo que se refiere a los indios, hay que repetir
que los monarcas multiplicaban los medios de proteger sus personas e
intereses. Sometidos los naturales por la conquista a un poder extrao,
intimidados ante la superioridad de los europeos, a quienes tenan
que obedecer, era muy justo que la Corte de Madrid les dispensara
consideraciones, para hacer simptico el nuevo rgimen a los que tanto
necesitaban de paternal auxilio y de carioso apoyo; la justicia
deba mostrar mayor solicitud respecto de los dbiles, que haban
perdido sus sagrados derechos como pueblo independiente y soberano; y
los delegados del Rey en las Indias tenan especial recomendacin de
favorecer de todos modos a los aborgenes[21]. Alejandro Humboldt,
cuya autoridad nadie se atrever a poner en duda, ha escrito que la
condicin social del indio espaol era mejor que la de los aldeanos
de una gran parte del Norte de Europa[22]. Tambin el argentino D.
Vicente G. Quesada, aunque a veces ha juzgado con severidad el gobierno
espaol en Amrica, reconoce que no estn en lo cierto los escritores
que afirman que la organizacin colonial fu un centralismo pernicioso,
a la cual atribuyen todos los errores y males de las nuevas naciones
hispano-americanas[23].

       [21] Gmez Carrillo, _Historia de la Amrica Central_, tomo
       III, pgs. 27 y 28.--Continuacin de Milla.

       [22] _Ensayo poltico_, lib. IV, cap. IX.

       [23] _La Sociedad hispano-americana bajo la dominacin
       espaola._

En tanto que los Monarcas austriacos y los Reyes de la casa de Borbn
daban pruebas de su amor a la justicia y del cario que sentan por
los indios, tambin eran dignos de fama y renombre no pocos Virreyes,
Gobernadores, Presidentes, Corregidores, Arzobispos y Obispos. No
todos, ni aun una gran mayora, como fuera nuestro deseo; pero muchos
fueron tolerantes y buenos, como lo confirman antiguos cronistas y
modernos historiadores.

Nadie--por exigente que sea--escatimara aplausos a Antonio de Mendoza
y a Luis de Velasco, virreyes de Mxico; a Manuel de Guirior, virrey
del Per; a Jos Antonio Manso de Velasco, Gobernador de Chile; a
Miguel de Ibarra, Presidente del Ecuador, y a Andrs Venero de Leyva,
Presidente de la Audiencia de Santa Fe de Bogot. Entre los prelados,
justo ser recordar los nombres insignes de Santo Toribio de Mogrovejo,
Arzobispo de Lima, y de Fr. Juan de Zumrraga, Arzobispo de Mxico.
Protectoras incansables las autoridades espaolas de la religin y de
las rdenes religiosas, la religin fu desde la cuna hasta la muerte
el sentimiento general lo mismo del espaol que del indio. Tanto las
autoridades civiles como las eclesisticas se desvelaron por extender
la civilizacin, abrir escuelas, establecer imprentas y llevar a todas
partes el mejoramiento y el bienestar. Que en el esplendoroso cuadro de
los Gobiernos espaoles hubo algunas y, si se quiere muchas manchas,
nada importa, pues toda obra humana las tiene en ms o menos cantidad,
con mayor o menor fuerza sealadas. No hemos de negar que no siempre
estuvieron acertados los Reyes y los Gobiernos en el nombramiento de
las autoridades, lo mismo civiles que militares, para las colonias. Con
mucha frecuencia se impuso el favoritismo y ocuparon elevados puestos
hombres aduladores, necios e intrigantes, cuando no avaros, codiciosos
y crueles.

Para terminar esta materia permtasenos recordar algunos hechos
y dirigir una pregunta. No olvidis que a ltimos del siglo XV
desconocais la escritura alfabtica, los progresos de las ciencias y
las bellezas de las artes, ni tenais arados para cultivar vuestras
tierras, ni utensilios de hierro para todas las necesidades de la
vida, ni carros en que transportar vuestras mercancas, ni buques de
alto bordo para recorrer los mares, ni moneda de ley para el cambio de
vuestros productos. No olvidis que a ltimos del siglo XV ni siquiera
tenais noticia de los animales domsticos, ni sabais nada del cultivo
de los cereales. No olvidis que durante largo lapso de tiempo, unidas
Espaa y Amrica han marchado por tierras y mares realizando su vida,
a veces con gran trabajo, a veces con facilidad extrema; pero siempre
con fe y entusiasmo. Americanos! En uno de los platillos de sensible
balanza colocad lo bueno que habis recibido de los espaoles, y en el
otro platillo colocad lo malo. Qu pesa ms?

Amrica para los americanos! Tal es la consigna adoptada--escribe
Reclus--por las repblicas del Nuevo Mundo para oponerse a las
tentativas de intervencin de las potencias europeas en los asuntos
interiores del continente occidental. Bajo el punto de vista poltico,
no cabe duda que los Estados americanos no han de temer ya los
ataques de ningn adversario, y no se sabe si tolerarn mucho tiempo
en aquellas regiones la existencia de colonias dependientes de un
Gobierno extranjero. Si oficialmente posee todava la Gran Bretaa
la cuarta parte de la superficie del Nuevo Mundo, casi la totalidad
de aquel inmenso espacio est desierto, y las provincias habitadas,
constituyen, por decirlo as, una repblica independiente, en la que
el poder real slo est representado en el nombre, y por todo ejrcito
tiene un regimiento acampado en una punta de tierra en el sitio ms
inmediato a Europa, como si estuviese aguardando rdenes para regresar
a la Metrpoli. Los pueblos del Nuevo Mundo tienen, pues, asegurada
su autonoma poltica contra toda mira ambiciosa del extranjero; pero
bajo el aspecto social, Amrica dista mucho de ser de los americanos;
es de todos los colonos del antiguo mundo que a ella acuden y en ella
encuentran nueva patria, aportando sus usos y costumbres hereditarias,
al par que sus ambiciones, sus esperanzas y la necesaria fuerza para
acomodarse a un nuevo modo de ser. Los que por distinguirse de los
hombres civilizados del resto del mundo se llaman _americanos_, son
tambin hijos o nietos de europeos; el nmero de estos americanos
aumenta en ms de un milln cada ao por el excedente de los nacidos
sobre los muertos; adems, aumenta en ms de otro milln con los
colonos recin llegados, que a su vez se llaman pronto americanos, y a
veces miran como intrusos a los compatriotas que llegan tras ellos. El
mundo trasatlntico es un campo experimental para la vieja Europa, y
como en el antiguo mundo, se prepara all la solucin de los problemas
polticos y sociales en bien de la humanidad[24].

       [24] _Geografa universal, Amrica septentrional_, pgs. 83 y
       84.

Viene al caso recordar que all en el ao 1824, el Congreso de
Panam, siguiendo las inspiraciones de Bolvar, entre otros asuntos,
procur establecer un pacto de unin y de liga perpetua contra Espaa
o contra cualquier otro poder que procurase dominar la Amrica,
impidiendo adems toda colonizacin europea en el nuevo continente,
toda intervencin extranjera en los negocios del Nuevo Mundo[25].
Los temores de Bolvar tenan su razn de ser despus de pelear en
_Ayacucho_ con ejrcitos de Europa. Aade con acierto J. B. Alberdi,
lo siguiente: Si Bolvar viviera hoy da, como hombre de alto
espritu, se guardara bien de tener las ideas de 1824 respecto a
Europa. Viendo que Isabel II nos ha reconocido la independencia de
esa Amrica que nos di Isabel I hace tres siglos, lejos de temer a
la Espaa como a la enemiga de Amrica, buscara en ella su aliada
natural, como lo es, en efecto, por otros intereses supremos que han
sucedido a los de una dominacin concluida por la fuerza de las cosas.
Los peligros para las Repblicas no estn en Europa. Estn en Amrica:
son el Brasil, de un lado, y los Estados Unidos, del otro[26].

       [25] Vase _Simn Bolvar_, pgs. 179 y 180.

       [26] _Simn Bolvar_, pg. 180. Madrid, 1914.

Algunos escritores americanos tienen a gala el denostar a Espaa.
Rechazan indignados la idea de que se les atribuyan las cualidades
de nuestra raza. No quieren llevar en sus venas sangre espaola. El
argentino Domingo F. Sarmiento, autor de la excelente obra _Facundo o
Civilizacin y barbarie_, tuvo el mal gusto de censurar con acritud las
costumbres espaolas en su libro _Viajes por Amrica, Europa y Africa_.
Contra Sarmiento escribi nuestro Martnez Villergas el folleto
titulado _Sarmenticidio_, al cual sirve de preliminar composicin
potica que el inspirado vate haba publicado en Pars el ao 1853. En
ella se lee lo siguiente:

    _Quem Erostrato el templo de Diana,_
    _Y usted, por vanagloria,_
    _Maldice de su raza la memoria:_
    ....................................

La misma animosidad contra Espaa ha manifestado recientemente Fernando
Ortiz, catedrtico de la Universidad de la Habana, en su libro _La
Reconquista de Amrica_. Otros no les han seguido por el mismo camino
en su enconada ojeriza a la madre Patria.

Por fortuna, creemos que no estn en mayora los escritores que piensan
como Sarmiento y Ortiz. No pocos--aunque nosotros quisiramos que fuese
mayor el nmero--aprovechan cuantas ocasiones se les presentan para
manifestar su cario a Espaa. Con singular complacencia hemos ledo
varias veces el siguiente prrafo del Sr. Riva Palacio, ministro de
Mxico en Madrid:

  No se conserva memoria--dice--de otro pueblo que, como el
  espaol, sin desmembrar su territorio patrimonial y sin perder la
  existencia social y poltica, haya formado directamente diez y
  seis nacionalidades enteramente nuevas sobre la faz de la tierra,
  hoy ya emancipadas, y a la que leg sus costumbres, su idioma,
  su literatura, su altivez, su indomable patriotismo y el celo
  exagerado por su autonoma. Diez y seis nacionalidades que marchan
  todas por el camino del progreso, y que, reconociendo con su
  origen todas esas identidades, procuran estrechar cada da ms sus
  relaciones, creando una virtud cvica hasta hoy desconocida, el
  patriotismo continental, que hace de cada americano como un hijo
  cualquiera de las otras Repblicas; y quiz algn da la Espaa,
  hija del antiguo mundo, podr decir delante de esas diez y seis
  nacionalidades, como Cornelia la romana: Tengo ms orgullo en ser
  la madre de los Gracos, que la hija de Escipin el Africano[27].

       [27] Discurso ledo por el general Riva Palacio en el Ateneo
       de Madrid el 18 de Enero de 1892, pg. 9.

Entre los papeles de Manuel Araujo, electo presidente de la Repblica
de San Salvador en el ao 1911, y fallecido en 1914, hallamos uno, en
el cual se consigna este hermoso pensamiento:

  La obra afanosa de mi agitada vida va cumplindose. Bajo la gida
  protectora de Dios, mis flores, mis ensueos de progreso para la
  patria antigua y de libertad para mi pueblo amado, van siendo una
  hermosa realidad[28].

       [28] Vase _Libro Araujo_.--San Salvador, Imprenta Nacional,
       1914.

Merece trasladarse tambin aqu lo que Alejandro Alvarado Quirs ha
escrito al visitar el sepulcro de Coln en Sevilla. Dice as:

  Los pueblos de Amrica deberan visitarlo en cruzadas como el ms
  sagrado de sus cultos; tuvo para nosotros un resplandor celeste,
  una palabra profundamente religiosa, superior a las que el espritu
  del gran guerrero, del artista y del santo nos dijeron al odo, y
  que slo podra ser superada por la armona inefable de nuestras
  creencias, evocadas ante la piedra tumular y el sepulcro abierto y
  luminoso de Jerusaln[29].

       [29] _Bric-Brac._--San Jos de Costa Rica.--Alsina, 1914.

En _La Nota_, peridico de Buenos Aires, ha publicado ltimamente
Jos Enrique Rod un artculo donde, entre otras cosas dignas de
nuestra gratitud, se lee este prrafo: Cualesquiera que sean las
modificaciones profundas que al ncleo de civilizacin heredado ha
impuesto nuestra fuerza de asimilacin y de progreso; cualesquiera que
hayan de ser en el porvenir los desenvolvimientos originales de nuestra
cultura, es indudable que nunca podramos dejar de reconocer y confesar
nuestra vinculacin con aquel ncleo primero, sin perder la conciencia
de una continuidad histrica y de un abolengo que no da solaz y linaje
conocido en las tradiciones de la humanidad civilizada.

De Blanco Fombona son las palabras que copiamos de la revista
_Renacimiento_, de la Habana: La holgazanera espaola, que es una de
las frases hechas ms injustas, labora minas en Bilbao, cultiva viedos
en la Mancha y Aragn, cra ganados en Andaluca y ejerce toda suerte
de industrias en Catalua y Valencia. En un momento de holgazanera
espaola, echaron nuestros abuelos a los moros de la Pennsula,
descubrieron, conquistaron y colonizaron a Amrica, y abriendo los
brazos en Europa, con gesto heroico y magnfico, pusieron una mano
sobre Flandes y sobre Npoles la otra.

A Jos Ingenieros, crtico argentino y autor, entre otras obras, de
las intituladas _Simulacin en la lucha por la vida_ y _Al margen de
la ciencia_, le colocamos entre los defensores de Espaa, aunque otra
cosa digan crticos suspicaces. De la _Revista de Filosofa_, de Buenos
Aires, correspondiente al ao de 1916, copiamos el siguiente prrafo de
largo artculo:

  ... Mi anhelo de espaol sera que en los libros de los nios de
  hoy--los espaoles de maana--se enseara a venerar la memoria de
  un Isidoro, de un Lulio, de un Vives y de un Servet, en vez de
  seguir mintiendo las aventuras del Cid--que vivi mucho tiempo
  con dinero de los moros--, las glorias de Carlos Quinto de
  Alemania--que nadie conoce por Carlos Primero de Espaa--, ni la
  fastuosa magnificencia de los siguientes Hapsburgos--que por la
  indigencia en que vivieron no furonle en zaga a ningn estudiante
  de novela picaresca.

  Constituda una nueva moral, poniendo como ejemplo la tradicin de
  sus pensadores y de sus filsofos, a Espaa le sobrarn fuerzas
  para renacer; las hay en cada provincia o regin; muchas de ellas
  pujan ya en vuestra Catalua intensa y expansiva.

Entre los inspirados vates que mas han amado a Espaa, ataremos a Rubn
Daro. Recordamos aquellos versos:

      _No es Babilonia ni Nnive enterrada en olvido y en polvo_
    _ni entre momias y piedras reina que habita el sepulcro_
    _la nacin generosa, coronada de orgullo inmarchito,_
    _que hacia el lado del alba fija las miradas ansiosas;_

o aquellos de Chocano:

      _Y as Amrica dice: Oh madre Espaa!_
    _Toma mi vida entera;_
    _que yo te he dado el sol de mi montaa_
    _y t me has dado el sol de tu bandera,_

o aquellos otros de Gmez Jaime;

      _Y a Espaa, madre egregia que fecund tu historia,_
    _le ofrecers tu sangre, le rendirs tu gloria;_
    _y el triunfo de la raza le ofrendars tambin;_

o los de Andrade Coello:

      _Erguido quedar siempre,_
    _porque su cumbre tremola_
    _mi altiva ensena espaola_
    _que tu raza no arriar;_

o, en fin, otros muchos inspirados en el mismo sentimiento hacia Espaa.

Al querer--como poco antes se dijo--la unin de los pueblos
hispano-europeos con los hispano-americanos, no deseamos de ningn modo
la enemiga con los de raza anglo-sajona. Pruebas habremos de dar en
el curso de nuestra obra, no slo del respeto, sino de la admiracin
que sentimos por la gran Repblica de los Estados Unidos del Norte de
Amrica.

Algunas veces hemos llegado a creer--y de ello estamos
arrepentidos--que, para contrarrestar el imperialismo de los Estados
Unidos, debieran confederarse todos los pueblos de raza espaola del
Nuevo Continente y con ellos el lusitano americano, bajo la suprema
direccin de los ms poderosos (el Brasil, la Argentina, Chile, etc.)

De un artculo de Castelar copiamos lo siguiente: Pero cuando la
raza anglo-sajona pretende negar nuestra influencia en Amrica,
hacer suyo todo aquel mundo, turbar la paz de nuestras Repblicas,
acrecentar su podero, a costa de nuestro mismo territorio, contar
entre sus estrellas a Cuba; cuando esto suceda, fuerza es que todos
los que de espaoles nos preciamos, unamos nuestras inteligencias y
nuestras fuerzas para no consentir tamaa degradacin y estar fuertes
y apercibidos en el da de los grandes peligros, de las amenazadoras
desventuras[30].

       [30] _La unin de Espaa y Amrica._

Aunque lleg el da tan temido, no se unieron nuestras inteligencias
ni nuestras fuerzas, o mejor dicho, nuestras inteligencias y nuestras
fuerzas fueron vencidas por el inmenso poder de los Estados Unidos. Con
pena habremos de confesar que lo mismo Amrica que Europa se alegraron
para sus adentros de las desgracias de Espaa.

Trasladaremos tambin a este lugar lo que ha escrito el acadmico Sr.
Beltrn y Rzpide, recordando seguramente la destruccin de nuestras
escuadras en Santiago de Cuba y en Cavite. Si hoy los historiadores,
dice, encuentran las races de la decadencia de Espaa en los mismos
das de Carlos I y de Felipe II, en los tiempos de Mac Kinley y
Roosevelt habrn de investigar los historiadores del porvenir el remoto
origen o causa primera de la disolucin y ruina de los Estados Unidos
del Norte de Amrica[31].

       [31] _Los pueblos hispano-americanos en el siglo XX_, pg.
       296. Madrid, 1904.

Ni paramos mientes, ni damos valor alguno a juicios ms apasionados que
justos de ilustrado escritor, cuyo libro ha sido publicado en estos
mismos das. El autor es el agustino P. Teodoro Rodrguez, Rector de
la Universidad de El Escorial, y el libro se intitula _La civilizacin
moderna_.

No vamos a estudiar--dice--aunque bien pudiramos hacerlo, ciertos
actos de carcter internacional, y por todos conocidos, suficientes
para colocar a quien los realiza, sea persona individual o colectiva,
entre los profesionales del bandidaje y de la piratera; nos referimos
a la usurpacin de Espaa por los Estados Unidos de sus colonias
Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Tampoco queremos estudiar, la Historia
dar sobre ello su veredicto, la intervencin _extraoficial_ en las
cuestiones de Mxico y en la actual gran guerra europea, que para
algunos pone en entredicho su honorabilidad como nacin[32].

       [32] Pgs. 153 y 154.

Cuando los hijos de Cuba, Puerto Rico y Filipinas no se hallen
contentos con su estado actual, cuando echen de menos el Gobierno de la
antigua Metrpoli y cuando el progreso se haya interrumpido o cortado
en aquellos pases, entonces y slo entonces estaremos conformes con el
sabio agustino.

Nada importa que Espaa haya perdido una provincia, dos o veinte. Lo
que importa es que la guerra no destruya aquellas ciudades, ni se
hiera ni se mate en aquellas tierras. Lo que importa es que al ruido
de la plvora haya sucedido el reino de la paz y del amor. Entretanto
que gegrafos y religiosos condenan a los hijos de Wshington y de
Franklin, nosotros bendecimos a Dios y entonamos un cntico a la
libertad e independencia de los pueblos. Bendita sea la hora en que la
fuerza fu vencida por el derecho!

Triste, muy triste es que Espaa, la primera nacin que tuvo la
fortuna de llegar a Amrica y la nica que fu duea de ms extensos
territorios, nada posea en nuestros das. La culpa es nuestra. Pero
olvidndolo todo, casi me atrevera a rogar al gegrafo Beltrn y
Rzpide y al telogo P. Martnez que me acompaaran a rezar una oracin
ante las tumbas de espaoles y de americanos, pues las de aqullos y
las de stos se hallan bajo las flores del mismo cementerio. (Apndice
D.)

Grande es el amor que tenemos a Espaa; grande es tambin el amor que
tenemos a nuestras antiguas colonias. Pero no dejamos de reconocer que
en esta vieja Europa los hombres slo piensan en matarse unos a otros
y las naciones en destruirse; en esa joven Amrica, salvo algunas
excepciones, los hombres son laboriosos, emprendedores, y las ciudades
poseen inmensas fbricas dedicadas a la industria y al comercio. Aunque
dichas naciones, lo mismo las europeas que las americanas, sufren
terribles enfermedades sociales, la historia ensea que las primeras
salen de sus crisis maltrechas y debilitadas, al paso que las segundas
continan prsperas y poderosas.

Si all en los primeros tiempos de la historia, el progreso, despus
de cumplir su misin en Egipto, pas a Caldea, China e India, luego
a Grecia y Roma y tiempo adelante a los pueblos todos de Europa, en
nuestros das emprender su marcha al Nuevo Mundo? De Africa pas al
Asia, y de Asia a Europa; pasar al presente de Europa a Amrica?
Buscar otro campo de accin en las orillas del San Lorenzo, del
Mississip, del Amazonas o del Plata? Cuando haya pasado la crisis
terrible porque atraviesa Europa, contestaremos, ya tranquilo nuestro
espritu, que el Antiguo y Nuevo Mundo seguirn su marcha progresiva
y realizarn, cada vez con mayor entusiasmo, la ley del amor y de la
justicia.




II

PLAN DE LA OBRA.


Por lo que respecta al plan de la obra, nos proponemos resear la
vida de los pueblos americanos de una manera clara y ordenada. En
cinco partes dividiremos la HISTORIA DE AMRICA: trataremos en la
primera de la Amrica antes de Coln, o sea, de las primitivas razas
que poblaron el Nuevo Mundo; en la segunda del descubrimiento de las
Indias Occidentales y de los descubrimientos anteriores y posteriores
al del insigne genovs; en la tercera de las conquistas realizadas
por los espaoles y otros pueblos de Europa; en la cuarta de los
diferentes Gobiernos establecidos en aquellos pases o de los Gobiernos
coloniales, y en la quinta de la guerra de la independencia y de los
sucesos acaecidos en aquellos pueblos hasta nuestros das.

Estas cinco partes o pocas se estudiarn en tres tomos; las dos
primeras, o sea Amrica precolombina y los descubrimientos sern
materia del tomo primero; la conquista del pas y los Gobiernos
coloniales se expondrn en el tomo segundo, y la independencia de todos
los Estados hasta nuestros das formarn la historia del tomo tercero.

Veamos ms detalladamente los asuntos que se incluirn en cada una
de las cinco partes. Despus del Prlogo damos algunas noticias
geogrficas del Nuevo Mundo, pasando luego a tratar de la Prehistoria
y de la aparicin del hombre en el continente americano, procurando
resolver la cuestin de si es o no es autctono; y en caso contrario,
cul es su procedencia y el camino que sigui para llegar a Amrica.
En seguida tratamos de las razas y tribus que habitaron el suelo
americano antes del descubrimiento. Si vaga y corta es la historia de
los pueblos que llamamos civilizados, casi nula es la de los pueblos
brbaros. Algunas noticias daremos acerca del estado social de los
indios, de su lengua, de sus conocimientos cientficos y artsticos.
Despus se estudiar el estado de Espaa durante el reinado de los
Reyes Catlicos, y luego los importantes descubrimientos geogrficos
anteriores al del Nuevo Mundo.

As como poetas y santos presentan la invasin de los germanos y la
muerte de Roma, y as como sabios y Papas anunciaban la llegada de
los turcos y la destruccin de Constantinopla, de la misma manera los
isleos de la Espaola tenan como cosa cierta que de lejanas tierras
vendran unos guerreros a derrocar los altares de sus dioses, a
derramar la sangre de sus hijos y a reducir a eterna esclavitud a todos
los habitantes del pas; los sacerdotes del Yucatn profetizaron que
haba llegado el fin de los vanos dioses, que ciertas seales indicaban
prximos y terribles castigos, que estaban cerca los hombres encargados
de traer la buena nueva, que aborreciesen a los dioses indgenas y
adoraran al Dios de la verdad, y, por ltimo, que se vislumbraba
ya la seal de nueva vida, la cruz que haba iluminado al mundo; y
Huayna Capac, el ltimo Emperador del Per, cuando comprendi que se
aproximaba el ltimo momento de su vida, llam a sus dignatarios y les
anunci la ruina del imperio por extranjeros blancos y barbudos, segn
haban pronosticado los orculos, ordenndoles no hiciesen resistencia,
antes por el contrario, se sometiesen de buen grado. Al mismo tiempo
cometas cruzaban los cielos llenando de terror a los peruanos, la
luna apareci teniendo a su alrededor crculos de fuego de diferentes
colores, un rayo cay en uno de los reales palacios destruyndolo
completamente, los terremotos se sucedan unos tras otros y una guila
perseguida por varios alcones vino a caer herida en la plaza del Cuzco;
hecho que presenciaron aterrados muchos nobles incas, quienes creyeron
que era aquello triste agero de su propia muerte. Del mismo modo que
aquel Dios Pan, tan alegre y risueo, que se precipit, all en los
tiempos antiguos, como dice Castelar, en las ondas del Mediterrneo
buscando la muerte[33], y cuyos tristes quejidos oan de noche los
navegantes que surcaban los mares helnicos, otros dioses, en el siglo
XVI, exhalaban su ltimo suspiro cerca de las playas americanas--segn
cuentan los sacerdotes indios--y eran reemplazados por el Dios de la
verdad, de la justicia y de la misericordia.

       [33] _La civilizacin de los cinco primeros siglos del
       Cristianismo_, tomo I, pg. 352.

Con todo detenimiento ser objeto de nuestro estudio la vida de
Cristbal Coln y los cuatro viajes que hizo al Nuevo Continente.

Ultimamente nos fijaremos en los descubrimientos y expediciones de
Alonso de Ojeda, Vicente Yez Pinzn y Juan Daz de Sols, Vasco Nez
de Balboa, Juan Ponce de Len, Juan de Ampus, Rodrigo de Bastidas y
Francisco Orellana.

El tomo segundo est dedicado a la conquista del territorio y a los
Gobiernos de los diferentes Estados. Lo primero que se presenta a
nuestro estudio es la Amrica septentrional, esto es, la Groenlandia,
el Canad y las colonias inglesas. Seguir a la conquista de Mxico, la
de la Amrica Central (Guatemala, Honduras, San Salvador, Nicaragua y
Costa Rica); tambin las Antillas, y, por ltimo, la Amrica Meridional
(Per, Bolivia, Chile, Argentina, Patagonia, Colombia, Venezuela,
Ecuador, Las Guayanas, Paraguay, Uruguay y Brasil).

Libre Espaa de la guerra con los hijos del Profeta, dos rumbos
diferentes tomaron nuestros guerreros: unos marcharon a Italia sin
otra mira que conquistar laureles en los campos de batalla, dirigidos
por aquel ilustre poltico y valeroso soldado, a quien la Historia
designa con el nombre de _El Gran Capitn_; otros, tomaron camino de
Occidente buscando aventuras, o ms bien guiados por la idea del lucro
o por la codicia de oro y piedras preciosas, oro y piedras preciosas
que abundantes se hallaban en la nueva tierra de promisin. En las
guerras del Nuevo Mundo, escribe lord Macaulay, en las cuales el arte
estratgico vulgar no poda ser bastante, como tampoco la ordinaria
disciplina en el soldado; all, donde se haca necesario desbaratar y
vencer cada da por medio de alguna nueva estratagema la instable y
caprichosa tctica de un brbaro enemigo, demostraron los aventureros
espaoles, salidos del seno del pueblo, una fecundidad de recursos y
un talento para negociar y hacerse obedecer de que apenas dara otros
ejemplos la Historia[34].

       [34] _Estudios histricos_, pg. 5.

Inmediatamente ser objeto de examen el Gobierno de los franceses e
ingleses en el Canad, detenindonos en las guerras intercoloniales.
No deja de ser interesante la poltica seguida por ingleses, franceses
y espaoles en los Estados Unidos. Despus de exponer los hechos de
la Capitana general de Guatemala (San Salvador, Nicaragua, Honduras y
Costa Rica), daremos ligera idea de las luchas religiosas en la Amrica
espaola, pasando inmediatamente a hacer ligera resea de los sucesos
acaecidos en el Gobierno de las islas Mayores y Menores, Virreinato
del Per, Capitana general de Chile, Gobierno y luego Virreinato de
Buenos Aires, Gobierno de Colombia y luego Virreinato de Nueva Granada,
Gobiernos de Quito, Panam, Venezuela, Paraguay, Uruguay y Brasil.

Seguir el estudio de la organizacin interior de los Estados, ya de
raza anglo-sajona, ya de raza ibera. All veremos que franceses e
ingleses defendieron y engrandecieron el territorio. Igual conducta
siguieron las autoridades espaolas en nuestras colonias. Del mismo
modo en el tomo citado daremos exacta noticia de las Audiencias,
Consulados, Cabildos y otros tribunales menos importantes, como tambin
de la Inquisicin y de la esclavitud. Adems de las Encomiendas,
procuraremos fijarnos muy especialmente en la Casa de la Contratacin
de Sevilla, en el Real y Supremo Consejo, y en las Leyes de Indias. Con
algunas consideraciones acerca de la instruccin pblica, de la cultura
literaria, artstica e industrial, terminaremos la materia del tomo
segundo.

Asunto del tomo tercero y ltimo ser la independencia de las colonias,
ya de raza inglesa, ya de raza espaola. Antes diremos algo de la cuasi
independencia del Canad en los ltimos aos. Tres nombres gloriosos
aparecen iluminando los primeros tiempos de la independencia de los
Estados Unidos: los americanos Franklin y Washington y el francs
Lafayette. Respecto a las colonias de la Amrica espaola, creemos
indispensable y aun de importancia suma dar a conocer el estado en que
se hallaban al comenzar la guerra; esto es, researemos los movimientos
precursores de la mencionada guerra, el carcter diferente que tuvo
en cada uno de los pases, las noticias que nuestros gobernantes de
all comunicaban de los sucesos y el efecto que dichas noticias hacan
en la metrpoli, las medidas o resoluciones que tomaba el gobierno
de Madrid, las instrucciones que se dieron a los comisionados para
la pacificacin y los resultados que produjeron, no olvidando las
relaciones interesadas de algunas potencias con los insurgentes. Ntase
a primera vista una diferencia entre los Estados Unidos y las colonias
espaolas; los Estados Unidos son--y permtasenos la palabra--un pueblo
trasplantado desde el Antiguo al Nuevo Mundo, y nuestras colonias se
hallan formadas por razas americanas injertas en espaoles; slo el
Brasil es hijo de Portugal.

Cuando se vi que los destinos pblicos principales se provean
casi siempre en hijos de Espaa y no en americanos[35], cuando las
Reducciones[36], Repartimientos[37] y Encomiendas[38] levantaron una
muralla entre conquistadores y conquistados, y cuando se agot la
paciencia de los indios, entonces se notaron los primeros sntomas de
la revolucin por la independencia.

       [35] De 170 virreyes que hubo en Amrica, slo cuatro fueron
       de dicho pas y los cuatro hijos de empleados: de 602
       capitanes generales de provincia, 14 fueron originarios del
       Nuevo Mundo, y de 706 obispos, 105 nicamente nacieron en
       aquellas lejanas tierras.

       [36] Pueblos de indios convertidos a la religin catlica.

       [37] Familias indgenas repartidas a los colonos.

       [38] Distritos con sus respectivos habitantes distribudos a
       conquistadores y colonos.

Ya los franceses haban realizado los hechos ms brillantes de su
gloriosa historia, y los americanos de los Estados Unidos haban
mostrado al mundo el herosmo que alentaba sus espritus; ya la tabla
de los derechos del hombre, como nuevo Evangelio, se haba grabado con
letras de fuego en el corazn de aquellas gentes.

Escondidos en las asperezas de los montes y al abrigo de los espesos
bosques, en los hondos valles y estrechos desfiladeros, buscaron su
salvacin aquellos pobres indios, ya de pura raza, ya mestizos (hijos
de espaoles e indias), y ya mulatos (hijos de espaoles y negras).
Otros formaban parte de las sociedades secretas, ramas de la masonera,
extendidas por todos los Virreinatos y Gobiernos de Amrica. Aqullos
y stos se disponan a librar a la patria del dominio espaol. Algunos
se agitaban en el mismo sentido; pero ms al descubierto, sin temor a
nada ni a nadie. Publicbanse muchos folletos subversivos y canciones
revolucionarias; se urdan diablicos proyectos y conjuraciones. A
veces, fingindose decididos partidarios de Fernando VII, nombraban
Juntas, las cuales, despus de muchas protestas de fidelidad, acababan
por proclamar la Repblica. El fuego de la insurreccin se extendi
pronto por Venezuela, El Ecuador, Bolivia, Per y Colombia.

Despus estudiaremos las citadas Repblicas, desde la muerte de
Bolvar, procurando no olvidar los acontecimientos de ms bulto
acaecidos en dichos pueblos. Seguir inmediatamente la narracin de
los hechos, ya del Paraguay y Uruguay antes de la independencia, ya
de la independencia de Chile y Buenos Aires. Se darn tambin algunas
noticias acerca del Chaco y de la Patagonia, desde los ltimos aos del
siglo XVIII, para entrar de lleno en el estudio de la independencia de
Mxico, Paraguay, Uruguay, de toda la Amrica Central (Guatemala, San
Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa-Rica). En todas partes apenas
era obedecida la autoridad de nuestros Virreyes. Donde se conservaba
la dominacin espaola, era a fuerza de gastar hombres y dinero, sin
comprender que un poco antes o un poco despus, el resultado deba ser
el mismo, porque la hora de la independencia haba sonado en el reloj
de las colonias espaolas.

Registraremos inmediatamente el hecho de la independencia del Brasil,
Santo Domingo, Hait, Cuba, Puerto Rico y Panam. Los ltimos captulos
se refieren a Jamaica, las Guayanas y las pequeas Antillas, de todo
lo cual nos ocuparemos con poca extensin. Un mundo entero--como dice
Lafuente--que se levanta resuelto a sacudir la esclavitud y la opresin
en que se le ha tenido, no puede ser subyugado por la fuerza[39].

       [39] _Historia de Espaa_, tomo XXVII, pgs. 66 y 67.

Entre los valerosos revolucionarios, cuyos nombres guardar eternamente
la historia, se hallan Hidalgo y Morelos, en Mxico; O'Higgins, en
Chile; San Martn y Belgrano, en la Argentina; Sucre, en el Per, y
Bolvar en el Ecuador, Bolivia, Per, Venezuela y Colombia. Simn
Bolvar es superior, muy superior a todos. Paladn tan esforzado
ocupa--como expondremos en diferentes captulos de esta obra--el primer
lugar en la historia de las Indias. Tentados estamos a decir que le
consideramos superior a Washington y Napolen. Los dos ltimos tuvieron
a su lado hombres, que con sus luces les alentaron en sus empresas, y
pueblos unidos que les siguieron entusiasmados a todas partes; pero
Bolvar, ni hall hombres que tuvieran conocimientos prcticos de
gobierno, ni encontr pueblos que comprendiesen sus altas cualidades.
Slo l pudo decir en una de sus proclamas: El mundo de Coln ha
dejado de ser espaol.

Creeramos dejar incompleta nuestra obra si no estudisemos las
Ciencias, Letras, Bellas Artes, Industria y Comercio, en el Canad,
Estados Unidos y Estados Hispano-americanos. Con singular cario
recordaremos los nombres de los prosistas y poetas, porque unos y otros
han inculcado en el pueblo americano el profundo sentimiento de la
patria. Objeto ser de especial estudio, la fauna, flora y gea de aquel
hermoso continente.

Para terminar, slo nos resta decir, que al fin de cada tomo
colocaremos los Apndices correspondientes.




III

FUENTES DE CONOCIMIENTO.


Consideremos las fuentes de conocimiento. Para que nuestro estudio
sea lo ms completo posible, conviene recordar: 1. Los monumentos
histricos precolombinos que se han encontrado en aquellas antiguas
tribus. 2. Las obras histricas que tratan del descubrimiento,
conquista, colonizacin, gobierno e independencia de las diferentes
colonias espaolas en las Indias.

De los mayas (tribus que se hallaban en Mxico y en la Amrica Central)
se conservan los llamados libros del _Chilan Balam_ (ciencia de los
sacerdotes). Cada uno de estos libros se distingue por el nombre del
pueblo en que se encontr; as se intitulan libro de _Chilan Balam de
Nabula_, de _Chumayel_, de _Mani_, de _Oxkatzcab_ y otros. Brinton cita
hasta 16, y en ellos se registran curiosas e interesantes noticias.
Hllanse algunos adornados con diferentes signos y aun con retratos ms
o menos perfectos.

De los quichs de Guatemala, se admira el _Popol Vuch_ (libro
nacional). Encontrse en el pueblo de Santo Toms de Chichicastessango,
y fu traducido al castellano por el Padre Francisco Ximnez, a
principios del pasado siglo. En el ao 1861 el abate Brasseur de
Bourbourg lo verti al frances, haciendo notar que los dos primeros
libros eran una traduccin del Tevamoxtli de los toltecas. De las
cuatro partes que contiene, las dos primeras se refieren a las ciencias
posedas por los sabios quichs, y las dos ltimas a las tradiciones y
anales de aquellas gentes hasta la conquista por los espaoles[40].

       [40] Sentenach, _Ensayo sobre la Amrica Precolombina_, pg.
       73. Se ignora el nombre del autor del _Popol Vuch_; pero
       se cree que fu escrito quince o veinte aos despus de la
       conquista, por algn individuo de la familia real de quich.

Adems del Popol-Vuch, se encuentra otro documento, traducido por el
citado Brasseur con el ttulo de _Memorial de Tepan-Atilan_, que es un
manuscrito en lengua cakchiquel[41].

       [41] Estaba (ao 1845) en los Archivos del Gobierno
       eclesistico de Guatemala, y la versin se hizo en 1855.

Pasando por alto el drama titulado _Rabinal Achi_ de los quichs,
la comedia del _Gegence_ o del _viejo ratn_ (Nicaragua) y el
drama _Ollanta_ de los incas, se pueden considerar los tres cdices
quichs-mayas que llevan los nombres de _Dresde_ (porque se conserva
en la Biblioteca Real de dicha ciudad), _Troano_ y _Cortesiano_
(fragmentos de un tercero) que se hallan en el Museo Arqueolgico
Nacional[42], y el _Pereziano_, existente en la Biblioteca Nacional de
Pars[43].

       [42] Llmase _Troano_ porque perteneci a D. Juan de Tr,
       quien lo vendi al Estado.

       [43] Se denomina _Pereziano_ porque su primitivo poseedor fu
       un espaol de apellido Prez.

[Ilustracin: Pgina del _Cdice Cortesiano_.]

Semejantes Cdices los encontr el madrileo Gonzalo Fernndez de
Oviedo, en Nicaragua, y de ellos hizo la siguiente descripcin en
su _Historia natural y general de las Indias, Islas y Tierra Firme
del mar Ocano_[44]: Tenan (los de Nicaragua) libros de pergamino
que hacan de cueros de venados, tan anchos como una mano o ms, e
tan luengos como diez o doce passos, e ms e menos, que se encogan
e doblaban e resuman en el tamao e grandeza de una mano por sus
dobleces uno contra otro (a manera de reclamo), y en stos tenan
pintados sus caracteres o figuras de tinta roja o negra, de tal
manera que _aunque no eran lectura ni escriptura_, significaban e se
entendan por ellos todo lo que queran muy claramente, y en los tales
libros tenan pintados sus trminos y heredamientos, e lo que ms les
pareca que deba estar figurado, as como los caminos, los ros, los
montes e boscages e lo dems, para los tiempos de contienda o pleyto
determinarlos por all, con parecer de los viejos o _geges_ (que
tanto quiere decir _gege_ como viejo).

       [44] Libro XLII, cap. I.--Sevilla, 1535.

En la regin del Anahuac debieron existir muchos Cdices como los
citados, siendo en mayor nmero y ms notables los de los acolhuas,
cuya corte era Tezcuco. Entre los llamados mejicanos, los hay ms
bien de procedencia acolhua que azteca, pudiendo servir como ejemplo
los denominados _Borjiano_, _Vaticano_, de _Viena_, de _Bolonia_,
_Fejervary_, de _Berln_, _Mixteco_ y _Cuicateca_ o de Porfirio Daz
(existentes los dos ltimos en el Museo Nacional de Mxico).

Los Cdices aztecas, ya anteriores, ya posteriores a la conquista,
merecen especial estudio. Citaremos los _Bodleianos_ (son tres), los
llamados _Libros de Tributos_, el _Mendozino_, el _Vaticano_ y el
_Teleriano Renensis_.

Consideremos los cronistas de Indias. El insigne Alfonso X dispuso,
mediante una ley de las Partidas, que mientras l estuviera comiendo
se leyesen los grandes hechos de algunos hombres notables, debiendo
tambin de oir la lectura sus buenos caballeros.

Abolida tal costumbre, poco tiempo despus Alfonso XI estableci el
empleo de historigrafo real, al cual dicho Monarca le impuso la
obligacin de escribir los hechos de su antecesor en el trono.

Adquiri importancia el cargo cuando su misin se extendi a narrar los
sucesos acaecidos en el Nuevo Mundo, instituyendo entonces Carlos I un
_primer cronista de las Indias_.

Nombrado Gonzalo Fernndez de Oviedo veedor en Tierra Firme y miembro
en el Consejo del Gobernador del Darin, cuando sus ocupaciones se
lo permitan, consignaba los hechos de que l era actor o testigo,
y arreglaba los datos que reciba de varios puntos del continente.
Habiendo atravesado seis veces el Atlntico, y luego, habiendo
desempeado la gobernacin de Cartagena de Indias y la alcalda de
la fortaleza de Santo Domingo, pudo en sus viajes y en sus destinos
recoger preciosas noticias acerca de los indgenas y de los
conquistadores, como tambin de los animales, de las plantas y de todo
lo interesante. En uno de los viajes de Oviedo a Espaa (1525), y
hallndose la corte en Toledo, Carlos V dispuso la publicacin de los
trabajos de aquel laborioso escritor. La obra se intitul _Sumario de
la natural y general historia de las Indias_, etc. y fu publicada en
Toledo, a expensas del Tesoro Real, por el ao de 1526. Dicho libro
vali a Oviedo el nombramiento de _Cronista Mayor de las Indias_,
con que le honr el Emperador por Real Cdula de 25 de Octubre de
1533. Aunque Oviedo careca de conocimientos cientficos de Historia
natural, su espritu observador, su constancia y su imparcialidad se
manifestaron en la _Historia general y natural de Indias_, dada a la
estampa en Sevilla el 1535. Prosigui sus trabajos el cronista por
instancias de Carlos V hasta completar la historia del descubrimiento
y conquista del Nuevo Mundo que ha servido de fundamento en la parte
antigua para la _Historia Sud-Americana_, con algunas rectificaciones,
obra del estudio, del tiempo, de la habilidad de ms modernos
cronistas, como Herrera.[45]. Muri Oviedo en Valladolid el ao 1557,
quedando muchos de sus manuscritos relegados al olvido en algunas
bibliotecas, hasta que la Academia de la Historia de Madrid, con
excelente acuerdo, los di a la estampa en el ao 1851.

       [45] Libro XLII, cap. I, pg. 141.--Sevilla, 1535.

Sucedi a Oviedo en el cargo de cronista Juan Cristbal Calvete de la
Estrada, que escribi de cosas de Amrica cuatro tomos de _Historia
latina de Indias_, no publicados y de poco valor, segn opinan los
inteligentes que vieron los manuscritos.

Tercer cronista de Amrica fu nombrado el 1571 Juan Lpez de Velasco
por Felipe II. El Consejo de Indias, mediante Real Cdula dada en San
Lorenzo el 16 de Agosto de 1572, orden a la Audiencia de Santa Fe
que se recopilasen y mandasen a Espaa, para entregarlas a Velasco
las historias, comentarios o relaciones de los descubrimientos,
conquistas, entradas, guerras o facciones de paz o de guerra que en
aquellas provincias hubiera habido desde su descubrimiento hasta la
poca. Viniesen o no los datos pedidos, lo cierto es que el cronista
nada hizo, y de ello nos felicitamos porque l pensaba que sta era
una ciencia acomodaticia que poda ajustarse a las miras polticas del
Soberano, disfrazando los hechos para hacerlos servir a la conveniencia
del que manda.

Acertado estuvo Felipe II al nombrar en 1596 _cronista de Castilla_ a
Antonio de Herrera, ventajosamente conocido por varios y excelentes
trabajos histricos. Reuni muchos datos y tambin pudo aprovechar
la _Historia general de las Indias_, guardada en el Colegio de San
Gregorio de Valladolid y compuesta e indita por Juan Gins de
Seplveda. Del mismo modo tuvo a su disposicin otros importantes
escritos de algunos autores que trataron de asuntos de Amrica.

En el ao 1599 termin los cuatro primeros tomos de la _Historia
general de los hechos de los castellanos en las Indias y Tierra Firme
del mar Ocano_, publicados en Madrid el 1601. En el mismo ao di a
luz los dos primeros tomos de la _Historia general del mundo en el
tiempo del Rey Felipe II_. Corriendo el 1615 termin otros cuatro tomos
de la historia de las Indias, los cuales comprenden los hechos desde
1531 hasta 1554, dedicando el ltimo tomo a la descripcin geogrfica
de Amrica.

En el cargo de cronista, por muerte de Herrera, sucedi Luis Tribaldos
de Toledo, cuya labor se redujo a una sucinta historia de Chile
referente al comienzo de su conquista: muri en 1634.

Mereci ser nombrado cronista el Dr. Toms Tamayo de Vargas, quien
dedic toda su actividad a reunir datos para escribir una historia
general de la iglesia en Indias: sorprendile la muerte el 2 de
septiembre de 1641.

Gil Gonzlez Dvila sucedi a Tamayo de Vargas. Escribi el _Teatro
eclesistico de las Iglesias en Amrica_, en dos tomos y en los aos de
1649 y 1656. Si la obra es deficiente a veces y aun errnea, no carece
de alguna buena cualidad: muri Gil Gonzlez Dvila el ao 1658.

El nuevo cronista, Antonio de Len Pinelo, natural de Lima, segn unos,
y de Crdova de Tucumn, segn otros, fu nombrado cuando ya era viejo
y se hallaba adems enfermo. Dej indita--y a esto se reduce toda su
labor--parte de una _Historia Americana_.

Antonio de Sols escribi la _Historia de la conquista de Mxico_, obra
notable por lo castizo y elegante del estilo, por la sensatez de los
juicios y por la profundidad de las sentencias polticas y religiosas:
muri en Madrid el 19 de Abril de 1686, habindose publicado su obra
dos aos antes.

Nombrado cronista por Carlos II el Dr. en Teologa Pedro Fernndez
de Pulgar, se crey que la historia de Amrica, dada la erudicin
del mencionado Pulgar, adelantara mucho; pero no fu as. Pulgar,
siguiendo al pie de la letra a Herrera, dej a su muerte cuatro
obras de valor escaso, a juicio de sus contemporneos, intituladas:
una, _Historia de las Indias_; otra, de _Mxico_; la tercera, de la
_Florida_, y la cuarta, de _Amrica Eclesistica_.

Sucedi a Pulgar en el cargo de cronista Miguel Herrera de Ezpeleta.
Nombrle en 1735 Felipe V, y nada public en los quince aos de su
empleo.

Aunque por Real Cdula de 25 de Septiembre de 1744 se dispuso que la
_Academia de la Historia_ se encargase de la crnica de Indias, cuando
por la muerte de Ezpeleta deba aqulla entrar en funciones, el Rey
nombr cronista a Fray Martn Sarmiento, cargo que desempe unos cinco
aos.

Nombrse en el 1755 una comisin encargada de revisar los documentos
histricos de Amrica reunidos hasta entonces, para llevar los que
fuesen tiles a una _Biblioteca Americana_; mas todo qued en proyecto.

En los ltimos aos del siglo XVIII sentase deseo y aun necesidad de
conocer la Historia de Amrica. Carlos III, desde El Pardo (27 de Marzo
de 1781) hubo de decir que habiendo dado el encargo a su cosmgrafo
de Indias, D. Juan Bautista Muoz para que escribiera una Historia
general y completa de Amrica, mandaba que se le franqueasen a dicho
Muoz los Archivos y Secretaras de la corte, como tambin los que se
hallaren fuera de Madrid[46]. Aunque Muoz era hombre de tanta cultura
como laboriosidad, encontr tenaz y ruda oposicin en la Academia de
la Historia. Logr, sin embargo, formar una coleccin considerable de
copias correspondientes a los siglos XV, XVI y XVII, y di a la estampa
en el ao 1793 el primer tomo de su _Historia del Nuevo Mundo_[47].

       [46] Arch. Hist. Nac.--_Cedulario ndico_, tomo XLI, nm. 221,
       pgs. 275 v y 276.

       [47] Biblioteca Nacional, signatura 3/14.753

A la muerte del mencionado historiador, ocurrida en el mes de julio del
ao 1799, se encontr, entre otros varios manuscritos, el del primer
libro del segundo tomo de su citada _Historia del Nuevo Mundo_, que
public Navarrete casi ntegramente en la introduccin a su tomo III de
la _Coleccin de viajes de los espaoles_.

Adems de los cronistas citados, a la cabeza de todos los escritores
de Indias, colocaremos a dos que redactaron sus obras durante la vida
del Almirante. Llambanse Andrs Bernldez, cura de los Palacios, y
Pedro Mrtir de Anglera. El primero escribi una _Crnica_, que es
fuente de muchas noticias, y el segundo, adems de curiosas _Cartas_,
la importante obra que lleva por ttulo _De orbe novo Decadas octo_.

Conocieron personalmente a Cristbal Coln, pero escribieron despus
de su muerte, el citado Fernndez de Oviedo, Fernando Coln y Fray
Bartolom de Las Casas. Del Padre Las Casas ya dijimos en este mismo
Prlogo que fu en extremo impresionable y algo injusto, aunque
hombre de buena voluntad y de no poca cultura. Aadiremos ahora que
tiene no escaso mrito su _Historia general de las Indias desde el
ao 1497 hasta el 1520_. La termin el 1561. Tambin en los comienzos
del prrafo III dimos nuestra opinin acerca de Fernndez de Oviedo
(Apndice E).

Respecto a Fernando Coln, hijo del Almirante D. Cristbal y de Doa
Beatriz Enrquez, merece lugar sealado entre los escritores de Indias.
Cultiv brillantemente las ciencias y las letras, especialmente las
que se relacionaban con la nutica, y adquiri slida y extensa
cultura visitando las principales ciudades, lo mismo de Espaa que de
otras naciones. Fernando logr inmortalizarse, no solamente con su
_Historia del Almirante_, sino con otros trabajos cientficos. No puede
negarse, sin embargo, por lo que respecta a la obra citada, que alguna
vez desfigur u omiti hechos importantes, lanzando tan violentas
como injustas censuras contra todos los que eran o l crea que eran
enemigos de su padre. As lo ha probado el Sr. Altolaguirre. Hemos
tratado de probar--escribe el distinguido acadmico historiador--que
el hijo del Almirante (Cristbal Coln) no repar en los medios para
llevar al nimo de sus lectores el convencimiento de que los hechos
haban ocurrido tal y como a sus pasiones o a sus intereses convena
presentarlos, y de consiguiente, que sus relatos y juicios deben ser
acogidos con gran reserva, sobre todo si redundan en provecho del
Almirante o en desprestigio de espaoles o portugueses[48]. Del Sr.
Fernndez Duro son las siguientes palabras: Quiso escribir la vida
y hechos de su progenitor, empapado en la lectura de los clsicos
antiguos, y puso los cimientos al edificio romancesco y legendario que
tan grandes proporciones tiene ahora, levantando a la par la neblina
que le envuelve. No tuvo la resolucin, que su tiempo hara penosa,
de confesar que fueron los Colombos tejedores de lana, si pobres y
mecnicos, honrados. Invent el cuento de las joyas de la Reina Isabel,
que an anda en boga; us de las arengas y adornos semejantes de
Salustio y Cornelio Nepote; omiti mucho de lo que quisiramos saber,
creyendo cumplir deberes filiales, no extendidos a la que le di la
vida; no la nombr siquiera. Le avergonzaba la bastarda, debilidad
comn, pero sensible en varn tan sealado![49].

       [48] _Cristbal Coln_ y _Pablo del Pozzo Toscanelli_, pg.
       362. Madrid, 1903.

       [49] Conferencia leda en el Ateneo de Madrid el 14 de Enero
       de 1892, pgs. 20 y 21.

Respecto a los otros trabajos de que hicimos especial mencin,
consignaremos aqu que por Real cdula, dada en 20 de Mayo de 1518,
se le mand hacer una carta de marear para Indias[50]; y en la de
6 de Octubre del mismo ao se expidi otra Real cdula acerca del
mismo asunto[51]. Es de notar--y esto indica sus vastos conocimientos
cosmogrficos--que Carlos V le escogi para presidir una Comisin de
gegrafos y pilotos encargada de corregir los errores de los mapas
marinos dibujados bajo la direccin de Amrico Vespucci[52].

       [50] Academia de la Historia.--_Indice del Consejo de Indias_,
       fol. 60.

       [51] Ibidem.

       [52] Roselly de Lorgues, _Cristbal Coln_, tomo II, pg. 140.

Se autoriz a D. Fernando Coln--ignoramos la fecha--para levantar
planos cosmogrficos de la Pennsula. La autorizacin es cierta, por
cuanto el 13 de Junio, por Real disposicin dada en Valladolid, se
orden que no se hiciere dicha descripcin y cosmografa[53].

       [53] Este documento se halla en el Archivo Municipal de la
       ciudad de Crdoba.

Por si hubiese alguna duda sobre el particular, en la Biblioteca
Colombina hay un manuscrito, intitulado _Itinerario de Don Fernando
Coln_, escritas con letra del hijo del Almirante las 62 hojas primeras
y las restantes por dos amanuenses. El ttulo o epgrafe, puesto por
D. Fernando, es como sigue: Lunes 3 de agosto de 1517 comenc el
_Itinerario_. La primera descripcin corresponde a Zaragoza, y la
ltima a la Membrilla, villa de la Mancha[54].

       [54] Vase _Documento indito del siglo XVI, referente
       a D. Fernando Coln_, por el Dr. Rodolfo del Castillo
       Quartiellerz.--Madrid, 1898.

Por el ao 1524, el Csar, en la cuestin suscitada entre Castilla y
Portugal con motivo de la posesin de las Molucas, encarg a Fernando
Coln que examinase los puntos de litigio. Fernando, no atenindose
a sus propios conocimientos, consult con otros sabios cosmgrafos,
quienes aprobaron sus conclusiones. Al fin fueron cedidas al rey de
Portugal, escribiendo D. Fernando con tal objeto el _Apuntamiento sobre
la demarcacin del Maluco y sus Indias_, firmado en el ao 1529 por los
seis jueces que intervinieron en el asunto.

Estando en Sevilla, por ausencia del clebre Sebastin Caboto, fu
nombrado presidente (1527) del Tribunal de exmenes de pilotos. Se
orden que... el examen y desputas se hiciesen en presencia de don
Hernando Coln y en su casa, y que no pudiesen dar el grado sin su
aprobacin, hallndose en la ciudad de Sevilla[55].

       [55] Herrera, _Historia general de las Indias Occidentales_,
       dcada IV. lib. II, cap. V.

En la citada ciudad andaluza fund un _Colegio Imperial_ para el
estudio de la ciencia de navegacin, dotndolo de rica Biblioteca, la
cual lleg a contener ms de 20.000 volmenes[56].

       [56] Y en ella con licencia del Emperador dese establecer
       una Academia y Colegio de las ciencias mathemticas,
       importantissimas a la navegacin. Herrera. Ibidem, libro XIV,
       fol 496.

Al retirarse D. Fernando del bullicio de la corte de Carlos V se
estableci definitivamente en Sevilla, donde, a orillas del ro,
hizo fabricar cmoda morada con su jardn, en que aclimataba plantas
exticas, y all, rodeado de unos cuantos amigos, con la lectura de sus
libros y con el cultivo de las flores, vivi sus ltimos aos.

Consideremos como implacable censor del P. Las Casas al dominico
Fray Toribio de Benavente o Metolina, quien, en 24 de Febrero de
1541, dedic al conde de Benavente su _Historia de los indios de
Nueva Espaa_, libro que tienen en estima los doctos por las curiosas
noticias que en l se hallan. Del mismo autor se ha conocido, en estos
ltimos tiempos, un _Tratado sobre el planeta Venus_, en el cual se
encuentra la clave para poder comprender el Calendario azteca.

Censor del P. Las Casas, como Fray Toribio de Metolina, fu el R. P.
Fr. Vicente Palatino de Corzula, de la nacin Dalmata, Theologo de la
orden de los Predicadores, que escribi (1559) _Tratado del derecho
y justicia de la guerra que tienen los Reyes de Espaa contra las
Naciones de la India Occidental_, en el cual se intenta probar que los
Reyes de Espaa, en virtud de la donacin del Papa, pueden ocupar las
Indias con las armas, a fin de propagar la religin[57].

       [57] Vase _Archivo de la Direccin general de navegacin y
       pesca martima_.--Papeles varios, tom. IV, C. 3., pgs. 58-73.

Digno es de alabanza Martn Fernndez de Enciso, alguacil mayor de
Castilla del Oro, que public el ao 1519 la _Suma de Geografa_, libro
que contiene noticias interesantes de Amrica. Tambin merece sealada
distincin Hernn Corts, que en sus _Cartas de Relacin_ histori los
hechos que l mismo llev a cabo. Francisco Lpez de Gomara, secretario
de Hernn Corts y a quien acompa a la expedicin de Argel, escribi
_Historia general de Indias_ y la _Crnica de la conquista de Nueva
Espaa_, obra que se distingue por la sencillez y facilidad en las
narraciones y pinturas: apareci por el ao de 1552. Habiendo
compuesto uno (libro) titulado _Historia de las Indias y conquista de
Mxico_, que se hallaba impreso, el clrigo Francisco Lpez de Gomara,
y conviniendo no se vendiese, leyese, ni imprimiese ms, y que los que
lo estuviesen, se recogiesen y enviasen al Consejo de ellas. Mand S.
M. a todos los Jueces y Justicias lo cumpliesen, e impuso a los que le
imprimiesen o vendiesen la pena de 200.000 mrs. para la Cmara y Fisco,
y 10.000 al que le tuviese en su casa o leyese. Cd. de 7 de Agosto de
1566. Vid. tomo 36 de ellas, fol. 36, nm. 28[58].

       [58] Archivo histrico nacional.--_Cedulario ndico_ de Ayala,
       letra L, nm. 18.

No debemos pasar en silencio el nombre del franciscano P. Bernardino
de Sahagn, quien lleg a Nueva Espaa el 1529 y escribi la _Historia
Universal de las cosas de Espaa_[59].

       [59] Se imprimi en castellano y en la ciudad de Mxico el ao
       1829.

No es inferior la _Relacin y Genealoga de los seores de Nueva
Espaa_, escrita por Fr. Bernardino de Mxico, el 1532, segn Chavero,
a ruego de D. Juan Cano.

De las obras del P. Landa se sac en 1566 la _Relacin de las cosas del
Yucatn_, existente en la Academia de la Historia y publicada por el
Sr. Rada y Delgado.

Nos proporcionan datos muy curiosos de la regin Colombiana Fr. Pedro
Simn, autor de las _Noticias historiales de las conquistas de Tierra
Firme_, obra impresa en Cuenca el 1626, y el poeta Juan de Castellanos,
que escribi _Elegas de varones ilustres de Indias_ e _Historia del
Nuevo Reino de Granada_.

Entre los mejores escritores de Amrica se halla Bernal Daz del
Castillo, compaero de Corts y autor de la _Historia verdadera de la
conquista de la Nueva Espaa_, impresa el 1632.

El reino de Quito (hoy Ecuador) tuvo su cronista en el P. Juan de
Velasco, que escribi la _Historia del reino de Quito_.

Pedro Cieza de Len di a luz la _Crnica del Per_, terminada el 1550,
la ms concienzuda y ms completa que se ha escrito de las regiones
sur americanas, segn el Sr. Jimnez de la Espada. D. Pedro de la
Gasca, pacificador del Per, nombr a Cieza cronista de las Indias.
Imprimise la _Primera parte de la Chronica del Per_ en Sevilla el ao
1553.

Citaremos tambin al P. Gregorio Garca, Alvar Nez Cabeza de Vaca,
Francisco de Xeres, Agustn de Zrate, el inca Garcilaso de la Vega y
algunos otros.

No sera justo pasar en silencio el nombre del capitn y poeta Alonso
de Ercilla (1533-1594), autor de _La Araucana_, poema impreso por
completo el 1578. Ercilla se ajust en un todo a la verdad histrica,
aunque a veces--como se dijo al principio del Prlogo--trat con
demasiada benevolencia a los indios. No tiene tanto mrito la _Primera
parte del Arauco Domado_, de Pedro de Oa, edicin de 1596.

A tal punto llegaba la desconfianza de nuestros Reyes, cuando de
asuntos de Amrica se trataba, que Felipe II desde el bosque de Segovia
encarg (24 Julio 1566) a los herederos del inquisidor Andrs Gaseo
que buscasen, entre los papeles del citado inquisidor, una Crnica que
hizo y orden Pedro de Aica de las cosas de las Indias, y hallada, la
remitiesen al Consejo de las Indias[60].

       [60] _Cedulario ndico_, tomo XXXVI, nm. 26, pgs. 34 v. y
       35.

Si desde el mismo bosque de Segovia mand recoger--segn hemos
dicho--los ejemplares de la _Historia de las Indias y conquista de
Mxico_, de Lpez de Gomara[61], por el contrario, algunos aos
despus, hallndose en El Pardo (2 Febrero 1579) se dirigi al capitn
Adriano de Padilla para decirle que, teniendo noticia que el citado
Capitn haba escrito un libro de historia intitulado _La Perla
Occidental_, obra de mucha curiosidad, le daba autorizacin para que
pudiese imprimirla y venderla...[62].

       [61] Vase _Cedulario ndico_, tomo XXXVI, nm 28, pgs. 30 y
       36 v.

       [62] _Cedulario ndico_, tomo XXXVI, nm. 60, pgs. 83 y 84.

Felipe III, desde San Lorenzo (4 de Noviembre de 1617) autoriz al
licenciado Antonio de Robees Cornejo para que pudiese imprimir su libro
necesario para la salud universal, que lleva el ttulo de _Simples
Medicinas Indianas_[63].

       [63] _Cedulario ndico_, tomo XXXVII, nm. 40, pgs. 75 y 76.

Las _Noticias secretas de Amrica_ de D. Jorge Juan y D. Antonio de
Ulloa, escritas segn las instrucciones del Marqus de la Ensenada y
presentadas en informe secreto a Fernando VI, deben estudiarse con
mucho detenimiento. Dicha obra se public en Londres por D. David Barry
corriendo el ao 1826.

Cerramos la larga lista de los escritores espaoles de Indias con los
nombres del laborioso D. Martn Fernndez de Navarrete y D. Cesereo
Fernndez Duro. La obra de Navarrete se intitula _Coleccin de viajes
y descubrimientos que hicieron por mar los espaoles desde fines del
siglo XV_. Los cinco volmenes de que consta fueron apareciendo desde
1825 a 1837, y en ellos se encuentran muchos documentos hasta entonces
inditos, los cuales fueron rica fuente en la que bebieron ilustres
escritores, como el norteamericano Washington Irving (1783-1859), y
el alemn Federico Alejandro, barn de Humboldt (1769-1859). Humboldt
lleg a Madrid en compaa de Bonpland el 1799, siendo recibido con
toda clase de consideraciones. Dile permiso Carlos IV para viajar
por todas las comarcas espaolas de Amrica, pasando a la vuelta por
las Marianas y Filipinas. Partieron ambos sabios de Madrid el mes de
mayo de dicho ao. El 5 de junio se embarcaron en La Corua a bordo
del _Pizarro_, llegando al puerto de Cuman, capital de la Nueva
Andaluca. Pasaron cinco aos recorriendo la Amrica Meridional; luego
fueron a Mxico, a la Habana y a los Estados Unidos. Abandonaron a
Amrica el 9 de julio de 1804 y llegaron a Burdeos. Humboldt fij
su residencia en Pars, marchando a su patria el ao 1827. Public
preciosos estudios geogrficos, etnogrficos y polticos del Nuevo
Continente. La primera obra que di a la estampa se intitula _Essai
Politique sur le Royaume de la Nouvelle Espagne_, dedicada a Carlos IV.
Pars, 1808. La segunda _Voyages aux regiones equinoxiales du nouveau
continent_. Pars, 1809-1828; tres volmenes. La tercera _Vue des
Cordilleres et monuments des peuples indigenes de l'Amerique_. Pars,
1816: dos volmenes. El autor del _Cosmos_ tambin di a luz un _Ensayo
poltico sobre la isla de Cuba_ (publicado el 1826).--El filsofo Paz y
Caballero consider al sabio alemn como _un segundo descubridor de la
Isla_. Sin embargo, la obra ms importante de Humboldt lleva por ttulo
_Examen critique de l'histoire de la geographie du Nouveau Continent et
des progrs de la astronomie nautique du XV et XVI sicle_ (publicada
en Pars de 1836 a 1839). Todas las obras del barn de Humboldt deben
consultarse con detenimiento por los que se dedican a la historia de
Amrica.

Respecto al Sr. Fernndez Duro, curioso investigador de la vida y
hechos del primer Almirante, nadie podr negar, por exigente que sea,
los mritos de _Coln y Pinzn_ (1883), _Coln y la Historia pstuma_
(1885) y _Nebulosa de Coln_ (1890), adems del prlogo a la edicin de
los _Pleytos de Coln_, sin contar con multitud de artculos acerca de
asuntos relacionados con el descubrimiento de Amrica.

Entre los escritores extranjeros figura en primer trmino el escocs
Guillermo Robertson (1721-1793), que public en Edimburgo una _Historia
de Amrica_, cuyos primeros ejemplares llegaron a Espaa en Agosto
de 1777. Si nada tiene de extrao--como anteriormente hemos podido
notar--que el suspicaz Felipe II llegara a prohibir que se vendiese el
excelente libro intitulado _Historia de las Indias_, de D. Francisco
Lpez de Gomara, llama la atencin que Carlos III, el Rey que arroj de
Espaa a los hijos de Loyola, hiciera objeto de su odio la _Historia
de Amrica_ del citado Robertson. Por justos motivos prohibi S. M.
se introdujese en Espaa, Indias y Filipinas el (libro) de la Historia
del descubrimiento de la Amrica, escrito y publicado en idioma ingls,
o en otro qualquiera, por el Dr. Guillermo Robertson, Rector de la
Universidad de Edimburgo y chronista de Escocia, y mand que en caso de
aver algunos exemplares de esta obra en los puertos de ambos dominios,
o introducidos ya tierra adentro, se embargasen a disposicin del
Ministro de su cargo. Ord. de 23 de Diciembre de 1778. Vid. tom. 31 del
Ced., fol. 191, nm. 180[64].

       [64] Archivo histrico nacional.--_Cedulario ndico_ de Ayala,
       letra L, nm. 18.

Al lado del ingls William Robertson colocamos a Guillermo Prescott
(1796-1859), historiador americano y meritsimo autor de los libros
que llevan por ttulo _Historia de Mxico_ e _Historia del Per_,
publicados a mediados del siglo XIX. Durante esta ltima centuria y en
lo que va de la veinte, lo mismo en el Antiguo que en el Nuevo Mundo,
se han escrito y publicado muchas obras, ya de la Historia general de
Amrica, ya de los diferentes pueblos en que se divide aquella parte
del continente.

No dejaremos de citar entre los modernos panegiristas de Coln el
nombre del conde Roselly de Lorgues, quien, en el ao 1856, public
una obra, en tres tomos, con el ttulo de _Cristophe Colomb_. Intent
Roselly de Lorgues elevar a los altares al descubridor del Nuevo Mundo;
pero, como dice Menndez Pelayo, el libro estaba escrito al gusto de
las beatas mundanas y los caballeros andantes del legitimismo francs.
Si en un principio despert en la opinin pblica gran entusiasmo,
decay pronto entre la gente docta, hallndose al presente casi
relegada al olvido.

Ms justa notoriedad adquiri la obra del abogado norteamericano
Harrisse, cuyo ttulo es _Ferdinand Colomb, sa vie, ses oeuvres_,
dada a la luz en 1872. Continu su labor Harrisse publicando
artculos y folletos; luego otras dos obras as llamadas: _L'Histoire
de Christophe Colomb atribue a son fils_, etc., Pars, 1883, y
_Christophe Colomb devant l'histoire_, Pars, 1892.

Hemos registrado tambin con algn detenimiento, aunque tal vez con
escaso fruto, otras crnicas antiguas y obras modernas, papeles
interesantes del _Archivo de Indias_ (Sevilla), del de _Simancas_
(cerca de Valladolid), del _Histrico Nacional_, del de la _Academia
de la Historia_, del de _Navegacin y pesca martima_ y de otros menos
conocidos. Hemos estudiado curiosos manuscritos que se encuentran en
la _Biblioteca del Real Palacio_, en la de _San Isidro_ y en la de la
_Universidad_.

En la obra que vamos a publicar se halla algo que merece toda clase
de alabanzas. Despus de impresos los dos primeros volmenes de la
_Historia de Amrica_ del Sr. Pi y Margall, el sabio autor puso varias
notas a determinados pasajes de ella, notas manuscritas e inditas que
nosotros hemos copiado y publicaremos en su lugar respectivo. Creemos,
no con toda certeza, pero s con ms o menos fundamento, que pensando
Pi y Margall en la publicacin de otra edicin, comenz a corregir su
citada obra, cuyas correcciones, trasladadas a nuestra HISTORIA DE
AMRICA con toda exactitud y cuidado, sern ledas con gusto por todos
los admiradores del insigne autor de _Las Nacionalidades_.

Hemos seguido algunas veces casi al pie de la letra obras impresas en
castellano y documentos manuscritos. Tambin habremos de declarar que
se han traducido largos prrafos de libros ingleses. Si no aparecen en
nuestra obra las citas correspondientes a tales copias o versiones,
ser por olvido, nunca con intencin. Confesamos esto, no porque
temamos las censuras del pblico--que siempre ha sido con nosotros
bondadoso  indulgente--sino para tranquilidad de nuestra conciencia.

Pasando a otro asunto, diremos que entre los que generosamente nos
han prestado libros, papeles impresos y manuscritos, se hallan D.
Antonio Graio, D. Antonio Balbn de Unquera y D. Antonio Ballesteros;
otros han guardado, como el avaro guarda rico tesoro, sus documentos
histricos. Si nos consideramos obligados a declarar el agradecimiento
que debemos a los primeros, guardaremos silencio acerca de los
segundos; pero haciendo constar que la conducta de los ltimos no debe
ser imitada. Hemos solicitado el auxilio de nuestros compaeros de
profesorado y de otros muchos hombres de letras; hemos rogado que nos
ayuden en la empresa los que a las ciencias histricas se dedican. No
hemos podido hacer ms.

Haremos, por ltimo, especial mencin de D. Carlos Navarro Lamarca,
quien generosamente nos ha autorizado para reproducir en nuestra obra
algunos grabados que adornan su _Compendio de La Historia general de
Amrica_.




IV

EXPOSICIN DE PROPSITOS.


Creemos--y bien sabe Dios que son ciertas nuestras palabras--que no
tiene mrito alguno nuestra HISTORIA DE AMRICA. Materia tan extensa,
compleja y complicada deba ser escrita por pluma mejor cortada que la
nuestra. Por esto varias veces, en el transcurso de la publicacin,
del mismo modo que Sir Walter Raleigh, dudando de la existencia de la
verdad, arroj al fuego el segundo volumen de su historia, nosotros,
poco seguros de nuestra competencia, hemos querido arrojar a las llamas
los manuscritos de la obra que ofrecemos al pblico. Pero si algn
valor tuviese, y si adems el pblico la recibiese con benevolencia,
sera debido a los manuscritos inditos o no inditos que han llegado
a nosotros, a los diferentes libros consultados, a las noticias
adquiridas en los Archivos nacionales y particulares.

Con ruda franqueza diremos a nuestros lectores que algo bueno
encontrarn en el plan y mtodo de la obra, como tambin, dada la
extensin de ella, no dejarn de ser tratadas las materias ms
importantes. Seremos imparciales? No lo sabemos; pero a sabiendas no
hemos de faltar a la verdad.

Altamente censurable juzgamos la conducta de cierto escritor antiguo,
quien escribi dos historias: Una _pblica_ y otra _secreta_. En la
primera, Procopio--pues este es el nombre del historiador--fu dbil,
faltando a lo que le dictaban la sinceridad de sus convicciones; en
la segunda fu parcial, exagerado hasta rayar en calumnioso. El se
disculpaba diciendo que careca de libertad; nosotros no podramos
disculparnos, porque la tenemos en absoluto.

Sabemos que la adulacin ha dado siempre sus frutos, aun usada por
los mejores historiadores; no ignoramos que los Reyes y los Gobiernos
se declaran protectores de quienes les sirven o engaan, en tanto que
no atienden a los que se atreven a decirles la verdad; tenemos como
cosa cierta que tambin los pueblos, engaados o aturdidos por los
que ms gritan, arrojan incienso a dolos, los cuales slo merecen
el desprecio. Nosotros nos proponemos--y lo mismo nos dirigimos a
los americanos que a nuestros compatriotas--decir la verdad o lo que
creemos ser verdad, amar la justicia o lo que creemos ser justo,
ensear los derechos o ms bien los deberes, para que unos y otros,
vencidos y vencedores, puedan comprender que todos pecaron, olvidndose
de que hay un Dios en el cielo y una sancin en la tierra.

Del mismo modo habremos de consignar que, sin apoyo de nadie, sin
Mecenas que nos protejan y casi sin amigos que nos ayuden, comenzamos
nuestra obra. Enemigos de la adulacin y de la hipocresa, en
desacuerdo con ilustres escritores de aquende y allende los mares,
emprendemos confiados nicamente en nuestras dbiles fuerzas, tarea
harto difcil y comprometida. Difcil, s, y comprometida porque hemos
de censurar obedeciendo a generosos mviles de justicia, a algunos de
nuestros Reyes, a muchos de nuestros polticos y generales, y aun a no
pocos de nuestros sacerdotes. Difcil y comprometida, porque nuestras
censuras han de alcanzar a los indios que, a veces, suspicaces y
traidores, pagaron con deslealtad manifiesta las generosas acciones de
algunos buenos espaoles. Difcil y comprometida, porque tenemos con
harta frecuencia que separarnos de la verdad oficial, negando muchas
veces algunos hechos que pasan como verdaderos.

Comenzaremos, pues, la historia de la parte ms hermosa del globo,
donde el suelo es tan rico, el cielo tan bello, la naturaleza tan
exuberante, las naciones tan poderosas, los hombres tan dignos de
gloria y la vida toda tan intensa y magnfica. Comenzaremos la historia
de tantos hechos gloriosos, de tantos hroes, y muy especialmente de la
generosa raza que, a la sombra del frondoso rbol de la libertad, vive
y progresa en el mundo descubierto por el genio inmortal de Cristbal
Coln.

De ilustre historiador contemporneo son las siguientes palabras: El
descubrimiento del Nuevo Mundo es un suceso en el dintel de la Historia
Moderna, que ha infludo poderosamente en el curso de ella, pues, de
una parte, nuevos horizontes se ofrecan a la accin de las naciones
aventureras, y la colonizacin conduca a una serie sin fin de nuevos
territorios; de otra parte, el crecimiento del poder naval alteraba
profundamente las condiciones en que se fundaba la grandeza nacional,
la comunicacin con pueblos desconocidos ofreca inesperados problemas,
el comercio se trasformaba gradualmente y se presentaron cuestiones
econmicas de la mayor complejidad[65].

       [65] La Historia Moderna segn el Reverendsimo Mandel
       Creighton D. D. Obispo que fu de Londres.--De _The Cambridge
       Modern History_, 1907.




V

DESCRIPCIN GEOGRFICA DE AMRICA.


Amrica confina, por el N. con el Ocano Glacial Artico; por el E. con
el Atlntico, que la separa de Europa y de Africa; por el O. con el
Pacfico, que la divide de Asia, y por el S. con el Ocano Austral o
con las confusas aguas de los dos Ocanos (Atlntico y Pacfico).

Amrica se pierde al N. en las heladas regiones del Polo, y baja tanto
al S., que su distancia del Crculo Antrtico es poco ms de 11 grados.
La acercan al Asia el Estrecho de Behring y la corva cadena de las
islas Aleutianas, que va de la pennsula de Alaska a la de Kamchatha, y
la aproxima a Europa la Groenlandia, que est de la Islandia unos 615
kilmetros. Por el cabo de San Roque (Brasil) se adelanta como en busca
del cabo Rojo, el ms al Poniente de las riberas de Africa[66].

       [66] Vase Pi y Margall, _Historia de Amrica_, primer tomo y
       cuaderno, pginas XXIX y XXX.

Cruza las tres Amricas, desde la pennsula de Alaska hasta el Estrecho
de Magallanes, una cadena de montaas, que toman los nombres de
_Roquizas_ o _Peascosas_ en el Canad y Estados Unidos, de _Sierra
Verde_ y _Sierra Madre_ en Mxico, de _Sierra de Guatimolienos_ en la
Amrica Central, y de _Andes_ (ya Colombianos, ya Peruanos o Chilenos)
en la Amrica Meridional. Adems de la citada cordillera, en el Canad
se halla el monte de _San Elas_, en los Estados Unidos los _Apalaches_
y en el Brasil los cuatro siguientes: _Serra do Mar_, _Espinaso_,
_Gamastra_ y _Vertientes_.

Por lo que respecta al _clima_, se disfrutan en Amrica desde los fros
ms intensos hasta los calores ms excesivos, debido a su diferencia de
latitud. Sin embargo, no son insoportables los calores, ni aun en el
Ecuador, donde crean los antiguos que all no poda vivir el hombre.
Las eternas nieves de los montes, la altura de las mesetas y las
muchas aguas corrientes templan los ardorosos rayos del sol, reinando
en las elevadas llanuras perpetua primavera. Slo en las cumbres de los
Andes se sienten los grandes fros, as como en las llanuras bajas los
grandes calores.

De Septentrin a Medioda la distancia es de 14.000 kilmetros, y su
superficie tiene ms de 40 millones de kilmetros cuadrados.

Divdese Amrica en tres grandes regiones: Septentrional, Central y
Meridional; la Central y Meridional se hallan unidas por el istmo de
Panam o de Darin.

La Amrica Septentrional tiene 21 millones de kilmetros cuadrados
y ms de 100 millones de habitantes; la Central, 465.500 kilmetros
cuadrados y cerca de 10 millones de habitantes, y la Meridional,
17.850.000 kilmetros cuadrados y cerca de 40 millones de habitantes.


                        AMRICA SEPTENTRIONAL.
Groenlandia, Archipilago Polar, Dominio del Canad
(Nueva Bretaa), Tierra del Labrador, Terranova, Estados
Unidos y Mxico.


                           AMRICA CENTRAL.

Guatemala, San Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica. Tambin
pertenecen a la Amrica Central las grandes Antillas (Cuba, Puerto
Rico, Hait, Santo Domingo y Jamaica), las Islas Vrgenes y Santa
Cruz, las de Bahama o Lucayas, las Bermudas y las pequeas Antillas
(Martinica, Santa Luca, San Vicente y otras).


                          AMRICA MERIDIONAL.

Venezuela, Nueva Granada o Colombia, Panam, Ecuador, Guayanas
(inglesa, holandesa y francesa), Per, Bolivia (Alto Per), Chile,
Repblica Argentina o Estados Unidos de la Plata, Uruguay, Paraguay,
Brasil y Patagonia.


La superficie probable de Groenlandia, segn Behm y Wagner,
es de 2.169.750 kilmetros cuadrados. Tiene un habitante por
500 kilmetros cuadrados en la parte del litoral explorado. La
Groenlandia dinamarquesa se divide en provincias del Sur y del
Norte, subdividindose a su vez en distritos, correspondiendo a la
primera: Julianaab, Frederikshaab, Godthaab (capital), Sukkertoppen y
Holstenborg; y a la segunda: Egedesminde, Kristianshaab, Jacobshavn,
Godhavn (capital), Ritenbenk, Umanak y Upernivik. La Groenlandia
Oriental y la del Norte, no anexionadas a Dinamarca, carecen de
circunscripciones administrativas.

En el archipilago polar (parte del mar polar poblado de islas)
encontramos la isla mayor, denominada tierra de Baffin y limitada al
Oeste por los mares de Groenlandia, entre el Estrecho de Lancaster y
el de Hudson. Los esquimales del Archipilago no reconocen ninguna
autoridad. Tampoco pueden tener ciudades ni aldeas propiamente dichas,
sino campamentos, ya permanentes, ya temporales.

El extremo Noroeste de la Amrica del Norte, llamado Alaska, perteneci
hasta el 1867 al imperio ruso, en cuyo ao fu vendido a los Estados
Unidos. Segn el censo de 1880 tena 33.620 habitantes y la mayor parte
eran esquimales. La poblacin ms populosa de Alaska es _Juneau-city_ y
contiene unos 3.000 habitantes; _Sitka_ es un casero de 300 habitantes
y son inferiores respecto al nmero de habitantes y a la actividad
comercial, Wrangell y Fort-Tungas. El comercio de exportacin de Alaska
lleg en 1888 a 16 millones de francos.

El Canad se divide en Alto y Bajo, Ontario y Quebec. Del Canad
pueden considerarse como fracciones la Tierra del Labrador y la isla
de Terranova. Por qu extraa irona--como dice Reclus--[67] pudo
llamarse as (Tierra del Labrador) un suelo ingrato y helado, por
donde jams pas el arado del agricultor, y en donde no vi Jacques
Cartier la cantidad de tierra que poda caber en una cesta? Hllanse
en la tierra del Labrador poblaciones mseras y errantes de indios y
de esquimales, los primeros en la parte meridional, y los segundos en
las costas orientales y septentrionales de la pennsula; lo mismo los
indios que habitan en los bosques que los situados a orillas de los
lagos, pertenecen a la familia de los cris.

       [67] _Amrica Boreal_, tomo 1, pg. 579.

Puede admitirse como cosa probada que el Labrador ha sido la parte
menos explorada, desconocindose por completo la configuracin del
interior. Aunque el Labrador se halla en casi toda su extensin
situado a latitudes ms lejanas del polo que Groenlandia, es, sin
embargo, ms fro, lo cual se explica porque la costa de aquella tierra
est enteramente expuesta al Nordeste, es decir, a la parte donde
sopla el viento polar; y adems en que las bancas de hielo que bajan
al Sur arrastradas por la corriente del mar de Baffin se encuentran
con las que salen por el Estrecho de Hudson, y el mar las echa todas
sobre las costas del Labrador[68]. El conjunto de la poblacin del
Labrador, al Norte de las tierras altas, no pasa probablemente de
10.000 individuos[69]. Los esquimales del Labrador difieren poco de los
de Groenlandia y de los del Archipilago Polar[70]. En la segunda mitad
del siglo XVIII y en la primera del siglo XIX los misioneros moravos
establecieron algunas estaciones, cuya poblacin en 1876, segn Behm y
Wagner, era:

                    Hebrn          214 habitantes.
                    Hoffenthal      283   ----
                    Nain            270   ----
                    Okak            349   ----
                    Rama             28   ----
                    Zoar            128   ----  [71]

       [68] Reclus, _Amrica Boreal_, pg. 587.

       [69] Ibidem, pg. 590.

       [70] Ibidem, pg. 591.

       [71] Ibidem, pg. 592, nota.

La Compaa de Hudson, formada poco despus de la fundacin de Montreal
(1642), estableci algunos puertos para comerciar con los esquimales y
para pescar la ballena.

Terranova es importante colonia britnica. La tierra que se descubri
tal vez por el ao 1000 o poco despus--segn diremos en captulos
posteriores--por Erik el Rojo o uno de sus hijos, que la denominaron
_Helluland_ o _Mark-land_, la encontramos tiempo adelante visitada por
portugueses, vascos, franceses e ingleses. Terranova, por tanto, es
entre todas las tierras americanas la que tiene con menos motivo el
nombre que ostenta. Todava no haba terminado el siglo XV y ya Juan
Cabot o Gaboto sigui la costa de la gran isla. De Reclus copiamos la
siguiente descripcin: La isla presenta al mar casi por todos lados
una costa abrupta y formidable; en pocas comarcas ofrece el litoral
ms asombrosa sucesin de cuadros grandiosos; acantilados a pico o
peascos voladizos que amenazan desplomarse sobre el mar; profundas
bvedas donde se precipitan las olas; paredes inclinadas por las que
suben finas capas de agua; respidares que despiden umbelas de espuma;
cabos de avanzados picos cercados de rompientes; valles angostos
en cuyo fondo se columbran los plateados hilos de las cascadas. En
invierno y primavera cierran la entrada de los puertos tmpanos de
hielo, y las nieblas impiden frecuentemente su acceso. Aun por tierra
son imposibles los viajes, salvo por los senderos que han abierto los
rengferos, a pesar de no elevarse en el interior montaas de gran
altura: los furdos de la costa, los lagos, las charcas innumerables de
los valles detienen por do quiera al viajero; no son menos difciles
de salvar las espesuras enmaraadas de arbustos, que los tremedales
henchidos de hmedo musgo; y durante el verano, estacin de los viajes,
arremolnanse en la atmsfera nubes de mosquitos que caen sobre el
desgraciado peatn, ensangrentndole la cara[72]. Tanto la fauna como
la flora de Terranova se parecen bastante a la del Canad, con la
diferencia que las especies son menos abundantes en la primera.

       [72] Reclus, _Amrica Boreal_, pg. 598.

En los comienzos del siglo pasado, la poblacin total se elevaba a unos
20.000 habitantes; en 1815 llegaba a 70.000, y hace pocos aos aument
a ms de 200.000. La superficie es de 110.670 kilmetros cuadrados.

La produccin anual de las pesqueras de bacalao de Terranova por
buques ingleses, franceses y americanos era de 185.000 toneladas, cuyo
valor consista en 75.000.000 de francos[73].

       [73] Ibidem, pg. 616.

La capital y la ciudad ms populosa de Terranova es Saint-John's;
tambin son importantes Havre-de-Grce, Bonavista, Carbonear y algunas
otras. Saint-John's tena en el ao 1886 unos 31.000 habitantes[74].

       [74] Ibidem, pg. 620.

Los indios aborgenes o los beothuk han desaparecido. Cuando llegaron
los blancos an era numerosa aquella tribu de algonquines; pero los
extranjeros slo vieron en los indgenas una especie ms de caza[75].
Cuando la escopeta de los cazadores, las enfermedades, la miseria
y el hambre haban destrudo la raza, cuando no quedaba un beothuk
en Terranova, se constituy el 1828 en _Saint-John's_ una _Beothuk
Society_ para proteger a los infelices indios. Si existen algunas, muy
pocas familias de indios en Terranova, pertenecen a la raza de los
mic-mac. La poblacin blanca, en su mayor parte, es de origen francs e
ingls.

       [75] Ibidem, pg. 610.

Todos saben que los franceses disputaron por mucho tiempo y con empeo
a los ingleses la posesin de dicho pas. Todava es Terranova la
famosa _tierra de los bacalaos_, y muy especialmente un islote de la
costa oriental llamado _Bacalieu island_. La poblacin de Terranova y
del Labrador terranovense de 1886, clasificada bajo el punto de vista
religioso, era la siguiente:

                   Anglicanos y wesleyanos.   120.411
                   Catlicos.                  74.651
                   Otros.                       2.290
                                            ------------
                                            197.352 [76]
                                            ------------

       [76] Reclus, _Amrica Boreal_, pg 611.

Amrica Central, esto es, la regin de los istmos (sin Chiapas,
perteneciente a Mxico, y sin Panam, Estado independiente a la sazn),
ha constitudo por mucho tiempo un solo cuerpo poltico. Rota la unidad
poltica, dividise en 1838 en cinco Estados independientes. La verdad
es que los altos de Guatemala, las llanuras del Salvador, los valles
de Honduras, las depresiones de Nicaragua y la elevada meseta de
Costa-Rica, son otros tantos centros de vida independiente.

Pasamos a dar ligersima idea de los Estados de la Amrica Meridional,
sin citar las muchas islas correspondientes a Centro Amrica.
Unicamente haremos notar que los ingleses designan las Antillas
septentrionales, incluso las islas Vrgenes y hasta la Dominica, con
el nombre de islas de Sotavento (_Leeward-islands_), y las Antillas
Meridionales, desde la Martinica hasta la Trinidad, bajo el nombre
de Islas de Barlovento (_Windward-islands_); denominaciones--como
haremos notar ms adelante--que si tienen valor administrativo, carecen
de sentido geogrfico, puesto que todas las islas colocadas en la
divisoria exterior del mar de las Antillas se hallan expuestas a la
accin de los vientos alisios[77].

       [77] Reclus, _Amrica Central_, pgs. 779 y 780.

La naturaleza ha dividido a la Amrica del Sur en dos partes:
occidental y oriental. La divisin poltica corresponde, sin mucha
diferencia, a la establecida por la naturaleza; las tres Repblicas de
la antigua Colombia (Venezuela, Colombia o Nueva Granada y Ecuador)
con Per, Bolivia y Chile, pertenecen a la regin de los Andes; y la
Guyana, el Brasil y las Repblicas de la cuenca del Plata ocupan los
llanos[78].

       [78] Vase Reclus, _Amrica del Sur_, pg. 23.

En la Amrica del Norte (Canad) uno de los ros principales tiene el
nombre de _Makenzie_, y se forma de la reunin del de la Paz y del
Athabasca, ambos procedentes de las montaas rocosas. El Athabasca
entra en el lago de su nombre, y despus de la salida, recibe el ro
de la Paz. La corriente as formada se llama ro de los Esclavos
hasta el gran lago de este nombre, del cual sale con la denominacin
definitiva de ro Makenzie. Corre al mar en direccin Noroeste, regando
unos 1.200 kilmetros del territorio de los esquimales. El _Nelson_
(Canad), reunin de otros dos ros, que se denominan Saskatchavan del
Norte y Saskatchavan del Sur, procedentes de los montes peascosos,
atraviesa el lago Winnipeg, cruza el distrito de Keewatin y desagua en
la baha de Hudson. El _San Lorenzo_, que puede decirse que comienza en
los lagos al Sudoeste de la cordillera Central, pone en comunicacin
el Lago Superior, el Michigan, el Hurn, el Eri y el Ontario, baja
primero entre el Alto Canad y Nueva York, y despus por el Bajo
Canad. Tiene de largo desde el Lago Superior, 3.350 kilmetros, y
desde Ontario, 1.000; de ancho de 800 a 3.000 metros; y de profundo,
bastar decir que es navegable hasta Quebek por navos de lnea y hasta
Montreal por buques de 600 toneladas. Entre sus afluentes se halla el
_Ottava_, que nace en el lago de Tomiscnning, separa los dos Canads y
recorre 900 kilmetros.

El _Oregn_ o _Columbia_, en los Estados Unidos, sale de las montaas
rocosas, entra en el Pacfico y su longitud es de 2.000 kilmetros.
El _Colorado_, en los mismos Estados Unidos, nace en dichas montaas
rocosas, atraviesa la llanura rida del Arizona y desagua en el golfo
de California, despus de recorrer 1.300 kilmetros. Del mismo nombre
hay otro ro en los Estados Unidos (Tejas) que desagua en el golfo de
Mxico, y tiene de largo 1.150 kilmetros. El _Delaware_, tambin en
los mismos Estados, riega Filadelfia y desagua en la baha de Delaware,
habiendo recorrido unos 580 kilmetros.

El _Bravo_, que baa el lmite oriental de Mxico, desciende de las
faldas de Sierra Blanca y recorre 2.200 kilmetros. Ms de 7.000
baa la tierra el _Mississip_, llamado por los natchez _Meschaceb_
(marcha de las aguas). Cruza de Norte a Sud todos los Estados Unidos;
recibe al Este el _Wisconsin_, el _Illinois_ y el _Ohio_, y al Oeste
el _Missouri_, el _Arkansas_ y el _Ro Rojo_. El Missouri es famoso
por la anchura de su cauce, por su profundidad en ciertos puntos, por
la rapidez de sus aguas y por lo imponente de sus cataratas. Tiene
el Mississip sus fuentes en el lago Itasca, baja por la pintoresca
cascada de San Antonio al llano, y a ms de 2.000 kilmetros une sus
claras aguas a las turbias del Missouri; mide ordinariamente de ribera
a ribera de 800 a 1.000 metros, y a su entrada en el golfo de Mxico se
divide en muchos brazos.

Antes de terminar la descripcin de los ros de la Amrica
Septentrional, recordaremos un estudio muy curioso que se intitula
Extracto de los acontecimientos y operaciones de la 1. Divisin de
bergantines destinada a perfeccionar la Hidrografa de las islas de
la Amrica Septentrional, bajo el mando del Capitn de fragata D.
Cosme Damin de Churruca. Sali de Cdiz el 15 de Junio de 1792, y
despus de describir perfectamente la situacin, magnitud y figura
de las islas, volvi al puerto de Cdiz, donde a bordo del navo
_Conquistador_, el 18 de Octubre de 1795, firm Churruca el mencionado
documento[79].

       [79] Archivo de la Direccin de Navegacin y pesca
       martima.--_Noticias hidrogrficas de la Amrica
       Septentrional_, tomo II, pgs. 188-199.

En la Amrica Central abundan los ros, si bien no son tan caudalosos.

De la Amrica del Sur son el _Magdalena_, el _Orinoco_, el _Amazonas_
o _Maran_, el _Tocantines_, el _Paranayba_, el _San Francisco_,
el _Plata_ y el _Ro Negro_. El _Magdalena_, que recibe al Este el
_Bogot_ y el _Sogamoco_, al Oeste el _Cauca_, sale del lago Pampas con
direccin al Norte, atraviesa casi todo el territorio de Nueva Granada,
y, despus de recorrer 1.320 kilmetros, penetra en el mar por muchas
bocas. El _Orinoco_ nace en las vertientes occidentales de la sierra
de Parima, corre al Septentrin aumentando su caudal de aguas mediante
el tributo de muchos ros, tuerce hacia Levante desde su confluencia
con el Apure y se divide en cincuenta brazos antes de llegar al Ocano.
Es navegable en su mayor parte. Se admiran espantosas cataratas cerca
de Atures; parece un lago en su embocadura y cuenta de extensin
2.500 kilmetros. El _Amazonas_ es el ro mayor del mundo, mayor
que el Mississip, que el Ganges y que el Nilo. Nace en el lago de
Lauricocha, cruza de Oeste a Este casi todo el continente, recibiendo
en las fronteras meridionales del Ecuador por su margen derecha al
_Huallaga_ y al _Ucayale_, a que afluyen, entre otros, el _Apurimac_ y
el _Vilcamayo_; y, por su izquierda, al _Napo_, que baja del Cotopaxi
(ya habiendo recibido el Curaray y el Aguarico) y al _Putamayo_, que
se forma en otra cumbre de los Andes. A Medioda del Brasil recoge
al _Jurua_, al _Purs_, al _Madera_, al _Topayos_ y al _Xing_; al
Norte al _Caqueta_ y al _Ro Negro_. La longitud del Amazonas es
de 5.000 kilmetros y desemboca en el Atlntico, como tambin el
_Tocantines_, _Paranayba_, _San Francisco_, el _Plata_ y el _Negro_.
El ro _Paranayba_ en el Brasil da sus aguas al Atlntico despus
de recorrer 860 kilmetros. El _Plata_, que puede compararse con el
Amazonas por su anchura, comienza en la isla de Martn Garca, donde
recibe al _Uruguay_, y luego al _Paran_, _Paraguay_ y _Pilcomayo_. El
ro _Negro_, que separa la Patagonia de la Repblica Argentina, es muy
ancho en su boca y cuenta su longitud por centenares de kilmetros.

Los lagos de la Amrica del Norte son el de los _Osos_, junto al
Crculo Artico o en el mismo crculo; ms al Sur los dos del _Esclavo_,
el _Athabasca_, el _Winnipeg_ y otros; luego el _Superior_, _Michign_,
_Hurn_, _Eri_ y _Ontario_, cruzados por el ro San Lorenzo, que
forma entre los lagos Eri y Ontario la clebre catarata del Nigara.
En Mxico est el _Chapala_. En la Amrica Central los de _Managua_ y
_Nicaragua_. En la Amrica del Sur, en Venezuela, el _Maracaibo_; entre
el Per y Bolivia el _Titicaca_; en el Brasil, no lejos del Uruguay, el
de los _Patos_, y en la Patagonia los de _Coluguape_ y _Viedma_.

Veamos las altitudes de algunas sierras de Amrica. En los Estados
Unidos, el _Monte de San Elas_, que tiene 5.440 metros; el de
_Hooker_, con 5.100; el _Murchison_, con 4.877; el de _Santa Elena_,
con 4.724; el _Fainweather_, con 4.483 y el _Fremont_, con 4.135;
los seis se hallan en las sierras pedregosas. En los mismos Estados
Unidos y en Alleghany estn el monte de _Washington_ y el _Mountais_,
el primero con 1.959 metros y el segundo con 1.900. En Mxico tenemos
_Sierra Nevada_, _Cerro de Azusco_ y _Orizaba_, con 4.625, 3.673 y
5.450 metros respectivamente. En California est el _Monte Gigante_,
con 1.400 metros. En Guatemala citaremos el _Amilpas_ y el _Agua_,
el primero tiene 4.010 metros y el segundo, 4.570. De Honduras debe
nombrarse el _Pico Congrehay_, con 2.271 metros. En Cuba se encuentra
la _Sierra del Cobre_, que tiene 2.100 metros. Citaremos en El
Ecuador el _Chimborazo_, con 6.530 metros, el _Covamb_, con 5.956,
el _Pasto_, con 4.100 y el _Cotopaxi_, con 5.750. En el Per se
admira el _Parinacota_, con 6.714 metros y el _Arequipa_, con 5.755.
Se ven en Bolivia el _Nevado de Sorata_, el _Nevado de Ilmane_, el
_Chuquibamba_ y el _Cerro de Potos_, con 6.488, 6.446, 6.400 y 4.923,
respectivamente. En Colombia tenemos el _Purac_, con 5.185 metros.
De Chile podemos citar el _Aconcagua_, el _Mayp_ y el _Tupungate_;
el primero con 7.288 metros; el segundo, con 5.380, y el tercero, con
4.600. Son de Venezuela la _Sierra de Santa Marta_ y el _Pichincha_,
con 5.791 y 4.855, respectivamente. En la Guayana est el _Roraima_,
con 2.271; en Buenos Aires, el _Sierra Ventana_, con 1.067; en el
Brasil, los de _Ilambo_  _Ilacolumi_, con 1.817 metros el primero y
1.777 el segundo, y en Patagonia el _Corcobado_, con 2.290 metros.

Entre los volcanes citaremos el de _San Elas_, en los Estados
Unidos; los de _Popocatepetl_ y _Orizaba_ en Mxico; el del _Agua_,
el del _Fuego_ y otros en la Amrica Central; los de _Chimborazo_,
_Cotopaxi_, _Pichincha_ y _Antisana_, en El Ecuador; los de _Aconcagua_
y _Copiap_, en Chile, y el de _Arequipa_ en el Per.

En la parte Norte de Amrica encontramos la pennsula de _Melville_, la
del _Labrador_, entre el Ocano Glacial Artico y el Ocano Atlntico,
y _Nueva Escocia_ o _Acadia_, pertenecientes a Nueva Bretaa; la de
_Florida_, en los Estados Unidos, y se halla entre el Ocano Atlntico
y golfo de Mxico; la de _Alaska_, en los Estados Unidos, entre el
Ocano Glacial y el Pacfico; la del _Yucatn_, en Mxico, est entre
el golfo de este nombre y el mar de las Antillas; la _Baja California_,
en Mxico, se encuentra entre el golfo de California y el Ocano
Pacfico; la de _Goajira_ y la de _Paraguana_ forman la entrada del
golfo de Maracaybo, en el mar de las Antillas, entre Venezuela y
Colombia, y la de _Brunswick_, sobre el Estrecho de Magallanes, en la
Patagonia.

Los cabos ms importantes baados por el Ocano Glacial Artico son el
_Farewell_ (Groenlandia) y el de _Carlos_ (Labrador); el de _Cod_, el
de _Hateras_, el de _Sable_ y el de _Mendocino_ (Estados Unidos) se
hallan baados los dos primeros por el Atlntico, el tercero por el
golfo de Mxico y el cuarto por el Pacfico; el de _Catoche_ (Mxico),
por dicho golfo; el de _Gracias a Dios_ (Amrica Central), por el
mar de las Antillas; _Gallinas_ (Colombia), el ms septentrional de
la Amrica del Sur, tambin por el mar de las Antillas; _San Roque_
(Brasil), _San Antonio_ (Argentina), _Blanco_ (Patagonia) y _Hornos_
(Tierra del Fuego), por el Atlntico. El _Blanco_ (Per), _San Lorenzo_
y _San Francisco_ (El Ecuador), por el Pacfico.

Acerca del reino _mineral_ inmensas riquezas se han extraido de las
entraas y de los cerros de aquel continente. El oro y la plata parecen
all inagotables. Abunda tambin el hierro y no escasea el platino y el
cobre. Existen minas de diamantes, esmeraldas, topacios, amatistas y
otras piedras preciosas. En el mar de los Caribes se pescaron por mucho
tiempo claras y gruesas perlas.

La _vegetacin_ es admirable. Las tierras llanas estn cubiertas de
inmensos bosques poblados de rboles gigantescos. Soberbios pinos,
aromticas magnolias y otros rboles despliegan en la zona templada
todo su vigor y lozana. Bajo los trpicos nace el cocotero, el banano,
la ceiba, el sauce, la higuera y el anacardo. Encontramos rboles de
madera tan rica como la caoba y tan fuerte como la corbana, la jagua
y el espino. En el fondo de los bosques crece el cedro y el rbol de
la canela. Trepan por los viejos troncos la vainilla, los pothos y los
bejucos. Las caas y los helechos adquieren extraordinaria altura.
Americano es el rbol de la quina y plantas americanas son la jalapa,
la zarzaparrilla, el blsamo de copaiba y la ipecacuana. Por ltimo,
tambin son americanas el cacao, el maz, la patata, el tabaco, el
algodn, el campeche y otras varias.

Bellos y de vivos colores son muchos de los _animales_ que se
encuentran en Amrica. No hay en ninguna parte del mundo pjaros de
ms bello plumaje (colibr, pjaro mosca y guacamayo), ni insectos
ms caprichosamente pintados, ni reptiles (culebras y lagartos), de
ms vistosos colores. Entre los pjaros se halla el condor, entre
los lagartos el caimn, y entre las culebras la boa. Si el len no
es tan grande ni bravo como el de Africa, habita en cambio el jaguar
en los bosques de los trpicos; el lobo, la zorra y otros dainos
en las selvas del Norte. Abundan manadas de rengferos y ovibos en
las regiones septentrionales: ms abajo el bisonte, y en los pases
calientes vive el llama y todas sus especies. Nada diremos del castor,
la marta y otros buscados hoy por sus riqusimas pieles. Llama la
atencin la existencia de no pocos animales, pues son abundantes los
rebaos de bisontes y de llamas y numerosas las bandadas de pjaros.
En el mes de Marzo--escribe Gonzalo Fernndez de Oviedo--he visto
algunos aos por espacio de quince o veinte das, y otros aos ms,
ir el cielo de la maana a la noche cubierto de infinitas aves, unas
tan altas que se las perda de vista, otras ms bajas, pero siempre
muy por encima de las cumbres de los montes, que iban continuamente de
Septentrin a Medioda[80].

       [80] _Sumario de la natural historia de las Indias_, cap.
       LXVIII.

Consignaremos del mismo modo que no en todas las regiones del Nuevo
Mundo se hallan minerales ricos, vegetales y rboles tan estimados,
animales tan tiles y hermosos. Al Oeste de la cadena perpetua de los
Andes, en las costas del mar del Sur--dice Humboldt--tambin he pasado
semanas enteras atravesando desiertos sin agua. Las mesetas de Mxico,
los llanos de Venezuela, las pampas de Buenos Aires y otras regiones
son, en efecto, desiertos tristes y desconsoladores.


                   DIVISION POLITICA DEL NUEVO MUNDO


                   Amrica Septentrional y Central.

                        ESTADOS INDEPENDIENTES

           Estados Unidos.                 Costa Rica.
           Mxico.                         Panam.
           Guatemala.                      Cuba.
           Salvador.                       Hait.
           Honduras.                       Santo Domingo.
           Nicaragua.


                          Amrica Meridional.

                        ESTADOS INDEPENDIENTES

           Venezuela.                     Chile.
           Colombia.                      Argentina.
           Ecuador.                       Paraguay.
           Per.                          Uruguay.
           Bolivia.                       Brasil.

                          POSESIONES INGLESAS

           Guayana inglesa.               Islas Falkland.

                         POSESIONES FRANCESAS

                           Guayana francesa.

                         POSESIONES HOLANDESAS

           Guayana holandesa.             Saint-Eustache.
           Aruba.                         Saba.
           Saint-Martn[81].

                          POSESIONES DANESAS

           Groenlandia.
           Sainte-Croix  islas adyacentes[82].
           Saint-Thomas  islas adyacentes.
           Saint-John.

                        POSESIONES VENEZOLANAS

               Islas del Este y del Viento.

                      POSESIONES NORTEAMERICANAS

           Puerto Rico.                   Carlobacou.
           Trinidad.                      Santa Luca.
           Tabago.                        San Vicente.
           Granada.                       Granadina del Norte.

                         POSESIONES FRANCESAS

           Saint-Pierre y Miquelon.       Marie Galante.
           Guadalupe.                     Saint-Barthelemy.
           Dsirade.                      Saint-Martn.
           Les Saintes y Petite-Terre.    Martinica.

                         POSESIONES HOLANDESAS

           Curaao.                       Buen Aire.

                          POSESIONES INGLESAS

           Canad.                        Anguila.
           Terranova.                     Antigua.
           Labrador.                      Barbada.
           Islas Bermudas.                Dominica.
           Honduras Britnica.            Monserrat.
           Islas Bahamas.                 Redonda.
           Barbada.                       Nevis.
           Jamaica.                       San Cristbal.
           Islas Turcas y Caicos.         Islas Vrgenes.
           Islas Caimanes.

       [81] Saint-Martn es la nica de las Antillas dividida
       polticamente en dos partes: la del Norte es de Francia y la
       del Sur pertenece a Holanda. En el ao 1648 y en la cima de
       un monte (Montaa de los acuerdos), se hizo el tratado de
       reparticin.

       [82] Pars 14 julio 1916, 4 tarde.--Segn la _Gaceta de
       Lausanne_, la venta de las Antillas danesas a los Estados
       Unidos est virtualmente terminada. Dinamarca cede todos sus
       derechos sobre el archipilago de las Vrgenes mediante la
       entrega por los Estados Unidos de la suma de 125 millones
       de francos. Este archipilago, con sus tres islas (Santa
       Cruz, Santo Toms, San Juan), sus 360 kilmetros cuadrados
       y sus 40.000 habitantes, slo representa un modesto dominio
       colonial; pero la vecindad del Canal de Panam le da una
       importancia especial. Por esto desde hace algunos aos
       Alemania haba multiplicado sus esfuerzos para decidir a
       Dinamarca, bien a cederle el archipilago entero, bien a
       permitirle establecer en Santo Toms un depsito de carbn y
       un punto de escala para sus barcos, lo que produjo objeciones
       por parte del Gobierno de Washington en nombre de la doctrina
       de Monroe. (_A B C._ Sbado 15 de julio de 1916).

Conclusin. Tal es la tierra que descubri aquel varn esclarecido sin
saber que la haba descubierto; tal es la tierra que vieron Cristbal
Coln y los suyos a las dos de la madrugada del 12 de Octubre de 1492.




PRIMERA POCA

AMERICA PRECOLOMBINA




CAPTULO I

  UNIDAD Y VARIEDAD DE LA ESPECIE HUMANA.--EL EVOLUCIONISMO. LA
  SELECCIN.--EL PITHECANTHROPUS.--PROTOHISTORIA AMERICANA.--EL
  SALVAJISMO.--ANTIGEDAD DE LOS INDIOS.--RAZAS MIXTAS.--EL HOMO
  ASIATICUS Y EL HOMO AMERICANUS. DIFERENCIAS Y SEMEJANZAS ENTRE
  UNO Y OTRO.--ALGUNOS POBLADORES DE AMRICA SON AUTCTONOS.--RAZAS
  CULTAS Y SALVAJES.


El naturalista Quatrefages (1810-1892) sostuvo la teora de la
unidad de la especie humana o del _monogenismo_. El hombre, segn el
sabio francs, debi ser creado por una voluntad superior o por la
intervencin de una fuerza desconocida por nosotros, siendo de notar
que las diferencias que se observan entre las razas se deben nicamente
a condiciones distintas del medio fsico.

Otro naturalista, el suizo Luis Agassiz (1807-1873), al mismo tiempo
que admita una accin suprema, dijo que las especies nacieron
independientes en ocho puntos distintos del globo.

La teora biolgica del evolucionismo intent explicar el origen de los
diversos seres vivos por derivaciones sucesivas de unos a otros, de tal
manera que cada especie era nicamente la transformacin de un tipo
comn, que, a travs de la evolucin del tiempo, haba ido generando
las mltiples formas conocidas. Explic dicha teora el francs
Lamarck (1744-1829), quien fu atacado por Quatrefages, Agassiz,
Cuvier y otros. No huelga decir que semejante doctrina tuvo no pocos
precursores, mereciendo entre los primeros sealado lugar Aristteles.
Casi se hallaban olvidadas las obras de Lamarck (_Sistema de los
invertebrados_ y _Filosofa zoolgica_) cuando apareci el eminente
naturalista ingls Carlos Roberto Darwin (1809-1882): su obra _Del
origen de las especies_, publicada en 1859, y cuya base es la evolucin
universal, vino a hacer una revolucin en la ciencia. Doctrina tan
peregrina consista en afirmar que la lucha por la existencia y la
seleccin natural eran las dos leyes que regan la multiplicacin y
perfeccionamiento de las especies. El estado de guerra que Hobbes
sealaba, solamente entre los hombres primitivos (_Homo homini lupus_)
era, segn Darwin, la ley universal de la vida animal. Vemos--dice--la
naturaleza resplandeciente de hermosura y observamos en ella
abundantemente todo lo que puede servir para alimento de los seres;
pero no miramos u olvidamos que las aves que cantan con tanta dulzura
alrededor de nosotros viven sobre todo de insectos y de otras aves o
se ocupan siempre de destruir. No recordamos que los huevos y nidos de
dichas aves cantoras son destrudos por animales feroces o por aves de
rapia; no tenemos presente que el alimento que les est destinado y
que hoy es abundante, no lo es en todas las estaciones. Cuando se dice
que los seres luchan para vivir, es preciso entender esta palabra en
el sentido ms amplio y ms metafrico, comprendiendo las dependencias
mutuas de los seres, y lo que tiene ms importancia, las dificultades
que se oponen a su propagacin. En tiempos de hambre puede decirse
que los carnvoros estn en lucha unos con otros para proporcionarse
el sustento. La planta arrojada a la orilla del desierto lucha para
vivir contra la sequa. Un arbusto que produce anualmente un millar de
granos, lucha en realidad contra las plantas de la misma especie o de
especies diferentes que ya cubren el suelo.

Respecto de la cra de los animales, se ha verificado hace un siglo
largo el comienzo de una doctrina que se llama _seleccin_. Segn
ella, el individuo que se dedica a dicha cra, cuando sorprende en un
ser cualquiera un carcter especial, le sigue en una familia y escoge
con cuidado los reproductores que pueden transmitirle, obteniendo,
mediante largos esfuerzos, una nueva variedad, una raza. La naturaleza,
dice Darwin, no hace otra cosa; del mismo modo que el hombre forma
razas artificiales, la naturaleza crea razas naturales. La naturaleza
abandona desapiadadamente o arroja todo lo que es dbil, impotente y
enfermizo; da vida, en cambio, a los ms fuertes, poderosos y sanos. La
variedad, asegurando ms y ms su preeminencia, se eleva a la categora
de especie, as como el boceto viene luego a ser cuadro. La nueva
especie vivir largo tiempo; pero cuando cambien el medio fsico y el
medio orgnico, los cambios o variaciones formarn otras especies, que,
a su vez, acabarn con las citadas anteriormente. La naturaleza, pues,
mediante la seleccin, renovar la faz de la tierra; renovacin que
slo necesita el tiempo, que no tiene lmites. En tal estado el asunto,
falta explicar la aparicin de las primeras formas orgnicas. Haba
en el seno de la naturaleza inorgnica fuerzas dormidas que en ciertas
circunstancias pudieron crear una planta o un animal, de igual manera
que se forma un cristal en virtud de ciertas afinidades qumicas? Tal
es la doctrina de la generacin espontnea.

Darwin, en su libro intitulado _Descendencia del hombre_, y que
vi la luz en el ao 1871, aplic rigurosamente sus teoras a la
especie humana. Segn Darwin y sus discpulos, el hombre, siguiendo
las leyes de la seleccin natural, desciende de un grupo de seres
antropomrficos, al cual pertenecen el orangutn, el gorila y el
chimpanc. El eslabn que une a aqul con los ltimos debi existir en
el perodo terciario, y fu el _pithecanthropus_ del alemn Haeckel o
el _anthropopythecus_ de Mortillet[83]. Los restos encontrados en las
formaciones sedimentarias de Java[84], parecen indicar la existencia
de un ser superior a los antropides e inferior al hombre. No se da un
salto, pues, del orangutn al hombre. _Natura non facit saltum._ El
precursor del hombre debi ser el pithecanthropus.

       [83] Deuxime session de _L'Asociation francaise pour
       l'avancement des sciences_.--Lyon, Aout, 1872. (_Revue
       Scientif_, 2. ser., 3.^{er} an., nms. 9, 10 y 11).

       [84] Isla en el archipilago de la Sonda (Oceana Occidental).

Hovelacque dice por su parte: La nica facultad que distingue al
hombre de los animales es la palabra, y por mucho que retrocedamos en
el pasado, el ser que encontramos provisto del lenguaje articulado es
ciertamente el hombre, mas no lo es el que carezca de esta facultad.
No podemos pensar que el lenguaje le fuera dado al hombre de repente,
sin causa, _ex nihilo_, sino ms bien que fu el fruto de su desarrollo
progresivo, el producto de su perfeccionamiento orgnico. Y siendo
esto as, antes del ser caracterizado por la facultad del lenguaje
articulado hubo otro que estaba en camino de adquirirla, de llegar a
ser hombre, y este ser es el que debi tallar los silex de Thenay[85].

       [85] _Lettre sur l'homme prhistorique du type le plus
       ancien_, etc. Pars, 1876.

En resumen: el mineral, mediante una serie de transformaciones
sucesivas ms o menos largas, pudo llegar y ha llegado a ser planta, la
planta a ser animal y el animal a ser hombre.

Ya en este punto de la investigacin cientfica, la discusin entre
monogenistas y poligenistas carece de todo inters: se reduce a
averiguar si el hombre apareci en diferentes puntos de la tierra,
como creen unos, o en una sola parte, como piensan otros. Mientras
Darwin escriba que los naturalistas que admiten el principio de
la evolucin, no vacilarn en reconocer que todas las razas humanas
descienden de un solo tronco primitivo, el alemn Goethe (1749-1832),
afirmaba, por el contrario--tales son sus palabras--, que la
naturaleza se muestra siempre generosa y hasta prdiga, estando ms
conforme con su espritu admitiendo que ha hecho aparecer a los hombres
por docenas y aun por centenares, ms bien que suponiendo que los ha
hecho aparecer pobremente de una sola y nica pareja. Cuando la tierra
hubo llegado a cierto grado de madurez, cuando las aguas se fueron
encauzando y los terrenos secos se cubrieron de verdura, apareci el
hombre en todos los lugares en que la tierra lo permita.

De Fritsch son las palabras que copiamos: Es evidentemente absurdo que
estas condiciones favorables (refirindose a las necesarias para la
aparicin del hombre), slo se han presentado en una sola localidad;
que un lugar de la tierra haya sido el preferido para la aparicin del
hombre, y, por ltimo, que una sola pareja haya tenido la dicha, para
asombro de la posteridad, de ser la originaria del gnero humano.
Humboldt, Gumplowitz y otros sabios, niegan del mismo modo que todos
los hombres se deriven de una pareja nica.

Despus de la teora general que acabamos de resear, procede que nos
ocupemos de la aparicin del hombre en Amrica. Aunque se anunci como
cosa cierta y positiva que los Sres. Witney y Blaque, ingenieros de
los Estados Unidos, haban descubierto un crneo que se hallaba debajo
de materiales volcnicos, edad terciaria y perodo plioceno[86], se
supo luego que aquellos naturalistas haban sido engaados por mineros
de poca conciencia. Aun admitiendo que dicho crneo fuese autntico
y no moderno, con seales bien hechas, nos asaltara la duda de si
el terreno es terciario, pues todo indica que pertenece a la edad
cuaternaria.

       [86] Desor, _L'homme pliocene de la California_. Nice, 1879.

Mayor importancia--como escribe D. Juan Vilanova--revisten los huesos
humanos descubiertos recientemente en el sitio, no lejos de Mxico,
llamado el _Pen de los Baos_. Brcena y Castilla, profesores de
Geologa, dicen que, por los caracteres que ostentan los huesos, el
esqueleto pertenece a la raza indgena pura de Anahuac, aadiendo, por
ltimo, que lo consideran como prehistrico, o sea muy anterior a las
noticias que sobre dicha raza presentan la tradicin y la historia,
sealndole como antigedad menor la de 800 aos, y como horizonte
geolgico, la divisin superior de la era cuaternaria[87]. En la
cuenca del ro Delaware, no lejos de la ciudad de Trenton (Estados
Unidos), en una formacin glacial, hall el Dr. Abbott ms de un
crneo humano que, si son contemporneos de los instrumentos tallados
descubiertos en la misma localidad, deben ser tan antiguos como stos,
que representan por su forma y por lo tosco de su labor el perodo
europeo de Chelles y Taubach[88]. Llam la atencin que algunos de
los crneos fuesen braquicfalos y no dolicocfalos, esto es, que
correspondiesen a una raza superior, como superior se considera la
braquicefalia a la dolicocefalia.

       [87] _Protohistoria Americana_, Conferencia de D. Juan
       Vilanova en el Ateneo de Madrid el 21 de Abril de 1891, pgs.
       30 y 31.

       [88] Ibidem.

Hace notar el Marqus de Nadaillac a propsito de los crneos
americanos, que no se halla probado que predominen los braquicfalos o
los dolicocfalos, habiendo verdadera mezcla de unos y otros, si bien
debe notarse que en todos est muy reducida la cavidad ceflica, sin
querer esto decir que signifique tal condicin inferioridad intelectual
en aquellas gentes. Encierra verdadera importancia el siguiente hecho.
Los crneos encontrados cerca de Merom (Indiana), los de Chicago, el
procedente del Stimpson's-Mound y los del Kennicott-Mound ofrecen
caracteres de inferioridad, hasta el punto que la depresin frontal
es casi igual a la del chimpanc. De la misma manera son de escasa
capacidad ceflica los crneos encontrados en los paraderos del litoral
de California y del Oregn, como tambin los de la isla de Santa
Catalina, donde con los restos humanos aparecieron pequeas vasijas de
esteatita, objetos de silex y de hueso, y alguna esculturita de piedra
dura.

No pasaremos en silencio la indicacin de la singular forma que
ofrece la tibia de muchos esqueletos, a la que se aplica el nombre de
platignemia, comn en muchos monos, as como el agujero natural que
ofrece la cavidad olecraniana del hmero, rasgos que los transformistas
invocan en pro de la descendencia simia del hombre.[89]. Casi
idnticos caracteres se ven en los huesos encontrados en diferentes
puntos (Buenos Aires, Patagonia, Venezuela, Florida, etc.). Por cierto
que discurriendo el Sr. Tenkate, escritor distinguido, acerca de los
caracteres generales de las razas humanas encontradas en Amrica,
ha venido a sostener que dichas razas corresponden a las llamadas
mogolas o amarillas. Haremos notar en este lugar que es un hecho el
predominio de la raza braquicfala o de crneo redondo en el Norte, as
como el de la dolicocfala o de crneo elptico en el Sur; y siendo
inferiores--como generalmente se cree--las razas de crneo largo,
debi poblarse el continente americano de Sur a Norte, y no--segn la
opinin corriente--de Norte a Sur. En Europa los hombres ms antiguos
son los dolicocfalos, y en Amrica--si damos crdito a investigaciones
recientes--los braquicfalos.

       [89] Vilanova, ob. cit., pg. 32.

[Ilustracin: Crneo neoltico (California).]

Sintetizando la doctrina que acabamos de exponer, diremos que algunos
crneos hallados en Amrica tienen ms parecido al del chimpanc que al
del hombre de nuestros das, siendo tambin objeto de estudio la forma
de ciertas partes de los esqueletos que son como un paso del mono al
hombre.

Manifistase con toda claridad que los caracteres de otros esqueletos,
tal vez ms modernos que los anteriormente citados, revelan el
salvajismo, pudindose sostener que ciertas seales acreditan la
antropofagia. Indica ms salvajismo el hombre primitivo de Amrica
que el encontrado en el valle del Neckar, cerca de Suttgard, y que
Quatrefages y Hamy han hecho del citado ejemplar el tipo de la
raza ms antigua que habit el continente europeo en los tiempos
cuaternarios, distinguindola con el nombre de Canstadt? Creemos poder
afirmar que el continente americano ha pasado por los mismos cambios
y mudanzas que el Mundo Antiguo (Asia, Africa y Europa); ha seguido
las mismas vicisitudes y en l se ha desarrollado la vida del mismo
modo. Mustrase la antigedad de los indios con slo atender, entre
otras cosas, al nmero considerable de lenguas y la perfeccin en que
stas se hallaban al descubrir Cristbal Coln el Nuevo Mundo. De
igual manera se manifiesta la antigedad considerando los edificios
esparcidos por todo el continente americano. Opina el historiador
Bernal Daz del Castillo que el templo de Huitzilipuctli se edific mil
aos antes de la llegada de los espaoles a Amrica.

No obstante lo dicho, Bacn de Verulamio sostuvo que los indios eran
gente ms nueva que los habitantes del Antiguo Mundo, y Herrera
entenda que nuestro hemisferio se hallaba habitado cuando comenzaron
a poblarse las Indias[90]. Cuenta Lescarbot que No lleg en un navo
al Estrecho de Gibraltar, pasando al Canad y Brasil, y ltimamente a
Paria y a otras tierras[91]. Algunos tienen como cosa cierta, que Tubal
envi gentes a poblar las Indias[92], y Acosta se contenta con decir
que se poblaron antes de Abraham[93]. Fulero consider a los hijos de
Cus como los primeros que se establecieron en las Indias; Vasconcelos
supuso que los indios procedan de los dispersos al tiempo de la
confusin de las lenguas, o de los hijos de dichos dispersos; Hornio y
Laet crean que se pobl Amrica al mismo tiempo que Africa y Europa,
y Torquemada sostuvo que la poblacin se verific cerca del tiempo del
diluvio[94].

       [90] Fr. Gregorio Garca, Ob. cit., libro IV, prrafo XV,
       pgs. 312 y 313.

       [91] Pg. 308.

       [92] Pg. 308.

       [93] Pg. 309.

       [94] Pgs. 309 y 310.

Mostrado est que los americanos constituyen un grupo de razas mixtas,
como escriben Molina y D'Orbing. Dice el primero: Las naciones
americanas son tan diferentes unas de otras como lo son las diversas
naciones de Europa: un chileno no se diferencia menos de un araucano,
que un italiano de un tudesco; y el segundo aade: Un peruano es ms
diferente de un patagn, y un patagn de un guaran, que un griego
de un etiope o de un mogol. Por el contrario, nuestro Herrera se
expresa del siguiente modo: Es cosa notable que todas las gentes de
las Indias, del Norte y del Medioda, son de una misma inclinacin
y calidad, porque, segn la mejor opinin, procedieron de una misma
parte; y asmismo los de las islas, a las cuales pasaron de la tierra
firme de Florida; y Ulloa (Antonio) escribe lo que copiamos a
continuacin: Visto un indio de cualquier regin se puede decir que
se han visto todos[95]. Del mismo modo han opinado Robertson, Herder,
Blumenbach, Humboldt y otros.

       [95] _Noticias americanas._--Entretenimiento XXII, pg.
       253.--1792.

El _homo asiaticus_, que comprende las poblaciones extendidas desde
el Caspio y el Eufrates hasta el mar Amarillo y el Japn, y desde la
Manchuria a Siam tiene por caracteres fsicos la cabeza de forma
prolongada y relativamente corta, braquiceflica, cuneiforme sobre
todo, y platiceflica; la faz en relacin, la estatura variable,
el color de la piel amarillento como los chinos o atezado como los
japoneses; escaso o pobremente velludo, de barbas ralas y menguadas y
rgidos cabellos negros. Los ojos muestran inclinacin oblcua hacia
el ngulo interno, mientras que el externo est levantado; la nariz
es corta y deprimida, los pmulos abultados y salientes, la faz en su
totalidad aplastada y los ojos obscuros[96].

       [96] G. Sergui, _La evolucin humana individual y social_,
       tomo I, pg. 65.--Barcelona, 1905.

Los caracteres principales del _homo americanus_ son los siguientes:
una frente chica y baja; hundidos, pequeos y obscuros los ojos;
grande la boca; dilatada la nariz por las ventanas y honda en su raz;
largo, laso, grueso y negro el cabello; escasa la barba y depilada
la piel; la color, obscura con variedad de tonos, las ms veces como
la del membrillo cocido; la contextura fsica, robusta y fuerte;
el temperamento bilioso y sobrio; y en la constitucin social, la
costumbre es el rgimen ordinario[97].

       [97] Antn, Ob. cit., pg. 11.

Las diferencias, pues, entre el _homo asiaticus_ y el _homo americanus_
no son radicales; antes por el contrario, la semejanza es manifiesta.

Lo mismo pudiramos decir de las costumbres y creencias. Los mejicanos,
como los mongoles, quemaban los cadveres, recogan las cenizas y
las encerraban en urnas con una piedra preciosa. Los peruanos, como
los judos, guardaban a sus muertos y los enterraban, ya en pie, ya
sentados, con parte de los utensilios, y a veces con los tesoros
que tuvieron en vida. Los peruanos, como los chinos, daban capital
importancia a la agricultura y conservaban los hechos histricos en
anudadas cuerdecillas. Por sus creencias, los americanos, como los
asiticos, reconocan la existencia de un Espritu, creador del Mundo,
para el cual no haba representacin posible ni era bastante ancho el
recinto de un templo. Unos y otros tenan noticia por tradicin del
diluvio, y afirmaban que muy pocos se haban salvado de la catstrofe.
Los mejicanos suponan fabricada su pirmide de Cholula por unos
gigantes que haban intentado elevarla hasta las nubes, atrayndose por
su insensato orgullo la clera celeste: los hebreos decan lo mismo de
su torre de Babel. Tenan su Eva los indgenas en la diosa Cioacoatl,
la primera mujer que pec, pari y leg a su sexo los dolores del
parto. Por ella instituyeron el Bautismo, que empleaban, como los
cristianos, para limpiar a los recin nacidos del pecado original
y traerlos a nueva vida. Muy parecida era tambin la organizacin
religiosa. En Amrica y en Oriente el sacerdocio gozaba de grandes
prestigios y de mucho poder; en uno y en otro punto se celebraban
suntuosas fiestas y sangrientos sacrificios. No es, pues, de extraar
que Guignes y Paravez, por los aos de 1844, como tambin Humboldt,
Preschel y otros, intentasen probar que la cultura peruana proceda del
Asia.

Consideremos las principales tribus americanas. Segn Molina, los
boroanos, en las provincias de Chile, son blancos y tan bien formados
como los europeos del Norte; cree Quatrefages que los koluchos,
habitantes en la parte Norte de la costa del Pacfico, pertenecen a
la raza blanca; Bartram considera algunas jvenes de los cherokises
tan blancas y bellas como las jvenes de Europa; y Humboldt escribe
que tambin tienen el mismo color blanco los guanariboes, guanaros,
guayacas y maquiritars, que l vi en las orillas del alto Orinoco.
Si en general es ralo y escaso el pelo del cuerpo y de la barba en los
americanos, los yuracars, si damos crdito a D'Orbigny, tienen la
barba cerrada como los europeos; Laperouse, y tambin Molina dicen que
en algunos chilenos no es menos espesa la barba que en los espaoles.
Acerca de la estatura, si son altos los patagones, algunos pieles-rojas
y los muscoges, en cambio los peruanos son bajos, y ms bajos todava
los esquimales. Por lo que respecta a las proporciones de la cabeza, si
la forma del crneo es en general la braquicfala, tambin se encuentra
la dolicocefalia.

Dejando otros caracteres fsicos menos importantes que los anteriores,
pasamos a estudiar los intelectuales. Se ha discutido si la raza
americana es inferior para la civilizacin y cultura que las otras
razas del Antiguo Mundo, cuestin que no tiene valor alguno. Si en
la poca del descubrimiento, algunos pueblos del nuevo continente
(mexicanos y peruanos) presentaban todas las formas sociales conocidas
en el Antiguo Mundo, no llegaron, sin embargo, al principio de la
civilizacin en toda su fuerza. Acostmbrase a decir que en Amrica se
hallaba el hombre en los estados siguientes: salvaje, brbaro, nmada o
sedentario y civilizado. A la llegada de Corts y Pizarro, el primero
a Mxico y el segundo al Per, encontraron Gobiernos regulares, artes,
industria y agricultura.

Debemos fijar nuestra atencin en las opiniones principales acerca
del origen de los primeros pobladores de las Indias. Creen algunos
escritores que los primeros habitantes han nacido en el mismo suelo
americano, esto es, que son _autctonos_; segn otros, proceden del
Africa; algunos dicen que de Europa, y muchos, tal vez la mayor parte,
les hacen venir del Asia. El primero que sostuvo, all por el ao
1520, que los americanos eran autctonos, fu el naturalista suizo
Teofrasto Paracelso, el cual hubo de negarles clara y terminantemente
la descendencia de Adn, anticipndose con esto muchos aos a la
escuela de antroplogos americanos. En un annimo publicado en Londres,
en 1695, y que se intitula _Two essays, sent in a letter from Oxford
to a nobleman in London, by L. P. M. A._, se sostiene el autoctonismo
americano. Morton, profesor de Filadelfia y fundador de la citada
escuela de antroplogos, intent probar, con razones de bastante peso,
el origen genunamente americano de los indios, raza distinta de todas
las conocidas en el Viejo Mundo. Nott y Glidon, discpulos de Morton,
popularizaron en los Estados Unidos de Norte Amrica la doctrina del
maestro. _The native americans are possessed of certain physical
traits that serve to identify them in localities the most remote from
each other: nor to they as a general rule assimilate less in their
moral character and usages._ Dicha doctrina tiene al presente no pocos
defensores.

La mucha antigedad del hombre en Amrica se halla mostrada por
recientes descubrimientos. Lo mismo del Norte que del Sur, se han
extrado de terrenos cuaternarios armas y utensilios de piedra al
lado de restos de animales cuya especie se extingui hace siglos.
En California, en el condado de Tuolumne, en las galeras mineras
de Table Mountain, a trescientos cuarenta pies de profundidad, de
los cuales ms de ciento eran de lava, se encontr el ao 1862 con
huesos fsiles de mastodonte y otros paquidermos, un almirez de
granito, un adorno de pizarra silcea, puntas de lanza de pedernal y
una cuchara de esteatita. Han ocurrido despus anlogos y no menos
interesantes hallazgos en distintos lugares, sitos entre los Grandes
Lagos y el Golfo de Mxico[98]. En la Amrica meridional, segn Lund,
que reconoci el Brasil, se han encontrado muchas cuevas donde se
hallaban crneos y aun esqueletos humanos confundidos con osamentas
de animales de razas muertas. No es de extraar que se afirme la
existencia del hombre en Amrica durante el perodo _diluvial_, cuando
los ventisqueros desprendidos del Polo transformaron completamente la
superficie del planeta. Como consecuencia de todo ello, tampoco es de
extraar que no pocas tribus americanas se considerasen autctonas.
Sostenan los navajos que todas las tribus haban salido del fondo de
sus cavernas; los peruanos afirmaban que los Incas tuvieron su cuna en
el lago de Titicaca; los iowas se crean descendientes del hombre y de
la mujer creados por el Grande Espritu; los quichs se consideraban
originarios del Oriente de Amrica.

       [98] Pi y Margall, _Historia general de Amrica_, tomo I, vol.
       II, pg. 1.158.

Dado que en ninguna de las tribus americanas se recordaba el nombre
de pueblo ni de comarca del Antiguo Mundo; ni se conoca el arado, ni
el cultivo de la vid y el trigo, ni el uso del hierro, ni el carro de
guerra, ni el transporte, ni otras embarcaciones que el haz de juncos
y la canoa; ni en ninguna se haba llegado a la escritura fontica,
considerando todo eso, deduca Pi y Margall que si el hombre americano
no haba tenido su origen en el Nuevo Mundo, deba ser, por lo menos,
tan antiguo en l como el europeo en Europa, y hubo de vivir siglos
y siglos en el mayor aislamiento[99]. Creemos como cosa cierta que
no procedan del antiguo continente ni los _mound builders_, ni las
razas que unas despus de otras invadieron el Anahuac, ni las que
se encaminaron desde el istmo de Tehuantepec al de Panam, ni las
que civilizaron el Per mucho antes que los Incas, ni los autores de
ninguna de las revoluciones porque debi pasar la Amrica durante
tantos siglos. Tales razas debieron ser americanas y lejos de dejarse
dominar por extraas gentes, ellas dominaron a los que desembarcaron en
sus costas. A los autores que no se explican cmo de una sola especie
se hayan derivado la multitud de gentes que encontramos establecidas
desde el Ocano Glacial del Norte al Cabo de Hornos, les contestaremos
que tampoco debieran explicarse cmo nacieron de la sola especie
indo-europea tantas nacionalidades situadas entre el Estrecho de
Gibraltar y las orillas del Ganges.

       [99] Ob. cit., vol. II, pg. 1.159.

Las revoluciones de que antes hicimos mencin no fueron realizadas por
las razas salvajes, sino por las cultas. La raza de los nahuas fu la
que ms hubo de contribuir a la civilizacin de la Amrica del Norte,
y a ella pertenecan los olmecas, xicalancas, toltecas, chichimecas y
aztecas. Por quererse imponer unas tribus sobre otras engendraron las
revoluciones a que sirvi de teatro el valle de Mxico. Considrase
como otra raza civilizadora la de los mayas, extendida por Chiapas,
Guatemala, Yucatn y Honduras. Adems de los verdaderos mayas, existan
tribus con los mismos rasgos caractersticos, y todos formaron un
imperio; imperio que tiempo adelante se dividi en tres Estados. Adems
de nahuas y mayas haba otras razas civilizadoras. Entre ellas se
encuentran los zapotecas, que no hablaban ni el maya ni el nahuatl;
pero que tenan culto propio y levantaban monumentos como los de
Mitla. Lo mismo decimos de los pueblos de Palenque y de los autores de
los templos de Copn. En la Amrica del Sur deben mirarse como razas
civilizadoras la de los muiscas o chibchas, la de los quechuas, y tal
vez la de los chimus. Los quechuas, chimus y aymars, constituan
principalmente a la llegada de los espaoles el imperio de los Incas.

Cuando los espaoles llegaron a Amrica, haban desaparecido algunas
de las razas cultas? Muchos autores creen que s y citan en su apoyo
los monumentos cuyo origen desconocan los indgenas del tiempo de
la conquista. Hasta el ao 1576 en que las descubri D. Diego Garca
de Palacio, oidor de la Audiencia de Guatemala, se desconocieron las
ruinas de Copn; y hasta el 1746, en que las vi D. Antonio de Sols,
cura de Tumbal, nada se saba de las ruinas de Palenque. Y por lo que
al Per respecta, nadie saba quines haban sido los artistas del
templo de Pachacamac, los del mirador de Huanuco el Viejo, ni los de
los monolitos de Tiahuanaco.

En la Amrica del Norte se han descubierto extensos recintos de
cascajo y piedra e innumerables tmulos en el valle del Mississip, a
los cuales, por ignorarse el nombre de las razas que los levantaron,
se les llama _mound-builders_. En las costas de los dos Ocanos y en
las riberas de algunos ros se encuentran inmensos bancos de conchas
de moluscos, llamados por los dinamarqueses _Kjkkenmoddings_, y por
los habitantes de los Estados Unidos _shell-heaps_ o _shell-mounds_,
que cubren 30 y hasta 60 hectreas de terreno, y tienen de altura de
10 a 12 metros, hallndose en todos ellos utensilios y armas. Qu
significan aquellas obras y estos utensilios y armas? Los indgenas
contestaban que ya existan cuando sus padres se establecieron en el
pas.

Por lo que a las razas salvajes se refiere, su historia queda reducida
a las creencias, usos y costumbres que las distinguan, como tambin
por las luchas que han debido tener con las civilizadoras para sostener
su independencia. A la sazn, los hombres cultos, unos las compadecen,
otros las envidian y algunos las odian. Las compadecen aquellos que
las ven privadas del beneficio de la civilizacin, las envidian los
que consideran los vicios de la sociedad culta, y las odian los que
las creen incapaces de progreso. Nosotros, ni las compadecemos,
ni las envidiamos, ni las odiamos. Diremos, s, que preferimos la
civilizacin, sin embargo de los males que corroen la sociedad presente
y aun de las locuras de las naciones ms civilizadas en este momento
histrico. Catlin opina que es ms excelente la vida salvaje que la
culta; Bancroft deplora el paso de los europeos por las comarcas del
Pacfico, y algunos discpulos de Augusto Comte no quieren que a los
pacficos y felices salvajes se les lleve al infierno en que viven
los pueblos europeos. No estamos--repetimos--conformes con semejante
teora, aunque reconocemos que los vicios de los indios procedan
ms bien de ignorancia y fiereza que de perversidad y malicia. En lo
sucesivo abrigamos la esperanza que las sociedades cultas se atraern
los restos de las razas salvajes, no por la fuerza, sino por el cario;
no destruyendo, sino civilizando.




CAPTULO II

  COMUNICACIN DE AMRICA CON ASIA.--COMUNICACIN DE AMRICA
  CON AFRICA.--CONSIDERACIONES ACERCA DE LA DOCTRINA DE PLATN,
  TEOPOMPO DE QUIO, ARISTTELES, DIODORO SCULO, Y SNECA.--LOS
  INDIOS NO AUCTCTONOS, DE DNDE PROCEDEN?--LOS EGIPCIOS.--LOS
  GRIEGOS.--LOS FENICIOS.--LOS CARTAGINESES.--LOS RELIGIOSOS
  BUDHISTAS.--SIGNIFICADO Y SITUACIN DE OPHIR.--LOS HEBREOS.--OTRAS
  OPINIONES RESPECTO AL ORIGEN DE LOS INDIOS: LOS ROMANOS, LOS
  ETIOPES CRISTIANOS, LOS TROYANOS, LOS SCYTHAS Y TRTAROS.--ORIGEN
  DE LOS INDIOS SEGN FR. GARCA, EL DR. PATRN. HUMBOLDT Y RIAO.


Estimamos como cuestin resuelta la comunicacin de Amrica con el
Asia por el Estrecho de Behring. Si no hubiese otros hechos que lo
confirmasen, bastara tener presente que los esquimales, no solamente
se hallan situados en la Groenlandia, en las orillas del Labrador y en
la estrecha faja de la costa Norte, prolongada del uno al otro Ocano,
sino tambin, del otro lado del Estrecho, y pueblan la extremidad
oriental del Asia, desde la baha Kolintchin, hasta el Golfo de Anadyr.
La existencia, desde tiempos muy remotos, de la raza esquimal, en
determinada parte del Mundo Nuevo y del Antiguo, prueba la comunicacin
de Amrica con Asia; adems de la raza, lo confirma la lingstica,
pues Maury cree que los dialectos esquimales pueden ser considerados
como haciendo la soldadura entre los idiomas del extremo Oriente de la
Siberia y los de la parte boreal del Nuevo Mundo.

Acerca del paso de los indios asiticos al Nuevo Mundo, opinan algunos
escritores que fueron por mar, aadiendo otros, no slo que fueron por
mar, sino llevados por las tormentas y contra su voluntad. Entre los
escritores que afirman que los primeros pobladores de Amrica pasaron
por lo que despus se convirti en Estrecho de Behring, se halla el
insigne naturalista ingls Wallace (n. en Vsk el 1822). Dice que, a
fines de la edad terciaria, o en el perodo plioceno, cuando ya pudo
existir el hombre, haba comunicacin no interrumpida entre Asia y
Amrica, porque el citado Estrecho era de la poca cuaternaria. Si
Amrica se halla aislada del resto del globo, no deja de estar unida
por la naturaleza al Antiguo Mundo. La aproximan al Asia el Estrecho de
Behring y la cadena de las islas Aleutianas, y la acerca a Europa la
Groenlandia, que est de la Islandia 615 kilmetros.

El filsofo e historiador alemn Herder (1744-1803), en su _Filosofa
de la Historia de la Humanidad_, no duda en afirmar que los esquimales
de la Groenlandia proceden del Asia, aadiendo tambin--y en esto se
halla conforme con la doctrina expuesta por el dominico P. Gregorio
Garca (1560-1627)--, que pueblos de todas las partes del mundo, y en
diferentes pocas, pasaron a Amrica[100].

       [100] Vase ob. cit., tomo I, pgs. 291-301.

Sobre materia tan interesante, dice el insigne gegrafo francs Eliseo
Reclus (1830-1905), en su _Geografa Universal_: Histricamente--tales
son sus palabras--Amrica es, cuando menos, en gran parte, continuacin
del Asia, y, por lo tanto, debe considerarse como tierra oriental. Los
asiticos no han necesitado descubrir la Amrica, o los americanos
descubrir el Asia, puesto que desde el uno y el otro continente se
vean las respectivas tierras. Aun sin la flotilla de kayacs[101] que
los transportase, podan los indgenas de las dos regiones alcanzar
las costas opuestas. Al Sur del Estrecho, hasta el Oregn, se abran
numerosos golfos a los barcos asiticos: se ha dicho que el continente
americano vuelve la espalda al Asia; y esto, en lo que toca a la parte
septentrional del Nuevo Mundo, no es cierto. Es opinin de muchos
antroplogos--opinin muy combatida por Morton, Rink y otros sabios--,
que las tribus hiperbreas de Amrica descienden de las emigraciones
del Asia, y en las dos orillas del Estrecho de Behring, la semejanza
de tipos, de costumbres y de lenguaje, es tal, que no admite duda la
identidad de raza de aquellos habitantes[102]. Para los que aceptan
el parentesco de los esquimales con los mogoles siberianos, toda la
mitad de la Amrica del Norte, debi poblarse con gentes de origen
occidental. Por otra parte, se nota la influencia polinesia en las
construcciones, en los trajes y en los adornos de los insulares de
Amrica del Noroeste, desde Alaska al Oregn; y la _corriente negra_
que atraviesa el Pacfico boreal, frecuentemente ha llevado objetos
japoneses: desde comienzos del siglo dcimo sptimo, se pueden citar
ms de sesenta ejemplos de este hecho[103]. A veces, como en 1875, la
corriente arrastr bajeles que haban naufragado en la otra parte del
mundo, y, segn muchos historiadores y arquelogos[104], la propaganda
budhista y, por consiguiente, la civilizacin del Asia, durante los
primeros siglos de la Era cristiana, debi influir directamente en
los habitantes de Mxico y de la Amrica Central. En las esculturas de
Copn y de Palenque, se han encontrado imgenes sagradas absolutamente
semejantes a las del Asia oriental y, en particular, el _taiki_,
smbolo muy venerado por los chinos, que representa--dice Hamy--, _la
combinacin de la fuerza y de la materia, de la actividad y de la
pasividad, del macho y de la hembra_. Sea o no aceptable la hiptesis
relativa a la influencia budhista, no cabe duda que al Asia, es decir,
al Oeste de los continentes americanos, se refieren las ms antiguas
relaciones transocenicas[105].

       [101] Barco de pesca de Groenlandia, hecho con piel de foca.

       [102] A. de Chemisso--Waitz.--Oscar
       Peschel,--Petitot.--Whymper.

       [103] Brooks, _Comptes rendus de la Socit de Geographie_ (2
       julio 1886).

       [104] De Guignes, _Les navigations des Chinois_, 1761.--M. de
       Humboldt, _Vues des cordillres et des monuments des peuples
       indigenes de l'Amerique_.--Kohl, _Geschichte, der Entdecung
       Amerika's_. Neumann.--De Quatrefages.--Hamy.--Hervey de Saint
       Denis.--Dsir Charnay.

       [105] _Geografa Universal._--_Amrica boreal_, etc., pgs. 5
       y 6.

Consideremos las opiniones de algunos sabios acerca de la comunicacin
de Amrica con Africa, debiendo fijarnos principalmente en lo que dicen
los libros de Platn, Teopompo de Quio, Aristteles, Diodoro Sculo y
Sneca.

Platn, despus de exponer en su famoso tratado de la _Repblica_ el
plan para organizar un Estado de la mejor forma posible, escribi
comentarios de aquellas mismas ideas y desarrollo de otras ms o menos
conexas con ellas?[106].

       [106] Eduardo Saavedra, _Conferencia pronunciada en el Ateneo
       de Madrid el 17 de febrero de 1891_, pg. 7.

En el _Timeo_, otro de los libros del filsofo griego, se lee lo
que a continuacin copiamos: Entonces era el mar navegable en esos
parajes, puesto que exista una isla enfrente de la embocadura, que
designamos con el nombre de Columnas de Hrcules, y esta isla era mayor
que la Libia y el Asia juntas, y desde ella pasaban a otras islas en
sus viajes los hombres de ese tiempo y desde estas islas al extenso
continente directamente opuesto, que est limitado por el verdadero
mar. El mar, que se halla dentro de la embocadura de que hemos hablado,
es aparentemente un puerto con la entrada estrecha: pero el otro que
est ms all es en realidad un mar, y la tierra que le rodea deba,
con mayor correccin y con absoluta verdad, llamarse continente.

Mayor importancia tiene para nuestro objeto el libro intitulado
_Critias_. Refiere Critias lo que un ascendiente suyo haba odo a
Soln, quien a su vez lo aprendi en Egipto de cierto sacerdote de
Sais, conocedor de los libros histricos guardados en un templo de
la misma ciudad. La doctrina desenvuelta por el sabio legislador en
un poema, iba dirigida a demostrar que nueve mil aos antes de aquel
tiempo, el pueblo ateniense, organizado casi igual al plan expuesto
en los libros de la Repblica, lleg a la mayor grandeza, lo mismo
por sus virtudes cvicas que por sus triunfos militares. La misma
ventura--pues las circunstancias eran las mismas--logr la Atlntida;
pero all y aqu la corrupcin de costumbres atrajo el castigo del
cielo y mientras en Grecia grandes inundaciones asolaron la tierra,
dejando apenas rudos montaeses, ignorantes de las leyes y de los
hechos heroicos de sus antepasados, la Atlntida, castigada por
terribles terremotos, se sumergi en el fondo del mar. Tales sucesos--y
por eso pudo decir con razn el sacerdote de Sais que los griegos eran
siempre nios--slo encontraron cabida en los libros sagrados de los
egipcios. Luego trata Critias del origen de los atenienses, del clima y
gobierno del Atica, como igualmente de los atlantes, segn la relacin
egipcia. Prescindiendo de sucesos un tanto legendarios, dice que se
encontraba en la isla, entre los metales, el _oricalco_, muy abundante
y despus del oro el ms precioso. Aade que abundaban los animales
domsticos y salvajes, en particular los elefantes, siendo de notar que
haba alimento de sobra lo mismo para los que pastaban en los montes
y llanuras, que para los que vivan en los mares, pantanos y lagunas.
Cultivbanse all los rboles frutales, las flores y toda clase de
hierbas y de plantas. Causaba admiracin el grandioso alczar de los
Reyes, los puentes y los canales. Por ltimo, eran sumamente curiosas
ciertas leyes y ceremonias de los atlantes.

Al hablar Platn de la Atlntida slo se propuso que sus conciudadanos
viesen que el sistema poltico por l presentado tena honrosos
antecedentes en antiqusimos tiempos. Metido--como dice Saavedra--en
esa va, no es de extraar que fantaseara imperios, naciones, guerras y
cataclismos, pues no escriba historia, sino pura filosofa poltica.
Pero, qu hay de verdad en el relato de Critias? Creemos que el fondo
es verdadero, como as lo han mostrado los sabios franceses Gaffarel,
Luis Germain y otros.

Gegrafos e historiadores han estudiado en estos ltimos aos la
situacin que debi ocupar la Atlntida. Ya Fernndez de Oviedo hubo
de decir que la isla a que se refera el sacerdote egipcio era el
continente americano, y ya el sueco Olof Rudveck (1630-1702) la situ
en Suecia. Bailly la coloc ms al Septentrin, y supuso que estuvo
en las actuales tierras de Groenlandia, Islandia, Spitzberg y Nueva
Zembla. Bael llev el emplazamiento a la Palestina. Ms acertados
estuvieron los que situaron la Atlntida en el mar _Tenebroso_ (Ocano
Atlntico), allende del Estrecho de Gibraltar, o sea en la regin
oriental del Atlntico, comprendida entre las islas de Cabo Verde, la
de la Madera, las Canarias y las Azores[107].

       [107] Vase artculo de D. Vicente Vera, publicado en la
       Crnica cientfica de _El Imparcial_, correspondiente al 10
       febrero de 1913.

El citado continente atlntico debi estar unido a Amrica, quedando
all como resduos las Antillas, las Bahamas y la pennsula de la
Florida. Que la Atlntida se hundiese bajo las aguas a consecuencia
de violentas conmociones del planeta, no en los ltimos tiempos
del perodo terciario, como afirman algunos escritores, sino en el
cuaternario, o tal vez posteriormente; que los cataclismos fueran dos
mediando bastante tiempo del uno al otro, los sabios no se han puesto
de acuerdo, si bien se hallan conformes en que dichos cataclismos han
dejado como seales aquellas tierras atlntidas, y como huella de la
terrible sacudida volcnica, el humeante pico de Teide en la isla
canaria de Tenerife.

Sostienen algunos, entre ellos Berlioux, Profesor de _Geografa
Histrica_ en Marsella, y Fernndez y Gonzlez, Profesor de _Esttica_
en la Universidad de Madrid, que los primitivos libios pertenecan a la
raza atlantea, siendo de igual modo cierto que de dicha raza procede el
bereber, bereber que pasando del Africa a Espaa tom luego el nombre
de ibero. Fijndonos en las Indias no dudamos de la comunicacin de
atlantes y tal vez de europeos con los americanos. Estudios recientes
de gelogos, zologos y botnicos han venido, no a resolver, pero s a
dar luz a cuestin que al presente despierta tanto inters.

Los gelogos que han estudiado los fondos de la regin oriental del
Ocano atlntico consideran como muy posible que en ella estuviese
situada la Atlntida. Entre ellos citaremos a M. P. Termier, Director
del servicio de la Carta geolgica de Francia. Comienza diciendo que
durante el verano de 1898 se hallaba un buque empleado en el tendido
de un cable submarino entre Brest (ciudad de Francia, departamento del
Finisterre) y el Cabo Cod, sobre el Atlntico (Estado de Massachusetts
en los Estados Unidos), y como se rompiese el cable, se trat de
encontrar por medio de garfios.

Verificse la operacin entre los 47 de latitud Norte y 29 40
longitud Oeste de Pars, a unas 500 millas al Norte de las Azores.
En aquellos sitios la profundidad media del mar era de unos 3.100
metros. Hallse el cable; pero no sin grandes dificultades y despus de
recorrer con los garfios el fondo marino. Pudo apreciarse entonces que
dicho fondo presentaba los caracteres de un pas montaoso con altas
cspides, pendientes escarpadas y valles profundos, llamando tambin
la atencin las pequeas porciones minerales con fracturas recientes
que sacaron los garfios entre las uas. Dichos minerales son partes
de una lava vtrea que tiene la composicin qumica de los basaltos,
llamada _taquilita_ por los petrgrafos. Del estudio de ciertos
vidrios baslticos de las islas Hawai o Sandwich que se hallan en el
archipilago de Polinesia u Oceana Oriental, y de las observaciones de
M. Lacroix acerca de las lavas del Monte Pelado, en la Martinica (una
de las Antillas meores francesas) se deduce--segn el Sr. Vera--que
las lavas encontradas en el fondo del Atlntico, en los parajes
indicados, se hallaban recubriendo el suelo cuando ste no estaba an
sumergido. Este terreno se hundi despus, descendiendo unos 3.000
metros, y como la superficie de las rocas ha conservado la disposicin
escabrosa, las rudas asperezas y las aristas vivas correspondientes a
erupciones lvicas muy recientes, es preciso admitir que el hundimiento
fu muy brusco y se verific muy poco despus de la emisin de las
lavas; de no ser as, la erosin atmosfrica y la accin de las olas
hubieran suavizado las asperezas, nivelado las desigualdades y allanado
en gran parte la superficie del suelo.

As, pues, segn los datos que suministra la Geologa, se advierte una
extrema movilidad en la regin atlntica, sobre todo en la porcin
correspondiente al encuentro de la depresin mediterrnea con la gran
zona volcnica de tres mil kilmetros de anchura que corre de Norte a
Sur en la mitad oriental del Atlntico. Se tiene, asimismo, la certeza
de haber ocurrido en dicha zona grandes hundimientos de terreno, en
los que islas y aun continentes han desaparecido. Se puede asegurar,
adems, que estos hundimientos han sido muy rpidos y algunos de
ellos acaecidos en la poca cuaternaria, habiendo, por lo tanto,
posibilidad de que el hombre haya sido testigo de ellos. Geolgicamente
hablando, resulta, por consiguiente, que la historia de la Atlntida es
perfectamente verosmil, refirindose a un pas situado en la regin
atlntica a que se viene haciendo referencia.

Veamos ahora lo que dicen zologos y botnicos: M. L. Germain,
naturalista francs, habiendo examinado detenidamente la fauna y la
flora actuales de las islas Azores, Canarias, Madera y Cabo Verde,
deduce que necesariamente los cuatro archipilagos citados han estado
unidos al continente africano hasta una poca muy prxima a la
nuestra, por lo menos hasta el fin del terciario. Aade tambin que
el continente que abrazaba los cuatro archipilagos nombrados estuvo
unido a la Pennsula Ibrica hasta los tiempos pliocenos, cortndose la
comunicacin en el transcurso de dichos tiempos pliocnicos.

Es verdaderamente singular que los moluscos pulmonados llamados
pleacinidos slo se encuentran en las citadas islas y en la Amrica
Central.

Bien merece que traslademos a este lugar la ltima parte del artculo
del Sr. Vera. Finalmente, deben ser citados otros dos hechos,
relativos a los animales marinos, que no pueden explicarse sino por
la persistencia hasta tiempos muy prximos a los actuales de una
costa martima que corriese desde las Antillas al Senegal y que
uniera la Florida, las Bermudas y el Golfo de Guinea. Estos hechos
son los siguientes. Existen quince especies de moluscos marinos que
viven tanto en las Antillas como en las costas del Senegal, y estas
quince especies no se encuentran en ninguna otra parte del mundo, no
pudindose explicar su existencia en regiones tan distantes como las
referidas por el transporte de los embriones. Por otra parte, la fauna
madreprica de la isla de Santo Tom comprende seis especies, una de
ellas, fuera de Santo Tom, no se encuentra ms que en la Florida, y
cuatro de las restantes no se hallan ms que en las Bermudas. Como la
vida pelgica de las larvas de las madrporas dura solamente muy pocos
das, es imposible atribuir a la accin de las corrientes marinas esta
distribucin geogrfica tan extraordinaria.

Teniendo todos estos hechos en cuenta, M. Germain se ve inducido a
admitir la existencia de un continente atlntico que estuvo unido a la
Pennsula Ibrica y a la Mauritania y que se prolongaba a considerable
distancia hasta el Sur, de modo que poda contener algunas regiones
correspondientes al clima de los desiertos que hoy se presentan en
el continente africano. En la poca miocena, este continente llegaba
hasta las Antillas. Partise despus, primeramente por el lado de las
referidas Antillas; luego, hacia el Sur, dejando una costa que iba
hasta el Senegal y hasta el fondo del Golfo de Guinea, y, por ltimo,
fragmentndose por el Este, durante la poca pliocnica, a lo largo de
la costa de Africa. El ltimo resto de este gran continente, sumergido
finalmente y no dejando ms vestigios que los cuatro archipilagos de
las Canarias, Madera, Cabo Verde y Azores, pudo ser la Atlntida de
Platn.

Todos estos hechos son interesantsimos, y prueban indudablemente
las grandes variaciones geogrficas que ha debido experimentar la
superficie del planeta en la vasta regin hoy ocupada por el Ocano
Atlntico. Pero muy bien pueden haber ocurrido todas estas variaciones
sin que a ellas se refiera lo que Platn relata con respecto a la
Atlntida. Esta cuestin tiene otro aspecto que los gegrafos hasta
ahora y naturalistas actuales no han estudiado, y que puede variar por
completo el aspecto del problema.

Sobre el particular creemos importantes las siguientes observaciones
de D. Lucas Fernndez Navarro, Catedrtico de la Universidad Central.
Al decir Platn que la Atlntida estaba enfrente de las Columnas
de Hrcules, slo a Madera o las Azores puede referirse. Las
Canarias eran bien conocidas de los griegos, y si a ellas hubiera
querido aludir, no habra dejado de sealar su situacin mucho ms
meridional[108]. Ms adelante aade: ... lo cierto es que los rasgos
topogrficos parecen acusar para las Azores origen distinto del de los
dems Archipilagos. Aqul, emplazado sobre la lnea mediana de altos
fondos parece verdadera y originariamente atlntico, mientras que
los otros se relacionan con el continente europeo (Madera) o con el
africano (Salvajes, Canarias, Cabo Verde)[109].

       [108] _Estado actual del problema de la
       Atlantis._--_Conferencia leda en sesin pblica de la Real
       Sociedad Geogrfica el 3 de abril de 1916_, pg. 32.

       [109] _Estado actual del problema de la
       Atlantis._--_Conferencia leda en sesin pblica de la Real
       Sociedad Geogrfica el 3 de abril de 1916_, pg. 33.

Terminaremos asunto de tanto inters con esta pregunta: La existencia
de la Atlntida, pertenece a la novela o a la historia? La autoridad
del _divino_ Platn por una parte, el recuerdo de otros antiguos
relatos anlogos, y los estudios recientes de naturalistas y gelogos,
hacen sospechar--no a sostener como si lo visemos--que la verdad
resplandece en el fondo potico de la narracin contada por Critias.

Del mismo modo, antes de pasar a otra materia, haremos constar que, si
el filsofo ms grande de la antigedad se ocup de la Atlntida en sus
_Dilogos_, el inspiradsimo vate cataln, Mosn Jacinto Verdaguer (n.
en Folgarolas, cerca de Vich, el 1845 y m. en Barcelona el 1902) tom
tambin la Atlntida como tema de su inmortal epopeya.

Poco antes o despus que Platn, otro escritor griego, Teopompo de
Quo, hubo de citar una tierra llamada _Merpida_, ms all de las
Columnas de Hrcules, que se sumergi en tiempos remotos bajo las
aguas. Aunque nada dice Teopompo de los poderosos Reyes ni de las
victorias con que el filsofo de la Academia adorn su poema, afirma,
sin embargo, que poblaban la isla animales corpulentos, los cuales
moran siempre por herida de piedra o golpe de maza, pues los hombres
de aquellas tierras no conocan el uso del hierro, disfrutando, en
cambio, del oro y de la plata. Los que dictaron la narracin de
Teopompo, debieron visitar, segn Saavedra, una isla cuaternaria con
sus grandes mamferos, con sus hombres armados de hachas de piedra
y mazas de madera, forjadores del oro y la plata y desconocedores
del hierro y del bronce. Las familias salvadas del naufragio de la
grande isla y las de las tierras inmediatas que lo presenciaron,
transmitieron, a mi ver, la memoria del suceso de padres a hijos,
de tribu a tribu, de nacin a nacin; y as lleg a odos de los
sacerdotes egipcios, y tal vez por algn otro conducto a noticia de los
rapsodas atenienses, quedando fundada una tradicin mtica cuyo slido
cimiento pone al descubierto la ciencia moderna[110].

       [110] Ibidem, pg. 12.

Aristteles, en su libro _De Mirabilibus_, se expresa de esta manera:
Se refiere que en el mar que hay ms all de las Columnas de Hrcules
descubrieron los cartagineses una isla desierta, distante muchos das
de navegacin, la cual contena toda clase de rboles, ros navegables,
y era notable por la diversidad de frutos. Los cartagineses acudan
all las ms de las veces con motivo de tales recursos, yendo y
establecindose en ella; por cuya causa, el Senado cartagins prohibi
semejantes viajes bajo pena de muerte, y desterr a los que se haban
establecido all, de miedo de que, informndose del hecho, otros se
preparasen a luchar contra ellos por la posesin de la isla y decayera
la prosperidad de los cartagineses.[111]

       [111] _Aristotelis Stagirit Opera_, pgs.
       1640-1656.--Lugdvni, MDXLII.

Diodoro de Sicilia, en el cap. II del libro 3., refiere lo siguiente:
Despus de haber tratado de las islas que caen al Oriente, dentro de
esta parte de las Columnas de Hrcules, nos lanzaremos a la sazn al
gran Ocano para ocuparnos de aqullas situadas ms all de l; porque
enfrente de Africa existe una isla muy grande en el vasto Ocano, de
muchos das de navegacin, desde la Libia, en direccin a Occidente.
Es all el terreno muy fructfero, aun cuando sea montaoso en gran
parte; pero muy parecido a tierra de vega, que es lo ms placentero
y agradable de todo lo dems; porque est regado por varios ros
navegables, embellecido con muchos y alegres jardines, plantado con
diferentes clases de rboles y abundancia de frutales, todo ello
atravesado de corrientes de agua dulce. Los pueblos estn decorados
con majestuosos edificios, pabellones para celebrar banquetes aqu
y all, agradablemente situados en sus jardines y huertas. En ellos
se recrean durante la estacin de verano como en lugares a propsito
para el placer y la alegra. La parte montaosa del pas est formada
por muchos y grandes bosques, y por toda clase de frutales, y para
mayor deleite y diversin de los que habitan en estas montaas,
resulta que siempre, y a cortas distancias, se abren los bosques en
valles placenteros, regados con frescas fuentes y manantiales. Y,
verdaderamente, toda la isla abunda de nacimientos de agua dulce;
de donde los pobladores, no slo reciben gusto y alegra, sino que
mejoran de salud y de fuerzas corporales. All encontraris caza mayor
abundante de toda clase de animales silvestres, de los cuales hay
tantos que nunca faltan en sus suntuosas y alegres fiestas. El mar
inmediato los provee de mucha pesca, porque el Ocano abunda all en
toda clase de pescado. El aire y clima de esta isla son templados y
saludables, hasta el punto que los rboles producen frutos (y se hallan
tambin frescas y hermosas otras producciones de aquella tierra) la
mayor parte del ao, de manera que dicha isla, por su magnificencia en
todas las cosas, parece ms bien la residencia de alguno de los dioses,
que de los hombres...

Creen algunos autores que Sneca, en su tragedia _Medea_, anuncia o
predice el descubrimiento del Nuevo Mundo[112]. Tales son sus palabras:

                  _Venient annis_
    _Scula seris, quibus Oceanus_
    _Vincula rerum laxet; et ingens_
    _Pateat tellus, Tiphysque novos_
    _Detegat orbes, nec sit terris_
    _Ultima Thule._

       [112] Acto II, versos 375 a 379 y final del coro.

Da vendr, en el curso de los siglos, en que el Ocano cortar los
lazos con que aprisiona al mundo, la tierra inmensa se abrir para
todos, el mar pondr de manifiesto nuevos mundos, y Thula no ser ya la
ltima regin de la tierra.

No es absurdo suponer que en los albores de la edad cuaternaria
llegasen, por un lado, las razas braquicfalas del Oriente de Asia, y,
por otro, las razas dolicocfalas del Occidente de Europa, encerradas
en el continente americano, cuando se form el Estrecho de Behring y
cuando se sumergieron las tierras que se extendan de Africa a Amrica.
Confundironse entonces las razas braquicfalas y dolicocfalas,
y formaron toda esa variedad de razas mixtas, predominando los
occidentales en los patagones e iroqueses, por ejemplo, razas
dolicocfalas y de elevada estatura, y los orientales en los peruanos y
pueblenses, razas braquicfalas, de talla menos que mediana[113].

       [113] Vase Antn, Conferencia pronunciada el 19 de mayo de
       1891 en el Ateneo de Madrid acerca de la _Antropologa de los
       pueblos de Amrica anteriores al descubrimiento_, pgs. 46 y
       47.

Los indios no autctonos, de dnde proceden? No ha faltado quien
sostenga que los egipcios de Africa, valindose de la Atlntida,
llegaron y poblaron a Amrica. Dice Castelnau que los matrimonios entre
hermanos, la poligamia real, la adoracin al Sol, la creencia en la
transmigracin de las almas y en la vida futura, las ruinas de los
monumentos, etc., seales son que indican la fraternidad de egipcios
y peruanos. Egipcios e indios--segn ha podido observarse--tenan
igualmente grueso y duro el casco de la cabeza. Adems de esta calidad
exterior entre los dos pueblos, no tiene menos importancia otra
interior, la cual consiste en que unos y otros son vivos e inteligentes
cuando son mozos, y necios y torpes conforme van entrando en aos. Otra
de las razones consiste en que los mejicanos, los de Yucatn y otros
indios dividan el ao casi lo mismo que los egipcios. En la escritura
tampoco se diferenciaban mucho indios y egipcios. Los primeros usaban
figuras de animales, hierbas e instrumentos de diferentes clases, y
los ltimos de geroglficos. Por lo que a la arquitectura respecta,
las pirmides de Egipto tenan mucha semejanza a las de los indios.
Egipcios e indios eran supersticiosos e idlatras; unos y otros
adoraban al Sol, a la Luna, a las estrellas y a los animales. Tanto
los egipcios como los indios se casaban con sus hermanas; entre los
ltimos citaremos el Inca: tambin debemos notar que los Monarcas de
una y otra parte tenan muchas mujeres; aqullos y stos guardaban
profundo respeto a los viejos; los primeros y los segundos usaban mucho
los baos. De modo que los egipcios, de todos los pueblos del Mundo
Antiguo, son los ms parecidos a los indios, pudindose afirmar que los
pueblos americanos descienden del antiguo Egipto[114].

       [114] Vase Fr. Gregorio Garca, ob. cit., lib. IV. prrafo I,
       pgs. 218-234.

Sostienen algunos autores que los indios proceden de los griegos; estos
griegos debieron ir a las Indias antes del florecimiento de Cartago
y antes que los poderosos cartagineses cerrasen el Estrecho a sus
enemigos del medioda de Europa. Semejante opinin puede fundarse en
lo siguiente: dice el dominico Fr. Gregorio Garca, que hallndose l
en el Per oy decir a un espaol, que cerca de las minas de Zamora,
entre Zambieta y Paracuza, en una pea alta estaban esculpidos cuatro
renglones, cada uno de vara y media de largo, cuyas letras parecan
griegas. Del mismo modo, junto a la ciudad de Guamanga, a la orilla
del ro Vinaque--segn refiere Cieza--se encontr una losa, en la que
se destacaban ciertas letras que parecan tambin griegas. Hace notar,
por ltimo, el P. Garca, que un mestizo de Nueva Espaa le refiri que
en la provincia de Chiapas haba algunos pueblos y en ellos edificios
labrados de cal y canto, con sus correspondientes pilares, en los
cuales estaba un letrero, que a dicho mestizo le pareci escrito en
griego. Adems, si los muchachos, como dice Platn, solan en Grecia
contar las historias de cosas antiguas, en Nueva Espaa, escribe el
Padre Acosta, los ancianos enseaban a los mozos, para que stos los
aprendiesen de memoria, los discursos de los oradores y muchos cantos
de los poetas ms favoritos. Como observa San Isidoro, era costumbre de
los griegos llevar oradadas las orejas y con pendientes las mujeres,
y los indios, especialmente los incas del Per, solan, en seal de
nobleza, agujerearse tambin las orejas.

Debe, adems, tenerse en cuenta que los atenienses en sus guerras
con los de la Isla Atlntida adquiriran noticias de las Islas de
Barlovento y de la Tierra Firme de las Indias. Aparte de otras razones,
ciertas analogas entre la lengua griega con las de Nueva Espaa y el
Per, indican claramente las relaciones entre dicho pueblo europeo y
los mencionados de las Indias.

Por ltimo, en Nueva Espaa, los de la provincia de Chiapas, conocan
las tres personas de la Santsima Trinidad y denominaban al Padre
_Hicona_, palabra griega que quiere decir _Imagen_. En algunas
provincias llamaban a Dios _Theos_, debindose advertir que muchos
vocablos de la lengua mejicana se componen del dicho nombre, como
_Theotopile_, alguacil de Dios; _Theuxiuitl_, fiesta de Dios, etc.[115].

       [115] Vase ob. cit., libro IV, cap. XXI, pgs. 189-192.

Proceden los indios de los fenicios? Refiere Aristteles en un libro
que escribi _De las cosas maravillosas_ existentes en la naturaleza,
que unos fenicios habitantes de Cdiz navegaron cuatro das hacia el
Occidente, con el viento _appelliotes_ (solano o levante), llegando
a unos lugares incultos, ya descubiertos o ya cubiertos por el mar.
Cuando el mar los dejaba en seco se vean muchos atunes de mayor tamao
que los que se encuentran en nuestros mares. Los fenicios, despus
de salar los atunes, los trajeron para venderlos. Como estos peces
se hallan a la sazn en la isla de Madera, y tambin en la llamada
Fayal o de la Nueva Flandia, que es una de las Azores. En la noticia
dada por el filsofo griego se han fundado algunos escritores, entre
ellos Vanegas, para sostener que los americanos eran originarios de
los fenicios. Es de creer que los fenicios, luego que descubrieron la
citada Fayal, continuaran navegando hacia las dems de las Azores; no
se olvide que desde la primera, pues tan corta es la distancia, se ven
las ltimas. Adems, la curiosidad, tan natural en el hombre, les hara
llegar a las islas llamadas de Barlovento, y acaso a la Tierra Firme.
Sirven de fundamento a algunos escritores para sostener la citada
tesis las inscripciones fenicias--pues la invencin de las letras fu
posterior--descubiertas en Guatemala, Venezuela y Brasil. Igualmente
se cita a este propsito que el fenicio Melkart y el Inca Manco-Capac
fundaron muchas ciudades y dieron a sus respectivos pueblos la unidad
poltica de que antes carecan. Unos y otros, fenicios e indios, hacan
dioses a los hroes de sus respectivos pueblos. Tambin ambos pueblos
se entregaron y dieron crdito a ageros, supersticiones y hechiceras.

Han dicho otros escritores que los indios proceden de los cartagineses.
Los cartagineses, aprovechando las noticias que recibieron de sus
progenitores los fenicios, emigraron a Amrica. Varias son las
analogas que hay entre cartagineses y americanos: ambos usaban
geroglficos en lugar de letras, empleaban el mismo sistema en sus
construcciones, se horadaban las orejas, tenan el mismo vicio de la
bebida, eran iguales las prcticas antes de hacer la guerra y adoraban
al Sol y a la Luna, ofrecindoles anlogos sacrificios[116]. Moraes
y Bocharto suponen que llegaron primero al Brasil, en tanto que el
maestro Vanegas afirma que fueron a la Isla Espaola, marchando
despus a la de Cuba y a las dems islas de aquellos lugares, y de all
hasta la Tierra Firme (Nombre de Dios, Panam, Nueva Espaa y Per) y
finalmente hasta la parte de Oriente, donde estn las islas de Java
Mayor y Menor[117].

       [116] Juan de Torquemada, _Monarqua Indiana_, tomo I, libro
       1, cap. X.

       [117] Fr. Gregorio Garca, ob. cit., libro II, cap. I, pg. 42.

Refiere el historiador chino Li-yu-tcheu--y la noticia la reputamos
slo como probable--que en el ao 458 de nuestra Era, cinco religiosos
budhistas salieron de Samarkanda con la idea de difundir la doctrina de
Budha o Sakya-muni, la cual llevaron hasta el pas de Fu-sang. Hnse
suscitado cuestiones acerca de si Fu-sang es tierra americana; los que
tal afirman no carecen de algn fundamento.

Lese en la Sagrada Escritura que Salomn recibi de Hirn, Rey de
Tiro, pilotos y maestros muy diestros en la mar, y que con ellos y sus
criados envi la flota, que haba hecho en Asiongaber, a Ophir. Segn
el historiador Josefo, Ophir era cierta regin que en su tiempo se
llamaba _Terra Aurea_, palabras que traducidas al romance quieren decir
_Tierra del Oro_. Qu se entenda por Ophir? Segn la interpretacin
de Vatablo, la Isla Espaola, y segn Genebrardo y Arias Montano, con
otros autores, el Per[118]. En el _Paralipomenon_ se dice que Salomn
cubri el templo con lminas de oro muy fino, _Aurum Paruaim_, oro del
Per. Tngase en cuenta que la terminacin _aim_ es nmero dual en la
gramtica hebrea, y conviene a las dos regiones Per y Nueva Espaa; de
modo que sera oro procedente de las citadas ambas regiones[119]. Todo
lo cual no tiene valor alguno, hallndose fuera de duda--como mostraron
varios escritores, entre ellos, el P. Acosta--que Ophir se refera a
las Indias Orientales.

       [118] Vase Fr. Gregorio Garca, _Origen de los indios
       del Nuevo Mundo_, libro I, cap. II, prrafo III, pgs.
       15-17.--Madrid, 1729.

       [119] Vase Fr. Gregorio Garca, ob. cit., lib. IV, prrafo
       III, pg. 140.

Y en este lugar cabe preguntar: Proceden los indios de las diez tribus
israelitas que Salmanasar IV (Sargon), rey de Asiria, llev cautivas
a Nnive con su rey Oseas? Consideremos ante todo las semejanzas que
hay entre hebreos  indios. En el libro cuarto de Esdras se lee lo
siguiente[120]: Y porque la viste que recoga as otra muchedumbre
pacfica, sabrs, que estas son las diez tribus que fueron llevadas en
cautiverio, en tiempo del rey Oseas, al cual llev cautivo Salmanasar,
rey de los asirios, y a estos los pas a la otra parte del ro, y
fueron trasladados a otra tierra. Ellos tuvieron entre s acuerdo
y determinacin de dejar la multitud de los gentiles, y de pasarse
a otra regin ms apartada, donde nunca habit el gnero humano,
para guardar siquiera all su ley, la cual no haban guardado en su
tierra. Entraron, pues, por unas entradas angostas del ro Eufrates,
porque hizo el Altsimo entonces con ellos sus maravillas, y detuvo
las corrientes del ro hasta que pasasen, porque por aquella regin
era el camino muy largo de ao y medio, y llmase aquella regin
Arsareth. Entonces habitaron all hasta el ltimo tiempo; y ahora,
cuando comenzaren a venir, tornar el Altsimo a detener las corrientes
del ro para que puedan pasar. Por esto viste aquella muchedumbre con
paz. Del anterior texto sacan algunos autores que las diez tribus
fueron a Nueva Espaa y al Per, extendindose luego por los lugares
comarcanos, lo mismo por Tierra Firme que por las islas, _donde hasta
entonces no haba habitado el gnero humano_. El Padre Gregorio Garca,
despus de preguntar cmo podran aquellas tribus llegar a las Indias
Occidentales, teniendo que pasar tanta inmensidad de agua y tanta
infinidad de tierra, contesta diciendo que pudieron ir poco a poco
por tierra a la gran Tartaria y luego a Mongul, en seguida pasar el
Estrecho e ir al reino de Aunian, que es ya tierra firme de Nueva
Espaa, aunque desierta, y parte de ella muy frgida, porque est en 75
grados de latitud al Norte. Desde este reino se pudieron venir hacia el
de Quivira y poblar la Nueva Espaa, Panam y las dems provincias y
reinos de las Indias Occidentales. Cree Genebrardo que tal vez pasaran
al Nuevo Mundo por otros caminos semejantes al anterior, opinin
robustecida por la muy respetable y autorizada del P. Maluenda. Acaso
emprenderan otro camino las diez tribus y fu ir a la China, pasando
por mar a la tierra de Nueva Espaa, cuya navegacin no es muy larga.
Pudiera objetarse que cualquiera de los caminos que siguiesen las diez
tribus, tuvieron que recorrer mucha tierra, siendo de extraar que no
hiciesen asiento en viaje tan largo o fueran muertos por gentes de
diferentes leyes, usos y costumbres.

       [120] Debe advertirse que hay cuatro libros con el nombre de
       Esdras; pero los dos ltimos se consideran como apcrifos o no
       son reconocidos por cannicos en la Iglesia Latina.

Surge otra dificultad que consiste en que la Glosa Ordinaria y algunos
Doctores dicen terminantemente que las diez tribus trasladadas a
la Media _perseveraron siempre all y perseveran hoy da_. A esto
se contestar que probado se halla por la misma Escritura que los
sacerdotes y levitas que haba en las diez tribus, dejando a Jerobon,
se pasaron a la tribu de Jud. Entre otras autoridades que se hallan
conformes con lo anteriormente expuesto, citaremos la del _Tostado_,
quien afirma que no todos los israelitas de las diez tribus fueron
trasladados a Asiria, sino que algunos marcharon a la tierra de Jud,
en particular de las tribus de Efrain, Manass, Zabuln y Neftaln. De
modo que gente de las diez tribus, no las diez tribus, pudieron salir
de la Media y marchar a un pas _donde nunca habit el gnero humano_.
Adems, tngase presente que muchos aos antes haba dicho Dios al
pueblo israelita las palabras que copiamos: _Derramarte ha el Seor por
todos los pueblos desde el principio de la tierra hasta sus trminos
y fines_, dndose a entender con ello que no slo haban de dirigirse
al Asia, al Africa y a Europa, sino tambin a las Indias. La profeca
no deja rincn del Mundo Viejo y Nuevo que no comprenda. Respecto a
la semejanza de los hebreos con los indios, consignaremos que los dos
pueblos son tmidos, medrosos, ceremoniticos, agudos, mentirosos e
inclinados a la idolatra. Prubase todo ello con ejemplos sacados
de la Sagrada Escritura. De igual manera se parecen los judos y los
indios en muchas de sus costumbres, como tambin en sus leyes, ritos y
ceremonias. Por ltimo, guardaban los indios las leyes del Declogo,
habiendo no pocas analogas entre la lengua de los hebreos y la de los
mejicanos y peruanos[121].

       [121] Vase Fr. Gregorio Garca, ob. cit., libro III, pgs.
       80-128.

Antes que dar por terminado asunto de tanto valor histrico, no huelga
exponer o relatar otras opiniones acerca de los orgenes de los
indios. Tal vez carecen de fundamento alguno, tal vez no tienen valor
cientfico; pero no deben ser relegadas al olvido o desconocidas.

La primera de dichas opiniones se refiere a si los romanos pueden
ser progenitores de los americanos, y los argumentos empleados para
confirmarla son los siguientes: Es tanta la semejanza entre el quechua
y el latn, que uno de los primeros obispos de la Orden de los
predicadores que vino al Per, pudo componer una gramtica quechua,
valindose de las races de la lengua del Lacio. Indios y antiguos
romanos tenan la costumbre de teirse el rostro con bermelln. Tambin
son pruebas de alguna importancia la existencia de los hechiceros, de
los sacrificios, de las casas religiosas de doncellas, etc. No pasar
en silencio--dice Marineo Sculo--en este lugar una cosa, que es muy
memorable y digna de que se sepa, mayormente por haber sido, segn
pienso, pasada por alto de otros que han escrito. En cierta parte, que
se dice ser de la Tierra Firme de Amrica, de do era obispo Fr. Juan
Quevedo, de la Orden de San Francisco, hallaron unos hombres mineros,
estando cavando y desmontando una mina de oro, una moneda con la imagen
y nombre de Csar Augusto; la cual, habiendo venido a manos de D. Juan
Rufo, arzobispo Consentino, fu enviada, como cosa admirable, al Sumo
Pontfice. Cosa es sta que quit la gloria y honra a los que navegan
en nuestro tiempo, los cuales se gloriaban haber ido al Nuevo Mundo
primero que otros, pues con el argumento de esta moneda parece claro
que fueron a las Indias mucho tiempo ha los romanos[122]. Dicen, por
ltimo, algunos escritores que debieron ser romanos los que aportaron
a Chile, por cuanto se han hallado en la imperial ciudad del reino
citado, guilas con dos cabezas, guilas que fueron siempre insignias
de los ejrcitos del Lacio.

       [122] _Rex. Hispan._, lib. 19. cap. 16--Fr. Gregorio Garca,
       ob. cit., lib. IV, cap. XIX, pg. 174.

Asegura Hugo Grocio en sus _Disertaciones del origen de los Indios_,
que stos descienden de los etiopes cristianos. En algn viaje por
la mar, dejndose gobernar por la furia de los vientos, llegaron
casualmente a Yucatn. Acompaaban sus mujeres a los etiopes, como
era costumbre entre aquellas gentes, no siendo tampoco de extraar
que llevasen abundantes vveres, temiendo sucesos desagradables, tan
frecuentes en los viajes martimos. Si las costumbres de los indios del
Yucatn eran iguales o parecidas a las de los etiopes cristianos, como
escribe Grocio, o eran diferentes y aun opuestas, como dice Laet, la
cuestin se halla sin resolver.

Dcese tambin que los troyanos, _ms ilustres por su ruina que por
la majestad de su imperio_, pasaron a las Indias. Del P. Simn de
Vasconcelos son las siguientes palabras: Otros dijeron que estos
primeros pobladores (de las Indias) fueron de nacin troyanos y
compaeros de Eneas, porque despus de desbaratados stos por los
griegos en la famosa destruccin de Troya, se dividieron entre s,
buscando nuevas tierras en que habitasen, como hombres avergonzados
del mundo y del suceso de las armas, algunos de los cuales dicen se
engolfaron en el largo Ocano y pasaron a las partes de Amrica. Y
prosigue: Que segn esta opinin, los moradores de esta tierra pasaron
a ella por los aos de 2806 de la Creacin, 1156 antes del nacimiento
de Christo S.N.[123].

       [123] Fr. Gregorio Garca, lib. IV. prrafo VIII, pgs.
       263-265.

Los scythas, pueblos situados entre el Don y el Danubio, o sus
descendientes, pasaron a las Indias Occidentales, si damos crdito
a algunos escritores. Sostiene el P. Fr. Gregorio Garca que las
costumbres de los indios, cotejadas con las de los trtaros y otras
naciones scythicas, parecen las mismas, y aun las desemejantes, si
se estudian con detenimiento, se ve que son hijas de las que usaron
primeramente. El citado historiador refiere que los sacerdotes egipcios
tenan cierto parecido a los de los trtaros y turcos, aadiendo lo que
sigue: Y ltimamente, las ceremonias de Christianos, que se hallaron
desfiguradas entre los Indios, no es difcil las llevasen los Trtaros,
si, como se ha dicho, predic en Tartaria Santo Toms, antes que el
malvado Mahoma compusiese de retazos del Judasmo y Nestorianismo, su
Alcorn; pues se ha de entender que los Trtaros y Scythas pasaron
antes que infamase el gnero humano Mahoma; porque si no fuera as,
se conservara entre los Indios la abominable memoria de su secta, la
cual ignoraron los indios, aunque en el Ro de la Plata hay unos que,
por dichas causas, tuvieron su nombre, de que hace mencin Barco:
_Mahomas_, _Epuaes_ y _Galchines_, etc.[124]. Es de notar que los
trtaros e indios sacrificaban hombres para celebrar sus victorias; que
los scythas e indios se sangraban de las orejas, y tanto los primeros
como los segundos fueron hechiceros; que los hunos eran inconstantes,
infieles, vengativos, furiosos y ligeros, igualmente que los indios;
que los lapones crean en sueos y se caracterizaban por su melancola,
lo mismo que los indios; que los trtaros comenzaban el ao en febrero
y contaban por lunas, igualmente que los de Nueva Espaa y otros; que
los tibarenos y los cinguis, que habitaban lo ltimo de Tartaria, se
metan en la cama cuando paran sus mujeres, como se cuenta de los
caribes, de los brasileos y de otros pueblos de las Indias; que la
medicina entre los scythas y trtaros apenas se diferenciaba de la de
los indios; que los turcos y trtaros mataban a los malhechores en
un palo, lo mismo que los indgenas de la Espaola y de la Florida.
Prescindiendo de otras semejanzas menos importantes, recordaremos que
los entierros entre los scythas o entre los mejicanos y peruanos tenan
mucho parecido, y las sepulturas del Chim de los trtaros y las del
Inca estaban formadas de la misma manera. Hugo Grocio tiene como cosa
cierta que ni los hunos, trtaros, turcos, ni otros scythas pudieron
pasar a las Indias, porque no hay noticia de que tuviesen navos, ni de
que navegasen en la antigedad por el Ponto Euxino, Mar Caspio ni por
la laguna Meotis. Niega, del mismo modo, que las trazas y costumbres de
los indios correspondiesen a las de los scythas, hunos y dems naciones
referidas...[125]. No tienen, pues, el mismo origen. Dado que tuviesen
algunas semejanzas, dice, nada importa, porque en todas las naciones
brbaras e idlatras se manifiestan ciertas cualidades comunes.

       [124] Fr. Gregorio Garca, lib. IV, prrafo XII, pgs. 300 y
       301.

       [125] Ibidem, libro IV, prrafo XIII. pgs. 303 y 304.

El padre Fr. Gregorio Garca, tantas veces citado en esta obra, crey
resolver cuestin tan complicada, diciendo que los indios que hay en
las Indias Occidentales y Nuevo Mundo no proceden de la misma nacin y
gente, ni los del Viejo Mundo fueron de una sola vez, ni los primeros
pobladores caminaron o navegaron por el mismo camino y viaje, ni en un
mismo tiempo, ni de una misma manera, sino que realmente proceden de
diversas naciones, viniendo unos por mar y arrojados por las tormentas,
otros navegando tranquilamente y buscando aquellas tierras de que
tenan alguna noticia. Unos caminaron por tierra, otros compelidos por
el hambre o huyendo de enemigos circunvecinos.

Acerca de la procedencia de la gente que lleg al Nuevo Mundo, unos son
originarios de los cartagineses; otros de las diez tribus israelitas,
que fueron llevadas cautivas a Nnive; algunos de la gente que pobl o
mand poblar Ophir (hijo de Iectan y nieto de Heber) en Mxico y Per;
no pocos de los que vivieron en la isla Atlntida, y los habitantes
de las islas de Barlovento, proceden de Espaa, pasando antes por la
citada Atlntida. No faltan autores que les consideren originarios de
los fenicios o de los griegos o de los romanos. Tampoco dejaremos de
nombrar a los que sostienen, con mayor o menor fundamento, que proceden
de religiosos budhistas, de chinos, de trtaros o de otros pueblos.
En una palabra, la raza indgena de Amrica es resultado de la unin
de todos los elementos tnicos dichos, pudindose citar, entre otras
razones, la diversidad de lenguas, de leyes, de ceremonias, de ritos,
de costumbres y de trajes, ya de cartagineses, hebreos, atlnticos,
espaoles, fenicios, griegos, romanos, indios, chinos y trtaros.

En aquellos remotos tiempos debi suceder lo que al presente acontece
en nuestras Indias, donde hay espaoles (castellanos, gallegos,
vizcanos, catalanes, valencianos, etc.), portugueses, franceses,
italianos, ingleses y griegos, judos y moriscos, gitanos y negros;
todos los cuales, viviendo en unas mismas provincias, naturalmente se
han de mezclar mediante casamientos, o mediante ilcita conjuncin o
cpula[126].

       [126] Vase _Origen de los indios del Nuevo Mundo_, lib. IV,
       cap XXV, pgs. 314-316.

Merecen atencin profunda los estudios que ha hecho el Dr. Pablo
Patrn. Sostiene con razones de algn peso que los americanos proceden
de la Mesopotamia y que la lengua smera tiene races que explican
el origen y significado de muchas voces de los varios idiomas que se
hablan en las dos Amricas.

De una de las obras del insigne alemn barn de Humboldt copiamos
el siguiente e importante prrafo: La comunicacin entre los dos
mundos se manifiesta de una manera indudable en las cosmogonas,
los monumentos, los geroglficos y las instituciones de los pueblos
de Amrica y del Asia... Algunos sabios han credo reconocer en
estos extraos civilizadores de la Amrica a nufragos europeos o
descendientes de los escandinavos, que despus del siglo XI visitaron
la Groenlandia, Tierra Nova y puede ser que hasta la misma Nueva
Escocia; pero poco a poco que se reflexione sobre la poca de las
primeras emigraciones toltecas, sobre las instituciones monsticas,
los smbolos del culto, el Calendario y la forma de los monumentos
de Cholula, Sogamoso y del Cuzco, se comprender que no es del Norte
de la Europa de donde Quetzalcoatl, Bochica y Manco-Capac han tomado
sus Cdigos y sus leyes. Todo nos hace mirar hacia el Asia Oriental,
hacia los pueblos que han estado en contacto con los thibetanos, los
trtaros, schamanitas y los ainos barbudos de las islas de Jesso y de
Sachaln[127].

       [127] _Vistas de las cordilleras y de los monumentos indgenas
       de Amrica_, tomo I.

Con razones ms o menos poderosas, no pocos autores escriben que otros
pueblos, adems de los citados, pasaron a las Indias y se establecieron
en aquel pas.

Despus de ocuparse D. Juan Facundo Riao de las semejanzas artsticas
entre el Nuevo y Viejo Continente, aade lo que a continuacin
copiamos: Demuestran fcilmente las anteriores observaciones, que
hubo en algn tiempo comunicacin y relaciones entre la Amrica y
los antiguos pueblos del Mediterrneo y del Oriente; pero se aducen
argumentos en contra que tienen importancia, hasta el punto de que hay
alguno que no encuentro manera de rebatir, dado el estado rudimentario
en que se encuentran todava esta clase de estudios. Sern, si se
quiere, cuestiones de menor transcendencia; pero el pro y el contra se
debe estimar en toda discusin de buena fe; y as entiendo que merece
consignarse el principal argumento en contrario, que es el siguiente:
los americanos, a la llegada de los espaoles, desconocan el uso
del hierro, la escritura alfabtica, los animales domsticos y los
cereales; todo lo cual era perfectamente conocido de los pueblos que
les comunican las formas arquitectnicas que dejo indicadas. Cmo
se justifica la deficiencia? Ya he significado que no encuentro hoy
medio de hacerlo, aunque posible ser que el da menos pensado se
aclare la duda; mientras tanto, no pueden perder fuerza ninguna los
argumentos favorables a la importacin de formas monumentales en aquel
pas, porque se prueba con hechos tangibles, y porque el campo de los
testimonios autnticos se ensancha al comps de los estudios[128].

       [128] _Discurso pronunciado en el Ateneo de Madrid_ el 26 de
       mayo de 1891, pgs. 14 y 15.




CAPTULO III

  RELACIONES ENTRE AMRICA Y EUROPA DURANTE LA EDAD MEDIA.--LOS
  VASCOS ESPAOLES Y FRANCESES.--LOS INGLESES O IRLANDESES.--LA
  ISLANDIA.--ESCRITORES MODERNOS.--LOS SAGAS.--LAS CRNICAS.--EL
  IRLANDS GUNNBJORN.--ERICO EL ROJO EN GROENLANDIA.--BIARNE EN
  GROENLANDIA.--LEIF EN HELLULAND, MARKLAND Y VIRLAND.--THORWALL:
  SUS EXPEDICIONES; SU MUERTE.--EXPEDICIN DE THORSTEIN Y
  THORFINN.--THORFINNSBUDI.--LUCHA ENTRE GROENLANDESES Y
  ESQUIMALES.--ERAN LAS MISMAS REGIONES LAS VISITADAS POR LEIF Y
  THORFINN?--GUDRID EN ROMA.--EXPEDICIN DE FREYDISA EL 1011.--OTRAS
  EXPEDICIONES.--AUTENTICIDAD DE LOS SAGAS.--LA RELIGIN CATLICA
  EN EL NUEVO MUNDO.--LOS OBISPOS.--LOS DIEZMOS DE LOS COLONOS
  DE VINLANDIA.--LAS COLONIAS.--INTERRUPCIN DE LAS RELACIONES
  ENTRE NORMANDOS Y AMERICANOS: SUS CAUSAS.--CORRESPONDENCIA
  DE LUGARES ANTIGUOS CON LOS MODERNOS.--ESTATUA ERIGIDA EN
  BOSTON A LEIF.--TRABAJOS ARQUEOLGICOS.--CASAS DESCUBIERTAS EN
  CAMBRIDGE.--LEIF Y COLN, SEGN FASTENRATH.


Dse en nuestros das como cosa cierta la comunicacin de Amrica con
Europa durante los Tiempos Medios. Cuntase que los vascos espaoles
y franceses, persiguiendo a la ballena en los mares del Norte,
descubrieron las islas y costas de la Amrica Septentrional. Creen
Gaffarel y Marmette que la nomenclatura castellana de _Labrador_ y
_Tierra de labor_, patentiza su hallazgo por vascos espaoles, y
respecto a Terranova, muchos nombres geogrficos de dicha isla acusan
origen uskaro. _Rognouse_ se asemeja a Orrongne, villa situada cerca
de San Juan de Luz; _Cabo Raye_, quizs proceda del vocablo arrico;
_Cabo Bretn_, es el nombre de un pueblo inmediato a Bayona; la
palabra _Gratz_ (promontorio), se deriva de la voz Grata. _Vlicillo_,
_ophoportu_, _portuchna_ y otras revelan su origen vascongado. Las
muchas denominaciones geogrficas de procedencia vasca que se conservan
en Terranova y en la regin francesa del Canad, algunos determinados
rasgos de sus moradores, la circunstancia, por dems importante, del
largo tiempo que en los citados pases se habl la lengua vascongada,
y cierta simpata entre los colonos franceses de aquellas comarcas y
los espaoles, hacen sospechar, con fundamento, si pescadores vascos y
franceses, all en tiempos lejanos, visitaron y poblaron alguna parte
de la Amrica Septentrional[129].

       [129] Vase _Precedentes del descubrimiento de Amrica en
       la Edad Media_, por D. Manuel Mara del Valle, Conferencia
       pronunciada en el Ateneo de Madrid el 11 de marzo de 1891.
       pgs. 72-76.

Los ingleses o los irlandeses, poblaron las Indias del Norte?
Dice Hornio que los ingleses, a causa de las guerras civiles en la
Inglaterra Occidental, abandonaron el pas (por el ao 1170, o por el
1190), y llegaron al Canad. En otra parte, el mismo Hornio refiere
que los ingleses, cuando los sajones se apoderaron del territorio en
que ellos vivan, pasaron a las Indias y las poblaron. Tambin han
presumido algunos autores que los indios descienden de irlandeses.
Cotejando las lenguas y costumbres de algunos pueblos del Norte de
Amrica con las de los ingleses e irlandeses, se ha venido a deducir
que las diferencias no son muchas ni importantes[130]. Fijndonos
en los irlandeses, nada tendra de particular que fueran al Nuevo
Mundo, no slos, sino despus de su estancia ms o menos larga en
Islandia, y formando parte de las expediciones de los irlandeses.
Las islas britnicas, y en particular Irlanda, la verde _Erin_,
gozaron siempre fama de pueblos aventureros y martimos. Las costas
de _Hvitramannaland_, que algunos llaman _Irland-it Mikla_, fueron
pobladas--segn algunos autores--por irlandeses. Dicho lugar est
colocado al poniente de Irlanda e Islandia, esto es, en direccin de
Amrica. Rafn, en sus _Antiquitates american_, escribe: _Hanc putant
esse Hvitramannaland (Terra Hominum alborum) sive Irlandiam Magnam_.
Al paso que Rafn colocaba a Irland-it-Mikla en la parte meridional
de los Estados Unidos, tal vez en la Florida, Beauvois declara, sin
duda alguna con ms acierto, que la verdadera posicin de dicho pas
se halla mucho ms al Norte, ya en la isla de Terranova, ya sobre la
orilla de San Lorenzo.

       [130] Vase Fr. Gregorio Garca, _Origen de los indios_, etc.,
       libro 4., prrafo 6., pgs. 260-262.

Comenzaremos haciendo notar, pues es asunto importante, que, ya
monjes de la iglesia anglo-latina e hijos de San Patricio de Irlanda,
ya religiosos de la iglesia cristiana fundada por San Colomba de
Escocia, llegaron (siglos VII y VIII) a las islas baadas por el
Atlntico y conocidas con los nombres de Hbridas[131], Oreadas[132],
Shetland[133], Feroe[134] e Islandia[135]. Todo esto debe ser cierto,
por cuanto parece probado que los normandos, antes de colonizar a
Islandia, vieron all hombres que llamaban _Papas_, tal vez cristianos,
los cuales vinieron por el mar de las comarcas de Occidente. Los
citados normandos, al llegar a Islandia, encontraron libros irlandeses,
campanas, cruces y otros muchos objetos, pudiendo deducirse que eran
_vestmannos_, esto es, hombres occidentales[136].

       [131] Archipilago ingls al Oeste de Escocia.

       [132] Archipilago ingls al Norte de Escocia.

       [133] Archipilago ingls al Norte de Escocia.

       [134] Archipilago dinamarqus al Norte de Escocia.

       [135] Isla dinamarquesa. La antigua Tule, segn algunos
       autores, que se halla a los 13 y 50' de longitud, y 65 4' de
       latitud.

       [136] _Antiquitates american_, pg. 202.

[Ilustracin: La Islandia de Olaus Magnus (1539)]

Algunos autores, despus de estudiar la proximidad de Islandia
(grande isla dinamarquesa de Europa, en el Ocano Glacial rtico) con
Groenlandia (vasta comarca insular al Norte de Amrica), han credo
que en los tiempos cuaternarios se comunicaban el Antiguo y el Nuevo
Mundo, por la parte de Occidente. Nosotros tenemos como cosa probada,
que Europa estuvo en relaciones con Amrica durante el siglo X y
comienzos del XI. Si el doctor D. Diego Andrs Rocha, oidor de la Real
Audiencia de Lima, escribi, en el ao 1681, curioso libro, afirmando
que entre los nombres indgenas del Per antiguo y los de varios
pueblos de Europa, existan muchas y notables semejanzas, en nuestros
das se han escrito obras de reconocido mrito que tratan de la misma
materia. A Francia se debe la de Mr. Beauvois, intitulada _Decouvertes
de Scandinaves en Amrique du X^e au XIII^e sicle_, 1859; la de Mr.
Gravier, _Decouverte de l'Amrique par les Normands au X^e sicle_,
1874, y la de Mr. Gaffarel, profesor de la Facultad de Letras de Dijon,
y cuyo ttulo es _Histoire de la decouverte de l'Amrique, depuis les
origenes jusq'a la mort de Cristophe Colomb_, 1892. Llaman la atencin,
entre los norteamericanos, Eben Norton Horsford, _Discovery of Amrica
by Northmen_, 1888, y _The problem of the Northmen_; B. F. de Costa,
_Decouverte de l'Amrique avant C. Colomb par les hommes du Nord_,
1869, y _The Icelandic Discoverers of Amrica_, 1888.

En la Edad Media--segn unos escritores en el siglo XII y segn otros
en el XIII--se escribieron los Sagas[137], relaciones histricas y a
veces legendarias de la antigua Escandinavia (hoy Dinamarca, Suecia
y Noruega), que los poetas y cantores recitaban en las reuniones
pblicas y en el seno de las familias. Recordaremos que en la segunda
mitad del siglo IX, cuando el terrible Haroldo Haarfager, despus
de vencer en la famosa batalla de Hafursfiord, reuni bajo su cetro
la Noruega, muchos nobles y distinguidas familias se retiraron a
Islandia (Isla del hielo), buscando una libertad que no encontraban en
su desgraciado pas. Organizse en Islandia un gobierno republicano
dotado de instituciones religiosas y polticas, anlogas a las de la
metrpoli. Respecto a la cultura no huelga decir que la lengua danesa
alcanz extraordinario desarrollo, la poesa se cultiv con entusiasmo,
las letras y las artes llegaron a un verdadero estado de perfeccin.
Adoptaron, como era natural, los mismos usos y costumbres que haban
existido en su antigua patria antes de la tirnica dominacin de
Haroldo.

       [137] El citado escritor Eben Norton Horsford, sostiene, en
       uno de los apndices de su libro, que los _Sagas_ fueron
       redactados entre 1387 y 1395.

Del mismo modo que los normandos visitaron a Islandia,--isla que,
por su posicin geogrfica, es ms americana que europea,--tambin,
en pequeos barquichuelos, recorrieron las costas occidentales y
meridionales de Europa, no sin decir orgullosos en sus cantos que el
huracn estaba a su servicio y los arrojara donde ellos quisiesen
hacer rumbo.

Con la emigracin de Noruega a Islandia aument en este ltimo pas la
aficin a las tradiciones maravillosas. Los islandeses, recorriendo
anualmente las costas del Bltico y de Noruega, ora para recoger en su
antigua patria una herencia, ora por gusto de visitar a sus parientes o
amigos, renovaban la memoria de sus tradiciones. A su vez, el mercader
noruego iba a Islandia a vender los productos de su suelo natal y a
comprar las lanas y el pescado de los mares islandeses. Llegaba en el
otoo y no se volva hasta la nueva estacin. Durante su estancia era
acogido en una cabaa (_bar_) islandesa, y all, durante las largas
noches de invierno, refera sus viajes y peligros en los mares, y
tambin las hazaas de los hroes noruegos. Por su parte, el islands
que sala de su patria, despus de recorrer dilatados pases, regresaba
a su ahumada choza, donde, rodeado de sus compatriotas, contaba lo
que haba visto y admirado. Tambin, cuando llegaba un barco, acudan
todos, deseosos de saber noticias de Noruega, o de Dinamarca y Suecia.
De modo que las tradiciones de toda la Escandinavia se depositaban
todos los aos, como en un archivo de familia, revistindose de
aquella vaguedad e idealismo que les comunicaba la distancia, y
conservando, aun con mucha posterioridad, aquel carcter primitivo,
que se hallaba alterado en el continente por el roce con los pueblos
alemanes[138].

       [138] C. Cant, _Hist. universal_, tomo III, pg. 451.

Dichas tradiciones dieron origen a otros sagas o canciones histricas,
recogidas por cantores de pas en pas, ya en la choza del pescador y
ya en la tienda del guerrero, ora en la casa del magnate y ora en el
palacio del prncipe. Tales cantores, aunque no gozaron de la fama de
los bardos[139], se les acoga, sin embargo, cariosamente en todas
partes. Los sagas, sencillos en la forma y en el fondo, transmitidos
de padres a hijos o de vecino a vecino, son--segn Torfeo--187. Pueden
considerarse como el libro de las familias. El islands, a la luz de la
lmpara alimentada por la grasa de la ballena, y rodeado de su familia
y criados, lea los Sagas, acompaando la lectura con explicaciones
y comentarios. La joven lechera los lea durante el invierno en los
establos, y cuando asomaba la primavera en las dehesas. Las paredes de
las casas, las entalladuras en madera o en acero, y los bordados de los
tapices, reproducan escenas de los _Sagas_[140]. Refiere Marmier, que
hallndose estudiando en Reykiavit el _Saga_, de Nial, le sorprendi
la hija de un pescador, la cual le dijo: Ah, yo conozco ese libro que
he ledo muchas veces cuando era nia, y al punto di noticia de los
pasajes ms bellos de la obra. Tiene razn Marmier al exclamar: Sera
posible encontrar una artesana de Pars que conociese, por ejemplo,
la crnica de Saint Denis? Prueba todo esto que los islandeses
conservaron sus tradiciones y las transmitieron oralmente, hasta que
las escribieron y emplearon con ellas los caracteres romanos.

       [139] Eran los bardos poetas nacionales de raza cltica.
       Acompandose con la lira, celebraban la gloria de los dioses
       y de los hroes en las fiestas religiosas, como tambin
       excitaban los guerreros al combate. Fueron los ms famosos
       Fingal y su hijo Osin.

       [140] El ao 1261 Islandia volvi a unirse a Noruega. Entonces
       conocieron los islandeses la literatura alemana en tiempo del
       Grande Interregno (1250-1273) y de la primera, poca de la
       Casa de Habsburgo.

Nosotros, despus de haber ledo los libros modernos que tratan del
asunto, como tambin las crnicas de Adam de Bremen (1043-1072), Ari
Thorgilson (m. 1148), el _Ladnama_ y Nicols de Thingeyre, somos de
opinin que los normandos islandeses fueron los primeros europeos que
visitaron la Amrica.

Por el ao 920, el islands Gunnbjorn descubri unas islas situadas
entre Islandia y Groenlandia, las cuales tomaron el nombre de su
descubridor y que desaparecieron en 1456 a causa de erupciones
volcnicas. En el mapa de Ruysch (1508), se lee la siguiente leyenda:
_Insula hec in anno Domini 1456 fuit totaliter combusta_[141]. Erico
el Rojo, desterrado de Islandia por haber cometido un homicidio, se
lanz, por el ao 985 o 986, a descubrir tierras, siguiendo los pasos
de Gunnbjorn: logr percibir la costa oriental de Groenlandia en el
grado 64 de latitud septentrional, continu su viaje por el Sur,
dobl el cabo que los antiguos islandeses denominaban Hvarf, y hoy
llamamos Farewell, viniendo, por ltimo, a fijar su residencia sobre
la costa occidental, en el _fiord_[142] de Igaliskko, que denomin,
para perpetuar el nombre de su persona, _Eriksfiord_. All comenz
la construcin de vasto edificio, adosado a una roca, y que llam
_Brattahlida_. Volvi Erico el Rojo a Islandia con objeto de estimular
a sus compatriotas que le siguiesen hacia el pas que l denominaba
_Tierra Verde_, que no otra cosa significa Groenlandia[143]. En el
mismo ao que Erico regresaba a Brattahlida, 35 navos islandeses
se dirigan a Groenlandia, llegando a su destino slo 14, pues los
restantes se haban perdido a causa de las tempestades y borrascas
del Ocano. Con los islandeses que lograron salvarse fund Erico una
colonia, la cual, dos siglos despus, contaba con 8.400 individuos, y
segn otros, con 10.000, distribudos en 280 establecimientos.

       [141] Vase Nordenskiol, _Facsimile-Atlas_, tom. XXXII.

       [142] Fiord, quiere decir sitio o paraje.

       [143] En nuestros tiempos, el marino Davis le di el nombre de
       _Tierra de desolacin_.

Por el ao 986--cuentan los Sagas del Cdice Flateyense el intrpido
joven Biarne, hijo de Heriulf, sali de Noruega en busca de su padre,
que moraba en Islandia. Cuando al llegar a Islandia recibi la
noticia de que su padre haba marchado con Erik hacia las regiones
occidentales, sin descargar la nave, emprendi el mismo camino,
encontrando al poco tiempo una tierra donde se levantaban pequeas
colinas y se hallaban bastantes selvas. A las veinticuatro horas de
navegacin divis una llanura poblada de rboles, pasados tres das
pudo distinguir una isla cubierta de nieve y grandes masas de hielo, y,
ltimamente, a los cuatro das, tuvo la dicha de llegar a Groenlandia,
siendo recibido con grandes muestras de cario por su padre y por Erik.

Regres Biarne a Noruega, y si damos crdito a modernos escritores,
especialmente a Yeclercq, las comarcas recorridas por el famoso marino
debieron ser las de Nantuket, Nueva Escocia y Terranova. Gravier afirma
que fueron las cuatro comarcas de Nueva Inglaterra, Nueva Escocia,
Terranova y golfo de Maine; y Geffroy, no slo declara que lleg a
las costas de Amrica, sino que descubri el ro San Lorenzo. Parece
verosmil que el continente encontrado por Biarne y sus compaeros
fuese, ya las costas del Labrador, ya las de los modernos Estados
Unidos, y por lo que respecta a la isla, podra corresponder, segn
la autorizada opinin de Gaffarel, a Terranova o a cualquiera de las
situadas en los Estrechos de Davis y de Hudson. Dedcese todo esto
por el probable derrotero del viaje, y tambin por la posicin y
caracteres de las tierras indicadas[144]. Llegase o no Biarne a las
costas americanas o del Nuevo Mundo, su nombre figurar siempre entre
los intrpidos navegantes.

       [144] Vase Valle, ob. cit. pgs. 33 y 34.

El nunca bastante alabado Leif Erikson, hijo de Erico el Rojo y
que vivi en la corte de Olaf u Olaw I de Noruega (996-1000) fu
el continuador de la obra de Biarne. Cuando la mayor parte de las
naciones o pueblos de Europa se hallaban sobrecogidos de espanto y
de terror porque se aproximaba el ao 1000, tristsimo ao 1000, que
llevaba consigo el fin o acabamiento del mundo y, por consiguiente,
la muerte de la humanidad; cuando el rey Olaf, recin convertido al
cristianismo, haca difundir su religin por todos sus Estados, el
marino Leif acometi la empresa desde las regiones ms septentrionales
de Europa, de buscar, surcando el Atlntico, los pases que sus
predecesores Gunnbiorn, Erico el Rojo y Biarne haban descubierto,
pero no explorado. Leif, en un barco que compr y seguido de 35
hombres, se lanz al Ocano, y despus de grandes trabajos, lleg a
una regin llana, pedregosa, desolada y cubierta en muchas partes por
montaas de nieve, a las cuales di el nombre de _Helluland_ (Tierra
pedregosa) y habiendo encontrado luego inmensas y dilatadas selvas,
llam aquella tierra _Markland_ (Tierra de los bosques). A los dos
das de navegacin llegaron los normandos a una isla, separada del
continente por peligroso estrecho. Descubranse en la parte continental
corrientes aguas, saliendo de tranquilo lago. Decididos a permanecer en
aquellos lugares durante el invierno, levantaron barracas de madera,
a las que dieron el nombre de _Leifsbudir_ (Casas de Leif). El clima
era dulce, la tierra se hallaba alfombrada de hierba, y en el ro y
el lago abundaban salmones. Cuando terminaron los modestos trabajos
de edificacin, los inmigrantes se dedicaron a reconocer el pas,
con cuyo objeto salan en grupos, no sin que el jefe les ordenara la
vuelta al acercarse la noche. Tard un da ms de lo justo uno de los
expedicionarios, alemn de origen, llamado Tyrker, amigo desde la
niez de Leif. Como el citado jefe reprendiese su tardanza, contest
Tyrker lo que sigue: No me fu tan lejos como suponis; en cambio os
traigo algo nuevo, porque he encontrado vias cargadas de uvas. Por
esta razn Leif puso al pas el nombre de _Vinland_ (Tierra del vino).
Llegada la primavera, Leif determin regresar a su patria, cargando
la nave de pieles, maderas y uvas. Todos sus compatriotas alababan el
valor y la fortuna de Leif[145].

       [145] De _La Tribuna_, peridico de Madrid del 24 de Octubre
       de 1912, copiamos lo siguiente:

         Un sabio americano, en el American Museum of Natural
         History, trae una gran cantidad de datos acerca de una
         tribu de raza blanca que vive hace siglos en la isla
         Victoria, separada del resto del mundo. Estos blancos son
         cerca de 2.000 y los descendientes de una expedicin mandada
         por Leif Erickson. Con motivo de su existencia, se trata
         ampliamente en dicho artculo de la cuestin precolombiana,
         y se afirma que Amrica fu descubierta por los noruegos y
         escandinavos en el siglo X, es decir, cerca de cinco siglos
         antes que Coln condujese sus naves a aquellas tierras. La
         ciencia est conforme en que los escandinavos y noruegos la
         haban descubierto; pero tambin lo est en que no saban de
         qu se trataba, y que estos pensaban, como pens Coln, que
         eran las costas de Asia.

[Ilustracin:

FOTOTIPIA LACOSTE--MADRID.

LEIF ERIKSON.]

Cuando corra el ao de 1002, Thorwald, otro de los hijos de Erico,
aceptando los consejos de su valeroso hermano Leif, acompaado de 30
hombres, se lanz a la mar y lleg a las barracas de Leifsbudir, donde
pas el invierno. Durante la primavera se dedic a recorrer la parte
meridional de Vislandia, encontrando pequeas y pintorescas islas,
siendo la mayor de todas la que a la sazn llamamos _Longisland_.
Durante el otoo regresaron a Leifsbudir. En el verano siguiente
Thorwald y algunos de los suyos emprendieron la exploracin de las
costas septentrionales. En la costa y sobre la arena hallaron tres
canoas de mimbres y en cada una de ellas tres hombres, los cuales
ocho perecieron a manos de los normandos, logrando slo escapar uno.
Irritados los esquimales con semejante crueldad, cayeron sobre Thorwald
y los suyos, teniendo el jefe de los normandos la desgracia de morir
de un flechazo, habiendo antes encargado a sus compaeros que le
enterrasen en aquel sitio y pusiesen dos cruces sobre su tumba; en lo
futuro el cabo se llamara _Krossanes_ (Promontorio de las cruces).
Thorwald fu el primer europeo que muri a manos de los americanos.

Los compaeros de Thorwald, temiendo mayores venganzas de los
esquimales, y habiendo cumplido las rdenes que les haba dado el
difunto jefe, abandonaron, en el ao 1005, aquellos lugares, y,
cargando el barco de productos del pas, volvieron a la patria, donde
contaron los sucesos que les haban ocurrido, y muy especialmente la
muerte del valeroso caudillo.

Poco despus un hermano de Thorwald, llamado Thorstein, acompaado de
su mujer, la inteligente Gudrid, y de 25 marinos, organiz la tercera
expedicin, que fu ms desgraciada que las anteriores. Contrarios
vientos les desviaron de su camino, y hasta la entrada del invierno
no pudieron arribar a Lysufiord, donde los recibi con generosa
hospitalidad un cierto Svart, en cuya casa cay enfermo y muri
Thorstein, siendo sus cenizas trasladadas en el buque por la viuda y
Svart hasta Eriksfiord: all tuvieron cristiana sepultura.

Por entonces (1002) lleg a Groenlandia rico noruego, descendiente de
reyes, que se llamaba Thorfinn o Karlsefn--pues con ambos nombres se le
conoce--el cual, con beneplcito de Leif, se hosped en Brattahlida,
y por cierto, que habindose enamorado de Gudrid, contrajo con ella
matrimonio. Thorfinn hizo armar una flotilla de tres naves, dotadas de
160 individuos, algunos de ellos mujeres, varios animales domsticos
y abundantes provisiones. En la primavera del ao 1007 partieron de
Eriksfiord, y, ayudados por favorables vientos, lograron divisar a las
veinticuatro horas de navegacin los picos de Helluland, llegando a
_Markland_, pas de exuberante vegetacin; recorrieron en vano varios
sitios buscando la tumba de Thorwald, pasaron el cabo Kialarns,
encontrando luego dilatada extensin de dunas, vastos desiertos y
estrechas riberas, a cuyas playas llamaron _Jurdustrandir_ (Playas
maravillosas)[146]. Luego que Thorfinn tuvo la satisfaccin de que dos
de sus compaeros que haban salido a recorrer las costas volviesen con
grandes racimos de uvas y espigas de trigo silvestre, penetr en una
baha grande y en seguida en una isla abundante de plumas y huevos de
_eiders_ (nades), que llam _Straumey_ (Isla de las corrientes). En la
citada baha, que denominaron _Staumfiord_ (Baha de las corrientes),
fundaron una colonia. Cuando lleg la primavera se dedicaron a cultivar
los campos, a la pesca y muy especialmente a la construccin de
barracas que les sirvieran de alojamiento.

       [146] Tal vez dieron dicho nombre por la frecuencia con que
       all se observa el fenmeno del espejismo.

[Ilustracin: Tipo esquimal (Estrecho de Behring).]

Grave contrariedad fu que les sorprendiese el invierno desprovistos de
caza y de pesca; pero la dificultad mayor consisti en el disentimiento
y enemiga entre el marino Thorhall, piloto de una de las embarcaciones,
y Thorfinn. Cada uno tom diferente camino. Thorhall, deseando volver
a su patria, tom rumbo hacia Europa, arribando a las costas de
Irlanda, donde--segn dicen--muri en esclavitud. Thorfinn continu sus
exploraciones, en busca siempre de Leifsbudir, llegando, no sin muchos
trabajos y establecindose enfrente de la colonia de Leif, con cuyo
objeto levantaron diferentes casas, que por el nombre de su fundador
recibieron el de _Thorfinnsbudir_.

A los quince das de establecerse en aquel pas, apareci la baha
cubierta de botes tripulados por esquimales. Dichos esquimales
bajaron a la costa y luego que contemplaron a los hombres blancos, se
retiraron. Volvieron en la primavera de 1008 y eran tantos los que
tripulaban las muchas canoas, que la baha pareca hallarse cubierta de
carbn. Groenlandeses y esquimales entablaron relaciones de comercio;
los primeros dieron a los segundos vistosas telas encarnadas y vasos de
leche, en cambio de pieles, cestas de mimbre y otras cosas. Pronto--por
causas que desconocemos--la guerra sucedi a la paz. Ya Thorfinn haba
tenido un hijo de Gudrid y ya los normandos vivan tranquilos en sus
posesiones de Vinlandia. Entonces, los skrelings, se lanzaron a la
lucha, y aunque al principio lograron algunas ventajas, fueron al fin
vencidos y se retiraron de Vinlandia.

Enojosa iba siendo a Thorfinn y los suyos la estancia en Vinlandia.
El deseo de volver a la patria, las cuestiones surgidas entre los
mismos normandos y la oposicin de los naturales del pas, obligaron
a Thorfinn a dar la vuelta a Groenlandia, no sin que en la travesa
explorase nuevos pases y cogiera dos muchachos al pasar por las costas
de Markland. Dijeron los jvenes skrelings, que ms all del sitio en
que fueron cogidos, haba un pas habitado por hombres que vestan
tnicas blancas y acostumbraban llevar pedazos de tela fijos en largas
varas. Estos pedazos de tela, segn algunos crticos, eran estandartes
o banderas. Se sospecha con algn fundamento que tales noticias deban
referirse al territorio del _Hvitramannaland_.

En este estado nuestra narracin, antes de pasar adelante, preguntamos:
pero, las regiones visitadas por los ilustres viajeros Leif y Thorfinn,
eran las mismas? Ddanlo con ms o menos razones algunos escritores.
Recordaremos, a este propsito, que el francs Nicols Denys,
lugarteniente por Inglaterra de Nueva Escocia a mediados de la centuria
XVII, di exacta noticia de la riqueza forestal del pas, aadiendo
que las uvas eran tan grandes como nueces moscadas y algo cidas,
porque crecan silvestres. Opinaba que si se tuviese ms cuidado en la
elaboracin del vino, ste sera de mejor calidad o de mayor gusto.
De la misma manera el trigo naca espontneamente en la parte sur de
Escocia y tambin era susceptible de mejoramiento.

No tenemos duda en que lo mismo Leif que Thorfinn encontraron uvas en
aquellas lejanas tierras; pero el trigo silvestre, que el segundo de
aquellos navegantes hall, no debi ser tal trigo, sino arroz indiano
(_Tizania aquatica_), producto mencionado por los viajeros que se
ocupan de las plantas de la tierra de la Nueva Escocia. Tambin puede
afirmarse que Leif no vi indgenas, y Thorfinn tuvo que luchar con
los skrelings, que, como antes se dijo, pertenecan al grupo esquimal.

Conviene no olvidar que de las tres naves que en 1007 hizo armar
Thorffinn, y que salieron de Eriksfiord, pronto quedaron dos: una de
ellas, bajo el mando de Biarne, hubo de naufragar, logrando salvarse
pequea parte de la tripulacin en las costas de Irlanda[147]. En la
otra nave, despus de tantos trabajos, Thorffinn y su familia pudieron
arribar a Groenlandia en el ao 1011, trasladndose al poco tiempo a su
patria, llevando consigo tan considerable nmero de objetos, trados
de Vinlandia, que, segn creencia de aquellos tiempos, jams apareci
en las costas escandinavas embarcacin mejor provista y cargada[148].

       [147] Biarne sacrific su vida por salvar la de sus compaeros.

       [148] Valle, Discurso ledo en el Ateneo de Madrid el 11 de
       Marzo de 1891, pgs. 43 y 44.

La noble Gudrid, al contraer matrimonio su hijo Snorre, matrimonio
que le llen de alegra, sali de Islandia y se dirigi a Roma, donde
seguramente hubo de dar noticia de los descubrimientos de los normandos
en las regiones ultraocenicas. La corte Pontificia oy con inters las
curiosas e importantes narraciones de Gudrid, tal vez para aprovecharse
de ellas tiempo adelante. Al regresar a Islandia la buena viuda de
Thorffinn, form el propsito de consagrar a la religin los ltimos
das de su vida, retirndose con este objeto a un monasterio que su
hijo Snorre haba hecho construir.

En el ao de 1011, la clebre Freydisa, hermana de Leif, deseosa de
riqueza ms que de gloria, despus de convencer a su dbil marido
Thorvard, organiz una expedicin, saliendo de Groenlandia con una nave
de su propiedad y las de dos ricos islandeses, en busca de las tierras
que se proponan visitar. Desdichada fu la expedicin, como lo fueron
otras de europeos hacia las playas americanas, llamando la atencin
el silencio que guardan de ellas los _Sagas_ islandeses. Probado se
halla que un tal Hervador, a mediados del siglo XI, sali de Vinlandia
para trasladarse a las tierras de Hvitramannaland, y queriendo--como
escribe Valle--invernar en ellas, remont un ro, detenindose luego
al pie de espumosas cascadas, que denomin _Hridsoerk_; paraje que,
segn algunos, permite asegurar que los normandos prolongaron sus
exploraciones bastante al Sur de la Amrica Septentrional, hasta
descubrir la baha de Chesapeake, los ros que all desembocan y los
naturales despeaderos de aguas que se observan en Potomac, por encima
de Washington[149].

       [149] Ibidem, pg. 45.

No cabe duda alguna que en el ao 1135 tres groenlandeses, apasionados
de aventuras atrevidas y peligrosas, se internaron en los Estrechos
que a la sazn llamamos de Davis y de Baffin, llegando a la isla
_Kingiktorsoak_ o de las Mujeres, en la latitud boreal de 72 55',
en cuyo punto grabaron sobre una piedra la noticia de su estancia.
Refieren los _Sagas_ que por el ao 1266 tres sacerdotes de la
dicesis de Gardar, llamado uno de ellos Halldor, siguiendo la
misma direccin que los anteriores, fueron sorprendidos por furiosa
tempestad, consiguiendo arribar a un punto donde el sol, en el 25 de
julio y da de Santiago, no se ocultaba en el horizonte, permaneciendo
muy alto durante la noche y muy bajo en las horas correspondientes
al da. Dichos navegantes, alcanzaran el paralelo 75 46' un poco
al Norte del Estrecho de Barrow, como han pensado algunos sabios de
nuestros das? Halldor y sus compaeros, habrn precedido a Parry,
Ross, Franklin y dems viajeros de las regiones boreales? Casi a
los veinte aos (1285), dos sacerdotes islandeses, Adalbrando y
Thorwald Helgason, se embarcaron para Markland, llegando a un pas que
llamaron _Nyja Land_ o _Terranova_, nombre que tiene a la sazn. Tan
naturales y corrientes debieron ser esta clase de viajes, que habiendo
recibido Ivar Bardson en 1347 el encargo de visitar y describir los
establecimientos de los normandos en Amrica, public su obra, y como
cosa corriente y sabida di noticia de aquellas regiones. Dicha obra,
de inestimable valor, la public, primero Rafn en sus _Antiquitates
american_[150], y despus Major en el ao 1873[151]. Por ltimo,
viene a confirmar con toda claridad lo que decimos el siguiente hecho:
tambin en el ao 1347 lleg a Islandia una nave, con 18 hombres,
procedente del pas de Markland, no llamando a nadie la atencin las
noticias que dieron del citado pas, pues eran harto conocidas y
sabidas de todos.

       [150] Pginas 302-318.

       [151] Vase Gaffarel, ob. cit.

Creemos que nadie puede poner en duda los viajes de los normandos desde
ltimos del siglo X o comienzos del XI en las regiones septentrionales
de Amrica. Si algunos escritores, con poco sentido histrico, han
llegado a decir que los _Sagas_ son monumentos nicamente legendarios
o poticos, les contestaremos que la crtica moderna los considera
documentos de inestimable valor, lo mismo por su fondo, casi siempre
verdadero, como por su sencillez y claridad.

No deja de tener tambin no poca fuerza, que sabios como Humboldt,
Rafn, Magnussen, Kohl, Horsford, Costa, Brown, Schmidt, Loffler,
Beauvois, Gravier, Gaffarel y otros, hayan declarado la autoridad
histrica de los Sagas, siguiendo el mismo camino la _Sociedad Real
de Anticuarios del Norte_, y, ltimamente, el Congreso de Copenhague,
celebrado el 1883.

Acerca de si los establecimientos normandos fueron o no verdaderas
colonias, nada habremos de decir, como tampoco hace al caso discutir
sobre el fruto de las citadas expediciones; pero lo cierto es que
Europa se estuvo comunicando con Amrica durante ms de tres siglos.

Como si todos los datos expuestos fueran poco, debe consignarse que
la Iglesia Romana no olvid a aquellos lejanos pases, sobre los
cuales extendi la luz del Evangelio. Ora porque la famosa Gudrid
diese a conocer en la corte pontificia la existencia de los citados
territorios, ora porque los Papas desearan progresar y difundir la
Religin cristiana en pases que conocan por otros medios, lo cierto
es que, desde mediados de la centuria XI, los obispos de Noruega e
Islandia, y poco despus el establecido en Gardar, capital de la
Groenlandia, consideraron las posesiones del Vinland como una parroquia
alejada de su dicesis, que frecuentemente iban a visitar.

No habremos de pasar en silencio que el obispo Jon (Juan), en el
ao 1059, habiendo ido desde Islandia a los territorios americanos
a predicar el Evangelio, los infieles le hicieron sufrir cruel
martirio. Corra el ao 1121, cuando el islands Erico Vpsi, al
considerar la situacin religiosa de Vinlandia, renunci a la silla
de Gardar, dedicndose por completo a fortalecer a sus nuevos fieles
en la doctrina de Cristo. Tal vez con este asunto tenga relacin la
demanda que en 1124 hicieron los colonos groenlandeses reunidos en
Asamblea general para que se hiciese el nombramiento de Obispo de
Gardar a favor de un cierto Arnaldo[152]. Desconocemos el resultado de
las predicaciones del Obispo Erico en Vinlandia; tal vez--como dice
Gaffarel--tengan su origen en las ceremonias religiosas de aquellos
tiempos ciertas costumbres que persisten en algunos puntos de la
Amrica del Norte.

       [152] Gobernaron la dicesis de Vinlandia, desde el Obispo
       Erico Vpsi, en 1121, hasta Vincentius, que la rega en 1537,
       esto es, cuarenta y cinco aos despus del descubrimiento
       de Coln, 29 Obispos. Torfaeus public en la Historia
       Groenlandia, como tambin Gravier y otros, los nombres y las
       fechas correspondientes a los citados Prelados.

Del mismo modo, a nadie debe extraar que la Iglesia procurara
proporcionarse recursos, lo mismo en las prximas que lejanas dicesis,
para el mantenimiento de las necesidades del culto y del clero. Es
cierto que all por el ao 1276, el arzobispo Jon, con la autoridad
del Santo Padre, delegaba sus funciones en tercera persona, la que
haba de recoger el producto de los diezmos; y el Papa Nicols III
(1277-1280), en carta escrita en Roma el 31 de enero de 1279, ratific
los plenos poderes conferidos por el Arzobispo al mencionado annimo
colector[153]. Pasados tres aos, el mandatario lleg a Noruega con
los diezmos de los colonos de Vinlandia, que consistan, no en metales
preciosos como hubiera deseado la corte pontificia, sino en pieles,
dientes de morsa y barbas de ballena. Habiendo el Arzobispo consultado
al Papa lo que deba hacerse con tales cosas, contest Martn IV
(1280-1285) que se enajenasen.

       [153] Dice D. Manuel del Valle que el producto de los diezmos
       estaba destinado a la cruzada que entonces se predic por
       toda Europa; pero efeto nos parece poco exacto, pues las
       cruzadas generales haban pasado haca bastante tiempo y
       tambin las de Luis IX de Francia, apenas se recordaban, sin
       embargo, de que la ltima dirigida contra Tnez, al frente
       de cuya ciudad muri de peste el Santo Rey, se verific el
       1273. Tambin habremos de observar que no fu Nicols II el
       que escribi la citada carta, segn afirma el Sr. Valle, sino
       Nicols III.

Veinticinco aos despus, los tributos eclesisticos de Vinlandia
figuraban en la suma de las collectas y se vendieron en 1315 al
flamenco Juan de Pr.

Pasamos a estudiar la organizacin de los normandos en Vinlandia.
Hallbanse constitudos en _colonias_, segn la respetabilsima
opinin de Humboldt, de Gravier, de Eben Norton Horsford y de E.
Reclus. Formaban los citados establecimientos normandos una especie
de repblica, bajo la proteccin nominal de los reyes de Noruega; los
colonos mantenan con la metrpoli, especialmente con Groenlandia
e Islandia, relaciones frecuentes. Cambiaban las riquezas del pas
(maderas finas, pieles de animales, dientes de morsa y aceite o barbas
de ballena), por el hierro y las armas que necesitaban; dedicbanse
tambin la mayor parte del tiempo--pues era para ellos el medio de vida
principal--a las ocupaciones de la pesca.

Desde el siglo XIV llegaron a interrumpirse o se interrumpieron del
todo las relaciones entre los normandos y americanos. Contribuyeron
a ello, sin duda, adems de otras causas, los frecuentes ataques de
los esquimales, refractarios a la civilizacin europea, quienes se
atrevieron a atacar a los normandos en sus mismas fortificaciones.
Adquiri carcter tan cruel la lucha en el siglo XV, y tantas fueron
las lamentaciones de los colonos, que Nicols V hubo de dirigir
famosa Bula--en el ao 1448--a los obispos islandeses para que
ellos proveyesen a las necesidades de los cristianos perseguidos en
Groenlandia. Sealan tambin los historiadores otra causa, y fu la
peste negra que por entonces, habiendo ya causado numerosas vctimas
en Asia y en Europa, se extendi por Amrica y despobl a Groenlandia
e Islandia, no siendo de extraar que las ltimas posesiones dejasen
de enviar expedicionarios o colonos a Markland y Vinland[154]. Por
ltimo, no faltaron escritores que sostuvieron haberse interrumpido las
comunicaciones martimas entre los pases septentrionales de Europa y
los de Amrica, por la formacin de inmensos tmpanos de hielo en la
parte superior del Atlntico.

       [154] No sabemos a qu peste negra se refieren los
       historiadores y que caus tantas vctimas en el siglo XV.
       Conocemos la que se desarroll en el siglo XIV y que dej
       desierto el pas de Groenlandia y, ms adelante, la que
       comenz en los Estados de Flandes, penetr en Espaa por
       Santander e hizo tantas vctimas en el ao 1599. No tuvo
       menos importancia la que ocasion a mediados del siglo XVII
       desgracias sin cuento en Npoles y en casi toda la Italia.

Pero dejando estos asuntos que carecen de valor histrico, diremos
las dos opiniones principales acerca de lo que es hoy la antigua
Helluland. Beauvois, Gravier, d'Avezac, Horsford y Gaffarel sostienen
su correspondencia con la isla de Terranova; pero Humboldt, Loffler
y Reclus estiman preferible referir el Helluland a la tierra de
Labrador[155]. Markland fu considerada idntica a la moderna Acadia,
que los anglo-sajones pusieron el nombre de Nueva Escocia; participan
de esta opinin d'Avezac, Rafn, Beauvois, Gravier, Loffler, Gaffarel y
otros. De la misma manera gegrafos e historiadores asimilaron el suelo
de Vinlandia a determinadas porciones del de Massachusetts (Estados
Unidos); pero por lo que respecta a este particular, modernamente
Loffler ha sostenido que sera ms conveniente referirla a la actual
Virginia. Ms o menos acertadas tales correspondencias de lugares, lo
nico que puede afirmarse de cierto es que en la baha de Massachusetts
hicieron prolongado asiento Leif, Torwald y Thorffinn. Las casas
edificadas por Leif debieron estar, segn Rafn, en la desembocadura
del Pocasset-River; pero el escritor contemporneo Gaffarel las supone
en el mismo sitio donde hoy se levanta la capital Nueva York. La isla
descubierta por Torwald debe ser, si aceptamos la opinin de Gravier,
la que llamamos Long-Island; las playas que se observaron hacia el
Sur deben ser las de New-Jersey, Dellaware, Maryland y tal vez las de
Virginia y Carolina. Torwald reconoci dos promontorios: el _Kialarns_
y el _Krossanes_ o el de las Cruces; el primero corresponde al Cabo
Cod, o Nauset de los indios, y el segundo al que lleva hoy, segn
Gaffarel, el nombre de Sable en la extremidad meridional de Nueva
Escocia, o ms bien, como afirma Gravier, el Cabo de Gurnet. Las playas
maravillosas que encontr Thorffinn en su expedicin, deben estar
colocadas--pues esta es la opinin de Rafn y Gravier--al Sur del citado
Cabo Cod, si bien afirma Gaffarel que se hallan en las costas de Nueva
Escocia, donde abundan fenmenos de espejismo, como los que admiraron a
los antiguos normandos; la baha circular, famosa por sus corrientes,
debe ser la de Buzzard; la isla tan abundante de huevos de _liders_,
tambin pudiera ser la de Marta's Vineyard; y las casas que bajo la
direccin de Thorffinn se levantaron enfrente de las de Leif, debieron
estar en el sitio que los indios llamaron Mount-Haup, cerca de Taunton
River. Nada, pues, tiene de particular que en Boston, ciudad prxima
a los parajes citados, se haya erigido, a ltimos del siglo XIX, una
estatua que recuerda la memoria del ilustre Leif. Debe consignarse que
Eben Norton Horsford, uno de los ms decididos propagandistas para que
se levantase un monumento a Leif, dijo a este propsito que no por
ello se amengua en nada la gloria de Coln, que trat de resolver el
problema de la redondez de la tierra, y aadiendo que la misma ciudad
de Boston patrocinar con gusto la idea de levantarle una estatua en
1892.

       [155] Afirmase a la sazn que hubo dos Helluland: el mayor o
       Labrador y el menor o Terranova.

Por lo que se refiere a la antigua _Marklandia_, en el mapa del
cosmgrafo Martn Waldseemller, cerca de la _Illaverde_ (Groenlandia,
segn Storm), aparece una isla pequea casi circular, que supone el
mismo Storm sea la citada Marklandia. Por tanto, al Sur de Groenlandia
se halla Hellulandia, despus Marklandia y en seguida Vinlandia; las
dos ltimas se hallan separadas por el mar.

No contentos historiadores y crticos con las pruebas aducidas para
mostrar las relaciones entre noruegos e irlandeses con americanos,
pretendieron robustecer dicha teora con demostraciones arqueolgicas.
En el estado de Massachusets, condado de Bristol, a la orilla oriental
del Taunton-River, se levanta una roca de color rojo de 4 metros
de base y 1,70 de altura, llamada _Dighton Writing Rock_, en cuya
superficie se distinguen toscas figuras e inscripciones con caracteres
misteriosos. Despus de interpretaciones varias, los anticuarios
daneses Rafn y Magnussen, como tambin Lelewell y Gravier, pretendieron
descubrir caracteres rnicos, llegando a sostener que las figuras
representaban a Thorffinn, a su mujer Gudrid y al nio Snorre, que
haba rasgos de un navo defendindose del viento, un escudo blanco y
marineros luchando con enemigos (skrelings). Gravier lleg a decir que
los trozos escritos decan lo siguiente: 131 hombres han ocupado este
pas con Thorffinn. Al paso que Gaffarel opin que el grabado y los
caracteres eran indescifrables, Horsford declar que la crtica rechaza
dicho testimonio. Lo mismo puede decirse de las ruinas de Newport,
las cuales indican un edificio en forma de rotonda, hecho con piedras
de granito, unidas por argamasa, y que consta de diferentes arcos,
descansando sobre ocho columnas. El edificio de Newport, descubierto en
Rhode-Island, se ha dicho que era de procedencia normanda, sin tener en
cuenta que Benito Arnoldo, uno de los primeros colonos que vinieron,
desde 1638 a 1678, mencion en su testamento dicho edificio con las
siguientes palabras: El molino de piedra _que he construdo_. Por
ltimo, Horsford cree haber hallado vestigios arqueolgicos de los
noruegos en Amrica (en Cambridge, poblacin de Massachusets), los
cuales consistan en restos de dos grandes casas con cinco chozas a
dichas casas unidas; las primeras estaban destinadas al jefe y personas
de su familia, y las segundas a los criados.

Recordaremos, pues, las siguientes palabras de Mr. Vivien de Saint
Martin: Es indudable que desde el siglo XI, cerca de quinientos
aos antes de Coln y de Cabot, los colonos noruegos de Islandia y
de Groenlandia conocieron algunas partes de las costas del NE. de
Amrica[156].

       [156] _Histoire de la Geographie_, pg. 387.

No habremos de terminar este captulo sin trasladar aqu la opinin de
Reclus: Aun en la misma patria de Cristbal Coln y de Amerigo Vespuci
no hay quien ponga en duda que fueron los normandos los descubridores
de la Amrica del Norte[157].

       [157] _Nueva Geografa Universal_, Amrica Boreal, pg. 9.

Dice que a fines del ao 1000 descubri Leif el _Virland_ o Pas del
vino. Sea lo que fuere--aade--los escandinavos fundaron en tierra
firme del Nuevo Mundo colonias regulares en un perodo que, segn la
tradicin, abarca de ciento veinte a ciento treinta aos. Despus de
haber tomado posesin del pas y encendido grandes hogueras, cuyo
resplandor llevara a lo lejos la noticia de su llegada, marcaron con
signos los rboles y las rocas, clavaron sus lanzas en los promontorios
y construyeron cabaas y recintos fortificados. Los _sagas_ hablan
del nacimiento de nios en aquellas colonias y refieren asimismo
combates, en los que sucumbieron guerreros. Entre ruinas de antiguas
construcciones atribudas a los escandinavos, se han encontrado
sepulcros. Los piratas normandos, como los invasores de todas las
naciones de Europa que les sucedieron, asesinaron a los indgenas y
lo hicieron por el slo gusto de verter sangre: la obra de exterminio
comenz a la llegada de los blancos[158].

       [158] Ibidem, pgs. 12 y 13.

Citaremos, por ltimo, el siguiente prrafo del sabio gegrafo: En
vista de los descubrimientos hechos por las gentes del Norte en
aquellas latitudes, los navegantes de la Europa meridional debieron
buscar nuevas tierras hacia las regiones templadas y clidas del otro
lado del mar. Adems, nunca lleg a perderse del todo el recuerdo
de las primeras expediciones, o mejor, confundase este recuerdo
con tradiciones diversas. Lo mismo que los galos y los islandeses,
los rabes relatan la historia de sus hericos navegantes, los ocho
_almagrurim_ o hermanos errantes que salieron del puerto de Lisboa
en el ao 1170, jurando no regresar sin haber desembarcado en las
lejanas islas de Ultramar: otros hermanos o compaeros, los frisones,
que embarcados en Brema, llegaron hasta la Groenlandia; despus, a
fines del siglo XIV, dos venecianos visitaron las mismas tierras,
por ellos llamadas _Engroneland_, y los detalles que dan, as como
ciertas indicaciones hechas en sus cuadernos de navegacin, dejan pocas
dudas acerca de la realidad de este viaje. En fin, un polaco, Juan de
Izkolno, en el ao 1476, fu directamente enviado a la Groenlandia
con el objeto de restablecer las comunicaciones, desde largo tiempo
interrumpidas[159].

       [159] _Nueva Geografa Universal_, Amrica Boreal, pgs. 13 y
       14.

La comunicacin entre Escandinavia y las Indias durante la Edad Media,
y entre Espaa y dichas Indias en los comienzos de la Edad Moderna,
recurdanos las siguientes palabras de D. Juan Fastenrath, literato e
hispanfilo alemn: Dios ha dado Leif a la raza escandinava; pero di
Coln a la raza latina y a la humanidad entera. Apreciemos y admiremos
a los dos, a Leif y a Coln[160].

       [160] _El Centenario_, tomo IV, pg. 391.




CAPTULO IV

  AMRICA MERIDIONAL: TRIBUS DEL OCANO ATLNTICO Y DEL OCANO
  PACFICO.--REGIN AMAZNICA: SU SITUACIN.--LOS TUPES Y
  GUARANES.--LOS OMAGUAS, COCAMAS Y CHIRIGUANOS.--LOS TAPUYAS.--LOS
  PAYAGAES, AGACES, SUBAYAES Y OTRAS TRIBUS.--TRIBUS QUE HABITABAN
  EN EL URUGUAY: CONFEDERACIN URUGUAYA: LOS CHARRAS.--LOS CHANS
  Y OTRAS TRIBUS. LOS ARAWAK.--LOS CARIBES.--TRIBUS DEL ALTO
  ORINOCO Y DEL ALTO AMAZONAS.--TRIBUS DE LAS MESETAS DE BOLIVIA:
  LOS CHIQUITOS.--REGIN PAMPEANA: TRIBUS DEL GRAN CHACO Y DE LAS
  PAMPAS.--LOS ARAUCANOS O MAPUCHES.--TRIBUS PATAGNICAS.--LOS
  CALCHAQUES.


Daremos comienzo a la resea histrica de las diferentes tribus que
poblaron el Nuevo Mundo antes del descubrimiento de Cristbal Coln,
no sin decir antes que slo sern objeto de estudio las que sean ms
interesantes o de ellas tengamos ms noticias. Consideraremos primero
las de la Amrica Meridional, despus las de la Central, y, por ltimo,
las de la Septentrional.

[Ilustracin: La primera representacin grfica conocida de los
Aborgenes americanos (Augsburgo 1497 a 1503)]

Las tribus de la Amrica del Sur--segn los autores--pueden dividirse
en dos grandes grupos: las del _Ocano Atlntico_ y las del _Pacfico_.
El fillogo Brinton distingue en el grupo del Atlntico dos regiones:
la _amaznica_ y la _pampeana_; y en el grupo del Pacfico otras dos:
la _colombiana_ y la _peruana_[161].

       [161] Vase Navarro Lamarca, _Historia general de Amrica_,
       tomo I, pg. 283 y sguientes.

Comprende la regin amaznica los territorios regados por el Amazonas,
el Orinoco y todos sus afluentes, incluyendo los estados de Santa Cruz
y Beni (Bolivia), casi todos los del Brasil, Venezuela y Guayanas;
tambin las grandes y pequeas Antillas. De entre las familias
lingsticas ms conocidas de la regin amaznica, citaremos la
_tup-guaran_, la _tapuya_, la _arawak_ y la _caribe_.

Los tupes, guaranes, carios, etc., que habitaban desde las Guayanas
al Paraguay y desde las mesetas del Brasil a las costas de Bolivia,
hablaban una de las lenguas ms dulces de Amrica. Dicen unos
historiadores que los guaranes eran una especie de los tupes, y otros
sostienen, por el contrario, que los tupes eran una especie de los
guaranes; pero todos se hallan conformes en que tupes y guaranes
constituyen una sola familia. Segn una leyenda, muy corriente en
Amrica, el primer hombre, llamado Tapaicu, naci en el fondo de un
lago, de donde proviene, segn parece, el nombre de Ipacaray, que
quiere decir _hombre de lago_. Tapaicu tuvo dos hijos, que fueron
Tup y Guaran, los cuales, acompaados de sus respectivas familias,
llegaron al Brasil. Otros cronistas sostienen que su primitivo asiento
estuvo en las Antillas y bajaron de Norte a Medioda.

Tupes y guaranes crean en Dios y en el Diablo (_Tup_ y _Aang_). No
tuvieron sacerdotes, sino mdicos y hechiceros. Crean en otra vida,
si bien no admitan la existencia del infierno. Decan que todas las
almas iban al cielo. La tradicin que conservaban respecto al diluvio
era que por consejo del profeta Tamandar algunas familias de tupes
y guaranes se refugiaron en elevadas palmeras cargadas de dtiles,
con cuyo fruto se alimentaron hasta la retirada de las aguas. Tiempo
adelante, una disputa entre las mujeres de Tup y Guaran hizo que
stos interviniesen. Decidieron separarse para cortar la cuestin,
quedando Tup con sus descendientes en el Brasil, y Guaran con su
dilatada familia en el Paraguay. Luego los guaranes se extendieron por
extensas regiones, pues se encuentran en el Uruguay, en las provincias
argentinas de Corrientes y Entrerros, en el Brasil, en las Guayanas y
algo en Bolivia.

Tenan los tupes cabeza cuadrada, rostro lleno y oval, nariz corta
y achatada, ojos pequeos, barba poca y color desde el rojo hasta el
amarillo; eran robustos, de manos y pies pequeos. Distinguanse los
guaranes por su color cetrino, cabello lacio, ojos negros, dientes muy
blancas, buena estatura y facciones finas.

Ni tupes ni guaranes reconocieron gobierno alguno. Pacficos
por naturaleza, no estaban sujetos a fuertes pasiones. Exista la
poligamia, en particular entre la gente rica. Educaban a sus hijos
ensendoles el manejo del arco y otros rudos ejercicios; obligaban
a las mujeres, no slo a ocuparse en los trabajos domsticos, sino
en los agrcolas. Vivan, generalmente, en rancheras de 50 a 100
familias, gobernadas por un cacique, autoridad inferior a la asamblea
de padres de familia. Acostumbraban reunirse al anochecer, y sentados
en el suelo deliberaban sobre los asuntos de la ranchera. Slo en
caso de guerra elegan un caudillo; sus armas eran las flechas y la
macana. Al dios Tup no le construan templos. Los sacerdotes, mdicos
y hechiceros curaban las enfermedades, chupando la parte enferma y
arrojando luego de su boca, segn decan, el germen del mal. Escritura,
geroglficos, quippus, medios objetivos de transmitir los pensamientos,
no los conocan. Apenas tenan vagas noticias de cronologa. Los
ranchos o chozas eran de madera y paja; varios ranchos o chozas
formaban aldeas (_tabas_). Con madera y paja fabricaban sus nicos
muebles. Por lo que a agricultura respecta, cultivaban bastante bien el
maz, la mandioca, el algodn y el tabaco, que fumaban en pipa.

Los _omaguas_ y _cocamas_ trabajaron los metales y ensearon a
los europeos el uso del _caout-chout_, del que hacan vestidos,
zapatos, etc. Las dems tribus de la familia tup-guaran, aunque
completamente brbaras, se distinguieron por sus excelentes trabajos
de alfarera. Por lo que atae a su organizacin social, el jefe
militar (_morubixaba_) tena absoluta autoridad en tiempo de guerra,
hallndose limitada en poca de paz por las disposiciones del Consejo
(_nheemougaba_). Eran antropfagos y polgamos. Construan fuertes
canoas y enterraban sus provisiones en _silos hondos_ o _cuevas_.
Reconocan un poder superior y muchos espritus activos y malignos.
Andaban desnudos, siendo aficionados a los adornos, a las msicas, a
las danzas y muy especialmente a la embriaguez. Los _chiriguanos_ se
distinguan sobre todos por su fiereza y salvajismo.

Habitaban los _tapuyas_ (_enemigos_) desde los 5 a los 20 de latitud
sur, y desde el Ocano Atlntico al ro Xing. Se les llamaba tambin
_Crens_ o _Guerens_ (antiguos), pues se crea que antes de los tupes
fueron ellos dueos de la costa del Atlntico. Los _botocudos_,
tribus de la familia de los tapuyas, acostumbraban a adornar su labio
inferior con _botoques_ o pedazos de piedra o madera. Los tapuyas y sus
tribus eran salvajes, andaban desnudos, habitaban en los bosques y no
practicaron industria alguna. Fueron cazadores habilsimos. De si eran
o no antropfagos bastar decir que vivos todava los prisioneros, les
cortaban pedazos de carne y se la coman. El tipo de los tapuyas estaba
en los _aymors_ (hoy botocudos), y tapuyas eran los _potentues_, los
_guaytacaes_, los _guaramomes_, los _goaregoares_, los _yecarusues_
y los _amanipaques_. Constituan los tapuyas una familia especial y
su lengua era diferente a la de los tupes. Por cama tenan el suelo
cubierto con hojas de rboles, por techumbre, el cielo; por armas, el
arco y la flecha. Atravesaban los ros, ya a nado, ya a pie, por los
sitios donde la profundidad era poca.

Refieren algunos escritores que, en la poca del descubrimiento,
dominaban casi toda la costa del Brasil los tupes o guaranes, los
cuales haban vencido a los tapuyas, apoderndose del territorio. Los
tupes hablaban una misma lengua, al paso que los tapuyas hablaban
lenguas diferentes; los primeros eran menos brbaros que los segundos;
aqullos tenan organizacin social ms perfecta que los ltimos; ambos
eran antropfagos, distinguindose en que entre los tupes era slo
tratndose de prisioneros de guerra, y entre los tapuyas era general.
Si los tapuyas, cuando llegaron los tupes, se dividan en 76 tribus,
los tupes, cuando llegaron los portugueses, formaban 16 naciones, las
cuales conservaban como radical de su nombre el del tronco comn, y as
decan tupi-nambs, tupi-niquinos y tupi-aes.

Muy poco, pues, se sabe de la historia primitiva del Paraguay. No se
han hallado en aquellas regiones vestigios que revelasen la existencia
de muy remotas civilizaciones, como se encontraron en Mxico y Per.
Son, sin embargo, datos curiosos la gruta del cerro de Santo Toms en
Paraguar, y la gran losa de Yarigua, sobre la que se ven geroglficos
y caracteres grabados a cincel y no descifrados todava. Adems de los
tupes y guaranes, existan a orillas del Paraguay los _payagaes_ y
los _agaces_. En la parte Norte del Pilcomayo vivan los _subayaes_,
y en las fronteras del Brasil otras tribus que todava no han sido
clasificadas. De las citadas tribus, unas fueron destruidas por los
conquistadores espaoles, y otras existen an en estado salvaje[162].

       [162] Vase Pereira, _Geografa e Historia del Paraguay_.

Pasamos a considerar las razas que habitaron en el Uruguay. Cuando
Juan Daz de Sols descubri, en 1512, las costas del Uruguay, se
encontr con una raza no aborigen, pues antes haban habitado razas
ms atrasadas, cuyos groseros monumentos denunciaban su prioridad.
Exploraciones verificadas en los territorios de San Luis, departamento
de Rocha, dieron por resultado el hallazgo de construcciones, cuya
altura es de 8 a 10 metros y el dimetro de 15 a 25. La capa
superficial de los pocos montculos excavados hasta ahora, es de
tierra dura y compacta, generalmente cubierta de talas, coronillas
o palmeras, siguindose luego el relleno de tierra negra en polvo,
con interpolaciones de tierra roja quemada, a manera de ladrillos o
adobes. Entre el relleno y la capa exterior hay una zona, que podr
llamarse de esqueletos, de donde se han extrado varios, ntegramente
conservados: estaban en cuclillas y tenan a su alrededor restos
de armas y alimentos, como tambin fragmentos de una cermica muy
primitiva. Mientras esto aconteca hacia el Este, algo anlogo ha
revelado en el Oeste una excavacin accidental. Sobre la costa del ro
Negro, a veinte cuadras[163] del pueblo de Soriano, se extrajo del
montculo denominado _Cerrito_, un esqueleto sepultado boca arriba,
con los brazos en cruz y rodeado de sus armas de combate. El _Cerrito_
estaba cubierto de una capa de tierra plomiza, luego otra de escamas,
al parecer de pescado, y entre esta ltima y el esqueleto extrado,
exista una tercera de conchas marinas. Al contrario de lo que
aconteci en _San Luis_, los fsiles del _Cerrito_ se pulverizaron al
contacto del aire[164].

       [163] Medida itineraria de 100 metros o de 100 o 150 varas,
       segn los pases.

       [164] Francisco Bauz, _Historia de la dominacin espaola en
       el Uruguay_, tomo I, pginas 133 y 134.

Es evidente que anterior a la civilizacin que encontraron los
conquistadores espaoles, hubo otra u otras. Acerca de donde procedan
los primitivos habitantes, es asunto no resuelto todava. Lo que parece
hallarse fuera de duda, pues en ello estn conformes los cronistas,
es que las tribus asentadas en el territorio uruguayo formaban una
confederacin que se extenda desde las riberas del Atlntico hasta
donde se reunen los ros Uruguay y Panam, derramndose por las costas
de ambos ros. No encontraron los espaoles un gobierno central, sino
tribus con sus jefes respectivos que se unan en tiempo de guerra,
separndose en poca de paz. Dichas tribus eran felices y dciles,
siempre que no se quisiera sujetarlas por las amenazas o por la
violencia. Del mismo modo que se di el nombre de Confederacin del
Ro de la Plata a todos los pases baados por el mencionado ro,
as del nombre del ro Uruguay se llam aquella tierra Uruguay.
Trasladbanse las tribus de un punto a otro buscando alimento que les
proporcionaba la caza o los rboles frutales. Hablaban un idioma cuya
matriz era el guaran mezclado con voces extraas; pero un guaran
bastante rudo. Prescindan de locuciones poticas que otros empleaban
en cantares y fiestas, a las cuales ellos nunca se entregaban. Las
armas que usaban eran arrojadizas (dardo y flecha) y de esgrima (chuzo
y maza). La cermica era pobre. Los colores ms usados eran el rojo,
el azul y el amarillo. La casa la constituan cuatro estacas y la
techumbre cueros curtidos. Obtenan el fuego frotando dos maderos.
El hombre andaba generalmente desnudo, y la mujer se cubra desde la
cintura a las rodillas. No adoraban dolos ni ofrecan sacrificios
humanos. Fabricaban manteca con la grasa del pescado, y hacan licores
fermentando con agua la miel de las abejas silvestres. El gobierno se
remontaba al sistema patriarcal. Los jefes de las familias constituan
la asamblea de la tribu.

La tierra era frtil, las aguas abundantes y el arbolado escaso,
pues slo se encontraban algunas especies de frutales, tintreas y
maderables. No se conocan caballos, ni vacas, ni otra clase de
ganado. La caza estaba reducida al avestrz, al venado y al apere,
como tambin a la perdiz, al pavo del monte, a la nutria, al carpincho,
al zorro, al lagarto y a la mulita. Haba carniceros, como el tigre y
el puma, y reptiles venenosos, como varias clases de vboras. Los ros
y arroyos tenan abundancia de peces y de moluscos.

La tribu ms importante que habit el pas fu la _charra_, cuyo
asiento principal estaba en el litoral que baan el Ocano, el Plata
y el Uruguay, extendindose de all hacia el interior del pas. Eran
los charras altos, bien conformados los cuerpos, cabello negro, color
moreno tirando a rojo, negros y brillantes los ojos, blancos y fuertes
los dientes. De voz dbil y parcos en palabras, slo daban grandes
voces cuando entraban en batalla. Tenan vista y odo excelentes.
Sufran el hambre y la sed; eran giles, astutos y emprendedores.
Gustbanles los lances caballerescos. Guerrear y cazar, a esto se
hallaba reducida la vida del charra. Era feliz en esa vida libre,
independiente, sin relaciones y sin oposicin alguna. Habitaban bajo
toldos, los que mudaban a las costas en invierno, a los montes y
frescos valles en verano. No cultivaban la tierra, ni labraban el
barro, ni tejan, ni hilaban. Tampoco navegaban. Eran tan graves y
taciturnos que no conocan el baile, ni el canto, ni ninguna clase de
juegos. Ni en la guerra tenan jefes, ni en la paz obedecan a gobierno
alguno. La condicin de las mujeres era la misma en todos los pueblos
brbaros. Criaban los hijos, cuidaban al marido, guisaban, armaban
y desarmaban los toldos, servan de bestias de carga. Los charras
tal vez no profesaban religin determinada, aunque es indudable que
no conocan ni dolos ni templos. Crean en la vida futura, segn
ciertos ritos que observaban en los entierros. Enterraban a los
muertos con sus armas y con los objetos que ms usaban en su vida. No
fueron antropfagos, antes por el contrario, se distinguan por su
hospitalidad. Si algunos escritores dicen que existi la antropofagia,
no estn en lo cierto.

Los hombres traan el cabello atado y las mujeres suelto,
distinguindose tambin los primeros en que llevaban el labio inferior
atravesado de parte a parte. En seal de duelo las esposas, hijas o
hermanas del difunto se cortaban una articulacin de algunos de los
dedos; empleaban, adems, ayunos y mortificaciones. La poligamia era
permitida, aunque no tan extendida como en otros pueblos, y por lo
que respecta a los divorcios eran raros si los matrimonios tenan
hijos. Castigaban el adulterio descargando algunas bofetadas sobre los
cmplices.

Aunque no tan extendido en el pas como en la tribu de los charras,
no careca de prestigio la de los _chans_, que resida en las
islas del _Vizcano_, sobre el ro _Hum_ (negro); gozaban de menos
consideracin la de los _yaros_, hacia San Salvador, sobre las orillas
del Uruguay, la de los _bohanes_ y la de los _chayos_. La tribu
_guenoa_, que no sabemos si era la misma de los charras, apareci
la ltima en el territorio uruguayo. Bien ser hacer presente que
los indgenas brasileos, cuyo idioma era tambin el _guaran_, se
distinguan por su fiereza, hipocresa, falsedad, y lo que era peor,
por su aficin a comer carne humana. Puede del mismo modo afirmarse
que el indgena del Uruguay, cuando los espaoles llegaron al pas,
estaba en la poca que la geologa denomina _neoltica_ o _de la piedra
pulimentada_. Todos los datos concurren, escribe Bauz, a confirmar
esta aseveracin; las armas de que se servan, los utensilios con que
las trabajaban, los talleres donde esos trabajos se llevaban a cabo,
son indicios seguros de que haban entrado ya al segundo perodo de
la Edad de piedra, en la cual los rudimentos de una industria menos
grosera, comenz a abrir horizontes ms vastos al espritu humano.
Sin embargo, sea por el aumento de las necesidades, sea por el hecho
fatal de que la civilizacin se cimenta con sangre, la poca en que
entraban los indgenas era la verdadera poca de la guerra universal.
As la han designado con mucha propiedad algunos maestros de la ciencia
geolgica[165].

       [165] Ob. cit., tomo I, pgs. 185 y 186.

Los _arawak_ o _maipures_ que ocupaban el alto Paraguay y las mesetas
de Bolivia, llegando hasta las grandes y pequeas Antillas y tambin
las Lucayas o de Bahama, fueron--segn opinan algunos cronistas--los
primeros aborgenes americanos conocidos por los espaoles. Las
palabras indias que oyeron Coln y sus compaeros en Hait, Cuba,
etctera, pertenecan a la familia lingstica de los arawak. Eran
ms cultos los arawak que los tupes y tapuyas; saban labrar el
oro, tallaban dolos y construan canoas; hacan finos paos de
algodn y pulimentaban sus armas de piedra; cultivaban el maz, la
mandioca y el tabaco. Algunas tribus habitaban en casas de regular
construccin, provistas de hamacas, esteras y objetos de alfarera;
tenan ritos religiosos definidos y destinaban para cementerio sitio
determinado. Las tribus _antis_ o _campas_ (ros Ucayali, Pachitea,
etc.) domesticaban monos, cotorras y otros animales, y los _guanas_
(alto Paraguay) eran inteligentes y pacficos; haba otras tribus menos
importantes.

Por ltimo, los _caribes_ o _karinas_, tal vez de la familia
tupi-guaran, pasaron desde las Guayanas a las Antillas y Lucayas,
siendo de notar que en la poca del descubrimiento de Coln se
hablaban los dialectos de aquellas gentes en las citadas islas y
en el continente, desde la boca del ro Esequibo hasta el golfo de
Maracaibo. Tenan los caribes alguna cultura, pues supieron tejer
hamacas de algodn o pita, fabricaron objetos de alfarera, cultivaron
la tierra e hicieron grandes y marineras canoas. Respetaban a sus magos
(_piayes_) y _fetiches_. Alimentbanse de la caza; tambin del pescado,
de los pltanos y del cazabe. Acostumbraban a pintarse el cuerpo y se
horadaban las orejas y ternillas de la nariz. Distinguan los meses por
las lunas, y eran muy aficionados a la msica y al canto.

[Ilustracin: Caribe (Guayanas).]

Los caribes slo consideraban hombres a los de su raza, y crean que
todos los dems deban ser reducidos a la servidumbre. Decan con
arrogancia: slo nosotros somos gente (_Ana carin rote_) y todas las
dems gentes son nuestros esclavos (_Amucon papororo itoto nant_).
En cambio, los dems pueblos odiaban a los caribes. All en lejanos
tiempos--tales son las palabras de los salivas--infestaba las regiones
del Orinoco horrible serpiente que todo lo destrua: hombres y cosas.
Baj del cielo para matarla el hijo de Puru, y muerta la dej sobre la
tierra. Grande fu el regocijo de todos los pueblos, regocijo que se
convirti pronto en duelo. Pudrise la serpiente, y de cada gusano que
en ella se form salieron una hembra y un varn caribes. Los achaguas
afirmaban que los caribes eran hijos de los tigres, y les llamaban por
esta razn _chavinavies_. Lo mismo despus que antes de la conquista,
los caribes mostraron siempre feroces instintos. A la crueldad,
aadan la doblez y la perfidia. Sentan las mujeres todas--escribe
Pi y Margall--que se les cayeran los pechos, y para evitarlo eran con
harta frecuencia madres sin entraas. De ah que provocaran, como las
de otros tantos pueblos, el aborto y sepultaran recin nacidos a sus
propios hijos, sobre todo si eran gemelos. Livianas, queran y buscaban
el placer: vanidosas, teman los efectos que produce, y almas sin
moralidad, ahogaban los ms dulces sentimientos de la naturaleza[166].
Acerca de las bronchas de oro usadas por las hijas de los caciques para
levantar sus pechos, escribe Gonzalo Fernndez de Oviedo, captulo X
del sumario de la _Natural Historia de las Indias_ lo siguiente: Las
mujeres principales a quienes se va cayendo las tetas, las levantan con
una barra de oro, de palmo y medio de luengo, y bien labrada. Pesan
algunas (las barras) ms de doscientos castellanos. Estn horadadas
en los cabos y por all atados sendos cordones de algodn. El un cabo
va sobre el hombro y el otro debajo del sobaco, donde lo audan en
ambas partes. Por su parte los caciques solan viajar tendidos en
hamacas que llevaban en hombros los esclavos o criados. La mujer,
como inferior al hombre, segn ellos, cuidaba del hogar, labraba los
campos y recoga las cosechas. Iba a la guerra para rematar a los
enemigos. En suma, los caribes eran valerosos, intrpidos, navegantes,
invasores, vengativos, crueles, amigos de su libertad y antropfagos.
Supone Washington Irving que no eran tan antropfagos como se les crea
y Humboldt dice que fueron quiz los menos antropfagos del Nuevo
Continente.

       [166] _Hist. general de Amrica_, tomo y volumen I. pg. 697.

Entre las tribus del Alto Orinoco y del Alto Amazonas citaremos
los _guahibos_ (de Casanare), los _otomacos_ (del ro Meta) y los
_cashibos_ (del Aguaita). Eran nmadas los _guahibos_; andaban de
una parte a otra, no parando en parte alguna ms de dos noches. Aqu
cazaban, all pescaban, en tanto que sus mujeres cavaban la tierra y
desenterraban races que les servan de alimento. Lo mismo cazaban y
devoraban a los tigres que a los venados. La guerra era para ellos la
ocupacin principal. Los _otomacos_ era tribu numerosa y de no poca
importancia. Antes de rayar el alba conmovan el aire con tristes
alaridos. Se baaban en seguida en el ro o en el arroyo ms prximo.
A la salida del Sol acudan a las puertas de su respectivo jefe, el
cual, segn la poca, les mandaba cazar jabales, coger tortugas o
pescar en canoa, como tambin desbrozar los campos o sembrarlos o segar
la cosecha. Como no todos los otomacos haban de estar diariamente
sujetos al trabajo, los ociosos iban al trinquete a jugar a la pelota.
Tanto los jugadores como los espectadores se dividan en dos bandos.
La destreza de los primeros era grande. Tambin las mujeres tomaban
parte en el mencionado juego[167]. Slo hacan una comida y sta al
ponerse el sol; algunos se permitan durante las veinticuatro horas
comer algunas frutas y tambin algn puado de arcilla, que digeran,
segn algunos autores, gracias a la mucha grasa de tortuga o caimn que
tomaban, ya sola, ya con maz y yuca. Despus de la comida comenzaba
el baile, que duraba hasta media noche. Los varones, cogidos de las
manos, formaban un corro; otro las mujeres alrededor de los hombres;
y un tercero de los pequeos alrededor de las mujeres. El maestro o
director de la fiesta daba el tono, comenzando a la vez el canto y la
danza. Apenas dorman. Los vigorosos otomacos rechazaron siempre a los
caribes, con los cuales pelearon a menudo cuerpo a cuerpo. Cuenta--se
decan a s mismos--que si no eres valiente, comerte han los caribes.
Eran mongamos. De ordinario, los mancebos se casaban con las viudas y
los viudos con las doncellas. Entregbanse a la embriaguez, como las
dems tribus brbaras. Hicieron notables adelantos en la agricultura
y en la pesca. Ya se ha dicho que eran alfareros, aadiendo ahora que
slo tenan esta industria y la fabricacin de armas. Exista el
comercio, pues cambiaban sus artefactos con los de los pueblos vecinos.
Respecto a los _cashibos_, menos conocidos que los otomacos y guahibos,
tenemos pocas noticias. Sin embargo, puede afirmarse que eran ms
brbaros que los anteriores.

       [167] De este asunto nos ocuparemos con ms extensin en el
       captulo XV.

Pasando a estudiar las tribus de las mesetas de Bolivia, se presentan
a nuestra consideracin y estudio los _chiquitos_, incluyendo en ellos
sus afines. El territorio donde habitaban estas tribus confinaba al
Norte con las tierras de Matto Grosso y las orillas del Itnes, al
Este por el Paraguay, al Sur por el Gran Chaco y al Oeste por las
orillas del Ro Grande y las del Parapiti. El gobierno y subdelegacin
de chiquitos ocupa un espacioso terreno de doscientas leguas de
largo Norte Sur a la parte oriental de la provincia de Santa Cruz,
limitndose por el Oriente con el ro Paraguay que lo divide de la
provincia de este nombre, y al Oeste por el Guapay o Grande que le
separa del de Santa Cruz. Los pueblos que ocupan este extenso pas se
llaman de chiquitos, porque cuando la primera vez se llegaron a l los
espaoles observaron que las puertas de las chozas de los indios eran
muy bajas, y no viendo a los naturales que se haban hudo y escondido
en los bosques, los creyeron de reducida estatura y le dieron el
predicho nombre que conservan hasta el da...[168]. A la llegada de
los espaoles, ya no eran nmadas los chiquitos. Vivan a la sombra
del bosque o en la falda de la sierra donde habitaron sus antepasados.
Eran poco aficionados a la guerra; pero, si la hacan, se portaban
valerosamente. Por naturaleza eran dciles, joviales, amigos de fiestas
y banquetes. Nada encontraban tan grato como beber su vino de maz
con varios convidados. A sus huspedes guardaban las atenciones ms
delicadas. No eran rencorosos ni vengativos. Dicen algunos cronistas
que los chiquitos no profesaban religin alguna; crean, sin embargo,
en la otra vida. Cada tribu reconoca un caudillo, elegido generalmente
por los ancianos. Gustaban varones y hembras de las galas, adornndose
con esmeraldas y rubes el cuello y piernas, con plumas la cabeza y la
cintura. Aborrecan a las hechiceras y crean en los sortilegios. Del
canto del ave, del aullido de la fiera, del ruido del viento, de la
espuma de los torrentes, etc., inferan los sucesos futuros. No crean
en Dios, aunque es posible que creyesen en el Diablo. Slo tenan una
mujer, exceptuando los caciques que reunan hasta tres: tener ms de
tres, era cosa rara. No descuidaban la agricultura y cuando recogan la
cosecha del maz, marchaban a los bosques donde pasaban meses enteros
dedicados a la caza. Asegura D'Orbigny que la lengua de los chiquitos
era de las ms perfectas y ricas de Amrica. Tambin en la provincia
boliviana de chiquitos vivan los _etilinas_.

       [168] _Arch. de la Direc. de Navegacin y pesca martima,
       Per, Chile y Buenos Aires_, tomo V, b 4.

Pasamos a estudiar la regin _pampeana_, cuyos lmites son al Este el
Ocano Atlntico y al Oeste la cordillera de los Andes. Comprende los
territorios del _Gran Chaco_, las Pampas, desde el ro Salado al ro
Negro, los desiertos de Patagonia y las soledades antrticas[169].

       [169] Del Gran Chaco nos ocuparemos detenidamente en el tomo
       III.

Dse el nombre de _Gran Chaco_, a la regin que se extiende del ro
Salado hacia el Norte, hasta los 18, prximamente, de latitud Sur;
confina al Este con los ros Paraguay y Panam, y al Oeste por la
cordillera de los Andes. El Gran Chaco es un pas de grandes llanuras y
espesos bosques, regado por tres grandes ros (el Pilcomayo, el Salado
y el Vermejo), que lo dividen de Noroeste a Suroeste, en tres fajas
casi paralelas (Chaco Boreal, Central y Austral). Lo dulce de su clima,
la fertilidad de su suelo, la abundancia de caza de sus selvas y la
sabrosa pesca de sus ros y lagos, hicieron agradable la vida de las
numerosas tribus indgenas que lo poblaron. Los _matacos_, situados
en las riberas del Vermejo, eran algo flojos, salvajes y refractarios
a toda civilizacin. Hoy, reducidos a corto nmero, prefieren la vida
nmada a la sedentaria. Los _lules_, que habitaban en las mrgenes del
Salado y el Tabiriri, se encerraron en sus bosques cuando llegaron los
misioneros. A la numerosa familia de los _guaycurus_, pertenecan,
entre otras tribus, los _abipones_, los _tobas_, los _vilelas_ y
los _querandes_. Prescindiendo de los _payagus_ (ro Paraguay),
tribus marineras, los indgenas del Chaco fueron excelentes ginetes.
Habindose propagado seguidamente el caballo en Amrica, ellos,
caballeros en briosos corceles y armados con sus lanzas, se defendieron
un da y otro da del europeo. No salieron del estado de salvajes los
indios del _Gran Chaco_. Eran fetichistas y obedecan ciegamente a sus
magos y hechiceros.

Hacia los 35 de latitud y al Sur del Gran Chaco, comienza la regin
llamada de las _pampas_. Encantan aquellas llanuras tan extensas,
aquella riqueza de pastos y aquellos sitios tan pintorescos. Slo la
familia lingstica _auca_ o _aucaniana_ encontramos en las pampas. A
dicha familia pertenecan los _pampas_, propiamente tales (_guarpes_,
_moluches_, etctera) de la Repblica Argentina, y tambin los
_araucanos_ o _mapuches_ del Sur de Chile. Refractarios los pampas a
toda cultura, ladrones y borrachos, servales el caballo ya para ir
de una parte a otra, ya como elemento de guerra. Prestaban obediencia
a sus caciques, a sus hechiceros y brujos; de todas las tribus de
los pampas nicamente los _moluches_ o manzaneros (ro Limay, etc.),
fueron sedentarios y agricultores. Conservaron su independencia y
ferocidad los pampas hasta ltimos del siglo XIX. Las ltimas huestes
salvajes..., acosadas en sus propios aduares..., hanse visto obligadas
a clavar en tierra la tradicional lanza y presentarse sumisos al
gobierno, deca el General Winter (9 Febrero 1885), al comunicar al
gobierno argentino la sumisin del famoso cacique Saihueque.

Los _indomables araucanos_, como los llam Ercilla, ocupaban en la
centuria XVI la comarca llamada al presente _Araucania_ (Chile),
situada entre los Andes y el Ocano. Los araucanos del Norte de
Maule--escribe Reclus--se llamaban _picun-chen_; los del Centro eran
los _pehuenche_ o gente de la tierra de los _pehuen_, es decir, de
las araucarias, aventajados a los dems en nmero, y antepasados de
los araucanos de hoy; los _huilli-che_ moraban al Sur, ocupando el
resto de la parte continental de Chile; los _puel-che_ (de allende
las montaas). Tambin en Chile haba araucanos, a los que llamaban
_cunchos_ y _payos_, nombre que sus descendientes, despus de
mezclada la raza con la de los espaoles, han cambiado por el de
_chilotas_[170]. Otras tribus situadas en el citado territorio de la
Repblica no tuvieron la importancia de la de los araucanos. El tipo
araucano, dice un escritor moderno, es el siguiente: estatura mediana y
miembros bien proporcionados; cabeza abultada; cara redonda con frente
estrecha y ojos pequeos, comnmente negros; nariz corta y achatada;
boca grande con labios gruesos y dientes blancos; barba rala y escasa;
pmulos pronunciados y orejas regulares; y completando el conjunto, un
aire grave, sombro y a veces desconfiado; pero que impone respeto. Su
color ha variado del mulato al blanco; pero ordinariamente es cobrizo.
Suave, armoniosa y flexible la lengua araucana, se habla al presente
por cerca de 100.000 individuos de raza indgena pura, que habitan en
Arauco. Adquirieron los _mapuches_ o araucanos fama inmortal por sus
luchas con los conquistadores incsicos (Huayna Capac, Tupac-Yupanqui,
etc.), y despus por sus picas hazaas con los espaoles. Vivan los
mapuches cerca de la orilla de los ros y arroyos, en chozas (_rucas_)
de madera o paja, formando aldeas (_lov_). Cultivaban las mujeres la
tierra, y de ella cogan, entre otras cosas, maz y patatas, fabricaban
ollas, hacan cestos y tejan mantas, en tanto que sus maridos, hijos y
hermanos cazaban, pescaban o se preparaban para la guerra. Lo mismo en
la paz que en la guerra tenan los araucanos sus jefes, cuya autoridad
estaba limitada por el Consejo. Adems, eran consultados con harta
frecuencia los brujos y los curanderos. Crean un deber religioso
sacrificar hombres y animales a los manes u a otros espritus. Tenan
mucha aficin a toda clase de fiestas y de juegos, como tambin se
hallaban dominados por la embriaguez y otros repugnantes vicios.

       [170] Nueva Geografa Universal, tomo III. _Amrica del Sur_,
       pgs. 688 y 689.

En lo militar haban hecho sus mayores adelantos. Maravilla lo bien
que escogan el sitio para sus combates, la facilidad con que abran
fosos, levantaban muros y trincheras. Estaban sujetos a rigurosa
disciplina y rivalizaban en bravura porque slo a fuerza de valor se
ganaban los altos puestos. Marchaban al son de atabales y trompetas,
llevando delante exploradores y detrs sus mujeres e hijos. Aunque los
araucanos hacan la guerra con crueldad, no sacrificaban al prisionero,
contentndose slo con reducirlo a cautiverio y canjendole despus.
Desde nios se acostumbraban a la vida de los campamentos, teniendo
a gala arrostrar las privaciones y las fatigas. Luchaban por ser los
primeros en llegar a la cima de escarpado monte o en bajar hasta el
fondo de pedregoso valle. Procuraban, pues, no slo ser sufridos, sino
giles. A la guerra iban al son de atabales y trompetas; llevaban
banderas en las que se vea una estrella.

En religin, Ercilla supone que eran ateos; lo cierto es que no
rendan a Dios culto alguno. No se encontraron en el pas ni templos
ni dolos; jams se les vi hacer sacrificios al Creador del Universo.
Representaban al diablo, a quien daban diversas formas y nombres:
llamaban _Pillan_ al autor del rayo; _Epuhamun_, al espritu del mal
que consultaban antes de dar una batalla; _Huecuvu_ estaba considerado
como la causa de las enfermedades y la muerte, e _Ivunche_ era un
orculo, por cuya boca hablaba el mismo diablo. Aun para el diablo
las ofrendas eran pocas y sin importancia. Crean en la inmortalidad
del alma y hablaban de un diluvio universal. Estaban atrasadsimos
en las ciencias, letras, artes e industria. Orgullosos, consideraban
inferiores a los dems hombres; ni aun reconocieron superioridad en los
europeos, a los cuales combatieron hasta conseguir su independencia.

En las costas patagnicas del Ocano Pacfico vivan las tribus de
los _chonos_ o _concones_, enemigos mortales de sus vecinos los
_huiliches_, y en las inmediaciones del Estrecho de Magallanes
estaban los _patagones_, _chonek_ o _inaken_ (hombres) clebres por
su alta estatura (1,73 metros a 1,83). Se alimentaban principalmente
de mariscos y de la grasa que sacaban de los lobos marinos y de las
toninas. Fabricaban canoas. Andaban desnudos o cubiertos con pieles no
curtidas. Respetaban a sus magos. Tenan una lengua spera. Preferan
perder la vida a vivir en la servidumbre. En esto se parecan a los
araucanos, de quienes slo les separaban los Andes. Como todos los
pueblos salvajes, tenan verdadera pasin por la guerra. Ms crueles
que los araucanos, no dejaban con vida a sus prisioneros. Cuando no se
ocupaban de la guerra se dedicaban a la caza. Llama la atencin que
si bien el patagn posea dilatadas costas, no saba construir ni una
canoa ni una balsa.

Haremos del mismo modo notar que el patagn era poco dado a la
embriaguez, hecho verdaderamente singular, pues apenas haba pueblo
brbaro que no hubiese encontrado en el fruto o en las races de algn
rbol medio de procurarse bebidas ms o menos alcohlicas.

Crean los patagones en una divinidad, origen a la vez del bien y del
mal. No rendan a esa divinidad culto alguno. Como los araucanos,
carecan de templos y de dolos. Eran supersticiosos y sacaban ageros
del ave que cruzaba el espacio, del agua que corra, del viento que
soplaba y del humo que sala por el techo de su toldo. Por lo que
atae a su cultura, los patagones se hallaban ms atrasados que los
araucanos. Todas las tribus que habitaban en las inhospitalarias costas
de la Tierra del Fuego tenan los mismos caracteres y costumbres que
los patagones.

Terminaremos este captulo dando a conocer la civilizacin _calchaqui_,
anterior a la incsica y propia de la Argentina. Vivan los calchaques
en los territorios actuales de Catamarca, Tucumn y Salta. Supieron
tejer finas telas y fabricaban bonitas cermicas. Construyeron murallas
de piedra e hicieron casas cmodas y bien acondicionadas. Adornbanse
con plumas de diferentes colores. Casi nada sabemos del estado social
de las tribus calchaques. Por ltimo, aceptaron a mediados de centuria
XV la dominacin incsica, resistiendo despus valerosamente a los
espaoles hasta que trasladados los ltimos restos de las mencionadas
tribus al actual _Quilmes_ (1670), all se extinguieron poco a poco.




CAPTULO V

  AMRICA MERIDIONAL (_Continuacin_).--REGIN COLOMBIANA: TRIBUS
  DEL ISTMO: LOS CUNAS Y OTRAS.--TRIBUS CHIBCHAS O MUISCAS: REYES
  DE TUNJA Y DE BOGOT: CONSIDERACIONES SOBRE LOS CHIBCHAS.--TRIBUS
  DE LA PROVINCIA DE CHIRIQUI.--LOS PANCHES Y OTRAS TRIBUS.--REGIN
  PERUANA: TRIBUS PRINCIPALES.--EL PER ANTES DEL IMPERIO DE
  LOS INCAS: OBSCURIDAD DE ESTOS TIEMPOS.--LOS INCAS SON
  INDGENAS?--MANCO CAPAC Y MAMA OCLLO.--MANCO CAPAC ES PROCLAMADO
  INCA: SU POLTICA.--ZINCHI LLOCA: SU GOBIERNO.--LLOCE YUPANQUI: SU
  CARCTER MILITAR.--MAYTA CAPAC: SU PASIN POR LA GUERRA.--CAPAC
  YUPANQUI: SUS CONQUISTAS.--INCA YOCCA: SUS VICTORIAS.--YAHUAR
  HUACAC: SU COBARDA.--HUIRACOCHA: SUS TRIUNFOS.--URCO: SU
  DESTRONAMIENTO.--TITU-MANCO-CAPAC: SU CULTURA.--YUPANQUI:
  SUS GUERRAS: CONCILIO EN EL CUZCO.--TUPAC YUPANQUI: SU PODER
  MILITAR.--HUAYNA CAPAC: SU CRUELDAD.--HUASCAR Y ATAHUALPA:
  GUERRA CIVIL.--EL INCA.--LOS INCAS, CURACAS Y AMANTAS.--LOS
  VIRREYES.--LOS GOBERNADORES.--EL EJRCITO.--LA RELIGIN.--LA
  CULTURA.--LA POESA.--LAS COMEDIAS Y TRAGEDIAS.--LA MSICA Y EL
  BAILE.--LA LENGUA.--LA INDUSTRIA.--VAS DE COMUNICACIN: CAMINOS Y
  CORREOS.--PUENTES.--ACUEDUCTOS.--LAS COLONIAS.--COLONIAS MILITARES.


Las tribus de la Amrica del Sur (seccin del Pacfico) forman dos
regiones, como se dijo en el captulo IV de este tomo, que son la
_Colombiana_ y la _Peruana_. Dividiremos la Colombiana en tres grupos
geogrficos: 1., Tribus _del Istmo y costas adyacentes_; 2., Tribus
_Chibchas_; 3., Tribus _Sud-Colombianas y Ecuatorianas_. Entre el mar
de las Antillas y el Ocano Pacfico se hallaban establecidas en la
poca del descubrimiento varias tribus ms o menos importantes, las
cuales tenan lenguas que pertenecan a diversas familias. Citaremos
como las principales tribus, la de los _cunas_ (del Panam), la de
los _dorasques_ (inmediaciones del Chiriqui), la de los _onotos_ o
_seores de la laguna_, y la de los _merigotes_ o _timotes_ (distritos
de Mrida y del lago Valencia). Todas las citadas tribus--segn los
objetos encontrados en las tumbas de sus individuos--no salieron de la
barbarie.

Extendanse los _chibchas_, _muiscas_ o _muicas_ desde el istmo de
Panam hasta Costa Rica y Colombia, y tanto la lengua chibcha como sus
dialectos, se hablaban durante la centuria XVI en el reino de Nueva
Granada (hoy Colombia). Se halla Colombia entre el Atlntico al Norte
y el Pacfico al Este, siendo muy corta la distancia que separa a
los dos mares por algunos sitios. Exista all desptica y electiva
monarqua: el _zipa_ (Rey) y los _azaques_ (nobles) gozaban de grandes
privilegios. Considerbase como sagrada la persona del Rey, el cual
viva en suntuosos palacios, lo mismo que los soberanos de Mxico y del
Per.

Haba dos Reyes, que residan, uno en Tunja, y el otro en Bogot.
Desconocemos los comienzos del reino de Tunja; sabemos, s, que se
form posteriormente el reino de Bogot. Por mucho tiempo, ya en paz,
ya en guerra, los monarcas de Bogot debieron estar bajo el poder de
los de Tunja. Cundo se separaron y lograron su independencia? No lo
sabemos. En lo espiritual diriga a los Reyes de Tunja y de Bogot el
gran pontfice de Iraca o Sogundomuxo, que habitaba cerca de Suamoz
(hoy Sogamoso), cuyo templo fu, tiempo adelante, incendiado por los
espaoles.

Acerca del origen de ambos poderes, el de los reyes, a quienes
heredaban, no sus hijos, sino los hijos de sus hermanas, y el del
Pontificado de Sogamoso, que era electivo, veamos lo que refiere la
tradicin. All en apartados siglos--se deca--cuando no alumbraba
an la Luna la tierra, vino a estas regiones un extranjero llamado por
unos _Bochica_, por otros _Zuh_ y por algunos _Nemquetheba_. Llevaba
prendido el cabello, la barba hasta la cintura, los pies descalzos y el
cuerpo cubierto por un manto que por las puntas anudaba en el hombro.
Predicaba la virtud y condenaba el vicio, enseaba la agricultura y las
artes, predeca los buenos y los malos tiempos y era el orculo de la
comarca. Lleg tambin por aquel tiempo una mujer de singular hermosura
que, unos llamaban _Huythaca_, otros _Chia_ y algunos _Yubecayguaya_.
Enseaba doctrinas opuestas a las de Bochica, halagaba los instintos
sensuales y llevaba tras s las gentes; era mgica y de perversas
intenciones. Un da hizo crecer el ro Funzha hasta hacerlo salir
de madre, e inund la llanura de Bogot, obligando a los habitantes
a recogerse en las cumbres de los vecinos montes. Afortunadamente,
Bochica acudi a remediar el dao. Fu a Bogot, golpe con su bculo
en una de las montaas del Medioda, abri paso a las aguas dando
nacimiento al salto de Tequendama y dej seco el valle. No pudiendo
sufrir por ms tiempo las maldades de Huythaca, la transform en Luna y
la envi al cielo a que fuese mujer del Sol y alumbrase de noche.

Bochica entonces arraig en los muiscas sus ideas religiosas: la
existencia de un Ser Supremo, la inmortalidad del alma, el juicio final
y la resurreccin de la carne. Concluda su predicacin, se retir a
_Iraca_, hoy Sogamoso, viviendo dos mil aos. A su muerte fund el
pontificado, instituyendo tambin al seor de la tierra y fijando la
manera de elegir a sus sucesores.

Andando el tiempo, un sucesor de Bochica quiso poner fin a las
continuas guerras que se hacan los caciques. Los reuni a todos, les
hizo ver las ventajas de la paz y los indujo a nombrar un Rey a quien
todos obedeciesen. Recay la eleccin en _Hunzaha_, a quien dieron
desde luego el ttulo de _Zaque_; y de aqu el origen del reino de
Tunja, que abraz toda Cundinimarca. Bochica y Huythaca son, pues, la
personificacin del bien y del mal, de la virtud y del vicio, de Dios y
del Demonio. Son, adems, signos cosmognicos: l es el representante
del Sol, el da, el calor que seca la inundada tierra; y ella es la
representacin de la Luna, la noche, la que cubri la meseta de Bogot
con las aguas del Funzha.

A Hunzaha, que vivi muchos aos, no sabemos quin sucedi, pues a
_Fomagata_ o _Thomagata_ se le considera muy posterior. Dcese que era
casi tan santo como Bochica. Sucedi a Fomagata su hermano _Tuzuhua_, y
se guarda silencio sobre los dems reyes de Tunja hasta Michua.

Respecto a los Reyes de Bogot, si damos crdito a las tradiciones,
el primero fu Saguanmachica, que no subi al trono hasta el 1470,
veintids aos antes de la llegada de los espaoles. Saguanmachica
tuvo mucho poder. Venci a todos los caciques vecinos, atrevindose
luego a arrostrar las iras de Michua, Rey de Tunja. Cierto es, que los
de Bogot llegaron a tener ms fuerza que los de Tunja; pero a los
ltimos favoreca lo spero del terreno, la antigedad de su origen
y el apoyo del gran sacerdote de Sogamoso. Llegaron a las manos en
Chocont, siendo encarnizada la pelea, hasta el punto que los dos Reyes
perecieron despus de derramar mucha sangre.

_Quimuinchatecha_ sucedi a Michua y _Nemequene_ a Saguanmachica.
Aunque la victoria haba sido de Saguanmachica, su sobrino Nemequene,
valeroso como ninguno, pele con los caciques vecinos y tambin con
los lejanos, apoderndose de muchas tierras. El pontfice de Sogamoso,
que se llamaba _Nompanim_, ms por miedo que por cario, asisti a
Quimuinchatecha con 12.000 hombres. Quimuinchatecha reuni en Tunja
con la ayuda de Nompanim unos 60.000 hombres. En lo que hoy se llama
_Arroyo de las vueltas_, se di la terrible batalla. Cuando los
bogotaes iban a cantar victoria, cay Nemequene mortalmente herido,
cambindose al punto la faz de las cosas. Quimuinchatecha, noticioso de
lo ocurrido, se dirigi con gran mpetu sobre sus contrarios, logrando
sealado triunfo. _Thysquesuzha_, sobrino y heredero de Nemequene,
queriendo vengar la derrota anterior de los bogotaes, al frente de
70.000 hombres march contra Tunja, donde Quimuinchatecha se dispuso
a resistirle. El pontfice de Sogamoso, neutral a la sazn, predic
la paz, que se hizo, mediante una buena cantidad de oro que el Rey de
Tunja entreg al de Bogot. En esas treguas hallaron los espaoles
a los muiscas. Los Reyes de Bogot y Tunja no tuvieron fuerzas para
resistir a los conquistadores extranjeros.

Entre los muiscas las leyes penales eran muy severas, y las civiles
apenas las conocemos. Sabemos que el matrimonio era una especie de
compra de la mujer por el marido. Cuidaban mucho de los enfermos y
respetaban exageradamente a los muertos, cuyas cenizas, si eran de
capitanes valientes, las llevaban a la guerra para animarse con su
vista y conseguir la victoria. Por lo dems, no se distinguan por su
arrojo y valenta.

Para obtener del Cielo algn beneficio, o el fin de alguna calamidad,
celebraban grandes y suntuosas procesiones. En ellas--segn las
crnicas--y como es natural, figuraba en primera lnea el sacerdocio.
Los sacerdotes permanecan clibes, y de su castidad y prudencia
se hacen lenguas los cronistas. Los sacrificios humanos no eran
tan frecuentes como en Mxico y en otros puntos. En honor de sus
dioses principales, que eran el Sol y la Luna, quemaban substancias
aromticas. Veneraban a Bochica como hijo del Sol. Consideraban a los
dolos que adoraban en sus santuarios como intercesores de los citados
brillantes astros. Las almas cuando salan de los cuerpos iban a
lejanas tierras, distinguindose las buenas de las malas, en que las
primeras hallaban all descanso, y las malas, fatiga.

Los muiscas, con ser tan cultos, no tuvieron escritura de ninguna
clase. En las ciencias tenan un sistema de numeracin parecido al de
los aztecas; tambin un calendario. Pobre era su arquitectura y Herrera
dice que conocan la escultura y la pintura. La lengua chibcha muri
hace ms de un siglo, conservndose nicamente en las gramticas.
Haba entre los chibchas artfices prcticos y hbiles en trabajar el
oro, con el cual fabricaban figurillas de hombres, collares, zarcillos
y otros adornos. Fueron buenos tejedores, como lo indicaban algunas
telas de algodn con dibujos de vivos colores. Fabricaban sus casas de
arcilla y madera, cubiertas con techos de forma cnica. Los muebles se
distinguan por su sencillez; pero los que se hallaban en los templos y
en los palacios de los reyes y sacerdotes eran lujosos y trabajados con
esmero. Hallbase muy adelantada la agricultura; cultivaban el maz,
la patata y el cazabe. Los caminos eran excelentes, no careciendo
de importancia los puentes colgantes sobre los ros y barrancos.
Los muiscas usaban el oro en el comercio en concepto de moneda,
fundindolo para hacer unas ruedecitas con que pagaban las mercancas,
lo que apenas hay ejemplo que hiciera ninguna otra nacin del Nuevo
Mundo[171].

       [171] Reclus, _Nueva Geografa Universal_.--_Amrica del Sur_,
       pg. 278.

Las tribus de la provincia de _Chiriqui_ (costa del Pacfico), que
deben incluirse en la numerosa familia de los chibchas, pulimentaban
la piedra, eran buenos alfareros y trabajaban el oro, cobre y estao,
haciendo con ellos aleaciones diversas.

Los _panches_, _muzos_, _colimas_ y otras tribus, que ocupaban tierras
prximas a los chibchas y que acaso formaban parte de una misma familia
lingstica, si moraban en casas permanentes y tejan con fibras de
maguey mantas y esterillas, tenan fama--pues as lo dicen antiguos
cronistas--de gente bestial y de mucha salvaja.

Los panches eran, sin duda, los brbaros ms importantes en el reino
de Bogot. Tenan sus viviendas en las speras montaas que miran al
ro de la Magdalena, a unas nueve leguas de Santa Fe. Fama gozaban de
belicosos y de crueles con sus enemigos. Sacrificaban y coman a los
prisioneros. Eran apasionados por la guerra. Vivan de la caza y de la
pesca, abundante la primera en los montes y la ltima en los ros. Muy
aficionados a la bebida, hacan vino del maz, de la yuca, de la batata
y de la pia. Tambin se entregaban locamente al baile. Es posible que
no conocieran forma alguna de gobierno; pero en religin parece ser
que adoraban a la Luna, pues el Sol les abrasaba y no le crean digno
de culto. Iban desnudos, si bien se colocaban zarcillos en narices y
orejas, se tean de negro los dientes y de otros colores los brazos
y piernas; los que se haban distinguido por sus hechos de armas, se
taladraban el labio y adornaban sus sienes de brillantes plumas. Aaden
los cronistas que los panches midieron frecuentemente sus armas con los
muiscas y algunas veces con ventajas. Dicen tambin--y esto no deja de
llamar la atencin--que no casaban con mujer de su pueblo, y mataban
mientras no tuviesen hijo varn a cuantas hembras les nacan[172].

       [172] Vase Pi y Margall, _Historia general de Amrica_, tom.
       I, vol. I, pg. 293.

Los muzos y los colimas estaban situados entre el Sogamoso y el
Magdalena. Propiamente hablando, no tenan dioses, si bien llamaban
padre al Sol y madre a la Luna; pero ni al astro del da ni al de
la noche tributaron culto ni erigieron adoratorios. No creyeron en
la inmortalidad del alma y recurran con frecuencia al suicidio. No
conocan gobierno de ninguna clase, como tampoco leyes. Colimas y
muzos eran polgamos. Mostraron su valor y arrojo, ya peleando con las
tribus vecinas, ya en lucha luego con los espaoles. Se cree que fueron
antropfagos. Si alguna de las mujeres de los colimas o muzos caa en
adulterio, el marido se suicidaba o manifestaba su clera rompiendo el
ajuar de la casa. Si aconteca lo primero, la adltera haba de ayunar
tres das, bebiendo slo algn vaso de chicha; adems, en el citado
tiempo tena que sostener en sus rodillas el cadver de su marido.
Despus se retiraba a lo ms oculto de un cerro o valle, sembraba maz
y all viva entregada a sus remordimientos, hasta que parientes de
ella y del difunto iban a recogerla. Cuando el marido nicamente rompa
las vasijas de la casa, deba huir al monte, levantar una choza y comer
lo que espontneamente le daba la tierra, hasta que la mujer, repuesta
la vajilla, le buscaba y le haca volver al hogar. En este caso, bien
puede asegurarse que el marido buscaba, no castigar el crimen, sino
consentirlo, cubriendo las apariencias.

Las tribus indgenas que habitaban en los actuales Estados de Cauca,
Antioqua, Tolima, etc., no deban de carecer de alguna cultura, segn
los restos que todava se conservan.

Los _guanucos_ o _coconucos_, que vivan en Popayn y en los valles
de la sierra, adoraban al Sol con no poco entusiasmo y fe ciega. Es
posible que desciendan de ellos los _moquxes_ o _guanabianos_, los
cuales vivan a la sazn en la vertiente occidental de la cordillera,
ocupados en sus faenas de agricultura. Los _andaquis_ se asentaban en
la parte ms escarpada de la cordillera oriental, hacia las fuentes
del ro Fragua; crese que ellos fueron los constructores de edificios
ciclpeos y de templos subterrneos.

Los _caaris_ y otras muchas tribus que habitaban los territorios que
rodean el golfo de Guayaquil y que debieron ser subyugados por los
_incas_ (siglo XV), no carecan de regular cultura, como puede verse en
sus delicados trabajos de oro y en sus hachas de cobre.

Consideremos el territorio peruano. Las ruinas monumentales
existentes en la regin del lago Titicaca--muy especialmente las de
Tiahuanaco--indican su carcter megaltico. Creemos que el inmenso
cuadro de grandes piedras sin labrar, dividido en dos secciones
desiguales por una quinta hilera de pedruscos, que se halla en
Tiahuanaco, al pie de la colina o terrapln de Acapana, era recinto
sagrado. Los citados monumentos megalticos eran raros en Amrica.
En la regin comprendida en la parte Sur de lo que es a la sazn
departamento de La Paz, principalmente en la seccin que limita con el
lago Titicaca, se encuentra el pas conocido con el nombre de _aymar_,
tal vez cuna de la raza de dicho nombre, cuya gente est considerada
como los autores de las obras ms colosales de la antigua arquitectura
del continente sudamericano.

Dcese que las regiones que ahora componen el territorio boliviano
fueron ocupadas por razas prehistricas, llegando a pensar algunos
escritores que Bolivia fu el verdadero lugar del nacimiento de la
especie humana, pues no pocos etnlogos (como ya se dijo) sostienen que
la emigracin no se realiz del Asia a Amrica, sino de Amrica a Asia,
opinin aceptada desde la expedicin organizada por Morris K. Fessup,
Presidente del Museo Americano de Historia Natural.

Tiene exacto parecido la mitologa de aymar con la de Oriente. En el
principio del mundo el dios Khunu (palabra que significa _nieve_),
Creador de todas las cosas, para castigar los vicios de la Humanidad
mand una gran sequa, convirtiendo las regiones frtiles en desiertos.
Pachacamac, el Espritu Supremo del Universo, compadecido y bueno,
di a la Humanidad nueva vida. Por segunda vez se enoj Khunu y
mand un diluvio y tinieblas sobre la tierra. Las pocas personas que
se salvaron imploraron al Cielo, apareciendo entonces el gran dios
Viracocha, nombre que significa _espuma de mar_, sobre las aguas del
lago Titicaca. Viracocha cre el Sol, la Luna y las estrellas; y
Tiahuanaco--segn el profesor Max Uhle--fu edificado como un templo a
la citada deidad.

No pocos escritores consideran a los _collas_, _umasuyas_, _yungas_ y
otras tribus como ramas del tronco aymar; pero s puede asegurarse
que todas esas tribus fueron nativas de Bolivia. Perteneciesen o no
los collas o charcas al mismo tronco de los aymars, y de origen
monglico o no los primeros, es lo cierto que cuando aparecieron los
incas, ya los collasuyos se entregaban a destructoras guerras y luchas
fratricidas. Es muy presumible--escribe el historiador D. Jos Mara
Camacho--que para haber alcanzado los aymars el grado de prosperidad
que revelan sus monumentos, as como para haber llegado al estado de
decadencia en que fueron encontrados por los _quichuas_, hubiesen
experimentado en una larga sucesin de siglos, grandes acontecimientos
sociales y las irrupciones devastadoras de otros pueblos. Ignoramos
las semejanzas y diferencias entre las religiones de los aymars y
quichuas, ni cundo aparecieron unos y otros. Parece cosa cierta que
ambas razas han sido rivales desde tiempo inmemorial; pero llegaron a
sobreponerse los segundos a los primeros. Tambin llama la atencin
que mientras los aymars aparecen siempre confinados a la meseta
del Titicaca, los quichuas se extiendan por los departamentos de
Cochabamba, Chuquisaca, Potos y Oruro. La aparicin del primer
Inca--segn el potico y legendario relato del historiador inca
Garcilaso de la Vega--fu del siguiente modo. Dice en sus _Comentarios
Reales_ que el Sol, dios que vivifica el Universo, deseando redimir al
gnero humano, envi del Cielo a sus hijos Manco Capac y Mama Ocllo,
los cuales aparecieron en la isla de Inti-karka, despus del gran
diluvio, inundacin con que el dios Khunu castig a la Humanidad.

Hllase probado que en los accidentados territorios del Per vivieron
tribus populosas que supieron formar pueblos, levantar templos,
cultivar las tierras, ejercer la industria, llegando a un grado de
cultura material digno de todo encomio. Creemos poder afirmar, sin
gnero de duda, que las tribus de la costa peruana y las de los valles
interandinos, desde Quito y la lnea ecuatorial hasta el desierto de
Acama, pertenecan a las familias lingsticas aymar, quechua, yunca o
mochica, puquina y atacamea.

[Ilustracin: Indio peruano. (Regin de los bosques).]

Los _collas_, que ocupaban la meseta del Titicaca y valles inmediatos,
como tambin otras tribus establecidas en las vertientes y mesetas
occidentales de los Andes, cuencas del desaguadero y lago Aullaga, eran
fuertes, audaces y vivan en chozas cnicas de piedra cubiertas con la
paja de la _puna_. Las chozas agrupadas formaban pueblecillos. Daban
culto a los espritus de la naturaleza (_animismo_) y a los mares.
Las ruinas de Tiahuanaco representan la arquitectura ms poderosa del
continente americano. Aquellas esttuas colosales, aquellas fbricas
ciclpeas y aquellos enigmticos relieves son hoy mismo la admiracin
de los que las contemplan. Parece ser que todos los templos que hubo
en el pas estuvieron consagrados a Viracocha, dios de los aymars,
cuyo culto tuvo tanta importancia como el del Sol. Los collas cuidaban
de sus rebaos de alpacas y llamas, obteniendo lana para defender
sus cuerpos del intenso fro de los parajes altos; cogan patatas,
ocas, etc., en las tierras que estaban al abrigo de los collados,
pesca abundante en la laguna Titicaca, caza de patos y perdices en
las orillas de dicho lago, y de guanacos y vicuas en las montaas.
Otras tribus, entre ellas las de los _Urus_, permanecan en el ngulo
Sudoeste del lago Titicaca y hablaban la lengua _paquina_.

Los _yuncas_ (_yunca-cuna_, moradores de tierra caliente) habitaban
los valles de la costa del Pacfico desde el Callao a la serrana de
Amotape, hablaban la lengua _yunca_ o _mochica_ y predominaba entre
ellos el patriarcado. Hacan sus casas de columnas de adobe, tejan
telas de muchos colores y de complicada trama y eran excelentes
alfareros. Gozaron de justa fama los acueductos que construan para
regar sus campos, campos muy frtiles por el abono del _guano_, que
extraan de las islas. Navegaban en canoas hechas de cuero de lobo
marino y en balsas de madera con vela, timn y quilla.

Los _chimus_, que dominaron desde Tumbez a Ancn y el valle de Huarcu
(Caete), construyeron los palacios del _Gran Chimu_, de fbrica
anloga a la de sus magnficas necrpolis y de los depsitos y canales
de Chicama y de Nepea.

Los _huancas_ (valle de Jauja y sus cercanas), los _quechuas_ (la
zona del Apurimac hasta las Pampas), los _caras_ (entre el Cuzco y
lago Titicaca), los _quitos_ (alrededores de Quito) y otras tribus,
hablaban la lengua quechua o kechua. Aunque eran brbaros, estaban
organizados perfectamente--si damos crdito a los cronistas--en
clases o linajes (ayllus), gobernados por jefes tribales (curacas) y
dedicados a la horticultura y pastoreo. Vivan los huancas en casas
parecidas a torreones cilndricos de bastante altura y considerable
dimetro, dispuestas en hilera y unidas por estrechos pasadizos. Los
quechuas tuvieron ms importancia y dieron nombre a la lengua general
del pas. De los caras se cuenta que haban venido en balsas, haca
unos doscientos aos, no se sabe de qu lejanas tierras. A la sazn
obedecan los caras al valiente e intrpido Caran Scyri, quien, cuando
se crey con fuerzas para disputar a los indgenas las comarcas que
a l le parecieron mejor, se dirigi al Norte y lleg hasta los
dominios del rey Quito. Comenz la guerra, en la cual muri Quito. Los
sucesores de Caran Scyri, que segn probables clculos fueron quince,
sin contar a los incas, llevaron sus armas al Norte y se apoderaron
de extensos territorios. A la larga caras y puruaes formaron un
pueblo; pero no por la fuerza, sino a gusto de unos y otros. Los caras
adoraban nicamente al Sol y a la Luna, siendo de notar que miraban
con horror los sacrificios humanos e hicieron por desterrarlos. Como
veremos ms adelante, ellos tenan el mismo alfabeto, el mismo sistema
de numeracin, el mismo calendario, la misma religin, las mismas
actitudes para el cultivo de las ciencias y artes, y casi vestan el
mismo traje que los incas. Tendran los incas, como muchos pretenden,
el mismo origen que los caras? Es posible, y algunas seales lo indican
con bastante elocuencia. Ms que los caras se hallaban civilizados los
quitos. Respecto a la industria, los quitos tallaban mejor que los
muiscas las esmeraldas: las hacan esfricas, cnicas, cilndricas
y prismticas. Labraban de oro collares, ajorcas, pendientes e
dolos. Construan hachas de cobre. En la cermica estaban todava
ms adelantados, y en los vasos, ya hechos de barro colorado, ya
negruzco, representaban dolos, hombres, fieras, pjaros, reptiles
y peces. Tejan admirablemente el algodn y la lana. En las bellas
artes nada hicieron. Creemos que no levantaron puentes de piedra; pero
s de madera, de bejuco y de cuerda. Conocieron los acueductos, ora
superficiales, ora subterrneos. Las fortalezas fueron muy toscas, como
fueron muy toscos sus palacios y sus templos.

Poco sabemos de la historia de Tahuantinsuyo o Per antes del
imperio de los incas, pues las noticias son obscuras, incompletas y
aun contradictorias. Ciertas seales indican la existencia remota
de centros de cultura, debidos tal vez a gente autctona, siendo
de notar que a la decadencia o ruina de dichos centros comenz la
civilizacin incsica. Para algunos escritores es cosa probada que
de los legendarios _piruas_, de los misteriosos _Hatun-Runa_ o gente
antigua, adoradores del _Con-Ill-Tici-Viracocha_, surgi el podero
y engrandecimiento de los incas. No sera extrao--aaden--que los
primeros pobladores de Tahuantinsuyo tuvieran idea de un Ser Supremo,
creador de todo lo existente, y de un espritu maligno o _Supay_,
como tampoco niegan que creyesen en la inmortalidad del alma y en la
resurreccin del cuerpo.

Dejando estas cuestiones para los que se ocupan solamente de la
historia particular del Per, pasamos a tratar de los incas[173].
Lo primero que se presenta a nuestro espritu, es la pregunta que
copiamos a continuacin. Los incas, son indgenas o proceden del
Mogol? Sebastin Lorente y algunos ms afirman lo primero[174]; Juan
Ranking y otros sostienen lo segundo. Puede, s, asegurarse--y conviene
no olvidarlo--que los incas--_seores_--nunca creyeron haber tenido
el Asia por cuna. Diremos, para gloria de ellos, que supieron reunir
en vasta y poderosa nacionalidad tanto las cultas como las incultas
tribus, que se odiaban y hacan la guerra. Veamos lo que dice la
tradicin, primera y casi nica base de la historia de los incas, no
olvidando que muchos cronistas atribuyen un mismo hecho a distintos
incas, como tambin se da el caso que algunos hacen a Manco Capac autor
de instituciones que otros creen nacidas muy posteriormente.

       [173] Los historiadores suelen dividir la Historia del Per en
       las siguientes pocas: _Preincica_, _Incica_, _Conquista_,
       _Virreinato_ e _Independencia_.

       [174] _Historia antigua del Per_, libro III, captulo II.

En el siglo XIII apareci en el Per un hombre verdaderamente superior,
llamado Manco Capac. Su reinado--con arreglo a las noticias ms
exactas--comenz el ao 1221 y termin el 1262. Tena por mujer a su
hermana Mama Ocllo. Segn Balboa, haban salido de Pacaritambo con tres
hermanos y tres hermanas[175]; opinan otros que salieron de una isla
del lago de Titicaca; pero lo que parece probado es que eran hijos
de un curaca o cacique de Pacaritambo. Se present Manco Capac y Mama
Ocllo, hermano y hermana, esposo y esposa, llevando un cetro en forma
de una barra de oro, el cual, al dar con l en el suelo de Cuzco, se
enterr, hecho que llevaba consigo que all tendra asiento la capital
Inca. Dice Pedro Knamer, en su _Historia de Bolivia_, que Manco Capac
debi ser jefe o sacerdote aymar, de superior talento, que dej su
pas, en compaa de su hermana, huyendo de las guerras civiles.
Manco Capac se present diciendo que su padre el Sol le mandaba para
dirigir y educar a los hombres. Las gentes del Cuzco, comprendiendo que
los citados viajeros eran superiores a los habitantes del pas, les
prestaron obediencia. Ellos fundaron la ciudad llamada _Cuzco_, el
centro del Universo, y despus otras varias poblaciones, bien que las
mayores no excedan entonces de 100 casas. Mientras que l enseaba
a los hombres el culto del Sol, a edificar sus casas y a cultivar
la tierra, Mama Ocllo adiestraba a las mujeres en el hilado, en la
confeccin de vestidos y en otros ejercicios domsticos.

       [175] _Historia del Per_, captulo I, tomo XV de la Coleccin
       de Ternaux-Compans.

Tanta lleg a ser la influencia de Manco Capac, que consigui ser
proclamado Inca, esto es, seor de la tierra o soberano del pas.
Tambin los descendientes de sangre real se llamaron incas. La mujer
legtima del Soberano o Rey, se denomin _Coya_, tomando el mismo
nombre las hijas del real matrimonio. A las concubinas que eran de la
familia real y, en general, a todas las mujeres de dicha familia, se
las conoca con el nombre de _Palla_; a las dems concubinas con el de
_Mamacuna_ o mujer que tiene obligacin de hacer oficio de madre. No
deja de llamar la atencin la industria del primer Inca para atraer a
la vida de la civilizacin a unas gentes tan rsticas y brbaras. En el
Cuzco hizo construir magnficos edificios, sobresaliendo entre todos el
soberbio templo dedicado al Sol, el cual era visitado por multitud de
peregrinos que acudan de todo el Imperio.

Estableci Manco Capac una _Monarqua desptica absoluta_. Heredara
el trono el primognito tenido en la _Coya_. El Emperador deba
casarse con una de sus hermanas, pues de este modo haba seguridad
de que el prncipe heredero era de sangre real. Los hijos habidos en
las concubinas formaban la nobleza que compona la corte, y a quienes
daban el nombre de _Orejones_. Dividi la tierra en tres partes: la
del Rey, la de los sacerdotes y la del pueblo. Tuvo en cuenta al hacer
la ltima divisin el nmero de individuos que componan la familia,
la posicin y las necesidades de cada uno. Los ganados los reparti
entre los sacerdotes y el pueblo. Organiz la sociedad bajo el punto de
vista poltico, religioso, administrativo y civil. Cuando Manco Capac
sinti cercana su muerte, llam a su hijo primognito Zinchi Lloca, y
le recomend que no alterase el rgimen del Gobierno que l dejaba
establecido.

Zinchi Lloca (1262-1281) sigui los consejos de su padre. Cas con su
hermana Mama Cora, y de ella tuvo a Lloce Yupanqui. El nuevo Rey era
valiente y arrojado; pero no tuvo necesidad de lanzarse a la guerra,
logrando por la persuasin extender los lmites de su Imperio.

Lloce Yupanqui (1281-1300) al frente de un ejrcito, redujo a la
obediencia a diferentes tribus. Su imperio se extenda de Este a Oeste,
desde el Paucartampu a la sierra, y de Norte a Sur, desde el Cuzco al
fin del ro Desaguadero. En la capital ya haba templo para el Sol,
alczares para los Emperadores y calzadas que despus haban de unir
las cuatro estrellas de la monarqua.

Mayta Capac (1300-1320), continu la conquista de sus mayores,
apoderndose de varios territorios y venciendo a muchas tribus. Penetr
en Collasuyo, venci a sus habitantes, y tanto le impresionaron las
colosales ruinas del Tiahuanaco, que pens hacer del citado lugar la
capital de su imperio. El Inca Garcilaso de la Vega le coloca entre
los monarcas ms batalladores y afortunados; pero Balboa dice que no
emprendi guerra alguna[176], y Montesinos, aade, que nada notable se
conoce de su reinado[177].

       [176] _Historia del Per_, cap. II.

       [177] _Memorias Histricas del Per_, cap. XIX.

Capac Yupanqui (1320-1340), hijo mayor de Mayta y de Mama Cuca, hizo
matar a su hermano Putano Uman y a otros que intentaban destronarle.
En seguida se hizo dueo de toda la tierra de Yanahuara, situada al
Occidente del Cuzco; gan tambin las comarcas de Cota-pampa, Cotanera
y Huemampallpa, habitadas por los quichuas; extendi su poder por las
costas del Pacfico, por las cordilleras de los Andes, por la provincia
de Charca y por el Norte. De Norte a Sur tena ya el imperio unas 190
leguas, y de Este a Oeste 70.

Inca-Yocca (1340-1360), hijo de Capac y de Mama Curi-Illpay, sigui
las huellas de su padre, no siendo menos afortunado en las empresas.
Castig duramente a los soberbios chancas, acompandole tambin la
victoria en otras expediciones. Di leyes importantes y protegi la
cultura.

Yahuar Huacac (1360-1380) se entreg, segn Balboa, a los placeres
sensuales[178]. Montesinos dice que fu prudente y pacfico, no
recurriendo a la fuerza ni aun para aplacar desrdenes y tumultos[179].
Conforme con Montesinos est Garcilaso. El hecho ms notable de
este reinado fu que los feroces chancas, despus de matar a sus
gobernadores incas, cayeron sobre el Cuzco en nmero de 40.000. Yahuar
Huacac abandon la capital y se retir a la angostura de Muyna, cinco
leguas al Medioda. Cuando lo supo su hijo primognito Huiracocha, se
dirigi a su padre y delante de varios incas le dijo lo siguiente:
Cmo! Al solo anuncio de que se ha rebelado una pequea parte del
imperio abandonis el Cuzco? Siendo hijo del Sol entregis a los
brbaros el templo para que lo pisen y a las vrgenes de vuestro padre
para que las violen? Y todo por salvar la vida? No quiero la vida si
no la he de llevar con honra. Ir ms all del Cuzco,  interpondr mi
cuerpo entre los brbaros y la ciudad sagrada.

       [178] Captulo II.

       [179] Captulo XXII.

Por este slo hecho pas la corona de Yahuar Huacac a Huiracocha.
Huiracocha (1380-1390) consigui gran victoria peleando con los
chancas en una llanura al Norte de Cuzco. Cruel con los vencidos, como
escriben unos historiadores, o magnnimo con los prisioneros, como
refieren otros, lo cierto es que el triunfo del nuevo Rey fu de mucha
importancia. Por el Poniente Huiracocha lleg hasta la entrada de
Tucumn, y por el Norte someti muchas tribus.

Urco, sucesor de Huiracocha, se entreg a toda clase de vicios y fu
destronado por los grandes.

Elegido Titu Manco Capac (que tom el nombre de Pachacutec), hermano
del anterior, emple tres aos en dotar de buenas leyes el imperio y
otros tres en visitarlo y corregir los abusos. Prosigui las conquistas
de su padre Huiracocha, no por s mismo, sino valindose de su hermano
Capac Yupanqui. Gan muchas tierras por medio de la guerra, aunque ms
mediante la persuasin. En los ltimos aos de su reinado se ocup
en asegurar sus conquistas, estableciendo en las comarcas recin
sometidas colonias, abriendo canales, convirtiendo en fructferas las
tierras hasta entonces incultas, levantando suntuosos monumentos y
abriendo caminos. Excelente legislador, di muchas leyes civiles y
penales. Suyas son las siguientes mximas: La envidia es carcoma que
roe y consume las entraas del envidioso. Envidiar y ser envidiado es
doble tormento. Mejor es que otros te envidien por bueno, que no los
envidies t por malo. La embriaguez, la ira y la locura son hermanas:
no difieren sino en que aqullas son voluntarias y mudables, y sta
involuntaria y perpetua. Los adlteros hurtan la honra y la paz de
sus semejantes: merecen igual pena que los ladrones. Al varn noble
y animoso se le conoce en la adversa suerte. La impaciencia es de
almas viles. El que no sepa gobernar su casa, menos sabr gobernar
la Repblica. Gran necedad es contar las estrellas cuando no se sabe
contar los nudos de los quipus. Muri Pachacutec el ao 1400.

Yupanqui (1400-1439) fu conquistador[180]. Venci a los chunchus;
despus a los fieros moxos, situados al otro lado de la rama oriental
de los Andes; en seguida la emprendi con los chiriguanas, que vivan
al Sudoeste de Chuquisaca; y, ltimamente, di una batalla a los
purumancas que dur tres das y dej indecisa la victoria. Segn
Balboa, as como Pachacutec di a su pueblo la unidad de idioma,
Yupanqui reuni una especie de concilio en el Cuzco y, despus de
largos debates, se convino en que el Sol mereca en primer trmino la
adoracin de los hombres, puesto que a l se deban el verano y el
invierno, la noche y el da, la fecundidad de los campos y la madurez
de los frutos; en segundo lugar eran dignos de culto el trueno, la
tierra y las principales constelaciones, entre ellas la Cruz del Sud y
las Plyades. Cuando todos estaban conformes en las dichas creencias,
Yupanqui hizo notar que no el Sol, sino el que le obliga a eterno
movimiento era el creador del mundo, acordando entonces todos llamar a
ese dios desconocido Ticci Huiracocha Pachacamac[181].

       [180] Lorente y otros historiadores opinan que Pachacutec y
       Yupanqui son los nombres de un mismo inca.

       [181] Balboa, cap. V.

Tupac Yupanqui (1439-1480), a la cabeza de un ejrcito de 40.000
soldados se dirigi al Norte, peleando con los huacrachucus, a quienes
desbarat completamente, obligndoles a pedir la paz. Al siguiente
ao pele con los chachapoyas, situados al Levante de Caxamarca, que
le opusieron tenaz resistencia. Tambin someti a los muyupampas y a
los cascayuncas. La emprendi tiempo adelante contra los habitantes
de Huancapampa (hoy Huancabamba), los cuales se rindieron y aceptaron
las condiciones impuestas por el Inca. Toc el turno a Huanuco, cuyos
habitantes, como los de Huancapampa, se sometieron fcilmente. Todava
continu peleando y todava continu llevando la civilizacin por todo
el pas.

Huayna Capac (1480-1525), hijo del anterior, comenz peleando contra
los caranguis, que fueron pasados a cuchillo, salvndose slo los
nios. Dcese que la matanza fu tan grande, que lleg a enrojecer las
aguas de Yahuarcocha. Si Huayna Capac no extendi su imperio al Norte
hasta los lmites que a la sazn separan la repblica del Ecuador de
la de Colombia, s es cierto que gan desde Chimo (hoy Trujillo) a
Puerto viejo. Someti tambin a los chachapoyas, y con ellos se mostr
generoso. Tuvo dos hijos, Huascar, su primognito, habido en su primera
mujer, llamada Rava Ocllo, y Atahualpa, que tuvo despus de otra de sus
mujeres. Dispuso que a su fallecimiento se le arrancara el corazn y se
guardara dentro de un vaso de oro en el templo de Quito, que su cuerpo
embalsamado se llevara al Cuzco, y que Huascar se sentara en el trono
de los incas y Atahualpa en el de los antiguos scyris.

Cuando Huayna Capac recorra y admiraba sus templos y palacios en el
sagrado lago, un rayo derrib uno de sus palacios y se sucedieron
unos terremotos despus de otros; pero la noticia que sobrecogi a
todos de espanto, fu que en el Pacfico navegaban en casas de madera
hombres blancos y barbudos, cuya venida haba anunciado el inca Ripac.
Inmediatamente Huayna Capac abandon Collasuyo y se retir a Quito,
buscando el consuelo de su favorita Pacha, madre de Atahualpa, su hijo
ms querido.

Huascar hered el trono del Per y Atahualpa el de Quito. Al poco
tiempo de morir Huayna Capac (1530), sus citados hijos comenzaron
desastrosa guerra. Huascar en Cuzco ambicionaba tambin el reino de
Quito, y Atahualpa a su vez no se contentaba con Quito, sino que quera
conquistar el Cuzco. Atahualpa organiz poderoso ejrcito bajo el mando
de su primognito Hualpa Capac y de los generales Quizquiz, Calicuchina
y otros. Logr salir victorioso en varios combates, y se prepar a una
guerra cruel, cuando supo que su hermano Huascar sala del Cuzco al
frente de muchas tropas, habiendo jurado antes por el Sol y por todos
los dioses que haba de cortar la cabeza al rey de Quito, la cual
convertira en un vaso recamado de oro para sus festines.

Contra Huascar se dirigieron los generales Quizquiz y Calicuchina.
La batalla fu sangrienta y dur todo un da. Prisionero Huascar, no
mereci compasin del vencedor, quien resolvi apoderarse de todo
el imperio y ceir la borla de los incas. El Cuzco cay en poder
de Atahualpa el ao 1532. No negaremos que Atahualpa mereca el
calificativo de cruel; pero no le censuraremos por haber declarado
la guerra a su hermano. Si Huascar vencedor se haba de apoderar del
reino de Quito, de esperar era que, vencedor Atahualpa, se apoderase
del imperio del Cuzco. Pero a la sazn los espaoles, mandados por
Francisco Pizarro, haban llegado a Tumbez y procede que suspendamos
esta crnica de los incas, para tratar de las instituciones y cultura
del Per.

Como hemos podido observar, el Inca, Soberano o Rey, era a la vez
Pontfice y padre de los pueblos. Lograron con verdadera constancia
que todas las tribus tuviesen la misma religin, el culto del Sol, y
hablasen la misma lengua, la quechua. Consiguieron imponer las mismas
leyes, los mismos usos y costumbres a pueblos tan diferentes en su
origen y en sus inclinaciones. El Inca, segn Velasco, poda tener
tres o cuatro mujeres legtimas, y segn Garcilaso, solamente una.
Poda tener las concubinas que quisiera. Tanto el Inca como la Coya
eran objeto de veneracin de parte del pueblo. Los nobles estaban
divididos en _incas, uracas_ y _amantas_. Los incas se diferenciaban
de los dems nobles porque llevaban engarzados en las orejas grandes
rodetes. Como estos rodetes hacan muy anchas las orejas, los espaoles
designaron a los incas--como antes se dijo--con el nombre de _orejones_.

Hallbase dividido el imperio en cuatro regiones, y al frente de
cada una haba un virrey asistido de comisiones de guerra, justicia
y hacienda. Los cuatro virreyes formaban el Consejo de Estado del
Inca. La regin se subdivida en provincias y estaba dirigida por
un gobernador o prefecto. La accin del gobernador se hallaba
frecuentemente limitada por la de los curacas. El ejrcito tena
severa organizacin, como tambin la administracin de justicia. Ya
se ha dicho que la religin del Imperio consista en adorar al Sol:
Huiracocha era hijo del Sol; Catequil y Pachacamac permanecan en los
santuarios eclipsados ante aquel cuya luz y calor eran la fuente de
la vida. Consideraban al hombre formado de cuerpo y alma. Suponan
al alma inmortal y afirmaban que si en esta vida era buena, gozara
luego de bienestar y reposo; si era mala sufrira eternamente dolores
y trabajos. Crean en la resurreccin de los muertos. Ms bien que
creyentes, eran supersticiosos.

Acerca de su cultura diremos que la Filosofa estaba reducida a algunos
aplogos morales, la Jurisprudencia a un corto nmero de leyes, la
Medicina y la Ciruga a reglas y principios empricos y las Matemticas
apenas eran conocidas. En la poesa se distinguieron un poco. Cantaban
en verso sus amores, las hazaas de sus reyes y de sus hroes, y
componan en verso comedias y tragedias. Para los cantos de amor tenan
su msica y entre aqullos daremos a conocer los siguientes: En las
solitarias pampas solamos ver a los pjaros yendo a su nido. Lloraban
lastimeramente por sus compaeros. As, al irte t, llorar yo,
amado mo. Otro deca: Mientras me dure la vida--seguir tu sombra
errante--aunque a mi amor se oponga:--agua, fuego, tierra y aire.

Las comedias enaltecan las virtudes domsticas y las tragedias los
grandes hechos de la historia. Hasta nosotros slo ha llegado una
tragedia intitulada _Ollanta_; pero afirma Markham que es posterior
a los incas, pudindose asegurar que la compuso el doctor Valds,
cura de Sicuani, bien que aprovechando antiguos cantos. Sin embargo,
convienen los cronistas en que eran aficionados a las representaciones
dramticas, las cuales tenan por objeto exponer doctrinas religiosas
o conmemorar triunfos guerreros. La msica tena cierto desarrollo, y
los instrumentos, adems de la trompeta, eran el tambor, el _huancar_,
las sonajas y los cascabeles. Del mismo modo amaban con pasin el
baile. Acerca de la lengua, podemos dar como cosa cierta que la
_quichua_ era una de las mejores de Amrica, la cual contaba entre sus
principales dialectos el de los _quitos_ y el de los _aymars_. No
faltan escritores que consideren el aymar como lengua y la quichua
como dialecto. No descuidaron la agricultura y la ganadera. Supieron
aprovechar hasta los pramos, si no para la agricultura, para la
ganadera. Condujeron el agua por canales subterrneos de piedra, los
cuales llegaron a tener hasta 400 o 500 millas. Entre estas obras las
haba verdaderamente admirables, como que venan atravesando ros,
rodeando montaas, perforando a veces las mismas peas y salvando
abismos. Son indecibles el tiempo y el trabajo que debieron de costar
en tiempos donde se careca, no ya tan slo de los medios mecnicos de
que hoy se dispone, sino tambin de herramientas. Era an ms de notar
el sistema que para los riegos se haba adoptado. No se distingua
del que ac en Espaa plantearon los rabes...[182]. De la minera
hicieron poco caso. En las artes tiles se distinguieron como plateros,
tejedores y alfareros. Los metales que usaban eran el oro, plata y
cobre.

       [182] Pi y Margall, ob. cit., tomo I, volumen I, pgs. 422 y
       423.

Los caminos en el Per, hechos casi lo mismo que en Mxico, llamaron
profundamente la atencin de los espaoles, en particular el que corra
por la costa y el que iba por las mesetas y cumbres de los Andes. Cieza
dudaba de que el emperador Carlos V, sin embargo de sus grandes medios,
pudiera hacer en aquellos sitios otro tanto. En los lugares cenagosos,
parte de los caminos eran calzadas sostenidas por recios y fuertes
muros. El citado Cieza vi dos: una en el camino de Xaquixaguana al
Cuzco, y otra desde el Cuzco a Mohina. El camino principal parta del
Cuzco y llegaba a Quito, uniendo ambos reinos. Dice el ilustre Humboldt
lo siguiente: El gran camino del Inca es una de aquellas obras ms
tiles y ms gigantescas que los hombres han podido ejecutar. Este
camino, y otros de menos importancia, contribuyeron a la prosperidad
del Per. Establecironse los correos, muy parecidos a los de los
nahuas mejicanos. Los puentes en el citado pas eran generalmente de
bejuco o de maguey. Hemos dicho generalmente, porque los haba de
cierta paja correosa y suave llamada _ichu_. Cuando los bejucos o las
pajas no eran tan largas como ancho el ro, se levantaban dos pilares,
uno en cada orilla. Si damos crdito al historiador Garcilaso, el
primer puente de esta clase se construy sobre el ro Apurimac, en
tiempo de Mayta Capac. Tena de longitud unos 200 pasos, y era tan
fuerte que, en tiempo de la conquista, lo pasaban sin apearse y sin
temor alguno los ginetes espaoles. Encontrbanse--y as lo afirma
Velasco--puentes artificiales de piedra en el Per, a los cuales se
daba el nombre de _rumichaca_. Nosotros creemos que tales puentes, sin
embargo de la respetable opinin de Velasco, deban ser naturales. Los
acueductos indicaban del mismo modo el adelanto de los peruanos.

En relacin con los medios de comunicacin estaba la costumbre de
trasladar _colonias_ de una parte a otra del imperio, lo cual favoreca
el intercambio de productos. Los valles de Tacna y Moquegua, entre
otros territorios, se colonizaron con _mitimaes_ (_colonos_) de las
aldeas prximas al Cuzco. Tambin se establecieron en las fronteras
colonias _militares_, logrndose con ello, adems de otras cosas, dar
ocupacin al sobrante de la poblacin agrcola. Huelga decir que la
disciplina en lo militar era mucho ms estrecha que en lo civil.




CAPTULO VI

  AMRICA CENTRAL: PRIMEROS HABITANTES DEL PAS.--LOS MAYAS.--LOS
  QUICHS Y CAKCHIQUELES.--FUNDACIN DE LA MONARQUA QUICH.--LUCHA
  ENTRE LOS QUICHS Y CAKCHIQUELES: BATALLA DE QUANHTEMALAN.--LUCHA
  ENTRE LOS CAKCHIQUELES Y OTROS PUEBLOS VECINOS.--ESTADO INTERIOR
  DE GUATEMALA Y RELACIONES EXTERIORES.--PEDRO DE ALVARADO EN
  EL PAS.--NOTICIA DEL SALVADOR, HONDURAS, NICARAGUA Y COSTA
  RICA.--ESTADO SOCIAL DE LOS QUICHS.--CULTURA DE LOS HABITANTES
  DE HONDURAS, NICARAGUA, PANAM Y COSTA RICA.--LAS ANTILLAS, EN
  PARTICULAR HAYT Y CUBA: ARTES E INDUSTRIAS.


[Ilustracin: Tipos mayas (actuales).]

Antes de resear algunos hechos de las tribus que vivan en la Amrica
Central y muy especialmente en el territorio de la actual Guatemala,
diremos que la familia de los mayas se divida en mayas propiamente
dichos y en mayas-quichs. Segn antiguas tradiciones, lleg a las
costas de Tabasco (Mxico) donde hubo de desembarcar, un personaje
llamado _Votan_, quien fund una ciudad denominada Nacham (ruinas
de Palenque), poblacin luego muy importante y hoy departamento del
Estado de Chiapas (Mxico). Cuando Votan efectu su desembarco, el
territorio estaba poblado de tribus salvajes. Numerosas fueron las
tribus que habitaron desde el Istmo de Panam hasta las orillas del ro
Colombia en el Estado de Oregn (Estados Unidos), y desde las costas
del Ocano Pacfico hasta el golfo de Mxico. Han venido a mostrar
modernas investigaciones que as como los mayas ocupaban gran parte de
los actuales estados del Yucatn, Campeche y algo del de Chiapas, los
quichs y cakchiqueles se extendieron por el pas donde al presente
se hallan las Repblicas de Guatemala, Salvador, Honduras, Nicaragua,
Panam y Costa Rica. Unas y otras tribus alcanzaron alguna cultura.

Eran los mayas de color cobrizo, crneo achatado, baja estatura y muy
fuertes. Vivan principalmente de sus cosechas de maz; tambin de la
miel y de la cera de sus abejas. Gozaban fama de hbiles tejedores
y tean admirablemente lo mismo sus vestiduras de algodn que sus
preciosas plamas. Refieren antiguos cronistas que con sus canoas
llegaron a la isla de Cuba y mantuvieron continuo trfico con las
tribus meridionales de las costas del golfo. Cultivaban el cacao, el
maguey o aloe, el algodn, la pimienta, las judas y varios rboles
frutales.

Los quichs, segn _Popal-Vuch_[183], procedan de un lugar que se
llamaba Tulan-Zuiva. De este lugar, que tena siete grutas o cuevas,
aade Sahagn, se extendieron por varios puntos, antes que los toltecas
y los pueblos que les acompaaban llegasen a Tulanzingo[184]. Es
de sospechar que los quichs eran uno de los pueblos citados y que
entraron en tierra de Guatemala antes de la fundacin de Tula. Entre la
fundacin de dicha ciudad y su destruccin tuvieron tiempo de realizar
los hechos que el Popal-Vuch les atribuye.

       [183] Vase el Prlogo de este tomo.

       [184] _Historia Universal de las cosas de Nueva-Espaa_,
       Prlogo y lib. X, cap. XXIII, prrafo 11.

El fundador de la monarqua de los quichs debi ser Balan Quitz,
al cual sucedi en el trono su hijo Qocabib. El tercer rey se llam
Balan-Conach, el cuarto, Cotuha Zttayub, y el quinto, Gucumatz-Cotuha.
En tiempo de Gucumatz estallaron graves discordias entre las
principales familias que tenan asiento en el territorio. El sexto
monarca debi ser Tepepal y el sptimo Caquicab.

Entre los quichs y los cakchiqueles se origin tiempo adelante guerra
sangrienta. En ella llevaron la mejor parte los cakchiqueles, pues lo
mismo el pueblo que los Reyes eran arrojados y belicosos. La batalla
de _Quanhtemalan_ fu timbre de gloria para los cakchiqueles. Desde
que la aurora--dice el cronista cakchiquel--comenz a aparecer en el
horizonte y a iluminar las cumbres de las montaas, empezaron a oirse
los gritos de guerra; las banderas se desplegaron, resonaron los
tambores y caracoles, y en medio de este confuso estruendo, se vi
descender a los quichs, cuyas largas filas se movan con asombrosa
velocidad, bajando en todas direcciones de la montaa. Llegaron a la
orilla del ro que corra cerca de la ciudad, y ocuparon algunas casas
y se formaron en batalla, bajo el mando de los reyes Tepepul e Ixtayul.
El encuentro--aade el mencionado cronista--fu terrible y espantoso.
Los gritos de guerra y el ruido de los instrumentos blicos aturdan a
los combatientes, y los hroes de uno y otro ejrcito _hacan uso de
todos sus encantos_. Fcilmente fueron vencidos los quichs, hasta
el punto que unos huyeron y otros murieron en el campo de batalla.
Entre los primeros se hallaban los reyes Tepepul e Iztayul y muchos
ms, que fueron pasados al filo de la espada. Tales fueron--as
termina el cronista--los hechos hericos con que los reyes Oxlahuhtzi y
Cablahuh-Tihax, como tambin Roimox y Rokelbatzin hicieron para siempre
famosa la montaa de Iximch.

Desde la batalla de Quanhtemalan el poder de los quichs pas a los
cakchiqueles, quienes orgullosos con su victoria, aspiraron a dominar
todo el territorio. Alarmados entonces los Estados vecinos, formaron
una liga para defender su independencia; mas fueron tambin vencidos
por los soberanos cakchiqueles. Tal era la situacin de estos pases
en los ltimos aos del siglo XV y cuando ya Cristbal Coln haba
abordado a las playas del Nuevo Mundo[185].

       [185] Milla, _Hist. de la Amrica Central_, tom. I, pg. XXII.

En el interior del reino estall, ao de 1497, una insurreccin. A
la cabeza de los tukuchs, de la misma familia de los cakchiqueles,
se puso Cay-Hunahp, prncipe tan rico como ambicioso, quien se
propuso arrojar del trono a Oxlahuhtzi y Cablahuh-Tihax. Dise un
combate, siendo vencidos los tukuchs, y Cay-Hunahp pag con la vida
sus instintos revolucionarios. Sin embargo, el fraccionamiento del
reino fu mayor cada da y la tribu de los zacatepequez consigui
nombrar Rey a uno de los suyos, estableciendo la capital del reino en
Yampuk. Trece aos despus, esto es, el 1510, muri el rey cakchiquel
Oxlahuhtzi, y el 1511 el prncipe Cablahuh-Tihax, que gobernaba con
aqul; sucedironles sus hijos Hunig y Lahuh-Noh. En el primer ao
del reinado de stos, vino numerosa embajada mejicana que mand,
segn unos autores, Moctezuma, y segn otros, Ahuizotl, octavo rey de
Mxico. Visitaron los embajadores a los reyes quichs, cakchiqueles y
algn otro; pero volvieron a su pas sin haber adelantado nada. Es de
advertir que en el ao 1512 Coln haba realizado sus cuatro viajes,
la Isla Espaola estaba sometida, Puerto Rico y Cuba conquistadas, el
Golfo de Honduras y otras tierras exploradas por Yez Pinzn y Daz
de Sols, Cartagena y pases ms lejanos haban sido reconocidos por
Ojeda, Enciso, Nez de Balboa y otros expedicionarios. La embajada
de Moctezuma tuvo por objeto la celebracin de tratados para oponerse
a los espaoles? No lo sabemos, aunque es posible. Discuten tambin
los historiadores modernos Fuentes, Juarros y Milla, si el reino de
Guatemala estuvo sujeto alguna vez al imperio mejicano. Niganlo con
razones ms o menos poderosas.

Sin detenernos en asunto tan poco interesante, haremos notar que,
sin embargo de noticias o presentimientos acerca de llegada de los
espaoles, quichs y cakchiqueles volvieron a pelear entre s en el ao
1513. Aunque la guerra fu favorable como antes a los cakchiqueles,
la naturaleza les castigaba mandndoles toda clase de calamidades:
langostas, incendios y pestes, de la que murieron Hunig y Lahuh-Noh,
sucedindoles Belch-Qat y Cah-Imox, quienes, al saber que los
extranjeros se haban apoderado de Mxico, les pidieron auxilio, segn
una carta de Corts a Carlos V, fecha en Mxico el 15 de Octubre de
1524[186]. Continu la guerra civil en la Amrica Central hasta que
lleg Pedro de Alvarado.

       [186] Vase Milla, Ob. cit. tomo I. pg. XXIX, nota.

Respecto a los primeros pobladores establecidos en lo restante de la
Amrica Central slo hay vagas noticias y a veces contradictorias. Lo
mismo decimos de los habitantes de las islas de Hait, Puerto Rico,
Cuba, Jamaica, Lucayas y otras. Adems de los mayas de Guatemala, el
pas que al presente es la Repblica del Salvador, estaba poblado
por los _chontales_ y por los _pipiles_, siendo su ciudad principal
Cuscatln. Estuvo el Salvador unido a Guatemala durante los siglos
XVI, XVII y XVIII. Honduras estuvo habitada por los _chortises_,
pertenecientes a la familia de los mayas, y por los _lencas_
(chontales). Cuando los nicaraguatecas fueron conquistados por los
espaoles se hallaban divididos en cuatro grupos principales: los
_niquiranos_, que habitaban desde el golfo de Fonseca al de Nicoya;
los _chorotegas_, que vivan al Sur del lago de Managua y al Noroeste
del de Nicaragua; los _chontales_, que ocupaban las vertientes de la
cordillera central y se corran a Honduras; y los _caribisis_, tal vez
aborgenes de aquella parte de Amrica, bajaban desde el pie de la
citada cordillera hasta las playas del Atlntico. Fieros los indios
_chorotegas_, _cotos_ y _getares_ de Costa Rica, vivan en contnuas
guerras.

Pasamos a estudiar el estado social de las tribus que habitaban los
territorios de Guatemala y el Salvador, de Honduras, de Nicaragua,
Panam, Costa Rica y Antillas, fijndonos particularmente en la de los
quichs.

Acerca de la creacin del Universo, la doctrina del _Popal-Vuch_
de los quichs, tiene--segn la opinin de algunos autores--mucha
analoga con la del _Gnesis_ de los hebreos. Tambin el _Tepan Atilan_
de los cakchiqueles conviene substancialmente con el Popal-Vuch.
Adoraban los quichs a sus dioses y celebraban solemnes festividades,
no sin sacrificar seres humanos, que eran regularmente esclavos,
hechos en la guerra. Los dioses tenan santuarios, santuarios que
estaban servidos por sacerdotes y sacrificadores. Dcese con algn
fundamento que exista la confesin entre los quichs. La monarqua
quich era hereditaria y la corte estaba formada de las familias
reales. La justicia se hallaba administrada por jueces y tribunales
pertenecientes a la aristocracia. Las leyes eran severas para los
criminales contra el Rey y la Repblica. Los que atentaban contra el
Monarca sufran la muerte; y los plebeyos o nobles que se pasaban
al enemigo o descubran los secretos de la guerra, eran condenados
a muerte, y sus mujeres e hijos reducidos a la esclavitud, pasando
tambin al fisco sus bienes. Al ladrn de objetos sagrados, si stos
eran de vala, se le condenaba a muerte; si tenan poco valor, se le
haca esclavo. Los delitos contra la propiedad se castigaban con multas
y devolucin de lo robado; aun al ladrn de oficio no se le ahorcaba,
si algn deudo suyo satisfaca el importe de la condena. De los delitos
contra la honestidad, se castigaba con la muerte la violencia consumada
y la frustrada nada ms que con la servidumbre. El simple estupro no
llevaba consigo pena aflictiva, como no reclamasen por la mujer sus
padres o hermanos, en cuyo caso se declaraba esclavo al delincuente
y alguna vez se le condenaba a muerte. No consideraban delito la
prostitucin. La mujer casada, mediando justo motivo, poda abandonar
la casa conyugal, quedando disuelto el matrimonio. Mujer y marido
en este caso tenan derecho a contraer con quien quisieran segundo
matrimonio. Era costumbre, muerto el marido, que la viuda casara con el
cuado o con el ms prximo deudo del marido.

Despus de ocuparse detenidamente Pi y Margall del idioma de los
quichs y del cual eran dialectos el cakchiquel y el tzutuhil,
de la literatura y en particular de un drama-baile de los que se
representaban en el patio de los templos o en la plaza pblica, de la
arquitectura y de la numeracin aritmtica igual o parecida a la de los
mejicanos, escribe lo siguiente: Algo ms podra decir de los quichs;
pero muy aventuradamente. Harto a la ventura voy en mucho de lo que
escribo[187].

       [187] _Historia general de Amrica_, tomo y cuaderno primeros,
       pg. 257.

Fijndonos en Honduras o Cerqun, que linda con tierras de Yucatn y
Guatemala, sus habitantes distaban mucho de tener la civilizacin de
los quichs y yucatecas. Los hombres iban ordinariamente desnudos; en
la guerra a veces usaban _maxtles_ y mantas. Las mujeres llevaban unos
pauelos que les cubran pecho y espalda; tambin unas enaguas que les
llegaba al tobillo. No se ataban el cabello; siempre le tenan suelto y
tendido. Coman todo gnero de animales, hasta los ms inmundos; beban
aguamiel en gran cantidad. En todo manifestaban su barbarie y vivan
en continua guerra. Peleaban a veces cubiertos con pieles de len y de
tigre. Adoraban el _Sol_, la _Luna_ y las _Estrellas_; rendan culto a
muchos dolos. Los sacrificios eran frecuentes, los ayunos muchos, y en
sus grandes fiestas bailaban, al mismo tiempo que referan cantando
sus triunfos y derrotas. Consultaban a sus sacerdotes, no slo en
materias religiosas, sino en asuntos belicosos. Sabemos que en la poca
de la conquista, entre sus dolos, tenan en mucha estima al gran Dios
y la gran Madre, tal vez personificacin del Sol y de la Luna. Crean
en agoreros, en adivinos y en magos. Estaban reducidos sus templos
a unas casillas largas y estrechas: sus dolos tenan espantable
rostro. Eran muy lujuriosos. Aunque se casaban solamente con una mujer
legtima, tenan adems mancebas. Apenas cuidaban de sus mujeres y
de sus hijos; no hacan caso alguno de los enfermos. Sus ocupaciones
principales eran la caza y la pesca. Cazaban cercando primero y
quemando despus grandes extensiones de monte: mataban a palos las
despavoridas reses. Pescaban atajando con rama y tierra los arroyos
y poniendo en la salida, siempre pequea, zarzos de caa. Estaban
atrasadsimos en la industria y ms en las bellas artes. Removan la
tierra con altas prtigas armadas de un garfio: apoyaban el brazo en la
parte superior del palo y la planta en la parte de abajo a donde iba
el garfio. Fabricaban mantas de cuatro hilos. Hacan el comercio de
plumas. Entre las tribus o gentes que se hallaban establecidos en el
pas prevalecan los _chontales_.

No dejaba de ser curiosa la vida de los habitantes de Honduras desde su
nacimiento hasta la muerte. Cuando las madres sentan los dolores del
parto, marchaban al campo y all daban a luz. Al recin nacido se le
baaba en el ro ms prximo y se le criaba con bollos de yuca. Antes
de cumplir el ao les llevaban sus padres al templo, donde pasaban
una noche velados por sus parientes. De los sueos del que se dorma
sacaban el horscopo. La nica instruccin que reciban era la de las
armas. Los primognitos, muertos sus padres, entraban de lleno en todo
el patrimonio; si eran seores, en el seoro. No partan en ningn
caso los bienes con sus hermanos. Cuando iban a casarse con mujer
legtima practicaban algunas ceremonias parecidas a las que se usaban
en Mxico. Un anciano, llevando obsequios de mayor o menor valor, se
presentaba en la casa de la novia y la peda. Si aceptaba la peticin,
se celebraba un gran banquete y era recibida envuelta en una manta
de brillantes colores. Uno la conduca en hombros a casa del novio,
acompaada de deudos y amigos que cantaban y bailaban. De cuando en
cuando se paraba la comitiva y repeta sus cnticos y bailes. La novia
llevaba cubierto el rostro. Inmediatamente que llegaban a la casa
del novio, las amigas descubran el rostro de la novia, y despus de
baarla en agua de flores, la encerraban en una habitacin en tanto
que seguan las fiestas y diversiones. A los tres das pasaba a poder
del novio. Terminaba completamente el matrimonio luego que dorman
tres noches en la casa del novio y otras tres en la casa de la novia,
repitindose siempre la bulla y los banquetes. Como puede imaginarse,
semejantes bodas eran de la gente rica o noble; las de la plebe, si
pobres y humildes, venan a ser en el fondo lo mismo. Constituan los
casados--aade el citado historiador--hogar y tenan hacienda propia.
La hacienda a la verdad era bien pobre. Estaba generalmente reducida a
unas malas sementeras de maz y unos cuadros de legumbres; a una azuela
para rozar y unos palos para arar la tierra; al metate en que molan el
grano, la artesa en que hacan el pan y las calabazas en que beban;
a unos molinillos de mano y unas cestas forradas de cuero que servan
de cofres; a una cama de estera sobre cuatro estacas en que haba por
almohada, ya un palo, ya una piedra. Con estos bienes y este ajuar
encontraron los espaoles a los habitantes de aquella comarca[188].

       [188] Ob. cit. pg. 281.

Las tintas negras del cuadro casi se convierten en blancas si
pasamos de Honduras a Nicaragua. En Nicaragua se vean reflejos de
la civilizacin mejicana. Se hablaba por muchos moradores de aquella
tierra la lengua nahuatl y se tena noticia del tiempo. Se escriban
libros cuyas hojas eran tiras de cuero de venado, en los cuales se
pintaban las heredades, los caminos, los montes, los ros, los bosques
y las costas, anotndose tambin los ritos, las ceremonias, las leyes,
los trastornos de la naturaleza, los cambios y mudanzas de los pueblos.
Usaban la tinta, ya negra, ya roja. Doblbanse los libros de igual
manera que entre los aztecas.

Haba cierta semejanza lo mismo en los templos que en las creencias
religiosas de los nicaraguatecas y los mejicanos. Unos y otros crean
que los dioses gustaban de la sangre y del corazn de los prisioneros
de guerra, siendo de advertir que hasta los nombres de algunas
divinidades de Nicaragua eran mejicanos. Existan tambin semejanzas
entre los nicaraguatecas y los yucatecas. Ambos se sajaban el cuerpo
con cuchillos de pedernal y se echaban polvos de carbn en todo el
trayecto de la herida, teniendo para estas labores oficiales diestros y
entendidos. Unos y otros, al decir de Oviedo, usaban en la escritura,
no slo de imgenes, sino de caracteres, y lean en sus libros como
nosotros en los nuestros.

No vaya a creerse por todo lo dicho que los nicaraguatecas carecan
de fisonoma especial, de propias instituciones y costumbres. La
cultura estaba reducida, si cultura puede llamarse, a la que tenan los
pueblos que habitaban entre el Pacfico y los lagos, esto es, a los
_niquiranos_ y _chorotegas_. Chontales y caribises no eran tan brbaros
como los que poblaban a Honduras. Los chorotegas, que se dividan
en _nagrandanos_ y _dirianes_, y los niquiranos en _orotinatecas_
y _cholucatecas_, debieron tener cierto parentesco con las razas
pobladoras del Anahuac. Chorotegas y niquiranos iban vestidos, usando
hombres y mujeres pendientes en las orejas. Se distinguan por su
hermosura las mujeres de Nicoya. Diferencibanse mucho fsicamente
los hombres y las mujeres de Nicaragua. El hombre trabajaba en la
agricultura y en la industria, y era cazador y pescador; la mujer
venda lo que el hombre ganaba. El hombre barra la casa y encenda
la lumbre; pero el comercio estaba reservado a la mujer. Guardaba el
hombre pocas consideraciones a su compaera; no le permita ir al
templo, ni asistir a ningn acto religioso. Con harta frecuencia la
despreciaba y envileca. Conducta semejante debi influir para que
la mujer se prostituyese, siendo considerable el nmero de rameras,
las cuales vendan sus gracias por diez almendras de cacao. Haba
burdeles pblicos y al lado de las rameras no faltaban los rufianes.
La poligamia se practicaba por los seores y por todos los ricos; la
monogamia exista para los pobres. La sodoma estaba tolerada por los
Gobiernos.

Respecto al carcter de los Gobiernos, unos pueblos estaban regidos
monrquicamente o por seores o caciques; otros democrticamente o por
consejos de ancianos. Los primeros eran hereditarios, y los segundos
electivos. Donde gobernaban seores, haba Asambleas (_monexicos_),
que deliberaban sobre todos los asuntos rduos del pas. Estos rduos
asuntos, lo mismo en las monarquas que en las repblicas, fueron
las guerras. Preparaba y diriga la guerra un general que gozaba de
extraordinarias facultades, imponindose a veces a los caciques, a los
monexicos y a los consejos de ancianos. Pero el poder de los caciques
era en todo tiempo absoluto, y ms que absoluto, tirano.

Si de las bellas artes se trata, cabe suponer que la arquitectura no
careci de belleza. Algunas industrias, como el tejido de algodn y
la loza, estuvieron muy adelantadas. El comercio, tanto interior como
exterior, tuvo tanta o ms importancia que la industria. En las plazas
tenan sus mercados, sirvindoles el cacao de moneda.

Consideremos la religin entre los nicaraguatecas. Parece ser que
hacan derivar todos los seres de _Tamagastad_ y de _Cipattoval_, varn
el primero y hembra la segunda, que habitaban en el Cielo. A ellos se
les invocaba en caso de guerra y en ellos tenan los nicaraguatecas
toda su confianza. Haban otros muchos dioses: _Quiateot_ era el Dios
de la lluvia, y _Mixcoa_ el de los mercaderes. Tenan igualmente dioses
para el amor, para la caza y la pesca, etc. Crea el nicaraguateco
que el bueno en la tierra, a su muerte, suba al cielo, y el malo,
por el contrario, descenda a un lugar profundo; el primero era
recibido por los dioses Tamagastad y Cipattoval, el segundo por
el dios _Miqtanteot_. Entre los nicaraguatecas exista tambin la
confesin y el confesor era un viejo clibe; los pecados consistan
en haber hablado mal de los dioses o en haber quebrantado las fiestas
religiosas. La penitencia consista en deponer en los altares de los
dioses ofrendas, barrer o llevar lea al templo y otras de la misma
clase. Para todos los dioses haba templos y oratorios, y en honor de
ellos celebraban los nicaraguatecos alegres y brillantes fiestas, como
tambin ofrecan sacrificios humanos, cuya carne coman sacerdotes y
caciques. Acerca del diluvio tenan ideas determinadas. Crean que todo
ser viviente haba perecido. Despus vinieron a la tierra Tamagastad y
Cipattoval y crearon todos los animales: hombres, pjaros y reptiles.
Nada qued de las primitivas razas. El castigo fu terrible; pero
merecido. La humanidad, viciosa, pecadora y corrompida, haba incurrido
en la ira de los dioses.

Manifestaban singular atraso en algunas cosas. Apenas nacan sus
hijos, los padres deformaban la cabeza deprimindoles el hueso coronal
y abollndoles los parietales. La potestad de los padres sobre los
hijos era casi absoluta, pues, en caso de necesidad, hasta podan
venderlos como esclavos. Habremos de recordar el siguiente hecho: era
costumbre que la mujer durmiese la primera noche de su casamiento con
el sacerdote mayor. Por cierto, que con dicho sacerdote mayor confesaba
sus pecados, los cuales l slo poda perdonarlos.

Del siguiente modo describe y disea Oviedo la morada del cacique de
Tecoatega, a quien visit en Enero de 1528. As podremos conocer la
vida de aquel cacique y de aquel pueblo. Dice el laborioso escritor en
su _Historia General y Natural de las Indias_, que viva el gran seor
de Tecoaga en una gran plaza cuadrilonga rodeada de frondosos rboles.
All tena casa, donde moraban sus mujeres y sus hijos; prtico, donde
l pasaba las horas ms calurosas del da acompaado de sus fieles
capitanes; lugar destinado a la fabricacin del pan y hasta cementerio
para su familia. All, como seal de su poder y bravura, tena puestas
en altas caas las cabezas de los ciervos muertos por su mano. El
cacique estaba recostado de da en una cama a tres pies del suelo, alta
la cabeza, casi desnudas o mal cubiertas las carnes por una manta de
blanco algodn; sus capitanes se hallaban tambin sobre esteras que
cubran el pavimento. Si llamaba el seor, se levantaba uno o varios
de los capitanes y ejecutaban las rdenes de aqul recibidas. Do noche
dichos jefes velaban el sueo del cacique y guardaban la plaza.

Las casas eran grandes chozas terminadas en ngulo agudo, de cuyo
vrtice bajaba el tejado hasta casi dar con los aleros en el suelo;
los prticos consistan en tinglados sostenidos por troncos de rboles
y cubiertos con ramas, y las camas se componan de zarzos de gruesas
caas, por colchn esteras y por almohada banquillos de madera. El
bamb, el bejuco, la madera y la paja, constituan los materiales de
esos edificios.

Vagas y de segunda mano son las noticias que tenemos de los pueblos
que hoy constituyen las Repblicas de Panam y de Costa Rica. Dice
Torquemada que no haba idlatras en los citados pueblos. Adoraban a
un solo Dios o _Chicuhna_, que moraba en el cielo. Chicuhna significa
principio de todas las cosas. A dicho Dios dirigan sus plegarias y
hacan sus sacrificios. Los europeos, cuando llegaron al pas, no
encontraron imgenes de Chicuhna ni de otros dioses. Herrera, por el
contrario, sostiene que en Panam rendan culto a una divinidad que
llamaban _Tabira_, y cuya imagen estaba hecha de oro. Algunos, no
todos, crean en la vida futura, y por esta razn enterraban con el
cadver todo aquello que haba sido ms de su agrado durante la vida.
Los habitantes de Panam, aade Herrera, tenan mucho parecido a los de
las islas de Santo Domingo y Cuba. Distinguanse, en particular, como
pintores y entalladores.

Por ltimo, afirma Torquemada que del Darin a Nicaragua slo exista
el gobierno monrquico, y al Rey heredaba el hermano, y a falta de
hermanos sucedan los sobrinos. Los sobrinos deban de ser, no por
lnea de varn, sino de hembra.

Pasando ya a otro asunto, habremos de notar que desde Panam hasta
Mxico, incluyendo tambin las islas de Santo Domingo y Cuba, se
parecan los habitantes en usos y costumbres; tambin tenan cierto
parecido o semejanza sus instituciones polticas y administrativas.

Nada nuevo aadiremos al decir que las numerosas tribus que ocupaban
la mayor parte de las islas de Hait o Santo Domingo (Isla Espaola),
Cuba, Puerto Rico, Jamica, las islas Lucayas y otras, diferan mucho
de los caribes, lo mismo fsica que moralmente. Si fsicamente eran
de buena talla, de color ms claro, de hermosas facciones, esbeltos
y bien formados, bajo el punto de vista moral se distinguan por su
dulzura, candidez y generosos sentimientos. Aunque se conoce poco de
la vida social de los habitantes de aquellas islas, se sabe que hasta
la veneracin llevaban el respeto a sus caciques. Sobresalieron en
la industria agrcola, labraban la madera y trabajaban hbilmente el
barro. Hacan joyas de oro, esttuas, etc. Estaban muy atrasados en
las ciencias. Crean en la otra vida; adoraban el _Sol_, la _Luna_
y otros dioses. Se permita la poligamia y el repudio. No eran ms
humanos con los enfermos que los patagones y los tapuyas. Tenan tanto
miedo a los caribes, que, cuando se les hablaba de ellos, se ponan
trmulos. Coln se los atraa slo con decirles que haba ido all
para librarlos de enemigos tan fieros. Los caribes, como los tupes,
se hallaban interpolados con otros muchos pueblos[189]. Caribes y
tupes deban tener casi las mismas cualidades. Iban--escribe Pi y
Margall--sin temor de isla en isla, y de las islas a Tierra Firme.
Hacan tan aventuradas expediciones con el slo fin de asaltar pueblos
y procurarse cautivas. Bravos, no teman la lucha en campo abierto;
pero la evitaban siempre que podan, cayendo de noche sobre las plazas
objeto de su codicia o su venganza, tomndolas sigilosamente las
salidas, atacndolas de rebato, incendindolas y para mayor confusin
aturdindolas con espantosos alaridos. Como los dems brbaros, no
dejaban con vida sino a los nios y las mujeres; mataban y aun coman
a los adultos, y eran el terror de las gentes. Aterradas tenan a
todas las naciones de la cuenca del Orinoco, si se excepta la de los
cabres, aterradas las costas, aterradas las Antillas, y verdaderamente
aterrados tuvieron despus a los mismos europeos[190]. Untaban sus
flechas con veneno. Desde Pedro Mrtir de Anglera, hasta el ltimo de
los cronistas que, como testigos presenciales, escribieron, ora de las
Antillas, ora de Tierra Firme, los presentan comindose a sus enemigos
en repugnantes banquetes.

       [189] Recurdese lo que se dijo de los tupes y caribes en el
       captulo IV.

       [190] _Historia general de Amrica_, tomo y volumen I, pgs.
       695 y 696.

Pondremos remate a nuestras consideraciones y por lo que a Cuba se
refiere, considerando que en estos ltimos aos (1909-1910). D.
Federico Rasco, coronel de la Guardia Rural, ha encontrado objetos
precolombinos en una cueva en Jauco, trmino de Bayamo (provincia
de Oriente), que tienen verdadero valor histrico. Consisten dichos
objetos en un dujo o asiento indio, de madera y de una sola pieza, con
dibujos en tallado, dos dolos de piedra, tres hachas de piedra dorita
pulimentadas, varias figuras o mascarillas de arcilla endurecidas al
sol y que formaban parte de las vasijas de los indios, etc. Adems,
se hallaron dos crneos, uno de un hombre y otro de una mujer, y por
ciertas seales debieron ser de caribes. Indcanos el estudio de los
objetos citados que la civilizacin de los primeros habitantes de Cuba
no fu nula, pero inferior, bastante inferior a la del Yucatn, Mxico
y Amrica Central.




CAPTULO VII

  AMRICA SEPTENTRIONAL.--OBSCURIDAD DE LA HISTORIA DE MXICO EN
  SUS PRIMEROS TIEMPOS.--LOS QUINAMETZIN.--LOS QUINAMS.--LOS
  NAHUAS, XICALANCAS Y OLMECAS: SU ORIGEN.--LOS CHICHIMECAS Y
  FUNDACIN DE SU IMPERIO.--LOS TOLTECAS: SU PEREGRINACIN; SU
  ASIENTO EN TULA.--TRIBUS MENOS IMPORTANTES.--RELACIONES ENTRE
  CHICHIMECAS Y TOLTECAS.--MONARQUA TOLTECA EN TULA.--LAS TRES
  MONARQUAS: SUS REYES.--QUETZALCOATL: SU DOCTRINA.--TETACATLIPOCA
  Y NAUHYOT.--XIUHTLATLZIN.--MATLACCOATL Y TLILCOATZIN.--HUEMAC
  Y TOPILTZIN.--LOS CHICHIMECAS SE APODERAN DE TULA.--REYES
  TOLTECAS DE TULA.--CULTURA DE LOS TOLTECAS.--LOS CHICHIMECAS: SU
  SITUACIN: SU VIDA.--GOBIERNO DE XOLOTT.--EL FEUDALISMO.--GUERRAS
  DE XOLOTT.--TRIBUS QUE INVADEN EL IMPERIO.--NOPALTZIN Y
  HUETZIN.--EL REINO DE TEZCUCO.--LOS AZTECAS: SU PROCEDENCIA.--LAS
  CASAS GRANDES DE GILA.--LOS AZTECAS ANTES DE ESTABLECERSE EN
  MXICO Y EN TLATELOLCO.--QUINANTZIN Y TECHOTLALAZIM.--LAS
  75 PROVINCIAS.--IXTLILXOCHITL: GUERRA CIVIL.--RIVALIDAD
  ENTRE TEZCUCO Y MXICO.--NETZAHUALCOYOTL.--LOS REINOS
  CONFEDERADOS.--GUERRA CIVIL.--LOS ESPAOLES EN TABASCO.--MOCTEZUMA
  II: SU GRANDEZA.--LA RELIGIN Y LA GUERRA.--EL JEFE DE CLAN, EL
  CALPULLI Y EL TLACALECUHLI.--LAS FRATIAS Y LA TRIBU.--CONSEJO
  TRIBAL.--LA INDUSTRIA.--EL CALENDARIO.--OBRAS PBLICAS.--LA
  ESCRITURA.--CREENCIAS RELIGIOSAS.


Consideremos el comienzo de la historia de Mxico. El punto es obscuro
y nada puede asegurarse con certeza. Segn recientes estudios, apareci
el hombre en el suelo mejicano al principio de la poca cuaternaria.
Dcese del mismo modo que el habitante ms antiguo perteneca a la
raza negra. Dejando la cuestin de si era o no autctono, sabemos
tradicionalmente que las primeras gentes fueron los _quinametzin_,
hombres de elevada estatura, establecidos en las orillas del Atoyac,
ro que corre entre Cholula y Puebla; descendan, como todos los
invasores de Amrica--y as lo dice Veytia--de siete familias que
vinieron de Tartaria. Los quinametzin y quinams son el mismo pueblo?

La raza que contribuy ms que ninguna a la civilizacin de la Amrica
del Norte fu la de los nahuas[191]. Estos nahuas, ya xicalancas, ya
olmecas, si estuvieron primeramente subyugados por los quinams, luego
convidaron a sus seores a un banquete, y despus de embriagarles, los
mataron. Dueos del pas, lo poseyeron pacficamente. Acerca de la
procedencia de olmecas y xicalancas, se cree que bajaron del Oriente
en canoas y llegaron primero al ro Pnuco, desembarcando despus en
las costas y ocupando toda la pennsula del Yucatn con la fraccin de
Chiapas y Tabasco.

       [191] Los nahuas y los mayas, son razas diferentes? Sostienen
       algunos autores que tuvieron el mismo origen y vivieron unidas
       mucho tiempo. Puede, s, asegurarse que los unen grandes
       semejanzas y los separan notables diferencias.

Decan los mejicanos del tiempo de la conquista que el mundo haba
pasado por cuatro edades: en la segunda ponan a los quinams, y en
la tercera a los xicalancas y olmecas. En la cuarta hacan venir del
Occidente a los _chichimecas_, conjunto de tribus pertenecientes
al mismo tronco que los xicalancas y olmecas, aunque de diferente
carcter. Estos nahuas acamparon en la parte ms septentrional de
Mxico, en las riberas del Gila o del ro Colorado. Afirmase que
echaron los cimientos de la ciudad de Huehuetlapallan, y la hicieron
capital de su imperio. Andaban casi desnudos o cubiertos con pieles de
fieras, se alimentaban de la caza y de frutas silvestres, vivan en
cuevas naturales o abiertas en los montes. Aunque tenan su monarca y
organizacin, dichas tribus gozaban de cierta autonoma y obedecan
a su cacique. Los chichimecas eran mongamos. No se casaban sin el
consentimiento de los padres de la novia; luego, por ligeros motivos,
repudiaban a sus mujeres y contraan otras nupcias. Trataban, sin
embargo, muy bien lo mismo a sus mujeres que a sus hijos. No consentan
los enlaces entre padres  hijos, ni entre hermanos y hermanas; pero s
entre cercanos deudos.

Entre las tribus chichimecas haba una que tena mayor cultura y
costumbres ms suaves, algunos conocimientos de astrologa, de
artes y de agricultura. Era la de los _toltecas_, la cual pronto se
declar independiente de los emperadores de Huehuetlapallan e hizo de
Tlachicatzin la capital de su repblica. Se ignora el tiempo que los
toltecas permanecieron en Tlachicatzin, como tambin si gozaron de
completa independencia. Parece probado que andando el tiempo pelearon
con las dems tribus, siendo vencidos y arrojados de su patria.
Emprendieron a ltimos del siglo VI de Jesucristo, larga peregrinacin
que dur cien aos, llevando consigo, segn cuentan muchos
historiadores, sus mujeres e hijos, siete capitanes por jefes, un
sacerdote por gua y consejero. Andaban unos das y descansaban otros.
Hacan largas estaciones, dejando en ellas cuando marchaban cierto
nmero de familias. No se dirigan a punto fijo; unas veces iban por
la costa del mar y otras veces se separaban de ella, ora se dirigan
a Levante y ora a Poniente, ya avanzaban y ya retrocedan[192]. Hacia
el ao 697--segn clculos de Veytia--debieron llegar los toltecas
a Tulcantzingo (hoy Tulanzingo), recordando entonces que haca dos
ciclos, esto es, ciento cuatro aos, que haban salido de su pas. No
agradndoles su nueva patria, a los diez y seis aos, el 713, volvieron
a ponerse en camino con direccin a Occidente. Convidados por la
dulzura del clima y la fertilidad de la tierra, acamparon cerca del
pueblo de Xocotitlan, en las riberas de humilde ro, donde fundaron
la ciudad de Tullan (hoy Tula). Decididos a no mudar de asiento,
edificaron sus casas de lodo y piedra, y desde Tula se derramaron por
el valle de Mxico, tal vez teniendo que luchar con varias tribus que
an quedaban en aquella tierra.

       [192] Veytia, _Historia Antigua de Mxico_, caps. XXI y XXII.

Se hallaban entre estas tribus los _tarascos_ y _otomes_, los
_totonecas_, _zapotecas_ y _mixtecas_? De los tarascos de Michoacn
diremos que eran pueblos sedentarios, cuyas casas hacan de piedra y
barro, distinguindose en la fabricacin de sus objetos de orfebrera,
en sus trabajos de pluma y en sus excelentes armaduras, rodelas, etc.
La lengua de los tarascos tena cierta armona, y en ella abundaban las
vocales. Manifestaban cierta obscuridad en sus ritos y ceremonias.

Los otomes, vecinos de los anteriores, no se distinguan por su
cultura. Cultivaban sus feraces tierras y eran aficionados a la msica
y al canto. Apenas haba mujeres clibes, pues los padres o los tutores
les buscaban con empeo maridos. Cuando la mujer otom se hallaba en
cinta se cargaba de amuletos y talismanes; procuraba no encontrarse
con seres o cosas malficas, como la vista de perros negros. Si el que
naca era varn, se le colocaba en la frente una pluma, en los hombros
un arco y una aljaba, y en el pecho una herramienta cualquiera; si era
hembra, en la mano derecha un uso, en la izquierda una poca lana y en
el corazn una flor.

Los otomes, como todas las tribus del Norte, usaban el pulque, la
ms estimada bebida alcohlica; el maz era cultivado generalmente y
formaban con l sabrosas tortas. Debemos hacer notar que los otomes
eran uno de los pocos pueblos que vean en la muerte la completa
aniquilacin del hombre. Volveremos a recordar en este lugar que si las
tribus del Medioda manifestaban sentimientos religiosos, en cambio,
las del Norte estimaban poco o apenas hacan caso de las relaciones
entre el hombre y Dios.

Los totonecas de Veracruz, tributarios tambin de los aztecas, aunque
ms cultos, debieron ser los constructores de las pirmides y templos
de Teotihuacn. Los antiguos cronistas, al ocuparse de _Cempoalla_, la
principal poblacin de los totonecas, dicen--tal vez con exageracin
manifiesta--que pareca un paraso terrenal.

No tenan menos cultura los zapotecas de Oaxaca y sus vecinos los
mixtecas de la costa del Pacfico. Afirmaban los zapotecas que las
ruinas de Mitla, llamadas en su lengua _Ryo-Ba_ o entrada a la tumba,
con sus soberbios palacios de grandes salones, fueron sepulcro de
sus antepasados. La lengua zapoteca se llam en el pas _tichaza_
(lengua de los nobles). Entre los zapotecas exista la monogamia. Con
frecuencia se unan mancebos de catorce aos con doncellas de doce.
Dominaban los hombres a las mujeres; pero no por la fuerza, sino por el
cario y la dulzura. Si gustaban de los placeres carnales, no llevaban
sus relaciones amorosas hasta la lujuria.

De los mixtecas se dice que perpetuaron en jeroglficos la memoria de
sus mitolgicas leyendas. Cuntase de ellos que tenan en cada pueblo
personas anualmente elegidas para que todos los das sealasen trabajo
a sus convecinos. Al amanecer, las citadas personas, desde lo alto de
sus casas, llamaban a los convecinos y les sealaban tarea. Aquellos
que no cumplan el encargo, porque perezosos no realizaron la obra o
la hicieron mal, sufran severo castigo. Tales hechos hacen pensar con
algn fundamento si los mixtecas se hallaban regidos bajo principios
comunistas.

Dejando ya el estudio de las ltimas tribus, cuya importancia es
escasa, recordaremos que durante la peregrinacin de los de Tula, los
chichimecas invadieron el Anahuac[193], que tomaron por la fuerza.

       [193] Unos autores entienden que el antiguo Anahuac comprenda
       toda la tierra que se halla entre los dos Ocanos, y otros
       dicen que slo abrazaba lo que denominamos hoy Nueva Espaa.
       Nosotros entendemos por Anahuac el territorio ocupado al
       presente por los Estados de Quertaro, Mxico, Veracruz,
       Tlaxcala y Puebla.

Los toltecas, residentes en Tula, deseosos de reconciliarse con los
chichimecas, abandonaron el gobierno de los siete capitanes, que
los mandaban alternativamente, eligieron un Rey y establecieron
la monarqua hereditaria. El primer Rey--segn Veytia--era
hijo de Icauhtzin, emperador de los chichimecas, y se llamaba
Chalchiuthlanetzin. Las leyes de sucesin disponan que ninguno pudiera
ser Rey ms de un ciclo; el que viviera ms, entregara la corona
a su heredero, y el que muriese antes se encargaran de ella los
ancianos. La monarqua haba gozado gran ventura, engrandecindose por
la influencia de la civilizacin ms que por las armas. Brasseur de
Bourbourg, apoyndose en nuevos cdices, sostiene que Nauhyotzin fu el
primer Rey de los toltecas y que no hubo las citadas leyes de sucesin;
aade que pas toda su vida en lucha con las tribus extranjeras o
indgenas establecidas en aquel suelo.

Por entonces se fundaron tres monarquas: una en Colhuacan, cuyo primer
Rey fu Nauhyotzin; otra en Guauhtitlan, dirigida por Chicon-Tonatiuh;
y la tercera en Tula, de la cual Mixcohuatl Mazatzin fu a la vez Rey
y Pontfice. Prestbanse apoyo las tres monarquas y los tres Reyes en
sus respectivos Estados emplearon sus armas, en el interior, contra
la aristocracia que se negaba a reconocerlos, y en el exterior contra
las tribus que venan del Norte. Los caudillos ms bravos fueron
considerados luego como dioses, lo cual indicaba que todava se hallaba
Amrica en los tiempos hericos y no en los histricos.

A tal punto lleg la unin de las tres monarquas, que a la muerte de
Nauhyotzin en Colhuacan le sucedi Mixcohuatl Camaxtli, hijo del Rey de
Tula, y al morir Mixcohuatl Mazatzin en Tula, ocup el trono Huetzin,
cuyo origen se desconoce. Segn el _Cdice Chimalpopoca_, la monarqua
menos venturosa fu la de Quanhtitlan, cuyo segundo Rey, llamado
Xiuhel, acab sus das de muerte airada: tal vez hubiera perecido
este reino, si no se hubiese nombrado Rey a Huactli, joven de valor
y simptico. En su apoyo llegaron de Chapala nmero considerable de
chichimecas.

El Rey de Colhuacan, Mixcohuatl Camaxtli, tom a Cuitlahuac, ciudad
donde se estrell su padre, y se dirigi al Medioda de Popocatepetl y
al territorio de Tlaxcala y Huexotzingo, ciudades que l fund, segn
algunos escritores. Los nobles, enemigos de la monarqua, mataron a
Camaxtli, teniendo que bajar Huetzin desde Tula, el cual impidi la
disolucin del reino. Ocurri entonces un suceso que no acertamos a
explicar, y fu que Huetzin pas a ser Rey de Colhuacan, quedando como
monarca de Tula un tal Ihuitimal.

Por aquellos tiempos, esto es, en el ao 856, se confederaron
los monarcas de Tula, de Colhuacan y de Otompan, reino el ltimo
cuya situacin se desconoce, y que tal vez--como opina algn
historiador--sus dominios constituyeron despus el de Tezcuco. Dcese
que Reyes y ancianos de las tres monarquas, reunidos en asamblea,
acordaron dar al soberano de Colhuacan el ttulo de _Tiatocat-Achcauh_,
que quiere decir Emperador o el primero de los Reyes. Cada Rey
continuara siendo, lo mismo en lo religioso que en lo civil, la
autoridad suprema de su Estado. Las leyes de sucesin haban de ser
iguales en los tres pueblos: el primer sucesor sera el primognito,
el segundo el segundognito, el tercero el hijo del primognito y el
cuarto el hijo del segundognito, y as sucesivamente. El heredero
de la corona, cuando llegaba a la mayor edad, ejerca el cargo de
generalsimo; pero, si lo desempeaba mal, no poda subir al trono. En
los intereses comunes a los tres Estados, deliberaban los tres Reyes,
resolvindose todos los asuntos por mayora.

A la sazn--y seguimos al pie de la letra el Cdice
Chimalpopoca--apareci un hombre extraordinario: llambase Quetzalcoatl
o Quetzalcohuatl. Debi pertenecer a la tribu tolteca, si bien algunos
escritores le consideran olmeca o xicalanca. Ven en l, unos, al
mismo apstol Santo Toms, que apareci en Amrica (siglo primero
de la Iglesia); otros dicen que era Dios; quin le hace Santo,
Pontfice o Rey; quin hechicero o un hombre cualquiera. Convienen
casi todos en que era un ser superior, digno de eterna fama en la
historia del Nuevo Mundo. Quetzalcoatl, se dice unnimemente, les
ense a mejorar el cultivo de la tierra, fundir el oro y la plata,
tallar las piedras preciosas, tejer el algodn y la pluma, curtir y
adobar las pieles, construir puentes y calzadas, y levantar los ms
suntuosos monumentos; los exhort a moderar las pasiones, domar la
carne por el ayuno, purificarse por la penitencia y hacerse propicia
la divinidad por la oracin y el sacrificio de la propia sangre; los
apart de inmolar a Dios vctimas humanas, y los inclin a no darle
en ofrenda sino perfumes, flores, frutos, pan de maz, mariposas, y,
cuando ms, serpientes y gamos; les abland, por fin, el corazn y
les suaviz las costumbres[194]. Es de advertir que en la mitologa
tolteca haba un Quetzalcoatl, dios de los vientos; tambin se llamaba
Quetzalcoatl el sacerdote de aquella divinidad. Contribuira esto a
las contradicciones de los cronistas?

       [194] Pi y Margall, _Hist. gral. de Amrica_, tom. y vol. I,
       pg. 27.

Cuentan algunos historiadores que haba en Tula una virgen llamada
Chimalman, que tena dos hermanos de nombre Tzochitlique y Conatlique.
Hallndose los tres solos en su casa, se les apareci de repente un
enviado del Cielo. Tzochitlique y Conatlique, murieron de terror,
oyendo entonces Chimalman de boca del ngel, que concibira un hijo sin
obra de varn. Aquel hijo fu Quetzalcoatl.

De diferente manera refiere el caso el _Cdice Chimalpopoca_. Segn
l, Chimalman fu una princesa que defendi valerosamente sus Estados
contra Mixcohuatl Camaxtli, Rey de Colhuacan, el mismo que muri
en Cuitlahuac a manos de los nobles. Vencida Chimalman, cas con
el vencedor, y tuvo a Quetzalcoatl. De muy joven, aade el Cdice,
acompa Quetzalcoatl a su padre en todas las expediciones belicosas.
Cuando Quetzalcoatl supo que el autor de sus das haba sido asesinado,
reuni a sus parciales, se dirigi a Cuitlahuac y la tom, llevando a
cabo terrible venganza. Desapareci luego, ignorndose donde estuvo.
A los quince aos, el 870, apareci en Pnuco, rodeado de brillante
plyade de sabios y artistas. El vengativo guerrero se haba convertido
en profeta. Aquel hombre, de negros y largos cabellos, blanco rostro
y buenas facciones, de espesa barba y gallarda estatura, vestido con
una tnica y calzando sandalias, se atrajo y cautiv a las gentes.
Ganoso de extender la civilizacin por el pas, comenz su apostolado
en Tulanzingo. Pas a Teotihuacan, de cuya ciudad sali irritadsimo
porque all se levantaban los templos del Sol y la Luna, y all se
inmolaban cautivos y criminales en el altar de los dioses. Recomendaba
que cada uno vertiera su sangre punzndose con espinas el cuerpo,
y l mismo se lo picaba con agujas de esmeralda despus de haberse
baado a media noche en las fuentes de Atecpan Amocheo. A la muerte
de Ihuitimal, fu proclamado Rey. Lo primero que hizo fu abolir los
cruentos ritos de los chichimecas y ordenar que se purificasen los
templos, medidas que le atrajeron el odio de los sacerdotes. Arreci
la enemiga contra l cuando introdujo las siguientes reformas: el
bautismo, el ayuno, la confesin, la castidad para los Ministros
de Dios, y la fundacin de colegios sacerdotales sujetos a severa
disciplina. En cambio, se gan el corazn de la muchedumbre por la
santidad de sus actos, el esplendor del culto, el fausto de la corte,
la grandeza de los monumentos que hizo levantar en Tula, la proteccin
que dispens a la industria y a las artes, los caminos con que enlaz
los tres reinos. Como tuviese noticia que secretamente se inmolaban
cautivos en aras de los dioses, castig sin piedad a los que tales
cosas hacan. Tetzcatlipoca, individuo de una familia que se crea con
derechos a la corona, al frente de algunos partidarios de la antigua
religin, y con la ayuda de los reyes de Colhuacan y de Otompan,
encendi la guerra contra Quetzalcoatl, quien, no queriendo derramar
sangre, abandon el trono y parti de la ciudad, seguido de muchos de
los suyos. Dejaba el trono el 895. Haca veinticinco aos que lleg a
Pnuco y veintids que era Rey.

Veamos cmo dicen los historiadores que Quetzalcoatl hizo el viaje a
Cholula. Delante van los msicos taendo la flauta, al lado pajes que
le cubren la cabeza con el parasol de plumas, detrs los ciudadanos
ms distinguidos y por los aires pjaros de brillantes colores que
abandonan la poblacin rebelde. Si vuelve los ojos y llora al ver a
Tula, sus lgrimas horadan los peascos; si pone las manos en una roca,
en ella se sealan las huellas; si tira una piedra a un rbol, las
seales duran siglos; si se sienta en la loma de una sierra, el monte
se hunde. Escondi en el lecho de un ro las joyas que no ocult antes
de salir de Tula, y a instancias de sus antiguos vasallos, dej en el
reino los maestros de las artes y las herramientas[195].

       [195] Vase Sahagn. lib. III, caps. XII, XIII y XIV.
       Torquemada, lib. VI, cap. XIV.

Inmensa alegra caus su presencia en Cholula, donde continu la obra
que haba realizado en Tula. Ense a los hombres la moral y las artes;
extendi la civilizacin y cultura a toda la comarca. Convirti a
Cholula en hermosa ciudad, pues antes slo era pobre villa. Se atrajo
a los olmecas, que se hallaban situados al Este y Sur de Popocatepetl,
formando con ellos un segundo reino. Fund ciudades, levant templos,
abri caminos, estableci colegios de sacerdotes y comunidades
religiosas de mujeres.

Tetzcatlipoca, bajo el nombre de Huemac, logr ceir la corona de Tula,
y luego, temiendo el ascendiente del reino de Cholula, al frente de
poderoso ejrcito, cay sobre los dominios de Quetzalcoatl, quien,
como en Tula, se neg a pelear, aunque sus sbditos le manifestaron
su decisin de combatir hasta derramar la ltima gota de su sangre.
No lo consinti Quetzalcoatl, y, despus de darles algunos sanos
consejos y esperanzas, abandon la ciudad, acompaado slo de cuatro
distinguidos jvenes, emprendiendo su tercera retirada. Cuando lleg a
la embocadura del Guazacoalco, despidi a sus compaeros, anuncindoles
que en los futuros tiempos vendran a dominar el pas unos hombres de
Oriente, como l blancos y de espesas barbas. Dirigise en seguida por
las aguas del ro, ignorndose el camino que tom, ni dnde acab sus
das. Por mucho tiempo recordaron aquellas tribus el nombre inmortal de
Quetzalcoatl.

Posteriormente el tirano Tetzcatlipoca, fu castigado como mereca.
Crease invencible, cuando Nauyotl, por cuyas venas corra sangre
de los chichimecas, se sublev en Tula, derrot completamente a
Tetzcatlipoca y se apoder del reino. El nuevo monarca, si permaneci
fiel a las antiguas creencias, no persigui el nuevo culto. Tula fu
el centro de la religin tradicional y Cholula la ciudad santa de las
doctrinas de Quetzalcoatl. Nauyotl hizo construir en Tula magnfico
y soberbio templo. Aunque continuaron los sacrificios humanos y el
horrible culto de Tlaloc, no decay el cultivo de las ciencias, de las
artes y de la industria. Si Tula haba sido en tiempo de Quetzalcoatl y
aun durante el reinado de Tetzcatlipoca la capital del Imperio, Nauhyot
hizo a Coluhacan la verdadera metrpoli. Perdi Tula la superioridad
poltica, ganando en cambio la cultura cientfica, pues en ella se
crearon escuelas, y ella fu la morada de sabios y de artistas. Muerto
Nauhyot, en 945, su mujer Xiuhtlatlzin, querida de los sbditos, ci,
contra las leyes de sucesin del reino, la corona de Tula. A los
cuatro aos muri reina tan excelente, dejando por heredero a su hijo
Matlaccoatl, de quien nada sabemos. Tampoco tenemos noticia alguna de
Tlilcoatzin, que comenz su reinado el 973.

Al llegar al ao 994 se ve que Huemac Atecpanecatl, de la familia
de los reyes de Colhuacan, fu elegido rey de Tula[196]. Enamorado
de una mujer bellsima, la cual hubo de conocer porque se present
ofrecindole miel o vino de maguey, tuvo de ella un hijo; y cuando
falleci su esposa, elev al trono a la adltera y design por sucesor
a Topiltzin Acxitl, fruto de su adulterio. La nobleza y el pueblo
tomaron muy a mal lo hecho por Huemac Atecpanecatl. Venan a hacer ms
difcil la situacin del Rey las amenazas de los chichimecas, brbaros
del Norte. Hallbanse en las fronteras del Anahuac, decididos a caer
sobre el reino de Tula.

       [196] Veytia designa a este Rey con el nombre de
       Tecpancaltzin. _Hist. antigua de Mxico_, captulo XXIX.

Vindose perdido Huemac, no encontr otro medio para salir de su
apuro que abdicar en favor de su hijo Topiltzin Acxitl. Comenz
bien Topiltzin; luego se entreg a las liviandades ms repugnantes,
siguindole en su conducta depravada sacerdotes y sacerdotisas.
Cuntase que Hueman, sacerdote que dirigi a los toltecas en larga
peregrinacin, profetiz que perecera el reino cuando ocupase el
trono un hombre de cabello erguido, y naciesen conejos con cuernos y
colibres con espolones. Crey Topiltzin reconocer estos prodigios en
un conejo y en un colibr que haba cazado en sus jardines, cambiando
entonces, lleno de terror, de costumbres y ordenando sacrificios a
los dioses. Sin embargo, los dioses, irritados contra el monarca y su
pueblo, hicieron que las aguas inundasen el pas y lo devastaran, que
los huracanes derribaran edificios y rboles; sucedironse grandes
sequas, secndose las fuentes y arroyos; luego sofocante calor; en
seguida horrorosos fros que helaban hasta los magueyes; despus plaga
de gusanos que roan las plantas en los campos, y de gorgojos que
coman el trigo en los graneros; ltimamente, un hambre que diezmaba
las poblaciones. Como consecuencia del hambre, por todas partes haba
cuadrillas de ladrones e incendiarios. Tal estado de cosas, lleg hasta
los mismos tiempos de Hernn Corts[197].

       [197] Esta hambre--segn Kinsborough--puso fin entre los
       mejicanos a la cuarta edad del mundo. _Antiquities of Mexico_,
       vol. VI, pg. 175.

No estall la guerra entre Topiltzin y los prncipes rebeldes del
Norte; pero aqul no pudo resistir la acometida de los chichimecas,
los cuales se extendieron por los valles de Mxico. Es de advertir que
los reyes de Colhuacan y de Otompan no ayudaron en esta ocasin al
de Tula. Los chichimecas saquearon a Otompan y Tezcuco, como tambin
a Colhuacan. En la corte de Tula se prepararon a la lucha hasta los
ancianos padres de Topiltzin y hasta las mujeres acaudilladas por la
Reina madre. La victoria fu de los chichimecas; la madre de Topiltzin
muri en un combate y Tula cay en poder de Huehuetzin, uno de los
jefes de las tribus victoriosas. Cuando Huemac, padre de Topiltzin,
perdi toda esperanza, se encerr en una gruta y se colg. As termin
el imperio de los toltecas, que se extenda de mar a mar, entre los
grados 16 y 21 de latitud Norte. Brasseur dice que concluy del 1060 al
1070; Veytia, el 1116, y Ixtlilxochitl, el 958.

Los Reyes de Tula, segn Brasseur, fueron:

   1. Mixcohuatl-Mazatzin, Rey en 752.
   2. Huetzin, en 817.
   3. Ihuitimal, en 845.
   4. Quetzalcoatl, en 873.
   5. Tetzcatlipoca-Huemac, en 895.
   6. Nauhyotl, en 930.
   7. Hiuhtlaltzin, en 945.
   8. Matlalccoatl, en 949.
   9. Tlilcoatzin, en 973.
  10. Huemac II, en 994.
  11. Topiltzin Acxitl, en 1029.
  12. Huemac III, en 1062.

Segn Veytia:

  1. Chalchiuhtlanetzin, Rey en 719.
  2. Ixtlilcucchanac, en 771.
  3. Huetzin, en 823.
  4. Totepeuh, en 875.
  5. Naxacoc, en 927.
  6. Mitl-Nauhyotl, en 979.
  7. Xiuhtlatzin, Reina, en 1035.
  8. Tecpancaltzin, en 1039.
  9. Topiltzin, en 1091.

Segn Ixtlilxochitl:

  1. Chalchiuhtlanetzin subi al trono en 510.
  2. Ixtliquechanac, en 572.
  3. Huetzin, en 613.
  4. Topeuh, en 664.
  5. Xiuquentzin, Reina, en 826.
  6. Iztacquanhtzin, en 830.
  7. Topiltzin, en 882.

Los Reyes de Colhuacan, segn Brasseur, fueron:

  1. Nauhyotl, Rey en 717.
  2. Nonohualcatl, en 767.
  3. Yohuallatonac, en 815.
  4. Quetzalacxoyatl, en 904.
  5. Chalchin-Tlatonac, en 953.
  6. Totepeuh, en 985.
  7. Nauhyotl, en 1026.

Fsicamente considerados, los toltecas eran de alta estatura, de bellas
formas, ms blancos y de barba ms espesa que los dems chichimecas.
Llevaban sombreros de paja o de hojas de palmera, se cubran con
mantas y se calzaban con sandalias. Para ir a la guerra se ponan en
la cabeza vistosos penachos, se colocaban una banda de plumas, se
pintaban el cuerpo y se adornaban con sus mejores joyas. Los soldados,
en general, iban desnudos; slo usaban el maxtle, para ocultar lo que
el pudor exige. La nica arma de defensa que tenan era el escudo. Unos
empleaban el arco y llevaban las flechas en la aljaba; otros la honda y
guardaban las piedras en bolsas colgadas del cinto; estos blandan la
javalina o la maza con puntas de pedernal. Los jefes usaban el casco de
oro o de cobre y la cota de algodn. Los toltecas eran giles y aptos
para el trabajo. Beneficiaron las minas, construyeron varios monumentos
y eran inteligentes en varias industrias. Labraban el oro, la plata, el
cobre y el mbar. Hacan toda clase de alhajas. Trabajaban con mucha
destreza y habilidad el barro. Por lo que a la cultura intelectual
respecta, conocan los jeroglficos y mediante ellos transmitan a
sus sucesores los hechos ms importantes. Posean en dicha clase de
escritura el _Teo-Amoxtli_, compuesto, segn se cree, por el sacerdote
Huemar en los primeros aos del reino de Tula, y era como una sntesis
de las ciencias, instituciones y vida nacional del pueblo tolteca.
Cuando los espaoles se apoderaron del pas, ya no exista el citado
libro. Tambin perpetuaban los hechos en unos poemas, que en sus
grandes festividades cantaban al son de la msica. Cultivaban la
Medicina y la Astrologa con algn aprovechamiento. Eran morales y
tenan establecida la monogamia. Rendan ferviente culto a sus dioses.
Las cuestiones religiosas y las luchas interiores, contribuyeron a la
decadencia y ruina de los toltecas.

Los chichimecas suceden a los toltecas. Hallbanse aquellos
establecidos en las mrgenes del Gila y bajaban por el medioda hasta
las fronteras del reino de Tula. Estaban gobernados por consejos de
ancianos y por sacerdotes que les recordaban sus deberes. Vivan en
casas de mampostera, que tenan hasta cuatro pisos. Hilaban y tejan,
adobaban las pieles, eran hbiles alfareros, cultivaban la tierra y
recogan mucha cantidad de maz. Hombres y mujeres iban vestidos; slo
las solteras no podan cubrirse ni aun en los ms rigurosos fros.
La mujer, dedicada en absoluto a los negocios domsticos, era muy
considerada del marido. Los hombres se distinguan por su laboriosidad.
Miraban la Cruz como un smbolo de paz. Las tribus chichimecas bajaron
al Anahuac, empujndose las unas a las otras, como sucedi en el siglo
V en Europa con los brbaros del Norte. Debieron venir los chichimecas
huyendo de los _teyas_, _querechos_, _apaches_ y otros.

La caza era la ocupacin principal de los chichimecas. Siempre llevaban
un arco y un carcaj. Coman y se vestan con lo que cazaban; en efectos
de caza pagaban sus tributos, y la res o pieza que primeramente cogan
la sacrificaban al Sol. Adems de la caza, se alimentaban con los
frutos de la tierra. Posean conocimientos de medicina, y no ignoraban
las virtudes curativas de muchas hierbas; pero si los remedios eran
ineficaces, lo mismo a los enfermos graves que a los viejos los mataban
introduciendo una flecha por la garganta. Hombres y mujeres iban
vestidos de pieles; slo el Emperador poda usar la piel del len.
El hombre y la mujer casados se guardaban fidelidad hasta la muerte.
Juntos iban a las fiestas y a la guerra. Juntos pasaban toda la vida.
Crean en un Dios creador del universo. Slo rendan culto al _Sol_ y a
la _Luna_.

En poltica vivan bajo el inmediato poder de sus nobles, si bien
reconociendo en el Emperador la autoridad suprema. Xolotl, hermano del
emperador Achcauhtzin, conquist el Anahuac; luego fund a Tanayocan
(Tenayuca) en la margen occidental del lago de Mxico, siendo desde
entonces residencia de la corte. Todo lo que constituy el imperio
tolteca, pas a formar parte del chichimeca. El gobierno de Xolotl fu
justo; dispuso que se dejase a los toltecas en posesin de sus ciudades
y villas, siempre que le reconociesen como seor y le pagasen tributo.
Lleg hasta permitirles que se gobernaran por sus antiguas leyes y
costumbres.

El engrandecimiento de los toltecas lleg a inspirar recelos a los
chichimecas. Nauhyotl se declar rey de Colhuacan, se neg a pagar el
feudo a Xolotl, y se dispuso a la guerra. Vencido y muerto Nauhyotl
en una batalla que se di en las orillas de los lagos, habra podido
Xolotl acabar con el nuevo reino. Lejos de ello, continu su poltica
de atraccin, hasta el punto que, vacante el trono de Colhuacan--pues
slo tres hijas del ltimo Rey eran las herederas--el citado Xolotl
cas a su hijo Nopaltzin con una de ellas.

A la sazn, de las opuestas playas del golfo de California vinieron
otras tribus, muy parecidas a los toltecas por el idioma y la cultura.
Adoraban a un dios que llamaban Cocopitl, y tenan conocimientos
de la agricultura y de otras industrias. Capitaneaba Tzortecomatl
a los _aculhuas_, Chiconquauhtli a los _otomes_ y Aculhua a los
_tecpanecas_. Bien acogidos por Xolotl, se establecieron los primeros
en Coatlichan, los segundos en Xalcotan y los terceros en Azcapotzalco.
Mediante matrimonios de Tzortecomatl con una hija del tolteca
Chalchinhlatonac, cacique de la provincia de Chalco, y de los otros dos
jefes con dos hijas de Xolotl, se aseguraron las relaciones entre las
nuevas y antiguas tribus. Xolotl reparti tierras a los maridos de sus
hijas y luego a sus nietos; tambin a seis capitanes que haban venido
del Norte. Los nuevos jefes tenan la obligacin de acudir con sus
soldados a defender al Emperador en tiempo de guerra, y a pagar ciertos
tributos para el sostenimiento del imperio. Feudal fu la constitucin
de aquella vasta monarqua, pues de ninguna otra manera hubieran podido
vivir juntas tantas y tan extraas gentes. Xolotl y sus chichimecas
se penetraron de las ideas de los toltecas y de los aculhuas, antes
sus enemigos, y levantaron un templo al _Sol_; conocieron la pintura
jeroglfica e hicieron palacios y jardines.

Sin embargo, no son para olvidadas ciertas desavenencias y guerras
entre las nuevas tribus y aun contra el mismo Xolotl. Unidos toltecas y
otras tribus, decidieron deshacerse del Emperador del modo siguiente:
Tena costumbre de dormir la siesta a la sombra de unos grandes
rboles de sus jardines. De repente inundaran con una gran cantidad
de agua el lugar donde dorma el Emperador. Sabido esto por Xolotl,
en el da destinado a su muerte, subise a dormir a lo ms alto de
una colina. De muerte natural acab Xolotl sus das al poco tiempo.
Rein--segn Veytia--ciento quince aos; segn Ixtlilxochitl, ciento
doce. Sera--como pretende Brasseur--no un nombre, sino un ttulo,
confundindose por esta razn en un Emperador dos o ms prncipes?
Hllase averiguado que en la historia antigua de Amrica es cosa
corriente hallar personajes que su vida exceda en mucho a la ordinaria
del hombre. Veytia dice que vivi del ao 1117 al 1232, Ixtlilxochitl
del 964 al 1075 y Brasseur del 1064 al 1160.

Nopaltzin sucedi a Xolotl, reinando pacficamente, si hacemos caso de
Veytia y de Ixtlilxochitl, y en completa anarqua, si damos crdito a
Brasseur. Conformes nosotros con los dos primeros, afirmamos, adems,
que bajo su gobierno continu la civilizacin de los chichimecas.

A Nopaltzin sucedi su hijo Tlotzin-Pochotl, conocido tambin con el
nombre de Huetzin, el cual era chichimeca por su padre y tolteca por
su madre. Continu la obra civilizadora de sus antepasados y foment
de un modo extraordinario la agricultura. Progresaron tambin las
artes. Tenan grandes y hermosas ciudades. Dentro del imperio se
hallaban siete Estados grandes y muchos pequeos; los grandes eran:
_Coatlichan_, _Azcapotzalco_, _Xaltocan_, _Quauhtitlan_, _Colhuacan_ y
_Xuexotla_. Bajo el imperio de Tlotzin tuvo origen el reino de Tezcuco;
tambin tuvieron comienzo los seoros de Tlaxcala y de Huexotzingo.

Pasamos a estudiar el imperio de los aztecas, que, como los toltecas,
pertenecan a la raza de los nahuas. Llamamos tribus aztecas, nahuatl
o mexicanas las de la familia utoazteca, que hablaban la lengua
nahuatl[198]. Hallbanse establecidas en la cuenca del Ocano Pacfico
y regiones montaosas prximas, desde el ro del Fuerte, en Sinaloa
(26 lat. Norte), a las actuales fronteras de Guatemala, exceptuando
pequea parte del istmo de Tehuantepec. La mayor y ms granada parte de
la citada familia form poderoso reino en la meseta del Anahuac.

       [198] En esta tierra de la Nueva Espaa hay tres maneras
       o linajes de gentes, que son chichimecas, los de Chulha e
       mexicanos: todos estos estn mezclados, emparentados por
       casamientos; desde muchos aos ac, antes que fuese Mxico se
       emparentaron los dos primeros linajes, que son los chichimecas
       e los de Chulha, en los terceros se emparentaron despus
       de encomenzado Mxico, que ellos edificaron e fundaron de
       principio... Pomar y Zurita, _Nueva coleccin de documentos
       para la historia de Mxico_, tom. III, pgs. 283 y 284.

Los aztecas que se sitan en el Anahuac y fundan poderoso imperio,
de dnde proceden? Dcese que de una tierra llamada Aztlan; pero se
ignora su situacin. Segn Ixtlilxochitl procedan de Xalisco y eran
descendientes de aquellos toltecas que fueron arrojados de Chapultepec
despus de la ruina de Tula; Aubn cree que de la pennsula de
California; Veytia sostiene que de ms all de Cinaloa y la Sonora;
Brasseur opina que del territorio comprendido entre las orillas del
Colorado y las del Yaqui.

Los aztecas aventajaban en cultura a los chichimecas de las mrgenes
del Gila y a los toltecas. Eran pueblos agrcolas, industriales y
artistas. Ellos fueron los constructores de las dos _Casas Grandes_ que
se admiran en las riberas del Gila; y ms abajo, en Chihuahua, entre el
ro del Norte y los montes donde nace el Yaqui, se hallan otras, con la
misma denominacin de _Casas Grandes_, fbrica tambin de las citadas
tribus[199]. Lo mismo unas casas que otras estn situadas cerca de un
ro, en lugar ameno y no lejos de ciudades. Tanto las primeras como las
segundas son cuadrilongas y se encuentran a los cuatro vientos. De las
Casas Grandes del Gila diremos que estaban defendidas por una muralla
en cuyos ngulos haba una especie de torres o baluartes. Las citadas
dos casas tenan tres pisos y adems un stano; las paredes eran de
tapia, gruesas y fuertes, sin ms abertura, fuera de las de entrada,
que dos agujeros redondos bastante pequeos. Invasores del Norte a Sur
debieron construirlas, los cuales deban ser excelentes arquitectos
y hbiles alfareros. En efecto, excelentes arquitectos y hbiles
alfareros fueron los pueblos de ms all del Gila. Citamos la industria
de alfarera porque en los alrededores de aquellos palacios se hallaron
multitud de ollas y jarras, de diferentes formas y de varios colores
(blancas, encarnadas y azules). El Aztlan, pues, de donde se supone
vinieron los aztecas, debi estar ms all del Gila, como lo crea
Veytia y lo afirmaba el cardenal Lorenzana en sus _Comentarios a las
Cartas de Hernn Corts_. Salieron de Aztlan en la segunda mitad del
siglo XI, y siguiendo la conducta de los toltecas, comenzaron larga
peregrinacin que dur ms de doscientos aos[200]. Iban buscando
siempre mejores y ms productivas tierras. El que les gui por ms
tiempo fu un hombre prestigioso llamado Huitziton, tal vez muerto
a mano airada en las riberas del lago de Patzcuaro. Los sacerdotes
dijeron al pueblo que Huitziton era Dios, siendo desde entonces
adorado bajo el nombre de Huitzilopochtli. Los huesos del nuevo Dios,
guardados en una cesta de junco, fueron conducidos en hombros de
cuatro ancianos. Los aztecas no emprendieron ningn negocio sin ser
consultado con el Dios, encargndose de la consulta los sacerdotes.
De esta manera vinieron a ser regidos por el sacerdocio. Recorrieron
diferentes lugares hasta que llegaron a Zumpango, cuyo seor se llamaba
Techpanecatl.

       [199] Vase Pi y Margall, _Historia general de Amrica_, tom.
       I, volmen I. pgs. 64 y 65.

       [200] Recurdese lo que en este mismo captulo se dijo del
       viaje de los toltecas.

De tal modo qued prendado Techpanecatl de sus huspedes, que les pidi
mujer para su hijo Ilhuicatl, les di una de sus hijas para que casara
con un azteca y les facilit toda clase de auxilios. Tan grande fu su
amistad que consinti en que se llevasen a su hijo Ilhuicatl cuando
acordaron continuar el viaje.

Ilhuicatl tuvo un hijo llamado Huitzilihuitl, a quien se considera como
el primer rey de los mexicanos. Persigui la desgracia despus y por
algn tiempo a los aztecas, hasta que llegaron a Chapultepec, donde se
repusieron de sus quebrantos. Luego, muerto Huitzilihuitl, se unieron
con unos pueblos vecinos o con otros; pero siempre como conquistadores
o seores del pas. Se establecieron ltimamente, la mayor parte, en
lo que es hoy la ciudad de Mxico, y la menor parte, en Tlatelolco.
Crean los aztecas, por su dios Huitzilopochtli, que no deban poner
trmino a su viaje hasta que viesen sobre un nogal un guila devorando
una culebra. Los que, impacientes, no quisieron esperar que tal hecho
sucediese, ocuparon la pequea isla de Tlatelolco; los que continuaron
su camino y creyeron haber visto la profeca divina, hicieron asiento
en Mxico.

En seguida se dispusieron a tomar parte activa en las guerras de las
tribus vecinas, ayudando con extremado valor a Quinantzin, emperador
de los chichimecas. Por ello, con la benevolencia de Quinantzin,
se dedicaron a edificar, adems de la ciudad de _Tlatelolco_, la
de _Tenochtitlan_ (por ser Tenuhczin o Tenuhc el caudillo de sus
fundadores), o _Mxico_ (por llamarse mexicas los aztecas)[201].
Quinantzin dej por sucesor en el Imperio a su hijo menor Techotlalazin
o Techotlala, excelente poltico. Procur la fusin de chichimecas
y de toltecas, mont su palacio y su corte a la costumbre tolteca,
despleg magnificencia y lujo extraordinarios, subordin la nobleza
y dividi el Imperio en 75 provincias, al frente de las cuales puso
otros tantos gobernadores. Al mismo tiempo haba 73 seoros, que el
Emperador no suprimi, pues eran slo de nombre. Los reyes vecinos,
unos se engrandecieron durante el largo imperio de Techotlalatzin,
y otros decayeron y aun vinieron a la ruina; en el primer caso, se
encuentran los de Azcapotzalco, y en el segundo, los de Colhuacan.
Techotlalatzin, hombre verdaderamente superior, en su afn de fusionar
ms los pueblos, hubo de consentir en sus dominios la idolatra.
Sin embargo, no permiti que entrase en su palacio, ni que en los
templos se vertiera sangre humana. Para m--deca--no hay sino un
Dios que todas las maanas saludo en el Sol que nace. Como no es
cuerpo, me parecen innecesarias las ofrendas. Ni puedo convencerme
de que, habiendo creado los animales, se complazca en verlos impa
y estrilmente sacrificados. Menos he de creer an que le agrade el
holocausto del hombre, horror de la naturaleza. Techotlalatzin no se
dej arrastrar al vicio. Ni tuvo amores ilcitos, ni solicit ms de
una mujer, ni se entreg a los placeres de la mesa, ni al lujo de su
persona. Como monarca trat con el mismo cario a sus subordinados
y procur establecer la igualdad en los tributos. Exigi exacto
cumplimiento de las leyes y castig severamente los delitos.

       [201] Tenochtitlan se fund, segn Brasseur, en 1325: segn
       Veytia, en 1327, y segn Torquemada, en 1341.

A Techotlalatzin sucedi en el imperio su hijo Ixtlilxochitl. De las
manos robustas del gran Emperador pasa el pas a las menos fuertes de
su hijo.

A la sazn, los aztecas se hallaban encariados con Tezozomoc, rey
de Azcapotzalco. Tezozomoc, con la ayuda de ellos, se decidi a
pelear con Ixtlilxochitl, pues ste se haba atrevido a repudiar
una hija del mismo rey de Azcapotzalco. Adems, el citado Emperador
era un libertino. Procur Tezozomoc atraerse a todos los prncipes
que reciban algn agravio de Ixtlilxochitl. Cuando lo consigui,
los convoc secretamente a una junta, exponindoles la necesidad de
recobrar la independencia--porque de otro modo no era posible--mediante
las armas. Obtuvo el general asentimiento de sus camaradas, buscando
desde entonces ocasin propicia para la rebelin. Noticioso de todo el
Emperador, se content con reconvenir a Tezozomoc.

Comenz la lucha entre el rey de Azcapotzalco y otros contra
Ixtlilxochitl. La fortuna acompa al Emperador en todas ocasiones,
llegando por ltimo a la misma corte de Tezozomoc. Cuando la capital
iba a rendirse por hambre, presentronse embajadores a Ixtlilxochitl,
pidindole la paz y ofrecindole que Tezozomoc sera en adelante fiel
vasallo. El Emperador accedi a los ruegos del enemigo, y se oblig a
restituir lo que le haba quitado en lucha tan larga. Poco despus, el
rey de Azcapotzalco, ingrato a los beneficios recibidos, y olvidndose
de sus promesas, volvi a buscar el apoyo de los descontentos, y al
frente de poderosas fuerzas se dirigi contra el Emperador, quien hubo
de abandonar a Tezcuco, y algn tiempo ms adelante, slo con unos
pocos hombres, luch como un len hasta que perdi la vida. Tezozomoc
se dispuso, en unin de sus aliados, a apoderarse del Imperio, sin
hacer caso de Netzahualcoyotl, hijo de Ixtlilxochitl, y joven de
unos diez y seis aos. Convencido Tezozomoc de la impotencia de
Netzahualcoyotl, le permiti vivir en Mxico y despus en Tezcuco. En
los comienzos del ao 1427 muri el rey de Azcapotzalco, dejando por
heredero, no a su primognito Maxtla, pues hubo de decir: No quiero en
el trono un carcter orgulloso y spero. Le sucedi Teyauhzin, su hijo
segundo.

Tiempo adelante, Netzahualcoyotl, ponindose a la cabeza de muchos
y valerosos partidarios, pele con constancia un da y otro da,
recuper el trono de sus mayores y cay sobre Azcapotzalco deseoso
de castigar a Maxtla, quien no slo se haba apoderado del trono,
sino que haba dado muerte a su hermano Teyauhzin. Netzahualcoyotl
entreg la ciudad al saqueo, arras los templos y las principales
casas, mat a los habitantes sin respetar edad ni sexo, y habiendo
encontrado a Maxtla escondido en un bao, le hizo llevar a la plaza
pblica, donde sufri cruel muerte (junio de 1428). Sin darse punto
de reposo, tom a Cuyoacan y Tlacopan, residencia de los fugitivos,
luego a Tenayocan, y dirigindose al Norte, lleg hasta Xaltocan,
de cuya ciudad tambin se hizo dueo (diciembre del citado ao). Se
retir a Mxico a descansar de guerra tan desastrosa. Celebrronse
toda clase de fiestas y se sacrificaron muchos prisioneros en los
altares de Huitzilopochtli. Justo ser consignar que Netzahualcoyotl
aborreca los sacrificios de seres racionales, si bien no tuvo valor
para oponerse a la religin de sus aliados. Las creencias religiosas
de soberano tan ilustre estaban reducidas a adorar a un Dios creador
de todo el universo. En Tenochtitlan no levant templos; pero s un
palacio, un parque y obras de utilidad pblica. A l se atribuyen las
albercas de Chapultepec y la elevada atarjea por donde corren las
aguas de la ciudad citada a Mxico. En la primavera de 1429 volvi a
ponerse sobre las armas, ayudndole en esta empresa sus veteranos y los
Reyes y tropas de los aztecas. Se puso sobre Tezcuco que cay bajo su
poder despus de tenaz resistencia, y en seguida Xuexotla, Coatlichan,
Quauhtepec e Iztapalocan, no siguiendo adelante por el cansancio que
crey notar en los aztecas. Retirse a Mxico y en el citado ao
redujo la ciudad de Xochimilco, situada en la misma margen del lago.
Volvi a emprender nueva campaa en el ao 1430, logrando la sumisin
de Cuitlahuac, de Acolman (hoy Oculma) y de otras ciudades. Haba
conquistado Netzahualcoyotl la mayor y mejor parte del imperio de los
chichimecas, pudiendo ceirse con orgullo la corona de sus mayores.
Entonces, cuando haba llegado a la cima de la gloria, se hizo jurar
Emperador en Tenochtitlan (Mxico); pero compartiendo generosamente el
imperio con Totoquiyauhtin, seor de Tlacopan, y con Itzcohuatl, Rey
del citado Mxico. Se concibe que Netzahualcoyotl hubiese compartido
el poder con Itzcohuatl, a quien deba en gran parte la conquista de
Azcapotzalco y la sumisin de los rebeldes al Occidente de las lagunas;
mas, qu deba a Totoquiyauhtin? Del siguiente modo lo explica el
historiador Veytia: Entre las muchas concubinas que tena el prncipe
Netzahualcoyotl, haba una de singular hermosura, cuyo nombre no nos
dicen, sino slo que era hija de Totoquiyauhtin, seor de Tlacopan,
que corrupta la voz por los espaoles, llaman hoy Tacuba. Esta, pues,
juntaba al buen parecer la destreza y el artificio para hacerse amar
del Prncipe, cuyo afecto posea en ms alto grado que todas las otras,
y quien tena ya en ella varios hijos. Su privanza, su alta nobleza
y su natural ambicioso, le hicieron concebir el deseo de exaltar
su casa... y logr hacer entrar al Prncipe en su proyecto, que se
reduca, no slo a que no se despojase a su padre de los estados de
Tlacopan, sino a que se le aumentasen... y lo que es ms, se le diese
en el gobierno del Imperio igual parte que al Rey de Mxico, de suerte
que fuese ste un triunvirato de que dependiese el gobierno de todo el
Imperio[202].

       [202] Torquemada y Clavigero afirman que la hija del seor
       de Mxico se llamaba Matlatzihuatzin y era, no querida, sino
       mujer legtima de Netzahualcoyotl.

Sin embargo de que Itzcohuatl, de Mxico, por su edad y experiencia
se crea con derecho a ser el jefe del triunvirato o de la liga o
confederacin azteca (conocida despus con el nombre de Imperio de
Moctezuma o mexicano), Netzahualcoyotl procur desarmarle con blandas
razones, y cuando se convenci que nada adelantaba con ello, le hizo
la guerra y le venci completamente. Determinse la nueva constitucin
poltica. Se deslindaron ante todo los lmites de los citados tres
reinos. El asiento del Gobierno o la capital de la Confederacin estaba
en Mxico, poblacin situada en el centro de uno de los lagos (Tezcuco)
del valle de Mxico, lagos que rodean las elevadas y volcnicas cumbres
del Popocatepetl (montaa que arroja humo) y de Ixtaccihuatl (mujer
que duerme). La Confederacin haba de conocer de todos los asuntos
comunes a los tres reinos, y cada Rey confederado de los propios de sus
pueblos. En las guerras se hallaban obligados a ayudarse mutuamente,
repartindose el botn del siguiente modo: de cinco partes, dos seran
para el de Mxico, dos para el de Tezcuco y una para el de Tlacopan.
Se dispuso, despus de largas discusiones, el restablecimiento de los
feudos, acordndose restablecer hasta 30; 14 en el de Tezcuco, 9 en el
de Mxico y 7 en el de Tlacopan. Debera exigirse a los nuevos seores
que prestaran homenaje a los tres Reyes y sirviesen, adems, con tropas
en tiempo de guerra. Tanta importancia se di a la declaracin de
guerra, que no bastaba el acuerdo de los triunviros, sino la reunin
de los pro-hombres de las tres monarquas. Netzahualcoyotl, por su
parte, hermose la ciudad de Tezcuco con soberbios edificios, y para
s hizo magnfico alczar, que era la admiracin de todos. Organiz la
administracin y justicia, protegi las ciencias y artes y promulg
numerosas leyes civiles, polticas, penales y militares. Ocupronle
mucho las guerras, ya slo, ya con los reyes de Mxico y de Tlacopan.
Refieren los cronistas que en los ratos de ocio Netzahualcoyotl
escriba versos, conservndose todava algunos de sus cantos. Sin
embargo del idealismo que se nota en sus poesas, acostumbraba a decir
lo siguiente: Ya que son pasajeros los bienes del mundo, apresurmonos
a disfrutar del bien que pasa; anhelemos y busquemos los del Cielo,
sin menospreciar los de la Tierra. Con harta frecuencia sus acciones
no estaban en relacin con sus ideas. Si quemaba templos en odio a la
idolatra y aborreca los sacrificios humanos, levant otros templos
y consinti que se pusiera la piedra destinada a recibir las vctimas
consagradas a los dioses Tlaloc y Huitzilopochtli, pues de este modo,
segn algunos, transiga con las preocupaciones de su pueblo.

Respecto al reino de Mxico, a la muerte de Itzcohuatl, ocup el
trono el general Moctezuma I, ya conocido por sus hechos militares. A
Moctezuma I sucedi Axayacatl.

Lleg tambin la ltima hora a Netzahualcoyotl, rey de Tezcuco, que
slo dej un hijo legtimo de corta edad. El da de su fallecimiento,
llam a los presidentes de los cuatro consejos y les habl de este
modo: Aqu tenis a vuestro Rey y seor; aunque nio es cuerdo y
prudente, y har que reinen entre vosotros la concordia y la justicia.
Si le obedecis como leales vasallos, os conservar los seoros y las
dignidades. Siento cercano mi fin. Cuando muera, en vez de tristes
lamentos, entonad cnticos de alegra, para que dis muestras de
gran corazn, y lejos de consideraros abatidos, crean las naciones
que somet que el ltimo de vosotros es capaz de mantenerlas bajo
el yugo. Volvindose al prncipe Acapioltz, uno de sus ms fieles
amigos, aadi: Acapioltz, s desde este momento el padre de este
nio. Ensale a vivir y procura que por tus consejos gobierne bien el
imperio. S su gua mientras no est en edad de marchar por s mismo.
Era el ao 1470.

Comenz verdadera rivalidad entre Tezcuco y Mxico. Axayacatl, rey
de Mxico, se apoder de extensos territorios a costa de los grandes
seores sus vecinos. En tanto, Netzahuilpilli se encarg del gobierno
de Tezcuco, dando sealadas muestras de prudencia. En seguida se
prepar a la guerra y se dirigi hacia el Oriente, volviendo cargado de
laureles. Mostr despus que, como su padre, era aficionado al fausto y
a la magnificencia. Hizo construir un palacio de ms bella arquitectura
que el del autor de sus das y di a su corte un esplendor nunca visto.
No se durmi, sin embargo, en los brazos del deleite. Mientras que
por muerte de Axayacatl de Mxico, ocupaba el trono su hermano Tizoc,
Netzahuilpilli reuni un ejrcito y march sobre Nauhtla, situada en
las playas del Golfo, al Nordeste de Tezcuco, logrando en poco tiempo
someter toda la provincia hasta la desembocadura del Pnuco.

A la sazn muri Tizoc, sucedindole su hermano Ahuitzotl, hombre
enrgico, de duro corazn y aficionado a la guerra. Inmediatamente
que se encarg del gobierno, excit a los otros dos Reyes a atrevidas
expediciones; unidos los tres dominaron el pas de Tlappan, las dos
Mixtecas, el Tapotecapan, y avanzando al Sur, llegaron hasta Chiapas
y Xoconuchco. El imperio recobraba--segn los citados hechos--sus
antiguos trminos.

Netzahuilpilli no dej las armas de la mano. Castig la provincia de
Tizauhcoac, que se haba rebelado contra el imperio y luego cay sobre
Atlixco, a cuyo independiente seor le castig con dureza. Lo mismo
hizo con el seor de Huexotzingo.

De un acontecimiento verdaderamente singular vamos a dar noticia.
Ahuitzotl de Mxico iba a inaugurar el templo o templos que acababa de
terminar. Asistieron al acto los reyes de Tlacopan y de Tezcuco, como
tambin los grandes del imperio. Unos cuarenta templos, rodeados de
un alto muro, se consagraron a todos los dioses del Olimpo mexicano.
Cada templo tena su colegio de sacerdotes, sus braseros donde deba
arder perpetuamente el fuego sagrado y su piedra para los sacrificios.
En estos cuarenta templos fueron sacrificados miles de prisioneros de
guerra durante los cuatro das de fiestas (1486).

A la muerte de Chimalpopoca, rey de Tlacopan, le sucedi
Totoquilinatzin, segundo de este nombre. Unidos los tres Reyes,
pelearon un da y otro da con las tribus vecinas, consiguiendo grandes
triunfos. Por su parte, Netzahuilpilli pele despus por su cuenta,
llevando an ms all sus guerras y conquistas.

Por lo que respecta al gobierno interior de Netzahuilpilli, era severo,
seversimo en el cumplimiento de las leyes. Porque un da su hijo
primognito Huexotzincatl se atrevi a requebrar, o, segn algunos, a
tener relaciones con una de las favoritas imperiales, Netzahuilpilli,
respetando la sentencia de los jueces, le hizo condenar a muerte.
A muerte hizo condenar, por causas ms pequeas, a otros dos hijos
y a una hija. A una de sus esposas, cogida en adulterio, la hizo
estrangular en la plaza pblica, y no solamente a ella, sino a sus
amantes y cmplices. En cambio, a l se deben reformas que enaltecen
su nombre. Los hijos de los esclavos que haba en el imperio, seguan,
como en la vieja Europa, la condicin de los padres. Netzahuilpilli
dispuso que en lo futuro gozasen de la libertad que les conceda
naturaleza. Regulariz los procedimientos judiciales, estableciendo
que los negocios ms graves slo pudiesen durar ochenta das. Castig
severamente las faltas de los jueces. Era tan bueno para los pobres,
hurfanos, ancianos y enfermos, como duro para los criminales.
Cultiv la poesa, y pasaba mucho tiempo contemplando el curso de los
astros. En religin crea en un slo Dios creador del Universo, mas
no se atrevi a negar los dioses de los aztecas. Como se acercasen
los tiempos de la llegada de los espaoles al Anahuac, recordaremos
que poco antes, esto es, en los primeros meses del 1500, naci a
Netzahuilpilli un hijo, llamado Ixtlixochitl, que ser uno de los
primeros amigos de Hernn Corts y del cual predijeron los astrlogos
que, partidario de un pueblo extrao y enemigo del suyo, sera la ruina
de su patria. Los augurios eran cada vez mayores y ms constantes al
paso que los espaoles se aproximaban al golfo de Mxico.

Sentbase en el trono de Mxico a la sazn Moctezuma II, sucesor de
Alhuitzotl,  hijo de Axayacatl. No era Moctezuma II el mayor de sus
hermanos; pero haba dado pruebas de valor y de arrojo. Siguiendo la
costumbre de sus antecesores, sali a campaa y venci. Generoso con
los hijos del pueblo, fu duro con los aristcratas. Deban hablarle
con la frente inclinada y los ojos bajos. Los sbditos haban de
postrarse cuando le vean en la calle. Era extraordinario el lujo de su
palacio, como era extraordinario el nmero de sus concubinas. Acerca
de la industria, se labraban los metales (oro, plata, plomo, latn,
estao y cobre), y se hacan primorosos objetos de piedra, barro, hueso
y conchas de mar. Se trabajaba admirablemente la madera; se construan,
vidriaban y pintaban vasijas de exquisito gusto; se tejan finas
telas de algodn, y se curtan pieles y se las tea de mil colores.
Calzadas y acueductos, palacios y casas particulares, todo era digno
de admiracin y de alabanza. Moctezuma, con la eficaz ayuda de los
reyes de Tezcuco y Tlacopan, intent acabar con la independencia de
Tlaxcala. La lucha fu tenaz, larga y sangrienta, resultando, al fin,
que los tres Reyes fueron vencidos y rotos sus ejrcitos. Entonces se
resignaron a tener enclavada en el corazn del Imperio una repblica
libre e independiente. Refieren algunos autores que Moctezuma, con
la intencin de quebrantar las fuerzas de Tezcuco, insisti tiempo
adelante con sus colegas a llevar de nuevo la guerra contra Tlaxcala.
Netzahualpilli fu el primero en reunir la flor de sus ejrcitos que
mand a la frontera bajo las rdenes de dos de sus hijos. Acudi
tambin Moctezuma; pero avisando secretamente a los tlaxcaltecas de
la marcha de los de Tezcuco y comprometindose a no tomar parte en la
contienda. En efecto, cayeron los tlaxcaltecas sobre los de Tezcuco,
derrotndolos completamente y matando a los hijos de Netzahualpilli.
Moctezuma presenci la matanza desde las faldas de Xacoltepetl. Lo
cierto es que, durante el reinado de Moctezuma, adquiri Mxico no poca
preponderancia sobre Tezcuco. Debemos tambin referir que terrible
hambre afligi el imperio durante los aos 1504 y 1505. Los tres Reyes
continuaron peleando con sus enemigos en los aos sucesivos, llegando
por Chiapas y Guatemala, y no parando hasta los confines de la Amrica
del Medioda. Ganaron a Honduras por la fuerza y a Nicaragua por la
astucia. No pudo ya el Imperio--escribe Pi y Margall--llevar ms all
sus armas. Son pronto para l la hora, no ya de conquistar, sino de
ser conquistado. Hace ya veinte aos que los espaoles pisan el suelo
de Amrica, y en este momento acaban de descubrir la Florida. Estn ya
en una de las extremidades del Anahuac los hombres barbudos y blancos,
de quienes dijo Quetzalcoatl que vendran de Levante. No tardarn en
salir de Cuba para explorar el Occidente del golfo y penetrar por las
mrgenes del Tabasco en tierra de Mxico... Para colmo de mal, muere
a poco Netzahualpilli sin dejar elegido sucesor, y entra la discordia
en el palacio de los aculhuas. Ha llegado el imperio a la cumbre de la
grandeza, slo para que fuese mayor su cada[203].

       [203] Vol. I, pg. 132.

Cuando los espaoles llegaron a Mxico, tendra de extensin el imperio
de _Moctezuma II_ como la tercera parte de la actual Repblica. Deba
ocupar, adems del distrito federal de Mxico, los Estados de Veracruz,
Tabasco, Chiapas, Oajaca, Guerrero, Puebla y Quertaro. Dentro de la
citada superficie haba ciudades y aun provincias independientes:
lo era Cholula, Huexotzingo, Tlaxcala, Acatapec, Acapulco y otras.
La poblacin del imperio era bastante numerosa. Los dems reinos y
seoros casi deban su independencia a complacencias del Emperador.
Muri por entonces el rey de Tezcuco, a cuya corona se crean con
derecho tres de sus hijos, llamados Coanacochtzin, Ixtlixochitl y
Cacamatzin. Aunque logr ser proclamado Cacamatzin, con la ayuda de
Moctezuma, al fin se vino a un acuerdo, dividindose el reino en tres
partes y quedando para Cacamatzin y Coanacochtzin las provincias del
Medioda y para Ixtlixochitl las del Norte. Cacamatzin conserv el
ttulo, nada ms que el ttulo. Moctezuma era el verdadero dueo del
pas, y en el Anahuac, a la llegada de los espaoles, slo sonaba el
Emperador de Mxico.

Habremos de repetir--si de religin se trata--que el _Sol_, la
_Luna_ y las _estrellas_ fueron adorados por los habitantes del
Anahuac, a quienes les levantaron templos. Adems eran adorados otros
muchos dioses. Se deca que todos eran descendientes de Citlatonac
y Citlalycue. Quetzalcoatl, Huitzilopochtli y otros formaban el
Olimpo azteca. La religin del Imperio era, no slo brbara en los
sacrificios, sino en la manera de presentar a sus dioses. Pintbase
a los dioses de diferentes colores y se les cubra de joyas y
adornos, no faltando las plumas de papagayo; resultaban verdaderos
monstruos. No pocos dioses velaban por la agricultura. La fiesta que
se celebraba el primer da del cuarto mes del ao estaba consagrada a
_Tzinteotl_, el dios de los maizares, y a _Chicomecoatl_, la diosa de
los mantenimientos. Tambin hacan fiestas a los hermanos _Tlaloc_,
los dioses de las lluvias; a _Quetzalcoatl_, el dios de los vientos;
a _Xiuhtecutli_, el dios del fuego; a _Izquitecatl_ y sus compaeros,
los dioses del vino, y _Macuilxochitl_, el dios de las flores. Aunque
los mexicanos gustaban de la vida sedentaria, su ocupacin principal
no era la agricultura, sino la guerra. Como otros pueblos americanos,
no tenan ejrcitos permanentes. Desde la niez se les educaba para
la guerra, y guerreros eran todos los hombres hbiles de la tribu.
Entre los jefes haba categoras y grados, pues podan ser modestos
jefes de clan o linaje, o jefes distinguidos de las cuatro secciones
(_calpulli_) en que estaba dividido Mxico. Sobre todos estos jefes
estaba el _tlacalecuhli_ o _jefe de hombres_, llamado Emperador o
Rey por los cronistas espaoles. Su autoridad estaba limitada por
el _Consejo Supremo_ (Tlacopan) y por el _jefe civil_ superior
(_Cihuacohuautl_), que con l alternaba en el mando. El cargo era
electivo dentro de determinado clan o linaje y vitalicio; adems
ejerca el poder supremo sacerdotal. Poda ser relevado del cargo.
Tanto el tlacalecuhli como el cihuacohuatl, podan llevar aquellas
calaveras de plumera con sus penachos verdes y rodelas de lo mismo y
aquellas ajorcas y pulseras de oro y plumas en la nariz, los brazos y
los tobillos, de que nos dan idea los relieves de la llamada _Cruz de
Palenque_.

Hacase la guerra con cualquier pretexto, casi siempre _para adquirir
subsistencias_ y, a veces, para _conseguir vctimas humanas_ y
satisfacer las exigencias del culto. Las armas se guardaban en
almacenes pblicos (_tlacochalco_), prximos al templo principal
(_teo-calli_), y pertenecan a la comunidad, repartindose cuando
lo ordenaba el Consejo. Por el Consejo se decidan las campaas y
se proclamaba la declaracin de guerra en los _teo-callis_ al son
del taido de grandes atambores. Repartanse armas y provisiones,
dirigindose hacia el territorio enemigo lanzando gritos de guerra.
Si los enemigos eran derrotados, los mexicanos entraban a sangre y
fuego en sus aldeas, hasta que aqullos pedan la paz y pagaban un
tributo. Consistan los tributos, generalmente, en _maz_; tambin eran
a veces objetos de alfarera, tejidos, esclavos, mujeres, etc. En los
comienzos del siglo XVI, el pueblo de Mxico estaba dividido en cuatro
barrios o partes, en los que vivan los individuos de cada clase,
linaje o grupo de parientes (_calpulli_), con derecho de usufructo del
territorio que ocupaban (_calpullalli_). Los calpullallis se hallaban
divididos en parcelas cultivables (_tlalmilli_), que se repartan por
las autoridades del clan o _calpulli_ a los jefes de familia del mismo
(_patriarcado_), para que los cultivasen en beneficio de los suyos.
Si dejaban de cultivarlos dos aos seguidos, o si la familia que lo
usufructuaba mora o sala del _calpulli_, se daba la parcela a otra
familia del linaje. Cuando mora el jefe de la familia, heredaba la
parcela el mayor de sus hijos, y a falta de ste el hermano que le
segua en edad o los tos del muerto. El mayorazgo estaba obligado
a cultivar la parcela heredada y sostener a sus hermanos y hermanas
hasta que contraan matrimonio, obteniendo a su vez los varones otra
porcin de tierra cultivable. Si alguno de los hijos estaba invlido,
el _calpulli_ cuidaba de su subsistencia, y si alguna de las hijas
permaneca soltera a causa de su vocacin religiosa, era mantenida por
el templo. Es de advertir que la sociedad mexicana fu una especie
de democracia militar. Los _calpullis_ o los veinte linajes formaban
cuatro _fratrias_ y las cuatro fratrias la _tribu_, cuyo gobierno
supremo resida en el _Consejo Tribal_ (_tlatocan_), compuesto de
varios individuos, uno por cada _calpulli_. Reunase este Consejo--el
cual tena facultades absolutas--cada diez das, o antes en casos
extraordinarios. De cuando en cuando se reuna el Consejo en sesin
magna y pblica (juntas tribales extraordinarias), concurriendo a
ella los veinte _hermanos mayores de los calpulli_, los jerarcas
sacerdotales, los capitanes de las fratrias, etc.; en estas juntas
poda pedirse la reforma o derogacin de anteriores disposiciones del
Consejo Tribal.

Existi la esclavitud entre los mexicanos, aunque en estado
rudimentario. Eran esclavos los que dejaban dos aos sin cultivar
la parcela de tierra que les haba sido asignada, como tambin los
arrojados de los _calpullis_ por su mala conducta. Si el esclavo
persista en su poco amor al trabajo o no enmendaba su conducta, era
castigado con penas infamantes. Si continuaba lo mismo, a pesar del
castigo, era entregado a los sacerdotes para los sacrificios.

La _familia_ azteca tena su fundamento en el patriarcado. Los
_calpullis_ observaban la ley de exogamia. La mujer, aunque estaba
considerada como propiedad individual y exclusiva del marido, era
tenida en ms estima. El _calpulli_ arreglaba los matrimonios y
castigaba severamente a los adlteros, quienes se convertan en
esclavos. Como las leyes sociales del _calpulli_ disponan el
matrimonio de todos sus individuos, los que se negaban a cumplirlas,
salvo votos religiosos, tenan la misma pena que los adlteros. Esto
no impidi impedir el concubinato, ni modificar en las tribus aztecas
los repugnantes vicios contra natura[204]. Por lo que respecta al
comercio--del cual se tratar ms extensamente en el captulo dcimo
cuarto--haremos notar que en las poblaciones principales los mercados
se celebraban cada cinco das, siendo muy activo el trfico de granos,
cacao, alimentos, bebidas, vestidos, armas, alfareras y dems objetos
necesarios para la vida material y para el adorno del indgena. No se
usaban en los mercados pesas ni medidas. Consistan las transacciones
en permutas y en compras, haciendo el papel de moneda los _zontlis_ y
_xiquipiles_ de cacao, los cautillos de ansarones llenos de granitos
de oro y los pedacitos de estao o cobre en forma de T[205]. Tambin,
de cuando en cuando, haba ferias.

       [204] Bernal Daz del Castillo, _Conq. Nueva Esp._, cap.
       CCVIII, pg. 309.

       [205] Vase Bernal Daz del Castillo, ob. cit. pg. 89.

Cuando penetraron los espaoles en el pas, encontraron la agricultura
y otras industrias muy adelantadas. Produca la tierra toda clase de
legumbres. No dej de llamar la atencin la inteligencia que mostraban
en acueductos, canales, acequias, etc. De muy lejos, y por sitios
escabrosos, se traan a veces las aguas. Se talaban los bosques y se
allanaba la tierra. Para el fomento de la agricultura no se perdonaba
medio. En general, los cultivos ms estimados eran el maz, el maguey,
el cacao, el pltano, la vainilla, el algodn. Con mucho esmero se
cultivaban las flores, pues de ellas eran aficionados los mexicanos.

Por lo que respecta al calendario mejicano, se consideraba el ao de
trescientos sesenta y cinco das, dividido en diez y ocho meses de
veinte das cada mes, y los cinco das restantes se aadan al fin del
ao para igualar el curso del Sol. En estos cinco das se daban todos
los mejicanos a la ociosidad, como preparndose a entrar en las tareas
del ao siguiente. Las semanas tenan trece das y los siglos cuatro
semanas de aos.

Los puentes eran de diferentes clases. Consista una clase en levantar
fronteros dos pilares: uno en cada orilla. De pilar a pilar se ataba
gruesa cuerda de cuero, de la cual penda un aro del que se colgaba un
banasto. De este banasto caan dos cuerdas que se ataban por sus cabos
a las dos riberas. Metase en el banasto el hombre o bestia que haba
de pasar el ro y se le llevaba de una orilla a la otra tirando de la
respectiva cuerda. Tambin se hacan puentes de paja, enea y juncia.
Del mismo modo los mejicanos construan puentes de madera. As eran
todos los de la capital, que, como sabemos, ocupaba el centro de un
lago. A la ciudad se llegaba por cuatro calzadas, las cuales estaban
defendidas por torres y fosos cubiertos de vigas. Por puentes de vigas
construdos de trecho en trecho se comunicaban tambin las casas de las
dos aceras. Estos puentes, levadizos todos, tenan vigas grandes y bien
labradas, y era tanta la anchura de ellos que podan pasar de frente
diez caballos. Creemos que de cantera no los hubo en Mxico; pero
cerca de Palenque y en el Per se encuentran algunos. Caminos haba en
Mxico, en el Per y aun en los pueblos salvajes.

Tampoco faltaban acueductos en diferentes puntos, especialmente en el
pas de los aztecas; la mayor parte de las calles de Mxico estaban
surcadas de canales, sobre los cuales, a trechos, haba puentes de
madera. Proceda el agua de Chapultepec. Acequias para el riego de los
campos se encontraban en la mayor parte de los pueblos de Amrica.

Si estudiamos la _escritura_, no sera aventurado decir que los aztecas
no pasaron del sistema de escritura _jeroglfica_; los mayas, quichs y
cakchiquels, en sus pictografas simblicas se aproximaron al sistema
de escritura _fontica_. Unas y otras pictografas, lo mismo las
nahuatl que las mayas-quichs, eran de colores brillantes y se hacan
en pieles preparadas para ello, en telas de algodn, en fibras de loe
y en las columnas, muros, etc. Es de sentir que el tiempo, las guerras,
y muy especialmente la ignorancia del clero de pasados siglos, hayan
destrudo casi todos los ejemplares pictogrficos.

De las creencias religioso-mgicas de los _uto-aztecas_ y _mayas_,
nada aadiremos a lo que hemos dicho sobre la materia al estudiar
otras tribus aborgenes. Hombres superiores (Quetzatcoatl, entre los
aztecas, y Votan, entre los mayas), no consiguieron moderar la crueldad
de aquellos sacerdotes y de aquellas muchedumbres que sacrificaban
tantas vctimas en las aras de sus divinidades guerreras. Y ya que
de la religin nos ocupamos, deberemos consignar que los sacerdotes
se sobrepusieron en Mxico a los guerreros, logrando adquirir tal
influencia, que una especie de anatema pareci caer sobre los aztecas
y mayas. El vulgo, alentado a veces por el sacerdocio, era crdulo
y supersticioso. Sacaban presagios del aullido de las fieras, del
canto de la lechuza, del repentino encuentro de una raposa o de una
sabandija. Con mucho acierto escribe Pi y Margall lo que a continuacin
copiamos: Se deber por esto considerar escasa la cultura del
Imperio? Conviene recordar que durante los siglos XV y XVI no privaban
menos en Europa que en Amrica los agoreros y los astrlogos. Importa
poco que los adivinos de aqu pretendiesen leer lo futuro en el
firmamento, y los de all en meros signos del calendario: tan mudos
estaban los cielos como los signos, y tan injustificados eran, por
consiguiente, unos como otros pronsticos[206].

       [206] _Hist. general de Amrica_, vol. I, pg. 167.

Sera injusto negar que la civilizacin del Imperio mexicano tena un
carcter de originalidad que la distingua de todas. Era una mezcla de
cultura y barbarie, de pequeez y grandeza, de fiereza y dulzura de
sentimientos. Hernn Corts se fij, principalmente, en que aquellos
indios se coman a los prisioneros; eran canbales. Slo por esta
costumbre haban de parecer brbaros a los ojos de los europeos.




CAPTULO VIII

  AMRICA SEPTENTRIONAL (_Continuacin_).--TRIBUS MEJICANAS: LOS
  SHOSHONEAMUS.--LOS COMANCHES: SUS COSTUMBRES; SU CULTURA.--TRIBUS
  SONORAS: LOS PIMAS, LOS PATAS Y LOS TARAHUMARES; SUS COSTUMBRES;
  SU CULTURA.--TRIBUS IROQUESAS: SU SITUACIN Y SU DESARROLLO
  SOCIAL.--CONFEDERACIN IROQUESA: RELIGIN E INDUSTRIA.--LOS
  ESQUIMALES: SU SITUACIN; SU CARCTER Y COSTUMBRES; SU
  RELIGIN.--ORGANIZACIN SOCIAL.--LOS ALGONQUINOS Y LOS ATHABASCOS:
  SU SITUACIN.--LOS NAVAJOS Y LOS APACHES.--CULTURA DE LOS NAVAJOS,
  APACHES Y ATHABASCOS: RELIGIN Y LENGUA.--LOS ALGONQUINOS: SUS
  COSTUMBRES; SU INDUSTRIA; SU RELIGIN.--LOS SIOUX O DAKOTAS:
  SU SITUACIN; SUS COSTUMBRES; SU CULTURA.--LOS MUSKOKIS: SU
  SITUACIN.--LIGA MUSKOKA.--LOS CREEKS.--YUCHIS, TIMAQUANOS Y
  NATCHEZ.--LOS CALIFORNIOS: SU SITUACIN; SU INDUSTRIA; SU RELIGIN
  Y LENGUA.--LOS TLINKITS.--LOS PIELES-ROJAS.--REGIN DE LOS
  PUEBLOS.--LOS CHINUKS: SITUACIN, CULTURA, INDUSTRIA Y COSTUMBRES
  DE ESTAS TRIBUS.


Los _shoshoneamus_ ocupaban hasta el siglo pasado el territorio que
se extiende desde el ro Columbia u Oregn (Estados Unidos) hasta el
Estado de Durango (Mxico). A ellos pertenecen los _comanches_, gente
de alguna cultura y de suaves costumbres[207]. Cuenta la historia que
se distinguan los comanches por el lujo de los vestidos. Los hombres
calzaban mocasines que les suban a las corbas y se ponan delantales
que les bajaban a las rodillas. Al paso que algunos se cubran el
cuerpo con camisetas de piel de ciervo, otros usaban largos mantos de
bfalo, que se prendan en los hombros. Tambin las mujeres usaban
mocasines y del cuello a las piernas se cean especie de vestido de
piel de gamo. Aqullos y stas gustaban mucho de adornos, de los cuales
abusaban en sus fiestas civiles y religiosas.

       [207] Pi y Margall, que no se separa de la doctrina de
       Bancroft en este punto, dice que los comanches formaban parte
       de los apaches, primera familia de los nuevo-mejicanos.
       _Historia general de Amrica_, vol. II. pg. 1082.--Luego,
       los comanches, empujados desde el N. por los apaches, fueron
       nmadas al N. de Tejas y por Nuevo Mxico.

Las viviendas de los comanches en verano consistan en galeras y en
ellas solo se poda estar sentado o tendido. Hincaban paralelamente
en tierra ramas de sauce, las doblaban de dos en dos por los vrtices
y las cubran con esteras de junco. Dejaban puertas a Or. y Oc., y
ventanas a N. y S. Diestros cazadores, perseguan a los bfalos, que
al acercarse el invierno invadan el pas. Lograban matarlos con solo
el arco y la flecha; a veces nicamente con la lanza. Beban caliente
la sangre de los que mataban y coman con sumo gusto el hgado.
Importbales poco comer cruda la carne, y cuando queran asarla, la
colocaban en puntas de palo inclinados al fuego. La que no coman
despus de muerto el animal, para que no se corrompiese, la cortaban en
delgadas lonjas, la secaban al sol y la molan. Con esta harina, echada
en agua hirviendo, se alimentaban perfectamente. Tambin les serva de
comida las plantas silvestres. No se dedicaban a la agricultura y slo
las tribus que moraban en las riberas de los ros se nutran de pescado.

Antes de realizar sus brbaras excursiones, ms propias de bandidos que
de guerreros, llevaban a sus mujeres e hijos a lugares inaccesibles,
para que no cayesen en poder de los enemigos. Eran muy belicosos,
considerando el valor como la principal virtud y la suerte de la guerra
como la mayor fortuna. Desde nios se habituaban al ejercicio del arco
y de la javalina. Celebraban su danza de guerra antes de salir a sus
expediciones. A los prisioneros respetaban generalmente la vida, y a
pocos les daban muerte. Violaban las mujeres y trataban con cario
a los nios. Hacan la paz, no sin celebrar la ceremonia de fumar
los guerreros en una sola pipa. Sentan poca aficin por el comercio
y nunca empleaban el fraude. De todas las tribus pertenecientes a
la familia de los nuevos mexicanos, slo los comanches vivan bajo
verdaderas instituciones polticas. Convocaban peridicamente los
comanches asambleas, donde se deliberaban todos los asuntos de
inters para la tribu, y lo dispuesto en aqullas se cumpla con toda
fidelidad. Crean en un _Ser Supremo_ y adoraban tambin al _Sol_ y la
_Tierra_. Reconocan la existencia de espritus malignos, a los que
atribuan sus enfermedades y todas sus desventuras. Honraban, como
pocos pueblos brbaros, la memoria de sus hroes; hombres y mujeres,
especialmente las mujeres, daban rienda suelta a su dolor. Despus de
sepultados, no cesaban de llorarlos durante treinta das, y con harta
frecuencia prorrumpan en lamentos y alaridos. Cortbanse en seal de
luto el cabello, y adems se laceraban las carnes. Se tatuaban la piel
en distintos sitios, especialmente en la cara o pecho.

En los comienzos de la segunda mitad del siglo XIX se confi a
los comanches meridionales, errantes por el _Bolsn de Mapimi_,
el exterminio de los apaches, sus enemigos hereditarios[208].
Estos apaches, que vivan en el espacio comprendido entre el ro
_Grande_[209] y la vertiente oriental de _Sierra Madre_, fueron
castigados sin compasin y casi destrudos completamente. Los que
quedan, dice Reclus, se han hecho pastores, boyeros, chalanes y
hasta guardas de estacin en los ferrocarriles que atraviesan ahora
sus antiguos territorios de correras y de pillaje[210]. Aade
Reclus que casi todos los indios que habitan la regin Noroeste de
Mxico, desde la frontera de Arizona hasta los montes que dominan
el ro Lerma, pertenecen a una misma familia de tribus, cercana a
los aztecas por el lenguaje. Dos de sus grupos ms considerables se
les conoce con el nombre de los _pimas_ (Norte de la Sonora)[211] y
de los _patas_ (Sierra Madre, en los valles altos del ro Sonora y
del ro Yaqui). Unos y otros se han puesto siempre al lado de los
blancos en las guerras de razas: los autores mejicanos ensalzan su
valor, su sobriedad, su consecuencia, habindoles dado el nombre de
_espartanos de Amrica_. Sus poblaciones agrcolas se hallan casi
espaolizadas[212].

       [208] Reclus, _Nueva Geografia Universal: Amrica_, tomo II,
       pgina 122.

       [209] Durante parte de su curso separa a Mxico de los Estados
       Unidos.

       [210] Ibidem.

       [211] _El Estado de Sonora_ (Mxico) se halla frontero a
       la parte septentrional de la Pennsula. Entre las ciudades
       sonoreas, la ms prxima a la frontera de los Estados Unidos
       es Magdalena o Santa Magdalena, Pi y Margall, siguiendo a
       Bancroft, comprende en la segunda familia de los nuevos
       mejicanos a los _pueblos_, los _moquis_, los _pimas_, los
       _maricopas_, los _ppagos_ y otras tribus. _Historia general
       de Amrica_, tomo I, volumen II, pgina 1.096.

       [212] _Nueva Geografa Universal_: Amrica Central, tomo II,
       pginas 116 y 117.

Los pimas levantaban, para pasar el invierno, chozas de planta circular
o elptica y forma de cpula, altas de cinco a siete pies, y de
dimetro o eje de 20 a 50. Sus aberturas estaban reducidas a una puerta
de entrada y a un agujero en el techo, por donde penetrase la luz y
el aire. En los estos vivan en sus maizales al abrigo de ligeros
sombrajos, desde los cuales vigilaban sus cosechas. Supieron regar
sus campos. Aunque eran poco aficionados a la caza y a la pesca, no
por eso dejaban de comer carne de gamo, de liebre o de conejo, como
tambin los peces de sus ros. Gustaban con verdadero deleite de las
bebidas alcohlicas. Eran pacficos; pero si se les obligaba a hacer
la guerra, la hacan con coraje y aun con crueldad. No perdonaban edad
ni sexo en el calor del combate. Despus de la victoria mataban a
los prisioneros varones y guardaban a los nios y a las hembras para
venderlos. Vencedores, entraban por sus pueblos en medio de coros y
danzas; vencidos, se retiraban silenciosos y slo oan gritos de muerte.

Ntanse muchas analogas entre los pimas y otra tribu--de la cual
habremos de ocuparnos en este mismo captulo--conocida con el nombre de
los _pueblos_. Tenan los pimas escasa cultura. Ignoraban la escritura
de los jeroglficos, ni hilaban, ni tejan. En sus construcciones
tampoco usaban la piedra ni el adobe. Como otras tribus vecinas,
celebraban fiestas, sealndose en particular la danza de las flechas,
la del bfalo, la de la tortuga, la del maz verde y algunas otras.
Casi en todas las fiestas cantaban e iban marcando el comps algunos de
los concurrentes, y en casi todas se tocaba el tambor, la flauta y las
sonajas.

Estimaban de igual manera los ejercicios de fuerza, como el juego de
pelota, el salto, la carrera y el golpear de los escudos. Explicaban
la creacin del siguiente modo. La tierra, decan, haba sido creada
por Ckiowotmahke. Era al principio como una telaraa que se extenda
por el espacio, mas luego tom consistencia hasta ser tan slida como
la vemos. La recorri Ckiowotmahke volando en forma de mariposa, y,
cuando crey conveniente, se detuvo y form al hombre. Tom arcilla
en sus manos, la amas con el sudor de su cuerpo y la di un soplo,
mediante el cual, llena de vida, se movi y convirti en un hombre y
en una mujer. Hallbase ya bastante poblado el mundo, cuando ocurri
el siguiente hecho. Vivan en el valle del Gila un gran profeta,
y Szeukha, hijo de Ckiowotmahke. Cierta noche apareci un guila
de gigantescas alas a la puerta del profeta, quien se despert
sobresaltado al ruido del animal. Levntate--le dijo el guila--t
que curas a los enfermos y ves lo futuro, porque est muy cerca el
diluvio que ha de inundar la tierra. Sordo el profeta al anuncio del
agorero pjaro, volvi a dormirse. Por segunda vez el guila le anunci
la catstrofe y por segunda vez no hizo caso el profeta. Por ltima
y tercera vez fu despreciada la reina de las aves, sin embargo de
anunciar que iba a ser invadido y sumergido el valle. Lo fu en efecto
y en el tiempo que dura el aleteo de un pjaro, despus de varios
truenos, son horrible estallido y en seguida se levant en la llanura
un monte de agua que, cayendo sobre el valle con pavoroso estruendo,
aneg la choza del profeta, salvndose slo el hijo de Ckiowotmahke,
que flotaba sobre una pelota de resina. Cuando descendieron las aguas,
desembarc Szeukha, con todas sus herramientas y utensilios, en la
cima de un cerro contiguo a la embocadura del ro Salt. Inmediatamente
se dirigi a vengarse del guila y con este objeto hizo una escala de
cuerda de las fibras de un rbol, subi al nido y mat al fiero animal.
En la cueva o nido encontr una mujer y un nio, la esposa y el hijo
del aborrecido pjaro.

Dejando el mundo de la fbula y entrando en el campo de la historia,
bien ser decir que una de las pginas ms brillantes de la Compaa
de Jess en Amrica es la evangelizacin de las aldeas de los pimas
(Pimera alta y baja) por el P. Kino.

Los _tarahumares_, _patas_ (en los Estados de Chihuahua [213] y
Durango[214]) y otras muchas tribus eran sedentarios y laboriosos.
Bancroft slo habla de las principales tribus establecidas, no slo en
el citado Estado, sino en los prximos. Seguros de no ser desmentidos,
podemos afirmar que estos nuevos mejicanos del Norte conservan hasta
el presente las creencias, ritos y costumbres que estudiaron como
propias de ellos los misioneros de las centurias XVII y XVIII. Por lo
comn dichos mexicanos eran altos, erguidos y de agradable rostro; unos
tenan color moreno claro, otros color moreno obscuro y muchos color
de cobre; todos tenan negro y fuerte cabello. Las mujeres llamaban la
atencin por su hermosura y airoso porte. El traje no poda ser ms
sencillo y pobre.

       [213] Ciudad del Norte mejicano en la vertiente oriental de
       _Sierra Madre_.

       [214] Abraza por el Oeste las cadenas paralelas de _Sierra
       Madre_.

Tenan decidida aficin por los adornos, los cuales se ponan en la
nariz, en las orejas, en la garganta, en los brazos, en las muecas y
hasta en los tobillos. Pintbanse de diferentes colores, ya la cara,
ya el pecho, ya todo el cuerpo. En el cabello, tanto los hombres como
las mujeres, se colocaban plumas y a veces perlas. Si los patas vivan
en casas de adobes y vigas, los tarahumares buscaban abrigo en las
cuevas de las montaas pedregosas. Eran cazadores y pescadores; pero
en particular se alimentaban de frutas, semillas y races que daba
espontneamente la naturaleza. Se dedicaban poco a la agricultura y los
patas tejan el algodn y la pita. En la guerra, harto frecuente entre
aquellas tribus, usaban los soldados el arco, la flecha y la clava, y
los jefes pequea lanza y rodela o escudo. Unos y otros llevaban un
cuchillo de pedernal. Los infelices prisioneros, despus de sufrir
las ms terribles torturas, eran sacrificados de una manera cruel y
brbara. A veces, algunas tribus los cocan y coman. Al volver de la
expedicin, si era venturosa, sala todo el pueblo a recibir a los
combatientes. Las mujeres bailaban en corro, cantaban, jesticulaban
y prorrumpan en grandes alaridos. El botn se distribua siempre a
los ancianos y a las mujeres. Malas, muy malas eran las instituciones
sociales. La poligamia dominaba generalmente en todas aquellas tribus
y se hacan grandes fiestas en honor de la mujer que se consagraba
al celibato o a la prostitucin. La sodoma se hallaba extendida de
un modo considerable. Despus del nacimiento de un hijo, el padre no
sala de la cama, ni coma pescado ni carne en seis o ms das. Rara
costumbre que era comn en varios pueblos de Amrica. En casi todas
sus fiestas, la embriaguez y la obscenidad no tenan lmites. Sin
embargo, entre los patas eran, no ya decentes, sino decorosas, la
fiesta de primero de ao y la conocida con el nombre de _torom raqu_.
Consista la primera en meter en el suelo por un extremo parte de un
palo de bastante altura y del cual colgaban cintas de cuero de varios
colores. Jvenes bellas vestidas caprichosamente tomaban cada una del
cabo determinada cinta y danzaban alrededor del palo, formando varias y
caprichosas figuras. En la segunda, cuyo objeto era implorar la lluvia
para que la cosecha prxima fuera abundante, bailaban alegremente
cuatro grupos de jvenes desde el amanecer hasta la noche.

La industria apenas exista y las bellas artes se hallaban por completo
desconocidas. Si algunas tribus fabricaron casas, y si los espaoles
vieron pinturas en las paredes, ni las primeras revelaban conocimientos
arquitectnicos, ni las segundas sentimiento esttico. La ciencia
estaba reducida a observar atentamente los astros y los cambios de
la atmsfera. Fueron de los ms crdulos y supersticiosos de toda la
Amrica. Si para los habitantes de la Sonora vagaban los espritus de
los muertos por las rocas de los precipicios y sus voces constituan
los ecos, para los de Nayarit haba diferentes cielos, a los cuales se
iba segn la edad y segn la clase de muerte: un cielo estaba destinado
a los nios y a los adultos que muriesen buena y pacficamente; otro,
situado en la regin de los aires, donde pasaban a ser brillantes
estrellas, los que perecan luchando con los extranjeros; y un tercero
que se hallaba en la misma tierra, y tena el nombre de _mucchita_,
destinado al vulgo, y, por lo tanto, a la mayor parte de las almas. De
la mucchita pudieron salir y aun volverse a encarnar en sus antiguos
cuerpos, hasta que lo hizo imposible un hombre imprudente. Este hombre
hizo un pequeo viaje, dejando la casa al cuidado de su mujer. A su
vuelta desapareci su consorte, penetrando en la mucchita. All fu
el desconsolado marido, logrando conmover con sus lgrimas y suspiros
el corazn del guarda de aquella regin de las sombras. Mira, le
dijo el guarda, ven aqu de noche, busca con los ojos a la que fu tu
compaera, y cuando la veas danzando, disprala una de tus flechas. Te
reconocer y volver a tu casa; pero gurdate bien de prorrumpir en
gritos ni alaridos, porque si tal haces, la perders para siempre y
t sers entonces la causa de su muerte. Hizo el hombre lo que se le
dijo. Al verse con su mujer, quiso celebrar tanta ventura y di gran
fiesta llamando a msicos y cantores. Loco de alegra, olvidando por
un momento el aviso del guarda, exhal un grito. Inmediatamente cay
cadver su compaera y entr de nuevo en la mucchita. Desde entonces no
volvi alma alguna a unirse con su cuerpo. Pudieron, s, como pudieron
antes, convertirse de da en mariposas, salir en busca de alimentos y
andar entre los vivos. De noche recobraban sus naturales formas y la
pasaban danzando.

En nuestros das, los _tarahumares_, en nmero de unos cuarenta mil,
viven exclusivamente en los valles de _Sierra Madre_, en las dos
vertientes del Atlntico y del Pacfico. Hllanse esparcidas sus
aldeas en las montaas de los tres Estados de _Chihuahua_, _Sonora_ y
_Sinaloa_, y aun, segn Pimentel, penetran en Durango. Todava algunas
familias pasan su vida en grutas, y se ven muchas cuevas que estuvieron
habitadas antiguamente. Los tarahumares que viven en las ciudades de
los blancos, hablan la lengua de los conquistadores; los habitantes
de la sierra conservan su antiguo idioma y no pocas de sus costumbres
primitivas. Practican, segn se dice, su antigua religin. Se les
supone tristes; pero a veces manifiestan su alegra y _bailan con sus
dioses_. Son aficionados a las justas y a la carrera[215].

       [215] Reclus, _Geografa Universal: Amrica_, tom. II, pgs.
       118 y 119.

Entre las tribus que habitaban al Sur del Canad (Amrica
Septentrional), se hallan las _iroquesas_. Dichas tribus deben
estudiarse con algn detenimiento, y es de justicia que figuren a la
cabeza de las del Norte americano. Si en la cultura general no se
diferenciaban mucho de sus vecinos, en su desarrollo social podan
compararse a las tribus de la familia _Uto-Azteca_. Ocupaban muy
especialmente las orillas del ro San Lorenzo y el actual Estado de
Nueva York, las llamadas _Cinco Naciones_ (Mohawk, Onondaga, Oneida,
Cayuga y Sneca). Suma importancia tuvo, en los comienzos del siglo
XV, la _Confederacin_ o _Liga_ que para hechos defensivos y ofensivos
formaron los iroqueses.

Esta Confederacin desempe papel importante en la conquista y
colonizacin de la Amrica del Norte. Fu formada por las cinco tribus
o naciones citadas, a las que se uni corriendo el ao 1715 la de los
tuscaroras; el fundador, segn la tradicin, fu Hiawata, ayudado del
jefe de los onandagas. En asuntos de gobierno interior cada nacin
permaneci autnoma, delegando toda su autoridad en un _Consejo
Federal_ o _Senado de Sachems_, elegido por las seis tribus, cuando
asuntos de inters general lo reclamaban o exigan. Adems exista el
_Consejo Tribal_, de autoridad absoluta en los asuntos peculiares de la
tribu. El Consejo Federal slo poda convocarse a instancia de alguno
de los Consejos Tribales y las decisiones de aqul haban de ser por
unanimidad, en cuyo caso se cumplan sin discusin. La Confederacin no
tena jefe o poder ejecutivo. En las guerras contra las tribus vecinas
o contra el europeo, el Consejo Federal nombraba dos jefes militares,
que haban de ser ayudados por los jefes secundarios de cada tribu.
Slo el Consejo Federal tena atribuciones para firmar tratados de paz.

Como dice perfectamente un historiador contemporneo los iroqueses,
arrojados por los algonquinos de las mrgenes del San Lorenzo,
consiguieron paulatinamente vencer a sus enemigos del Norte y Sur,
convirtindose, merced a su confederacin, en dueos virtuales del
territorio comprendido entre la baha de Hudson y la Carolina del
Norte[216]. En religin se notaba--como en las dems tribus del
Norte de Amrica--la influencia de los shamanes y hechiceros y los
sacrificios humanos. El canibalismo se hallaba tambin entre las
brbaras costumbres de los iroqueses. Los mitos de los iroqueses
personificaban siempre de una manera o de otra la lucha constante entre
la luz y las tinieblas.

       [216] Navarro Lamarca, ob. cit., tom. I, pg. 219

Por lo que a la industria respecta, fabricaban alfareras, cultivaban
entre otras cosas, el maz y el tabaco, fortificaban sus aldeas
levantando en las calles empalizadas y otras defensas, construan
buenas canoas y sepultaban a sus muertos en grandes montculos
(_mounds_). Los iroqueses actuales (con excepcin de los cherokees)
reducidos a unos 12.000, habitan en el Canad y en las reservas indias
de Nueva York, Wisconsin y Ontario; los _cherokees_ forman parte de las
tribus civilizadas de los _Indian Territories_ (territorios indios) de
los Estados Unidos del Norte Amrica.

Los _esquimales_, tribus situadas alrededor del polo, se extendan
por la Groenlandia y por la regin comprendida entre la baha Hudson
y el Estrecho de Behring. Es probable que algunos de sus grupos
llegaran y hasta cruzasen en pocas remotas el Estrecho citado. Algunos
etngrafos, dando como cierto lo que nosotros juzgamos probable,
consideran como esquimales a los chukchas de la Siberia.

Ignoramos el origen del nombre esquimal. Charlevoix cree posible que
proceda de la voz abenaqui _esquimantsic_, comedor de carne cruda; pero
lo cierto es que no se llamaban a s mismo esquimales, sino _innuits_,
palabra que significa el _pueblo_, de _inuk_, hombre.

[Ilustracin: Mujer esquimal.]

Digna de estudio, por muchos conceptos, es la raza esquimal.
Confundanse a primera vista las mujeres con los hombres, no slo
porque el traje era igual, sino por la fisonoma. Tenan sucia y
desgreada cabellera, grandes ojos, ancho rostro, negruzco color y
feo aspecto. Coman toda clase de carne y pescado, muy especialmente
la grasa de la foca, de la ballena y del manat. Las viviendas
consistan, durante el verano, en poner de punta en el suelo tres o
ms palos, los cuales cubran por la parte superior con pieles de foca
o de chivo. En el invierno construan chozas a la manera de tinnehs,
esto es, cuevas debajo de tierra con agujeros en la techumbre para la
luz y el humo. La ocupacin principal de los esquimales consista en
la caza y la pesca. Las armas eran el arco, la flecha, el dardo, la
lanza, el hacha y la honda. Llamaba la atencin en aquellas gentes
sus grandes canoas, los trineos y los patines. De los trineos tiraban
perros dciles y fuertes. Encendan fuego por el frote de las maderas.
Desconocan en absoluto los conocimientos cientficos y su literatura
estaba reducida a algunas lamentaciones fnebres.

Eran sumamente aficionados a los banquetes, al canto y al baile. Los
danzarines, al son del tamboril y el coro, remedaban mediante gestos a
muchos animales.

Por lo que a la religin respecta, los esquimales profesaban el
_animismo_. Crean no slo que el hombre tena alma, sino tambin
los dems animales. Los sacerdotes (_angakoks_) eran legisladores,
jueces y mdicos, hallndose dotados adems de cualidades superiores.
Se les respetaba principalmente porque se les crea en relacin con
los espritus. Se comunicaban con Tornarsuk, ser supremo y fuente de
toda ciencia. Los hechiceros, que usaban los mismos procedimientos que
nuestras brujas, ejercan ministerios mgicos y no pocas veces se les
atribua todas las calamidades que afligan al pueblo, en particular
las pestes.

En lo tocante a la organizacin social de los esquimales puede
asegurarse que se basaba en la familia y no en el clan. Tambin se
halla fuera de duda que entre ellos predominaba el patriarcado y
la monogamia. La propiedad era comunal o cuando ms familiar; la
individual slo exista al referirse a bienes muebles. Aun en nuestros
das los esquimales viven en aldeas pequeas (de 10 a 20 chozas),
separadas por grandes distancias, siendo de notar, que apenas difieren
en el lenguaje unas tribus de otras. A causa de la poca fecundidad de
las mujeres y de la mucha mortandad de los nios, las tribus esquimales
tienden a extinguirse.

En las vastsimas comarcas donde esos hombres vivan, mar y tierra
estn lo ms del ao cubiertas de espesas capas de hielo, que no se
derriten nunca en las cumbres de los altos montes. Huyen las aves a
ms templados climas, busca la res abrigo en las cavernas o en los
apartados bosques, y reinan en toda la naturaleza la soledad y el
silencio. Escasea tanto la vegetacin, que en muchas partes no hay
lea con que encender lumbre. Para colmo de mal, abandona el sol el
horizonte y no vuelve a brillar sobre tan rido suelo hasta despus
de tres meses de noche y seis de crepsculo. No interrumpe de vez en
cuando tan largas tinieblas sino la aurora boreal con sus ya tenues,
ya flgidos resplandores, que no parece sino que al extinguirse
aumentan la obscuridad del espacio. Slo entre mayo y agosto brilla
sin interrupcin la luz del da; libres de hielos las aguas, bajan al
Ocano con alegre estruendo; se cubren de musgo las rocas y de hierba y
flores los espaciosos llanos. Slo entonces pueblan el aire numerosas
bandadas de pjaros que volvieron del Medioda en busca de sus antiguos
nidos; salen de sus cuevas o vienen de las lejanas selvas multitud
de rangferos, de ciervos-mosas, de almirlados ovibos, y con ellos
inmensas greyes de bfalos. Durante el triste y prolongado invierno,
slo en el crepsculo que precede al da resuena a lo largo de las
playas el ladrar de las focas y el resoplar de las ballenas.[217].

       [217] Pi y Margall, _Historia de Amrica_, volumen 1. pgina
       921.

En suma: los esquimales moraban y moran todava, en nmero de 4.000,
en el litoral Artico, desde el Labrador hasta el mar de Berhing; pero
nunca penetraron en el interior del Continente[218].

       [218] _Enciclopedia Universal Ilustrada_, tomo X, pg. 1.353.

Al Sur de los esquimales, el Canad se divida entre dos grandes
razas, a saber, la de los _algonquinos_ y la de los _athabascos_.
Constituan la dilatada familia de los algonquinos muchos pueblos, y se
extendan--segn la autorizada opinin de Bancroff--desde el golfo de
San Lorenzo hasta las montaas rocosas. Cuando los europeos llegaron al
pas, el principal asiento de dicho grupo eran las tierras al Norte del
San Lorenzo. Otros autores dicen que ocupaban la costa del Norte del
Atlntico, desde el mar de Hudson al cabo Hatteras, exceptuando slo
los territorios de los dakotas o sioux.

Los athabascos poblaron las regiones comprendidas entre el mar Artico
y las fronteras de Durango (Mxico), desde la baha de Hudson al mar
Pacfico. A la familia de los athabascos pertenecen, entre otros, los
salvajes _navajos_ y _apaches_[219].

       [219] El grupo de nuevo-mexicanos se divide--segn
       Bancroff--en cuatro grandes familias: los _apaches_, los
       _pueblos_, los _indios de la pennsula de California_, y
       los _del septentrin de Mxico_. Los apaches se subdividen
       en las siguientes naciones: 1., la de los _comanches_;
       2., la de los _apaches_ o _shies_; 3., la de los
       _navajos_ o _tenuayos_; 4., la de los _mojaves_; 5., la
       de los _hualapayos_; 6., la de los _yumas_; 7., la de
       los _kosninos_; 8., la de los _yampayos_; 9., la de los
       _yalchedunes_; 10, la de los _yamajabes_; 11, la de los
       _cochis_; 12, la de los _cruzados_, y 13, la de los _nijoras_.

Adquirieron los navajos fama de hbiles plateros y tejedores; pero se
cree, con algn fundamento, que dichas industrias se deban a tribus
ms cultas sujetas a dichos navajos. Los telares en que tejan el
algodn consistan en dos vigas, una sujeta al suelo y otra que colgaba
del techo, en las cuales se extenda perpendicularmente la urdimbre;
adems dos tablillas de pizarra que la mantenan en doble cruz y
abran paso a la lanzadera; sta consista en un palo corto a que
arrollaban el hilo.

[Ilustracin: Apache.]

Mostrbanse atrasadsimos en la construccin de sus viviendas los
apaches, lo cual no es de extraar, puesto que eran nmadas y vivan
del pillaje, no pasando a veces ocho das sin cambiar de asiento.
Levantaban postes, ya vertical, ya oblicua, ya semicircularmente,
cubriendo el espacio formado por dichos postes con pieles, broza,
hierbas o piedras. Daban de anchura a las casas de 12 a 18 pies, y
de altura de cuatro a ocho. Sin embargo de su vida errante, labraban
la tierra casi todas las tribus apaches, y cultivaban el maz y
algunas legumbres. Apenas coman la carne y tampoco eran aficionados
al pescado. Adelantaron ms en la construccin de armas que en
herramientas para cultivar el campo, pues disponan de arcos y flechas,
de lanzas, de hondas, de escudos y de macanas. Tenaces y crueles
bandidos, casi hasta nuestros das, no han cesado de causar grandes
daos a los norteamericanos y mexicanos. Al presente, el nico resto de
los apaches es el de los _janos_ o _janeros_ de Chihuahua (Mxico).

Predominaba el matriarcado entre los navajos y apaches. Distinguironse
los navajos porque cultivaron la tierra con fruto y no debemos pasar
en silencio que cuando por primera vez (1541) se encontraron a los
espaoles, vivan en chozas fijas, construan graneros, eran labradores
y regaban con acequias sus campos.

Menos cultos los athabascos que sus vecinos los esquimales, eran
tambin ms desconfiados, taciturnos y astutos. La religin de los
athabascos era animista, con no pocas supersticiones mgicas. Los
shamanes y hechiceros, que gozaban de mucha estima, presidan los
Consejos Tribales. Caracterizbanse sus muchos dialectos por su dureza
y dificultad.

Afirman algunos escritores que los algonquinos representaban el
verdadero tipo del indio norteamericano. Distinguanse por su alta
talla, buenas formas, labios finos, manos y pies pequeos, color
cobrizo, pelo negro y recio, gran fortaleza y bastante longevidad.
Dominaban entre ellos el matriarcado y el _totemismo_. Vivan en chozas
redondas cubiertas con hojas de maz y cercadas de empalizadas. Sus
jefes, lo mismo en tiempo de paz que de guerra, se elegan de un clan
determinado. Cultivaban el maz, tabaco, etc.; curtan pieles, hacan
ollas y fabricaban objetos de cobre (no por medio de la fundicin,
sino a golpe). Activos comerciantes, llevaron sus industrias a grandes
distancias, llegando hasta las costas del mar Atlntico. Adoraban al
Sol, al fuego, a los cuatro vientos como productores de lluvias, a los
espritus y a ciertos animales.

El _Michabo_ o _Manibozho_, dios y hroe de los algonquinos, redentor y
maestro de las tribus, inaugur la edad de oro de la obscura historia
de los citados indios. Aunque horticultoras las tribus algonquinas, se
alimentaban de la caza, de la pesca y de las abundantes cosechas de
arroz silvestre. Los individuos de la de los _lennaps_, situada en las
orillas del ro Delaware (riega a Filadelfia), se llamaban ellos mismos
los _genuinos_ (progenitores de la raza), y as eran considerados por
las dems tribus. El dialecto de los lennaps era relativamente dulce
y armonioso. Merecen especial mencin por su energa y habilidad en
la lucha con sus dominadores, los algonquinos Pontiac, King-Philip y
Tecumseh.

Los restos de las tribus algonquinas o de la familia _lgica_ (unos
40.000) se encuentran repartidos a la sazn en algunas provincias del
Canad (Manitoba y otras), y en pequea regin de los Estados Unidos
(Estado de Wisconsin).

Despus de los iroqueses, esquimales, athabascos y algonquinos,
se presentan los _sioux_ o _dakotas_, los cuales--segn los
etnlogos--eran ejemplares tpicos de la raza india. Vivan al Oeste
del Mississip, desde el ro Saskatchewan, en el Norte, al Arkansas,
en el Sur, extendindose hasta Virginia y tal vez hasta el golfo de
Mxico. Estaban divididos en varios grupos, subdivididos en bandas
y sub-bandas locales. El Gobierno era casi patriarcal. Los jefes
eran electivos, y tenan su autoridad limitada por los Consejos
de las bandas o sub-bandas. Si en tiempos de paz gozaban de gran
respeto los ancianos, durante la guerra slo eran respetados los
jefes militares. Prevaleca entre ellos la poligamia. Los sioux
ajustaron su vida en absoluto a la _caza del bisonte_, ocupacin que
aument considerablemente con la llegada del caballo en la poca del
descubrimiento de Amrica. Antes de conocer el caballo, se valan los
sioux del perro en sus expediciones de caza; tambin se servan de l
para su alimento, arrastres, etc. Curtan pieles de bisonte, trabajaban
rudamente la alfarera y fabricaban armas y tiles de piedra, madera,
cuerno y hueso. La casa del sioux, igual a la de los comanches, etc.,
era la movible tienda (_tipi_) formada sobre postes colocados en filas
paralelas o circularmente y cubiertos dichos postes con pieles de
bisonte, etc. Las tribus _mandanes_, pertenecientes a la familia de
los dakotas, fueron las constructoras de las casas comunales en forma
circular (_circular-house_) rodeadas de empalizadas.

Para estudiar algunos puntos relativos a la evolucin del arte
americano no carecen de inters las pictografas de los sioux, en
pieles de bisonte, sus pipas de arcilla roja y tubo largo adornado de
plumas y sus abigarradas aljabas. Predominaban los cultos de carcter
mgico, mereciendo especial mencin las fiestas anuales de invocacin
al Sol (_sun-dance_).

Varias veces los sioux han hecho frente a los ejrcitos
norteamericanos, y, ltimamente, en el ao 1862, llevaron a cabo la
sublevacin de Minnesota, dirigida por el cruel _Little Crow_, en la
cual perdieron la vida ms de 100 soldados y 700 colonos. A la sazn
los sioux o dakotas viven sin lazo alguno que les una en varios puntos
de los Estados Unidos, llegando su nmero en el ao 1904 a 29.000, si
bien tienden poco a poco a extinguirse.

Estaban situados los _muskokis_ en los valles que se extienden desde
las estribaciones de las montaas Apalaches hasta el golfo de Mxico,
y desde las mrgenes del Mississip hasta el Ocano Atlntico[220].
Otros escritores slo dicen que lindaban con la Florida por el Norte y
Oeste[221]. Entre los muskokis se distinguan por su valor las tribus
_creeks_. Vivan los muskokis en aldeas o poblados, y cada linaje tena
su propio territorio y su montculo (_mound_) para depositar los restos
de sus muertos.

       [220] Navarro Lamarca, ob. cit., tomo I, pg. 222.

       [221] Pi y Margall, ob. cit., tomo y volmen I, pg. 730.

Aunque predominaba el matriarcado, la posicin de la mujer, lo mismo
en la familia que en el clan, era inferior a la que tena entre los
iroqueses. Los jefes civiles eran vitalicios y a veces hereditarios;
los militares se nombraban de acuerdo con los Consejos de las tribus.
Rodeados de enemigos por todas partes, colmaron de distinciones a
sus guerreros. No carecan de importancia sus Casas del Consejo
(Casa Grande) y muy especialmente la formacin de una liga (_Creek
Confederacy_), parecida a la de los iroqueses, aunque solamente
defensiva. Los creeks y sus desmembraciones los _seminolas_ (Florida)
hicieron tenaz resistencia (1830-1842) a las tropas de los Estados
Unidos, siendo al fin trasladados a los _Territorios Indios_, donde
viven al presente con cierta independencia y aun prosperidad. Crean
que el Cielo era slido y semicircular; que el Sol, la Luna y algunos
planetas giraban alrededor del mundo, entendiendo que los dems astros
estaban inmviles y suspendidos del firmamento. Suponan la tierra
plana y fija en medio de vastos mares. Eran supersticiosos en medicina
y slo en la aritmtica conocan un sistema de numeracin bastante
regular. No conocieron ningn gnero de escritura, ni ninguna de las
bellas artes. Cultivaban extensos campos, extraan el oro de las arenas
de sus ros y se hallaban adelantados en la alfarera.

Los _yuchis_, _timaguanos_ y _natchez_, tribus que habitaban en el
territorio de los muskokis, tenan lenguas y dialectos completamente
diferentes. Los yuchis (Ro Savanah) se llamaban ellos mismos _hijos
del Sol_. Profesaban gran estima a las mujeres. Debemos notar que
cuando Hernando de Soto les vi por primera vez la cacica, seora
de aquella tierra... moza y de buen gusto le recibi con sealadas
muestras de alegra y le festej (1540). Los timaguanos, que ocupan
las orillas del ro San Juan (Florida) y la costa del Ocano Atlntico
hasta el ro Santa Mara, se extinguieron completamente hace ms de
una centuria. Los natchez estaban situados en la orilla izquierda del
Mississip, debajo de la confluencia del Yazoo. Crese que procedan
del Sudoeste. Emigraron de la primitiva patria y se fijaron en el
Anahuac. Nuestros antepasados--decan--favorecieron a Corts en la
guerra con Moctezuma, y slo cuando se convencieron de la tirana
de los espaoles, levantaron de nuevo el campo y vinieron a estas
llanuras: quinientos soles haban ya reinado entonces sobre nosotros.
Consideraban a sus caciques como hijos del Sol y adoraban a dicho
astro, sacrificndole cautivos. Los natchez eran muy sensuales, dndose
el caso que la mujer ms prostituta gozaba de ms estimacin. Los
templos se distinguan por su humildad. Construan con habilidad suma
toda clase de objetos de alfarera y llegaron a la perfeccin en los
tejidos que hacan con fibras vegetales.

Los _californios_ habitaban de Norte a Sur desde los montes Umpqua
hasta la boca del ro Colorado, y de Oeste a Este desde las costas
del Pacfico hasta las sierras que limitan a Poniente la gran cuenca
(_the Great Bssin_). Divdense, segn Bancroft, en californios del
Norte (desde las mrgenes del ro Rogue hasta las del Eel (Anguila)),
del Centro (desde las del Eel hasta cerca de las del Guyamas) y del
Medioda (desde las del Guyamas hasta las islas Montague y Goree,
que se hallan en el interior del golfo de California. Vivan y viven
los californios del Norte en tierras algo productivas a causa de sus
muchos lagos, ros, arroyos y bosques. Eran los californios de gallarda
presencia, y algunas mujeres estaban dotadas de singular belleza.
Hombres y mujeres apenas se cubran algunas partes de su cuerpo. Vivan
en casas formadas por toscos maderos que descansaban en pies derechos,
cubiertas con esteras, helechos o ramaje. Alimentbanse de caza y
pesca, de races y de semillas; tenan pan que hacan de bellotas.
Sobresalan en el curtido de las pieles y fabricaban con no mucha
destreza las canoas. Justo ser recordar la habilidad en trenzar las
races de sauce, con las cuales hacan sombreros, esteras, cestas y
cintas de colores para recogerse la cabellera. Tambin de juncos y de
mimbres construan platos, fuentes, tazas, calderos y hasta los sacos
que acostumbraban a llevar las mujeres cuando iban en busca de bulbos
y bayas. Acerca de sus armas, estaban reducidas al arco y la flecha.
Declaraban la guerra, a veces encarnizada y sangrienta, a otras tribus,
ya por el rapto de mujeres, ya por motivos supersticiosos, ya para
obligarlas a pagar tributo. Pero lo verdaderamente repugnante era la
costumbre de cazar con trampa a los hombres como si fuesen fieras.
Hacan de la mujer objeto de venta y eran polgamos slo los ricos.
Exista la esclavitud entre aquellas tribus. Divertan sus penas en
danzas y fiestas. Crean en un _Supremo Espritu_, autor de lo creado,
en muchos diablos y en la vida futura.

Por lo que respecta a los californios del Centro y del Sur, ni unos ni
otros diferan mucho de los del Norte. Rstanos decir que las muchas
lenguas habladas entre los californios eran generalmente dulces y
sonoras; pero las que se hablaban en las mrgenes del ro Smith y
unas 40 millas a lo largo de la costa se distinguan por lo duras y
guturales.

Los _tlinkits_ (Alaska y costas adyacentes), los _haydahs_ y similares
(Islas _Queencharlotte_, Columbia Britnica, etc.), y los _yumas_
(pennsula de California hasta los valles del ro Colorado, colindantes
con el Estado de Arizona y el Norte de Mxico), se diferenciaban de
las tribus de las costas del mar Atlntico. Procede recordar que
los tlinkits tenan ideas exactas acerca del _derecho de propiedad
privada_, desconocido en la mayor parte de las tribus salvajes. Tanto
estimaban la propiedad privada, que los ms ricos eran los designados
para ocupar los puestos ms elevados, completando esta plutocracia el
matriarcado y los linajes exogmicos. Los haidahs estimaban como los
tlinkits la riqueza individual, la que consideraban como fin nico de
la vida.

Prevaleca entre ellos el patriarcado y honraban a las mujeres por
su castidad e industria. Vivan en casas slidas de madera, en cuyas
puertas levantaban altos postes cuajados de esculturas totmicas.
Fabricaban adornos de plata y cobre, lmparas, morteros y utensilios
de piedra, como tambin excelentes canoas de cedro rojo. Los primeros
navegantes que los visitaron (1741), dicen que tenan cuchillos de
hierro, adquiridos tal vez en sus expediciones al Sur. Eran activos
comerciantes y compraban esclavos a las tribus vecinas. Servanse de
las conchas como moneda. Los _yumas_ fueron tribus salvajes, si bien
algunas de ellas debieron dedicarse a la horticultura y construyeron
slidos edificios de adobe y piedra.

Debajo de los esquimales, en el dilatado territorio que desde el Yukn
y la baha de Hudson se alarga hasta la punta de la Florida y el Ro
Grande de Mxico, y desde el Atlntico se ensancha hasta el Pacfico,
permanecen, ya en estado nmada, ya algo sedentario, numerosas tribus
conocidas con el nombre de _pieles-rojas_, sealndose entre ellas
dos tipos bien distintos, uno dolicocfalo y otro braquicfalo. Estas
pieles-rojas descienden de varias tribus, entre ellas de la de los
comanches.

[Ilustracin: Indio del Ro San Juan (Regin Pueblos).]

Consideremos, por ltimo, los indios _pueblos_. Llamronles as
nuestros capitanes del siglo XVI porque los encontraron distribudos
en pueblos formados por una sola casa. Estos pueblos o casas estaban
construdos a la manera de las celdas de una colmena. Extendase la
comarca o regin de los indios pueblos desde los lmites occidentales
del Estado de Tejas hasta California, y desde el centro del Estado de
Utah hasta el de Zacatecas (Mxico). A mediados del siglo XVI poblaban
el territorio los _hopis_, _zuis_, _quers_ y _tehuas_, quienes cada
uno de ellos hablaba lengua diferente. Vivan en 65 aldeas que distaban
entre s de 30 a 100 kilmetros; las casas de dichas aldeas eran de
la misma forma y tenan tres o cuatro pisos, habiendo algunas de
siete, las cuales servan de fortalezas y tenan sus correspondientes
troneras y saeteras para defenderse en caso de ataque. Dichas casas
estaban construdas de una manera original. Una sola casa a veces
constitua un pueblo, componindose aqulla de un cuerpo central y
dos alas, que comnmente enlazaba y cerraba un muro de piedra. Otras
veces el cuerpo central y las alas se hallaban separados por estrechas
calles; pero aun en este caso parecan formar una sola casa, dado que
todos estos cuerpos de obra estaban unidos por puentes o los acercaban
grandes voladizos. Variaba la forma de las casas, hallndose algunas
completamente circulares. En los patios haba siempre estufas y en la
parte superior azoteas. Tenan un slo piso, aunque las haba tambin
de dos, tres o cuatro. En todas se entraba por la chimenea y a todas
se descenda por escaleras. Estaban situadas dichas casas en las
cumbres de empinados cerros o en los bordes de espantosos precipicios;
algunas, pero en escaso nmero, en mesetas, en estrechos valles o en
las orillas de los arroyos. Vase cmo describe Castaeda la situacin
de Acuco, hoy Acoma. Est Acuco--dice--en la cima de una roca a que
con dificultad llegaran las balas de nuestros arcabuces. Para llegar
a lo alto hay trescientos escalones cortados en la pea; doscientos de
bastante anchura, ciento mucho ms angostos. Concluda la escalera, hay
que ganar tres toesas de altura, poniendo en un agujero la punta del
pie y en otro los dedos de la mano. No sera aventurado decir en vista
de semejantes construcciones, que los pueblos no carecan de ciertos
conocimientos de arquitectura, indicndolo tambin las fuertes murallas
con sus correspondientes aspilleras, las profundas cisternas y las
largas acequias que utilizaban para el riego de sus tierras.

Las mujeres trabajaban lo mismo que los hombres, siendo obligacin
exclusiva de ellas la fbrica de aquellas ollas, y, en general, de
aquellos objetos de loza, vidriados, de diferentes hechuras y de
delicadas labores, que tanto llamaron la atencin a los conquistadores
espaoles y que dieron tanta fama a las alfareras de la regin de
los pueblos. Los habitantes de los pueblos eran monogamos y slo
contraan matrimonio cuando lo dispona el Consejo de ancianos. Los
hijos pertenecan al clan o linaje de la madre (matriarcado). Los
linajes no estaban reunidos por tribus, sino por aldeas. En cada una
de dichas aldeas haba un jefe de paz, que se asesoraba del Consejo de
ancianos, y un jefe militar, elevado a tan alto cargo por sus valerosos
hechos. No se conoca la propiedad privada de la tierra, si bien era
muy respetada la ocupacin que por determinado tiempo tenan individuos
o familias de terrenos cultivables. Dedicbanse al cultivo del maz,
de las judas, del algodn, del tabaco, etc., y regaban los campos
con acequias perfectamente construdas. Los sacerdotes y hechiceros
estaban muy estimados por aquellas tribus excesivamente religiosas, y
tenan a su cargo la celebracin de los largos y complicados cultos.
Las ceremonias religiosas constaban de dos partes: una secreta y otra
pblica. Terminaba la ltima exhibiendo los juglares sus habilidades
dramticas y lanzando a veces frases intencionadas y maliciosas. El
principal y casi nico objeto de todos los ritos religiosos consista
en _atraer la lluvia_ para obtener buenas cosechas. En aquellas
tierras pobres y ridas la lluvia era la vida o muerte de estas tribus
pacficas y laboriosas, que no estaban manchadas del canibalismo.

Al presente, las tribus de los Pueblos, reducidas a 10.000 habitantes,
viven en el mismo territorio, repartidas en 27 aldeas, de las cuales
nicamente Acoma y algunas hopis ocupan los mismos sitios que antes de
la poca de la conquista.

Los _chinuks_ vivan al occidente de las orillas del ro Columbia y
los montes Umpqua. El clima era dulce, la tierra fecunda, la caza
abundante en sus bosques, siendo tambin abundante la pesca en su mar
y en sus ros. Distinguironse los chinuks por su pequea estatura y
por su fealdad. Los hombres iban casi desnudos y las mujeres llevaban
una falda que apenas les alcanzaba a las rodillas. Vivan en casas
construdas sobre seis postes, cuatro en los ngulos y dos en el
centro de los dos extremos del cuadriltero; lo mismo las paredes
que los techos estaban formados de tablas. Es de notar que no tenan
ventanas ni chimeneas, pues cuando les ahogaba el humo, levantaban
una de las tablas del techo. En la caza y en la pesca--salmones,
esturiones--encontraban sus principales elementos de vida. No dejaban
de ser industriosos los chinuks: fabricaban esteras de juncos o
espadaas, cestas de hierba o de fibras de cedro, artesas de cedro
o de otras maderas, cucharas de cuerno, agujas de ala de grulla,
canoas de varias clases y tambin de varias clases armas. Los chinuks
consideraban la tierra como propiedad de la tribu y no individual.
Exista la esclavitud que tena origen, como en otros pueblos, en la
guerra y en el robo. Aunque se permita la poligamia, pocos hacan uso
de ella. Hembras y varones pasaban gran parte del tiempo en fiestas
(banquetes y bailes), y en juegos de azar, habilidad o fuerza. En
religin crean que _Iknam_ haba creado el Universo; pero antes
o despus de l vino a la tierra Itapalapas, creador del hombre.
Afirmaban que el hombre creado por _Itapalapas_ tena los ojos y los
odos cerrados, las manos y los pies sin movimiento. Iknam abri
al hombre los ojos y odos hacindole tambin incisiones en manos
y pies. Mostr todava su generosidad el dios Iknam ensendole a
fabricar todo gnero de utensilios. Parece ser que los chinuks tenan
un espritu del Bien que llamaban _Econ_, y un espritu del Mal
denominado _Ecutoch_. Deban rendir culto a los dioses citados y tal
vez a algunos ms. Hacanles sacrificios humanos. Guardaban profundo
respeto a los muertos y miraban como el mayor de los sacrilegios la
violacin de los sepulcros. Los cadveres, envueltos en ricas mantas,
eran llevados a lugar tranquilo y apartado. Al dejarlos all rompan
en tristes lamentos, y en seal de luto los parientes se cortaban la
cabellera y algunos se desgarraban el cuerpo.

Nada diremos de los indios que vivan ms adentro del Columbia, pues
todas estas tribus presentan casi los mismos caracteres.




CAPTULO IX

  ESTADO SOCIAL DE LOS INDIOS.--LA ANTROPOFAGIA.--EL EMPERADOR
  EN MXICO Y EN EL PER: ABSOLUTISMO DE LOS EMPERADORES.--LOS
  CACIQUES.--LA POLICA.--LOS MERCADOS.--LA HACIENDA.--LA
  ADMINISTRACIN DE JUSTICIA.--LOS TRIBUTOS.--INCAS, CURACAS Y
  AMANTAS.--EL INTERREGNO.--EL CLAN, EL SACHEM Y EL CONSEJO.--NOMEN
  Y TOTEM.--LA TRIBU.--CONFEDERACIONES TRIBALES.--EL MATRIMONIO:
  MONOGAMIA Y POLIGAMIA.--ADULTERIO.--DIVORCIO.--LOS HIJOS.--LOS
  ANCIANOS.--LAS VIVIENDAS.--INSTITUCIONES CIVILES EN AMRICA: LA
  PROPIEDAD EN MXICO Y EN EL PER.--LA SUCESIN.--TUTELA, CURATELA Y
  ADOPCIN.--ESCLAVITUD.--LEYES PENALES Y DE PROCEDIMIENTOS.--LEYES
  SOCIALES Y ADMINISTRATIVAS.--LAS POSTAS ENTRE LOS NAHUAS Y ENTRE
  LOS PERUANOS.


Acerca del estado social de los indios, podemos afirmar que todos,
aun los mejicanos y peruanos, no llegaron al estado completo de
civilizacin. Si la antropofagia se hallaba extendida por toda Amrica,
justo es reconocer que no fu tan general en los imperios de Mxico y
Per, como en el Ro de la Plata o a orillas del Mississip, en las
Antillas e islas Caribes. Los pueblos del Pacfico, donde exista
poblacin numerosa, rica y dedicada a la agricultura y a las artes, no
deban tener por objeto principal la guerra y la antropofagia, como
los citados del Ro de la Plata y todos los que ocupaban los extensos
territorios con vertientes hacia el Ocano Atlntico.

Mxico y el Per se hallaban organizados casi feudalmente, estando al
frente de ellos, ms bien que un Emperador o Rey, un gran sacerdote,
el cual se haca temer por los grandes castigos que impona, y entre
ellos los sacrificios humanos que mandaba hacer en los adoratorios,
adoratorios que tiempo adelante hubo de destruir la espada de Hernn
Corts y de Francisco Pizarro.

Tanto en Mxico como en el Per se consideraban sagradas las personas
de los monarcas Moctezuma y Atahualpa.

Fijndonos en el Emperador mejicano, diremos que todos los seores de
Estados particulares tenan su casa en Mxico y eran fieles servidores
de Moctezuma. Dems de estos grandes seores, que constituan la
grandeza, servan a Moctezuma los soberanos de Estados enclavados en
el imperio. Los emperadores de Mxico habitaban en magnficos palacios
y disponan de rica y numerosa servidumbre; tenan suntuosos aposentos
para los monarcas de Tezcuco y Tacuba; pasaban sus ocios en parques
de caza o en hermosos jardines; salan a la calle en andas, con gran
squito, y a su presencia se postraban los sbditos. Con todo, no
eran tan absolutos como a primera vista pudiera creerse, pues en el
Anahuac haba tierras de la corona, beneficiarias y feudales. De las
de la corona disponan directamente en sus respectivos estados los
reyes de Michoacn, la repblica de Tlaxoala, el cacicazgo de Xalixco
y algunos ms; tanto las tierras beneficiarias como las feudales,
quedaban reducidas a feudos vitalicios o slo a feudos. Otras causas,
tambin de importancia, moderaban el absolutismo del poder imperial.
No era la menor los diferentes reinos en que el pas estaba dividido.
Los caciques, especie de seores feudales, ejercan jurisdiccin, que
tiempo adelante consagraron las Leyes de Indias, con la mira de que
conservasen la autoridad para mantener a todos en la obediencia de la
metrpoli. Hallbase organizada numerosa polica en todos los reinos,
cacicazgos o seoros del imperio y muy especialmente en Mxico. En las
grandes ciudades haba diariamente mercados, donde abundaban todas las
cosas; mientras se celebraban, se constitua un Tribunal compuesto de
10 o 12 magistrados. En las poblaciones menos populosas los alguaciles
o encargados de mantener el orden, llevaban las varas levantadas.
Las cuestiones entre vendedores y compradores se resolvan en juicio
verbal con bastante justicia. La hacienda descansaba en principios
algo parecidos a los nuestros. Haba verdaderos derechos de consumos.
Estaba organizada la administracin de justicia, como tambin la
administracin pblica. Los plebeyos, mediante la guerra, llegaban a
las ms altas dignidades del Estado.

Y por lo que a los emperadores del Per se refiere, tomaban el nombre
de hijos del Sol, y en efecto, as lo parecan, pues en pblico slo
salan con vestiduras de fina lana recamadas de oro y pedrera, anchos
discos de oro engarzados en los pulpejos de las orejas, una borla de
color carmes en la frente y una guirnalda de colores en la cabeza.
Habitaban grandiosos palacios, en los cuales hasta los grandes seores
entraban descalzos, baja la cerviz y con ligera carga en los hombros.
Cuando salan de Palacio, ya para asistir a funciones religiosas dentro
de la ciudad, ya para recorrer el Imperio, iban en andas guarnecidas
de oro y esmeraldas, entre escogida guardia, llevando delante numerosa
hueste de honderos y detrs de lanceros, con heraldos anunciadores y
criados que limpiaban el camino. Presentbanse en todas partes no
como hombres, sino como dioses. Haban logrado captarse el amor de
sus pueblos, con razn seguramente, porque consiguieron desterrar de
su territorio el hambre, unciendo al yugo del trabajo hasta los ms
indciles.

El Imperio se hallaba dividido en cuatro grandes regiones (_Antisuyu_,
_Chinchasuyu_, _Contisuyu_ y _Collasuyu_), unidas al Cuzco por cuatro
grandes caminos. Mandaba cada regin un Seor (Cpac), llamado virey
por los espaoles. Los cuatro Seores constituan el Consejo de
Estado del Inca, y ellos tenan bajo sus rdenes tres Juntas: la de
Guerra, la de Hacienda y la de Justicia. Las regiones se subdividan
en provincias mandadas por Gobernadores (_hunnus_), los cuales no
podan intervenir en los asuntos de los _curacas_ (antiguos caciques
de tribus o de comarcas independientes antes del Imperio). Los curacas
solamente estaban obligados a adorar al Sol, hablar la lengua del
Cuzco, asistir a la Corte por s o por sus hijos y pagar tributo en
hombres y cosas. El cargo de Gobernador lo desempeaban personas de
sangre real. En las capitales de provincia haba, adems, empleados que
llevaban la cuenta de lo que se recoga por impuestos y se inverta en
gastos pblicos; tambin anotaban los nacimientos y defunciones; en los
primeros das del ao llevaban los oficiales sus notas al Cuzco, donde
otros empleados se ocupaban de la estadstica del Imperio. Refiere
Garcilaso que en los pueblos las familias estaban divididas en grupos
de 10, de 50, de 100, de 500 y de 1.000, bajo la autoridad de Jefes de
menor a mayor graduacin. La misma organizacin serva seguramente para
la administracin de justicia; los delitos eran castigados--segn la
menor o mayor gravedad--por los Jefes que acabamos de citar. Para los
pleitos haba otros jueces: uno en cada pueblo, otro en cada provincia
y un tercero en cada virreinato. Tanto la organizacin poltica como
la econmica eran sumamente complicadas. Las minas eran del Inca o
de los _curacas_. Los tributos no pesaban de un modo oneroso sobre
el contingente, pues se tena en cuenta la riqueza o pobreza de los
pueblos.

Formaban los _incas_--como se dijo en el captulo V--la primera clase
de la nobleza, los _curacas_ la segunda y los _amantas_ (sabios,
sacerdotes y hbiles artfices) la tercera. Superior, muy superior era
la clase de los incas; incas eran casi siempre los primeros empleados
civiles e incas eran los primeros capitanes.

Entre el fallecimiento de cada Inca (Emperador) y la coronacin del
que haba de sucederle, esto es, durante el _interregno_, gobernaba
un hombre de gran autoridad y prestigio, perteneciente tambin a la
primera clase de la nobleza.

El _clan_ o linaje (_gens_) era el factor ms importante de las
rudimentarias sociedades indias. El clan, esto es, grupo de parientes
ms o menos prximos, paternos o maternos, vivan en lugar determinado,
con obligacin de ayudarse mutuamente. El indio se deba al clan antes
que a su propia e ntima familia. Entre el inters de sus prximos
deudos y el del clan, deba preferirse el ltimo. El clan elega y
destitua sus jefes, los cuales eran civiles (_sachems_) o militares
(_caciques_, _etc._)

En tiempo de guerra, los jefes militares tenan absoluta autoridad
en la tribu. Durante la paz todos quedaban sometidos al _Sachem_, o
lo que es lo mismo, los jefes civiles diriman las contiendas entre
los individuos del clan o linaje. Cuando no podan resolverlas, las
elevaban al _Consejo_, tribunal superior que tambin tena la misin
de resolver las cuestiones de inters general. Estaba formado dicho
Consejo por los principales jefes o delegados de los clanes.

Las tribus criks o muscogis se hallaban divididas en nueve clanes:
el del _Tigre_, el del _Viento_, el del _Oso_, el de la _Zorra_, el
del _Lobo_, el de la _Raz_, el del _Pjaro_, el del _Ciervo_ y el del
_Cocodrilo_; las iowas, en ocho: el del _Aguila_, el de la _Paloma_,
el del _Lobo_, el del _Alce_, el del _Oso_, el del _Castor_, el del
_Bfalo_ y el de la _Serpiente_; las iroquesas, en tres: el del _Lobo_,
el de la _Tortuga_ y el del _Oso_; las huronas, en otras tres: el de la
_Cuerda_, el del _Oso_ y el de la _Roca_...[222].

       [222] Pi y Margall, _Historia de Amrica_, segundo volumen,
       pgina 1.248.

Ms adelante aade: Tena generalmente cada uno de los clanes por
_nomen_ el del animal o el de la fuerza que miraba como su origen o
como el _nahual_ o el nombre del fundador de la estirpe: por _totem_,
la representacin grfica de ese mismo animal o de esa misma fuerza.
Slo entre los iowas el totem estaba en la manera de llevar el
cabello.[223]

       [223] Ibidem.

La unin, pues, de varios clanes formaba la tribu. La nota
caracterstica de la tribu, segn todas las seales, consista
principalmente en tener la misma lengua o dialecto. En general, las
tribus no tenan jefe supremo, sino el Consejo antes citado. A veces,
tribus afines, ante el temor de agresiones de tribus extraas, se
unan para su proteccin y defensa. Tal fu seguramente el origen de
las _Confederaciones Tribales_, institucin propia y caracterstica de
los aborgenes de Amrica. Las Confederaciones ms conocidas fueron la
_azteca_ y la _iroquesa_; tambin las de los _mokis_ y de los _dakotas_.

El matrimonio entre los indios se celebraba por medio de ciertas
ceremonias religiosas; se consignaba por escrito la dote que aportaba
la mujer. Consideraciones econmicas influan en la forma del
matrimonio, pudiendo afirmarse que en los pases en que la vida era
ruda y difcil, el indio se contentaba con una sola mujer; en los
climas clidos y tierras frtiles exista la poligamia. En la Amrica
Septentrional predominaba la monogamia y en la Meridional la poligamia,
siendo de notar que lo mismo en la primera que en la segunda dependa
la duracin del matrimonio de la voluntad o del capricho de los
contrayentes. Habremos de advertir que en algunos pueblos predominaba
la monogamia por la escasez de mujeres; admitase en otros la poligamia
por la abundancia de aqullas. El esquimal lleg a recurrir a la
poliandria en las grandes carestas de hembras. Lo predominante en
Amrica era la poligamia. El varn sola tomar las mujeres o concubinas
que le consentan sus riquezas o que le exiga el apetito. En general,
la mujer gozaba de alguna estimacin en las tribus en que predominaba
la monogamia y el matriarcado, siendo considerada como esclava en
aquellas tribus en que se hallaba establecida la poligamia, como
tambin entre los salvajes. Lo mismo en los pueblos agricultores, que
en los cazadores y que en los nmadas, la mujer era la bestia de carga
de la familia. Se le haca trabajar continuamente, y gracias poda
dar si no era objeto de malos tratamientos. El marido la despreciaba,
y con harta frecuencia la ofreca a sus huspedes. Gozaba de ms
consideracin en las razas cultas, aunque no de menos trabajo. Lo mismo
en Mxico que en el Per, ella hilaba y teja la lana o el algodn,
ella iba al mercado y cambiaba por las cosas necesarias a la vida los
productos del trabajo de su marido.

Castigbase el adulterio casi en todas las tribus, si bien con ms
rigor en unas que en otras. En las razas cultas--y en ello estn
conformes todos los escritores--lo mismo entre los aztecas que entre
los incas, no reinaba la blandura ni la justicia. Lo que no se
consenta en modo alguno ni en uno ni en otro pueblo era que el marido
se tomase la justicia por su mano. Aunque cogiese a la adltera en
flagrante delito, estaba obligado a llevarla ante los tribunales.
Blandos con los adlteros fueron los hurones, patagones, charras, los
pueblos de los llanos del Orinoco y los nicaraguatecas. Los hurones,
partidarios del amor libre, nada les importaba la infidelidad; los
patagones devolvan la mujer adltera o la vendan al amante; los
charras slo maltrataban a los criminales de palabra; los indgenas
de los Llanos buscaban la venganza en pagar ofensa con ofensa, y el
nicaraguateca despeda a la culpable y la condenaba a viudez perptua;
pero entregndole el dote. Los divorcios eran frecuentes. En casi
todas las razas salvajes, no slo el adulterio se consideraba motivo
de divorcio, sino la diferencia de caracteres, el capricho. Entre las
razas cultas exista tambin, aunque no con tanta frecuencia. Acerca
de los hijos puede asegurarse que la lactancia era larga. Cuando el
nio llegaba a la pubertad reciba su nombre, hecho que tena no poca
importancia. Declarado adulto, si en unas tribus segua el padre
gozando de autoridad absoluta, en otras recobraba el hijo completa
libertad de sus acciones, hasta el punto que nada tena que ver desde
entonces con sus progenitores.

Los ancianos (exceptuando los _shamanes_, adivinos, etc.), que no
servan para la guerra ni para la caza, eran mirados por su tribu como
pesada carga, siendo muertos con frecuencia violentamente.

Respecto a las viviendas no conocieron algunas tribus ms abrigo que
el de los bosques. Otras tribus se contentaban con cubrir la tierra
con verde follaje. Se defendan del sol colocndose a la sombra de
los rboles, de los barrancos y de las rocas, y del viento levantando
parapetos de piedra o de brozas, y tambin en reductos de fagina.
Cuando arreciaba el fro, se metan en cuevas o en hoyos; si estaban
enfermos, en bajas y miserables chozas. Otros salvajes hacan de paja
sus viviendas; algunos doblaban unas pocas ramas, las cuales metan en
el suelo por los dos cabos y encima de ellas echaban pieles; no pocos
metan en el suelo y a corta distancia palos, sobre los cuales tendan
pieles de huanaco.

Constituan verdadero adelanto otras viviendas. Con gruesos postes o
troncos de rbol se formaban _buhos_ polidricos, hasta el arranque
del techo; desde el arranque del techo hasta el remate eran cnicos.
Hallbase formada la armadura del techo por varas o palos delgados que
partan de las soleras de los troncos y convergan a un largo madero
hincado en el centro de la casa, cubrindose los intersticios por
caas sobre las que se extendan luengas pajas, hojas de palmera o
de bihao. Tambin algunos buhos eran cuadrilongos y tenan modestos
zaguanes. Haba pocas puertas sin jambas, y ninguna sin dintel. Tribus
ms adelantadas labraban los postes de sus paredes y las vigas de sus
techos; entre las vigas y entre los postes colocaban tablas de cedro
que podan levantar y bajar a su capricho. Era cosa corriente que
algunas tribus tuviesen sus viviendas en alto y otras bajo tierra o
subterrneas. Lo que verdaderamente llam la atencin de los europeos,
fu las casas de hielo de los esquimales, de forma semi-esfrica.
Muros, ventanas, puerta, muebles, todo era de hielo. Maravilla ms
todava la fbrica de las casas-pueblos, casas de dos, tres, cuatro y
hasta ms pisos, cuya elevacin no bajaba de 40 pies, de longitud 300
y de anchura 120; muchas con grandes voladizos, y todas, en particular
en los pisos inferiores, tenan una especie de galeras o azoteas, que
cerradas por pretiles, servan de miradores en la paz y de baluarte en
la guerra. Componanse dichas casas, ya de piedra y barro, ya de adobes
y ya de argamasa, que era una mezcla de carbn, ceniza, junco y tomillo
con tierra y agua[224].

       [224] Vase lo que en el captulo VII se dijo sobre las casas
       grandes de Gila.

En Mxico, las casas de la plebe estaban hechas de barro y piedra,
de rboles, de caas, cubiertas por heno, por hojas del maguey o del
loe. Las de los hombres principales estaban hechas de piedra y cal y
las techumbres de madera de cedro, ciprs, abeto o pino; en general
se hallaban formadas dichas casas de dos pisos, y en los dos haba
jardines; tambin zagun, patio, azotea, granero, bao, oratorio,
aposento para las mujeres, aposento para los hombres y una o dos
entradas formadas por un cancel de caas, pues puertas no se colocaba
ninguna. En el Per eran de piedra bien labrada las del Cuzco y las de
los pueblos de la serrana; de adobes, las de los Llanos; en general,
slo tenan un piso y el techo de estera o paja. Muchas habitaciones,
nicamente se encontraban en las casas de les curacas y de los incas.
Sin embargo de la pobreza, las viviendas de muchas razas salvajes
presentaban pintoresco conjunto. Estaba casi siempre el hogar en medio
de la casa, debajo del agujero que se dejaba en el techo para la salida
del humo; alrededor de las paredes corran las camas, que consistan
en sencillos petates o en zarzos y tarimas. Colgaban del techo carne
o pescado hechos cecina o mazorcas de maz; de los muros, aqu armas,
all adornos o galas de hombres y mujeres; en el sitio ms visible
de la casa cabezas de ciervos o de bfalos. La suciedad ms grande,
lo mismo en las personas que en las cosas, era frecuente en el hogar
salvaje.

Tiene excepcional importancia el estudio de las _instituciones civiles_
en Amrica antes de la conquista. Comenzando por la propiedad,
consignaremos que los individuos de las tribus, lo mismo de las
salvajes que de las cultas, tenan dominio sobre las cosas muebles;
pero no sobre los bienes races, con la sola excepcin de las chozas
que habitaban. La propiedad no era individual, sino de la tribu o de
la nacin. La propiedad colectiva gozaba de absoluta importancia,
siendo, no obstante, raro el verdadero comunismo. Parcenos exagerada
la pintura que hace Pedro Mrtir de Anglera acerca del comunismo
en Cuba: Todas las maanas--escribe el autor citado--mientras a la
sombra de los rboles deliberaban los ancianos sobre los negocios de
la Repblica, iban los mozos, segn los tiempos, a sembrar, escardar
o segar los campos. Todo perteneca a todos, nada a nadie, y se viva
en paz y ventura sin cercados, leyes, tribunales ni suplicios. No
negaremos que, tanto en las razas salvajes como en las cultas, lata
el comunismo en el fondo de las instituciones civiles. Recurdese a
este propsito que cuando los trabajadores tenan noticia de la vuelta
de sus compaeros del campo, o del regreso de los cazadores, o de la
llegada de las barcas pescadoras, se encaminaban a las puertas de sus
jefes, donde reciban la parte de cereales, caza o pescado, en relacin
con el nmero de los hijos que cada cual tuviera. Entre los nahuas, ni
la nobleza, ni el sacerdocio, ni el pueblo podan enajenar sus tierras;
eran ms bien usufructuarios que propietarios. Llama la atencin que
slo los barones podan, a par de los Reyes, ceder sus campos y montes
a quien quisieran. En las tierras de la comunidad cada familia tena
un lote que transmita a sus herederos; pero si dejaba de cultivarlo
o cambiaba de domicilio, lo perda. Los lotes vacantes servan para
la dotacin de nuevas familias o para la mejora de otros lotes poco
fecundos o escasos. El jefe del barrio o _calpulli_ tena en todos
los casos no pocos derechos y deberes. Entre los mayas deba haber,
no verdadera propiedad, sino mera posesin, que duraba mientras no se
dejase de cultivar la tierra, pudindose, sin embargo, transmitir por
herencia. Respecto al trabajo s pudiera asegurarse que hubo comunismo.
Landa escribe lo siguiente: En tiempo de sus sementeras, los que no
tienen gente suya para las hacer, jntanse de veinte en veinte, o ms
o menos, y hacen todos juntos por su medida o tasa la labor de todos,
sin dejarla mientras no la cumplan. El mismo carcter que entre los
mayas tuvo la propiedad entre los quichs y los cakchiqueles. Respecto
a los nicaraguatecas, es de notar que no podan vender su propiedad,
que pasaba a sus prximos deudos, y si no los haba, al varn o al
municipio. Si de los peruanos se trata, la tierra entre ellos estaba
dividida en tres partes: una para el Sol o el Sacerdocio, otra para
el Inca o el Estado, y la tercera para el Pueblo o el Municipio. El
Municipio reparta anualmente a cada familia sin hijos dos _tupus_
(unas tres fanegas de sembradura): uno para maz y otro para legumbres.
A cada familia con hijos solteros se le daba dos _tupus_ ms por
varn y uno ms por hembra. De modo que las familias eran simples
usufructuarias de la tierra, no pudiendo cederla ni a ttulo oneroso,
ni a ttulo gratuto. Las tierras del Sol y las del Inca aumentaban o
disminuan, segn las necesidades de los Municipios. Los labradores
de la comarca cultivaban unas y otras tierras en determinada poca.
Las tierras de las viudas, de los hurfanos, de los enfermos y de los
ausentes por causa de la Repblica, se cuidaban por los agricultores
del Municipio respectivo. Del mismo modo que haba comunidad en el
trabajo, haba tambin en determinados bienes. Eran comunes la sal, los
peces de los ros, los arroyos y los rboles silvestres. Considerbanse
como propiedad del Inca los ganados y las minas; disponan de
llamas, de objetos de oro y plata caciques nobles y aun plebeyos.
Semejante organizacin de la propiedad produjo en el Per excelentes
frutos. Vinculadas las tierras de los nobles--escribe Fernando de
Santilln--repartidas ao por ao las de los plebeyos, seor de casi
todo el pas el Estado, la generalidad del pueblo en una mediana
rayana de la pobreza, no poda la sucesin tener en el Per mucha
importancia. Afirma el mismo Santilln que, cuando mora un cacique,
el sucesor se haca dueo de las fincas y bienes, y con el producto
de ellos, subvena a las necesidades de la mujer y de los hijos del
difunto.

Por lo que a la _caza_ respecta, perteneca al que la mataba. En
algunos pueblos al que hiriera las reses y aun al que las ojeara se les
reconoca el derecho a la piel y a cierta porcin de carne. Si formaban
partida los cazadores, las piezas que se cogan se repartan entre
todos.

De la _tutela_ y _curatela_ habremos de decir que exista en el Per
y en algunas otras tribus. La _adopcin_ adquiri caracter principal
entre los algonquinos e iroqueses. Los primeros slo adoptaban
prisioneros de guerra, y los segundos a toda clase de hombres, amigos o
enemigos.

La _esclavitud_ exista en Amrica, pues slo en el Per, entre
los esquimales, dacotas y shushwaps no se hallaba establecida.
Naca principalmente de la guerra, y segn Pi y Margall--con cuya
opinin no estamos conformes--no era tan dura como en Europa. No
mediaban--dice--all tampoco entre los esclavos y los seores los
abismos que aqu en Europa. Aconteca ms de una vez que tomase el
seor a una de sus esclavas por esposa y admitiese la seora a uno de
sus esclavos por marido; ms de una vez tambin que nios esclavos se
sentasen a la mesa de sus dueos. Llegaban a establecerse entre las
dos clases hasta vnculos de cario; viendo pobres a sus antiguos amos
trabajaban con ahinco por socorrerlos esclavos que ya no lo eran o
estaban en otras manos. Que ya no lo eran, digo, porque all como en
Roma caba emanciparlos y con frecuencia se los emancipaba. Lo que no
poda nunca el esclavo era obtener cargos pblicos.[225].

       [225] _Historia de Amrica_, vol. 2., pg. 1.353.

Poco numerosas eran las _leyes penales_ entre las razas cultas,
escasas en las razas salvajes. Los salvajes no se contentaban con
aplicar la pena del talin (vida por vida, honra por honra y propiedad
por propiedad), sino que llevaban el castigo ms all del agravio.
En algunas razas el marido burlado tena derecho a cohabitar con la
mujer o hermana del adltero: en otras se destrua casa por casa, se
devastaba campo por campo y se arrasaba maizal por maizal. Para algunos
delitos no haba pena alguna. No se castigaba ni al que mataba en
duelo ni al sodomita. Tampoco casi se castigaban los delitos contra la
honestidad, a excepcin del adulterio, pues en general los adlteros
sufran la pena de muerte. As suceda entre los caribes, los criks,
los musos y los colimas. Se impona la pena de muerte a los homicidas;
slo los californios del Norte se limitaban a exigir precio por
cada muerte, y pedan por la de una mujer la mitad de la que por un
hombre. Se impona la pena de muerte a los homicidas, debindose de
contar que, entre los tupinaes, si hua el matador, se extrangulaba a
cualquiera de sus hijos; si no los tena, a cualquiera de sus hermanos,
y si tampoco los tena, se obligaba a su pariente ms prximo a ponerse
bajo la servidumbre del ms prximo de la vctima.

Los nahuas, entre las razas cultas, eran los que tenan ms leyes
penales (Apndice F). A los sediciosos, a los homicidas, a los
calumniadores, a los testigos falsos, a los adlteros, a los sodomitas
y a los alcahuetes los condenaban a grandes penas o los mataban.
Castigaban con la muerte al hijo que levantaba la mano contra su padre
o su madre, y privaban de la herencia de sus abuelos a los hijos del
delincuente. No eran menos duros con los que se embriagaban y ms
todava con los imprudentes que se atrevan a dirigir palabras amorosas
a algunas de las concubinas del monarca. No se distinguan por su
blandura los castigos que imponan a los que no respetaban la propiedad
inmueble o mueble. El que entraba por las huertas y maizales robando
frutas o mazorcas, o el que arrancaba el maz antes que granara, era
condenado a muerte; pero el viajero que pasaba por las orillas de los
bancales, si tena hambre o sed, se le permita coger algunas mazorcas.
Por lo que toca a los bienes muebles, aplastaban con la clava a los que
salan a robar en los caminos reales y mataban a palos al que hurtaba
la cosa ms pequea en los mercados pblicos. Tambin era largo, aunque
no tanto, el cdigo penal de los mayas. Eran condenados a muerte los
traidores, los que se negaban a pagar los tributos, los homicidas y
los hechiceros. Tambin los que provocaban alzamientos o los que de
algn modo ponan en peligro la salud del Estado. Contra los delitos
sensuales haba diferentes penas, lo mismo respecto a los adlteros
que a los seductores. Si en Guatemala y el Salvador, el raptor era
castigado con la muerte, en Nicaragua slo tena que pagar una
indemnizacin a los padres o parientes de la robada. Blandura extremada
haba contra el adulterio en Guatemala, Nicaragua y Vera Paz. Acerca de
los delitos contra la propiedad, los mayas no fueron tan severos como
los nahuas. Los mayas nicamente mataban a los ladrones incorregibles.
Las pocas leyes penales que conocemos de los muiscas pueden calificarse
de muy severas. El cdigo de los peruanos meda con la misma vara al
inca que al hombre del pueblo. Impona la muerte al que mataba al Rey,
a la Reina o al Prncipe, al ministro del Rey, sacerdote o virgen
consagrada al astro del da y al cacique: tambin al que se pasaba al
enemigo en la guerra. Haca cuartos al parricida, despeaba o apedreaba
al matador de nios, ahorcaba o descuartizaba al marido que matase
a la mujer, como no fuera por causa de adulterio. Azotaba y pona a
la vergenza al estuprador y estuprada; de igual modo castigaba el
incesto entre sobrinos y tos, primos de segundo grado y afines de
primero; con lapidacin u horca el coito entre hermanos germanos; con
lapidacin entre hermanos de padre; con despeamiento entre padres e
hijos. Adltero y adltera pagaban con la vida su delito. Los reos
de sodoma eran arrastrados, ahorcados y quemados; a los alcahuetes
favorecedores de incestos o estupros se les ahorcaba. Los delitos
contra la propiedad dieron origen a pocas leyes. El hombre laborioso
que hurtase para satisfacer el hambre o adquirir vestido para l, su
mujer o sus hijos, no era castigado; pero lo era el jefe, que, debiendo
proveerle de vveres para satisfacer el hambre o de lana o de algodn
para vestidos, no lo haba hecho. El que por haragn o vicioso hurtase
ms de cierta cuanta, si era hijo de seor se le degollaba en la
crcel, y si plebeyo, se le ahorcaba.

No haba _leyes de procedimientos_ en las razas salvajes. Donde ms un
consejo de ancianos fallaba, procediendo en seguida a la ejecucin de
la sentencia. Ni siquiera haba crceles donde encerrar a los reos.
Tampoco verdugos de oficio, pues de dar muerte a los reos se encargaba
el pueblo todo. En las razas cultas, lo mismo entre los peruanos que
entre los mayas y nahuas, s haba leyes de procedimientos. En estas
tribus los procedimientos eran verbales. Se sabe que tuvieron crceles,
pudindose citar una del Cuzco, que estaba llena de osos, tigres,
culebras y vboras; era--segn Cieza--como un lugar de prueba, donde
las fieras devoraban a los culpables y respetaban a los inocentes.
Debieron haber Jueces, tal vez Abogados, Procuradores y Amanuenses o
Notarios. Los juicios eran rpidos.

En diferentes pueblos de Amrica, y especialmente en el Per, se
encuentran leyes, ya del _orden social_, ya del _administrativo_, no
faltando notables disposiciones acerca de la _agricultura_. No carecen
de curiosidad ciertos usos y costumbres de los incas (Apndice G).

Opinan algunos cronistas que las postas slo se hallaban establecidas
entre los nahuas y los peruanos. Como ni unos ni otros disponan de
caballos ni de otra clase de animales que los supliese, empleaban
peatones (_chasquis_) que corran con velocidad pasmosa[226]. Entre
los nahuas haba postas de seis en seis millas, y entre los peruanos
de cinco millas era la mayor distancia[227]. Los despachos de los
nahuas eran verbales o escritos en jeroglficos; los de los peruanos
en forma oral o por escrito (_quipus_). Los chasquis, vestidos de un
traje particular, partan a la carrera para transmitir las noticias
o entregar los objetos que llevasen para la Corte a la posta
siguiente, y as a las restantes hasta llegar a su trmino. Es muy
notable--escribe Prescott--que esta importante institucin fuese
conocida en Mxico y en el Per al mismo tiempo, sin que hubiese
comunicacin entre ambos pases y que se haya encontrado establecida en
dos naciones brbaras del Nuevo Mundo antes que se adoptase entre las
naciones civilizadas de Europa.[228]. Lo mismo en Mxico que el Per
gozaban dichos peatones de mucha consideracin, hasta el punto de que
nadie poda inferirles la menor ofensa sin incurrir en pena de muerte.
Las casas de postas se hallaban siempre en alto, y las unas a la vista
de las otras. Es de advertir que los chasquis estaban nicamente
al servicio del Estado; pero a veces transportaban objetos para el
servicio de la Corte, y aun cosas de comer para el consumo de la Casa
Real. Por este medio la Corte reciba pescado del distante Ocano,
caza de lejanos montes y frutas de las clidas regiones de la costa.
Con semejante sistema de correos se tena en seguida noticia en la
capital, ya de la insurreccin de una provincia, ya de la invasin de
extranjeros enemigos por la frontera ms remota. Tan admirables eran
las disposiciones adoptadas por los dspotas americanos para mantener
la tranquilidad en toda la extensin de sus dominios. Esto nos recuerda
las instituciones anlogas de la antigua Roma, cuando bajo el imperio
de los Csares eran seores de medio mundo.[229].

       [226] Dice Garcilaso que chasquis significaba _uno que hace un
       cambio_. _Com. Real_, parte I, libro VI, cap. VIII.

       [227] Respecto al Per casi todos los autores dicen que no
       pasaba de _tres cuartos de legua_.

       [228] _Historia del descubrimiento y conquista del Per_, tomo
       I, pg. 82.

       [229] Prescott, Ibidem, pg. 83.

Por ltimo, terminaremos con las mismas palabras con que Herder di fin
al captulo que intitul _Organizacin de los americanos_[230]. Qu
puede deducirse--preguntaba el filsofo alemn--de todo lo expuesto?

       [230] _Philosophie de L' Histoire de L' humanit_, tom. I,
       pgs. 300 y 301.

Primero: que no se debe hablar de una manera general de los pueblos
de un continente que est enclavado en todas las zonas. El que dice:
Amrica es clida, sana, hmeda, baja, frtil, tiene razn; el que diga
lo contrario, tambin tiene razn, si considera estaciones y lugares
diferentes. La misma observacin se aplica a las naciones, pues se
encuentran hombres de un hemisferio bajo todas las zonas. Al Norte y
al Sur hay enanos, y al lado de ellos se hallan gigantes. En el centro
se ven hombres de talla regular, ms o menos bien formados, pacficos,
belicosos, perezosos y vivos, en una palabra, todos los gneros de vida
y todos los caracteres.

En segundo lugar, nada, sin embargo, prueba que tantas ramificaciones
no procedan de la misma raz, y que la unidad de origen se manifieste
tambin por la semejanza de los frutos. Eso es lo que omos decir
del carcter dominante, lo mismo en la figura que en la organizacin
fsica de los americanos. Ulloa observa en las comarcas centrales, que
los individuos tienen la frente pequea cubierta de cabellos, narz
afilada que se encorba hacia el labio superior, ancha cara, grandes
orejas, piernas bien formadas, pies pequeos y cuerpo rechoncho; y sus
caracteres se encuentran ms all de Mxico. Pinto aade que la narz
es algo chata, la cara redonda, los ojos negros o castaos, obscuros,
pequeos y vivos y las orejas un poco separadas de la cabeza: esto
mismo se halla en los pueblos degenerados que viven lejos de aqullos.
Esta fisonoma general, que se transforma ms o menos, segn los
pueblos o los climas, parece como un rasgo de familia y se reconoce en
pueblos diversos, atestiguando perfectamente la unidad de origen. Si
fuese cierto que pueblos de todas las partes del mundo, en diferentes
pocas se haban fijado en Amrica, ya mezclados o ya separados, la
diferencia con los anteriormente citados deba ser mayor. Los cabellos
blondos y los ojos azules no se ven en las gentes de esta parte del
mundo: los cessers de los ojos azules de Chile, y los akansas de la
Florida han desaparecido recientemente.

En tercer lugar, se puede, despus de todo ello, sealar a los
americanos un carcter general? Parece que s, y ste es una bondad
e inocencia casi infantil, de las que se encuentran seales en todas
sus formas, aptitudes y poca astucia y, sobre todo, por la manera como
ellos han recibido a los primeros europeos. Nacidos en un pas brbaro,
sin ninguna ayuda del mundo civilizado, realizaron los progresos por s
solos, y por esa razn, presentan en sus comienzos un aspecto rico e
instructivo de la humanidad.




CAPTULO X

  INSTITUCIONES MILITARES.--EL ARCO Y LA FLECHA.--LA LANZA, LOS
  DARDOS, LAS JABALINAS, LAS HONDAS Y OTRAS ARMAS.--LAS ARMAS
  DEFENSIVAS: EL ESCUDO, EL PETO, LA COTA Y EL CASCO.--DIFERENCIA
  ENTRE LAS ARMAS DE LAS RAZAS CULTAS Y DE LAS SALVAJES.--LAS
  FORTIFICACIONES.--BANDERAS O ESTANDARTES.--LA MSICA
  MILITAR.--ORGANIZACIN DE LA FUERZA ARMADA.--LA GUERRA: SU
  DECLARACIN; SUS PREPARATIVOS.--LOS TAMBOS O CUARTELES-PSITOS.--LA
  TCTICA Y LA ESTRATEGIA.--CRUELDAD EN LA GUERRA.--PREMIOS Y
  CASTIGOS.--LEYES MILITARES.--MODO DE AFIANZAR LAS CONQUISTAS.--LA
  PAZ EN LOS PUEBLOS SALVAJES Y EN LOS CULTOS.


Nos vamos a ocupar de las instituciones militares. Dividanse las armas
de los indios en ofensivas y defensivas. Ofensivas ms importantes eran
el _arco_ y la _flecha_. Los pueblos del Norte solan hacer el arco de
madera de cedro, roble, sauce, pino o tejo; los del Sur, de madera de
palma. Las cuerdas consistan en nervios de animales o tiras de cuero.
Las flechas que usaban los habitantes de la Amrica septentrional
eran de pedernal o cobre; los de la Amrica meridional eran astillas
de caa o de madera y huesos. Las puntas de las flechas, labradas
cuidadosamente, tenan la figura de lengeta, de cono o de tringulo.
Muchos pueblos envenenaban sus flechas, valindose de diferentes
substancias, siendo la principal el _curare_, que se extraa de cierto
bejuco del gnero _strychnos_, muy abundante en la riberas del Orinoco,
del ro Negro y del Amazonas.

Despus del arco y la flecha, el arma de ms uso era la _lanza_:
blandanla en la Amrica del Norte los apaches, los californios del
Centro, los shoshonis, los haidahs, los tlinkits, los aleutas, los
koniagas, los chinuks y los esquimales; y en la Amrica del Sur, los
araucanos, los aucas, los puelches, los charras, los albayas, los
panches, los pueblos de los Llanos y los omaguas[231]. Variaba lo largo
de las lanzas, ya en unos, ya en otros pueblos.

       [231] Vase Pi y Margall, _Hist. general de Amrica_, tomo I,
       cuaderno II, pgs. 1.294 y 1.295.

Tambin usaban los _dardos_, las _jabalinas_, las _hondas_, las
_macanas_ y las _clavas_. Usaban del dardo, entre otros, el dacota;
de la jabalina, el iroqus; de la honda, el patagn y el apache; de
la macana (verdadera espada de dura madera), el chiquito y otros, y
de la clava, arma bastante parecida a la macana, el caribe. Otras
armas conocieron algunos pueblos, como los _sables_, las _hachas_, los
_cuchillos_, las _bolas_ o los _lazos_.

En Cuba, en la Jamaica, en las islas de Bahama y en la parte
septentrional de Hayt no tenan los indios arcos y flechas, aunque s
el arma conocida con el nombre de _azagaya_, la cual terminaba en punta
por uno de sus extremos; a veces esta punta se hallaba formada por una
espina de pescado.

Las armas defensivas consistan en escudos, rodelas y mscaras. Los
escudos eran de diferentes formas. Algunos indios llevaban simples
rodelas de cuero, de madera, de piel o de corteza de rbol. Escudos
y rodelas variaban, no slo de forma y de materia, sino tambin de
tamao. Defendanse, adems, con el _peto_, la _cota_ y el _casco_.

Casi iguales eran las armas de las razas cultas y salvajes,
diferencindose nicamente en la mayor perfeccin de las primeras
sobre las segundas. Hasta tal punto mostraron su inventiva las
razas salvajes, que llegaron a emplear las flechas incendiarias;
las emplearon los habitantes de la Florida, y entre los tupes, los
tupinambaes. Como los materiales de que estaban formadas las viviendas
ardan con suma facilidad, los que usaban tales flechas conseguan por
este medio su objeto.

Si los toltecas, al establecerse en el valle del Anahuac no conocieron
ms instrumentos belicosos que el arco, la flecha y la cerbatana, los
aztecas, adems de las citadas, usaron lanzas de mucha altura, dardos
de tres puntas, espadas de guayacn o de otras maderas, y algunas ms.
Los hierros de las lanzas eran de cobre o de obsidiana; los dardos, o
todos de madera endurecida al fuego o de cobre; las espadas no tenan
menos filo que nuestras cuchillas.

Los nobles, como era natural, solan llevar armas ms ricas; los
capacetes eran de oro o plata, o, por lo menos, cubiertos de aquellos
metales; las corazas estaban hechas de lminas de plata u oro; las
cotas adornadas con brillantes plumas, distinguindose por su finura
los guanteletes y por su riqueza los brazales. La armadura de los reyes
era todava mejor, pues adems de emplear el oro y la plata con mayor
profusin que los nobles, adornaban con plumas de _guetzalli_ sus
yelmos, cascos y rodelas.

En la Amrica Central las armas ofensivas y defensivas tenan exacto
parecido a las usadas en Mxico y en el Per.

Pasando a estudiar las _fortificaciones_, diremos, como regla general,
que las razas salvajes, y aun las cultas, buscaban la defensa de sus
pueblos en la naturaleza, as que solan situarlos en lugares altos
y escabrosos o en las mrgenes de los ros. Muchas razas protegan
sus poblaciones con sencillas empalizadas y fosos. Los guaranes del
Paraguay tenan fortificado el pueblo de Lampere con foso y doble
cerco. An eran ms fuertes no pocas poblaciones de Guatemala. Lo
mismo podemos decir de muchas poblaciones de Nicaragua y del Ecuador.
En el Per abundaban los castillos, siendo de notar que muchos de
ellos se comunicaban por galeras subterrneas; el del Cuzco y el de
Pisac, entre otros, eran clebres por su imponente grandeza. Lo mismo
interior que exteriormente, llaman la atencin las fortificaciones de
la ciudad de Mxico y las que se encuentran en las opuestas provincias
de Veracruz y Oajaca. Recordamos en la provincia de Veracruz la de
Centla, que est prxima a Huatusco, y la de Tlacotepec, a cuatro
leguas de Folutla. En la provincia de Oajaca, donde las fortificaciones
demuestran mayores adelantos que en ninguna parte, se halla, a tres
cuartos de legua al Oeste de Mitla, una ciudadela sobre escarpada roca,
que bien puede figurar al lado de ciudadelas de Europa posteriores en
siglos. Tena esta ciudadela un muro de piedra, grueso de 21 pies,
alto de 18 y largo casi de una legua. Corra el muro por todo el
borde superior de la roca y formaba multitud de ngulos entrantes y
salientes. Unido a l haba al Este otro lienzo de muralla curvilneo
y ondulante, de no menos espesor y de ms altura. Las dos entradas de
tan regular fortificacin eran oblcuas. Estaban las dos al Oriente; la
una en el primero y la otra en el segundo lienzo. Al Occidente, casi en
la misma lnea de la segunda entrada, haba una como puerta de salida o
de socorro; en medio de la plaza, grandes edificios, acaso cuarteles y
depsitos de efectos de boca y guerra[232].

       [232] Pi y Margall, Ob., tomo y cuad. citados, pg. 1.307.

Hllanse fortificaciones, ms o menos slidas, en otros puntos de
Amrica, llamando la atencin algunas por su semejanza con nuestros
castillos de la Edad Media.

Respecto a _banderas_ o _estandartes_, carecan de ellos las razas
salvajes; slo de los araucanos se cuenta que usaban estandartes, y
en ellos pintada una estrella. Tenan banderas casi todos los pueblos
cultos. Dice Bernal Daz del Castillo, que en la costa de Campeche
(Estado de Mxico), vi escuadrones de indgenas con banderas tendidas.
En el imperio de Moctezuma--segn el Oficial Annimo--cada compaa
de cuatrocientos hombros llevaba su estandarte. En el Pen--aade
Jrez--los soldados estaban repartidos por escuadras y banderas. Los
aztecas los hacan de plumas que unan con hilos o cintas de oro o
plata, los peruanos los fabricaban de lana y los tlaxcaltecas los
componan de plumas de colores.

Fueron siempre signo de guerra las banderas? Escribe Corts que, en
su segunda expedicin a Mxico, salieron de Tezcuco cuatro indios con
una bandera en una vara de oro, lo que indicaba que venan de paz,
aadiendo Bernal Daz, que en seal de paz abajaron, humillaron y
entregaron dicha bandera[233].

       [233] Pi y Margall, ob., tomo y cuad. citados, pg. 1.312.

Por lo que a instrumentos de _msica militar_ se refiere, la diferencia
entre algunas razas salvajes y cultas era poca, y decimos algunas,
porque la mayor parte de ellas se enardecan en los combates dando slo
voces y gritos. El instrumento principal usado por las cultas y algunas
salvajes era el tambor, construdo con troncos huecos de rboles y
cubiertos los extremos de dichos troncos con piel de venado o de cabra
monts. De muy diferentes clases y tamaos eran los tambores, ya en
unos, ya en otros pueblos. Ctanse de igual manera los cuernos de caza,
los cuernos marinos y los silbatos. Tambin deba ser instrumento de
guerra la flauta o _fututo_ que usaban los indgenas de la Amrica
Meridional.

No estaba organizada la guerra armada en las razas salvajes. Se servan
del arco y de la flecha lo mismo en sus guerras que en sus caceras.
Cuando iba a comenzar la guerra, se nombraba el jefe. Entre los
araucanos, los tupes y algunos ms, el servicio debi ser obligatorio;
entre todos era obligatorio en las guerras defensivas, no en las
ofensivas.

Respecto a la _organizacin del ejrcito_ entre los araucanos, se
sabe que estaba dividido en batallones de mil plazas y compaas de
ciento. Mandbalo un _thoqui_ o general en jefe, y bajo sus rdenes
haba un _vicethoqui_ o lugarteniente; debajo de los dos, capitanes
de diferente graduacin. Los aztecas haban dividido sus ejrcitos en
batallones de 400 hombres y cuerpos de 8.000 o _xiquipillis_. Unos
batallones se distinguan por el color de las plumas de que llevaban
cubiertos jubn y calzas; otros--segn el Oficial Annimo--por las
plumas bermejas y blancas; algunos por las amarillas y azules; varios
por otra clase de colores. Unos iban provistos de arcos, otros de
hondas, algunos de espadas. Cada batalln tena su capitn, y cada
ejrcito su _tlacochcalcatl_ o general en jefe. Los peruanos dividan
su ejrcito en grupos de diez, cincuenta, ciento, mil, cinco mil y
diez mil hombres; todos estos grupos se hallaban mandados por jefes de
diferente categora. Un grupo manejaba la honda, otro el arco, aqul
la porra o el hacha y ste el lanzn o la pica. Exista, adems, en el
Per un cuerpo de dos mil incas destinado a la guardia y defensa de los
emperadores. Distinguanse de todos los dems soldados porque llevaban
engarzados en las orejas rodetes de oro.

La _guerra_ era casi el estado habitual de los pueblos americanos.
La hacan los cultos y los salvajes. Si guiaba a los primeros de vez
en cuando algn fin noble o humanitario, los segundos la promovan
por espritu de venganza, por adquirir cautivas, por codicia, por
cuestiones de lmites, por feroz canibalismo. Procede decir que los
cultos aztecas no slo peleaban por engrandecer el Imperio y castigar
a sus enemigos, sino tambin con el deseo de coger prisioneros y
sacrificarlos a sus dioses. Sentimientos ms nobles tenan los chibchas
y peruanos: los primeros no emprendan guerra alguna sin consultar al
Pontfice de Sogamoso, y los incas se proponan un fin civilizador,
cual era apartar a los salvajes de todo culto sangriento e instruirlos
en las artes industriales y en la agricultura.

Decretaban la guerra, en los pueblos salvajes, los caciques poderosos,
las Juntas de jefes de familia o las Asambleas de guerreros. Los incas
tampoco declaraban formalmente la guerra, sino cuando contaban con
probabilidades del triunfo. Antes de lanzarse a la lucha, tomaban
posiciones y se guarecan tras estacadas en altos cerros, procurando
cortar el paso a los que pudiesen socorrer al enemigo. Ms formalidades
guardaban los mejicanos, quienes enviaban embajadores a la capital
enemiga, esperando algunos das la respuesta. No se contentaban con una
embajada, sino repetan dichas embajadas antes de comenzar la guerra.

Eran diferentes los _preparativos de guerra_ entre las razas salvajes
y las cultas. Lo primero que hacan los salvajes era buscar soldados,
y para ello se reunan los hombres ms valerosos en banquetes y daban
cuenta de sus proyectos belicosos. Si encontraban acogida los tales
proyectos, se abra la campaa; en caso contrario, se desista de ella.
Antes se celebraban ciertas fiestas, ya religiosas ya profanas. Los
dacotas acostumbraban a elegir por caudillo un sacerdote o un guerrero.
Al paso que algunos pueblos se preparaban a la guerra mediante
ridculos procedimientos, otros, aunque tan rudos como aqullos, se
disponan ms convenientemente. Tanto los pimas como los salvajes de
algunos puntos de Mxico, buscaban el apoyo de los pueblos vecinos para
lanzarse a la lucha. Tambin antes haban adquirido armas, vveres,
tiendas y todo lo que necesitaban en tales circunstancias. Tenan del
mismo modo sus exploradores.

Los preparativos en las razas cultas eran diferentes. Los reyes aztecas
encargaban a gente sagaz y entendida que examinase la naturaleza del
terreno enemigo y la condicin de los pobladores. No abran la campaa
sino despus de conocer los pasos fciles y los peligrosos, el lado
vulnerable de las fortalezas, las armas, el nmero de los enemigos.
Discutido todo en consejo de guerra, se llamaba a los capitanes de
mayor categora y se les deca el camino que haban de seguir, las
jornadas que deban hacer y el sitio ms a propsito para lograr la
victoria. Mandaban a la vez que los dems jefes de las provincias se
incorporasen con tropas al ejrcito, y tambin que otras autoridades
aprestasen armas, vveres, mantas y tiendas de campaa. Los incas
tenan dichos abastecimientos en _tambas_ o cuarteles-psitos; los
ltimos se hallaban en determinados puntos de los caminos que de Norte
a Medioda y de Oriente a Occidente cruzaban el imperio. All en los
citados _tambos_ podan las tropas alojarse, surtirse de vveres, de
armas y de vestidos.

Eran casi nulas la _tctica_ y la _estrategia_. No las tenan las razas
salvajes; apenas las cultas. Empezada la refriega, los combatientes,
sin orden o en tumulto, y dando feroces alaridos, avanzaban disparando
flechas, hasta llegar a las manos con el enemigo. Peleaban cuerpo a
cuerpo, y abandonaban el campo si perdan al jefe o vean muertos
a muchos de sus hombres. La estrategia estaba reducida a partir
secretamente, escoger ocultas veredas, llegar de noche al campamento
enemigo, emboscarse, y al romper del alba caer y lograr la victoria.

Los araucanos se distinguan por su _estrategia_. Eran diestros para
organizar en secreto expediciones, caer de improviso y de noche sobre
el enemigo, fingir falsas retiradas, simular ataques, triunfar por el
engao. Metidos en las asperezas de los montes, eran invencibles. Los
mismos espaoles tiempo adelante se vieron muchas veces engaados y
sorprendidos en las diferentes guerras que con ellos sostuvieron. Bien
puede asegurarse que los indios, en general, eran traidores en las
guerras. Combates en el mar no los haba; pero s en los lagos y en los
ros.

Los aztecas y los incas mostraron algunas veces ligeros conocimientos
de tctica y de estrategia, en particular los segundos: Marchaban
los ejrcitos peruanos divididos en vanguardia, centro y retaguardia.
Iban en la vanguardia los honderos con sus hondas y rodelas; en la
retaguardia, los piqueros con sus picas de treinta palmos, y en el
centro los soldados de las dems armas con el Inca o el general en jefe
y la guardia del imperio.

       *       *       *       *       *

Saban los peruanos atacar de frente y de flanco, fingir retiradas y
tambin emboscar gentes que en lugar y momento oportunos decidiesen el
combate.

       *       *       *       *       *

Cuntase, adems, de los peruanos que llevaban en sus expediciones
rebaos de carneros para la manutencin de las tropas en pas enemigo,
el material necesario para las tiendas de sus campamentos y oficiales
que tomaran razn de los salvados, heridos y muertos[234].

       [234] Pi y Margall, ob. cit., tomo I y cuaderno II, pg. 1.327.

_Crueles_ en las batallas eran las razas de Amrica, como crueles
eran tambin las naciones europeas. Matar, destruir y llevarlo todo
a sangre y fuego ser siempre el fin de la guerra. En diferentes
puntos de Amrica, ya del Norte, ya del Sur, se mataba y se coma a
los prisioneros. Varias tribus se contentaban con reducirlos a la
servidumbre. Tanta crueldad mostraron los aztecas con los prisioneros
como las razas salvajes. Les colocaban en sus templos sobre la piedra
de los sacrificios, les abran el pecho, les arrancaban el corazn y
rociaban con la sangre el rostro de sus dolos. A otros prisioneros
les daban otro gnero de muerte. Los peruanos eran humanos, hasta el
punto de ponerlos en libertad luego que la guerra terminaba. A veces
los desterraban del hogar en que haban nacido; pero permitindoles
llevar consigo la familia. Procuraban economizar la agena y la propia
sangre, llegando su humanidad a no extremar el ataque ni la defensa,
aun sabiendo que con semejante conducta prolongaban la guerra. No
aniquilis ni destruyis lo que habis de vencer y adquirir maana,
solan decir los jefes a sus ejrcitos. Digna de alabanza fu, por
muchos conceptos, la conducta que seguan los peruanos y que hubiera
debido servir de ejemplo a las naciones ms civilizadas de Europa.

En las razas salvajes y en las cultas se premiaba a los valientes y
se castigaba a los cobardes. Para los hombres de reconocida bravura
haba ciertas insignias en muchas razas salvajes. Pintarse los brazos,
el pecho o del ojo a la oreja era seal de cierto nmero de combates;
llevar prendidas en sus cabellos plumas de guila indicaba el valor del
guerrero, pues el nmero de plumas era igual al de enemigos a quienes
haba dado muerte.

Tambin entre los aztecas era insignia de valor las plumas. Slo poda
usarlas el que hubiese hecho por su mano cinco prisioneros. Semejante
guerrero tena derecho a llevar vistosos penachos sujetos por hilos de
plata y mantos de diferentes colores o con ricas orlas.

El pueblo ms valeroso entre los americanos debi ser el azteca. Nadie
haca caso del noble si era cobarde, y el soldado ms humilde, si
tena valor, se elevaba a los primeros puestos. Slo dos cargos se
reservaban a determinadas clases: a la familia del Rey el de Capitn
general de los ejrcitos; a la alta nobleza el de General de divisin
o _de xiquipilli_. Las insignias militares eran muchas. Ordenes de
caballera haba una o varias, y para entrar en ella o en ellas deban
hacerse ceremonias graves y solemnes. Del mismo modo en el Per hubo
una especie de orden de caballera, donde entraban los incas de diez y
seis aos que resistieran determinadas pruebas. Alguna semejanza tena
esta orden con la de los aztecas; en ambos pueblos compartan el ayuno
los deudos del nefito y en ambos pueblos era comn el taladro, all
de las narices y aqu de las orejas. Respecto a las dems ceremonias,
notbase a primera vista la diferencia; dominaba entre los aztecas
el sentimiento religioso sobre el militarismo, y entre los incas el
militarismo sobre la religin; eran aqullas ms fantsticas que
prcticas, y stas ms positivas que ideales.

No dejan de ser curiosas y de no poco inters las _leyes militares_ de
los aztecas, que a continuacin copiaremos:

  I. Todo General u Oficial que salga con el Rey a campaa y le
  abandone o le deje en poder del enemigo, faltando a la obligacin
  que tiene de traerlo vivo o muerto, ser decapitado.

  II. Todo Oficial que forme parte de la guardia del Prncipe y
  abandone su puesto de confianza, ser decapitado.

  III. Todo soldado que desobedezca a su jefe inmediato, o deje su
  puesto, o vuelva la espalda al enemigo, o de cualquier modo le
  auxilie, ser decapitado.

  IV. Todo Oficial o soldado que usurpe, que robe el cautivo o el
  botn de otro, o ceda a otro el prisionero que por su mano hizo,
  sufrir pena de horca.

  V. Todo soldado que en guerra dae al enemigo sin la venia de su
  Jefe, o le ataque sin haberse dado la seal de combate, o abandone
  la bandera, o deserte del campamento, o quebrante o viole las
  rdenes del Capitn de su compaa, ser decapitado.

  VI. Todo traidor que revele al enemigo los secretos del ejrcito
  o las rdenes encaminadas para llevarle a la victoria, ser
  descuartizado. Se le confiscarn los bienes y se reducirn sus
  hijos y deudos a perpetua servidumbre.

  VII. Toda persona que en tiempo de guerra oculte o proteja al
  enemigo, noble o plebeyo, ser descuartizada en medio de la plaza
  pblica. Se arrojarn sus miembros a la muchedumbre para que los
  haga objeto de escarnio.

  VIII. Todo noble o toda persona de distincin que en acciones de
  guerra, en danzas o en otras fiestas ostente insignias de los
  reyes de Mxico, Tezcuco o Tamba, sufrir pena de muerte y sern
  confiscados sus bienes.

  IX. Todo noble que habiendo cado prisionero en poder del enemigo,
  se escape y vuelva al pas, ser decapitado. Se dejar, por lo
  contrario, libre y se premiar como bravo al que vuelva despus
  de haber vencido en la piedra gladiatorial a siete adversarios.
  Si el que huyera de la crcel del enemigo fuese simple soldado y
  volviese al pas, ser bien recibido.

  X. Todo embajador que en cumplimiento de su mensaje no se atenga a
  las rdenes  instrucciones que haya recibido o vuelva falseando la
  contestacin, ser decapitado.

       *       *       *       *       *

Con el objeto de _afianzar las conquistas_, los vencedores dejaban a
la cabeza de las tribus sometidas, al jefe vencido o a su sucesor,
exigindole nicamente ciertos tributos y determinadas obligaciones.
De todos los monarcas de Amrica, los de Per mostraron ms deseos
que ningn otro de civilizar a los pueblos conquistados, ya mediante
la persuasin, ya por la fuerza. A los jefes les regalaban hermosas
mujeres y joyas de oro; a los dems, lana y algodn para que se
vistieran, ganados para criarlos, maz y legumbres para que comiesen.
A veces les instruan en la agricultura y les abran acequias para el
riego de los campos.

Respecto a la _paz_, solicitbanla lo mismo los pueblos salvajes que
los cultos por medio de embajadores. Entre los salvajes, el smbolo
de la paz era la pipa; en una pipa generalmente esculpida o pintada,
fumaban los embajadores o los jefes de los pueblos que ponan fin a
sus discordias. Si los embajadores se presentaban al Rey, lo primero
que hacan era ofrecerle una pipa. Luego cada uno de aqullos encenda
la suya y fumaban todos, echando la primera bocanada de humo al Sol,
la segunda a la tierra y la tercera al horizonte. En seguida pasaban
sus pipas a la comitiva regia, y exponan su mensaje. Expuesto y
contestado, el Rey usaba de la pipa, significando de este modo paz y
concordia. Haca encender una pipa y la circulaba a los mensajeros; con
esto terminaba la embajada.

Los embajadores aztecas llevaban una especie de dalmtica verde, de
cuyos extremos pendan borlas de colores, manta finsima revuelta al
cuerpo y recogida por dos de sus puntas en los hombros, ricas plumas en
el cabello, una flecha con la punta al suelo en una mano y un escudo en
la otra; pendiente del brazo una red con vveres para el camino. Acerca
de los incas, ellos enviaron pocas o ninguna embajadas; pero recibieron
muchas de las naciones fronterizas.




CAPTULO XI

LENGUAS AMERICANAS: SU NMERO.--LENGUA DE LOS HABITANTES EN LA TIERRA
DEL FUEGO: EL YAHGAN.--LENGUAS QUE SE HABLABAN EN LAS PAMPAS Y EN EL
GRAN CHACO.--LA LENGUA CHARRA.--LENGUAS DE LA AMRICA MERIDIONAL:
GRUPO ATLNTICO Y GRUPO ANDINO.--EL GOAGIRO ARAWAK.--EL TAPUYA,
EL TUP Y GUARAN.--LENGUA CHIQUITA.--EL CHIBCHA, EL QUICHUA Y EL
AIMAR.--OTRAS LENGUAS.--LENGUAS DE LA AMRICA CENTRAL.--EL MAYA
QUICH Y EL NAHUATL O AZTECA.--EL OTOM Y EL PAMA.--LENGUAS DE LA
AMRICA SEPTENTRIONAL: EL CAHITA TA Y OTROS.--EL PATA Y EL DACOTA.--EL
CHIGLET Y OTROS.--PARTES DE LA ORACIN EN LAS LENGUAS AMERICANAS.--LA
ESCRITURA.--EL LENGUAJE DE LOS GESTOS.


Hase dado en nuestros das suma importancia al estudio de las lenguas,
pretendindose obtener, mediante ellas, el origen y parentesco de los
pueblos. Que el estudio es interesante no cabe duda alguna, si bien, a
veces, la filologa no ha estado conforme con la antropologa[235].

       [235] Para escribir este captulo hemos tenido presente, y a
       veces hemos seguido al pi de la letra, las obras siguientes:

         Fernndez y Gonzlez, _Los lenguajes hablados por los
         indgenas del Norte y Centro de Amrica_, Conferencia dada
         en el Ateneo de Madrid el 29 de febrero de 1892.

         Fernndez y Gonzlez, _Los lenguajes hablados por los
         indgenas de la Amrica Meridional_, Conferencia dada en el
         Ateneo de Madrid el 16 de mayo de 1892.

         Sentenach, _Ensayo sobre la Amrica Precolombina_.

         Conde de la Viaza, _Bibliografa espaola de las lenguas
         indgenas de Amrica_.

Considerable es el nmero de lenguas y dialectos que se hablaron en
Amrica. Bastar decir que el P. Kircher, aprovechando en su obra
_Sobre la Torre de Babel_ los datos que le comunicaron los Padres
Jesutas de las misiones de Amrica, al celebrarse una Congregacin en
Roma el 1676, hubo de elevar a quinientos el nmero de tales idiomas.
En el siglo dcimo octavo, D. Juan Francisco Lpez sostuvo con algn
fundamento que se hablaban en las Indias Occidentales no menos de
mil quinientos[236]. En nuestros das, Brinton, ilustre profesor de
Arqueologa y de Lingstica americana, menciona unos ochocientos
cincuenta y cuatro lenguajes entre idiomas y dialectos[237]. Por
nuestra parte, slo habremos de citar algunos idiomas, y siguiendo
el mtodo del inmortal Hervs y Panduro, comenzaremos estudiando las
lenguas del Sur de Amrica hasta remontarnos a las del Norte. En tres
partes dividiremos el asunto, las cuales sern las siguientes: _Lenguas
de la Amrica Meridional_, _Lenguas de la Amrica Central_ y _Lenguas
de la Amrica Septentrional_. Trataremos cada una de dichas partes
sin sujetarnos al orden observado por Hervs. Al Sur de la Patagonia,
que es el pas ms meridional de Amrica, se halla la Tierra del
Fuego, cuyos habitantes hablan el _yahgan_, lengua sumamente pobre
y rstica[238]. Afirman otros autores, entre ellos el Sr. Fernndez
y Gonzlez, que el yahgan es lenguaje bastante culto, y de l se
consideran dialectos el _oua_, hablado al Noroeste en ambas costas del
Estrecho de Magallanes, y el _aliculuf_ de los fuegueos al Noroeste.
Del yahgan ha hecho L. Adam detenido estudio en la _Revista de la
Lingstica_[239].

       [236] Hervs, _Catlogo_, etc., vol. I, pg. 115.--Fernndez y
       Gonzlez, Ibidem.

       [237] _The American Race_, New York, 1891.

       [238] En la Tierra del Fuego--segn la opinin de von Martins
       y del Dr. Deniker, de Pars--se encuentran los moradores ms
       antiguos de Amrica.

       [239] _Revue de la Linguistique_, XVII y XVIII

Las lenguas de las pampas manifiestan del mismo modo rudeza
extraordinaria. La regin de las pampas comprende tres vastos
territorios, que son al Norte el Gran Chaco, en el Centro las pampas
propiamente dichas y al Sur la Patagonia. Entre las principales
familias lingsticas del Gran Chaco se encuentran el _guaycuru_,
el _payagua_, el _chunupe_, el _lule_, el _vilelo_ y el _mataco_;
todos estos idiomas, al parecer, carecen de numerales, lo cual indica
el estado de ignorancia de los pueblos que hablaban tales lenguas.
Afirma Pelleschi--uno de los ms sabios investigadores de los usos y
costumbres de los indios--que caudillos estimados como inteligentes en
la religin citada, no saben contar los dedos de las manos, llegando
su ignorancia a expresar los dos numerales primeros por palabras
compuestas y sin forma fija. Nada tendra de particular que todos los
indios que hablan el guaycuru en el Chaco (lengua distinta de la de
los indios de California, llamada con el mismo nombre) procedan del
Paraguay.

Del mismo modo se tiene por cierto que los _charras_, pueblo casi
salvaje, ocupaban la margen oriental del Uruguay; respecto a su idioma
apenas tenemos ms noticias filolgicas que las suministradas por
Hervs y Panduro. Haremos observar que, segn Azara, la citada lengua
charra era completamente nasal y gutural.

Pasamos a estudiar lenguas y pueblos ms importantes y tambin ms
conocidos de la misma Amrica Meridional. Estas lenguas pueden
dividirse en dos grandes grupos: el atlntico, representado
principalmente por el _goajiro_, _caribe_ y sus dialectos, con los
idiomas _tup_ o _guaran_, y el _chiquito_ de Bolivia, ms pobre que
los otros de la citada Amrica Meridional; el otro grupo es el andino,
occidental, que llega hasta el _araucano_.

En rigor de verdad, el primero de los dos grupos, que consta de muchas
lenguas, genuinamente americanas, presenta, adems de perfecta unidad
en la formacin, admirable pureza de races. Parece probado que el
_goajiro arawak_ es la primera lengua que oyeron los espaoles en el
Nuevo Mundo, extendida en aquellos tiempos por todas las Antillas.
Considrase por muchos como hermana del caribe y se presenta como
aglutinante en superior grado. Su vocabulario es rico y su numeracin
es decimal. Las mismas particularidades se encuentran en las dems
lenguas de la citada regin, notndose que pierden su riqueza y
organismo gramatical conforme se van acercando hacia el Sur, como
sucede con el _tapuya_ o _brasileo_ y el _tup_ o _guaran_, ms
pobres en formas conjugables y con numeracin solamente quinaria. Los
tupes o guarans (provincia de Corrientes en la Argentina y Repblica
del Uruguay)[240] forman la declinacin de su lengua por medio de
posposiciones, que son las mismas para singular y plural. Dialecto
muy interesante de la lengua guaran es el de los _omaguas_, los ms
occidentales de la raza.

       [240] La mayor parte de la poblacin de la provincia de
       Corrientes est formada por los descendientes de los indios
       guaranes; y un noventa por ciento de la poblacin del Uruguay
       tiene sangre guaran en sus venas.

La regin de los chiquitos, que se extenda entre los afluentes del
alto Paraguay y la cima de la cordillera de los Andes, al Norte
hasta la tierra de los moxos, al Sur el Gran Chaco y al Oeste hasta
los quichuas, comprenda cuatro tribus principales: los taos, los
pinocos, los penoques y los manacicas. Situados los ltimos cerca
del lago Xavay y hacia las fuentes del Paraguay, constituan el grupo
ms importante y civilizado. Sumamente curiosas son las noticias
que acerca de la lengua chiquita ha dado el profesor de _Esttica_
de la Universidad de Madrid: Como en iroqus y en otros idiomas de
Asia y Africa, dice, se sealan en chiquito dos modos de hablar, en
tercera persona principalmente, el de los hombres y el de las mujeres,
con la particularidad de que stas no pueden usar el modo varonil,
mientras los hombres emplean ambos; de forma que, cuando se trata de
seres que se representan en figura de varn, emplean la masculina, y
cuando hablan de otras (mujeres, brutos, seres inanimados, etc.), o
refieren conversacin de alguna mujer, usan la femenina. El lenguaje
de la mujer se distingue a las veces por palabras diferentes, y en lo
comn por afresis y sncopas, como el gnero femenino de los idiomas
semticos se diferencia por formas pronominales y verbales que le son
privativas[241].

       [241] Conferencia pronunciada en el Ateneo de Madrid el 16 de
       Mayo de 1892, pg. 62.

Y ms abajo aade el mismo escritor: Por suponerse relaciones con
el chiquito, de parte de idiomas mal conocidos todava, los cuales
conforman con l en alguna palabra, se han atribudo a su misma familia
los de poblaciones vecinas al Oeste, es a saber: de los yurucares,
tacanas y mosetanas, as como tambin los de los ites, movimas y
canichanas al Norte, y el de los samucos al Medioda, en los confines
septentrionales del Chaco. Por lo que toca a los tacanas, es evidente
la mayor analoga de su lenguaje con el aimar, con el quichua de los
peruanos y con otros idiomas del alto Amazonas[242].

       [242] Ibidem, pgs. 65 y 66.

La lengua _chibcha_ o muysca no deja de tener algunas formas, en
particular en los verbos, semejantes a los del sanscrito, a los del
griego y a los del latn. Llama la atencin el gran nmero de races
y temas comunes al chibcha con los idiomas arios. Extinguido--dice
Fernndez y Gonzlez--el idioma chibcha en Bogot desde 1765, as como
sus dialectos, el _chimila_ y el _deut_, duran de ellos, al parecer,
al Sur del istmo, el _aravaco_ en Sierra Nevada de Santa Marta, y
el _siquisique_ en el Estado de Lara[243]. Aade despus que son
dialectos del chibcha el _guaymi istmiano_ de Veragua, hablado al Norte
por los valientes, el _siquisique_ de Venezuela y tal vez el extinguido
_chimila_, el _oroaco_ y el _coggaba_[244].

       [243] Ibidem, pg. 9.

       [244] Ibidem, pgs. 16 y 17.

En la cuenca del Pacfico, pero en la regin peruviana que comprende
los territorios de las actuales repblicas del Ecuador, Per, algo de
Bolivia y bastante de Chile, se hallan en primer trmino el _quichua_
y el _aimar_; ambos idiomas, o idioma el uno y dialecto el otro, como
opinan algunos autores, tienen organismo gramatical muy completo, con
ricas formas en declinaciones y conjugaciones. Si la declinacin en
quichua recuerda en parte la declinacin vasca, la ugrofinnesa y alguna
otra, la conjugacin procede con la misma sencillez que la semtica.

Aparecen en la misma regin el _yunca_ (al norte de Trujillo)[245], el
_puquina_ (en las islas y esteros del Lago Tiquitaca) y el _atacameo_
(en el valle del ro Loa), lenguajes todos los citados--segn la
opinin de varios fillogos--completamente rudos y primitivos, tal vez
restos de pueblos anteriores a la dominacin incsica. El _quichua_,
el _aimar_, el _yunca_, el _puquina_ y el _atacameo_ o _calchaqui_
son, pues, los cinco idiomas expuestos por el misionero Alonso de
la Brcena en su obra, hoy perdida, _Lexica et Prcepta en quinque
Indorum linguis_, dada a conocer en Lima el 1590. Desde el grado 2
al 35, sur de la Amrica Meridional, predomin el idioma quichua, el
cual se generaliz por las conquistas de los incas. Estiman algunos
autores, aunque sin fundamento alguno, que el yunca, hablado al norte
de Truxillo, pertenece a la raza quichua.

       [245] Aunque el yunca ha sido estimado como de raza quichua,
       no lo es, como tampoco lo es el puquina, ni el atacameo. Los
       atacameos, en opinin de Techudi, son una rama desprendida
       de los calchaquis de Tucumn, que huyendo de los espaoles se
       refugiaron en los oasis de las costas del Pacfico.

En la Amrica Central, entre los dos istmos, figura en primer trmino
el idioma _maya_, o, como se dice colectivamente, el _maya-quich_,
asocindole una de las ramas ms importantes de su familia. El
ascendiente que el maya consigui por Oriente y Medioda, logr el
_nahuatl_ o _azteca_ en el norte de la Amrica Central. Ambos idiomas
se extendieron por Tabasco, Chiapas, Yucatn, isla de Cozumel,
Guatemala, Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica, y parecen ser
los ms cultivados y perfectos de Amrica.

Gran inters ha despertado desde los tiempos del descubrimiento el
estudio del nahuatl o azteca. Lengua rica, flexible y cultivada,
ofrece en su gramtica y vocabulario, no slo influencias semticas y
turanio-euskaras, sino tambin elementos arios, en particular griegos,
galeses y noruegos.

Desde que Fr. Francisco Gabriel de San Buenaventura, en el ao 1560,
public su _Arte del idioma maya_, se han hecho curiosos e importantes
trabajos acerca de dicha lengua, llamando la atencin entre todos
el _Gran Diccionario_, que Fr. Antonio de Ciudad Real di a luz en
los comienzos del siglo XVII, no interrumpindose dichos estudios
hasta nuestros das. El Sr. Rada y Delgado ha reproducido la obra
del P. Landa intitulada _Relacin de las cosas del Yucatn_ y que
el sabio franciscano escribi a mediados del siglo XVI; en ella se
encuentra un alfabeto del que se servan los mayas cuando queran
consignar sus pensamientos. Lo mismo Landa que otros de nuestros
primitivos escritores pudieron darnos el silabario y aun la traduccin
de manuscritos mayas; pero so pretexto de que los citados cdices
mantenan la supersticin y retardaban los progresos del cristianismo,
mand Zumrraga, primer obispo de Mxico, quemarlos, en vez de procurar
que se los estudiase y descifrase, y se hizo con esto un dao que no
podrn nunca perdonar ni la ciencia ni la historia. Contribuy ese
mismo Landa a tan salvaje quema[246].

       [246] Pi y Margall, _Historia de Amrica_, vol. II, pg. 1.728.

En letra manuscrita escribi despus el mismo Pi y Margall: El Sr.
Icabalceta ha publicado recientemente (ao 1881) un libro, _Don
Fray Juan de Zumrraga, primer obispo y arzobispo de Mjico_, donde
pretende probar, no slo que no parti de este prelado la orden, sino
que tambin fueron pocas las pinturas aztecas entregadas al fuego.
En sus curiosas investigaciones es muy de notar que hace caso omiso
de Diego de Landa, franciscano como Zumrraga, que pis la tierra
de Yucatn cuando an viva el arzobispo. Ese mismo testigo, que es
de toda excepcin, dice textualmente: Hallmosles grande nmero de
libros de estas sus letras, y, porque no tenan cosa en que no uviese
supersticin y falsedades del demonio, se los quemamos todos, lo qual
a maravilla sentan y les dava pena. Se quiso borrar hasta la memoria
de lo que haban sido los aztecas antes de la conquista. Tampoco debe
olvidarse que por Real cdula de 22 de Abril de 1577 se mand recoger
la obra de Bernardino de Sahagn y se previno a las autoridades de
Mxico que en manera alguna consintiesen que nadie escribiera en
ninguna lengua de cosas que tocasen a las supersticiones y a la manera
de vivir de aquellos indios, pues as convena al servicio de Dios
nuestro seor y al nuestro. El mismo Sr. Icabalceta ha publicado esta
Real cdula en otro libro posterior (1883), intitulado _Nueva coleccin
de documentos para la Historia de Mxico_.

Prueba todo esto la importancia que se ha dado al lenguaje de las
gentes ms civilizadas del Nuevo Mundo, debindose advertir que las
bellezas que se muestran en su sonido y mecanismo alcanzan a su conexo
el _quich_, con sus varios dialectos: el _trotzil_, el _chol_, el
_totomaco_ y otros. No pocas afinidades ofrece este grupo con las
lenguas asiticas jafticas, hasta el punto de poderlas asimilar
en ciertos momentos a los idiomas llamados indo-germnicos, como el
_chiapanec_, apenas aglutinante, y el _tarasco_, con un verbo casi
greco-sanscrito o zendo, sin que por esto falten entre ellos dicciones
semticas y hasta vascas, adquiridas por contacto con las aborgenes,
como haramos patentes a poder entrar en su estudio detallado[247].

       [247] Sentenach, ob. cit., pg. 52.

Con el _tarasco_ manifiestan cierto parentesco el _otom_ y el _pame_,
como otros que corresponden a los pueblos que tuvieron asiento en la
parte ms meridional de Amrica. Al lado del azteca o mejicano, en
los Estados de San Luis de Potos, en alguna parte de Quertaro, en
mucha de Guanajuato, Mechoacn, Veracruz, Puebla y en otros lugares
de Nueva Espaa, se habl el _otom_, uno de los idiomas ms usados
en la Amrica Central, y que tena muchas analogas con varios de
la Amrica Meridional. Al Nordeste de los pases en que se hablaba
el otom, domin el _pame_, idioma propio de los chichimecas, y que
guarda no pocas analogas con el otom. En el fondo el idioma de los
_zapotecas_ (situados en el Estado de Oaxaca y en las costas del Ocano
Pacfico) se asemeja mucho al pame y al otom, si bien hay en l, como
en el egipcio antiguo, procedimientos y races que lo mismo guardan
conexin con los idiomas semticos que con los arios. Semejantes a
estos idiomas debieron ser los hablados por varios pueblos primitivos
al Norte de Mxico, segn la autorizada opinin de Brinton y otros
modernos, apareciendo el ya conocido _nahuatl_, hablado por los
aztecas en su ltima poca. Tard mucho tiempo la formacin de dicha
lengua en el Anahuac, y cultivo tan largo le di ms flexibilidad y
riqueza, a costa, seguramente, de su pureza y carcter castizo, pues
se advierten en seguida las influencias ms extraas, lo cual no
debe llamar la atencin, por los muchos pueblos que pasaron por el
territorio mexicano antes que los aztecas se hiciesen dueos absolutos
del pas. El _mixteca_, hablado todava en el Estado de Oaxaca y en
parte del de Puebla y Guerrero, es bastante perfecto, como tambin el
_zapoteca_, que se halla del mismo modo en dicho Estado de Oaxaca y en
las costas del Pacfico. En el fondo el zapoteca se asemeja al pame y
al otom, siendo de notar que hay en l, como en el egipcio antiguo,
procedimientos y races que lo mismo guardan conexin con los idiomas
semticos, que con los arios. Al Medioda de los zapotecas viven indios
procedentes de remotas costas de la parte del Sur, que no ofrecen en
su lenguaje nada de extrao; no as los que estn situados al Norte de
dicho territorio.

Los ltimos dos pueblos, el chinanteco y el mazateco, difieren
notablemente de sus vecinos, y en particular de los nahuas, mixtecas
y zapotecas. El chinanteco tiene por capital a Chinantla, llegando
dicho Estado a confinar con el de Veracruz, y el mazateco est situado
al Norte de los mencionados mazatecos. El _chiapanec_, afine con el
mazateco, se hablaba en Chiapas, y, en la poca de la conquista, los
naturales ocupaban las orillas del lago de Managua y de la baha de
Fonseca en Nicaragua. Parece ser que el chinanteco tena lengua bronca,
compuesta de sonidos guturales, al contrario del mazateco y chiapanec,
que era eufnico y armonioso.

De Guatemala mencionaremos el _chanabal_, el _chol_, el _cacch_, el
_poconch_, el _pocoman_, el _guasteco_, el _zutugil_ y el _xinca_;
de Honduras el _lenca_ y el _xicaque_; de Nicaragua el _chontal_ y el
_subtiaba_; de la costa de los Mosquitos el _rama_ y el _guatuso_; de
Costa Rica el _viceita_, y otros menos importantes en toda la Amrica
Central.

Recordaremos en este lugar que tienen la misma lengua--segn ha
mostrado el excelente fillogo Joh. Card. Ed. Buschman--todas las
tribus de la familia Uto-Azteca[248].

       [248] Como dato curioso conviene saber que en el ao
       1880--si damos crdito a los censos norteamericanos y
       mexicanos--vivan en los dos territorios, unos 2.000.000 de
       indios pertenecientes a la familia lingstica Uto-Azteca.

Procede ya que tratemos de las lenguas principales que se hablan en
la Amrica Septentrional. Conforme avanzamos de la Amrica Central
a la del Norte, las lenguas presentan caracteres diferentes. En la
parte Oeste de Mxico merecen consideracin especial el _cahita_, el
_tara-humara_, el _tepehuano_ y el _cora_, hablados todava en los
Estados mejicanos e influidos de antiguo por el azteca, en particular
el ltimo.

Asentados los cahitas en la parte Norte de Sinaloa, cerca de los ceris,
patas y pimas, su lenguaje, que se extiende por el territorio de
Sonora, comprende los dialectos siguientes: el _mayo_, el _yaqui_ y el
_tehuepo_. El _tara-humara_ se halla en Chihualuca, Sonora y Durango;
el _tepehuauo_ en Cohuaila y Sonora; y el _cora_ en Jalisco. Al Sur
de Colombia se encuentra la California a lo largo de las costas del
Pacfico, y en las mrgenes del Oregn, del Pitt, del de la Trinidad y
del Salmn se hablan varios idiomas y dialectos. En el valle Potter se
habla el _taht_, que comprende el _pomo-yuca_, del cual es principal
dialecto el _kunalapo_, que se usa cerca del lago Clear. Segn Bancroft
el kunalapo tiene alguna analoga con el malayo, aadiendo el citado
escritor que los idiomas de los habitantes situados en el nacimiento
del ro Eel guardan mucha semejanza con el chino y el japons. Entre
los idiomas dominantes en los pueblos de la Baja California y Nuevo
Mxico no deben ser olvidados el de los _teguas_, _cuies_, _guaymes_
y _guaicuris_. El _guaicuri_ tiene ms importancia que los anteriores.

Nos creemos obligados a decir que el _pima_, idioma hablado al Sur del
ro Gila, en Sonora y en algunas partes de la Sinaloa septentrional,
es un lenguaje armonioso cuyas dicciones todas terminan en sonidos
vocales. Entre el pima alto y bajo se habla el _pata_. Al Este de
los lugares donde se habla el pima bajo y el pata, en las regiones
del Golfo de California y en la isla del Tiburn, se usa el idioma de
los _ceris_ o de los _seris_, y a la parte oriental de las Montaas
Roquizas, en el valle del Misouri, el de los _dakotas_; pero no se
debe olvidar que dichos idiomas, como sus respectivos dialectos, han
merecido profunda atencin por algunos escritores, quienes han llegado
a decir que los ceris y los dakotas hablaban lenguajes idnticos a
los de los europeos. No huelga referir que confinan con dakotas y
esquimales los _algonquinos_ e _iroqueses_ cuyos lenguajes han sido
estudiados con bastante detenimiento.

De los esquimales comenzaremos diciendo que se hallan en Amrica y
en Asia, o en ambos lados del Estrecho de Behering. Recordaremos
aqu que Brinton, guiado por tradiciones orales de los indgenas que
pudieran remontarse a dos mil aos, no tiene inconveniente en afirmar
que los esquimales asiticos proceden o son originarios de Amrica,
llegando a creer que la familia de ellos es la misma que la de los
de Groenlandia, tierra que debi estar unida a la de Baffin y a la
Escandinavia[249], all por la edad cuaternaria. Fillogos de bastante
reputacin reducen a tres los dialectos principales de la lengua
esquimal, y son el de _Groenlandia y el Labrador_, el _chiglet_, o
de las costas del mar Artico, y el de Alaska. No carecen de inters
los estudios modernos que se han hecho acerca del chiglet (idioma
de los esquimales del ro Makencie), y del _alascano_. El _athka_,
dialecto hablado en las islas occidentales aleutienas, se diferencia
poco del alascano. Al medioda de la regin occidental ocupada por
los esquimales, se hallan los tlinkits o koloss, y ms al Este los
_tinnas_ (chepeweyanos y athabascanos). Resulta, despus de estudiar
las costumbres de los tlinkits, que no dejaban de mostrar cierta
disposicin como comerciantes y marinos, habindose hallado entre ellos
cuchillos y sierras de hierro, como tambin objetos para labrar la
plata y el cobre. Practicaban el comercio de esclavos. De su lengua
dicen los americanistas que era dura y spera.

       [249] La idea de un territorio a manera de puente que sirviera
       de barrera o valla a los Ocanos Atlntico y del Norte hasta
       el perodo glacial, ha sido expuesta por M. A. J. Jules-Browne
       en su obra _The Buildings of the British Isles_, impresa en
       Londres el ao 1888.

Al medioda de los tlinkits, en el territorio llamado colonia inglesa,
y que comprende comarcas occidentales de los Estados Unidos, entre
los grados 55 y 43 de latitud Norte, habitan los kaidahs o kaigames,
que hablan un idioma pobre, sucediendo lo mismo a los indios nass,
sebasas y hailtzas, situados alrededor del ro Nass. En el interior
de la Colombia Britnica se habla el _nitlacapamuch_, o lengua del
ro Tompson, y no lejos, pero ms al interior y cerca de las Montaas
Roquizas, el idioma _salish_ de los indios llamados _flatheads_. No
carecen de inters los idiomas de la familia de los _sahaptines_,
idiomas que se hablan a lo largo de los ros Lewis y de la Culebra,
hasta la falda de las Montaas Roquizas. En cierto sentido pudieran
referirse al _sahaptin_ el lenguaje de los calapoyoc, que habitan al
Sur de los valles de Villameta, el de los indios watlalas y el de los
chinuks.

Acerca de las partes de la oracin en las lenguas americanas, procede
notar:

  1. Que el artculo, en las lenguas cultas, slo existe en el maya,
  y en las incultas entre los algonquines y otomes.

  2. El nombre suele llevar un pronombre posesivo en muchas lenguas.
  Si en unas no cambian los nombres de singular a plural, y se les
  pluraliza mediante numerales o adjetivos, en otras las formas
  plurales son varias y ms o menos numerosas. El dual slo existe,
  entre todas las lenguas de la Amrica del Sur y del Centro, en
  la chilena; pero s en algunas de la Amrica del Norte. Respecto
  a gneros masculino y femenino, no los hay--segn no pocos
  gramticos--en las lenguas americanas. Casi lo mismo pudiramos
  decir de las declinaciones y los casos.

  3. No abundan los verdaderos adjetivos en las lenguas americanas,
  y se duda si los tienen las algonquinas.

  4. El pronombre es parte importante de la oracin en muchos de
  aquellos idiomas.

  5. El verbo se incorpora, no slo los pronombres, sino los nombres
  que rige, los adverbios y hasta las conjunciones y preposiciones.
  Tiene, adems, muchas conjugaciones, voces y modos. Dbese recordar
  que falta el verbo sustantivo en lenguas brbaras y en lenguas
  cultas, y lo hay lo mismo en unas que en otras lenguas.

  6. El adverbio se incorpora en muchas lenguas al verbo. En otras
  es muy frecuente adverbiar los verbos o los adjetivos.

  7. La preposicin abunda en algunos idiomas de la Amrica del Sur,
  del Centro y del Norte. En la mayor parte de las lenguas americanas
  las preposiciones deberan denominarse postposiciones; sobre todo
  cuando rigen pronombres, suelen ir, no slo pospuestas, sino
  tambin prefijas o sufijas[250].

         [250] Vase Pi y Margall, ob. cit., pg. 1.693.

  8. Del mismo modo la conjuncin va sufija o cuando menos pospuesta
  en muchos de dichos idiomas. Tal vez la lengua ms rica en
  conjunciones sea la maya y la ms pobre la lule.

  9. La interjeccin se halla en todas las lenguas. Advertiremos
  que en las americanas, si algunas veces son, como en las nuestras,
  gritos arrancados al hombre por movimientos del alma, otras veces
  difieren completamente. Otra particularidad debemos tener en
  cuenta, y es que en algunas lenguas las interjecciones usadas por
  los hombres son diferentes a las que usan las mujeres.

Escasas noticias se tienen de la Sintaxis, Ortografa, Prosodia y
Lexicologa.

Respecto a la escritura se desconoca la fontica. Cuando lleg Pizarro
al Per se encontr con otro medio grfico sumamente curioso, y ste
era el _quipu_. Consista el quipu en un cordn de lana, generalmente
de ms de un metro, al que se prenda y del que se colgaba a manera
de rapacejos cordoncillos de diversos colores. Constitua el color en
esta singular escritura el primer orden de signos ideolgicos; as que
con frecuencia cambiaba, no slo en cada uno de los cordoncillos, sino
tambin en cada uno de los hilos de que se componan. A lo largo de
los cordoncillos se hacan nudos; y stos constituan el segundo orden
de signos. Variaban de significacin los nudos, segn estuviesen ms
o menos lejanos del cordn-tronco, segn formasen o dejasen de formar
grupo, segn el puesto que en el grupo ocupasen y tal vez, segn la
forma que se les diese[251]. Afirman algunos, en nuestro sentir sin
fundamento, que mediante los quipus, conocan los peruanos su historia,
sus leyes, su dogma, su culto, su ciencia y hasta su poesa. Creemos s
que servan los quipus para todo lo que se relacionase con los nmeros
y cuentas; pero nada ms.

       [251] Pi y Margall, ob. cit. pg. 1.719.

Ms comn fu en toda Amrica la _pintura simblica_. Abundan las
rocas donde se encuentran grabadas curvas, crculos concntricos,
figuras fantsticas, representaciones del Sol y la Luna, cabezas
humanas, monstruosas imgenes y verdaderas inscripciones. Escritura tan
rara es todava objeto de largos estudios. Muchos pueblos tenan sus
jeroglficos, unos pintados sobre papel y otros pintados o esculpidos
en sus monumentos. Aunque no han sido descifrados todava, abrigamos
alguna esperanza de que se rasgar el velo que los cubre, y entonces
tendrn explicacin hechos que hoy parecen absurdos o contradictorios.

Adems de las lenguas o idiomas, los indios transmitan sus ideas
mediante _gestos_. En particular el indio del Norte de Amrica us con
perfeccin y bastante ingenio el lenguaje de los gestos, pues con los
gestos lleg a expresar nombres propios y comunes, tambin verbos,
pronombres, etc., y hasta pudo construir discursos.

El nmero considerable de lenguas contribuy al mayor desarrollo de
este lenguaje de gestos, medio de comunicacin general y a veces nico
entre distintas tribus. El lenguaje de los gestos slo tiene carcter
general en Amrica, pues en las dems partes del mundo es nicamente
auxiliar del lenguaje hablado.




CAPTULO XII

  LAS CIENCIAS Y LETRAS ENTRE LOS INDIOS.--LAS MATEMTICAS, LA
  GEOGRAFA Y LA ASTRONOMA.--LA MEDICINA.--LA RELIGIN: EL DIOS
  DE LOS INDIOS.--LOS SACERDOTES Y HECHICEROS.--EL DIABLO.--LAS
  PLEGARIAS.--LAS OFRENDAS.--LOS SACRIFICIOS.--LA PENITENCIA.--EL
  CUERPO HUMANO.--EL ALMA.--LA INMORTALIDAD.--LOS SUEOS: SU
  IMPORTANCIA.--LA VIDA FUTURA.--LAS SEPULTURAS.--LOS DUELOS.--EL
  DILUVIO.--LAS LETRAS, LA ORATORIA.--LA POESA: EL DRAMA OLLANTA Y
  EL BAILE-DRAMA RABINAL-ACHI.


Acerca del estado de la ciencia entre los indios, los sabios o maestros
enseaban los ritos religiosos, la historia de los Emperadores, la
enseanza del quechua y la descifracin del quipus (escritura); pero
la instruccin se daba nicamente a los descendientes de la familia
real, pues al pueblo, para mejor gobernarlo, se le mantena en la
ignorancia. Algo saban de Matemticas, de Geografa y de Astronoma;
algo saban de otras ciencias, en especial los mejicanos y peruanos. El
sistema decimal lleg a su completo desarrollo en algunos pueblos, al
paso que en otros prevaleci el sistema vigesimal. Ambos sistemas, lo
mismo el decimal que el vigesimal, parecen indicar el conocimiento de
operaciones aritmticas. Sin temor de equivocarnos, se puede afirmar
que el primero, esto es, el decimal, lleg a su completo desarrollo en
la Amrica Meridional, especialmente entre los peruanos y chilenos.
Adems, los peruanos no desconocan los nmeros ordinales. Entre los
pueblos que prevaleci el sistema vigesimal, citaremos los nahuas,
los mayas, los quichs y tambin--si damos crdito a Duquesne--los
muiscas. Revelaban lo mismo el sistema de los decimales como el de los
vigesimales el conocimiento de operaciones aritmticas.

Atrasadsimos vivan los pueblos americanos en ciencias cosmolgicas.
Crean plana e inmvil la tierra. Al paso que unos decan que era un
ser viviente, otros afirmaban que estaba sostenida por gigantescos
pilares, y algunos la consideraban como una isla en medio de un mar sin
lmites. Suponan que el cielo estaba formado de una masa slida, no
faltando quien dijese que estaba sostenido por dioses. No distinguan
los astros fijos de los errantes, y todos tenan a los cometas como
apariciones de mal agero. Rindieron culto al Sol y a la Luna,
considerando al primero como fuente de luz, de calor y de vida. Por el
Sol distinguieron el da de la noche y un da de otro da, y mediante
la Luna se elevaron a la nocin de mes. Contaron por lunaciones durante
siglos, y algunos, sin embargo de conocer el ao solar, no acertaron
a eliminarlas por completo de sus sistemas cronolgicos. Bien puede
asegurarse que hasta que los espaoles conquistaron el Nuevo Mundo, no
lleg ningn pueblo salvaje a fijarse en el ao solar[252].

       [252] Vase Pi y Margall, _Hist. general de Amrica_, tomo I,
       cuad. II, pgs. 1.758 y 1.759.

Entre los medios naturales ms usados por la medicina en Amrica
encontramos el bao ruso. No slo se empleaba el bao ruso en la mayor
parte de la Amrica septentrional, lo mismo hacia el Atlntico que
hacia el Pacfico, sino el sudatorio pblico se hallaba establecido
en muchos lugares. No cabe duda que en las poblaciones de Mxico, las
familias ms acomodadas tenan sudatorio en sus casas. Consista en
una pequea habitacin, baja de techo y puerta angosta, con un agujero
muy pequeo en dicho techo. Despus de muy caliente la habitacin, se
retiraba el fuego, se haca entrar desnudo al enfermo y se le colocaba
sobre una estera. Cerrada la puerta, se rociaba de agua el pavimento y
paredes. Cuando apenas poda respirar el doliente, a causa de la masa
de vapor que se produca, se le sacaba del sudatorio sumergindole de
improviso en agua fra. Unas veces, mientras permaneca en el sudatorio
se le daba con un manojo de hojas de maz en todo el cuerpo o slo en
la parte lesionada; otras veces, despus del bao de agua fra, se le
frotaba las carnes, y con harta frecuencia se le conduca del sudatorio
a la cama. Para muchas enfermedades se empleaban los baos rusos. En
Nuevo Mxico y California del Norte los sudatorios pblicos estaban
situados generalmente en las orillas de los arroyos. Ms al Norte
consista el sudatorio en calentar piedras, rociarlas, y cuando con el
vapor promovido por dicho medio se hallaba baado de sudor el enfermo,
era llevado al prximo mar o al prximo ro, prefiriendo siempre el
agua muy helada.

Tambin producase el calor de otro modo. Los californios del Centro
abran una zanja en la arena y la calentaban con lumbre; en seguida
tendan al enfermo y lo cubran con arena tambin caliente. En el
momento que sudaba a mares, le baaban en agua fra.

Muchas de las tribus de la Amrica central usaban baos de agua
caliente.

Adems de los baos, no pocos pueblos de Amrica usaban la sangra,
considerndola como medio curativo en el Per, itsmo de Panam,
Honduras, Guatemala, Mxico, Florida, etc. En el Per se la empleaba
contra los dolores de cabeza y se haca en la junta de las cejas,
encima de las narices. La lanceta consista en una punta de pedernal
engastada en un palo. En el istmo de Panam la sangra era remedio
contra la fiebre. En Honduras, Guatemala, Mxico y Florida se usaba la
sangra como medio curativo de diferentes enfermedades; unas veces se
sangraba en la frente, otras en los hombros o en los brazos, no pocas
en los muslos o en las piernas.

Hacan uso diferentes pueblos de purgantes y emticos. En el Per
consistan los purgantes en ciertas races que se tomaban, ya contra
los empachos, ya contra los dolores de estmago. En Mxico se usaba
como purgantes, la jalapa, los piones tostados y las races; como
emticos, el _neixcotlapatli_ y las hojas del _mexchitl_. Curaban
la sfilis con los purgantes y con comidas cortas y sobrias. Adems,
en las costas del Per los enfermos apuraban uno tras otro jarros
de zarzaparrilla, y en las riberas del mar de los Caribes tomaban
cocimiento de guayacn o de palo santo por doce o quince das. Con
el mismo cocimiento se lavaban las lceras, dado que las tuviera el
enfermo, hasta que se curasen; la curacin tardaba unos noventa das.
La gonorrea la curaban los californios del Medioda con la canchalagua,
las llagas con el cauterio, las mordeduras de las serpientes con las
hojas y las races del guaco, las heridas con orines calientes, las
ronqueras bebiendo miel de abejas y as otras muchas enfermedades.

De los mdicos diremos que los haba en Mxico y Per; tambin haba
mdicas. Lo mismo en Mxico que en el Per, mdicos y mdicas curaban
o intentaban curar toda clase de enfermedades. Parece ser que ellas y
ellos eran muy dados a la superchera y a la magia.

Entre los salvajes, la medicina iba unida al cacicazgo, al sacerdocio
o al mago. Con frecuencia fu peligrosa la profesin de mdico. No
pocas veces el que la ejerca era castigado, si no curaba al paciente.
Por esta razn comenz a decirse que la muerte del enfermo era debida,
ya a la clera de Dios o del Diablo, ya a los conjuros y a las malas
artes de tribus enemigas. Motivo fu lo ltimo, esto es, la creencia en
las citadas malas artes, para que peleasen con saa dos o ms tribus.
Refieren las crnicas que a veces se presentaba el mdico o hechicero
llevando la cara y cuerpo cubiertos con una piel de oso, adornada con
objetos ridculos, en la mano izquierda un lanzn y en la derecha un
tambor... Con trajes tan raros y con danzas y contorsiones, cantos,
conjuros y rugidos, untos y brujeras, crean que se marchaban las
enfermedades. Si la credulidad del indgena no tena lmites, tampoco
tena lmites la habilidad del mdico o hechicero. Afirman los autores
que los medios extranaturales se hallaban ms usados en la Amrica del
Norte y en la Central que en la del Sur. Los secretos medicinales
pasaban de los padres a los hijos. Los mdicos eran a la vez sacerdotes
y hechiceros.

Los indios, ya cultos, ya incultos, llevaban amuletos, a los cuales
atribuan virtudes sobrenaturales.

Por lo que a la religin respecta, el indio ador a un Dios que tena
alguna semejanza con el pantesta de los pueblos orientales. Mediante
ruegos y plegarias, el salvaje procuraba constantemente aplacar
la supuesta clera de sus dioses. Era general la idea de Dios en
Amrica? En este punto no se hallan conformes los cronistas. Al paso
que algunos sostienen que no se consideraba general ni mucho menos,
otros dicen que todas las tribus, aun las ms salvajes, adoraban a sus
dioses. Se ha dicho con algn fundamento que las religiones americanas
fueron principalmente astroltricas. Lo fueron las de las tribus ms
adelantadas; as la de los aztecas y otras adoraban al Sol como origen
de todo bien, y los incas prestaban culto al Sol, a la Luna y a las
Estrellas. Otras muchas tribus adoraban a los elementos. Los mismos
mejicanos e incas consideraban el fuego como sagrado, los chibchas
crean que era sagrada el agua de los ros y lagos, y los iroqueses
adoraban a los vientos. El salvaje vea a su dios en todas partes, en
la luz, en las tinieblas, en la tempestad y en el Ocano. El murmullo
del viento entre las hojas, el crugir de las ramas y el ruido de los
troncos, fueron considerados por el indio como voces misteriosas del
espritu que moraba en los rboles. Los rboles grandes y solitarios
inspiraban veneracin profunda. Tambin el culto de la piedra fu
practicado por los americanos. Los dakotas pintaban de rojo las piedras
que consideraban sagradas y les ofrecan sacrificios y, en general,
el indio, de cualquier tribu que fuese, conservaba con veneracin
piedras de formas, colores o propiedades para l extraas. Tales
piedras fueron convertidas por el indio en _fetiches_ o en prodigiosas
medicinas para determinadas dolencias. Objeto de especial devocin
eran ciertos animales, siendo la culebra el animal que, entre todos
los sagrados, reciba universal homenaje. El fetiche era para el indio
verdadero dolo; de modo que, en la Historia de los americanos no caba
distinguir la idolatra del fetichismo. El Diablo fu adorado o temido
en la mayor parte de los pueblos. Afirmaban algunos que se les haba
aparecido bajo horrible aspecto y hablndoles con ronca voz. Crean
muchos--de igual modo que los hebreos--que el Diablo entraba en el
cuerpo del hombre. As explicaban ciertas enfermedades, y por esto,
unos le invocaban y otros le conjuraban. No se presentaba el Diablo de
igual manera ni bajo la misma forma en todas partes. Decan unos que se
presentaba en figura de serpiente, otros de tigre, algunos de hombre,
no pocos de zumaya o de halcn, murcilago, etc. Del mismo modo la
creencia en el dualismo y en el antagonismo de Dios y el Diablo era
frecuente en Amrica.

Segn la tradicin iroquesa, la humanidad baj del Cielo a la Tierra.
Dos mellizos, hallndose todava en el claustro materno, bajaron al
mundo. Eran enemigos, lo mismo en el vientre de la madre que en la
tierra. Llambase el primero _Enigorio_ y el segundo _Eningonhahetgea_;
aqul representaba el espritu del Bien y ste el del Mal. Representaba
Enigorio la bondad y Eningonhahetgea la maldad. Enigorio cre el Sol
y la Luna; llen la tierra de arroyos y de ros; pobl de mansos
animales el suelo, el aire y las aguas; form de barro al hombre
y la mujer, infundindoles vida y alma, dndoles por sustento los
frutos de la naturaleza. Eningonhahetgea, en tanto, eriz la tierra
de rocas y de barrancos, despe las aguas, esparci por todas partes
tigres, serpientes y lagartos; quiso sacar del barro dos seres a su
semejanza y slo sac dos monos; para crear hombres, tuvo que pedir
a Enigorio que les dotara de alma. Continu la lucha entre los dos
hermanos, acordando al fin acabar de una vez mediante un duelo. Dos
das seguidos pelearon, cayendo al cabo de ellos vencido y casi muerto
Eningonhahetgea. Desaparecieron de la tierra los dos rivales; pero
continuaron siendo, el uno, el genio del bien y el otro el genio del
mal. Semejante doctrina tiene ms semejanza con la persa que con la
hebrea. Enigorio y Eningonhahetgea de los iroqueses no son el Dios y
el Diablo, ni los ngeles y los demonios de la Biblia, sino el Ormuz
y el Ahrimn de Zoroastro. No es esto decir que fuese la misma la
doctrina americana que la contenida en el Zendavesta. La lucha entre
Ormuz y Ahrimn, entre la luz y las tinieblas, deba terminar con la
victoria del primero: pero entre el Dios y el Diablo de muchas razas
salvajes del Nuevo Mundo, no acabara nunca, o la guerra entre los
dos sera eterna. Dichas razas--y la doctrina no deja de tener cierto
gusto positivista--rendan preferente culto al Espritu del Mal,
fundndose en que el del Bien siempre era propicio a los hombres. Los
indios queran tener contento al que poda hacerles dao e importbales
poco o nada el que por su naturaleza tena que hacerles beneficios.
Aztecas, peruanos, quichs y otros pueblos dirigan plegarias a los
dioses, pidindoles proteccin y amparo, salud y ventura, ayuda contra
los enemigos, agua para regar los campos, alimento para los inocentes
nios que no andan y estn en sus cunas, consuelo a los hombres, a los
brutos y a las aves que habitan en la tierra. El dacota se contentaba
con decir cuando iba de caza: _Espritu de los bosques, compadeceos de
m y enseadme dnde encontrar el bfalo y el ciervo. Espritu de los
vientos_--repeta al entrar en un lago--_dejad que cruce sano y salvo
estas profundas aguas_.

Acerca de la actitud en que oraban los mejicanos, era, unas veces
arrodillados, otras en cuclillas, algunas, vuelta la faz a Oriente, y
tambin, en solemnes fiestas, postrados a los pies de sus dolos. Los
peruanos se ponan en cuclillas, las manos altas y dando besos al aire.
Los quichs se contentaban con levantar el rostro al cielo.

Respecto a las ofrendas estaban en relacin con las riquezas del que
las daba. Aztecas e incas ofrecan a sus dioses ricas joyas de oro
y de plata; los quichs deponan en los altares de sus divinidades
provisiones de boca o mercancas. El pobre, en todos los pueblos
citados, se contentaba con dar modesta torta o sencilla flor. Entre las
razas salvajes, el dacota, por ejemplo, se limitaba a dirigir al cielo
la primera bocanada de humo que sala de su pipa.

La ofrenda de los seres vivos debi ser general en Amrica. Brutos y
aves se ofrecan por las razas cultas y por las salvajes. La codorniz
era en Mxico la vctima predilecta; ovejas y carneros en el Per;
lobos, ciervos, perros y otros en las razas salvajes.

De igual modo los aztecas sacrificaban hembras y varones, adultos
y nios; los peruanos apenas hicieron tales sacrificios; la
misma costumbre observaron los indios de la Amrica Central y de
la Meridional. Los prisioneros de guerra y los esclavos fueron
principalmente las vctimas propiciatorias.

La penitencia se hallaba establecida de un modo o de otro, y consista
en el ayuno, la abstinencia de algunas comidas, el apartamiento de les
placeres sensuales y el martirio del cuerpo. Dcese que algunos pueblos
conocieron la confesin, la comunin y la circuncisin.

El cuerpo humano--segn el indio--era slo envoltura de otro ser dotado
de facultades misteriosas. Crea el indio que todo el mundo material
tena inteligencia y sensibilidad; los animales todos oan los ruegos
de los hombres. Confundan a menudo la inteligencia y sensibilidad con
la vida. Pensaban que el hombre, al nacer, reciba del aire el aliento,
la existencia; aliento o existencia que perda poco a poco hasta morir.

Casi todas las tribus de Amrica admitan en el hombre un ser
interior que le daba vida e inteligencia. No sabemos si lo suponan
inmortal, afirmando por lo menos que sobreviva al cuerpo. Dcese
que los otomes y los miwocos de la Amrica del Norte vean en la
muerte el completo acabamiento del hombre, y lo mismo se piensa de
algunas tribus del valle del Sacramento. Tambin se afirma que lo
mismo pensaban algunas tribus de Sinaloa, varias de los columbios de
tierra adentro y otras de los hiperbreos. Sostenan los acagchemenes
que el hombre, al tiempo de nacer, reciba del aire el aliento, la
respiracin, la existencia; todo esto lo iba perdiendo a medida que
envejeca, y al morir los dejaba confundidos en aquel vasto mar de
la vida. No carece de originalidad teora tan peregrina. Sospchase
de igual manera que en la Amrica Central se hallaban tribus que no
crean en el alma. El alma, a los ojos de los americanos, era el aire,
el viento, la respiracin, la sombra, la imagen, el corazn, la vida
y la inteligencia. Acerca del sitio donde resida, segn unos, en
el corazn; segn otros, en la cabeza; haba pueblos que decan que
estaba en los ojos, y algunos afirmaban, por ltimo, que resida en los
huesos. Despus de la muerte--decan algunos pueblos--sala del cuerpo
y corra a nuevas regiones; segn otros, se converta en ngel de los
que am o en demonio de los que aborreci; sostenan muchas gentes que
las almas transmigraban, no slo a cuerpos de hombres, sino a cuerpos
de otros seres. La del que haba muerto en batalla, se converta--as
lo contaban los aztecas--en pjaro de rico plumaje que libaba las
flores de los vergeles del cielo o vena a sustentarse con las de
los jardines de la tierra. En vistosas aves y tambin en estrellas
se transformaban--segn creencia de los tlaxcaltecas--las de noble
alcurnia, y en escarabajos u otros insectos las de la obscura plebe. En
serpientes de cascabel suponan los apaches encarnadas las almas de los
rprobos, convirtindose igualmente--segn dichos salvajes--en osos,
lechuzas y otros animales. Del mismo modo se crea por la generalidad
que las almas, despus de morir el cuerpo, iban a regiones ms o menos
felices.

Dichas regiones las suponan muchos pueblos en la misma tierra, ya
al Oriente, ya al Occidente, ora en lugares subterrneos, ora en el
cielo. No faltaron pueblos que para los justos concibieron un paraso y
para los pecadores un infierno. Con el inca Garcilaso diremos que los
peruanos daban a las buenas almas el cielo y a las malas el centro de
la tierra.

La creencia en la inmortalidad del alma origin la costumbre de
enterrar los cadveres con sus armas, vestidos, etc., y a veces con
sus caballos y hasta con sus esclavos y mujeres, para que el muerto
pudiera presentarse en el otro mundo con la misma dignidad que goz en
la tierra.

Sin embargo de todo lo expuesto acerca del alma humana, trasladaremos
aqu la siguiente nota manuscrita de Pi y Margall y con la cual
terminaba el captulo LXXXVI: Verdadera nocin del espritu no la
tena pueblo alguno de Amrica[253].

       [253] _Historia de Amrica_, vol. II. pg. 1.371.

Tuvieron verdadera y transcendental importancia entre los americanos
los _sueos_ (naturales o provocados). Mediante los sueos se ponan
en comunicacin directa con los dioses, segn pensaban los indios. Esto
di un carcter especial a la vida del salvaje, carcter que podemos
calificar de irreal y absurdo.

Crean en la vida futura, considerando la muerte como trnsito a otra
vida. Mora el cuerpo; pero lo que constitua la individualidad pasaba
a otro mundo astral.

Las sepulturas tenan varias formas. Se colocaban los cadveres en
cisternas, en sepulcros, en grutas y en cavernas, bajo montculos,
entre las ramas de los rboles, en elevadas plataformas, etc. Algunos
pueblos quemaban a sus muertos.

Manifestaban los parientes o amigos su dolor con gritos, quejas,
lastimndose el cuerpo, etc., y hacan esto para aplacar la clera
del alma vagabunda. Infundan los muertos, ms que respeto, temor.
Frecuentes eran tambin las ofrendas. Se acostumbraba poner vveres
junto a los muertos, como igualmente armas y herramientas; a veces
joyas. Por estos valles del Per--escribe Cieza--se usa mucho enterrar
con el muerto sus riquezas y cosas preciadas, y en los pasados tiempos
hasta se le abra la sepultura para renovarle la comida y la ropa.
Mucha cantidad de oro y plata sacaron de estas huacas los espaoles
luego que ganaron este reino; y, al decir de los indgenas, lo que
entonces y despus sacaron es para lo que contina oculto, lo que para
una gran medida de maz un puado y para una gran vasija de agua una
simple gota. Lo mismo que en el Per hall Cieza, mucho ms al Norte,
en los sepulcros esta abundancia de riquezas. Hllanse hoy los museos
de Berln, de Pars, de Lima, de otros pueblos de Amrica y de Europa
llenos de objetos de oro, de plata, de bronce, de piedra y de otras
substancias de las vastas necrpolis de Ancn, Chancay y Pachacamac.
Se han descubierto en ellas vasos y brazaletes de oro, de plata, de
bronce; sortijas y collares de plata e imitaciones de hojas de coca en
oro; alfileres y depiladores de plata; pedazos de plata y de bronce;
hachas y flechas; flautas y pjaros de hueso; muchos objetos de barro,
etc. En la isla de Hayti solase encerrar con los difuntos, adems de
cazabe y un cntaro de agua, joyas y armas. En Amrica del Norte los
pueblos establecidos hacia el Atlntico observaban la citada costumbre.

Hemos de registrar del mismo modo, que como en la otra vida los reyes
y los seores podan echar de menos el cario de sus mujeres y el
servicio de sus criados, se hizo indispensable que mujeres y criados
muriesen al mismo tiempo que dichos reyes y seores. Si en las tribus
de la Amrica del Norte casi estaban reducidos los duelos a cantos,
lloros y alaridos, llama la atencin que en Michoacn (Estado de
Mxico), despus de quemar el cadver del monarca, se daba un banquete
a todos los que le haban llevado a la hoguera y un pao de algodn
para limpiarse el rostro. Cinco das haban de permanecer sentados, la
cabeza baja y en absoluto silencio. Si de la penitencia se exceptuaban
los grandes, en cambio tenan que velar y llorar de noche en la tumba.
En los citados cinco das los hogares estaban tristes y las calles
desiertas.

Entre algunas tribus salvajes de la Carolina, cuando alguien mora, se
reuna la familia y los individuos invitados, para oir una especie de
oracin fnebre. A los soldados muertos en batalla se les tributaba
mayores honras. Cuando mora un cacique se cortaban la cabellera todos
los vasallos, varones y hembras, y guardaban tres das de abstinencia y
luto.

Entre los algonquines consista el luto en abstenerse de concurrir
a los banquetes y fiestas y en no cortarse el cabello. Daban otros
pueblos mayores muestras de dolor, debiendo citarse los tacully, en
cuyo pueblo la viuda haba de llevar, durante dos aos, en un saco,
las cenizas y los huesos no quemados de su marido, teniendo que ir
tambin vestida de andrajos. Por ltimo, entre los natextetanos de la
Amrica del Norte, se hallaba la familia de los tinnehs, cuyas mujeres
se mutilaban la falange de un dedo cuando mora cualquiera de sus
parientes. No se cortaban los hombres los dedos; pero se rapaban la
cabeza y se heran el cuerpo con pedernales.

En la Amrica Central, al morir un jefe o cualquiera de su familia,
era llorado cuatro das por los sbditos, quienes de da estaban
silenciosos y de noche daban grandes alaridos. El gran sacerdote, al
amanecer el quinto da, les ordenaba que no continuasen en sus tristes
demostraciones o lamentos, asegurndoles que el alma del muerto estaba
ya con los dioses. En Guatemala el viudo se pintaba de amarillo el
cuerpo, y entre los mozquitos todos los individuos de la familia se
cortaban el cabello cuando falleca uno de sus deudos; slo se dejaban
una tira de la nuca a la frente. La viuda, entre los mozquitos, daba
con su rostro en el suelo hasta chorrear sangre.

Acerca de la Amrica del Sur, dejando de contar los duelos en el Per y
en otros puntos, los cuales quedaban reducidos a llantos y a muestras
de sentimiento parecidas a las ya dichas, citaremos los duelos con
sangre, tan comunes en toda Amrica, lo mismo en la del Norte, que
en la Central y en la del Sur. Entre los charras de la Amrica del
Medioda, la viuda por el marido, la hija por el padre y la hermana por
el hermano, se cortaban la falange de uno de sus dedos y se clavaban
varias veces en brazos, pechos o costados la lanza o el cuchillo del
muerto.

De un diluvio o general inundacin tuvieron noticias ms o menos vagas
muchas tribus, como ya indicamos en algunos captulos de este tomo.

Terminaremos esta breve resea de las ciencias y religin de los
antiguos americanos, no sin decir antes que nos asaltan dudas acerca
de ciertos asuntos. Habremos dicho la verdad? No lo sabemos. Es tan
obscura la historia de Amrica antes de la conquista de los espaoles!

No quedan grandes vestigios de la vida literaria de los indios. No
obstante, por la tradicin oral sabemos que se distinguieron bajo el
punto de vista de la oratoria los araucanos al Sur y los iroqueses al
Norte. Unos y otros daban y dan an brillante colorido a sus arengas;
tenan y tienen todava mucho cuidado porque su lenguaje sea puro y su
estilo enrgico. Como muestra, trasladaremos aqu el siguiente prrafo
del discurso que el jefe de los onondagas dirigi en 1684 al enviado de
Dorgan, pues anteriores a la conquista nada conocemos.

Corlear[254]: Ononthio[255], me adopt por hijo, como hijo me trat
en Montreal y como hijo me di el traje que visto. Juntos plantamos
all el rbol de la paz, y juntos lo pusimos en Onondaga, a donde enva
siempre sus mensajeros. Hacan ya otro tanto sus antecesores, y ni a
ellos ni a nosotros nos pesa. Tengo dos brazos: extiendo el uno sobre
Montreal para sostener el rbol que all plantamos, el otro sobre la
cabeza de Corlear, que es, hace tiempo, mi hermano. Corlear es mi
hermano, y Ononthio mi padre; pero slo porque quiero. Ni el uno ni
el otro son mis seores, y del Creador del mundo recib la tierra que
ocupo. Soy libre. Respeto a los dos, si bien no reconozco en ninguno
el derecho de mandarme. No lo tiene tampoco ninguno de los dos para
quejarse de que yo procure por todos los medios posibles evitar la
guerra. Tomse mi padre (Ononthio) el trabajo de venir a mi puerta
y siempre me hizo proposiciones razonables. Voy a verle: no puedo
diferirlo ms tiempo[256].

       [254] Corlear era sbdito ingls.

       [255] Ononthio era natural de Francia.

       [256] Vase Pi y Margall, Ob. cit., tomo I, cuaderno II, pg.
       1.730.

Notables son tambin algunas leyendas y baladas y cantos de amor, lo
mismo de los pueblos cultos que de los salvajes. Netzahualcyotl, rey
de Tezcuco, fu gran poeta y compuso hermosos cantos. As comienza uno
de ellos: Son las caducas pompas del mundo como los verdes sauces,
que por mucho que quieran durar perecen, porque los consume inesperado
fuego, o los destroza el hacha, o los derriba el cierzo o los agobian
los aos. Como las rosas es la prpura por su color y su suerte; son
bellas nterin sus castos botones recogen y guardan avaros el roco que
cuaja en ricas perlas la aurora; se marchitan, pierden su hermosura,
su lozana y el encendido color con que agradablemente se ufanaban,
luego que les dirige el padre de los vivientes el ms ligero de sus
rayos...[257].

       [257] Pi y Margall, ob., t. y cuad. citados, pg. 1.743.

En el Per floreci la poesa lrica y tambin la dramtica. De
la ltima puede servir de ejemplo el drama que lleva el ttulo de
_Ollanta_[258]. El protagonista del drama se llama _Ollanta_, famoso
guerrero, que se haba enamorado de Kusi-Khyllur, hija del inca
Pachactij[259]. Encontramos las siguientes frases pronunciadas por
Ollanta: Sera ms fcil hacer brotar agua de una roca y arrancar
lgrimas a la arena que hacerme abandonar a mi Kusi-Khyllur, la
estrella de mi ventura.

       [258] _Ollantay_ escriben otros.

       [259] O Cusi Coyllur, hija de Pachacutec.

El drama, escrito en el quechua, fu traducido al francs por el seor
Pacheco Zegarra. Acerca del autor del drama nos asaltan algunas dudas.
Se escribi antes o despus de la conquista? Se halla probado que el
autor perteneca a la raza indgena o lo escribi D. Antonio Valdez,
cura de Tinta, quien lo hizo representar en la corte del desgraciado
Tupac-Amaru? Slo afirmamos que el autor, sea el que quiera, conoca
perfectamente el lenguaje; tal vez fuese algn misionero versado en el
quechua, pudindose sospechar con fundamento que se escribi despus
de la conquista. El inca Garcilaso en sus _Comentarios Reales_ afirma
que no era raro que religiosos espaoles, principalmente jesutas,
compusieran comedias en quechua y aimar.

De la citada composicin dramtica escribe Pi y Margall lo que sigue:

Ollanta, segn la tradicin, era uno de los ms poderosos caciques
de Tahuantinsuyu. Viva en la ciudad de su mismo nombre, a no gran
distancia del Cuzco, al abrigo de una vetusta fortaleza construda en
la cumbre de un spero y empinado cerro. Enamorse de Cusi Khyllur,
hija de Pachacutec, y fu, para desgracia de ambos, correspondido.
Al advertirlo el Inca, trat con gran rigor a la hija y la encerr,
quin dice que en un calabozo, quin que en el monasterio de vrgenes
consagradas al Sol. Ciego el cacique Ollanta de amor y clera, concibi
nada menos que la idea de ganar a Khyllur por la fuerza de las armas.
Se sublev contra su soberano, y alcanz al principio brillantes
triunfos. Derrotado despus, se hizo fuerte en su castillo, verdadero
nido de guilas. Sostvose all algn tiempo, desplegando un valor y
una estrategia que no se esperaba de sus aos, siendo al fin vencido y
preso por uno de los mejores generales del Imperio. Estaba ya entonces
sentado en el trono de Cuzco Inca Yupanqui. Inca Yupanqui, no slo le
perdon, sino que tambin le di la mano de Cusi Khyllur, su infeliz
hermana[260].

       [260] Vase Pi y Margall, Ob. cit., tomo I, vol. I, pg. 401.

No hay en l--escribe el citado historiador--reminiscencias catlicas,
y habra sido difcil que en una composicin literaria se hubiese
dejado de escapar una que otra de la pluma de un espaol de aquel
tiempo. Retrtase en l, por lo contrario, con fidelidad pasmosa y
verdadero cario las creencias, el culto y aun las supersticiones de
los antiguos peruanos; y esto, sobradamente lo comprender el lector,
habra sido todava ms difcil para nuestros hombres. El lenguaje es,
adems, puro y clsico: qu extranjero haba de conocer tan a fondo
aqul idioma? Con qu objeto lo habra estudiado?[261].

       [261] Ob. cit., vol. II, pg. 1.749.

Despus de decir el autor de la _Historia general de Amrica_ que si
los versos parecen castellanos por el nmero de slabas, no lo son por
sus condiciones prosdicas, y si hay frases que parecen acusar manos
espaolas, como tambin un gracioso bastante parecido al de nuestras
antiguas comedias, esto no es bastante motivo para creer la obra ni
extranjera, ni posterior a la conquista. Pudo s ocurrir que la obra
con posterioridad a la conquista sufriese enmiendas y correcciones,
cosa no slo posible, sino tambin probable.

Es de advertir que la aficin a los espectculos teatrales no era
exclusiva de los peruanos; la tenan los mayas, los nahuas y otros[262].

       [262] Ibidem, pgs. 1.749 y 1.750.

De los bailes-dramas, tan estimados entre algunos pueblos americanos,
citaremos el _Rabinat-Achi_, que recogi Brasseur de boca de los
indgenas y public en su _Coleccin de documentos_, volumen segundo.
El Rabinat-Achi es un documento interesante y se halla escrito en
lengua quich. Su argumento, sumamente sencillo, consiste en que
Rabinat-Achi, valeroso guerrero, consigui poner preso a Queche-Achi,
enemigo de su pueblo. Llevado Queche-Achi a la presencia del rey
Hobtoh, cuando se convence que ha de morir, pide, entre otras gracias,
que se le conceda trece veces veinte das y trece veces veinte noches
para ir a despedirse de sus montaas y de sus valles. Obtuvo el permiso
y cumpli valerosamente lo que haba ofrecido. Los bailes-dramas
fueron generales en toda la Amrica Central antes de la conquista y
continuaron despus de ella con el mismo entusiasmo. De unos y de otros
se conservan ligeras noticias.

Respecto de las razas salvajes casi nada sabemos, pero llegamos a
creer que slo tuvieron el baile pantommico. No pudieron tener otra
cosa[263].

       [263] Ibidem, pg. 1.752.




CAPTULO XIII

  LAS BELLAS ARTES ENTRE LOS INDIOS.--CARCTER DE LAS BELLAS
  ARTES EN MXICO Y EN EL PER.--MATERIALES EMPLEADOS EN LOS
  MONUMENTOS.--LAS PIRMIDES.--RELACIONES ENTRE LOS MONUMENTOS DE
  AMRICA Y LOS DEL ANTIGUO MUNDO.--LOS TEMPLOS: EL DE MXICO.--LOS
  PALACIOS.--MONUMENTOS DE MITLA.--RUINAS DE PALENQUE.--ORATORIOS
  DE OCOTZINGO.--ESTATUAS DE PALENQUE.--PIRMIDES DE
  AK.--OTROS MONUMENTOS.--LOS MONUMENTOS DE YUCATN Y DE
  HONDURAS.--CONSIDERACIONES SOBRE LOS TEOCALLIS.--SU SEMEJANZA CON
  OTROS DEL ASIA.--LA FALSA BVEDA EN AMRICA.--LA ARQUITECTURA EN
  EL PER: MONUMENTOS PRE-INCSICOS Y DE LOS INCAS.--EL TEMPLO DEL
  CUZCO.--OTROS EDIFICIOS.--LA ARQUITECTURA PERUANA Y LA DEL VIEJO
  CONTINENTE.--LA ESCULTURA.--EL DIBUJO Y LA PINTURA.--LA MSICA EN
  MXICO Y EN EL PER.--LAS BELLAS ARTES EN BOLIVIA Y EN LA AMRICA
  CENTRAL.--EL CANTO: EL AREITO.


Antes de fijar nuestra atencin en las construcciones arquitectnicas,
recordaremos que en las tres Amricas (Meridional, Central y
Septentrional), se hallan cuevas ms o menos profundas que fueron un
da, unas albergue de vivos, otras tumba de muertos y algunas templo de
dioses.

Tambin en varios puntos de Amrica se ven puentes naturales, ya
formados por rboles seculares, ya por grandes rocas. Consisten los
primeros en que un rbol, nacido en la margen de un ro o torrente,
cae sobre la opuesta ribera y forma un puente sobre el cual pasa el
indgena. Pero no son esos los puentes que llaman ms la atencin en
las Indias: lo son los dos de roca viva de Icononzo, tendidos sobre el
profundsimo valle de Pandi y por el cual corre el torrente de Suma
Paz. Comuncanse los dos puentes: el uno est a ms de 97 metros sobre
el nivel de las aguas y forma un arco que mide 14-1/2 de longitud, 12
con 7 decmetros de anchura, 2 con 4 de espesor en su centro; el otro
puente se halla sobre el torrente a unos 78 metros y se compone de tres
masas de rocas, haciendo oficio de clave la del medio. Tales puentes
deben ser obra de la naturaleza, como obra de la naturaleza son los
montes y los valles.

Pasando a estudiar la arquitectura propiamente dicha, haremos notar
primeramente la poca o ninguna relacin artstica que ha mediado
entre Mxico y el Per, dada la distancia tan corta que los separa.
Diferente es el camino que sigui el arte en Mxico y en el Per. Si
atendisemos a imperiosas necesidades de la localidad, al clima, por
ejemplo, resultara que debieran hallarse en Mxico muchos edificios
del Per, y en el Per muchos de Mxico. Ya sabemos que en sus
orgenes, las construcciones son, ya de piedra, ya de madera o ya de
ambas cosas. Pues bien, en ciertas localidades se comprende el empleo
de la piedra y la madera o el sistema mixto; pero no--y esto sucede
frecuentemente--que unos edificios sean slo de piedra y otros de
madera.

Tal vez pueda explicarse todo esto no olvidando que Manco Capac, en el
Per, y Quetzalcoatl en Mxico, fundadores el primero de aquel Imperio
y el segundo del ltimo, son extranjeros. Ellos y su gente importaron
la cultura de su primitivo pas a sus nuevos Estados, y no teniendo en
cuenta las condiciones de las ciudades peruanas y mejicanas, levantaron
edificios como los que haban dejado en su antigua patria. Peruanos
y mejicanos dieron a sus obras formas artsticas diferentes, que,
mediante transiciones y modificaciones, llegaron al estado de relativa
perfeccin.

Los materiales empleados en los monumentos eran los mismos que los
usados en Europa, esto es, la tierra, la arcilla, la madera, la cal,
la arena, el betn y la piedra; el adobe y el ladrillo; la argamasa,
el cemento y el estuco. Usbase tambin de los mismos aparejos: el
tapial, el hormign y la mampostera; el sillar paraleleppedo, el
ciclpeo y el almohadillado; la sillera de juntas en cruz y la de
juntas verticales; los revoques y los enlucidos[264]. No huelga decir
que tales construcciones no se hallan en los pueblos salvajes. Si
encontramos la columna en muchos edificios de los pueblos cultos, el
arco no fu conocido en ningn pueblo. En frisos y cornisas vemos
riqueza considerable, y, por lo que respecta a los huecos, slo por las
puertas reciban la luz la mayor parte de los edificios. Las puertas
eran rectangulares y algunas cuadradas, y las ventanas, donde las
haba, presentaban la misma forma que las puertas. Como los grandes
edificios, especialmente los templos, se edificaban en sitios elevados,
para subir a ellos se recurra a la rampa o a la escalera. Los tramos
eran, generalmente, rectos, las escaleras angostas y los escalones
altos. Los pasamanos, como los escalones, estaban construdos de piedra.

       [264] Vase Pi y Margall, Ob. cit., vol II. pgs. 1.801 y
       1.802.

Abundaban las pirmides y, entre otras, llamaban la atencin la del
Sol y la de la Luna en Teotihuacn, la de Cholula, la de Teopantepec
y la de Huatusco. Acusan marcado adelanto las de Huatusco, Papantla,
Xochicalco y Tusapn. La de Tusapn es perfecta. Slo stas--dice
el historiador citado--merecen el nombre de pirmides. Las dems
no tienen ni siquiera oblicuas las aristas de los diversos altos
que las componen. Son todas, no secciones piramidales, sino
paraleleppedos-rectngulos, de abajo arriba, el uno menor que el otro.

Escaseaba en Egipto este gnero de construcciones; abundaba en la
cuenca del Tigris y del Eufrates, en los antiguos reinos de Asiria
y Babilonia. Herodoto vi el templo de la ciudad de este nombre y
lo describi en el prrafo 181 del libro primero de su Historia. El
templo, segn l, era cuadrado en su base, y meda en cada uno de sus
frentes dos estadios, 370 metros. En medio de esta base se alzaba una
torre maciza de un estadio de longitud y otro de anchura; sobre sta,
otra; sobre sta, otra; y as sucesivamente, hasta el nmero de ocho.
Alrededor de todas haba una rampa, y como a la mitad un relleno con
asientos para descanso de los que suban. En la ltima torre estaba el
santuario. A juzgar por las ruinas que an existen, debi de ser esta
forma de construccin, tan general y tpica en aquella parte del Asia
como en Amrica. Lo hubo de ser hasta en la Prsida. Nos lo revela el
sepulcro de Ciro que cabe an ver en lo que fu ciudad de Pasrgada.
Vase el tomo II de la obra _Histoire de l'Art dans l'Antiquite_,
principalmente el captulo II y el IV[265].

       [265] Nota de Pi y Margall, escrita por l mismo en su
       _Historia de Amrica_, volumen segundo pgina 1.825.

Al oeste de Puebla de los Angeles se encuentra la citada pirmide de
Cholula. Antes de pasar adelante, consignaremos que las pirmides
de Teotihuacn son de tierra, arcilla, argamasa y guijarros; la de
Cholula, de adobes; la de Huatusco, est revestida de piedra, y la de
Xochicalco, es de sillera.

Respecto a templos, tal admiracin caus a Hernn Corts el mayor
de Mxico, que suyas son las siguientes palabras: al es--deca el
insigne capitn--su grandeza, que no lo sabra explicar lengua humana:
dentro de su circuito se podra muy bien facer una villa de quinientos
vecinos. Hay bien cuarenta torres muy altas, la mayor ms alta que
la de la catedral de Sevilla. Son todas de tal labor, as en lo de
piedra como en lo de madera, que no pueden estar en parte alguna mejor
labradas ni hechas.Comenzse su fbrica por Tizoc, el ao 1483, y fu
inaugurado por Almitzotl, el 1487. Dentro de vasta cerca, coronada
de almenas, haba 33 templos, siete casas para otros tantos colegios
de sacerdotes, seis oratorios, una hospedera, cuatro albercas, dos
juegos de pelota y otras habitaciones, sin contar los muchos patios,
alguno tan grande que meda ms de 130 metros en cuadro. Otro palacio
no menos digno de memoria describe Corts. En l dice que tena
Moctezuma un jardn con miradores que del suelo al techo eran de jaspe.
En dicho jardn haba diez albercas y en ellas se mantenan muchas aves
acuticas. Los leones, tigres, lobos y otras fieras, como tambin las
aves de rapia, tenan sus correspondientes albergues. Otros palacios
con sus jardines se levantaban en Tezcuco, en Toxcutzingo y en la
Quemada. En el Estado de Oajaca, en el fondo de un valle, y en medio
de un semicrculo de agudos picachos, se hallan los monumentos de
Mitla. Estas antiguas necrpolis consisten en cuatro grandes fbricas,
llamadas comnmente palacios, y dos pirmides que se consideran como
altares o templos. Examinados en conjunto--dice Pi y Margall--los
cuatro monumentos, asombra a la verdad su rigor geomtrico, la pureza
y la energa de sus lneas, la precisin de sus ngulos, la simetra
y harmnica disposicin de sus partes, el corte y las juntas de sus
piedras que hicieron intil la argamasa, las combinaciones de sus
mosicos, tambin sujetos a medida. No cabe regularidad mayor que la de
esas singulares construcciones[266]. Las dos pirmides, la una est
situada al Oeste de la primera necrpolis, y la segunda al Sur de la
ltima; aqulla consta de cuatro pisos y sta de tres.

       [266] _Historia general de Amrica_, vol. II, pg. 1.839.

Pasamos a estudiar las ruinas de Palenque, restos de antigua ciudad
llamada Nacham, y que--segn Dupaix--tena de extensin unos doce
kilmetros. A la sazn--si damos crdito a Waldeck--apenas llega a
cinco. Se hallan en territorio de Chiapas, orillas del Otolm, de 11 o
12 kilmetros al Sudoeste de Santo Domingo, en las colinas de un valle
y a la entrada de una serrana de la que bajan abundantes arroyos.
Cinco son los principales y ruinosos monumentos: el Palacio, el templo
de la Cruz, el del Sol, el del Relieve y el de los Tableros.

Hay, adems, muros aislados, arranques de edificios, sillares sueltos
y dos pirmides. Al Norte est el Palacio; al Sur, y casi en la lnea
del Palacio, el templo del Relieve: al Sudeste, los del Sol y la Cruz;
al Sudoeste, el de los Tableros, y a unos 3.500 pasos al Medioda de
la ltima casa Nordeste de Santo Domingo, las dos pirmides. Levntase
el Palacio casi a la margen del Otolm, sobre una mole piramidal de
78 por 86 metros de base y 11 o 12 de altura; el Palacio mide de alto
8 metros y de base 50 por 35. En sus cuatro frentes lleva 40 huecos,
distinguindose las puertas slo por la mayor anchura. Las talladas
losas, numerosas tumbas y gigantescas estatuas, han hecho que algunos
arquelogos hayan credo que el citado lugar fuera sagrado, donde se
congregaba un pueblo de devotos y resida el alto sacerdocio de los
mayas[267].

       [267] Vase Navarro Lamarca, ob. cit., pgs. 273 y 274.

En Ocotzingo, all en la vertiente de pequeo cerro, al que se sube por
espaciosa y casi desmoronada gradera, se levantan tres adoratorios,
dos pequeos y uno mayor central; y en segundo trmino, la arquitectura
de los mencionados oratorios es del mismo gusto que la de Palenque.

Dentro del territorio de Yucatn, que es donde se descubren ms restos
de edificios antiguos, se ven muchos monumentos que afectan la forma
piramidal.

Las dos estatuas de Palenque, segn algunos crticos, hubieran podido
tambin aparecer en Egipto sin llamar la atencin de los arquelogos.
Sern casuales las semejanzas entre los monumentos del Antiguo y
del Nuevo Continente? Es evidente que en los comienzos de la cultura
primitiva, la humanidad ha debido desplegar sus energas del mismo
modo, siempre que se haya encontrado en condiciones semejantes,
por cuya razn no causa extraeza la semejanza entre los edificios
americanos y los del Antiguo Mundo. Cuando el arte ha llegado a su
completo desarrollo, entonces no existen ciertas analogas, pues--como
dice Riao--nunca se da el caso en la historia del arte de que
aparezcan en distintas localidades, debido a la casualidad, formas y
pormenores que representan las ms veces muchos siglos de cultura[268].

       [268] _El arte monumental americano._ Conferencia pronunciada
       en el Ateneo de Madrid el 26 de mayo de 1891, pg. 13.

Como a 40 kilmetros al Este de Mrida, en un lugar llamado Ak,
se encuentran 15 o 20 pirmides de diferentes tamaos, las cuales
sostuvieron palacios hoy completamente derrudos. Tambin en Izamal se
admiraban varias pirmides, llamando particularmente la atencin la de
Kinichkakm, que tena dos pisos, veinte escalones, ancha plataforma y
detrs una plazoleta con otro cerro o pirmide que sostena un templo.
Era redonda por su parte posterior y toda de cantera. Cada escaln
tena de largo 28 metros y de alto cinco decmetros. Al ocuparse
Charnay de los restos de un camino a la isla de Cozumel, y de otro a
Mrida, dice del ltimo, que era de siete a ocho metros de anchura y
se compona de grandes piedras cubiertas de hormign y de una capa
de cemento. De cemento era tambin el camino a la isla de Cozumel.
En Mayapn se admira otro monumento, el cual manifiesta los mismos
caracteres que los anteriores. Las ruinas de Chichn-Itz ocupan un
rectngulo de 835 metros de largo y 556 de ancho: al Norte est el
templo y, segn otros, gimnasio o circo; al Este el Prtico, y entre
el templo y Prtico el castillo; al Sur el Acabtzib y la Casa de
las Monjas, ms al Norte el Caracol, y al Oeste el Chichanchob o la
Casa Roja. El ms antiguo de todos estos edificios y a la vez el ms
humilde, es el Acabtzib; y el ms moderno y tambin el ms bello, es la
Casa de las Monjas. Debe fijarse la vista en las numerosas e imponentes
ruinas que se descubren en Uxmal, la Atenas de los mayas. Presntanse
a nuestros ojos, al Norte, el Palacio o Casa de las Monjas, la Casa de
los Pjaros y el cerro del Enano o del Adivino; a Medioda Las Culebras
o juego de Pelota; ms al Sur la magnfica Casa del Gobernador y la
de las Tortugas; al Sudeste la Casa de la Vieja y al Sudoeste la Casa
de las Palomas. Son por ms de un concepto notables los monumentos de
Kabah, la Casa Grande de Zayi, los edificios de Labnah, los de Kewick,
y en las costas del Oriente los de Tuloom. El apogeo del arte americano
se encuentra en Yucatn. Algunos autores creen que la arquitectura tuvo
su comienzo en Ak y su fin en Zayi. Al Sur de la Pennsula yucateca se
hallan las ruinas de Tikal. En la margen izquierda del Usumacinta se
ven las ruinas de Lorillard, y en una de las islas del lago Yaxhaa,
aparece especie de torre de cinco altos. En la margen oriental del ro
Copn (lmites o confines de Guatemala y Honduras), se admiran grandes
ruinas, como tambin en Quirigua, mucho ms al Norte. Las ruinas de
Tenampua, situadas al Sur, tienen bastante parecido a las de Copn.

[Ilustracin: Teocalli en Palenque.]

Continuando el estudio de los templos o casas de Dios (Teocallis),
diremos que los encontramos dentro de los valles del ro Usumacinta,
que desagua en la baha de Campeche (golfo de Mxico). Ya sabemos que
de la misma clase hay muchos en Mxico, no siendo tampoco extrao, sino
bastante frecuente, que haya varios en una misma localidad. Todos los
mencionados Teocallis manifiestan la misma forma de pirmide, truncada
en su ltimo tercio, con el fin de dejar una explanada para levantar un
adoratorio, donde estuviesen encerradas las imgenes. Se ascenda al
pequeo santuario por medio de escaleras, las cuales eran diferentes,
manifestndose las mayores variedades en su estructura. Como ejemplos
de tales monumentos dimos a conocer diferentes pirmides, siendo
de notar que es una cuestin todava no resuelta por los crticos
acerca de si tienen o no cierto parecido o semejanza los Teocallis de
Mxico con las pirmides de Egipto. Creen algunos--y en ello estamos
conformes--que, adems de las grandes diferencias en la forma, los
Teocallis son templos y las pirmides son tumbas. Afirma el seor Riao
que los Teocallis tienen bastante parecido con edificios de la misma
forma levantados en el Thibet, Cambodia y en toda la parte fronteriza
entre la India y la China, como igualmente en otras localidades de
varias regiones del Oriente. Nadie negar--por ejemplo--que los
Teocallis de Tehuantepec y de Xochicalco manifiestan en su estructura y
pormenores verdaderas identidades con los templos en forma de pirmide
de Suk y de Boso Budhor (isla de Java).

Encontramos otra clase de monumentos antiguos en Mxico, adornados con
trabajos de escultura y pintura, pudiendo servir de ejemplo, entre
otros, los ya citados de Mitla.

No hubo arcos, como sabemos, en la arquitectura americana; pero
en Palenque y Yucatn se abovedaban puertas y salas. Recientes
descubrimientos han corregido la idea que hasta aqu se tuvo sobre el
origen de la bveda. Atribuaselo a los Etruscos, y hoy es indiscutible
que la hubo en Egipto, Caldea. Asiria, tierra de Israel, Fenicia y en
las costas de Cerdea.

Se ha encontrado en casi todo el Occidente de Asia la verdadera y la
falsa bveda: as la de dovelas como la de piedras horizontales, de la
que acabo de hacer mrito. Ofrece Abydos un ejemplar de la primera en
un sepulcro, y de la segunda en una capilla. En Egipto, sin embargo,
la falsa bveda era perfectamente semicircular, tanto que algunos la
suponen coetnea y aun posterior a la verdadera. Verdadera o falsa,
apareca principalmente en los monumentos de ladrillo, en los de los
Ptolomeos y en los de los Faraones.

La falsa bveda de Amrica se la ve mejor que en parte alguna en la
isla de Cerdea, en un pasadizo de la unragha de zuri. La bveda es
all de cantera, y tiene por cerramiento una serie de lajors. Notable
es tambin en este gnero una bveda de la necrpolis asiria de
Mugheir, bien que de adobes y con los muros que la sostienen inclinados
hacia dentro.

Empleaban la verdadera bveda los pueblos occidentales de Asia, sobre
todo en los canales y dems obras subterrneas. En ninguno constitua
uno de los elementos comunes de la Arquitectura[269].

       [269] Nota manuscrita de Pi y Margall, etc., pg. 1.805.

Por ltimo, entre otras antigedades mejicanas, citaremos la _Mscara
del Sol_, el _Calendario_ y dos _dolos_.

Pasando a estudiar la arquitectura del Per, dividiremos los monumentos
en dos clases: pre-incsicos y de los incas. Entre los primeros
se hallan los de Tiahuanaco, donde deben admirarse las puertas
monolticas, que son muestra curiosa e importante de la primitiva
historia del arte. Qu objeto podran tener cuando no servan de
paso y eran por s solos monumentos? No lo sabemos. Tambin anterior
a los incas debi ser otro edificio de Tiahuanaco y del cual solo
vi Cieza un muro bien labrado. Anteriores debieron ser del mismo
modo dos dolos que dicho autor calific de gigantescos. Se admiran
monumentales puertas de slida sillera y de forma piramidal, en una
meseta de los Andes, a la que se sube desde el valle de Colpa y donde
se halla Hunuco el Viejo. Recuerdan el arte egipcio por la tendencia a
la pirmide, y el arte griego por el esmerado corte y buen asiento de
las piedras, la acertada contraposicin de las juntas y la pureza de
las lneas y la sobriedad de adornos. Merece atento exmen en Hunuco
un terrapln que lo mismo pudo ser mirador que fortaleza. Puertas y
terrapln formaban parte de un vasto sistema de construcciones. A unos
ocho kilmetros del puerto de Huanchaco (valle de Trujillo), al Sur,
se ven los monumentos del Gran Chimu. En un rea de cuatro kilmetros
viva--segn todas las seales--un pueblo que tena ricos palacios y
extensos jardines, laberintos, templos, sepulcros, plazas, calles de
humildes viviendas y un estanque que reciba las aguas del ro Moche
por larga y bien construda acequia. No lejos de las citadas ruinas,
a unos cuatro kilmetros de la ciudad de Trujillo al Este, hay una
fbrica que llaman Templo del Sol y que consiste en una pirmide
rectangular de tres pisos, toda de adobes; tiene de altura de 25 a 31
metros, en su base 125 por 130 y en la plataforma 104 de anchura. Un
poco ms abajo se halla otro edificio, tambin de adobes, que mide 90
metros en cuadro y est rodeado de un muro grueso de 33 decmetros.

Por lo que se refiere a los monumentos de los incas, comenzaremos
trasladando aqu la siguiente observacin de Humboldt: Imposible es
examinar con atencin un solo edificio del tiempo de los incas, sin
reconocer el mismo tipo en todos los dems que existen en la superficie
de los Andes, en una extensin de ms de 450 leguas, desde 1.000 hasta
4.000 metros de elevacin sobre el nivel del Ocano. Parece que un
solo arquitecto ha construdo este gran nmero de monumentos[270].
La arquitectura peruana se distingue por la rica variedad de sus
materiales y sus aparejos. Empleaba generalmente el prfido, el
granito, y a menudo, el adobe o ladrillo; tambin el barro, el cascajo,
la piedra en bruto y labrada, la arenisca y pizarra; por morteros o
argamasa, ya una mezcla de yeso y arena, ya una mezcla de betn y
cal, y ya cierta arcilla soluble y pegajosa. Usaba el hormign, la
mampostera, la sillera comn y la almohadillada, y, con no poca
frecuencia, el aparejo denominado _ciclpeo_, que consiste en grandes
piedras sin cemento o argamasa que las una, slo empleado por los
pueblos de Europa en los monumentos militares. Lo encontramos en las
murallas de Tarragona (Espaa). En el Per vemos sus manifestaciones
ms legtimas en las fortalezas del Cuzco y de Ollantaitambo, no sin
que notemos diferencias entre unas y otras, pues all las piedras se
hallan separadas por intersticios, y en Ollantaitambo estn unidas casi
perfectamente. Otro aparejo ciclpeo--si cabe darle este nombre--se
distingue considerando la arquitectura de los incas, y consiste en
no guardar riguroso orden ni en la colocacin de los sillares ni en
la formacin de las hiladas, como puede verse si contemplamos la
fachada Norte del palacio de Titicaca, el frente septentrional de un
palacio de Cajamarca y otros muchos edificios. Los dems aparejos son
excepcionales y nicamente se hallan en determinadas construcciones; o
son mezcla de hormign y pedruscos, o consisten en el empleo de adobes,
hechos de barro y paja. Por todas partes se admiran templos, palacios,
monasterios de las vrgenes del Sol, estaciones militares o tambos,
coptas (depsitos de armas, de cereales, de tejidos, etc.), casas de
baos y casas de juego. El templo del Cuzco tena de circuito ms de
560 metros y estaba cercado por una muralla. La puerta se hallaba al
Oriente. Consista su decoracin en una cenefa de oro que llevaba por
su parte ms elevada y a todo su alrededor; la puerta estaba cubierta
por una lmina de oro. En su parte interior el oro constitua todo el
ornato, todo el adorno del templo; de oro y pedrera era el Sol del
testero del fondo. El pavimento estaba embaldosado de mrmoles y el
techo de paja le ocultaban finos tejidos de algodn bordados de vivos
colores. Contiguo al templo haba un patio, por cuyas paredes corra
un friso de oro; dentro del patio se encontraban santuarios erigidos
a la Luna, a las Estrellas, al Trueno y al Arco Iris. La imagen de la
Luna era de plata, y de plata estaban revestidos los muros y la puerta
del santuario. El segundo santuario tena aforrada de oro la puerta y
recamado de estrellas el velo tendido debajo del techo.

       [270] _Vues des Cordillres_, pgs. 107.

Es de advertir que en los monumentos del Per no se conoca la columna.
Las puertas de las casas tenan las jambas oblcuas y resultaban ms
estrechas en el dintel que en la base. Triangulares haba algunas,
y tambin rectangulares. Umbral no tena puerta alguna y batientes,
pocas. Las ventanas, que apenas las haba, presentaban ordinariamente
la forma de las puertas. Los escalones eran casi siempre de piedra
como tambin los pasamanos. Los adornos de los monumentos tenan el
mismo carcter que en Mxico. Extraordinario--repetimos--fu el lujo
desplegado en el templo del Cuzco; por dentro y por fuera abundaba el
oro con toda esplendidez. Exteriormente una cenefa de oro, segn Cieza,
ancha de dos palmos y gruesa de dos dedos, corra alrededor de todo el
templo; interiormente las puertas y las paredes se hallaban cubiertas
de planchas de oro. No andan descaminados los que dicen que el gran
templo del Sol era el edificio ms magnfico del Nuevo Mundo y tal vez
en el Antiguo no hubiere otro que pudiera comparrsele en la riqueza de
sus adornos.

Para terminar el estudio de los monumentos del Per, aadiremos los
siguientes: el palacio de Manco Capac, que se levanta en una de las
islas del gran lago; la casa de las monjas o vrgenes dedicadas al
culto del Sol; las tumbas que se encuentran en el camino que va del
Cuzco a Sinca, y las murallas ciclpeas del mencionado Cuzco[271].
Los citados edificios estn hechos de piedra y nada tienen de madera,
siendo de notar la absoluta carencia de ornamentacin. No es esto
decir que en el imperio de los incas se desconociera el adorno, pues
rica decoracin se manifiesta en las ruinas del palacio de Chimu,
en las de Hatuncolla y en otras, hallndose tambin muchos objetos
profusamente decorados; pero en el citado palacio de Manco Capac y
dems monumentales, la sobriedad de lneas no puede ser mayor. Tales
construcciones guardan completa semejanza y aun pudiramos decir
igualdad con las griegas arcaicas y etruscas, hechas seis siglos antes
de la era cristiana.

       [271] Tambin debemos mencionar las ruinas del palacio de
       Mamacuna en Pachacamac, el palacio del inca Rocca y las
       fortalezas de Ollantaytambo y Tiahuanuco.

Las murallas del Cuzco pertenecen al mismo sistema de construccin
que las de Mycena, Cremona, Tarragona y otras fundadas por etruscos y
griegos. Aqullas y stas se hicieron con grandes bloques de piedra de
forma irregular, colocadas en hileras de desigual altura, y con los
huecos llenos de piedras pequeas, para igualar, aunque con poco arte,
los planos del muro. A semejante construccin se llama poligonal, por
los muchos lados que presentan los bloques, los cuales se usaban como
salan de las canteras. Generalmente, esta clase de obra se empleaba en
la base del edificio, continuando sobre ella la fbrica con sillares
labrados, aunque desiguales tambin en longitud y altura, y no falta
alguno que otro ejemplo en que los sillares afectan ya la forma
rectangular, colocados en hiladas iguales, con las uniones verticales
dispuestas de manera que caigan en los centros de los rectngulos, o
sea, adoptando el perfecto sistema de este gnero de obras, el _opus
quadratum_ de los romanos, que no ha variado despus[272].

       [272] Riao, Conferencia pronunciada el 26 de mayo de 1891 en
       el Ateneo de Madrid, pg. 10.

Lo mismo en puertas, ventanas y otras perforaciones de los muros de
muchos edificios, se emplea la forma de trapecio, de igual manera que
aparece en los antiguos restos de Etruria.

Si en algunos edificios del Nuevo y del Viejo Mundo hay semejanzas
arquitectnicas, existen otros en el Per, donde brillan en todo su
esplendor la originalidad y fantasa de aquellas gentes, como son los
del lago de Umaya, los de Cacha, de Palca, de Chimu, de Hervai, de
Cajamarquilla y de Quisque.

Ocurre preguntar: Cmo bloques tan grandes, no siendo conocida la
mecnica, se pudieron traer de distancias tan considerables? Cmo
no fueron labradas las piedras, si se conocan los instrumentos
indispensables para dicho trabajo? Por qu se les di tanta
consistencia, si las armas en aquellos tiempos eran nicamente flechas?
Haba piedras en el castillo de Cuzco que tenan de anchura 16 pies
y altas ms de 13. Las haba de 36 de altura por 24 de anchura. Las
haba anchas de 6 pies, altas de 22 y largas de 50. Debieron llevarse
arrastrando a travs de cerros y ros, y en las pendientes rpidas
emplearan muchos hombres, ya para empujarlas, ya para impedir que se
desprendiesen al fondo de los barrancos. Dicha fortaleza tena tres
murallas por la parte del campo y una por la de la ciudad, la cual se
hallaba construda--segn Garcilaso que la vi--con piedras labradas y
regulares como las del templo de la misma ciudad de Cuzco. Por lo que
respecta a la consistencia extraordinaria de sus fortalezas cuando slo
se conocan las flechas, no acertamos a dar satisfactoria explicacin.

Consrvanse en el _Museo Antropolgico de Madrid_ algunas curiosas
antigedades peruanas.

En Bolivia, las primitivas bellas artes de los indios aymeraes estaban
reducidas a las _chullpa_ (casita pequea de piedra) y a las _pucanas_
(montecillo fortificado con varias zonas de gruesas piedras); sobre
ellas estaba una _chaca_ o un templete construdo con muros de piedra
cubiertos con grandes losas.

En Guatemala, Nicaragua y en algunos otros pases de Amrica se
cultivaron las bellas artes. Afirman algunos escritores que en Yucatn
estuvo el apogeo del arte americano, y aaden que all la tendencia al
arco era manifiesta.

Por lo que a escultura y pintura respecta, siempre encontramos--como
escribe Navarro Lamarca--la misma rigidez de lneas, la misma tosquedad
de factura, el mismo afn de imitacin grosera, la misma falta de
espontaneidad e idealismo[273].

       [273] _Compendio de Historia general de Amrica_, tomo I, pg.
       150.

Fijndonos en la escultura no deja de observarse, aun en las mejores
obras que decoran los templos, que el sentimiento de la naturaleza era
todo. La idea de Dios no inspiraba al artista americano. Sin gnero de
duda podemos afirmar que el arte escultural en las Indias hizo pocos,
muy pocos adelantos. En Tiahuanaco se han encontrado una estatua de
granito y una cabeza de prfido, resultando las dos paraleleppedos y
prevaleciendo en las dos la lnea recta. Cerca de Cajabamba se hall
otra escultura de granito que representaba un hombre en cuclillas y
en actitud de orar; pero aunque sea como las de Tiahuanaco, se nota
que el artista hizo esfuerzos para redondear las formas de la cara, lo
cual ya es un progreso digno de alabanza. Superior es, sin duda, el
arte escultrico entre los muiscas, como se muestra por las estatuas
y relieves hallados en el fondo de un bosque, cerca de Timana, donde
comienza el valle del ro Magdalena.

[Ilustracin: Escultura en las ruinas de Copn.]

En Nicaragua la escultura reprodujo mejor al bruto que al hombre, y
del hombre, lo mejor la cabeza. En Copn (Honduras) particip el arte
escultrico del de los muiscas y del de Nicaragua. Los monumentos
de Quisigua son inferiores a los de Copn. Los de Yucatn recuerdan
a Tiahuanaco en las mscaras que adornan el frontis de uno de los
edificios de la casa de las Monjas, a Nicaragua en las fauces de fiera
que sirven como de tocado a ciertas figuras de Nohpat, y a los muiscas
en el remedo de las facciones humanas. Los relieves escultricos
del gimnasio o juego de pelota de Chichn-Itz (Yucatn), son ms
artsticos que los de Copn y Tiahuanaco. La influencia de la brbara
religin azteca en la escultura de Mxico, produjo monstruos y no
estatuas. Otros relieves que encontramos en diferentes puntos de Mxico
son inferiores a los del gimnasio de Chichn-Itz. Lleg la escultura
en Palenque del mismo modo que la arquitectura a un relativo apogeo.
No labr muchas estatuas; pero s figuras de relieve, las cuales hizo
de piedra o de estuco. Los relieves del palacio de la gran pirmide
consisten en figuras de granito, casi todas de mujer, altas de tres
metros, unas de pie y otras de rodillas, desnudas de la cintura
arriba, y de la cintura abajo con faldas o con un _maxtli_ suelto.
Estas figuras, tal vez copias de una raza que ha desaparecido, tienen
deprimida la frente, corva y grande la nariz, salientes y gruesos
los labios. Lo mejor modelado de ellas es la cabeza; pero de todos
modos son inferiores a las de estuco. Es evidente que los artistas
de Palenque no saban hacer en piedra lo que en estuco. En el templo
de la Cruz se hallan relieves en piedra mejores que los anteriores,
aunque tal vez inferiores a los del Sol. La figura que ha dado nombre
al templo del Relieve es sumamente bella. As la describe Pi y Margall.
En almohadn riqusimo--dice--puesto sobre un banco a que sirve de
pies y brazos un monstruo de dos cabezas, est gallardamente sentada
una graciosa joven, vueltos a un lado los ojos, alzada la mano zurda,
con la diestra sealando, el pie izquierdo en la almohada y el otro
cado sin que apenas roce con el banco la punta de los dedos. Cie esta
joven un casco parecido al gorro frigio, del que sobresalen revueltas
plumas, viste una camiseta que no le cubre la mitad del pecho, y luce
un medalln suspendido de un collar de finas perlas; tiene prendida
al cinto una corta falda y una sobrefalda que cae sobre el almohadn
en airosos pliegues; ostenta en los brazos anchas ajorcas y calza
no menos elegantes sandalias que las de la otra figura[274]. Esta
es--aade dicho escritor--la obra maestra de la escultura en Amrica.
Por ltimo, entre los zapotecas, mixtecas y tarascos la escultura slo
cre monstruos, aunque de excelente ejecucin, tales como la cabeza del
dios Ocelotl de Mitla, el vaso cinerario de Tlacolula y la urna Ocelotl
de Xochixtlahuaca.

       [274] _Historia general de Amrica_, volumen II, pg. 1.898.

Por lo que a la pintura se refiere, era sta polcroma. Tambin es
cierto que los mejicanos y peruanos hacan uso de la pintura mural.
El historiador Cieza vi brutos y aves pintados en las paredes de las
fortalezas de Huarco y Paramanga, y Charnay descubri en Tula una casa
tolteca, en cuyas paredes pintadas de blanco y rojo sobre fondo negro
hall caprichosas figuras. Por espacio de muchos aos se han podido
contemplar en los muros del Juego de Pelota de Chichn-Itz pinturas de
costumbres de los mayas en diferentes colores (rojo, amarillo, verde y
azul).

En algunos cdices se ven pinturas de varios colores, siendo las ms
perfectas las de los cdices Borjiano y Vaticano; pero estticamente
consideradas, lo que se llama verdadera pintura, no la hubo en Amrica.
Se saba dibujar, no pintar. Refiere Garcilaso--no sabemos con qu
fundamento--que el inca Viracocha hizo pintar en lo ms elevado de alta
pea dos condores: el uno, abiertas las alas y mirando al Cuzco; el
otro, recogidas las alas y baja la cabeza.

[Ilustracin: Dibujo propiciatorio. (Pueblos).]

Por tanto, puede afirmarse en el terreno de la esttica que ni los
arquitectos, ni los escultores, ni los pintores dieron seales de gusto
y de conocimientos de la belleza. Dgase lo que se quiera por los
apasionados defensores de las bellas artes americanas, aun las de los
pueblos ms adelantados, carecan de la hermosura, gracia e inspiracin
de las griegas, romanas y cristianas.

Cultivse la msica con algn entusiasmo entre algunos pueblos de
Amrica, distinguindose especialmente los mejicanos y peruanos. Sin
embargo, slo sirvi como auxiliar del canto y del baile. Respecto a
la msica de los haravies del Per, dominaba en ella--segn annimo
escritor--melanclica monotona que naca de su vaga tonalidad y de
su constante terminacin en notas bajas. La msica azteca--escribe
el seor Chavero--revelaba el carcter belicoso del pueblo y en los
cantares de la muerte pareca a veces lluvia de lgrimas.

Los instrumentos musicales que principalmente usaba el indio eran
el atambor, tamboretes, sonajeros y chirimas, silbatos de hueso o
madera y flautas de caa. En el Per encontramos la _linya_, especie
de guitarra de cinco a siete cuerdas. El canto se usaba con frecuencia
en las funciones religiosas. Del mismo modo las danzas eran elemento
principal de las citadas funciones, no careciendo tampoco de inters
las llamadas guerreras. Aqullas, unas tenan por actores a hombres
y otras a mujeres, usndose en todas mscaras grotescas y trajes
ridculos de colores.

El himno religioso, el canto de guerra y las canciones romancescas
tuvieron escaso valor. Pocas muestras de cantos y salmodias
religiosas nos han dejado las primitivas razas americanas; pero
podemos asegurar que las endechas funerarias han prevalecido entre
todas ellas, llegando a obtener en alguna la forma de verdaderas
recitaciones poticas. En el _Libro de los ritos de los Iroqueses_ se
encuentran ejemplares de stas[275]. El canto ms extendido entre las
gentes aborgenes es el que nos di a conocer Fernndez de Oviedo con
el nombre de _areito_ (del verbo aranak, recitar). El citado canto, tan
parecido a los infantiles nuestros, coreados en rueda que repite el
verso dictado por el que lleva la voz cantante, fu sumamente estimado.
Los cantos de Dakota recogidos por Riggs, los de Chippeway de los
californios, y tantos otros, son verdaderas especies de areitos, al
igual de los odos por Oviedo en la isla espaola[276].

       [275] Sentenach, Ob. cit., pg. 58.

       [276] Ibidem.




CAPTULO XIV

  LA INDUSTRIA.--LA METALURGIA.--LA MINERA.--LOS CURTIDOS.--LOS
  TEJIDOS.--LA CERMICA.--LOS COLORES.--OTRAS INDUSTRIAS.--LA
  AGRICULTURA.--LA GANADERA.--EL COMERCIO.--LA MONEDA.


Hubo industria en Amrica, lo mismo entre las razas cultas que entre
las incultas. En las primeras, como es natural, ms perfecta que en
las segundas. Muy frecuente era el uso de los metales en la Amrica
del Sur; poco comn en la del Norte. Fundan el oro, plata y cobre
aztecas e incas; tambin los caribes, haitianos y otros. No dejan de
sorprendernos algunos productos del arte metalrgico, considerando las
pocas e imperfectas herramientas que tuvieron a mano. Desconocan el
fuelle, el yunque, el martillo con mango, las tenazas, los clavos, la
sierra, la barrena, el cepillo, el buril, las tijeras y la aguja. El
oro era el metal ms estimado y con l imitaban formas animales. Lo
mismo suceda en obras de madera y el carpintero apenas poda disponer
ms que del hacha y de la azuela.

El cacique Guaynacapa--si damos crdito al historiador Gomara--tena
de oro todo el servicio de su casa, adornaba adems con estatuas de
oro, de tamao real, de cuantos animales, aves, rboles y hierbas
produce la tierra, y cuantos peces cra la mar y agua sus reinos.
Otros caciques chapeaban las paredes de sus palacios y templos con el
rico metal. La metalurgia americana precolombina juega un gran papel
entre las antiguas industrias humanas, tanto por la abundantsima e
inmejorable riqueza de sus productos, como por el exquisito arte y
esttica que imprimieron en ellos[277]. Causa admiracin los muchos
y preciosos objetos que hacan de oro y de plata; no los haran ms
perfectos los mejores artfices de Europa. Se conservan ajorcas y
collares de delicadas y caprichosas labores, siendo de notar que en
dichas joyas estaba mezclado el oro con el estao y antimonio. En uno
de los cintos que el cacique Guacanagar regal a Coln, haba una
cartula que tena de oro las orejas, los ojos, la nariz y la lengua.
Admirbanse objetos de oro, plata y pedrera en los palacios de
Moctezuma y de Atahualpa. En los jardines del emperador de Mxico se
dice que haba figuras de oro y plata que tenan movimiento, pues se
habla de pjaros y otros animales que meneaban la cabeza, la lengua,
las alas y los pies, aadindose que llamaba la atencin un mono que
hilaba y se pona en cmicas actitudes. Sacuda una zumacaya la cabeza,
daba una gaviota con el pico en una tabla, se picoteaban dos perdices
y en una de las fiestas de los koniagas cuatro pjaros artificiales
ejecutaban especie de pantomima.

       [277] Sentenach, Ob. cit., pgs. 135 y 136.

No slo trabajaban los americanos las piedras preciosas, sino toda
clase de piedra, haciendo con ellas la mayor parte de sus instrumentos
y utensilios. De piedra hacan la punta de sus lanzas, los almireces,
los metates, las pipas, los espejos, las estatuas y los relieves. No
se limitaban a todo esto; tambin cincelaban la piedra, la pulan y
le daban formas elegantes. Se distinguan en estos trabajos aztecas y
peruanos.

La industria _minera_ se estimaba mucho. Se beneficiaba especialmente
el oro, la plata, el cobre, el estao y el plomo. Se dice que slo
los aztecas aplicaron el plomo a la industria. Conocan los indios
el azogue, aunque no la virtud que posee de separar el metal de la
escoria. Haba hierro en el pas; pero ignoraban los indgenas sus
infinitas aplicaciones. Buscbase generalmente el oro en el lecho
de los ros. Los nahuas mejicanos y los peruanos lo tenan en la
superficie de la tierra; los primeros en las provincias del Medioda,
y los segundos en casi todas ellas. Unos y otros para adquirirlo,
abrieron galeras subterrneas? No lo sabemos. La plata y el estao
lo extraan los nahuas de las minas de Taxco y de Tzompanco; el cobre,
de Michoacn y de otras partes. Ignoramos de dnde lo extrajesen los
peruanos.

Respecto a la industria de curtir las pieles de los animales, animales
que cazaban o pescaban muchas tribus, mostraron rara habilidad los
indios. Los conquistadores espaoles quedaron asombrados al ver cmo
las tundan y adobaban. Los aztecas, no slo las curtan perfectamente,
sino las tean de vivos colores. Ms torpes los peruanos, se
contentaban con meterlas dentro de grandes vasijas llenas de orines,
zurrndolas despus. En dicha industria aventajaban a los peruanos
algunas tribus salvajes que se extendan desde el golfo de Mxico al
Ocano Glacial del Norte. Las tribus de la Florida hacan finos mantos
para sus caciques con las pieles de martas cebellinas. Los californios,
los columbios, los hurones y otros, las curtan de diferentes modos.
Los del Gila curtan las del alce, del ciervo, del oso y de la
zorra; los esquimales, adems de las de los animales dichos, las del
rengfero, el lobo, la liebre, la ardilla, la foca y la ballena.

La industria _plumaria_ adquiri mucha importancia. Las plumas de los
pjaros se las mezclaba con el algodn en los tejidos y se hacan
mosqueadores y abanicos. Con las plumas se adornaban los escudos de los
guerreros y con ellas se reproducan los seres todos de la naturaleza:
hombres, bestias, aves, reptiles, rboles, flores y hojas. Recoganse
las de los brillantes pjaros de los trpicos, entre los que figuraban
el colibr, el papagayo y el guainambi. Estas obras de pluma--si
damos crdito a los historiadores de las Indias--podan competir con
los cuadros ms perfectos de los artistas europeos. De pluma estaban
compuestos los mantos de los reyes y las vestiduras de los sacerdotes,
los tapices que cubran las paredes de los palacios y los templos, los
quitasoles y las colchas de las camas. Eran muy estimados en Mxico
los artfices de estas obras de pluma, y porque vivan en el barrio
denominado Amantla, se di a ellos el nombre de _amantecas_.

Asimismo se estimaba mucho la industria de tejidos de lana, alpaca,
vicua, llama y huanaco. La lana de vicua la hilaban y tejan las
vrgenes del Sol para los incas y los sacerdotes. Se desconocen
los procedimientos de industria tan adelantada. Mantos de pelo le
parecieron a Hernn Corts de seda, lo mismo por la suavidad que por
el brillo. Hilaban y tejan el algodn muchas tribus, distinguindose
sobre todas los aztecas y peruanos, cuyos tejedores hacan toda clase
de telas, lo mismo finas que bastas. A veces mezclaban el algodn y las
plumas; a veces el algodn y el pelo de conejo.

No slo del reino animal, sino tambin del vegetal, sacaron todas
aquellas razas muchos elementos para su industria. Los pobres mejicanos
se vestan con telas hechas de las fibras del maguey y de ciertas
palmas. Otros pueblos tejan telas con determinadas substancias; as
los hurones hilaban el camo silvestre, los guaicurues el hilo de
ciertos cardos, los achaguas y los otomacos el de las palmeras, los
tlinkits el de las algas marinas y los haidahs el de la corteza de
cedro, de pino o de sauce. El juracar se cubra con la corteza de los
rboles, la cual pintaba, no la deshilaba. Con los vegetales se servan
para la fabricacin de cuerdas, esteras, cestas y otras clases de
utensilios.

De igual modo, muchas tribus trabajaban hbilmente la madera. Los
aztecas y los mayas, que tuvieron su escritura geroglfica, usaron
de hojas delgadas de palmera, y ms frecuentemente de las fibras del
maguey. Adems de la fabricacin del papel, ya se ha dicho que el
maguey se empleaba para hacer telas, esteras y sogas; tambin como
substancia alimenticia. Aadiremos a todo esto que de las espinas
hicieron los aztecas agujas, y de las races los peruanos cierto
jaboncillo, con el cual las mujeres se pintaban las pecas de la cara y
se lavaban el cabello.

La industria ms extendida fu la _cermica_. Quiz se desarroll
ms rpidamente en Amrica que en Europa. Los productos cermicos
eran numerosos y diferentes entre los pueblos americanos. Llegaron
algunos a trabajar perfectamente el barro, revelndolo as los objetos
encontrados en antiguos sepulcros del Per, Chiriqui y Costa Rica.
Entre las vasijas de los _mound-builders_ ya las haba de largo cuello
y de iguales formas que en la industria espaola. Mucho mejor que los
_mound-builders_ trabajaron el barro los nahuas, los cuales hacan
platos, fuentes, copas, jarros, calderos, pebeteros, urnas sepulcrales,
instrumentos de msica y otros muchos objetos. Pudese citar como
ejemplos la urna de Mxico, descubierta en la plaza de Tlatelulco,
el vaso de Tula y el dolo de Culhuacn. Del mismo modo los mayas
trabajaron con toda perfeccin el barro, hasta el punto que los vasos
de Yarumela son tan bellos como la citada urna de Tlatelulco entre los
nahuas. Por lo que se refiere al Per, tambin la cermica era muy
rica en formas. Brutos, aves y peces estaban reproducidos en los vasos
de arcilla. Lo estaban el hombre y la mujer en sus diferentes edades,
a veces en caricatura o en el acto de cumplir deseos carnales. Estas
imgenes, ya daban la forma al vaso, ya slo le servan de adorno.
Vasos haba que eran la cabeza o el pie de hombres o de monstruos.
No encontramos en ningn pueblo vasos construdos con ms ingenio.
Algunos, por el movimiento del agua de que estaban llenos, reproducan
la voz de hombre o el grito del animal que representaban: uno imitaba
perfectamente el gemido lastimero de una anciana, como el que se halla
en el _Museo Arqueolgico de Madrid_; otro el gorjeo de un pjaro,
un tercero el silbido de una culebra. Constan generalmente de dos
botellas que se comunican y llevan el cuello de la una abierto, el de
la otra slo con agujeros que permiten el paso del aire. El aire que
el agua desaloja al moverse es el que, pasando por los orificios o
estrechos agujeros, produce el fenmeno. Ciertas vasijas redondas se
llenaban por el asiento; ya llenas poda volvrselas sin derramar el
lquido. Haba, adems, vasos que podramos llamar _lacrimatorios_,
los cuales representaban caras tristes y por los poros sala el agua
y se deslizaba por las mejillas. La variedad de los vasos del Per
era infinita. Se les descubre todos los das de nuevas formas en las
excavaciones de los sepulcros. No parece sino que repugnaba a los
alfareros la reproduccin de los tipos que inventaban. Los hay de
doble cuello y hasta de cuatro recipientes unidos por tubos huecos.
En riqueza de formas no es comparable con la cermica peruana ni aun
la fenicia, que tena tambin vasos de cuello doble y aun de tres
recipientes[278]. Aade el mismo historiador que en el siglo XV casi
todos los pueblos americanos fabricaron el barro, siendo de notar que
ni cultos ni salvajes conocieron la rueda del alfarero. Se cree que
empleaban algn procedimiento para que la arcilla no se abollase ni
resultara desigual el espesor de las paredes de los vasos. Tampoco
se sabe si cocieron las vasijas en hornos. Los hubo en el valle del
Mississip, segn dicen Squier y Davis; pero se ignora cundo y quines
los hicieron.

       [278] Nota manuscrita de Pi y Margall en su _Historia de
       Amrica_, volumen 2., pg. 1.236.

Si se trata de los _colores_, los sacaron de los tres reinos de la
naturaleza. Recurrieron a los vegetales casi todas las tribus. Aztecas
y peruanos se sirvieron para sus tintes lo mismo de los minerales que
de los vegetales.

Del reino animal utilizaron la cochinilla y ciertas ostras. De la
primera sacaron el color carmes y de las segundas el de prpura. Los
mayas y nahuas se servan de la cochinilla, y los nicaraguatecas de las
ostras. No slo servan los vegetales para los tejidos; tambin para
la fabricacin de cestos, canastos, esteras, cuerdas, sogas y otros
objetos. En los textiles, diferentes en las formas, usos, colores y
trama, los haba sencillos como los de los iroqueses y algonquinos,
artsticos como los de los aztecas, peruanos y otras tribus del Sur de
Amrica. Se sabe que las razas que vivan cerca del mar de los caribes
usaban la palmera y el cabuya o henequn para hacer toda clase de
cuerdas; los tobas se servan de la bromelia; los muscogis empleaban
retorcidas cortezas de rboles o hierbas parecidas al lino, y los
iroqueses tenan como substancia principal los filamentos del sauce
o del cedro. Los californios del Norte hacan esteras de races de
sauce, los nutkas de fibras de cortezas de cedro, y multitud de pueblos
de mimbre, junco o bamb. Iroqueses, hurones, tacullis y colombios
de tierra adentro, hacan sus vasijas, platos y copas de cortezas
de varios rboles; los shoshonis y otros, de mimbre o de hierbas
trenzadas; los apaches, de varetas de sauce; los yaquis, los ceris y
los nicaraguatecas, de calabaza. De la vajilla de los haitianos se
hacen lenguas algunos cronistas.

Respecto a objetos de madera sobresalan los aztecas y los mayas,
superiores a los peruanos, y entre las razas salvajes los chinuks, los
esquimales, los koniagas y los tinneks.

Pocos progresos hizo la _agricultura_, industria que presupone el
empleo de bestias de tiro y el uso del arado. Los aztecas se servan
para romper la tierra, ya de una especie de pala de roble, ya de una
herramienta de cobre y madera; los incas usaban una como laya. Araban,
pues, la tierra con una estaca o prtiga terminada en punta, de cuatro
dedos de ancha, larga como de una braza, llana por delante y redonda
por detrs, que llevaba a una media vara de su remate slido y firme
travesao. Clavbase la estaca en la tierra y saltando el labrador
sobre el estribo la hincaba cuanto poda. Seis o siete hombres,
apalancndola al mismo tiempo y tirando con toda su fuerza, levantaban
grandes terrones. Las mujeres, que asistan a la faena, ora rompan los
terrones con sus rastrillos, ora volvan las tierras de abajo arriba,
para que, puestas al aire y al sol, las malas races se secaran pronto
o muriesen. Fatigoso y pesado era el procedimiento; pero con l se
consegua suplir la falta de yuntas, como tambin el uso del arado y de
otros instrumentos de agricultura.

Hacase la siembra agujereando el suelo con agudas estacas y echando la
semilla en los agujeros, los cuales tapaban con tierra, sirvindose del
pie o de la mano. A su tiempo se escardaba o se limpiaba de hierbas y
broza. Cuando la mies estaba en sazn, en el mismo terruo o en prximo
paraje, se levantaba una especie de barraca de madera y caas, donde
muchachos con piedras y a gritos ahuyentaban las aves y toda clase de
animales dainos. Contribua al atraso de la agricultura la falta de
instrumentos de toda clase. Los americanos desconocan el molino y el
cedazo: el maz lo molan sobre una piedra plana con otra en forma
de media luna, que cogan con las dos manos. A fuerza de repetidos
golpes y de batirlo una y otra vez, lo reducan a tosca harina. Luego
extendan la harina sobre mantas de algodn, pegndose la flor y
quedando suelto el salvado. Con la harina formaban tortillas que las
tostaban en los hornos. De otros varios modos preparaban el maz, pues
con l hasta hacan un licor, dejando fermentar el agua en que haba
cocido aquella planta.

Los abonos eran conocidos y aun estimados por muchos pueblos; pero
principalmente consistan en la ceniza. En unas partes se pegaba fuego
al rastrojo y en otras a los arbustos o matas: la ceniza se extenda
por las tierras destinadas al cultivo. Los peruanos, adems de la
ceniza, abonaban las tierras, ya por medio de excrementos humanos, ya
por medio de excrementos del ganado, y muy especialmente por el que
dejaban los numerosos pjaros marinos de las islas Chinchas. Tambin
serva de abono los peces muertos que el mar arrojaba a la playa.
Refieren los cronistas, que desde Arequipa a Tarapaca era tan estimado
por los agricultores el estircol de las aves marinas, que se castigaba
con la pena capital al matador de ellas e igualmente al que entraba en
las islas durante la cra de dichos pjaros.

Los mayas de la Amrica Central, lo mismo que los aztecas mejicanos y
los incas peruanos, hicieron algunos progresos en la agricultura. Entre
los pueblos de la Amrica Central se distinguieron los habitantes de
Nicaragua. Los nicaragenses para el riego de las tierras conducan el
agua a veces de speras y lejanas distancias, por medio de acequias y
acueductos. Tales obras causan a la sazn no poca sorpresa a nuestros
ingenieros. No dej de aprovecharse ni un solo pedazo de tierra
cultivable. En las costas ms bajas, como en las montaas ms altas, se
cogan abundantes cosechas de maz, patatas, algodn, coco, etctera.
Tambin practicaron con mucho acierto y dieron bastante desarrollo a la
_horticultura_.

Cultivbase el maz por numerosas tribus, y aunque no tanto, la
mandioca, las judas, las patatas o papas, el pimiento (_chile o axi_),
la calabaza, el _man_ (cacahuete), el tabaco, el maguey, el cacao,
el algodn y el pltano; en el Per, muy especialmente, la coca y la
quinua. Indgena del Per, o importada de Chile, la patata constitua
en algunas partes el principal alimento de los indios: dicha planta
era desconocida en Mxico, lo cual prueba que peruanos y mexicanos
ignoraban recprocamente su existencia. Por lo que al tabaco se
refiere, conviene no olvidar que el uso que de l hacan los peruanos,
era diferente del de otros pueblos donde era conocido, pues all slo
lo empleaban como medicina en forma de rap[279]. Del maz slo diremos
que era el principal alimento, lo mismo entre los pueblos del Norte que
entre los del Sur del continente americano; despus de su exportacin
al Antiguo Mundo, tambin aqu se extendi rpidamente.

       [279] Garcilaso, _Com. Real._, parte I, lib. II, cap. XXV.

El pan llamado _cazabe_ se haca de la yuca o mandioca. Conocan muchas
de las excelentes cualidades del maguey (_agave americano_) y del
_man_.

Los rboles que producan el cacao slo se cultivaban en las tierras
calientes de Mxico, y en las que median entre los dos istmos, y se
plantaban por hileras, distantes uno de otro sobre cuatro varas, cerca
del agua, para que fuera fcil el riego y a la sombra de rboles ms
altos y frondosos, para que a causa de los ardores del sol no cuajara
el fruto.

Fu muy estimada en algunos puntos la _ganadera_. No se conoca el
caballo, si bien la paleontologa muestra que lo hubo en los primitivos
tiempos. Recorran numerosos bisontes las praderas. Pacan en los Andes
del Per cuatro especies de carneros: el llama, el huanaco, la alpaca
y la vicua. Consiguieron los incas domesticar el llama, sirvindose
de l para los transportes. El huanaco, la alpaca y la vicua pacan
salvajes por los pramos de los citados montes. No se consenta al
campesino peruano que cazase estos animales silvestres. Cada ao se
celebraba una cacera, ya presidida por el Emperador, ya por sus
representantes. No se repetan las caceras en la misma parte del pas,
sino cada cuatro aos, pues de este modo podan reponerse fcilmente
los animales.

Los indios trasquilaban y recogan excelentes lanas de los animales
muertos; de igual manera se aprovechaban del velln de los llamas
que destinaban al acarreo. Tanto los llamas como los otros animales
de la misma familia, casi slo eran estimados por su lana. La lana de
la vicua, dice Walton, era mucho ms apreciada que el pelo fino del
castor del Canad y que la lana de la _brbis des Calmoucks_ o de la
cabra de Siria[280]. Adems del animal domstico llama, Garcilaso de
la Vega cita gansos en el Per, Hernn Corts refiere que gallinas,
nsares y perros castrados haba en Mxico, no cabe duda que el
pavo y otras aves se criaban en los pueblos mayas, y--segn ciertos
autores--el conejo, la liebre y la abeja. El P. Las Casas habla de
colmenas, y Gomara dice que las abejas eran pequeas y la miel un poco
amarga. Convienen los historiadores que en los estanques de uno de los
palacios de Moctezuma se mantenan varias aves acuticas.

       [280] _Relacin histrica y descriptiva del camero peruano_,
       pg. 115. Londres, 1811.

Numerosas tribus de Amrica no conocan la agricultura. Los patagones,
los charras y otras muchas tribus vivan exclusivamente de la caza,
la pesca y los frutos silvestres. Lo mismo hacan las que en el Norte
habitaban ms all de los Grandes Lagos. Aun en la Amrica Central
se encontraban tribus que desconocan los trabajos agrcolas ms
rudimentarios.

Pocas razas salvajes se dedicaban al _comercio_. Haba, s, cambio
de productos de hogar a hogar y aun de tribu a tribu. Los espaoles
daban a los indios frusleras por artculos de utilidad. En la isla
de Guanahan--dice Cristbal Coln--nos daban los indgenas por
cuentecillas de vidrio y cascabeles, papagayos, ovillos de algodn,
azagayas y otras muchas cosas. Hasta diez y seis ovillos que pesaran
ms de una arroba v dar por tres centis de Portugal, que equivalen a
una blanca de Castilla. Entre las razas salvajes slo podemos decir
que se dedicaban al comercio antes de la conquista los haidahs, los
nutkas, los chinuks, los columbios y los mojaves; pero los verdaderos
comerciantes de Amrica fueron los nahuas y los mayas, que tuvieron
sus mercados, sus ferias, sus expediciones mercantiles y algo que
supla la moneda. Desde la remota poca de los xicalancas venan los
nahuas ejerciendo el comercio en Veracruz, Oajaca y Tabasco. Durante
la dominacin de los toltecas adquirieron importancia comercial Tula y
Cholula, bajo los chichimecas Tlaxcala y bajo los aztecas Tlatelulco,
alcanzando en esta ltima poca su apogeo. Los mercaderes de Tlatelulco
llegaron a rivalizar con la nobleza, se regan por Cnsules y
Tribunales propios y formaban uno de los Consejos de la corona. A los
pueblos del Medioda cambiaban artculos de algodn, pieles, objetos de
oro, piedras preciosas y esclavos por aromas, plumas, productos de mar
y muy especialmente mbar, una de las materias ms estimadas por los
nobles de Mxico.

Era an ms considerable entre los nahuas el comercio interior. Todos
los das celebraban mercado y semanalmente una feria en Tlatelulco,
Tlaxcala, Tezcuco y otros pueblos. La plaza que para los mercados y
ferias haba en Tlatelulco se hallaba rodeada de portales; en ella se
vendan toda clase de mercancas; pero en su correspondiente calle o
compartimiento. Aqu, se venda la caza; all, la hortaliza; ms all,
las frutas; en sta, las telas; en aqulla la porcelana. Vendase en
este compartimiento la plata, el oro y la pedrera, y en aqul, la
piedra, los adobes y el ladrillo; en otros muchos, los diferentes
productos de la naturaleza y del arte. Dentro de la misma plaza haba
un edificio (_teopancalli_) donde estaban sentados 10 o 12 jueces
que regulaban los precios, diriman toda clase de cuestiones entre
vendedores y compradores y castigaban a los delincuentes. Refiere
Hernn Corts que unas piezas de estao hacan oficio de moneda en
varias provincias; Ixtlilxochitl cita cierta moneda de cobre, larga
de dos dedos, ancha de uno y gruesa como un real, que haban usado
los indgenas de Tutupec; y Bernal Daz del Castillo habla de unos
cautillos de pluma blancos y transparentes, llenos de granos de oro
que, segn los gruesos y largos, se les daba determinado valor. Pero
lo que pasaba en todas partes por moneda corriente eran almendras de
cacao, las cuales se podan emplear sueltas y tambin reunidas en
_xiquipillis_ (8.000) y en sacos (24.000). La moneda, pues, en Mxico
era el cacao; las monedas de estao de que habla Corts y las de cobre
de Ixtlilxochitl debieron ser puramente locales. En todos los mercados
se venda por cuenta y medida, no por peso. Fasta agora no se ha
visto vender cosa alguna por peso, escribe Hernn Corts, despus de
recorrer el mercado de Tlatelulco. Refiere Oviedo que en Nicaragua
se compraba por diez almendras de cacao un conejo, por otras diez se
gozaba una prostituta y se adquira por ciento un esclavo.

Tambin entre los mayas tena suma importancia el comercio. Del mismo
modo, all los comerciantes constituan clase privilegiada; haba
mercados y ferias, y un empleado regulaba los precios y castigaba a los
infractores de las leyes comerciales. El comercio exterior se haca por
grandes caravanas.

En suma, nahuas y mayas eran comerciantes; pero a causa de ser
imperfectsima la moneda, prevaleca tanto en los primeros como en los
segundos el cambio directo de las cosas.

La sarta de conchas--escribe Pi y Margall--se dice hoy que hara
el oficio de moneda en todas las tribus que ocupaban el territorio
del Canad, los Estados Unidos y las dos Californias. Aun entre los
yucatecas se cree que sirvieron de moneda las conchas[281].

       [281] Nota manuscrista en la pg. 1.244 de la citada obra y
       volumen.




CAPTULO XV

  ALIMENTACIN DEL INDIO.--EL CANIBALISMO.--BEBIDAS EMBRIAGADORAS
  DE LOS INDIOS.--EL FUEGO: MODO DE OBTENERLO.--LA LUZ.--LAS
  LMPARAS.--LAS CASAS DE LOS INDIOS.--LAS ALDEAS.--LAS VIVIENDAS
  DEL SALVAJE.--EL VESTIDO.--LOS ADORNOS.--LA CAZA Y LA PESCA.--LAS
  CANOAS O PIRAGUAS.--LOS JUEGOS DE AZAR.--EL JUEGO DE PELOTA.


La alimentacin del indio era abundante tanto de vegetales como
de substancias animales en los pases clidos y frtiles. Por el
contrario, en los fros y estriles, la alimentacin se consegua con
grandes trabajos y a veces consista en araas, gusanos, lagartijas,
culebras, etc.

Entre los alimentos _vegetales_, adems de aquellos que la naturaleza
produca espontneamente (pltano, los frutos de la pita o agave, el
ajo, el puerro y otros), los que necesitaban cultivos elementales
(maz, patata, arroz salvaje, mandioca, yuca, etc.) Ponen algunos
escritores en la lista de las subsistencias vegetales la coca y
el tabaco. De la coca hacan uso los peruanos, los habitantes
de Venezuela, de Nicaragua y tal vez los tlinkits de la Amrica
Septentrional. Seguramente que el tabaco carece de las virtudes de la
coca. Cuando los espaoles comenzaron la conquista, el cultivo y el
uso del tabaco estaba limitado a parte de las Antillas, Venezuela,
Mxico y algunos pueblos situados entre el golfo mejicano y el de San
Lorenzo. El uso del tabaco en la isla de Santo Domingo--segn refiere
Oviedo--estaba reducido a quemar las hojas en un plato, y luego aspirar
el humo por las narices mediante un tubo en forma de Y griega o
mediante dos canutos de caa. El efecto que produca era caer el que lo
usaba en profundo letargo. Los mexicanos aprendieron de los dominicanos
y se acostumbraron al mismo vicio.

La alimentacin _animal_ variaba desde el walrus, lobo marino,
ciervo, antlope o bisonte, propia de los indgenas del Norte, hasta
la delicada pesca de los ros de la Amrica del Sur y los sabrosos
mariscos de sus costas  islas, que sostenan a muchas tribus
ribereas. Entre los alimentos animales uno de los ms estimados eran
perros castrados que los indgenas alimentaban y engordaban. Huelga
decir que coman venados, liebres, conejos, patos y gallinas. Estimaban
mucho los huevos.

El reino _mineral_ proporcionaba la sal y algunas tribus coman una
especie de tierra o caoln, ya sola, ya mezclada con algunas races.

De los aztecas diremos que aventajaban en alimentos a las dems razas.
No conocan el trigo, ni el centeno, ni la avena, ni el mijo; todo lo
cual suplan con las tortas que hacan del maz, como hoy sucede en
algunas comarcas de Espaa. Hacan pasteles de aves y empanadas de
pescado; conocan la olla podrida. Corts afirma que la miel, lo mismo
de maz que de maguey, era mejor que el arrope. Estaban adelantados
en la cocina y llevaron el sibaritismo hasta servir todo lo caliente
en platos con braserillo: as se haca en los palacios de los reyes.
Los pueblos de la Amrica Central se parecan a los aztecas, si bien
preferan el pescado y las frutas a la carne. Los nicaraguatecas se
lavaban las manos antes de comer y la boca despus de la comida. En
el imperio de los incas, cuyos adelantos competan con los de los
aztecas, se estimaba el maguey ms que en ninguna parte; de l sacaban
miel, vino y vinagre; de l, mezclndolo con maz, arroz o pepitas de
mulli, fortsimo brebaje. Pan y vino hacan tambin del maz, el cual
molan en anchas losas. Lo coman crudo, asado, cocido, en gachas; lo
convertan en agradable licor desliendo la harina en agua. Disponan
igualmente de la _quinua_, que era una especie de arroz; lo usaban
como comida y como bebida. Completaban sus alimentos con la carne de
sus carneros, de ordinario hecha cecina, con peces, con frutas, con
legumbres y con races.

Entre las muchas razas salvajes que coman el maz, podemos citar
las siguientes: al Norte de Mxico, los pimas, los _pueblos_ y los
californios del Medioda; al Sur del Per, los araucanos; al Oriente
de los Andes, los chiquitos y otros; en la cuenca del Orinoco, los
otomacos, y hacia el Atlntico, los caquesios y algunos ms. Otras
razas salvajes suplan la mandioca por el maz, como suceda con muchos
pueblos de los Llanos. No pocas tribus de Barlovento usaban el pan de
_ajes_; los californios del Norte, los del Centro y los del Sur, el pan
de bellotas.

Tostaban el maz, arroz, etc., dentro de habitaciones a propsito,
molindolos luego en morteros con mazas o en piedras planas con
rodillos.

Consideramos tambin como uno de los alimentos de muchos pueblos indios
el hombre. No cabe duda alguna que lo mismo en el Norte que en el Sur
y en el Centro de Amrica, existi la antropofagia o canibalismo,
llegando a ser conocidas algunas tribus con el nombre de _comedores de
hombres_. Por comedores de hombres la nacin espaola consinti que sus
capitanes o conquistadores persiguieran, hicieran esclavos y vendieran
a los indgenas. Eran canbales por glotonera, por odio o por sed
de venganza? No podemos dar respuesta satisfactoria; pero s de que
eran comedores de hombres, los cuales hallamos lo mismo entre las
razas cultas que entre las salvajes. Afirma Hernn Corts que durante
el sitio de Mxico los tlaxcaltecas, los otomes, los naturales de
Tezcuco, los de Chalco y los de Xochimilco se coman alegremente los
cadveres de los enemigos en sus cenas y almuerzos. Aade que a los
soldados de Matlanzingo se les cogi muchas cargas de maz y de _nios
asados_. Termina diciendo que en su expedicin al Golfo de Honduras
mand matar a un mexicano porque se le encontr comiendo carne de un
indio. Extendise el canibalismo a los pueblos mayas. No cabe duda que
desde el istmo de Tehuantepec al de Panam se coman a los hombres
sacrificados en los altares de los dioses. Que existi el canibalismo
en Guatemala lo dice el P. Las Casas; en Yucatn, Pedro Martir de
Anglera, y en Nicaragua, Gonzalo Fernndez de Oviedo. No es dudoso que
lo hubiera entre los caribes, en Santo Domingo y en toda la Amrica.
Llegaron algunas tribus a cebar a los prisioneros para hacerlos ms
sabrosos.

En general no sentan el hambre ni los indios de la Amrica del Norte,
ni los de la Central, ni los del Sur. Sufran hambres pasajeras los
pueblos cultos y los salvajes, lo cual no debe causar extraeza,
considerando que hoy mismo en la culta Europa no puede impedirse,
aunque de tarde en tarde, el azote del hambre.

Lo extrao es que pueblos adelantados como los aztecas, y que no
ignoraban algunos guisos de verdadero gusto, comiesen en el suelo,
emplearan no sillas, sino toscas banquetas o almohadones. Usaban
por manteles vistosas esteras de palma. Desconocieron el uso de
las servilletas? No lo sabemos. De los yucatecas se dice que tenan
manteles y servilletas, aadiendo los cronistas que se desvivan por
conservarlos limpios.

Era muy comn la embriaguez entre los indios. Bebidas embriagadoras, ya
por fermentacin slo del maz, ya por fermentacin del maz con otras
substancias, eran muy estimadas en las tribus que saban obtenerlas.
Citaremos el _pulque_ entre los mejicanos y la _chicha_ entre los
indgenas de Chile y de Guatemala. Tambin las mujeres del harem de
Atahualpa sirvieron la chicha en grandes vasos de oro a Hernando
Pizarro y a Soto[282]. Unos pueblos preparaban la chicha de una manera
y otros de otra. Un escritor antiguo dice que la preparaban poniendo
a fermentar en agua, cebada, maz tostado, pia y panocha, aadiendo
tambin especias y azcar. Del mismo modo el _aca_ era usado entre los
peruanos y el _cajuni_ entre los brasileos. Embriagbanse por otros
medios las tribus que no saban obtener las bebidas dichas, pudindose
citar, entre otras, los _otomaques_ (Orinoco) que tomaban como rap los
polvos de una semilla (_yuapa_) mezclada con otras substancias. Adems,
no pocas tribus usaron bebidas no fermentadas, como el _mate_ (planta
parecida al acebo, cuyas hojas se cuecen como el t) y algunas otras.

       [282] Prescott, _Hist. del descubrimiento y conquista del
       Per_, tomo I, pg. 373.--Madrid, 1858.

Por lo que respecta al fuego, conocido entre los aborgenes americanos,
se produca por _friccin_ (esto es, barrenando con un trozo cilndrico
de aguzada punta y madera dura otro pedazo de madera ms blanda); por
_percusin_ (golpeando pedernales con piritas u otras piedras que
contuviesen hierro); y mediante _reflexin_ con un brazalete grande
(chipaba), del que colgaba un vaso cncavo como media naranja, muy
bruido, ponanlo contra el sol y a un cierto punto donde los rayos que
del vaso salan, daban en junto, ponan un poco de algodn carmenado,
el cual se encenda en breve espacio.[283]. Servales el fuego para
calentarse y alumbrarse. La _hoguera_ fu principal elemento de
vida del indgena. Si en un principio algunas tribus iluminaban sus
chozas con gusanos de luz o de otros modos primitivos, descubierto el
fuego, la luz contribuy de un modo extraordinario al progreso de la
humanidad. Tuvo origen entonces la industria de alfarera por lo que se
refiere a las _lmparas_, siendo los esquimales los primeros que las
conocieron. Al mismo tiempo se fabricaron las primeras vasijas de barro
(_ollas_) y de arcilla. Es de creer, pues, que al ladrillo de adobe,
sucedi la lmpara del esquimal y luego las restantes alfareras.

       [283] Garcilaso de la Vega, _Com. Reales_, I, 13, 198, cap.
       XXII.

En captulos anteriores hemos dicho que las habitaciones o viviendas
indgenas, fijas o movibles, variaban desde la casa del esquimal,
hecha con bloques de nieve, hasta los palacios de los aztecas y de
los incas, fbricas de piedras no pulimentadas. Bueno ser advertir
que algunas tribus no conocieron ms abrigo que el de los bosques.
Se defendan del sol a la sombra de los rboles, de las rocas o de
los barrancos; del viento, con parapetos de piedras o de broza.
En cuevas se metan cuando arreciaba el fro. Los salvajes que ya
tenan casas, las construan de diferentes formas y maneras. Unas las
cubran de paja, barro o corteza de rbol, otras eran altas o bajas
y se fabricaban en llanuras, en elevaciones o debajo de la tierra.
Constituan un adelanto los _buhos_ de Hait y de otras islas del mar
de los caribes. Eran generalmente polidricos hasta el arranque del
techo y cnicos hasta el remate. A veces estos buhos tenan la forma
rectangular. Cerraban cada uno de los lados por postes o troncos de
rbol, y entre poste y poste colocaban caas unidas por bejucos. La
armadura del techo se formaba con varas que partan de las soleras de
los troncos y se unan a un alto madero hincado en el centro de la
casa: los intersticios se cubran por caas, pajas, hojas de bihao
o de palmera. Todas las puertas tenan su correspondiente dintel y
casi todas tenan jambas. Las casas que se hacan donde la madera era
abundante, sta predominaba en los materiales de construccin; donde
no exista el arbolado, predominaba la piedra, el barro o el adobe.
Al contemplar la regularidad y armona de los edificios de Mxico y
el Per, casi no se explica que el arquitecto indio no conociese el
_comps_ ni la _plomada_, ni la _escuadra_, como tampoco tuviera idea
del _arco_, elemento esencial de la arquitectura. La reunin de las
cabaas o tiendas formaban _aldeas_ (rancheras, tabas, etc.), ms o
menos grandes, ms o menos slidas. Las casas de los jefes, templos,
etc., se rodeaban generalmente de empalizadas para su proteccin.

Tales villorrios se hallaban frecuentemente esparcidos a lo largo de
las costas de los mares, de los ros y de los lagos, lo cual fu causa
de las relaciones exageradas que del nmero de indgenas dieron los
conquistadores europeos, quienes llegaron a suponer que tambin estaban
habitadas las zonas mediterrneas.

La miseria en el hogar salvaje no poda ser mayor. Las camas eran
bastas y pobres tarimas enclavadas en la pared. Colgaban del techo
carne o pescado hechos cecina, mazorcas de maz y a veces el trineo
o la canoa; de las paredes colgaban las armas y cabezas de bfalo o
ciervo; no lejos de la puerta se hallaban los trofeos del dueo de la
casa. Unos hincaban la lanza delante de su toldo, otros en altas caas
las cabezas de las reses muertas por su mano y algunos sobre viejas
aljabas las cabelleras de sus enemigos. Humosas teas iluminaban de
noche la habitacin o choza del salvaje, y slo en las viviendas de los
esquimales o en los subterrneos de la isla de Fox, ardan lmparas
de piedra alimentadas por aceite de ballena o de foca. Ni los mismos
mexicanos y peruanos dispusieron de mejor luz. Tambin el seor feudal
europeo colgaba en sus desabrigados salones las lanzas, alabardas y
ferradas mazas, y en las puertas de su castillo cabezas de jabales o
de lobos; tambin el vasallo viva en casas de barro y se alumbraba con
resinosas teas.

Lo mismo en las casas de los indios cultos, que en las de los salvajes,
vivan hacinados viejos y jvenes, hombres y mujeres. Las casas de los
pobres slo tenan un aposento. Si las de las razas cultas o de los
indios algo acomodados tenan ms de una pieza, el dormitorio era uno.
Ellos hacan pblicamente actos que la moral y el pudor quieren que
sean secretos. Unicamente entre los reyes y los nobles pareca existir
cierta honestidad.

Acerca del uso del _vestido_, hall Coln, en su primer descubrimiento,
desnudos a hombres y mujeres, presentndose todos sin muestra alguna
de sonrojo. En algunas partes vi el Almirante que las hembras se
ponan unas _cosas_ de algodn que apenas _les cobijaban la natura_.
Afirma el P. Gumilla que las mujeres del Orinoco se avergonzaban, no
de andar desnudas, sino de cubrirse las carnes. Es, pues, evidente
que en casi toda Amrica iban desnudos hombres y mujeres, siendo una
excepcin los que iban vestidos. En los pases comprendidos entre los
dos trpicos se cubran con pieles; pero era cuando arreciaba el fro o
les molestaba la lluvia.

En muchas partes las mujeres usaban faldas con las cuales se cubran
desde la cintura a las corvas; en otras, pequeos delantales que
flotaban a merced del viento; y en algunas, cortas sayas hechas con
fibras de cortezas de rbol. En las costas meridionales del mar de los
Caribes, las mujeres se ponan un simple hilo, y los hombres llevaban
recogido el miembro o metido en cautos de metal, en tubos de madera o
cuellos de calabaza.

Algunas tribus pegaban a su piel varias plumas y las pegaban con un
barniz resinoso.

Costumbre fu tambin que el salvaje (esquimal, botocudo, etc.),
perforase con dijes, joyeles, piedras, etc., la nariz, labios, orejas o
mejillas.

No sabemos cundo y cmo comenzaron a usar _vestido_ los americanos.
Tanto la forma como la materia variaban de un modo extraordinario.
Llamaba la atencin la piel finsima de algunos vestidos, siendo muy
comn abrigarse con pieles de bfalo, ciervo, lobo marino, etc.

Entre los aztecas, las mujeres vestan el _huipil_ o camisa sin mangas
o con medias mangas que del cuello bajaba a las rodillas y el _cucilt_
o especie de faldelln que las cubra de la cintura abajo; llevaban
tambin sandalias. Mejor vestida iba la mujer en el imperio de los
incas. Llevaba en la cabeza vistosa cinta, del cuello a los talones
una bata que se ajustaba a las caderas con ancho cinto, de los hombros
a los tobillos fino manto sujeto por alfileres de oro o plata que
llamaba _topus_, y en los pies, abarcas hechas de fibras de cabuya.
Era bastante parecido el traje del varn. En las sienes llevaba una
guirnalda; de la garganta a las rodillas camiseta sin mangas ni cuello;
encima, una manta de lana en las tierras fras y de algodn en las
calientes; en los pies, albarcas.

Ms bellos eran los trajes de los iroqueses y algonquines. Diferan
muy poco los de la mujer y el hombre. La tnica era ceida, la manta
estaba compuesta de pieles de castor, y casi siempre salpicada de
vivos colores, y las polainas y zapatos se hacan de pieles de ciervo.
La diferencia ms notable entre el traje de la mujer y del hombre
consista en que la tnica de la primera era ancha y flotante.

El _tatuaje_ (imprimir en el cuerpo dibujos hechos con una aguja y una
materia colorante) fu general entre los americanos y se consider como
un adorno, siendo los colores ms usados el rojo, amarillo, blanco y
negro, que fabricaban con ocres, cal, carbn y jugos de diferentes
plantas. Del mismo modo pintbanse casi todas las razas, y lo hacan
casi siempre para embellecerse. Unas se pintaban la nariz, la barba o
los dientes, otras todo el rostro, algunas el pecho y muchas todo el
cuerpo.

Los caquesios se pintaban el brazo si en duelo o en batalla haban
dado muerte a uno de sus enemigos, el pecho si haban vencido en dos
combates, y del ojo a la oreja si victoriosos por nuevos triunfos
haban entrado en la corte de sus caciques. Los guaycurues cuando
eran nios se pintaban de negro las carnes, ya mozos de encarnado,
ya ancianos o jefes de varios colores. En algunas razas era el ms
estimado aquel que se presentaba con colores ms brillantes; esto
suceda entre los salivas y los cumaneses.

Numerosos adornos usaban, lo mismo las razas cultas que las salvajes.
Aunque los caciques de Hait iban desnudos, llevaban coronas, placas
en el pecho y cintos con cartulas de oro. Los reyes de Mxico, aunque
se presentaban casi desnudos, llevaban durante determinadas fiestas
joyas en las orejas, nariz, labios y garganta; encima de los codos,
brazaletes, de los cuales salan brillantes plumas; en los brazos,
ajorcas de oro; en las muecas, pulseras de perfumado cuero con sendas
esmeraldas; de la rodilla abajo, grebas de luciente oro; en los pies,
sandalias de piel de tigre con suela de piel de ciervo; la espalda
estaba adornada con vistoso plumaje; en la cabeza llevaban un pjaro
disecado de vivos colores, y en las sienes dos borlas de finsimo
plumin, que bajaban de lo alto de la cabellera. Otros adornos, ms o
menos ricos, usaban, no slo los monarcas aztecas, sino los cortesanos
y los poderosos magnates del imperio.

La mayor parte de las razas no se cortaban el cabello. Unas lo llevaban
suelto y a la espalda (apaches, etc.), otras distribudo en trenzas,
algunas como formando una corona alrededor de la cabeza, y no pocas a
manera de asas. Entre las razas que se rapaban la cabeza, citaremos los
tarascos. Los nicaraguatecas se dejaban un mechn en la coronilla, y
las mujeres, entre los albayas, una cresta que iba del cerviguillo a
la frente; los yucatecas se quemaban el cabello en la coronilla; los
tupinambaes lo llevaban como nuestros monjes, etc.

La _caza_ y la _pesca_ fueron entre los indios cultos y salvajes
ocupacin principal. Si los primeros la consideraron como ejercicio de
recreo, los segundos se entregaron a ella por necesidad. El cazador y
el pescador indio conocan todos los medios para apoderarse y destruir
los animales. Lo mismo usaban las trampas o lazos que las armas
arrojadizas, valindose de una manera o de otra para cazar ciervos,
antas, liebres, conejos y toda clase de pjaros.

Veamos cmo se verificaban las grandes caceras en Mxico y en el Per.
Cientos y cientos de hombres formaban un gran crculo, el cual iban
poco a poco reduciendo o hacindolo ms pequeo. Conseguan de este
modo que todas las reses se fueran cobijando en un lugar del bosque
donde haba muchas trampas y redes. Esto hacan los aztecas. Los incas,
en nmero tambin considerable de hombres, provistos de lanzas y palos,
corran en opuestas direcciones, llevando la caza a determinado sitio.
Mataban, desde luego, todas las alimaas y muchos venados; de ningn
modo a los huanacos y vicuas. Es de notar que este sistema de caza lo
empleaban de igual manera los pueblos salvajes. Lo practicaban, entre
otros, los patagones, los mosquitos de Honduras y los guajiros de
Orinoco. Los ltimos se distribuan en forma de media luna y cerraban
el crculo cuando vean reunidas gran nmero de reses. En Mxico haba
parques y sotos reservados a los reyes, incurriendo en pena de muerte
los cazadores que se atrevan a penetrar en aqullos; en el Per, fuera
de las caceras anuales ordenadas por los incas, no se permita matar
huanacos ni vicuas.

Dedicbanse principalmente a la _pesca_ los pueblos que vivan en las
orillas de los ros y en las costas del mar. Eran aficionados a la
pesca lo mismo las tribus cultas que las salvajes. Pescaban los indios
ballenas, focas, nutrias, salmones, tortugas, manates, caimanes y toda
clase de peces. Unas veces los indgenas se metan en el agua y cogan
los peces; otras los mataban, ya disparando flechas desde sus piraguas,
ya desde las costas o riberas; con mucha frecuencia los atufaban con
el jugo de algunas plantas; algunos atajaban la corriente con banastos
para cogerlos fcilmente. Conocan los indios las redes y los anzuelos.
Haba anzuelos de hueso, de madera, de cuero y de conchas de almeja.
Tenan fisgas y arpones. Usaban el dardo, la lanza y otros aparejos de
pesca. Los pescadores ms arrojados y valientes eran los esquimales
y todos los del Norte; tal vez fuesen ms diestros y audaces los
pescadores del Orinoco y algunos de la Amrica del Sur, en particular
los que se dedicaban a la pesca del manat dentro del ro citado. Ms
intrepidez se necesitaba todava para pescar el caimn y la tortuga.
Cuando los otomacos vean que caimanes y tortugas saltaban al Orinoco,
se arrojaban sobre los primeros o sobre las segundas, y caballeros en
unas o en otras, bajaban al fondo del ro, donde se apoderaban de los
caimanes con lazos de nudo corredizo y de las tortugas volvindolas
de espaldas. Seguramente que este procedimiento era bastante ms
peligroso que el usado contra el caimn por las tribus de la Florida,
pues all los pescadores lo cogan introducindole en las fauces larga
y nudosa rama de rbol.

Por lo que a la navegacin respecta, los indios slo conocieron la
balsa, la canoa y el haz de juncos para recorrer nicamente sus ros,
sus lagos y las costas de sus mares. Los aztecas usaron la balsa y la
canoa; los peruanos recorrieron sus ros, el lago Titicaca y las costas
del Pacfico, valindose tambin de balsas o de haces de enea. Los
mayas se hallaban tan atrasados como los peruanos.

Puede asegurarse que eran ms navegantes muchas razas salvajes.
Lo eran los habitantes de la tierra del Fuego, los payagaes, los
guarapayos, y muy especialmente los intrpidos tupes, que corran
ciento o doscientas leguas por las costas del Atlntico. Entre los
tupes descollaban por su audacia los caribes, que navegaban de isla en
isla, de las islas a Tierra Firme; y all en el Orinoco atravesaban--no
sabemos cmo--los raudales y los saltos del Caron y el Caura. Los
antillanos y los esquimales desafiaban con sus canoas las tempestades
y borrascas. Las piraguas o canoas de los habitantes de Santo Domingo,
Cuba, etc., eran de bastante tamao y de no poca fortaleza. Dcese que
slo los esquimales conocieron el _remo_, pues las restantes tribus
manejaron las embarcaciones con _palas_.

La canoa, la balsa, el haz de enea, o de bambes o de juncos, servan
de medios de navegacin y tambin de transporte. Ya sabemos que en
Amrica no haba otra bestia de carga que el llama, ni otra de tiro que
los perros del Norte. Los trineos, de los cuales tiraban los perros, lo
usaban slo los esquimales y los tinnehs.

Probado se halla que los americanos desconocan la brjula y el
astrolabio. Tenan mucha aficin a los juegos de azar, hasta el punto
que jugaban frecuentemente sus vestidos, sus adornos, sus armas, su
libertad personal y hasta sus mujeres. Si unos juegos eran del agrado
de determinadas tribus y otros juegos de otras, el _juego de pelota_
era comn a casi todas. Ejercitbanse en determinadas tribus los
guerreros y hasta las mujeres en carreras a pie, logrando con ello
fortaleza y destreza de sus miembros.

Entre las razas salvajes del Norte se jugaba del siguiente modo.
Tomaban parte en la contienda dos tribus o dos pueblos. Se pona la
pelota entre dos metas equidistantes y las tribus se colocaban en
opuestas direcciones. Consista el juego en que la tribu del norte, por
ejemplo, lograra llevar la pelota ms all de la meta del medioda y
la tribu del medioda ms all de la meta del norte; esto era difcil
porque eran muchos los jugadores de una y otra parte, y porque las dos
metas, la una de la otra estaban a larga distancia. Unas tribus usaban
pelotas de roble, otras de barro cubiertas de piel de ciervo. Arrojaban
la pelota sirvindose de un palo, en cuya punta retorcida se colocaba
pequea red de tiras de cuero o nervios de bfalo. Asista al juego
mucha gente: unos apostaban en favor de un bando y otros del otro.
Gritaban a los jugadores lo mismo el pblico que llevaba la mejor parte
como el que llevaba la peor; gritaban tambin los que se disputaban la
victoria. Los haitianos jugaban igualmente en el campo, entre dos metas
o rayas, logrando el triunfo los que conseguan llevar la pelota fuera
de la linde de sus contendientes. Las pelotas eran de caucho, y las
reciban o rechazaban, no con la mano, sino con la cabeza, el hombro,
la cadera o la rodilla. Tambin reciban y despedan las pelotas, los
chiquitos con la cabeza y los otomacos con el hombro derecho. Los
aztecas jugaban muy bien y tenan a gala ser los primeros: se cuenta
que, vencido el rey de Tlatelolco, dispuso que se estrangulase al
vencedor que era el seor de Xochimilco. Lleg el juego de pelota a
toda su perfeccin entre los mayas y los nahuas. Se consideraba entre
estas tribus como fiesta nacional, como la ms importante, casi como la
nica. Los pueblos ms pequeos tenan un trinquete, que consista en
habitaciones rectangulares, de 25 a 55 metros de largo, de 12 a 22 de
ancho. Dividanse los jugadores en dos bandos. Reciban y despedan la
pelota con la parte del cuerpo que de antemano se hubiese convenido,
generalmente con las rodillas o las asentaderas. Duraba la lucha de sol
a sol. Los espectadores hacan apuestas en favor de uno o de otro de
los jugadores. El que lograba meter la pelota por el ojo de uno de los
dos anillos que se hallaban en una de las paredes, se le consideraba
como el hroe de la fiesta y se le agasajaba con muchos y valiosos
regalos. Jugaban con pala, bote y argolla. Desconocemos lo que fuese el
bote y la argolla. Si se suscitaban cuestiones o discordias, ora entre
jugadores, otra entre espectadores, all estaban jueces nombrados por
los caciques con el objeto de dirimirlas. Tambin las mujeres, despus
de fabricar artculos de alfarera y de tejer con el hilo que sacaban
del muriche esteras, canastas, etctera, se dirigan al trinquete,
cogan la pala (del ancho de una tercia de bordo a bordo y de astil
grueso y largo para cogerlo con las dos manos) y tiraban la pelota (que
era de caucho y de gran circunferencia) con tal fuerza que los hombres
no se atrevan a recibirla en el hombro. A veces, hombres y mujeres,
para evitarse tabardillos, se sajaban brazos, muslos y piernas durante
los citados juegos, y para restaar las heridas se arrojaban al ro. Si
esto no era bastante, las cubran de arena o barro.




SEGUNDA POCA

DESCUBRIMIENTOS




CAPTULO XVI

  REYES DE CASTILLA A FINES DE LA EDAD MEDIA: ENRIQUE II, JUAN I,
  ENRIQUE III, JUAN II Y ENRIQUE IV.--REYES CATLICOS.--CULTURA
  LITERARIA EN AQUELLOS TIEMPOS.--CRISTBAL COLN EN ESPAA.


Veamos lo que dice el insigne historiador Mariana de los ltimos reyes
de la dinasta de Trastamara y de los Reyes Catlicos: Tuvo, dice,
el Rey D. Enrique (II), tronco y principio deste linaje, el natural
muy vivo y el nimo tan grande que supla la falta del nacimiento.
Don Juan (I), su hijo, fu persona de menos ventura y de industria y
nimo no tan grande ni valeroso. Don Enrique (III), su nieto, tuvo el
entendimiento encendido y altos pensamientos, el corazn capaz del
cielo y de la tierra; la falta de salud y lo poco que vivi no le
dejaron mostrar mucho tiempo el valor que su aventajado natural y su
virtud prometan. El ingenio de D. Juan, el segundo de este nombre, era
ms a propsito para letras y erudicin que para el gobierno. De su
hijo D. Enrique IV, escribe el jesuta historiador lo siguiente: Lo
que importa ms, las costumbres no se mejoraron en nada, en especial
era grande la disolucin de los eclesisticos; a la verdad se habla
que por este tiempo Don Rodrigo de Luna, arzobispo de Santiago, de las
mismas bodas y fiestas arrebat una moza que se velaba, para usar della
mal...[284]. En Don Enrique, aade despus el P. Mariana, desfalleci
de todo punto la grandeza y loa de sus antepasados, y todo lo afe
con su poco orden y traza; ocasin para que la industria y virtud se
abriese por otra parte camino para el reino de Castilla, y aun casi
de toda Espaa, con que entr en ella una nueva sucesin y lnea de
grandes y sealados prncipes[285].

       [284] _Historia de Espaa_, tomo II, libro XXII, cap. XX.
       Es verdad o leyenda lo que dice el Padre Mariana acerca
       de D. Rodrigo de Luna, arzobispo de Santiago y sobrino del
       condestable don Alvaro? Se trata de un cuento forjado,
       despus de la muerte de D. Alvaro, para desacreditar a la
       familia de los Lunas? As lo cree--y razones poderosas tiene
       para ello--D. Antonio Lpez Ferreiro en su estudio histrico
       intitulado _Don Rodrigo de Luna_, impreso en Santiago el 1884.

       [285] _Historia general de Espaa_, tomo II, libro XXIV, cap.
       IV.

Don Modesto Lafuente se halla conforme con el P. Mariana. En poco ms
de un siglo--tales son sus palabras--que ocup el trono de Castilla
la lnea varonil de la familia de Trastamara, vise a aquellos
prncipes ir degenerando desde la energa al apocamiento, y desde la
audacia hasta la pusilanimidad. El prestigio de la majestad desciende
hasta el menosprecio y el vilipendio, y la arrogancia de la nobleza
sube hasta la insolencia y el desacato. La licencia invade el hogar
domstico, la corte se convierte en lupanar y el regio tlamo se
mancilla de impureza, o por lo menos se cuestionaba de pblico la
legitimidad de la sucesin. La justicia y la fe pblica geman bajo
la violacin y el escarnio. La opulencia de los grandes o el boato
de un valido insultaban la miseria del pueblo y escarnecan las
escaseces del que an conservaba el nombre de soberano. Mientras los
nobles devoraban tesoros en opparos banquetes, Enrique III encontraba
exhausto su palacio y sus arcas, y su despensero no hallaba quien
quisiera fiarle. Juan II procuraba olvidar entre los placeres de las
musas las calamidades del reino, y se entretena con las _Querellas
del amor_, o con los versos del _Laberinto_, teniendo siempre sobre
la mesa las poesas de sus cortesanos al lado del libro de las
oraciones. Este prncipe tuvo la candidez de confesar en el lecho
mortuorio, que hubiera valido ms para fraile del Abrojo que para rey
de Castilla[286]. Los bienes de la corona se disipaban en personales
placeres, o se dispendiaban en mercedes prodigadas para grangearse la
adhesin de un partido que sostuviera el vacilante trono[287]. La
degradacin del trono--aade despus--, la impureza de la privanza,
la insolencia de los grandes, la relajacin del clero, el estrago de
la moral pblica, el encono de los bandos y el desbordamiento de las
pasiones, llegan al ms alto punto en el reinado del cuarto Enrique
de Castilla. Los castillos de los grandes se convierten en cuevas
de ladrones; los indefensos pasajeros son robados en los caminos, y
el fruto de las rapias se vende impunemente en las plazas pblicas
de las ciudades; un arzobispo capitanea una tropa de rebeldes para
derribar al monarca y sentar al infante D. Alfonso en el solio. En
el campo de Avila se hace un burlesco y extravagante simulacro de
destronamiento, ignominioso espectculo y ceremonia cmica, en que un
prelado turbulento y altivo, a la cabeza de unos nobles ambiciosos
y soberbios, se entretienen en despojar de las insignias reales la
estatua de su soberano, y en arrojar al suelo, entre los gritos de la
multitud, cetro, diadema, manto y espada, y en poner el pie sobre la
imagen misma del que haba tenido la imprudente debilidad de colmarlos
de mercedes[288].

       [286] El convento del Abrojo se fund en 1415, a las mrgenes
       del Duero, cerca de Valladolid, por el venerable Fray Pedro de
       Villacreces y San Pedro Regalado. Cuentan algunos escritores,
       copindolo del supuesto Bachiller de Cibdareal, que Juan II,
       poco antes de morir, le dijo: _Bachiller, naciera yo fijo de
       un mecnico, e hobiera sido frayle del Abrojo, e no Rey de
       Castilla_.

       [287] _Historia de Espaa_, tomo I. _Discurso preliminar_,
       pginas 100 y 101.

       [288] Ibidem, pgs. 102 y 103.

[Ilustracin:

FOTOTIPIA LACOSTE.--MADRID.

ISABEL LA CATLICA.]

Pasamos a resear el reinado de Doa Isabel y D. Fernando. Despus de
decir el P. Mariana que la reina falleci en la villa de Medina del
Campo, aade: su muerte fu tan llorada y endechada cuanto su vida lo
mereca, y su valor y prudencia y las dems virtudes tan aventajadas,
que la menor de sus alabanzas es haber sido la ms excelente y valerosa
princesa que el mundo tuvo, no slo en sus tiempos, sino muchos siglos
antes[289]. A Fernando el Catlico as le juzga: Prncipe el ms
sealado en valor y justicia y prudencia que en muchos siglos Espaa
tuvo. Tachas a nadie pueden faltar, sea por la fragilidad propia, o
por la malicia y envidia ajena, que combate principalmente los altos
lugares. Espejo, sin duda, por sus grandes virtudes en que todos los
prncipes de Espaa se deben mirar[290].

       [289] _Historia general de Espaa_, tomo II, lib. XXVIII, cap.
       XI.

       [290] Ibidem, tom. II, lib. XXX, cap. XXVII.

Por su parte, D. Modesto Lafuente, lleno de entusiasmo por los Reyes
Catlicos, escribe: Gran prncipe el monarca aragons, sin dejar de
serlo, lo parece menos al lado de la reina de Castilla. Asociados en
la gobernacin de los reinos como en la vida domstica, sus firmas
van unidas como sus voluntades; _Tanto monta_, es la empresa de sus
banderas. Son dos planetas que iluminan a un tiempo el horizonte
espaol; pero el mayor brillo del uno modera sin eclipsarla la luz
del otro. La magnanimidad y la virtud, la devocin y el espritu
caballeresco de la Reina, descuellan sobre la poltica fra y
calculada, reservada y astuta del Rey. El Rey es grande, la Reina
eminente. Tendr Espaa prncipes que igualen o excedan a Fernando;
vendr su nieto rodeado de gloria y asombrando al mundo; pasarn
generaciones, dinastas y siglos, antes que aparezca otra Isabel[291].

       [291] _Historia general de Espaa_, tomo I. _Discurso
       preliminar_, pgs. 118 y 119.

Sentimos no estar conformes con la opinin de historiadores tan
ilustres. En nuestro humilde juicio, no son tan negras las tintas
del cuadro de los reyes de la casa de Trastamara, ni tan claras ni
brillantes las que se destacan del de Doa Isabel y D. Fernando.
Creemos que los reinados de Enrique II, Juan I, Enrique III, Juan II y
Enrique IV, prepararon el de los Reyes Catlicos. Si de la reconquista
se trata, ellos continuaron la obra comenzada por sus antepasados, en
particular por los dos ltimos.

Enrique II el de las _Mercedes_, sin embargo de su bastarda, se capt
el amor de sus sbditos. Venci a todos sus enemigos, a unos con su
talento y a otros con su espada. Aunque anhelaba vivamente la paz con
los moros, tuvo a veces que pelear, no sin mostrar bro y pujanza.
Juan I vivi en paz con los muslimes, a los que era aficionado. Gozaba
fama de bondadoso. En sus guerras con Portugal, la fortuna le fu
adversa en la batalla de Aljubarrota. Enfermo de cuerpo, Enrique III
no lo estuvo de alma, pues contuvo a los nobles, se aficion a los
muslimes granadinos y procur con gran inters llenar las arcas vacas
del erario pblico. Admitimos con Mariana que Juan II _no tena mucha
capacidad_; pero afirmamos que no le faltaban excelentes cualidades.
Honr durante todo su reinado a los hombres de talento, y mostr su
generosidad lo mismo con sus amigos que con sus enemigos. Ejercitbase
en las ciencias, en las letras y en las artes. Cultiv la lengua
latina, en la cual--segn el cronista Prez de Guzmn--fu _asaz
docto_[292]; tambin en la filosofa, poesa y msica, no faltndole
ingenio para las dos ltimas. Dice el cronista que _taa e cantaba e
trovaba e danzaba muy bien_. Puede asegurarse que bajo su proteccin se
elev a un grado hasta entonces desconocido la cultura intelectual en
Castilla.

       [292] _Crn._, pg. 576.

La ciega aficin de D. Juan a su favorito--dice Prescott--es la clave
para juzgar de todas las turbulencias que agitaron al pas durante
los ltimos treinta aos del aquel reinado[293]. Creemos nosotros
que los disturbios hubiesen sido los mismos con o sin la privanza de
D. Alvaro de Luna. Los revoltosos D. Juan y D. Enrique, infantes de
Aragn, confederados con los grandes de Castilla, dividieron el reino
en banderas, mantuvieron siempre viva la llama de la guerra civil,
trayendo conmovidos los pueblos, acobardando al rey y perturbando la
monarqua. Al favorito nadie podr negarle su fidelidad al Monarca y
su valor en los combates. Era, adems, conocedor de la poltica de su
tiempo, dotado de penetracin para descubrir las intenciones ajenas
y de serenidad para ocultar las suyas, infatigable en el trabajo y
perseverante en sus propsitos.

       [293] _Historia de los Reyes Catlicos_, tomo I, pg. 114.

Si Juan II se mostr siempre aptico, si no supo contener los tumultos
y rebeliones que se sucedieron unos despus de otros, si no castig
con mano de hierro a los revoltosos magnates--siguiendo en esto la
misma conducta del insigne y nunca bastante alabado Alfonso X, _el
Sabio_--debe ser justamente censurado; pero no se olvide que durante
su menor edad, el almirante Alonso Enrquez destroz la escuadra de
Marruecos, y D. Fernando de Antequera tom a Zahara, venci en la
batalla de las Yeguas y conquist a Antequera. No se olvide tampoco que
tiempo adelante el privado D. Alvaro de Luna lleg cerca de Granada y
gan la importante batalla de la Higueruela o de Sierra Elvira, que
el primer marqus de Santillana se apoder de Huelma en las fronteras
de Jan, y que Alfonso Fajardo, gobernador de Lorca, obtuvo sealado
triunfo peleando con las tropas de Osmin, Rey de Granada.

Por lo que respecta a Enrique IV, los historiadores le han juzgado con
una parcialidad como no hay ejemplo, llegando a decir que lo nico
bueno que hizo fu morirse. Reconocen algunos que se distingua por su
carcter benigno y por una bondad, que poda llamarse familiaridad,
con los inferiores. Su generosidad no tuvo lmites, hasta el punto
que le mereci el renombre de _el Liberal_. La vida de un hombre no
tiene precio--deca--y no se debe en manera alguna consentir que la
aventure en las batallas. Lafuente, que sigue al pie de la letra los
relatos y juicios de Prescott, aade que cuando el emir de Granada
tuvo noticia de la mxima monacal del Rey cristiano, hubo de decir:
que en el principio lo hubiera dado todo, inclusos sus hijos, por
conservar la paz en su reino, pero que despus no dara nada. Dijera
o no dijera tales palabras el granadino--cosa que no tiene importancia
alguna--opinamos que no merecen censura las dictadas por el generoso y
noble espritu de Enrique IV. No negaremos que era dbil de carcter y
que grandes y prelados vilipendiaron el trono. Tambin repetiremos una
vez ms que era prdigo en mercedes, generoso y en la clemencia--como
escribe Mariana--fu demasiado. De su amor a las bellas artes son
prueba las fbricas que hizo levantar en Madrid y Segovia. Nosotros
recordaremos que corriendo los aos 1455, 1456 y 1457, realiz tres
expediciones a Andaluca, logrando que el granadino se le ofreciese
por vasallo y se comprometiera a enviarle anualmente diez mil doblas
y seiscientos cristianos cautivos. Pasado algn tiempo y rotas las
paces entre cristianos y moros, Enrique IV tom posesin de Gibraltar
ganado por los suyos y entr a saco por tierras granadinas; pero le
sali al encuentro el Sultn y se reanudaron las paces. Sin embargo
de la enemiga de los orgullosos magnates, de la insurreccin de su
hermano Alfonso y de los disgustos que le di su hermana Isabel,
contribuy ms de lo que se cree--como escribe Fernndez y Gonzlez--a
debilitar el reino de Granada, dejando una rica herencia para lo
porvenir a sus inmediatos sucesores[294]. Por qu le censuraron
con tanto encono los escritores contemporneos? No negaremos que la
conducta del cuarto Enrique se prestaba a censuras, y de su impureza
de costumbres di hartas pruebas. No le perdonaron aquellos autores la
aficin que tuvo a las inclinaciones de los muslimes, y aun pudiramos
decir a las creencias musulmanas. Nada nuevo aadiremos al notar que
si Enrique IV tena aficiones a los musulmanes, no era l slo, sino
toda aquella sociedad. La civilizacin rabe vena desde tiempos
anteriores infiltrndose poco a poco en la vida y costumbres de los
cristianos. Jvenes espaoles estudiaban la lengua rabe, asistan a
las escuelas de los moros, no dejaban de la mano los libros publicados
o traducidos por los hijos del Profeta. A las fiestas y torneos que se
celebraban en el reino de Granada acudan caballeros cristianos, los
cuales correspondan galantemente con otras invitaciones. Cristianos
amaban a moras y moros a cristianas. Poetas cristianos cantaban la
belleza de la hija de algn cad y trovadores musulmanes dedicaban
sus versos a la hermosa compaera de algn magnate espaol. Jvenes
andaluces acompaaban a las castellanas en los paseos, en las corridas
de caballos o de toros, y a veces llegaban a esperarlas a la salida de
las iglesias; a su vez los cristianos no miraban con malos ojos, cuando
de cosas de amor se trataba, el que las jvenes moras leyesen con mayor
o menor fervor el libro del Profeta.

       [294] _Los Mudjares de Castilla_, pgs. 195 y 196.

Adems--y cumplimos un deber diciendo lo que creemos
verdadero--aduladores cronistas, olvidndose de la elevada misin del
historiador, quisieron congraciarse con los Reyes Catlicos maltratando
a Enrique IV.

Debemos detenernos un poco en el reinado de los Reyes Catlicos. Cierto
es que la unin de las coronas de Aragn y Castilla contribuy al
esplendor y grandeza de la monarqua, cuyo timbre de gloria ms grande
ser haber puesto un freno a las demasas de los nobles, robusteciendo,
por tanto, el poder real. En las cortes de Madrigal de 1476,
convocadas--segn dice muy acertadamente Hernando del Pulgar--para
dar orden en aquellos robos e guerras que en el reino se facan, se
reglament la Santa Hermandad y se reorganiz la administracin de
justicia, logrando la reina, como escribe el laborioso escritor,
hacer que el labrador y el oficial no estuviesen sojuzgados por el
caballero, y que la sentencia de un par de jueces fuese ms respetada
que un ejrcito[295]. Ms importantes, no slo que las cortes de
Madrigal, sino que todas las celebradas por D. Fernando y D. Isabel,
fueron las de Toledo del ao 1480, en las cuales afirma con mucha
razn Galindez de Carvajal se hicieron las leyes y las declaratorias,
todo tan bien mirado y ordenado que pareca obra divina para remedio y
ordenacin de las desrdenes pasadas[296]. Consiguise en poco tiempo
que la justicia imperara en las grandes y pequeas poblaciones, en
las ciudades y en los campos. Mejoraron la administracin pblica y la
hacienda, procurando poner orden y paz en el pas.

       [295] Colmenares, en su _Historia de Segovia_, al exponer la
       primera aplicacin de la Santa Hermandad, dice lo siguiente:
       Uno de sus primeros efectos fu en nuestra ciudad; porque
       llegando alguna gente de mala sospecha y peor traza, con
       algunos moros, que dezan ser criados del Rey a hospedarle en
       Zamarramala, arrabal (como hemos dicho), de nuestra ciudad,
       pidiendo aposento como soldados, les fu respondido como
       tenan privilegio de pechos y aposentos, por la vela que
       hacan en los alczares, que todo permanece hoy. La gente era
       inquieta, los vecinos briosos; vinieron a las manos; hubo
       heridos y muertos. Spose en la ciudad la revuelta; la _Santa
       Hermandad_ despach ministros, que prendiendo a algunos,
       averiguada con verdad la causa, los asaltaron, con que se
       tema ms y se robaba menos. Pgs. 386 y 387.

       [296] _Anales breves_ en la _Coleccin de documentos
       inditos_, tomo XVIII, 267.

Por lo que atae a la inquisicin, publicada la Bula (da 1. de
noviembre de 1478), por Sixto IV, concediendo facultad a D. Fernando
y D. Isabel para elegir tres prelados u otros eclesisticos doctores
o licenciados, de buena vida y costumbres, para que inquiriesen y
procediesen contra herejes y apstatas de sus reinos, los mencionados
monarcas, hallndose en Medina del Campo, nombraron (17 de septiembre
de 1480) primeros inquisidores a los dominicos Fr. Miguel Morillo y
Fray Juan de San Martn, juntamente con otros dos eclesisticos, como
asesor el uno y como fiscal el otro, facultndoles para establecer la
inquisicin en Sevilla. Comenz en seguida el nuevo tribunal a ejercer
sus funciones, adquiriendo suma importancia cuando el Papa expidi un
breve nombrando (2 de agosto de 1483) inquisidor general de la corona
de Castilla a Fray Toms de Torquemada, prior del convento de dominicos
de Segovia, cuyo nombramiento hizo extensivo despus (17 de octubre de
dicho ao) a la corona de Aragn.

Por qu la reina Catlica se fij en Fray Toms de Torquemada para
el cargo de inquisidor general y no en Talavera, Gonzlez de Mendoza
o Cisneros? Era el primero--como dice Lafuente--, el representante
del fanatismo ms furioso e implacable[297]. Eran los segundos, tres
grandes lumbreras que sobraban por s solas para derramar copiosa luz
por el vasto horizonte de un siglo[298].

       [297] _Hist. de Espaa_, tomo IX, pg. 511.

       [298] Ibidem, pg. 518.

Dgase lo que se quiera en contrario, los Reyes Catlicos, con una
irreflexin o torpeza como no hay ejemplo--pues nada importa que la
opinin general del pueblo espaol estuviese conforme con ello o que el
espritu del siglo fuese la intolerancia y la persecucin--, crearon el
tribunal ms terrible que registra la historia y nombraron Inquisidor
general al hombre ms cruel de todos los tiempos.

Bernldez, cura de los Palacios, historiador coetneo, dice que
desde 1482 a 1489, hubo en Sevilla ms de 700 quemados y ms de
5.000 penitenciados, sin designar el nmero de los castigados en
estatua[299]. Zurita, aade, que en sola la Inquisicin de Sevilla,
desde que pasaron los trminos de la gracia hasta el ao de 1520, se
quemaron ms de 4.000 personas y se reconciliaron ms de 30.000.
Hllase (contina) memoria de autor, en esta parte muy diligente,
que afirma que esta parte que aqu se seala es muy defectuosa, y que
se ha de tener por cierto y averiguado que slo en el arzobispado
de Sevilla, entre vivos y muertos y absentes, fueron condenados por
herejes que judaizaban ms de 100.000 personas, con los reconciliados
al gremio de la iglesia[300]. Mariana escribe: Public el dicho
inquisidor (Torquemada) edictos en que ofreca perdn a todos los
que de su voluntad se presentasen: con esta esperanza dicen se
reconciliaron hasta 17.000 personas entre hombres y mujeres de todas
edades y estados; 2.000 personas fueron quemadas, sin otro mayor nmero
de los que se huyeron a las provincias comarcanas[301]. No se olvide
que en el ao 1489, adems del de Sevilla, haba otros tribunales del
Santo Oficio en Crdoba, Jan, Villarreal (que se traslad a Toledo),
Valladolid, Calahorra, Murcia, Cuenca, Zaragoza, Valencia, Barcelona,
Mallorca y los tres de Extremadura; y en cada uno de ellos solan
celebrarse autos de fe cuatro veces al ao.

       [299] _Reyes Catlicos_, caps., XLIII y XLIV.

       [300] _Anal. de Aragn_, lib. XX, cap. XLIX.

       [301] _Hist. de Espaa_, lib. XXIV, cap. XVII.

Pasando a otro punto no habremos de negar que Isabel y Fernando
realizaron prudente poltica, publicando las _Ordenanzas Reales_ de
Montalvo, incorporando a la Corona los Maestrazgos de las rdenes
militares, reformando los tributos, fomentando la marina mercante,
organizando el ejrcito y tomando a Granada (2 enero 1492). Seales
eran todas de la radical transformacin que se operaba en la nacin
espaola.

En el citado ao, cuando todo anunciaba bienes sin cuento, un hecho
de transcendencia suma vino a nublar el horizonte de Espaa: los
Reyes Catlicos--no el terrible inquisidor Torquemada, como dicen los
cronistas--publicaron el cruel edicto del 31 de marzo de 1492 arrojando
a los hebreos de los dominios espaoles. Qu nmero de judos
salieron de Espaa? El cronista Bernldez dice que unos 170 a 180.000
individuos[302], y Mariana los hace subir a 800.000[303]. El nmero
mayor o menor importa poco; lo que importa consignar es que los Reyes
Catlicos faltaron a las leyes de la humanidad con la publicacin del
mencionado edicto.

       [302] _Reyes Catlicos_, cap. CX.

       [303] _Historia de Espaa_, lib. XXVI, cap. I.

Posteriormente pelearon nuestros monarcas con una tenacidad rayana a
la imprudencia en Italia, sacando de all, el Gran Capitn, gloria
inmarcesible, y los espaoles aficin a la lengua, a la poesa y a
todas las artes italianas.

[Ilustracin:

FOTOTIPIA LACOSTE.--MADRID.

FERNANDO EL CATLICO.]

Dejando a poetas y cronistas que forjen toda clase de novelas alrededor
de Isabel la Catlica, pues si para los primeros era tanta su virtud

    _que haca se apartara de su lado_
    _hasta la sombra misma del pecado,_

acerca de los segundos recordaremos que el cura de los Palacios la
compara a Santa Helena, madre de Constantino, y el venerable D. Juan
de Palafox, obispo de Osma, a Santa Teresa. Entre los historiadores
modernos, el conde de Montalembert dice que era la ms noble criatura
que jams haya reinado sobre los hombres, y Cnovas del Castillo
la llama _veneranda princesa, excelsa Reina y la mujer ms grande
de la historia_[304]. Dejando exagerados relatos, nosotros, aunque
sin autoridad alguna, queremos consignar que la reina Isabel no fu
superior a otras reinas de Espaa.

       [304] _Conferencia inaugural con motivo del cuarto Centenario
       del descubrimiento de Amrica, pronunciada en el Ateneo de
       Madrid el 11 de febrero de 1891_, pg. 17.

Cierto es que nadie podr negar que tanto Isabel como Fernando
realizaron hechos, unos dignos de alabanza y otros censurables. Merecen
alabanzas la organizacin de la Santa Hermandad, la incorporacin a
la corona de los maestrazgos de las Ordenes militares y la conquista
de Granada; y merecen censura el establecimiento del Tribunal de la
Inquisicin y la expulsin de los israelitas. Tampoco aprobamos la
conducta que sigui Isabel con su hermano Enrique IV ni con su sobrina
Juana. Ni Isabel ni Fernando estuvieron acertados en el nombramiento
de inquisidores; no fueron generosos ni con Gonzalo de Crdova, ni
con Coln, ni con Jimnez de Cisneros; no se valieron, por ltimo, de
buenos y justos medios para arrojar de Espaa a Boabdil, quien viva
contento en sus tierras de las Alpujarras.

Sobre la poltica de los Reyes Catlicos en el Nuevo Mundo, no seramos
imparciales si pasramos en silencio dos cargos: uno, la poca clemencia
tenida con los indios; otro, el funesto sistema de administracin
colonial. La reina Isabel--como mostraremos en su lugar--no tuvo reparo
en autorizar la venta de sus infelices indios, como tampoco se opuso a
que los hijos de Canarias se vendiesen en las plazas de las ciudades de
Andaluca.

Creyendo los espaoles que la mayor riqueza de un pas consista en la
mayor abundancia de oro, buscaban el precioso metal en las entraas de
la tierra y olvidaban la riqueza que tenan en la superficie de dicha
tierra.

Y como un error engendra otro error, prohibieron la exportacin del
oro y el comercio de los productos indgenas, logrando que el valor
de aquel metal disminuyese, y el valor de las mercancas aumentara.
De aqu que el laborioso pueblo espaol se transformara en un pueblo
indolente, poco trabajador y vicioso.

Respecto a la pureza de costumbres y moralidad, dice Fernndez de
Oviedo que ans tenan hijos los frailes y monjas como si no fuesen
religiosos[305]. Consideramos como cuento aquello de que la reina
Isabel vesta de camisas hiladas por su mano, y el rey Fernando
renovaba ms de una vez las gastadas mangas de un mismo jubn[306].

       [305] _Eplogo real, imperial y pontifical._

       [306] Vase Lafuente, _Hist. de Espaa_, tom. XI, pg. 55.

Del aspecto moral y poltico pasaremos a la cultura y al movimiento
intelectual. No se olvide que D. Pedro Lpez de Ayala fu cronista de
Pedro el _Cruel_, de Enrique II, de Juan I y de Enrique III. No se
olvide que poetas y prosistas brillaron en la corte de los reyes de
la dinasta de Trastamara. Recordaremos que Juan II form una corte
potica que se compona de lo ms granado de la nobleza castellana.
A la cabeza de aquellos poetas y escritores, figuraba D. Enrique de
Villena, pariente de Juan II de Castilla y de Fernando I de Aragn, el
cual no se limit al estudio de la poesa y de la amena literatura,
sino que tambin cultiv la filosofa, las matemticas y la astrologa,
ciencias, en especial la ltima, que le valieron la fama de mgico y
de nigromntico[307]. La ms estimada de todas sus obras en prosa, es
la intitulada _Libro de los doce trabajos de Hrcules_. Don Enrique
tuvo un doncel llamado Macas el _Enamorado_: su amor a una mujer
casada fu la causa de su muerte. El marqus de Santillana, a quien
se llam gloria y delicias de la corte de Castilla, figura a la
cabeza de los poetas ms inspirados y de los prosistas ms famosos.
Entre sus obras doctrinales e histricas, citaremos los _Proverbios_;
entre las de recreacin, _Preguntas y respuestas de Juan de Mena y
el marqus de Santillana_; entre las de devocin, la canonizacin de
los bienaventurados santos Vicente Ferrer, predicador, y Pedro de
Villacreces, frayre menor; y entre las amorosas, _El sueo, Querella de
amor_ y las _Serranillas_. Adems, escribi obras en prosa y _Refranes
que dicen las viejas tras el fuego_. No encontramos nada ms dulce y
flido que algunas estrofas de las canciones tituladas _Serranillas_.
As comienza la serranilla III:


I

      Despus que nasc,
    non vi tal serrana
    como esta maana.


II

      All a la vegela,
    a Mata el Espino,
    en esse camino
    que va a Lozoyuela,
    de guissa la vi
    que me fizo gana
    la fructa temprana.
    ...................

       [307] No fu marqus de Villena, aunque Pellicer y otros
       autores lo llaman as. Lo fu su abuelo D. Alfonso; pero no su
       hijo D. Pedro, ni su nieto D. Enrique, de quien nos ocupamos.

De la serranilla VI copiaremos lo siguiente:


I

      Moza tan fermosa
    non v en la frontera,
    como una vaquera
    de la Finojosa.


II

      Faciendo la via
    del Calatraveo
    a Sancta Maria,
    vencido del sueo
    por tierra fragosa
    perd la carrera,
      do v la vaquera
    de la Finojosa.


III

      En un verde prado
    de rosas  flores,
    guardando ganado
    con otros pastores,
    la v tan graciosa
    que apenas creyera
    que fuesse vaquera
    de la Finojosa.
    ..................[308]

       [308] Amador de los Ros, _Obras del Marqus de Santillana_,
       pgs. 467 y siguientes.

Al lado de D. Enrique de Villena y del marqus de Santillana, podemos
colocar al cordobs Juan de Mena, autor, entre otras composiciones, del
_Laberynto_, llamada tambin _Las trescientas_, por ser ste el nmero
de las coplas de obra tan excelente. Propsose Juan de Mena en la
citada obra imitar al Dante, y as como el autor de la _Divina Comedia_
se deja conducir por Beatriz, el poeta espaol se deja llevar por la
Providencia bajo la forma de hermosa doncella.

Pertenece igualmente al reinado de Juan II el judo converso Juan
Alfonso de Baena, natural de la villa que le di su nombre, en la
provincia de Crdoba, y autor del _Cancionero_. En el mismo reinado
floreci Antn de Montoro, que emple principalmente su musa en la
stira.

Del tiempo de Enrique IV son los hermanos Gmez y Rodrigo Manrique,
sobrinos del marqus de Santillana. Don Gmez logr justa y merecida
fama, ya por su obra _Prosecucin de los vicios y virtudes_, ya por su
poema _A la muerte del marqus de Santillana_. Pero el que aventaj
a todos, por la ternura de sentimiento y por la natural fluidez, fu
Jorge Manrique, hijo de D. Rodrigo y el ltimo vstago de familia tan
esclarecida. La muerte de su padre, acaecida dos aos despus de la de
Enrique IV, es la ms bella y delicada de sus composiciones; elega
que, con el nombre de _Coplas de Jorge Manrique_, goza de reputacin
universal. Por las siguientes estancias, que transcribimos de dichas
_Coplas_, puede juzgarse su inestimable valor:

      Recuerde el alma adormida,
    avive el seso y despierte
          contemplando
    cmo se pasa la vida,
    cmo se viene la muerte
          tan callando.

    Cun presto se va el placer,
    cmo despus de acordado
          da dolor;

    Cmo a nuestro parecer
    cualquiera tiempo pasado
          fu mejor.

    .............................
      Nuestras vidas son los ros
    que van a dar en la mar,
    que es el morir;
    all van los seoros
    derechos a se acabar
    y consumir.

Otro poeta de tanta fama, aunque no de tanto mrito, como Jorge
Manrique, floreci en aquellos tiempos: llambase Juan Alvarez Gato. De
l dijo D. Gmez Manrique que _fablaba perlas y plata_.

No sera justo pasar en silencio las clebres coplas de _Mingo
Revulgo_, cuya paternidad se atribuye a Rodrigo de Cota y que
circularon por Castilla profusamente en las postrimeras del reinado de
Enrique IV.

Por lo que a la historia se refiere, aunque fueron varios ingenios
los que trabajaron en la Crnica de Juan II, tales como Alvar Garca
de Santa Mara, Juan de Mena, Diego de Valera, y tal vez algn otro,
no hay duda de que su ordenacin se debi al insigne Fernan Prez de
Guzmn, quien, como escribe Galndez de Carvajal, cogi de cada uno
lo que le pareci ms probable, y abrevi algunas cosas, tomando la
substancia de ellas. No fueron menos notables los cronistas de Enrique
IV, Enrquez del Castillo y Alonso de Palencia, partidario aqul y
adversario el ltimo del desgraciado monarca.

Recordaremos, por ltimo, el nombre de Alvar Garca de Santa Mara,
judo converso y autor de una de las crnicas de D. Alvaro de Luna; el
de D. Alfonso de Madrigal, Obispo de Avila, conocido por el _Abulense_,
y ms todava con el nombre vulgar de el _Tostado_, persona
esclarecida--dice el P. Mariana--por lo mucho que dej escrito y por
el conocimiento de la antigedad, y su varia erudicin que pareca
milagro[309].

       [309] _Hist. de Espaa_, tomo II, libro XXI, cap. XVIII.

Acerca de la cultura literaria en tiempo de los Reyes Catlicos,
nuestras primeras palabras sern para decir que en el mismo ao que
ci la corona Isabel, se introdujo en Espaa la imprenta, invencin
que deba hacer social revolucin en el mundo. Cultivronse las letras,
aunque no realizaron los progresos que era de esperar, dado el impulso
iniciado en Italia y en Alemania, y dado el espritu innovador del
Renacimiento. No negaremos que los doctos varones que vinieron de
Italia, como los hermanos Geraldino, Pedro Mrtir de Anglera y Lucio
Marineo Sculo, hicieron adelantar aquellos estudios, que estaban
ms atrasados en Espaa. La cultura clsica de la Reina; la slida
educacin que daba a su hijo, el prncipe D. Juan y a sus hijas; el
cultivo que de la lengua latina hicieron Doa Beatriz de Galindo (la
_Latina_), Doa Francisca de Lebrija, Doa Luca de Medrano, Doa Mara
Pacheco y la marquesa de Monteagudo (hijas las dos ltimas del Conde
de Tendilla y la primera mujer de Juan de Padilla) y otras, merecen
alabanzas. Cierto es que las Universidades, Estudios generales y
Academias se hallaban concurridos por una juventud aplicada y deseosa
de saber. De Gonzalo Fernndez de Oviedo, autor de la _Historia
general y natural de las Indias_ y de algunos ms escritores, poco
podremos decir en su elogio. Ni la jurisprudencia, a pesar de Daz de
Montalvo, ni ninguna de las ciencias se coloc a gran altura, ni aun
las mismas sagradas y eclesisticas. Poetas y trovadores no faltaban
en la corte, bien que ninguno de aqullos poda compararse con Juan
de Mena, ni con el marqus de Santillana, astros brillantes del
reinado de Juan II. Si se echaron los cimientos del teatro, justo ser
recordar que ya en Italia haban adquirido carta de naturaleza las
comedias, siendo de advertir que las del extremeo Bartolom Torres
Naharro fueron representadas en dicha nacin y no en Espaa. De Italia
tambin vinieron por entonces los primeros maestros de las Bellas Artes
(arquitectura, escultura, pintura y msica).

Dejando el relato de todos estos hechos para la historia poltica y
para la historia de la literatura de Espaa, recordemos con alegra
que procedentes del vecino reino de Portugal, no sabemos si por mar
o por tierra, llegaron a Espaa dos extranjeros, de edad madura el
uno y nio el otro. Debi de acaecer todo esto entre fines de 1484 y
comienzos de 1485. El primero, o sea el hombre de edad madura, vena
decidido a ofrecer a los Reyes Catlicos el imperio que poco antes
haba rehusado Juan II, rey de Portugal. Y nos encontramos ante Coln y
el descubrimiento del Nuevo Mundo. Haba sonado la hora fijada por la
Providencia para que todo el Mundo Nuevo, no parte de l, se comunicara
con Asia, Africa y Europa. Jams la fortuna se mostr ms propicia con
ningn Rey.




CAPTULO XVII

  DESCUBRIMIENTOS ANTERIORES AL DEL NUEVO MUNDO.--EL PRESTE
  JUAN.--VIAJE DE MARCO POLO.--DE IMAGINE MUNDI DE PEDRO DE
  AILLY.--SUPUESTAS CARTAS DE TOSCANELLI A COLN.--EXPEDICIONES DE
  ENRIQUE EL NAVEGANTE.--IMPORTANCIA DE ESTAS EXPEDICIONES.--VIAJES
  DE DIEGO GMEZ.--LOS CONOCIMIENTOS GEOGRFICOS EN AQUELLOS
  TIEMPOS.--LA ASTRONOMA.--VIAJES DE DIEGO CAO.--EL COSMGRAFO
  BEHAIM: SU FAMOSO GLOBO.--EXPEDICIN DE BARTOLOM DAZ.--VIAJES DE
  COVILHAM Y PAIVA.


Somos de opinin que tiene inters en una Historia de Amrica este
captulo, pues sin el estudio de ciertas noticias y determinados
viajes, no podramos explicar hechos relacionados, ms o menos
directamente, con el descubrimiento realizado por el insigne genovs.

Entre las noticias ms peregrinas que corrieron por Europa en el
siglo XIII, se halla la de un personaje misterioso, conocido con
el nombre de _Preste Juan_ o _Rey sacerdote_. Decase que reinaba
sobre un pueblo cristiano. La primera noticia del Preste Juan la
encontramos en los escritos del historiador alemn Otn de Freising,
hermano poltico del emperador Conrado III, de Alemania[310]. Escribe
el mencionado historiador que, habiendo encontrado en el ao 1145
en Viterbo (Italia), al obispo de Gabula (hoy Jibal, en el Norte de
Siria), le haba dicho, no sin derramar algunas lgrimas, los peligros
que amenazaban all a la Iglesia cristiana desde la cada de Edesa.
Haca pocos aos, segn dicho prelado, que en el lejano Oriente, ms
all de la Armenia y de la Persia, apareci un tal Juan, sacerdote y
monarca al mismo tiempo, que reinaba sobre un pueblo nestoriano. Juan,
despus de conquistar a Ecbatana, capital de la Media, venci en una
batalla de tres das a los hermanos sandyardos (Mohamed y Sandyar),
que tiranizaban a Persia y Media, y avanzando ms al Oeste para llevar
auxilio a la oprimida iglesia de Jerusaln, tuvo que retroceder por no
poder pasar el caudaloso ro Tigris.

       [310] Vase Dr. Sophus Ruge, _Hist. de la poca de los
       descubrimientos geogrficos_, pgs. 15 y siguientes.--_Hist.
       Universal_, de Oncken, tom. III.

Quin era el Preste Juan? Los cronistas han buscado en vano al famoso
monarca presbtero; Marco Polo (1254-1323) lo confunde, unas veces con
Ungchan, rey de los Keraitas, y otras con Jeliutache, primo del ltimo
soberano de Catay y fundador de un imperio al Oeste del ro Lop-nor.
En el siglo XIV se crey haberlo encontrado en la persona del rey
cristiano de Abisinia; en los comienzos del XV, Enrique el _Navegante_
lo busc en el mencionado pas y a fines de la misma centuria, y aun
en la siguiente, los reyes de Portugal enviaban embajadas, deseosos de
hallarle.

Marco Polo, ya con su padre Nicols, ya con su to, de nombre tambin
Marco, realiz muchos viajes aumentando los conocimientos geogrficos
del Oriente en Europa, teniendo la gloria de ser el viajero ms
conocido de los tiempos medios. Las noticias del clebre veneciano
constituyeron durante mucho tiempo en Europa lo fundamental de la
Geografa y Cartografa del Oriente. Resumamos, dice Sophus Ruge,
los resultados del famoso viaje de Marco Polo, que dur veinticuatro
aos, desde el 1271 hasta el 1295. Marco Polo fu el primer viajero
que atraves toda el Asia, de un extremo a otro, y que describi los
diferentes pases, los desiertos de la Persia, las altas mesetas con
sus verdes pastos y las barrancas espantosas de Badajchan, los ros que
llevan lapiz-lzuli del Turkestn Oriental, los pramos inhospitalarios
de la Mongolia, la ostentosa corte imperial de Pekn y los innumerables
habitantes de la China. Refiri lo que supo del Japn, con sus palacios
cubiertos de oro, y de Birmania, con sus pagodas del mismo metal, y fu
tambin el primero que descubri las islas deliciosas de la Sonda con
sus especias y aromas, las islas lejanas de Java y Sumatra, con sus
muchos reinos, sus preciosos productos y sus habitantes canbales. Vi
a Ceiln con sus montaas sagradas; visit muchos puertos de la India y
estudi la extensin y las riquezas de este pas, tan fabuloso entonces
para los europeos. El fu el primero que public una relacin clara del
reino cristiano de Abisinia, que adquiri noticias por un lado hasta de
Madagascar, y por otro del extremo Norte del Asia, de la Siberia, el
pas, segn dice, de las tinieblas, en que no brillan ni sol, ni luna,
ni estrellas, donde domina un crepsculo eterno, y donde se viaja en
trineos tirados por perros o a caballo sobre rengferos, un pas detrs
del cual se extiende el Ocano helado[311].

       [311] Ibidem, pg. 27.

La relacin primitiva de obra tan interesante fu escrita en francs
antiguo, siendo traducida y refundida tiempo adelante en latn y en
italiano. Muchos aos despus se tradujo al alemn con el siguiente
ttulo: Este es el noble caballero Marco Polo de Venecia, el gran
viajero terrestre que nos describe las grandes maravillas del mundo,
desde donde sale el sol hasta donde se pone, cosas que no se han odo
nunca. Esto ha impreso Friczs Creussner, en Nuremberg, el ao del
nacimiento de Cristo 1477.

Goz tambin de mucha popularidad, y se ley con no poco entusiasmo el
tratado conocido con el nombre _De imagine mundi_, escrito por Pedro de
Ailly (en latn, Petrus de Alliaco), cardenal de Cambray[312]. Vena
a ser dicho tratado una compilacin, medianamente hecha, de obras
escolsticas anteriores (ex _pluribus auctoribus recollecta_): de
autores griegos (Aristteles, Ptolomeo, Hegesipo y Juan Damasceno), de
autores latinos (Sneca, Plinio, Solino, Orosio, San Agustn, Isidoro
de Sevilla y Beda), y de autores rabes (Alfragani y Albategni).
De la obra de Ailly sac Coln la mayor parte de sus conocimientos
cosmogrficos y en particular sus ideas, ya sobre la magnitud de la
tierra y poca anchura del Ocano, ya sobre la situacin y naturaleza
del paraso, ya tambin, por ltimo, del prximo fin del mundo.

       [312] Pedro de Ailly (n. en 1350 en Copiegne, y m. en Avignon
       en 1420 o 1425), escribi muchas obras. El tratado _De Imagine
       Mundi_, y otros, se compilaron en Basilea el MCCCCXVIII. Vase
       Bellarmino, _De scriptoribus ecclesiasticis_, tomus septimus,
       pg. 509.

Ciega fe tena Coln en la obra _De Imagine Mundi_. En el captulo VIII
se trata de la magnitud de la Tierra, y tanto crdito di el Almirante
a la doctrina del Cardenal que, en la carta escrita en su tercer viaje
desde Hait en 1498, copi un gran trozo de aqul captulo; en l se
afirmaba que para saber la superficie habitable de la tierra deban
tenerse en cuenta el clima y la parte del globo ocupada por el agua.
Dice Ailly en el captulo XII que la zona trrida estaba habitada por
monstruos humanos, lo cual tambin haba dicho San Agustn. Conforme
Coln con la misma idea, en el Diario de su primer viaje se muestra
admirado de no haber encontrado todava los monstruos. En el captulo
XLIX se ocupa de la diversidad de las aguas, y particularmente del
Ocano, haciendo notar que lo mismo Aristteles que su comentador
Averroes, sostienen que la distancia entre la costa occidental del
Africa y la oriental de la India (entindase Asia) no puede ser muy
grande, porque en ambos pases se encuentran elefantes, bien que nadie
le ha medido en nuestro tiempo ni se tiene noticia de ello en los
autores antiguos. Aade en el captulo LI que la extensin de la tierra
habitada desde Espaa hacia el Oriente o la India, es mucho mayor que
la media circunferencia de dicha tierra. Sostiene el Cardenal Ailly en
el captulo LV, que el paraso terrenal est situado--segn los datos
de Isidoro, Juan Damasceno, Beda y otros--en el lugar ms delicioso
del Oriente, lejos de nuestra regin habitada, en un sitio tan elevado
que casi toca con la Luna, donde no pudo llegar el diluvio universal.
Antes, en el captulo VII, dijo que a pesar de hallarle el paraso
junto al Ecuador, tena un clima muy templado a causa de su gran
elevacin.

No hemos de pasar en silencio otra proposicin del citado cardenal.
Encuntrase en su tratado que lleva por ttulo _Vigintiloquium de
concordantia astronomic veritatis cum theologa_[313], pgina 181,
referente a la edad de la tierra y a la poca del juicio final.
Calcula siguiendo a Beda--escribe el Dr. Ruge--que desde la creacin
hasta el nacimiento de Jesucristo haban pasado 5.199 aos; de suerte
que en 1501 de nuestra era iban transcurridos 6.700; y como el juicio
final deba ocurrir 7.000 despus de la creacin, resultaba prximo
el fin del mundo. Coln entretegi tambin esta idea en su proyecto,
aunque difiri algo en el cmputo[314].

       [313] Vase Bellarmino, _Descritoribus ecclesiasticis_, tomus
       septimus, pg. 509.

       [314] _Hist. de la poca de los descubrimientos geogrficos_,
       pgs. 15 y siguientes.

Llegaron a Coln noticias del Preste Juan? Posible es que nada
supiera del famoso personaje. Tuvo noticia de los viajes de Marco
Polo? En ninguna parte menciona al ilustre veneciano. Acerca de la
correspondencia que--segn Don Fernando Coln--tuvo el Almirante con el
mdico florentino Pablo Toscanelli, no cabe duda que es apcrifa, como
ha probado el Sr. Altolaguirre[315]. Sin embargo de ello, trasladaremos
aqu las supuestas cartas del sabio italiano.

       [315] _Cristbal Coln y Pablo del Pozzo Toscanelli_, pgs.
       363-397.

A Cristbal Columbo, Paulo, fsico, salud: Yo veo el magnfico y
grande tu deseo para haber de pasar a donde nace la especiera, y por
respuesta de tu carta te envo el traslado de otra carta que ha das
yo escrib a un amigo y familiar del Serensimo Rey de Portugal[316],
antes de las guerras de Castilla, a respuesta de otra que por comisin
de S. A. me escribi sobre el dicho caso, y te invio otra tal carta de
marear como es la que yo le invi[317], por la cual sers satisfecho de
tus demandas, cuyo traslado es el que sigue. Copia en seguida la carta
escrita a Martins y cierra con la data Florencia 25 de junio de 1574.

       [316] Hernn Martins, cannigo de Lisboa. Esta correspondencia
       es autntica.

       [317] Desgraciadamente, la carta de marear mandada a Martins
       se ha perdido.

Don Fernando insert despus la segunda carta que copiamos: A
Cristbal Coln, Paulo, fsico, salud: Yo rescib tus cartas con las
cosas que me enviaste, y con ellas rescib gran merced. Yo veo el tu
deseo magnifico y grande a navegar en las partes de Levante por las
de Poniente, como por la carta que yo te invio se amuestra, la cual
se amostrar mejor en forma de esfera redonda; plceme mucho sea bien
entendida, y que es el dicho viaje no solamente posible, mas que es
verdadero y cierto e de honra e ganancia inestimable y de grandisima
fama entre todos los cristianos. Mas vos no lo podreis bien conocer
perfectamente, salvo con la experiencia o con la platica, como yo la
he tenido copiosisima, e buena, e verdadera informacion de hombres
magnificos y de grande saber que son venidos de las dichas partidas
aqu en corte de Roma y de otros mercaderes que han tractado mucho
tiempo en aquellas partes, hombres de mucha autoridad. As que cuando
se har el dicho viaje ser a reinos poderosos e ciudades e provincias
nobilisimas, riquisimas de todas maneras de cosas en grande abundancia
y a nosotros mucho necesarias, ansi como de todas maneras de especiera
en gran suma y de joyas en grandisima abundancia. Tambien se ir a los
dichos Reyes y Principes que estn muy ganosos, ms que nos, de haber
tracto e lengua con cristianos de estas nuestras partes, porque grande
parte dellos son cristianos y tambien por haber lengua y tracto con los
hombres sabios y de ingenio de ac, ansi en la religin como en todas
las otras ciencias, por la gran fama de los imperios y regimientos
que han destas nuestras partes; por las cuales cosas todas y otras
muchas que se podran decir, no me maravillo que tu, que eres de
grande corazon, y toda la nacion de portugueses, que han seido siempre
hombres generosos en todas grandes empresas, te vea con el corazon
encendido y gran deseo de poner en obra el dicho viaje. Puede, pues,
afirmarse--dice Altolaguirre--que la correspondencia de Toscanelli
con Martins fu en 1474, que hasta dos aos despus no lleg Coln a
Portugal, y como acto seguido emprendi el viaje a Thule, parece lo
cierto que hasta despus de 1478, cuando ya los portugueses haban
desechado y probablemente olvidado el proyecto de Toscanelli, no tuvo
de l conocimiento Cristbal Coln[318]. Se propuso Don Fernando
con tales patraas recabar para su padre la gloria de haber sido
el iniciador del pensamiento de que navegando desde Europa o Africa
directamente al Oeste, era posible arribar a la costa Oriental de
Asia[319].

       [318] _Cristbal Coln y Pablo del Pozzo Toscanelli_, pg. 369.

       [319] Ibidem, pg. 397.

[Ilustracin:

FOTOTIPIA LACOSTE.--MADRID.

ENRIQUE EL NAVEGANTE.]

Entrando ya en el estudio de los descubrimientos geogrficos, colocamos
a la cabeza de los grandes viajeros al infante D. Enrique, llamado el
_Navegante_, quinto hijo del rey Juan I de Portugal (naci el 4 de
marzo de 1394). Habremos de comenzar recordando que Portugal, pobre
rincn de tierra separado de Espaa, si sufri en el siglo VIII, como
toda la Pennsula Ibrica, la dominacin musulmana, pronto logr
expulsar a los moros del territorio lusitano, penetrando luego en
Marruecos y extendiendo su poder en aquellas tierras. Cerca de medio
siglo llevaba el reino de Portugal buscando ocasin de extenderse
allende los mares. A la sazn el representante del espritu aventurero
de la poca fu, sin duda alguna, el citado infante D. Enrique.
Todava muy joven se di a conocer por su espritu belicoso. Juan
I de Portugal arrebat a los sultanes marinitas de Marruecos--ao
de 1415--la ciudad de Ceuta, en la costa meridional del Estrecho de
Gibraltar, siguindose a dicha conquista la de Tnger, Tetun y otras
plazas vecinas del Estrecho. En un combate sangriento contra los
moros de la citada Ceuta, el infante D. Enrique gan las espuelas de
caballero. Cuntase que tanto se distingui en la accin, que Martn
V, Segismundo de Alemania y otros soberanos le hicieron proposiciones
para confiarle el mando de sus ejrcitos. El Papa deseaba enviarle
contra los turcos y el Emperador en el Concilio de Constanza hizo sus
proposiciones al embajador de Portugal, quien deba trasladarlas al
valeroso infante. No hizo caso D. Enrique de tales invitaciones porque
otras ideas bullan en su mente. Subiendo a los muros de la plaza de
Ceuta

    ... con sola su rodela
    y una espada, enarbol
    las quinas en sus almenas.

Desde lo alto de las almenas de la ciudad, para la realizacin de
sus atrevidos proyectos, pudo contemplar, por un lado, el mar, y por
otro, las tierras que esconde el Atlas. Tiempo adelante, el Rey, su
padre, le concedi el ducado de Vizeu y le nombr _Gran Maestre de la
orden de Cristo_, pudiendo ya contar con rentas propias para realizar
sus vastos proyectos. Sin embargo de que la Orden de Cristo haba
sido fundada para combatir a los musulmanes, enemigos de la ley de
Jesucristo, se crey en el deber de atraerse a los hijos del Profeta
por medios ms humanos y justos. No quera seguir la poltica de los
reyes sus antecesores. Volvi de Ceuta con el pensamiento de conquistar
Marruecos por la fuerza de las ideas y de recorrer el mar por el valor
y audacia de sus marinos. Era un hombre enrgico, valeroso y tenaz.
Embargbale la idea de llegar hasta la Guinea (parte Oeste de Africa,
que se extiende desde la Senagambia al Congo), conocida entonces con el
nombre de Guanaja o Ganaja, y de la cual slo se tenan vagas noticias,
pues no se conoca europeo alguno que hubiese visitado aquellas lejanas
tierras. Decase, sin embargo--no sabemos con qu fundamento--que el
oro abundaba en aquellos pases; noticia que di mayores alientos al
infante D. Enrique, deseoso de que Portugal fuese la nica potencia de
Europa que comerciara con los pueblos de la Guinea.

Del mismo modo se propona descubrir--y esto era para l cuestin
de no poca importancia--en qu consista el poder de los moros, los
enemigos mortales de su nacin. Haba notado que en todas las guerras
con la morisma aqullos luchaban solos, dndose el caso que nunca rey
alguno del interior de Africa acudi a prestarles auxilio. Este hecho
y algunos otros, aunque de menos valor, hicieron sospechar al infante
portugus que al Sur de los territorios musulmanes haba quizs pueblos
cristianos, en cuyo caso, contando con la ayuda de los ltimos, los
hijos de Mahoma estaban perdidos cuando se les atacase simultneamente
por el Norte y el Medioda. Anhelaba de igual manera llevar la luz del
Evangelio a regiones desconocidas. Por ltimo, influa su horscopo,
que le declaraba destinado a hacer grandes descubrimientos.

El antiguo cronista Azurara considera que influyeron en el nimo de
D. Enrique los cinco motivos siguientes: 1., saber lo que haba ms
all del cabo Bojador; 2., entrar en relaciones comerciales con los
cristianos que hubiese en aquellas tierras; 3., tener noticia exacta
del podero de los moros de aquella parte de Africa; 4., descubrir si
en aquellos pases existan prncipes que le ayudasen contra los moros,
y 5., acrecentar o extender la religin catlica[320].

       [320] Vase _Chronica do descobrimento e conquista de Guin_.

Contando D. Enrique con el beneplcito del Rey, estableci--en el
promontorio de Sagres en el Algarbe, de cuya provincia era gobernador
vitalicio--su Palacio, el primer Observatorio astronmico de Portugal,
el Arsenal martimo y la Escuela de Cosmografa. Sagres viene a ser
una pea llana, de unos 70 metros de altura, que penetra en el mar ms
de un kilmetro, y termina, no en punta, sino en una especie de maza.
All, en el puerto de Sagres, cerca del cabo de San Vicente, rodeado de
algunos doctos, ya lusitanos, ya de Marruecos y de Fez, olvidndose de
la Tierra Firme, dirigi toda su atencin al vasto Ocano. La poblacin
que tocaba con el promontorio recibi el nombre de _Villa del Infante_.
Dispuso D. Enrique que sus naves se abrigasen en el prximo puerto de
Lagos. Adquiri noticias del Sudn y de las caravanas que traficaban
entre Marruecos, el Senegal y Tombuctu, enviando despus sus buques a
descubrir el gran ro Senegal (llamado _Samaya_ por los portugueses, y
_Ovedech_ por los indgenas).

Entre las expediciones ms importantes organizadas por el infante D.
Enrique citaremos las siguientes: En 1416 envi a Gonzalo Velho a
pasar ms all de las Canarias, y en 1431 descubri las primeras islas
del grupo de las Azores. El ao 1434 Gil Eannes, paje del Infante,
arriesg su vida para doblar el cabo Bojador, y su sucesor Alfonso
Gonzlez Baldaya lleg hasta el ro de Oro, o sea, hasta el lmite
septentrional de la zona trrida. Lleg Nuo Tristn en 1441 al Cabo
Blanco, y dos aos despus a la baha de Arguim. Destinse la isla de
Arguim como centro de operaciones y relaciones mercantiles, fundndose
all la primera colonia portuguesa permanente en Africa, que adquiri
pronto importancia, hasta el punto que a los pocos aos, una Sociedad
mercantil de Lagos (puerto de la villa del Infante) pudo enviar una
flotilla de seis buques. Los portugueses llevaban tejidos (pauelos
de color y mantas de lana), sillas de montar y estribos, trigo, miel,
especias, plata, coral rojo y barreos, que cambiaban por esclavos
negros de Guinea, oro de Tombuctu, camellos, vacas, cabras, pieles de
bfalo y de martas zibelinas, huevos de avestruz y goma arbiga. En
el ao 1445 el intrpido marino Dions Daz (ascendiente de Bartolom
Daz, que veintisis aos despus de la muerte del Infante dobl el
Cabo de Buena Esperanza) pas por delante de la embocadura del Senegal
que separa la raza negra de la blanca, llegando hasta el Cabo Verde.
Consista la importancia de la expedicin en que se haba llegado a
la verdadera tierra de los negros y en que las teoras de Aristteles
y de Ptolomeo acerca de la inhabitabilidad de la zona trrida eran
falsas. Esta teora antigua, que haba prevalecido tantos siglos,
se estrell contra el Cabo Verde, cabiendo este honor al infante
D. Enrique, cuyo lema _Talent de bien faire_ celebr all su mayor
victoria, porque desde entonces se abri para la ciencia geogrfica
un horizonte enteramente nuevo, y el mundo europeo aprendi a fiarse
ms de las observaciones directas que de la autoridad de los filsofos
griegos[321]. Vino a completar este descubrimiento el veneciano Luis
de Mosto, a cuya disposicin puso D. Enrique, pocos aos ms adelante,
una carabela de 90 toneladas a las rdenes de Vicente Daz, los cuales
llegaron hasta el ro Gambia. Relacin minuciosa del viaje public
Mosto y de ella copiamos la siguiente descripcin del Cabo Verde:
El Cabo Verde--dice--trae su nombre de los rboles verdes que all
crecen y que conservan su color casi todo el ao. Lo descubrieron los
portugueses un ao antes de mi llegada, y le dieron este nombre por
la razn indicada, conforme llamaron el Cabo Blanco as por el color
de la arena que lo forma; pero el Cabo Verde es elevado y halaga la
vista. Est entre dos montaas y penetra en el mar con muchas chozas
y viviendas de negros. Hay que notar que al otro lado del Cabo Verde
forma la costa una baha con playas llanas y cubiertas como toda la
costa de multitud de bellsimos y grandsimos rboles verdes, porque
all no caen las hojas viejas hasta que salen las nuevas. Desde lejos
parecen estar a orillas del agua, aunque en realidad estn distantes
un tiro de ballesta. Es una costa bellsima. He viajado hacia Levante
y Poniente y he visto muchos pases, mas ninguno ms hermoso que ste,
baado por muchos ros grandes y pequeos[322]. La descripcin debi
interesar vivamente a D. Enrique, puesto que organiz desde Arguim un
sistema completo de exploracin. Juan Fernndez penetr en el desierto
de Sahara, permaneciendo siete meses entre las tribus salvajes del
interior, al cabo de cuyo tiempo volvi a Sagres a dar cuenta al
Infante, su seor, de lo que haba visto en aquellas tierras. En el ao
siguiente de la expedicin de Daz, Nuo Tristn lleg hasta el ro
Gambia y Alvaro Fernndez casi hasta Sierra Leona. Las tribus prximas
al Gambia eran ms numerosas y valientes que las del Sahara, las cuales
se opusieron al desembarque, logrando con sus flechas envenenadas matar
a la mayor parte de los portugueses sin exceptuar al jefe. Por ltimo,
Diego Gmez, en el ao 1457, con otros intrpidos navegantes subi ro
Gambia arriba hasta la ciudad de Cantos. Esta fu la ltima expedicin
importante que orden D. Enrique.

       [321] Dr. Sophus Ruge, _Historia de la poca de los
       descubrimientos_, pg. 37.--_Historia Universal_, de Oncken,
       tomo VII.

       [322] Ibidem, pg. 37.

Muri navegante tan ilustre en Sagres (13 noviembre 1460), cuando
ya contaba sesenta y seis aos. En sus geogrficas empresas haba
gastado ms de sus recursos, pues en 1449 era en deber a su pariente
Fernando de Braganza la suma enorme de 19.394 coronas de oro[323]. Todo
este dinero lo haba empleado en hacer de Portugal una gran potencia
martima.

       [323] La corona de oro en aquel tiempo vala unas 20 pesetas
       de nuestra moneda.

Aunque a la muerte del Infante disminuy el entusiasmo por los
descubrimientos, sin embargo, en la corte de Portugal se hallaban los
pilotos ms inteligentes y los constructores de barcos ms hbiles; se
vendan las mejores obras de astronoma, los planisferios, los mapa
mundis y las cartas martimas ms exactas. Lisboa, pues, continu
siendo el centro de los estudios geogrficos. Por entonces descubri
Diego Gmez, en compaa del genovs Antonio de Noli, las islas de Cabo
Verde.

Antes de proseguir el estudio de los descubrimientos martimos,
recordaremos los conocimientos geogrficos generales de aquel tiempo.
En la _Margarita philosophica_ del prior cartujo alemn Gregorio
Reisch, publicada en el ao 1496 y reimpresa muchas veces durante el
siglo XVI, se lee lo siguiente: El agua cubri al principio toda la
superficie de la tierra como una niebla fina que se elevaba hasta las
altas regiones. A la orden del Creador, el firmamento separ las aguas
superiores de las inferiores, reunindose stas ltimas en un slo
punto ms profundo y dejando descubierta la tierra firme para los seres
vivientes. De toda la substancia de la tierra y del agua se form un
solo cuerpo esfrico, al cual atribuyeron los eruditos dos centros,
uno de gravedad y otro de volumen. Este ltimo es el que est situado
en el punto medio del eje de toda la esfera formada de la tierra y del
agua, y de consiguiente, en el centro del mundo. Fuera de este centro
est el de gravedad, que es el centro del eje de la tierra slida,
mayor necesariamente que el radio de la esfera formada de la tierra y
del agua, porque, a no ser as, caera el centro del mundo fuera de la
tierra, suposicin que sera la ms necia que pudiera imaginarse en
fsica y en astronoma. La admisin de centros distintos es ineludible,
porque la parte seca de la superficie terrestre es ms ligera que la
cubierta de agua. La tierra seca es ms ligera que la empapada del
agua, y por esta razn no puede ser el centro de gravedad idntico al
de volumen, sino que el primero se halla ms hacia la periferia del
lado del agua que el segundo, y hacia aquella parte se reunirn tambin
las aguas de la tierra, porque as se aproximan ms al centro del
mundo.

El primero que intent la representacin del lado del agua de la
esfera terrestre fu Toscanelli de Florencia, all por el ao 1474.
Ya por entonces se haba introducido nuevo e importante factor que
trajo radical reforma en las teoras dominantes en aquella poca.
Este nuevo e importante factor era el libro de Claudio Ptolomeo
(gegrafo y astrnomo egipcio que floreci en Alejandra por los
aos de 125 a 135 antes de Cristo), intitulado _Almagesto_, obra de
la cual trat el cardenal Pedro de Ailly en su citado tratado _De
imagine Mundi_[324]. Entre los astrnomos ms sabios de aquella poca
sobresale Regiomontano (1436-1476). Para facilitar las observaciones
astronmicas a la orientacin y determinacin de las situaciones
geogrficas, calcul Regiomontano en 1473 las efemrides (tablas que
indican da por da la posicin de los planetas en el Zodiaco) para un
perodo de treinta y dos aos. Tambin el sabio astrnomo invent un
instrumento (llamado _balestilla_ por los portugueses y _ballestilla_,
_flecha_ o _bculo de Jacob_ por los espaoles), para medir la
altura del polo de un astro. El ltimo instrumento lo introdujo en
Portugal Martn Behaim, discpulo del inventor. Durante el reinado de
Alfonso V el _Africano_ (1438-1481)[325], to del infante D. Enrique,
continuaron las expediciones martimas. Juan II (1481-1495) pareca
heredero del espritu de Enrique el _Navegante_. En su tiempo Diego
Cao se hizo a la vela (1484) con dos buques de su propiedad, llevando
en calidad de cosmgrafo a Martn Behaim. Pasaron el Cabo de Santa
Catalina y descubrieron el Congo, el ro ms caudaloso de Africa. Se
atrajo Cao a algunos habitantes con la idea de que aprendiesen el
portugus y servirse luego de ellos en sus relaciones con el rey del
Congo. Cao continu todava hacia el Sur unas 200 leguas, llegando
al Norte del Cabo Negro (1485). Behaim, a la vuelta del viaje, fu
nombrado por el Rey caballero de la Orden de Cristo. Cosmgrafo tan
insigne, despus de su larga residencia en Portugal, y despus de
haber desempeado importantes comisiones cientficas, se retir a su
patria, a Nuremberg (1492), en cuyo ao construy--antes de que Coln
regresara de su primer viaje--el globo terrestre, que ha inmortalizado
su nombre. Debemos advertir que dicho globo, guardado, como precioso
depsito, en Nuremberg, es--como Mr. Davezac sostuvo en el Congreso
Geogrfico de Amberes de 1871, y cuya proposicin aprob la sabia
Corporacin--una reproduccin, en la parte que al Extremo Oriente se
refiere, de la carta de navegar de Toscanelli. En el globo de Martn
de Behaim se ven indicadas ya las longitudes y las latitudes, siendo
de notar los grandes errores cometidos en las ltimas. En cambio, las
inscripciones que hay en l son muy interesantes. Lese lo siguiente
en uno de sus ngulos: Spase como esta figura del globo representa
toda la extensin de la tierra, tanto en longitud como en latitud,
medida geomtricamente, parte, segn lo que Ptolomeo dice en su libro
titulado _Cosmografa_; el resto, segn el caballero Marco Polo, que
desde Venecia viaj por el Oriente el ao de 1250, y tambin segn lo
que el respetable, docto y caballero Juan de Mandeville dijo, en 1322,
de los pases orientales desconocidos de Ptolomeo, con todas las islas
pertenecientes a aquel continente, de donde nos vienen las especias
y las piedras preciosas. Mas el ilustre D. Juan, rey de Portugal,
ha hecho visitar por sus naves, en 1485, todo el resto de la parte
del globo, hacia el Medioda, que Ptolomeo no conoci, en el cual
descubrimiento he tomado yo parte...

       [324] Ptolomeo es tambin autor de una _Geografa_ y de otras
       obras.

       [325] A Juan I (1385-1433) sucedi Eduardo I (1433-1438).

En el golfo de Benin, junto a las islas Prncipe, Santo Toms y San
Martn, se halla el siguiente letrero: Estas islas fueron descubiertas
por las naves que el rey de Portugal envi a estos puertos del pas de
los moros el ao de 1484... La inscripcin puesta encima del cabo de
Nueva Esperanza contiene la relacin del viaje que hizo Martn Behaim
con Diego Cao. Dice as: El ao 1484 del nacimiento del Seor, el
ilustre D. Juan, rey de Portugal, hizo equipar dos naves, llamadas
carabelas, provistas de hombres con armas y vveres para tres aos,
ordenando a la tripulacin navegar al otro lado de las columnas de
Hrcules, en Africa, siempre hacia el Medioda y los lugares donde el
sol sale, tan lejos como les fuese posible... As equipados, salimos
del puerto de la ciudad de Lisboa con rumbo a la isla de la Madera,
donde crece el azcar de Portugal... Llegamos al pas llamado reino de
Gambia, donde crece la malagueta (especie de pimienta), y el cual dista
de Portugal 800 leguas alemanas; despus, pasamos al pas del rey de
Furfur, que est a 1.200 leguas o millas y donde crece la pimienta que
se llama de Portugal. Ms lejos an, hay un pas donde hallamos la
corteza de la canela; pero encontrndonos de Portugal a 2.800 leguas,
volvimos sobre nuestros pasos y a los diez y nueve meses estuvimos de
vuelta ante nuestro Rey.

En el ao de 1486 Bartolom Daz con tres embarcaciones, una mandada
por l, otra por Juan Infante, y la tercera destinada a provisiones
por su hermano Pedro, se hizo a la vela, con el nimo de continuar
las exploraciones de las costas africanas, desde el punto que Diego
Cao dej las que hubo de realizar en compaa del cosmgrafo Martn
Behaim. Se propuso obscurecer las glorias de sus parientes Juan Daz
y Dions Daz. Bartolom hizo que mujeres negras que conduca a bordo
desembarcasen en varios puntos de la costa del Congo y ms all hacia
el extremo Sur de Africa, las cuales deban dar a los indgenas
noticias del podero de los portugueses, no sin manifestarles tambin
que iban en busca del pas del Preste Juan. Creyeron que las nuevas
de la expedicin llegaran de boca en boca y de pas en pas a odos
del fabuloso personaje, quien, al saberlas, tal vez enviase mensajeros
para recibir a los portugueses con el objeto de entrar con ellos en
relaciones.

Bartolom Daz levant el primer padrn de piedra cerca de la Sierra
Parda, al Norte de la baha de la Ballena (_Angra das Voltas_), no
lejos de la desembocadura del ro Orange. Desde el Golfo de Santa Elena
emprendi de nuevo su rumbo, llegando, despus de grandes trabajos,
a una ensenada llamada de los Vaqueros (_Angra dos Vaqueiros_)[326],
donde los hotentotes que all guardaban sus rebaos, al ver los barcos,
huyeron espantados hacia el interior. Dirigindose ms al Este lleg
a la baha de San Bras[327], donde hizo provisin de agua dulce, lo
cual di motivo a un choque con los indgenas, pasando, por ltimo, a
la pequea isla de Santa Cruz (Golfo de Algoa), y plantando en ella
el ltimo padrn. Pidieron los tripulantes al jefe no seguir adelante
y emprender el viaje de regreso; pero Daz les suplic que le dejasen
continuar avanzando dos o tres das ms hasta ver la costa hacia el
Norte, porque l crea firmemente haber doblado el extremo Sur del
Africa, y en este caso, con poco trabajo, se lograra llegar a la
India, que eran todos sus deseos. Continuaron navegando dos das ms,
hasta llegar a un gran ro que Daz denomin _do Infante_, porque un
compaero, el Capitn de este apellido, fu el primero que salt a
tierra. Aunque a disgusto suyo, Daz hubo de dar la vuelta, teniendo
entonces la dicha de contemplar el imponente promontorio que forma la
punta austral del Africa. Terrible tempestad que puso en gran peligro
las embarcaciones, estuvo a punto de cambiar en da de luto los
anteriores momentos de alegra. En recuerdo de la furiosa tormenta,
Daz di al citado promontorio el nombre de _Cabo de las Tormentas_,
y que Juan II, infludo por otros sentimientos, le sustituy por el
que hoy lleva. Ese Cabo nos abre el camino del Asia, dijo, se llamar
_Cabo de Buena Esperanza_. Bartolom Daz, despus de una ausencia de
diez y seis meses y diez y siete das, y de haber explorado 350 leguas
de costa, lleg a Lisboa en diciembre de 1487.

       [326] Hoy lleva el nombre ingls de _Flesh-bai_ (Baha de la
       carne).

       [327] Hoy Moselbai.

Consideremos los ltimos viajes realizados durante el reinado de Juan
II. Antes del regreso de Bartolom Daz, el Rey haba mandado a Pedro
de Covilham y a Alfonso de Paiva para explorar el reino de Abisinia
y las condiciones de comercio y de comunicacin en el Ocano Indico.
Antes intentaron lo mismo, por orden de Juan II, el Padre Antonio de
Lisboa y Pedro de Montorryo; mas la expedicin no di resultado alguno.
En cambio, no careci de inters la de Covilham y Paiva, quienes se
pusieron en camino el 7 de mayo de 1487. Penetraron en Egipto, despus
de pasar por Rodas, llegando a Alejandra y al Cairo; embarcndose en
el Mar Rojo fueron hasta Aden, donde se separaron, designando como
punto de reunin otra vez el Cairo. Covilham, que se embarc para la
costa del Malabar, visit a Cananor, Calcuta y Goa, regresando a la
costa oriental del Africa, la cual sigui hasta el extremo meridional
del rico pas de Sofala, donde adquiri noticias sobre la isla de
Madagascar.

Cuando Covilham regres al Cairo, se encontr con la noticia de que
Paiva haba muerto; hall s dos nuevos emisarios del rey Juan, que
eran los rabinos Abraham de Beja y Jos de Lamego. En tanto que el
judo Jos march a Lisboa con las noticias que adquiri Covilham,
ste ltimo, acompaado del hebreo Abraham, visit la ciudad de Ormuz,
tomando en seguida diferente rumbo, pues Abraham de Beja, con una
caravana se dirigi por Bagdad y Haleb a Siria, mientras l march a
Abisinia y se estableci en su capital Choa, con gran complacencia del
monarca del pas. Covilham se cas en Abisinia, y all muri pasados
algunos aos.

Cuando se realizaban tales hechos, el genovs Cristbal Coln se
dispona a marchar a las Indias. Procede estudiar ya el descubrimiento
del Nuevo Mundo.

[Ilustracin:

FOTOTIPIA LACOSTE.--MADRID.

COLN.]




CAPTULO XVIII

  CRISTBAL COLN: SU PATRIA Y FAMILIA.--COLN EN PORTUGAL:
  SU MATRIMONIO.--LA FAMILIA DE SU MUJER.--ALONSO SNCHEZ DE
  HUELVA.--CULTURA DE COLN.--LA ESFERICIDAD DE LA TIERRA.--LA
  ACADEMIA DE TOLEDO.--ROGERIO BACON Y RAIMUNDO LULIO.--PROVECTO DE
  COLN DE IR DIRECTAMENTE A LA INDIA POR OCCIDENTE.--LA LIBRERA DE
  COLN.--JUNTA CONVOCADA POR JUAN II Y PRESIDIDA POR EL OBISPO DE
  CEUTA: OPININ DEL CONDE DE VILLARREAL.


Cristbal Coln, segn Andrs Bernldez, cura de Los Palacios[328],
gran amigo del futuro Almirante y depositario de todos sus papeles,
debi nacer hacia el ao 1435[329]. Afirma Washington Irving que se
verific la poca de su nacimiento all por los aos de 1434 a 1436.

       [328] Los Palacios es una poblacin prxima a Sevilla.

       [329] _Historia de los Reyes Catlicos D. Fernando y Doa
       Isabel_, Sevilla, 1870.

Respecto a la patria de Coln, creemos que no cabe duda alguna, puesto
que l mismo lo declara en la fundacin de su mayorazgo (22 febrero
1498)[330] terminantemente dice que ha nacido en Gnova. Copiamos a
continuacin sus mismas palabras: Siendo yo nacido en Gnova, vine a
servir aqu, en Castilla. Adems, encontramos la siguiente clusula:
Item: mando al dicho D. Diego, mi hijo, o a la persona que heredare
el dicho Mayorazgo que tenga y sostenga siempre en la ciudad de Gnova
una persona de nuestro linaje que tenga all casa e mujer, e le ordene
renta con que pueda vivir honestamente como persona tan llegada a
nuestro linaje, y haga pie y raz en la dicha ciudad como natural
della, porque podr haber de la dicha ciudad ayuda e favor en las
cosas del menester suyo, pues que della sal y en ella nac. En otra
clusula manifiesta tambin Coln el afecto que tiene lo mismo a Gnova
que a Espaa, lo mismo a su pas natal que a su nueva patria. He aqu
sus palabras: Item: mando al dicho D. Diego, o a quien poseyere el
dicho Mayorazgo, que procure y trabaje siempre por la honra y bien y
acrecentamiento de la ciudad de Gnova, y ponga todas sus fuerzas e
bienes en defender y aumentar el bien e honra de la repblica della, no
yendo contra el servicio de la Iglesia de Dios y alto Estado del Rey
o de la Reina, nuestros seores, e de sus sucesores. No hay dudas,
pues, acerca de la patria da Coln; l mismo dice varias veces que era
de Gnova. Slo demostrando--como escribe Snchez Moguel--que Coln
no dijo que haba nacido en la ciudad de Gnova, o probando que minti
al decirlo, es como cabe abandonar fundadamente la causa de Gnova,
para abrazar la de Saona o de cualquiera otra de las innumerables
poblaciones que pretenden haber dado nacimiento al descubridor del
Nuevo Mundo[331]. No ha conseguido Gnova encontrar la calle y casa en
que naci; pero el municipio de la ciudad compr en el ao 1887, por
la cantidad de 31.500 pesetas, una casa en la que se cree con algn
fundamento que Cristbal Coln pas su infancia y juventud hasta la
edad de catorce aos[332].

       [330] Procede recordar aqu que durante la monarqua
       castellano-leonesa de Doa Urraca (1109-1126), mujer de
       Alfonso I de Aragn, D. Diego Gelmnez, obispo de Compostela,
       di comienzo a la organizacin de fuerzas navales para
       resistir a las pirateras de los moros, los cuales asolaban
       toda la costa, desde Sevilla hasta Coimbra, _ab Hispali usque
       ad Cohimbram_, segn se lee en la _Historia Compostelana_. El
       prelado de Compostela contrat genoveses, porque los italianos
       ejercan a la sazn el papel que los griegos, y en particular
       los fenicios haban tenido en los tiempos antiguos. Eran
       los genoveses los hombres de mar, los mejores constructores
       navales y los ms expertos marineros que recorran el
       Mediterrneo: eran, como dice la Crnica, _optimi navium
       artifices, nautque peritissimi_. No puedo prescindir, dice
       Charlevoix, de hacer de paso una observacin. Es muy glorioso
       para Italia que las tres potencias entre las cuales est
       repartida actualmente casi toda la Amrica, deban a italianos
       sus primitivos descubrimientos. Espaa, a Coln, genovs:
       Inglaterra, a Juan Cabot y sus hijos, venecianos: y Francia a
       Verrazani, ciudadano de Florencia. _Viajes_, etc., en 1720.

       [331] _Espaa y Amrica_, pg. 100. Del cura de Los
       Palacios son las siguientes palabras: En el nombre de Dios
       Todopoderoso, ovo un hombre de tierra de Gnova, mercader de
       libros de estampa, que trataba en esta tierra de Andaluca...
       _Historia de los Reyes Catlicos_, tomo I, captulo CXVIII.

       [332] Vctor Balaguer, _Cristbal Coln_, pg. 159.


Veamos ahora lo que sobre el particular ha publicado el historiador
Juan Solari[333], no sin dar a conocer antes la opinin de Muratori y
de Casoni. Muratori dijo: Colombo es natural de Gnova, o por mejor
decir, de un pueblo vecino de Gnova. Casoni escribi (_Annali Genova
1708_), lo siguiente: Los antepasados de Cristbal--como consta por
escrituras pblicas--habitaban Terrarossa, poco distante de Nervi,
atrs de las faldas del Monte Fasce, situada al lado de Maconesi en
Fontanabuona, que d el nombre a dicho valle. Su abuelo se llamaba
Juan. Su padre era Domingo, ciudadano de Gnova, y su madre se
apellidaba Susana Fontanarrosa[334].

       [333] _La cuna del descubridor de Amrica, Cristbal Coln._
       Homenaje al centenario de la Repblica Argentina, 25 mayo 1910.

       [334] Ibidem, pg. 50.

Cristbal Coln--dice Solari--naci en Terrarossa, valle de
Fontanabuona, provincia de Gnova, y su nacimiento se verific en el
ao 1436[335]. Compnese Terrarossa de un grupo de casas situadas sobre
un collado a flor del valle de Fontanabuona, a cien pasos de Entella.
Su distancia de Maconesi es media milla, dos de Cicagna, tres de Oreso,
ocho de Chiavari, y otro tanto o algo ms de Gnova, en lnea recta.
Decimos en lnea recta, porque este camino es poco frecuentado por ser
montuoso y de difcil acceso, lo que hace que la distancia parezca ms
larga de lo que es en realidad. La casa de Coln se encuentra entre las
primeras que dan al ro[336]. A la sazn se halla reconstruda en su
mayor parte. A poca distancia de la casa existen rastros de la fbrica
de Domingo Colombo y no lejos una tierra denominada _Pian Colombino_,
nombre que hace suponer fuera propiedad de la familia de Colombo[337].

       [335] Harrise lo fij en el 1445.

       [336] Ob. cit., pgs. 68 y 69.

       [337] Ibidem, pg. 70.

Hllase probado--y seguimos la relacin de Solari--que el padre del
descubridor del Nuevo Mundo, en una escritura de venta de un terreno,
ao de 1445, a Bartolomeo de Maconesi, se firma Domenico Colombo di
Terrarossa. Tampoco cabe duda que la madre del Almirante se llamaba
Susana y era hija de Santiago Fontanarrosa. Bartolom, hermano del
Almirante, en una carta geogrfica trazada en Londres, firmaba
Colombo di Terrarossa; y Fernando, hijo de dicho Almirante, afirma
que su padre, antes de descubrir el Nuevo Mundo, firmaba Colombo de
Terrarossa[338]. Adems de la escritura citada, correspondiente al
ao 1445, se encuentran otros documentos pblicos en que al lado de
Domenico Colombo de Terrarossa se hallan los nombres de Simn de
Maconesi, Benedicto de Monleone, Antonio Leverone de Fontanabuona y
otros.

       [338] Ibidem, pgs. 50 y 51.

Parece cosa probada que los tres hermanos llamados Juan, Mateo y
Amighetto--segn documentos del ao 1496--eran hijos de Antonio Colombo
de Maconesi, hermano de Domingo, padre del descubridor del Nuevo Mundo.
Juan, Mateo y Amighetto comparecieron ante escribano y celebraron un
contrato a los efectos siguientes: Juan ira a Espaa en busca de su
primo carnal Cristbal, Almirante al servicio de los Reyes Catlicos,
para tomar parte en las empresas martimas o descubrimientos en el
Nuevo Mundo. Los tres hermanos deberan contribuir por iguales partes
a los gastos, as como tambin los productos se repartiran del mismo
modo[339].

       [339] Ibidem, pg. 52. En el cuarto viaje acompa al
       Almirante un hijo de Gnova llamado Juan Antonio Colombo.

Aade Solari que en el ao 1500, por deuda pendiente, se entabl
demanda en Savona contra la sucesin de Domingo, padre de Cristbal. En
el juicio se hizo constar que los hermanos Cristbal, Bartolom y Diego
se hallaban en Espaa.

Resulta de todo lo expuesto, que Cristbal Coln pudo llamarse
ciudadano de Gnova, puesto que el valle de Fontanabuona y, por
consiguiente, Terrarossa, dependan de la ciudad citada; pero el lugar
de su nacimiento fu el casero de Terrarossa. Por tanto, es evidente
que Domingo Colombo tuvo en el valle de Fontanabuona la fabricacin
de paos, estableciendo luego pequeos depsitos, para aumentar la
venta, primero en Quinto y despus en Gnova y Savona[340]. Los
depsitos citados, por el solo hecho de estar a su nombre, implicaban
el domicilio de Domingo, aunque no se hallase presente; mas dicho
domicilio, lo mismo en Quinto que en Gnova y Savona eran transitorios,
pues nicamente tena fijeza el de Fontanabuona.

       [340] Ibidem, pgs. 53 y 54. La casa de Savona slo estuvo
       abierta el ao 1470.

Haremos notar que el activo trfico entre los caseros o aldeas de
Fontanabuona con Gnova, era mucho, teniendo aquellos comerciantes--por
falta de escribanos en la regin--que recurrir a Gnova para celebrar
sus actos pblicos. Por esto no debe causar extraeza que los testigos
y dems personas que intervenan en los contratos, se llamasen
Antonio Colombo de Maconesi, Antonio Leverone de Cicagna, Nicols de
Fontanabuona, Juan de Monleone, etc.; y decimos que no debe causar
extraeza, porque Domingo, cuando sala de Terrarossa, o iba acompaado
de testigos, o los buscaba en Savona o Gnova, donde se encontraban
accidentalmente[341].

       [341] Ibidem, pg. 72.

Consideremos, por ltimo, las principales poblaciones que con mayores o
menores ttulos y con ms o menos entusiasmo se disputan la gloria de
haber sido cuna del descubridor del Nuevo Mundo[342]. En Cogoletto--que
otros llaman Cugureo--se ve humilde casita sobre cuya puerta se halla
el escudo de armas de Coln, y debajo el siguiente letrero:

         _Hospes, siste gradum! Fuit hic lux prima Columbo._
             _Orbe viro majori h nimis arcta domus._[343]

       [342] Vase Vctor Balaguer, _Cristbal Coln_, pgs. 149-198.

       [343]

         Extranjero, detente! Aqu vi Coln la luz primera.
      El hombre ms ilustre del mundo vivi ea esta pequea casa.

Mayor es el nmero de los que afirman que la patria del descubridor del
Nuevo Mundo fu Saona. D. Francisco de Uhagn, despus de estudiar los
archivos de las Ordenes militares, y en ellos el Cdice intitulado:
_Indice de los caballeros que han vestido el hbito de Santiago con
sus genealogas correspondientes_, sostuvo en el libro intitulado _La
Patria de Coln, segn los documentos de las Ordenes militares_, que
Coln era de Saona, aadiendo lo siguiente: La materia est agotada,
el problema histrico resuelto, y no debe discutirse ms en este
asunto. En la genealoga de D. Diego Coln, nieto del descubridor, con
el proceso de informacin que hubo de abrirse para su toma de hbito,
se hallan las tres declaraciones que a continuacin copiamos. El
testigo Pedro de Arana, solamente afirma haber odo decir que Cristbal
Coln era _genovs, pero que no sabe dondes natural_. El licenciado
Rodrigo Barreda, dice, slo por _haberlo odo decir_, que D. Cristbal
Coln _era de la seora de Gnova, de la cibdad de Saona_. Por ltimo,
Diego Mndez, compaero que fu del gran Almirante, depone que D.
Cristbal Coln _era natural de la Saona, ques una villa cerca de
Gnova_. Antes del descubrimiento del Sr. Uhagn, ya se haba escrito
sobre una puerta de modesta casa, el siguiente letrero:

                   _Lunghi anni_
                    _Meditando_
                _L'ardito concetto_
                  _In questa casa_
        _Gi posseduta da Domenico Colombo_
    _Abit l'inmortale scopritor dell' America,_
                       _Che_
       _Fra i perigli della gloriosa impresa_
              _A ricordo della Patria_
             _Impose il nome di Saona_
       _Ad un' insola dell' Atlantico._[344]

       [344] Largos aos--meditando--su atrevida empresa--en esta
       casa--ya de antiguo poseda por Domingo Colombo--habit el
       inmortal descubridor de la Amrica--que en medio de las
       grandes penalidades de su gloriosa empresa--en recuerdo de la
       Patria--di el nombra de Saona a una isla del Atlntico.

Presntase Calvi, en Crcega, a pedir el ttulo de cuna de Cristbal
Coln. Ya en 1886 hizo colocar en su calle del Filo una lpida con la
siguiente inscripcin:

                    _Ici est ne en 1441_
                    _Christophe Colomb,_
      _Immortalis par la dcouverte du Nouveau-Monde_
    _Alors que Calvi tait sous la domination Gnoise._
         _Mort a Valladolid, le 20 mai 1506._[345]

       [345] Aqu naci en 1441 Cristbal Coln, inmortalizado por el
       descubrimiento del Nuevo Mundo, mientras que Calvi se hallaba
       bajo la dominacin genovesa. Muri en Valladolid el 20 de mayo
       de 1506.

El capelln Casanova y el Padre J. Perreti no abrigan duda alguna de
que el gran Almirante naci en Calvi. Digno por todos conceptos de
alabanza es el libro del citado D. Martn Casanova intitulado _La
verit sur la patrie et l'origene de Cristophe Colomb_. Reconocemos el
mrito del trabajo, ora por las razones que aduce y ora por los datos
que aporta, ya por los testimonios que invoca y ya por las noticias
que comunica. Partiendo de que Calvi fu la patria de Coln, el P.
Perreti le considera francs y Casanova espaol, fundndose el primero
en que Francia es al presente poseedora de la isla y el segundo en que
Crcega, cuando naci Coln, formaba parte de la Corona aragonesa.
Crcega, desde que Bonifacio VIII la cedi a los reyes de Aragn en
1297, perteneca de _derecho_, aunque no de _hecho_, toda ella a
la Corona aragonesa. Y decimos que no de hecho, porque Calvi, por
ejemplo, reconoca la dominacin genovesa, sosteniendo guerras con los
aragoneses y catalanes, los cuales se apoderaron de ella y la perdieron
varias veces. Conviene no olvidar que Coln naci por el ao 1436[346],
y Alfonso V el _Magnnimo_ comenz su reinado el ao 1416, muriendo el
1458.

       [346] Avezac, _Anne vritable de la naissance de Christophe
       Columbe_ (_Boletn de la Sociedad de Geografia de Francia_,
       Pars, 1872), dice que naci en 1446.

Antes que el capelln Martn Casanova y el P. J. Perreti, sostuvieron
otros la tesis de que Cristbal Coln era natural de Calvi. Del
siglo XVII existe una composicin (que algunos atribuyen al mismo
Coln) intitulada _Chistophorus Columbus ad Corsicam_, y en ella
se declara el gran Almirante hijo de Crcega, y por consiguiente
de Calvi, lamentndose de la enemiga que le tiene Gnova. Oh
Crcega--exclama--por haberme visto t nacer, es por lo que Gnova, mi
fiera madrastra, origen de mis males, ha sido para m un pual! Ms
adelante aade: En vano desarroll mi plan ante los Padres Conscriptos
de Gnova. De todas partes partieron voces desdeosas murmurando:
sera de ver que fuese de Crcega de donde nos llegase un profeta!.
Dicha composicin comienza de este modo:

      _Corsica non solum, ser cor et sica vocaris_
    _Cum te membratim, Corsica, considero..._

y termina con estos versos:

      _Corsica, cor, sicam nostris oppone tyrannis:_
    _Hanc mihi vindictam, si dabis, ultus ero!_

Del mismo siglo XVII y tambin de poeta annimo es otra poesa, cuyos
primeros versos los trasladaremos aqu:

      _Madre,  Corsica, sei di grande Ero!_
    _Ma infelice fur sempre i figli tuoi._
    ...........................................

Otro poeta de la misma centuria, Simn Fabiani, escribi otra
composicin y en ella dice:

      _O fortunata terra_
    _Della nostra Balagna_[347]
    _Di monti coronata e che il mar bagna,_
    _Quante memorie serra_
    _Il tuo grembo gentil? Da te partia_
    _L'intrepido nocchier che un mondo apria._[348]

       [347] Balagna se llama la comarca de que Calvi es cabeza.

       [348] Oh tierra afortunada de nuestra Balagna, coronada
       de montes y baada por el mar, cuntas memorias guarda tu
       gentil seno! De t parti el intrpido navegante que abri las
       puertas de un mundo.

A ltimos de la centuria dcimo octava, Alejandro Franceschi public
otros versos dirigidos a Coln y en ellos le consideraba como hijo de
Crcega. Dice as:

      _Cerchiato tu di bronzo il forte petto,_
    _corresti ignoti mari, e coronato_
    _fu, contra ogni speranza, il gran progetto._
    _Cirno[349] ti segue con il cor di madre_
    _e infiora di tua gloria il suo bel cisne._[350]

       [349] Cirno es el nombre potico que los griegos dieron a la
       isla de Crcega.

       [350] Cercado el pecho por la coraza, fuiste a cruzar mares
       desconocidos, y coronado fu por el xito, contra lo que todos
       esperaban, tu gran proyecto. Cirno te sigue con su corazn de
       madre y con los rayos de tu gloria cie su frente.

Mayor autoridad tiene el insigne escritor alemn Fernando Gregorovius,
y de su _Crsica_ copiamos el siguiente prrafo: Gnova y Calvi estn
en desacuerdo. Los de Calvi sostienen que Cristbal Coln naci en su
seno, de familia genovesa all hace tiempo establecida, suscitndose
con este motivo empeada contienda, que recuerda el antiguo debate
entre las siete villas de Grecia, atribuyndose el honor de haber
sido cuna de Homero. Se supone que Gnova se apoder del archivo de
la familia Coln y que mud el nombre de la _Va Colombo_ de dicha
ciudad por el de _Va del Filo_. Parece adems que los calvenses fueron
los primeros corsos que pasaron a Amrica, y que todava existen en
Calvi varios que llevan el nombre de Colombo. Los escritores corsos
consideran como su compatriota al gran navegante, y Napolen, durante
su permanencia en la isla de Elba, di rdenes para que se hiciesen
investigaciones sobre el particular... El mundo tendra motivos de
estar celoso si la suerte hubiese hecho nacer tambin en ese pequeo
pas de Crcega al Almirante del Ocano, hombre extraordinario, ms
grande que Napolen. El famoso e ilustre general Paoli hablaba de
Coln como de un compatriota. En las luchas de Crcega con Gnova,
cuando Paoli se vea obligado a sitiar a Calvi, ciudad donde se
mantenan firmes los genoveses, deca con frecuencia: _La culla di
Colombo e dirazzata_[351]. Entre otros muchos que sostienen que la
patria de Coln fu Calvi, citaremos al prncipe Pedro Bonaparte, quien
afirma que en Santo Domingo se encontr una piedra con un letrero en
espaol, perteneciente a la poca del descubrimiento de dicha isla,
y cuyo letrero deca: _Maldito sea el corso que me trajo aqu_. Se
supone que el autor de la inscripcin formaba parte de la pequea
guarnicin que Coln dej en el fuerte de la _Espaola_ antes de su
primera vuelta a Espaa. Arrigo Arrighi, historiador y consejero del
tribunal de Bastia, en su _Historia de Sampiero_, despus de hacer
notar que tuvo a la vista documentos guardados por individuos de su
familia, con referencia a dichos papeles, dijo lo que copiamos aqu:
La partida de bautismo del gran navegante, cuya autenticidad es ya
incontestable, prueba que naci en Calvi, de una familia corsa, cuando
los presidios de esta ciudad se hallaban bajo la dominacin genovesa.
Se ha perdido dicha partida, tal vez a causa de la ruina que sufrieron
los archivos de Calvi durante la guerra con los ingleses. Adems de
Arrighi, otros escritores afirman la existencia del documento, y alguno
asegura haberlo tenido en sus manos. El notario Octavio Colonna-Cecaldi
di fe de que muchos testigos se presentaron ante l para declarar
bajo juramento que sus padres o sus abuelos haban visto y ledo la
mencionada partida de bautismo. Lo que parece hallarse probado es que
en la _calle del Hilo_ (_caruggio del Filo_) hubo una casa, antes de
existir Coln, perteneciente a una familia llamada Colombo, y, despus
de la muerte del descubridor del Nuevo Mundo, la calle tom el nombre
de _calle de Coln_ (_caruggio Colombo_). Esto (dice el notario
Colonna-Cecaldi, en el acta que levant) est en la tradicin, en los
registros, en el plano de esta villa y en la carta de los ingenieros
militares. En la casa a que antes hemos hecho referencia se ha
colocado dicha lpida.

       [351] La cuna de Coln ha degenerado.

Hace algunos aos que se plante la tesis de que el Almirante era
descendiente de hebreos, suponindole extremeo, de la familia del
converso D. Pablo de Santa Mara, obispo de Cartagena. Don Vicente
Barrantes, con su autoridad de historiador y extremeo, refut con
acierto en el ao 1892 la opinin de que Coln era hijo de Extremadura.
Reprodjose la cuestin en 1903 por D. Vicente Paredes, en su estudio
que bajo el ttulo de _Coln Extremeo_ se public en la _Revista de
Extremadura_.

Otras poblaciones, entre ellas Cccaro, Nervi, Prudello, Oneglia,
Finale, Quinto, Palestrella, Albizoli o Albizola y Cosseria, reclaman
la gloria de ser patria de Coln.

En estos ltimos tiempos, D. Celso Garca de la Riega, con tanta
conviccin como entusiasmo, ha sostenido que Cristbal Coln haba
nacido en Pontevedra. Comienza haciendo notar el laborioso escritor
que ninguno de los documentos redactados por Coln, y que han llegado
a nosotros, lo estn en lengua italiana: Memoriales, instrucciones,
cartas y papeles ntimos, notas marginales en sus libros de estudio,
todos se hallan escritos en castellano o en latn[352]. Hasta tal
punto lleg el insigne navegante a olvidar el italiano, que la carta
que dirigi a la Seora de Gnova no est escrita en dicha lengua.
Bien merece consignarse que al exponer a los Reyes Catlicos el objeto
de su empresa, diga[353] que en el Catay domina un prncipe llamado el
Gran Kan, _que en nuestro romance_ significa rey de los reyes. Por qu
Coln llama suya a la lengua castellana? Refiere Fernando Coln que
cuando su padre, desahuciado en sus pretensiones, volvi a la Rbida
decidido a dirigirse al Gobierno de otra nacin, ante los ruegos de
Fr. Juan Prez, desisti de su propsito porque su mayor deseo era que
Espaa lograse la empresa que propona tenindose por natural de estos
reinos. Qu fuerza ntima--pregunta Garca de la Riega--le impulsaba
a tales demostraciones de afecto hacia Espaa? Tngase en cuenta
que en la correspondencia de Coln, ao 1474, con el sabio italiano
Pablo Toscanelli, ni aqul para atraerse las simpatas del segundo le
manifiesta ser su compatriota, ni el famoso cosmgrafo tiene noticia
exacta de la patria del decidido navegante, pues le considera hijo de
Portugal. No deja de llamar tambin la atencin que Lorenzo Giraldo,
italiano, residente en Lisboa, al poner en relaciones a Coln con
Toscanelli no indicara el ttulo de compatriota del futuro descubridor
del Nuevo Mundo[354].

       [352] Conferencia del Sr. Garca de la Riega en sesin pblica
       celebrada por la Sociedad geogrfica de Madrid en 20 de
       diciembre de 1898, pg. 11, _Boletn_ de dicha Sociedad, tomo
       XL, nmeros 10, 11 y 12.

       [353] Prembulo de su _Diario de navegacin_.

       [354] Recurdese lo dicho sobre este particular en el captulo
       XVII.

Desde que Coln se present en la Rbida el ao 1474 comenz a correr
en cartas, recomendaciones y gestiones de toda clase que la patria
de aquel personaje era Gnova. No se olvide que en aquellos tiempos
genoveses y venecianos monopolizaban el comercio del Asia y del
Mediterrneo; no se olvide que los genoveses gozaban en Espaa, desde
mucho tiempo antes, fama de excelentes navegantes, y cerca de los reyes
de Castilla de no poca consideracin. Se propuso Coln--exclama Garca
de la Riega--aprovechar el dictado de genovs para el buen xito de su
empresa y para ocultar a la vez su modesto origen?[355].

       [355] Ob. cit., pgs 13 y 14.

Pasando a otra clase de consideraciones, habremos de manifestar la
poca luz que arrojan los libros de la poca respecto a su infancia
y juventud. Todos los escritores se vieron obligados a consignar lo
que se deca de pblico acerca de la patria del futuro Almirante.
Pedro Mrtir de Anglera, italiano, relacionado con los cortesanos
y nobles, se contenta en sus Epstolas con llamar a su amigo _vir
ligur_, el de la Liguria. Escritor tan minucioso y detallista nada
ms dijo, guardando absoluto silencio del nacimiento, de la vida
y de la familia de un compatriota que haba realizado hechos tan
sorprendentes. El bachiller Andrs Bernldez, cura de Los Palacios,
en cuya casa estuvo aposentado Coln a su paso por Andaluca en el
ao 1496, dice que era mercader de estampas, y por lo que a la patria
del Almirante se refiere, si en el primero de los captulos de su
_Crnica de los Reyes Catlicos_ le llama hombre de Gnova, al dar
noticia de su fallecimiento en Valladolid, dice terminantemente que
era de la provincia de Miln. Gonzalo Fernndez de Oviedo, cronista
oficial de Indias, que trat a Coln y a los que intervinieron en
aquellos sucesos, slo pudo enterarse de que unos dicen que Coln
naci en Nervi, otros en Saona y otros en Cugureo, _lo que ms cierto
se tiene_. El Padre Las Casas se contenta con decir que era de
nacionalidad genovesa, cualquiera que fuese el pueblo perteneciente a
la Seora donde vi la luz primera. De modo que los cuatro escritores
que se honraron con la amistad del descubridor del Nuevo Mundo no
puntualizan hecho tan interesante.

Galndez de Carvajal, por su parte, afirma que era de Saona. Medina
Nuncibay, autor de una crnica que se halla en la coleccin de Vargas
Ponce, sostiene que el Almirante era natural de los confines del
Genovesado y Lombarda, en los Estados de Miln, aadiendo que se
escribieron algunos tratadillos dando prisa a llamarle genovs. En el
archivo de Indias se encontr Navarrete con dos documentos oficiales
escritos en los comienzos del siglo XVI: lese en uno que naci en
Cugureo, y el otro seala por lugar de su nacimiento Cugureo o Nervi.
De Fernando Coln, historiador de su padre, son textualmente las
siguientes palabras: de modo que cuanto fu su persona a propsito
y adornada de todo aquello que convena para tan gran hecho, _tanto
menos conocido y cierto quiso que fuese su origen y patria_; y as,
algunos que de cierta manera quieren obscurecer su fama, dicen que
fu de Nervi, otros de Cugureo, otros de Boggiasco; otros que quieren
exaltarle ms, dicen era de Saona y otros _genovs_, y algunos tambin,
saltando ms sobre el viento, le hacen natural de Placencia. No
acertamos a explicar cmo Fernando Coln, su hijo, ignora la patria
del descubridor del Nuevo Mundo. Quiso ocultar el humilde origen del
Almirante?

Al estudiar otros puntos obscuros de la vida de Coln, lo primero
que salta a la vista es que confiesa, en su postrera disposicin
testamentaria, la existencia de un cargo que pesa mucho para su
nima con relacin a D. Beatriz Enrquez, aadiendo que la razn
dello non es lcito decilla. Si en esta confesin alude al hecho de
no haberse casado con la cordobesa, preguntamos nosotros: Por qu no
realiz el matrimonio? Por qu no descarg oportunamente su conciencia
de aquel peso a fin de que la muerte no le sorprendiera en semejante
estado? Nada de particular tendra que, ya por la universal notoriedad
que haba adquirido, ya por lo altivo de su carcter, hubiera credo
que, ni aun en el trance de la muerte, deba casarse en secreto ni en
condiciones que pudieran menoscabar su fama o desconceptuarle. Cabe
presumir que _la razn que no era lcito decilla_ consisti en ocultar
sus antecedentes? Acaso su hermano Bartolom se encontr en situacin
semejante, y por ello falleci sin casarse y dejando un hijo natural?

Si los escritores espaoles apenas aportan datos acerca del nacimiento
y de la vida de Coln antes de presentarse en Castilla, el historiador
italiano Giustiniani se contenta con noticiar que los hermanos
Cristbal y Bartolom haban sido cardadores de lana; y Allegretti,
en sus _Anales de Siena_ del ao 1493, aade escuetamente que las
noticias del descubrimiento llegaron a Gnova. Las nuevas de ese
maravilloso descubrimiento realizado por un genovs--escribe Garca de
la Riega--debieron ocasionar en Gnova justificado orgullo y vivsima
curiosidad en las autoridades, en los parientes de Coln, en el clero
de la iglesia en que se bautiz, en los amigos, conocidos y vecinos de
sus padres, as como en la mayor parte de los ciudadanos. En este caso,
hubieran sido espontneamente recordados los antecedentes del glorioso
hijo de Gnova, su infancia y juventud, su educacin, sus estudios, sus
prendas personales; y de todo este naturalsimo movimiento se hubieran
hecho eco los escritores contemporneos y hubieran pasado a la historia
y llegado a nuestros tiempos datos diversos relativos a la vida y
a la familia de Coln. No ha sucedido as y semejante indiferencia
slo puede explicarse, a mi juicio, por el hecho de que el inmortal
navegante no era hijo de Gnova, ni tena en ella parientes[356].
Aade la leyenda que los dos hermanos tejedores, en sus ratos de ocio,
adquirieron variados conocimientos cientficos, cuando no emprendan
viajes martimos a diferentes puntos. Ya en el camino de la fbula,
documentos encontrados en los archivos, hacen a Coln y a su padre,
no cardadores, como escribe Giustiniani, sino tejedores. Cree Garca
de la Riega que el Almirante no fu en sus primeros aos ni cardador
ni tejedor; pero los escritores coetneos, al aceptar la nacionalidad
genovesa, procuraron confirmarla con la existencia en dicha ciudad de
familias Colombo dedicadas a cardar lana y emparentando con ellas al
inmortal navegante.

       [356] Conferencia citada, pgs. 21 y 22.

Pasando a estudiar los documentos que se guardan en la casa municipal,
destinados a corroborar el nacimiento de Coln en la capital de
Liguria, los escritores presentan los cuatro siguientes: una carta de
Cristbal al magnfico Oficio de San Jorge, la minuta de contestacin
a esta carta, un dibujo de la apoteosis del ilustre nauta y el llamado
codicilo militar. La carta atribuda a Coln comienza con la frase
siguiente: Bien que el cuerpo ande por ac, el corazn est all de
continuo. En seguida participa a los seores del Oficio de Gnova que
manda a su hijo D. Diego destine el diezmo de la renta de cada ao a
disminuir el impuesto que satisfacan los comestibles a su entrada
en la citada ciudad. El extrao donativo no guarda conformidad con
otros hechos. Cristbal Coln, antes de emprender su cuarto viaje,
dej a su primognito un memorial de encargos que D. Diego incluy
en su testamento, figurando entre aqullos el relativo a un diezmo
de la renta; mas no lo destin al pago de los consumos de Gnova, ni
a favor de pueblo alguno de Italia, sino al de los pobres. Causa no
poca extraeza que el Almirante, tal vez pensando no regresar con
vida de aquel cuarto viaje, manifieste su amor a Dios, a la caridad,
a los reyes, a doa Beatriz y hasta al orden domstico, no dedicando
ni una sola palabra a la ciudad de Gnova. Y tngase en cuenta que la
fecha de la carta es del 2 de abril de 1502, y la del memorial fu
escrito por aquellos mismos das. Semejante contradiccin no debe pasar
desapercibida, como tampoco la circunstancia de no constar que las
autoridades se hayan preocupado ni entonces ni nunca de la generosa
concesin. En la misma famosa carta se encuentra la frase de que los
reyes me quieren honrar ms que nunca. En efecto, en aquella poca
le negaban Fernando e Isabel los ttulos de Virrey y Gobernador y
el ejercicio de estos cargos. El segundo documento o la minuta de
contestacin a la anterior carta da lugar a una cosa rara. El mismo
gobierno que llama a Coln clarissime amantissimeque concivis,
pocos aos despus haya dado a la comarca de Saona la denominacin de
Jurisdizione di Colombo, indicando con ello que no le consideraba
hijo de Gnova[357]. El tercer documento es un dibujo representando la
apoteosis de Coln, hecho por su propia mano. Concese a primera vista
que es una grosera falsificacin: vocablos castellanos, franceses e
italianos explican las diversas figuras, entre las cuales, por cierto,
no se halla la reina Isabel; pero s, en lugar preferente, a la cabeza
y en el centro del dibujo la palabra Gnova. El cuarto documento, o sea
el codicilo militar, ha sido declarado sin protesta de nadie documento
apcrifo.

       [357] Vase Garca de la Riega, Ob. cit., pg. 25.

De otros documentos que pudiramos llamar auxiliares--y seguimos la
narracin de Garca de la Riega--, vamos a ocuparnos, con los cuales
se han querido reforzar los argumentos para sostener que Gnova era la
patria del Almirante. Correspondientes al perodo comprendido entre
los aos 1456 y 1459, se han hallado en el Archivo del Monasterio de
San Esteban de la Va Mulcento, de Gnova, papeles con los nombres de
Dominico Colombo y de Susana Fontarossa o Fontanarossa, y de los hijos
Cristbal, Bartolom y Diego. No tuvo en cuenta el falsificador de los
documentos que Diego naci el 1463 o 1464, como tampoco hubo de fijarse
que Juan, segundo o tercer hermano de Coln, y Blanca, hermana de dicho
Almirante, vivan por los citados aos de 1456 a 1459. Otro documento
que han encontrado los comisionados de la Academia genovesa, encargados
de informar acerca de la patria del descubridor, ha sido un antiguo
manuscrito, en cuya margen un notario escribi que Coln haba sido
bautizado en la iglesia de San Esteban de la Va Mulcento. De dnde
sacara la noticia el buen notario? Y cuando todo el mundo se ocupaba
del descubrimiento, y el nombre de Coln adquira la inmortalidad,
slo pasaba inadvertido para los religiosos de San Esteban, los cuales
necesitaron que un notario, tiempo adelante, estampase la noticia.
Otra de las pruebas consiste en la presentacin de dos papeles, uno
en 1470 y otro en 1472: dice en el primero, Christophorus de Columbo,
filius Dominici, _mayor de diez y nueve aos_; y en el segundo,
Christophorus Columbus, lanerius de Januua lex Letori egressus, esto
es, _mayor de veinticinco_. De modo que, en dos aos pas de diez y
nueve a veinticinco; en el primer papel es _Columbo_, y en el segundo
_Columbus_, llamando todava ms la atencin lo de _lanerius_, de
Gnova. Posible es que en el ao 1472 Coln marchase a Italia con
objeto de visitar a sus padres; pero el que se iba a casar con una
joven distinguida, el que abrigaba ideas tan elevadas y era ya conocido
como excelente marino, seguramente no firmara, como tejedor de lanas,
en documentos notariales. Adems, no se olvide que en aquella regin
de Italia, y por entonces, se encontraban varios Dominicos Colombo,
pudindose afirmar que eran tan vulgares como Juan Garca o Jos
Fernndez en Espaa. Prescindimos de otros documentos todava ms
absurdos, y pasamos a otro asunto de ms inters.

El apellido del descubridor del Nuevo Mundo, era Colombo o Coln?
Ante todo conviene saber que muchos apellidos italianos y espaoles
se derivan de la lengua latina, de modo que Colombo, lo mismo en los
dos idiomas modernos, procede de Columbus. En los reinos de Len y de
Galicia se hallan pueblos y parroquias con la denominacin de Santa
Colomba, y familias que tienen el apellido de Coloma. A la pregunta
anteriormente hecha responderemos que el apellido del Almirante
era Coln. Probado est, por la carta del rey D. Juan invitndole
a volver a Lisboa, que en Portugal us el apellido Coln; en las
estipulaciones de Santa Fe se estamp tambin Coln; indudablemente con
el beneplcito del gran navegante; y Pedro Mrtir, en carta que dirigi
al conde Borromeo, con fecha 14 de mayo de 1493, dijo: Christophorus
Colonus. Fernando Coln--escribe Garca de la Riega--, al tratar
esta materia en la historia de su padre y al comentar alegricamente
ambos apellidos, asegura que _si queremos reducirle a la pronunciacin
latina, es Christophorus Colonus_; y no slo insiste en afirmarlo,
sino que tambin aade la singularsima indicacin de que el Almirante
_volvi a renovar_ el de Coln. Nos explicamos de la siguiente manera
la renovacin del apellido Coln. Es posible que nuestro clebre
descubridor, en los tiempos en que navegaba por el Mediterrneo,
seducido por la fama de los almirantes Colombo _el Viejo_ y Colombo _el
Mozo_, o tambin porque Nicolo, Zorzi, Giovanni y otros distinguidos
marinos usufructuaron tal sobrenombre, l lo llev algn tiempo,
arrepintindose pronto y volviendo a llamarse Coln.

Antes de manifestar la existencia de los apellidos Coln y Fonterosa,
durante los siglos XV y XVI, en la citada provincia gallega,
recordaremos la importancia martima que Pontevedra tena en el mismo
siglo XV, ya como puerto de Galicia, ya como uno de los principales
astilleros de Castilla en aquella poca. Patria es de los almirantes
Payo Gmez, Alvar Pez de Sotomayor y Jofre Tenorio, en la Edad Media;
del ilustre marino al servicio de Portugal, Juan da Nava, descubridor
de las islas de la Concepcin y de Santa Elena, en el entonces recin
hallado camino de la India por el Cabo de Buena Esperanza; de Bartolom
y Gonzalo Nodal, descubridor ste ltimo del Estrecho que injustamente
lleva el nombre de Lemaire; de Pedro Sarmiento, a quien publicistas de
Inglaterra llaman el primer navegante del siglo XVI; de los almirantes
Matos, que brillaron en el XVII, y de otros distinguidos marinos, entre
los cuales descuella en nuestros tiempos el ilustre Mndez-Nez[358].

       [358] Garca de la Riega, Ob. cit., pg. 33.

Veamos ahora los documentos ms importantes:

  1. Escritura de carta de pago dada a Ins de Mereles por Constanza
  Correa, mujer de Esteban de _Fonterosa_, fecha 22 de junio de 1528.

  2. Escritura de aforamiento por el Concejo de Pontevedra a
  Bartolom de Sueiro, y a su mujer Mara _Fonterosa_, fecha 6 de
  noviembre de 1525.

  3. Ejecutoria de sentencia del pleito, ante la Audiencia de la
  Corua, entre el Monasterio del Poyo y Don Melchor de Figueroa,
  vecino y alcalde de Pontevedra, sobre foro de la heredad de
  Andurique, en cuyo texto se incluye por copia la escritura de
  aforamiento de dicha heredad, hecho por el expresado Monasterio a
  Juan de Coln, mareante de aquella villa, y a su mujer Constanza de
  _Coln_, en 13 de octubre de 1519.

  4. Escritura de aforamiento por el Concejo de Pontevedra a Mara
  Alonso, de un terreno cercano a la Puerta de Santa Mara, sealando
  como uno de sus lmites la heredad de _Cristobo (xp.) de Coln_,
  en 14 de octubre de 1496.--Folio 20 vuelto.

  5. Acuerdo del Concejo de Pontevedra, nombrando fieles cogedores
  de las rentas del mismo ao (1454), entre otros, a _Jacob
  Fonterosa_. Folio 66 del libro que comienza en 1437 y termina en
  1463.

  6. Acuerdo del Concejo de Pontevedra, nombrando fieles cogedores
  de las rentas de la villa en dicho ao (1444), entre otros, a
  _Benjamn Fonterosa_.--Folio 48 del citado libro.

  7. Minutario notarial de 1440, folio 4 vuelto. Escritura de
  censo a favor de Juan Osorio, picapedrero, y de su mujer Mara de
  _Coln_, fecha 4 de agosto del citado ao.

  8. Acuerdo del Concejo (Pedro Falcn, juez; Lorenzo Yez,
  alcalde, y Fernn Prez, jurado), mandando pagar a _Domingos de
  Coln_ y _Benjamn Fonterosa_ 24 maraveds viejos, por el alquiler
  de dos acmilas que llevaron con pescado al arzobispo de Santiago:
  su fecha, 29 de julio de 1437.--Folio 26 del mencionado libro.

  9. Minutario notarial de 1436. Escritura de aforamiento, en la
  cual se halla el nombre de _Jacob Fonterosa el Viejo_: fecha, el 21
  de marzo de dicho ao.

  10. Minutario notarial que comienza el 28 de diciembre de 1433 y
  termina el 20 de marzo de 1435. Escritura del 29 de septiembre de
  1434 de compra de casa y terreno hasta la casa de _Domingos de
  Coln el Viejo_, etc.--Folio 85 vuelto.

  11. Minutario anterior. Escritura de venta (11 de agosto de 1434)
  de la mitad de un terreno que fu casa en la rua de las Ovejas,
  por Mara Eans a Juan de Viana _el Viejo_ y a su mujer Mara de
  _Coln_, moradores en Pontevedra.--Folio 80.

  12. Minutario notarial de 1434 y 1435. Dos escrituras correlativas,
  en que el abad del monasterio de Poyo se obliga a pagar
  respectivamente 274 maraveds de moneda vieja a Blanca Soutelo,
  heredera de _Blanca Coln_, difunta, mujer que fu de Alonso de
  Soutelo, y 550 maraveds de la misma moneda a Juan Garca, heredero
  de dichos Alonso de Soutelo y su mujer _Blanca Coln_: su fecha, 19
  de enero de 1434.--Folios 6 vuelto y 7.

Fijndonos en el documento sealado con el nmero 8, cabe pensar si el
Domingos de Coln cas con una Fonterosa y de cuyo matrimonio naciese
el descubridor del Nuevo Mundo. Resulta del mencionado acuerdo que el
Domingos de Coln era alquilador de acmilas: sera absurdo suponer
que las preocupaciones sociales de aquellos tiempos obligaron al
Almirante a ocultar su origen y patria?

A todo esto debe aadirse que la madre de Coln se llamaba Susana
Fonterosa, familia hebrea, sin duda, o por lo menos de cristianos
nuevos: tendra inters Coln de no revelar tales antecedentes, dado
el odio a dicha raza en todas las naciones, y muy especialmente por
los Reyes Catlicos?--No merecera examen en este caso--escribe
Garca de la Riega--la inclinacin de Coln a las citas del
Antiguo Testamento?[359]. Es de notar su estilo y sus fantsticas
descripciones, sus metforas y sus invocaciones, donde aparecen nombres
bblicos (Israel, Jud, David, Jerusaln, etc.).

       [359] Ob. cit., pg. 27.

De una carta de Coln escrita en Jamaica y dirigida a los Reyes
Catlicos, con fecha 7 de julio de 1503, son los siguientes prrafos.
Hallbase slo en brava costa y con fuerte fiebre, y habindose
adormecido oy una voz piadosa que le deca:

O estulto y tardo a creer y a servir a sus Dios, Dios de todos!
Qu hizo l ms por Moiss o por David, su siervo? Desque naciste,
siempre l tuvo de t muy grande cargo. Cuando te vido en edad de
que l fu contento, maravillosamente hizo sonar tu nombre en la
tierra. Las Indias, que son parte del mundo, tan ricas, te las di
por tuyas; t las repartiste a donde te plugo, y te di poder para
ello. De los atamientos de la mar ocana, que estaban cerrados con
cadenas tan fuertes, te di las llaves; y fuiste obedecido en tantas
tierras, y de los cristianos cobraste tan honrada fama. Qu hizo el
ms alto pueblo de Israel cuando le sac de Egipto? Ni de David, que
de pastor hizo Rey en Judea? Trnate a l y conoce ya tu yerro: su
misericordia es infinita; tu vejez no impedir a toda cosa grande;
muchas heredades tiene l grandsimas. Abraham pasaba de cien aos
cuando engendr a Isaac, ni Sara era moza? T llamas por socorro
incierto: responde, quin te ha afligido tanto y tantas veces, Dios
o el mundo? Los privilegios y promesas que da Dios, no las quebranta,
ni dice despus de haber recibido el servicio, que su intencin no era
sta, y que se entiende de otra manera, ni da martirios por dar color
a la fuerza; l va al pie de la letra; todo lo que l promete cumple
con acrescentamiento, esto es uso? Dicho tengo lo que tu Criador ha
fecho por t y hace con todos. Ahora medio muestra el galardn de estos
afanes y peligros que has pasado sirviendo a otros.

Yo as amortecido vi todo; mas no tuve yo respuesta a palabras tan
ciertas, salv llorar por mis yerros. Acab l de fablar, quien quiera
que fuese, diciendo: No temas, confa: todas estas tribulaciones estn
escritas en piedra mrmol y no sin causa[360].

       [360] Hernndez de Navarrete, _Colec. de los viajes y
       descubrimientos que hicieron por mar los espaoles desde fines
       del siglo XV_, tom. I, pgs. 303 y 304.

Tambin indica el origen semtico de Coln el retrato que hacen
de l los historiadores de aquellos tiempos, segn puede verse
considerando el famoso regateo de Coln con los Reyes Catlicos en las
capitulaciones de Santa Fe.

Pasando a otro asunto diremos que la huerta de Andurique--aade el
historiador de Pontevedra--aforada por el monasterio de Poyo a Juan de
Coln, y situada a medio kilmetro de dicha poblacin, linda con otras
heredades de la pequea ensenada de Portosanto, lugar de marineros
en la parroquia de San Salvador. Cristbal Coln bautiz a las dos
islas que hall en su primer viaje con los nombres de _San Salvador_
(Guanahan) y la _Concepcin_, dando con ellos pruebas de sus creencias
religiosas. En seguida descubri tres islas, a las cuales llam
_Fernandina_, _Isabela_ (Saometo) y _Juana_ (Cuba), en demostracin
de su gratitud a D. Fernando, a Doa Isabel y al prncipe D. Juan,
primognito de los reyes. Continu su camino y lleg a un ro y puerto
que llam de _San Salvador_, recorri otras tierras, puso una cruz
en la entrada de un puerto, que llam _Portosanto_ (hoy de Baracoa).
Tiempo adelante visit la isla Espaola (Hait). Todo esto lo hace
notar Garca de la Riega en su erudita _Conferencia_[361]. A los que
escriben que el Almirante di el nombre de Portosanto en memoria de que
su suegro haba sido gobernador de la isla portuguesa as llamada, no
recuerdan seguramente que el inmortal navegante tena hijos, hermanos,
su amada Doa Beatriz, etc. Si Coln hubiese nacido en Pontevedra, nada
tendra de particular que repitiese la denominacin de San Salvador y
de Portosanto, parroquia y lugar donde quizs fu bautizado y tuvo su
cuna. En su segundo viaje Coln bautiz a una isla con el nombre de
_La Gallega_. Quiso unir en el nombre La Gallega dos recuerdos: el de
la carabela _Santa Mara_ o _La Gallega_ y el de Galicia?[362].

       [361] Pg. 37.

       [362] _La Capitana_--escribe Gonzalo Fernndez de Oviedo--era
       _La Gallega_, que haba sido un buque de carga destinado al
       transporte de mercancas. Se llam _La Gallega_, dedicada
       a Santa Mara, y nombre que se repite muchas veces. Y el
       elocuentsimo Castelar aade que la nao _La Gallega_ fu
       rebautizada en el Puerto de Palos con el nombre _Santa
       Mara_. Del Padre Sarmiento, benedictino, son las siguientes
       palabras: La nao _La Gallega_ se construy en Pontevedra, y
       fue dedicada a _Santa Mara la Grande_, parroquia de todos los
       marineros de aquellos lugares.

En el tercer viaje denomin _Trinidad_ a la primera isla que descubri,
y Cabo de la _Galea_ (hoy Cabo Galeote) al primer promontorio. Recuerda
a este propsito el citado escritor un documento que contiene la compra
de una casa por Payo Gmez de Sotomayor (rico hombre de Galicia,
Mariscal de Castilla, Caballero de la Banda y Embajador en Persia de
Enrique III), y su mujer D. Mayor de Mendoza (sobrina del arzobispo
de Santiago), en cuya escritura se menciona, como parte del contrato,
el terreno hasta la casa de Domingo de Coln el Viejo, con salida al
_eirado_ de la puerta de la Galea. El dicho eirado, inmediato al lugar
que ocupaba la puerta y torre de la Galea, es una plaza o espacio
irregular entre varios edificios, tapias y muelle al fondeadero llamado
de la Puente. Nada de particular tendra el nombre de Cabo de la Galea,
si Coln hubiese jugado en su niez en aquel eirado, vecino a la casa
de un pariente muy cercano.

No limitndose el historiador gallego a estudiar los documentos
referentes a las familias de Coln y Fonterosa, cuyos dos apellidos
eran los del Almirante de las Indias, estudia otro que arroja potentes
rayos de luz en el obscuro campo de la Historia. Tal es la cdula
del arzobispo de Santiago, fechada el 15 de marzo de 1413, dirigida
al Concejo, Juez, Alcaldes, Jurados y hombres buenos de su villa de
Pontevedra, mandndoles entregar _cogidos y recabdados_, quince mil
maraveds de moneda vieja a maese Nicolao Oderigo de Gnova. Casi un
siglo despus, otro Nicolao Oderigo, a quien el Almirante le confi
en 1502 las copias de sus ttulos, despachos y escrituras--lo cual
indica la estrecha amistad que haba entre ambos--haba sido legado
del Gobierno genovs cerca de los Reyes Catlicos. Sera el segundo
Oderico descendiente del primero? Si aqul fu mercader de telas de
seda y de otros gneros de la industria italiana, y el ltimo desempe
el cargo de legado en la Corte de Castilla, sera aventurado presumir
que la amistad de Coln con el mencionado legado tena antigua fecha en
su familia, y provena de la proteccin del Oderigo a que se refiere
la cdula del Prelado compostelano? Si los padres del Almirante fueron
individuos de las familias Coln y Fonterosa, residentes en Pontevedra
y emigrados luego a Italia, puede aceptarse que tuvieron relaciones
ms o menos directas con los Oderigos. Conoca el legado Nicolao
Oderigo la verdadera patria de su amigo el Almirante, como parece
deducirse del hecho de haber retenido las copias que se le confiaron,
y que no fueron entregadas a las autoridades de Gnova hasta cerca
de dos siglos despus por Lorenzo Oderigo? Cree el Sr. Garca de la
Riega que el matrimonio Coln-Fonterosa, residente en Pontevedra,
emigr a Italia a consecuencia de las perturbaciones ocurridas, o por
otras causas, hacia los aos 1444 al 1450, aprovechando las relaciones
comerciales existentes entre ambos pases. Llev en su compaa a sus
dos hijos mayores--pues los dems nacieron posteriormente--, utilizando
para establecerse en Gnova, en Saona o en otras poblaciones cercanas,
recomendaciones para el arzobispo de Pisa, que a la sazn era clrigo
_sine cura_ de la iglesia de Santa Mara la Grande, de Pontevedra, y
cobraba un quin de sardina a los mareantes de dicha poblacin; o tal
vez se valiese de relaciones directas o indirectas con la familia de
Oderigo. All adquiri Cristbal algunos conocimientos y se dedic a
la profesin de marino. Naveg durante veintitrs aos, y cambiando su
apellido por el de Colombo se puso quizs bajo las rdenes de Colombo
el _Viejo_ o de Colombo el _Mozo_, famosos corsarios de aquellos
tiempos. Antes de dirigirse a Portugal, donde los descubrimientos y
viajes de los portugueses haban inmortalizado aquel reino, Coln vivi
en la isla de la Madera, adquiriendo por entonces relaciones con Alonso
Snchez, de Huelva, y trasladndose luego a Lisboa. En la capital de
Portugal concibi el proyecto de surcar el Atlntico en direccin al
Oeste. Desechado su plan por el gobierno de Portugal, se present al
de Espaa fingindose genovs, ya para encubrir su humilde origen, ya
para ocultar otra condicin de raza de su familia materna. Cuando se
vi en el apogeo de la gloria, tanto l como sus hermanos y sus hijos
siguieron ocultando patria y origen. Quin sabe--exclama Garca de la
Riega--si aquel hebreo que moraba a la puerta de la judera de Lisboa,
para el cual dej una manda en su testamento y _cuyo nombre reserv_,
era pariente materno del eximio navegante![363]. Nada de particular
tendra que Cristbal Coln, en alguno de sus viajes a los mares del
Norte, hiciese escala en Pontevedra, y convencido de que en aquella
poblacin nadie conservaba recuerdo de sus padres y de su familia, se
decidi a fingirse hijo de Gnova, lo cual, a falta de pruebas con
respecto al lugar verdadero de su cuna, acept la historia. Despus de
relatar, aunque sucintamente, la conferencia de Garca de la Riega,
recibimos de dicho seor la siguiente noticia:

       [363] Ob. cit., pg. 42.

Recientemente, derribado un viejo altar en la parroquial de Santa
Mara de esta ciudad, apareci un hueco en forma de arco y en su pared
una inscripcin de principios del siglo XVI, grabada en piedra con
letra gtica alemana (de aquella poca), relativa a un Juan de Coln
(mareante de Pontevedra), que era sin duda el que figura con el mismo
nombre en el tercer viaje del gran descubridor; adems, los varios
documentos del siglo XV hallados aqu, exhiben desde 1428 el mismo
apellido precedido con la partcula _de_. Ahora bien, en una clusula
del testamento e institucin de mayorazgo, documento que Coln y su
heredero reservaron y que tiene la fecha de febrero de 1498, aqul
consign que _su verdadero linaje_ es el de los llamados _de_ Coln.
Y quin califica de _verdadero_ a su linaje sino en presencia de uno
ficticio o supuesto, el de los Colombo italianos? Por consiguiente,
en esa clusula Coln desvirta su declaracin _herldica_ de haber
nacido en Gnova. Y esto hay que enlazarlo con el hecho de que en
las famosas estipulaciones de Santa Fe (1492) el futuro Almirante,
Virrey, etc., estamp el apellido _Coln_, que anteriormente _se le
daba en Portugal_, y no el de Colombo. Acaso temi dificultades y
peligros para el porvenir si no consignaba su verdadero apellido en tan
solemne y transcendental documento, pues era hombre sumamente cauto y
receloso[364]. Hemos terminado la larga relacin del Sr. Garca de la
Riega (Apndice H).

       [364] Parte de una carta de D. Celso G. de la Riega, escrita
       al autor de esta obra desde Pontevedra y con fecha 3 de
       noviembre de 1912.

Aadiremos por nuestra parte que mientras los israelitas del Antiguo y
del Nuevo Mundo, inspirados por el sentimiento de raza, se enorgullecen
con tener entre sus antepasados a Coln; y mientras que en el Antiguo
y Nuevo Mundo hombres ilustres proclaman el origen espaol del
descubridor de Amrica, nosotros esperamos ms datos y ms noticias
para resolver cuestiones tan complicadas. Aunque mucho nos halagara
poder decir que Coln era espaol, sin embargo, no dejaremos de copiar
los dos versos que se hallan escritos en las paredes del convento de la
Rbida, firmados con las iniciales F. G. F.:

      Al nauta genovs, honor y gloria!
    Bendecid, espaoles, su memoria!

Y tentados estamos para hacer nuestra la siguiente octava del poeta
Fox, escrita cuando Gnova eriga a Coln magnfico monumento:

      A tu memoria el genovs levanta
    gigante estatua que respeta el viento;
    de noble aspecto y de riqueza tanta,
    cuanta puede crear el pensamiento.

      --Pero la patria que tu nombre canta
    y te consagra eterno monumento,
    qu parte tuvo en tu inmortal hazaa?
    Toda tu gloria pertenece a Espaa!

De la familia de Cristbal Coln slo diremos que es cierto que su
padre se llamaba Domenico y su madre Susana Fontanarrosa; que, adems
de Bartolom y Diego, tuvo otro hermano que se llam Juan Peregrn, el
cual muri joven, y que su hermana Blanquineta cas con el industrial
Santiago Rayarello[365].

       [365] Blanquineta y Santiago tuvieron un hijo de nombre
       Pantalen.

Procede ya referir los sucesos acaecidos al futuro descubridor del
Nuevo Mundo en Portugal. Coln, acompaado de su hermano Bartolom,
lleg a Lisboa, a ltimos del ao 1476[366]. Habitaba cerca del
Monasterio de _Todos los Santos_, en cuya iglesia debi conocer a la
joven Felipa Muiz. Prendse de ella y la obtuvo en matrimonio. La
primera noticia del nombre de la mujer del futuro Almirante, aparece en
el testamento de su hijo Diego, quien la llama Felipa Muiz. Bastantes
aos despus, Fernando Coln aadi segundo apellido, y la di el
nombre de Felipa Muiz Perestrello[367]. Felipa era hija--segn todas
las seales--de Bartolom Perestrello, genovs naturalizado en Portugal
y distinguido navegante de la casa del nunca bastante alabado infante
D. Enrique[368]. Cristbal Coln vino a Portugal, como otros muchos, en
busca de fortuna, arrastrado, seguramente, por las noticias que corran
acerca de los navegantes y descubrimientos portugueses, pues a la
sazn era Lisboa un centro nutico de gran importancia. Adems no debe
olvidarse que en la capital del reino lusitano se hallaban establecidos
muchos italianos, en particular genoveses. Ya en Portugal, un poco
antes o un poco despus, emprendi un viaje a Thule[369] e hizo otros a
diferentes puntos. Parece probado que Porto-Santo, isla descubierta por
exploraciones dirigidas bajo la direccin del infante D. Enrique, se
entreg en feudo a la familia de los Perestrellos.

       [366] Otros dicen que lleg entre el ao 1470 y 1472. Lo nico
       que puede asegurarse es--pues lo dice l mismo--que en febrero
       de 1477 estaba en Lisboa.

       [367] Algunos dicen Palestrello.

       [368] Felipa, siguiendo la costumbre de aquellos tiempos, pudo
       usar el apellido materno antes que el paterno, y llamarse
       Muiz Perestrello.

       [369] P. Las Casas, _Hist. general_, lib. I.

De lo que no cabe duda es que, Pedro Correa, casado con una hermana
de Felipa, tuvo el mando superior de Porto Santo, a la muerte de su
suegro y de su suegra. Y afrmase por algunos que Miguel de Muliarte,
de Huelva, era marido de Violante Muz, hermana tambin de Felipa[370].

       [370] Pero Miguel de Muliarte y Violante Muz, eran
       realmente cuados de Coln, como afirma Fernndez Duro, en la
       _Nebulosa de Coln_, pgs. 18-29? Es de advertir que tiempo
       adelante, segn cartas que se conservan, Muliarte trataba
       con mucho respeto a su protector Cristbal Coln, hasta el
       punto que en dicha correspondencia no aparece seal alguna de
       familiaridad o parentesco.

Cuando muri Bartolom Perestrello, Coln pudo adquirir los mapas,
diarios y notas de viajes de su suegro. Tambin su cuado Correa le
di algunas noticias, decidindose entonces Cristbal Coln a ir a las
famosas Indias, no por el Oriente, que era la idea de los portugueses,
sino por el Occidente, por el Atlntico, mar que siempre haba sido
mirado con temor supersticioso. Del mismo modo, Coln, a la muerte de
su cuado, debi de hacerse dueo de los documentos y cartas de ste.
No abrigamos duda alguna de que Coln se decidi entonces a realizar su
viaje.

El que revel a Coln las tierras trasantlnticas fu--segn la opinin
de algunos cronistas--Alonso Snchez de Huelva. Vase lo que dice sobre
el particular Oviedo: Quieren decir algunos que una carabela que desde
Espaa passaba para Inglaterra cargada de mercaduras  bastimentos,
assi como vinos  otras cosas que para aquella isla se suelen cargar
(de que ella carese  tiene falta), acaesi que le sobrevinieron
tales  tan forosos tiempos  tan contrarios, que ovo neessidad de
correr al poniente tantos das, que reconosi una  ms de las islas
destas partes  Indias;  sali en tierra  vido gente desnuda de
la manera que ac la hay, y que cessados los vientos (que contra su
voluntad ac la trajeron), tom agua y lea para volver a su primero
camino. Dicen mas: que la mayor parte de la carga que este navo traa
eran bastimentos  cosas de comer  vinos, y que assi tuvieron con qu
se sostener en tan largo viaje  trabajo,  que despues le hizo tiempo
a su propsito y torn a dar la vuelta,  tan favorable navegacion
le suedi, que volvi a Europa  fu a Portugal. Pero como el viaje
fuesse tan largo y enojoso, y en especial a los que con tanto temor 
peligro forados le hicieron, por presta que fuesse su navegacion, les
durara cuatro  cinco meses ( por ventura ms) en venir ac  volver
a donde he dicho. Y en este tiempo se muri quasi toda la gente del
navo  no salieron de Portugal sino el piloto, con tres  cuatro 
alguno ms de los marineros,  todos ellos tan dolientes, que en breves
das despus de llegados murieron.

Diese junto con esto que este piloto era muy ntimo amigo de
Chripstbal Colom, y que entenda alguna cosa de las alturas, y marc
aquella tierra que hall de la forma que es dicho, y en mucho secreto
di parte de ello a Colom,  le rog que le fiiesse una carta y
assentase en ella aquella tierra que haba visto. Diese que l le
recogi en su casa como amigo, y le hizo curar, porque tambien vena
muy enfermo; pero que tambien se muri como los otros;  que assi
qued informado Colom de la tierra  navegacin destas partes, y en l
solo se resumi este secreto. Unos dien que este maestre  piloto era
andaluz, otros le hacen portugus, otros vizcaino; otros dien quel
Colom estaba entonces en la isla Madera,  otros quieren deir que en
la de Cabo Verde, y que all aport la carabela que he dicho, y l ovo
por esta forma notiia desta tierra. Que esto passase as  no, ninguno
con verdad lo puede afirmar; pero aquesta novela ans anda por el mundo
entre la vulgar gente de la manera que es dicho. Para m yo lo tengo
por falso,  como dice el agustino: _Melius est dubitare de ocultis,
quam litigare de incertis_. Mejor es dubdar de lo que no sabemos, que
porfiar lo que no est determinado[371].

       [371] _Historia general y natural de las Indias_, lib. II,
       cap. II, pg. 13.

Aade el inca Garcilaso de la Vega que cerca del ao 1484, un piloto
natural de la villa de Huelva (condado de Niebla), llamado Alonso
Snchez de Huelva, tena un navo pequeo, en el cual llevaba de Espaa
a las Canarias algunas mercaderas y all las venda; y de las Canarias
cargaba frutos que transportaba a la isla de la Madera, volvindose a
Espaa con azcar y conservas. En cierta ocasin, atravesando de las
Canarias a la isla de la Madera, dejse llevar de recio y tempestuoso
temporal. Al cabo de veintiocho o veintinueve das, sin saber por
dnde ni a dnde iba, se encontr cerca de una isla, tal vez Santo
Domingo, segn todas las seales. El piloto salt a tierra, tom la
altura y escribi todo lo que vi. A la vuelta le falt el agua y el
bastimento, comenzando a enfermar y morir de tal manera la tripulacin,
que de 17 hombres que salieron de Espaa no llegaron a la Tercera ms
de cinco, entre ellos el piloto Alonso Snchez de Huelva. Fueron a
parar a casa de Cristbal Coln, genovs, porque supieron que era gran
piloto y cosmgrafo, y que haca cartas de marear. Recibilos Coln con
mucho cario; pero iban tan enfermos que murieron todos en su casa,
dexndole en herencia los trabajos que les causaron la muerte[372]:
los quales acept el gran Coln con tanto nimo y esfuerzo, que
habiendo sufrido otros tan grandes y aun mayores, pues duraron ms
tiempo, sali con la empresa de dar el Nuevo Mundo y sus riquezas a
Espaa, como lo puso por blasn en sus armas, diciendo: _a Castilla y a
Len, Nuevo Mundo di Coln_[373].

       [372] Documentos y mapas importantes.

       [373] _Historia general del Per_ o _Comentarios Reales de los
       Incas_, tomo I, pgs. 11-15.[smudge or '--'?]--Madrid, 1800.

Lo mismo que Oviedo y el inca Garcilaso refieren Lpez de Gomara,
Acosta y algunos ms. Lope de Vega, en su comedia _El Nuevo Mundo
descubierto por Christobal Coln_, escrita en el ao 1604, el piloto
Snchez de Huelva dice al insigne genovs lo siguiente:

      La misma tormenta fiera
    que all me llev sin alas,
    casi por el mismo curso
    di conmigo vuelta a Espaa.
    No se veng solamente
    en los rboles y jarcias,
    sino en mi vida, de suerte
    que ya, como ves, se acaba.
    Toma esas cartas, y mira
    si a tales empresas bastas,
    que si Dios te da ventura,
    segura tienes la fama.

Sobre este particular aade el Sr. Fernndez Duro: Los que la tachan
de invencin despreciable, no se han fijado, al parecer, en que el
ms interesado, el Almirante mismo, consign en sus Memorias[374]
que un marinero tuerto, en el Puerto de Santa Mara, y un piloto, en
Murcia, le aseguraron haber corrido con temporal hasta lejanas costas
de Occidente, donde tomaron agua y lea para regresar. Los nombres no
comunic, ni dijo hasta qu punto las confidencias se extendieron; mas
la declaracin confirma plenamente, en lo esencial, aquello que entre
la gente de mar corra por vlido. Que el piloto muriese en su casa
y le legara los papeles, adorno aadido puede muy bien ser; que el
piloto existi y de su boca supo cmo haba ido y vuelto de las tierras
incgnitas, confirmado por l est[375].

       [374] El P. Las Casas, _Historia de Indias_, libro I, captulo
       XIII.

       [375] _La tradicin de Alonso Snchez de Huelva._--_Boletn de
       la Real Academia de la Historia_, tomo XXI, pgina 45.

Ms adelante escribe: Con las indicaciones vulgares se vislumbra ya,
desde luego, que hubo ms de una expedicin o aventura desgraciada, y
que vascos, andaluces y portugueses intentaron la empresa que Cristbal
Coln llev a cabo[376].

       [376] Ibidem, pg. 46.

       *       *       *       *       *

Pero puede acaso llamarse descubridores de Amrica, ni lo son, cuantos
columbraron la existencia de aquellos Continentes, o los que se admita
o algn da llegue a probarse que de hecho aportaron a las playas
americanas, ora queriendo, o bien llevados all por no poder resistir
el empuje de los vientos o a las corrientes del Ocano?[377].

       [377] Ibidem, pg. 51.

Por nuestra parte, se nos ocurre preguntar: Si--como dice la narracin
de Oviedo y de otros--Coln es el nico depositario del secreto,
quin, cmo y cundo lo ha revelado? En asunto de tanta importancia,
aadiremos que, aun admitiendo que por el ao 1000 de nuestra Era--como
se dijo en el captulo III de este tomo--valientes marinos normandos de
Islandia llegaron a las costas de Groenlandia, de Labrador, de la Nueva
Inglaterra, y acaso hasta donde hoy est Nueva York; aun admitiendo lo
que de Alonso Snchez de Huelva se refiere, y aun admitiendo otras
expediciones, descubrimientos y noticias, nada importa para la gloria
del inmortal nauta.

Con respecto a la ciencia del futuro descubridor del Nuevo Mundo, l
mismo, en carta a los Reyes Catlicos, escribe lo que a continuacin
copiamos: En la marinera me hizo Dios abundoso; de astrologa me
di lo que abastaba y ans de geometra y aritmtica; y engenio en
el anima y manos para dibujar esfera, y en ella las cibdades, ros
y montaas, islas y puertos, todo en su propio sitio. Yo he visto y
puesto estudio en ver de todas escrituras, cosmografa, historia,
coronicas y filosofa y de otras artes, ans que me abri Nuestro
Seor el entendimiento con mano palpable a que era hacedero navegar de
aqu a las Indias, y me abri la voluntad para la ejecucion de ello.
Probado se halla--aunque otra cosa diga Fernando Coln en su historia
del Almirante--que el descubridor del Nuevo Mundo no estudi ni poco
ni mucho tiempo en la renombrada Universidad de Pava. Debi pasar su
infancia al lado de su padre y de sus hermanos. A los catorce aos,
o tal vez de ms tierna edad, se lanz al mar, adonde le llamaban
sus constantes inclinaciones y ardientes deseos. Sirviese o no Coln
bajo las rdenes de los corsarios Colombos, el asunto carece de toda
importancia[378]. De muy pequea edad--dice Cristbal Coln en carta
a los Reyes Catlicos escrita en 1501--entr en la mar navegando e lo
he continuado fasta hoy. La mesma arte inclina a quien le prosigue, a
desear de saber los secretos de este mundo. Ya pasan de cuarenta aos
que yo voy en este uso. Todo lo que fasta hoy se navega, todo lo he
andado. En otro lugar se lee: El ao de 1477, por febrero, navegu
ms all de Tile cien leguas, cuya parte austral dista de la equinocial
73 grados y no 63 como dicen algunos... Veintitrs aos he andado por
el mar sin salir de l, por tiempo que deba descontarse--dice en otro
sitio--v todo el Levante y el Poniente, y al Norte de Inglaterra. He
navegado a Guinea; pero en ninguna parte he visto tan buenos puertos
como estos de la tierra de las Indias[379].

       [378] El conde Roselly de Lorgues cree que eran dos corsarios:
       el _Archipirata_, verdadero Duguay-Tronin de la Liguria, y
       su sobrino _Colombo el Mozo_. _Historia de Cristbal Coln_,
       tomo I, pgina 63. Barcelona, 1892. Aade D. Juan Solari
       que no estn en lo cierto los escritores que hacen a Coln
       pariente de los citados corsarios y le consideran al servicio
       de Colombo el _Mozo_. Hace tambin observar que los tales
       corsarios no eran genoveses, ni aun italianos, sino gazcones;
       y sus apellidos eran Cazeneuve y de sobrenombre Coullon,
       que historiadores complacientes han traducido por Columbus
       y Colombo.--_La cuna del descubridor de Amrica Cristbal
       Coln._ Homenaje al centenario de la Repblica Argentina. 25
       de mayo de 1910.

       [379] Fernando Coln, _Historia del Almirante_, tom. I. cap.
       IV.

Se ha credo por algunos que slo Coln y otros pocos sabios
contemporneos crean en la forma esfrica de la tierra. Ignoran que
ya lo dijeron muchos, entre ellos Aristteles (384-321), Arqumedes
(287-212), los filsofos de la Escuela de Alejandra, Plinio (siglo I
de la Era Cristiana), San Basilio (siglo IV), el venerable Beda (siglo
VIII), el patriarca Focio (siglo IX), el presbtero Honorio (siglo
XII); y entre los rabes Mazoudi, Edris y Aboulfeda. La Academia de
Toledo, fundada en 1258 por Alfonso X, segua el sistema de Ptolomeo,
profesando, por tanto, la teora de la forma redonda de la tierra.
Mientras que en Toledo se discuta el movimiento de los astros, dos
hombres superiores, fundndose en la esfericidad de nuestro globo,
deducan la existencia de otro Continente: eran estos Rogerio Bacon
(1214-1294) y Raimundo Lulio (1235-1315)[380]. Como dice el ilustre
Gaffarel, es imposible sealar mejor que Bacon lo hizo la posicin de
Amrica. Anunci muchas de las grandes leyes con que despus se han
enriquecido las ciencias fsicas y naturales. Expuso en trminos claros
y precisos la doctrina de que al Occidente de Europa deban existir
tierras, siendo posible, por tanto, la comunicacin de aquella parte
del mundo con las citadas tierras. Conoca Bacon el viaje del islands
Erik Rauda (Erico el Rojo)? Conoca alguna de las expediciones
islandesas o normandas que poco despus se llevaron a feliz trmino? O
adivin el descubrimiento que en 1492 hizo el genovs Cristbal Coln?

       [380] Rogerio Bacon naci en Inglaterra e hizo sus estudios en
       Oxford y en Pars. Escribi su magnfica obra intitulada _Opus
       Majus_.

Hse dicho, del mismo modo, que el mallorqun Raimundo Lulio, el
sublime autor de _Arte Magna_ (_Ars Magna_), se haba ocupado de la
existencia de un continente al Occidente de Europa, quedando reservado
a Coln la gloria de encontrarlo. En la edicin de Maguncia del ao
MDCCXXIX, forman las obras del beato Raimundo Lulio (_Operum Beati
Raymundi Lulli_), diez tomos en folio, hallndose en el cuarto el
libro intitulado _Questiones per Artem Demonstrativam solubiles_. En
la cuestin 154 (CLIV), folios 151 y 152, al proponer la dificultad
del flujo y reflujo en el mar de Inglaterra (_qu natur Mare Anglic
fluat et refluat?_), el _Doctor Iluminado_ la explica con todo
detenimiento. La traduccin del texto, hecha libremente al castellano,
dice as: Toda la principal causa del flujo y reflujo del Mar grande o
de Inglaterra, es el arco del agua del mar, que en el Poniente estriba
en una tierra opuesta a las costas de Inglaterra, Francia, Espaa
y toda la confinante de Africa, en las que ven los ojos el flujo y
reflujo de las aguas, porque el arco que forma el agua como cuerpo
esfrico, es preciso que tenga estribos opuestos en que se afiance,
pues de otro modo no pudiera sostenerse; y, por consiguiente, as como
a esta parte estriba en nuestro continente, que vemos y conocemos, _en
la parte opuesta del Poniente estriba en otro continente que no vemos
ni conocemos desde ac_; pero la verdadera filosofa, que conoce y
observa por los sentidos la esfericidad del agua y su medido flujo y
reflujo, que necesariamente pide dos opuestas vallas que contengan
el agua tan movediza y sean pedestales de su arco, infiere que
necesariamente en la parte que nos es occidental _hay continente_ en
que tope el agua movida, as como topa en nuestra parte respectivamente
oriental. Despus de leer el citado pasaje, podemos repetir con un
estudioso jesuta: La existencia de un continente al Occidente de
Europa, estuvo cientficamente probada por Raimundo Lulio dos siglos
antes que Coln lo hallara. Que este continente fuera precisamente la
Amrica, ni Lulio, ni Coln, ni nadie lo dijo: _Suum cuique_. Somos de
opinin que Cristbal Coln no conoci las obras cientficas de Bacon,
ni de Lulio. Segn un autor coetneo del beato mallorqun, ste visit
varias veces la ciudad de Gnova, dejando all algunas de sus obras en
poder de un amigo suyo.

Adems, casi todos los escritores cristianos coetneos y posteriores
a la Academia Toledana, admitan la redondez de la Tierra: Alberto el
Grande, Vicente de Beauvois y nuestro D. Enrique de Villena o de Aragn
(a quien muchos llaman, sin serlo, marqus de Villena), se encuentran
entre ellos. El de Villena, en su _Tratado de Astrologa_[381], dando
por verdad sabida la redondez del planeta, estudi la fuerza de
atraccin de la tierra. Alonso de Crdoba, Pedro Ciruelo, Antonio de
Nebrija, Fernando de Crdoba, Abraham Zacut, afirmaron la esfericidad
del globo. De modo, que en tiempo de Coln no indicaba sabidura, ni
aun era peregrina la creencia de que nuestro planeta tena la forma
esfrica.

       [381] Termin dicho libro el 20 de Abril del ao 1428.

Debieron contribuir a que Coln formase su proyecto de ir directamente
a la India por Occidente, no la correspondencia, que ha resultado
apcrifa, con Toscanelli, ni las enseanzas de las obras cientficas
de los sabios que acabamos de citar, sino las noticias de los marinos
y por los mapas de navegacin que las confirmaban. Debi tener
conocimiento de los viajes de los venecianos Polo, del _Almanaque
Perpetuo_ de Zacut, y muy especialmente de la obra _De imagine Mundi_,
del cardenal Pedro de Ailly.

Procede en este lugar que demos cuenta de los libros que tuvo en su
librera Coln, y que han llegado hasta nosotros[382]. Estos son los
siguientes: _Historia rerum ubique gestarum_, escrita por Eneas Silvio
Piccolomini (despus Papa con el nombre de Po II), impresa en Venecia
el ao 1477; _De imagine Mundi_, del cardenal Pedro Alliaco o d'Ailly,
impreso en Lovaina, en la oficina de Juan de Wesfalia, entre los
aos de 1480 a 1483; _De consuetudinibus et conditionibus orientalium
regionum_, obra de Marco Polo, impresa tal vez en Amberes por el ao
1485; _Historia naturalle_, de C. Plinio, impresa en Venecia el 1489;
_Vidas de los ilustres varones_, de Plutarco, traducidas al castellano
por Alfonso de Palencia e impresas en Sevilla el 1491; _Almanak
perpetuum_, compuesto por Abraham Zacut, impreso en Leirea el 1496;
_Concordanti Biblia Cardinales_, S. P., manuscrito del siglo XV, y el
titulado _Libro de las Profecas_, manuscrito posterior a 1504. Tambin
se cree que le pertenecieron: _Sumula confessionis_, de San Antonino
de Florencia, impreso en Venecia el 1476; _Filosofa natural_, de
Alberto Magno, edicin de Venecia de 1466, y _Tragedias_, de Sneca,
palimpsesto en folio, del siglo XV[383].

       [382] _Libros y autgrafos de D. Cristbal Coln_, por D.
       Simn de la Rosa y Lpez. Sevilla, 1891.

       [383] Respecto a los numerosos extractos y a las pocas notas
       que se hallan en las mrgenes de estos cdices, especialmente
       en las obras de Po II y de Alliaco, se ignora quin fu
       el autor, atribuyndolos, unos al mismo Almirante, otros a
       Bartolom y algunos a un tercero desconocido; pero se puede
       afirmar que tanto los extractos, como las notas, son obra de
       un hombre poco versado en la ciencia cosmogrfica.

Resuelto ya Coln a llevar a cabo su idea, se decidi a pedir
ayuda--segn refieren algunos historiadores--, primero al Senado de
Gnova y despus a la repblica de Venecia. Habiendo rehusado las
dos poderosas repblicas el ofrecimiento, dirigise--y esto se halla
completamente probado--a Juan II de Portugal. Una Junta, presidida
por don Diego Ortiz de Calzadilla, obispo de Ceuta, opin contra la
propuesta del marino genovs, no sin que la defendiese con tanto
entusiasmo como energa el conde de Villarreal. Merece el conde de
Villarreal que se le seale el primer puesto entre los defensores de
Coln.

Juan II, no sabiendo decidirse entre la opinin de la Junta y la del
conde de Villarreal, tom--segn refiere la leyenda colombina--un
trmino medio, cual fu mandar, con pretexto de ir a las islas de Cabo
Verde, un buque, cuyo capitn, llevando los mapas y papeles que Coln
haba entregado sin desconfianza alguna, navegase hacia los lugares
indicados en los dichos mapas y papeles. Cuentan que despus de algn
tiempo, la tripulacin, sobrecogida de espanto, volvi a Lisboa,
considerando como locura el pensamiento del insigne navegante. Creemos
que todo esto--como acabamos de notar--pertenece a la novela.




CAPTULO XIX

  CRISTBAL COLN EN PALOS Y EN LA RBIDA.--COLN EN SEVILLA.--EL
  DUQUE DE MEDINASIDONIA Y EL DUQUE DE MEDINACELI.--COLN EN CRDOBA:
  SE PRESENTA A LOS REYES.--RETRATO MORAL Y FSICO DE COLN.--AMIGOS
  Y ENEMIGOS DEL GENOVS.--POLTICA EXTERIOR E INTERIOR.--JUNTA DE
  CRDOBA.--JUNTA DE SALAMANCA.--COLN ANTE LOS REYES EN ALCAL
  DE HENARES.--DOA BEATRIZ ENRQUEZ DE ARANA.--PROPOSICIONES
  PRESENTADAS POR COLN A LOS REYES CATLICOS.--COLN EN LA
  RBIDA.--LOS CONSEJEROS DE COLN.--JUAN PREZ ANTE DOA
  ISABEL.--TRATADO ENTRE LOS REYES CATLICOS Y COLN.--EL ALMIRANTE
  EN LA RBIDA.--MARTN ALONSO PINZN.--SANTA MARA, LA NIA Y LA
  PINTA.--CONVENIO ENTRE COLN Y PINZN.


Habiendo fallecido la mujer de Coln (1484)[384], el audaz genovs
abandon a Portugal y lleg a la corte de Castilla, Estado a la
sazn poderoso, engrandecido por la poltica de los Reyes Catlicos.
Debi de hacer el viaje por mar y no por tierra. Si realiz el viaje
embarcado--como muchos creen[385]--es probable que hiciese escala en
Huelva para ver a su cuado o amigo Muliarte.

       [384] Fu enterrada en la _capilla de la Piedad_ del convento
       del Carmen en Lisboa, siendo de notar que Coln se ocup en
       sus escritos muy poco de ella, lo cual hace sospechar que la
       dicha y felicidad del matrimonio no fueron completas.

       [385] Herrera, _Dcada_ 1., lib. I, cap. VII.

Tom despus el camino de Crdoba, donde a la sazn se hallaban los
reyes; pero hubo de tocar de arribada en el puerto de Palos[386]. Es
de creer que no habiendo encontrado en Palos seguro asilo donde poder
descansar y recuperar sus gastadas fuerzas, vi all lejos y en una
altura un convento, y hacia l dirigi sus pasos para gloria suya y de
Espaa.

       [386] No se halla probado si desembarc en Palos o en el
       Puerto de Santa Mara, en Sanlcar de Barrameda o en la
       Higuera.

Aunque el convento de _Santa Mara de la Rbida_ o de _Nuestra Seora
de los Remedios_ no se hallaba en el camino de poblacin alguna
importante, Cristbal Coln fu all, como otros muchos pobres
caminantes acudan a las puertas de dichas casas religiosas. Del
convento de la Rbida dijo el duque de Rivas en uno de sus romances lo
siguiente:

      A media legua de Palos
    sobre una mansa colina,
    que dominando los mares
    est de pinos vestida,
    de la Rbida el convento
    fundacin de orden francisca,
    descuella desierto, slo,
    desmantelado, en ruinas.

Daremos algunas noticias del convento en aquella poca. Componase de
dos clustros interiores y de tres pequeos cuerpos anejos al edificio
principal. La iglesia de Santa Mara estaba rodeada de un cercado, cuyo
espacio formaba un patio interior. Dicho templo, construdo en forma de
cruz, tena tres capillas. Exteriormente, y por encima del altar mayor
se levantaba esfrica cpula, rodeada de un borde de mampostera. Dicha
parte del tejado, dispuesta a manera de azotea, pareca destinada a
Observatorio. La cpula, revocada de blanca cal, serva de seal a los
buques costaneros. El convento, rodeado de espeso bosque de pinos, no
se descubra por la parte de tierra; nicamente por la parte del mar.

Si era pobre la obra arquitectnica, lo era ms todava por la falta de
estatuas, cuadros y lmparas de oro y plata. El convento slo contena
habitacin para el prior, doce celdas y biblioteca; el refectorio y la
cocina ocupaban pequeo edificio rectangular, adosado a la izquierda
del principal edificio.

Gruesa pared, construda tal vez para defenderse de los moros de Espaa
y de los merodeadores de Portugal, encerraba la escarpada colina que
sirve de pedestal al convento y al pie de la cual crecan magnficos
aloes y altas palmeras. Subase por gradas formadas de piedras,
vindose a un lado y a otro frondosas higueras y arrastrndose por
todas partes alcaparros y sarmientos. Al jardn, regado por mquina
hidrulica alimentada mediante el ro Tinto, le daba sombra frondoso
parral y algunos limoneros.

[Ilustracin:

FOTOTIPIA LACOSTE.--MADRID.

SANTA MARA DE LA RBIDA ANTES DE SU RESTAURACIN.]

A medida que los habitantes de Palos se han ido trasladando a Moguer,
los religiosos, convencidos que ya no eran tiles a la poblacin harto
alejada, tambin se fueron retirando poco a poco. En tiempo de la
revolucin francesa estaban all unos cuatro o cinco y se cuenta que
el convento fu saqueado y el archivo destrudo. El ao 1825 haba
cuatro frailes; el edificio se hallaba casi olvidado. La revolucin
religiosa de 1835 suprimi los conventos, y aunque el de la Rbida
fu clasificado y numerado como propiedad nacional, sin embargo, los
habitantes ribereos devastaron el edificio y el jardn. En el ao 1854
el duque de Montpensier inici una suscripcin para restaurar aquella
joya histrica. En efecto, se restableci la celda del P. Juan Prez y
se restaur la iglesia, inaugurndose la restauracin el 15 de abril
de 1855, con asistencia de los duques de Montpensier, acompaados de
los duques de Nemours[387].

       [387] Vase la _Historia de Cristbal Coln_, tom. I, pgs.
       123-126 del conde Roselly de Lorgues.

A la sazn--como dice Becerro de Bengoa--el histrico monumento,
completamente blanqueado, es sencillo en sus lneas, breve en su
contorno y humilde en su total apariencia. En su aspecto--aade--nada
puede darse ms reducido, en su arte exterior nada ms pobre, en sus
alrededores nada ms mustio y desolado, y realmente en su interior nada
ms diminuto y vulgar, segn est ahora. Aadid a esto el abandono,
el silencio, la soledad, el aparente apartamiento del mundo en que
aquello yace, y tendris idea de la desilusin de que os hablo, y que,
en efecto, all se siente[388]. En aquella modesta mansin se trataron
los asuntos ms transcendentales del siglo XV y aun de la historia.

       [388] _Conferencia pronunciada el 21 de diciembre de 1891 en
       el Ateneo de Madrid_, pg. 10.

Desde Portugal vena Coln acompaado de su hijo Diego. Hallbase a
la vista de Santa Mara de la Rbida. Vencido por el cansancio y la
fatiga, descans a la sombra de carcomida palmera--si damos crdito
a la tradicin--; palmera conservada hoy entre un macizo de flores y
con el largo tronco apuntalado, distante cien metros del convento.
Frente al cenobio o explanada que d acceso al interior de dicha casa
religiosa, se levanta cruz de hierro sobre pilar de tosca mampostera,
en cuyas gradas hubo de sentarse el futuro descubridor del Nuevo Mundo.
Al poco tiempo--segn refieren antiguas relaciones--Cristbal Coln
llam a la puerta de la casa franciscana para pedir un pedazo de pan y
una poca agua con que saciar el hambre y apagar la sed de su hijo Diego.

Llego Coln el ao 1484, como tradicionalmente han escrito los
historiadores, o el ao 1491, segn parece desprenderse de una
relacin de Garci Hernndez, mdico de Palos, en el famoso pleito de
los Pinzones?[389]. Con mucha razn dice el marqus de Hoyos, que si
las palabras del fsico de Palos se refiriesen a 1491, era totalmente
impropio el calificativo de _niico_ dado por ste al hijo de Coln,
al que tambin Las Casas llama nio chiquito, siendo as que en esa
poca deba tener ya ms de quince aos, mientras que a su llegada
a Espaa (1484), tendra ocho, edad en que le cuadraban las citadas
expresiones[390].

       [389] No falta quien diga que lleg el 20 de enero de 1485.

       [390] _Conferencia en el Ateneo de Madrid acerca de Coln y
       los Reyes Catlicos_ (24 de marzo de 1891). Debi nacer Diego
       en el ao 1476.

Los franciscanos de Nuestra Seora de los Remedios, y en particular,
el P. Fr. Juan Prez--a quien algunos llaman guardin del
convento--acogieron a Coln con gran afecto y cario. Justo ser
recordar entre los religiosos el nombre de Fr. Antonio de Marchena
buen astrlogo, como decan los Reyes Catlicos.

En el convento de Santa Mara de la Rbida encontr el futuro Almirante
el apoyo que buscaba. Los frailes dieron pan y agua al hijo de Coln.
Aquel pedazo de pan que sirvi de alimento, y aquella poca agua que
apag la sed del _niico_ Diego, fueron pagados con el descubrimiento
del Nuevo Mundo. El convento de Santa Mara de la Rbida respondi a
su tradicin protegiendo al insigne genovs. Aquel Fray Juan Prez y
aquel Fr. Antonio de Marchena, eran discpulos de San Francisco de
Ass, del bondadoso San Buenaventura, del sabio Rogerio Bacon y del
_Doctor Iluminado_ Raimundo Lulio. Si San Francisco ense a sus hijos
la caridad y fraternidad humanas, y San Buenaventura pas toda su
vida queriendo armonizar las dos tendencias religiosas representadas
en San Antonio y en Elas de Cortona, Rogerio Bacon, el inventor de
la plvora, predijo gran parte de los descubrimientos modernos; y
Raimundo Lulio, cerca del ao 1287, en filosfico discurso, dijo (como
ya en el anterior captulo hicimos notar), que la parte opuesta del
Poniente estriba en otro continente que no vemos ni conocemos desde
ac. De caritativos y sabios podemos calificar a los fundadores de la
Orden de San Francisco. Correspondiles Coln con el mismo cario. Por
eso, a la hora de su muerte en Valladolid, un fraile franciscano le
lea la _Comendacin_ del alma, franciscanos acompaaron su cuerpo a
_Santa Mara la Antigua_, franciscanos celebraron en dicho templo sus
exequias, y franciscanos, por ltimo, condujeron sus restos mortales a
las tumbas del convento de los mencionados Padres.

Conocedores Fr. Juan Prez, Fr. Antonio de Marchena y el fsico Garci
Hernndez de los proyectos del futuro Almirante, no ignorando que
pensaba dirigirse a Francia en busca de proteccin, y comprendiendo al
mismo tiempo que por entonces andaban empeados los Reyes Catlicos en
la guerra de Granada, aconsejaron a Coln que se dirigiera en demanda
de apoyo al duque de Medinasidonia, dueo entonces de la mayor parte
de la actual provincia de Huelva y de muchos pueblos y tierras de las
de Cdiz y Sevilla, con esplndida corte en la ltima de las citadas
ciudades y en la de Sanlcar de Barrameda. Los productos mayores de la
casa de Medinasidonia procedan de su privilegio de las almadrabas de
Sanlcar, para cuya industria tenan importante flota. En solicitud
de algunas naves se dirigi Coln camino de Sevilla, llevando cartas
de recomendacin del guardin de la Rbida dirigidas al duque de
Medinasidonia. En Sevilla encontr nuestro extranjero navegante a
algunos genoveses, banqueros por lo general, y entre ellos a Juan
Berardi, hombre rico y en cuya casa estaba empleado Amrico Vespucio,
tan famoso luego en la historia del Nuevo Mundo[391].

       [391] Vespucio naci su Florencia el ao 1455.

No habiendo encontrado proteccin en el de Medinasidonia, se present,
con iguales recomendaciones, al duque de Medinaceli, seor no menos
poderoso que el anterior y que en su ciudad del Puerto de Santa Mara
no le faltaban elementos martimos para una empresa tan arriesgada como
gloriosa.

Bien ser poner en este lugar la carta que el de Medinaceli escribi
al cardenal Gonzlez de Mendoza, y que Navarrete coloc entre sus
documentos. Dice as:

  Al Reverendsimo seor, el Sr. Cardenal de Espaa, Arzobispo de
  Toledo, etc.

  Reverendsimo seor: no s si sabe vuestra Seoria como yo tuve en
  mi casa mucho tiempo a Cristobal Colomo, que se venia de Portugal y
  se queria ir al Rey de Francia para que emprendiese de ir a buscar
  las Indias con su favor y ayuda, e yo lo quisiere probar e enviar
  desde el Puerto que tenia buen aparejo con tres o cuatro carabelas,
  que no demandaba mas; pero como vi que era esta empresa para la
  Reina nuestra seora, escribilo a su Alteza desde Rota[392], y
  respondiome que ge lo enviase; yo ge lo envi entonces, y supliqu
  a su Alteza, pues yo no lo quise tentar y lo aderezaba para su
  servicio, que me mandase hacer merced y parte en ella, y que el
  cargo y descargo de este negocio fuese en el Puerto. Su Alteza
  lo recibi y le di encargo a Alonso de Quintanilla, el cual me
  escribi de su parte, que no tenia este negocio por muy cierto;
  pero que si se acertase, que su Alteza me haria merced y daria
  parte en ello: y despus de haberle bien examinado, acord de
  enviarle a buscar las Indias. Puede haber ocho meses que parti, y
  agora es l venido de vuelta a Lisbona, y ha hallado todo lo que
  buscaba y muy cumplidamente, lo cual luego yo supe, y por facer
  saber tan buena nueva a su Alteza, ge lo escribo con Xuarez, y le
  envo a suplicar me haga merced que yo pueda enviar en cada ao
  all algunas carabelas mias. Suplico a vuestra Seoria me quiera
  ayudar en ello, y ge lo suplique de mi parte, pues a mi cabsa, e
  por yo detenerle en mi casa dos aos, y averle enderezado a su
  servicio, se ha hallado tan grande cosa como esta. Y porque de todo
  informar mas largo Xuarez a vuestra Seoria, suplicole le crea.
  Guarde Nuestro Seor vuestra Reverendisima persona como vuestra
  Seoria desea. De la villa de Cogolludo a 19 de marzo.

  Las manos de vuestra Seoria besamos.--_El Duque._

       [392] La carta escrita desde Rota debi serlo a ltimos del
       ao 1485 o comienzos del 1486.

En la ciudad de Crdoba se present Cristbal Coln el 20 de enero de
1486, en cuya fecha se hallaban los reyes en Madrid. Hasta el 28 de
abril no llegaron D. Fernando y D. Isabel a la ciudad andaluza, de
la cual sali el Rey en el mes de mayo de dicho ao para la conquista
de Loja. De modo que la primera entrevista entre los reyes y Coln
debi verificarse en el lapso de tiempo que media desde el 28 de abril
y ltimos das de mayo. El tiempo que estuvo el futuro Almirante
esperando la llegada de los reyes, debi pasarlo buscando amigos y
protectores que le ayudaran en su empresa y tal vez sufriendo las
burlas de cortesanos y gente del pueblo.

Veamos el retrato tanto moral como fsico que hacen antiguos
historiadores del ilustre genovs. El Almirante era--segn
Herrera--alto de cuerpo, el rostro luengo y autorizado, la nariz
aguilea, los ojos garzos, la color blanca, que tiraba a rojo
encendido; la barba y cabellos, cuando era mozo, rubios, puesto que
muy presto, con los trabajos, se le tornaron canos: y era gracioso y
alegre, bien hablado y elocuente; era grave con moderacin, con los
extraos afable, con los de su casa suave y placentero, con moderada
gravedad y discreta conversacin, y as provocaba fcilmente a los que
le vean, a su amor; representaba presencia y aspecto de venerable
persona, y de gran estado y autoridad y digna de toda reverencia; era
sobrio y moderado en el comer y beber, vestir y calzar...[393]. Por su
parte, Gomara le retrata del siguiente modo: Hombre de buena estatura
y membrudo, cariluengo, bermejo, pecoso y enojadizo y crudo y que
sufra mucho los trabajos...[394]. Garibay escribe que era de recia y
dura condicin y Benzoni aade: _iracundi tamen pronus_[395].

       [393] _Dcada_ 1., lib. VI, captulo XV.

       [394] _Historia de las Indias_ en la Biblioteca de Autores
       espaoles, tomo XII, pg. 172.

       [395] _Historia Indi Occ._, libro I, cap. XIV.

Amaba de tal modo a la naturaleza que la contemplaba con entusiasmo
durante el da y la observaba por los astros en las noches serenas.
Navegando cerca de las costas, aspiraba los aromas balsmicos
procedentes de la orilla, y en medio de los mares los efluvios de las
olas. Complacase contemplando pjaros y flores. Gustaba de impregnar
del aroma de rosas o acacias o de flores de azahar sus vestidos, su
camarote y muy especialmente su papel para cartas. Era frugal y sobrio
en las comidas, noble en todos los actos de la vida y cristiano en sus
obras.

En la poderosa corte de los Reyes Catlicos el primero que se puso
al lado de Coln fu Alonso de Quintanilla, Contador mayor del reino
(cargo parecido al actual Ministro de Hacienda). Quintanilla le
recomend a D. Pedro Gonzlez de Mendoza, gran Cardenal de Espaa,
apellidado por el cronista contemporneo Mrtir de Anglera: _Tertius
Hispani Rex_, tercer Rey de Espaa. Coln fu conosido del
reverendssimo  ilustre Cardenal de Espaa, Arobispo de Toledo, D.
Pedro Gonalez de Mendoa, el qual comen a dar audiencia a Colon, 
conosi dl que era sabio  bien hablado, y que daba buena raon de
lo que decia. Y tvole por hombre de ingenio  de grande habilidad;
 conebido esto, tomle en buena reputacion  qusole favoreser. Y
como era tanta parte para ello, por medio del Cardenal y de Alonso de
Quintanilla fu oydo del Rey e de la Reyna;  luego se prinipi a dar
algun crdito a sus memoriales y peticiones  vino a concluirse el
negoio.

En mala, en muy mala ocasin hubo de presentarse Cristbal Coln a los
Reyes Catlicos. Cuando Doa Isabel y D. Fernando se hallaban ocupados
en arrojar de nuestro suelo y para siempre a los musulmanes, cuando la
Santa Hermandad castigaba con mano de hierro a los revoltosos magnates
y la Inquisicin echaba al fuego a los herejes, cuando se publicaban
sabias Ordenanzas y se reunan clebres Cortes, y cuando en la corte
brillaban aquellos personajes que se llamaban Talavera, Gonzlez de
Mendoza, Cisneros y Gonzalo de Crdova, un hombre obscuro, extranjero,
sin otra recomendacin que la de un pobre fraile franciscano y sin
otros recursos que vender libros de estampa o hacer cartas de marear,
fundndose en que la tierra era esfrica, solicitaba apoyo de los reyes
para ir por el Occidente a las costas de la India (Asia). No es extrao
que las gentes le llamasen iluso o loco.

Antes de continuar nuestra relacin, consideremos el estado de la
poltica entre Espaa y Francia, entre los Reyes Catlicos y Carlos
VIII. En los primeros das del mes de enero de 1484 se encontraban D.
Fernando y D. Isabel en la ciudad de Vitoria. All recibieron una
embajada que tena el encargo de notificarles la muerte de Luis XI y la
sucesin de su hijo Carlos VIII. Nuestros monarcas acordaron tambin
mandar a Francia su correspondiente embajada, con la indicacin de que
Carlos VIII devolviese a Espaa el Roselln y la Cerdaa, condados que
retena contra la voluntad de su padre, quien haba dispuesto antes
de morir que se entregaran a los Reyes Catlicos. La embajada, que se
envi en abril del mismo ao, slo obtuvo cariosas promesas. Fernando
entonces pens declarar la guerra a Francia; Isabel quera ocuparse
nicamente de la guerra con los moros. Las razones en que se apoyaba
el Rey Catlico las expone admirablemente el cronista Pulgar. El voto
del Rey, dice, era que primero se deban recobrar los condados del
Ruisselln y de Cerdaina que los tena injustamente ocupados el rey de
Francia: e que la guerra con los moros se poda por agora suspender,
pues era voluntaria e para ganar lo ageno, y la guerra con Francia non
se deba escusar, pues era necesaria e para recobrar lo suyo. E que si
aquella era guerra sancta, estotra guerra era justa, e muy conveniente
a su honra. Porque si la guerra de los moros por agora no se
persiguiese, no les sera imputada mengua, e si estotra no se ficiese,
allende de recibir dao e prdida, incurran en deshonra por dexar a
otro Rey poseer por fuerza lo suyo, sin tener a ello ttulo ni razon
alguna. Deca ansimesmo que el Rey de Francia era mozo, e su persona e
reino andaban en tutoras e gobernacion agena; las cuales cosas daban
la oportunidad pare facer la defensa de los franceses ms flaca, e
la demanda de restitucion ms fuerte. E que por si agora se dexase,
era de esperar que crescindole la cobdicia con la edad, sera ms
dificile de recobrar e sacar de su poder aquella tierra. Otros deca
que cuanto ms tiempo dexase de mover esta guerra, tanto mayor posesin
ganaba el Rey de Francia de aquellos Condados: e los moradores dellos
que cada hora esperaban ser tornados a su seoro, veyendo pasar el
tiempo sin dar obra a los recobrar, perderan la esperanza que tenan
de ser reducidos al seoro primero: e que el tiempo fara asentar sus
nimos en ser sbditos del Rey de Francia e perderan la aficion que
tenan al seoro real de los Reyes de Aragon. La cual aficion deca l
que no era pequea ayuda para los recobrar prestamente. Otros deca
que no poda buenamente sufrir los clamores de algunos caballeros e
cibdadanos de aquellos condados, que por servicio del Rey su padre e
suyo, han estado tanto tiempo desterrados de sus casas y heredamientos,
e reclamaban toda hora solicitando que se diese obra a la reduccin de
aquella tierra por tornar a sus casas e bienes.

Triunf la opinin de la Reina y se continu la campaa contra Granada,
a gusto tambin del Rey, convencido de las grandes dificultades que
tena la guerra con Francia.

Desde que los castellanos asolaron la vega granadina (1484) hasta que
Boabdil entreg las llaves de la ciudad (2 enero 1492), no dejaron de
agitarse los amigos y enemigos de Coln, o mejor dicho, los partidarios
o no partidarios de los proyectos del genovs insigne. Al frente
del partido contrario al de Coln se puso Fr. Hernando de Talavera,
prior de Nuestra Seora de Prado (Valladolid), y despus arzobispo de
Granada. Algunos escritores han tratado con severidad al prior de Prado
por las dificultades que puso _al ms noble solicitante del universo_,
como le llama el conde Roselly de Lorgues[396]. No tienen razn. Fr.
Fernando ni era envidioso de la gloria ajena, ni sistemticamente se
opuso a los proyectos del genovs. Crea de buena fe lo que afirmaba.
Aunque versado en las letras y en la ciencia teolgica, apenas tena
nocin alguna de las matemticas y de la cosmografa. Nadie pona en
duda su clara inteligencia, ni sus muchas virtudes. Varn tenido
por santo, escribe Vasconcellos; pero l que se haba propuesto,
como regla de conducta, no influir en recomendacin alguna, crey que
deba oponerse a los deseos del extranjero. Justificada encontramos
la oposicin de Talavera. Qu propona Coln?--pregunta con mucho
acierto el P. Ricardo Cappa--. Hallar por Occidente un camino ms
breve del que por Oriente intentaban los portugueses al Asia. Asunto,
a la verdad, digno de consideracin y accin; pero qu poda valer
para los espaoles la Cipango del Gran Khan en comparacin del reino
de Granada?... Poda un religioso, un prelado que fu el alma de esa
guerra, poda Talavera permitir que se debilitara en algo empleando los
recursos nacionales en lo que no fuese derrocar de una vez para siempre
a la media luna de las muslmicas torres de Granada? La empresa de
Coln era de un orden secundario por la ocasin en que se present, por
lo dudoso de la ejecucin, por lo problemtico del resultado[397].

       [396] Obra citada, tom. I, pg. 135.

       [397] _Coln y los espaoles_, pg. 2.


Comenz entonces para Cristbal Coln lucha continua y tenaz, con unos
porque no le entendan, y con otros porque no le queran entender.

Decidieron los reyes someter el asunto a una Junta de letrados que se
reuni en Crdoba y presidi Talavera, resultando de ella, como era
de esperar--dado que sus individuos fueron nombrados por el prior de
Prado--que las promesas y ofertas del genovs fueron juzgadas por
imposibles y vanas y de toda repulsa dignas, segn la expresin del
P. Las Casas. Comunicse a Coln el resultado de la Junta, y para no
quitarle toda esperanza, se le prometi volver a la materia cuando
ms desocupadas sus Altezas se vieran. Cumplise poco despus lo
prometido. Nueva Junta se celebr en Salamanca a fines del ao
1486, al mismo tiempo que los reyes, de regreso de su expedicin a
Galicia, residan en la ciudad[398]. Si el alma de la Junta de Crdoba
fu Talavera, ocupado a la sazn en visitar su dicesis como obispo
de Avila, el principal papel de la de Salamanca lo desempe el
dominico Fray Diego de Deza, maestro del prncipe D. Juan y protector
decidido de Coln[399]. De Fray Diego de Deza haba de decir el mismo
Coln tiempo adelante, lo que sigue: El seor obispo de Palencia,
siempre, desde que yo vine a Castilla, me ha favorecido y deseado mi
honra[400]. Un mes despus deca que el obispo de Palencia fu causa
que sus Altezas hobiesen las Indias, y que yo quedase en Castilla, que
ya estaba yo de camino para fuera[401].

       [398] Washington-Irving, Prescott, Humboldt, Navarrete y
       otros suponen errneamente que slo se celebr una Junta en
       Salamanca.

       [399] Obtuvo despus altas dignidades: fu sucesivamente
       obispo de Zamora, Salamanca, Palencia y Jan; arzobispo de
       Sevilla y electo de Toledo; canciller mayor de Castilla,
       capelln mayor y del Consejo Real, inquisidor general de
       Espaa y confesor del Rey Catlico.

       [400] Carta de Coln a su hijo Diego, fechada en Sevilla el 21
       de noviembre de 1504.

       [401] Carta al mismo D. Diego del 21 de diciembre de 1504.
       Esto que dice de Fray Diego de Deza, lo aplica en otras
       ocasiones a Fr. Juan Prez, a Luis de Santngel y a otros.

Albergse Cristbal Coln en el convento de San Esteban. En dicho
convento se hallaba el colegio de estudios superiores, que dirigan
los mismos religiosos dominicos; colegio de estudios superiores que
sobresala entre todos los dems establecimientos de instruccin
de Salamanca. Coln fu acogido benvolamente, lo mismo por el
citado Padre Deza, profesor de Teologa en el colegio, que por el
prior Magdaleno. Los Padres dominicos, para poder examinar con todo
detenimiento y tranquilidad el proyecto de Coln, se retiraron a
la _granja de Valcuevo_, distante unos 10 kilmetros Oeste de la
ciudad[402]. All pudo el hijo ilustre de Gnova exponer sus doctrinas,
atrayndose la mayor y ms granada parte de los individuos de la
sabia Junta, a pesar de ruda y tenaz oposicin que le hicieron los
partidarios de Talavera[403]. Certific la Asamblea de lo seguro e
importante del asunto, y Fr. Diego de Deza, con otros religiosos,
acompaaron a Coln desde Salamanca a Alcal de Henares, adonde se
haba trasladado la corte, para comunicar a los monarcas el dictamen
favorable de los religiosos y maestros del convento de dominicos de
San Esteban. El cardenal Gonzlez de Mendoza los introdujo ante la
presencia de Sus Altezas, dando los reyes a Coln esperanzas ciertas
de que se resolvera el asunto acabada la conquista de Granada. Desde
entonces--dice Bernldez--le miraron los reyes con agrado[404]. En
efecto, le admitieron a su servicio, en el que estuvo durante la
campaa con los musulmanes. En las cuentas del tesorero real Francisco
Gonzlez de Sevilla, se lee con fecha 5 de mayo de 1487 lo siguiente:
pagado a Cristbal Coln, extranjero, tres mil maraveds por cosas
cumplideras al servicio de Sus Altezas[405].

       [402] Asistieron a las discusiones Monseor Bartolom
       Scandiano, nuncio apostlico, y Pablo Olivieri, secretario de
       la nunciatura; Monseor Antonio Geraldini, ex nuncio, y su
       hermano Alejandro; Lucio Marineo y otros sabios.

       [403] Todava el P. Manovel, catedrtico de Derecho Cannico
       de la Universidad de Salamanca (m. el 4 de junio de 1893),
       alcanz a ver--segn deca--las figuras que Cristbal
       Coln traz en las paredes de Valcuevo para explicar
       sus teoras. Conviene no olvidar lo que el Sr. Berrueta
       escribi en su librito _El Padre Manovel_, librito que forma
       parte de la Biblioteca Salmantina. Passe Manovel aos y
       aos--dice--rotulando puertas y paredes del convento de San
       Esteban: por aqu pas el desvalido Coln, aqu estuvo sentado
       el desgraciado Coln, por aqu entr Coln, por aqu sali
       Coln, y la verdad es que ni Manovel ni nadie sabe todas esas
       cosas.

       [404] _Historia de los Reyes Catlicos_, captulo CXVIII. Ms.

       [405] _Docum. Diplom._, nmero XI.--Simancas. Ms adelante se
       le dieron otras cantidades.

No es cierto, pues, lo que Vivien de Saint-Martn y otros muchos
han escrito acerca de las conferencias de Salamanca. Toda la
ignorancia--dice el citado gegrafo--, todos los prejuicios, todo
el dogmatismo intolerante, todas las objeciones pueriles contra las
verdades fsicas conquistadas ya por la ciencia antigua, en una
palabra, todo lo que haban acumulado doce siglos de decadencia
intelectual y cientfica, las argucias escolsticas y monacales y
la citada interpretacin de los textos de la Escritura, todo tuvo
que oirlo y soportarlo Coln[406]. Tambin, con sobrada injusticia,
escribe el italiano Bossi lo que sigue: El proyecto fu entregado
al examen de hombres inexpertos, que, ignorando los principios de la
cosmografa y de la nutica, juzgaron impracticable la empresa.

       [406] _Historia de la Geografa_, tomo II, pg. 40.

Los mejores cosmgrafos del reino! Y qu cosmgrafos!

Una de sus principales objeciones era que si una nave se engolfaba
demasiado hacia el Poniente, como pretenda Coln, sera arrastrada por
efecto de la redondez del globo, no pudiendo, por lo tanto, regresar a
Espaa. Durante el siglo XV, lo mismo en Espaa que en otras naciones,
no era extrao que hombres tenidos por doctos dudasen de la posibilidad
de que siendo la tierra esfrica pudiera navegar un barco siempre en
la misma direccin sin caer en la inmensidad del espacio. A nadie por
entonces le era permitido aceptar cualquiera novedad en las ciencias
fsicas y naturales que pudiese aparecer como falsa interpretacin
de la Biblia. Por entonces debi recibir carta del Rey D. Juan de
Portugal. (Apndice I).

Hallndose Coln en Crdoba, conoci a Beatriz Enrquez de Arana, joven
de familia muy humilde, tan humilde, que--segn Arellano--tal vez fuera
moza de algn mesn donde se hubiese alojado el futuro descubridor de
Amrica. Las relaciones ntimas de Coln con la cordobesa, dieron por
resultado el nacimiento de un hijo (15 agosto 1488) a quien se di el
nombre de Hernando.

Iba a llegar el momento tan deseado por Coln. Cuando Fernando e Isabel
se hallaban en el Real de Santa Fe y cercana la rendicin de Granada,
el genovs lleg a dicho campamento, no sabemos si por propio impulso
o por orden de los reyes o llamado por sus amigos y protectores.
Inmediatamente formul sus proposiciones, las cuales debieron ser
casi las mismas que--como despus veremos--present la segunda vez.
Pareci, dice, cosa dura concederlas, pues saliendo con la empresa
pareca mucho, y malogrndose, ligereza. Ocasin propicia se ofreci
a los enemigos de Coln para desacreditarle ante los reyes, ponindose
al frente de aquellos D. Fernando de Talavera, ya indicado para
arzobispo de Granada. En efecto, D. Fernando y Doa Isabel rechazaron
las proposiciones.

Volvi Coln a la Rbida, donde Fray Juan Prez y el fsico Garci
Hernndez le convencieron de que deba permanecer en Espaa por
entonces. Es de advertir que en aquellos tiempos los fsicos, no slo
estudiaban el arte de curar, sino las ciencias naturales, la geografa
y la astrologa. Tal vez por ello los franciscanos Fr. Juan Prez y Fr.
Antonio de Marchena echaron mano de Garci Hernndez para que plantease
y resolviese los rduos y difciles problemas que acariciaba el marino
de Gnova. Convencido Fray Juan Prez, escribi una carta a la Reina.
Llev dicha carta Sebastin Rodrguez, piloto de Lepe. Garci Hernndez,
fsico de Palos, testigo presencial de los sucesos, en las _Probanzas_
del pleito que D. Diego Coln suscit a la Corona declar lo que sigue:

Que sabe que el dicho myn alonso pinn en la dicha pregunta tenya en
esta villa lo que le hacya menester,  que sabe que el dicho almirante
don Xobal colon venyendo a la Rabida con su hijo don diego, que es
agora almyrante, a pie se byno a la Rabida, ques monesterio de frayles
en esta villa, el qual demand a la porterya que le diesen para aquel
nyyco, que hera nyo, pan y agua que bebiese, e que estando ally
ende este testigo con un frayle que se llamaba frey juan perez, que
es ya defunto, quyso ablar con el dicho don Xobal colon, e vyendole
despusicion de otra trra o reyno ageno en su lengua le pregunto que
quyen hera e donde venya, e que el Xobal colon le dixo que venya de la
corte de su alteza e le quiso dar parte de su embaxada, a que fu a la
corte e como venya, e que dixo el dicho Xobal colon al dicho frey juan
perez como abya puesto en platyca en descobryr ante su alteza e que se
obligaba a dar la trra firme, queriendole ayudad su alteza con nabyos
e las cosas pertenecientes para el dicho viage e que convenyesen, e
que muchos de los caballeros e otras personas que ay se hallaron al
dicho razonamiento le bolaron su palabra e que no fu acoxida, mas que
antes hazian burla de su razon, desiendo que tantos tiempos aca se
abian probado e puesto nabyos en la busca e que todo hera un poco de
ayre e que no abya razon dello; que el dicho Xobal colon, vyendo ser
su rason desyelta en tan poco conoscimiento de lo que se ofresia de
haced e complyr, el se vino de la corte e se yba derecho desta villa
a la villa de Huelva, para fablar e verse con un su cuado casado con
hermana de su muger e que a la sazon estaba e que habia nombre muliar,
e que vyendo el dicho freyle su rason, envy a llamer a este testigo,
con el cual tenya mucha conversacion de amor e porque alguna cosa sabya
del arte astronmica, para hablarse con el dicho Xobal colon e byese
razon sobre este caso del descobryr, y que este dicho testigo vyno
luego e hablaron todos tres sobre el dicho caso, e que de aquy lygeron
luego un hombre para que llevase una carta a la Reyna doa Isabel, que
aya santa gloria, del dicho frey juan perez, que hera su confesor, el
qual portador de la dicha carta fue sebastian Rodriguez, un piloto de
Lepe, e que detubieron al dicho Xobal colon en el monesterio fasta
sabed la respuesta de la dicha carta de su alteza para ver lo que por
ella proveyan e asy se hyso, e dende a catorce dias la Reina, nuestra
seora, escribi al dicho Fray Juan Perez, agradecindole mucho su
buen propsito e que le rogaba e mandaba que luego, vista la presente,
pareciese en la corte ante S. A. y que dejase al dicho Xobal colon en
seguridad de esperanza fasta que S. A. le escribiese e vista la dicha
carta e su disposicion, secretamente se march antes de media noche el
dicho fraile del monasterio, e cabalg en un mulo e cumpli el mandato
de S. A.; e pareci en la corte e de all consultaron que se diesen al
dicho Xobal colon tres navos para que fuese a descubrir e facer verdad
su palabra dada, e que la Reina nuestra seora, concedido esto, envi
2.000 maravedises en florines, los cuales trujo Diego Prieto, vecino
de esta villa, e los di con una carta a este testigo, para que los
diese a Xobal colon para que se vistiese honestamente y mercase una
vestezuela e pareciese ante S. A., e que el dicho Xobal colon recibi
los dichos 2.000 maravedises e parti ante Su Alteza como dicho es a
consultar todo lo susodicho, e de ally vyno proveydo con lycencia para
tomar los dichos nabios quel sealase que conbenyan para seguyr el
dicho viaje, e desta hecha fu el concierto e compaya que tom con
myn alonso pinon e vicente yaez, porque heran personas suficientes
e sabydos en las cosas del mar, los quales, allende de su saber e del
dicho Xobal colon ellos le abyaron e pusieron en muchas cosas, las
quales fueron en probecho del dicho viaje[407].

       [407] _Archivo general de Indias de Sevilla.--Informacin de
       Palos_, 1. de octubre de 1515.--Piexa 23, fol. 58 (Colec. del
       Patronato, estante 1., caja 1.. leg. 5/12).

Por entonces contrajo relaciones Coln con Martn Alonso Pinzn,
hombre que tena posicin desahogada, numerosos parientes, armador en
Palos, experto marino y conocedor de los mares por donde a la sazn
se navegaba desde nuestras costas, esto es, en el Mediterrneo hasta
Italia y en el Atlntico hasta las Canarias. A la vuelta de un viaje
que hizo a Roma, inmediatamente que Coln supo que haba desembarcado
en Palos, fu a verle, entendindose en seguida, pues haba un punto,
el ms importante, en que los dos estaban conformes, cual era que
navegando al Occidente hallaran ricas tierras. Qu tierras eran
stas? Segn Coln las partes orientales del Asia llamadas _Manghi,
athay_ y _Cipango_; segn Pinzn las islas del Atlntico conocidas
con los nombres de _San Barandn_, _Antila_ o _Siete Ciudades_ y _Max
Satanaxia_.

Reanudronse las negociaciones entre Coln y los Reyes Catlicos,
merced al citado Fray Juan Prez, y tal vez influyesen en el mismo
sentido la marquesa de Moya, Fr. Diego de Deza, el P. Marchena,
Cabrero, Gutirrez de Crdenas, Dr. Chanca, P. Gorricio y otros amigos
de Coln; pero la firmeza de carcter y aun inflexibilidad del insigne
navegante hicieron que por segunda vez se rompiesen los tratos. Psose
en camino; mas convencidos Fernando e Isabel de los razonamientos
de Luis Santngel, escribano de raciones de Aragn, dispusieron que
un alguacil de corte fuese en su busca, alcanzndole a dos leguas
de Granada, en la Puente de Pinos. La Reina ya no dudaba de que el
proyecto de Coln poda realizarse, pues de ello le haban convencido
los razonamientos del citado Santngel y los de otros servidores.
Cuntase que como algunos hiciesen notar que el Tesoro estaba exhausto
despus de tantas guerras, Isabel indic que todo se arreglara
buscando sobre sus joyas el dinero necesario para la Armada[408], o
yo torn por bien que sobre joyas de mi recmara se busquen prestados
los dineros que para hacer la Armada pide Coln[409]. Esta tradicin
pertenece a la leyenda, pues--como dice perfectamente Fernndez
Duro--no se la encuentra en los cronistas de la poca, ni en los
abundantes cancioneros que subsisten de entonces, ni en los elogios,
biografas, relaciones y epistolarios de los personajes ms allegados
a los reyes o que directamente intervinieron en las pretensiones de
Cristbal Coln y en la expedicin de las naves que hallaron el Nuevo
Mundo[410]. El primero que la estamp fu Fernando Coln, que era muy
nio a la sazn y se hallaba lejos del lugar; de l la transcribi Fr.
Bartolom de las Casas, en su _Historia de las Indias_. Como las dos
obras quedaron sin imprimirse, Antonio de Herrera nada dijo de las
joyas en sus _Dcadas_. Comenz a difundirse la especie en los albores
de la centuria dcimo sptima, cuando se conoci la obra publicada
por el hijo del descubridor del Nuevo Mundo. Desde entonces, en todos
los libros en que se trata del famoso descubrimiento, se relata y
amplifica el hecho, creyendo de este modo ensalzar el nombre de Isabel
la Catlica. Afirmamos que la Reina no dijo tales palabras, aunque
s es cierto que estaba decidida a prestar todo su apoyo al gran
navegante italiano. Forj la leyenda Fernando Coln? No; la forj la
fantasa popular, la forjaron todos los espaoles, porque ste era el
sentimiento de la nacin.

       [408] Fernando Coln, _Vida del Almirante_, cap. XIV.

       [409] Las Casas, _Hist. general de las Indias_, cap. XXXII.

       [410] _Tradiciones infundadas_, pgs. 359-383.--Madrid, 1888.

El 17 de abril de 1492, en Santa Fe, se firmaron las Capitulaciones
entre los Reyes Catlicos y Cristbal Coln, redactadas por el aragons
Juan Coloma; el 30 de dicho mes se le despach, y el 12 de mayo parti
el Almirante para Palos. Bajo las siguientes bases se redactaron las
mencionadas Capitulaciones:

  _Capitulaciones entre los seores Reyes Catlicos y Cristbal
  Colon_, abril 17 de 1492[411].

  Las cosas suplicadas  que Vuestras Altezas dan y otorgan a don
  Cristbal Colon, en alguna satisfaccion de lo que ha de descubrir
  en las mares Ocanas, y del viage que agora, con el ayuda de Dios,
  ha de hacer por ellas en servicio de Vuestras Altezas, son las que
  siguen:

  Primeramente: que Vuestras Altezas, como seores que son de las
  dichas mares Ocanas, fagan desde agora al dicho D. Cristbal Colon
  su Almirante en todas aquellas islas  tierras-firmes, que por su
  mano  industria se descobrieren  ganaren en las dichas mares
  Ocanas para despues dl muerto a sus herederos  sus sucesores
  de uno en otro perpetuamente, con todas aquellas preeminencias
   prerogativas pertenecientes al tal oficio,  segund que D.
  Alonso Henriquez Vuestro Almirante Mayor de Castilla  los otros
  predecesores en el dicho oficio lo tenian en sus distritos.

                           _Place a sus Altezas._==Juan de Coloma.


  Otrosi: que Vuestras Altezas facen al dicho D. Cristbal Colon,
  su Visorey y Gobernador General en todas las dichas islas y
  tierras-firmes, que como dicho es, l descubriere  ganare en las
  dichas mares;  que para el regimiento de cada una y cualquier
  dellas, faga l, eleccion de tres personas para cada oficio;  que
  Vuestras Altezas tomen y escojan uno, el que mas fuere su servicio,
   as sern mejor regidas las tierras que nuestro Seor le dejar
  fallar  ganar a servicio de Vuestras Altezas.

                           _Place a sus Altezas._==Juan de Coloma.


  Item: que todas  cualesquier mercadurias, siquier sean perlas,
  piedras preciosas, oro, plata, especieria  otras cualesquier cosas
   mercadurias de cualquier especie, nombre  manera que sean, que
  se compraren, trocaren, fallaren, ganaren  obieren dentro de los
  lmites del dicho Almirantazgo, que dende agora Vuestras Altezas
  facen merced al dicho D. Cristbal y quieren que haga y lleve para
  s, la decena parte de todo ello, quitadas las costas todas que se
  ficieren en ello. Por manera, que de lo que quedare limpio  libre
  haga  tome la decena parte para si mismo,  faga de ella a su
  voluntad, quedando las otras nueve partes para Vuestras Altezas.

                           _Place a sus Altezas._==Juan de Coloma.


  Otrosi: que si a causa de las mercadurias que l traer de las
  dichas islas y tierras, que as como dicho es, se ganaren 
  descubrieren,  de las que en trueque de aquellas se tomaran ac de
  otros mercaderes, naciere pleito alguno en el logar donde el dicho
  comercio  trato se tern  far: que si por la preeminencia de su
  oficio de Almirante le pertenecer cognoscer de tal pleito: plega a
  Vuestras Altezas que l  su Teniente, y no otro Juez, cognosca de
  tal pleito:  as lo provean dende agora.

  _Place a sus Altezas, si pertenece al dicho oficio de Almirante,
  segun que lo tenia el dicho Almirante D. Alonso Henriquez y los
  otros sus antecesores en sus distritos, y siendo justo._==Juan de
  Coloma.


  Item: que en todos los navos que se armaren para el dicho trato 
  negociacion, cada y cuando  cuantas veces se armaren, que pueda el
  dicho D. Cristbal Colon, si quisiere, contribuir  pagar la ochena
  parte de todo lo que se gastare en el armazon,  que tambien haya
   lleve del provecho la ochena parte de lo que resultare de la tal
  armada.

                           _Place a sus Altezas._==Juan de Coloma.

       [411] _Archivo de los Duques de Veragua._--_Colec. de doc.
       ined._, _etc._, tomo XVII. pgs. 572-574.

Es evidente--como han dicho no pocos escritores--que las Capitulaciones
de Coln con los Reyes Catlicos no podan llevarse a cabo. No pudieron
ejecutarse en vida de Coln y mucho menos en tiempo de sus sucesores.
Si los descendientes del genovs tenan derecho a que se les cumpliese
todo lo ofrecido, el Estado, por su parte, no deba renunciar su
soberana sobre los territorios descubiertos. De modo que tiene clara
explicacin el pleito de la familia de Coln con el Estado y tambin
con los Pinzones.

Hecho el convenio citado, encaminse el nuevo Almirante por tercera vez
a Palos y a la Rbida, pudiendo contar con la ayuda de Martn Alonso
Pinzn, _persona esforzada y de buen ingenio_, al decir del mismo
Coln[412]. El nombre de Martn Alonso Pinzn merece el ms alto lugar
entre los compaeros del descubridor del Nuevo Mundo.

       [412] Se ha dicho que la alegra de Coln vino a turbarse
       cuando supo, al llegar a Palos, que patronos y marineros se
       negaban a acompaarle. Aade la leyenda, que en situacin tan
       crtica apareci Martn Alonso Pinzn, logrando levantar el
       espritu de los apocados o miedosos. Por lo que respecta a los
       navos _Santa Mara_, la _Pinta_ y la _Nia_, declar Coln
       que eran muy aptos para semejante fecho.

Distribuyronse los cargos de la manera siguiente: mandara la carabela
_Santa Mara_, que era la de mayor calado, el Almirante, desempeando
el cargo de Maestre Juan de la Cosa; Martn Alonso Pinzn fu nombrado
Capitn de la _Pinta_, que era la ms velera, llevando de Maestre a su
hermano Francisco; y otro hermano de Martn, Vicente Yez, dirigira
la _Nia_, y sera Maestre su propietario Juan Nio. En el espacio de
un mes estuvo la flota en disposicin de partir.

Cules fueron las condiciones del convenio entre Coln y Martn Alonso
Pinzn? Arias Prez declar que enseando Cristbal Coln a Martn
Alonso las mercedes que sus Altezas le facan descubriendo la tierra
y vistas, dixo e le prometi de partir con l la mytad[413]. Alonso
Gallego puso en labios de Coln lo que sigue: Seor Martn Alonso,
vamos este viaje, que si salimos con l y Dios nos descubre la tierra,
yo os prometo por la corona real de partir con vos como buen hermano
mio[414].

       [413] Informacin de Palos, 15 de octubre de 1515. Pieza 23,
       folio 71. Archivo general de Sevilla.

       [414] Informacin de Sevilla, 15 de diciembre de 1535. Pieza
       5., folio, 119.

Francisco Medel dijo que el Almirante ofreci a Martn Alonso cuanto
pidiese e quisiese[415]. Diego Hernndez Colmenero manifest que
el dicho Almirante le prometi la mitad de todo el inters e de la
honra e provecho que dello se hobiese...[416]. Somos de opinin que
la mitad ofrecida no se refiere a todas los mercedes, como ttulos,
etc., conferido por los reyes a Coln, sino a las utilidades que se
recogiesen en la expedicin. No creemos que sea mucho esta mitad,
considerando que Pinzn puso medio cuento de maraveds, o sea la mitad
de lo que pusieron los reyes; puso, de acuerdo con sus condueos,
la nao _Pinta_, y contrat las otras dos, y, por ltimo, puso las
tripulaciones, esto es, todo el personal.

       [415] Informacin de Sevilla, 15 de diciembre de 1535. Pieza
       5.

       [416] Informacin de Sevilla, 15 de diciembre de 1535. Pieza
       5.




CAPTULO XX

  PRIMER VIAJE DE COLN.--INCIDENTES MS IMPORTANTES QUE OCURRIERON
  DURANTE EL VIAJE.--DISGUSTO DE ALGUNOS MARINEROS.--EL 11 DE
  OCTUBRE DE 1492.--RODRGUEZ BERMEJO ES EL PRIMERO QUE GRITA
  TIERRA!--GUANAHAN (SAN SALVADOR), SANTA MARA DE LA CONCEPCIN,
  FERNANDINA, ISABELA (SAOMETO), CUBA (JUANA) Y ESPAOLA (HAIT).--EL
  CACIQUE GUACANAGARI.--FUERTE DE NAVIDAD.--VUELTA DE COLN A
  ESPAA.--COLN EN LISBOA Y EN PALOS.--COLN EN SEVILLA Y EN
  BARCELONA.--BREVES DE ALEJANDRO VI.--CASTILLA Y ARAGN EN EL
  DESCUBRIMIENTO.


Consideremos la primera expedicin de Cristbal Coln. En la maana
del 3 de agosto de 1492, despus de oir misa en la iglesia de Palos,
se dirigieron los expedicionarios a las naves, acompaados de sus
familias y de los religiosos de la Rbida, y seguidos de muchos vecinos
del pueblo, como tambin de Moguer y de Huelva. La bandera de la
Santa Mara llevaba la imagen de Nuestro Seor Jesucristo clavado en
la cruz[417]. En el nombre de Jess mand Cristbal Coln desplegar
las velas de sus naves[418]. Cuando levaron anclas[419] y las tres
carabelas comenzaron a alejarse, no pocos de los que quedaban en el
puerto se mofaban del futuro Almirante de las Indias y pensaban que
ni l ni ninguno de los expedicionarios regresaran del viaje. Era
aqul un cortejo de luto ms bien que una reunin de alegres personas
que despedan a sus deudos y amigos para feliz viaje. Las madres, las
esposas, las hijas y las hermanas de los marineros maldecan en voz
baja a ese funesto extranjero que haba engaado con sus palabras a
los reyes. Todo lo que se adelanta a la humanidad, lleva consigo la
reprobacin de los contemporneos[420].

       [417] _Una banniera nella quale era figurato il Nostro
       Signore Jesucristo en croce._ Giov. Battista Ramussio, _Della
       navigatione e viaggi, raccolta_, vol. III, fol. I.

       [418] Vase Oviedo, _Historia natural y general de las
       Indias_, lib. II, cap. V, fol. C.

       [419] Al pie del convento se halla la parte de playa (estero
       de Domingo Rubio), de donde zarparon las tres carabelas.

       [420] Al tiempo quel dicho D. Cristbal Colon aderezaba para
       yr a descobryr las dchas yndias, declara Alonso Pardo, este
       testigo vido que todos andaban haciendo burla del dcho D.
       Cristobal Colon e lo tenan por muerto, a l e a todos los que
       yvan con l, e que no haba de venyr nynguno. (Informacin de
       Moguer, 12 de febrero de 1515. Pieza 3.)

Sin embargo de las importantes expediciones que se haban hecho en el
siglo XVI y muy especialmente los viajes de Enrique el _Navegante_,
todava del mar Tenebroso, como de antiguo se llam al Atlntico,
circulaban en aquella centuria preocupaciones, consejas y patraas,
capaces de infundir terror en gentes supersticiosas e incultas.

Los tripulantes de la _Santa Mara_ eran 70, los de la _Pinta_ 30 y los
de la _Nia_ 24[421]. Adems de Cristbal Coln, Almirante, que montaba
la _Santa Mara_; de Martn Alonso Pinzn, natural de Palos, capitn de
la _Pinta_, y de Vicente Yez Pinzn, de Palos, que mandaba la _Nia_,
se hallaban de la familia de los Pinzones los siguientes:

       [421] _Relacin hecha por D. Nicols Tenerio con motivo del
       cuarto centenario del descubrimiento de Amrica._ Consta dicha
       relacin de 72 expedicionarios. Los restantes, hasta el nmero
       124, unos se encuentran entre los 54 que murieron en el fuerte
       de Navidad, y otros todava ignoramos sus nombres.

  Diego Martn Pinzn, el viejo, de Palos.

  Bartolom Martn Pinzn, de Palos.

  Francisco Martn Pinzn, de Palos.

  Arias Martn Pinzn, de Palos.

  Juan Nio, natural de Moguer, dueo y maestre de la carabela _Nia_.

  Pero Alonso Nio, de Moguer, hermano de Juan y piloto de dicha
  carabela.

  Alonso Nio, de Moguer, hijo de Juan y maestre de la misma carabela.

  Andrs Nio, de Moguer.

  Francisco Nio, de Moguer.

  Cristbal Nio, de Moguer.

  Bartolom Prez Nio, de Moguer.

  Alonso Prez Nio, de Moguer.

  Diego de Arana, natural de Crdoba, alguacil mayor de la Armada.

  Rodrigo de Escobedo, natural de Segovia, escribano de la Armada.

  Pero Gutirrez, repostero de estrados de los Reyes Catlicos.

  Alonso, de Moguer, fsico.

  Luis de Torres, intrprete de la expedicin, que haba vivido con
  el Adelantado de Murcia y era judo converso, conocedor del hebreo,
  caldeo, rabe y de otras lenguas.

  Jacome el Rico, genovs.

  Juan de la Cosa, de Santoa, maestre de la _Santa Mara_.

  Gomes Rascn y

  Cristbal Quintero, ambos de Palos y dueos de la carabela _Pinta_.

  Garca Hernandez, de Palos, fsico.

  Juan de Umbra y

  Cristbal Garca Xalmiento, ambos de Palos y pilotos de la _Pinta_.

  Garca Hernndez, de Huelva, despensero de dicha carabela.

  Juan Rodrguez Bermejo, vecino de Molinos en tierra de Sevilla.

  Rodrigo de Triana.

  Juan Quintero, de Palos, llamado el _plateador_, piloto.

  Juan Prez Vizcano, de Palos, calafate.

  Diego Rodrguez, de Palos.

  Pedro de Soria, de Palos.

  Francisco de Huelva.

  Andrs de Huelva.

  Lpez, calafate.

  Diego Lorenzo, de Huelva.

  Pedro de Lepe, vecino de Redondela.

  Domingo de Lequeitio.

  Juan de Lequeitio.

  Martn de Urtubia, vizcano.

  Alonso de Morales, de Moguer.

  Francisco Garca Vallejo, de Moguer.

  Rodrigo Snchez, de Segovia.

  Maestre Diego.

  Rodrigo de Xerez, de Ayamonte.

  Alonso Prez Roldn, piloto de Palos.

  Pedro Terreros, maestresala del Almirante.

  Pedro de Saucedo, paje de Coln.

  Gil Prez.

  Pero Bermdez, de Palos.

  Rodrigo Monge, de Palos.

  Hernn Prez, de Palos.

  Bartolom Prez, piloto de Palos.

  Bartolom Coln, de Palos.

  Alonso Gutirrez Querido, de Palos.

  Juan Ortiz, de Huelva.

  Sancho Ruiz, piloto de Palos.

  Pedro de Villa, del Puerto de Santa Mara.

  Bartolom Garca, de Palos.

  Vicente Egua.

  Garca Alonso, de Palos.

  Pedro de Arcos, de Palos.

  Juan de Xerez, de Palos.

  Juan de Sevilla.

  Francisco Garca Gallegos, de Palos.

  Alonso Medel, de Palos.

  Juan Bermdez, de Moguer.

  Juan de Triana, de Moguer.

  Juan de Moguer.

  Pedro Arrez.

  Fernndez.

El primer da, impelidas las carabelas por favorable ventolina, tenan
la proa Sudoeste cuarto sud.

El da siguiente, sbado, todo continu bien.

El domingo, 5 de Agosto, anduvieron 40 leguas.

El lunes, 6 de Agosto, zarparon de la isla de Hierro, la ms occidental
de las Canarias[422]. El viaje fu feliz. El mar estaba tranquilo, el
cielo sereno y los vientos del Oeste empujaban las naves. Sin embargo,
no haban transcurrido tres das desde que Cristbal Coln sali de
Palos, y ya desencajse el gobernalle de la carabela _Pinta_, que era
de Cristbal Quintero y de Gmez Rascn, _porque les pesaba ir aquel
viaje_, obligando a retrasar la expedicin para poder adobar el timn
en la Gomera. Despus de reparar dicha carabela y de cambiar por velas
cuadradas el velamen triangular de la _Nia_; despus de renovar la
provisin de agua y lea, y de tomar vveres frescos, continuaron su
marcha el jueves, 6 de septiembre; pero una calma chicha les hizo
estacionarse en las aguas de la Gomera. Situacin tan triste dur desde
el jueves por la maana hasta el crepsculo del sbado, 8 de dicho mes.
Desde el da 9 de septiembre dispuso el Almirante contar menos leguas
de las que andaba, para que la gente no se espantase ni desmayase,
teniendo que reir muchas veces a los marineros _porque gobernaban mal_.

       [422] De haber continuado Coln la ruta dispuesta por l
       desde que zarpara de la Isla de Hierro, topa su nave con
       el territorio llamado la Florida hoy, es decir, con el
       Continente; a lo menos con isla de grandor casi continental,
       como Cuba; pero en la desviacin propuesta por los Pinzones,
       y admitida por l a ltima hora, estaba llamada a dar con un
       islote muy hermoso de aspecto, pero diminuto y balad si lo
       parangonamos con el inmenso mundo en cuyos mares navegaban
       ya. Castelar, _Hist. del descubrimiento de Amrica_, tomo II,
       pg. 38.

Consideremos los incidentes ms notables que ocurrieron a la
expedicin. El primero fu la llegada al mar de las Hierbas o de
Sargaso; pero la turbacin de los tripulantes se desvaneci fcilmente
por las explicaciones dadas por los jefes. El segundo ocurri a primera
noche del 13 de septiembre y consisti en que habiendo apuntado la
brjula hasta entonces al Noreste, declin de cinco a seis grados
al Noroeste, cuya declinacin aument la maana del da siguiente
y los das sucesivos. Aunque esto asust a los pilotos, Coln les
hizo notar que al tomar la altura de la estrella polar era preciso
tener en cuenta su movimiento horario, y que la brjula se diriga
a mi _punto invisible_, al Oeste del polo del mundo. Coln, pues,
haba descubierto la declinacin occidental de la aguja. Desde el
comienzo del viaje, aquella fu la primera vez que se hizo semejante
observacin. Pronto el temor se iba a convertir en alegra.

El 14 de septiembre dijeron los de la carabela _Nia_ que haban
visto un _garjao_ y un _rabo de junco_; el 16 tambin pudieron ver
bastante porcin de hierba, porcin de hierba que aument el 17, y
en la cual encontr un cangrejo vivo, diciendo entonces el Almirante
que aquellas seales eran del Poniente, donde espero en aquel alto
Dios, en cuyas manos estn todas las victorias, que muy pronto nos
dar tierra. En aquella misma maana vi un _rabo de junco_, ave que
no suele dormir en la mar. El 18, Martn Alonso desde la _Pinta_, que
era gran velera dijo a Coln que haba visto muchas aves dirigirse al
Poniente, esperando aquella noche ver tierra. El 19 vino a la nao un
_alcatraz_ o _pelcano_, y por la tarde los marineros vieron otro; el
20 vinieron a la nao cuatro _alcatraces_, un _garjao_ y dos o tres
_pajaritos de tierra_; el 21 vieron un _alcatraz_ y una _ballena_. El
22 de septiembre distinguieron otras aves. Dice el Almirante: Mucho
me fu necesario este viento contrario, porque mi gente andaban muy
estimulados que pensaban que no ventaban estos mares vientos para
volver a Espaa.

Registremos el incidente ms importante que ocurri durante la
travesa, y sobre el cual no estn acordes los historiadores. El 23 de
septiembre la gente continu murmurando del largo viaje, y murmurando
continu diez y siete das ms; pero el Almirante diles buenas
esperanzas de los provechos que podran haber. El mismo Coln escribi
con fecha 14 de febrero de 1493, esto es, a su regreso, que haba
tenido que sufrir mucho a la ida a causa de su gente, porque todos a
una voz estaban determinados de se volver y alzarse contra l haciendo
protestaciones[423]. Pedro Mrtir de Anglera, en su obra _De rebus
Oceanis_, dice lo que a continuacin copiamos: Los espaoles de la
expedicin empezaron a comunicarse su descontento en secreto, y luego
se congregaron pblicamente, amenazando arrojar al mar a su jefe,
porque el genovs los haba engaado y conducido a su perdicin.

       [423] Vase _Diario del primer viaje de Coln_, publicado
       por Las Casas y reproducido por Fernndez Navarrete en su
       _Coleccin diplomtica_, tom. I, pgs. 1 a 197.

Washington Irving, el conde Roselly de Lorgues y otros, refieren que
una sublevacin de los marinos contra Coln estuvo a punto de echar por
tierra el descubrimiento del Nuevo Mundo. Dicen que, contagiados del
miedo, los Pinzones amenazaron con la muerte al Almirante si no volva
las proas de los barcos hacia Castilla. Los tres hermanos, el mayor
sobre todo, le haban tratado con cierta rudeza y aun altanera. Pero
el _Diario de Coln_, relato oficial de cuantos sucesos ocurran, no
refiere as los hechos. Entre las declaraciones relacionadas con el
famoso motn de las tripulaciones, encontramos la de Garca Vallejo,
que se hallaba en la carabela de Martn Alonso. Capitanes, dijo el
Almirante, qu faremos que mi gente muestra mucha queja? que vos
parece, seores, que fagamos? Y que entonces dijo Vicente Yez:
Andemos, seor, fasta dos mil leguas, e si aqu non fallremos lo que
vamos a buscar, de all podremos dar buelta. Y entonces respondi
Martn Alonso Pinzn, que iba por capitn as principal: Cmo, seor:
agora partimos de la villa de Palos y ya vuesa merced se va enojando?
Avante, seor, que Dios nos dar victoria que descubramos tierra, que
nunca Dios querr que con tal vergenza volvamos. Entonces respondi
el dicho Almirante Don Cristbal: Bienaventurados seis. Nosotros
creemos que la rebelin se redujo a murmurar y pretender el regreso
algunos expedicionarios, siendo disuadidos fcilmente por Coln y los
Pinzones. La rebelin, pues, careci de importancia[424].

       [424] Vase _Coln y Pinzn_.--Memorias de la Real Academia de
       la Historia, tomo X.--Madrid. 1885.

Por qu murmuraron contra Cristbal Coln los tripulantes de la _Santa
Mara_? Por qu no murmuraron los marineros de las otras dos naos? Las
causas quedan reducidas a dos: la primera, que Coln era extranjero;
la segunda, que los marineros haban emprendido el viaje, no por la
confianza que les inspiraba Coln, sino por la consideracin y afecto
que tenan a los Pinzones. Pudo tambin influir en que el Almirante
era altivo y orgulloso o de recia y dura condicin, como escribe
Garibay, lo cual le llev a tratar con despego y aun con desdn a sus
subordinados, pues nunca supo conquistarse el cario de la gente de mar
espaola.

El viernes, 5 de octubre, aparecieron seales de la proximidad de la
tierra. A Dios muchas gracias sean dadas, exclam el Almirante.
Cada vez se agitaban en el aire mayor nmero de aves. Continuaba
siendo fcil la navegacin y corran presurosas las tres carabelas.
El domingo, da 7, se crey haber descubierto tierra. El lunes, da
8, dice Coln: Gracias a Dios: los aires muy dulces como en abril a
Sevilla, qu placer estar a ellos, tan olorosos son. El martes, da
9, cambi algo el viento, siendo preciso mudar varias veces de rumbo.
El mircoles, da 10 de octubre, la escuadrilla andaba diez millas
por hora, e hizo 59 leguas durante el da y la noche. Continuaban
vientos favorables; pero cuando menos se pensaba, se alborot el
mar y se levantaron oleadas inmensas que impelan con fuerza las
carabelas. Anunci Coln la proximidad de la tierra, aunque su vista
nada descubra a la sazn. Aqu--segn el extracto hecho por Las
Casas del _Diario_ del primer viaje--la gente ya no lo poda sufrir:
quejbase del largo viaje; pero el Almirante los esforz lo mejor que
pudo dndoles buena esperanza de los provechos que podan haber. Y
terminaba as: que por dems era quejarse, pues que l haba venido a
las Indias y que as lo haba de proseguir hasta hallarlas con ayuda de
nuestro Seor.

Las esperanzas dadas por Cristbal Coln a su gente se vieron
realizadas en la noche del jueves, 11 de octubre de 1492. Ibase a
descubrir el Nuevo Mundo, convirtindose en realidad los sueos del
intrpido italiano (Apndice J). Cuando el rel de la _Santa Mara_
marcaba las dos de la madrugada, sali de la carabela _Pinta_ el grito
mgico de Tierra! dado seguramente por el afortunado marinero Juan
Rodrguez Bermejo, segn las declaraciones de varios testigos[425].
Sin embargo--escribe Sales y Ferr--se adjudic Coln la pensin
vitalicia de diez mil maraveds que se haba ofrecido como premio al
primero que viese tierra, y que perteneca de derecho a Juan Rodrguez
Bermejo[426]. Nuevo y triste testimonio de lo mucho que poda la sed
de oro en el nimo de Coln[427]. Dejamos al Sr. Sales y Ferr la
responsabilidad de sus ltimas palabras, de las cuales huelga decir que
no estamos conformes. Washington Irving ha dicho--tambin en nuestro
sentir con poco acierto--que no era digno y noble para Coln el
haber disputado la recompensa a un pobre marinero[428]. Despechado
Juan Rodrguez Bermejo--segn se cuenta--de que la renta de diez mil
maraveds se hubiese adjudicado a Coln, pas al Africa, donde se hizo
musulmn, creyendo encontrar ms justicia entre los hijos del Profeta
que entre los cristianos[429].

       [425] Esta tierra vido primero un marinero que se deca
       Rodrigo de Triana: puesto que el Almirante a las diez de la
       noche, estando en el castillo de popa, vido lumbre, aunque
       fu cosa tan cerrada que no quiso afirmar que fuese tierra;
       pero llam a Pero Gutierrez, repostero destrados del Rey, 
       djole, que pareca lumbre, que mirase l, y as lo hizo y
       vdola: djolo tambin a Rodrigo Sanchez de Segovia, quel Rey
       y la Reina enviaban en el armada por veedor, el cual no vido
       nada porque no estaba en lugar do la pudiese ver. Despus
       quel Almirante lo dijo, se vido una vez  dos, y era como una
       candelilla de cera que se alzaba y levantaba, lo cual a pocos
       pareciera ser indicio de tierra. Pero el Almirante tuvo por
       cierto estar junto a la tierra. Por lo cual, cuando dijeron
       la _Salve_, que la acostumbraban decir  cantar a su manera
       todos los marineros y se hallan todos, rog y amonestlos el
       Almirante que hiciesen buena guarda al castillo de proa, y
       mirasen bien por la tierra, y que al que le dijese primero que
       via tierra, le dara luego un jubon de seda, sin las otras
       mercedes que los Reyes haban prometido, que eran diez mil
       maraveds de juro a quien primero la viese. A las dos horas,
       despus de media noche pareci la tierra, de la cual estaran
       dos leguas. _Diario del primer viaje de Coln_, etc., tomo I,
       pgs. 19 y 20.

       ... e qual cuarto de la prima, rendido el dicho Colon,
       mand hacer guardias en las proas de los navos, e que yendo
       navegando, al otro cuarto vido la tierra un Juan Bermejo de
       Sevilla, e que la prima tierra fu la ysla de Guadahany.
       (Inf. de Lepe. 19 de septiembre de 1515. Pieza 23, folio 37).
       _Declaracin del testigo Manuel de Valdovinos._

       Que oy decir a los mismos que venan del dicho viaje, e
       que del navo del dicho Martn Alonso, un marinero que se
       deca Juan Bermejo, vido la tierra de Guahanani primero que
       otra persona, e que pidi albricias al capitn Martn Alonso
       Pinzn, que ansi descubri la tierra primero, e esto es
       pblico e notorio. (Inf. de Palos, 1. de octubre de 1515.
       Pieza 23). _Declaracin del testigo Diego Hernndez Colmenero._

       [426] Cree el Sr. Sales y Ferr que Juan Rodriguez Bermejo y
       Rodrigo de Triana son una misma persona.

       [427] _El Descubriente de Amrica_, pgs. 176 y 177.

       [428] _Historia de la vida y viajes de Cristbal Coln_, tomo
       I, lib. V, cap. VII.

       [429] Conde Roselly de Lorgues, _Historia de Cristbal Coln_,
       tomo I, pg. 299.

En nuestros das se ha publicado un impreso sumamente curioso acerca
del particular[430]. D. F. Rivas Puigcerver, de Mxico, cuenta que
Rodrigo de Triana era judo converso y fu el primero que en lengua
hebrea, dijo: _tierra! tierra!_, en la noche del 11 de octubre de
1492. Con Coln iban no pocos judos y moriscos, forzados por los
decretos de expulsin de los Reyes Catlicos. Aade el Sr. Rivas que
Rodrigo de Triana, cuando se adjudic a Coln la pensin ofrecida al
que primero viera tierra, pas el Estrecho renunciando religin y
patria[431].

       [430] Intitlase _Los judios en el Nuevo Mundo_. Mxico. Impr.
       del Sagrado Corazn de Jess, 1891, en 8., dos hojas.

       [431] _Boletn de la R. Academia de la Historia_, tomo XIX,
       pgs. 361-365.--Madrid, 1891.

Continuando nuestra interrumpida narracin, afirmaremos que la alegra
que sintieron los marineros despus de sesenta y nueve das de
navegacin, fu inmensa. No es de extraar que los tripulantes de la
_Pinta_ (que era la carabela ms velera y siempre llevaba la delantera
a las otras dos), contemplaran, cuantos iban sobre cubierta, el
encantador panorama de Guanahani, isla que llam Coln _San Salvador_,
distante quince leguas de la que los ingleses llaman _Cat_ (o del
_Gato_) y una de las que forman el archipilago de las Lucayas. D. Juan
Bautista Muoz en el derrotero de las Antillas, publicado en Madrid,
ao de 1890, dijo lo siguiente (pg. 805): La isla Watling o San
Salvador, que rene las mayores probabilidades de ser la primera tierra
que pis Coln en el Nuevo Mundo...

En la carta de Juan de la Cosa, hbil piloto que hizo con Cristbal
Coln los dos primeros viajes, y del cual hablaremos varias veces en
esta obra, se ve claramente que la isla de Guanahani es al presente la
de Watling. Es, pues, evidente, que la isla Guanahani, San Salvador y
Watling es una misma; pero no todos han opinado lo mismo. Washington
Irving crey que San Salvador era la isla Cat (o del Gato)[432] y
siguen su opinin el alemn Humboldt, el cubano D. Jos Mara de la
Torre y otros. Nuestro sabio marino Navarrete[433], quiso que Coln
hubiera ido a parar nada menos que a una de las Turcas. De Varnhagen,
que censur a Navarrete por su equivocacin, sostuvo[434] que San
Salvador era la conocida posteriormente con el nombre de _Mayaguana_,
y hoy con el de _Mariguana_. Mr. G. V. Fox dijo[435], que Guanahani
debi ser la isla _Saman_ o Cayo Atwood.

       [432] En el ao 1828.

       [433] En 1825.

       [434] En 1864.

       [435] En 1881.

Por el rumbo que llevaba el Almirante, debi fondear cerca de la punta
Suroeste de ella. Y antes de pasar adelante trasladaremos aqu las
palabras que Francisco Lpez de Gomara dijo al emperador Carlos V.

La mayor cosa, despus de la creacin del mundo, sacando la
Encarnacin y Muerte del que lo cri, es el descubrimiento de las
Indias. (Apndice L).

Respecto a la descripcin de la citada isla, habremos de manifestar
que a corta distancia de la espuma de las olas se extendan en forma
de gradera hasta las alturas de la isla muchos y majestuosos bosques
de rboles. Trechos sin rboles dejaban penetrar la luz en los
citados bosques, vindose all habitaciones diseminadas que parecan
grandes colmenas por su forma cilndrica y por sus techos de hojas
secas: las chimeneas asomaban por encima del arbolado y en distintos
puntos. Grupos de hombres, de mujeres y de nios aparecan medio
desnudos entre los troncos de los rboles ms prximos a la costa,
adelantndose un poco, retirndose despus, y expresando siempre con
sus gestos y actitudes ms admiracin y curiosidad que temor y miedo.
Coln se dirigi con una chalupa hacia la playa, tomando posesin de
la isla en nombre de los Reyes Catlicos. Sobrecogidos los indgenas
al ver hombres con trajes de brocado y con armas que reverberaban la
luz, haban concludo por acercarse, como si secreta fascinacin les
empujara hacia ellos. Los espaoles, a su vez, quedaban sorprendidos
al no encontrar en los americanos ninguno de los caracteres fsicos de
las razas europeas, africanas y asiticas. Su tinte cobrizo, su fina
cabellera que se extenda sobre sus hombros, sus ojos apagados, sus
femeniles miembros, su rostro confiado y sin expresin, su desnudez y
los dibujos que adornaban su piel, denunciaban una raza distinta de
las esparcidas por el Viejo Mundo, la cual conservaba an la sencillez
y la dulzura de la infancia. Persuadido Coln que aquella isla era un
apndice del mar de las Indias, hacia las cuales crea navegar, llam a
sus habitantes indios[436].

       [436] Vase Lamartine, _Biografia de Cristbal Coln_, pgs.
       86-92. Tr.

En el _Diario_ de Coln, fuente nica de la cual proceden todas las
opiniones acerca de las primeras tierras descubiertas en el Nuevo
Mundo, encontramos la siguiente noticia: ... Pusironse a la corda
(al pairo), temporizando hasta el viernes, que llegaron a una isleta
de los lucayos, que se llamaba en lengua de indios Guanahani... est
Lesteoueste con la isla de Hierro... Esta isla es bien grande y muy
llana y de rboles muy verdes y muchas aguas, y una laguna en medio muy
grande (sbado 13 de octubre).

El da 14 de octubre por la noche sali el Almirante de Guanahan,
llegando el 15 a las islas de _Santa Mara de la Concepcin_ (hoy
_Concepcin_ y _Cayo Rum_). El 16 de octubre, ya cerca del medioda,
dej el Almirante la isla de la Concepcin y fu a fondear cerca de
la punta SE. de la isla Fernandina, que es la Cat de los ingleses.
El mircoles 17 sali Coln costeando la isla Fernandina y fonde al
obscurecer del 18 en la punta del SE. (Punta de Coln). El viernes
19, al amanecer, levant anclas y a las tres horas de navegacin vi
la isla llamada _Saometo_ por los indios y que l puso el nombre de
_Isabela_. Tambin a la Isabela se le di el nombre de _Larga_. Desde
el 20 de octubre que fonde en dicha isla, hasta el 24, se ocup en
reconocerla. Refiere el mismo Coln que el 21 sali con sus capitanes
a ver la isla; que si las otras ya vistas--dice--son muy fermosas
y verdes y frtiles, sta es mucho ms y de grandes arboledas y muy
verdes. Aqu es unas grandes lagunas, y sobre ellas y a la rueda es
el arbolado en maravilla, y aqu y en toda la isla son todos verdes
y las yerbas como en el Abril en el Andaluca; y el cantar de los
pajaritos que parece que el hombre nunca se querra partir de aqu, y
las manadas de los papagayos que obscurecen el sol; y aves y pajaritos
de tantas maneras y tan diversas de las nuestras, que es maravilla...
Ms adelante aade: Tambin andando en busca de muy buena agua fuimos
a una poblacin aqu cerca, adonde estoy surto media legua; y la gente
della, como nos sintieron dieron todos a fugir, y dejaron las casas
y escondieron su ropa y lo que tenan por el monte; yo no dej tomar
nada ni la vala de un alfiler. Despus se llegaron a nos unos hombres
dellos y uno se lleg del todo aqu: yo di unos cascabeles y unas
cuentecillas de vidrio, y qued muy contento y muy alegre, y porque la
amistad creciese ms y los requiriese algo le hice pedir agua, y ellos,
despus que fui en la nao, vinieron luego a la playa con sus calabazas
llenas, y folgaron mucho de drnosla, y yo les mand dar otro remalejo
de cuentecillas de vidrio, y dijeron que de maana venan ac. Despus
de adquirir noticias de los isleos, los cuales le dijeron que hacia el
Sudoeste encontrara una isla muy grande que se llamaba _Cuba_[437],
en la cual abundaba el _oro y especeras y naos grandes y mercaderes_,
levant las anclas. Desde la media noche del 24 hasta la tarde del
25 se mantuvo Coln a la vela, huyendo de los peligros y costeando
los bajos, que son muchos en aquellos lugares. El 27 del dicho mes de
octubre dirigi sus naves al Sudoeste y vi tierra al anochecer del
mismo da, entrando el 28 por la maana en _un ro muy hermoso y muy
sin peligro de bajas ni de otros inconvenientes_, y recalando--segn
todas las seales--en el puerto de Gibara (Cuba)[438]. Permaneci
algunos das y recorri varios puntos de la isla de Cuba, a la que
l di el nombre de _Juana_, por honor--como se dijo en el captulo
XVIII--al prncipe D. Juan, primognito de los reyes.

       [437] Coln crea que la isla llamada Cuba por los indios, era
       la verdadera _Cipango_.

       [438] De Varnhagen son las siguientes palabras: No titubeamos
       ya en suponer que la recalada de Coln tuvo lugar en el puerto
       de Gibara, y de nuestra opinin son varios pilotos prcticos
       de la costa, a quienes hemos ledo los pasajes respectivos del
       derrotero.

El da 5 de diciembre lleg a la isla Hait, que l denomin la
Espaola y que tambin lleva el nombre de Santo Domingo. El 14 de
diciembre sali del Puerto de la Concepcin y lleg a la Isla de la
Tortuga que--segn Coln--es tierra muy alta, pero no montaosa, y
es muy hermosa y muy poblada de gente como la de la Isla Espaola, y
la tierra as toda labrada, que pareca ser la campia de Crdoba.
Refirindose a la Isla Espaola escribe Coln lo siguiente: Era
cosa de maravilla ver aquellos valles y los rios y buenas aguas, y
las tierras para pan, para ganado de toda suerte... Carioso fu
el recibimiento que el cacique Guacanagari, que mandaba en aquellas
costas, hizo a Coln. Envile Guacanagari una grande canoa llena de
gente, y en ella un principal criado suyo a rogar al Almirante que
fuese con los navos a su tierra y que le dara cuanto tuviese. Ms
adelante Cristbal Coln se diriga a los Reyes Catlicos en esta
forma: Crean vuestras Altezas que en el mundo todo no puede haber
mejor gente, ni ms mansa; deben tomar vuestras Altezas grande alegra
porque luego los harn cristianos, y los habrn enseado buenas
costumbres de sus reinos, que ms mejor gente ni tierra puede ser, y
la gente y la tierra en tanta cantidad que yo no s cmo lo escriba;
porque yo he hablado en superlativo grado la gente y la tierra de la
_Juana_, a que ellos llaman _Cuba_; mas hay tanta diferencia dellos y
della a esta en todo como del da a la noche; ni creo que otro ninguno
que esto hoviese visto hoviese hecho ni dijese menos de lo que yo tengo
dicho, y digo que es verdad que es maravilla las cosas de ac y los
pueblos grandes de esta isla Espaola, la que as la llam, y ellos la
llaman _Boho_, y todos de muy singularsimo tracto amoroso y habla
dulce, no como los otros que parece cuando hablan que amenazan, y de
buena estatura hombres y mujeres, y no negros. Verdad es que todos se
tien, algunos de negro y otros de otro color, y los ms de colorado.
He sabido que lo hacen por el sol, que no les haga tanto mal, y las
casas y lugares tan hermosos, y con seoro en todos, como Juez o seor
dellos, y todos le obedecen que es maravilla, y todos estos seores son
de pocas palabras y muy lindas costumbres, y su mando es lo ms con
hacer seas por la mano, y luego es entendido que es maravilla.

Cuando el Almirante se dispona a dirigirse a un lugar de la isla
donde encontrara oro en abundancia, por negligencia o ignorancia de
un grumete se encall (noche del 24 de diciembre o maana del 25) la
carabela, salvndose toda la gente por el oportuno auxilio de la Nia
y de las canoas de los indgenas. El (Cacique) con todo el pueblo
lloraban tanto--dice el Almirante--: son gente de amor y sin cudicia,
y convenibles para toda cosa, que certifico a vuestras Altezas que en
el mundo creo que no hay mejor gente ni mejor tierra; ellos aman a sus
prjimos como a s mismos, y tienen un habla la ms dulce del mundo,
y mansa, y siempre con risa. Ellos andan desnudos, hombres y mujeres,
como sus madres los parieron. Mas crean vuestras Altezas que entre s
tienen costumbres muy buenas, y el Rey muy maravilloso estado, de una
cierta manera tan continente ques placer de verlo todo, y la memoria
que tienen, y todo quieren ver, y preguntan qu es y para qu. Tambin
el Cacique, adems del socorro que prest a Coln con sus canoas, le
di algn oro. El Almirante, al encontrarse solo con la _Nia_--pues
la _Pinta_ se haba alejado con Alonso Pinzn--, se decidi a dar la
vuelta a Espaa[439].

       [439] Ignranse los motivos que tuvo Alonso Pinzn para
       separarse del Almirante. La reconciliacin se verific poco
       despus en el puerto que de este suceso se llam de _Gracia_.

Qu contraste--exclama Lamartine--entre el estado en que se hallaban
estos pueblos en el momento en que los europeos les trajeron el
espritu y el genio del Viejo Mundo y el estado a que llegaron aos
despus de haber conocido a sus pretendidos civilizadores! Por qu
misterio la Providencia envi a Coln a ese nuevo hemisferio, que crea
favorecer con la virtud y la vida, y no sembr en l ms que la tirana
y la muerte?[440]. Decidido Coln a dar la vuelta a Espaa, dej en
la Isla Espaola parte de sus marineros. Contaba con la buena amistad
del cacique Guacanagari, cuyos sbditos le ayudaron a hacer pequea
fortaleza de tierra y madera, sirvindose del tablaje y poniendo los
caones del buque _Santa Mara_. El fuerte se llam de _Navidad_.
Encargles Coln que fuesen buenos cristianos, obedeciesen a su
capitn, respetaran a Guacanagari y no hicieran violencia a hombre ni
mujer. Tambin les encarg que no mostrasen codicia y que aprendieran
la lengua de los indgenas[441]. Su amigo Arana, deudo de la cordobesa
Beatriz, recibi la jefatura de la improvisada fortaleza.

       [440] Ob. cit., pg. 105.

       [441] Vase Herrera, Dcada 1., lib. I, cap. XX.

Despidise del cacique Guacanagari y se dispuso a volver a Espaa. Se
haban desvanecido las ilusiones de muchos tripulantes, que soaban
con encontrar una tierra rica, la famosa tierra de Marco Polo, cuajada
de oro y sembrada de piedras preciosas. Hallaron, s, montaas
tapizadas de verdura, extensos bosques con rboles gigantescos, huertas
con plantas de varias clases y pjaros de vivos colores. En lugar de
grandes ciudades, encontraron miserables aldeas; en lugar de grandes
casas, pequeas chozas; en lugar de grandiosos templos, _piedras
propias para la construccin de Iglesias_. Segn el mismo Almirante, en
lugar de poderosos sacerdotes, groseros fetiches; en lugar de gentes
civilizadas, tribus desnudas y salvajes, y, lo que fu peor, en lugar
de oro y piedras preciosas, pelotas de algodn hilado y azagayas y
papagayos domesticados. Despus de recorrer varias islas, encontraron
algo, muy poco oro; ninguna piedra preciosa. Cansados de recorrer
diferentes pueblos cosechando desengao tras desengao, pues el oro no
pareca por ninguna parte, se decidieron a abandonar las Indias.

El 16 de enero de 1493 emprendi Coln la vuelta a Espaa sin incidente
alguno notable. El mar se hallaba tranquilo, el viento era excelente
y la temperatura suave. El 21 de enero el viento refresc mucho, y
luego el cielo perdi su transparencia. Las provisiones disminuan, no
quedando ya ms que patatas, galleta y vino. El viernes, 25 de enero,
sobrevino gran calma. En este da los marineros lograron coger un
atn y un tiburn. El 4 de febrero se puso lluvioso y fro el tiempo:
el Almirante mand gobernar al Este. El 8 de dicho mes se cambi de
rumbo, tomando al Sudeste cuarto al Este. El 12 de febrero el Almirante
comenz a tener grande mar y tormenta, aumentando el 13 el peligro. El
14 por la noche, cuando ya se hallaba cerca de las costas de Europa,
creci el viento y se desencaden furioso temporal, que separ a las
dos carabelas. La _Pinta_ fu a fondear en Bayona de Galicia y la
_Nia_ arrib a Santa Mara, la isla meridional de las Azores. El 4 de
marzo lleg a Lisboa, despus de nuevas tormentas. Escribi al rey de
Portugal, quien se hallaba nueve leguas de all, dicindole que los
reyes de Castilla le haban mandado que no dejase de entrar en los
puertos lusitanos y pedir, mediante sus dineros, lo que necesitase,
aadiendo que solicitaba permiso para ir con la carabela a Lisboa, pues
tema que algunos, creyendo que traa mucho oro, estando en puerto
despoblado, intentasen robarle, como tambin para que se supiera que no
vena de Guinea, sino de las Indias. El 8 de marzo recibi Coln carta
del rey de Portugal invitndole a que se llegase adonde l estaba, y
daba rdenes para que se diese generosamente al Almirante todo lo que
necesitara. Coln, el 9 de dicho mes, sali de Sacanbeu, teniendo la
sealada honra de presentarse ante el Monarca, que se encontraba en el
valle del Paraso, por la noche de aquel da. El 11 se despidi del Rey
y march a Villafranca con el objeto de ver a la Reina, que permaneca
en el monasterio de San Antonio. En seguida volvi a emprender su
camino y se fu a dormir a Llandra. El 12, estando para salir de
Llandra, recibi la visita de un escudero del Rey, quien le ofreci,
en nombre de su Monarca, toda clase de medios, dado que prefiriera ir
a Castilla por tierra. Cristbal Coln desde Lisboa, y Pinzn desde
Bayona, cinglaron (13 de marzo) a Palos, entrando los dos el da 15,
el Almirante por la maana y Martn Alonso por la tarde. Pinzn no
lleg a entrar en la villa y se traslad a una casa de campo, en donde
se agrav su enfermedad, siendo llevado al convento de la Rbida y
falleciendo a los pocos das. Y porque en breves das muri--escribe
el P. Las Casas--no me ocurri ms que de l pudiera decir.

Por el contrario, la fortuna se mostr propicia con el Almirante, como
lo indicaba entusistica carta que desde Lisboa, con fecha 13 de marzo
de 1493, escribi al magnfico Sr. Rafael Snchez, tesorero de los
Reyes Catlicos. (Apndice M). El da 15 del mismo mes entr en Palos.

_Carta de los Sres. Reyes Catlicos a D. Cristbal Coln,
complacindose del buen suceso de su primer viaje; encargndole
que acelere su ida a la corte, y que deje dadas las disposiciones
convenientes para volver luego a las tierras que haba
descubierto[442]._

       [442] _Archivo de los duques de Veragua. Colec. de doc. ind._
       etc., tomo XIX, pgs. 470 y 471.

                                                  Marzo 30 de 1493.

  El Rey e la Reyna: D. Cristbal Coln. Nuestro Almirante del
  Mar Ocano, e Visorrey y Gobernador de las islas que se han
  descubierto en las Indias: Vimos vuestras letras y hobimos mucho
  placer en saber lo que por ellas nos escribisteis y de haberos
  dado Dios tan buen fin en vuestro trabajo, y encaminado bien
  en lo que comenzaste, en que El ser mucho servido, y Nosotros
  asimismo y Nuestros Reinos recibir tanto provecho. Placera a Dios
  que dems de lo que en esto le servides, por ello recibiris
  de Nos muchas mercedes, las cuales creed que se vos harn como
  vuestros servicios e trabajos lo merecen: y porque queremos que
  lo que habeis comenzado con el ayuda de Dios se contine y lleve
  adelante, y deseamos que vuestra venida fuese luego; por ende
  por servicio Nuestro, que dedes la mayor priesa que pudieredes
  en vuestra venida, porque con tiempo se provea todo lo que es
  menester, y porque como vedes el verano es entrado, y no se pase
  el tiempo para la ida all, ved si algo se puede aderezar en
  Sevilla o en otras partes para vuestra tornada a la tierra que
  habeis hallado; y escribidnos luego con ese correo que ha de volver
  presto, porque luego se provea como se haga, en tanto que ac vos
  vens y tornais; de manera que cuando volvieredes de ac, est
  todo aparejado. De Barcelona a treinta das de marzo de noventa y
  tres.==_Yo el Rey._==_Yo la Reina._==Por mandado del Rey e de la
  Reina, _Fernando Alvarez_.==En el sobrescrito deca: _Por el Rey e
  la Reina_.==_A D. Cristbal Coln, su Almirante del Mar Ocano, e
  Visorrey e Gobernador de las islas que se han descubierto en las
  Indias._

Acerca del recibimiento de Coln en Sevilla y Barcelona, Andrs
Bernldez, que aloj en su casa al Almirante, refiere lo que a
continuacin copiamos: Descubierta la tierra, se vino Coln a
Castilla... entr en Sevilla con mucha honra a 31 de marzo, Domingo de
Ramos, donde le fu hecho buen recibimiento; trajo diez indios, de los
cuales dej en Sevilla cuatro, y llev a Barcelona a ensear a la Reina
y al Rey seis, donde fu muy bien recibido, y el Rey y la Reina le
dieron gran crdito y le mandaron aderezar otra armada mayor y volver
con ella.

Cuntase que cierto da en que fu invitado a la mesa de los reyes,
uno de los convidados, envidioso de los honores que se tributaban a
modesto extranjero, le hubo de preguntar que si l (Coln) no hubiese
nacido, hubiera algn otro descubierto el nuevo hemisferio? El
Almirante no le respondi; pero cogiendo un huevo entre sus manos se
dirigi a todos los comensales invitndoles a que colocasen el huevo de
modo que el punto de contacto fuera el extremo exterior del dimetro
ms largo. Ninguno pudo conseguirlo. Entonces Coln lo rompi por uno
de sus extremos, y haciendo que se mantuviera recto sobre la mesa
prob a los envidiosos de su gloria, que no exista mrito alguno en
realizar una idea; pero el que la realizaba antes que los dems poda
reclamar para l los derechos de la primaca. Este aplogo ha sido
desde entonces la respuesta que los inventores y descubridores han dado
a sus semejantes. Ellos no habrn sido los ms grandes; pero fueron
los ms favorecidos por la inspiracin[443]. El banquete fu--segn
otros escritores--ofrecido a Cristbal Coln por Don Pedro Gonzlez
de Mendoza, gran cardenal de Espaa. A la divulgacin del imaginario
banquete ha contribudo seguramente y no poco la conocida estampa de
Teodoro Bry, y respecto a lo que se llama _El huevo de Coln_, ha
probado Navarrete que es una leyenda ms entre las muchas que adornan
el descubrimiento de las Indias.

       [443] Lamartine. Ob. cit. pgs. 119 y 120.

Como se creyese por todos que las tierras descubiertas eran como
una parte del continente asitico, se les di el nombre de _Indias
Occidentales_, para distinguirlas de las _Orientales_, y se llam
indios a los naturales del Nuevo Mundo.

Quisieron los Reyes Catlicos, _aunque para esto no tuviesen
necesidad_, como dice Oviedo, fortalecer su derecho con la sancin
pontificia[444]. En su virtud, despus del primer viaje de Cristbal
Coln, se apresuraron a obtener el beneplcito de Alejandro VI para los
descubrimientos hechos y los sucesivos, pensando, ya en la propagacin
del cristianismo, ya con el objeto de precaver las pretensiones y
reclamaciones de los reyes de Portugal, a los cuales los Papas,
mediante diferentes Breves, les haban concedido el monopolio de todas
las tierras descubiertas y por descubrir lo mismo en Africa que en
la India[445]. Los dos Breves de Alejandro VI llevan la fecha del 3
y 4 de mayo de 1493, y comienzan designando como objeto principal
y obra agradable a Dios la predicacin de la doctrina cristiana
entre los indios. Dice en seguida en el primer Breve: Como Coln
ha descubierto ciertas islas y continentes lejanos y que hasta hoy
eran ignorados[446], concedemos de nuestro libre impulso, sin ser
solicitados por vos[447], ni por otra persona alguna, de nuestra propia
autoridad apostlica, a vos y a todos vuestros sucesores todas estas
islas y tierras firmes recientemente descubiertas y por descubrir,
en cuanto no pertenezcan ya a algn otro rey cristiano, y prohibimos
a todos los dems, bajo pena de excomunin, ir a aquellas tierras y
traficar all sin vuestro permiso. (Apndice N).

       [444] _Hist. de Indias_, lib. I. cap. VIII.

       [445] Vase Dr. Sophus Ruge, _Hist. de la poca de los
       descubrimientos geogrficos_, pgs. 105, 106 y 107, en la
       Hist. Universal de Oncken, tomo VII.

       [446] Coln, como se dijo en una nota de este captulo, crea
       que la isla de Cuba era la verdadera Cipango.

       [447] Doa Isabel y Don Fernando.

Considerando el Pontfice que los trminos en que se hallaba redactado
el citado Breve eran demasiado generales, public otro al da
siguiente, sealando las regiones respectivas, donde Espaa y Portugal,
sin temor de exponerse a colisiones, podan hacer sus descubrimientos.
En el Breve, pues, del da 4, se fij una lnea de demarcacin que
a la distancia de 100 leguas al Oeste de las Azores y de las islas
de Cabo Verde pasaba por los dos polos como meridianos y divida
el planeta en dos mitades. El hemisferio occidental perteneca a
Espaa, y el oriental a Portugal. Al trazar dicha lnea de demarcacin
Alejandro VI, debi tener presente las ideas manifestadas por el
Almirante, quien todava en el ao 1498 consignaba lo siguiente: Me
acuerdo que cuantas veces fui a la India cambi la temperatura a 100
leguas al Oeste de las Azores, y esto suceda en todos los puntos desde
Norte a Sur. Aade ms adelante: Cuando navegaba de Espaa a las
Indias, encontr, tan pronto como haba pasado 100 leguas al Oeste de
las Azores, un grandsimo cambio en el cielo y en los astros, en el
ambiente y en el agua del mar, y estos fenmenos los tengo observados
con gran cuidado. Not, cuando haba pasado las citadas 100 leguas ms
all de las mencionadas islas, tanto en el Norte como en el Sur, que
las agujas de marear, que hasta all declinaban hacia Nordeste, giraban
todo un cuarto de viento (igual a 11 y cuarto de la brjula) hacia
Noroeste, y esto aconteca desde el instante que llegaba a aquella
lnea. Al propio tiempo se presentaba otro fenmeno, como si en aquel
punto fuese ms elevada la superficie de la tierra, porque encontr el
mar cubierto completamente de yerbas semejantes a ramas de abeto y con
frutos parecidos a los del alfnsigo, siendo estas yerbas tan espesas
que en mi primer viaje cre que all haba bajos que haran encallar
los buques. Tan pronto como llegamos a aquella lnea a nuestro regreso,
no se encontr rama alguna. Tambin observ que el mar estaba en este
punto tranquilo y unido, y casi nunca agitado por vientos, y que desde
aquella lnea al Oeste era la temperatura muy suave, distinguindose
muy poco verano e invierno[448].

       [448] Para comprender mejor todo esto estdiese la coleccin
       de Navarrete.

Este pasaje--dice el barn de Humboldt en su _Cosmos_--contiene las
ideas de Cristbal Coln y sus observaciones sobre la Geografa fsica;
la influencia de las longitudes, la declinacin de la aguja magntica,
la inflexin de las lneas isotrmicas entre las costas occidentales
del Mundo Antiguo y las orientales del Nuevo, la situacin del gran
banco de Sargazos o plantas ficoideas en el Atlntico, y sobre las
relaciones que existen entre esta parte del mar y su atmsfera. Los
pocos conocimientos matemticos de Cristbal Coln y sus observaciones
equivocadas del movimiento de la estrella polar cerca de las islas
Azores, indujeron a este descubridor a admitir una irregularidad en la
forma esfrica de la tierra. Crea que el hemisferio occidental era ms
elevado, ms _hinchado_ que el otro; que los buques al llegar a esta
parte donde la aguja magntica seala el Norte verdadero, estaban ms
prximos al cielo; y que esta elevacin era la causa de la temperatura
ms fresca. Si a esto se agrega que Coln de regreso de su primer
viaje tuvo la idea de ir a Roma para referir personalmente al Papa
todo cuanto haba descubierto (se entiende en cuanto se relacionaba
con la religin, la mayor proximidad del cielo, etc.); si, por otra
parte, se tiene presente la importancia que se daba en tiempo de Coln
al descubrimiento de una lnea nueva magntica, en la cual la aguja
se mantiene constante, se me dar razn cuando el primero sostuve que
el Almirante en los momentos de mayor favor en la corte, trabaj para
transformar la lnea divisoria fsica que haba encontrado en la lnea
divisoria poltica.

En el Breve del da 4 se fij la lnea de demarcacin a 100 leguas al
Oeste de _cualquiera_ (_qualibet_), isla de las Azores o de las de Cabo
Verde, sin fijar ninguna isla determinada, ni a un grupo de ellas,
ignorando que la ms occidental de Cabo Verde se halla casi 6 ms al
Este que la ms occidental de las Azores. Explcase esta ignorancia
porque los cosmgrafos en aquellos tiempos no podan, por falta de
medios, determinar exactamente las longitudes.

Tambin por entonces (28 mayo 1493) se concedi a Coln un escudo de
armas, en el cual figuraban, adems de las suyas o de familia, las de
Castilla y Len en campo verde, y unas islas doradas en ondas de mar
(Apndice O).

En el correr de los tiempos se coloc en su sepulcro un letrero que
deca:

    _A Castilla y a Len._
    _Nuevo Mundo di Coln._

Los detractores del Almirante y defensores de Pinzn transformaron el
dstico en la siguiente forma:

    _A Castilla y a Len_
    _Nuevo Mundo di Pinzn._

Parecindoles despus que haban cometido una injusticia, creyeron
arreglarlo todo diciendo:

    _Por Castilla, con Pinzn,_
    _Nuevo Mundo hall Coln._

Con espritu ms levantado vinieron otros que admitieron el mote de
esta manera:

    _Por Castilla y Aragn_
    _Nuevo Mundo hall Coln._

Desde la ctedra del Ateneo de Madrid propuso D. Vctor Balaguer que si
algn da se intentaba variar el dstico, deba ser del siguiente modo:

    _Por la espaola nacin_
    _Nuevo Mando hall Coln._

El ilustre escritor norteamericano Charles F. Lummis, en su pequeo
libro intitulado _Los exploradores espaoles del siglo XVI_, ha dicho
lo siguiente: A una nacin le cupo en realidad la gloria de descubrir
y explorar la Amrica, de cambiar las nociones geogrficas del mundo
y de acaparar los conocimientos y los negocios por espacio de siglo y
medio. Y esa nacin fu Espaa.

Un genovs, es cierto, fu el descubridor de Amrica; pero vino en
calidad de espaol; vino de Espaa por obra de la fe y del dinero de
espaoles; en buques espaoles y con marineros espaoles, y de las
tierras descubiertas tom posesin en nombre de Espaa[449].

       [449] Pg. 59.

Colocada en este punto la cuestin que nosotros resolveramos con
Balaguer y Lummis, no queremos, sin embargo, pasar en silencio las
atinadas observaciones del Sr. Snchez Moguel. Tales son las palabras
del Catedrtico de la Universidad de Madrid: El conquistador de
Granada, en su testamento, otorgado el 20 de enero de 1516, al
instituir heredera de sus reinos de la corona de Aragn a su hija doa
Juana, no comprende entre ellos en modo alguno las islas y tierra firme
del mar Ocano, esto es, el Nuevo Mundo. Sin duda, no perteneca, ni
en todo ni en parte, a su corona aragonesa, cuando no lo menciona. No
cabe atribuirlo a olvido, porque no los hay de tanta monta, ni menos
an en documentos de esta clase. En cambio, su egregia esposa, la
magnnima Reina de Castilla, en su testamento, fechado en Medina del
Campo el 12 de octubre de 1504, habla de las islas y tierra firme del
mar Ocano como parte integrante de sus reinos de Castilla. Y por
qu? Sea la gloriosa Reina quien nos responda: _Por quanto... fueron
descubiertas e conquistadas a costa destos Reynos e con sus naturales
dellos_[450].

       [450] _Espaa y Amrica_, pgs. 34 y 35.

No creemos que la cuestin tenga mucha importancia. Sin embargo,
colocados en la obligacin de dar nuestra opinin, diremos que la
parte que tom Castilla en el descubrimiento del Nuevo Mundo fu
mayor, como mayor fu el apoyo que prest a Coln la reina Isabel.
Conviene no olvidar lo que dice Guicciardini, Embajador de la Seora
de Florencia en la Corte del Rey Catlico: los negocios pertenecientes
a Castilla se gobernaban, principalmente, por su mediacin y autoridad
(de Isabel). Se ha dicho tambin que D. Fernando mand librar de
la Tesorera de Aragn--y esto lo afirman los defensores de D.
Fernando--la cantidad necesaria para la empresa del descubrimiento,
a causa de la pobreza del Erario castellano, disponiendo despus
que del primer oro que viniese de las tierras descubiertas se diera
parte a Aragn, que se emple, por cierto, en dorar el artesonado de
la Aljafera de Zaragoza; pero el cataln Bofarull no hall entre
los papeles de la citada Tesorera orden ni registro de semejante
libramiento, y el aragons Nougus y Secall ha mostrado que el dorado
de la Sala mayor de la Aljafera es anterior a la vuelta de Coln de
su primer viaje. Si pudiese haber todava alguna duda, habremos de
recordar que Alejandro VI concedi las tierras descubiertas a los reyes
de Castilla y slo a los reyes de Castilla.




CAPTULO XXI

  SEGUNDO VIAJE DE COLN.--PRISA DE LOS REYES EN QUE SE
  REALIZASE.--JUNTA DE TORDESILLAS.--PERSONAS NOTABLES QUE
  ACOMPAARON AL ALMIRANTE.--DESCUBRIMIENTOS: LA DOMINICA Y
  OTRAS ISLAS.--EL FUERTE DE NAVIDAD.--LA ISABELA.--INSURRECCIN
  GENERAL.--EL COMISARIO REGIO JUAN DE AGUADO.--COLN EN
  ESPAA.--PRESNTASE A LOS REYES EN BURGOS.--EL COMERCIANTE JOYERO
  MOSN JAIME FERRER EN BURGOS.


Prisa tenan los Reyes Catlicos de que Cristbal Coln realizase la
segunda expedicin. Desde Barcelona, con fecha 23 de mayo de 1493,
escribieron Doa Isabel y Don Fernando al florentino Juan Berardi,
mercader y asentista para los negocios de las Indias, ordenndole que
comprase una nao de 100 a 150, hasta 200 toneles, y la pertrechase para
cuando fuera a recibirla el Almirante, el cual (aadan) ira presto
y le satisfara el costo que hubiese tenido; le encargaban tambin la
provisin de 2.000 o 3.000 quintales de bizcocho.

Empeo tenan Doa Isabel y D. Fernando en que el mdico o fsico
Alvarez Chanca fuese a las Indias, como indica la carta que copiamos.
El Rey o la Reina: Doctor Chanca: Nos habemos sabido que vos, con el
deseo que teneis de Nos servir, habeis voluntad de ir a las Indias,
e porque en lo hacer nos servireis, e aprovechareis mucho a la salud
de los que por nuestro mandado all van, por servicio nuestro que
lo pongais en obra, e vayais con el nuestro Almirante de las dichas
Indias, el cual vos hablar en lo que toca a vuestro asiento para all,
y en lo de ac Nos vos enviamos una carta para que vos sea librado el
salario e racion que de Nos teneis en tanto que all estuvieredes.--De
Barcelona, veinte y tres de mayo de noventa y tres[451].

       [451] Navarrete, _Coleccin de los viajes y descubrimientos_,
       etc., tomo II. pg. 54.

Al Doctor sevillano Alvarez Chanca, debemos la relacin del segundo
viaje.

Sali Cristbal Coln de Barcelona el da 30 del mismo mes de mayo, con
encargo especial de apresurar su salida. El 1. de junio volvieron a
escribir los reyes una carta a Berardi y otra a Gmez Tello, alguacil
de la Inquisicin, sobre la provisin del bizcocho[452].

       [452] Tan a satisfaccin desempe Berardi el encargo,
       que en 4 de agosto del mismo ao le dieron los monarcas
       las gracias por lo que haba hecho, encargndole la
       continuacin.--_Archivo de Indias de Sevilla._--Extractos
       hechos por Muoz, de varios libros y documentos.

El deseo de los reyes de que Coln realizase su viaje, era cada vez
mayor. Vemoslo: El Rey e la Reina: D. Juan de Fonseca, del nuestro
Consejo: Nos escribimos al Almirante de las Indias, encargndole que
d mucha priesa en su partida; vos por servicio nuestro, dad toda
la priesa que pudiredes en ello, y ya sabeis como vos mandamos que
despus de partido, vos quedsedes ende en esa costa de la de la mar y
en Sevilla, para que si hobiese que facer otra armada para ir en pos
del Almirante, la ficiredes e la enviredes. Por servicio nuestro que
as lo fagais, y vos informad mucho de los navos que podreis haber
en esas partes, que son para enviar este viaje, y en cuantos das se
podrn aderezar para que partan, y el bizcocho que fuere menester,
sabed en que tiempo se puede haber, y que dinero ser menester para
todo esto, y escribdnoslo luego para que cuando mandremos entender
en ello, se provea todo con tiempo. En Barcelona, a veinti y cinco de
julio de noventa y tres[453].

       [453] Ob. cit.

La actitud poco franca de Portugal tena en mucho cuidado a Doa Isabel
y a Don Fernando. Terminantemente as lo manifiestan en la siguiente e
interesante carta, dirigida al Almirante, y escrita dos das despus
que la anterior.

El Rey  la Reina: Don Cristobal Colon, nuestro Almirante de las Islas
 Tierra del mar Ocano a la parte de las Indias: vimos vuestra letra
que escribisteis desde Crdoba, y ya con un correo que este otro da
parti de aqu vos escribimos la respuesta que el Rey de Portugal nos
envi con Herrera: despues ac no son venidos los mensajeros que nos
escribi que nos enviaba, ni sabemos cosa dello; verdad es que nos han
dicho que eran partidos de Portugal para ac por la mar, puede ser que
con tiempo contrario no sean venidos: y cuanto a lo que decs que puede
ser que se haya detenido de partir el armada de Portugal, esperando
a partir despues que seais partido, es posible que sea as; aunque
nosotros dudamos dello segn lo que el Rey de Portugal nos escribi;
pero como quiera que sea, no se faga mudanza en lo de los Capitanes y
carabelas: y asimismo ya sabeis que, cuando de aqu partisteis y Don
Juan de Fonseca, mandamos al dicho Don Juan que despues de vos en buena
hora partido, se quedase l en buen hora en Sevilla y en su costa, para
saber de continuo si armaron en Portugal, y que sabindolo l ficiese
otra armada para enviar a vos, que fuese el doble de los navos que
supiese que en Portugal armasen. Esto mismo le mandamos agora, como
lo vereis por la carta que le escribimos. Por servicio nuestro que
en tanto que ende estuviredes vos procureis de saber todo lo que se
ficiere en Portugal, y de continuo nos lo faced saber, porque si fuese
menester cualquier provision de ac, se enve luego. En lo que toca a
Alonso Martnez de Angulo quisiramos que tuviera disposicin para ir
este viaje, porque conoscemos que es tal cual cumple al negocio; pero,
pues si su indisposicion no le d lugar para ello, qudese que en otras
cosas nos servir, y vaya Melchor como aqu vos lo fablamos. Dad mucha
priesa en vuestra partida por servicio nuestro,  facednos saber para
cuando ser queriendo Dios. De Barcelona a veinti y siete de julio de
noventa y tres[454].

       [454] Ob. cit.

No pasaron muchos das y tambin los reyes, desde Barcelona, pensando
en la actitud de Portugal, escribieron (cinco de septiembre del mismo
ao) a Fonseca, dndole prisa para que inmediatamente se realizase el
viaje. Decanle lo siguiente: ...  Nos vos damos  encargamos, si
servicio nos deseais facer, que dedes mucha priesa en todo lo que se
ha de facer, de manera quel dicho Almirante no se detenga una hora de
partir, porque de cualquier dilacion que hobiese en su partida seriamos
mucho deservidos...[455].

       [455] Archivo de Indias en Sevilla.--Conde Roselly de Lorgues,
       _Cristbal Coln_, tomo II, pginas 909 y 910.

Por qu las relaciones entre Castilla y Portugal no eran cordiales?
El rey Juan II, inmediatamente que hubo despedido a Coln[456], se
dirigi al gobierno de Espaa recordndole los Breves pontificios que
sancionaban su derecho de monopolizar los descubrimientos y trfico
en determinados mares. Ni la embajada que Fernando e Isabel enviaron
a Lisboa y que tan prudentemente desempe Lope de Herrera, ni la
que mand a Castilla el rey de Portugal, compuesta de Pedro Daz y
de Ruy de Pina, dieron resultado alguno favorable. No siendo posible
el fijar la lnea de demarcacin propuesta por el Papa[457], oblig
a los gobiernos de Espaa y Portugal a entrar en negociaciones para
resolver todas las cuestiones que pudieran suscitarse. Acordse al fin
el nombramiento de dos comisiones, una de parte de Portugal y otra
de parte de Castilla. Nombrados por ambas naciones sus respectivos
representantes, reunironse en Tordesillas, poblacin situada junto al
ro Duero, al Sudoeste de Valladolid, y despus de varias conferencias,
se firm el convenio (7 junio 1494).

       [456] Vase el captulo XX.

       [457] Ibidem.

Por dicho convenio Espaa reconoci a Portugal todos los derechos
sobre la Guinea y otros territorios; tambin, en atencin a que los
portugueses se quejaban de que la lnea trazada por el Papa reduca sus
empresas a muy estrechos lmites, accedi a que en vez de tirarse a
las 100 leguas al Occidente de Cabo Verde y las Azores, como dispuso
Alejandro VI, se extendiese a las 370; pero tomando esta vez por punto
de partida la isla ms Occidental de Cabo Verde, sin hablar para nada
de las Azores. De lo cual result, segn nuestros conocimientos
geogrficos actuales, que la concesin hecha a Espaa qued reducida,
por lo menos, en 90 leguas, diferencia entre la isla extrema Occidental
de las Azores y la extrema de Cabo Verde, es decir, que Espaa, en
realidad, no obtuvo 270 leguas a ms de las 100 fijadas por el Papa,
sino solamente unas 180 leguas[458]. As--dice Vasconcellos--esta gran
cuestin, la mayor que se agit jams entre las dos Coronas, porque era
la particin de un Nuevo Mundo, tuvo amistoso fin por la prudencia de
los dos monarcas ms polticos que empuaron nunca el cetro. Prescott
aade la observacin siguiente: No pasaron muchos aos sin que las
dos naciones, rodeando el globo por distintos caminos, vinieran a
encontrarse en la parte opuesta; caso, segn parece, no previsto por el
tratado de Tordesillas. Sin embargo, las pretensiones de ambas partes
se fundaron en los artculos de aquel tratado, que no era ms, como
es sabido, que un suplemento a la bula primitiva de demarcacin de
Alejandro VI. As, aquel arrogante ejercicio de autoridad pontificia,
tantas veces ridiculizado como quimrico y absurdo, en cierto modo
lleg a justificarse por el suceso, porque estableci, en efecto, los
principios segn los cuales qued definitivamente entre dos pequeos
estados de Europa la vasta extensin de imperios vacantes en Oriente y
Occidente[459].

       [458] Dr. Sophus Ruge, Ob. cit., pg. 106.

       [459] _Reyes Catlicos_, cap. 18.

Dentro del plazo de diez meses, cada nacin haba de mandar a la Gran
Canaria una comisin compuesta de pilotos y astrnomos, para fijar la
lnea de demarcacin. De la Gran Canaria pasaran a las islas de Cabo
Verde, navegando luego 370 leguas al Oeste y sealando del modo que se
acordase la citada lnea de demarcacin. La expedicin no se realiz y
tiempo adelante renacieron nuevas disensiones y divergencias. (Apndice
P).

Al fin el 25 de septiembre de 1493 sali Coln del puerto de Cdiz
con rumbo a las Canarias. Se compona la flota de 14 carabelas y tres
buques grandes de transporte. Fueron embarcados unos 1.200 hombres de
armas con su correspondiente caballera, bastantes animales domsticos,
varios cereales, legumbres de toda clase y vides para aclimatarlas en
las nuevas tierras descubiertas.

Si en el primer viaje nadie quera embarcarse, en el segundo all
estaba--escribe Washington Irving--el hidalgo de elevados sentimientos
que iba en pos de aventuradas empresas; el altivo navegante que
deseaba coger laureles en aquellos mares desconocidos; el vago
aventurero que todo se lo promete de un cambio de lugar y de distancia;
el especulador ladino, ansioso de aprovecharse de la ignorancia de
las tribus salvajes; el plido misionero de los claustros consagrado
al servicio de la iglesia, y devotamente celoso por la propagacin de
la fe; todos animados y llenos de vivas esperanzas...[460]. La clase
noble estaba representada por Alonso de Ojeda, Juan Ponce de Len,
que descubri tiempo adelante la Florida, Diego Velzquez y Juan de
Esquivel, despus gobernadores, respectivamente, de Cuba y de Jamaica,
y otros, atrados por el deseo de grandes riquezas y de novelescas
aventuras.

       [460] _Vida y viajes de Cristbal Coln_, libro VI, cap. I.

En una carta de los Reyes Catlicos a Cristbal Coln, escrita
desde Barcelona, cuando se andaba en los preparativos de la citada
expedicin, se lee lo que de ella copiamos: Nos parece que sera bien
llevsedes con vos un buen astrlogo, y nos pareca que sera bueno
para esto Fray Antonio de Marchena, porque es buen astrlogo y siempre
nos pareci que se conformaba con vuestro parecer. Adems de Fray
Antonio de Marchena, llev Coln un Vicario apostlico, el benedictino
Bernardo Boil o Buil, personalidad de bastante relieve en los ltimos
aos del siglo XV[461].

       [461] Caresmar dice que Fray Boil naci en Tarragona cerca del
       ao 1445 (_Boletn de la Real Academia de la Historia_, tomo
       XIX, pg. 280). Otros afirman que fu aragons y algunos que
       naci en el reino de Valencia.

En las instrucciones de los Reyes Catlicos a Coln, dadas el 29 de
mayo de 1493, se le dice que haba de llevar al Padre Buil con otros
religiosos para catequizar a los indios, _tratndolos muy bien y
amorosamente, sin que les fagan enojo alguno_[462]. Los religiosos
siguieron al pie de la letra los consejos de D. Isabel y D. Fernando,
y sin descanso alguno predicaron la ley de Dios, donde todo es amor y
caridad.

       [462] Archivo de Indias en Sevilla.

A ruego de los Reyes Catlicos, Alejandro VI, por Bula de 7 de julio
de 1493, concedi omnmoda potestad eclesistica a Fr. Bernardo Buil y
a sus delegados para bautizar, confirmar y administrar toda clase de
sacramentos, consagrar iglesias, absolver de pecados reservados a la
Santa Sede, etc.[463].

       [463] El P. Buil perteneca a la orden de benedictinos y fu
       abad del convento de Montserrat, pasando luego a la de los
       Mnimos, fundada por San Francisco de Paula.

El 2 de octubre lleg la flota a la Gran Canaria, donde hubo de
recalar; tambin el 5 en la Gomera porque uno de los barcos haca agua.
Despus de comprar algunos animales para que se aclimatasen en las
nuevas tierras, continu su marcha y el 13, favorecida la escuadra por
buena ventolina del Este, perdi de vista la isla de Hierro. El 26 de
dicho mes sobrevino brusca tempestad, cuya violencia dur cuatro horas,
llegando al otro lado del Atlntico, habiendo seguido un derrotero ms
meridional que la expedicin primera.

El 3 de noviembre, cerca del alba--segn escribe el Dr. Chanca--dijo
un piloto de la nave capitana: _albricias que tenemos tierra_. La
gente, fatigada de tanto navegar, recibi la noticia con suma alegra.
Los tripulantes, habiendo desembarcado y recorrido ms de una legua
de costa, notaron que toda la isla era montaosa y cubierta de verdes
praderas: el Almirante la llam _Dominica_, por ser domingo aquel
da. Pasaron luego a otra, distante cuatro o cinco leguas, la cual
era tierra llana, y les pareci que estaba despoblada, denominndola
_Marigalante_, del nombre de la nao de Coln. Navegaron siete u ocho
leguas y encontraron una tercera isla que nombraron _Guadalupe_, en
cumplimiento de una promesa hecha a los religiosos del clebre convento
de dicho ttulo en Extremadura. Vista la isla desde el mar ofreca
grandioso espectculo, contribuyendo a ello magnfica cascada que
se precipitaba desde elevada sierra a la llanura. Desembarcaron los
espaoles en un sitio donde haba chozas abandonadas, en las que se
encontraron comestibles, algodn en rama y alguno elaborado, indicando
los huesos humanos que vieron en las citadas cabaas que los habitantes
eran antropfagos o caribes. En las relaciones con estos salvajes
sirvieron a Coln como intrpretes dos de los siete indios que se haba
llevado en su primer viaje, pues los cinco restantes haban muerto.

Costeando al Nor-Oeste de la isla Guadalupe fu poniendo nombre a
las islas del hermoso archipilago segn se le presentaban, como
_Monserrate_, _Santa Mara la Redonda_, _Santa Mara la Antigua_, _San
Martn_, _Santa Cruz_ y otras. Sostuvieron los espaoles un combate con
una canoa de feroces indios, llamndoles la atencin que las mujeres
peleaban lo mismo que los hombres. Mand Coln algunos de los suyos en
una carabela hacia unas islas que de lejos se vean, y como aqullos a
su vuelta le dijesen que eran ms de 50, Coln, a la mayor del grupo,
le puso _Santa Ursula_, y a las otras _Las once mil vrgenes_. Continu
su rumbo hasta llegar a una isla grande, de rica vegetacin y con
buenos pastos, a la que los naturales llamaban Burenquen, l denomin
_San Juan Bautista_ y hoy se la conoce con el nombre de _Puerto Rico_.
Detvose en un puerto de dicha isla dos das[464], dndose a la vela
la escuadra, hasta que el 22 de noviembre arrib a otra isla, que
reconoci ser el extremo Oriental de Hait o la Espaola. Continu
su rumbo y al pasar por la provincia llamada Xaman dos indios se
metieron en una canoa pequea y llegaron a la nao del Almirante, a
quien dijeron que los mandaba su Rey para rogarle que bajase a tierra
y le daran oro y comida; negse Coln, y continu su camino hasta
llegar al puerto de _Monte Cristi_, donde estuvo dos das. Bajaron a
tierra algunos espaoles y vieron un gran ro (el de Santiago), en
cuyas mrgenes encontraron dos hombres muertos y al da siguiente otros
dos, pudindose notar que uno de ellos tena muchas barbas. Aunque el
puerto de Monte Cristi se halla distante del de Natividad unas siete
leguas, comenzaron a presentir malas nuevas de la colonia que en su
primer viaje dejara el Almirante. Al anochecer del da 27 lleg Coln
al fuerte de Natividad y mand tirar dos tiros de lombarda. No tuvieron
contestacin, porque los 43 espaoles haban muerto a manos de los
caciques Caonab y Mayren, seguramente--como se prob despus--con
gran contento del famoso Guacanagari[465]. Varios indios y entre ellos
un primo de Guacanagari se presentaron al Almirante.

       [464] Ensenada de Mayagez.

       [465] Lista de las personas que Cristbal Coln dej en la
       Isla Espaola en su primer viaje y hall muertas por los
       indios cuando volvi el 1493:

          Diego de Arana, Gobernador. Pedro Gutirrez,
          Teniente-Gobernador. Rodrigo de Escobedo,
          Teniente-Gobernador Alonso Velez de Mendoza, de Sevilla.
          Alvar Prez Osorio, de Castrojeriz. Antonio de Jan,
          de Jan. El bachiller Bernardino de Tapia, de Ledesma.
          Cristbal del Alamo, del Condado de Niebla. Castillo,
          platero, de Sevilla. Diego Garca, de Jerez. Diego de
          Tordoya, de Cabeza de Vaca. Diego de Capilla, de Almadn.
          Diego de Torpa. Diego de Mambles, de Mambles. Diego de
          Mendoza, de Guadalajara. Diego de Montalbn, de Jan.
          Domingo de Bermeo. Francisco Fernndez. Francisco de Godoy,
          de Sevilla. Francisco de Vergara, de Sevilla. Francisco de
          Aranda, de Aranda. Francisco de Henao, de Avila. Francisco
          Jimnez, de Sevilla. Gabriel Baraona, de Belmonte. Gonzalo
          Fernndez de Segovia, de Len. Gonzalo Fernndez, de
          Segovia. Guillermo Ires, de Galney (Irlanda). Hernando de
          Porcuna. Jorge Gonzlez, de Trigueros. Juan de Urniga.
          Juan Morcillo, de Villanueva de la Serena. Juan de Cueva,
          de Castuera. Juan Patio, de la Serena. Juan del Barco,
          del Barco de Avila. Juan de Villar, del Villar. Juan de
          Mendoza. Martn de Logrosn, cerca de Guadalupe. Pedro
          Corbacho, de Cceres. Pedro de Talavera. Pedro de Foronda.
          Sebastin de Mayorga, de Mayorga. Tallarte de Lajes,
          ingls. Tristn de San Jorge[465a].

             [465a] Arch. de Indias en Sevilla, _Papeles de
             Contratacin_.

Dijeron los indgenas a Coln que el cacique Guacanagari no poda ir
en persona porque tena pasado un muslo, herida que recibi luchando
con los caciques Caonab y Mayren por defender a los espaoles. A
reconocer el sitio del fuerte fu el Almirante con algunos de los
suyos, encontrado aqul quemado y algunos cadveres de cristianos,
cubiertos ya de la hierba que haba crecido sobre ellos. Aunque los
indios decan que Caonab y Mayren haban sido los autores de las
muertes, con todo eso asomaban queja que los cristianos uno tena tres
mujeres, otro cuatro, donde creemos que el mal que les vino fu de
celos[466]. Varios espaoles saltaron a tierra, encaminndose a ver a
Guacanagari, el cual fallaron en su casa echado faciendo del doliente
ferido[467]. Como le preguntasen por los cristianos, repiti que
Caonab y Mayren los haban muerto, y que l por defenderlos sufri
una herida en un muslo. Mostr deseo de ver al Almirante. En efecto,
Coln se dirigi a la casa de Guacanagari, a quien encontr tendido en
una hamaca y mostrando mucho sentimiento con lgrimas en los ojos por
la muerte de los cristianos. Dijo que unos murieron de dolencia, otros
que haban ido a tierras de Caonab en busca de una mina de oro y all
fueron muertos, y algunos sufrieron la muerte en su misma fortaleza.
Queriendo atraerse la voluntad del insigne genovs, Guacanagari le hizo
algunos regalos de oro y pedrera. Estbamos presentes yo--escribe el
Dr. Chanca--y un zurugiano de armada; entonces dijo el Almirante al
dicho Guacamari[468] que nosotros ramos sabios de las enfermedades
de los hombres que nos quisiese mostrar la herida: l respondi que
le placa, para lo cual yo dije que sera necesario, si pudiese, que
saliese fuera de casa, porque con la mucha gente estaba escura e no
se poda ver bien; lo cual l fizo luego, creo ms de empacho que
de gana: arrimndose a l sali fuera. Despus de asentado lleg el
zurugiano a l e comenz de desligarle; entonces dijo al Almirante que
era ferida fecha con _ciba_[469], que quiere decir con piedra. Despus
que fu desatada, llegamos a tentarle. Es cierto que no tena ms mal
en aquella que en la otra, aunque l haca del raposo que le dola
mucho. Todos se convencieron que Guacanagari era cmplice. Aunque
otros indicios vinieron a confirmar lo mismo, se procur disimular para
no romper tan pronto con los naturales de la isla. Muchos espaoles
hubieran deseado fuerte e inmediato castigo, negndose a ello el
Almirante, quien no quiso malquistarse con un aliado todava poderoso
en el pas y del que haba recibido en el primer viaje sealadas
pruebas de amistad[470]. Tambin creemos--y la imparcialidad nos obliga
a decirlo--que los espaoles del fuerte de Natividad, menospreciando
la autoridad de Diego de Arana, nicamente pensaron en satisfacer su
avaricia y sensualidad.

       [466] _Carta del Dr. Chanca._--Vase Roselly de Lorgues, Ob.
       cit., tom. III, pg. 150.

       [467] Ibidem.

       [468] As lo escribe el Dr. Chanca.

       [469] Ibidem, pgs. 217 y 218.

       [470] El P. Boil aconsejaba que se prendiese a Guacanagari.

Oviedo emite, con respecto a los marinos, una opinin, tal vez algo
exagerada  injusta. Dice as: Pero en realidad de verdad, sin
perjuicio de algunos marineros que son hombres de bien, atentos y
virtuosos, soy de opinin de que en la mayora de los que ejercen el
arte de marinos, hay una gran falta de juicio para las cosas de tierra;
porque adems de que la mayor parte de ellos son de baja condicin y
mal instrudos, son tambin ambiciosos y dados a otros vicios, como a
la golosina, lujuria, robo, etc., que no se podra tolerar[471]. Lo
cierto es que no siguieron los consejos de Coln, y que abusaron de los
indios, atrayndose por ello la clera de Caonab, Mayren y del mismo
Guacanagari.

       [471] _Historia general y natural de las Indias_, lib. II,
       cap. XII.

Sigui despus el Almirante explorando toda la costa, no sin luchar
con vientos contrarios y grandes borrascas, hasta que lleg, al cabo
de tres meses, a un sitio, a 10 leguas al Este de Monte Cristi, donde
determin fundar en aquella isla una ciudad que fuese como capital de
la colonia. Levantronse casas de piedra, madera y otros materiales, se
erigi un templo y se hicieron almacenes, quedando, al fin, edificada
la primera poblacin cristiana del Nuevo Mundo. El Almirante le di el
nombre de _Isabela_, en honra de la Reina Catlica.

De los naturales del pas dice lo siguiente el Dr. Chanca: Si
pudisemos hablar y entendernos con esta gente, me parece que sera
fcil convertirlos, porque todo lo imitan, en hincar las rodillas ante
los altares,  al Ave Mara,  a las otras devociones  santiguar;
todos dicen que quieren ser cristianos, puesto que verdaderamente
son idlatras, porque en sus casas hay figuras (dolos) de muchas
maneras...[472].

       [472] Ibidem, pg. 154.

En aquella tierra hay rboles que producen lana y harto fina; otros
llevan cera en color, en sabor e en arder tan buena como la de abejas,
y varios que fluyen trementina. Encuntranse rboles cuyo fruto es la
nuez moscada. Tambin se halla la raz de gengibre, la planta de loe,
el rbol de la canela y otros rboles y plantas. Fabrican el pan con
races de una hierba. La noticia ms grata que recibieron los espaoles
fu de que a 25 o 30 leguas de la costa, en unas comarcas conocidas,
la una con el nombre de Cibao y la otra con el de Nit, haba mucho
oro en ros y arroyos, creyndose que cavando se hallara en mayores
pedazos. A Cibao se encamin Alonso de Ojeda con 15 compaeros por
el mes de enero de 1494, habiendo sido recibido en todas partes muy
bien, y regresando a los pocos das con arenas aurferas de los
arroyos del interior de la isla. Conocedor el Almirante de nuevas tan
satisfactorias, con numerosa fuerza de espaoles se encamin al pas
del oro, esto es, a Cibao, dando pronto la vuelta, convencido de haber
descubierto el famoso pas de Ofir de Salomn. Hasta el nombre del Rey
de aquel pas era de buen agero, pues se llamaba Caonab, es decir,
_seor de la Casa de Oro_. Antes de dar la vuelta, quiso levantar una
fortaleza que protegiera las comunicaciones entre las montaas de Cibao
y el puerto de Isabel. Escogi para ello un sitio ventajoso e improvis
all un fuerte, que denomin de _Santo Toms_, en el cual dej 56
hombres y algunos caballos, al mando de Pedro Margarit, caballero de
Santiago. El doctor Chanca confirma la gran cantidad de oro encontrada
con las siguientes palabras: Ans que de cierto los Reyes nuestros
seores desde agora se pueden tener por los ms prsperos  ms ricos
Prncipes del mundo, porque tal cosa hasta agora no se ha visto ni
ledo de ninguno en el mundo, porque verdaderamente a otro camino que
los navos vuelvan, pueden llevar tanta cantidad de oro que se puedan
maravillar cualesquiera que lo supiesen. Aqu me parece ser bien cesar
el cuento: creo los que no me conocen que oyesen estas cosas, me ternn
por prolijo  por hombre que ha alargado algo; pero Dios es testigo que
yo no he traspasado una jota los trminos de la verdad[473].

       [473] Ob. cit., pg. 155.

Todava se hallaba Coln descansando de su viaje cuando recibi un
enviado de Margarit anuncindole que Caonab, seor de la Casa de Oro,
se dispona a tomar el fuerte de Santo Toms. El Almirante envi un
refuerzo de 70 hombres con sus correspondientes vveres. En seguida se
ocup en activar la terminacin de Isabel.

De la mente de Coln no se separaba la idea de ir a China. Dej en la
Isabela de Gobernador a su hermano Diego, y l con los buques _Nia_,
_San Juan_ y _Cardera_, zarp el 24 de abril, llegando a la isla de
la Tortuga, luego al cabo de San Nicols, en seguida a Cuba, poco
despus a Jamaica y, por ltimo, a Puerto Nuevo, dando la vuelta a
Cuba, siempre pensando que la ltima isla formaba parte del continente
asitico. En la isla de Pinos, que llam _Evangelista_, orden (12
junio 1494) al escribano Fernn Prez de Luna, que redactase un acta;
en ella se declaraba que la tierra que tenan delante era el continente
asitico, esto es, Manci o la China Meridional.

Firmado el documento, Coln se hizo a la vela con rumbo al Oriente,
teniendo el disgusto de que la _Nia_ varase en la playa (6 de julio)
y si se consigui ponerla a flote, tuvo que entrar en la ensenada
inmediata al cabo de Santa Cruz para recomponerla. El 8 de julio dobl
la expedicin el citado cabo y el 20 pas a la Jamaica, llegando el
19 de agosto al cabo Morante. Presentse el 20 a la vista del cabo
Tiburn (Hait), llamado por Coln cabo de San Miguel. Despus de
recorrer algunos das los mares, no sin luchar con las olas y las
tormentas, el 29 de septiembre di fondo a la colonia Isabela. En esta
expedicin quedaron descubiertas las cuatro grandes Antillas.

La fortuna iba a comenzar volviendo la espalda a Cristbal Coln. La
codicia y la tirana de algunos espaoles, en particular de Pedro de
Margarit y del P. Boil, produjo insurreccin general de los rudos e
infelices indios. Dice Herrera que Margarit, al frente de 400 hombres,
se retir a la Vega Real, diez leguas de la Isabela, donde aquella
gente, alojada en varias poblaciones, sin regla, ni disciplina, cometa
toda clase de excesos y violencias. Dicho capitn Margarit, despus
de conducta tan insensata, temiendo ser castigado por el Almirante,
decidi, en compaa del Padre Boil y de otros de su bando, volver a
Castilla.

Las relaciones entre el fraile y Coln no fueron tan cordiales como era
de esperar, dado el carcter de ambos personajes. Parece cosa probada
que el Almirante hubo de extralimitarse en lo referente a severos
castigos impuestos a los espaoles, y que el vicario apostlico--como
escriba el cronista Fernndez de Oviedo--_ybale a la mano_, queriendo
contenerle. Hasta tal punto llegaron las cosas, que el Padre Buil lleg
a poner entredicho e hizo cesar el oficio divino, vengndose entonces
el Almirante con negar a los frailes los mantenimientos. Comprendiendo
el P. Buil que no poda luchar con enemigo tan poderoso, acord marchar
a Espaa--segn puede verse en su correspondencia con los Reyes
Catlicos--; pero, alegando su falta de salud y no el verdadero motivo.
En efecto, regres a Espaa, donde vi recompensados sus servicios por
Doa Isabel y D. Fernando.

Quin era el causante de aquel estado de cosas? Si Coln no era buen
gobernante, Margarit haba olvidado sus deberes de militar y el P.
Buil no hizo caso de la obediencia que a sus hijos dictara el fundador
de la orden benedictina. Margarit y el P. Buil se pusieron al frente
de la faccin enemiga de los Colones. En su afn de ensalzar a Coln
llega a decir el conde Roselly de Lorgues que D. Fernando propuso al
Papa el nombramiento del benedictino P. Bernardo Buil; pero el jefe
de la Iglesia, sabiendo la adhesin de Cristbal Coln a la Orden
Serfica, la participacin de los franciscanos en el descubrimiento,
reservaba esta honra a la humildad de un discpulo de San Francisco;
y nombr espontneamente por Breve del 7 de julio de 1493, como
vicario apostlico de las Indias al padre _Bernardo Boyli_, provincial
de los franciscanos en Espaa[474]. Crey el Rey--segn afirma
nuestro apasionado historiador--que el Papa se haba equivocado en
la designacin de la persona, a causa de la semejanza del nombre, y
fundndose en ello, pudo D. Fernando el _Catlico_, teniendo en cuenta
la premura del negocio, sustituir al nombrado por el Papa, con el
benedictino P. Buil.

       [474] _Cristbal Coln_, tom. I, pg. 365.

En tanto que el P. Fray Bernardo Boil y el capitn D. Pedro Margarit se
presentaban en la corte e informaban que en las Indias no haba oro,
aadiendo que todo cuanto deca el Almirante era burla y embeleco, all
en la Espaola los soldados, cuando se vieron sin el citado capitn, se
esparcieron por la tierra, viviendo como gente sin cabeza[475]. Logr
el Almirante, no sin grandes trabajos, restablecer la tranquilidad,
castigando severamente a los causantes de la insurreccin, enviando
algunos a Espaa y mandando fusilar a otros. En seguida sujet a
los insulares, ya enemigos mortales de todo lo que era espaol. Por
ltimo, quiso--y esto le perjudic grandemente--que todos los colonos
trabajasen, incluso los hidalgos. Desde entonces, lo mismo los que
quedaban en la Espaola, que los que haban venido castigados a Espaa,
le pintaban como hombre cruel y tirano; decan que slo miraba a su
provecho, no al de su nacin. No se percataban de decir en todos los
tonos y en todas partes que la codicia de Coln no tena lmites.
Tantas cosas dijeron en contra suya, quiz con algn fundamento,
aunque siempre con exageracin manifiesta, que los Reyes Catlicos
hubieron de mandar con el carcter de comisario regio a Juan de Aguado.
Margarit--escribe Muoz en su _Historia del Nuevo Mundo_--haba
sembrado entre los nuestros la peste de la discordia, y entre los
indios odio mortal a todo lo que era espaol, manteniendo su gente
constantemente en la Vega Real, la comarca ms cultivada y ms rica del
pas donde la soldadesca se entreg a todos los vicios y se permiti
todos los abusos, hasta que despert a los naturales de su letargo e
hizo que los caciques ms poderosos y ms notables se unieran en una
alianza para arrojar a los extranjeros de la isla. El alma de esta
conspiracin fu Caonab[476].

       [475] Herrera, _Historia de los viajes y conquistas de los
       castellanos en las Indias occidentales_, dcada 1., lib. II,
       cap. XVI.

       [476] Vase Dr. Shopus Ruge, Ob. cit., pg 110.

A castigar al cacique Caonab se dispuso el valiente y arrojado Alonso
de Ojeda. A la cabeza Ojeda de algunos hombres decididos, fu en
busca del cacique, a quien hizo creer que era distincin especial de
prncipes, llevar esposas relucientes adornadas de campanillas, de
campanillas que tanto gustaban a los indios. En semejante estado le
hizo montar en su caballo y, metiendo espuelas al brioso corcel, a todo
escape y seguido de los suyos, se dirigi, en tanto que los indios
atnitos no comprendan el suceso, a la costa, entregando a Caonab
al gobernador del castillo de la Isabela. Continu el cacique en la
fortaleza, de la cual sali para acompaar a Coln a Espaa.

El comisario regio Juan de Aguado lleg al Nuevo Mundo. Comenz
intimando a los jefes de servicio para que se le presentasen y le
dieran cuentas, reprendi a otros y dispuso encarcelar a muchos. Trat
con altanera a Bartolom Coln y apenas hizo caso del Almirante.
Luego se propas a palabras descomedidas hasta amenazarle con el
castigo de la corte[477]. Por el contrario, Coln se mostr cada
vez ms respetuoso con el comisario regio. Cuando Aguado entreg su
credencial, recibila el Almirante, hizo repetir su lectura y dijo
que estaba dispuesto a cumplir lo que se le mandase de parte de
sus soberanos. Intent Aguado provocar la ira del descubridor del
Nuevo Mundo; mas Coln sufri su insolencia (de Aguado) con grande
modestia[478]. El comisario regio estaba decidido a perder no slo
a Coln, sino a todos los partidarios del Almirante. Comprendindolo
as, y no queriendo someterse a un proceso, sali Coln de Hait con
dos buques, 225 espaoles y 32 indios el da 10 de marzo de 1496. Entre
los ltimos se hallaba Caonab, que muri en el camino, un hermano,
un hijo y un sobrino del mismo cacique[479]. El viaje fu muy penoso,
llegando a Cdiz el 11 de junio. Tambin haba salido de la Espaola
Aguado y se haba encaminado a Espaa llevando el proceso para perder
a Coln. Malos vientos corran en la Corte contra el genovs. Adems
de las informaciones de Aguado, la Reina haba escuchado varias veces
las quejas del Padre Boil, de Pedro Margarit y de otros servidores de
la Real Casa, en quienes tena ella gran confianza. Sin embargo, las
graves acusaciones formuladas por aqullos fueron olvidadas cuando
Coln se present en Burgos a Don Fernando y a Doa Isabel. Expuso
con exactitud la situacin de la colonia y dijo que haba dejado de
gobernador de la Isla Espaola, con el ttulo de _Adelantado_, a su
hermano Bartolom. Dironle a entender los reyes que hubiera convenido
proceder con menos severidad[480]. Lo mismo Isabel que Fernando se
mostraron contentos y satisfechos al recibir los presentes que trajo
el Almirante y que consistan en oro, papagayos y otras cosas. Le
ofrecieron una vez ms su apoyo y proteccin. Colmronle pblicamente
de honores, puesto que le confirmaron los privilegios concedidos en la
capitulacin de la vega de Granada[481]; le dieron licencia para que,
bajo ciertas y determinadas condiciones, hiciese el repartimiento
de las tierras de Indias[482]; nombraron a su hermano Bartolom
_Adelantado_ de Indias[483] y a sus hijos Diego y Fernando pajes
de la Reina[484]; tambin le dieron facultad para fundar uno o ms
mayorazgos[485].

       [477] Muoz, _Hist. del Nuevo Mundo_, lib. V, prrafo 35.

       [478] Herrera, _Dcada 1._, lib. II, cap. XVIII.

       [479] Muoz, Ob. cit., lib. V, prrafo 38. El hermano de
       Caonab falleci tambin pocos das despus.

       [480] Vase Herrera, _Dcada 1._, lib. III, captulo I.

       [481] Real cdula dada en Burgos el 23 de abril de 1497.

       [482] Carta patente, dada en Medina del Campo, el 22 de julio
       de 1497.

       [483] Con la misma fecha.

       [484] Albalaes de 18 y 19 de febrero de 1497, en Alcal de
       Henares.

       [485] En Alcal a 23 de abril de 1497.

Al mismo tiempo Fernando e Isabel disponan tercera expedicin, siendo
de advertir que as como antes se disputaban muchos el afn de ir al
Nuevo Mundo, ahora apenas se encontraba quien quisiera acompaar a
Coln en el tercer viaje proyectado. Tampoco los reyes prestaban la
atencin necesaria, ya porque estaban en guerra con Francia, a la que
deseaban arrebatar el reino de Npoles, ya tambin porque estaban
ocupados en asuntos de familia, pues trataban de casar a sus hijos, el
infante Don Juan y la infanta Doa Juana, con los hijos del emperador
Maximiliano, la princesa Margarita de Austria y el archiduque Felipe.
Retardse despus la expedicin por la muerte imprevista del infante
Don Juan, acaecida el 4 de octubre de 1497.

En la ciudad de Burgos contrajo Cristbal Coln relaciones amistosas
con un hombre muy estimado por los reyes y que el gran Cardenal
de Espaa le honraba llamndole amigo. Era ste Jaime Ferrer de
Blanes[486], a quien comunmente se le designaba con el nombre de
_Mosn_. Tena en Burgos un comercio de joyera y sucursales en otros
puntos. Sus relaciones con hombres ilustres de otros pases, su manera
fina de tratar las personas y los negocios, su honradez y su modestia
le granjeaban simpatas en todas partes. Poda recomendrsele tambin
como polglota, matemtico, astrnomo, cosmgrafo, metalurgista,
erudito, filsofo y poeta. Era grande la cultura que haba adquirido
en sus contnuos viajes, y le serva de lustre su parentesco con su
homnimo Jaime Ferrer, el antiguo cosmgrafo. Sus negocios mercantiles
le llevaron a Gnova y Venecia (Italia), a El Cairo (Egipto), a
Palestina, Damasco y Alepo (Siria) y a otras poblaciones asiticas.

       [486] Blanes, pueblo de la provincia de Gerona.

El simptico lapidario, adems de buscar las esmeraldas, topacios,
zafiros y otras piedras preciosas del Oriente, estudiaba las obras del
autor de la Divina Comedia, y publicaba el libro intitulado _Sentencias
catlicas del divino poeta Dante_. Habiendo frecuentado el trato con
los indios, persas, musulmanes, cismticos, griegos, etc., conoca
sus doctrinas religiosas, las cuales consideraba muy inferiores a las
catlicas.

Como saba cun atrasadas estaban las ciencias geogrficas y nuticas,
llamaba al descubrimiento de Coln ms bien divina que humana
peregrinacin.

No estando terminada la cuestin, al cabo de ms de un ao, y a pesar
del Tratado de Tordesillas, entre Portugal y Espaa, Jaime Ferrer,
que estaba al corriente de todo--pues as se lo haba ordenado el
gran Cardenal de Espaa--escribi a la Reina (27 enero 1495) dndole
su opinin acerca de los medios geogrficos que haba para allanar la
disputa. Isabel contest al lapidario (28 de febrero del citado ao)
dndole gracias por su carta y le invitaba a que fuera a la corte en
el mes de mayo siguiente[487]. En la carta que el lapidario burgals
escribi a la Reina, le deca que la Divina Providencia haba escogido
a Coln como su mandatario para esta empresa (Descubrimiento del Nuevo
Mundo). Cuando Ferrer se present en la corte fu objeto de muchas
consideraciones y agasajos. A su vuelta a Burgos escribi (5 agosto
1495) respetuosa carta al descubridor de las Indias. En ella le deca,
entre otras cosas, lo que sigue: La divina e infalible Providencia
mand al gran Toms, de Occidente a Oriente, para manifestar en India
nuestra sancta y catlica ley; y a vos, Seor, mand por opuesta parte,
de Oriente a Poniente, a fin de que por la Divina Voluntad llegrais
hasta el Oriente, etc.[488]. Y ms adelante aade: Despus de esas
proezas gloriosas, cuando repase en su imaginacin los resultados de
vuestro glorioso ministerio, debe arrodillarse como el profeta y cantar
en alta voz, al son de su arpa: _Non nobis, Domine, non nobis, sed
nomini tuo da gloriam_[489].

       [487] _Coleccin diplomtica_, docum. nm. LXVIII. Tambin
       Conde Roselly de Lorgues, ob. cit., tomo I, pg. 403.

       [488] _Coleccin diplomtica._--Documentos.--Apndice al
       nmero LXIII.--Tambin Conde Roselly de Lorgues, ob. cit.,
       tomo I, pg. 404.

       [489] _Coleccin diplomtica._--Documentos.--Apndice al
       nmero LXIII.--Tambin Conde Roselly de Lorgues, ob. cit.,
       tomo I, pg. 405.




CAPTULO XXII

  TERCER VIAJE DE COLN.--RELACIN DE ESTE VIAJE HECHA POR EL
  MISMO ALMIRANTE.--SUPO COLN QUE HABA HALLADO UN NUEVO
  CONTINENTE?--COLN EN HAIT: ANARQUA EN LA COLONIA: LOS
  REPARTIMIENTOS.--ENEMIGA AL ALMIRANTE EN LA ESPAOLA Y EN LA
  CORTE.--EL COMISARIO REGIO BOBADILLA EN SANTO DOMINGO.--PROCESO
  CONTRA COLN.--CARCTER Y CUALIDADES DEL ALMIRANTE.--COLN ES PRESO
  Y CARGADO DE CADENAS.--INGRATITUD GENERAL CON COLN.--PRESNTASE A
  LOS REYES EN GRANADA.--NICOLS DE OVANDO, GOBERNADOR DE LA ESPAOLA.


Aunque tantos y tan graves asuntos traan de contnuo ocupados a los
Reyes Catlicos, no por eso apartaban su vista de los descubrimientos
geogrficos. Si el florentino Juanoto Berardi fu el encargado de
realizar los preparativos del segundo viaje de Coln, a la muerte de
aqul en diciembre de 1495, nombraron a Amrico Vespucio, quien dispuso
todas las cosas necesarias para la tercera expedicin[490].

       [490] Ya se dijo en el captulo XIX que Amrico Vespucio deba
       ser empleado, y ahora aadimos que tal vez socio de la casa
       comercial de Berardi. Despus, en captulos sucesivos nos
       ocuparemos tambin de este famoso personaje.

Las ideas contenidas en la famosa carta de Mosn Jaime Ferrer a Coln--y
de la cual tratamos al terminar el captulo anterior--contribuyeron
a las conclusiones cosmogrficas que se hallan en la relacin del tercer
viaje, escrita por el mismo Coln y que afortunadamente se ha
conservado. Dice que en nombre de la Santsima Trinidad sali del puerto
de Sanlcar (30 mayo de 1498)[491], dirigindose por camino no
acostumbrado a la isla de la Madera, huyendo de los corsarios franceses.
Dispuso que tres buques marchasen directamente a la isla Espaola con el
objeto de entregar a la colonia las vituallas y utensilios que l
llevaba. Coln, con los otros tres buques, pas a las islas de Cabo
Verde[492], marchando en seguida hacia el Sudoeste 480 millas, que son
120 leguas. All--dice--me desampar el viento y entr en tanto ardor y
tan grande que cre que se me quemasen los navos y gente[493]. Al cabo
de ocho das sigui al Poniente y naveg diez y siete, viendo tierra el
31 de julio. El primero que la vi fu Alonso Prez, marinero de Huelva
y criado del Almirante. Aquella tierra era una isla cuya costa formaba
tres montaas. Despus de decir la _Salve Regina_ y de dar muchas
gracias al Seor, el Almirante la llam isla de la _Trinidad_[494] y al
promontorio primero le di el nombre de cabo de la _Galea_ (hoy Cabo
Galeota). La citada isla, la ms meridional de las pequeas Antillas,
estaba situada cerca del continente americano del Sur, cuya costa
llana se distingua perfectamente y que Coln llam de Gracia. Desde
los buques se vean en la isla casas rodeadas de huertas y en el mar
aparecieron canoas, cuyos tripulantes no se aproximaban a nuestros
buques. Iban armados de arcos, flechas y escudos de madera. Notse--con
gran sorpresa de los espaoles--que aquellos indios tenan la tez ms
clara que la de los otros vistos hasta entonces, despertando tambin
alguna curiosidad que llevasen el cabello cortado por la parte que caa
sobre la frente, segn la moda espaola a la sazn. El traje consista
en un faldelln de algodn de color. Navegando en direccin Oeste a lo
largo de la costa meridional de la isla, lleg Coln el 1. de agosto
al extremo Occidental (Punta del Arenal), distante dos leguas de la
playa del delta que forman los brazos del ro Orinoco. Estrchase
all el Ocano entre la isla y la tierra firme, siendo de notar que
las masas de agua dulce que los dos brazos del Orinoco vierten al mar
empujan la corriente ecuatorial hacia el golfo de Paria. Navegando en
direccin Norte--segn el descubridor del Nuevo Mundo--se encuentran
muchas cascadas, una tras otra en el canal o estrecho, que producen
estruendo espantoso, proviniendo, a su parecer, de rocas y arrecifes
que cierran la entrada; y detrs de ellas se vean muchos remolinos que
hacan un estruendo como el de las olas cuando se estrellan contra las
rocas[495]. Por fin pudo salir del estrecho, dirigindose al travs
del golfo hacia su extremo Norte, formado por la pennsula montuosa de
Paria. Tom rumbo al Oeste, desembarcando en Paria, cuyos habitantes
eran sociales y hasta corteses. All los espaoles conocieron el maz,
que Coln llev ms adelante a Espaa para cultivarlo. Coln, siempre
en la misma idea, crea que Paria era una isla y que l podra salir al
Norte. El 13 de agosto logr pasar peligroso remolino o logr salir por
la boca del Norte llamada _Grande_, hallando que el agua dulce venca
a la salada. Ms adelante dice Coln que el mundo no era redondo como
muchos escriben, sino de forma de una pera, salvo donde tiene el pezn,
o como una teta de mujer puesta en una pelota redonda, as que desta
media parte non hobo noticia Tolomeo ni los otros que escribieron del
mundo por ser muy ignoto; solamente hicieron raz sobre el hemisferio,
adonde ellos estaban ques redondo esfrico[496]. Ocpase luego el
Almirante del Paraso terrenal, del cual sale una fuente de la que
resultan cuatro ros principales. Nadie sabe--dice--el sitio de dicho
Paraso; unos le colocan en las fuentes del Nilo (Etiopa) y otros en
las islas Fortunatas o Canarias. San Isidoro, Beda, Strabn, el maestro
de la Historia escolstica, San Ambrosio, Scoto y todos los sanos
telogos sostienen que el Paraso terrenal se encuentra en el Oriente.
Despus de otras teoras donde se manifiesta la ignorancia de Coln, lo
mismo en matemticas que en astronoma, pues llega a decir que en el
pezn de la teta o protuberancia de la pera se encontraba situado el
Paraso, adonde no puede llegar nadie, salvo por voluntad divina, aade
lo que sigue:

       [491] Componase la flota de seis naves con escasa tripulacin.

       [492] El 27 de junio.

       [493] Vase Roselly de Lorgues, _Historia de la vida y viajes
       de Coln_, tom. III, pgs. 170 y 171.

       [494] Segn el voto que haba hecho al salir del puerto de
       Sanlcar.

       [495] Vase Roselly de Lorgues, Ob. cit., tom. III, pg. 173.

       [496] Roselly de Lorgues, Ob. cit., tom. III, pg. 178.


[Ilustracin: Amrico Vespucio (Montanus).]


Grandes indicios son estos del Paraso terrenal, porquel sitio es
conforme a la opinin destos santos  sanos telogos[497], y asimismo
las seales son muy conformes, que yo jams le ni o que tanta
cantidad de agua dulce fuese as adentro  vecina con la salada; y en
ello ayuda asimismo la suavsima temperancia, y si de all del paraso
no sale, parece aun mayor maravilla, porque no creo que se sepa en
el mundo de ro tan grande y profundo[498]. Refiere en seguida el
Almirante que cuando sali de la Boca del Dragn era tan fuerte la
corriente del mar en direccin Oeste, que pudo andar en un da 65
leguas, a pesar de la flojedad del viento, porque apenas se senta
una ligera brisa; lo cual le hizo suponer que hacia el Sur el mar se
elevaba progresivamente y hacia el Norte bajaba. Estaba seguro de que
el agua del mar se mova con el firmamento de Oriente a Occidente, y
que a consecuencia de su movimiento ms rpido en esta regin, ha
separado tantas islas de la tierra firme. Estas islas (las pequeas
Antillas) lo prueban tambin adems con su forma, por ser anchas las
que se dirigen de Noroeste a Sudeste, estrechas y ms pequeas las
que se dirigen de Norte a Sur o de Nordeste a Sudoeste. Verdad es que
el agua no tiene en todos los puntos la misma direccin; mas solo
toma otra en aquellos donde la tierra le impide el paso y le obliga a
desviarse[499]. Despus de algunos conceptos de Geografa fsica, aade
ms adelante lo siguiente: Si no procede del Paraso terrenal el ro
(antes mencionado) proceder de tierra infinita[500]. Tan juiciosa
reflexin persuadi seguramente al Almirante que aquella era la tierra
firme, como dice con mucho acierto el ilustre Navarrete.

       [497] El sitio es el golfo de Paria: los santos y sanos
       telogos los citados San Isidoro, etc.

       [498] Ibidem, pg. 180.

       [499] Vase Roselly de Lorgues, Ob. cit., tomo III, pgs. 180
       y 181.

       [500] Ibidem, pg. 182.

Es de importancia suma trasladar aqu las siguientes palabras de
Fray Bartolom de las Casas: Si a pesar de todo fuera (esta tierra
dilatada) un continente, ser el asombro de todos los doctos. Adems,
el autor de la _Vida del Almirante_, aade que Coln, despus de
haber descubierto muchas islas, estuvo convencido de haber hallado en
la tierra de Paria el continente, por haber encontrado all un ro
poderossimo (Orinoco) que confirm lo que decan los naturales de las
pequeas Antillas, acerca de una vasta tierra al Sur.

Dado caso que sean ciertas las anteriores opiniones, no se explica
el alejamiento del Almirante de las costas que acababa de reconocer,
sospechando que fueran de un gran continente, para dirigirse a Hait
al segundo da de haber pasado felizmente la Boca del Dragn. Era tan
ciega la fe de Coln en los autores que consultaba--autores que nada
saban ni decan del Nuevo Continente--que dej dicho continente a
pesar de que lo estaba tocando. Una choza abandonada, lejana humareda
que se elevaba por encima de los rboles de un bosque y algunas huellas
en la arena de la playa fu todo lo que vi del nuevo continente. Era
lo bastante para que pudiese dar su nombre a las Indias[501].

       [501] Vase Lamartine, Ob. cit., pg. 140.

Zarp del Golfo de Paria y volvi a Santo Domingo, no por la ingratitud
de sus compatriotas, no por la enfermedad que padeca a la sazn de la
vista, sino principalmente por su deseo de llegar a la insurreccionada
colonia, que no haba visto en veintinueve meses.

Durante dicho lapso de tiempo, la colonia haba sido gobernada por
su hermano Bartolom, como Adelantado o lugarteniente, quien hizo
levantar fortalezas o castillos en varios puntos de la isla, oblig a
los caciques indios a reconocer la soberana de Espaa y a que pagasen
un tributo en oro o en gneros de fcil salida. Al mismo tiempo el
religioso franciscano Juan Borgon y el fraile Jernimo Ramn Pan, no
descansaban un momento en la obra de convertir al cristianismo a los
indgenas, logrando felices resultados. Sin embargo, reinaba el ms
completo desorden y anarqua en toda la colonia. Los espaoles no slo
se hallaban en guerra con los naturales, sino entre s mismos, haciendo
especialmente objeto de su odio al adelantado Bartolom, hermano del
Almirante y _la fuerza de la familia_, segn la feliz expresin de
Lamartine. Algn motivo haba para ello, porque Bartolom, adems de
valiente, era spero de condicin, lo cual fu causa de que algunos
le aborreciesen. Del mismo modo los caciques indgenas se aprestaron
a sacudir el yugo del Adelantado, y seguramente hubieran conseguido
poner en peligro a la colonia, si en los comienzos del ao 1498 no
hubiesen llegado de Espaa alguna tropa y provisiones de boca, pudiendo
Bartolom con dicho auxilio reducir a la obediencia a los indgenas sus
enemigos. Francisco Roldn, Magistrado superior de la colonia, cobr,
por el contrario, ms bros, pues tuvo la fortuna de recibir la ayuda
que le prestaron tres buques enviados por el Almirante a Hait desde
las Canarias, los cuales echaron anclas en aquella parte de la isla. En
una de las ausencias de Bartolom de la ciudad de la Isabela, estall
la revolucin. A duras penas pudo Diego Coln, hermano de Bartolom
y Comandante de la plaza, contener a los revoltosos. Cuando lleg el
Adelantado, al frente Roldn de sus parciales, sali de la Isabela y se
retir a la comarca de Xaragua, no sin declarar guerra a muerte a los
genoveses, como acostumbraban a llamar a los Colones.

Un mes despus lleg Cristbal Coln con otros tres buques a la ciudad
de Santo Domingo, fundada por Bartolom Coln junto a la desembocadura
del ro Ozama. Sin darse punto de reposo intent el glorioso
descubridor del Nuevo Mundo sosegar las discordias haciendo importantes
concesiones a Roldn y a sus partidarios, siendo la principal de
todas ellas distribuirles terrenos en cuyo cultivo pudiesen emplear
determinado nmero de indgenas; recurso funesto, que le quit
bastante autoridad y fu luego el origen del famoso sistema de los
_repartimientos_[502].

       [502] Vase Herrera, _Dcada_ 1., lib. III, caps. XII-XVI.

Tantas fueron las acusaciones que en Espaa se hicieron contra el
Almirante, que los Reyes Catlicos nombraron a Francisco de Bobadilla,
natural de Medina del Campo, comendador de la Orden de Calatrava,
para que fuera a la Espaola, se informase de todo, y si el Almirante
era culpable, le mandase a Castilla, quedndose l en el gobierno.
Bobadilla era muy apreciado por Fonseca y gozaba de mucho prestigio
en la corte. Bobadilla lleg a Santo Domingo a fines de agosto de
1500, en ocasin que el Almirante y sus hermanos estaban fuera de la
capital combatiendo una rebelin de indios. Con poco respeto, y aun
sin consideracin alguna, el Comendador se fu a vivir al palacio de
Cristbal Coln, sirvindose de todas las cosas que haba como si
fueran suyas. El 7 de septiembre, con Fray Juan de Trasierra y el
tesorero Juan Velzquez, le mand una carta de los reyes, que al pie de
la letra deca as:

  Don Cristbal Coln, nuestro Almirante del mar Ocano, hemos
  mandado al Comendador Francisco de Bobadilla, portador de sta,
  que os diga algunas cosas de nuestra parte; por lo cual os rogamos
  le dis fe y crdito y obedezcis.--Dado en Madrid a 21 de Mayo de
  1499.--_Yo el Rey._--_Yo la Reina._--Por mandato de sus Altezas,
  _Miguel Prez de Almazn_.

Tres captulos escribe D. Fernando Coln en su obra _Historia del
Almirante_ para referir lo sucedido entre su padre y el comendador
Bobadilla. Intitlase del siguiente modo el primero: _Cmo por
informaciones falsas y fingidas quejas de algunos, enviaron los Reyes
Catlicos un juez a las Indias para saber lo que pasaba_.

En tanto que las referidas turbaciones sucedan, como se ha dicho,
muchos de los rebelados, con cartas desde la Espaola, y otros que
se haban vuelto a Castilla, no dejaban de presentar informaciones
falsas a los Reyes Catlicos y a los del Consejo contra el Almirante
y sus hermanos, diciendo que eran muy crueles, incapaces para aquel
gobierno, as por ser extranjeros y ultramontanos, como porque en
ningn tiempo se haban visto en estado de gobernar gente honrada;
afirmando que si sus Altezas no ponan remedio sucedera la ltima
destruccin de aquellos pases, los cuales, cuando no fuesen destrudos
por su perversa administracin, el mismo Almirante se rebelara y
hara liga con algn prncipe que le ayudase, pretendiendo que todo
fuese suyo, por haber sido descubierto por su industria y trabajo, y
para salir con este intento esconda las riquezas y no permita que
los indios sirviesen a los cristianos, ni se convirtiesen a la fe,
porque acaricindoles esperaba tenerles de su parte para hacer todo
cuanto fuese contra el servicio de sus Altezas. Procedan stos y otros
semejantes en estas calumnias con tan grande importunacin a los Reyes,
diciendo mal del Almirante y lamentndose de que haba muchos aos que
no pagaba sueldos, que daban que decir a todos los que entonces estaban
en la corte. Era de tal manera, que estando yo en Granada cuando muri
el serensimo prncipe D. Miguel, ms de 50 de ellos, como hombres sin
vergenza, compraron una gran cantidad de uvas y se metieron en el
patio de la Alhambra, dando grandes gritos, diciendo que sus Altezas
y el Almirante les hacan pasar la vida de aquella forma por la mala
paga, y otras muchas deshonestidades e indecencias que repetan. Tanta
era su desvergenza, que cuando el Rey Catlico sala, le rodeaban
todos y le cogan en medio, diciendo: _Paga, paga_, y si acaso yo y
mi hermano, que ramos pajes de la serensima Reina, pasbamos por
donde estaban, levantaban el grito hasta los cielos, diciendo: _Mirad
a los hijos del Almirante de los mosquitillos, de aqul que ha hallado
tierra de vanidad y engao, para sepultura y miseria de los hidalgos
castellanos_, aadiendo otras muchas injurias, por lo cual excusbamos
pasar por delante de ellos.

As se intitula el segundo captulo, escrito por Fernando Coln acerca
de las relaciones entre su padre y Bobadilla: _Cmo el Almirante fu
preso y enviado a Castilla con grillos, juntamente con sus hermanos_.

Inmediatamente que Coln recibi la citada carta del 21 de mayo de
1499, vnose con ellos a Santo Domingo, donde Bobadilla (1. de octubre
de 1500) le hizo poner preso en un navo con su hermano Don Diego,
ponindoles grillos y vigilados por buena guardia. Decidise Bobadilla
a formar proceso a Coln y a sus hermanos. Entre otras cosas, acusaron
al Almirante de haber dado malos y crueles tratamientos a infelices
trabajadores: a unos no les pagaba, condenndoles a morir de hambre,
y a otros, por causas pequeas, les haca ahorcar. Quera--segn
dijeron--ms bien esclavos que cristianos, y lleg a pensar alzarse con
las Indias con el favor de algn otro rey cristiano, aadiendo, por
ltimo, que haba ordenado reunir muchos indios armados para resistir
al Comendador y hacerle tornar a Castilla. Si hubo--como creemos
firmemente--exageracin manifiesta en las citadas declaraciones, no
debemos pasar por alto las siguientes palabras del P. Las Casas,
quien vi el proceso y conoci a muchos testigos de los que en l
declararon. Yo no dudo--dice--sino que el Almirante y sus hermanos
no usaron de la modestia y discrecin, en el gobernar los espaoles,
que debieran, y que muchos defectos tuvieron y rigores y escaseza en
repartir los bastimentos a la gente, segn el menester y necesidad de
cada uno, por lo cual todos cobraron contra ellos, la gente espaola,
tanta enemistad. Y el mismo Coln, durante su viaje de Santo Domingo
a Cdiz, escribi a Doa Juana de Torres (o de la Torre), ama del
prncipe Don Juan, lo que sigue: porque mi fama es tal, que aunque
yo faga iglesias y hospitales, siempre sern dichas espeluncas para
ladrones.

[Ilustracin:

FOTOTIPIA LACOSTE.--MADRID

FR. BARTOLOM DE LAS CASAS.]

Mucho afect a Coln la orden de prisin, llegando a creer que iban a
matarle, pues--segn se cuenta--cuando el hidalgo Alonso de Vallejo,
pariente de Fonseca, director del departamento de Indias, se le
present con un piquete de tropa para llevarle a bordo, pensando que
se disponan a conducirle al patbulo, pregunt, con mucha tristeza,
al oficial: _Vallejo, a dnde me llevais?_ _Al navo va Vuestra
Seora_, respondi. No dando Coln crdito a la respuesta, hubo de
exclamar: _Vallejo, decs la verdad?_ _Por vida de Vuestra Seora_,
replic Vallejo, _que es verdad que se va a embarcar_. Hubo entonces
de tranquilizarse y _casi de muerte a vida resucit_[503]. Lo mismo
Alonso de Vallejo que Andrs Martn, capitn del buque, trataron con
todo respeto y consideracin a Coln y a sus hermanos. Cuando el buque
que conduca a los Colones se alej de las playas americanas, Vallejo y
Martn quisieron quitarle los grillos a los presos, a lo cual se neg
el ilustre navegante, aadiendo que los conservara siempre como un
monumento de la recompensa dada a sus servicios. As lo hizo--escribe
su hijo Fernando--; yo los vi siempre colgados en su cuarto, y quiso
que fuesen enterrados con l.

       [503] Herrera, _Dcada 1._, libro IV, cap. X.

El tercer captulo que escribi el hijo del descubridor del Nuevo
Mundo, lleva el siguiente ttulo: _Cmo el Almirante fu a la Corte a
dar cuenta de s a los Reyes_. Lleg a Cdiz el desgraciado prisionero,
excitando en toda Espaa compasin e inters. Por importantes que
fueran sus detractores, la grandeza del descubrimiento hizo que en
Cdiz se levantara un grito de indignacin hasta en los mismos enemigos
de los Colones. Los reyes escribieron al Almirante una carta deplorando
aquella ofensa, y le invitaban a trasladarse inmediatamente a la corte.

Acerca de la conducta de Bobadilla, el cronista Gonzalo Fernndez
de Oviedo, despus de referir la prisin de Coln y su salida de la
Isla Espaola, escribi lo que al tenor copiamos: Y qued en el
cargo y gobernacion desta isla este caballero (Bobadilla) e la tuvo
en mucha paz y justicia fasta el ao de mill e quinientos e dos, que
fu removido y se le di licencia para tornar a Espaa... Los Reyes
Catlicos removieron del cargo a Bobadilla e le dieron licencia que
se fuese a Espaa, _tenindose por muy servidos del_ en el tiempo
que ac estuvo, por que abia retamente e como buen caballero hecho
su oficio en todo lo que toc a su cargo[504]. De Lpez de Gomara
son las siguientes palabras: Bobadilla gobern muy bien[505]. En
efecto, Bobadilla gobern la Espaola desde ltimos de agosto de
1500 hasta mediados de abril de 1502. El P. Ricardo Cappa, de la
Compaa de Jess, en su libro _Coln y los espaoles_, juzga con ms
apasionamiento que justicia a los Colones, y suyas son las siguientes
palabras. No debe detener al escritor sincero y recto el clamoreo de
los que sin conocimiento de las leyes de otros siglos, no tienen ms
norma para juzgar de lo ocurrido en ellos que la _sensiblera_ del
nuestro. Bobadilla, al aherrojar a los Colones que no haban obedecido
sus mandatos y que se haban puesto en armas contra l, no hizo ms
que aplicarles la pena que ordenaba la legislacin entonces vigente.
Ms adelante, aade: No fu un refinamiento de crueldad: fu la pena
correspondiente a todo reo de Estado.

       [504] _Historia general de las Indias_, lib. III, caps. VI y
       VII.

       [505] _Historia de las Indias_, Parte I.

Por nuestra parte habremos de decir que, aunque torpe en su gobierno
el Almirante--como escribe el P. Las Casas--jams debi el comisario
regio Bobadilla disponer que se pusiesen grillos al ilustre genovs,
y asimismo a sus hermanos Bartolom y Diego. Cuando un hombre llega a
la cima de la gloria, y su nombre ha de ser bendecido por todas las
generaciones, no es permitido a los contemporneos conducirle ante el
severo tribunal de la justicia para absolverle o condenarle como a los
dems mortales. El pueblo espaol, sin pararse a estudiar con ms o
menos detenimiento la conducta de los gobernantes de la Isla Espaola,
crey, desde el primer momento, que en el fondo de todo aquello haba
no poca ingratitud para con el Almirante y sus hermanos, como tambin
una inmensa censura para los que haban decretado la prisin. No poda
explicarse el pueblo que hoy cruzara preso aquellos mares el mismo
que poco antes los cruz cual victorioso conquistador, y que viniera
cargado de hierros, como criminal, el que antes haba sido aclamado
como un Mesas. Sanos permitido aadir una vez ms que los Reyes
Catlicos nunca mostraron afecto sincero al exigente y descontentadizo
Cristbal Coln. Nada importa que Fernando e Isabel le recibiesen con
afabilidad en Granada el 17 de diciembre de 1500, y le devolvieran
muchos de sus honores y mercedes; pero no el ttulo y mando de virrey
y gobernador de las Indias. Nada importa que el Rey y la Reina, desde
Valencia de las Torres (Badajoz), le dirigiesen una carta el 14 de
marzo de 1502, en la cual se leen las siguientes palabras: Tened por
cierto que de vuestra prision nos pes mucho, y bien lo visteis vos
y lo cognoscieron todos claramente, pues que luego que lo supimos lo
mandamos remediar, y sabeis el favor con que vos hemos tratado siempre,
y agora estamos mucho ms en vos honrar y tratar muy bien. Quisieron
Fernando e Isabel con el anterior documento reparar injusticias
pasadas? Quisieron tambin desautorizar a Bobadilla? Tarde vinieron
la reparacin y la desautorizacin; pero si los Reyes Catlicos y su
gobierno fueron ingratos con Coln, no se olvide que Atenas di de
beber la cicuta a Scrates, que Francia dej desamparada a Juana de
Arco, que Holanda persigui a Descartes y lo arroj de su seno, que
Portugal vi morir a Camoens en un hospital, que Inglaterra menospreci
a Shakespeare y maldijo a Byron, que Italia puso preso a Galileo, que
Florencia no se opuso a que Savonarola fuese llevado a la hoguera y que
Ginebra, la progresiva Ginebra, quem a Servet: achaques propios de la
humanidad y de que ningn pueblo logra libertarse.

El 13 de febrero de 1502 sali Ovando de Sanlcar, llevando 32 naves
con 2.500 hombres. Mandaba la flota Antonio Torres y en ella iban doce
frailes franciscanos con el prelado Fr. Alonso del Espinal. Hasta
entonces--como escribe el Sr. Ruiz Martnez--no haba salido para
las Indias escuadra ms lucida y numerosa[506]. Despus de violento
temporal, que puso en grave peligro la escuadra, reunidos los navos
en la isla Gomera, de all sali Ovando con los ms ligeros, llegando
a Santo Domingo el 15 de abril de 1502. Antonio Torres, con la otra
mitad de la flota, lleg unos quince das despus. Fray Nicols de
Ovando, caballero de la Orden de Alcntara y comendador de Lares,
fu nombrado gobernador de la Espaola. A Bobadilla sucedi Ovando.
El nuevo gobernador era natural de Brozas (Cceres), perteneca a
distinguida familia y era pariente, aunque lejano, de Hernn Corts.
Este caballero--escribe el P. Las Casas--era varn prudentsimo
y digno de gobernar mucha gente, pero no indios, porque con su
gobernacin, inestimables daos, como abajo parecer, les hizo. Era
mediano de cuerpo y la barba muy rubia o bermeja, tena y mostraba
grande autoridad, amigo de justicia; era honestsimo en su persona,
sus obras y palabras; de cudicia y avaricia muy grande enemigo y no
pareci faltarle humildad, que es esmalte de virtudes; y dejando que lo
mostraba en todos sus actos exteriores, en el regimiento de su casa, en
su comer y vestir, hablas familiares y pblicas, guardando siempre su
gravedad y autoridad, mostrlo asimismo, en que despus que le trajeron
la Encomienda mayor, nunca jams consinti que le dijese alguno
Seora. Todas estas partes de virtud y virtudes, sin duda ninguna en
l cognoscimos. Carioso por dems se muestra el P. Las Casas con
Ovando. No negaremos que tena maneras graves y corteses, aunque a
veces era orgulloso ms de lo justo. Portse bien con los espaoles,
mal con Coln y cruelmente con los indios.

       [506] _Conferencia pronunciada en el Ateneo de Madrid_ el 8 de
       mayo de 1892, pg. 9.




CAPTULO XXIII

  CUARTO Y LTIMO VIAJE DE COLN.--MUERTE DE BOBADILLA, ROLDN Y
  OTROS EN ALTA MAR.--CONDUCTA DE OVANDO CON COLN.--OVANDO EN
  XARAGUA.--ANACAONA: SU MUERTE Y CRUELDAD DE LOS ESPAOLES.--COLN
  EN LAS PLAYAS DE JAMAICA.--DIEGO MNDEZ Y BARTOLOM
  FIESCHI.--ESCOBAR EN AUXILIO DE COLN.--CONDUCTA DE OVANDO
  CON COLN Y DE LA REINA CON LOS INDIOS.--REPARTIMIENTOS DE
  INDIOS.--COLN EN ESPAA.--INSURRECCIN DE LOS INDGENAS.--DIEGO
  COLN EN LA ESPAOLA.--INJUSTAS CENSURAS A LA POLTICA DE CRISTBAL
  COLN EN SANTO DOMINGO.


Deseaba Coln hacer su cuarto y ltimo viaje. Es muy probable--como
escribe el Dr. Sophus Ruge--que le aguijoneasen a esta nueva empresa
los grandes resultados obtenidos entonces por los portugueses en la
verdadera India, porque mientras estaba todava luchando con el rebelde
Roldn en Hait, haba vuelto de la India Vasco de Gama, en septiembre
de 1499. De regreso Coln a Espaa, se haba informado, naturalmente,
con vivo inters de las empresas portuguesas, y adquiridas ya todas
las noticias posibles sobre la India, y convencidsimo de que haba
encontrado en Cuba y en la tierra de Paria las orillas orientales
del Asia, habiendo, adems, otros descubridores particulares como
Ojeda, Vespucio y Pinzn, reconocido nuevos trechos de costa del
continente ms all de Paria, no dud que pasando entre Cuba y Paria,
y dirigindose al Oeste llegara a la India de los portugueses. La
poderosa corriente martima que se lanza impetuosa en la costa de
la Amrica del Sur, hacia el Oeste, era para l segura seal de que
se diriga a un estrecho desconocido e inexplorado que conduca al
mar Indico; al mar ms all del Ganges, como se llamaba desde la
antigedad. Esta idea fu la base de su nueva empresa, recibida y
aprobada por los soberanos de Espaa con benevolencia[507]. (Apndice
Q).

       [507] _Historia de la poca de los descubrimientos
       geogrficos_, pg. 117. _Historia universal de Oncken_, tomo
       VII.

Decidida su marcha, redact una memoria para su hijo mayor don Diego;
en ella consignaba sus derechos y enumeraba sus ttulos. Tema de que
en su ausencia o despus de su muerte, si acaeca en lejanas tierras,
le robasen sus ttulos y privilegios, y por eso los confi a sus
amigos los religiosos, depositndolos por copia o por duplicado en sus
conventos. Escribi, adems, a los reyes recomendndoles a sus hijos
y a sus hermanos, en el caso de que muriese durante aquel viaje. El
14 de marzo contestaron D. Fernando y D. Isabel prometindole hacer
ms en su favor que lo especificado en los privilegios, y le renovaban
la promesa de que, despus de l, pondran a D. Diego en posesin de
sus ttulos, cargos y dignidades. Como si todo esto fuera poco, confi
a Nicols Oderico, legado del Gobierno genovs cerca de los Reyes
Catlicos, copia de todos sus privilegios y tambin de la carta del
14 de marzo que acababa de recibir de los reyes. Para colocar esos
privilegios querra mandar hacer una caja de corcho enforrada de
cera[508].

       [508] Conde Roselly de Lorgues, obra citada, tomo I, pgs.
       541-544. _Carta autgrafa del Almirante D. Cristbal Coln, al
       R. P. Gaspar, de la Cartuja de Sevilla._

Hechas todas las cosas que acabamos de contar, se ocup con actividad
en sus preparativos de viaje, bien que l sea el ms noble y
provechoso[509]. Emprendi Cristbal Coln su cuarto y ltimo viaje
con cuatro carabelas pequeas[510] y 150 hombres de mar, saliendo
del puerto de Cdiz el 11 de mayo de 1502. Le acompaaban su hermano
Bartolom y su hijo Fernando, de edad de trece aos. En la Instruccin
que los reyes dieron al Almirante le decan lo siguiente: Habeis de
ir vuestro viaje derecho, si el tiempo no os feciese contrario, a
descubrir las islas  Tierra Firme que son en las Indias en la parte
que cabe a Nos, y si a Dios pluguiere que descubrais  falleis las
dichas islas habeis de surgir con los navos que levais y entrar en
las dichas Islas  Tierra Firme que as descubriredes, y habeis de
informaros del grandor de las dichas islas  facer memoria de todas
las dichas islas, y de la gente que en ellas hay y de la calidad que
son, para que todo nos traigais entera relacion. Habeis de ver en estas
islas y Tierra Firme que descubriredes, qu oro  plata  perlas 
piedras  especera,  otras cosas hobiere,  en qu cantidad  cmo
es el nascimiento de ellas,  facer de todo ello relacion por ante
nuestro escribano  oficial que nos mandamos ir con vos para ello, para
que sepamos de todas las cosas quen las dichas islas  Tierra Firme
hobiere[511].

       [509] _Carta de Cristbal Coln, fecha en Jamaica el 7 de
       julio de 1503._

       [510] Se llamaban la _Capitana_, el _Santiago de Palos_, el
       _Gallego_ y la _Vizcana_. En la primera iz el Almirante su
       pabelln.

       [511] Roselly de Lorgues, ob. cit., tomo III, pg. 193.

Desde las Canarias escribi Coln al fraile cartujo Gaspar Gorricio,
su amigo y consejero en Sevilla, las palabras que a continuacin
copiamos: Agora ser mi viaje en nombre de la Santa Trinidad y espero
della victoria[512]. Tard diez y nueve das de las Canarias a la
Martinica. Desde la Martinica naveg a lo largo de las otras pequeas
Antillas ms septentrionales, y de la costa meridional de Puerto Rico
hasta Santo Domingo. Necesitando el Almirante reparar algunas averas
de sus buques y tomar agua, se dirigi a la Espaola, a cuya vista
lleg el 29 de junio, hallndose todava anclada en el puerto de Santo
Domingo la flota que deba conducir a Bobadilla a Espaa. Cristbal
Coln quiso entrar en el puerto, a lo cual se opuso Ovando, comenzando
con ello a mostrar su ojeriza al inmortal descubridor del Nuevo Mundo.
En los primeros das del mes de julio del citado ao sali la armada
que conduca al comendador Bobadilla, a Francisco Roldn, jefe de la
sublevacin contra el Almirante y a otros. Como la flota se fu, a poco
de salir del puerto, a pique, ahogndose Bobadilla, Roldn y la mayor
parte de los pasajeros, esto di ocasin a Hernando Coln para escribir
lo siguiente: Yo tengo por cierto que esto fu providencia divina,
porque si arribaran a Castilla jams seran castigados segn merecan
sus delitos, antes bien, porque eran favorecidos del obispo, hubieran
recibido muchos favores y gracias. Llama la atencin que entre los
pocos buques, entre los muy pocos que se salvaron, se encuentre uno
pequeo, gastado, malo, llamado el _Aguja_, el cual, como escribe
Herrera traa todo el caudal del Almirante, que consista en cuatro
mil pesos, y fu el primero que lleg a Espaa, como por permiso
de Dios[513]. La mar se haba tragado a los enemigos de Coln y a
las inmensas riquezas que ellos haban reunido. El cronista Oviedo
y Valds, que residi en la isla y habl del suceso con testigos
oculares, dice en su _Historia natural y general de las Indias_ que
se perdieron (las naves) por no haber credo ni tomado consejo del
Almirante. Del mismo modo el milans Benzoni, que vivi en la Espaola
cuarenta aos despus del citado hecho, ve la justicia de Dios en la
destruccin de la escuadra[514].

       [512] Navarrete, I, 479. Tambin en el nombre de la Santa
       Trinidad hizo su tercer viaje.

       [513] _Historia general de los viajes y conquistas de los
       castellanos en las Indias occidentales. Dcada 1._, lib. V,
       cap. II, pg. 337.

       [514] _La Storia del Novo Mondo_, lib. I, folio
       XXIV.--Venezia, 1572.

Si censurable--aunque otra cosa digan apasionados cronistas--fu la
conducta de Bobadilla como gobernador de la Isla Espaola, mayores
censuras merece la de Ovando. Cuando lleg Ovando a la isla apenas
haba unos 300 espaoles, repartidos en cuatro poblaciones: Santo
Domingo, Concepcin, Santiago y Bonao; pero el mismo huracn que
ech a pique la flota que deba conducir a Bobadilla, destruy casi
completamente la poblacin de Santo Domingo, cuyas casas eran de madera
y paja. El Comendador tuvo el poco acierto de hacerla reedificar en un
sitio menos higinico, cual fu al otro lado del ro, esto es, a la
derecha del Ozama. En cambio, estuvo muy acertado haciendo construir
varios edificios de mampostera, como _La Fortaleza_, residencia de la
primera autoridad, el convento de San Francisco, el hospital de San
Nicols y otros que proyect, y despus se fueron haciendo. Reedificada
la villa de Santo Domingo, hizo edificar la que llam _Puerto de
Plata_, en la costa Norte de la isla, y algunas ms en otros lugares.
Ms preocupaban otros asuntos al comendador de Lares. Haba trado
consigo unos 2.500 hombres, ms deseosos de riquezas que de trabajar.
Preferan el oro y la plata de las minas ms que los productos de
aquellas frtiles comarcas. Cuando vieron que para extraer aquellos
ricos metales se necesitaba rudo y peligroso trabajo, regresaron a
Santo Domingo hambrientos, desnudos y cargados de deudas. En lugar de
las inmensas riquezas que esperaban, las enfermedades y la peste se
cebaron en ellos, llegando a 1.000 el nmero de vctimas. Socorri
Ovando--segn sus fuerzas--a tantos desgraciados. Tambin hubiera
querido no recargar con onerosos tributos a los que trabajaban en las
minas; pero no tuvo ms remedio que obedecer las rdenes de los reyes.
Saba, adems, que la bondad de los gobernadores en Espaa estaba en
relacin con el oro que mandaban. Eran buenos si remitan mucho oro, y
malos si poco. Toda la prudencia que mostr Ovando con los espaoles,
se converta en despotismo y crueldad cuando de los indios se trataba.
No pudiendo resistir tantos vejmenes y tropelas los indios de la
provincia de Higuey, huyeron a las montaas y cavernas, huda que
calificaban los espaoles de sublevacin. Ovando mand a Juan de
Esquivel, al frente de unos 300 o 400 hombres, para que hiciese la
guerra a Cotubanam, uno de los caciques ms poderosos de la isla.
Crueles fueron los espaoles con los infelices indgenas. El delito--si
lo hubo--fu insignificante; el castigo terrible. Pacificado el Higuey,
Juan de Esquivel dej una guardia de nueve hombres mandados por Martn
de Villaman, ya para que vigilasen a los indios, ya para que cobrasen
los tributos que los isleos se haban comprometido a satisfacer.

Sometida casi por completo la Isla Espaola, la parte ms occidental,
el Estado de Xaragua, equidistante de la Isabela y de Santo Domingo
unas 60 leguas, conservaba su independencia. Desde que los espaoles
se haban llevado al fiero Caonab, su mujer Anacaona, que en el
idioma indgena quiere decir _flor de oro fino_, se retir al lado de
su hermano Behechio, dueo a la sazn del Estado de Xaragua. Vamos
a relatar una historia legendaria. Era Anacaona--dicen--mujer de
mucho talento y de extraordinaria hermosura. Su inspiracin potica
le haba granjeado generales simpatas. Los _areytos_ o romances de
su invencin se convertan en nacionales y sus dulces composiciones
poticas eran el encanto de todos los soberanos indios de la isla.
Llamaba la atencin por su elegancia la etiqueta de su corte: sus usos
y costumbres, sus flores, sus adornos y muebles se pusieron de moda. Su
palacio estaba lleno de objetos elegantes y de lindas obras del arte
indgena. Tales objetos consistan en hamacas areas, en canastillas
formando variados relieves o pinturas, vistosos abanicos, mscaras con
adornos de oro y de conchas. Tena magnfico servicio de mesa, manteles
finos de algodn adornados con flores y a manera de servilletas lienzos
de hojas olorosas. Hallbase su mencionado palacio lleno de jvenes y
alegres doncellas, de hermosos pjaros de todas clases; perfumado con
los aromas ms delicados; centro de toda cultura literaria y artstica.
Cuando la visit Bartolom Coln para concertar tributos, tanto ella
como su hermano Behechio dispensaron a los espaoles entusistica
acogida, agasajndoles con lo mejor que tenan. Cuntase que cuando los
espaoles estuvieron cerca de la capital de Xaragua, los oficiales de
la corte y empleados, con sus respectivos trajes, se presentaron ante
ellos, llevando delante encantadores grupos de jvenes, que servan de
comparsas a un coro de treinta jvenes doncellas adornadas de flores,
ceida la frente con una cintilla, llevando en sus manos flexibles
palmas que entrelazaban ingeniosamente y con las cuales formaban
arcos, canastillos y haces, al mismo tiempo que acomodaban sus danzas
al son de sus cantos. En medio de la amenidad de virgen naturaleza,
debajo de los magnficos arcos de olorosos bosques y junto al lago de
Xaragua, recibi a Bartolom Coln y a sus acompaantes. Las jvenes
Terpscores--como las llama el conde Roselly de Lorgues--, al llegar
cerca del Adelantado, doblaban sus rodillas y depositaban a sus plantas
un ramo, en seal de reverencia y homenaje. Detrs de esos grupos,
en el centro de un coro de _canforas_ o doncellas de distinguido
nacimiento, apareca en un trono cubierto de flores la reina Anacaona,
rodeada de su corte y llevada en un palanqun por seis caballeros. En
lugar de corona real cea su frente corona de flores, y de flores
se compona su collar, brazaletes, cinturn y borcegues. En sus
negros cabellos resaltaban las flores y su cetro era un tallo florido.
Pareca--aade Roselly--que la flor de las reinas era tambin la reina
de las flores[515].

       [515] _Historia de Coln_, tom. I, pg. 453.

Anacaona descendi de su litera, hizo graciosa reverencia a Bartolom
Coln, le ofreci una de sus flores y le condujo a la habitacin que se
le tena preparada. Dos das pas el Adelantado en compaa de la Reina
y de Behechio, obsequiado con esplndidos festines y agasajado con
toda clase de honras. Logr Bartolom que, en cambio de la proteccin
de Espaa, se comprometiese Behechio a pagar un tributo a los Reyes
Catlicos.

Algn tiempo despus, Anacaona, por muerte de su hermano Behechio,
se encarg en absoluto del trono de Xaragua. Pasaron unos seis aos.
Ovando, gobernador de Santo Domingo, se dispona a visitar los dominios
de la hermosa e inteligente reina Anacaona. Aunque ella recordaba
que los cristianos haban preso a su marido, lo cual fu causa de la
muerte del poderoso cacique; aunque no dejaba de tener presente que
al acogerse a sus dominios los sublevados de Francisco Roldn haban
abusado torpemente de su hija Hignememotta; aunque recordaba los
atropellos que dichos revolucionarios haban cometido con los pacficos
habitantes de sus Estados, ella, comprendiendo su situacin, soportaba
con paciencia tantos desmanes, pagaba puntualmente los tributos
concertados y no permita que se hiciera el menor dao a los pocos
espaoles que, restos de anteriores revueltas, vivan en su territorio
con los indios[516]. Es de advertir que los citados espaoles,
cmplices del malvado Roldn, continuaban cometiendo horribles excesos;
pero con la idea de captarse el favor del gobernador Ovando--favor que
necesitaban para prevenir las quejas que podran llegarle acerca de sus
iniquidades--, escribieron algunas veces diciendo que los indios de
aquella comarca preparaban prxima rebelin.

       [516] Ruiz Martnez, _Conferencia pronunciada en el Ateneo de
       Madrid el 8 de mayo de 1892_, pgs. 13 y 14.

Con el objeto de hacer una visita--segn dijo--se dirigi a Xaragua
el gobernador Ovando, no sin hacerse acompaar de 300 infantes y 70
caballos. Anacaona envi en seguida la orden a todos los caciques para
que acudiesen a prestar homenaje al representante de los reyes de
Espaa. Ella misma sali a recibirle, acompaada de las 30 doncellas
ms hermosas de su servidumbre y de 300 seores de su reino, todos
luciendo sus galas ms vistosas. Hizo que las dichas doncellas
ejecutasen la danza virginal, llamada as porque en ella no tomaron
parte ni hombres, ni mujeres casadas. Al Gobernador, lo mismo que a los
que le acompaaban se les aloj en habitaciones preparadas al efecto,
y se les sirvi ricos y abundantes banquetes. Obsequise a Ovando con
exquisitos presentes, y se ofreci a todos pan y tortas de cazab,
hutias guisadas de diferentes modos, caza, pesca, frutas y todo lo que
tenan de ms gusto. Toda la comarca hubo de despoblarse para ver al
gobernador Ovando y a los espaoles que le acompaaban, en obsequio
de los cuales se organizaron alegres fiestas, como juegos de pelota,
simulacros de guerra, bailes, cantos del pas y otras.

De igual manera el comendador de Lares anunci un domingo que los
suyos iban a celebrar unas justas o caas a usanza de Espaa. La
noticia se recibi con general alegra y se dispuso que los principales
seores del pas deban presenciar la fiesta en la casa donde se
hallaba la Reina y l. Cuando se crea que todo estaba dispuesto para
la fiesta, el Gobernador se asom a una ventana y al colocar su mano
sobre la cruz de Alcntara que ostentaba en su pecho, pues sta era la
seal convenida, rodearon la casa multitud de espaoles, en tanto que
otros sujetaban en el interior a Anacaona y a 80 personajes indios.
Atados a los maderos que sostenan la techumbre, despus de retirarse
los espaoles con Anacaona, pusieron fuego a la habitacin que, hecha
de madera y paja, se convirti en seguida en inmensa hoguera. Mientras
que aquellos infelices sobre los cuales recaan sospechas de traidores
a la patria eran quemados, la gente del Gobernador alanceaba a la
muchedumbre, pisaba con sus caballos a mujeres y nios, persegua a
los desarmados indios que huan, los unos hacia las montaas para
esconderse entre breas y matorrales, y los otros hacia las costas para
arrojarse al mar. El gobernador Ovando, no contento todava con tanta
crueldad, dispuso que Diego Velzquez y Rodrigo Meja persiguieran a
los fugitivos que haban buscado amparo en los montes con un sobrino
de Anacaona. Preso el pariente de la Reina, sufri la muerte con otros
infelices. La capital de Xaragua entregada a las llamas desapareci
completamente[517].

       [517] Ob. cit., pg. 14 y siguientes.

La infortunada Anacaona, en premio de sus buenas acciones, vi
trocadas sus guirnaldas de flores en cadenas de hierro. Con las falsas
confesiones arrancadas al dolor, se le condujo a Santo Domingo, donde
fu juzgada despus de las declaraciones de gente run y miserable.
La infeliz fu condenada a la horca! As acab su reinado la noble
Anacaona. El historiador, aun suponiendo que haya gran parte de leyenda
en el relato, debe condenar, con harto sentimiento suyo, no slo a
Ovando, sino a Don Alvaro de Portugal, presidente a la sazn del Real
Consejo de Indias. No negaremos, sin embargo, que se ha poetizado la
figura de la reina indgena, exagerando a la vez el rudo gobierno de
los espaoles; pero insistiremos en que los Catlicos Monarcas no
fueron siempre y en todos los casos caritativos y piadosos con los
indios. (Apndice R).

Al continuar la historia de Cristbal Coln, comenzaremos diciendo que,
cuando pas la tormenta en la que pereci Bobadilla, aqul abandon (14
de julio) las costas de la Isla Espaola en busca de nuevas tierras.
El 16 de julio lleg a la vista de la Jamaica (cayos de Morante),
continuando su derrota. Su navegacin se vi sumamente contrariada.
Par en _Cayo Largo_, volviendo a salir el 27 de dicho mes de julio.
El 30 descubri la isla Guanaja, que l llam isla de Pinos, primera
tierra centro-americana que encontraron los europeos en el siglo
XVI. Guanaja se hallaba rodeada de varios islotes y estaba situada
delante del golfo de Honduras. Bartolom Coln, con algunos de los
expedicionarios, desembarc en la isla, a la cual vieron llegar una
canoa de grandes dimensiones, hecha del tronco de un solo rbol. En
ella iban hombres, mujeres y nios, conduciendo varias mercaderas.
Para resguardar a los pasajeros del sol y de la lluvia tenan en medio
una especie de cmara, formada con petates o esteras. Se crey que
perteneca a indios traficantes que haban ido a cargar la embarcacin
en las costas cercanas a Yucatn. El Almirante fu de opinin que los
naturales de aquella isla eran ms civilizados que los de las Antillas,
descubiertas en anteriores expediciones. Para juzgar de aquel modo,
se fij Coln en los siguientes hechos: aquellos indios no haban
mostrado asombro a la vista de los buques, ni temor al aproximarse
a los espaoles; adems iban vestidos y se dedicaban al comercio.
El 14 de agosto desembarcaron en punta de Caxinas, hoy puerto de
Trujillo, donde asistieron a la misa, que se celebr en el citado da
por primera vez en el suelo centro-americano. Continu avanzando la
escuadrilla al abrigo de la costa. A unas quince leguas de la punta de
Caxinas desemboca en el golfo el ro Tinto, por el cual subieron los
botes: baj a tierra el Almirante y enarbol el 17 de agosto el real
estandarte de Castilla. A orillas del mencionado ro se presentaron
indios diferentes--lo mismo en la fisonoma que en el lenguaje--a
otros que haban visto en las islas. Anduvieron algunos das costeando
aquella tierra, a la que dieron los nombres de Guaymuras, Hibueras y
Honduras, cuya ltima denominacin conserva al presente. La fuerza de
los vientos, la violencia del mar y las lluvias torrenciales causaron
muchas enfermedades a los marineros. Tanto su hijo Fernando, como su
hermano el _Adelantado_, le animaron en aquellos das tristsimos. El
14 de septiembre alcanz un promontorio que se desviaba bruscamente del
Este hacia el Sur; luego que lo doblaron dejse sentir brisa excelente
y se calm el mar. El Almirante di _Gracias a Dios_, y as llam al
mencionado cabo. Sigui la costa de los Mosquitos, detenindose el 17
de septiembre en la embocadura de ancho ro, donde zozobr el bote
de la _Vizcana_, y por ello Coln llam a aquel lugar _el ro del
Desastre_. El 25 de septiembre, entre la pequea isla de Quiribi y
la Tierra Firme, se present excelente puerto, situado al frente de
la aldea llamada Cariari, donde algunos indios principales llevaban
_guani_(oro bajo), y donde vi mantas de algodn, puercos y grandes
gatos monteses. Este pueblo pareca muy entregado a la hechicera, y
sus habitantes hicieron seas a los espaoles para que saliesen a la
orilla. Luego salieron del ro _Guyga_ (hoy de Veragua) a la ribera
muchos indios armados con sus lanzas y flechas, llevando en sus pechos
espejos de oro. Notaron los espaoles que aquellos indios estimaban
ms sus joyas que las nuestras, y que la tierra estaba cubierta de
arboledas muy espesas. Del mismo modo, hubieron de observar que ninguna
poblacin se hallaba en la costa, sino dos o tres leguas adentro, como
tambin que los indios, para ir desde la mar a sus pueblos, no iban por
tierra, sino por los ros en sus canoas.

El 5 de octubre el Almirante mand levar anclas, dirigindose hacia el
Sur. Iba navegando a lo largo de la costa de Mosquitos (hoy Costa Rica,
a causa de sus minas de oro y plata). Siguiendo su derrotero, entr
en un golfo rodeado de varias islas que formaban pequeos canales, en
cuyas orillas se levantaban rboles gigantescos, que entrelazndose
sus elevadas copas, formaban arcos. La fresca sombra y el suave aroma
de los bosques, recreaban a las tripulaciones. El golfo era la baha
de _Carabaro_ (hoy baha del Almirante). Al bajar a tierra vieron
algunos indgenas que iban desnudos y llevaban en el cuello placas de
oro. Pasaron despus las carabelas a otra baha grande llamada ahora
_Laguna de Chiriqui_. Continu su camino y habiendo descubierto la
embocadura de un ro, dirigi all las embarcaciones. Cuando vieron
los indios que los espaoles se aproximaban a la playa, se prepararon
a oponerse a su desembarco, en tanto que el sonido de los caracoles
marinos y de los tambores de madera, que resonaban en los bosques,
llamaba a otros al combate. Los indios se dirigieron decididos al
encuentro de los espaoles, escupan hierbas mascadas en seal de
desprecio y entraban en el agua hasta la cintura para arrojar de ms
cerca los dardos y jabalinas. Ante las seales de paz de los nuestros,
los indgenas se calmaron, hasta el punto que hubieron de cambiar 17
espejos de oro por cascabeles. Volvieron los indios a las andadas, esto
es, acordaron deshacerse de aquellos importunos visitantes. Comenzaron
la lucha disparando algunas flechas, contestando los espaoles con
un tiro de ballesta y un caonazo. Tal espanto produjo la detonacin
entre los indgenas, que huyeron a todo correr, a las espesuras de los
bosques. Al poco volvieron algunos y cambiaron con los nuestros tres
espejos. Fu preciso continuar el camino, y desde aquella costa se
dirigi la escuadrilla hacia el Este. Pas por delante de _Cobrava_ y
descubri cinco aldeas grandes. Lleg despus al litoral de _Chagres_.
Sigui la costa al Este, y el 2 de noviembre ech el ancla en seguro y
cmodo puerto, llamado por Coln _Puerto Bello_. Encontr all casas
espaciosas y tierras perfectamente cultivadas, donde se contemplaban
hermosas palmeras y donde las ananas y vainillas embalsamaban el
ambiente. Los indios le trajeron algodn elaborado y muchas frutas;
el oro, poco. El 9 de noviembre se hizo a la vela para continuar la
exploracin, siguiendo a lo largo del istmo de Panam. Continu su
camino; mas sorprendido por terrible borrasca, ech el ancla en unas
islas de la costa, donde era tal la abundancia de frutos, races y
en particular de maz, que denomin aquel sitio el _Puerto de las
Provisiones_. All estuvo hasta el 23 de noviembre, saliendo al fin
con el objeto de continuar el reconocimiento de la isla. Tres das
despus, esto es, el 26 de noviembre, encontr un puerto estrecho que
denomin _El Retrete_ (hoy Puerto Escribanos), dando la vuelta a la
tierra que atrs quedaba, noticioso de que las minas de oro se hallaban
en Veragua. El 5 de diciembre dej El Retrete; hizo noche en Puerto
Bello; se vi en gran peligro por violentas borrascas, pues ojos nunca
vieron la mar tan alta, fea y hecha espuma. El 13 de noviembre una
tromba marina (_fronks_) estuvo a punto de sumergir la escuadrilla. A
los cuatro das siguientes, o el 17, lograron nuestros barcos entrar
en un puerto, y cerca de l haba un campamento, cuyas viviendas se
hallaban construdas encima de los rboles. El 20 desplegaron sus
velas y se lanzaron a la mar; furioso viento les hizo acogerse a una
ensenada, dedicndose a reparar las averas de las carabelas. En aquel
sitio pasaron el ao nuevo. El 3 de enero de 1503 sali la escuadrilla
y penetr en un ro que el Almirante llam de _Beln_ (los indgenas
_Yebra_) distante una legua del conocido con el nombre de Veragua, pas
de las minas de oro. La distancia de Puerto Bello a Veragua es de unas
30 leguas; pero habiendo tardado en salvarlas cerca de un mes, y no sin
bastante trabajo, el Almirante di a aquella parte de litoral el nombre
de _Costa de los Contrastes_. Durante todo ese mal tiempo--segn
Herrera--sufri (Coln) ataques continuos de gota con grandes dolores,
y todos los que se hallaban a bordo de las carabelas estaban enfermos,
fatigados y sujetos a raras debilidades de temperamento[518].

       [518] _Hist. de los viajes y conquistas de los castellanos en
       las Indias Occidentales, Dcada 1._, libro V, cap. IX.

Como el ro de Veragua tena poco fondo, y el de Beln pasaba de cuatro
brazas en su entrada, continu Coln en el citado ltimo ro. Aunque
las relaciones con los indgenas no eran tan cordiales como hubiera
deseado el Almirante, sin embargo, los nuestros pudieron cambiar con
ellos algunas frusleras por veinte espejos de oro. El 12 de enero
dispuso el Adelantado remontar con los botes el ro de Veragua y llegar
hasta la residencia de Quibin, jefe de aquella comarca. En efecto,
verificse la entrevista, que fu amistosa, hasta el punto que el
indio obsequi con alhajas de oro al espaol. Al da siguiente, el
Quibin se present en el puerto de Beln, recibiendo cariosa acogida
de parte del Almirante. Luego que los suyos cambiaron espejos de oro
por cascabeles, parti bruscamente y sin despedirse de Coln.

El 24 de enero, de repente se desencaden terrible tempestad en el
Ocano. Creci mucho el ro. Las amarras de los barcos se rompieron,
y la _Capitana_ fu lanzada con violencia sobre el _Gallego_,
ocasionndole graves averas. Del 6 de enero al 14 de febrero, llovi
copiosamente. A pesar de la lluvia, el Adelantado, con 75 hombres,
penetr en el pas y habl a Quibin, por el cual supo dnde se
hallaban las minas. Regres el Adelantado el 16 de febrero, caminando
a lo largo de la costa y no perdiendo de vista las embarcaciones.
Recorri una gran parte del litoral, donde obtuvo espejos de oro y
provisiones, regresando con bastante cantidad de dicho metal.

Dispuso el Almirante establecer en aquel punto un puerto militar que
fuese al mismo tiempo factora para la trata del oro, en tanto que
l marchara a Castilla en busca de refuerzos. A un kilmetro de la
embocadura del ro, y con el beneplcito del Quibin, se construyeron
algunas casas de madera y un gran almacn para encerrar provisiones
de boca y algunos efectos de campamento (armas y artillera). Cuando
dispona Coln su retirada, descubrise terrible conjuracin del
Quibin. Descubrila Diego Mndez, quien hubo de encontrar reunidos
unos mil guerreros, con muchas provisiones de vveres y brebajes[519].
Convencido el Almirante de la traicin, dispuso que su hermano, el
Adelantado, redujese a prisin al Quibin. Conducido el prisionero a un
bote, aprovechando un momento en que el piloto Juan Snchez se hallaba
distrado, se arroj de un salto al mar y desapareci debajo de las
olas. Entretanto, el Adelantado se limit a ejercitar sus derechos de
conquista en la casa del famoso cacique, encontrando en ella--segn el
notario real Porras--seis grandes espejos, dos coronas, varias placas
pequeas y veintitrs alhajas de oro[520]. El total poda valer unos
trescientos escudos de oro[521]. Mientras se preparaba Coln para
dirigirse a la Espaola, el Quibin, ya fuera de las aguas, y oculto en
las apartadas regiones de su tribu, animaba a los suyos para lanzarse
a la lucha. El 6 de abril, cuando intentaba el Almirante hacerse a
la vela y la gente de barcos iba a despedirse de los espaoles del
campamento, el Quibin, al frente de ms de cuatrocientos (indios),
armados con sus flechas y cachiporras, atac el Real. Sufri terrible
castigo de los bravos cristianos. Repitieron el ataque los indios,
decididos a conquistar el campamento. Coln no saba qu camino seguir.
Los hombres que haba dejado en tierra se hallaban en mucho peligro,
y entre ellos, estaba su hermano que slo poda disponer de pequea
guarnicin, diezmada por la muerte y abatida por la desesperacin. Las
carabelas hacan agua por todas las costuras. El mar continuaba furioso
y el cielo inclemente. Las tripulaciones presentan siniestros temores,
y l se vi acometido de ardiente fiebre. Perdido el _Gallego_, y
abandonado en el ro Beln, ante situacin tan crtica, el fiel Diego
Mndez se multiplicaba, dando nimos a todos. Coln le felicit por su
comportamiento. Lo cual el Almirante tuvo a mucho, y no se hartaba
de abrazarme y besar en los carrillos por tan gran servicio como all
le hice, y me rog tomase la capitana de la nao _Capitana_, y el
regimiento de toda la gente y del viaje[522].

       [519] Relacin hecha por Diego Mndez de algunos
       acontecimientos del ltimo viaje.

       [520] _Relacin del oro que trajo el Adelantado de Veragua,
       cuando trajo preso al cacique e ciertas piezas de guani._

       [521] P. Charlevoix, _Histoire de Saint Domingue_, lib. IV,
       pg. 244, in-4.

       [522] _Relacin hecha por Diego Mndez de algunos
       acontecimientos del ltimo viaje del Almirante D. Cristbal
       Coln._

Hacia ltimos de abril pudieron al fin salir en nombre de la Santsima
Trinidad, las tres carabelas y navegar hacia la Espaola. Los vientos
volvieron a agitar los mares y las naves, unas veces eran empujadas
hacia el oriente y otras hacia el poniente. Habiendo andado treinta
leguas, se inutiliz la _Vizcana_, que no hubo ms remedio que
abandonarla, repartindose la tripulacin entre la _Capitana_ y el
_Santiago de Palos_. Continu el Almirante su derrotero, pas a la
altura del puerto de _El Retrete_, atraves algunas islas, lleg al
Cabo de San Blas y se adelant diez leguas ms al Oeste. El 1. de
mayo, los pilotos le hicieron presente el mal estado de los buques y
el 2 de dicho mes estuvo en dos islas que denomin de las _Tortugas_
por los muchos animales que vi de este nombre. Azotados los barcos por
las furiosas olas y empujados por las corrientes, fueron a parar a las
islas situadas al Sur de Cuba, que en otro viaje llam el Almirante
al sitio de arribada _Jardines de la Reina_. Aunque le quedaba poco
para llegar a la Espaola, se encamin a _Puerto Nuevo_ (Jamica),
donde entr el 23 de junio de 1503. Al da siguiente march por la
costa buscando un asilo ms al Este, el cual encontr, y en su primer
arranque de admiracin le di el nombre de _Santa Gloria_.

Hallbase rodeado el puerto de Santa Gloria de lugares encantadores,
poblados de rboles frutales. All mand encallar las carabelas, de las
cuales hizo habitacin. En Santa Gloria permaneci doce meses y cinco
das, teniendo el sentimiento de que se le rebelasen los hermanos Diego
y Francisco Porras. En carta escrita el da 7 de julio de 1503, desde
la isla Jamica, escribe lo que sigue: All se me refresc del mal
la llaga; nueve das anduve perdido sin esperanza de vida: ojos nunca
vieron la mar tan alta, fea y hecha espuma. El viento no era para ir
adelante, ni daba lugar para correr hacia algn cabo. All me detena
en aquella mar fecha sangre, herviendo como caldera por gran fuego. El
cielo jams fu visto tan espantoso; un da con la noche ardi como
forno; y as echaba la llama con los rayos que todos creamos que me
haban de fundir los navos. En todo este tiempo jams ces agua del
cielo, y no para decir que llova, salvo que resegundaba otro diluvio.
La gente estaba ya tan molida, que deseaban la muerte para salir
de tantos martirios. Los navos estaban sin anclas, abiertos y sin
velas[523].


       [523] Navarrete, Ob. cit., tom. I, pg. 301.

Ms adelante escribe: Yo estoy tan perdido como dije: yo he llorado
fasta aqu a otros: haya misericordia agora el Cielo, y llore por
m la tierra. En el temporal no tengo solamente una blanca para el
oferta: en el espiritual he parado aqu en las Indias de la forma que
est dicho: aislado en esta pena, enfermo, aguardando cada da por
la muerte, y cercado de un cuento de salvajes y llenos de crueldad y
enemigos nuestros, y tan apartado de los Santos Sacramentos de la Santa
Iglesia, que se olvidar desta nima si se aparta ac del cuerpo. Llore
por m quien tiene caridad, verdad y justicia. Yo no vine este viaje a
navegar por ganar honra ni hacienda: esto es cierto, porque estaba ya
la esperanza de todo en ella muerta. Yo vine a V. E. con sana intencion
y buen celo, y no miento. Suplico humildemente a V. E. que si a Dios
place de me sacar de aqu, que haya por bien mi ida a Roma y otras
romeras[524].

       [524] Ibidem, pg. 312.

En aquella olvidada isla hubiera encontrado obscura muerte el ilustre
navegante, si el leal y bueno Diego Mndez no se ofreciera a pasar
en una canoa india a la Isla Espaola en demanda de auxilio. A
Mndez le acompaaba en tan arriesgada empresa el italiano Bartolom
Fieschi[525]. Despus de algunos das de luchar con las tempestades y
borrascas, lleg Mndez al puerto de Azna, donde supo que el gobernador
general Ovando estaba en Xaragua, cincuenta leguas tierra adentro,
ocupado en exterminar a sus habitantes. El comendador de Lares oy el
relato y ofreci tratar de ello. Cuantas veces insisti Mndez, otras
tantas se le contest con evasivas y dilaciones. Y as pasaron ocho
meses hasta que, habiendo perdido toda esperanza, se decidi a fletar
una carabela y enviarla en ayuda del Almirante.

       [525] Reunidos el Almirante y los oficiales, Mndez dijo:
       Seor, tengo una vida no ms, yo, la quiero aventurar por
       servicio de vuestra Seora y por el bien de todos los que
       aqu estn, porque tengo esperanza en Nuestro Seor, que
       vista la intencin con que yo lo hago me librar, como otras
       muchas veces lo ha hecho. Contest Coln lo siguiente: Bien
       saba yo que no haba aqu ninguno que osase tomar esta
       empresa sino vos. _Relacin hecha por Diego Mndez de algunos
       acontecimientos del ltimo viaje del Almirante D. Cristbal
       Coln._

Entonces Ovando, para convencerse de si era cierta la narracin de
Mndez, mand a Jamica un carabeln mandado por Diego Escobar, uno de
los que se haban sublevado contra el Almirante. Lleg Escobar a cierta
distancia del sitio donde estaban los infelices viajeros, se aproxim
en una barca, les dijo que el Gobernador se compadeca de ellos, y
habindoles entregado por todo socorro una barrica y un tocino, volvi
al galen, el cual se hizo a la vela para Santo Domingo. Aunque dijo
Escobar al Gobernador que todo lo dicho por Mndez era verdad, todava
pas un mes sin decidirse, lo cual prueba la pasividad de Ovando.

Diego Mndez, cansado de esperar y arrostrando todas las consecuencias,
hizo pblico en Santo Domingo el peligro en que se hallaba el
descubridor del Nuevo Mundo y el abandono en que se le tena. Amigos y
enemigos, todos a una, se pronunciaron en favor de Coln y en contra
de Ovando. Cuando, merced a los sacrificios de los amigos de Coln,
pudo Mndez fletar un buque (28 junio 1504) para dirigirse a Jamica,
entonces, y slo entonces, tal vez temiendo quejas y murmuraciones de
la opinin pblica, se decidi a mandar otro en auxilio del Almirante.
Embarcado el descubridor del Nuevo Mundo, lleg (13 de agosto) al
puerto de Santo Domingo, teniendo de parte de Ovando un recibimiento
poco carioso y aun rayano a la frialdad. Haba recorrido, desde el
ro Beln a la isla Espaola, unas 225 leguas. Si alguno de nuestros
lectores dudase--y no nos extraara su duda--de la fidelidad del
relato, le recomendaremos que lea al P. Las Casas, que estaba a la
sazn en Santo Domingo; a Fernando Coln, que acompa a su padre en
el cuarto viaje, y a Diego Mndez, que tom parte principal en dichos
sucesos.

Hse dicho por el Sr. Fernndez Duro que Ovando demor su ayuda al
Almirante por el temor que abrigaba de que, llegando en aquellos
momentos, pudieran reproducirse las no extinguidas banderas.
Deseaba--aade el distinguido historiador--recibirle con toda
consideracin, con todo el respeto y agasajo que se le deban[526]. A
esto contesta--y hacemos nuestras sus palabras--el Sr. Ruiz Martnez lo
siguiente: Quizs sea sta, en efecto--a falta de otra mejor--la razn
que diera Ovando para explicar su tardanza. Pero si tal recelo, que en
el estado que ya se hallaba la isla era infundado, pas realmente por
su imaginacin, no le impona el ms rudimentario deber de humanidad,
ya que no de patriotismo, la obligacin de enviarles un buque para que
hubiesen marchado directamente a Espaa, sin tocar en Santo Domingo?
Y si esto le pareca demasiada generosidad, no estaba obligado, no
ya tratndose de Coln, no ya tratndose de espaoles, sino de unos
nufragos, cualquiera que fuese su pas y nacionalidad, a ponerse en
frecuente correspondencia con ellos y enviarles las ropas, vveres y
dems cosas indispensables para que no pereciesen de hambre o a manos
de los indios? Qu sublevaciones poda intentar Coln, agobiado
por los aos, rendido por las fatigas, enfermo de la gota y con su
tripulacin hambrienta, desmayada y medio desnuda? Qu alborotos
sobrevinieron cuando despus lleg a la isla, permaneciendo en ella
un mes? Y, sobre todo, puede justificar la simple sospecha de que
poda producirse un escndalo en Santo Domingo, aquel abandono en que
se dej al Almirante? Qu mayor escndalo para el mundo todo, y qu
ignominia mayor para la patria entera, que la noticia de haber perecido
el descubridor del Nuevo Mundo, casi a la vista de los espaoles, sin
que se le tendiera una mano compasiva, por temor a una alteracin del
orden pblico? Afortunadamente Dios, que sin duda velaba por la vida
de Coln, libr a nuestra patria de semejante vergenza![527].

       [526] _Conferencia leda en el Ateneo de Madrid el 14 de enero
       de 1892_, pg. 17.

       [527] _Conferencia dada en el Ateneo de Madrid el 8 de mayo de
       1892_, pgs. 19 y 20.

El 12 de septiembre se hizo Coln a la vela desde Santo Domingo para
Espaa. Sufri privaciones sin cuento y fu juguete de las olas en
las inmensidades del Ocano, arribando en el ms deplorable estado al
puerto de Sanlcar de Barrameda el 7 de noviembre de 1504.

Sanos permitido exclamar: Qu ingratitud tan grande! Nada prueba
la afectuosa carta que Coln escribi a Ovando de la isla _Beata_,
anuncindole su llegada de Jamica, y decimos que nada prueba porque en
aquellos momentos an poda el Gobernador perjudicar al Almirante. Tan
cierto es lo que decimos, que cuando lleg a Espaa manifest cmo el
Gobernador deseaba su perdicin, pues mand a Diego Escobar slo por
saber si ya era muerto. Si tales afirmaciones pecan de atrevidas, no
ser atrevimiento por nuestra parte decir que Ovando no perdon medio
para molestar al Almirante. Si anduvo solcito para poner en libertad
y perdonar a los hermanos Porras, a los marineros y grumetes, todos
del puerto de Sevilla o de las cercanas, que se haban sublevado en
Jamica contra el Almirante[528], manifestse rehacio un da y otro
da para devolver los bienes que a los Colones les fueran tomados por
Bobadilla.

       [528] Se apoderaron de los botes que Coln haba comprado
       a los indios y en ellos partieron para la Espaola; pero
       renunciaron a su intento, y abandonando dichos botes, se
       dedicaron a recorrer como bandidos la isla.

En tanto que se desarrollaban tales sucesos, la reina Isabel, cuyo
fervor religioso nadie podra poner en duda, escribi a Nicols de
Ovando una carta, fechada en la ciudad de Segovia el 20 de diciembre
de 1503, dicindole, entre otros cosas de importancia, que compeliese
y apremiase a los indios a reunirse con los cristianos para que se
convirtieran al catolicismo y les auxiliasen en los trabajos de
poblacin y cultivo de la Espaola. Influyesen o no en el nimo
del comendador de Lares lo escrito por Doa Isabel, probado se
halla que desde entonces se establecieron de un modo permanente los
repartimientos de indios. Lo cierto es que Cristbal Coln inici el
abuso, Bobadilla le di ms desarrollo, y en tiempo de Ovando lleg
a su apogeo. Lejos de nosotros pensar que las palabras citadas de
la reina Isabel fueron la causa de los repartimientos. Suyas son
las siguientes palabras, que tambin se hallan en la misma carta:
Pagndoles (a los indios) el jornal que por vos fuese tasado, lo cual
hagan e cumplan como personas libres, como lo son y no como siervos;
e faced que sean bien tratados los dichos indios e los que de ellos
fueren cristianos mejor que los otros, e non consintades ni dedes lugar
que ninguna persona les haga mal ni dao, ni otro desaguisado alguno, e
los unos ni los otros no fagades ni fagan ende al, por alguna manera,
so pena de la mi merced, y de 10.000 maraveds para la mi Cmara.

Sea de ello lo que quiera, no puede negarse que cada vez fueron mayores
los repartimientos de indgenas. Los premios y los castigos--escribe
el Sr. Ruiz Martnez--consistan en dar ms o menos indios; los
servicios y las influencias se pagaban con lucidos repartimientos, y
lleg a tal extremo el abuso, que algn tiempo despus, muerta ya la
reina Isabel, se concedan a seores de Espaa dotaciones de centenares
de indios para que los explotasen all sus criados y servidores,
y que ellos, sin moverse de Castilla, recibiesen aqu los pinges
rendimientos[529]. Poltica tan torpe ocasion casi la despoblacin de
muchas y dilatadas comarcas. Bastar decir que de unos tres millones
de indios que haba en la Espaola a la llegada de Coln, quedaban
60.000 en los ltimos tiempos de Ovando. Como los indgenas se acababan
en la Espaola y la avaricia de los espaoles iba en aumento, el
comendador de Lares, con el consentimiento de D. Fernando el Catlico,
hubo de transportar a la Espaola los indios que habitaban las islas
Lucayas. Por el engao primero, y por la fuerza luego, los espaoles se
apoderaban de los indios, y embarcndolos, los conducan al mercado,
donde eran vendidos, cuando la mercanca era ms abundante, al precio
de cuatro pesos. En poco tiempo las islas Lucayas quedaron casi
desiertas y los indios que quedaron en ellas fueron sometidos a la dura
condicin que los de la Espaola.

       [529] _Conferencia pronunciada en el Ateneo de Madrid el 8 de
       Mayo de 1892_, pg. 24.

De los malos tratos que reciba hubo de protestar por ltima vez
la raza indgena. Los indios del Higuey prefirieron la muerte a la
esclavitud. Juan de Esquivel, por orden de Ovando, al frente de 400
hombres, los venci sin ningn esfuerzo. Los que no murieron en la
lucha, fueron ahorcados o quemados. El cacique Cotubanam que se
refugi en la isleta Saona con su familia, fu preso y conducido a
Santo Domingo, pagando en la horca su amor a la independencia.

En otro orden de cosas no seramos justos si negsemos nuestros
aplausos al gobernador Ovando. Gobern con bastante prudencia y puso
en orden la administracin: edific y reedific--como dijimos en
este mismo captulo--poblaciones; organiz el laboreo de las minas y
estableci cuatro fbricas para acuar moneda. Mand a Sebastin de
Campo (1508) a reconocer la isla de Cuba para saber si era o no tierra
firme, lo cual an se ignoraba, sin embargo de la indicacin que haba
hecho en su famosa carta Juan de la Cosa; y envi a Juan de Esquivel
a la isla de Boriquen (hoy Puerto Rico), para que la reconociese. Por
ltimo, arroj de la isla a la gente maleante y dict rdenes para
dar forma legal a los amancebamientos de espaoles con indias. Si
cometi desaciertos y errores, censurmosle; pero tengamos presente las
creencias y costumbres de su tiempo. En otro lugar y en distinta poca,
tal vez hubiese sido excelente gobernador.

D. Diego Coln, nombrado gobernador y capitn general de las Indias,
en virtud de las estipulaciones hechas por los Reyes Catlicos con su
padre el Almirante, lleg a Santo Domingo (julio de 1509). Comenz
residenciando a Ovando; pero el antiguo gobernador abandon la Isla
Espaola en septiembre del dicho ao y lleg a Castilla, muriendo el 29
de mayo de 1511.

Por qu Coln y sus hermanos fueron tan poco queridos en Santo
Domingo? Repetiremos aqu lo que ya hemos indicado varias veces:
los Colones, por su nacionalidad italiana y por su carcter grave y
demasiado formal, opuesto al de los andaluces, que eran muchos en la
Isla Espaola, gozaban de pocas simpatas. Sobre el particular--y
aunque no estamos del todo conformes--veamos lo que dice Cnovas del
Castillo: Mas nada de esto quita que saliesen Coln y sus hermanos de
nuestra primera colonia transatlntica malqueridos de todos; y cul
pudo, en suma, ser la causa sino la que yo pienso, es a saber: el poco
tacto, la violencia y falta de dotes de mando que demostraron? Sera
slo su calidad de extranjeros? Para soberanos les vena esto mal, sin
duda, y ya lo he dicho; pero despus de todo, qu nacin ha habido en
el Universo que con menos dificultad que la espaola se haya dejado
regir por gente nacida en extraas tierras? Los marqueses de Pescara
y del Vasto, hijos de Npoles, aunque de antiguo origen espaol;
el condestable de Borbn, francs; Filiberto de Saboya, Alejandro
Farnesio, Castaldo, Chapn Vitelli, Ambrosio de Espnola, Torrecusa,
no eran tan extranjeros como los Colones? Pues fueron todos amadsimos
de la ruda, tal vez feroz, y asimismo rapaz y viciosa gente, aunque no
peor que la de los otros pases, sino propia de los tiempos, que a sus
rdenes ejecut tantas hazaas inmortales. Ninguno de los nombrados
llegaba al mrito de Coln en cien leguas; pero as y todo, no parece
claro que hubieron de estar mejor organizados y preparados que l para
el especial oficio del mando[530]?

       [530] _Conferencia pronunciada en el Ateneo de Madrid el 11 de
       febrero de 1891, _ pg. 27.

Cosas muy distintas fueron las ocupaciones de los capitanes antes
citados y la de Cristbal Coln. El marqus de Pescara, Alejandro
Farnesio, Ambrosio de Espinla y dems generales, peleaban al lado de
otros jefes espaoles y bajo las rdenes de nuestros monarcas; Coln,
por sus grandes merecimientos, por la fortuna, que siempre le fu
propicia, por su indudable superioridad, y tal vez por su legtimo
orgullo, hubo de colocarse a tanta altura, que los pequeos se sentan
humillados, los grandes le envidiaban y los mismos reyes se mostraban
recelosos de un extranjero e importuno pretendiente haca poco tiempo
y que a la sazn estaba colocado en un trono de gloria. Cierto es, que
el mando del Almirante en Santo Domingo fu poco feliz, influyendo en
ello su carcter altanero y receloso; pero, como dice el Sr. Cnovas--y
en esto estamos conformes con el ilustre historiador--fu bastante
extraordinario aquel hombre, y su memoria es sobrado gloriosa, para que
ninguna flaqueza humana, cuanto ms las que se le atribuyen, pudiera
privarle del inmenso e indestructible pedestal sobre que su figura
histrica descansa[531].

       [531] Ibidem, pg. 35.




CAPTULO XXIV

  ULTIMOS DIAS DE COLN.--COLN EN SANLCAR Y EN SEVILLA.--SUS
  PADECIMIENTOS FSICOS Y MORALES.--CONDUCTA DEL REY CATLICO
  CON COLN.--PRESNTASE COLN A D. FERNANDO EN SEGOVIA.--CARTA
  DEL ALMIRANTE A D. JUANA Y A FELIPE EL HERMOSO.--COLN EN
  VALLADOLID.--TESTAMENTO DEL ALMIRANTE.--SU MUERTE.--CELEBRACIN DE
  SUS EXEQUIAS.--SUS RESTOS EN EL CONVENTO DE SAN FRANCISCO.--JUICIO
  QUE DE COLN FORMARON SUS CONTEMPORNEOS.--FIRMA DE
  COLN.--CASA DONDE MURI COLN.--TRASLACIN DE SUS RESTOS A
  LA CARTUJA DE SANTA MARA DE LAS CUEVAS EN SEVILLA, LUEGO A
  LA CATEDRAL DE SANTO DOMINGO Y DESPUS A CUBA. HLLANSE EN LA
  CATEDRAL DE SEVILLA.--RELIGIOSIDAD DE COLN.--SU CARCTER,
  SEGN HERRERA.--OPININ DE LOS REYES CATLICOS.--OPININ DE
  BOLVAR.--COLN, SEGN ALGUNOS ESCRITORES DE NUESTROS DAS.


El descubridor del Nuevo Mundo, enfermo y pobre, se dirigi desde
Sanlcar de Barrameda a Sevilla. En esta ltima ciudad, con fecha 21
de abril de 1504, escribi a su hijo Diego, y, entre otras cosas, le
deca lo siguiente: yo he servido a sus Altezas con tanta diligencia
y amor y ms que por ganar el paraso; y si en algo ha habido falta,
habr sido por el imposible  por no alcanzar mi saber y fuerzas
ms adelante. Intent presentarse en la corte, impidindoselo la
enfermedad que le aquejaba. Porque este mi mal es tan malo--deca a su
hijo en carta fechada el 1. de diciembre--y el fro tanto conforme a
me lo favorecer, que non poda errar de quedar en alguna venta. Como
sus padecimientos no le permitiesen salir de Sevilla, envi a la corte
a su hermano Bartolom y a su hijo natural Fernando, nio en das,
pero no ans en el entendimiento, para que en unin de su otro hijo
Diego, que resida al lado del Rey, influyesen con Don Fernando, a
fin de que le cumpliesen todo lo estipulado. El Rey, ocupado en otros
asuntos, no atendi las reclamaciones del Almirante.

Llegada la primavera del ao 1505, pudo trasladarse en una mula a
Segovia, siendo recibido por el Rey con semblante alegre y buenas
palabras; eran estas palabras slo dilaciones para no cumplir lo
pactado. Diego Coln dirigi al Rey otro memorial pidiendo lo mismo
que su padre, obteniendo tambin la misma contestacin. Cuantas ms
peticiones daban al Rey--escribe Herrera--tanto mejor responda y se
lo dilataba; y, entre estas dilaciones, quiso el Rey que le tentasen
de concierto, para que hiciese renunciacin de los privilegios, y que
por Castilla le haran la recompensa, y se le apunt que le daran a
Carrin de los Condes y sobre ello cierto Estado, de lo cual recibi el
Almirante gran descontento, parecindole que era seal de no cumplirle
lo que tantas veces con la Reina le haban prometido; y por esta causa,
desde la cama, adonde estaba muy enfermo, con una carta se quej al
Arzobispo de Sevilla, remitindolo todo al Divino Juicio[532].

       [532] _Dcada 1._, lib. VI, cap. XIV.

Ignoramos las asistencias que percibi Coln en todo aquel ao y
primeros meses del siguiente; sabemos, s, que a sus hijos y a su
hermano se les libraban importantes cantidades, a aqullos por resto de
lo devengado en sus viajes a Indias, al otro como contino de la Real
Casa.

No esperando que Don Fernando le hiciese justicia, se dirigi a Doa
Juana y a Don Felipe, que de Flandes acababan de llegar a Espaa. As
deca la carta: Por ende humildemente suplico a VV. AA. que me cuenten
en la cuenta de su leal vasallo y servidor, y tengan por cierto que
bien que esta enfermedad me trabaja as agora sin piedad, que yo les
puedo aun servir de servicio que no se haya visto su igual. Estos
revesados tiempos y otras angustias en que yo he sido puesto contra
tanta razon me han llevado a gran extremo. A esta causa no he podido
ir a VV. AA. ni mi hijo. Muy humildemente les suplico que reciban la
intencion y voluntad, como de quien espera de ser vuelto en mi honra
y estado como mis escrituras lo prometen. La Santa Trinidad guarde y
acresciente el muy alto y real estado de Vuestras Altezas[533].

       [533] Navarrete, _Coleccin de viajes_, tomo III, pg. 530.

Dirigise a Valladolid, a la generosa ciudad del conde D. Pedro
Ansrez. (Apndice S). La ltima voluntad de Cristbal Coln,
documento escrito de su propio puo, fechado el 1. de abril de
1502 y depositado en la celda del Reverendo Padre Gaspar Gorricio,
de la Cartuja de las Grutas, antes de la partida del Almirante a su
cuarto viaje, fu confirmado en todas sus partes despus de su vuelta,
conforme lo declar l mismo, reproducindole el da 25 de agosto de
1505. Tiempo adelante, cuando conoci que llegaba su ltima hora, quiso
darle forma y que interviniese el correspondiente escribano y notario
pblico, segn puede verse a continuacin. Dice de la siguiente manera:

En la noble villa de Valladolid, a 19 das del mes de mayo, ao
del nacimiento de Nuestro Salvador Jesucristo de mil e quinientos e
seis aos, por ante m Pedro de Hinojedo, escribano de cmara de sus
Altezas y escribano de Provincia en la su Corte e Chancillera, e su
escribano y notario pblico en todos los sus Reinos y Seoros,  de
los testigos de yuso escritos: el Sr. D. Cristbal Colon, Almirante
 Visorrey  Gobernador general de las islas  tierra firme de las
Indias descubiertas  por descubrir que dijo que era, etc. Son testigos
el bachiller Andrs Miruea y Gaspar de la Misericordia, vecinos de
Valladolid, y Bartolom de Fresco, Alvaro Perez, Juan de Espinosa,
Andrs y Hernando de Vargas, Francisco Manuel y Fernan Martinez,
criados de dicho seor Almirante[534].

       [534] En los comienzos del siglo XVI y bastante tiempo
       despus, la palabra _criado_ no significaba lo que al
       presente, sino a todos los que prestaban algn servicio en las
       casas de los magnates, como el de secretarios, administradores
       u otros semejantes. Seguramente que a estos ltimos se
       referan los criados del seor Almirante.

Muy significativo es el prrafo siguiente: El Rey y la Reina, nuestros
seores, cuando yo les serv con las Indias; digo serv, que parece que
yo, por voluntad de Dios, se las d, como cosa que era ma...  para
las ir a descubrir allende poner el aviso y mi persona, Sus Altezas no
gastaron ni quisieron gastar para ello, salvo un cuento de maraveds,
 a m fu necesario de gastar el resto: as plug a Sus Altezas que
yo hubiere en mi parte de las dichas Indias, islas  tierra firme que
son al Poniente de una raya que mandaron marcar sobre las islas de las
Azores, y aquellas del Cabo Verde, cien leguas, la cual pasa de polo
a polo; que yo hubiese en mi parte el tercio y el ochavo de todo, 
adems el diezmo de lo que est en ellas, como ms largo se amuestra
por los dichos mis privilegios  cartas de merced. (Apndice T).

Instituy Coln dos mayorazgos: uno para Don Diego, hijo legtimo; y
otro para Don Fernando, hijo natural. En ambos excluye a las hembras,
las cuales nicamente podrn disfrutarlos en el caso de la completa
falta de herederos varones. Sobre este particular, el acadmico D.
Luis Vidart, hace la siguiente observacin: No pes en el nimo del
Almirante la gratitud a su protectora la Reina Doa Isabel de Castilla,
para inclinarle a respetar el mejor derecho de las hijas sobre los
sobrinos, en la herencia de los bienes, sean o no amayorazgados[535].
Orden Coln a su hijo D. Diego que fundara una capilla y que en ella
hubiese tres capellanes que digan cada da tres misas, una a la honra
de la Santsima Trinidad,  la otra a la Concepcin de Nuestra Seora,
 la otra por el nima de todos los fieles difuntos,  por mi nima
 de mi padre  madre  mujer. La clusula respecto a la madre de
Don Fernando Coln, dice lo siguiente: E le mando (a Don Diego) que
haya encomendada a Beatriz Enrquez, madre de Don Fernando, mi hijo,
que la provea que pueda vivir honestamente, como persona a quien yo
soy en tanto cargo. Y esto se haga por mi descargo de la conciencia,
porque esto pesa mucho para mi nima. La razon dello non es lcito
de la escribir aqu. A continuacin del testamento se halla una
memoria escrita de mano del Almirante, en que dispone se diese: a
los herederos de Jernimo del Puerto, veinte ducados; a Antonio Vaso,
dos mil quinientos reales, de Portugal; a un judo que moraba a la
puerta de la Judera de Lisboa, el valor de medio marco de plata; a los
herederos de Luis Centurion Escoto, treinta mil reales, de Portugal;
a esos mismos herederos y a los de Paulo de Negro, cien ducados, y a
Bautista Espndola  a sus herederos, si es muerto, veinte ducados.
(Apndice U).

       [535] _Coln o la ingratitud de Espaa._ Conferencia leda el
       21 de enero de 1892 en el Ateneo de Madrid, pg. 26.

Escribe Don Fernando Coln, que cuando el Rey Catlico sali de la
ciudad de Valladolid a recibir a Felipe I _el Hermoso_, que vena
a reinar en Espaa, su padre, el Almirante qued muy agravado de
gota y otras enfermedades, que no era la menor el verse decado
de su posesion, y en estas congojas di el alma a Dios el da de
su Ascension[536] a 20 de mayo de 1506, en la referida villa de
Valladolid, habiendo recibido antes todos los Sacramentos de la
Iglesia. Fueron sus ltimas palabras: _In manus tuas, Domine,
commendo spiritum meum_. Las exequias se celebraron en Santa Mara la
Antigua[537].

       [536] No fu el da de la Ascensin, porque en aquel ao cay
       el 21.

       [537] Vase Washington Irving, _Vida y viajes de Coln_.

Los restos del Almirante se depositaron--segn algunos cronistas--en
el convento de San Francisco. El Dr. D. Lorenzo Galndez de Carvajal
(n. en Plasencia el 1472 y m. en Burgos el 1532), en sus _Adiciones
genealgicas a los Claros varones de Castilla_, de Fernn Prez de
Guzmn, escribe lo siguiente: D. Cristbal Coln, primer Almirante
de las Indias, el cual primero las descubri y hall en el ao de mil
cuatrocientos noventa y dos, y muri en Valladolid en el mes de mayo
de mil quinientos seis, y all se sepult en el Monasterio de San
Francisco en la capilla de Ins de Lacerda, para se llevar a la iglesia
mayor de Sevilla, donde mand hacer su capilla[538]. En esta o en
otras fuentes bebieron Washington Irving y Prescott, aqul en su obra
ya citada, y ste en su _Historia de los Reyes Catlicos D. Fernando
y Doa Isabel_, cuando dicen que los restos de Coln se depositaron
primeramente en el convento de San Francisco de Valladolid[539].

       [538] _Coleccin de documentos inditos_, etc., t. XVIII, p.
       467. Adicin al cap. VI del Almirante D. Alonso Enrquez.

       [539] Tomo VII, p. 126.--Madrid, 1848. Tr.

Ni dentro, ni fuera de Espaa se hizo apenas caso de la muerte de
Coln. La atencin pblica en Espaa se hallaba distrada por la
llegada de la princesa Juana y de su marido el archiduque Felipe de
Austria, llamado el _Hermoso_, quienes iban a tomar posesin del reino
de Castilla. A grandes y pequeos les interesaba saber si eran o no
eran ciertas las discordias conyugales entre los dos prncipes, y
si eran o no eran ciertos los disgustos y rencores entre el yerno y
el suegro. A todos preocupaban las divisiones palaciegas; a ninguno
el fallecimiento del hombre que haba dado a Espaa la mitad del
globo. Europa tena fijos sus ojos en el renacimiento, ya literario,
ya artstico, y en las famosas guerras de Italia. Sucedanse los
descubrimientos y los inventos. Quin haba de acordarse de Coln,
cuando sucesos de tanta importancia preocupaban a todas las naciones?

Qu juicio haban formado los contemporneos de Coln? Pedro Mrtir
de Anglera, historigrafo real, que por el ao 1506 se hallaba
cerca de la hermosa ciudad del Pisuerga, no dice una palabra ni de
la enfermedad ni de la muerte de Coln; y entre las muchas cartas
curiosas de aquellos tiempos, publicadas en la _Biblioteca de autores
espaoles_[540], no hay tampoco dato alguno sobre el particular; los
redactores del _Cronicn de Valladolid_[541], que dan noticia de las
cosas ms insignificantes de la ciudad, no creyeron que la muerte del
insigne genovs mereca la pena de escribir unas cuantas lneas; el
historiador valisoletano Antolnez de Burgos, que naci en el ltimo
tercio del siglo XVI y muri a mediados del XVII, se content con
decir que acab el Almirante sus das en Valladolid en mayo de 1506,
y D. Manuel Canesi, hijo de una de las familias principales de dicha
poblacin, en su _Historia de Valladolid_, en seis tomos[542] escribe
que muri el ao 1506, a 26 de mayo (algunos dicen a 6). Ignoraba,
pues, Canesi, que Cristbal Coln falleci el 20 del citado mayo.

       [540] Tomos XIII y LXII.

       [541] Comienza en el ao 1333 y termina en el 1539.

       [542] Esta obra, an indita, al ocurrir la muerte de D.
       Manuel en el ao de 1750, se vendi por sus herederos a los
       Sres. Estradas, de stos pas a poder de D. Diego Sierra,
       vecino de Palencia, viniendo a parar a un puesto de libros
       viejos en Madrid, donde la compr D. Fidel de Sagarminaga, de
       Bilbao. A la muerte de D. Fidel de Sagarminaga, dicha obra,
       con la rica librera de dicho seor, se don a la Diputacin
       de Vizcaya. El ttulo es el siguiente: _Historia Secular
       y Eclesistica de la muy antigua, augusta, coronada, muy
       ilustre, muy noble, rica y muy leal ciudad de Valladolid,
       dedicada a los Seores Justicia y Regimiento, compuesta por D.
       Manuel Canesi Acebedo, natural de ella y criado de su excelso
       Ayuntamiento_.

Otra prueba del poco inters que excit la muerte del Almirante, se
encuentra en la obra alemana intitulada _Pases ignotos_, que termin
Ruchhamer el 20 de septiembre de 1508, pues en ella se refiere que
Coln y su hermano Bartolom vivan todava en la corte de Espaa.

De modo que no pocos historiadores contemporneos y muchos de los que
despus, hijos de Valladolid, escribieron sucesos de ciudad tan noble,
apenas dedican unas pocas palabras de dudosa veracidad o no citan la
muerte del hijo de Gnova. Por el contrario, Galndez de Carvajal en
aquellos das, al tener noticia del fallecimiento de Coln, expresaba:
Podr la inscripcin que se le ha puesto borrarse de la piedra; pero
no de la memoria de los hombres. Estanques, cronista de Felipe el
_Hermoso_, deca: El descubrimiento de las Indias por D. Cristbal
Coln fu la cosa ms sealada que antes de sus tiempos aconteci en el
mundo..., el cual, si se hiciera en el de los griegos y romanos, cierto
es que lo ensalzaran y ponderaran en muchos volmenes e historias, como
la grandeza del caso mereca. Oviedo escriba a Carlos I lo que sigue:
Porque aunque todo lo escripto y por escribir en la tierra perezca,
en el cielo se perpetuar tan famosa historia, donde todo lo bueno
quiere Dios que sea remunerado y permanezca para su alabanza y gloria
de tan famoso varn. Los antiguos le hubieran erigido estatua de oro,
sin darse por ello exentos de gratitud. Pinel y Monroy expone dicho
particular en estos trminos: Fu, sin duda, la dificultosa empresa
de D. Cristbal la de mayor admiracin que pudo caber en nimo mortal,
y que jams imagin ni concibi la esperanza de los siglos; y pudo con
razn decirse que despus de la creacin del mundo y la redencin del
gnero humano, no resaltar en las letras sagradas ni profanas otra
obra de mayor grandeza.

En la ciudad de Roma, Huberto Foglieta, historiador de las grandezas
de la Liguria, manifest su indignacin contra _el vergonzoso silencio
e increible ceguedad de su patria_ (Gnova), que decretaba estatuas a
ciudadanos de escaso mrito y no eriga ninguna al nico de sus hijos
cuya gloria no tena igual[543]. La repblica de Gnova, participando
de la general indiferencia, no pens, hasta el ao 1577 en consagrarle
un trozo de aquel mrmol de que tan prdigos son sus palacios[544].

       [543] _Clarorum ligurum elogia_, pg. XXXVI.--Roma, 1577.

       [544] Roselly de Lorgues, _Hist. de Coln_, Introd. de Fr. R.
       B. tom. I, pg. 16.

Ofrece cierta curiosidad la firma del Almirante, la cual es como sigue:

                                  .S.
                               .S. A .S.
                                 X M Y
                              Xpo FERENS

El significado es el siguiente: _Servus, Supplex Altissimi Salvatoris.
Jess, Mara, Joseph. Christo Ferens_. Traducido al romance, ser:
_Siervo humilde del Altsimo Salvador. Jess, Mara, Jos. El que lleva
a Cristo_ (esto es, _Christophorus_, Cristbal). En la firma, como
en otras cosas, se ve con toda claridad la influencia de la religin
cristiana sobre el alma creyente de Coln. Dice el P. Las Casas en su
obra (lib. I, cap. 102) lo siguiente: Siendo el Almirante muy devoto
de San Francisco, prefiri tambin el color gris parduzco del hbito de
su Orden; y le vimos en Sevilla llevar un traje que era poco menos que
idntico al hbito de los frailes franciscanos. Del mismo Almirante
son las palabras que a continuacin copiamos: Para la realizacin
del viaje a la India de nada me han servido los razonamientos, ni las
matemticas, ni los mapamundis. Se cumpli sencillamente lo que predijo
el profeta Isaas[545].

       [545] Vase Navarrete, II, 229 y siguientes.

Consideremos ahora dos asuntos de relativa importancia: la casa en que
muri Cristbal Coln y el lugar donde han descansado los restos del
Almirante[546].

       [546] Sobre el particular publicamos un artculo en la
       _Revista de Espaa_, nm. 566, correspondiente al 30 de
       Octubre de 1892, que despus se reprodujo en la _Revista
       Contempornea_, nmero 628, del 15 de agosto de 1902, y ahora
       lo trasladamos en parte a este lugar.

En qu casa muri el insigne descubridor del Nuevo Mundo? Don Matas
Sangrador fu el primero que escribi: Coln muri en la casa nmero
2[547] de la calle Ancha de la Magdalena, que siempre han posedo como
de mayorazgo los que llevan este ilustre apellido[548]. A pesar de la
afirmacin tan terminante del laborioso escritor valisoletano, cuando,
en el ao 1865, se quiso tributar un testimonio de respeto a la memoria
de Coln, los resultados no correspondieron a las investigaciones que
se realizaron, segn se muestra por el documento que copiamos:

 _Antecedentes relativos a la casa que en la calle de la Magdalena de
         la ciudad de Valladolid posee el Sr. D. Diego Coln._

  Los Sres. Licenciados D. Hernando Arias de Rivadeneira y don
  Francisco de Rivadeneira, arcediano de Palencia, por escritura que
  otorgaron con fecha en la ciudad de Valladolid y diciembre de 1551 a
  testimonio del escribano de S. M. D. Diego Alonso Tern, y en virtud
  de Real facultad, fundaron un mayorazgo titulado de Rivadeinera,
  con los bienes que compraron a Juan de Segovia y a Juana Rodrguez,
  su mujer, agregando a l la casa principal de su morada que tenan
  en la ciudad de Valladolid a la calle que decan de la Magdalena,
  lindante por un lado con corrales de la casa de Diego de Palacios
  Mudarra (hoy herederos del Sr. D. Jos Arellano); por otro, con casas
  del fundador D. Hernando, y por delante con la calle pblica, cuyo
  mayorazgo lo instituyeron en cabeza del hijo de D. Hernando, D. Diego
  de Rivadeneira y sus sucesores.

  La Sra. D. Josefa de Sierra Sarria Salcedo y Rivadeneira, sucesora
  del referido Sr. D. Diego Rivadeneira, poseedora del mayorazgo de
  este ttulo y abuela del Sr. D. Diego Coln, cas en 13 de marzo de
  1780 con el Ilmo. Sr. D. Jos Joaqun Coln de Toledo y Larreategui,
  descendiente del descubridor del Nuevo Mundo, D. Cristbal Coln.

  Por lo expuesto se demuestra que la casa sita en la calle de la
  Magdalena de la ciudad de Valladolid no perteneci al Almirante D.
  Cristbal Coln ni a sus sucesores, hasta que, por el matrimonio
  del ilustrsimo Sr. D. Jos Joaqun Coln de Toledo con la Sra.
  D. Josefa de Sierra y Sarria, recay en la familia de Coln como
  poseedora del mayorazgo de Rivadeneira.

  Muy bien pudo suceder que el Almirante D. Cristbal Coln, por
  relaciones que le uniesen con la Sra. D. Mara de Rivadeneira o
  con D. Diego Hernndez de Segovia, padres del D. Hernando Arias de
  Rivadeneira, o por otra cualquiera causa, habitase la calle de la
  Magdalena cuando en 1506 estuvo en Valladolid; pero en el archivo del
  seor D. Diego Santiago Coln de Toledo no existe ningn antecedente
  legal que justifique que la relacionada casa fuese habitada por tan
  ilustre seor.

  Cuanto queda relacionado es lo nico que puede decirse relativo a
  la procedencia de la casa de la calle de la Magdalena, y a lo que
  resulta del archivo del Sr. Coln de Toledo sobre la posibilidad de
  que fuese habitada por el Almirante D. Cristbal Coln.--Madrid 28 de
  septiembre de 1865.--P. O., _Cipriano Senz_[549].

       [547] Hoy nm. 7.

       [548] _Hist. de Valladolid_, t. I, pg. 309.

       [549] Hllase el original en el Archivo municipal. Expediente
       instrudo para tributar un testimonio de respeto a la memoria
       de Coln, Cervantes y conde Ansrez.

Sin embargo, la comisin de Valladolid, tenaz en su empeo, dispuso
colocar la siguiente inscripcin:

    Aqu muri Coln.
    Honor al genio!

Las razones en que aqulla se fundaba eran:

  Se ha dispuesto colocar esta lpida en el frente de la casa nm. 7
  de la calle de Coln, perteneciente al Sr. D. Diego Santiago Coln
  de Toledo, descendiente del ilustre genovs, descubridor del Nuevo
  Mundo, y en cuya casa hay datos para presumir que fu la en que
  falleci ste, si bien slo se halla comprobado que sus honras se
  celebraron en la iglesia de Nuestra Seora de la Antigua[550].

       [550] Archivo municipal, ao 1866.

Adems del documento procedente del archivo del Sr. D. Diego Santiago
Coln de Toledo, es evidente que la casa sealada como tal no sirvi de
ltima morada, ni en ella acab sus das Cristbal Coln, indicndolo
as su gnero de construccin, la cual debi tener lugar ya bien
entrado el siglo XVI.

Es la conocida hoy con el nombre de crcel de corona, situada en la
calle de los Templarios, nm. 6? Podemos asegurar, segn documentos
que hemos tenido a la vista, que la mencionada casa era hospital por
entonces, habindose hecho despus reconstrucciones, obras y reparos de
importancia. Era la que se hallaba casi enfrente de la conocida como
casa de Coln, quemada hace pocos aos, y edificada luego con el nm.
4? Alguno lo crey as, fundndose en que en ella se encontraron un
nivel y una regla para trazar planos, los cuales deban de pertenecer a
ltimos del siglo XV o a principios del XVI; pero dado que sea verdad
lo expuesto, nada prueba, si se tiene en cuenta que aquellos objetos
estaban en la buhardilla a la vista de todos, y a mayor abundamiento,
se har notar que en dicha casa vivi algunos aos un industrial
dedicado a la compra y venta de antigedades. En resumen, no se
encuentra ninguna luz que nos oriente en tan obscuro camino, y es de
presumir que ser una de las cosas destinadas a no saberse nunca.

Otro asunto se presenta tambin a nuestra consideracin. Llevaron
los franciscanos el cuerpo de Coln a determinada sepultura, como
cree Galndez Carvajal, o fu a parar al enterramiento general, como
sospechan otros? No negaremos que los frailes de San Francisco le
ayudaron a bien morir y celebraron sus funerales en Santa Mara la
Antigua; pero tampoco debe olvidarse que el descubridor del Nuevo
Mundo era hermano de la orden tercera. Tambin debemos tener presente
las palabras del Conde Roselly de Lorgues: Es muy cierto, dice, que
la muerte de un subgobernador, de un coronel, hace hoy ms ruido en
una provincia, que no la ocasionaba entonces en Espaa la prdida del
hombre que haba hallado un mundo[551].

       [551] _Historia de la vida y viajes de Cristbal Coln_, tomo
       II, pg 46.

Nosotros slo diremos que se tiene noticia exacta de otros
enterramientos y de sus letreros, poco importantes si se comparan con
el del ilustre navegante, y nada se dice del de Coln. En la Historia
del Convento de San Francisco, de Fray Martn de Sobremonte, obra
voluminosa, manuscrita, llena de curiosas noticias y de preciosos
datos donde las cosas ms insignificantes se detallan con exactitud
matemtica, y muy especialmente las sepulturas de personas religiosas o
no religiosas, no hay indicacin alguna sobre la de Coln. El ttulo de
la obra es el siguiente:

_Noticias chronographicas y topographicas del Real y religiosisimo
convento de los Frailes Menores Observantes de San Francisco de
Valladolid, cabeza de la Provincia de la Inmaculada Concepcion de
Nuestra Seora._

Recogidas y escritas por Fray Matthias de Sobremonte, indigno Fraile
Menor, y el menor de los moradores de el mismo convento.

                             Ao de MDCLX.

En la parte I, que llama _Chronographica_, noticia XI, pg. 55 v., se
halla un epgrafe que intitula: _De algunos religiosos cuyas cenizas
descansan en este convento_, y se lee que Fray Pedro de Santoyo est
enterrado en la capilla mayor desde el ao 1431, etc., pg. 56, y ms
adelante, que Fray Bernardino de Arebalo est en la capilla mayor,
etctera, pg. 57. En la noticia XII, _De algunas cosas dignas de
memoria que an sucedido en este convento_, pg. 61, se lee que D.
Alvaro de Luna estuvo enterrado en el convento, pg. 63.

En la parte II, que designa con el nombre de _Topographica_, y en la
noticia III, _De las capillas, altares y sepulturas_, etc., consta
que el Padre Guevara, Obispo de Mondoedo, fu enterrado en San
Francisco, pg. 20, y bajo el epgrafe _Otras sepulturas de personas
de quenta_, pgina 32, se dan detalles de enterramientos que llaman la
atencin por lo minuciosos. Ni una palabra acerca de la sepultura de
Cristbal Coln!

De modo que el P. Sobremonte no ignoraba las sepulturas de los frailes
Santoyo, Arebalo y del cronista P. Guevara, de D. Alvaro de Luna, de
D. Mara de Mendoza, de D. Leonor de los Leones y de muchos ms:
puede admitirse que olvidase la de Coln?

Don Rafael Floranes, que escribi en el siglo XVIII, y cuyos preciosos
manuscritos se hallan en la Biblioteca Nacional, tampoco nombra la
del descubridor del Nuevo Mundo. Entre las obras del insigne escritor
valisoletano, citaremos _Inscripciones de Valladolid_,(un tomo)[552],
y _Apuntes para la Historia de Valladolid_ (cinco tomos). Trata en
la primera de las inscripciones que se pusieron en las capillas de
las iglesias y conventos, habindonos fijado especialmente en las
capillas de la _Orden Tercera de San Francisco_. El ttulo de la
segunda es _Apuntes para la Historia de Valladolid_[553]. Datos muy
curiosos se encuentran en el primer tomo[554], varias noticias y
algunos enterramientos en el segundo [555], y del tercero[556] lo que
copiamos a continuacin: _Noticias del convento de San Francisco de
Valladolid conducentes a la Historia de esta ciudad_. Entre los varios
epitafios hay el siguiente: Aqu yace el bienaventurado Padre Fray
Pedro Santoyo, Autor de la Regular Observancia en Espaa y Fundador
de esta Santa Provincia de la Concepcin: muri en este convento con
opinin de santidad y milagros, ao de 1431 a 7 de abril; veinte
aos despus le trasladaron junto al altar mayor, en un sepulcro de
piedra; y en el ao de 1629 a 4 de mayo le trasladaron a este lugar
con licencia del Ordinario. Ms adelante leemos: _Noticias sacadas
del Libro de la Sacrista de San Francisco, titulado el Libro de las
sepulturas y capillas deste convento de San Francisco en Valladolid_.
Tambin, aunque ligeramente, hemos registrado los tomos cuarto[557]
y quinto[558]. Don Rafael Floranes, como el P. Sobremonte, son
diligentsimos escritores y de indiscutible autoridad en el asunto de
que se trata.

       [552] _Departamento de manuscritos_, Mss. 11.246.

       [553] _Departamento de manuscritos._

       [554] Mss. 11.281.

       [555] Mss. 11.282.

       [556] Mss. 11.283.

       [557] Mss. 11.284.

       [558] Mss. 11.285.

Dado como cierto que los restos de Coln se colocaron en determinada
sepultura, cundo se trasladaron desde las bvedas del convento de San
Francisco a la Cartuja de Santa Mara de las Cuevas? Solamente se sabe
que el 8 de septiembre de 1523, el cuerpo de Cristbal Coln, segn
el testimonio de su hijo Diego, estaba depositado en el monasterio
de Sevilla. De modo que en el perodo de diez y siete aos, o sea,
desde el 20 de mayo de 1506 hasta el 8 de septiembre de 1523, se puede
asegurar que se verific la primera traslacin. Prescott dice que dicha
traslacin se hizo seis aos despus de la muerte del Almirante[559];
pero no advirti que Galndez Carvajal escribi sus _Adiciones
genealgicas_ en 1517, despus del mes de octubre, y de ellas se
desprende que todava se encontraban los restos en San Francisco.

       [559] Ob. cit., tomo VII, pg. 120.

Cundo fueron trasladados por segunda vez desde el Monasterio de las
Cuevas a la Iglesia Catedral de Santo Domingo? Crese que en el ao
1536[560]; se dice que la inhumacin en la capilla mayor de la Catedral
se verific en 1540, y se ignora si tuvo o no tuvo lpida su tumba.

       [560] As opin tambin Prescott. Ibidem.

Por el tratado de Basilea del 22 de julio de 1795, la isla de Santo
Domingo pas a formar parte de la repblica francesa, y los huesos
del Almirante, exhumados el 20 de diciembre, se transportaron por don
Gabriel de Aristizbal, Teniente General de la Armada, a la capital
de Cuba, conducidos a la Catedral y depositados en un nicho que se
abri en el presbiterio al lado del Evangelio. En la Habana estaban el
15 de enero de 1796. Se duda por algunos escritores dominicanos que
los restos de Cristbal Coln fuesen los mismos que se llevaron a la
Habana, y afirman que eran los de su hermano Bartolom o de su hijo
Diego, y D. Fr. Roque Cocchia, Obispo de Orope, asegura, con sobrada
ligereza, que el 10 de septiembre de 1877, encontr en la Catedral de
Santo Domingo los _verdaderos restos_ de Cristbal Coln.

Ignrase, pues, la poca en que fueron trasladados los restos de Coln
desde Valladolid a Sevilla y desde Sevilla a Santo Domingo, y el Obispo
citado, no solamente duda, sino cree que aqullos todava descansan en
la Catedral dominicana.

Hasta el 1899 estuvieron en la Habana, trasladndose en dicha fecha
a Sevilla. Colocse el pedestal en 1902, en la nave sur del templo,
delante de la puerta de San Cristbal. En el centro del pedestal
se destacan las armas _chicas_ de Sevilla que consisten en la
figura[ilustracin][561] entre las siguientes inscripciones: Sevilla,
1891[562] y 1902[563]. Gtica inscripcin ocupa todo el permetro:
Cuando la Isla de Cuba--dice--se emancip de la madre Espaa, Sevilla
obtuvo el depsito de los restos de Coln y su Ayuntamiento erigi este
pedestal. Encima del pedestal se admiran, en buen tamao, los reyes
de armas o heraldos de los cuatro reinos de Castilla, Len, Aragn y
Navarra, colocados uno en cada ngulo y sosteniendo sobre sus hombros
el sarcfago. En la cara inferior del sarcfago, en letras gticas y
doradas, hay un letrero que dice: Aqu yacen los restos de Cristbal
Coln. Desde 1796 los guard la Habana y este sepulcro por Real orden
de 26 de febrero de 1891.

       [561] Alfonso X _el Sabio_ concedi dichas armas _chicas_ en
       1283 a Sevilla, por haberse mantenido leal cuando casi todo el
       reino se haba alzado en contra suya. Significan: _No madeja
       do_.

       [562] Por Real orden del 26 de febrero de 1891 (_Gaceta_ del
       27) se dispuso la ereccin de un monumento en la Catedral de
       la Habana para sepulcro de Coln. En el mismo ao y mediante
       informe de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, se
       concedi el premio al proyecto de D. Arturo Mlida. Hzose
       el pedestal de piedra mrmol y figuraba un templo o pirmide
       azteca. Cuando Cuba logr su independencia, al mismo tiempo
       que las cenizas del Almirante, se quiso trasladar el monumento
       a Espaa. Como esto ltimo era muy difcil, dado el mucho
       peso del pedestal, se hizo otro ms modesto y con diferente
       carcter, tambin bajo la direccin del Sr. Mlida, para
       colocarlo en la Catedral de Sevilla.

       [563] Esta es la fecha en que se verific en la ciudad
       andaluza la inauguracin del artstico pedestal o histrico
       monumento.

En el pao fnebre se lee:

      _A Castilla y a Aragn_
    _Nuevo Mando di Coln._

Dice el cronista Herrera que era Coln ferviente religioso.
Acostumbraba a decir: _En el nombre de la Santsima Trinidad_. Cuando
escriba alguna carta o algn otro documento, pona en la cabeza:
_Jesus, Cruz, Mara sit nobis en via_. Su juramento consista algunas
veces en estas palabras: _Juro a San Fernando_. Si cuando escriba
cartas, especialmente a los reyes, quera afirmar alguna cosa, sus
palabras eran: _Hago juramento que es verdad esto_. Observaba los
preceptos de la iglesia respecto al ayuno, confesaba y comulgaba muchas
veces, rezaba todas las horas cannicas, era simplicsimo de blasfemias
y juramentos, devotsimo de Nuestra Seora y del Bienaventurado San
Francisco; pareci ser muy agradecido a Dios por los beneficios
recibidos; por lo cual, casi por proverbio, cada hora traa, que le
haba hecho Dios grandes mercedes, como a David. Cuando le llevaban
algn oro o cosas preciosas, en su Oratorio, de rodillas, daba gracias
a Dios porque de descubrir tantos bienes le haca digno; era muy celoso
de la honra de Dios y muy deseoso de la conversin de los indios, y
que por todas partes se sembrase y ampliase la fe de Jesucristo, y
singularmente aficionado y devoto de que Dios le hiciese digno de
que pudiese ayudar en algo para ganar el Santo Sepulcro, y con esta
devocin, y la confianza que tuvo de que Dios le haba de guiar en el
descubrimiento de este Orbe que prometa, suplic a la Serensima Reina
Doa Isabel que hiciese voto de gastar todas las riquezas que por su
descubrimiento para los Reyes resultase, en ganar la tierra y Casa
Santa de Jerusaln. Fu varn de grande nimo, esforzado y de altos
pensamientos: inclinado particularmente a lo que se puede colegir de
su vida, hechos, escrituras y conversacin, a acometer hechos egregios
y sealados; paciente y muy sufrido, perdonador de las injurias, y que
no quera otra cosa, segn de l se cuenta, sino que conociesen los
que le ofendan sus errores y se le reconociesen los delincuentes;
constantsimo y adornado de longanimidad en los trabajos y adversidades
que le ocurrieron siempre, teniendo gran confianza de la Providencia
Divina, y entraable fidelidad y grandsima devocin siempre a los
Reyes, y en especial a la Reina Catlica; y si l alcanzara el tiempo
de los antiguos, por la admirable empresa de haber descubierto el Nuevo
Mundo, adems de los templos y estatuas que le hicieran, le dedicaran
alguna Estrella en los Signos Celestes, como a Hrcules y a Baco; y
nuestra Edad se puede tener por dichosa por haber alcanzado tan famoso
varn, cuyos loores sern celebrados por infinitos siglos[564].

       [564] _Dcada_ 1., lib. VI, cap. XV, pg. 168.

Por ltimo, veamos el retrato que, bajo el punto de vista moral, hace
el cronista Herrera del Almirante. Sola decir cuando reprehenda o
se enojaba con alguno: _Do vos a Dios, no os parece esto y esto?_ o
_por qu hicistes esto y esto?_ Supo mucha astrologa y muy perito en
la navegacin; supo latn e hizo versos. En las cosas de la religin
cristiana fu muy catlico y de mucha devocin.

Creemos de inestimable valor el juicio que acerca de Coln tuvieron
Doa Isabel y Don Fernando. Despus del descubrimiento del Nuevo
Mundo, los Reyes Catlicos escribieron a Coln lo siguiente: Una de
las principales cosas porque esto nos ha placido tanto es por ser
inventada, principiada  habida por vuestra mano, trabajo  industria.
Y cuanto ms en esto platicamos y vemos, conocemos cun gran cosa ha
seido este negocio vuestro, y que habis sabido en ello ms que nunca
se pens que pudiera saber ninguno de los nacidos.

Y Bolvar, el gran Bolvar, deca lo siguiente a sus amigos: El plan
en s mismo (la fundacin de la Repblica de Colombia) es grande y
magnfico; pero adems de su utilidad deseo verlo realizado, porque
nos da la oportunidad de remediar en parte la injusticia que se ha
hecha a un grande hombre, a quien de ese modo erigiremos un monumento
que justifique nuestra gratitud. Llamando a nuestra Repblica Colombia
y denominando su capital Las Casas, probaremos al mundo que no slo
tenemos derecho a ser libres, sino a ser considerados bastantemente
justos para saber honrar a los amigos y a los bienhechores de la
humanidad: Coln y Las Casas pertenecen a la Amrica. Honrmonos
perpetuando sus glorias[565].

       [565] O'Leary, _Bolvar y la emancipacin de Sud-Amrica_,
       tomo II, pg. 22.

Entre los escritores modernos que con ms injusticia han escrito contra
Coln se hallan Aarn Goodrich y Mara A. Brown, ambos americanos. De
Goodrich son las siguientes afirmaciones: Dice que en las galeras del
pirata Colombo el _Mozo_ (cuyo verdadero nombre era Nicolo Griego)
se hallaba y tom parte en el combate que en las costas de Portugal
se di contra la flota de Venecia, un tal Giovanni o Zorzi, pariente
del citado jefe, que tambin usaba el sobrenombre de Colombo, el cual
era terrible corsario, que haba pasado toda su vida, ya robando en
los mares, ya comerciando con carne humana en las costas de Guinea.
Tomando el nombre de Coln, se cas en Portugal con Felipa Moriz de
Mello. Escribe tambin que domiciliado Coln en la isla de la Madera,
se apoder de los documentos y mapas de Alonso Snchez de Huelva. Aade
Goodrich que el rey de Portugal le rechaz por la desmedida codicia de
las proposiciones presentadas; pero l, apelando a la hipocresa y a la
ms baja adulacin, se hizo oir en Espaa.

La seora Brown, deseosa de llamar la atencin del pblico indocto,
comienza diciendo que no hay ningn cristiano que tenga buenas
cualidades y que a esa religin se deben todos los males de Amrica.
Coln fu el que llev el cristianismo al Nuevo Mundo; de modo, que l
y solo l es el responsable de los citados males. Llama al Almirante
infame, aventurero, usurpador, pirata, traficante de carne humana,
y otras cosas semejantes. La religin cristiana--y estas son sus
palabras--debe ser abolida, todo sacerdote expulsado, y el nombre de
Cristo maldito como enemigo del gnero humano.

Consideremos, por el contrario, a los panegiristas del hijo de
Gnova. Entre ellos se encuentra el Sr. Peragallo y el abate Martn
Casanova de Pioggiola, mereciendo entre todos el primer lugar, por sus
exagerados encomios, por su cultura y aun por la elegancia del estilo,
el conde Roselly de Lorgues. Digamos con toda franqueza--tales son
sus palabras--lo que pensamos acerca de Coln. Ese hombre no tuvo
ningn defecto ni ninguna cualidad del mundo. Tenemos fundados motivos
para considerarle como a Santo[566]. Acabamos de ver--dice ms
adelante--un hombre de virtud perpetua, de entera pureza de corazn,
cuya grandeza moral excede a los tipos ms clebres de la antigedad,
y no es inferior, por cierto, a las ms notables figuras de los hroes
formados por el Evangelio[567]. Por ltimo, el devoto panegirista del
Almirante, escribe tambin: El contemplador de la Naturaleza, heraldo
de la Cruz, libertador en esperanza del Santo Sepulcro, lleva en todos
sus hbitos la seal de su apostolado. El embajador de Dios a las
naciones desconocidas se distingue, entre todos los hombres, por el
caracter de su misin augusta[568].

       [566] _Cristbal Coln_, tomo II, pg. 80.

       [567] Pg. 83.

       [568] Pg. 97.

Prescindiendo de los juicios, lo mismo de los enemigos que de los
amigos de Coln, no haciendo caso de censuras ni de aplausos que ante
el severo tribunal de la Historia carecen de valor alguno registraremos
los nombres de aquellos escritores que ms se han distinguido por su
competencia e imparcialidad. Lo que ms caracteriza a Coln--dice A.
de Humboldt--es la penetracin y extraordinaria sagacidad con que se
haca cargo de los fenmenos del mundo exterior, y tan notable es como
observador de la naturaleza que como intrpido navegante. Al llegar a
un mundo nuevo y bajo un nuevo cielo, nada se oculta a su sagacidad,
ni la configuracin de las tierras, ni el aspecto de la vegetacin, ni
las costumbres de los animales, ni la distribucin del calor segn la
influencia de la longitud, ni las corrientes, ni las variaciones del
magnetismo terrestre... Y no se limita a la observacin de los hechos
aislados, que tambin los combina y busca su mutua relacin, elevndose
algunas veces atrevidamente al descubrimiento de las leyes generales
que reaccionan el mundo fsico. Esta tendencia a generalizar los hechos
observados, es tanto ms digna de atencin cuanto que, antes del fin
del siglo XV, y aun me atrevera a decir que casi antes del Padre
Acosta, no encontramos otro intento de generalizacin[569].

       [569] _Cristbal Coln y el descubrimiento de Amrica_, tomo
       II, pgs. 15 y 18. Tr.

Hermosa es la pintura que hace de Coln el primero de nuestros
oradores. Hombre maravilloso--dice Castelar--en quien se unen accin
y pensamiento, fantasa y clculo, el espritu generalizador de los
filsofos y el espritu prctico de los mercaderes; verdadero marino
por sus atrevimientos y casi un religioso por sus deliquios; poeta
y matemtico, el tiempo y el espacio en que nace y crece nos dan
facilidades grandsimas de conocerlo y apreciarlo[570]. Ms adelante,
aade: Coln, profeta y mercader, vidente y calculador, cruzado y
matemtico; especie de Isaas en sus adivinaciones y de banquero en
sus clculos; con el pensamiento a un tiempo en la religin y en su
negocio; sublime orculo, de cuyo libro brotan profecas a borbotones
y psimo administrador que arbitra irregulares medidas; proponiendo
la reconquista del Santo Sepulcro por un esfuerzo de su voluntad
piadosa, y el reencuentro con las minas de Golconda por camino ms
corto que los conocidos a la India; siempre suspenso entre las
idealidades y las contarias; capaz de crear un mundo con la fuerza de
su visin intelectual, para luego destruirlo con los expedientes de su
imprevisin y de su desgobierno; con ojos de telescopio que le permiten
hasta llegar a lo infinitamente grande y con ojos de microscopio para
conocer y analizar lo infinitamente pequeo; matemtico y revelador,
telogo y naturalista, mstico y astrnomo, se aparece tan mltiple y
vario, que apenas cabe dentro de nuestras lgicas encadenadas series y
en nuestros bien regulados y proporcionadsimos sistemas[571].

       [570] Tomo I, pg. 73 (2. edicin).

       [571] Ibidem, pgs. 114 y 115.

Si su condicin de extranjero perjudic al Almirante, tambin fu
motivo para que muchos no le estimasen, el carcter un tanto agrio de
sus hermanos y de sus hijos. La envidia y aun la calumnia se cebaron
en aqul, que ayer era pobre y loco, y hoy se igualaba a la primera
nobleza de Espaa.

Posible es que Coln desconociese el arte de gobernar y a veces se
mostrara envidioso y altivo. No olvidemos las palabras de Vctor Hugo:
Los hombres de genio--dice--tienen, sin duda, originalidad exuberante,
tienen defectos. No importa. Es necesario tomar a esos hombres como
son, con sus defectos, sopena de hacerles perder al mismo tiempo sus
cualidades... Se ha dicho que era codicioso; pero no se olvide que
fama de codiciosos tenan en aquellos tiempos y tuvieron despus los
hijos de Gnova, como al presente tienen los judos en las naciones
de Europa y los chinos en las de Amrica. Los religiosos de San
Francisco escriban al cardenal Jimnez de Cisneros lo siguiente: Que
V. S. trabaje con sus Altezas, como no consientan venir a esta tierra
ginoveses, porque la robarn e destruirn. Y Quevedo hablando del
dinero, escribe los versos que copiamos:

      Nace en las Indias honrado
    donde el mundo le acompaa,
    viene a morir en Espaa
    y es en Gnova enterrado.

No es Coln un codicioso vulgar ni se le puede censurar por su ansia
inmoderada de lucro. Deseaba mostrar a sus reyes, a Espaa y al mundo
toda la importancia de las tierras que iba descubriendo, importancia
que se manifestaba por las riquezas que descubriera. Si venecianos y
genoveses queran llegar directamente a la India por el mar Rojo, y si
los portugueses deseaban hacer directamente la navegacin doblando el
Cabo de las Tormentas, era porque les corra prisa traer de aquella
regin los perfumes, las especias, el oro y las piedras preciosas.
Otra idea bulla en la mente de Coln: pensaba dedicar las grandes
riquezas que acumulara a conquistar la Palestina y librar el sepulcro
de Cristo del poder de los infieles. Muchas veces expuso en sus cartas
el mismo pensamiento y hasta hubo de apoyarse en predicciones que
aseguraban que de Espaa haba de salir quien llevase a feliz trmino
la empresa. Hasta tal punto ofuscaba la fantasa el espritu vigoroso
de Coln. Por lo que hace a la crueldad es preciso recordar el tiempo
en que vivi y los hechos que hubo de realizar. No lleg a la severidad
excesiva de Hernn Corts y de Francisco Pizarro, ni a la crueldad de
Vasco de Gama, ni de Alfonso de Alburquerque. Tuvo el Almirante que
imponerse, ya a gente aventurera e indcil, ya a indgenas salvajes.
Es cierto que Fray Bartolom de las Casas, el protector de los indios,
estuvo dotado de santo celo y de caridad sin lmites; pero no se olvide
que para aliviar a aqullos, propuso emplear esclavos negros en los
trabajos del campo y de minera. Cmo si los negros no fuesen hijos de
Dios igualmente que los americanos y los blancos! Ingleses, flamencos
y genoveses tomaron el asiento o contrato de la trada de negros; de
modo que aqullos, lo mismo que los espaoles, introdujeron en Amrica
trfico tan vergonzoso.

Aunque todos los defectos que han achacado a Coln fuesen ciertos,
qu importa eso--como dice el marqus de Hoyos--para la alta misin
y el incomparable mrito del gran Coln? Qu consecuencias han traido
al mundo sus defectos? Qu resultados, en cambio, para la cultura,
para la civilizacin, para el progreso de la humanidad han traido sus
excepcionales dotes, su inteligencia, su voluntad y su genio?[572].

       [572] _Conferencia leda en el Ateneo de Madrid el 24 de marzo
       de 1891_, pgs. 38 y 39.

Averiguar al cabo de cuatrocientos aos que Coln fu un hombre, me
parece descubrimiento un tanto inferior al del Nuevo Mundo. Estamos
conformes con las citadas palabras del notable crtico Federico Balart,
palabras dirigidas a D. Luis Vidart, acadmico de la Historia y
apasionado censor de Cristbal Coln.

Por nuestra parte solamente se nos ocurre decir: Qu hombre tan
extraordinario! Tuvo sus errores, es cierto; mas esto nada importa para
su gloria. No negaremos que la idea que Coln tena de la tierra era
la misma que haban expresado los cosmgrafos griegos y romanos, sin
otra diferencia que la de empequeecer sus dimensiones. Calculaba la
anchura del Atlntico, entre las costas occidentales de Europa y las
orientales de Asia, en 1.100 leguas prximamente. El mundo no es tan
grande como dice el vulgo--escribe el Almirante a los Reyes Catlicos
en carta fechada en Jamaica el 7 de julio de 1503--y un grado de la
equinoccial est 56 millas y dos tercios; pero sto se tocar con el
dedo. Crea tambin como griegos y romanos que el hemisferio inferior
estaba a trechos cubierto de tierras de igual modo que lo estaba el
superior, admitiendo por tanto la existencia de muchas islas en el
Atlntico. Fijo Coln en su idea de la pequeez de la tierra, pensaba
que, yendo con rumbo del Oeste, por el paralelo de las Canarias, en
cinco semanas de navegacin andara las mil y tantas leguas para la
India, o para Cipango de Marco Polo (el Japn); pero la distancia era
doble, y, en vez del Cipango asitico, se encontr con las Antillas
de la Amrica Central. Entre lo que supona haber hallado y lo que en
realidad encontraba, exista otro mundo. Tambin los portugueses se
lanzaron al mar en busca del Preste Juan, y en vez del Preste Juan, que
era un personaje fantstico, llegaron a la India.

No negaremos que ni en el _Diario de navegacin_ del primer viaje,
ni en las cartas que escribi a su regreso, aparecen ideas propias,
pensamientos luminosos o nuevos proyectos. De los navegantes de la
Guinea, de la Madera, de las Canarias y de las Azores slo pudo
saber que existan islas prximas en direccin al Oeste; mas esto
le interesaba poco. La nica utilidad que le reportaba la noticia
consista en saber que a ambos lados del camino se encontraban tierras
en que pudiera hacer escala y acogerse en caso de necesidad. Coln se
propona, y esta era su idea capital, como consta en su _Diario_, ir
directamente a Cipango y al Cathay. Aunque crea que a una banda y
a otra se hallaban islas, no se para a buscarlas, y sigue adelante.
Cuando encuentra tierra a la distancia que en la carta de Toscanelli
se marcaba el Cipango, dice que se halla en dicha esplndida regin y
que no lejos se encontraba el Cathay. En varias cartas escritas por
el Almirante despus del primer viaje, se prueba que segua al pie
de la letra el proyecto de Toscanelli; donde se muestra esto con toda
claridad es en el extracto que fray Bartolom de las Casas hizo del
Diario de a bordo y en los comentarios que hubo de poner al curioso
Diario dicho obispo al confrontarlo con la carta de Toscanelli a
Martins[573].

       [573] Vase Altolaguirre, _Cristbal Coln_ y _Pablo del Pozzo
       Toscanelli_, pgs. 379 y siguientes.

Si damos como cosa cierta y averiguada que los escandinavos desde
el ao 874 conocieron la Islandia, territorio que fu colonizado
por familias poderosas del Norte; si se halla probado que Erico el
Rojo, arrojado de Islandia, abord el ao 986 a Groenlandia, tierra
ya perteneciente a Amrica; si no cabe duda alguna que durante los
siglos XI, XII, XIII y XIV los escandinavos recorrieron el norte del
Nuevo Mundo; si Alonso Snchez, de Huelva, residente en la isla de la
Madera, dej a Coln, antes de morir, los diarios, derroteros, carta
y dems documentos de un viaje hecho por l a la Isla Espaola; si
Bartolom Muz, suegro de Coln, distinguido navegante del tiempo de
D. Enrique de Portugal, colonizador y gobernador de la isla de Porto
Santo, dej, a su muerte, mapas, diarios y apuntes de mucho valor; y
si Pedro Correa, tambin notable navegante, departiendo en dicha isla
de Porto Santo con su cuado Cristbal Coln, le manifest cuanto se
deca relativo a la existencia de tierras en el Atlntico, todo esto ni
disminuye ni aumenta el mrito del descubridor del Nuevo Mundo.

Que el hijo de Gnova no tuvo noticia exacta de las expediciones de
los escandinavos, se prueba considerando que dirigi sus naves, no
por el Noroeste, sino por el Occidente. Que Snchez de Huelva y otros
no influyeron en su manera de pensar, se prueba con recordar que
Coln siempre dijo que iba a descubrir nuevo camino a la India, no a
descubrir Nuevo Continente.

El mrito de Coln consiste, no slo en haber encontrado la Amrica,
cosa que no buscaba, sino en haber partido de una hiptesis cientfica,
de la redondez de la tierra, para lanzarse a travs del Ocano,
en el _mar tenebroso_, con nimo de llegar al extremo Oriente. Al
propio tiempo debemos notar que emprendi el viaje, ya con el objeto
de ensanchar el conocimiento geogrfico del Mundo, ya--y esto es lo
principal--con el deliberado propsito de colonizar y conquistar las
tierras que encontrase. De modo que fu descubridor, colonizador y
conquistador del Nuevo Mundo.

El escritor contemporneo norteamericano Charles F. Lummis ha dicho muy
acertadamente lo que sigue: A pesar de que, mucho antes que Coln,
varios navegantes vagabundos de media docena de distintas razas haban
ya llegado al Nuevo Mundo, lo cierto es que no dejaron huellas en
Amrica ni aportaron provecho alguno a la civilizacin...[574]. En
efecto, las expediciones de los escandinavos fueron infructuosas; los
viajes de Coln cambiaron completamente la faz de la tierra.

       [574] _Los exploradores espaolea del siglo XVI en Amrica_,
       pg. 65. Tr.

Bendecido por la iglesia catlica, que ha tratado de santificarle en
estos ltimos aos; glorificado por todos los pueblos del Antiguo y del
Nuevo Mundo, inmortalizado por la Historia, saludado por los poetas
y enaltecido por los escultores y pintores, su nombre ser siempre
orgullo de Espaa. Si algunas sombras empaan su retrato, siempre ser
Coln la figura ms extraordinaria de su siglo, de aqul siglo en que
tanto abundaban los hombres superiores y de mrito indiscutible.

En suma: para que no se nos diga que somos ciegos defensores de
Coln, tentados estamos para terminar su retrato reconociendo, no
sus bellezas, sino sus fealdades, no la sublimidad del genio, sino
las pequeeces del hombre vulgar. Envidioso, agrio de carcter,
poco carioso con su primera mujer la portuguesa Felipa, amistado
ilegtimamente con la andaluza Beatriz, comerciante a la manera juda,
soador hasta el punto que le dominaba la idea de recuperar el Santo
Sepulcro, ms encariado con las riquezas que con la gloria, dominado
por la idea de ir a las Indias y sin presentir jams la existencia de
otro mundo, mediano gobernante, severo con los espaoles que servan
a sus rdenes y autoritario con los indgenas; todo esto y algo ms
que pudiera decirse del insigne genovs, no tiene valor alguno. Con
aquellas o sin aquellas cualidades, dej Cristbal Coln de descubrir
el Nuevo Mundo a las dos de la madrugada, poco ms o menos, del viernes
12 de Octubre de 1492?

Al lado de Coln colocaremos a Isabel la Catlica y a Martn Alonso
Pinzn. Coln--dice Sales y Ferr--puso la idea, Isabel puso
los medios y Pinzn puso la resolucin. Coln--aade el citado
historiador--representa la inteligencia, Isabel el sentimiento, Pinzn
la voluntad: los tres elementos indispensables en toda accin para que
llegue a cumplido efecto[575]. Desde la intervencin de los Pinzones
en el descubrimiento--escribe Ibarra y Rodrguez, docto catedrtico
de la Universidad Central--van desapareciendo y vencindose todos los
inconvenientes[576].

       [575] _El Descubrimiento de Amrica_, pg. 213.

       [576] _Don Fernando el Catlico y el Descubrimiento de
       Amrica_, pg. 183.

Debajo de las tres citadas figuras se colocan varios personajes en
primero y segundo trmino. En primer trmino, Fr. Juan Prez, Fray
Antonio de Marchena y Fr. Diego de Deza, Alonso de Quintanilla, el
cardenal Mendoza y el duque de Medinaceli; tambin el Rey Catlico
y los aragoneses Juan Cabrero, Gabriel Snchez[577], Luis de
Santngel[578], Juan de Coloma y Alonso de la Caballera. En segundo
lugar Garca Fernndez, mdico que resida en Palos, muy aficionado a
los estudios cosmogrficos y algo astrlogo, el cual, en el solitario
convento de la Rbida, di no pocas veces aliento al nimo decado de
Coln y de Juan Prez; tambin la marquesa de Moya, Doa Beatriz de
Bobadilla, Doa Juana Velzquez de la Torre, Gutirre de Crdenas, el
Dr. Chanca y el P. Gorricio.

       [577] Al tesorero Gabriel Snchez debi quedar Coln sumamente
       obligado, por cuanto al regreso de su primer viaje, antes que
       a los reyes o al mismo tiempo al menos, escribi interesante
       carta.

       [578] Luis de Santngel crea conveniente emprender
       aquella aventura para servicio de Dios, triunfo de la fe,
       engrandecimiento de la patria y gloria del Estado Real de Don
       Fernando y de Doa Isabel.

Injusticia--y no pequea--sera olvidar el nombre de Beatriz Enrquez
de Arana. Una mujer encantadora llamada Beatriz inspir al Dante la
_Divina Comedia_, y otra mujer, que tena el mismo nombre que la amada
del gran poeta, de noble alcurnia y bella segn unos, de las clases
inferiores de la sociedad y fea segn otros, le hizo caso cuando todos
le abandonaban y le tom por cuerdo cuando todos le tenan por loco.
Si grande era la fe de Coln en hallar nuevo camino para las Indias,
era ms grande el amor que profesaba a la joven que conoci durante
su primera estancia en Crdoba y de la cual tuvo a su hijo Fernando.
El amor a la cordobesa y a su hijo mantuvieron a Coln cada vez ms
firme en su idea y en sus esperanzas, a pesar de tantos desengaos y
amarguras. Estos amores influyeron seguramente para que el genovs
no saliese de Espaa. Que siempre estuvo en buenas relaciones con la
familia de su dulce amiga, se prueba considerando que en su primer
viaje le acompa Diego de Arana, primo de Beatriz, que fu muerto
a manos de los indios en el fuerte de Navidad (isla Espaola), en
tanto que el Almirante volva a Espaa; y en su tercer viaje llev en
su compaa a Pedro de Arana, hermano de su citada amiga. Si--como
creemos--la madre de Fernando, con sus consejos y cuidados, logr
reponer las fuerzas quebrantadas del soador extranjero, no sin
animarle a permanecer en Espaa y hacer ms llevadera su pobreza
vendiendo libros de estampa o haciendo cartas de marear; si el amor
ha obrado todos estos milagros, permtasenos grabar en las inmortales
pginas de la historia y en sitio preferente, el nombre de la cordobesa
Beatriz Enrquez de Arana.

Vamos a terminar este captulo con los siguientes versos de un poeta
mexicano, Justo Sierra y de dos poetas espaoles, el duque de Rivas y
el cantor de las Ermitas.

_Coln_ (fragmentos de un poema dramtico de Sierra):

    ...........................................
    Quin es? Qu afn le guia?
    Qu busca ose hombre en los perfiles rojos
    Del remoto Occidente?
    Por qu ese eterno pliegue en esa frente?
    Por qu esa eterna llama en esos ojos?
    Un visionario! Ah, si! Cuando ha dejado
    La sombra, un horizonte; cuando avanza
    Del corazn en lo infinito un a hora,
    Rayo de luz que basta a la esperanza
    Para encender en el zafir su aurora;
    Cuando aparece un astro en el Oriente
    Mostrando al hombre en el dolor su ruta;
    Cuando bebe un anciano la cicuta;
    Cuando el sol de los libres centellea;
    Y un profeta agoniza en el Calvario,
    Es que la augusta antorcha de una idea
    Brilla en manos de un pobre visionario!...
    ...........................................
    Para alzar de la noche un hemisferio
    Edn de amores que la mar engasta,
    Dadme un punto de apoyo, les dijiste,
    Que la palanca de la fe me basta.
    ...........................................
    Y en pie en la proa del bajel hispano
    Clamaste, con acento sobrehumano:
    En el nombre de Dios omnipotente
    En cuyo arbitrio la creacin se encierra,
    Despierta, continente!
    Y como un eco enorme y de repente
    Grit una voz en lontananza: _Tierra!_
    ...........................................
    Mrtir padre de Amrica: el futuro
    En la hora fatal de su justicia
    Te har salir de tu sepulcro obscuro;
    Un himno estallar de polo a polo,
    Y tu Amrica entonces, santo anciano,
    Har de tu corona de martirio
    El sol de tu apoteosis soberano.
      Cuando llegue ese instante,
    Poned en la balanza, grandes reyes,
    Vuestro sol sin ocaso, vuestras leyes,
    De vuestro nombre el ominoso culto,
    Vuestra justicia, que era la venganza,
    Vuestro triste perdn, que era el insulto,
    Y pon, historia humana escarnecida,
    Del otro lado de la fiel balanza
    Los grillos de Coln.--Que Dios decida

D. Angel Saavedra, en uno de sus romances, hace decir a Isabel la
Catlica, dirigindose a Coln, los versos que a continuacin copiamos:

      Lleva a ese ignorado mundo
    los castellanos pendones,
    con la santa fe de Cristo,
    con la gloria de mi nombre.
    El cielo tu rumbo gue,
    y cuando glorioso tornes,
    Oh Almirante de Castilla,
    Duque y Grande de mi Corte!
    tu hazaa bendiga el Cielo,
    tu arrojo al infierno asombre,
    tu gloria deslumbre al mundo
    y abarque tu fama el orbe.

De D. Antonio Fernndez Grilo son los siguientes versos:

      En xtasis profundo
    Bendigo de Coln la eterna gloria.
    No puede marchitarse la memoria
    De aqul que al mundo regal otro mundo.




CAPTULO XXV

  DESCUBRIMIENTOS POSTERIORES AL DEL NUEVO MUNDO.--VIAJES DE LOS
  CABOT BAJO LA PROTECCIN DE LA CORONA DE INGLATERRA.--VASCO DE
  GAMA BAJO LA PROTECCIN DE D. MANUEL DE PORTUGAL.--EXPEDICIN DE
  ALONSO DE OJEDA AL NUEVO MUNDO.--JUAN DE LA COSA Y AMRICO VESPUCIO
  FORMAN PARTE DE LA EXPEDICIN.--VIAJE DE PERO ALONSO NIO.--VIAJE
  DE VICENTE YEZ PINZN.--EXPEDICIN DE DIEGO DE LEPE EN EL CITADO
  AO.--RELACIN DE AMRICO VESPUCIO.--EL PORTUGUS PEDRO ALVAREZ
  CABRAL EN EL BRASIL Y EN LA INDIA.


Si en el captulo XVIII de este tomo se dijo que juzgbamos de todo
punto interesante dar alguna idea de los descubrimientos que los hijos
de Portugal llevaron a cabo antes del ao 1492, ahora debemos ocuparnos
de las expediciones que posteriormente a dicha fecha realizaron, ya los
ingleses, ya los portugueses, al Nuevo Mundo, y tambin--pues no dejan
de tener relacin con la historia de Amrica--las realizadas por los
sucesores del infante D. Enrique al Asia y a la Oceana.

El descubrimiento del Nuevo Mundo por Cristbal Coln despert en
Inglaterra mucha aficin a las empresas martimas. Enrique VII,
mediante Real cdula firmada en Westminster (5 marzo 1496), di
autorizacin a John Cabot o Gaboto, natural de Savona o de Castiglione
(Gnova)[579] y establecido en Bristol (Inglaterra), y a sus tres hijos
Luis, Sebastin y Santos para hacerse a la vela con direccin a todos
los puntos, comarcas y mares del Oriente, del Occidente y del Norte,
bajo nuestra bandera e insignias, con cinco bajeles, de cualquiera
carga o cabida que sean, y con tantos marineros u hombres como quieran
llevar consigo en dichos bajeles, a su propia costa y cargo, para
buscar, descubrir y encontrar cualesquiera islas, comarcas, regiones o
provincias de los salvajes idlatras e infieles, sean las que fueren,
y en cualquiera parte del mundo donde puedan existir, y que hayan sido
ignoradas antes de ahora de todos los cristianos[580].

       [579] Algunos dicen que era de origen veneciano (n. en 1451 y
       m. en 1498).

       [580] Hakluyt, _Viajes y descubrimientos_, tom. III. pg. 6.

Embarcse Juan con su hijo Sebastin en los primeros das de mayo de
1497 en el puerto de Bristol. Llevaba una escuadra compuesta de una
nave y tres o cuatro buques e hizo rumbo hacia el Oeste. Hllase la
siguiente nota en la crnica de la ciudad: En 24 de junio de 1497
descubrieron a Terranova hombres de Bristol que tripulaban un buque
llamado _Matthaens_. Otra nota que se encuentra en las cuentas
del dicho Rey y que debe referirse a Cabot, dice as: Diez libras
(esterlinas) para el que descubri la nueva isla[581].

       [581] _Los Estados Unidos de la Amrica del Norte._ Historia
       Universal de Oncken, tom. XII, pginas 3 y 4.

Recibi dicha cantidad a su regreso de la costa de Amrica. En
efecto, el 24 de junio divisaron tierra por vez primera. Aquella
tierra era la costa del Labrador y la llamaron _Terra prima vista_;
tambin descubrieron una isla que denominaron _Isla de San Juan_, en
conmemoracin del da en que fu descubierta, la cual estaba llena de
osos blancos y de ciervos, mucho mayores que los de Inglaterra[582].
Costearon en una extensin de 300 leguas el continente descubierto y
emprendieron el viaje de vuelta, llegando a Bristol en agosto del mismo
ao.

       [582] Haydwar, _Vida de Sebastin Cabot_, pg. 8.

En 3 de febrero de 1498 el Rey otorg una carta autorizando a Cabot
para alistar una flota de seis buques y proseguir sus descubrimientos.
No debi Juan Cabot aprovechar esta segunda carta.

Sebastin Cabot, utilizando probablemente la carta real otorgada a su
padre, sali en mayo de 1498 con dos buques: se propona descubrir
el supuesto paso septentrional para ir directamente a las Indias
Orientales.

[Ilustracin: Sebastin Caboto.]

Lleg, segn se cree, a Terranova, y despus alcanz el continente,
desembarcando en varios puntos, y estuvo quiz en la actual baha de
Chesapeake. Hizo un segundo viaje hacia el Noroeste, probablemente en
1503; consta en la crnica de Roberto Fabin que de las islas recin
descubiertas trajo algunos indgenas salvajes, vestidos de pieles.

Posteriormente--si damos crdito a algunos cronistas--, el mismo
Sebastin realiz un tercer viaje el 1517. En esta expedicin entr en
la baha de Hudson y lleg hasta los 67 grados de latitud Norte; pero
la tripulacin, aterrada ante la vista de inmensos bancos de hielo en
el mes de julio, exigi no seguir adelante, teniendo Cabot, a disgusto
suyo, que regresar a Inglaterra.

En suma, de las expediciones de los Cabot se deduce que subieron hasta
la extremidad Norte del Estrecho de Davis, tal vez pasaron a la baha
de Hudson, y volviendo hacia el Sur, descubrieron la isla de Terranova,
que denominaron _Tierra de los Bacalaos_ y siguieron costeando hasta
5 grados Norte de la Florida. Parece ser que llegaron hasta el cabo
Hatteras.

Tiempo adelante Sebastin march a Espaa. Dcese que cuando Carlos
de Gante vino a ceir la corona, se apresur Cabot a ofrecerle sus
servicios, los cuales fueron aceptados por el Rey, quien le nombr
piloto mayor con el sueldo de 125.000 maraveds (300 ducados).
Sostienen varios autores que antes haba estado bajo las rdenes
de Fernando el _Catlico_, y probado se halla que despus de su
nombramiento de piloto mayor, volvi el 1519 a Inglaterra, aunque por
poco tiempo. Disgustado Cabot lo mismo con el Gobierno espaol que con
el de Inglaterra, por el ao 1522 se dirigi secretamente--segn las
relaciones y comunicaciones del embajador veneciano Contarini--a la
repblica de Venecia, ofrecindole descubrir un camino a la China por
el Noroeste; mas no fu odo. Por tercera vez vino a Espaa y en esta
ocasin tuvo ms suerte, pues logr el mando de una expedicin, con
orden de seguir camino determinado, penetrar en el Pacfico y continuar
hasta las Molucas. Aunque dur la expedicin desde el ao 1526 hasta el
1530, el intrpido navegante slo lleg hasta el ro de la Plata.

A su vuelta fu preso, pues se le atribuy no poca torpeza o desidia,
siendo desterrado en 1532, por dos aos, a Orn. Indultado el 1533 por
Carlos I, continu al servicio de Espaa hasta que a fines de 1547
march a Inglaterra. El gobierno de Eduardo VI le nombr (1549) piloto
mayor con el sueldo de 166 libras esterlinas anuales, y, aunque el rey
de Espaa le reclam varias veces, el Consejo de la Corona de aquella
nacin declar que Cabot era sbdito de Eduardo VI y que nadie poda
obligarle a salir del territorio britnico. Poco despus el inconstante
Cabot, poco agradecido a los favores del gobierno ingls, ofreci sus
servicios, en agosto de 1551, a Venecia, no sin prometer que ira a
China por un camino slo conocido por l. Debi morir Sebastin Cabot
por el ao 1557 o un poco antes, en Londres. Sin embargo de haber
pasado la segunda mitad de su vida aventurera en proyectos y sin
embargo de su poca formalidad en el cumplimiento de sus compromisos,
no puede negarse que di gran parte de un continente a Inglaterra,
contribuyendo como ninguno al poder martimo de nacin tan poderosa.
Si Espaa fu ingrata con Coln, Inglaterra lo ha sido ms todava
con Sebastin Cabot, pues ni humilde monumento indica dnde yacen sus
cenizas, llegndose hasta desconocer la fecha de su fallecimiento. Los
dos Cabot, padre e hijo, fueron los primeros que intentaron hallar
una ruta a la China y a la India por las regiones rticas, logrando
entusiasmar a los ingleses por las expediciones y descubrimientos. En
las expediciones hechas--dice el Dr. Sophus Ruge--bajo los auspicios
de la reina Isabel en direccin Oeste y Noroeste, se fundan las
pretensiones de la Corona de Inglaterra a sus dilatados dominios en
Amrica[583].

       [583] Ob. cit., pg. 207.

Bajo el reinado de D. Manuel el _Grande_, sucesor de Juan II, Vasco
de Gama, al frente de los navos _San Rafael_, _San Gabriel_ y _San
Miguel_, sali del puerto de Lisboa el 8 de julio de 1497. A las
rdenes de Vasco de Gama, que montaba el _San Rafael_, iban su hermano
Pablo, capitn del _San Gabriel_ y Nicols Coelho, que diriga el
_San Miguel_. Como organizador de la pequea flota se nombr al
perito Bartolom Daz, con orden de ir acompaando a la expedicin
hasta la factora de La Mina en la costa de Guinea. Antes de salir la
expedicin, D. Manuel entreg a Vasco de Gama cartas de recomendacin
para el Preste Juan, para el soberano de Calcuta y para otros prncipes
de la India. Pasaron los expedicionarios por las Canarias, luego por
las islas de Cabo Verde, y descansaron algunos das en Santiago,
donde se separ Bartolom Daz para dirigirse a la factora de La
Mina, a donde haba sido destinado. Vasco de Gama tom rumbo hacia
el Sur sin fijarse en la costa, no sin sufrir grandes trabajos a
causa de terribles y contnuas tempestades. Quisieron volverse atrs
las tripulaciones; pero Gama se neg a ello y aun amenaz a los ms
impacientes. Despus de cuatro meses largos de grandes padecimientos,
entr la flotilla en la baha de Santa Elena y dobl el 22 de noviembre
el _Cabo de las Tormentas_ (Cabo de Buena Esperanza). En los primeros
das de enero del ao 1498, y habiendo sufrido trabajos sin cuento, se
aproxim Vasco de Gama a las costas, entr el 6 de dicho mes y ao en
el ro que llamaron de los Reyes, por la fiesta de los Santos Reyes,
busc la alta mar temiendo la violenta corriente del Mozambique, pas
por delante de Sofala, lleg a la embocadura del Zambesi (ro dos bons
Sinaes), donde encontr por primera vez mestizos de tez clara que
hablaban el rabe.

Permaneci un mes en la isla y puerto de Mozambique, ya para reparar
los barcos, ya para dar descanso a la gente. All plant un padrn
con la inscripcin en lengua portuguesa que deca: Del seoro de
Portugal, reino de cristianos. En aquel punto tan abrigado de la
citada isla se haban establecido los rabes, haciendo de l centro
de comercio con los negros, que les daban, en cambio de sus gneros,
ore, marfil, cera y otros productos propios del pas. El jeque del
puerto era sbdito del soberano rabe de Quiloa, quien, despus de
recibir varios regalos de Gama, hizo una visita a bordo, llevando en
su compaa muchos mestizos. Con toda clase de honores fu recibido
por los capitanes de los buques, oyendo de boca de Gama, y mediante
el intrprete, que el Rey ms poderoso de la cristiandad les enviaba
a la India, que llevaban dos aos luchando con las borrascas del mar,
y que deseando visitar pronto al pas de las especias, le suplicaban
les diese pilotos prcticos conocedores de aquellos mares. Volvi a
tierra el jeque y en seguida envi vveres frescos, como tambin tres
abisinios en calidad de prcticos. Del mismo modo un moro llamado
Davan se ofreci generosamente a acompaar a los portugueses a la
India. El jeque y los abisinios, sabiendo que los expedicionarios
eran cristianos, decidieron, en tanto que la tripulacin portuguesa
se hallase en tierra cargando agua dulce, apresar los barcos. El plan
fracas, gracias a la fidelidad de Davan. El citado jeque quiso
sincerarse de su conducta y envi otros prcticos; pero--como luego se
vi--ellos tenan el encargo de conducir los barcos entre arrecifes de
coral. Emprendieron al fin la marcha, y como Davan aprendiera pronto
el portugus, pudo dar al jefe de la expedicin importantes noticias
sobre el comercio en aquellos mares. Por cierto, que como uno de los
prcticos condujese a los buques entre bajos de un grupo de islas, fu
azotado por su traicin, y en recuerdo del hecho, Vasco de Gama llam
a estas islas _del Azotado_ (Ilhas do Azoutado). Siguieron la costa
hasta Quiloa, puerto a donde acudan--segn dijeron--hasta cristianos
de Armenia; mas vientos contrarios impidieron que los buques se
aproximasen. Tuvieron que emprender nuevamente el camino, llegando en
la ltima semana del mes de abril a Mombaza.

Abandon a Mombaza, cuyo jeque, lo mismo que el de Mozambique, intent
una traicin. Por el contrario, el jeque de Melinde recibi a Gama con
toda clase de honores. Dejaron la costa africana el 24 de abril, y a
los veintidos das tocaron los portugueses en las playas de la India.
El 20 de mayo entr la expedicin en el puerto de Calcuta, capital del
imperio del Malabar. A cierta distancia de la poblacin, en medio de un
bosque de palmeras se hallaba la residencia del _Samorn_ o _Samudrin_
(Seor del mar). El comercio oriental estaba en manos de los musulmanes
(rabes, egipcios y moros de Tnez y de Argel). Cuando Vasco de Gama
lleg a la vista del puerto de Calcuta, se le acercaron en una lancha
de pescadores dos moros de Tnez que hablaban italiano y espaol,
quienes saludaron a los portugueses con las siguientes palabras:
Llveos otra vez el demonio que os ha trado. Despus de varios
hechos de menos importancia, Vasco de Gama se present al Samorn,
hacindole entrega de una carta que llevaba del rey D. Manuel, a la que
contest el soberano de Calcuta lo siguiente: Vasco de Gama, noble
de vuestra casa, ha visitado mi reino con lo cual he recibido gran
satisfaccin. En mi pas abundan la canela, los clavos de especia, el
jengibre y la pimienta. Tengo perlas y piedras preciosas. Lo que deseo
de vos es oro, plata, coral y escarlata. Hicieron los portugueses
algunas compras y levaron anclas ante la actitud poco amistosa del
Samorn y la enemiga de los mahometanos.

Tocaron en el puerto de Cananor, cuyo soberano indio se manifest
muy complaciente con Vasco de Gama, hasta el punto que le invit a
detenerse en sus dominios. Adems mand algunas lanchas a los buques
con agua, lea, gallinas, nueces de coco, pescado seco, higos y otros
vveres, dicindoles que aceptasen aquellos gneros como regalo, ya
que no queran dar fondo en el puerto. Tambin les ofreci especias
para completar sus cargamentos, de mejor calidad y ms barata que
la comprada por ellos en Calcuta. Ante conducta tan generosa, Vasco
de Gama pidi los artculos que necesitaba y que le fueron enviados
inmediatamente, siendo pagados con coral, cinabrio, cobre y latn. En
seguida Vasco de Gama, acompaado de su hermano y de Coelho, celebr
una entrevista con el monarca indio, cambindose regalos con gran
contento de portugueses  indios.

Hzose a la vela Gama, y en una isla pequea situada a los 13 20'
de latitud Norte, plant un padrn con el nombre de _Santa Mara_,
llamndose as la isla desde entonces. March siempre al Norte hasta
el grupo de las Andiedivas (cinco islas), situadas a los 14 45' de
latitud Norte y unas 12 leguas de Goa. Las Andiedivas formaban parte
del gobierno de Goa, y ste, a su vez, del Imperio de Bidyapur, cuyo
soberano se llamaba Yusuf Adil Khan, y tambin Sabai (Sabayo, segn los
historiadores portugueses) por ser natural de Sava, cerca de Hamadan
(Persia Occidental). Al tener noticia el gobernador de Goa de la
estancia de los extranjeros en las Andiedivas, dispuso que el capitn
del puerto--un hebreo procedente de Espaa, expulsado de ella cuando
Granada fu tomada por los Reyes Catlicos y a la sazn en la India
despus de pasar por la Turqua y la Meca--se apoderase, cuando los
portugueses se hallasen descuidados, de sus buques. Conocedor Vasco de
Gama de tales proyectos por los pescadores indios que traficaban con
l, tom sus disposiciones, y cuando poco despus pas el judo en
una barca saludando en espaol, le dej acercarse y le invit a subir
a bordo. Hecho esto, Vasco de Gama le mand atar, amenazndole con el
tormento si no confesaba todo su plan. Lo confes el judo y fu tan
dbil, que acompa a los portugueses al sitio donde l tena apostadas
sus barcas (fustas), para caer sobre los citados extranjeros. Unos
indios fueron muertos y otros reducidos a prisin, y si damos crdito
al historiador Barros, el israelita se convirti al cristianismo y
recibi el nombre de Gaspar Gama. Lo cierto es que ya no se separ de
los portugueses, a quienes acompa en posteriores expediciones y les
hubo de aconsejar la favorable situacin del puerto de Goa, como centro
y base de sus empresas mercantiles.

Sali Gama de aquellas costas, divisando el 2 de enero de 1499 tierra
africana cerca de Magadochu y llegando al puerto de Melinde el 8 del
citado mes y ao. Volvi el soberano de Melinde a recibir amistosamente
a los portugueses, a quienes provey de vveres; a la despedida entreg
a Gama una carta para el rey Don Manuel, ofrecindole que tanto l como
sus compatriotas seran siempre bien recibidos en sus futuros viajes
a la India, si tocaban en sus puertos. El 2 de febrero, despus de
perder uno de sus buques, plant el ltimo padrn llamado _San Jorge_,
en una isla cerca de Mozambique. Doblaron felizmente los portugueses
el cabo de Buena Esperanza; luego, cerca del Ecuador y de las aguas
de Guinea, la atmsfera, cargada de miasmas, caus en la tripulacin
varias vctimas. Como los buques hacan tambin agua y apenas podan
sostenerse a flote, Gama hubo de arribar a la isla Tercera de las
Azores, donde muri su hermano Pablo, siendo enterrado en el convento
de San Francisco, en Angra.

Al poco tiempo Vasco de Gama emprendi su viaje, llegando a la capital
de Portugal. Concedi el Rey a Vasco de Gama la nobleza y el ttulo de
Almirante de los mares de la India, una participacin de 200 cruzados
anuales en el comercio de especias sin pagar flete ni alcabalas y por
va de regalo nico 20.000 cruzados y 10 quintales de pimienta. Los
herederos de Pablo de Gama recibieron la mitad de todo lo que se di
a Vasco. Nicolas Coelho fu recompensado con 3.000 cruzados por cada
mes de viaje y un quintal de todas las drogas; tambin se le concedi
el mando de un buque en todas las expediciones que fuesen a la India,
teniendo el derecho de ceder o vender la plaza a otro si l no quera
ir. Cada patrn y piloto recibi medio quintal de especias, excepto
canela y corteza de nuez moscada, porque de stas se haba trado poco.
Iglesias y conventos recibieron de igual manera grandes regalos, y los
reyes asistieron a las procesiones y misas que, con motivo tan grato,
se celebraron en Lisboa. Tanta liberalidad--escribe el doctor Sophus
Ruge--prueba la grandsima importancia que se di al xito feliz de
la empresa de abrir el camino directo con la India; empresa cuya base
haba sentado el infante Enrique, continuada bajo el mando de tres
reyes sucesivos y coronada por la fortuna antes de concluir el siglo en
que tuvo comienzo. Para el desarrollo del comercio y poder martimo de
Portugal, el viaje de Gama fu colosal impulso, y la grandiosidad del
resultado justific plenamente la perseverancia incomparable con que se
haba llevado a cabo la idea desde un principio[584].

       [584] Ob. cit., pg. 50.

Alabanzas, que no escatimamos, merece Vasco de Gama por su peligrosa y
heroica expedicin; pero las empresas de Coln y de Magallanes son ms
importantes. Gama es slo continuador de arriesgados viajes, mientras
Coln y Magallanes se lanzaron a descubrimientos completamente nuevos.
Gama casi no se separ de la costa, en tanto que Coln y Magallanes
atravesaron ocanos ignotos y _tenebrosos_; Gama fu nombrado por
su propio Gobierno y escogi la gente entre sus compatriotas, y
Coln y Magallanes eran extranjeros que ofrecieron sus servicios a
monarcas que no les conocan y que les dieron tripulantes revoltosos y
desobedientes. Por ltimo, Gama, ms afortunado que Coln y Magallanes,
tuvo la suerte de que un gran poeta, Camoens, cantase su expedicin en
el hermoso poema _Os Luisiadas_.

Por la expedicin de Vasco de Gama pudo comprenderse que, si se quera
continuar el comercio con la India, era necesario, dada la enemiga de
los rabes, el empleo de importantes escuadras o de buques armados en
guerra. Los reyes de Portugal siguieron conducta diferente a los Reyes
Catlicos.

De la segunda expedicin nombraron jefe a Pedro Alvarez Cabral; pero
conservaron la direccin suprema a Vasco de Gama, quien dispuso y
dirigi los preparativos, fij el derrotero, seal la conducta que
deba seguirse con el soberano de Calcuta, previno terminantemente que
no se saltara en tierra sin tener rehenes a bordo y seal la poca en
que deba salirse de Portugal. Acordse--repetimos--nueva expedicin,
siendo el plan del Gobierno establecerse permanentemente en la costa de
Malabar; pero dejando ya las expediciones a la India, pasamos a resear
las dirigidas al Nuevo Mundo. Si importantes fueron los viajes de los
portugueses, no lo fueron menos los de los espaoles. De Vasco de Gama
pasamos a Alonso de Ojeda.

La primera expedicin de Alonso de Ojeda sali del puerto de Cdiz,
segn Vespucio, el 18 de mayo de 1499, y segn Las Casas y Herrera el
20 del mismo mes y ao[585], dirigindose a las Canarias y atravesando
el Ocano, lleg a las playas de Surinam, descubri la embocadura del
Esequibo, que llam Ro Dulce, luego el delta del Orinoco, siguiendo
despus las huellas de Coln. Estuvo en la isla de la Trinidad, en cuya
costa meridional dispuso que desembarcasen veintids hombres armados.
Los naturales, aunque eran caribes, no hicieron oposicin alguna.
Atraves el golfo de Paria y la Boca del Dragn, sigui descubriendo
hasta el golfo de las Perlas, visit la isla Margarita, reconoci los
islotes de los Frailes, que estn a nueve millas al Norte y al Este
de la citada isla, yendo a recalar al cabo Isleos (hoy cabo Codera),
fondeando en la ensenada de Corsarios, que denomin _Aldea vencida_.
Continu reconociendo toda la costa _de puerto en puerto_, segn
declar el piloto Morales en el pleito del Almirante, hasta el Puerto
Flechado (hoy de Chichirivichi), donde tuvo que pelear con algunos
indios. Desde la Vela del Coro se dirigi a la isla de Curazao, y
all los expedicionarios quedaron sorprendidos de la gran estatura de
los indgenas, designando por esto a la isla con el nombre de la de
los Gigantes. El da 9 de agosto llegaron al cabo de San Romn, que
llamaron con dicho nombre por ser la festividad de dicho santo, pasando
inmediatamente a la aldea de Coquibacoa, en el golfo de Venezuela,
que as denominaron los expedicionarios al ver la gente en viviendas
construdas sobre estacadas en el agua cerca de la costa oriental de
dicho golfo, pues tales construcciones les recordaron la situacin de
Venecia, edificada sobre las lagunas del Adritico. Desde el golfo
penetraron los barcos (24 de agosto) en el lago de Maracaibo, cuya
estrecha entrada llam Ojeda puerto de San Bartolom. Siguiendo ms
adelante se present la escuadra (16 de septiembre) en el cabo de la
Vela (pennsula de Guajira), al Oeste del citado golfo. All lejos
divisaron los exploradores alta montaa que denominaron Monte de Santa
Eufemia y que era casi seguramente una cumbre de la sierra nevada de
Santa Marta. Desde el cabo de la Vela pas la escuadra a Hait (23 de
septiembre).

       [585] Cuntase que era grande su destreza y agilidad en todos
       los ejercicios corporales. Un da que la reina Isabel se haba
       subido a la Giralda de Sevilla con la idea de ver desde tanta
       altura la gente que estaba al pie de la torre, Ojeda anduvo
       hasta el extremo de una viga que sala 20 pies de la torre,
       volvindose con paso rpido y con toda tranquilidad. Tambin
       se cuenta que desde el suelo arroj una naranja hasta el punto
       ms alto de la torre, dando con ello una prueba de la fuerza
       extraordinaria de su brazo.

Aunque el Almirante dispuso que Francisco Roldn fuese contra Ojeda,
no llegaron a las manos por la astucia del ltimo. Sali Ojeda para
las Lucayas (febrero de 1500), y luego, en las tierras que recorri,
rob 232 indgenas para venderlos como esclavos en Espaa (mediados
de junio del citado ao). Tuvo la fortuna Alonso de Ojeda de llevar
en su importante y famosa expedicin como piloto al vizcaino Juan de
la Cosa[586] y tambin al florentino Amrico Vespucio[587]. Los dos
lograron renombre eterno en la historia del descubrimiento del Nuevo
Mundo. El primero, esto es, Juan de la Cosa, despus del viaje, hizo
el primer mapa de Amrica, y Vespucio escribi pintoresca relacin del
citado viaje. Contestando Ojeda a la pregunta que le dirigieron como
testigo en el pleito que se segua contra los hijos del Almirante, se
ocup de sus descubrimientos y termin diciendo lo que sigue: _que en
este viaje trujo consigo a Juan de la Cosa, piloto, e Amrico Vespuche
e otros pilotos_.

       [586] Resida a la sazn en el Puerto de Santa Mara.

       [587] Este fu el primer viaje realizado por el clebre
       italiano, siendo, por tanto, apcrifo el que hizo--segn
       algunos--dos aos antes, o sea el 1497.

En dicha expedicin, es de creer que--como escribe Pedro Mrtir--se
di la vuelta a Cuba, por cuanto Juan de la Cosa, en su famoso mapa,
la pone como isla, sin embargo de que algunos aos antes declar, bajo
juramento solemne, que perteneca al continente asitico. Aport Ojeda
a la baha de Cdiz unos doscientos esclavos, y en aquella ciudad
vendi muchos. Adems, trajo piedras preciosas, buena cantidad de
perlas y granos de oro. El beneficio de la expedicin fu escaso o de
poca importancia, pues, pagados todos los gastos, se repartieron unos
500 ducados entre 55 personas. La verdad es que era tan grande el deseo
de adelantar en los descubrimientos como el de adquirir riquezas.

Mayores beneficios o ganancias produjo, bajo el punto de vista
mercantil, la expedicin que hizo, pocos das despus, otro insigne
navegante, Pero Alonso Nio, natural de Moguer. Era piloto de la
carrera de Indias y compaero de Cristbal Coln en su primero y tercer
viaje. Careciendo de dinero suficiente, hubiese malogrado la empresa
sin el auxilio del sevillano Luis Guerra, el cual di medios a Nio
para armar una carabela de cincuenta toneles, con la condicin de que
Cristbal, hermano del dicho Luis, dirigiese tambin la expedicin.
Alonso Nio y Cristbal Guerra, se hicieron a la vela en Palos,
llevando 33 hombres, el mes de junio de 1499. Toc el barco en la costa
de la Amrica Central, donde Guerra y Nio, con anuencia de los indios,
cortaron y cargaron palo del Brasil, no lejos del golfo de Paria,
pasando luego por la Boca del Dragn. Al salir de las bocas del Dragn
se vieron rodeados de diez y ocho canoas de caribes, teniendo que
disparar varios tiros de artillera para ahuyentar a aquellos brbaros.
Los nuestros se dirigieron a la isla de la Margarita, donde adquirieron
perlas y fueron los primeros espaoles que desembarcaron en ella.
Pasaron a tierra de Curiana (hoy Cuman), entrando en un puerto (tal
vez el de Mochima o el de Manare). All vieron un pueblo de ochenta
casas, y habiendo bajado a tierra, pudieron conseguir que los naturales
les diesen algunas perlas. Dirigironse a otra poblacin mayor, en la
cual se detuvieron tres meses: agosto, septiembre y octubre. Asegurados
del carcter pacfico de los indios, bajaron a tierra, siendo recibidos
con amistosas demostraciones. Las casas estaban hechas con maderos
hincados en tierra y cubierta la techumbre con hojas de palma. En los
espesos bosques vieron animales salvajes, como tambin ciervos, venados
y conejos. No tenan bueyes, ni ovejas, ni cabras. Se alimentaban de
pan de maz o de races, de ostras, de aves, de animales salvajes y no
salvajes. Fsicamente considerados llamaban la atencin por el color
obscuro del rostro, por sus labios gruesos y por sus cabellos crespos
y largos. Para conservar blanca la dentadura masticaban frecuentemente
cierta hierba. Las mujeres cuidaban de la agricultura y de las cosas de
la casa, en tanto que los hombres se ocupaban de la caza y del juego.
Eran ellas muy laboriosas y ellos diestros cazadores. Cariosos con los
espaoles, permutaban con gusto sus objetos de oro y sus perlas por las
bujeras de los nuestros.

Como indicasen que el oro vena de una provincia llamada Cauchieto,
que estaba al Occidente, all se dirigieron los nuestros; llegaron
el 1. de noviembre de 1499. Desde Cuman a Cauchieto habra unas
seis jornadas, y como cada jornada puede conjeturarse de seis a siete
leguas, la distancia era de 36 a 42 leguas. Sumamente dciles los
naturales de Cauchieto, venan en sus canoas a la nave, trayendo el
oro propio de su pas y los collares de perlas que adquiran de los de
Curiana. En la tierra hallaron plantaciones de algodn.

Continuaron navegando ms de diez das hasta que lograron encontrar
hermoso lugar con casas y fortalezas. Despus de peligrosa navegacin
les fu grato llegar a pas tan agradable y de vegetacin tanta. All
las huertas y jardines eran tan bellos que uno de los viajeros no tuvo
inconveniente en decir que jams haba visto paraje ms delicioso.
Intentaron desembarcar, oponindose a ello unos dos mil indios con
macanas, arcos y flechas. No dej de extraarles semejante novedad.
Retrocedieron a Curiana y all volvieron a hacer nuevo acopio de
perlas, algunas del tamao de las tan celebradas de Oriente. Segn
Mrtir, a quien sigue Muoz, el 6 de febrero de 1500 tomaron la vuelta
para Espaa[588], y a los sesenta y un das de navegacin arribaron
buenos y contentos al puerto gallego de Bayona. El beneficio del viaje
fu de alguna consideracin y sirvi de cebo para que algunos se
dispusiesen a nuevas empresas.

       [588] Otros dicen que el 13.

A principios de diciembre del mismo ao de 1499, Vicente Yez Pinzn,
clebre compaero del Almirante, se hizo a la vela en el puerto de
Palos con rumbo a las Indias. Llevaba cuatro carabelas que haba podido
armar con la ayuda de su sobrino Arias Prez y de otros parientes y
amigos. Acompabanle los afamados pilotos Juan de Quintero, Juan
de Umbra y Juan de Jerez, tambin antiguos compaeros de Cristbal
Coln. Pasaron las Canarias, cruzaron el Atlntico, no sin que recia
borrasca llenase de terror a nuestra gente, y llegaron a encontrar
la costa americana sobre los 8 de latitud Sur; dicha tierra--pues
tanto era el deseo que tenan de encontrarla--recibi el nombre de
_Santa Mara de la Consolacin_. Tiempo adelante se llam aquel lugar
cabo de San Agustn, algo al Sur de Pernambuco (Brasil)[589]. Vicente
Yez Pinzn desembarc con escribano y testigos, tomando posesin del
pas en nombre de Castilla. En los dos primeros das no vieron hombre
alguno; posteriormente se les presentaron algunos de elevada estatura
y desnudos por completo. Eran uraos y bastante belicosos. Continuaron
los espaoles hacia el Ecuador, y en la boca de un ro, donde hicieron
aguada, tuvieron que pelear con los indios, a los cuales castigaron
enrgicamente, aunque con la prdida de diez espaoles. Compraron, por
tanto, cara la victoria.

       [589] Antiguo documento atribuye el descubrimiento del Brasil
       a Juan Ramalho en 1490.

Tom parte Amrico Vespucio en dicha expedicin? El relato del segundo
viaje de Vespucio es exactamente el mismo que el de Lepe, si bien es
de extraar que no cite el nombre del jefe, ni haya conformidad en las
fechas de partida ni de llegada de la una y de la otra. Sea de ello lo
que quiera, lo cierto es que el cabo de San Agustn, visitado dos veces
por Vespucio, adquiri suma importancia por haber servido de base, una
vez fijada la situacin, para determinar el meridiano de demarcacin
entre los descubrimientos y conquistas de los espaoles y de los
portugueses.

Consideremos la expedicin portuguesa de Pedro lvarez Cabral.
Este insigne marino, llevando como capitanes a Bartolom Daz, el
descubridor del Cabo de Buena Esperanza, y a Nicols Coelho, el
compaero de Vasco de Gama, al frente de una flota compuesta de 10
buques mayores y tres menores, sali del puerto de Lisboa el da 9 de
marzo del ao 1500. La corriente ecuatorial llev los buques, no hacia
Calcuta, como se propona Cabral, sino a las playas del Brasil. Dada,
pues, la direccin que llevaban las expediciones martimas de los
portugueses, es evidente que un poco antes o un poco despus haban de
descubrir la Amrica Meridional, aunque el proyecto de Coln no hubiese
encontrado apoyo en los Reyes Catlicos.

De modo, que, huyendo de las gruesas mareas del Cabo de las Tormentas,
y buscando mejores vientos para doblarlo, se fu engolfando la armada
hacia Occidente. Navegaron de este modo, segn Gaspar Correa, cronista
de la India, _para que os ventos lhe fossem mais largos pera navegar
pera o cabo_. La capitana, aade el ilustre escritor, que iba delante,
vi tierra a barlovento un domingo al amanecer, de lo que hizo seal
disparando un falconete, y fu corriendo por ella y descubrindola, que
era gran costa y tierra nueva que nunca haba sido vista, y estando
cerca, corriendo al largo de ella, vieron grandes arboledas a orillas
del mar, y por el interior grandes montes y serranas, y ros muy
anchos y grandes ensenadas, y siendo ya tarde vieron una gran baha,
en la que el capitn mayor entr sondando. Y hallando buen fondeadero
di fondo, y as lo hizo toda la armada. El capitn mayor bot un
esquife al agua, y lo mismo hicieron los capitanes, y fueron a ver al
capitn mayor, el cual mand a Nicols Coelho en su esquife con el
piloto moro que fuese a tierra y viese si poda venir al habla con la
gente de ella; y fu con diez hombres que llevaban lanzas y ballestas,
porque an no haba escopetas, y salt a tierra y hall poblaciones
de chozas, en las que encontr gentes blancas y brbaras, desnudas
completamente, as los hombres como las mujeres. Algunos hombres
vestan telas de malla de algodn y se adornaban con plumas de aves
de variados colores y muy hermosas que hay en el pas, especialmente
papagayos, grandes como patos, con plumas de muchos colores. Eran tan
pacficos los habitantes que no huan, ni hacan dao, ni tenan armas;
slo unos arcos grandes con flechas de caa... No tenan en las casas
ropa alguna, sino nicamente redes de hilo de algodn, que ataban por
las puntas, las colgaban y dorman en ellas. Nadie poda entender la
lengua de aquellos habitantes. La mayor parte de los rboles tenan una
madera roja, la cual, echada en agua, la tea de hermoso rojo; y se
hallaron en esta tierra otras cosas que no describo y que despus se
descubrieron.

Siguiendo con no poco trabajo su ruta, llamles la atencin que el agua
del mar se convirtiera en dulce en un espacio bastante dilatado; era
que se encontraban en la desembocadura del ro Maran, llamado despus
de las Amazonas y de Orellana. Desagua por dos brazos principales
divididos por la isla de Maraj (San Juan de las Amazonas). De tantas
y tan largas fatigas pudieron descansar en la mencionada isla, cuyos
habitantes les recibieron con seales de buena amistad. Retirronse de
aquellos sitios porque el _prororaca_, fenmeno del Amazonas y de otros
ros, puso en gran peligro las carabelas, llegando felizmente al golfo
de Paria. En el camino tocaron con pequeos y pobres pueblecillos,
y con grupos de indios errantes, quienes huan asustados y tmidos a
cobijarse en la espesura de los bosques o en la cima de las montaas.
Habremos de notar que los habitantes de Paria, tan buenos y dciles con
el Almirante Cristbal Coln, se dispusieron a la sazn a pelear con
los espaoles.

Marcharon a la Espaola, a donde llegaron el 23 de junio, pasando
luego a la Isabela, llamada por los indios _Saometo_ o _Jumeto_, y
en seguida a los bajos de Babura (tal vez _Babueca_), teniendo la
desgracia de perder dos carabelas (julio de 1500). Con las otras dos
tomaron el camino de Espaa, llegando a Palos el 30 de septiembre.
Entre otras cosas trajeron piedras que se calificaron de finos topacios
y gran cantidad del palo de tinte; tambin animales raros, llamando
especialmente la atencin el conocido con el nombre de _zarigeya_.

Al mismo tiempo que sala Pinzn del puerto de Palos, se dispona Diego
de Lepe a emprender igual viaje con dos carabelas. Lleg cerca del cabo
de San Agustn, que llam _Rostro Hermoso_. Desde all llev, con corta
diferencia, el mismo derrotero que Pinzn, esto es, por delante del
Maran a la tierra de Paria. En el Maran cautiv algunos naturales,
y l perdi algunos hombres. El mayor fruto de esta expedicin fu, no
slo haber doblado el cabo de San Agustn, sino haber dado a conocer
que la costa de la nueva tierra firme continuaba por el Sudoeste. De
tal descubrimiento, hecho ya por Pinzn, hizo Lepe un mapa para el
obispo Fonseca, segn declar el piloto Andrs de Morales en el pleito
del Almirante. Recordaremos en este lugar que el citado mapa fu
consultado andando el tiempo por Juan Daz de Sols. Es de justicia
referir que Lepe descubri al Sur ms tierra que otro alguno en aquella
poca, y aun de diez o doce aos adelante. El mrito de nuestro
navegante no deja de tener importancia. En empresa tan arriesgada le
sirvieron de gua Bartolom Garca, genovs; Andrs Garca Valdn,
Garca de Veda y el famoso piloto Bartolom Roldn.

Lepe regres por Hait a Espaa, donde debi llegar antes de noviembre
de 1500, y muri en Portugal, segn declar el piloto Andrs de Morales
en el citado pleito del Almirante.

El capitn mayor, con otros capitanes baj a tierra, donde estuvo
cinco das, y los hombres que penetraron ms en el interior, no
hallaron quien les hiciese dao alguno. Con los indgenas se
establecieron cordiales relaciones. Asistieron aqullos con gran
recogimiento al santo sacrificio de la misa. Portugueses y brasileos
construyeron una cruz muy grande de madera, que colocaron cerca de la
playa, adorndola con mucha devocin unos y otros. Celebrronse tambin
fiestas populares. Si los indios bailaban al son de la _yanubia_ y eran
el encanto de los portugueses, stos, en cambio, daban conciertos de
guitarra durante las deliciosas noches tropicales, y eran la alegra
de los indios. Uno de los tripulantes, llamado Diego Daz, _homem mui
prazenteiro_, dice el cronista, mostr muchas habilidades en la playa.
El 3 de mayo, da en que celebra la iglesia la _Invencin de la Santa
Cruz_, sali Cabral de aquellas costas que di el nombre de _Tierra de
Santa Cruz_ y que poco despus se llam Brasil.

Mand Cabral al rey D. Manuel un buque, en el cual iban los productos
y las riquezas de aquella tierra. Como lastre trajo el buque _uns paos
vermelhos aparados que eran muy pesados  que chamaro brasil per sua
vermelhido ser fina como brasa_. Aquel palo di nombre al pas. No
huelga decir aqu que si Vicente Yez Pinzn, Diego de Lepe o algn
otro descubrieron el Brasil, slo el descubrimiento de Cabral produjo
sus frutos.

Desde el Brasil, y llevando como segundo al castellano Sancho de
Tvar[590], se dirigi, al travs del Ocano, al cabo de Buena
Esperanza, en cuyas cercanas se fueron cuatro buques a pique, entre
ellos el de Bartolom Daz. Vino a morir navegante tan insigne junto
al cabo por l descubierto. Pedro Alvarez Cabral march a Mozambique y
despus a Quiloa, y el 2 de agosto lleg a Melinde, con cuyo soberano
estableci Cabral, como antes Vasco de Gama, relaciones de amistad.
En esta ocasin di tambin aquel soberano dos prcticos, los cuales
condujeron la flota en diez y seis das a la India. El 23 de agosto
estaban en las Andiedivas; all permanecieron dos semanas calafateando
los barcos y tomando agua dulce. Pronto se rompieron las buenas
relaciones de Cabral con el Samorin, hasta el punto que, la gente del
pueblo, excitada por los moros, atac los almacenes de los portugueses
y mat al factor y a algunos ms, teniendo Cabral que disparar todo
un da sus caones contra la ciudad e incendiar 15 buques dentro del
puerto.

       [590] Sancho de Tvar deba encargarse de la jefatura, si
       Cabral falleca en la expedicin.

En lugar de dirigirse Cabral a Calcuta, march con su flota ms al
Sur, a Cochin, cuyo soberano le invit a pasar a su capital y puerto,
donde hizo su cargamento de especias, como tambin en Collam, al Sur de
Cochin, pues este soberano o raj se manifest de igual manera amigo
de los portugueses. Pasaron luego a Cananor, esperando que el raj del
pas tuviese con ellos el mismo generoso comportamiento que antes haba
tenido con Vasco de Gama. No se equivocaron, pues all completaron los
cargamentos con canela y gengibre. El 16 de enero de 1501 se hizo la
flota a la vela, toc en Melinde, se detuvo en Mozambique y despus de
varios sucesos, ms adversos que favorables, entr en Lisboa en el mes
de octubre de 1501.




CAPTULO XXVI

  EXPEDICIN DE RODRIGO DE BASTIDAS.--EXPEDICIN DE ALONSO DE
  OJEDA.--VIAJES DE AMRICO VESPUCIO, AL SERVICIO DE PORTUGAL.--COLN
  Y VESPUCIO EN SEVILLA.--VESPUCIO AL SERVICIO DE ESPAA.--ORIGEN DEL
  NOMBRE AMRICA.--EXPEDICIONES DE CRISTBAL Y LUIS GUERRA, Y DE JUAN
  DE LA COSA.--REAL CDULA EN FAVOR DE BASTIDAS.--CAPITULACIN HECHA
  CON OJEDA.--CAPITULACIN CON YEZ PINZN.--VIAJES DE YEZ PINZN
  Y DE SOLS.--PRIVILEGIO EN FAVOR DE NICUESA Y DE LA COSA.--VIAJES
  DE OJEDA Y DE NICUESA.--LA ESPAOLA, CUBA Y PUERTO RICO EN AQUELLOS
  TIEMPOS.--EXPEDICIN DE PONCE DE LEN A LA FLORIDA Y LUEGO A
  BIMIN.--PREZ DE ORTUBIA EN BIMIN Y PONCE DE LEN EN PUERTO RICO.


Rodrigo de Bastidas, vecino y escribano de la ciudad de Sevilla, en el
arrabal de Triana, sali de la citada poblacin en el mes de octubre
del ao 1501. Llevaba en su compaa a Juan de la Cosa, vizcano, que
por entonces era el mejor piloto que por aquellos mares haba[591].
Acompa a Cristbal Coln en uno de sus viajes, y acababa de recorrer
con Ojeda las costas de Venezuela. La primera tierra que visit
Bastidas fu una isla, a la que di el nombre de _Verde_, situada entre
la Guadalupe y la Tierra Firme. Visit el golfo de Venezuela y los
territorios al Sur y Oeste de la comarca de Coquibacoa. Desde el cabo
de la Vela continu sus descubrimientos; toc en la costa de la sierra
nevada de Santa Marta, pas la desembocadura del ro de la Magdalena,
avist el puerto de la galera de Zamba y el de Cartagena, la isla de
Bar y las de San Bernardo, y siguiendo su derrota al Sur y al Oeste
descubri la isla Fuerte y la Tortuguilla, el puerto de Cispata y ro
Sin, punta Caribana, entrando en el golfo de Darin o de Urab. Coste
el istmo de Darin hasta la punta de San Blas o puerto de Escribanos,
llamado as porque--como hemos dicho--Bastidas haba desempeado el
mencionado cargo en Sevilla. Debemos notar que Bastidas estuvo en el
puerto de Escribanos o del Retrete y del Nombre de Dios antes que
Cristbal Coln, pues el descubridor del Nuevo Mundo no lleg all
hasta el 26 de noviembre de 1502. El trazado de la costa septentrional
de la Amrica del Sur se complet con el viaje del escribano de Sevilla.

       [591] Las Casas, lib. II, cap. 2.

Conocedor Bastidas del carcter de los indgenas, comerci hbilmente
con ellos, logrando recoger abundante cantidad de oro y perlas. Tuvo
que volver a la Isla Espaola y fondear en la isleta llamada del
_Contramaestre_, porque sus barcos fueron agujereados por el _broma_
(caracol que horada e inutiliza la quilla de las embarcaciones).
Sali para Cdiz, vindose obligado a causa de los temporales y de
las averas de sus barcos, a arribar al cabo de la Canonga, donde
permaneci un mes. Dise otra vez a la vela; mas tambin hubo de
dirigirse, por la repeticin de recias borrascas, hacia el puerto de
Xaragua (hoy Puerto Prncipe). All, continuando los malos tiempos,
perdi sus navos, cuyo valor, con los esclavos, oro, brasil y otras
cosas que conducan, era de consideracin. Las riquezas que se pudieron
salvar fueron llevadas a Santo Domingo, y all--dice el P. Las
Casas--las vide yo entonces y parte del oro que haba habido[592].
Bobadilla, a la sazn gobernador de la Espaola, le someti a juicio,
porque, segn se decia, haba malgastado grandes cantidades en hacer
rescates y ventas con la gente de Xaragua y otras. Se le mand a Espaa
y entr en Cdiz (septiembre de 1502).

       [592] Lib. II, cap. II.


Compadecidos los reyes del intrpido navegante, en premio de sus
servicios le concedieron pequea pensin vitalicia sobre los frutos
procedentes de la provincia de Urab y de la llamada del Cen, sobre
la baha del mismo nombre. Igual pensin se concedi al piloto Juan
de la Cosa. Las Casas dice que Bastidas vino en la flota que traa a
Bobadilla y en un navo que pudo libertarse de la tormenta[593], aunque
no preso, como asegur Oviedo[594].

       [593] Lib. II, cap. V.

       [594] Lib. III, cap. VIII.

Alonso de Ojeda emprendi en enero de 1502 su segundo viaje, habiendo
obtenido del Gobierno la concesin de los territorios que forman el
golfo de Maracaibo con el ttulo de gobernador de Coquibacoa. Con los
buques de _Santa Mara de la Antigua_, _Santa Mara de la Granada_,
_la Magdalena_ y _Santa Ana_, mandados respectivamente por Garca de
Ocampo o del Campo, Juan de Vergara, Pedro de Ojeda y Hernando de
Guevara, pas Alonso de Ojeda por la Gran Canaria y por la isla de
la Gomera, arribando a la isla de Santiago en Cabo Verde, donde se
detuvo ocho o diez das. Lleg al golfo de Paria, descubriendo despus
muchas tierras. La primera que descubri fu el lugar que llamaron los
_anegados_ o _anegadizos_ de Paria. Mientras se limpiaban los buques,
pudo la gente recoger corta cantidad de perlas y dos o tres clases de
gomas de mucho color. Vironse canbales que habitaban all, los cuales
mataron a un cristiano, teniendo Ojeda que tomar sus medidas, temeroso
de ser atacado.

Ya habilitados los cuatro navos, salieron el 11 de marzo de 1502.
Antes de llegar a la Margarita, se separ Guevara con su carabela
_Santa Ana_ y anduvo perdido algunos das. El 14 se dirigi Ojeda al
puerto de la Codera, al cual lleg Guevara en la maana del 15, no
encontrando las dos naos la _Magdalena_ y _Santa Mara de la Granada_
porque haban marchado en busca del citado Guevara. Cansado de esperar
Alonso de Ojeda sali del puerto de la Codera y siguiendo la costa hizo
alto en una tierra que los indios llamaban _Curiana_ y l le di el
nombre de _Valfermoso_. Pocos das despus llegaron la _Magdalena_ y
_Santa Mara de la Granada_.

Convencidos de la necesidad de establecer una colonia, se dedicaron a
la realizacin de la idea, tomando a viva fuerza de los naturales del
pas todo lo que les era indispensable. Los pobres indios se vieron
robados y quemadas sus casas, llegando los espaoles a matar unos siete
u ocho en la refriega; de los nuestros fu muerto el escribano de una
carabela, Juan de Guevara. Ojeda se cruz de brazos ante las tropelas
cometidas por Vergara y Ocampo, quienes hubieron de apoderarse de
algunas indias. Despus de algunos sucesos de menos importancia y
despus de recorrer costeando algunos puertos, siempre buscando el
vellocino de oro, Ojeda, deseoso de hacer asiento y poblacin, se
detuvo en el puerto de Santa Cruz, que debi ser el conocido hoy con
el nombre de _Baha-honda_. De modo que en la parte Oriental del golfo
de Venezuela resolvi Ojeda fundar la colonia, que no pudo llevar a
cabo, ya por las hostilidades de los indgenas, ya por el motn de los
tripulantes capitaneados por Vergara y Ocampo.

Decan los enemigos de Ojeda que ste en sus frecuentes incursiones en
tierra de indios se apoderaba de todo lo que poda y no daba parte a
Guevara y a Ocampo. Adems, la gente estaba fatigada, el trabajo era
grande, la racin escasa y la estacin cruel; adems teman que los
navos, comidos de la _broma_, se fueran a pique antes de poder salir
de all para la Isla Espaola. Los resentimientos y aun enemiga entre
los partidarios de Ocampo y de Vergara por un lado y los de Ojeda
por otro, eran cada vez mayores. Con la excusa de que Ojeda viese el
pan que Ocampo haba traido en su ltimo viaje de Jamaica, acordaron
detenerle en el navo para conducirlo a disposicin del gobernador de
la Espaola. Decan Vergara y Ocampo que tomaban tal determinacin por
los deservicios que Ojeda haba hecho y tambin porque se guardaba
todas las ganancias para s. Intent huir Ojeda para presentarse en
Santo Domingo; pero le cargaron de cadenas. Debi suceder todo esto a
ltimos de mayo o comienzos de junio de 1502. Salieron del puerto de
Santa Cruz y llegaron en los primeros das de septiembre a la provincia
de Haniguayaga, donde Vergara y Ocampo entregaron a Ojeda. Se hizo
cargo de l el comendador Gallego, trasladndole a la ciudad de Santo
Domingo. De la sentencia, dada en 4 de mayo del ao siguiente, apel
Ojeda ante SS. AA. y los seores de su Consejo, siendo absuelto en
Segovia a 8 de noviembre de 1503. No habiendo reclamado de la sentencia
la parte contraria, mandaron los reyes en Medina del Campo a 5 de
febrero de 1504 darle la ejecutoria.

El rey D. Manuel de Portugal envi a Sevilla al florentino Juan
Bartolom del Giocondo para hacer proposiciones a Amrico Vespucio, a
quien deseaba atraer a su servicio. Hzose de rogar el insigne marino,
aceptando al fin las proposiciones y march a Portugal[595]. En mayo
de 1501 sali del puerto de Lisboa en una escuadra, tal vez en calidad
de astrnomo, pues era diestro como ninguno para determinar por medio
del cuadrante la latitud de un lugar. No conocemos el nombre del jefe
que mandaba la expedicin. Sabemos que siguieron los expedicionarios la
costa de Africa hasta ms all del Cabo Verde y luego atravesaron el
Ocano con rumbo ms al Oeste. Cerca del Ecuador espantosa tempestad
detuvo dos meses a los buques en el camino, no llegando a la costa
americana hasta el 16 de agosto. Casi desde el cabo de San Roque
marcharon en direccin Sudoeste, pasando el cabo de San Agustn el
28 del mismo mes; el da de San Miguel se descubri el ro de este
nombre y el 4 de octubre el ro de San Francisco. Recorrieron la costa
descubierta por Cabral, conociendo que dicha costa no era de una isla,
sino de un continente. Pasaron el ro que llamaron de Santa Luca y que
debe ser el conocido hoy con el nombre de _Ro Doce_ (13 de octubre),
llegando el 21 al cabo de Santo Toms. Descubrieron la boca de la baha
del Ro Janeiro, tal vez el 1. de enero de 1502, el 6 la ensenada de
los reyes, el 22 el puerto de San Vicente, poco despus Cananea, el 22
de abril playas deshabitadas y llenas de arrecifes, probablemente las
de Patagonia e islas de Falkland, atravesando en seguida el Ocano en
busca de Sierra Leona. En la costa de Sierra Leona hizo quemar uno de
los tres buques porque estaba inservible, marchando a las Azores con
los dos restantes y entrando en Lisboa el 7 de septiembre de 1502.

       [595] Otros dicen que no hubo tales proposiciones y creen que
       tom parte en los viajes sin contar con el Rey.

Tuvo este tercer viaje de Vespucio bastante utilidad para los
conocimientos geogrficos. Haba recorrido la cuarta parte del mundo.
Sus descripciones de la rica naturaleza tropical, de la belleza del
firmamento y la certeza de haber llegado viendo costa por lo menos
hasta los 50 grados de latitud Sur, dieron no poca fama a Vespucio.
Tambin merece fama dicho marino porque fu el primero que anunci la
idea de ir a la India dirigindose desde Portugal al Sudoeste para
doblar el continente americano, cuya idea realiz diez y seis aos
despus Magallanes.

Otra expedicin en que Vespucio tom parte la mandaba Gonzalo Coelho;
se compona de seis buques y zarp de Lisboa el 10 de junio del ao
1503. Desde Sierra Leona tom rumbo al Sudoeste encaminndose a la
costa del Brasil y teniendo pronto el sentimiento de ver el naufragio
del buque principal (la _Capitana_), que tropez en una roca, junto
a una isla poco apartada de dicha costa. Los buques, cada uno por su
lado se dirigieron a la baha de _Todos los Santos_ o slo Baha, como
vulgarmente se la llamaba. Aguard Vespucio con su buque y otro a los
tres restantes; mas viendo que no llegaban, se hizo a la vela, sigui
la costa hacia el Medioda y fund a los 18 de latitud Sur la primera
colonia en el Brasil, con 24 hombres de la tripulacin del buque que
le acompaaba y que all haba encallado. Carg un buque de palo de
Brasil y sali para Portugal el 2 de abril, llegando a Lisboa el 18 de
junio de 1504. El encargo que Vespucio llevaba de ir a la India fracas
completamente.

Desde Lisboa march Vespucio a Sevilla, donde vi a Coln en febrero de
1505, tratndose ambos como compaeros de infortunio y vctimas de la
ingratitud de los reyes. Cristbal Coln escribi a su hijo: Vespucio
me ha hecho favores. La fortuna ha sido adversa a este hombre de bien,
como a muchos otros. Aprovechando Fernando el _Catlico_ la estancia
de Vespucio en Sevilla, intent atrarselo. Comenz hacindole un
regalo el 11 de abril de 1505; algunos das despus Felipe el _Hermoso_
le concedi derecho de ciudadana espaola. Desde entonces fu fiel
a su patria adoptiva. Se dice que hizo ltimo viaje a Amrica, no
consiguiendo extender ya sus descubrimientos anteriores. El ao 1508 se
le nombr piloto del reino con 200 ducados de sueldo, con la obligacin
de examinar a los que aspiraban al ttulo de pilotos. Hizo algunos
mapas, no conservndose ninguno original, aunque s la copia del del
Nuevo Mundo (_Tabula terr nov_), publicado en la edicin de Ptolomeo
hecha en Estrasburgo, ao 1513. Muri en Sevilla el 22 de febrero de
1512. (Apndice X).

Se ha dicho y repetido hasta la saciedad que si Coln tuvo la desgracia
de morir en Valladolid olvidado de todos, Vespucio, ms afortunado,
cinco aos antes de su muerte, vi que al nuevo continente se le daba
en su honor el nombre de Amrica. Es cierto que Coln muri olvidado
en la ciudad del Pisuerga, y tambin lo es que el Nuevo Mundo recibi
el nombre de Amrica en honor de Amrico Vespucio, uno de los primeros
exploradores de aquellas tierras; pero cuya fama es bastante menor que
la de Cristbal Coln. El nombre de Amrica, aplicado al conjunto de
las regiones que forman el Nuevo Mundo, aparece, por vez primera el
1507, en un opsculo publicado en Saint Di (Lorena) por jvenes del
_Gymnase Vosgien_, asociacin de literatos e impresores constituda
con el apoyo y proteccin del duque de Lorena. El citado nombre, bajo
la primitiva forma de _Amerrique_ fu introducido en la _Cosmographi
Introductio_, captulo IX, por Hylacomylus (o sea Waldseemller),
profesor de Geografa de Saint Di.

Trasladaremos a este lugar las palabras de Waldseemller: Pero ahora
estas partes (Europa, Asia y Africa), han sido ms extensamente
exploradas, y otra cuarta parte ha sido descubierta por Amrico
Vespucio (como se ver luego); y no veo qu razn impedira llamarla
Amerige o Amrica, esto es, tierra de Amrico, segn el nombre de su
descubridor Amrico, varn de sagaz ingenio, as como Europa y Asia
traen sus nombres de mujeres. Su situacin y las costumbres de sus
habitantes, se comprendern claramente por las dos navegaciones de
Amrico, que siguen[596]. Dcese que el primero que se opuso a que se
diera al nuevo continento el nombre de Amrico, fu el insigne Miguel
Servet, condenado a la hoguera en Ginebra por Calvino. Waldseemller
primero y la costumbre despus pudieron ms que la honrada protesta de
Servet, y el nombre de Amrica pas lentamente al dominio pblico. Son
raros los mapas del siglo XVI, en que los nuevos territorios se sealen
como independientes del Asia y se les denomine Amrica. En los citados
mapas, adems del nombre Amrica, se hallan otros, como Terranova,
Brasil, Santa Cruz, Atlntide, Peruana y Nueva India. Ya en el siglo
XVII se admiti por todos la denominacin de Amrica. Ni presin
oficial--escribe Reclus--ni la intervencin de famosos escritores,
intervinieron en la paulatina adopcin de la palabra; proviene de los
mismos pueblos. La eufona entra por mucho en la acogida favorable que
obtuvo de los idiomas europeos: merced a esta eufona, la enumeracin
de los continentes, termina de una manera agradable al odo: _Europa,
Asia, Africa y Amrica_. En los anales de la humanidad, ya tan
llenos de injusticias, la cadencia de las slabas ha contribudo a que
prevalezca una injusticia ms[597].

       [596] _Nunc vero et haec partes sunt latius lustrate et
       alia quarta pars per Americum Vesputium (ut in sequentibus
       audietur) inventa est: quam non video un quis iure vetet
       ab Americo inventore sagacis ingenii viro Amerigem quasi
       Americi terram sine Americam dicendam: cum et Europa et Asia
       a mulieribus sua sortita sunt nomina. Eius situm et gentis
       mores ex bis binis Americi navigationibus que sequntur liquide
       intellige datur._

       [597] _Geografa Universal_, Amrica del Norte, etc., pgs. 2
       y 3.

Del escritor norteamericano Charles F. Lummis son las palabras que
copiamos: Llamar Amrica a este continente en honor de Amrigo
Vespucio fu una injusticia, hija de la ignorancia, que ahora nos
parece ridcula; pero de todos modos, tambin fu Espaa la que envi
el varn cuyo nombre lleva el Nuevo Mundo[598].

       [598] _Los exploradores espaoles del siglo XVI en Amrica_,
       pg. 60.

Continuando el relato de las expediciones a las Indias, salieron
dos en el ao 1504: una mandada por Cristbal y Luis Guerra, y otra
a las rdenes de Juan de la Cosa. Las dos expediciones, despus de
haber saqueado las costas de Venezuela y de apoderarse de cuanta
gente pudieron para venderla en seguida, sufrieron no pocos trabajos
y terribles desgracias. Naufragaron varios buques junto al golfo de
Darin, vindose los expedicionarios en grandes apuros, sin exceptuar
el hambre y las enfermedades. De los 200 individuos que salieron en
ambas expediciones, pudieron llegar unos 40 a Jamaica, luego a Hait y,
por ltimo, a Espaa. En ese ao de 1504--dice Reclus--cuando Coln
dej el Nuevo Mundo para ya no volver a l, conocase en su mayor parte
la costa oriental de los dos continentes, en tanto que el mar de las
Antillas, la primera regin descubierta, no se haba explorado sino por
la parte meridional. Desde el descubrimiento de las islas de Bahama por
Coln, transcurrieron veinticinco aos antes que las naves espaolas
penetrasen en el golfo de Mxico, a no ser costeando la isla de Cuba.
Para los espaoles era poco importante la metdica exploracin de las
costas del Nuevo Mundo; lo que buscaban eran mares abundantes en perlas
o bien tierras ricas en oro y esclavos[599].

       [599] Ibidem, pg 24.

La capitulacin que los Reyes Catlicos hicieron con Juan de la Cosa,
se firm en Medina del Campo el 14 de febrero de 1504[600]. Concedieron
los reyes que el citado navegante pudiese ir a las tierras e islas de
las Perlas, al golfo de Urab y a otras islas y tierra firme del mar
Ocano que estn descubiertas o por descubrir, siempre que no fuesen de
las que descubri Cristbal Coln, ni de las islas y tierra firme que
pertenecan al rey de Portugal. Exigan los reyes a Juan de la Cosa la
quinta parte de todo lo que encontrase, y le dejaban las otras cuatro
partes para que pudiera disponer de ellas a su voluntad. Le concedieron
tomar seis o ms indios de los que dej en la Isla Espaola Rodrigo de
Bastidas para llevarlos a las tierras del golfo de Urab, como tambin
a Juan Buenaventura, si quisiera ir con l; adems podra tomar
agua, lea u otros bastimentos, pagando por ellos lo que valieren.
Le autorizaron para que l y los que le acompaasen, edificaran
casas y pueblos, y cultivaran heredades. Mandronle terminantemente
que no llevase consigo a ningn extranjero. Hizo el viaje en cuatro
navos, y al Rey, por el quinto que le perteneca de ganancias, le
correspondieron 491.708 maraveds. A la Cosa se le concedieron 50.000
maraveds vitalicios.

       [600] _Archivo de Indias._--E. 139.--C. 1.--_Colec. de doc.
       ind., etc._, tomo XXXI.

En la capitulacin que se hizo con Alonso de Ojeda en Medina del Campo
y con fecha 30 de septiembre de 1504[601], se dispona que el citado
Ojeda podia ir a las tierras e islas de las Perlas, al golfo de Urab,
a la tierra antes descubierta por el mismo navegante y a otras islas y
tierra firme del mar Ocano, siempre que no fuesen de las descubiertas
nuevamente por Coln (las cuales se hallan ms all de los lugares
visitados antes por el mismo Ojeda y Rodrigo de Bastidas) ni de las que
pertenecen al rey de Portugal. En las dichas tierras se le autorizaba
para resgatar  aber de otras qualesquier manera oro  plata 
guanines  otros metales  alxofar  piedras preciosas,  mostruos 
serpientes  animales  pescados,  aber especierias  drogueras 
otras qualesquier cosas de qualquier gnero  nombre que sean, en tanto
que non podays traer esclavos, _salvo los questan en la isla de Santo
Domingo  isla Fuerte,  en los puertos de Cartagena en las islas de
Bar que se dicen Canbales_. Mandaban los reyes que levantase una
fortaleza donde antes la haba hecho, o en otra parte que fuera ms
conveniente.

       [601] _Archivo de Indias._--E.139.--C. 1.--_Colec. de doc.
       ind., etc._, tomo XXXI, pgs. 258-272.

Hzose otra Capitulacin o Asiento por el Rey Catlico (24 de abril de
1505) con Vicente Yez Pinzn, que se firm en Toro y por la cual se
autorizaba a dicho navegante poblar la isla denominada _San Juan_, que
se halla en el mar Ocano, cerca de la Espaola[602]. Hace notar el Rey
los buenos servicios hechos por Pinzn, principalmente en la conquista
de la Isla Espaola y en el descubrimiento de otras tierras e islas en
el mar Ocano.

       [602] _Arch. de Indias._--E.139.--C. 1.. _Col. de doc. ind.,
       etc._, tomo XXXI. pgs. 309-317.

Despus del cuarto viaje de Coln, se suspendieron por breve tiempo las
expediciones de los castellanos, y decimos por breve tiempo, puesto
que en el ao 1506, Fernando el _Catlico_ autoriz a Vicente Yez
Pinzn y a Juan Daz de Sols para que emprendiesen un viaje martimo.
En efecto, llegaron a la isla de Guanaja, y navegando al Oeste,
reconocieron el golfo de Honduras y una parte de la costa de Yucatn.

Andando el tiempo, Fernando V expidi Real cdula (23 de marzo de
1508), encargando a Pinzn y a Sols que procurasen descubrir un
Estrecho--si dicho Estrecho exista, como opinaban algunos--al Norte de
Yucatn, y por el cual se comunicasen los mares Atlntico y Pacfico.
Con tal objeto salieron de Sanlcar el 27 de junio de 1508: Como la
pennsula del Yucatn era a la sazn conocida imperfectamente, la
cdula deca que iran a la parte del Norte facia Occidente. Y con el
objeto de evitar rozamientos con Portugal, se les prohiba arribar a
las posesiones del dicho reino, pues tales eran las palabras de la Real
carta. No tocareis (en el Brasil) so aquellas penas  casos en que
caen  incurren los que pasan  quebrantan mandamientos semejantes, que
es perdimiento de bienes  personas  nuestra merced.

Afirma algn historiador que Yez Pinzn y Daz de Sols, faltando
a las instrucciones recibidas, en vez de navegar por la costa
septentrional de Amrica en busca del Estrecho, se dirigieron al Sur
explorando las costas hasta los 40 de latitud. As lo dice el cronista
Herrera, cuyas palabras trasladaremos a este lugar: Partieron de
Sevilla el ao pasado (1508), y desde las islas de Cabo Verde fueron a
dar en la Tierra Firme, al cabo de San Agustn[603]. No creemos que
tenga razn Herrera, por cuanto se halla probado que obedientes a las
rdenes que haban recibido, los insignes navegantes recorrieron slo
la costa de la Amrica Central, pasando cerca de Santo Domingo a la
ida, y entrando a la vuelta en la dicha poblacin. De igual modo cuenta
la expedicin el P. Las Casas[604].

       [603] _Dcada I_, lib. VI, cap. IX.

       [604] _Hist. de las Indias_, lib. II, cap. XXXIX.

Fu de lamentar que las rivalidades entre Pinzn y Sols les obligasen
a volver a Espaa[605]. Llegaron a las playas espaolas a ltimos
de octubre del ao 1509. Formseles proceso por la Casa de la
Contratacin, resultando culpable Sols, a quien se mand preso a la
crcel de corte, e inocente Yez Pinzn. Posteriormente, habiendo
quedado libre y absuelto de todos los cargos Sols, se le pagaron,
con fecha de 24 de abril del ao 1512, treinta y cuatro mil maraveds
como recompensa del tiempo de su prisin y pleito, adems del salario
de piloto mayor, de cuya plaza tom posesin por fallecimiento de
Amrico Vespucio, asentndosele en los libros slo sesenta y cinco mil
maraveds, porque los diez mil restantes se asignaron como pensin a
la viuda de su antecesor[606].

       [605] En un asiento o capitulacin hecho en Granada el
       cinco de septiembre de mil quinientos treinta y uno, los
       reyes dicen a Vicente Yez Pinzn que, recordando que por
       nuestro mandado  con nuestra licencia  facultad fusteis
       a vuestra costa  minsion con algunas personas o parientes
        amigos vuestros a descubrir ciertas islas y Tierra firme
       Tenemos por bien  queremos, que en quanto Nuestra merced 
       voluntad fuere, ayades  gocedes de las cosas que adelante
       en esta capitulacion sern declaradas  contenidas...
       Despus de descubrir Islas y Tierra Firme llegaron al Cabo
       de San Vicente, no sin sufrir grandes trabajos y bastantes
       prdidas.--_Colec. de doc. ind._, tomo XXII, pgs. 300-307.

       [606] _Archivo general de Indias._--Ext. de Muoz.--Conde
       Roselly de Lorgues.--_Vida de Cristbal Coln_, tomo III, pg.
       709.

Con fecha nueve de junio de mil quinientos ocho aos, Diego de Nicuesa,
caballero muy querido en la corte de Castilla, y el famoso piloto Juan
de la Cosa, en representacin de Alonso de Ojeda, solicitaron del
Rey (1509) permiso para fundar colonias en las Islas y Tierra Firme
de Amrica. Obtuvieron en seguida lo que deseaban. Dividise dicha
Tierra Firme, trazando una lnea en el golfo de Darin, dando la parte
oriental (Nueva Andaluca) a Alonso de Ojeda y la parte del Norte y la
del Oeste (Castilla del Oro) a Nicuesa. La Nueva Andaluca, por tanto,
comprenda desde el cabo de la Vela hasta la mitad del golfo de Urab;
la Castilla del Oro desde el golfo de Urab hasta el cabo Gracias a
Dios. Indispusironse ambos gobernadores (Ojeda y Nicuesa), resolviendo
el conflicto Juan de la Cosa, quien fij como lmite de los dos
gobiernos las bocas del Atrato o Ro Grande del Darin, segn entonces
se le llamaba. Con el objeto de comenzar sus expediciones, Ojeda y
Nicuesa se encaminaron a la Espaola.

Se dispona en la capitulacin que los dos jefes pudiesen fletar en la
Espaola los navos que necesitasen, como tambin se les autorizaba
para llevarse seiscientos hombres adems de los doscientos que fuesen
de Castilla. Mandbase a Fray Nicols de Ovando, gobernador de la
isla, que diese todo el favor y ayuda que necesitaran Ojeda y Nicuesa.
Y terminaba ordenando a dicho Gobernador que guardase y cumpliese la
citada capitulacin. En el otoo del ao 1509 sali Alonso de Ojeda
llevando cuatro buques y 300 hombres de dotacin; entre los ltimos
se encontraba el extremeo Francisco Pizarro. El piloto Juan de la
Cosa iba de lugarteniente o de segundo de la expedicin. Poco despus
se hizo tambin a la mar Diego de Nicuesa, hombre que contaba con ms
recursos que Ojeda, pues pudo llevar siete buques y unos 700 hombres.

Desembarc Ojeda donde a la sazn se encuentra Cartagena (Colombia) y,
no dando odos a Juan de la Cosa, penetr en el pas y cay sobre la
primera aldea que encontr, matando a los indios que se resistieron y
llevndose prisioneros a los que pudo coger vivos. Cuando los espaoles
se entregaron al descanso, fueron sorprendidos por los caribes de
las aldeas inmediatas, quienes les mataron, entre ellos a Juan de la
Cosa, salvndose nicamente Ojeda, gracias a su gran escudo y a su
destreza para parar los flechazos. Corri Ojeda hacia la playa, donde
se escondi por no poder llegar a sus buques. Afortunadamente acert
a pasar por la costa Nicuesa, que caminaba hacia las tierras que le
haban sido concedidas. Al ver Nicuesa los buques sin jefe, determin
ir en busca de los expedicionarios con la gente de a bordo. Hallaron
a Ojeda en lo ms espeso de un manglar, extenuado por la fatiga y el
hambre. Luego fueron al sitio de la lucha, donde encontraron el cadver
de Juan de la Cosa atado a un rbol y casi cubierto de flechas, hasta
el punto que pareca un _erizo_.

Regresaron a los barcos, y mientras Nicuesa segua su rumbo a Veragua,
Ojeda se dirigi ms al Oeste, donde, a orillas del golfo de Urab,
fund, en los comienzos de 1510, una colonia defendida por un fuerte
(San Sebastin) hecho de troncos de rboles[607]. En la fortaleza
tuvieron que guarecerse los expedicionarios por temor a los indios
caribes, que eran tan fieros como los de la costa de Cartagena. En
apuro tan grande, fu no poca dicha para ellos cuando vieron llegar
un buque cargado de vveres con gente aventurera y aun maleante.
Ayudado Ojeda por los recin llegados, emprendi lucha tenaz con los
salvajes, teniendo la desgracia de ser herido en un muslo con una
flecha envenenada. Salvse de la muerte haciendo cauterizar la herida
con un hierro candente para prevenir los efectos inevitables del
veneno, cubrindola luego con paos empapados en vinagre. Ya curado,
march a Hait en busca de recursos, dejando a Francisco Pizarro como
jefe; pero con orden de marchar con su gente a Veragua, si no volva
en el plazo de cincuenta das. Desembarc Ojeda en la costa meridional
de Cuba, recorriendo luego unas 50 leguas por la playa, atravesando
lagunas y marismas, hasta que con sus compaeros de desgracia,
extenuado y medio muerto de hambre, pudo llegar a una aldea india,
donde hall hospitalidad. All hizo construir una capilla dedicada a
la Virgen, cuya imagen, pintada por un artista flamenco, regalo de su
protector el obispo Fonseca, llevaba siempre pendiente del cuello. Los
indios condujeron a Ojeda y a los suyos en una piragua hasta dejarlos
en Hait. Por cierto que al llegar a Hait aquella gente deseosa de
aventuras--cuyo jefe se llamaba Talavera, y que poco antes, segn se
ha dicho, haba auxiliado a Ojeda contra los salvajes--cay en poder
de la justicia, pagando con la muerte las cuentas que tena atrasadas.
Ojeda fu absuelto; pero sin recursos y sin auxilio alguno, muri en la
mayor pobreza, all por el ao 1515. Dcese que en su testamento dej
ordenado, en expiacin de su orgullo, que se le enterrase en el umbral
de la puerta del convento de San Francisco (isla de Santo Domingo)
para que los que entrasen y saliesen del templo tuvieran que hollar su
tumba.

       [607] No deja de llamar la atencin que, con fecha 28 de
       febrero de 1510, los reyes (Doa Juana y su padre Don
       Fernando) desde Madrid dirigiesen Real Cdula a Don Diego
       Coln, Almirante y gobernador de las Indias, para que, en
       lugar de los 600 hombres que a Nicuesa y Ojeda se les permiti
       sacar de la Isla Espaola, fuesen slo 200, pues haban sido
       avisados que sacando los dichos 600 hombres recibira la isla
       mucho dao.--_Archivo de Indias._--E. 139.--C. 2.--_Colec. de
       doc. ind._, etctera, tomo XXXI, paginas 533-535.

La siguiente Real Provisin, dada por la reina Doa Juana y por su
padre Don Fernando en la ciudad de Burgos el 5 de octubre de 1511,
indica la mala opinin que se tena de Alonso de Ojeda y de sus
cmplices[608]. Dice as:

       [608] Hallase el original en el _Archivo de Simancas_.

  Doa Juana, etc. A vos nuestros jueces de apelacion de las islas,
  Indias e tierra firme del mar Ocano que resids en la isla
  Espaola, salud e gracia. Sepades de que yo he sido informada
  que Alonso de Hojeda seyendo nuestro gobernador de la provincia
  de Urab, que es en la tierra firme del mar Ocano, hizo muchos
  delitos e escesos, especialmente que estando en la dicha provincia
  hizo matar dos hombres, al uno degoll e a otro ahorc, e hizo
  azotar otros dos hombres, e cortar la lengua a otro, e herrar
  a otro en la frente, e cortar dos dedos a otro, lo cual hizo e
  mand hacer sin ser odos a justicia, no guardndoles la orden del
  derecho; e diz que hizo nuevo juez y oficiales de justicia para
  los sentenciar y ejecutar, y dijo: que aunque fusemos deservidos,
  sera gobernador en la provincia de Urab, e que verna a la dicha
  isla Espaola, e cortara la cabeza al Almirante D. Diego Colon,
  nuestro visorey e gobernador de la dicha isla; e lo llam traidor e
  otras palabras de injuria, e dijo que llevara a D. Mara su mujer
  del dicho Almirante a la dicha provincia de Urab, e que verna la
  va de la dicha isla Espaola e de San Juan, e que tomara puercos
  e pan, e que procurara de tomar alguna nao de las que fuesen o
  viniesen de Castilla a las dichas Indias e con esta intencion el
  dicho Alonso de Hojeda e Bernaldino de Talavera, vecino que fu de
  la dicha isla Espaola, habindose alzado con una nao e hurtado l
  e otros muchos vecinos de la dicha isla; e yndose a Urab en la
  dicha nao, salieron de la dicha provincia de Urab con propsitos
  daados de seguir un viaje a la dicha isla Espaola, como dicho
  es, e con tiempos e vientos contrarios diz que aportaron a la
  dicha isla de Cuba, donde diz que dicho Alonso de Hojeda hizo e
  cometi otros muchos delitos e desconciertos, e quel dicho Bernaldo
  de Talavera, despus que en la dicha isla de Cuba entraron, se
  apart de la compaa del dicho Alonso de Ojeda, e con la mayor
  parte de la gente que los susodichos llevaban en la dicha nao,
  se hizo jurar por capitan, e la dicha gente lo jur e puso de su
  mano alguaciles, no lo pudiendo hacer, e diz que ans se entraron
  dicho Bernaldino de Talavera e los que le siguieron la tierra
  adentro por la dicha isla de Cuba, donde hicieron muchos delitos e
  escesos, maltratando los caciques e indios de ella, tomndoles sus
  haciendas e mantenimientos contra su voluntad, sin se lo pagar, e
  forzndoles las mujeres, sacandolas de su poder por fuerza para las
  traer consigo por sus mancebas, e hirindoles e injurindoles grave
  e atrozmente...

Encarga la Reina a los jueces que se informen de todo lo que hicieron
en todas partes Ojeda, Talavera y dems personas; hecha la informacin
procedan contra los culpantes e contra sus bienes imponindoles las
mayores y ms graves penas civiles y criminales[609].

       [609] Vase la Real provisin en la _Historia de Coln_, de
       Roselly de Lorgues, tomo III, pginas 880-882.

Pasados los cincuenta das fijados por Ojeda, como poco antes se dijo,
sali Pizarro con los dos buques que le haban dejado camino de Santo
Domingo; pero uno de los barcos zozobr en una tempestad, y el otro, en
el que iba Pizarro, ya a punto de hundirse, fu sustituido por un buque
armado en el citado Santo Domingo.

Acerca del viaje de Nicuesa hemos de decir que, habiendo salido en
noviembre de 1509 desde la costa, donde al presente se halla Cartagena,
hacia el istmo de Darin y desde all a Veragua, por la poca exactitud
de una carta de marear dibujada por Bartolom Coln, fu ms lejos,
teniendo la desgracia de perder todos sus buques. Habiendo logrado
salvar la tripulacin, se estableci en el puerto de Bastimentos, en
cuyo lugar se fij y denomin a la colonia _Nombre de Dios_. Cuentan
que exclam: Detengmonos aqu en nombre de Dios[610].

       [610] Diego de Nicuesa fund el fuerte de _Nombre de Dios_
       el 1509, trasladndose luego a San Felipe de Puertovelo.
       La ciudad de Nombre de Dios fu quemada por los ingleses
       (13 agosto 1596) y San Felipe se fund por D. Francisco de
       Valverde y Mercado(20 marzo 1597). _Col. de doc. ind.,
       etctera_, tom. IX, pg. 108.

Desde que Cristbal Coln, en su primer viaje, tom posesin de Hait
(Isla Espaola) el 12 de diciembre de 1492, aquella fu la primera
colonia europea en el Nuevo Mundo y la capital o centro del poder
espaol en aquellas lejanas tierras.

Respecto a la isla de Cuba, descubierta tambin por Coln en su
primer viaje (al anochecer del 27 de octubre del citado ao), qued
casi olvidada por algn tiempo. Llambanse _siboneyes_ sus primitivos
habitantes. En 1508 Nicols Ovando, gobernador de la Espaola, mand a
Sebastin de Ocampo, con dos carabelas, _para bojear a Cuba_. Recorri
Ocampo la costa de Cuba y prob que era una isla. Ya en 1511, Diego
Coln, gobernador de la Espaola, dispuso que Diego Velzquez, natural
de Cullar (Segovia), fuera a poblar la mencionada isla. El cacique
Hatuey trat de impedir el desembarco de los espaoles; mas vencido
hubo de retirarse a los montes, siendo al fin hecho prisionero y
condenado a morir en la hoguera. Como un fraile franciscano le dijera
que se hiciese cristiano, nico modo de ir al cielo, el indgena
contest que _no quera ir al cielo, porque all iban los cristianos_.

La isla de Puerto Rico, que descubri Coln en su segundo viaje, fu
explorada en el ao 1500 por Juan Ponce de Len, a quien recibi
amistosamente el cacique Agueynaba. Ovando, noticioso de que en la isla
de Borinquen se encontraba en abundancia el oro, mand una expedicin
de 200 espaoles bajo las rdenes de Juan Cern; pero considerndose
preterido Juan Ponce de Len, acudi a los Reyes Catlicos, quienes le
nombraron gobernador de Puerto Rico. Tuvo que sofocar cerca de Aasco
un levantamiento de los indios contra los encomenderos. Reedific Ponce
de Len la villa de Sotomayor y fund la de San Germn.

Los espaoles establecidos en Cuba, Santo Domingo y Puerto Rico,
averiguaron la existencia de varias tierras situadas en la parte
septentrional, donde, entre otras cosas maravillosas, haba una fuente
o ro cuyas aguas tenan la virtud de remozar a los viejos que las
beban. Llevado de la curiosidad o de la idea de lucro. Juan Ponce de
Len, gobernador que haba sido de Puerto Rico, arm tres naves y se
hizo a la vela el 3 de marzo de 1512. Saliendo de la isla de Puerto
Rico y corriendo al Noroeste cincuenta leguas, di, el da 8, con los
bajos de Babueca, reconociendo despus las isletas de los Caicos,
Yaguna, Amaguayo y Manigu, llegando el 14 a Goanahan, que situ en 25
grados, 40 minutos. Continu navegando al Noroeste hasta que el Domingo
de Pascua, 27, vi tierra que el mal tiempo no le permiti reconocer,
continuando en la misma direccin hasta el 2 de abril que lleg a una
isla llamada por los indios _Cauto_, y que l denomin _Florida_, ya
por haberla descubierto en la _pascua de flores_, ya porque se ofreci
a su vista llena de verdura, de rboles y flores. Desembarc Punce de
Len y tom posesin de ella a nombre del rey de Espaa.

El da 8 continu su derrota entre violentas corrientes, vindose
obligado a fondear cerca de tierra, no sin que una de las naves se
perdiese de vista. Ponce no encontr buena acogida de parte de los
indgenas, con los cuales tuvo que pelear; retirse a un ro que llam
de _la Cruz_, donde esper en vano el bergantn perdido. El 8 de mayo
dobl el _cabo de Caaveral_, que l llam de _Corrientes_ por la
fuerza que all tienen. Reconociendo la costa hall hacia los 27 grados
dos islas, una tercera ms al Sur y una cadena de isletas que nombr
los _Mrtires_. Recorri la costa sin notar que era tierra firme,
encontrando en todas partes indios suspicaces, sumisos a veces y fieros
otras.

Despus de algunos das determin dar la vuelta a la Espaola y a
Puerto Rico. Al paso descubri nuevas islas y reconoci otras vistas
anteriormente. A un grupo de ellas di el nombre de _Tortugas_ por la
abundancia que de ellas haba, a otras denomin de la _Vieja_, porque
slo pudo ver una vieja india y que recogi en sus navos. El 25 de
julio se encamin a Bimin, en cuya tierra se supona que estaba la
fuente prodigiosa; continu navegando hasta que descubri la isla de
Bahama. Desde la isla de Bahama corriendo al Oeste cuarenta leguas, se
encuentra, segn Oviedo, la tierra de Bimin. Sali de Bahama con mucho
trabajo el 6 de agosto, llegando el 16 a una de las islas Lucayas. En
Guanim compuso los navos de sus averas, acordando all que Juan
Prez de Ortubia con el piloto Antn de Alaminos y algunos indios
prcticos se dirigiesen con un navo a reconocer la isla de Bimin, en
tanto que l continuaba su viaje a Puerto Rico, a cuya isla lleg el 21
de septiembre. Pocos das despus entr el otro navo que fu a Bimin,
sin tener la fortuna de encontrar la fuente milagrosa; pero en cambio,
hall una isla grande, con muchos rboles y abundantes aguas. Si este
viaje fu de poca utilidad para Ponce de Len, tuvo inters para la
navegacin que se hace por el canal de Bahama de regreso a Espaa, y
tambin por el descubrimiento de tantas isletas, bajos, restingas y
canales, que hacen peligrosas las derrotas por aquellos mares.

[Ilustracin:

FOTOTIPIA LACOSTE--MADRID.

VASCO NEZ DE BALBOA.]




CAPTULO XXVII

  DESCUBRIMIENTO Y EXPLORACIN DEL GRANDE OCANO U OCANO PACFICO
  POR NEZ DE BALBOA.--BALBOA ANTES DEL DESCUBRIMIENTO.--FORMA
  PARTE DE LA EXPEDICIN DE ENCISO.--DESGRACIA DE ENCISO.--POLTICA
  DE BALBOA.--LUCHA ENTRE LOS AMIGOS DE ENCISO Y LOS DE
  BALBOA.--NICUESA EN SANTA MARA LA ANTIGUA.--HUYE DE SANTA
  MARA Y SU MUERTE.--ENCISO SALE PARA ESPAA.--BALBOA Y EL
  CACIQUE CARETA.--BALBOA PENETRA EN EL INTERIOR DEL PAS.--SU
  CARTA AL REY.--DESCUBRIMIENTO DEL PACFICO.--IMPORTANCIA DEL
  DESCUBRIMIENTO.--D. PEDRO ARIAS DVILA, GOBERNADOR DE LA COLONIA DE
  DARIN.--ENEMIGA ENTRE BALBOA Y PEDRARIAS.--BALBOA SE PRESENTA A
  PEDRARIAS.--MUERTE DE BALBOA.--PEDRARIAS TOMA LA PROVINCIA DE PAQUE.


Consideremos el descubrimiento del Ocano Pacfico o mar del Sur en
el ao 1513, por Vasco Nez de Balboa. Era Balboa natural de Jerez
de los Caballeros (Badajoz), donde naci por el ao 1475. Cuando
apenas contaba veintisis aos form parte de la expedicin dirigida
por Rodrigo de Bastidas. Parti de Sevilla en octubre de 1501, y tras
feliz travesa arrib a las costas del Nuevo Mundo, recorriendo y
explorando desde el Cabo de la Vela hasta el puerto de Nombre de Dios.
Di la escuadra en unos arrecifes, de los cuales pudieron salir los
expedicionarios, no sin que las naves sufriesen averas de importancia.
Balboa, como otros compaeros, llegaron a la isla Espaola, donde a la
sazn era gobernador Don Francisco Bobadilla. Obtuvo autorizacin para
permanecer en la isla en calidad de colono y se le concedieron terrenos
y esclavos.

Deseaba Balboa salir de aquella situacin tan contraria a sus
inclinaciones. Pronto se le present ocasin propicia. El bachiller
Martn Fernndez de Enciso comenz a reclutar gente en Santo Domingo
para una expedicin. Sali de la isla (febrero de 1510) con dos buques,
150 hombres, algunos caballos y muchas armas. Prohibi el gobernador
que se embarcasen los que tuvieran alguna causa pendiente. En este
caso se encontraba Nez de Balboa; pero ayudado, no se sabe por
quin, se hizo llevar a bordo dentro de una barrica, burlando de este
modo la vigilancia de Bobadilla. En alta mar sali de su escondite.
Y de ese modo, teatral y picaresco, digno de un Gil Blas o de un
Guzmn de Alfarache--escribe el Sr. Ruiz de Obregn--, comenz Vasco
Nez de Balboa su camino de aventuras y de titnicas y legendarias
empresas[611].

       [611] _Vasco Nez de Balboa_, pg. 27.

Enciso, desgraciado como Ojeda y Nicuesa, hubo de naufragar en la Punta
Caribana (extremo oriental del golfo de Darin). Murieron bastantes
a manos de los indios, y los restantes, tristes y desalentados, no
tuvieron ms remedio que dirigirse por la playa a la colonia de San
Sebastin de Urab, la cual encontraron quemada y arrasada. nimo les
di Balboa con el anuncio de que pronto encontraran las deseadas minas
de oro. Resolvieron pasar al otro lado del golfo y fijarse all, sin
embargo de que aquella costa formaba parte del territorio cedido por
el Rey a Nicuesa. En la mrgen del ro Darin les esperaba el cacique
Cemaco, ms ganoso de guerra que de paz. Se dispuso a pelear con los
espaoles. Despus de poner en salvo, en la espesura del bosque a las
mujeres, ancianos y pequeuelos de la tribu, el cacique se coloc en
la cima de inmediata montaa al frente de los suyos. Contra ellos fu
Balboa que los venci fcilmente, hacindoles muchos muertos y huyendo
los dems a unirse con los que antes haban marchado al interior del
pas.

Desde entonces aquel puado de valientes se dispusieron a quitar la
jefatura a Enciso. Ellos haban fundado la colonia de Santa Mara la
Antigua del Darin, y ellos, por tanto, tenan el derecho de nombrar
jefe. Dijeron, para dar visos de legalidad al hecho, que Enciso y
los pocos que le seguan, se hallaban, como enviados o delegados de
Ojeda, sin derecho a ejercer autoridad, puesto que la nueva colonia
estaba situada en tierras de la jurisdiccin de Nicuesa. Tales
razones no convencieron a los partidarios de Enciso; pero los de
Balboa, importndoles poco las amenazas de sus enemigos, eligieron
para alcaldes de la villa a Vasco Nez de Balboa y a Juan Zamudio.
Con el objeto de poner paz entre los dos bandos, hubo quien propuso
nombrar jefe a Diego Nicuesa, no comprendiendo que con esta solucin se
descontentaba a los amigos de Balboa y a los de Enciso.

Lleg por entonces un navo espaol, mandado por Rodrgo Enrquez de
Colmenares, en busca de Nicuesa, a quien llevaba soldados, municiones
y vveres. Enterado Colmenares de las discordias interiores de la
colonia, propuso que se nombrase jefe--como ya se haba intentado--a
Nicuesa, toda vez que Santa Mara se hallaba dentro de su propia
jurisdiccin. Accedieron a ello, aunque no de buena gana, los dos
partidos enemigos, y al efecto, salieron algunos comisionados en busca
de Nicuesa.

Llamado Nicuesa por Balboa para que se encargase del gobierno de Santa
Mara, o habindose enterado por Colmenares de todo lo que ocurra en
tierras que a l le haba cedido el Rey, lo cierto es que abandon
_Nombre de Dios_ con 60 hombres que le quedaban y se dirigi a la
colonia de Santa Mara la Antigua. Refieren algunos cronistas que antes
de presentarse Nicuesa en Santa Mara la Antigua pidiendo auxilio a
Balboa, dos colonos del Darin llegaron a _Nombre de Dios_ decididos
a ofrecer el gobierno al citado Nicuesa, volviendo tan disgustados de
la entrevista que dijeron lo siguiente: Libertndonos de Enciso hemos
salido de los dientes del lobo; pero vamos a caer en las garras de un
tigre. Desde entonces la colonia del Darin se mostr obediente a las
rdenes que diera Balboa.

Lleg Nicuesa a Santa Mara y en el desembarcadero pudo oir la voz del
procurador del pueblo que le deca que se tornase a su gobernacin
de Nombre de Dios. Otros cronistas dicen que se mostr tan pedante
y orgulloso, que los de la ciudad no quisieron recibirle. No fueron
atendidos los ruegos de Nicuesa, el cual rogaba que si no le queran
por gobernador le tomasen por compaero; pero los de la ciudad se
negaban a ello _porque se entrara por la manga y saldra por el
cabezn_[612]. Insisti Nicuesa diciendo que aquella tierra adonde
estaban entraba en los lmites de su gobernacin, y que ninguno poda
en ella poblar ni estar sin su licencia...[613].

       [612] Herrera, _Dcada I_, lib. VIII, cap. VIII.

       [613] Ibidem.

Quieras que no quieras, le obligaron a zarpar el 1. de marzo de 1511
con 17 de los suyos, y nunca jams pareci, ni hombre de los que con
l fueron, ni adnde, ni cmo muri[614].

       [614] Ibidem.

Creyeron algunos que aport a Cuba y que los indios le mataron,
fundndose en que tiempo adelante unos marineros que naufragaron en
la isla de Cuba encontraron la siguiente inscripcin grabada en un
rbol: _Aqu feneci el desdichado Nicuesa_; pero segn el cronista
Gomara la inscripcin deca: _Aqu anduvo perdido el desdichado Diego
de Nicuesa_. Lo que se tuvo por ms cierto es que como llevaba tan
mal navo, y los mares de aquellas partes son tan bravos y vehementes,
la misma mar lo tragara fcilmente, o que perecera de hambre y de
sed[615].

       [615] Ibidem.

Lleg su turno a Enciso, a quien se oblig a marchar en el primer navo
que sali para Espaa.

Es de justicia confesar que la gratitud no fu nunca norma de conducta
del valiente extremeo. Dueo absoluto del poder Nez de Balboa, como
temiera que en la metrpoli se agitasen en contra suya los amigos
de Enciso y Nicuesa, mand a su fiel amigo Zamudio para que de todo
diese cuenta al Rey[616]. Procur Vasco Nez de Balboa mantener
buenas relaciones, lo mismo con los colonos que con los indios, pues
necesitaba de los ltimos, ya para que le trajesen oro, ya para que le
facilitaran provisiones. No pudo conseguir, aunque en ello tuvo empeo,
ganarse la voluntad del cacique Cemaco. En efecto; dicho cacique, que
siempre andaba buscando ocasin para vengarse, hizo que algunos de
los suyos diesen noticia a Balboa del mucho oro que se encontraba en
la regin denominada Dobayba, distante de all unas treinta leguas,
proponindose con el engao atraer a los espaoles hacia los bosques
y caer all sobre ellos. Balboa envi como explorador a Francisco
Pizarro, el futuro conquistador del Per, quien se vi sorprendido, y
a malas penas l y su pequea hueste pudieron salvarse, teniendo que
volver a Santa Mara. El mismo Nez de Balboa sali en persona al
frente de unos cien hombres y lleg al pueblo de Coyba, residencia del
cacique Careta. Apoderse del pueblo, haciendo prisionero al cacique
y a toda su familia; cayeron bajo su poder muchas provisiones y algn
oro. Hzose la paz entre Balboa y Careta, recibiendo aqul en prenda
una hija del cacique, joven bastante agraciada, la cual ejerci sobre
nuestro hroe ms influencia que debiera. Vasco Nez y Careta se
dirigieron contra el vecino cacique Ponca, quien se intern en los
bosques prximos mientras que aqullos entraban a saco en la poblacin
abandonada.

       [616] En el mismo barco que march Zamudio sali tambin
       Enciso.

Otra expedicin dispuso Balboa a Dobayba, lugar de muchas riquezas
y abundante de oro, segn se deca por los indios; slo encontr,
despus de penosas jornadas, el territorio del cacique Mibeyba, cuyos
habitantes vivan en las ramas y copas de los rboles, a causa de que
el suelo estaba siempre inundado por las aguas de prximas lagunas.
Consiguieron los espaoles comunicarse con aquellos indios, ya cortando
o ya quemando los troncos de los rboles ms corpulentos; pero nadie
les di noticia del oro y riquezas que buscaban con tanto empeo como
codicia.

Decidido Balboa a penetrar ms en el interior, quiso amedrentar a los
indgenas vecinos, lo que consigui entrando a saco los pueblos de
Cemaco y de Tichir, cogiendo prisioneros algunos jefes guerreros, a
los cuales hizo decapitar.

Por mediacin de su amigo Careta, logr Balboa atraerse al poderoso
Comagro. Uno de los hijos del citado cacique le di noticia de un mar
muy grande que se extenda al Sur, aadiendo que siguiendo las costas
de dicho mar en direccin Sudeste se llegara a una regin habitada por
gentes belicosas y donde abundaban las perlas y el oro. Es de creer
que tales noticias se referan al Per, siendo de advertir que entre
los oyentes se hallaba Francisco Pizarro, valiente conquistador de
aquellas tierras. No dej de decirle tambin que, para llegar al mar
del Sur, era preciso atravesar profundos pantanos, impetuosos ros,
espesos bosques y altas montaas, como de igual modo haba que luchar
con feroces indios de todas aquellas comarcas, habiendo de encontrar,
a las seis jornadas a Tubanam, cacique de instintos sanguinarios.
Nada podis hacer--y estas fueron las ltimas palabras que el indio de
Comagro dijo a Nez de Balboa--si no contis por lo menos con 1.000
espaoles armados como los que aqu tenis.

Inmediatamente Vasco Nez particip tales noticias a D. Diego Coln,
gobernador de Santo Domingo, rogndole al mismo tiempo que empleara
sus buenos oficios para que el Rey le mandase los 1.000 hombres que
necesitaba para su empresa.

Despus de tres aos, escribi (21 enero 1513) Balboa al Rey censurando
la poltica de Enciso. Entre otras cosas deca: Ruego a V. A. que
ordene que ningn bachiller en Derecho o en otra ciencia, a excepcin
de la Medicina, venga jams a estas comarcas, bajo pena de un grave
castigo, pues no viene aqu uno que no sea un demonio... y no slo
son malos en s mismos, sino que adems ensean el mal a los dems, y
tienen mil medios de multiplicar las discordias y los pleitos.

No teniendo paciencia para esperar el resultado de sus gestiones
cerca de D. Diego, se embarc el 1. de septiembre con direccin a
Coyba. Al frente de los suyos y de los indgenas que puso Careta a su
disposicin march desde Coyba por angosta faja de tierra que separa
los dos ocanos y une las dos grandes partes del continente americano.
Veinte das tard Balboa en hacer el viaje, en cuyo tiempo hubo de
recordar muchas veces la exactitud de las noticias que le diera el
hijo del cacique. El 26 de septiembre de 1513 pudo contemplar de cerca
una de las mayores cordilleras de los Andes. Al pie del alto pico
estaba situado el pueblo del cacique Cuareca. Comenzaron a subir. A
poco sealaron los guas una eminencia desde la cual ya se vea el
inmenso Ocano. Quera ser el primer espaol que lo contemplase. Fijo
en esta idea, orden hacer alto, y habiendo mandado a los suyos que no
se movieran de aquel sitio hasta que l les avisase, trep hasta la
cima de la montaa y tendi la vista sobre un mar sin lmites. Cay de
rodillas, elev sus manos al cielo y di gracias a la Providencia por
haberle concedido dicha tan grande. Ya pudo avisar a sus compaeros,
quienes, como su jefe, elevaron a Dios sus oraciones. Alabemos a
Dios--dijo Balboa--que nos ha concedido ser los primeros en pisar
esta tierra jams hollada por planta de cristianos, y en contemplar
ese mar jams surcado por naves de dichos cristianos, ofrecindonos
la dicha de dilatar la doctrina del Evangelio y de llevar a cabo
dilatadas conquistas. Cortaron ramas de un rbol e hicieron con ellas
una cruz, que pusieron en el mismo sitio donde poco antes se arrodill
Nez de Balboa, amontonando en torno de ella algunas piedras a manera
de pedestal. Postrados todos ante la divina insignia, uno de ellos,
que era sacerdote, enton el _Te Deum laudamus_. Jams, jams--dice
Wshington Irving--ha subido al trono del Todopoderoso desde ningn
lugar santificado, oblacin ms pura ni ms sincera que la elevada en
tan solemne momento desde la cspide de aquella montaa, sublime altar
de la naturaleza.

Valderrbano, notario real y secretario de Nez de Balboa, redact un
acta en presencia de los caballeros, hidalgos y hombres de bien que
concurrieron al descubrimiento del mar del Sur a las rdenes del muy
noble seor capitn Vasco Nez de Balboa, gobernador de Santa Mara y
Adelantado de Tierra Firme. Entre los que le acompaaban citaremos a
Francisco Pizarro, Andrs Vara (clrigo) y Juan Mateos Alonso (Maestre
de Santiago). Despus de grabar en los rboles inmediatos al pedestal
los nombres de los reyes de Castilla, comenzaron a bajar el monte para
llegar a la playa. Tres das dur el descenso, no sin que se viesen
acometidos por los indios de Chiapes. Hecha la paz con los citados
indios, en cuyo pueblo de Chiapes dej parte de su gente, acompaado de
26 hombres solamente y del cacique de aquella tierra con varios de sus
guerreros--pues los enemigos se haban convertido en auxiliares--lleg
a una baha que denomin de San Miguel por haberla descubierto en el
da de dicho santo. Era por la tarde cuando logr tocar en la costa
y en ocasin que la marea haba descendido. El agua se hallaba a la
distancia de una media legua. Sentado con su acompaamiento a la sombra
de los rboles, esper la pleamar, y cuando lleg sta, se levant,
visti sus armas, tom una bandera en que apareca la imagen de la
Virgen y debajo las armas de Castilla y de Len, desnud la espada y
agitando en la otra mano la bandera, penetr en el mar hasta que el
agua le lleg a las rodillas. All proclam a los muy altos y poderosos
reyes D. Fernando y Doa Juana, en cuyo nombre tomaba posesin de
aquellos mares y de todas las tierras que baaban, aadiendo que
estaba pronto y preparado para defenderlas y mantenerlas. Si los 26
espaoles que presenciaban el acto se sentan entusiasmados, los indios
permanecan atnitos, no comprendiendo tales cosas.

Unos dos meses permaneci Vasco Nez de Balboa en aquellos sitios,
emprendiendo varias expediciones peligrosas. No slo se haba propuesto
el descubrimiento del mar del Sur o Pacfico, sino tambin el de
explorarlo y reconocer la costa, deseoso de encontrar el rico pas
anunciado por el hijo del cacique de Comagro y de otros indios, que
despus confirmaron lo dicho por aqul.

Con grandes trabajos pudo Balboa construir dos bergantines en la costa
del Atlntico, los cuales transport a la del Pacfico y se di a la
mar. Eran los primeros buques de construccin europea que surcaban
aquellos mares y el primer hombre del antiguo mundo que navegaba por
ellos. Anduvo hasta unas 20 leguas ms all del golfo de San Miguel
y no descubri el Per porque vientos contrarios no le permitieron
seguir aquella ruta, dirigindose entonces al archipilago llamado
por l de las Perlas, donde a la sazn trataba de construir otros dos
bergantines. Aunque Balboa haba recibido del Almirante Diego Coln,
gobernador de Hait, nombramiento de jefe de la colonia, le remorda
seguramente la conciencia por lo que hiciera con Enciso y con Nicuesa,
y tema recibir malas noticias de la metrpoli, tal vez su deposicin
y aun su prisin. En efecto, los presentimientos de Balboa salieron
ciertos. El obispo Fonseca, director del departamento de Indias, no
le perdonaba el comportamiento que haba tenido con Nicuesa, persona
muy estimada por el prelado. Ignoraba, adems, Fonseca el brillante
descubrimiento del Pacfico y otra cosa para la corte del Rey de
ms importancia, cual era el envo de un buque con la relacin de
su atrevido viaje. 20.000 castellanos de oro y 200 de las mejores
perlas. El 21 de enero de 1514 volvi a Santa Mara el descubridor del
Pacfico, despus de cuatro meses y veinte das de haber salido.

Don Pedro Arias de Avila (Pedrarias Dvila) fu nombrado gobernador
de la colonia del Darin. Era hermano del conde de Puonrostro y muy
querido en la corte. Este anciano sexagenario se embarc en Sanlcar
el 12 de abril de 1514 en 20 buques y llevando ms de 1.500 hombres;
desembarc en Santa Mara la Antigua el 30 de junio del citado ao.
El nuevo gobernador de _Castilla Aurfera_, como quiso el Rey que se
llamara la tierra descubierta y conquistada por Vasco Nez de Balboa,
llevaba consigo, adems de su mujer, Doa Isabel de Bobadilla, sus
hijos y servidumbre, a Juan de Ayora como vicegobernador, a Gaspar de
Espinosa como alcalde mayor de Santa Mara, al bachiller Enciso como
alguacil mayor (cargo que acept para vengarse de Balboa), a Fernndez
de Oviedo (autor despus de la _Historia general de las Indias_) como
veedor o inspector de las minas, a Alonso de la Fuente como tesorero
real, y al franciscano Fr. Juan de Quevedo como obispo de la provincia
del Darin. Cuando Pedrarias Dvila arrib a la colonia de Santa
Mara la Antigua y supo que Balboa, con otros expedicionarios, haba
descubierto el mar del Sur, su ira no tuvo lmites, comprendiendo
desde aquel momento que Balboa, ms que subordinado suyo, era odioso
rival. Al enterarse luego de las cualidades de dicho caudillo, pudo
apreciar su inteligencia y su valor. Desde aquel momento jur perder
a Balboa. Mientras que Pedrarias vea cmo Balboa navegaba con dos
bergantines, y pronto iba a tener cuatro, siendo querido de los
espaoles y respetado por los indios, l contemplaba desorganizada su
expedicin, muerta su gente de hambre o enferma por el clima, perdido
casi el Darin y envalentonados los indgenas. Tema, adems, que
los colonos llegasen a quitarle el gobierno para drselo a Balboa.
La enemiga de Pedrarias Dvila a Nez de Balboa no dejaba de tener
fundamento. No hemos de negar a este propsito que Balboa--con fecha 16
de octubre de 1515--desde Santa Mara la Antigua, escribi a Fernando
el _Catlico_, dndole noticia de la mala gobernacin de Pedrarias.
Decale--entre otras cosas peregrinas--que tanto el gobernador, como
sus allegados y amigos, nicamente se cuidaban de tomar todo lo que
podan y de matar cruelmente indios. Refiere que l (Nez de Balboa),
a la cabeza de unos 200 hombres, haba penetrado en la provincia de
Davaibe, cuyo cacique estaba receloso y alzado contra los cristianos.
Averigu que a las diez jornadas de all se encontraban muchas minas
de oro; pero hubo de volverse al Darin porque no hall de comer en
aquella tierra, la cual estaba empobrecida a causa de la langosta.
Obligronle tambin a ello la actitud belicosa de los indios. Acerca
del gobernador Pedrarias Dvila, afirmaba que era muy viejo y estaba
enfermo, importndole poco que sus capitanes hurtasen oro y perlas en
sus entradas en la tierra. Era aficionado a decir mal de los unos a
los otros, codicioso, descuidado, suspicaz y envidioso. Y por no ser
ms prolijo--aade--dejo de hazer saber a V. R. A. otras infinitas
cosas, que consisten en su mala condicion, y que no haba de caber en
persona que tan gran cargo tiene y tanta y tan honrada gente ha de
regir y administrar. Lo que a V. M. suplico, porque yo no sea tenido
en posesion de maldiciente, es que mande tomar informacion desto que
yo digo, de todas las personas que destas partes van, y ver V. A.
claramente ser verdad todo lo que tengo dicho[617]. Deca despus que
la tierra era muy rica, hermosa y sana.

       [617] _Archivo de Indias.--Patronato Real._ Estante I, cap.
       I, legajo 26, nm. 5. _Coleccin de doc. ind. relativos
       al descubrimiento_, _conquista y colonizacin en Amrica y
       Oceana_, tomo II, pgina 536.

Poco despus Alonso de la Fuente y Diego Mrquez escribieron una carta,
con fecha 28 de enero de 1516, desde Darin, al citado monarca,
manifestando que el gobernador Pedrarias Dvila haba salido para la
costa del Norte, desembarcando en el puerto de Acla. All--decan--di
comienzo a la edificacin de una fortaleza y de un pueblo; pero
habiendo enfermado gravemente, di la vuelta al Darin, dejando
encomendadas las obras a Lope Dolano. Igualmente--aadan--se est
edificando otro pueblo en dicha costa y en el paraje de la isla de las
Perlas. En esta salida que hizo el dicho Gobernador muestra la gente
mucho contentamiento de su conversacion, y segun del trato que dizen
que ha hecho a los indios, creemos que, si su enfermedad tan continua
no le hobiera impedido, que hobiera mucho aprovechado haber entrado
por la tierra en las cosas que V. A. tiene mandado[618]. Y bien
creemos--dicen los citados Puente y Mrquez--que entretanto quel Obispo
estoviere en estas partes, nunca cesarn pasiones o impedimentos al
servicio de V. A.  al bien general de la tierra[619].

       [618] _Col. de Doc. ind._, etc., tomo I, pg. 541.

       [619] Ibidem, pg. 548.

Despus de breve expedicin por las costas inmediatas y de corta
estancia en las islas de las Perlas, regres Vasco Nez al ro de las
Balsas donde esperara los refuerzos que haba pedido a Pedrarias.

Cuenta Herrera que en este corto viaje, una noche que Balboa
contemplaba pensativo el cielo, en compaa de algunos soldados, se
fij en una estrella, la cual le hubo de recordar cierto pronstico que
aos atrs le haba hecho _micer_ Codro, astrlogo italiano. Consista
en que la noche que viese aquella estrella en el sitio donde a la
sazn se encontraba y con aquellos destellos rojizos intermitentes que
entonces despeda, su vida estara amenazada de mucho peligro; mas si
lograba escapar de l, su nombre, acompaado de la fama, recorrera el
mundo. Balboa, habiendo contado esto a los que le rodeaban, se burl
de los adivinos, no pudiendo creer que el horscopo de Codro se iba a
cumplir muy pronto.

Andrs Garabito, lugarteniente y hombre de toda la confianza de
Balboa, fu el denunciador de su jefe. Veamos el motivo: Su intimidad
con Balboa daba lugar a que viese con frecuencia y tratase con
confianza a la hermosa hija de Careta, manceba de aqul. Prendado
de ella, se atrevi a cortejarla, y sorprendido en cierta ocasin
por Balboa, ste le insult y humill con dureza en presencia de la
india. Ciego de clera y despecho, jur Garabito vengarse, y en el
acto escribi secretamente a Pedrarias, manifestndole que Balboa
no pensaba casarse con su hija[620], sino con la india que tena en
su compaa; que haba fingido aceptar aquel honroso enlace para
adormecer los justos recelos del gobernador y tener as ms libertad
de accin en la ejecucin de sus planes, y que se propona declararse
independiente, rebelndose contra Pedrarias y contra el Rey, tan pronto
como estuviesen en disposicin de navegar los cuatro bergantines que
estaba construyendo[621]. Crey Pedrarias lo que se le denunciaba y se
dispuso a castigar a su enemigo. Los amigos de Balboa juzgaron que era
conveniente avisarle lo que ocurra: uno de ellos, Hernndez Argello,
cometi la torpeza de escribir una carta, aconsejando al citado Vasco
Nez que se hiciese a la mar sin perder tiempo y le ofreca obtener
la proteccin y ayuda de los frailes gernimos, a la sazn poderosos
en Espaa. Carta tan imprudente--no sabemos cmo--cay en poder del
vengativo y suspicaz gobernador del Darin. Llam Pedrarias a Balboa,
que estaba entonces en la isla de las Tortugas, y, sospechando que
no quisiera venir, despach tras la carta a Francisco Pizarro con
gente armada para que le prendiese, donde quiera que le encontrase.
Inmediatamente que Balboa recibi la carta, se puso en camino. Cuando
se hallaba cerca de Acla, le dijeron que Pedrarias estaba muy indignado
con l; pero Balboa, confiado en su inocencia, continu su camino.
Encontr a Francisco Pizarro con la gente que le iba a prender y le
dijo: _Qu es esto, Francisco Pizarro? No soliades vos as salirme
a recibir._ Lleg a Acla y fu reducido a prisin. Formle proceso
el licenciado Espinosa, alcalde mayor, en virtud del cual los jueces
le condenaron a muerte, que sufri con otros cuatro el 12 de enero de
1519. Contaba a la sazn cuarenta y cuatro aos. Los vecinos de Acla
vieron llegar al patbulo que se levantaba en la plaza uno de los ms
ilustres capitanes--tal vez el primero--despus de Coln. Se le acus
de haber dado muerte a Diego de Nicuesa, de la prisin y agravios del
bachiller Enciso y muy especialmente como traidor al Rey y usurpador
de las tierras de la Real Corona. Marchaba tranquilo y resignado al
suplicio; pero al oir--como en otro tiempo D. Alvaro de Luna en la
plaza del Ochavo de Valladolid--que se le condenaba por traidor y
usurpador de los territorios de la Real Corona, exclam indignado:
Mentira; siempre he sido leal, sin ms pensamiento que el de aumentar
al Rey sus dominios[622].

       [620] Por mediacin de Fray Juan de Quevedo, Balboa pidi en
       matrimonio a Mara, hija de Pedrarias.

       [621] Ruiz de Obregn, ob. cit., pgs. 147 y 148.

       [622] Esta es la justicia (gritaba el pregonero) que manda
       hacer el Rey, nuestro seor, y Pedrarias, su lugarteniente,
       en su nombre, a estos hombres, por traidores y usurpadores de
       tierras pertenecientes a la Real Corona.

Esta prdida fu muy sentida, por ser Vasco Nez capitn prudente,
animoso y liberal, y que eternamente ser estimado por uno de
los capitanes ms memorables de las Indias...[623]. Al cabo de
cuatrocientos aos la posteridad ha hecho justicia al insigne
navegante. Creemos que en el mismo sitio donde fu ajusticiado,
se levantar pronto su estatua. Bien la merece, pues la gigantesca
obra de Coln fu completada por el descubrimiento de Vasco Nez
de Balboa. El obispo Fray Bartolom de las Casas en su _Brevissima
relacion de la destruycion de las Indias_[624], dice de Pedrarias
Dvila, sin nombrarlo, lo que a continuacin copiamos: El anno de mil
 quinientos  catorce: passo a la terra firme un infelice gobernador:
crudelissimo tirano: sin alguna piedad ni aun prudencia: como un
instrumento del furor divino. Fu decapitado Vasco Nez de Balboa,
el gran descubridor del Ocano Pacfico, con no pequeo dao del poder
de Espaa en Amrica, pues ninguno de sus sucesores vala lo que l.
Ingrato haba sido Balboa con Enciso y cruel con Nicuesa; pero no se
olvide que el gobernador de Hait le di el nombramiento de jefe de la
colonia. Aun sin esto la sentencia de Pedrarias fu brbara e inicua.
Vasco Nez de Balboa, valiente, tenaz en sus propsitos, inteligente
y de clarsimo ingenio, nacido para mandar y dirigir una empresa, lo
mismo pacfica que belicosamente, pareca destinado a elevar el poder
de Espaa en aquellas tierras a una gran altura. Era--dice Antonio de
Herrera--muy bien entendido y sufridor de trabajos, hombre de mucho
nimo, prudente en sus resoluciones, muy generoso con todos, discreto
para obrar, tan hbil para mandar a los soldados como intrpido para
conducirlos a la pelea, en la que nunca vacilaba en ocupar el puesto de
mayor peligro. Aade, para retratarle fsicamente, que era bien alto
y dispuesto de cuerpo, de buenos miembros y fuerzas, y de gentil rostro
y pelo rubio. Pedro Mrtir le llama _egregius digladiator_. Las Casas,
despus de repetir casi literalmente lo escrito por Herrera, dice por
su cuenta que Dios le reservaba para muy grandes cosas.

       [623] Herrera, _Dcada II_, lib. II, cap. XXII.

       [624] Impreso en la ciudad de Sevilla el ao 1552.

Inmediatamente despus de Vasco Nez de Balboa fueron decapitados
Valderrbano, Botello, Hernn Muoz y el mismo Argello. Fray Juan
de Quevedo y Gaspar Espinosa pidieron al gobernador que indultara
a Argello. Negse Pedrarias, como antes les haba negado la misma
gracia en favor de Balboa. Ya de noche y a poco--dice el seor Ruiz de
Obregn--oyse en las tinieblas un golpe seco y siniestro, que anunci
a los espectadores que todo haba terminado, pereciendo tambin a manos
del verdugo aquella inocente vctima de su afecto a Balboa y de su
imprudencia[625].

       [625] Ibidem, pg. 161.

Terminemos, por ltimo, este captulo, reseando la toma de posesin
realizada por Pedrarias Dvila en la provincia de Paque (costa del Sur)
el ao de 1519. Estando Pedrarias, teniente general y gobernador de
Castilla Aurfera, en la boca de un estero que se halla en la citada
provincia, con los capitanes Francisco Pizarro, Bartolom Pimienta
(piloto), Bartolom de Bastidas y otras muchas personas, en presencia
de los escribanos Luis Ponce y Cristbal de Mozolay, tom en su mano
derecha una bandera de tafetn blanco, en la cual estaba figurada la
imagen de Nuestra Seora, y ponindose de rodillas como todos los
presentes, dijo en altas voces: Oh, Madre de Dios!, amansa a la
mar, e haznos dignos de estar y andar debaxo de tu amparo, debaxo del
cual te plega descubramos estas mares e tierras de la mar del Sur, e
convirtamos las gentes dellas a nuestra santa fee catlica.

Pedrarias Dvila, teniente general de los reinos e tierra firme de
Castilla del Oro, gobernador e capitn general dellos por la reyna
doa Juana y el rey D. Carlos su hijo, orden que los escribanos Ponce
y Mozolay diesen fe de haber tomado posesin de toda la costa de la
tierra nueva e de la mar del Sur, e de todos los puertos y entradas e
caletas e abras que hay en toda ella, y de todas las islas e nsolas de
cualquier manera o calidad o condicion que sean, que estn en la dicha
costa e mar del Sur, e de todas las provincias e tierra o tierras, que
estn aguas vertientes a la dicha mar. Luego dijo estas palabras: En
nombre de los dichos reyes nuestros seores e de sus subcesores de la
corona real de Castilla, corto rboles e rozo la yerba que est en esta
dicha tierra, y entro en el agua de la dicha mar del Sur, corporalmente
e ponindome de pies en ella, e huello la dicha tierra nueva e aguas de
la dicha mar del Sur. Todos los capitanes y dems individuos presentes
manifestaron que se hallaban dispuestos a defender y resistir la citada
posesin; tambin los escribanos dieron fe y testimonio de todo lo
sucedido[626].

       [626] _Archivo de Indias. Patronato Real._ Est. I, caj. I,
       leg. 26, nm. 13. _Colec. de doc. ind._, etc., tom. II, pgs.
       549-556.




CAPTULO XXVIII

  EXPEDICIN DE JUAN DAZ DE SOLS.--SEGUNDO VIAJE DE
  SOLS.--EXPEDICIN DE FRANCISCO HERNNDEZ DE CRDOVA.--VIAJE DE
  JUAN DE GRIJALBA A YUCATN.--FAMOSO VIAJE DE FERNANDO DE MAGALLANES
  ALREDEDOR DEL MUNDO.--JUAN SEBASTIN EL CANO.


Ibase a descubrir el hermoso pas del Ro de la Plata. En tanto que
el Rey Catlico pareca haber olvidado los descubrimientos, los
portugueses hallaron en Malaca rico comercio constitudo por el clavo
y la nuez moscada. D. Fernando hubo de decidirse al fin a mandar una
expedicin, recayendo el nombramiento de jefe de ella en Juan Daz
de Sols, antes al servicio de Portugal y a la sazn muy quejoso
de la conducta que aquel gobierno haba seguido con l. Mendes de
Vasconcellos, embajador portugus en Espaa, por encargo del rey D.
Manuel, visit varias veces al Rey Catlico--pues a los portugueses les
tena en mucho cuidado el tratado de Tordesillas--replicando siempre
D. Fernando que su propsito era conservar la mayor armona con su
hijo el de Portugal; que su mayor deseo era no dejar ninguna manera
de conflictos a sus nietos; y que si ahora era viejo y no estaba para
reyertas en los escasos das que le quedaban de vivir, mucho sera su
contento si al irse del mundo dejase asegurada de un modo firme la paz
de su casa. Vasconcellos escriba luego a su soberano dicindole:
que todo no pasaba de muy buenas palabras. El embajador portugus no
descansaba un momento. Convencido que nada sacaba de provecho con sus
visitas al Rey Catlico, llam a Sols repetidas veces, no slo para
repararle en sus agravios contra Portugal, sino principalmente para
averiguar lo que hubiese de cierto en la expedicin a Malaca. Pensaba
el monarca lusitano que la citada expedicin poda ocasionar la ruina
del comercio portugus en Asia, dada la intrepidez y deseo de riqueza
de la marina mercante espaola. Por entonces, habiendo muerto en
Sevilla (1512) Amrico Vespucio, nombr el rey _Piloto Mayor del Reino_
a Sols. El nombramiento acrecent los temores de Vasconcellos, quien
no par hasta tener larga entrevista en Logroo, el 30 de agosto, con
Sols, de la cual sac que el ilustre navegante estara en disposicin
de hacerse a la mar en abril del prximo ao con tres barcos, uno
de 170 toneladas, otro de 80 y el tercero de 40, con el objeto de
ver y demarcar los verdaderos lmites de las posesiones castellanas
que por las alturas de la Malaca deban caer en dominio espaol. D.
Manuel y su embajador insistieron con D. Fernando y Sols, dando por
resultado que el Rey Catlico escribiera a Hurtado de Mendoza, quien
con el soberano portugus arreglara el asunto. Mientras el embajador
espaol tranquilizaba a la corte de Lisboa, D. Fernando deca a los
oficiales de la Casa de Contratacin que haba suspendido el viaje a
la Especera. Los aprestos hechos para aquella empresa se utilizaran
en la exploracin de las costas de Tierra Firme. Fu el cansancio de
los aos lo que oblig a D. Fernando a modificar sus planes? Fu el
amor paterno, pues nietos suyos eran los hijos de D. Manuel? Tal vez ni
lo uno ni lo otro, llegndose a sospechar que todo haba sido obra de
Sols.

Dcese tambin que la expedicin que el citado piloto mayor hizo en
1512 fu preparada y por cuenta de l mismo. Ignoramos quin di el
dinero para armar las carabelas y tampoco sabemos el da cierto en que
Sols se hizo a la vela. Toc en el cabo de San Agustn, continu su
camino y lleg al puerto de Maldonado (departamento hoy del Uruguay),
habitado por los charras. Apenas desembarc, tom posesin del pas,
no sin que los indgenas manifestasen cierta admiracin por las
ceremonias que hicieron al tomar dicha posesin. Cuando se hallaba
ocupado en adquirir datos acerca de la topografa y extensin de
aquella tierra, furiosa tempestad le oblig a alejarse de la costa,
perdiendo uno de los buques de la flota. Volvi Sols a Espaa. De
aquella expedicin se ignora tambin el da de llegada.

Expedicin tan prspera anim a D. Fernando a despachar a Sols, con el
cual hizo asiento (24 noviembre 1514). Sols se hizo a la vela en el
puerto de Lepe (8 octubre 1515) con tres naves, encaminndose a Santa
Cruz de Tenerife. Sali de Santa Cruz, lleg al cabo de San Agustn y
ancl en el puerto de Ro Janeiro (1. enero 1516). Continu corriendo
la costa hasta el cabo de Santa Mara, pas las islas de Lobos, lleg a
Maldonado (2 de febrero), a cuyo puerto denomin de _Nuestra Seora de
la Candelaria_. Continu su viaje, remontando el curso del ro, dando
el nombre de _ro de los Patos_ a la parte comprendida entre los 35
hasta los 34 y 1/3, y sigui adelante, franqueando el abra, cuyas aguas
son dulces, y por ello llam _mar dulce_ a su caudal. Continu aguas
arriba con la menor de sus carabelas, y despus de haber dejado atrs
una isla que bautiz con el nombre de _Martn Garca_, en recuerdo de
haber muerto all un piloto as llamado, di fondo en las costas de la
colonia. Acompaado del factor Marquina, del contador Alarcn, del
grumete Francisco del Puerto y de 50 marineros, desembarc en el pas,
siendo recibido por los indgenas a flechazos y pedradas. All murieron
Sols, Marquina, Alarcn y algunos marineros. Francisco del Puerto
fu herido y prisionero. Los pocos sobrevivientes huyeron a la costa,
donde se precipitaron a los botes y remando llegaron a la carabela. Los
charras les persiguieron hasta la misma orilla del mar. Los espaoles
de la carabela acordaron partir en busca de los compaeros que haban
dejado atrs, y todos juntos, dirigidos por el piloto Francisco de
Torres, dispusieron la retirada. Desde que franquearon el cabo de Santa
Mara, fuerte temporal hizo naufragar una de las carabelas, muriendo
gran parte de sus tripulantes e internndose el resto a la ventura.
En la baha de los Inocentes se proveyeron de madera brasil (palo de
Fernambuco), y a fines de agosto de 1516 llegaron a las costas de la
pennsula. Poco antes se haba mandado a Europa el primer cargamento
de dicha madera. La noticia de la feliz llegada de los expedicionarios
se comunic a los gobernadores del reino el 4 de septiembre. Cinco
meses despus Portugal reclam contra los expedicionarios, pidiendo su
inmediato castigo. Consisti todo el provecho de este viaje en unos
500 quintales de brasil, 66 cueros de lobos marinos y una esclavita.
Expedicin tan desgraciada, y la muerte del rey don Fernando el
Catlico (1516), contribuyeron con sobrada razn a que por entonces,
o mejor dicho, en algunos meses no se pensara en viajes al Ro de la
Plata. Recuerdos tan tristes apenas duraron un ao.

Importante fu la expedicin realizada por Francisco Hernndez de
Crdova en el ao 1517. Reunidos 110 compaeros espaoles en Cuba,
acordaron, con beneplcito de Diego Velzquez, gobernador de aqulla
isla, nombrar por capitn a Francisco Hernndez de Crdova, hombre
rico, para descubrir nuevas tierras. Con tres barcos dirigidos por
los pilotos Antn de Alaminos, Camacho de Triana y Juan Alvarez,
sali Hernndez de Crdova de la Habana (8 de febrero). A los doce
das doblaron el cabo de San Antonio, navegando hacia donde se pone
el sol; despus de terrible tormenta, y al cabo de veintin das
de navegacin, vieron tierra que antes nadie haba descubierto.
Desde los navos vieron un pueblo grande que denominaron _El gran
Cairo_. Una maana llegaron algunos indios en cinco canoas y el jefe
de esta gente o cacique les rog que fuesen a su pueblo; all se
encaminaron los espaoles; pero cuando haban penetrado en el monte
cayeron sobre ellos los indgenas arrojndoles flechas y piedras.
Huyeron vencidos por los nuestros, no sin sufrir unos y otros algunas
prdidas. En aqul pas encontraron algn oro. Siguieron navegando
hacia el poniente, descubriendo puntas, bajos, ancones y arrecifes,
y luego, a los quince das, un pueblo importante, y cerca de l
espaciosa ensenada. Llamaron al pueblo _Domingo de Lzaro_, porque fu
descubierto en un da de estos; los indios le denominaban _Quimpech_,
y los castellanos, tiempo adelante, cambiaron el nombre por el de
_Campeche_. Tambin los naturales de aquella tierra les condujeron a
su pueblo, donde los sacerdotes (_Papas_) trajeron sahumerios como a
manera de resina (_copal_). En braseros de barro arrojaron lea, y
dirigindose a los castellanos les dijeron que antes que aquella lea
se quemase, los mataran. Retirronse a toda prisa costa adelante;
mas luego desembarcaron en un pueblo que se llamaba _Potonchan_, cuyo
cacique les atac con tales bros que sucumbieron 50 de los nuestros,
dos prisioneros y muchos heridos, encontrndose entre los ltimos el
capitn Hernndez de Crdova, quien recibi doce flechazos. Acordaron
regresar a Cuba, detenindose al cabo de tres das para tomar agua en
un estero o ro. El agua era salada y mala, y habiendo en aqul sitio
muchos lagartos, dironle el nombre de _El Estero de los Lagartos_.
Se encaminaron a la Florida, y ya en ella el piloto Alaminos, con 20
soldados, baj a tierra. Dijo el piloto que haca diez o doce aos que
all estuvo con Ponce de Len. Cogieron agua muy buena; mas los indios
cayeron sobre los espaoles e hirieron algunos. Entre los heridos se
hallaba el piloto Alaminos. Embarcronse con el agua tan deseada,
pasaron por las isletas que llaman de los _Mrtires_ y llegaron al
puerto de Carenas o de la Habana. Despus que Hernndez de Crdova di
a Velzquez noticia de las nuevas tierras descubiertas, se retir a la
villa de Sancti Spritus, muriendo a los diez das de resultas de sus
heridas[627].

       [627] Bernal Daz del Castillo, _Historia de los sucessos de
       la conquista de la Nueva Espaa_, captulos I-VI, pgs. 1-5.

Consideremos la importantsima expedicin realizada por el capitn Juan
de Grijalba, preparada y dispuesta tambin por Velzquez. Grijalba
llevaba por piloto mayor a Antonio de Alaminos, y formaba parte de
ella Pedro de Alvarado. Salieron de Matanzas el 20 de abril de 1518,
entraron en el de Carenas el 22 y se dirigieron pocos das despus al
cabo de San Antonio. El 3 de mayo reconocieron la isla de _Cozumel_,
que el capitn, por la solemnidad del da, denomin de _Santa Cruz_.
Sigui nuestra armada la costa. Pudieron contemplar los castellanos una
tierra tan productora como bella, poblada de pacficos indios. El da
6 Grijalba, acompaado de 100 hombres armados y de un clrigo, salt a
tierra, lleg a una torre que se levantaba no lejos del mar, y subiendo
a ella, tom posesin en nombre de Su Alteza[628].

       [628] De dicha torre, dice Oviedo lo siguiente: Era un
       edefiio de piedra, alto  bien labrado. En el ircuyto tenia
       diez  ocho gradas,  subidas aquestas, avia una escalera
       de piedra que subia hasta arriba,  todo lo dems de la
       torre paresia maio. En lo alto, por de dentro, se andaba
       alrededor por lo hueco de la torre a manera de caracol,  por
       de fuera en lo alto tenia un andn, por donde podan estar
       muchas gentes. Esta torre era esquinada, y en cada parte tenia
       una puerta, por donde podan entrar dentro, y dentro avia
       muchos ydolos. Lib. 17, cap. 9.

Encontraron los espaoles algunos indios, con los cuales conversaron,
desapareciendo los ltimos al poco tiempo. Visitaron los nuestros
varios pueblos, cuyos edificios parecan hechos por espaoles. Tambin
hallaron muchos colmenares, abundando, por consiguiente, la cera y la
miel. Haba, del mismo modo, liebres y conejos, y, segn los indios, se
criaban puercos, ciervos y otros muchos animales monteses.

El 7 de mayo salieron de Cozumel, y, habiendo atravesado quince millas
de golfo, se encontraron en la isla de Yucatn. Vieron en seguida tres
pueblos de numeroso vecindario, formados de muchas casas de piedra,
torres muy grandes y bastantes casas de paja. Corrieron algn tiempo
por la costa, y all, muy lejos, divisaron un pueblo tan grande, que
la ciudad de Sevilla no podra parecer mayor ni mejor, y se vea en
l una torre muy grande. Salieron de la isla de Yucatn, volviendo a
la de Cozumel o Santa Cruz, donde se proveyeron de agua y alimentos.
Pasaron por segunda vez a la isla de Yucatn y anduvieron por la costa,
encontrando una hermosa torre, habitada--segn se deca--por mujeres,
tal vez de raza de Amazonas. Llegaron al pas del cacique Lzaro,
tierra ya visitada en el ao anterior por Hernndez de Crdova. En
aquella isla cogieron agua en un pozo, donde tambin hubo de cogerla
el mismo Hernndez de Crdova, y, despus de obtener algunos obsequios
de oro, cuyo valor era escaso, recibieron repetidas veces la orden de
retirarse. Pusieron en medio del campo un tiesto con cierto sahumerio,
dicindonos que nos furamos antes que aquel sahumerio se consumiese,
que de no hacerlo as nos daran guerra. Y acabado el sahumerio nos
empezaron a tirar muchas flechas...[629]. Reido fu el combate,
muriendo varios indios y heridos algunos espaoles.

       [629] _Itinerario_ escrito por el capelln mayor de la dicha
       armada.

Abandonaron el 29 de mayo el pueblo del cacique Lzaro, recorrieron
algunas tierras y el 31 encontraron un puerto muy bueno, que llamaron
_Puerto Deseado_, permaneciendo en l doce das, alimentndose de
exquisito pescado y encontrando tambin conejos, liebres y ciervos.
Posteriormente descubrieron una tierra denominada _Mulua_ y un ro,
cuya agua dulce penetraba seis millas mar adentro. Pusironle por
nombre _Ro de Grijalba_. Seguidos de muchos indios, unas veces en
actitud pacfica y otras veces amenazadores y belicosos, llegaron
a ver unas sierras altas, donde nace el ro, y esta tierra parece
ser la mejor que el sol alumbra. Luego sigui costeando la armada
y los expedicionarios saltaron a una isleta que llamaron _Isla de
los Sacrificios_: en ella hallaron algunos edificios de cal y arena,
bastante grandes, y un trozo de edificio de dicha materia, conforme
a la fbrica de un arco antiguo que est en Mrida, y otros edificios
con cimientos de la altura de dos hombres, de diez pies de anchos y
muy largos; y otro edificio de hechura de torre, redondo, de quince
pasos de ancho, y encima un mrmol como los de Castilla, sobre el cual
estaba un animal a manera de len, hecho asimismo de mrmol, y tena un
agujero en la cabeza en que ponan los perfumes; y el dicho len tena
la lengua fuera de la boca, y cerca de l estaba un vaso de piedra con
sangre, que tendra ocho das, y aqu estaban dos postes de altura de
un hombre, y entre ellos haba algunas ropas labradas de seda a la
morisca, de las que llaman almaizares; y al otro lado estaba un dolo
con una pluma en la cabeza, con el rostro vuelto a la piedra arriba
dicha, y detrs de este dolo haba un montn de piedras grandes; y
entre estos postes, cerca del dolo, estaban muertos dos indios de
poca edad, envueltos en una manta pintada; y tras de las ropas estaban
otros dos indios muertos, que pareca haber tres das que lo fueron, y
los otros dos de antes llevaban al parecer veinte das muertos. Cerca
de estos indios muertos y del dolo haba muchas cabezas y huesos de
muerto, y haba tambin muchos haces de pino, y algunas piedras anchas
sobre las que mataban a los dichos indios[630].

       [630] _Itinerario_, etc.

Fueron obsequiados por los indios con perfumes, con tortas y pasteles
de gallina, con mantas de algodn pintadas de diversos colores.
Trajeron oro fundido en barras y varias joyas de dicho metal. Cogan el
oro de los ros y lo fundan en una cazuela. Cuando lleg el momento
de marcharse, los indios abrazaban a los espaoles y daban seales de
tristeza. En piedras preciosas era tierra muy rica. Entre las muchas
piedras de gran valor, se hallaba una, destinada a Diego Velzquez,
que vala ms de dos mil castellanos. Continuaron navegando cerca de
la costa, encontrando, ya gente pacfica, ya gente fiera. Rota una
tabla de la nave capitana, fu preciso componerla, y con este objeto
desembarcaron todo lo que tena dentro y tambin toda la gente en
el puerto que se llama de San Antonio. Permanecieron quince das en
el dicho puerto hasta componer la nave. Dirigironse a un pueblo,
siendo recibidos con mucho cario por los indios, quienes les dieron
de comer gallinas y les ensearon mantas y bastante oro. Habiendo
dejado el puerto; se encaminaron a _Champoton_, pueblo de tristes
recuerdos, por cuanto en l fueron muertos por los indios algunos de
la armada de Hernndez de Crdova. A un tiro de ballesta de la costa
se levantaba una torre, que fu ocupada por los nuestros, deseosos de
vengar la muerte de sus compatriotas. Acordse al fin seguir adelante,
siempre descubriendo nuevas tierras, llegando el 5 de septiembre al
pueblo de Lzaro, donde intentaron proveerse de agua, lea y maz.
Engaados por algunos indios se alejaron de la costa, hasta dar en una
celada, donde 300 les esperaban armados, y con los cuales tuvieron que
pelear. Salieron de all el 8 de septiembre, navegaron algunos das,
consiguiendo entrar en el puerto de Jaruco el 4 de octubre. En el da
9, serenado ya el temporal, se trasladaron los navos al puerto de
Matanzas, teniendo la dicha de encontrar al capitn Cristbal de Olid,
que por orden de Velzquez haba ido con un navo en busca de Grijalva.

Velzquez hizo que se reuniesen todos en la ciudad de Santiago para
aprestar de nuevo los buques y continuar sus expediciones. Entonces
Juan de Grijalva le present exacta relacin de todos los sucesos de su
jornada, relacin que luego se present al Rey. Haca constar nuestro
intrpido navegante que haba descubierto una isla llamada Ula, cuya
gente vesta ropas de algodn, habitaba casas de piedra y tena sus
leyes y ordenanzas. Aada--y esto le llam mucho la atencin--que
adoraban una cruz de mrmol, blanca y grande, la cual tena encima
una corona de oro; y dicen que en ella muri uno que es ms lcido y
resplandeciente que el Sol. Muestran su ingenio los indios de aquella
isla en algunos vasos de oro y en mantas de algodn con figuras de
pjaros y animales de varias clases. Y es de saberse que todos los
indios de la dicha isla estn circuncidados, por donde se sospecha que
cerca se encuentran moros y judos, pues afirmaban los dichos indios
que all cerca haba gentes que usaban naves, vestidos y armas como los
espaoles; que una canoa iba en diez das adonde estn, y que puede ser
viaje de unas trescientas millas. Aqu termina el Itinerario de la
isla de Yucatn, escrito por el capelln de la Armada[631].

       [631] Joaqun Garca Icazbalceta, _Coleccin de documentos
       para la Historia de Mxico_, tom. I, pgs. 281 y 308.--Obra
       impresa el 1858.

El portugus Hernando de Magallanes[632] sali de Sanlcar (20
septiembre 1519) con el mismo rumbo que cuatro aos antes haba llevado
Sols. En su juventud haba pasado a la India (1505) con el virrey
Don Francisco de Almeida, distinguindose por su valor y prudencia en
la conquista de Mambaza y Quiloa. En la conquista de Malaca adquiri
gloria inmortal, salvando la vida del general Diego Lpez de Sequeira
y de las tripulaciones de los buques. Cinco aos despus, por orden
de Alfonso de Alburquerque, y con el cargo de capitn de una de las
tres naves, sali de Malaca en demanda de las Molucas. Posteriormente,
creyendo que el rey de Portugal no haba premiado sus servicios, pas a
Espaa y se ofreci a Carlos I.

       [632] Naci en Oporto el 1470. En el ao 1517 se traslad
       desde Portugal a Espaa.

Acept sus ofrecimientos el Emperador, encomendando la direccin de la
empresa a Magallanes y Rui Falero, nombrando tesorero de la Armada, a
Luis de Mendoza; veedor general, a Juan de Cartagena, y maestre en la
nao _Concepcin_, a Juan Sebastin de El Cano. Las naves se llamaban la
_Trinidad_, _San Antonio_, _Concepcin_, _Victoria_ y _Santiago_. La
escuadra lleg sin novedad a las Canarias en seis das. Zarparon el 2
de octubre y pronto comenzaron las reyertas entre Magallanes y algunos
jefes. Los castellanos no perdonaban su nacionalidad al valeroso
capitn, distinguindose como el ms imprudente de aqullos Juan de
Cartagena. Magallanes le hizo prisionero, encargando su custodia a Luis
de Mendoza. El 8 de diciembre avist la escuadra la costa del Brasil y
el 13 fonde en Ro Janeiro, donde hizo acopio de vveres. El 27 zarp
a lo largo de la costa con rumbo al OSO. El 10 de enero de 1520 lleg
al cabo de Santa Mara y continu navegando el ro de la Plata. El 7
de febrero volvi a salir al Ocano y el 24 descubri extensa baha,
a la que di Magallanes el nombre de San Matas (hoy Baha Nueva).
Soportaron los buques recios temporales, y el 31 de marzo entr la
armada en el puerto de San Julin. Como Magallanes indicase que se
propona invernar all, estall terrible insurreccin, dirigida por
Luis de Mendoza y Gaspar de Quesada, quienes pusieron en libertad a
Juan de Cartagena. En seguida se declararon en rebelin las naves _San
Antonio_, _Concepcin_ y _Victoria_, mandadas, respectivamente, por
Quesada, Cartagena y Mendoza. Magallanes, al verse desobedecido por las
dos terceras partes de su armada, se decidi a pelear sin temor a nada
ni a nadie.

Todos los medios le parecan buenos si con ellos consegua su objeto.
Envi a la _Victoria_ al alguacil Gmez de Espinosa con seis hombres
armados secretamente, los cuales mataron a Mendoza, y con el auxilio
de otros quince hombres que mand Magallanes, se hicieron dueos de
la nao. Atemorizados los otros dos jefes, no hicieron resistencia,
pudiendo Magallanes tomar la _Concepcin_ y _San Antonio_. Hizo
decapitar a Gaspar de Quesada y orden que fuesen abandonados en
aquella costa inhospitalaria Juan de Cartagena y al capelln Snchez
de la Reina, que haba tomado parte en la conjuracin. Tales hechos
acaecieron en el puerto de San Julin. Perdise navegando a lo largo de
costa unas cincuenta leguas la carabela _Santiago_ que mandaba Serrano:
salvados sus tripulantes, volvieron casi muertos de hambre y de fro
al puerto de San Julin. En aquellos lugares vieron por primera vez
salvajes de gran estatura, que tomaron por gigantes, y a los cuales
dieron el nombre de _patagones_, por el enorme tamao de sus pies.

Magallanes, pasado el invierno, continu su viaje. Nombr capitn de
la _San Antonio_ a Mezquita, de la _Concepcin_ a Juan Serrano y de la
_Victoria_ a Duarte Barbosa. El 24 de agosto del mencionado ao de 1520
sali de San Julin, llegando a mares completamente desconocidos. El
21 de octubre divis un cabo, que denomin de las _Once mil Vrgenes_,
detrs del cual se encontr el Estrecho que buscaba[633]. No quiso
pasar adelante el piloto portugus Esteban Gmez, quien dijo: Pues
que hemos hallado el Estrecho para pasar a las Molucas, volvmonos
a Castilla para traer otra armada, porque hay gran golfo que pasar,
y si nos tomasen algunos das de calmas o tormentas pereceramos
todos. Magallanes le replic del siguiente modo: Aunque tuviese
que comer los cueros de las vacas con que van forradas las entenas,
he de pasar adelante y descubrir lo que he prometido al Emperador.
Por primera vez surcaron el Estrecho los espaoles en veinte das sin
ver habitante alguno; slo de noche en la costa del Sur distinguieron
muchas hogueras, y por ello llamaron aquella tierra _Tierra del Fuego_.
Una de las veces que se separaron los buques, Esteban Gmez sublev la
tripulacin de la nao _San Antonio_, puso preso al capitn Alvaro de
Mezquita, se dirigi a la costa de Guinea y desde aqu al puerto de las
Muelas de Sevilla, donde fonde el 6 de Mayo.

       [633] Record seguramente que Coln, en su segundo viaje, di
       a unas islas el mismo nombre.

El 27 de noviembre Magallanes, con las naves _Trinidad_, _Victoria_
y _Concepcin_, sali al Ocano Pacfico. Abandonaba aquel Estrecho,
llamado por l de _Todos los Santos_, en recuerdo de la fiesta que
celebra la Iglesia al comenzar el mes de noviembre; pero que la
posteridad le ha dado el nombre de _Magallanes_.

Durante el mes de noviembre naveg en demanda de ms bajas latitudes,
no sin ser combatido por gruesas borrascas. El 24 de enero de 1521
descubri una isla desierta, a la que llam de _San Pablo_, y el 4 de
febrero otra isla, tambin desierta, que denomin de los _Tiburones_.
El 13 de Febrero cort la equinoccial por los 147 de longitud Oeste.
A mediados de marzo di vista a las islas de los _Ladrones_ (hoy
Marianas) y luego al archipilago de San Lzaro (en la actualidad las
Filipinas). Fonde la armada en la isleta de Mazagu y prosigui a la
isla de Ceb; all hall vveres en abundancia a cambio de cascabeles
y cuentas de vidrio. Reconocise el rey de Ceb vasallo del de Espaa.
Peleando Magallanes con el soberano de Mactan, porque ste, si se
hallaba dispuesto a acatar al rey de Espaa, no quera obedecer al
de Ceb, que era igual a l, recibi nuestro hroe una herida en la
pierna, y posteriormente un flechazo que le caus la muerte (26 agosto
1521). Aun muriendo--escribe Pigafetta en su _Relacin_--volvi, bajo
los golpes de los fieros indios, varias veces la cara hacia nosotros,
como para convencerse de que quedbamos a salvo, y como si solamente
se resistiese con tanta tenacidad para sacrificarse por nosotros.
As cay nuestro ejemplo, nuestra antorcha, nuestro consuelo y jefe
fidelsimo. Era--dice el Dr. Sophus Ruge--, no solamente un soldado
valiente y sufrido, que mejor que ningn otro soport durante largos
meses el hambre y toda clase de privaciones, sino tambin un marino
inteligente que quiso que sus pilotos tuviesen siempre en cuenta las
indicaciones de la aguja de marear, cosa nada generalizada en su
tiempo, para no apartarse de la verdadera ruta de las Molucas. La
prueba ms brillante de su grande numen y de su valor impertrrito,
est en haber sido el primero que emprendi una circunnavegacin
del globo y realiz la parte ms difcil de ella. La grandeza y la
importancia de esta empresa no fueron durante mucho tiempo apreciadas
como merecan, a causa, en primer lugar, de la rivalidad entre Portugal
y Espaa. En Portugal no se apreciaron porque Magallanes serva al pas
vecino, y en Espaa no se tuvieron en la debida estima, porque era
portugus[634].

       [634] Dr. Sophus Ruge, _Historia de la poca de los
       descubrimientos geogrficos_, pgs. 196 y 197.--Oncken,
       _Historia Universal_, tomo VII.

Estuvo adornado--escribe nuestro Fernndez Navarrete--de grandes
virtudes y mostr su valor y constancia en todas las adversidades:
su honra y pundonor contra las seducciones cortesanas; su lealtad
y exactitud en el cumplimiento de sus tratados y obligaciones; su
prudencia y moderacin para oir siempre el dictamen ajeno; su arrojo e
intrepidez (que acaso ray en temeridad) en las batallas y combates;
su severidad con los malvados; su indulgencia con los seducidos e
inocentes; su resignacin en las privaciones, igualndose en ellas con
el ltimo marinero; su instruccin en la nutica y en la Geografa,
al concebir un plan discretamente combinado para el descubrimiento
del Estrecho y completamente desempeado, venciendo para ello los
obstculos que presentaba la naturaleza, las contradicciones e intrigas
de los poderosos y de las pasiones turbulentas de los hombres: si se
hall el Estrecho o el paso de la comunicacin de los dos mares; si
se di la primera vuelta al mundo, con asombro de los coetneos; si
por este medio se surcaron mares y mares, se descubrieron islas y
tierras desconocidas hasta entonces facilitndose el comercio y trato,
la civilizacin y cultura de sus habitantes; si las ciencias hallaron
nuevos objetos para extender la esfera de los conocimientos humanos,
todo se debi a Magallanes.

Sucedi a Magallanes su primo Duarte Barbosa, que tambin al poco
tiempo fu muerto por los indios, y con l los capitanes de las naos
_Trinidad_, _Concepcin_ y _Victoria_.

Desde Ceb march la flota a la inmediata isla de Bohal, y como no
hubiera gente para manejar los tres bajeles, se quem la _Concepcin_,
que estaba en peores condiciones. Siguieron su camino y fondearon en
la costa NE. de Mindanao; ms adelante llegaron a Borneo en el mes de
julio. En Borneo fueron esplndidamente obsequiados, y all obtuvieron
noticias exactas de las Molucas. El jefe de la escuadra, Juan de
Carballo, que sucedi a Duarte Barbosa, tuvo la desgracia de dejar a su
hijo y a otros dos espaoles en poder de los indgenas: temiendo una
traicin de los indios, zarp a principios de agosto en demanda de las
Molucas.

Destitudo Carballo de la jefatura, volvi a su condicin de piloto,
siendo elegido general Gmez Espinosa y capitn de la _Victoria_ el
ilustre Juan Sebastin de El Cano. El 8 de noviembre se hallaba entre
las islas de Mare y Tidore, que eran del archipilago de las Molucas.
El rey de Tidore fu amigo leal de los espaoles. Cargaron las naves
de especiera; pero cuando se iban a dar a la vela se descubri en la
_Trinidad_ una va de agua por la quilla. Acordse entonces que El Cano
con la nao _Victoria_ se dirigiera a Espaa. Sali de Tidore el 21
de diciembre con sesenta hombres de tripulacin, inclusos 13 indios.
Temporales, tormentas y borrascas se sucedan unas a otras; arroz y
agua era el alimento de aquellos desgraciados navegantes; extenuados
por el hambre y las fatigas, llegaron el 1. de julio de 1522 al puerto
de Santiago de las islas de Cabo Verde, pertenecientes al rey de
Portugal. No encontrando all la proteccin que esperaban, se hicieron
a la mar. Contaba El Cano con slo 22 hombres, pues los dems haban
muerto durante la navegacin; antes de llegar a Espaa murieron otros
cuatro. El 15 de agosto pas por entre las Azores, el 4 de septiembre
avist el cabo de San Vicente y el 6 lleg a Sanlcar de Barrameda.
Tres aos menos catorce das haba durado el viaje; la _Victoria_ haba
cortado cuatro veces la equinoccial y recorrido 14.000 leguas; y Juan
Sebastin de El Cano haba dado el primero la vuelta al mundo[635].

       [635] Vase discurso leido en el Ateneo de Madrid, por D.
       Pedro Novo y Colson el 17 de marzo de 1892.




CAPTULO XXIX

  EXPEDICIN DE ESPINOSA: FNDASE PANAM.--EXPEDICIONES ORDENADAS POR
  PEDRARIAS.--GIL GONZLEZ DVILA SE DIRIGE A NICARAGUA.--CIUDADES
  FUNDADAS POR HERNNDEZ DE CRDOVA.--ANDAGOYA EN EL PER.--SEGUNDO
  VIAJE DE GONZLEZ DVILA DESDE SANTO DOMINGO A NICARAGUA Y
  YUCATN.--EXPEDICIN DE CRISTBAL DE OLID: SU MUERTE.--PEDRO DE
  ALVARADO SALE DE MXICO PARA GUATEMALA.--EXPEDICIN DE RODRIGO DE
  BASTIDAS A COLOMBIA.--EXPEDICIN A VENEZUELA.--NUEVA CDIZ.--FAMOSA
  EXPEDICIN DE FRANCISCO DE ORELLANA AL RO AMAZONAS.--LUCHAS DE
  ORELLANA CON LOS INDGENAS.--LAS AMAZONAS.--IMPORTANCIA DE LA
  EXPEDICIN.--SEGUNDA EXPEDICIN DE ORELLANA: DESGRACIAS DE ESTE
  NAVEGANTE Y SU MUERTE.


Espinosa, sucesor del insigne cuanto desgraciado Vasco Nez de Balboa
en la costa del Pacfico (y que lo mismo el uno que el otro se hallaban
bajo el mando superior de Pedrarias Dvila, gobernador del Darin) con
cuatro bergantines y la correspondiente tripulacin y fuerza armada,
fund en 1519 la colonia de Panam, a la cual Carlos V concedi en 1521
el ttulo y fueros de ciudad[636]. Espinosa someti a la corona de
Espaa los territorios del istmo, y Bartolom Hurtado recorri la costa
del Pacfico hasta el golfo de Nicoya a los 10 de latitud Norte.

       [636] Panam estuvo primero en otro sitio, como media legua
       del que hoy tiene, a donde los vecinos se mudaron por la
       comodidad del puerto.--_Colec. de doc. inditos_, tomo IX,
       pg. 80. Tiempo adelante, Felipe II, comprendiendo lo poco
       saludable que era el clima de Panam, mand construir nueva
       ciudad dos leguas ms al Oeste.

Las expediciones que despus orden Pedrarias de Avila, se dirigan
hacia el Noroeste, al contrario de las de Balboa, que se encaminaron
al Sur. Haremos sucinta relacin de las expediciones de Gil Gonzlez
Dvila y de Francisco Hernndez de Crdova. Tambin daremos noticia de
las que Hernn Corts encarg a Cristbal de Olid y a Francisco de las
Casas, llamando la atencin, especialmente, la del capitn Pedro de
Alvarado.

Consideremos la expedicin a _Nicaragua_. En los primeros aos del
siglo XVI se hallaba en Panam un hidalgo de la ciudad de Avila, que
se llamaba Gil Gonzlez Dvila, antiguo criado del obispo Fonseca,
presidente del Consejo de Indias. Autorizle el Rey para llegar hasta
las islas de la Especera, auxilindole con algunos recursos. March
a Castilla del Oro y se present al gobernador Pedrarias, quien no
tuvo para l las consideraciones que esperaba. Se decidi a construir
naves y comenz a cortar la madera en Acla para llevarla al otro mar.
Aunque muchos le indicaron que su idea era descabellada, insisti en
su propsito y oblig a su gente a transportar los materiales a travs
de las montaas del istmo, teniendo el sentimiento de ver morir ms de
la mitad de su gente en tan penoso trabajo. Cuando la expedicin se
iba a hacer a la vela, se not que las maderas de los buques estaban
podridas y las embarcaciones, por tanto, no servan para nada. Aquel
hombre tenaz decidi hacer otros barcos, y puso manos a la obra en la
isla de las Perlas. Por entonces hizo las paces con Pedrarias. El 21 de
enero de 1522 sali de la isla de las Perlas, teniendo que desembarcar
pronto porque los cuatro buques necesitaban reparos de importancia.
Continu su expedicin por tierra, mientras que el piloto Andrs Nio
haca la reparacin de los barcos. Gil Gonzlez atraves parte del
territorio de la actual Repblica de Costa Rica y entr en los dominios
de un cacique nombrado Nicarao, de donde vino el nombre de Nicaragua.
Recorri los lagos de Nicaragua y de Managua; pero comprendiendo que no
tena elementos para establecer una colonia, di la vuelta a Panam.

Veamos cmo en una carta relataba al Emperador sus expediciones:
Andando yo en este medio tiempo por la tierra adentro, sostenindome
y tornando cristianos muchos caciques e indios, de causa de pasar los
ros e arroyos muchas veces a pie y sudando, sobrevnome una enfermedad
de tollimiento en una pierna, que no poda dar un paso a pie, ni dormir
las noches ni los das, de dolor, ni caminar, puesto que me llevaban
en una manta atada en un palo, muchas veces, indios e cristianos en
los hombros, de la cual manera camin hartas jornadas; pero por causa
que caminar desta manera me era el caminar muy dificultoso, y por las
muchas aguas entonces haca, que era invierno, hobe de parar en casa
de un cacique muy principal, aunque con harto cuidado de velarnos;
el cual cacique tena su pueblo en una isla que tena diez leguas de
largo y seis de ancho, la cual haca dos brazos de un ro, el ms
poderoso que yo aya visto en Castilla, en el cual pueblo tom la casa
del cacique por posada, y era tan alta como una mediana torre hecha a
manera de pabelln armada sobre postes y cubierta con paja; y en medio
de ella hicieron para do yo estuviese una cmara para guardarme de la
humidad, sobre postes, tan alta como dos estados y dende a quince
das que llegu llovi tantos das, que crecieron los ros tanto, que
hicieron toda la tierra una mar, y en la casa do yo estaba, que era lo
ms alto, lleg el agua a dar a los pechos a los hombres. Otro da...
me dijeron que el cacique me esperaba en su pueblo de paz, y llegado,
aposentme en una plaza y casas del alrededor della, y luego me
present parte de quince mil castellanos, que en todo me di, y yo le
d una ropa de seda y una gorra de grana y una camisa ma y otras cosas
de Castilla, muchas; y en dos o tres das que se le habl en las cosas
de Dios, vino a querer ser cristianos l y todos sus indios e mugeres,
en que se babtizaron en un da 9.017 nimas chicas y grandes... Pasados
los ocho das me part a una provincia que est seis leguas adelante,
donde hall seis pueblos, legua y media o dos leguas uno de otro, de
cada dos mil vecinos cada uno; despus de abelles enbiado a decir el
mensaje y cosas que a este cacique Nicaragua, e aposentdome en un
pueblo dellos, y despues de venirme todos los seores dellos a ver y
hchome presente de oro y esclavos y comida, como es su costumbre,
y como ya ellos saban que Nicaragua y sus indios se avan tornado
cristianos, casi sin hablar se lo vinieron a querello ser.[637]

       [637] _Carta del capitn Gil Gonzlez Dvila a S. M. el
       Emperador Carlos V, Rey de Espaa, sobre su expedicin a
       Nicaragua_, Santo Domingo, 6 de marzo de 1524. Publicada por
       D. Manuel M. de Peralta en su libro _Costa Rica, Nicaragua y
       Panam en el siglo XVI; su historia y sus lmites_.--Madrid,
       Imp. de M. Gins Hernndez, 1883.

Enterado Pedrarias Dvila de estos descubrimientos, equip algunas
naves que puso bajo el mando de Francisco Hernndez de Crdova, capitn
de su guardia, con encargo de fundar colonias en aquellas regiones.
A fines de 1523 sali Hernndez de Crdova de Panam, desembarc en
el golfo de Nicoya y fund, no lejos de la costa, una ciudad que
denomin _Bruselas_, donde haba estado el pueblo indgena de Orotina
y que desapareci al poco tiempo. Pas a la provincia de Nequecheri,
sosteniendo rudas batallas con los indgenas. Fund la ciudad de _Nueva
Len_, levantando en ella un templo y una fortaleza. Arm un bergantn
que haba llevado en piezas y con l recorri el lago y descubri el
caudaloso ro de San Juan, que desemboca en el mar de las Antillas.
Del mismo modo que antes haba fundado Nueva Len cerca de la baha
de Fonseca, fund despus _Nueva Granada_ en el extremo Noroeste del
lago de Nicaragua. Hernndez de Crdova hizo que los religiosos que con
l iban, acompaados de un capitn y algunos soldados, recorriesen la
tierra con el objeto de convertir y bautizar a los indios. Avanz hacia
el territorio de Honduras, llegando cerca de Olancho. Al saber Gonzlez
Dvila que se aproximaba Hernndez de Crdova, resolvi defender
con las armas lo que consideraba como propiedad suya. Orgulloso
Hernndez de Crdova con sus conquistas, quiso hacerse independiente
(siguiendo el camino que Balboa y otros subordinados de Pedrarias);
pero sus capitanes Hernando de Soto y Compan se opusieron a ello
y se retiraron a Panam. Es de advertir que a medida que prosperaba
Panam, disminua Santa Mara la Antigua, que fu abandonada del todo
en 1524. Cuando Pedrarias tuvo noticia de la traicin que le haca su
subordinado, reuni sus mejores tropas y se present de improviso en
Nicaragua, y reduciendo a prisin al jefe rebelde, le hizo decapitar en
Nueva Len el 1526.

Bajo el gobierno de Pedrarias de vila y por orden suya, Andagoya
emprendi (1522) desde el golfo de San Miguel, en el istmo de Panam,
una expedicin a las costas del Sur, llegando--segn dijo en su
relacin--a una provincia que llamaban Bir y corrompido el nombre se
dijo _Pir_. Encontr Andagoya bastante poblado el pas y la gente
guerrera; pero a pesar de no pocos obstculos, penetr en el interior y
recogi preciosos datos acerca de los territorios situados ms al Sur y
el poderoso imperio que all exista. Como el estado de su salud no le
permitiese seguir adelante, encarg empresa tan importante a Francisco
Pizarro.

En la primavera de 1524 sali Gil Gonzlez de vila, de la ciudad de
Santo Domingo para Nicaragua y Yucatn, siguiendo la costa oriental del
istmo. Lleg a la embocadura del ro Ulea, a cuya ra llam _Puerto
de Caballos_, porque all hubo de arrojar algunos para aligerar de
peso el buque. Siguiendo la costa por tierra hacia el Este, lleg al
cabo de Honduras, y volviendo al Sur, se dirigi por tierra al lago de
Nicaragua. Encontr en aquellos lugares algunos aventureros espaoles
que formaban parte de la expedicin que para conquistar el pas haba
mandado Pedrarias Dvila a las rdenes de Francisco Fernndez de
Crdova. Gil Gonzlez quit a sus compatriotas (que eran inferiores en
nmero a los espaoles que l llevaba) las armas y el oro que haban
reunido, regresando al Puerto de Caballos, donde se hallaban los buques.

Sorprendile encontrar en el Puerto de Caballos a Cristbal de Olid,
enviado de Hernn Corts, quien le llam intruso y le hizo prisionero,
alegando que aquel pas perteneca a Mxico. Olid pobl, catorce leguas
ms abajo de Puerto de Caballos, la villa del _Triunfo de la Cruz_,
extendindose luego por el pas, con no poco contento de los naturales.
De otras partes vinieron a Olid malas nuevas. Hernn Corts, noticioso
de que Cristbal de Olid no le obedeca, envi contra l a Francisco
de las Casas. Pelearon Olid y Casas; mas luego vinieron a un acuerdo.
Cuando pareca que todo estaba en paz, ocurri sangriento suceso. Casas
se arroj sobre Olid y le hiri con un cuchillo en la garganta, y Luis
Gonzlez le di con una daga, en tanto que Mercado, otro conjurado, le
tena por detrs. Pudo escapar Olid, si bien muri en seguida a causa
de las heridas. Y de esta manera--escribe Herrera--acab la valenta
y confianza de Cristbal de Olid, capitn famoso, de los ms famosos
de las Indias, si a la postre no mudara la mucha fe que siempre tuvo a
Corts[638]. Muerto Cristbal de Olid, Francisco de las Casas provey
todos los oficios del pueblo en otras personas.

       [638] _Dcada III_, lib. V, cap. XIII.

Anteriormente se ha dicho que Hernn Corts, conquistador de Mxico,
al mismo tiempo que encomend la conquista de Honduras a los capitanes
Olid y las Casas, encarg de la de Guatemala al capitn Pedro de
Alvarado. De esta famosa conquista se tratar ms adelante.

Digno, por varios conceptos, de especial mencin, es el viaje realizado
por Rodrigo de Bastidas a Tierra Firme[639] en 1525[640]. Con fecha
del 6 de noviembre de 1524, desde Madrid, el Rey concedi a Rodrigo de
Bastidas, vecino de la ciudad de Santo Domingo de la Isla Espaola,
que poblase la provincia y puerto de Santa Marta, la cual se halla en
Castilla del Oro (parte de la Tierra Firme en la actual Colombia). La
haba de poblar dentro de dos aos, haciendo en ella un pueblo que lo
menos debera tener cincuenta vecinos. Pondra en la citada provincia
granjeras  crianzas, llevando al presente 200 vacas, 300 puercos, 25
yeguas y otros animales de cra.

       [639] En Tierra Firme se formaron despus el virreinato de
       Nueva Granada y la Capitana general de Caracas; al presente
       las Repblicas de Venezuela, Colombia o Nueva Granada y
       Ecuador.

       [640] Es el mismo escribano de Sevilla que en 1501--como ya se
       dijo en el captulo XXVI de este tomo--hubo de salir de Espaa
       y realiz famoso viaje por tierras americanas.

Di el Rey a Bastidas el ttulo de Adelantado y le concedi que
pudiese repartir los solares  aguas  tierras de la dicha tierra
a los vecinos y pobladores della como a vos os pareciere, con tanto
que lo hayais de hacer con parecer de los Nuestros oficiales que a la
sazn all residieren. De igual modo le facult para que hiciese una
fortaleza con el objeto de defenderse de los indios caribes. Tambin
le concedi otras mercedes y libertades, no sin encargarle que tratara
a los indios como libres  industriados en las cosas de Nuestra
Fe, pues haciendo lo contrario caereis en Nuestra indignacion y
Mandaremos ejecutar en vuestra persona y bienes las penas en que por
ello oviredes incurrido[641]. Bastidas se dirigi a Castilla del Oro
(1525) y ech los cimientos de una ciudad, a la que le di el nombre de
_Santa Marta_. Hombre de carcter dulce, contrajo amistosas relaciones
con algunos caciques, de los cuales obtuvo grandes cantidades de oro.
Como luego se negara a repartir los citados despojos, sus compaeros,
capitaneados por el miserable Juan de Villafuerte, le dieron de
pualadas, hirindole gravemente. Mandados los conjurados a Santo
Domingo, all fueron sentenciados a muerte; tambin al poco tiempo, de
resultas de sus heridas, muri Bastidas en la isla de Cuba.

       [641] _Colec. de doc. ind._, etc., tomo XXII, pgs. 98-106.

Noticiosos algunos habitantes de la Isla Espaola (Santo Domingo) de
que Alonso de Ojeda, Pedro Alonso Nio y otros haban recogido gran
cantidad de perlas en aguas de las islas de Margarita y Cubagua,
fundaron una colonia en el ltimo lugar, primer establecimiento
espaol en Venezuela. Si el comienzo de la colonia fu prspero por
la abundancia de perlas, pronto decay a causa de la disminucin de
la pesca, la cual era mayor en las islas de Coche y Margarita. Aunque
en el ao de 1523 pas aquella aldea a la categora de ciudad, con el
nombre de _Nueva Cdz_; aunque los neogaditanos hicieron ostentacin
de poder cuando en 1528 fueron atacados, con escaso valor y poco
empuje, por filibusteros franceses, la ciudad llev vida raqutica y
miserable hasta el 1543, en que fu arrasada por un vendaval, quedando
al poco tiempo despoblada.

Consideremos el descubrimiento del ro de las Amazonas en el ao
1541 por Francisco de Orellana. Procede recordar que Orellana ayud
eficazmente a Francisco Pizarro en la conquista del Per. Luego
Gonzalo, el menor de los hermanos Pizarro, nombrado gobernador de Quito
en el ao 1540, emprendi atrevida expedicin en busca de riquezas.
Pas los Andes Orientales y baj el ro Napo, llegando quiz hasta
la catarata del Caudo. All, en medio de selvas intransitables y
careciendo de alimentos, se encontr en situacin tristsima. Construy
un barco y nombr capitn a Orellana, natural de Trujillo. Por algn
tiempo el buque en el ro y las tropas en las orillas continuaron la
misma marcha, hasta que Orellana pas adelante con orden de buscar
provisiones. Pasaron das y das. Gonzalo, considerando intil aguardar
ms tiempo la vuelta de Orellana, volvise a Quito con su gente
diezmada por las calenturas y el hambre. Entonces supo la desgraciada
muerte de su hermano y la lucha entre el joven Almagro y Vaca de
Castro, representante el ltimo del Gobierno de la Metrpoli.

Orellana, con su buque que tena a bordo 50 hombres de tropa y dos
clrigos, baj por el ro Napo, encontrando la primera aldea india el
8 de enero de 1541. Habindole dicho los indgenas que se hallaban
prximos a un ro mucho ms caudaloso, dispuso construir otro
buque, que pronto estuvo listo. Acabado el bergantn y hechas las
reparaciones necesarias en el viejo barco y despus de proveerse de
tortugas, gallinas y pescado que facilitaron los indios, sigui su
navegacin[642]. El 24 de abril de 1541 sali del Asiento de Aparia.
Nuestros sufridos navegantes caminaron 80 leguas sin hallar indio
de guerra y luego penetraron en despoblados, continuando su camino
alimentndose slo de hierbas y de maz tostado.

       [642] Vase Herrera, _Dcada VI_, lib. IX, cap. II.

El 6 de mayo llegaron a un Asiento alto y se detuvieron para pescar,
y el 12 del mismo mes arribaron a las provincias de Machiparo, donde
tuvieron que resistir las acometidas de belicosos indios. Continuaron
su camino ro abajo, siempre peleando, distinguindose por su bravura
Cristbal de Aguilar, Blas de Medina y Pedro de Ampudia. Seguidos
los castellanos por muchas canoas de indios, pudieron llegar a la
confluencia de tres ros, siendo el Maran el mayor de ellos.

El 26 de febrero echaron ancla y bajaron a tierra, donde fueron
recibidos pacficamente por los indgenas, sin otro inconveniente que
sufrir--como escribi el cura Carvajal--la _plaga egipcia_ de los
mosquitos. Ms adelante sufrieron los ataques de tribus belicosas,
vindose obligados a permanecer en el centro de la corriente donde
eran menos molestados, pues la humedad haba inutilizado la plvora
que llevaban y las cuerdas de sus ballestas. La vspera de la
Santsima Trinidad llegaron a la embocadura de un ro que proceda
de la izquierda y que por aquel lado era el mayor de los afluentes
del Amazonas, y al cual, unos llamaron de la _Trinidad_, porque se
descubri en la mencionada vspera, y otros ro _Negro_, porque
sus aguas parecan negras como tinta[643]. Pasando el ro Negro
encontraron bastante ms abajo el territorio de los _paguanas_, en el
que Orellana sostuvo diferentes combates con los indgenas. El 7 de
junio se hallaba en el pas de los _picotas_, nombre que di porque en
las orillas vi cabezas humanas clavadas en picas.

       [643] Dr. Sophus Ruge, _Historia de los descubrimientos
       geogrficos_, pg. 187. Oncken, _Historia Universal_, tom. VII.

Algunos das despus encontraron una comarca tributaria de las
_coniapayaras_, la cual estaba gobernada por 10  12 mujeres Amazonas.
Eran--segn Carvajal--altas, robustas, de tez clara y llevaban sus
cabellos en largas trenzas. Iban desnudas, armadas con arcos y flechas,
notndose por sus facciones y por su aspecto que parecan proceder
de una raza septentrional. Atacaron valerosamente a los espaoles
y murieron en la pelea siete u ocho de ellas. Como se encontrasen
varias aldeas gobernadas por mujeres, recibi el ro el nombre de las
Amazonas, que actualmente conserva. Debi Orellana encontrar estas
mujeres belicosas junto a la embocadura del Yamunda. Gomara califica
de _disparates_ lo que refiere Orellana de las Amazonas, aadiendo
lo siguiente: Que las mujeres anden all con armas y peleen, no es
mucho, pues en Paria, que no es muy lejos, y en otras muchas partes de
Indias lo acostumbraban; ni creo que ninguna mujer se corte y queme la
teta derecha para tirar el arco, pues con ella lo tiran muy bien, ni
creo que maten o destierren sus propios hijos, ni que vivan sin marido,
siendo lujuriossimas. Otros, sin Orellana, han levantado semejante
hablilla de Amazonas despus que se descubrieron las Indias, y nunca
tal se ha visto ni se ver tampoco en este ro. Con este testimonio,
pues, escriben y llaman muchos ro de las Amazonas, y se juntaron
tantos para ir all. En la citada embocadura del Yamunda se reembarc
Francisco de Orellana, calculando ya haber recorrido ms de 1.400
leguas. Baj otras 150 y hall (24 de junio) un pas poblado, que
recibi el nombre de _San Juan_. Pas en seguida cerca de varias islas,
de las que salieron ms de 200 piraguas tripuladas por 30  40 indios
cada una. Orellana, aunque con algunas prdidas, rechaz sus ataques.
Supo que todas aquellas islas obedecan a Caripuna, y por ello di a
todo el archipilago el nombre de aquel jefe. Not por primera vez en
el ro el influjo de las mareas. Desembarc en el pas de Chipayo para
reparar su nave, y all sostuvo nuevo combate con los indgenas. Dise
a la vela el 8 de agosto, y el 26 de dicho mes lleg al golfo de Paria,
en el Ocano Atlntico Ecuatorial, no sabiendo dnde estaba ni adonde
deba dirigirse, confiando solamente en la misericordia divina. Los dos
buques doblaron, segn Acua, el llamado Cabo Norte, a 200 leguas de la
Trinidad, anclando (11 de septiembre) en la isla de _Cubagua_, junto
a la de las Perlas o sea Margarita, donde fueron recibidos por sus
compatriotas.

Orellana haba navegado durante ocho meses, recorriendo--si no
mentan sus clculos--1.800 leguas, desde que verific su embarque
en el Amazonas hasta su salida al Ocano Atlntico. En lnea recta
las 1.800 leguas, quedaran reducidas a 700. El ilustre extremeo,
sin pensarlo siquiera, haba descubierto y explorado el mayor ro
de la Amrica del Sur. Este viaje novelesco--escribe el Dr. Sophus
Ruge--no tiene igual en la historia, a no ser el que hizo en el pasado
decenio el clebre Stanley, por el ro Congo en Africa[644]. Sin
piloto ni astrolabio--dice el Sr. Coroleu--haba hecho por regiones
ignotas y pobladas de indmitos salvajes una travesa igual en lnea
recta a la distancia de 2.800 kilmetros, descubriendo el ro ms
caudaloso del mundo. No sin razn se ha dicho que en la historia de los
descubrimientos geogrficos no hay ningn episodio comparable a ste
por su heroica grandeza y por la importancia de sus resultados. Pero
aquella expedicin haba pasado inauditos trabajos, cuya narracin era
para entibiar el entusiasmo de los ms animosos exploradores. La obra
de Orellana slo poda continuarse disponiendo de grandes medios que no
suelen tener a mano los simples particulares[645]. Orellana, desde la
citada isla de Cubagua envi al Rey minuciosa relacin de su atrevido
viaje, marchando despus con sus compaeros a la isla de Hait, y a la
cual lleg en 20 de diciembre de 1541.

       [644] Oncken, _Hist. Universal_, tom. VII, pg. 188.

       [645] _Amrica, Historia de su colonizacin_, etc., tomo II,
       pg. 85.

Orellana intent colonizar el inmenso territorio descubierto, y a este
fin pas a Espaa el 1542, logrando lo que deseaba del gobierno de
Carlos V. Llam al pas que iba a colonizar _Nueva Andaluca_, porque
as como Andaluca estaba regada por el Guadalquivir, el ro ms
caudaloso de Espaa, aquella regin estaba regada por el Amazonas, la
corriente ms poderosa del Nuevo Mundo. Tambin encontr apoyo en el
pas, consiguiendo para la ejecucin de su proyecto cuatro buques y
400 hombres, con los cuales sali el 11 de mayo de 1545 de Sanlcar de
Barrameda[646]. Tras larga y penosa navegacin arrib a las Canarias,
en cuyo punto perdi una de sus naves y 148 hombres. Tres meses residi
en Tenerife y dos en Cabo Verde, viendo sus tripulaciones diezmadas
por la sed, y una tempestad le arrebat otro navo y 70 compaeros de
viaje. Habiendo llegado a la embocadura del Maran, subi por el ro
unas 100 leguas, saltando a tierra para construir un barco con los
restos de una de sus naves; perdi all 57 hombres vctimas del hambre,
y 30 leguas ms arriba se hizo pedazos su ltimo navo. Detvose
algn tiempo y continu luego su viaje, buscando siempre la corriente
principal del Amazonas; murieron otros 17 espaoles luchando con los
indgenas ribereos, y tambin el mismo Orellana, de dolor y de pena,
en las cercanas de Montealegre, en el territorio de los manoas. La
viuda de Orellana y los dems expedicionarios bajaron por el ro, y
arrojados por el mar a las costas de Caracas llegaron, por ltimo, a la
isla Margarita[647].

       [646] Otros dicen que el 1544.

       [647] Vase _Diccionario Hispano-Americano_, cuaderno 347,
       pg. 298.




CAPTULO XXX

  EXPEDICIN DE JUAN DA NOVA.--SEGUNDA EXPEDICIN DE VASCO DE
  GAMA A LA INDIA.--EXPEDICIONES DE ALFONSO Y DE FRANCISCO DE
  ALBURQUERQUE.--FRANCISCO DE ALMEIDA ES NOMBRADO VIRREY DE LA
  INDIA.--GOBIERNO DE ALFONSO DE ALBURQUERQUE: TOMA DE GOA Y
  DE MALACA.--SUCESORES DE ALBURQUERQUE.--VASCO DE GAMA VIRREY
  DE LA INDIA: SU MUERTE.--SUCESORES DE VASCO DE GAMA.--LOS
  PORTUGUESES EN LAS MOLUCAS.--ANTONIO DE ABREU SALE PARA LAS
  MOLUCAS.--AVENTURAS DE SERRAO.--VIAJE DE TRISTN DE MENESES.--VIAJE
  DE ANTONIO BRITO.--PORTUGUESES Y ESPAOLES EN TIDOR.--GOBIERNO DE
  BRITO.--GOBIERNO DE GARCA ENRQUEZ.


Antes de haber regresado Alvarez Cabral del Brasil y de la India--como
se dijo en el captulo XXV--el Gobierno portugus form una escuadra
compuesta de cuatro buques, la cual sali a la mar el 5 de marzo del
ao 1501 bajo el mando del marino gallego Juan da Nova.

En su expedicin Juan da Nova consigui resultados mercantiles tan
satisfactorios como la anterior de Cabral. Descubri a los 8 de
latitud Sur una isla que llam de la _Concepcin_, y que dos aos
despus, creyendo Alburquerque que l era el primer descubridor, le
di el nombre de la _Ascensin_. El 7 de julio lleg a la baha de
San Braz, al Este del Cabo de Buena Esperanza; en agosto estuvo en
Mozambique, despus en Melinde y luego en Cananor. Dirigise contra
una escuadra del soberano de Calcuta, que intentaba impedirle el paso,
echando a pique catorce buques. Regres a Cochin y a Cananor, pudiendo
en estos puntos llenar las bodegas de sus naves y capturando luego
en el camino dos barcos de musulmanes cargados de especias, de cuya
mercanca se hizo dueo. A su regreso descubri una isla a la que di
el nombre de _Santa Elena_; isla que, segn Barros, parece haber sido
colocada en aquel punto por Dios para dar nueva vida a todos los que
vienen de la India, porque all se encuentra agua excelente y otros
refrescos en abundancia. Juan da Nova di fondo en el puerto de Lisboa
el 11 de noviembre de 1502.

Despus de la expedicin de Nova, y sin embargo de que la ganancia
material no fu poca, se pens por el gobierno si convena o no
continuar aquel comercio con la India o limitarse al de la costa
de Africa con los negros, que era ms fcil y menos costoso y
comprometido. Tuvo el Rey muchas conferencias con sus consejeros,
decidindose al fin proseguir los viajes, no sin castigar duramente a
los musulmanes. Se decidieron a ello, ya por las ventajas comerciales,
ya--y esto era lo ms importante--por convertir aquellas regiones al
cristianismo.

Nueva expedicin se encarg a Vasco de Gama, llevando a sus rdenes a
Sodr, la cual se compona de 20 buques, con 800 individuos armados. El
10 de febrero de 1502 sali Vasco de Gama con 15 buques, y el 1. de
abril su sobrino Esteban de Gama con cinco buques. Casi al mismo tiempo
llegaron ambas secciones al trmino de su viaje. En Mozambique recibi
Vasco de Gama sealadas pruebas de amistad del jeque, que ya no era
el mismo de antes; en Quiloa, admir la ciudad, que contaba con unos
12.000 habitantes, rodeada de bosques de naranjos, limoneros, granados
e higueras. Las casas estaban hechas de cal y canto con azoteas y un
piso superior de madera. Sometise el jeque, que era rabe, y se oblig
a pagar al rey de Portugal un tributo anual de 500 meticales en oro
(584 cruzados), y consinti en que se izara en la torre de su palacio
la bandera portuguesa. De Quiloa march Vasco de Gama a Melinde, a cuyo
raj, amigo de los portugueses, le invit a una gran fiesta a bordo
de sus buques. Continu Gama su viaje y en el mes de agosto encontr
a su sobrino Esteban con tres barcos y luego hall los dos restantes
en las islas Andiedivas. Detvose en Baticola, puerto perteneciente
al reino de Bisnaga, y all le dieron un suministro de arroz para su
gente. Siguiendo su ruta a Cananor, apres, saque y quem un buque
que regresaba de la Meca con peregrinos y mercancas. Tuvo Gama
audiencia solemne con el raj de Cananor, a quien exigi que rompiese
sus relaciones mercantiles con Calcuta. Antes de llegar a Calcuta
recibi embajadas del Samorin ofrecindole la paz; mas fueron tantas
las exigencias del portugus, que el soberano indio no pudo acceder a
ellas. Entre otras, pidi que el Samorin expulsase de la ciudad ms
de 4.000 familias de rabes del Cairo y de la Meca establecidas all.
Sin atender razones de ninguna clase, caone dos veces a Calcuta,
destruyendo muchas casas. El Samorin entonces se dispuso a una guerra a
muerte. Mientras tanto Vasco de Gama se encamin a Cochin, celebrando
un tratado de comercio con el raj y recibiendo amistosa embajada de la
madre del soberano de Collam. Habiendo hecho su cargamento en Cochin
y Collam, pas a Cananor en los comienzos de febrero de 1503. Pasado
algn tiempo emprendi su viaje de regreso, no sin dejar a Sodr con
cinco buques mayores y dos carabelas en el mar ndico, ora para tener
en jaque al Samorin, ora para proteger a los prncipes aliados. Lleg
Gama a Lisboa en septiembre de 1503.

Ni Vicente Sodr tuvo en jaque al soberano de Calcuta, ni protegi a
los prncipes amigos. El Samorin atac por mar y por tierra al raj
de Cochin, apoderndose del reino. Entretanto, el jefe de las fuerzas
portuguesas haba ido a Guzerat y luego a la costa meridional de
Arabia, teniendo la desgracia de que furiosa tempestad destruyese parte
de sus buques, incluso el suyo, muriendo las dotaciones cerca de las
islas de Curia-Muria. Despus de esta catstrofe, que ocurri en el
mes de julio o de agosto del 1503, volvi a la India y se situ en las
Andiedivas, esperando refuerzos de su pas.

Pronto iban a llegar los refuerzos con tanta ansia esperados. El 6
de abril de 1503 se hicieron a la vela desde Portugal a la India
tres buques al mando del insigne Alfonso de Alburquerque, llamado el
_Grande_ por los historiadores portugueses, y otros tres dirigidos por
Francisco de Alburquerque, primo de Alfonso. As describe al primero
de estos capitanes uno de sus compatriotas: Alfonso de Alburquerque
era--dice--de estatura mediana y de exterior agradable. Su larga cara,
de tez fresca y nariz aguilea, estaba adornada de hermosa barba,
blanca con el tiempo, que le llegaba a la cintura, dndole aspecto
venerable. Saba perfectamente el latn y era prudente lo mismo en sus
palabras que en sus escritos. Era amado y a su vez temido, sin que su
benevolencia degenerara en parcialidad, ni sus reprensiones en dureza.
Cumpla siempre la palabra que daba, aborreca la impostura y amaba la
justicia. Por mar y por tierra recibi muchas heridas, probando con su
sangre que no rehua ningn peligro. Liberal hasta el exceso, ceda el
botn a sus capitanes, porque siempre se cuidaba ms de la gloria que
de la adquisicin de riquezas. A Alfonso de Alburquerque acompaaba el
valeroso capitn Duarte Pacheco Pereira, y a Francisco de Alburquerque,
Nicols Coelho, ya conocido desde el primer viaje de Vasco de Gama.

Las dos flotas llegaron en agosto a la costa de Malabar, primero
Francisco, el cual, con la ayuda de los buques que haban quedado de la
escuadra de Sodr, se dirigi a Cananor y Cochin. Cuando lleg Alfonso,
ambos jefes reinstalaron en su capital y dominios al raj de Cochin
y levantaron en aquella poblacin una ciudadela. Alfonso hizo sus
compras en Collam y Francisco en Cochin. A fines de enero sali Alfonso
de la India, dejando a su primo Francisco todava ocupado en las
compras; fonde el 3 de septiembre en el puerto de Lisboa. Francisco
de Alburquerque sali de la India el 5 de febrero. Sorprendido por
una tempestad en la costa Oriental del Africa, pereci juntamente
con Nicols Coelho, salvndose slo la tripulacin de un buque de los
de la escuadra de Sodr. Entre tanto, Duarte Pacheco Pereira, que se
haba quedado en la India, sostena lucha empeada y tenaz con el
Samorin de Calcuta. Luego Duarte fu nombrado administrador de los
establecimientos portugueses en la costa de Guinea; mas el Rey, dando
crdito a calumniadores, dispuso que cargado de cadenas fuese conducido
a Portugal, muriendo en la mayor miseria. El inspiradsimo Camoens
compara al infeliz Duarte con Belisario y censura con acritud al Rey
por su ingratitud, injusticia y codicia[648].

       [648] _Os Lusiadas_, X, 22 a 25.

Nombrado virrey de la India Francisco de Almeida, bajo su mando aument
extraordinariamente el comercio de Portugal. Alfonso de Alburquerque
fu nombrado capitn general y gobernador de la India. Lo mismo bajo
el gobierno del uno que del otro, no dejaron los portugueses de pelear
con los naturales del pas. En estas grandes y continuadas luchas la
fortuna sonri algunas veces a los indios. Tambin reinaba cierto
desconcierto y falta de armona entre los capitanes portugueses. En el
Consejo general que celebraron los capitanes bajo la presidencia de
Alburquerque (12 de octubre de 1510), Fernando de Magallanes se opuso
a los planes de su jefe, lo cual fu motivo para que, contrariado el
dicho Magallanes y luego no atendido por el rey D. Manuel, abandonase
la India y se pusiera al servicio de Espaa. El 20 de noviembre del
citado ao, Alburquerque, al frente de una escuadra compuesta de 23
buques con 1.600 individuos de tropa, se present a la vista de Goa
y comenz el ataque. El 25 de noviembre tom la ciudadela por asalto
y en seguida la ciudad. Los portugueses acuchillaron con verdadera
crueldad a los musulmanes, lo mismo a los hombres que a las mujeres y
a los nios. Comprendieron los portugueses que para hacer de Goa el
centro del comercio entre el Occidente y la India anterior, necesitaban
apoderarse tambin de Malaca. El 1. de julio de 1511 se puso enfrente
de Malaca. El sultn Mahmud encarg la direccin de la defensa de la
plaza a su hijo; pero, despus de valerosa resistencia, cay Malaca
a mediados de agosto. A los mahometanos, lo mismo que en Goa, no se
les di cuartel. Portugal, pues, se estableci en la India, cuyos
prncipes, aunque de mala gana, reconocieron la soberana de aquella
nacin.

La impresin que caus en Europa la conquista de Malaca, fu inmensa.
El rey D. Manuel escribi al Papa, con fecha 6 de junio de 1513,
participndole las conquistas de la India; Len X respondi con el
breve _Significavit nobis_, de 5 de septiembre del mismo ao. Como el
sultn de Egipto no cesara de excitar a los prncipes indios para que
se levantasen contra los portugueses, prestndoles tambin auxilios
de buques y tropas, el rey D. Manuel inst al capitn general que
emprendiese una expedicin al mar Rojo, con el objeto de cerrar,
tal vez en absoluto, el camino ms importante del comercio rabe
con la India. En los comienzos del ao 1513 prepar Alburquerque la
expedicin, aunque sin prometerse felices resultados, indicndolo as
la comunicacin que pas a sus capitanes, dicindoles que el rey D.
Manuel le haba mandado diferentes veces hacer aquella expedicin,
exigindole, por ltimo, que la realizase en seguida.

Psose en camino el 18 de febrero del citado ao con 20 buques, 1.700
soldados portugueses y 800 soldados indios. En el puerto de Soco
(isla de Socotora), hizo provisin de agua dulce, penetr en aquel
mar interior que separa dos continentes, dirigindose a la ciudad de
Aden, que entonces, como al presente, era la llave del mar Rojo. A
Aden llevaban los buques malabares los productos de la India, y a Aden
acudan a hacer sus compras los comerciantes rabes. El gobernador
de Aden se llamaba Aben-abdel-vahal, que se prepar a resistir a los
portugueses. Comenz la lucha, teniendo que retirarse Alburquerque
ante el decidido arrojo de los rabes. Aunque con nimo de volver a
la lucha con ms fuerzas, se dirigi a ocupar algunas islas del mar
Rojo, encaminndose hacia la de Camarn, situada en el golfo Arbigo
y cerca de la ciudad de Lohaya (a los 15, 51' de latitud Norte y 40
32' de longitud Este del Meridiano de Greenwich). En la isla abundan
los pozos de agua dulce. Permaneci algn tiempo en ella Alburquerque;
mas aquel clima clido le caus muchas bajas, decidindose al fin a dar
la vuelta a la India. El 13 de julio pas por Aden, y el 4 de agosto
toc en el puerto de Diu, cuyo gobernador, Melec Eias, le permiti
el establecimiento de una factora. Sigui ejemplo tan generoso el
emperador de Calcuta. Entonces los portugueses, correspondiendo a la
amistad de los indios, levantaron el bloqueo de las costas, dieron
pasaportes a los buques mercantes mahometanos y el comercio volvi a
florecer. Al ao siguiente (1514), Pedro de Alburquerque, sobrino del
capitn general, fu a Ormuz para cobrar el tributo anual; y Jorge de
Alburquerque se dirigi con tropas frescas a Malaca, de cuya defensa
hubo de encargarse.

Cuando Alfonso de Alburquerque se ocupaba en arreglar los asuntos
interiores de la India, recibi carta del Rey, ordenndole que marchase
inmediatamente para Ormuz. All se encamin, partiendo desde Goa el
21 de febrero de 1515 con 27 buques, 1.500 soldados portugueses y
700 indios. Aunque reinaba en Ormuz Rais Nordin, viejo y dbil, el
verdadero gobernador era el persa Rais Ahmed, su sobrino. Ya estaba
decidido Ahmed a reconocer la soberana del shah de Persia, nica
manera de librarse del tributo molesto impuesto por los portugueses;
mas lo impidi la oportuna llegada de Alburquerque el 26 de marzo.
Dueo el capitn general de la ciudadela, nombr gobernador de ella a
su sobrino Pedro. En seguida, comprendiendo que Ahmed era un obstculo
para sus planes, le hizo matar, restableciendo en su antiguo podero
al anciano Rais Nordin, si bien los portugueses dominaban con su
flota el mar y desde la ciudadela a Ormuz. Di muestras Alfonso de
Alburquerque de hbil poltico, mandando una embajada a Ismail, shah
de Persia, establecindose la ms cordial amistad. Contribuy a ello
la enemiga que a causa de la religin haba entre persas y rabes,
pues los primeros eran mahometanos siitas y los segundos mahometanos
sunnitas. Enfermo el capitn general de disentera, oyendo el parecer
de los mdicos, se decidi a volver a la India, zarpando de Ormuz en
los primeros das de noviembre. Al pasar por la costa de Omn, cerca
de Calhat, recibi la noticia por un barco rabe que vena de Diu,
que el Rey, desconociendo sus relevantes mritos, le haba quitado el
mando, siendo nombrado sucesor suyo Lope Soarez. Con amargura exclam
entonces: Capitn general Lpez Soarez? No haba otro? Y el Rey
me enva con el caracter de capitanes y secretarios a hombres como
Diego Mndez y Diego Pereira, a quienes por sus delitos he enviado yo
presos a Portugal? Por servir al Rey me he enemistado con esta gente, y
ahora por amor de ellos me retira su confianza. Deseaba por momentos
llegar a Goa, donde encontrara cartas que le explicasen su destitucin
y en las cuales esperaba por lo menos que el Rey reconociera sus
mritos. Por consejo de sus amigos escribi a Don Manuel su ltima
carta: Seor--le deca--estas son las ltimas palabras que dirijo a
V. M., agobiado por la desgracia, despus de tantas relaciones como
le he escrito con alegra y bro. Dejo aqu un hijo (natural) Blas
Alburquerque, y suplico a V. M. premie en l mis mritos. Los asuntos
de la India hablarn por s y por m. Alburquerque muri a la vista de
Goa el 16 de diciembre de 1515, cuando contaba sesenta y tres aos.

Ingrato fu el rey Don Manuel con el ms notable de los caudillos
portugueses en la India. Los enemigos de Alburquerque le calumniaron
diciendo que quera hacerse soberano independiente de los citados
territorios, como lo indicaba los nombramientos que hizo en favor de
sus sobrinos, confindoles la defensa de Malaca y de Ormuz. Jams
pens Alburquerque en ello, proponindose solamente nombrar en las
citadas plazas jefes de su confianza para mejor conservarlas en la
corona de Portugal. Alburquerque era justiciero, enrgico, generoso y
valiente hasta la temeridad. As como Alejandro el _Macednico_ procur
que jvenes griegos se casasen con mujeres asiticas, Alburquerque
favoreci los matrimonios de los portugueses con jvenes indias. A cada
nuevo matrimonio regalaba de los fondos pblicos 18.000 reis; a los
portugueses que se establecan en el pas reparti las casas y campos
de los musulmanes expulsados. Lo mismo que Coln, pens en proyectos
absurdos y extravagantes; el genovs quiso conquistar la Palestina, y
el preclaro hijo de Portugal, entre otros proyectos, tuvo el de hacer
una expedicin al mar Rojo, conquistar a Medina y llevarse los huesos
de Mahoma, con el objeto de obtener despus en cambio el Santo Sepulcro
de Jerusaln, rescatndole del poder de los infieles. Los tres primeros
sucesores de Alburquerque no valan lo que l. Lope Soarez (1515-1519)
y Diego Lpez de Sequeira (1519-1521) sufrieron algunos reveses, como
tambin Duarte de Meneses. Muri Don Manuel el Grande el 13 de enero
de 1521, sucedindole su hijo Juan III; el nuevo monarca nombr como
sucesor de Meneses, con el ttulo de virrey, al muy ilustre Vasco de
Gama. El 23 de septiembre lleg el nuevo virrey a Goa, dedicndose
inmediatamente a examinar la administracin, harto desorganizada. Por
desgracia, muri el 24 de diciembre de 1524 en Cochin, y como Coln,
fu sepultado en un convento de San Francisco[649].

       [649] Trasladronse sus restos a Portugal, ao 1538, y
       sepultados en Vidigueira, donde el populacho destruy el
       sepulcro el 1840.

Enrique de Meneses sucedi a Vasco de Gama, que muri el 1526; despus
gobern Lope Vaz de Sampayo, y en seguida Nuo de Acua (1528-1538),
terminando con l los grandes gobernadores de la India. Coronse
de gloria en la conquista de la plaza de Diu, ciudad importante y
puerto formidable del reino de Guzerat. Dicha conquista ocasion
guerra sangrienta con los turcos, los cuales tuvieron empeo en
reconquistarla. Garca de Noronha, sucesor de Nuo de Acua, lleg
a Goa el 11 de septiembre de 1538 con una escuadra. No guard
consideracin alguna a su antecesor, hasta el punto que, pretextando
de que le hacan falta todos los buques, no quiso darle uno para su
viaje de regreso. El hombre--escribe el Sr. Sophus Ruge--que haba
ensanchado y engrandecido el poder de Portugal tan gloriosamente, el
que haba levantado las fortalezas de Diu, Basein y Chal, que segn
Barros, eran tan importantes como Ormuz, Malaca y Goa, conquistadas por
Alburquerque, tuvo que contratar a su costa un barco para salir de la
India[650]. Nuo de Acua tuvo que prolongar su estancia en Cananor
hasta enero de 1538, y, cuando se embarc, llevaba el germen de prxima
muerte. En efecto, siete semanas despus falleci. Preguntndole en
sus ltimos momentos si quera que llevasen su cadver a Portugal,
contest: Si Dios tiene determinado que muera en el mar, quiero que
el mar sea mi tumba. La patria que tan ingrata se ha portado conmigo,
no debe conservar mis huesos. Tambin Publio Escipin, el vencedor
de Anbal, termin sus das en voluntario destierro, y al tiempo de
morir prohibi a sus parientes que llevasen su cuerpo a aquella ingrata
patria por la cual tanto haba peleado y en la que reposaban las
cenizas de sus antepasados.

       [650] Ob. cit., pg. 78.

Respecto al establecimiento de los portugueses en las Molucas
(Oceana), despus que el gran Alburquerque se hubo apoderado de
Malaca, envi a Antonio de Abreu con tres buques para visitar las
Molucas o islas de las especias (Halmaheza o Gilolo, Ternate y Tidor.
Ceram, Amboina, Banda y otras). Zarparon en diciembre de 1511 y fueron
a la costa septentrional de Java, luego a Amboina y por ltimo a Banda.
Descubiertas las Molucas, ltimo objeto de la poltica mercantil de
Portugal, Abreu regres a Malaca y despus a Portugal, en tanto que
Francisco Serrao, capitn de uno de los citados tres barcos[651],
pasaba a Ternate y se haca amigo del Sultn del pas, el cual era el
ms poderoso de las Molucas, pues cada isla tena su jefe o soberano
propio. Sucedi que un barco malayo con carga de especias y que var
en la playa de Java, llev la noticia a Malaca (1513) de las aventuras
de Serrao. Entonces se despach a Antonio de Miranda de Azevedo con
una escuadra para ir a buscar a Serrao y dems compatriotas. Lleg
Azevedo, quien se encontr con que los dos sultanes rivales de Ternate
y de Tidor, que haban odo las hazaas de los portugueses, solicitaron
su amistad, y ambos le ofrecieron terreno para establecerse en su isla
respectiva, creyendo cada uno poder vencer a su rival con el auxilio
de los extranjeros. No acept el ofrecimiento Miranda de Azevedo,
quien se limit por lo pronto a cumplir la orden que se le haba
dado, llevndose la tripulacin y dejando a Serrao en Ternate. Entre
las cartas que di a Miranda para que ste las llevase a sus amigos
de la India, se halla una dirigida a Fernando de Magallanes, en la
cual exageraba la distancia de Malaca a las Molucas. Esta carta tuvo
consecuencias de gran importancia, porque no dudando Magallanes de la
veracidad de un amigo y creyendo exactas las distancias, tuvo como
cierto que las Molucas se hallaban ms all del Meridiano fijado como
lmite entre los descubrimientos de espaoles y portugueses. Fundndose
en estos hechos, determin ir a las Molucas desde Espaa, siguiendo la
ruta occidental, y tomar posesin de ellas en nombre del Rey Carlos I.

       [651] Francisco Serrao no solamente tuvo la desgracia de que
       naufragara el buque que sac de Malaca, sino que tambin
       perdi otro adquirido en Banda.

El portugus Tristn de Meneses en el ao 1518 lleg a las Molucas,
encontrndose con Serrao en Ternate. Aunque el sultn de la citada isla
se ofreci a construir una factora para los portugueses, Meneses no
acept el ofrecimiento, diciendo que su Rey le haba mandado slo a
comprar especias. Llen su buque y tres ms del pas, dando el mando
de los ltimos a Serrao, a Simn Correa y a Duarte da Costa. Terrible
tempestad dispers la flotilla poco despus de haber salido de Ternate,
teniendo que cobijarse Meneses en Banda, y los tres barcos del pas
regresaron a las Molucas. Meneses se dirigi luego a las Molucas en
busca de sus compaeros, a quienes encontr en lucha con los indgenas
y llevando, desgraciadamente, la peor parte; entonces march a Amboina,
complet su cargamento y regres solo a Malaca. Serrao pudo librarse de
la muerte que sufrieron las tripulaciones de los buques citados en la
isla de Batian y se qued en Ternate.

Conocidos semejantes hechos en Lisboa, el Gobierno decidise a enviar
respetable escuadra a las Molucas, confiando el mando a Antonio Brito.
Sali Brito de Portugal el ao 1521 y despus de sufrir terrible
tempestad, pudo llegar en febrero de 1522 a la isla de Banda; luego a
la de Batian, donde castig a sus habitantes por la muerte que dieron
a los de la escuadra de Meneses; y al pasar por delante de Tidor, vi
con sorpresa a los espaoles establecidos en la isla. All averigu que
dos buques de una expedicin mandada por Magallanes, ya al servicio de
Carlos I, haba llegado a Tidor, siendo bien recibidos por el sultn
de la isla, hasta el punto de haberse quedado en calidad de factor,
despus que se marcharon los dos barcos, Juan de Campos. Brito dispuso
que Campos fuera a Ternate, isla siempre fiel a los portugueses,
donde debi haber muerto el famoso capitn Serrao. Si estuvo acertado
Brito haciendo construir una fortaleza a la que di el nombre de
San Juan Bautista, cerca de la ciudad, mereci severas censuras por
haber intervenido en el gobierno interior y supremo de la isla. Como
para nuestro objeto no tienen inters tales hechos, recordaremos que
durante el gobierno de Brito en las Molucas lleg Jorge de Meneses,
habiendo salido de Malaca el 22 de agosto de 1526, a un puerto de
Borneo, pas despus entre Jol y Mindanao, viniendo a parar a la
costa Septentrional de la Nueva Guinea, isla que se halla al Este de
las Molucas. Meneses, descubridor de la Nueva Guinea, arrib a Ternate
en mayo de 1527. Desde Ternate mand tambin Brito una flota que
descubri la isla de Clebes, la cual se halla al O. de las Molucas, y
cuyos habitantes no dejaron desembarcar a los portugueses, quienes a
su regreso a Ternate, fueron llevados por el monzn a la playa de una
de las islas Marianas o de los Ladrones, descubiertas ya entonces por
Magallanes y situadas al E. de Filipinas. Relevado Brito, fu nombrado
para sucederle Garca Henrquez. Ms adelante los espaoles dirigieron
expediciones a aquellas lejanas tierras, mereciendo entre todos el
primer lugar el guipuzcoano Miguel Lpez de Legazpi.




APNDICES




A


Entre los que censuraron con ms acritud la dominacin espaola, se
hallan los sabios D. Jorge Juan y D. Antonio Ulloa. Despus de la
expedicin cientfica que en el ao 1735 hicieron los mencionados
marinos espaoles en compaa de los franceses MM. Godin, Bouger y
la Condamine, aqullos se dedicaron a estudiar el estado social del
Per. Ellos viajaron de pueblo en pueblo, indagando por todas partes
cuanto poda conducir a su intento, tomando informe de las personas
ms desinteresadas, inteligentes y rectas, sobre aquellas cosas cuyo
conocimiento no podan adquirir por su propia experiencia, y procurando
siempre descubrir la verdad con la calificacin de las noticias y con
la repeticin o examen de los sucesos[652].

       [652] _Noticias secretas de Amrica_, publicadas por David
       Barry, parte I, prlogo III. Londres, 1826.

Trasladaremos a este lugar algunos prrafos de la citada obra. Afirman
Jorge Juan y Ulloa que los indios que se llaman libres se hallaban en
peor situacin que los esclavos africanos, aadiendo luego: La tirana
que padecen los indios nace de la insaciable hambre de riquezas que
llevan a las Indias los que van a gobernarlos, y como stos no tienen
otro arbitrio para conseguirlo que el de oprimir a los indios de
cuantos modos puede suministrarles la malicia, no dejan de practicar
ninguno, y combatindolos por todas partes con crueldad, exigen de
ellos ms de lo que pudieran sacar de verdaderos esclavos suyos.[653].
Los indios son unos verdaderos esclavos en aquellos pases, y seran
dichosos si no tuvieran ms de un amo a quien contribuir lo que
ganan con el sudor de su trabajo; pero son tantos, que al paso que
les importa cumplir con todos, no son dueos de lo ms mnimo que
con tanto afn y trabajo han adquirido...[654]. La iniquidad es
todava mayor en los casos de justicia, pues nada desean ms aquellos
jueces que una ocasin de querella o ria para dejarlos enteramente
arruinados...[655]. Es dicho comn de los hombres ms juiciosos y
timoratos de aquellos pases, que si los indios llevan por Dios los
trabajos que pasan durante su vida, seran dignos de que al punto que
espirasen los canonizase la iglesia por santos; el continuo ayuno, la
perpetua desnudez, la constante miseria, la interminable opresin y el
castigo exorbitante que sufren desde que nacen hasta que mueren, es
ms que suficiente penitencia para satisfacer en este mundo todos los
pecados que les puedan ser imputados[656]. Siempre que caminbamos,
era la regular diversin en la molestia de la jornada, la conversacin
de los indios que nos servan de guas; y lo primero que nos informaban
era sobre la familia que tena el cura del pueblo a donde nos
encaminbanos, siendo bastante el preguntar cmo se portaba la mujer
del cura, para que ellos nos instruyesen en el nmero de las que le
haban conocido, los hijos e hijas que haban tenido en cada una, sus
linajes y hasta las ms pequeas circunstancias de lo que con ellas
suceda en los pueblos[657].

       [653] Ob. cit., segunda parte, pg. 231.

       [654] Ibidem, pg. 238.

       [655] Ibidem, pg. 239.

       [656] Ibidem, pg. 292.

       [657] Ob. cit., pg. 349.

Cuando nosotros pasbamos (ao 1741) por aquel pueblo (Lambayeque)
para Lima, sucedi que un simple clrigo tuvo atrevimiento para
intentar apalear al Corregidor porque fu a su casa a sacar un reo
que acababa de dar de pualadas a un vecino y se haba retirado a
ella; en fin, all es donde no hay poder para que exerca el suyo la
justicia[658]. Cuando pasamos por Panam se hallaba aquella Audiencia
en un estado tan corrompido y tan desacreditada la justicia, que entre
los sujetos que formaban aquel tribunal, haba uno (cuyo desahogo
sobresala al de los dems), el cual tena a su cargo el ajustar los
pleitos y convenirse con los interesados en el importe de la gracia que
se les haba de hacer[659]. Entre los vicios que reinan en el Per,
el concubinaje, como ms escandaloso y ms general, deber tener la
primaca. Todos estn comprendidos en l, europeos, criollos, solteros,
casados, eclesisticos, seculares y regulares...[660]. Pero lo que
se hace ms notable es que los conventos estn reducidos a pblicos
burdeles...[661].

       [658] Ibidem, pg. 447.

       [659] Ibidem, pg. 464.

       [660] Ibidem, pg. 490.

       [661] Ibidem, pg. 494.




B

  PROVISIN DE LOS REYES MANDANDO SUSPENDER EL CONOCIMIENTO DE LOS
  NEGOCIOS Y CAUSAS CRIMINALES CONTRA LOS QUE VAN CON CRISTBAL COLN
  FASTA QUE VUELVAN[662].

       [662] _Archivo de los duques de Veragua._--_Colec. de doc.
       ind., etc._, tomo XIX, pgs. 465-467.


Don Fernando e Doa Isabel, por la gracia de Dios Rey e Reina de
Castilla, de Leon, de Aragon, de Secilia, de Granada, de Toledo, de
Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdea, de Crdoba,
de Crcega, de Murcia, de Jaen, de los Algarbes, de Algeciras, de
Gibraltar e de las Islas de Canarias: Condes de Barcelona; Seores
de Vizcaya e de Molina; Duques de Atenas e de Neopatria; Condes de
Rosellon e de Cerdania; Marqueses de Oristan e de Gociano: A los
de Nuestro Consejo e Oidores de la Nuestra Abdencia, Corregidores,
Asistentes, Alcaldes e Alguaciles, Merinos e otras Justicias
cualesquier de cualesquier Cibdades e Villas e Logares de los nuestros
Reinos e Seoros, e a cada uno e cualquier de Vos a quien esta Nuestra
Carta fuese mostrada, o su traslado signado de Escribano publico, salud
e gracia. Sepades que Nos mandamos ir a la parte del Mar Oceano a
Cristobal Colon a facer algunas cosas complideras a Nuestro servicio, e
para llevar la gente que ha menester en tres carabelas que lleva, diz
que es necesario dar seguro a las personas que con el fueren, porque
de otra manera no querrian ir con el, al dicho viage; e por su parte
Nos fue soplicado que ge lo Mandasemos dar, o como la Nuestra Merced
fuere; e Nos tovimoslo por bien. E por la presente damos seguro a
todas e cualesquier personas que fueren en las dichas carabelas con el
dicho Cristobal Colon en el dicho viage que hace por Nuestro mandado
a la parte del dicho Mar Oceano, como dicho es, para que no les sea
fecho mal ni dao ni desaguisado alguno en sus personas ni bienes, ni
en cosa alguna de lo suyo, por razn de ningun delito que hayan fecho
ni cometido fasta el dia desta Nuestra Carta, e durante el tiempo que
fueren e estubieren alla con la venida a sus casas e dos meses despues.
Porque vos Mandamos a todos, e a cada uno de Vos en vuestros logares
e jurisdiciones, que no conoscais de ninguna cabsa criminal tocante
a las personas que fueren con el dicho Cristobal Colon en las dichas
tres carabelas, durante el tiempo susodicho; porque Nuestra Merced e
voluntad es, que todo ello este asi suspendido. E los unos ni los otros
no fagades ni fagan ende al por alguna manera, so pena de la Nuestra
Merced e de diez mil maravedis para la Nuestra Camara a cada uno que lo
contrario ficierede. E demas Mandamos a cualquier Escribano publico que
para esto fuere llamado que deende al que vos la mostrase testimonio
signado con su signo, porque Nos Sepamos en como se cumple Nuestro
mandado. Dada en la Nuestra Cibdad de Granada a treinta dias del mes
de Abril, Ao del Nacimiento de Nuestro Seor Jesucristo de mil e
cuatrocientos e noventa y dos aos.--_Yo el Rey._--_Yo la Reina._--Yo
Joan de Coloma, secretario del Rey e de la Reina Nuestros Seores, la
fice escrebir por su mandado.--(_Esta firmada._)

En las espaldas est sellada en papel con cera colorada, y
tiene las notas siguientes:--_Acordada su firma._--_Rodericus,
Doctor._--(_Esta firmado._)--_Francisco de Madrid, Chanciller._--(_Esta
firmado._)--_Derechos nihil._--(Esta rubricado).

Del mismo modo, antes de partir Cristbal Coln a su tercer viaje,
los Reyes Catlicos, mediante Real Provisin de 22 de junio de 1497,
concedieron indulto a todos los sbditos y naturales de estos reinos
que hubiesen cometido cualquier delito, con algunas excepciones, con
tal que fuesen en persona a servir en la Isla Espaola a sus expensas,
por cierto tiempo.

Los condenados a pena de muerte eran indultados totalmente pasando
all slo dos aos, y uno nicamente de estancia en la misma libraba
de todas las condenas y penas inmediatas a la ltima. De esta
manera, exceptuados los casos de hereja, lesa magestad, incendio y
falsificacin de moneda, todos los estafadores, perjuros, falsarios,
ladrones y asesinos, yendo a sus costas a la Espaola, podan
volver plenamente rehabilitados a Castilla al cabo del tiempo ya
dicho...[663].

       [663] Vase conde Roselly de Lorgues, _Cristbal Coln_, tomo
       I, pgs. 411 y 412.




C

REAL CDULA DADA EN MADRID 15 DE ABRIL DE 1540[664].


El Rey: Por quanto Nos somos informados, que en la Provincia de
Tierra Firme, llamada Castilla del Oro, ay echa Ordenanza, usada y
guardada, para que a los negros que se alzaren se les corten los
miembros genitales, y que a acaescido cortarselos a algunos, y morir
dello, lo qual dems de ser cosa mui deshonesta, y de mal exemplo, se
siguen otros inconvenientes,  visto por los del nuestro Consejo de
las Indias: Fu acordado que devia mandar dar esta mi cdula en la
dicha razon por la qual proivimos y defendemos que de aqu adelante
en manera alguna no se egecute la dicha pena de cortar los dichos
miembros genitales, que si necesario es, por la presente rebocamos
qualquier Ordenanza que cerca de lo suso dicho est echa, y mandamos
a los nuestros oydores de la nuestra Audiencia  Chanzilleria Real de
la dicha Provincia de Tierra Firme, y al Reverendo en Christo Padre
Obispo de la dicha Provincia que ordenen la pena que se deve dar a los
negros que se alzaren, y envien al dicho nuestro Consejo de las Indias
relacion de la pena que assi acordaren que se les d, y entre tanto que
la envian y se ve, y se provee lo que convenga, Mandamos a las nuestras
Justicias de la dicha Provincia que cada, y quando se alzaren los
dichos esclavos negros  cometieren otro delito, los castiguen conforme
al delito que hicieren.--_Fray Garca Cardenalis Hispalensis._

       [664] _Arch. hist. nac._--_Cedulario ndico_, tom. IX. nm.
       256, pgs. 147 v. y 149.




D


De una carta de D. Francisco Pi y Margall dirigida a los Estados Unidos
de Amrica, trasladamos aqu lo que creemos ms interesante en el
asunto de que se trata[665].

       [665] Publicse dicha carta en _El Nuevo Rgimen_ de 28 de
       agosto de 1909, y se volvi a publicar en el mismo peridico
       el 31 de diciembre de 1915.

  Me dirijo a t, Repblica del Norte, desde una nacin que te
  ultraja y te odia, por creerte cmplice de los insurrectos de
  Cuba. Si respecto a Cuba de algo debiera yo acusarte, sera de
  haberte conducido sobradamente remisa y floja. _...Amrica para los
  americanos_; ese ha de ser tu criterio y tu grito de combate.

  Como de los europeos es Europa, de los americanos ha de ser
  Amrica. No consentiran los europeos colonias ni en sus playas ni
  en sus islas, y no hay razn para que los americanos las consientan
  en las suyas. Siete siglos llevaron en Europa los rabes, y no se
  par hasta arrojarlos a las costas de Africa; seis siglos llevan en
  Europa los turcos, y se conspira incesantemente para rechazarlos al
  Asia. Por dos veces ha intentado Rusia en este siglo apoderarse de
  Constantinopla...

  Europa anda como nunca desalada por ejercer imperio sobre extraas
  gentes. No obr en siglo alguno con mayor descaro ni mayor
  violencia.

  Ve ahora los principios que invoca para sus conquistas. Te
  detallar a continuacin los medios que emplea.

  Hoy, como en el siglo XVI, tiene por principio inconcuso que las
  tierras ignoradas son del que las descubre. En vista de este
  principio, Coln, al llegar a Guanahan, baj a la costa, enarbol
  el estandarte de Castilla, tir de la espada, y por ante escribano
  tom posesin de la isla. En virtud de este principio hicieron otro
  tanto los dems descubridores de Amrica. Hasta del mar del Sur
  u Ocano Pacfico tom posesin en parecida forma Vasco Nez de
  Balboa. Metise en el agua hasta las rodillas, llevando embrazado
  el escudo, en una mano la espada, en la otra el pendn de Castilla,
  y por ante escribano tom _posesin corporal y real_, no slo de
  aquel mar, sino tambin de sus tierras y sus costas, y sus puertos
  y sus islas, y los reinos y provincias anexos. Se aplica hoy este
  principio con una exageracin muy semejante a la de Vasco Nez. Se
  toma posesin apenas se ha puesto el pie, en un lugar de Africa, de
  territorios inmensos que no se ocuparn en aos, tal vez en siglos.
  Se la toma de lo que no se domina, bautizndolo con el nombre de
  _zonas de influencia_.

  El principio es evidentemente falso. Podr ocuparse lo que otro no
  ocupe, no lo que ocupen pueblos cultos o brbaros. Se ocupan en
  este caso tierras y hombres, cosa que no prescriben la dignidad
  ni la naturaleza de seres racionales y libres. Las tierras que
  se ocupan, constituye, por otra parte, la patria de los que las
  pueblan: no hay derecho a quitrsela, lo hay tanto menos en hombres
  que se consideran obligados a defender en todo tiempo y a todo
  trance la integridad de su patria; cmo se han de considerar
  con derecho a defenderla si estn siempre dispuestos a violar la
  integridad de la patria ajena?

  Un pueblo no puede cambiar su condicin porque otro lo descubra.
  El descubrimiento es para l completamente extrao, tan extrao,
  que ni aun descubridor se considera. Recibe el pueblo descubridor
  como reciba antes los de sus alrededores; y, si por acaso lo ve
  de otro color o con otras condiciones, lo mira con curiosidad y
  aun lo agasaja, mientras no lo ve con nimo hostil y en son de
  guerra. Entre el pueblo descubridor y el descubierto cabe que se
  establezcan relaciones de amistad y de comercio, nunca de vasallaje.

  Descubri Europa la Amrica y se crey con derecho a sojuzgarla; si
  Amrica hubiese descubierto a Europa, habra reconocido Europa en
  Amrica el derecho de someterla?

  El principio es antihumano, irracional, absurdo. No parece mentira
  que lo aplique an Europa, blasonando, como blasona, de ser la ms
  culta parte del mundo?

       *       *       *       *       *

  Sigue an Europa otro principio. Colonizar es civilizar, dice;
  porque amo la civilizacin, llevo mis soldados a las tierras de
  Africa y a las de apartadas regiones.

  No cabe, segn esto, civilizar sino por la violencia? La Historia
  lo desmiente. Siglos vivieron en nuestras costas los fenicios y
  los griegos sin lucha ni contiendas. Cuando fuimos nosotros a
  Amrica, hasta con alborozo nos recibieron los habitantes de Hait;
  a creernos bajados del cielo llegaron. Desvivanse aquellos hombres
  por servir a Coln, sobre todo cuando encall en sus playas una
  de nuestras naves. Bajaron ms tarde Orellana por el Amazonas y
  Ochagana por el Apure, sin que los hostilizaran, antes bien, los
  recibieron con agrado los pueblos de las orillas.

  En la Amrica del Norte compr Guillermo Penn tierras a los
  delawares, y cuando los delawares quisieron faltar al compromiso,
  tuvo en su defensa a los iroqueses.

  En Mxico, quin duda que Hernn Corts habra podido establecer
  buenas relaciones entre nosotros y los aztecas, si en vez de
  haber ido all con aparato de guerra se hubiese limitado a
  presentarse como un embajador de don Carlos? Aun habiendo entrado
  en Tenochtitlan con infantes, caballos, arcabuces y caones, habra
  podido enlazar pacficamente los dos pueblos, si no se hubiese
  empeado en poner aquella nacin bajo la obediencia del rey de
  Espaa y obligarla al pago de tributos.

  Por el brbaro sistema de conquista hiri Europa los sentimientos
  y destruy la civilizacin de los pueblos cultos y no dom, en
  cambio, los salvajes, vivos y enrgicos, aun despus de cuatro
  siglos, as en Amrica como en Oceana.

  Por el comercio se debe ganar a los pueblos y no por la destruccin
  y la guerra. Aun los ms salvajes acogen bien a sus semejantes
  cuando no tienen razn de temerlos. Son en general ms humanitarios
  y menos egostas que nosotros, y no nos rechazan. Los escandinavos,
  en sus primeras excursiones a las islas y costas Orientales de
  Amrica, no encontraron, como es sabido, en los indgenas la menor
  resistencia.

  La conquista medio de civilizacin! A nosotros, los espaoles, nos
  conquistaron los cartagineses, los romanos, los godos y los rabes,
  y en este siglo los franceses, que llegaron a tener aqu un Rey
  en el trono; debiramos ser y no somos el pueblo ms culto de la
  tierra. Ni fueron los romanos vencedores los que en los antiguos
  tiempos civilizaron a los griegos vencidos, sino los griegos
  vencidos los que civilizaron a sus vencedores. Ni fu aqu tampoco
  la gente goda la que nos civiliz a nosotros, sino nosotros los que
  hubimos de civilizar a la gente goda.

  Cuando en nuestros pocos aos de esplendor fuimos a Amrica y la
  conquistamos, lejos, por otro lado, de civilizarla, destrumos
  la civilizacin de Mxico y el Per, sin hacerlos ms felices,
  antes oprimindoles bajo el peso de males como en los anteriores,
  ni en los posteriores siglos los registra la historia. De tal
  manera fuimos su azote, que se nos supuso escogidos por Dios para
  instrumento de sus venganzas. Viva el Per precavido contra las
  malas cosechas, y el hambre y nosotros suprimimos incesantemente
  las precauciones. Eran los mejicanos gente dcil y los hicimos
  dscolos. Dimos despus al uno ni al otro pueblo mayor libertad?
  Respondan las encomiendas. No compensa el bien que pudimos
  hacerles, los horribles males que les infligimos.

  Destrumos civilizaciones que debimos limitarnos a corregir, y poco
  o nada pudimos hacer en mucho tiempo con los pueblos salvajes. Los
  hay todava despus de cuatro siglos, en las dos Amricas. No se
  los trae a la civilizacin; se los va aniquilando.

  No es fcil que sean otros los resultados. Lo primero que procura
  el conquistador es asegurar su conquista, reduciendo los vencidos
  poco menos que a la servidumbre. Piensa a continuacin en hacerle
  fuente de riqueza para su pueblo, y ya condena los indgenas a
  rudos e mprobos trabajos, ya les arrebata la hacienda, ya los
  agobia con excesivos tributos, que los aisla y los condena a que
  no se surtan de otros productos que los de su agricultura y de
  su industria. Un monopolio en nuestra pr hicimos nosotros del
  comercio de Amrica durante siglos. Si en el pas conquistado hace
  el pueblo conquistador mejoras, atendiendo a sus intereses, y no al
  de los vencidos, las realiza.

  En el terreno moral no pone ahinco el conquistador, sino en
  fanatizar a los indgenas. Ve en el fanatismo un medio de
  consolidar su obra, y lo utiliza. Los somete a continuas prcticas
  religiosas, y de ah que le presente como imagen de Dios al
  sacerdote. Esto hicimos nosotros en toda Amrica, y esto en las
  islas Filipinas.....

  La instruccin cun poco la desarrollaron los conquistadores! Ven
  en ella un enemigo; ven, por el contrario, en la ignorancia otro
  medio de mantener sometidos a sus vasallos. Ya que den la primera
  enseanza, la neutralizan, esclavizando el pensamiento, y tal vez
  cerrando a piedra y lodo las fronteras para los libros de otros
  pueblos...

  Ciega en su afn de dominacin, Europa rara vez consulta la
  voluntad de los que intenta poner bajo su dominio. Emplea, aqu
  la fuerza; all el ms punible dolo; y al otro da de haber
  tomado posesin de sus usurpaciones, castiga hasta con la pena
  de muerte a los que se le rebelan. De bandoleros y de foragidos
  los acusa ella, que para sojuzgarlos no ha ejercido sino actos
  de bandolerismo. Tutora se llama luego de sus oprimidas gentes,
  y no encuentra nunca razn de emanciparlas. Si despus de siglos
  se alzan por su independencia, de ingratas las califica y como
  criminales vuelve a tratarlas. Aos y aos lucha por retenerlas,
  sin perdonar sacrificios de oro y sangre. Qu no debiste sufrir
  t por conseguir la libertad que tanto te ha engrandecido? Qu
  no debieron sufrir las colonias que nosotros tenamos de Mxico
  a Chile? Debieron nacer hombres del temple de Washington y de
  Bolvar para que Amrica pudiera sacudir el yugo de sus seculares
  opresores...

  Haz t de Amrica la anttesis de Europa, Repblica de Washington.
  Trabaja cuanto puedas por arrojar de tu continente hasta la sombra
  de la monarqua. Presta, presta, como antes te dije, tu influjo y
  tus armas a las colonias que luchan por su independencia. Te lo
  exige la Humanidad y te lo exige tu historia. Negar a los pueblos
  de la Amrica espaola el derecho a la independencia, deca, el ao
  1821, una Comisin de tu Congreso, sera renunciar a la nuestra; no
  olvides nunca estas palabras.

  No olvides tampoco las que escribi Bolvar en su programa del 2
  de Agosto de 1824: _La libertad del Nuevo Mundo es la esperanza
  del Universo_. Defiende y escuda esa libertad donde quiera que
  est en peligro. En Europa, no slo hay an naciones regidas por
  el absolutismo; en las libres es an de temer que el absolutismo
  renazca...

  As termina la notabilsima carta: Repblica de Washington!
  Cansada de tu aislamiento, te ingieres ya en los negocios de Europa
  a la manera de la Europa misma. Aprtate de tan cenagoso camino
  y sigue el que podr llevarte a la regeneracin del mundo. T
  tienes hoy en tus manos la fuerza, la libertad, la industria, la
  ciencia. Tu poder te impone deberes que no puedes dejar de cumplir
  sin violar los fueros de la Humanidad y los de la Justicia. Aun la
  cuestin social puedes resolver por la anchurosa va que te est
  abierta.

                                              F. PI Y MARGALL.

    _Madrid, 10 de noviembre de 1896._




E


GONZALO FERNNDEZ DE OVIEDO.

Naci Gonzalo Fernndez de Oviedo en Madrid en agosto de 1478. A los
trece aos entr al servicio del prncipe Don Juan, y a la muerte de
dicho heredero de la Corona logr continuar en la corte y servir a los
Reyes Catlicos. Adquiri gran amistad con Diego y Fernando, hijos de
Cristbal Coln, como tambin con Vicente Yez Pinzn, Fray Nicols
de Ovando y otros personajes. Estuvo en Italia y recorri algunas
poblaciones de Espaa. Asisti en Dueas (Palencia) al casamiento de
Don Fernando el _Catlico_ con Doa Germana, y fu testigo de las
diferencias entre dicho Don Fernando y Don Felipe el _Hermoso_. El
emperador Carlos V le honr mucho y le mand escribir la _Historia
General y Natural de Indias_.

Hizo su primera expedicin al Nuevo Mundo, saliendo del puerto de
Sanlcar el 11 de abril de 1514. En la misma expedicin, y tal vez en
el mismo barco, iba tambin Bernal Daz del Castillo; volvi a Espaa
en el ao siguiente. Varias veces hizo los mismos viajes, siendo
perseguido y preso por la inquina que siempre le tuvo Pedro Arias de
Avila (Pedrarias Dvila), gobernador del Darin.

Entre sus obras figuran, en primer trmino, las dos siguientes:

_Sumario de la Natural Historia de las Indias_ (1525).

_Historia General y Natural de las Indias, Islas y Tierra Firme del mar
Ocano_ (1535 y 1557).

El asunto de ambas es el mismo; pero debe preferirse la segunda, que
se halla ms completa y con ms cuidado escrita. Consta dicha obra de
cincuenta libros. Aunque la _Historia General y Natural de las Indias_
no satisfaga hoy todas las exigencias de la crtica, siempre presentar
a nuestra vista el maravilloso efecto que en nuestros abuelos produjo
el espectculo de un Nuevo Mundo, y descubrir a los extraos mil
ignorados tesoros[666].

       [666] Amador de los Ros, _Vida y escritos de Gonzalo
       Fernndez de Oviedo_, fol. CVI, en la _Historia General y
       Natural de las Indias_, tomo I.


FERNANDO COLN.

Fernando Coln naci en Crdoba el 15 de agosto de 1488[667]. Creci y
se educ entre prncipes. Cuando lleg a tener la edad necesaria para
el caso, l y su hermano Diego fueron nombrados pajes del prncipe
D. Juan, hijo de los Reyes Catlicos. Habiendo muerto prematuramente
D. Juan y antes de emprender su tercer viaje el Almirante, Fernando,
acompaado de su hermano Diego, marcharon desde Sevilla a la corte
para continuar siendo pajes de la Reina Catlica.

       [667] Otros dicen que el veintitantos de septiembre.

Sala ya Fernando casi de la adolescencia cuando march a las Indias
en compaa de su padre. Si en su niez haba recibido en Sevilla los
insultos de los enemigos del Almirante, en este cuarto viaje pudo
conocer la fiereza de algunos indios, la furia de las tempestades, la
destruccin de varios navos, el hambre en la Jamaica, la rebelin de
los Porras y otros sucesos tan poco halageos.

A su vuelta de Amrica, padre e hijo se detuvieron algunos meses en
la citada ciudad andaluza para descansar de las fatigas que pasaron
durante el viaje.

Posteriormente hizo segunda expedicin al Nuevo Mundo.

Adems de sus viajes a las Indias recorri Europa, Asia y Africa, y
estuvo en Italia, Flandes y Alemania en compaa del Emperador. Todos
estos viajes fueron aprovechados, pues adquiri profundos conocimientos
en Cosmografa, Nutica, Matemticas e Historia Natural.

Su generosidad le llev a establecer en Sevilla una Academia y Colegio,
al cual dej su Biblioteca, que a fuerza de trabajo y paciencia lleg
a reunir muchos volmenes. Tambin comenz la fbrica de suntuoso
edificio fuera de los muros de la ciudad y prximo al Guadalquivir, que
la muerte le impidi ver acabada y que destinaba a los citados Colegio
y Academia.

Los muchos trabajos que sufri durante su vida, los frecuentes viajes
en pases de diferente clima, la escasez y mala calidad a veces de los
alimentos debilitaron su salud y abreviaron su existencia, la cual
termin a las doce del da en la ciudad de Sevilla el 12 de julio de
1539. Otorg su testamento en dicho da 12.

La _Historia del Almirante_, publicada despus de otras producciones
suyas notables, fu escrita para desvanecer los errores que se haban
dicho y propagado acerca del descubridor del Nuevo Mundo.

Dicha obra, escrita en castellano, fu traducida al toscano por Alfonso
de Ulloa; pero habindose perdido toda aquella edicin, de la lengua de
Toscana pas a la de Castilla, siendo recopilada con los historiadores
primitivos de Indias en tres tomos en folio, ilustrados con eruditas
notas y copiosos ndices por D. Andrs Gonzlez Barcia, del Consejo y
Cmara de S. M. Divdese en ciento ocho captulos.

La mencionada obra, que indudablemente tiene mucha importancia, termina
dando noticia de los padecimientos que a la vuelta del Nuevo Mundo
sufri el Almirante a causa de las tempestades; en una de ellas (19
de octubre de 1504) se rompi el rbol mayor del buque y en otra la
contramesana. En mayo de 1505 pas el Almirante a la corte. Ya haba
muerto D. Isabel, muerte que sinti D. Cristbal porque ella era la
que le apoyaba y favoreca, pues si D. Fernando le recibi con muestras
de cario y le ofreci volverle a poner en su estado, su intencin era
no dejar el absoluto dominio de lo conquistado y proveer a su voluntad
los oficios que le tocasen. Triste, contrariado y enfermo, se retir a
la ciudad del Pisuerga, falleciendo el 20 de mayo de 1506.




F


LEYES QUE TENAN LOS INDIOS DE LA NUEVA ESPAA, ANAHUAC O MXICO, SEGN
FRAY ANDRS DE ALCOBIZ.

Si el hijo del principal era tahur, y venda lo que su padre tena, o
venda alguna suerte de tierra, mora por ello secretamente ahogado; y
si era macehual, era esclavo.

Si alguno toma de los magueyes para hacer miel, y son de veinte,
pgalos con las mantas que los jueces dicen; y si no las tiene,  es de
ms magueyes, es esclavo o esclavos.

Quien pide algunas mantas fiadas o emprestadas, y no las paga, es
esclavo.

Si alguno hurta alguna red de pescar, pgala con mantas; y si no las
tiene, es esclavo.

Si alguno hurta alguna canoa, paga tantas mantas cuantas vale la canoa;
y si no las tiene, es esclavo.

Si alguna esclava pequea, que no es de edad para hombre, alguno la
toma, es esclavo el que se ech con ella, si muere; de otra manera paga
la cura.

Si llev a vender su esclava a Escapuzalco, do era la feria de los
esclavos, y el que se la compr le di mantas, y l las descoj y se
content de ellas, si despus se arrepiente, vuelva las mantas.

Si alguno qued pequeito y los parientes le venden, y se sabe despus
cuando es mayor, sacan los jueces las mantas que les parecen para dar
al que lo compr, y queda libre.

Si algn esclavo se huye y se vende a otra persona, pareciendo, se
vuelva a su dueo, y pierde lo que di por l.

Si alguno se echa con esclava, y muere estando preada, es esclavo el
que con ella se ech; y si pare, el parto es libre y llvalo el padre.

Si algunos vendieron algn nio por esclavo, y despus se sabe, todos
los que en ello entendieron son esclavos, y dellos dan uno al que lo
compr, y los otros los reparten entre la madre de quien era el nio
que vendieron, y entre el que lo descubri.

Los que dan bebedizos para que otra muera, muere por ello a garrotazos,
y si la muerta era esclava, era esclava la que los daba.

Si hurtaban las mazorcas de maz, de veinte arriba, mora por ello; y
si menos, pagaba alguna cosa por ello.

El que arrancaba el maz antes de granado, mora por ello.

El que hurtaba el yete, que es una calabaza atada con unos cueros
colorados por la cabeza, con unas borlas de pluma en el cabo, de que
usan los seores, y traen en ellas polvos verdes, que son tabaco, mora
el que lo hurtaba a garrotazos.

El que hurtaba algn chalchuy en cualquier parte, era apedreado en el
tianguez, porque ningn hombre bajo lo poda tener.

El que en el tianguez hurtaba algo, los del tianguez lo mataban a
pedradas.

El que salteaba en el camino, era apedreado pblicamente.

Era ley que el papa que se emborrachaba, en la casa do le hallaban
borracho, lo mataban con unas porras, y el mozo por casar que se
emborrachaba, era llevado a una casa que se deca telpuchcalli, y all
le mataban con garrotes; y el principal que tena algn cargo, si
se emborrachaba, quitbanle el oficio, y si era valiente hombre, le
quitaban el ttulo de valiente.

Si el padre pecaba con su hija, moran ahogados con garrote, echada una
soga al pescuezo.

El que pecaba con su hermana mora ahogado con garrote, y era muy
detestable entre ellos.

Si una mujer pecaba con otra, las mataban ahogndolas con garrotes.

El papa que era hallado con alguna mujer, le mataban secretamente con
un garrote, e le quemaban, e derribbanle su casa, y tombanle todo lo
que tena, y moran todos los encubridores que lo sabian y callaban.

No bastaba probanza por el adulterio, si no los tomaban juntos, y la
pena era que pblicamente los apedreaban.

_Algunas destas leyes no son autnticas, porque se sacaron de un
librillo de indios no autntico, como estotras que se siguen, las
cuales son verdaderas._

En esto que se sigue no se trata ms de decir y contar las leyes que
los indios de Nueva Espaa tenan en cuatro cosas: la primera, es de
los hechiceros y salteadores; la segunda, es de la lujuria; la tercera,
es de las guerras; la cuarta, es de los hurtos.


CAPTULO PRIMERO, QUE TRATA DE LOS HECHICEROS Y SALTEADORES.

Era ley que sacrificasen, abrindolo por los pechos, al que haca
hechiceras para que viniese algn mal sobre alguna ciudad.

Era ley que ahorcasen al hechicero que con hechizos pona sueo a los
de la casa para poder entrar ms seguro a robar.

Ahorcaban a los salteadores de los caminos y castigaban muy reciamente.

Ahorcaban al que mataba con bebedizos. Ahorcaban a los que por los
caminos, por hacer mal, se fingan ser mensajeros de los seores.


CAPTULO DOS, QUE TRATA DE LA LUJURIA.

Ahorcaban al que se echaba con su madre por fuerza; y si ella era
consentidora de ello, tambin la ahorcaban a ella, y era cosa muy
detestable.

Ahorcaban a los hermanos que se echaban con sus hermanas.

Ahorcaban a los que se echaban con su entenada, y a ella tambin, si
haba consentido.

Tena pena de muerte el que pecaba con su suegra. Apedreaban a las que
haban cometido adulterio a sus maridos, juntamente con el que con ella
haba pecado. A ninguna mujer ni hombre castigaban por este pecado de
adulterio, si slo el marido della acusaba, sino que haba de haber
testigos y confesin de los malhechores; y si estos malhechores eran
principales, ahogbanlos en la crcel.

Tena pena de muerte el que mataba a su mujer por sospecha o indicio, y
aunque la tomase con otro, sino que los jueces lo haban de castigar.

En algunas partes castigaban al que se echaba con su mujer despus que
le oviese fecho traicin.

Por la ley no tena pena el que se echaba con la manceba de otro,
exceto si haba ya mucho tiempo que el otro la tena, y por haber mucho
que estaban juntos eran entre sus vecinos tenidos por casados.

Ahorcaban al puto o somtico y al varn que tomaban en hbito de mujer.

Mataban al mdico o hechicera que daba bebedizos para echar la criatura
la mujer preada, y asimismo a la que lo tal tomaba para este efecto.

Desterraban y tomaban los vestidos y dbanle otros castigos recios a
los papas que tomaban con alguna mujer; y si haba pecado contra natura
los quemaban vivos en algunas partes y en otras los ahogaban o los
mataban de otra manera.


CAPTULO TERCERO, QUE TRATA DE LAS LEYES QUE HABA EN LAS GUERRAS.

Cuando algn pueblo se rebelaba, enviaban luego los seores de los
tres reinos, que era Mxico y Tezcuco y Tlacopan, secretamente a saber
si aquella rebelin proceda de todo el pueblo o slo por mandado y
parecer del seor de tal pueblo: y si esta rebelin proceda solamente
del seor de tal pueblo, enviaban los seores de los tres reinos
sobredichos, capitanes y jueces que pblicamente justiciaban a los
seores que se rebelaban y a los que eran del mismo parecer; y si esta
rebelin era por parecer y voluntad de todo el pueblo, requeranlos
muchas veces a que fuesen subjetos como antes y tributasen; y si
despus de muchas veces requeridos no queran subjetarse, entonces
dbanles ciertas rodelas y ciertas armas en seal de amenazas, y
apregonaban la guerra a fuego y a sangre; pero de tal manera que en
cualquier tiempo que saliesen de paz los tales rebeldes, cesaban la
guerra.

Era ley que degollasen a los que en la guerra hacan algn dao a los
enemigos sin licencia del capitn, o acometan antes, o se apartaban de
la capitana.

Tena pena de muerte el que en la guerra quitaba la presa a otro.

Tena pena de muerte y de perdimiento de bienes y otras muy graves
penas, el seor o principal que en algn baile o fiesta o guerra sacaba
alguna divisa que fuese como las armas y divisas de los seores de
Mxico y Tezcuco y Tlacopan, que eran los tres reyes principales, y
algunas veces haba guerra sobre ello.

Hacan pedazos y perda todos los sus bienes y hacan esclavos a todos
sus parientes, al que era traidor, avisando a los enemigos en la
guerra, avisndoles de lo que se concertaba o platicaba contra ellos.


CAPTULO CUARTO, QUE TRATA DE LOS HURTOS.

Hacan esclavo al que era ladrn, si no haba gastado lo hurtado; y si
lo haba gastado, mora por ello, si era cosa de valor.

El que en el mercado hurtaba algo, era ley que luego pblicamente en el
mismo mercado le mataban a palos.

Ahorcaban a los que hurtaban cantidad de mazorcas de maz o arrancaban
algunos maizales, exceto si no era de la primera renglera que estaba
junto al camino, porque desta tenan los caminantes licencia de tomar
algunas mazorcas para su camino.

Era ley, y con rigor guardada, que si algn indio venda por esclavo
algn nio perdido, que hiciesen esclavo al que lo venda, y su
hacienda partan en dos partes; la una parte daban al nio, y la otra
parte al que lo haba comprado; y si los que lo haban vendido eran ms
de uno, a todos los hacan esclavos.


ESTAS SON LEYES DIVERSAS.

Tenan pena de muerte los jueces que hacan alguna relacin falsa al
seor superior en algn pleito, y asimismo los jueces que sentenciaban
a alguno injustamente.

Ahorcaban y muy gravemente castigaban a los hijos que gastaban mal la
hacienda que sus padres les haban dejado, o deshacan para gastar mal,
o destruan las armas o joyas o cosas sealadas que los padres les
haban dejado; y asimismo tenan esta pena y castigo los que quedaban
por tutores de algunos menores, si no daban buena cuenta a los hijos de
los bienes de sus padres difuntos.

Tena pena de muerte el que quitaba o apartaba los mojones y trminos o
seales de las tierras y heredades.

El modo que tenan de castigar a sus hijos y hijas siendo mozos, cuando
salan viciosos y desobedientes y traviesos, era trasquilarlos y
traerlos maltratados, y punzarles las orejas y los muslos y brazos.

Era cosa muy vedada y reprendida y castigada el emborracharse los
mancebos hasta que fuesen de cincuenta aos, y en algunas partes haba
penas asealadas.

Hacan esclavo al que venda alguna tierra ajena o que tuviese
depositada, sin licencia.

Era ley que el esclavo que estaba preso y se soltaba de la prisin y
iba a palacio, en entrando que entrase en el patio era libre de la
servidumbre, y como libre poda andar seguro.

Era costumbre entre ellos que los hijos de los seores y hombres ricos
en siendo de siete aos, poco ms o menos, entraban en los templos
a servicio de los dolos, adonde servan barriendo y haciendo fuego
delante de los templos y salas y patios; y echaban los enciensos en
los fuegos y servan a los papaguaques; y cuando eran negligentes o
traviesos o desobedientes, atbanles las manos y pies, y punzbanles
los muslos con unas puyas y los brazos y los pechos, y echbanlos a
rodar por las gradas abajo de los templos pequeos; y ms es de saber,
que en Mxico y ansi mismo en Tezcuco y Tacuba haba tres Consejos;
el primero era Consejo de las cosas de guerra; el segundo era adonde
haba cuatro oidores para oir los pleitos de la gente comn; el tercero
era el Consejo adonde se averiguaban los pleitos que entre seores y
caballeros se ofrecan, o entre pueblos sobre seorios o por trminos,
y deste Consejo en ciertas cosas sealadas daban parte al Seor, que
eran como casos reservados a estos reyes y seores de estos tres reinos
que arriba estn dichos.


ESTAS SON LAS LEYES POR LAS CUALES CONDENABAN A ALGUNO A QUE FUESE
ESCLAVO.

Hacan pedazos y perda todos sus bienes y hacan esclavos todos sus
parientes al que era traidor, avisando a los enemigos en la guerra,
avisndoles de lo que se concertaba o platicaba _en el real_ contra
ellos[668].

       [668] Esta ley es la misma que la ltima del captulo tercero;
       la nica diferencia es que se aade las palabras _en el real_.

Hacan esclavo al que haba hecho algn hurto en cantidad, si an no lo
haba gastado.

Era ley que si algn indio venda por esclavo a algn nio perdido, y
ansimismo hacan esclavos a todos los que lo haban vendido, si eran
muchos.

Hacan esclavo al que venda alguna tierra ajena o que tuviese
depositada, sin licencia[669].

       [669] Esta ley es la misma que la sexta de _Estas son leyes
       diversas_.

En algunas partes era ley que hacan esclavo al que haba empreado
alguna esclava cuando la tal mora de parto, o por el parto quedaba
lisiada.

Hacan esclavos a los que hurtaban cantidad de mazorcas de maz en los
maizales de los templos o de los seores.

Por otras cosas tambin hacan esclavos, mas eran arbitrarias; mas
estas sobredichas eran leyes que ningn juez poda dispensar en ellas,
si no era matando al que las cometa, por no hacerlo esclavo; y todo
esto sobredicho es verdad porque yo las saqu de un libro de sus
pinturas, adonde por pinturas estn escritas estas leyes en un libro
muy autntico; y porque es verdad lo firm de mi nombre.

Fecha en Valladolid a diez del mes de septiembre de mill y quinientos y
cuarenta y tres aos.--_Fray Andrs de Alcobiz._




G


USOS Y COSTUMBRES DE LOS INCAS.[670]

       [670] _Archivo de Indias._--_Colec. de doc. ind._, etc., tomo
       XXI, pgs. 131-220.

En junio de 1571, ante el muy ilustre D. Francisco de Toledo, virrey,
gobernador y capitn general del Per, presidente de la Audiencia
de los Reyes, se hizo la siguiente informacin: Que antes que los
espaoles--dijeron algunos indios ancianos--se apoderasen del Per,
los Incas, caciques e indios ricos hacan sus sepulturas en sitios
retirados y escondidos, en las cuales disponan se enterrasen tambin
parte de sus tesoros y riquezas. El lugar de las sepulturas slo era
conocido de las mujeres y buenos amigos del muerto, nico modo de
impedir el robo de dichos tesoros.

Como los Incas, caciques y principales indios pensaban que haban
de resucitar y volver en cuerpo y alma a la tierra, por esta causa
enterraban sus tesoros; tesoros que haban de gozar despus que
resucitasen.

Para servicio del Inca Guaynacapal y de otros Incas difuntos, tenan
los indios algunos criados y ganados, pues consideraban aqullos como
si fueran vivos.

Con el objeto de que no se descubriesen los tesoros y riquezas de los
Incas y caciques ricos, para el secreto hacan confianza de los viejos,
entendiendo que stos haban de morir presto y ya nadie sabra el lugar
de la sepultura.

Adoraban los indios a diferentes dioses, siendo el principal de todos
Viracocha, hacedor de todas las cosas[671]; tambin el Sol, Guanaconc
y otros Guacas e dolos. Muchos indios e indias se ocupaban en servir a
dichas divinidades.

       [671] Garcilaso tiene por dios supremo a Pachacmac, y por
       dios inferior a Viracocha, y el P. Valera identifica a
       Pachacmac y Viracocha.

Oyeron decir los dichos testigos que Topa Inca Yupangui, conquistador
del Per, sacrifica nios a los dioses e dolos, y ellos vieron que
Guaynacapal haca los mismos sacrificios a la salida del sol y al
medioda.

Tambin ofrecan los Incas minas de oro y plata, ganados, etc., a
sus dioses; bienes que eran guardados y aprovechados por empleados a
quienes llamaban Camayos.

Adems del dios Viracocha y de otros, los indios adoraban a algunas
fuentes, rboles y piedras, porque en estas cosas se haban convertido
los dioses.

Sin embargo, slo Viracocha era el verdadero dios, pues los dems
servan como intercesores y nada ms.

Con el objeto de que los indios no se hiciesen holgazanes y por ende
conspiradores o rebeldes, el dicho Guaynacapal Inca les haca trabajar,
ya abriendo caminos, ya cambiando el curso de los ros o en otras
cosas.

Por naturaleza el indio es holgazn y nicamente trabaja por temor al
castigo.

Puede asegurarse del mismo modo que los naturales de este reino es
gente de poco entendimiento, necesitando, por tanto, curador que los
gobierne.

En tiempo de Guaynacapal eran escasos las cocas[672], y slo las coma
el Inca, el cual las mandaba como gran regalo a algunos caciques.

       [672] La coca era un arbol del Per cuyas hojas eran muy
       estimadas por los indios.

El mencionado Guaynacapal haca que los indios trabajasen en las minas
de oro, plata y otros metales.

Desde los tiempos de Topa Inca Yupangui, todos los curacas (hunos), que
eran seores de diez mil indios, daban al dicho Inca un vaso de oro;
los dems curacas y caciques mandaban a la corte y al servicio del Inca
sus hijos mayores. Tambin cada comarca o provincia enviaba a la corte
un embajador para que enterase al Inca de todo lo que deseaba saber de
la citada comarca.

Dijeron los indios informantes que Topa Inca Yupangui, padre de
Guaynacapal, haba muerto, ya viejo, en un pueblo que llaman Chincheso,
en el camino del valle de Yucay, trmino del Cuzco, y que Guaynacapal
muri en Quito, tambin anciano, y cuyo cuerpo trajeron a Cuzco.

Afirmaron del mismo modo, que los indios de los Andes, antes de la
llegada de los espaoles, coman carne humana, como tambin los de las
provincias de los Chuncos y Chiriquanale.

Por ltimo, dijeron que en las provincias de los Chinchas y del Collado
haba indios que cometan el pecado contra natura, a los cuales se
les llamaba Oruas, que quiere decir hombre que hace de mujer, e iban
vestidos como las mujeres y tenan los rostros afeitados.




H


PATRIA Y ORIGEN DE CRISTBAL COLN[673].

       [673] _El Imparcial_ del 27 y 29 de diciembre de 1912.

El muy distinguido peridico italiano _Il Secolo_, de Miln, en su
nmero correspondiente al 23 de noviembre ltimo, publica un notable
artculo bajo el epgrafe de Una gloria italiana che sfuma...,
en el cual se trata la cuestin relativa a la patria de Coln y se
intenta refutar un folleto del acreditado escritor cubano doctor
Horta y Pardo, dedicado a demostrar que el descubridor de Amrica era
espaol y natural de Pontevedra. El erudito doctor aduce y comenta los
diversos documentos y datos que yo tuve la honra de exponer en una
conferencia ante la nclita Sociedad Geogrfica de Madrid acerca de
tan extraordinario asunto, y aade otros sugeridos por el estudio del
mismo. Pero el amable articulista de _Il Secolo_ prescinde de puntos
esenciales, pasa como sobre ascuas en cuanto a los que menciona, pues
se limita a contestarlos con evidente ligereza y no ofrece en su
refutacin ninguna argumentacin ni dato alguno de importancia, sin
duda porque no los hay, deficiencia que procura encubrir acudiendo a
un tono algo sarcstico, aunque desde luego reconoce lealmente que no
existe completa certeza acerca del lugar en que naci Coln, bastndole
para juzgar la circunstancia de que ste se haya declarado hijo de la
hermosa ciudad de Gnova.

Dicho articulista dedica casi toda su tarea al que suscribe, y
empieza por la conocida habilidad de ponerme en berlina ante los
lectores, afirmando que hago alarde de muchsimos ttulos honorficos
y cientficos, por cuya razn hay algn derecho a tomar en serio mis
raciocinios. Esta inexactitud no puede ser mayor, puesto que carezco de
tales ttulos; de manera que nunca he hecho ni podido hacer alarde de
ellos en ninguna ocasin, por escrito ni de palabra; con esto, no tengo
ms que decir acerca de mi modesta persona.

Y contando de antemano con la benevolencia de _El Imparcial_, paso
a rectificar algunas de las dems inexactitudes en que _Il Secolo_
incurre, y a contestar en serio a sus razonamientos, a fin de que la
prensa italiana y de otras naciones, que seguramente habrn copiado
el artculo del importante peridico milans, obtenga elementos para
formar juicio por el momento, porque me propongo dar muy pronto a la
imprenta el libro prometido en mi citada conferencia, no habindolo
hecho antes a causa de los achaques de mi vejez.

Lo primero que a propsito de dicha conferencia debo advertir es que
una Sociedad cientfica tan ilustre, circunspecta y sabia como la
Geogrfica de Madrid, no habra de proporcionar a cualquier atrevido
solemne ocasin para acometer una aventura desatinada, cual sera la
de presentar a Coln como espaol, si el asunto no ofreciera por lo
menos un aspecto de certidumbre digno de atencin. No abrigo ahora el
ridculo intento de hacer solidaria a la docta Corporacin, directa
o indirectamente, de mis ideas, sino demostrar con tan oportuna
consideracin que la teora relativa a la patria espaola de Coln no
es absurda, ni siquiera caprichosa.

No merecen comentario alguno las festivas frases que al ingenioso
articulista de _Il Secolo_ inspira la noticia de que he invertido
treinta aos en investigar antecedentes y en rebuscar documentos en
los archivos, pues nunca ni a nadie he dicho semejante cosa; no tengo
la culpa de que en este y en otros puntos se exagere mi labor por los
propagandistas entusiastas, a quienes estoy muy reconocido. Tampoco es
cierto que yo atribuya a un mal concepto acerca de los naturales de
Galicia el hecho de haber ocultado Coln su verdadero origen y patria.
No creo que hay necesidad grande o pequea de rehabilitar a dicho
pas, que tiene una historia tan digna de aprecio y tan honrosa como
cualquiera otra regin de Espaa; nada he dicho de esto en mis trabajos
colonianos, ni puedo evitar que haya escritores susceptibles, llorones
o impacientes. A pesar de la exactitud que encierra el proverbio de
que nadie es profeta en su tierra, no se me ha ocurrido aplicarlo en
este asunto; bastan los nombres de Susana, Jacob, otro Jacob, Benjamn,
Abraham y Eliezer o Elezar con el apellido Fonterosa, esto es, una
familia de hebreos, expulsados precisamente en 1492, as como la
circunstancia, entre otras especiales, de que los Coln de Pontevedra
pertenecan a la clase nfima del pueblo, para conjeturar las causas
de que el primer Almirante de las Indias ocultase patria y origen y se
engalanase con el ttulo de navegante genovs, dado tambin que estos
marinos italianos disfrutaban en el siglo XV, como en los anteriores,
merecida fama y gozaban gran acogimiento en la corte de Castilla.

En otro enorme error cae el articulista de _Il Secolo_. Afirma nada
menos que atribuyo el resuelto y constante apoyo que el P. Deza,
oriundo de Galicia, dispens a Coln, al hecho de que ste le comunic
en el secreto de la confesin su calidad de gallego. En ninguna
ocasin, lugar ni escrito he aducido tal disparate, y para explicar en
mi libro el motivo de dicha proteccin, estudio otras circunstancias de
gran valor, fundndome en ciertas cartas de Coln a su hijo Diego.

Descartadas estas pequeeces y prescindiendo de otras inexactitudes
de escaso inters, entrar en el fondo del asunto. Por lo visto, para
el citado articulista no tienen importancia diversos hechos que por
ningn concepto deben ser desdeados. La existencia en Pontevedra, en
la generacin anterior y en la coetnea de Coln, de personas con este
apellido y con nombres de pila iguales a los de la familia histrica
del Almirante, no significan gran cosa a su juicio; tampoco tiene
ningn valor la circunstancia de aparecer a la vez en dicho pueblo el
apellido Fonterosa, materno de Coln, en una familia hebrea, y la de
constar unidos ambos apellidos en un documento oficial de 1437 para el
pago de 24 maraveds, a pesar de la naturalsima y lgica reflexin
de que apenas hay distancia de un matrimonio entre personas de las
dos familias a una asociacin de intereses, o viceversa, para que
hubiese nacido Cristbal de Coln y Fonterosa, descubridor del Nuevo
Mundo. Carecen tambin de importancia, en concepto del articulista,
la imposicin de ciertos nombres pontevedreses a varios lugares de las
Antillas; no s qu dira si contemplase en las fotografas la gran
semejanza que hay entre la baha de Miel, en Baracoa (Cuba), bautizada
por Coln con el nombre de Portosanto, y la ensenada que tiene este
este mismo nombre en Pontevedra.

_Il Secolo_ menciona otro hecho notabilsimo; pero no lo analiza ni lo
comenta o explica, pasando sobre l, repito, como sobre ascuas, aunque
observando que Coln haba declarado ser genovs y llevado durante
mucho tiempo (esto carece de justificantes) el apellido Colombo. El
hecho a que me refiero es el siguiente: en la escritura de institucin
del mayorazgo, ao de 1498, el Almirante declara en una clusula que
sali de Gnova y en ella naci (frase singularmente construda);
pero en otra manifiesta textualmente que su verdadero linaje es el de
los llamados de Coln, con antecesores llamados de Coln, de cuya
manera repudia la nacionalidad genovesa y el apellido Colombo. Estas
dos declaraciones son contradictorias, y hay que elegir una de ellas.
Cul? La solucin no es dudosa, porque la primera, que el elocuente
escritor seor marqus de Dosfuentes califica muy acertadamente de
herldica, no ha podido comprobarse durante los cuatro siglos
transcurridos, mientras que la segunda se halla cabalmente justificada
por los documentos pontevedreses, en los cuales consta el apellido
Coln precisamente con la preposicin de, as como esos antecesores
llamados de Coln, de la misma manera que se ve en la inscripcin de
principios del siglo XVI, grabada en piedra con letra gtica alemana,
en que figura el mareante Juan de Coln, existente en la iglesia de
Santa Mara, de Pontevedra; inscripcin que por cierto estuvo oculta
hasta que recientemente fu derribado un antiguo altar del mismo
templo, edificado a costa de los marineros.

Pero, adems, quin califica de verdadero a su linaje sino en
presencia de otro supuesto o ficticio, como lo era para el Almirante el
de los Colombo italianos? El gran marino no abrigaba seguramente ningn
recelo acerca de que tales manifestaciones descubriesen su patria y
origen, ya porque la escritura del mayorazgo habra de permanecer
reservada en el archivo de su familia y no transcendera al pblico, ya
porque acaso no ignoraba que en Pontevedra no existan ms de uno o dos
humildes marineros de su apellido, y que stos no habran de sospechar
siquiera que el glorioso marino genovs tena la misma sangre
que ellos. Por esta razn, y tal vez en descargo de su conciencia,
el descubridor de Amrica dispuso que, en ltimo caso, heredase el
mayorazgo cualquier individuo llamado de Coln que hubiera aqu o en
otro cabo del mundo. Semejante frase en aquella poca parece aludir
a Galicia y su promontorio Finisterre y no a Italia en general o a
Gnova, Saona, Calv, etc., en particular, que estn en el centro del
Mediterrneo. No era esta la ocasin lgica y precisa, si Coln fuera
italiano, de que nombrase heredero en ltimo trmino a cualquiera de
los llamados Colombo? Hay, pues, fundamentos slidos para afirmar que
los italianos de este apellido eran parientes del primer Almirante de
las Indias?

El articulista no debiera admirarse de que yo conceda gran importancia
a la afirmacin de D. Fernando Coln, hijo y primer bigrafo del
insigne navegante, el cual dice categricamente que su padre quiso
hacer desconocidos e inciertos su origen y patria. Esta afirmacin
se halla corroborada, pues resulta que las dos familias de Coln, la
legtima y la de su amante Beatriz Enrquez, ignoraban en qu pueblo
haba nacido el Almirante, hasta el punto de que Pedro de Arana, buen
amigo de ste y hermano de aquella dama, en la informacin de un
expediente de las Ordenes militares, declara con respecto a Cristbal
Coln que ha odo decir que es genovs, pero l no sabe de dnde es
natural. El mencionado articulista prescinde de estos antecedentes,
como tambin prescinde de que Coln no dej ningn escrito en italiano,
y, en cambio, llamaba nuestro romance a la lengua castellana ocho
aos despus de venir a Espaa; de que los cronistas italianos de la
poca del descubrimiento, el genovs Gallo y el obispo Giustiniani,
dicen que Bartolom Coln naci en Lusitania; de que ningn escritor de
aquellos tiempos determina el lugar del nacimiento de Coln ni da la
menor noticia acerca de su vida anterior a la presentacin en Castilla,
sobre cuyo punto existen las mayores tinieblas, mientras que estn bien
conocidas las vidas de varios personajes italianos ms antiguos y menos
famosos que el gran navegante, y en fin, prescinde asimismo de otra
multitud de hechos que omito para no cansar a los lectores.

Pero entonces, qu es lo que tiene importancia para el articulista
de _Il Secolo_ en la cuestin que se discute? Pues, simplemente,
la mencionada declaracin herldica de Coln sobre haber nacido en
Gnova y, adems, un documento especial, conocido y estudiado por el
distinguido escritor norteamericano Mr. Vignaud, fechado en dicha
ciudad a 25 de agosto de 1479 y descubierto recientemente; papel
curiossimo por todo extremo y que, segn veremos, debiera acompaar
a otros que se guardan en la Casa municipal de aquella incomparable
poblacin, con respecto a los cuales, en cuatro libros diversos,
dice el acreditado colombfilo Harrisse, tambin yanqui, que estn
al lado del violn de Paganini. Mencionar dos detalles del citado
documento: primero, que Coln naci en 1452, y segundo, que en 1479
era todava ciudadano tejedor de Gnova. Pues bien; ambos resultados
son sencillamente inaceptables, a juzgar por los siguientes datos
histricos: primero, Bernldez, gran amigo de Coln, en su Crnica
de los Reyes Catlicos, dice, y se comprueba por otros datos, que
el Almirante falleci a los setenta aos, senectude bona; y una
Real cdula, expedida en febrero de 1506, concede permiso a Coln,
en vista de su ancianidad y enfermedades, para viajar en mula
ensillada y enfrenada. (Asensio, Cristbal Coln, tomo I, pginas
212-213). Nacido el Almirante en 1452, tendra cincuenta y cuatro aos
al fallecer en 1506; jams en ninguna parte se ha llamado ni llama
a esa edad senectud o ancianidad. Segundo, cuando Coln se present
en Castilla, ao 1484, era viudo y le acompaaba su hijo Diego, nio
de ocho aos, nacido en 1476. Cmo poda ser ciudadano de Gnova y
tejedor de lanas el insigne marino, que se habra casado en Lisboa por
lo menos en 1475 y consultado entonces su gran proyecto a Toscanelli
desde la misma ciudad? Pensando, pues, piadosamente, resulta slo
que el Cristforo Colombo de ese documento de 1479 no era el mismo
Cristbal Coln descubridor de Amrica, el cual consigna, en una carta
a los Reyes, includa en su Libro de las Profecas, que en 1501
contaba cuarenta aos de navegacin, y restando los ocho que permaneci
en Espaa antes de su primer viaje, resultara que, nacido en 1452,
como quiere el papel de que se trata, habra empezado a navegar, poco
ms  menos... antes de tener un ao de edad! Siendo muy comn en
Italia el apellido Colombo, nada tendra de particular que en aquel
pas hubiera un Cristforo Colombo distinto del gran marino, del mismo
modo que hubo otro Cristobo de Coln en Pontevedra durante el siglo XV.

En mi citado libro patentizo el valor que puede concederse al texto de
ciertos documentos; pero no terminar este punto sin dedicar algunas
palabras a la carta en castellano, que se dice de Coln, conservada
en la Casa municipal de Gnova, a fin de que por esa muestra los
lectores y el articulista milans se enteren de los singulares detalles
que ofrecen aqullos. En esa carta, fechada a 2 de abril de 1502,
Coln participa al magnfico Oficio de San Jorge que manda a su hijo
D. Diego destine el diezmo de toda la renta de cada ao a disminuir
los impuestos que por las vituallas comederas se satisfacan a su
entrada en Gnova, ddiva verdaderamente esplndida. Ahora bien;
nos encontramos aqu con una contradiccin enorme, porque antes de
emprender el cuarto viaje, el Almirante di a su heredero un memorial
de mandatos, a manera de disposicin testamentaria, que comunic a su
ntimo amigo Fray Gaspar Gorricio dos das despus de la fecha de
aquella carta, esto es, en 4 del mismo mes y ao, en cuyo memorial,
analizado minuciosamente y comprobado por el Sr. Fernndez Duro en su
Nebulosa de Coln, no aparece, como tampoco en ningn otro documento,
semejante concesin a Gnova, ni consta que de ella se hayan preocupado
poco ni mucho las autoridades y el vecindario de aquella ciudad. En
la misma carta, Coln aade que los reyes me quieren honrar ms que
nunca, precisamente cuando se le negaba el ejercicio de los cargos
de virrey y gobernador de los pases que haba descubierto y se le
impona, para dicho cuarto viaje, la bochornosa condicin de no
desembarcar en la isla de Santo Domingo; he aqu cmo se le honraba ms
que nunca. Qu concepto, pues, merece esta carta? Creo que est bien
colocada al lado del falso y desatinado codicilo militar del Almirante.

En Italia se comprendi la absoluta necesidad de probar que la madre
de Coln era italiana; pero por ninguna parte apareci el apellido
Fonterosa. Por fin surgi un gran recurso para salir del atolladero:
habindose encontrado documentos acerca de personas que tenan el
apellido Fontanarubea, una de ellas, padre de cierta Susana, se le
traduce cmodamente convirtindolo en Fontanarossa, con el pretexto
de que ambas palabras tienen el mismo significado. De manera que siendo
los italianos los nicos mortales que en este mundo pueden aspirar a
la infalibilidad, sin duda el articulista de _Il Secolo_ juzga que la
tergiversacin mencionada es incontrastable; y as, hay desahogo y
manga ancha para la teora colombina de Italia, mientras que para la
coloniana de Espaa son las dificultades y los escrpulos.

Mucho tendra que decir an sobre esta interesante cuestin; pero
no debo abusar de la hospitalidad que _El Imparcial_ me concede.
Concluir, pues, hacindome cargo de la manifestacin final de _Il
Secolo_. Dice que genovs o pontevedrino, Coln no habra arribado a
su maravilloso descubrimiento si no le hubiese abierto camino el buen
Pablo Toscanelli, cuya nacionalidad no constituye, ni ha constitudo
jams, un punto histrico oscuro. Esta reivindicacin tiene el aspecto
de una retirada, puesto que ya se trata de disminuir el mrito de
Coln; perfectamente, pero conste que Toscanelli, en su correspondencia
con el futuro Almirante, considera a ste natural de Lusitania. Se ve,
por consiguiente, que en 1474 o 1475 Coln no deca que era genovs,
ni aparentaba serlo, sino que se finga portugus. Cierto es que Mr.
Vignaud, citado por _Il Secolo_, califica de apcrifa a la mencionada
correspondencia, sin presentar justificantes adecuados, en su libro
titulado La carta y el mapa de Toscanelli sobre la ruta de las
Indias por el Oeste, criterio que he refutado en un artculo que _La
Ilustracin Espaola y Americana_ me dispens la merced de publicar.
Si yo fuera sistemtico en mi teora coloniana, hubiera aceptado y
secundado ese criterio, porque de semejante superchera o falsedad
se deducira lgicamente que, siendo de mano del propio Almirante la
copia de la carta de Toscanelli hallada por Harrisse en las guardas de
un libro que haba pertenecido a Coln, ste presentaba al cosmgrafo
florentino bien enterado de que la nacionalidad del temerario
proyectista no era la italiana.

Por ltimo, el distinguido articulista de _Il Secolo_ censura
sarcsticamente al sabio doctor Horta y Pardo (que posee, en efecto,
muchos ttulos honorficos y cientficos) por encargar a los lectores
de su notable folleto que, en vista de los fundamentos que expone,
tengan fe en la nacionalidad espaola del inmortal descubridor
del Nuevo Mundo. Esa censura es injusta. Por mi parte tengo fe
absoluta y razonada en que la gloria de Coln pertenece ntegra a
Espaa.--_Celso Garca de la Riega._




I


CARTA DEL REY DE PORTUGAL A CRISTBAL COLN, DNDOLE SEGURIDADES PARA
SU IDA A AQUEL REINO[674].

       [674] _Archivo de los Duques de Veragua._--_Colec. de doc.
       ind. relativos al descubrimiento, etc._, t. XIX, pgs. 459 y
       460.

    Marzo 20 de 1488.

En el sobrescrito dice: A _Cristovam Colon Noso especial amigo en
Sevilha_.

Cristobal Colon. Nos Dom. Joham, per graza de Deos, Rey de Portugall
e dos Algarbes; da aquem e da allem mar em Africa, Senhor de Guinea,
vos enviamos muito saudar. Vimos a carta que Nos escribestes: e a boa
vontade e afeizaon que por ella mostraaes teerdes a nosso servizo,
vos agradecemos muito. E cuanto a vossa viuda, ca, certo, assi pollo
que apontaaes como por outros respeitos para que vossa industra, e
boe engenho Nos sera necessareo, Nos a desejamos e prazernos ha muito
de visedes, porque em o que a vos toca se dara tal forma de que vos
devaaes ser contente. E porque por ventura teerees algum rezeo de
nossas justizas por razaon dalgunas cousas a que sejaaes obligado,
Nos por esta nossa carta vos seguramos polla viuda, stada e tornada
que nom sejaaes presso, retendo, acusado, citado nem demandado por
nenhua cousa, ora seja civil, ora criminal de qualquier cualidade. E
por ella mesma tanto vos rogamos e encomendamos que nossa viuda seja
loguo e para isso non tenhaaes pejo algum: e egardecernos lo hemos e
teeremos, muito en servizo. Scripta en Avis a veinte de marzo de mil
cuatrocientos ochenta y ocho.--El Rey.




J


CAMINOS POSIBLES PARA DESCUBRIR AMRICA Y CAUSAS DE HABER SIDO EL MS
IMPROBABLE, EL MS RPIDO Y FECUNDO[675].

       [675] Resumen de la Conferencia dada en el Ateneo de Madrid
       (5 mayo 1892), por D. Eduardo Len y Ortiz, Catedrtico de la
       Facultad de Ciencias de la Universidad Central.

Cuatro caminos se ofrecan--dice el Sr. Len y Ortz--para descubrir
el Nuevo Continente, partiendo de Europa: uno natural o lgico, dos
probables y otro muy improbable.

Era el del Nordeste, a causa de que por este lado linda Europa con
Asia, y tambin por dicho lado slo estn separadas Asia y Amrica por
un Estrecho, el camino natural o lgico[676]. A seguirlo estaba llamado
el pueblo ruso; pero lo impidieron justas y poderosas causas. Lleg el
siglo XVII. En 1696, reinando Pedro el Grande, una banda de cosacos
invadi la pennsula de Kamtchatka, cuyo extremo meridional los dejaba
enfrente de las islas Kuriles, al Sur de las cuales se hallan las del
Japn[677].

       [676] Pg. 10.

       [677] Kamtchatka es una pennsula montaosa de Siberia, entre
       los mares de Behring y de Okhotsk.

Requera la vasta extensin del territorio dominado establecer
comunicacin martima entre sus distantes regiones, y al efecto,
dispuso Pedro el Grande se prepararan dos flotas: una, desde Arcngel
hacia Oriente, deba costear por el Norte la Siberia, y otra, saliendo
de Kamtchatka, navegar hacia altas latitudes. Aunque no en vida del
clebre Czar, quien muri a poco, ambas expediciones se intentaron. En
la primera, por causa de los hielos, no se pas de la desembocadura
del Yenisei. Mejor xito tuvo la segunda, emprendida en 1728. Mandada
la flota por Behring, dans al servicio de Rusia, al cual acompaaba
Tshirikof como segundo, pas desde el ro de Kamtchatka a la isla
de San Lorenzo, y avanzando ms hacia el polo, cruz el Estrecho,
designado despus con el nombre de Behring, y penetr en el mar
Glacial, desde donde volvi al punto de partida. Por haberse ceido en
todo el viaje demasiado a la costa de Asia, no divisaron la de Amrica;
pero esto no poda tardar en suceder. Al coronel Schestakof, que haba
manifestado cunto importaba someter a los tschukches, situados en el
extremo ms oriental, se le confi la campaa que deba emprender desde
el Kolima, mientras el capitn Paulustky avanzara desde el Anadir y,
secundando a ambos, el cosaco Krupishef combatira por mar. Schestakof
pereci en la pelea. Ms afortunado Paulustky, bati a los enemigos y
los persigui por encima de los hielos, hasta trasponer el promontorio
oriental de Asia, viendo entonces, con no poco jbilo, a lo lejos, una
nueva costa, que tambin alcanz a ver Krupishef, impelido hacia ella
por una tempestad. Era dicha costa la de Amrica.

Sucedi esto en 1731, y diez aos adelante Behring y Tshirikof,
salieron otra vez de Kamtchatka, proponindose descender al paralelo
de 50 de latitud y navegar luego hacia Oriente, hasta dar con la costa
americana. Separados a poco por un temporal, Tshirikof lleg a dicha
costa por los 55 36' de latitud, mientras Behring arribaba por los 60
hacia el Cabo de San Elas desde donde costeando pas a la pennsula
de Aliaska y archipilago de las Aleoutes. Cumplindose, pues, la ley
del progreso, no hubiera dejado de alcanzarse Amrica, as como no
dejara de descubrirse China, en cuyas fronteras quedaron los rusos en
el siglo anterior, segn antes se dijo, ni el Japn, adonde arribaron
en el mismo XVIII en que a Amrica. En efecto, en 1732 naufrag en la
costa de Kamtchatka un barco procedente de ese Imperio, y habiendo
llegado a San Petersburgo la noticia, se despert de nuevo avidez por
los descubrimientos. Spangberg y Walton salieron por separado desde las
islas Kuriles hacia las grandes islas del Japn, y en 1739 la bandera
rusa onde por primera vez en los mares donde dos siglos antes lo
haban realizado las de Portugal y Espaa.

Qu triste camino el seguido por el Nordeste para llegar a Amrica,
y qu msero hallazgo el encontrado en ella por ese camino! Cielo
nebuloso y suelo cubierto de nieve es todo el paisaje ofrecido por la
Siberia; y no era mejor el cuadro que Behring y Tshirikof contemplaran
al pisar la parte ms septentrional de Amrica. Sucumbi el primero
de fro y de tristeza en una estril isla, designada despus con su
nombre. Tshirikof logr regresar a Kamtchatka, no sin haber perdido
mucha parte de su gente recorriendo aquellas tierras inhospitalarias.
Si no se hubiese sabido ya que tal regin perteneca a la Amrica,
fuente de riqueza y prosperidad para otras naciones, Rusia acaso no
la hubiese abandonado, porque al fin era otra Siberia, mas el resto
de Europa no se hubiera conmovido con el descubrimiento. Tal vez
se escondiera all un tesoro; pero tanta nieve lo cubra y tanta
esterilidad lo rodeaba, que no hubiera apetecido buscarlo[678].

       [678] Pgs. 14, 15 y 16.

Camino probable era el del Noroeste, porque por esta parte y a
distancias comparativamente no muy grandes, hay varias islas y tierras
como escalonadas entre Europa y el continente americano.

Eran, para seguir este camino, los ms a propsito por su situacin
geogrfica y natural intrepidez, aquellos normandos o _magioges_,
segn los rabes los llamaban, que aparecieron en el siglo IX como
seccin rezagada de los brbaros del Norte. Habitaban en la Cimbria y
la Escandinavia, donde hoy se alzan los reinos de Dinamarca, Suecia
y Noruega; mas, as que era pasado el invierno, dejaban sus ahumadas
chozas, y acaudillados por los segundones de sus reyes, salan al mar
ansiosos de esgrimir en alguna costa sus mazas estrelladas... Caan de
improviso sobre las poblaciones que all hubiera, y cuando no existan
stas, resonaba con sus hachazos la selva prxima y formada con sus
troncos derribados una escuadrilla, remontaban algn ro caudaloso
hasta encontrar moradores a los cuales pudieran exigir cuantioso botn
o la cesin de algn territorio, asiento para recabar despus mayor
riqueza o ms extenso seoro. As recorrieron las costas occidentales
y meridionales de Europa, y si de las de Espaa fueron rechazados,
en otras se impusieron estos arrojados aventureros, que tanto horror
causaron primeramente con sus crueldades de piratas y tanta admiracin
despus con sus proezas de caballeros.

A Islandia (_Iceland_ o tierra del hielo), isla por su posicin
geogrfica ms americana que europea, llegaron los normandos en el
mismo siglo en que tan temible aparicin hicieron en las costas de
Europa. Unos cien aos antes, a juzgar por algunos manuscritos y
ruinas, parece haba sido visitada por monjes irlandeses esa isla; pero
su importancia histrica data desde que en las correras a la ventura
hechas por los normandos, y ya descubiertos por ellos el grupo de
numerosas islas, que por la abundancia de rebaos llamaron Froe, una
tempestad en el ao 860 arroj a Naddod, que por estas islas viajaba,
hacia aquella otra. Pocos aos adelante revueltas interiores hicieron
emigrar hacia la misma a varios nobles y caudillos noruegos bajo el
mando de Ingolf. Imitranlos otros y pronto en aquella tierra contigua
al circulo polar se fund otra Escandinavia, donde, andando el tiempo,
no dej de brillar cierta cultura. En el siguiente siglo, o sea el X,
an avanzaron ms a Occidente, descubriendo un vasto pas, al cual
despus, por el ao 932, segn unos, o el 982, segn otros, se traslad
con Eriulfo y otros irlandeses, el noble noruego Erico Rauda o el Rojo.
Era el nuevo pas, el que por la hierba que lo cubra, llamaron tierra
verde o Groenlandia.

Siguieron las tempestades desempeando el papel de hbil piloto en esta
serie de enlazados descubrimientos. Biorn, hijo del citado Eriulfo,
llevado muy lejos hacia el Sudoeste, avist playas desconocidas,
donde no desembarc entonces, porque pasada la tormenta, prefiri l
enderezar el rumbo a Groenlandia; pero a las cuales al cabo de poco
tiempo, en el ao 1.000, procur volver acompaado de Leif, hijo de
Erico Rauda. Hallaron en este viaje una isla estril y pedregosa, que
por ello denominaron Hellulandia, y una ribera baja, arenosa y con
muchos rboles, a la cual dieron significativo nombre de Marklandia.
Dos das despus arribaron a otra costa que tena una isla al Norte
de ella. Remontaron un ro e invernaron a orillas de un lago de donde
naca. Era la isla frtil y abundaba en vides, como hizo reparar un
marinero alemn que iba con los descubridores, quienes esa planta no
conocan. Dieron por esto a dicho pas el nombre de Vinlandia. El
clima, comparado con el riguroso a que estaban acostumbrados, era
suave, como correspondiente a latitud menos elevada, pues all en los
das ms cortos el sol permaneca ocho horas sobre el horizonte. Como
esto viene a ocurrir a la latitud de Pars, las regiones descubiertas
podan ser la isla de Terranova y tierras prximas al golfo de
San Lorenzo, o si esa duracin del da se haba fijado con alguna
incertidumbre, comprenderan desde el pas del Labrador hasta el cabo
Cod y actuales estados de Massachussets, Rhode Island y Connecticut...
Mas esos descubrimientos en la Amrica septentrional, ni los hizo
la verdadera Europa ni los supo siquiera. Fueron obra de islandeses
y groenlandeses, y aunque ambos pueblos fuesen de origen normando,
durante tres siglos vivieron independientes[679].

       [679] Pgs. 16, 17 y 18.

... Otro camino probable para llegar a Amrica partiendo de Europa,
era el del Sudoeste, desde el momento en que los marinos contaran con
instrumentos que les permitieran dirigir con acierto su rumbo, sin
precisin de costear.

Consta Amrica de dos grandes regiones unidas por el itsmo de Panam,
y si la septentrional se acerca tanto a Asia que slo queda separada
de ella por el Estrecho de Bering, la meridional no se halla muy lejos
del continente africano. Median desde el cabo Verde y las islas del
mismo nombre a los cabos de San Roque y San Agustn unos 20 grados,
distancia grande, sin duda, para naves temerosas de apartarse de las
costas; pero nada excesiva para las que merced al astrolabio y a la
aguja de marear, pudieran alejarse. Slo faltara entonces motivo que
impulsara a navegar a esa distancia de la costa occidental de Africa;
mas la experiencia o cierta sagacidad natural, adelantndose a ella,
revelara que el derrotero ms seguro, si se quera evitar las grandes
tormentas y altos mares desde el golfo de Guinea hasta el cabo de
Buena Esperanza, era seguir desde las islas de cabo Verde a orza la
derrota entre poniente y medioda, conservndose de cinco a diez grados
al Oeste del meridiano de cabo Verde, y llegados a elevada latitud
austral, torcer ya hacia el terrible Len o cabo de Buena Esperanza. En
cuanto tal derrotero se siguiese, era muy fcil verse de pronto ante el
Brasil. As sucedi el 25 de abril de 1500 al portugus Pedro Alvarez
Cabral[680].

       [680] Pgs. 23 y 24.

Cristbal Coln sigui desde las islas Canarias el rumbo de Occidente.
Muy improbable era descubrir por este camino tierra alguna, confindose
puramente a la casualidad. Desde las citadas islas Canarias, hasta el
archipilago de las Lucayas, corren, a una latitud de 24 a 28 grados,
cerca de 58 de paralelo, es decir, unas mil cuarenta leguas. No era
semejante trecho para recorrido a la ventura, y mucho menos en la
poca del descubrimiento, en que, si algo alentaba a lanzarse en el
Atlntico, no costeando, sino mar adentro hacia Occidente, mucho ms
retraa de hacerlo. Pues si algn nimo podan infundir, de una parte
las costas lejanas, que una ilusin ptica finga a veces desde las
islas Canarias, y de otra parte las tierras occidentales, citadas en
fbulas con visos de historia, si no era alguna de ellas historia
desfigurada por la fbula, como la Atlntida imaginada por Platn, la
gran isla Antilla, que mentaba Aristteles, como descubierta por los
cartagineses, y las dos islas de San Brandn y de las Siete Ciudades,
de que se hablaba en piadosas leyendas de la Edad Media, bastaban a
vencer todo aliento las dudas que gentes doctas abrigaban todava
acerca de que la tierra fuese esfrica o de que, aun sindolo, fuese
posible la existencia humana en el hemisferio opuesto; y los temores
que, sin entrar en tales razonamientos, sentan las gentes de menos
letras, porque las engaosas costas, a veces distinguidas, nadie las
encontraba, como si fuera obra de encanto producida por el ngel de las
tinieblas, que, segn antiguas consejas rabes, asomaba su negra mano
en aquellos horizontes para apoderarse de las naves en el silencio y
obscuridad de la noche[681]. Este tan improbable camino, era el que,
seguido al calor de una idea, la de buscar la India por Occidente,
llevaba a regiones cuya exploracin sera rpida y fecunda...

       [681] Pgs. 29 y 30.

As terminaba su notable Conferencia el Sr. Len y Ortiz: Si en la
Edad Antigua, los que ansiaban gloria, provecho o mayor noticia del
mundo, decan: _A la India_, y en la Edad Media aadan: _Al Catay
y Cipango_, tambin en la Edad Moderna se ampli el propsito, y _A
Amrica_ dijeron a una voz viajeros, mercaderes, polticos, misioneros
y capitanes[682].

       [682] Pg. 84.




L


LO QUE COST DESCUBRIR LA AMRICA[683]

       [683] _ABC_ del 5 de octubre de 1911.--Nm. 2.307.

Hace poco han sido encontrados en Gnova documentos autnticos que
permiten fijar de un modo exacto la suma empleada en el descubrimiento
de Amrica por Cristbal Coln.

Al clebre navegante, como jefe de la expedicin, le fu asignado un
sueldo de 1.600 pesetas anuales.

Los capitanes de las dos carabelas que marcharon a las rdenes de
Cristbal Coln, cobraron 900 pesetas por ao, y cada marinero fu
contratado con el salario mensual de 50 reales.

El equipo de la flotilla sum en total 14.000 pesetas. Los vveres
(pan, vino, legumbres, carnes, etc.), costaron seis pesetas por mes y
por cabeza.

Cuando regres Cristbal Coln, recibi 22.000 pesetas, a ttulo de
reembolso, por las cantidades que adelant durante el viaje. Esa suma
representa los gastos de la expedicin, que dur desde 3 de agosto de
1492 a 4 de marzo de 1493.

Si a las 22.000 pesetas se aade la suma de 14.000 pesetas que, segn
hemos dicho, cost el equipo de la flota, resulta que uno de los ms
grandes descubrimientos de que se enorgullece la humanidad, ha costado
36.000 pesetas.

No puede darse nada ms econmico.

Las cifras que acabamos de citar han sido extradas de los libros de
los hermanos Pinzn, armadores de Palos, merced a los cuales pudo
Cristbal Coln realizar su viaje.




M


CARTA DE CRISTBAL COLN DIRIGIDA AL MAGNFICO SR. RAFAEL SNCHEZ,
TESORERO DE LOS SERENSIMOS MONARCAS[684].

       [684] Navarrete, _Coleccin de los viajes y descubrimientos_,
       etc., tom. I, pgs. 179-195.

    14 marzo 1493.

Conociendo que os ser de placer que haya yo tenido feliz xito en mi
empresa, he dispuesto escribiros esta carta que os manifieste todos y
cada uno de los sucesos ocurridos en mi viaje y los descubrimientos
que han sido su resultado. Treinta y tres das despus de mi salida de
Cdiz arrib al mar de la India, donde hall muchas islas habitadas
por innumerables gentes, y de ellas tom posesin a nombre de nuestro
felicsimo Monarca a pblico pregn y aclamaciones, tremolando bandera
y sin contradiccin alguna; puse a la primera el nombre de _San
Salvador_, en cuya proteccin confiado llegu as a sta como a las
dems; los indios la llaman _Guanahann_. D tambin nuevo nombre a
cada una de las otras, habiendo mandado que la una se llamase _Santa
Mara de la Concepcin_, otra la _Fernandina_, la tercera _Isabela_,
la cuarta _Juana_, y as respectivamente las restantes. Luego que
arribamos a la que acaba de nombrarse _Juana_, me adelant un poco
cerca de su costa hacia el Occidente, y la descubr tan grande y sin
lmites, que no hubiera credo ser isla, sino ms bien la provincia
continental de Cathay...[685].

       [685] Vase Conde Roselly de Lorgues, _Cristbal Coln_, tomo
       III, pgs. 132-137.




N


BULA DE ALEJANDRO VI[686].

       [686] Vase Solrzano, _Poltica Indiana_, lib. 1, cap. X.

Alejandro Obispo, siervo de los siervos de Dios, A los ilustres
Carisimo en Cristo hijo Rey Fernando, y muy amada en Cristo hija
Isabel, Reina de Castilla, de Len, de Aragn, de Sicilia y de Granada:
salud y bendicin apostlica. Lo que ms, entre todas las obras,
agrada a la Divina Majestad, y nuestro corazn desea, es que la Fe
Catlica y Religin Cristiana sea exaltada, mayormente en nuestros
tiempos, y que en toda parte sea ampliada, y dilatada, y se procure
la salvacin de las almas, y las brbaras naciones sean deprimidas y
reducidas a esa misma Fe. Por lo cual, como quiera que a esta sacra
silla de San Pedro, por favor de la divina clemencia (aunque indignos)
hayamos sido llamados, conociendo de vos, que sois Reyes y Prncipes
Catlicos verdaderos, cuales sabemos que siempre habeis sido, y
vuestros preclaros hechos (de que ya casi todo el mundo tiene entera
noticia), lo manifiestan, y que no solamente lo deseais, mas con todo
conato, esfuerzo, fervor y diligencia, no perdonando a trabajos,
gastos y peligros, y derramando vuestra propia sangre lo haceis, y que
habeis dedicado desde atrs a ello todo vuestro nimo y todas vuestras
fuerzas, como lo testifica la recuperacin del Reino de Granada, que
ahora con tanta gloria del divino nombre hicisteis, librndole de la
tirana sarracnica. Dignamente somos movidos (no sin causa) y debemos
favorablemente y de nuestra voluntad concederos aquello, mediante
lo cual, cada da con ms ferviente nimo, a honra del mismo Dios y
ampliacin del Imperio Cristiano, podais proseguir este santo y loable
propsito de que nuestro inmortal Dios se agrada.

Entendimos, que desde atrs aviades propuesto en vuestro nimo, de
buscar y descubrir algunas islas y tierras firmes remotas  incgnitas,
de otros hasta ahora no halladas, para reducir los moradores y
naturales de ellas al servicio de nuestro Redentor y que profesen la Fe
Catlica; y que por haber estado muy ocupados en la recuperacin del
dicho Reino de Granada no pudistes hasta ahora llevar a deseado fin
este vuestro santo y loable propsito; y que finalmente, habiendo por
voluntad de Dios cobrado el dicho Reino, queriendo poner en ejecucin
vuestro deseo, proveistes al dilecto hijo Cristbal Coln, hombre
apto y muy conveniente a tan gran negocio, y digno de ser tenido en
mucho, con navos y gente para semejantes cosas bien apercibidos,
no sin grandsimos trabajos, costas y peligros, para que por la mar
buscase con diligencia las tales tierras firmes,  islas remotas 
incgnitas, a donde hasta ahora no se haba navegado; los cuales,
despus de mucho trabajo, con el favor divino, habiendo puesto toda
diligencia, navegando por el mar Ocano, hallaron ciertas islas
remotsimas y tambin tierras firmes, que hasta ahora no haban sido
por otros halladas, en las cuales habitan muchas gentes que viven en
paz; y andan, segn se afirma, desnudas, y que no comen carne. Y a lo
que los dichos vuestros mensajeros pueden colegir, estas mismas gentes,
que viven en las susodichas islas y tierras firmes, creen que hay un
Dios Creador en los cielos, y que parecen asaz aptos para recibir la Fe
Catlica, y ser enseados en buenas costumbres; y se tiene esperanza
que si fuesen dotrinados, se introducira con facilidad en las dichas
tierras  islas el nombre del Salvador y Seor nuestro Jesucristo. Y
que el dicho Cristbal Coln hizo edificar en una de las principales de
las dichas tierras una torre fuerte, y en guarda de ella puso ciertos
cristianos de los que con l haban ido, y para que desde all buscasen
otras islas y tierras firmes remotas  incgnitas, y que en las dichas
islas y tierras ya descubiertas, se halla oro y cosas aromticas, y
otras muchas de gran precio, diversas en gnero y calidad. Por lo cual,
teniendo atencin a todo lo susodicho con diligencia, principalmente,
a la exaltacin y dilatacin de la Fe Catlica, como conviene a Reyes
y Prncipes catlicos, a imitacin de los Reyes vuestros antecesores,
de clara memoria, propusisteis, con el favor de la Divina clemencia,
sujetar las susodichas islas y tierras firmes, y los habitadores y
naturales de ellas, y reducirlos a la Fe Catlica.

As que Nos, alabando mucho en el Seor este vuestro santo y loable
propsito, y deseando que sea llevado a debida ejecucin y que el mismo
nombre de nuestro Salvador se plante en aquellas partes, os amonestamos
muy mucho en el Seor, y por el sagrado bautismo que recibistes,
mediante el cual estais obligado a los Mandamientos apostlicos, y por
las entraas de misericordia de nuestro Seor Jesucristo, atentamente
os requerimos que cuando intentaredes emprender y proseguir del
todo semejante empresa, queris y debis con nimo pronto y celo de
verdadera fe, inducir los pueblos que viven en las tales islas y
tierras, que reciban la Religin Cristiana, y que en ningn tiempo os
espanten los peligros y trabajos, teniendo esperanza y confianza firme,
que el Omnipotente Dios favorecer felizmente vuestras empresas; y para
que sindoos concedida la liberalidad de la gracia apostlica, con ms
libertad y atrevimiento tomis el cargo de tan importante negocio,
_motu propio_, y no a instancia de peticin vuestra ni de otro que por
vos Nos lo haya pedido, mas de nuestra mera liberalidad, y de ciencia
cierta y de plenitud del podero apostlico, todas las islas y tierras
firmes halladas y que se hallaren descubiertas y que se descubriesen
hacia el Occidente y Medioda, fabricando y componiendo una lnea
del Polo Artico, que es el Septentrin, al Polo Antrtico, que es el
Medioda; ora se hayan hallado islas y tierras firmes, ora se hayan de
hallar hacia la India o hacia otra cualquier parte, la cual lnea diste
de cada una de las islas, que vulgarmente dicen de los Azores  Cabo
Verde, cien leguas hacia el Occidente y Medioda. As que todas sus
islas y tierras firmes halladas y que se hallaren descubiertas y que se
descubrieren del de la dicha lnea hacia el Occidente y Medioda, que
por otro Rey  Prncipe Cristiano no fueren actualmente posedas hasta
el da de nacimiento de nuestro Seor Jesucristo prximo pasado, del
cual comienza el ao presente de mil y cuatrocientos y noventa y tres,
cuando fueron por vuestros mensajeros y capitanes halladas algunas de
dichas islas, por la autoridad del Omnipotente Dios, a Nos en San Pedro
concedida, y del vicariato de Jesucristo, que ejercemos en las tierras,
con todos los seoros de ellas, ciudades, fuerzas, lugares, villas,
derechos, jurisdicciones y todas las pertenencias, por el tenor de las
presentes las damos, concedemos y asignamos perpetuamente a vos, y a
los Reyes de Castilla y de Len, vuestros herederos y sucesores seores
de ellas, con libre, lleno y absoluto poder, autoridad y jurisdiccin:
con declaracin que por esta nuestra donacin, concesin y asignacin
no se entienda, ni pueda entender, que se quite ni haya de quitar el
derecho adquirido a ningn Prncipe cristiano que actualmente hubiere
posedo las dichas islas y tierras firmes, hasta el susodicho da de
Natividad de Nuestro Seor Jesucristo. Y allende de eso, os mandamos
en virtud de santa obediencia, que as como tambin lo prometis, y
no dudamos por vuestra grandsima devocin y magnanimidad real que
lo dejaris de hacer, procuris enviar a las dichas tierras firmes 
islas, hombres buenos temerosos de Dios, doctos, sabios y expertos,
para que instruyan los susodichos naturales y moradores en la Fe
Catlica y les enseen buenas costumbres, poniendo en ello toda la
diligencia que convenga.

Y del todo inhibimos a cualesquier personas, de cualquier dignidad,
aunque sea Real  Imperial, estado, grado, orden  condicin, so pena
de excomunin _lat sententi_, en la cual por el mismo caso incurran,
si lo contrario hicieren; que no presuman ir, por haber mercaderas, 
por otra cualquier causa, sin especial licencia vuestra y de los dichos
vuestros herederos y sucesores, a las islas y tierras firmes halladas 
que se hallaren descubiertas, y que se descubrieren hacia el Occidente
y Medioda, fabricando y componiendo una lnea desde el Polo Artico al
Polo Antrtico, ora las tierras firmes  islas sean halladas y se hayan
de hallar hacia la India  hacia otra cualquier parte, la cual lnea
diste de cualquiera de las islas, que vulgarmente llaman de los Azores
y Cabo Verde, cien leguas hacia el Occidente y Medioda, como queda
dicho.

No obstante constituciones y ordenanzas Apostlicas, y otras
cualesquiera que en contrario sean: confiando en el Seor, de quien
proceden todos los bienes, Imperios y Seoros, que encaminando
vuestras obras, si prosegus este santo y loable propsito, conseguirn
vuestros trabajos y empresas en breve tiempo, con felicidad y gloria
de todo el pueblo Cristiano prospersima salida. Y porque sera
dificultoso llevar las presentes letras a cada lugar donde fuere
necesario llevarse, queremos, y con los _Motu_ y ciencia, mandamos,
que a sus trasumptos, firmados de mano de Notario pblico, para ello
requerido, y corroborados con sello de alguna persona constituda en
dignidad Eclesistica  de algn Cabildo Eclesistico, se les d la
misma fe en juicio, y fuera de l, y en otra cualquier parte, que se
dara a las presentes, si fuesen exhibidas y mostradas. As, que a
ningn hombre sea licito quebrantar,  con atrevimiento temerario, ir
contra esta nuestra carta de encomienda, amonestacin, requerimiento,
donacin, concesin, asignacin, constitucin, deprestacin, decreto,
mandado, inhibicin, voluntad. Y si alguno presumiere intentarlo,
sepa que incurrir en la indignacin del Omnipotente Dios y de los
bienaventurados Apstoles Pedro y Pablo. Dada en Roma en San Pedro, a
cuatro de mayo del ao de la Encarnacin del Seor mil y quatrocientos
y noventa y tres, en el ao primero de nuestro Pontificado.




O


PROVISIN REAL ACRECENTANDO A COLN Y SUS DESCENDIENTES UN CASTILLO Y
UN LEON MS EN SUS ARMAS POR PREMIO DE SUS SERVICIOS[687].

       [687] _Archivo de los Duques de Veragua._--_Colec. de doc.
       ind. relativos al descubrimiento, etc._, tomo XIX, pgs.
       475-477.

Don Fernando e doa Isabel etc. Por facer bien e merced a vos don
Cristobal Colon, Nuestro Almirante de las Islas e Tierra-Firme
por Nuestro mandado descobiertas e por descobrir en el Mar Oceano
en la parte de las Indias; acatando los muchos y leales servicios
que Nos habeis fecho e esperamos que Nos fareis, especialmente en
poner vuestra persona como la pusistes a mucho arrisco e trabajo en
descobrir las dichas Islas; e por vos honrar e sublimar, e porque de
vos e de vuestros servicios e linage e descendientes quede perpetua
memoria para siempre jamas, habemos por bien, e es Nuestra Merced, e
vos damos licencia e facultad para que podades traer e traigades en
vuestros reposteros e escudos de armas e en las otras partes donde las
quisieredes poner de mas de vuestras armas, encima dellas un Castillo
e un Leon, que Nos vos damos por armas, conviene a saber: el castillo
de color dorado en campo verde, en el cuadro del escudo de vuestras
armas en lo alto a la mano derecha, y en el otro cuadro alto a la mano
izquierda un Leon de purpura en campo blanco rampando de verde, y en
el otro cuadro bajo a la mano derecha unas islas doradas en ondas de
mar, y en el otro cuadro bajo a la mano izquierda las armas vuestras
que soliades tener, las cuales armas sean conocidas por vuestras
armas e de vuestros fijos e descendientes para siempre jamas. E por
esta Nuestra Carta, Mandamos al Principe Don Joan, Nuestro muy caro
e muy amado Fijo, e a los Infantes, Prelados, Duques, Marqueses,
Condes, Maestres de los Ordenes, Ricos-Homes, Priores, Comendadores e
Subcomendadores, Alcaldes de los Castillos e Casas Fuertes e llanas, e
a los de Nuestro Consejo, Alcaldes, Alguaciles, Regidores, Caballeros,
Jurados, Escuderos, Oficiales, Homes-buenos de todas las Ciudades e
Villas e Lugares de los Nuestros Reinos e Seorios, que vos dejen e
consientan traer e que traigades las dichas armas que Nos vos asi damos
de suso nombradas e declaradas, e en ello vos non pongan ni consientan
poner a vos ni a los dichos vuestros fijos e descendientes embargo ni
contrario alguno; e si desto que dicho es, quisieredes Nuestra Carta
de provision, Mandamos al Nuestro Chanciller e Notario e a los otros
Oficiales que estan a la tabla de los Nuestros sellos, que vos la den,
e libren, e pasen, e sellen. Dada en la Ciudad de Barcelona a veinte
dias del mes de mayo, Ao del Nascimiento de Nuestro Seor Jesucristo
de mil cuatrocientos noventa y tres aos.


CARTA REPREHENDIENDO LOS REYES A XOAN DE SORIA POR ABER TRATADO AL
ALMIRANTE CON POCO ACATAMIENTO.

                       4 de agosto de 1493[688]

                          El Rey e la Reyna.

Xoan de Soria: Nos abemos sabido algunas novedades que all abeys
fecho, que non mirays e acatays al Almirante de las Indias como es
rrazon e Nosotros lo queremos, de que Abemos Abido muncho enoxo; e
porque Nos, queremos quel Almirante sea honrrado e acatado sigund
el Ttulo que le dymos, Nos, vos Mandamos que ansi lo fagays e vos
conformeys con l, porque ello seremos servidos; e de lo contrario
abriamos enoxo e lo mandariamos castigar.--De Barcelona, a quatro das
de agosto de noventa e tres aos.--(Est rubricado e sellado).

       [688] _Archivo de Indias. Colec. de doc. ind._, etc., tomo
       XXX, pgs. 183 y 184.




P


TRATADO DE TORDESILLAS.

(_Sobre lmites, celebrado entre los Reyes de Espaa y Portugal el 7 de
junio de 1494_)[689].

       [689] Vase Guzmn Blanco, _Documentos para la historia de la
       vida pblica de Bolvar_, tomo I, pginas 10-17.

Don Fernando y Doa Isabel, por la gracia de Dios Rey y Reyna de
Castilla, de Len, de Aragn y de Sicilia, de Granada, de Toledo,
de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdea, de
Crdova, de Crcega, de Murcia, de Jahn, del Algarbe, de Algezira, de
Gibraltar, de las Islas de Canaria, conde y condesa de Barcelona, y
seores de Vizcaya y de Molina, duques de Atenas y de Neopatria, condes
de Roselln y de Cerdaa, marqueses de Oristn y de Goceano, en una con
el prncipe Don Juan, nuestro mui caro y mui amado hijo primognito
heredero de los dichos nuestros reynos y seorios. Por quanto, por
don Henrique Henriques, nuestro mayordomo mayor, y don Guterre de
Crdenas, comisario mayor de Len, nuestro contador mayor, y el doctor
Rodrigo Maldonado, todos del nuestro Consejo, fu tratado, assentado y
capitulado por Nos, y en nuestro nombre, y por virtud de nuestro poder,
con el serenissimo don Juan, por la gracia de Dios rey de Portugal
y de los Algarbes, de aquende y de allende el mar, en Africa seor
de Guinea, nuestro muy caro y muy amado hermano, y con Ruy de Sosa,
seor de Usagres y Berengel, y don Juan de Sosa su hijo, almotacn
mayor del dicho serenissimo rey nuestro hermano, y Arias de Almadana,
corregidor de los fechos civiles de su corte y del su desembargo,
todos del Consejo del dicho serenissimo rey nuestro hermano, en su
nombre y por virtud de su poder, sus embaxadores que a Nos vinieron,
sobre la diferencia de lo que a Nos y al dicho serenissimo rey nuestro
hermano pertenece, de los que hasta siete das deste mes de junio en
que estamos, de la fecha desta escriptura est por descubrir en el mar
Ocano, en la qual dicha capitulacin los dichos nuestros procuradores,
entre otras cosas, prometieron que dentro de cierto trmino en ella
contenido, Nos otorgariamos, confirmariamos, jurariamos, ratificariamos
y aprobariamos la dicha capitulacin por nuestras personas;  Nos
queriendo cumplir  cumpliendo todo lo que asy en nuestro nombre fu
asentado,  capitulado,  otorgado cerca de lo susodicho, mandamos
traer ante Nos la dicha escriptura de la dicha capitulacin y asiento
para la ver y examinar, y el tenor della de _verbo ad verbum_ es este
que se sigue:

              _En el nombre de Dios Todopoderoso, Padre
                y Hijo y Espritu Santo, tres personas
                   realmente distintas y apartadas,
                          y una sola esencia
                              divina._

Manifiesto y notorio sea a todos quantos este pblico instromiento
vieren, como en la villa de Tordesillas, a siete das del mes de
junio, ao del nascimiento de Nuestro Seor Jesu Christo de mil
 quatrocientos  noventa  quatro aos, en presencia de Nos los
secretarios y escrivanos,  notarios pblicos de yuso escritos,
estando presentes los honrados don Henrique Henriques, mayordomo mayor
de los muy altos y muy poderosos prncipes, seores don Fernando y
doa Isabel, por la gracia de Dios rey y reyna de Castilla, de Len,
de Aragn, de Sicilia, de Granada, etc.,  don Guterre de Crdenas,
contador mayor de los dichos seores rey y reyna, y el doctor Rodrigo
Maldonado, todos del Consejo de los dichos seores rey y reyna de
Castilla,  de Len, de Aragn, de Sicilia,  de Granada, etc., sus
procuradores bastantes de la una parte,  los honrados Ruy de Sosa,
seor de Usagres  Berengel,  don Juan de Sosa, su hijo, almotacn
mayor del muy alto y muy excelente seor don Juan, por la gracia de
Dios rey de Portugal,  de los Algarbes, de aquende  de allende el
mar, en Africa seor de Guinea,  Arias de Almadana, corregidor de los
fechos civiles en su corte,  del su desembargo, todos del Consejo del
dicho seor rey de Portugal  sus embaxadores  procuradores bastantes,
segund amas las dichas partes lo mostraron por las cartas  poderes, 
procuraciones de los dichos seores sus constituyentes, de las quales
su tenor de _verbo ad verbum_ es este que se sigue:

Don Fernando y Doa Isabel, por la gracia de Dios rey y reyna de
Castilla, de Len, de Aragn, de Sicilia, de Granada, de Toledo,
de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdea, de
Crdova, de Crcega, de Murcia, de Jahn, del Algarbe, de Algezira,
de Gibraltar, de las Islas Canarias, conde y condesa de Barcelona, 
seores de Vizcaya  de Molina, duques de Atenas  de Neopatria, condes
de Roselln  de Cerdaa, marqueses de Oristn  de Goceano. Por quanto
el serenissimo rey de Portugal, nuestro muy caro  muy amado hermano,
embi a Vos por sus embaxadores  procuradores a Ruy de Sosa, cuyas
son las villas de Usagre  Berengel,  a don Juan de Sosa su almotacn
mayor,  Arias de Almadana, su corregidor de los fechos civiles en
su corte  del su desembargo, todos del su Consejo, para platicar
 tomar asiento,  concordia con Nos,  con nuestros embaxadores 
procuradores, en nuestro nombre, sobre la diferencia que entre Nos
y el dicho serenissimo rey de Portugal nuestro hermano,  sobre lo
que a Nos y a l pertenece de lo que hasta agora est por descubrir
en el mar Ocano; por ende confiando de vos don Henrique Henriques,
nuestro mayordomo mayor,  don Guterre de Crdenas, comisario mayor
de Len, nuestro contador mayor,  el doctor Rodrigo Maldonado,
todos del nuestro Consejo, que sois tales personas, que guardareis
nuestro servicio,  bien,  fielmente hareis lo que por Nos vos
fuere mandado  encomendado, por esta presente carta, vos damos todo
nuestro poder complido, en aquella ms apta forma que podemos  en tal
caso se requiere, especialmente para que por Nos y en nuestro nombre
 de nuestros herederos,  subcesores,  de todos nuestros reynos 
seoros, sbditos  naturales dellos, podais tratar, concordar 
asentar,  facer trato  concordia con los dichos embaxadores del dicho
serenissimo rey de Portugal, nuestro hermano, en su nombre, qualquier
concierto, asiento, limitacin, demarcacin  concordia sobre lo que
dicho es, por los vientos en grados de Norte,  del Sol,  por aquellas
partes, divisiones,  lugares del Cielo,  de la mar,  de la tierra,
que a vos bien visto fueren,  asy vos damos el dicho poder, para que
podais dexar al dicho rey de Portugal,  a sus reynos  subcesores
todos los mares  islas,  tierras que fueren  estuvieren dentro de
qualquier limitacin  demarcacin, que con l fincaren  quedaren;
 otrosy vos damos el dicho poder, para que en nuestro nombre,  de
nuestros herederos  subcesores,  de nuestros reynos  seoros, 
sbditos,  naturales dellos, podades concordar,  asentar,  recebir,
 aceptar del dicho rey de Portugal,  de los dichos sus embaxadores,
 procuradores en su nombre, que todos los mares, islas  tierras que
fueren  estovieren dentro de la limitacin  demarcacin de costas,
mares  islas  tierras, que quedasen  fincaren con Nos  con nuestros
subcesores, para que sean nuestros  de nuestro seoro  conquista, 
asy de nuestros reynos  subcesores dellos, con aquellas limitaciones
 excepciones,  con todas las otras divisiones  declaraciones, que
a vosotros bien visto fuere;  para que sobre todo lo que dicho es,
 para cada una cosa  parte dello,  sobre lo a ello tocante,  de
ello dependiente,  a ello anexo  conexo en qualquier manera, podais
fazer  otorgar, concordar, tratar  recebir,  aceptar en nuesto
nombre,  de los dichos nuestros herederos  subcesores,  de todos
nuestros reynos, seoros,  sbditos  naturales dellos, qualesquiera
capitulaciones  contractos, escripturas, con qualesquier vnculos,
abtos, modos, condiciones, obligaciones  estipulaciones, penas 
submisiones,  renunciaciones, que vosotros quisieredes  bien visto
vos fuere,  sobre ello podais fazer  otorgar,  fagais,  otorgueis
todas las cosas,  cada una dellas, de qualquier naturaleza  calidad,
gravedad  importancia que sean,  ser puedan aunque sean tales, que
por su condicin requieran otro nuestro sealado  especial mandado,
 de que se deviese de fecho  de derecho fazer singular  expresa
mencin,  que Nos seyendo presentes podriamos fazer  otorgar, 
recebir;  otrosy vos demos poder complido, para que podais jurar, 
jureis en nuestra nima, que Nos  nuestros herederos,  subcesores,
 sbditos,  naturales,  vassallos adquiridos  por adquirir,
tornemos, guardaremos,  compliremos,  que ternn, guardarn 
complirn realmente  con efecto todo lo que vosotros asy asentardes,
capitulardes,  jurardes,  otorgardes,  firmardes, cesante toda
cautela, fraude  engao, ficcin, simulacin,  asy podais en
nuestro nombre capitular  segurar,  prometer; que Nos en persona
seguraremos, juraremos  prometeremos,  otorgaremos  firmaremos todo
lo que vosotros en nuestro nombre, cerca lo que dicho es, segurardes
 prometierdes  capitulardes, dentro de aquel trmino de tiempo que
vos bien pareciere,  que lo guardaremos  compliremos realmente 
con efecto, so las condiciones  penas  obligaciones contenidas en el
contracto de las paces entre Nos y el dicho serenissimo Rey nuestro
hermano fechas  concordadas,  so todas las otras que vosotros
prometierdes,  asentardes, las quales desde agora prometemos de pagar,
si en ellas incorriremos, para lo qual todo  cada una cosa  parte
dello, vos damos el dicho poder con libre  general administracin,
 prometemos  seguramos por nuestra fe y palabra real, de tener 
guardar  complir Nos  nuestros herederos  subcesores, todo lo que
por vosotros, cerca de lo que dicho es en qualquier forma  manera
fuese fecho  capitulado  jurado,  prometido,  prometemos de lo
haver por firme, rato  grato, estable  valedero agora  en todo
tiempo jams,  que no iremos ni vernemos contra ello ni contra parte
alguna dello, Nos, ni nuestros herederos  subcesores, por Nos, ni
por otras interpsitas personas, _directe, ni indirecte_, so alguna
color, ni causa en juicio, ni fuera del, so obligacin expresa, que
para ello fazemos de todos nuestros bienes patrimoniales  fiscales, 
otros qualesquier de nuestros vassallos, sbditos,  naturales, muebles
y raizes, havidos  por hauer. Por firmeza de lo qual mandamos dar
esta nuestra carta de poder, la qual firmamos de nuestros nombres, 
mandamos sellarla con nuestro sello, dada en la villa de Tordesillas, a
cinco das del mes de junio, ao del nascimiento de nuestro seor Jesu
Christo de mil quatrocientos  noventa  cuatro aos.

                                        Yo _el Rey_.--Yo _la Reyna_.


Yo Fernn Dalvres de Toledo, Secretario del Rey  de la Reyna, nuestros
seores, la fize escrebir por su mando.

Don Juan, por la gracia de Dios rey de Portugal  de los Algarbes, de
aquende, de allende el mar en Africa,  Seor de Guinea. A quantos
esta nuestra carta de poder  procuracin vieren, fazemos saber, que
por quanto por mandado de los muy altos y muy excelentes,  poderosos
prncipes el rey Don Fernando,  reyna Doa Isabel, rey  reyna de
Castilla, de Len, de Aragn, de Sicilia, de Granada, etc., nuestros
muy amados  preciados hermanos, fueron descobiertas  halladas
nuevamente algunas islas,  podran adelante descobrir  hallar otras
islas  tierras, sobre las quales unas  las otras halladas,  por
hallar, por el derecho  razn que en ello tenemos, podan sobrevenir
entre Nos todos,  nuestros reynos  seoros, sbditos  naturales
dellos, debates  diferencias, que nuestro Seor no consienta, a Nos
plazo, por el grande amor  amistad que entre Nos todos ay,  por
se buscar, procurar  conservar mayor paz,  ms firme concordia, 
asuciego, que el mar en que las dichas islas estn, y fueren halladas,
se parta  demarque entre nos todos en alguna buena, cierta  limitada
manera; y porque Nos al presente no podemos en ello entender en
persona, confiando de vos Ruy de Sosa, seor de Usagres  Berengel,
y don Juan de Sosa, nuestro almotacn mayor, y Arias de Almadana,
correjidor de los fechos civiles en la nuestra corte,  del nuestro
desembargo, todos del nuestro Consejo, por esta presente carta vos
damos todo nuestro complido poder, abtoridad,  especial mandado,  vos
fazemos  constituimos a todos juntamente,  a dos de vos  a uno _in
solidum_ si los otros en qualquier manera fueren impedidos, nuestros
embaxadores  procuradores, en aquella ms alta forma que podemos, 
en tal caso se requier general y especialmente, en tal manera, que
la generalidad no derrogue a la especialidad, ni la especialidad a
la generalidad, para que por Nos y en nuestro nombre  de nuestros
herederos  subcesores,  de todos nuestros reynos  seoros, sbditos
 naturales dellos podas tratar, concordar, asentar,  fazer,
trateis, concordeis,  asenteis  fagais con los dichos rey  reyna
de Castilla, nuestros hermanos,  quien para ello su poder tenga,
qualquier concierto, asiento, limitacin, demarcacin,  concordia
sobre el mar Ocano, islas  tierra firme, que en el estovieren por
aquellos rumos de vientos  grados de Norte  de Sol,  por aquellas
partes, divisiones  lugares del cielo  del mar,  de la tierra, que
vos bien parecier,  asy vos damos el dicho poder para que podais
dexar,  dexeis a los dichos rey  reyna  a sus reynos  subcesores,
todos los mares, islas,  tierras que fueren  estovieren dentro de
qualquier limitacin,  demarcacin, que con los dichos rey  reyna
quedaren,  asy os damos el dicho poder para en nuestro nombre,  de
nuestros herederos  subcesores,  de todos nuestros reynos  seoros
sbditos  naturales dellos, podais con los dichos rey  reyna, 
con sus procuradores, concordar, asentar, recebir,  aceptar, que
todos los mares, islas,  tierras, que fueren  estovieren dentro de
la limitacin,  demarcacin de costas, mares, islas,  tierras que
con Nos  nuestros subcesores fincaren, sean nuestros  de nuestro
seoro  conquista,  asy de nuestros reynos  subcesores dellos, con
aquellas limitaciones  excepciones de nuestras islas,  con todas las
otras clusulas  declaraciones, que vos bien parecier. El qual dicho
poder damos a vos los dichos Ruy de Sosa,  Don Juan de Sosa,  Arias
de Almadana, para que sobre todo lo que dicho es,  sobre cada una
cosa,  parte dello,  sobre lo a ello tocante,  dello dependiente,
 a ello anexo  conexo en qualquier manera, podais fazer  otorgar,
concordar, tratar,  distratar, recebir  aceptar en nuestro nombre,
 de los dichos nuestros herederos  subcesores,  de todos nuestros
reynos  seoros, sbditos  naturales dellos, qualesquier captulos
 contratos  escripturas, con qualesquier vnculos, pactos, modos,
condiciones, obligaciones,  estipulaciones, penas  submisiones, 
renunciaciones que vos quisierdes,  a vos bien visto fueren,  sobre
ello podas fazer  otorgar,  fagais  otorgueis todas las cosas,
 cada una dellas, de qualesquier naturaleza, calidad, gravedad 
importancia que sean  ser pueden, puesto que sean tales, que por su
condicin requieran otro nuestro singular  especial mandado  que
se deviesse de fecho  de derecho fazer singular  expresa mencin,
 que Nos siendo presentes podriamos facer,  otorgar,  recebir; 
otrosy vos damos poder complido, para que podais jurar,  jureis en
vuestra nima, que Nos  nuestros herederos  subcesores, sbditos 
naturales  vasallos adquiridos,  por adquirir ternemos, guardaremos,
 compliremos, ternn, guardarn  complirn realmente,  con efeto,
todo lo que vos asy asentardes, capitulardes, jurardes,  otorgardes,
 firmardes, cesante toda cautela, fraude, engao,  fingimiento, 
asy podais en nuestro nombre capitular, segurar  prometer, que Nos en
persona seguraremos, juraremos, prometeremos,  firmaremos todo lo que
vos en el sobredicho nombre, acerca de lo que dicho es, seguiardes,
prometierdes,  capitulardes, dentro de aquel trmino de tiempo que
vos bien parecier,  que lo guardaremos  compliremos realmente, 
con efeto, so las condiciones, penas,  obligaciones contenidas en el
contracto de las paces entre nos fechas,  concordadas,  so todas las
otras que vos prometierdes,  asentardes en el dicho nombre, las quales
desde agora prometemos de pagar,  pagaremos realmente,  con efeto,
si en ellas incurrieremos, para lo qual todo,  cada una cosa,  parte
dello, vos damos el dicho poder con libre y general administracin,
 prometemos  seguramos por nuestra f real, de tener guardar 
complir,  asy nuestros herederos  subcesores, todo lo que por vos
acerca de lo que dicho es, en qualquier forma  manera que fuere fecho,
capitulado, jurado  prometido,  prometemos de lo haver por firme,
rato  grato, estable  valioso de agora para todo siempre,  que no
iremos, ni vernemos, ni irn ni vernn contra ello, ni contra parte
alguna dello en tiempo alguno, ni por alguna manera, por Nos, ni por
s, ni por interpsitas personas _directe, ni indirecte_, so alguna
color  causa en juicio, ni fuera del, so obligacin expresa, que para
ello fazemos de los dichos nuestros reynos  seoros,  de todos los
otros nuestros bienes patrimoniales, fiscales,  otros qualesquier de
nuestros vasallos, sbditos  naturales, muebles  de raiz, avidos 
por aver, en testimonio  fe de lo qual, vos mandamos dar esta nuestra
carta firmada por Nos,  sellada de nuestro sello, dada en la nuestra
cebdat de Lisbona a ocho dias de marzo.

Rui de Pina la fizo ao del nascimiento de nuestro Seor Jesu Christo,
de mil  quatrocientos  noventa  quatro aos.

                                                         _El Rei._


E luego los dichos procuradores de los dichos seores rey  reyna de
Castilla, de Len, de Aragn, de Sicilia, de Granada, etc.,  del dicho
seor rey de Portugal,  de los Algarbes, etc., dixeron, que por cuanto
entre los dicho seores sus constituyentes hai cierta diferencia, sobre
lo que a cada una de las dichas partes pertenece, de lo que fasta oy
da de la fecha desta capitulacin est por descubrir en el mar Ocano;
por ende que ellos por bien de paz  concordia,  por conservacin del
debdo  amor, quel dicho seor rey de Portugal tiene con los dichos
seor rey  reyna de Castilla,  de Aragn, etc., a sus Altezas plaze,
 los dichos sus procuradores en su nombre,  por virtud de los dichos
sus poderes, otorgaron  consintieron que se haga  seale por el dicho
mar Ocano una raya,  lnea derecha de polo a polo, convien a saber,
del polo Artico al polo Antrtico, que es de Norte a Sul, la qual raya
 lnea se aya de dar,  de derecha, como dicho es, a trescientas
 setenta leguas de las islas del Cabo Verde, hacia la parte del
Poniente, por grados  por otra manera, como mejor y ms presto se
pueda dar, de manera que no sean ms  que todo lo que hasta aqu se ha
fallado  descubierto,  de aqu adelante se hallare,  descubriere por
el dicho seor rey de Portugal,  por sus navos, as islas como tierra
firme, desde la dicha raya  lnea dada en la forma susodicha, yendo
por la dicha parte del Levante, dentro de la dicha raya a la parte del
Levante  del Norte,  del Sul della, tanto que no sea atravesando la
dicha raya, que esto sea,  finque,  pertenezca al dicho seor rey de
Portugal  a sus subcesores, para siempre jams,  que todo lo otro,
as islas como tierra firme, halladas y por hallar, descobiertas 
por descobrir, que son  fueren halladas por los dichos seores rey 
reyna de Castilla,  de Aragn, etc.,  por sus navos desde la dicha
raya dada en la forma susodicha, yendo por la dicha parte del Poniente,
despus de pasada la dicha raya hacia el Poniente,  el Norte,  el Sul
della, que todo sea,  finque,  pertenezca a los dichos seores rey
 reyna de Castilla, de Len, etc.,  a sus subcesores, para siempre
jams. Item los dichos procuradores prometieron,  seguraron por
virtud de los dichos poderes, que de oy en adelante no embiarn navos
algunos; convien a saber, los dichos seores rey  reyna de Castilla,
 de Len,  de Aragn, etc., por esta parte de la raya a la parte
del Levante aquende de la dicha raya, que queda para el dicho seor
rey de Portugal,  de los Algarbes, etc., ni el dicho seor rey de
Portugal a la parte de la dicha raya, que queda para los dichos seores
rey  reyna de Castilla,  de Aragn, etc., a descobrir  buscar
tierras, ni islas algunas, ni a contratar, ni rescatar, ni conquistar
en manera alguna; pero que si acaesciere, que yendo as aquende de la
dicha raya los dichos navos, de los dichos seores rey  reyna de
Castilla, de Len,  de Aragn, etc., fallasen qualesquier islas, 
tierras en lo que as queda para el dicho seor rey de Portugal, que
aquello tal sea,  finque para el dicho seor rey de Portugal,  para
sus herederos para siempre jams,  sus Altezas gelo ayan de mandar
luego dar  entregar. E si los navos del dicho seor rey de Portugal
fallasen qualesquier islas  tierras en la parte de los dichos seores
rey  reyna de Castilla,  de Len,  de Aragn, etc., que todo lo
tal sea,  finque para los dichos seores rey  reyna de Castilla, de
Len,  de Aragn, etc.,  para sus herederos para siempre jams, 
que el dicho seor rey de Portugal gelo haga luego de mandar, dar 
entregar. Item, para que la dicha lnea  raya de la dicha particin
se aya de dar,  de derecha,  la ms cierta que ser podiere por las
dichas trescientas  setenta leguas de las dichas islas del Cabo Verde
hacia la parte del Poniente, como dicho es, concordado,  asentado por
los dichos procuradores de amas las dichas partes, que dentro de diez
meses primeros siguientes, contados desde el da de la fecha desta
capitulacin, los dichos seores sus constituyentes hayan de enviar
dos  quatro caravelas, convien a saber, una  dos de cada parte, 
menos, segund se acordaren por las dichas partes que son necesarias,
las quales para el dicho tiempo sean juntas en la isla de la gran
Canaria; y embien en ellas cada una de las dichas partes, personas,
as pilotos como astrlogos,  marineros,  qualesquier otras personas
que convengan; pero que sean tantos de una parte, como de otra; y que
algunas personas de los dichos pilotos,  astrlogos,  marineros, 
personas que sepan, que embiaren los dichos seores rey  reyna de
Castilla,  de Len,  de Aragn, etc., vayan en el navo  navos que
embiare el dicho seor rey de Portugal,  de los Algarbes, etctera,
 as mismo algunas de las dichas personas que embiare el dicho seor
rey de Portugal, vayn en el navo  navos, que embiaren los dichos
seores rey  reyna de Castilla  Aragn, tanto de una parte como de
otra parte, para que juntamente puedan mejor ver  reconocer la mar,
 los rumos,  vientos,  grados de Sol  Norte,  sealar las leguas
sobredichas, tanto que para fazer el sealamiento  lmite concurrirn
todos juntos, los que fueren en los dichos navos que embiaren amas
las dichas partes,  llevaren sus poderes; los quales dichos navos,
todos juntamente continen su camino a las dichas islas del Cabo Verde,
 desde all tomarn su rota derecha al Poniente hasta las dichas
trescientas  setenta leguas, medidas como las dichas personas, que
as fueren, acordaren que se deven medir, sin perjuicio de las dichas
partes, y all donde se acabaren se haga el punto  seal que convenga,
por grados de sol  de Norte,  por singladura de leguas,  como mejor
se pudieren concordar. La cual dicha raya sealen, desde el dicho polo
Artico al dicho polo Antrtico, que es de Norte a Sul, como dicho
es, y aquello que sealaren lo escrivan,  firmen de sus nombres las
dichas personas que as fueren embiadas por amas las dichas partes,
las quales han de llevar facultad  poderes de las dichas partes cada
uno de la suya, para hacer la dicha seal  limitacin; y fecha por
ellos, seyendo todos conformes, que sea avida por seal  limitacin
perpetuamente para siempre jams. Para que las dichas partes, ni alguna
dellas, ni sus subcesores para siempre jams no la puedan contradecir,
ni quitar, ni remover en tiempo alguno, ni por alguna manera que sea, 
ser pueda. E si acaso fuere, que la dicha raya  lmite de polo a polo,
como dicho es, topare en alguna isla  tierra firme, que al comieno de
la tal isla  tierra que as fuere hallada donde tocara la dicha raya
se haga alguna seal  torre;  que en derecho de la tal seal  torre
se contine dende en adelante otras seales por la tal isla  tierra en
derecho de la dicha raya, los quales partan lo que a cada una de las
partes perteneciera della,  que los sbditos de las dichas partes no
sean osados los unos de pasar a la de los otros, ni los otros de los
otros, pasando la dicha seal  lmite en la tal isla  tierra.

Item, por quanto para ir los dichos navos de los dichos seores rey 
reyna de Castilla, de Len, de Aragn, etc., de los reynos  seoros
a la dicha su parte allende de la dicha raya, en la manera que dicho
es, es forzado que ayan de pasar por los mares desta parte de la raya
que queda para el dicho seor rey de Portugal, por ende es concordado,
 asentado que los dichos navos de los dichos seores rey  reyna
de Castilla, de Len, de Aragn, etc., puedan ir  venir, y vayan 
vengan libre, segura  pacificamente sin contradiccin alguna por los
dichos mares que quedan con el dicho seor rey de Portugal, dentro
de la dicha raya en todo tiempo,  cada y quando sus Altezas,  sus
subcesores quisieren,  por bien tuvieren; los quales vayan por sus
caminos derechos,  rotas, desde sus reynos para qualquier parte, de lo
que est dentro de su raya  lmite, donde quisieren embiar a descubrir
 conquistar,  contratar,  que lleven sus caminos derechos por donde
ellos acordaren de ir para qualquier cosa de la dicha su parte,  de
aquellos no puedan apartarse, salvo lo que el tiempo contrario los
fiziere apartar; tanto que no tomen ni ocupen antes de pasar la dicha
raya, cosa alguna de lo que fuere fallado por el dicho seor rey de
Portugal en la dicha su parte,  si alguna cosa fallaren los dichos sus
navos antes de pasar la dicha raya, como dicho es que aquello sea
para el dicho seor rey de Portugal,  sus Altezas gelo ayn de mandar
luego dar  entregar. E porque podra ser que los navos  gentes de
los dichos seores rey  reyna de Castilla,  de Aragn, etc.,  por
su parte avrn fallado hasta veinte das deste mes de junio en que
estamos de la fecha desta capitulacin, algunas islas  tierra firme
dentro de la dicha raya, que se ha de fazer de polo a polo por lnea
derecha en fin de las dichas trescientas  setenta leguas contadas
desde las dichas islas del Cabo Verde al Poniente, como dicho es; es
concordado,  asentado, por quitar toda dubda, que todas las islas 
tierra firme que sean falladas,  descubiertas en qualquier manera
hasta los dichos veinte das deste dicho mes de junio, aunque sean
falladas por los navos  gentes de los dichos seores rey  reyna de
Castilla,  de Aragn, etc., con tanto que sea dentro de las doscientas
 cincuenta leguas primeras de las dichas trescientas  setenta leguas,
contadas desde las dichas islas del Cabo Verde al Poniente hacia la
dicha raya, en qualquier parte dellas para los dichos polos, que sean
falladas dentro de las dichas doscientas  cincuenta leguas, hacindose
una raya  lnea derecha de polo a polo donde se acabaren las dichas
doscientas  cincuenta leguas queden  finquen para el dicho seor rey
de Portugal,  de los Algarbes, etc.,  para sus subcesores  reynos
para siempre jams. E que todas las islas  tierra firme, que hasta los
dichos veinte das deste mes de junio en que estamos, sean falladas
 descubiertas por los navos de los dichos seores rey  reyna de
Castilla,  de Aragn, etc.,  por sus gentes,  en otra qualquier
manera dentro de las otras ciento  veinte leguas, que quedan para
complimiento de las dichas trescientas  setenta leguas, en que ha de
acabar la dicha raya, que se ha de fazer de polo a polo, como dicho
es, en qualquier parte de las dichas ciento  veinte leguas para los
dichos polos que sean falladas fasta el dicho da, queden  finquen
para los dichos seores, rey  reyna de Castilla,  de Aragn, etc.,
 para sus subcesores,  sus reynos para siempre jams, como es, y ha
de ser suyo lo que es  fuere fallado allende de la dicha raya, de las
dichas trescientas  setenta leguas, que quedan para sus Altezas, como
dicho es, aunque las dichas ciento  veinte leguas son dentro de la
dicha raya de las dichas trescientas  setenta leguas que quedan para
el dicho seor rey de Portugal,  de los Algarbes, etc., como dicho
es. E si fasta los dichos veinte das desde dicho mes de junio, no son
fallados por los dichos navos de sus Altezas cosa alguna dentro de las
dichas ciento  veinte leguas,  de all adelante lo fallaren, que sea
para el dicho seor rey de Portugal, como en el captulo susoescripto
es contenido. Lo qual todo que dicho es,  cada una cosa,  parte dello
los dichos, don Henrique Henriques, mayordomo mayor,  don Guterre de
Crdenas, contador mayor,  doctor Rodrigo Maldonado, procuradores de
los dichos muy altos  muy poderosos prncipes, los seores el rey 
la reyna de Castilla, de Len, de Aragn, de Sicilia,  de Granada,
etc.,  por virtud del dicho su poder que de suso va incorporado,  los
dichos Ruy de Sosa,  don Juan de Sosa, su hijo,  Arias de Almadana,
procuradores  embaxadores del dicho muy alto  muy excelente prncipe
el seor rey de Portugal  de los Algarbes, de aquende  allende,
en Africa seor de Guinea,  por virtud del dicho su poder, que de
suso va incorporado, prometieron  seguraron en nombre de los dichos
sus constituyentes, que ellos  sus subcesores  reynos  seoros
para siempre jams ternn,  guardarn,  complirn realmente,  con
efeto, cesante todo fraude  cautela, engao, ficcin,  simulacin,
todo lo contenido en esta capitulacin,  cada una cosa,  parte
dello,  quisieron  otorgaron que todo lo contenido en esta dicha
capitulacin,  cada una cosa  parte della sea guardado  complido 
executado como se ha de guardar  complir  executar todo lo contenido
en la capitulacin de las paces fechas  asentadas entre los dichos
seores rey  reyna de Castilla,  de Aragn, etc.,  el seor don
Alfonso rey de Portugal, que santa gloria aya,  el dicho seor rey,
que agora es de Portugal, su fijo, seyendo prncipe, el ao que pas
de mil  quatrocientos  setenta  nueve aos,  so aquellas mismas
penas, vnculo  firmezas,  obligaciones, segund  de la manera que
en la dicha capitulacin de las dichas paces se contiene y obligaronse
que las dichas paces ni alguna dellas, ni sus subcesores para siempre
jams no irn, ni vernn contra lo que de suso es dicho y especificado,
ni contra cosa alguna ni parte dello directa, ni indirecta, ni por
otra manera alguna en tiempo alguno, ni por alguna manera pensada, 
non pensada, que sea  ser pueda; so las penas contenidas en la dicha
capitulacin de las dichas paces.

E la pena pagada  non pagada,  graciosamente remetida, que esta
obligacin  capitulacin,  asiento, quede  finque firme, estable,
 valedera para siempre jams, para lo qual todo asy tener  guardar
 complir  pagar los dichos procuradores en nombre de los dichos
sus constituyentes obligaron los bienes cada uno de la dicha su
parte, muebles  raices, patrimoniales  fiscales  de sus sbditos
 vasallos, havidos  por haver,  renunciaron qualesquier leyes, 
derechos de que se puedan aprovechar las dichas partes,  cada una
dellas para ir  venir contra lo susodicho,  contra alguna parte
dello;  por mayor seguridad  firmeza de lo susodicho, juraron a Dios
 a Santa Mara,  a la seal de la cruz, en que pusieron sus manos
derechas  a las palabras de los Santos Evangelios doquier que ms
largamente son escriptos en nima de los dichos sus constituyentes,
que ellos y cada uno dellos ternn,  guardarn,  complirn todo lo
susodicho, y cada una cosa,  parte dello realmente,  con efeto,
cesante todo fraude, cautela  engao, ficcin  simulacin,  no
la contradirn en tiempo alguno, ni por alguna manera. So el qual
dicho juramento juraron de no pedir absolucin, ni relaxacin del a
nuestro muy Santo Padre, ni a otro ningn legado, ni prelado que ge la
pueda dar,  aunque propio motu gela d, no usarn della, ntes por
esta presente capitulacin suplican en el dicho nombre a nuestro muy
Santo Padre, que a su Santidad plega confirmar,  aprovar esta dicha
capitulacin, segund en ella se contiene,  mandando expedir sobre
ello sus bulas a las partes,  a qualquiera dellas, que las pedieren,
 mandando incorporar en ellas el tenor desta capitulacin, poniendo
sus censuras a los que contra ella fueren,  pasaren, en qualquier
tiempo que sea,  ser pueda. E asy mismo los dichos procuradores en
el dicho nombre se obligaron so la dicha pena,  juramento dentro de
ciento dias primeros siguientes, contados desde el dia de la fecha
desta capitulacin, darn la una parte a la otra, y la otra a la
otra aprobacin,  ratificacin desta dicha capitulacin, escriptas
en pergamino,  firmadas de los nombres de los dichos seores sus
constituyentes,  selladas con sus sellos de plomo, pendiente,  en
la escriptura que ovieren de dar los dichos seores rey  reyna de
Castilla,  Aragn, etc., aya de firmar,  consentir,  otorgar el
muy esclarecido,  ilustrissimo seor el seor prncipe don Juan su
hijo, de lo qual todo que dicho es, otorgaron dos escripturas de un
tenor tal la una como la otra, las quales firmaron de sus nombres, 
las otorgaron ante los secretarios,  escrivanos de yuso escriptos,
para cada una de las partes la suya. E qualquiera que paresciere,
vala como si ambas a dos pareciesen; que fueron fechas  otorgadas en
la dicha villa de Tordesillas al dicho dia,  mes,  ao susodicho.
El comisario mayor don _Henrique Ruy de Sosa_, don _Juan de Sosa_,
el doctor _Rodrigo Maldonado_, licenciatus _Arias_, testigos que
fueron presentes, que vieron aqu firmar sus nombres a los dichos
procuradores,  embaxadores,  otorgar lo susodicho  fazer el dicho
juramento, el comisario Pedro de Len, el comisario Fernando de Torres,
vecinos de la villa de Vallid, el comisario Fernando de Gamarra,
comisario de Tagra  Senete, contino de la casa de los dichos rey 
reyna nuestros seores,  Juan Soares de Segueras  Ruy Leme,  Duarte
Pacheco, contino, de la casa del seor rey de Portugal para ello
procurados. E yo Fernn Dalvres de Toledo, secretario del rey  de la
reyna nuestros seores,  del su Consejo,  escrivano de Cmara, 
notario pblico en la su corte,  en todos los sus reynos  seoros,
fuy presente a todo lo que dicho es en uno con los dichos testigos, 
con Estevan Vaes, secretario del dicho seor rey de Portugal, que por
abtoridad que los dichos rey  reyna nuestros seores le dieron para
dar f deste abon en sus reynos, que fu asy mismo presente a lo que
dicho es,  a ruego  otorgamiento de todos los dichos procuradores, 
embaxadores, que en mi presencia,  suya, aqu firmaron sus nombres,
este pblico instromento de capitulacin fize escrevir, el qual va
escripto en estas seis fojas de papel de pliego entero escriptas de
ambas partes con esta en que van los nombres de los sobredichos,  muy
signo;  en fin de cada plana va sealado de la seal de mi nombre 
de la seal del dicho Estevan Vaes,  por ende fize aqu mi signo,
que es tal. En testimonio de verdad _Fernn Dalvres_. E yo el dicho
_Estevan Vaes_, que por abtoridad que los dichos seores rey  reyna
de Castilla,  de Len, me dieron para fazer pblico en todos sus
reynos  seoros juntamente con el dicho Fernn Dalvres, a ruego, 
requerimiento de los dichos embaxadores  procuradores a todo presente
fuy,  per fe  certidumbre dello aqu de mi pblico seal la sign,
que tal es.

La qual dicha escriptura de asiento  capitulacion,  concordia suso
incorporada, vista  entendida por Nos,  por el dicho prncipe Don
Juan nuestro hijo, la aprovamos, loamos,  confirmamos,  otorgamos,
 ratificamos,  prometemos de tener,  guardar,  complir todo lo
susodicho en ella contenido,  cada una cosa,  parte dello realmente
 con efeto, cesante todo fraude,  cautela, ficcion,  simulacion, 
de no ir, ni venir contra ello, ni contra parte dello en tiempo alguno,
ni por alguna manera que sea,  ser pueda;  por mayor firmeza, Nos
y el dicho prncipe Don Juan nuestro hijo, juramos a Dios,  a Santa
Mara,  a las palabras de los Santos Evangelios do quier que ms
largamente son escriptas,  a la seal de la Cruz en que corporalmente
posimos nuestras manos derechas en presencia de los dichos Ruy de
Sosa,  Don Juan de Sosa,  licenciado Arias de Almadana, embaxadores
 procuradores del dicho serenissimo Rey de Portugal, nuestro hermano,
de lo asy tener  guardar,  complir,  a cada una cosa  parte de lo
que a nos incumbe, realmente  con efeto, como dicho es, por Nos  por
nuestros herederos  subcesores,  por los dichos nuestros reynos 
seoros,  sbditos  naturales dellos, so las penas  obligaciones,
vnculos  renunciaciones en el dicho contracto de capitulacion,
 concordia de suso escripto, contenidas: por certificacin 
corroboracion de lo qual, firmamos en esta nuestra carta nuestros
nombres,  la mandamos sellar con nuestro sello de plomo pendiente en
filos de seda a colores. Dada en la villa de Arvalo a dos das del
mes de julio ao del nascimiento de Nuestro Seor Jesu Christo de mil
cuatrocientos noventa  cuatro aos.

                       _Yo el Rey._--_Yo la Reyna._--_Yo el Prncipe._


Y yo _Fernan Dalvres de Toledo_, secretario del Rey  de la Reyna
nuestros seores, la fize escrebir por su mandado.

       *       *       *       *       *

Concluido el tratado el 7 de junio de 1494, fu ratificado por los
Reyes de Espaa en la villa de Arvalo el 2 de julio siguiente, y por
el Rey de Portugal el 5 de septiembre de 1494 en Setuval.




Q


CARTA DE CRISTBAL COLN A LOS REYES CATLICOS, EXPONIENDO ALGUNAS
OBSERVACIONES SOBRE EL ARTE DE NAVEGAR.--Granada, 6 de febrero de
1502[670].

       [670] _Cartas de Indias_, pgs. 7-10.--Madrid, 1877.

Muy altos y muy poderosos Reyes y Seores: Yo querria ser cabsa de
placzer y holgura a Vuestras Alteas, que no de pesadumbre y hastio;
mas como s la afizion y deleyte que tienen a las cosas nuevas y dalgun
interese dir de unas y otras, compliendo con su mandamiento, aquello
que agora me venga a la memoria; y cierto non judguen dellas por el
desalio, mas por la intinzion y buen deseo, ya que en todo lo que
fuere del servizio de Vuestras Alteas, non he de deprender de ningun
otro lo que yo s fazer por my mesmo; que si me faltaren las fuerzas y
las fatigas me ryndieren, non desfallezer en my nima la voluntad como
el ms obligado y debdor que soy.

Los navegantes y otras gentes que tractan por la mar, tienen syempre
mayor conoszimiento de las partidas particulares del mundo donde usan
y fazen sus contractaciones ms continuo, y por esto cada uno destos
sabe mejor de lo que vee cada dia, que no lo otro que viene de aos h
aos, y asy reszebimos con delectazion la relazion quellos mesmos nos
fazen de lo que vieron y collejieron, como cierto allegamos ms grande
enseanza de aquello que deprendemos por nuestra propia espirenzia.

Si resconozemos el mundo ser esfrico, segn el sentir de muchos
escriptores que ansy lo afirman, o que la scienzia non faga asentar
otra cosa con su auctoridad, no se deve entender que la templanza sea
igual en un clyma, porque la diversidad es grande asy en la mar como en
la tierra.

El sol syembra su ynfluenzia y la tierra la reszibe segun las
concavidades o montaas que son formadas en ella, y bien que harto
hayan scripto los antiguos sobre esto, as como Plinio[671], que dize
que debaxo del norte ay tan suave templanza, que la gente que ally est
jamas se muere, salvo por enfadamiento  aborrimiento de vida, que se
despean y voluntariamente se matan.

       [671] Plinio tom sus fabulosas noticias acerca de los
       hiperbreos de los autores Hecateo, Herdoto, Pomponio Mela y
       otros.

Nos vemos aquy en Espaa tanta diversydad de templanza, que non es
menester el testimonio sobre esto de ninguna antigedad del mundo:
vemos aquy en Granada la syerra cubierta de nyeve todo el ao, ques
seal de grand frio, y al pie desta syerra son las Alpujarras donde
es siempre suavisima tenplanza syn demasiado calor ny frio, y asy
como es en esta provinzia, es en otras hartas en Espaa, que se deja
de dezir por la prolixidad dellas. Digo que en la mar acaesze otro
tanto y en espezial en las comarcas de las tierras, y desto es en mayor
conoszimiento los que continuo ally tractar, que no los otros que
tractan en otras partes.

En el verano, en l'Andaluzia por muy cierto se tiene cada dia, despus
de ser el sol altillo, la virazon, ques viento que sale del poniente,
esta vien muy suave y dura hasta la tarde; asy como esta virazon
contina en aquel tiempo en esta region, ansy contina otros vientos en
otras partes y en otras regiones diferentes el verano y el ynvierno.
Los que andan continuo de Cadiz a Napoles, ya saben cuando pasan por
la costa de Catalunia, segund la sazon, el viento que han de hallar
en ella, y asymismo cuando pasan por el golfo de Narbona. Estos que
han de yr de Cadiz a Napoles, si es tiempo de ynvierno, van a vista de
cabo de Creo en Catalunia, por el golfo de Narbona: entonzes vienta muy
rezio, y las vezes las naos conviene la obedezcan y corran por fuerza
hasta Berueria, y por esto van ms al cabo Creo, por sostener ms la
bolina y cobrar las Pomegas de Marsella o las yslas de Eres, y despues
jamas se desabarcan de la costa hasta llegar donde quier. Si de Cadiz
ovieren de yr a Napoles en tiempo de verano, navegan por la costa de
Berueria hasta Cerdena, ansy como est dicho de la otra costa de la
tramotana. Para estas navegaziones ay hombres sealados, que se an dado
tanto a ello, que conoszen todos estos caminos y qu temporales pueden
esperar, segund la razon del ao en que fueren. Vulgarmente, a estos
tales llamamos pylotos, que es tanto como en la tierra adalid; que bien
que uno sepa muy bien el camino daqui a Fuenterrabia para llevar una
hueste, ni lo sabe daqui a Lisbona. Esto mismo acaesze en la mar, que
unos son pylotos de Flandes y otros de Levante, cada uno de la tierra
donde ms usa.

El tracto y trnsito d'Espaa a Flandes mucho se contina; grandes
marineros ay que andan a este uso. En Flandes, en el mes de enero,
estn todas las naos despechadas para volver a sus tierras, y en
este mes, de raro sale que no haya algunos estirones de brysa ques
cernosdeste y nornordeste. Estos vientos, a este tiempo, no vienen
amorosos, salvo salvajes y frios y fasta peligrosos: la distania del
sol y la calidad de la tierra son cabsa que se enjendre esto. Estas
brysas no son estbiles, bien que asy no yerren el tiempo: los que
navegan con ellas son presonas que se ponen a ventura y lo ms de las
vees llegan con la mano en los cabellos. A estos, sy la brisa les
falta y les haze fuerza otro viento, ponense en los puertos de Franzia
o Ingalterra, hasta que venga otra marea que puedan salyr de los
puertos.

La gente de la mar es cobdiziosa de dyneros y de volver a su casa, y
todo lo aventuran syn esperar a ver quel tiempo sea firme. Cativo como
estaba en cama, en otra tal ocasion dixe a Vuestras Alteas lo que pude
de mayor seguridad desta navegazion, que era despues de ser el sol en
Tauru, y renegar de fazer esta partida en la fuerza y ms peligroso de
ynvierno. Sy los vientos ayudan, muy corto es el trnsito, y non se
debe de partir hasta tener buena certeza del viaje; y de ac se puede
judgar dello, ques cuando se viere estar el ielo muy claro y salir el
viento de la estrella de la tramotana y durar algunos dias, syempre en
aquella alegria. Saben bien Vuestras Alteas lo que aconteszi el ao
de noventa y syete, cuando estaban en Burgos en tal congoxa por quel
tiempo perseveraba crudo y se suedian los estirones, que de enfadados
se yban a Soria; y partida toda la corte un sabado, quedaron Vuestras
Alteas para partir lunes de maana; y a un ierto proposito, en
aquella noche, en un escripto mio que envi a Vuestras Alteas, dezia:
tal dia comenz a ventar el viento; el otro dia no partir la flota,
aguardando sy el viento se afirme; partir el miercoles, y el jueves o
viernes ser tant avant como la isla de Huict, y syno se meten en ella,
sern en Laredo el lunes que viene, o la razon de la marineria es toda
perdida. Este escripto mio, con el deseo de la venida de la Prinzesa,
movi a Vuestras Alteas a mudar de proposito de no yr a Soria y
espirmentar la opinion del marinero; y el lunes remaneszi sobre Laredo
una nao que refus de entrar en Huict, porque tenia pocos bastimentos.

Muchos son los juizios y fueron syempre en la mar y en la tierra en
semejantes casos, y agora han de ser muchos los que hayan de navegar a
las yslas descubiertas; y sy el camino es ya conoszido, los que hayan
de tractar y contractar, con la perfizion de los ystrumentos y el
aparejar de las naos, habran mayor conoszimiento de las cosas y de las
tierras y de los vientos y de las epocas mas convenybles para sus usos,
y ms espirenzia para la seguridad de sus presonas.

La Sancta Trenydad guarde a Vuestras Alteas como deseo y menester
habemos, con todos sus grandes estados y seoros. De Granada, a seys
de hebrero de mill y quinientos y dos aos.

                                  .S.
                                .S.A.S.
                              X    M    Y
                              Xpo Ferens.


CARTA DE CRISTBAL COLN AL REVERENDO Y MUY DEVOTO PADRE FRAY D. GASPAR
(GORRICIO), EN LAS CUEVAS DE SEVILLA[672].

       [672] Navarrete, _Colec. de los viajes_, etc., tomo I, pg.
       322.

Reverendo y muy devoto Padre: Si mi viaje fuera tan apropiado a la
salud de mi persona y descanso de mi casa, como amuestra que haya
de ber acrescentamiento de la Corona Real del Rey  de la Reina mis
Seores, yo esperara de vivir mas de cien gibileos. El tiempo no
da lugar que yo escriba ms largo. Yo espero que el portador sea
persona de casa, que os dir por palabra ms que non se puede decir
en mis papeles. Tambin suplir don Diego. Al Padre Prior y a todos
los Religiosos pido por merced que se acuerden de m en todas sus
oraciones. Fecha en la isla de Janahica a 7 de julio de 1503.

Para lo que V. R. mandar.

                                  .S.
                                .S.A.S.
                              X    M    Y
                              Xpo Ferens.


A MI MUY CARO FIJO DON DIEGO COLN. EN LA CORTE[673].

       [673] Navarrete, _Col. de los viajes_, etc., tomo I, pgs. 351
       y 352.

Muy caro fijo: Diego Mndez parti de aqu lunes tres de este mes.
Despus de partido fabl con Amerigo Vespuchi, portador desta, el
cual va all llamado sobre cosas de navegacin. El siempre tuvo deseo
de me hacer placer: es mucho hombre de bien: sus trabajos no le han
aprovechado tanto como la razn requiere. El va por mo y en mucho
deseo de hacer cosa que redonde a mi bien, si a sus manos est. Yo non
se de ac en que yo le emponga que a m aproveche, porque non s que
sea lo que all le quieren. El va determinado de hacer por m todo lo
que a l fuere posible. Ved all en que puede aprovechar, y trabajad
por ello, que l lo har todo y fablar, y lo porn en obra; y sea todo
secretamente porque non se haya dl sospecha. Yo, todo lo que se haya
podido decir que toque a esto, se lo he dicho, y enformado de la paga
que a m se ha fecho y se haz. Esta carta sea para el Sr. Adelantado
tambin, porque l vea en que puede aprovechar, y le avise dello. Crea
Su Alteza que sus navos fueron en lo mejor de las Indias y ms rico:
y si queda algo para saber ms de lo dicho, yo lo satisfar all por
palabra, porque es imposible a lo decir por escrito. Nuestro Seor te
haya en su santa guardia.--Fecha en Sevilla a cinco de febrero (de
1505).

Tu padre que te ama ms que a s.

                                  .S.
                                .S.A.S.
                              X    M    Y
                              Xpo Ferens.




R


CDULA ADVIRTIENDO AL OBISPO DE BADAXOZ, QUE LOS INDIOS QUE VENIAN EN
LAS CARABELAS, SE VENDAN EN ANDALUCA; E QUE APRESURE BERNAL DE PISA LA
SALIDA DE LAS OTRAS CARABELAS PARA LAS INDIAS[674].

       [674] _Archivo de Indias._--_Colec. de doc. ind. relativos al
       descubrimiento_, etc., tomo XXX, pginas 331 y 332.

                         12 de abril de 1495.
                          El Rey e la Reyna.

Reverendo _in Cristo_ Padre Obispo: Dempues de aberos escripto e
ymbiado el despacho que os ymbiamos sobre lo que toca a las quatro
carabelas que Mandamos agora ymbiar a las Indias, rrescebimos vuestra
letra con un correo, por lo qual Nos faceis saber la venida de las
otras quatro carabelas de all, de lo qual obimos muncho plascer;
e porque esperamos la venida de Torres con las cartas que de all
trae, non podemos agora escrebiros ac en ello. Cerca de lo que Nos
escrebisteis de los indios que vienen en las carabelas, parscenos que
se podran vender mexor en _Andaluca_ quen otra parte; debeislos facer
vender como mexor os paresciere; y en la venida de Bernal de Pisa,
debeis facer que se venga luego ac, e ymbiad algunas cosas que vengan
con l para las traer a Nos.

Cuanto a las quatro carabelas que vos escrebimos que ymbiredes agora,
parscenos que por la nescesidad de manthenimientos que los questan en
las Indias thienen, debeis dar muncha priesa en la partida dellas; e
porque con el mensaxero que ayer parti vos escrebimos largo, non ay
agora ms que descir. De _Madrid_ a doce dias de abril de noventa e
cinco. E vos encargamos que con estas quatro carabelas vaya Joan Aguado.

                                        (Est rrubricado e sellado)


PROVISIN DE 30 DE OCTUBRE DE 1503[675].

       [675] Abbad y Lasierra, _Hist. de Puerto Rico_, pg. 29,
       nota.--Puerto Rico, 1866.

Por una provisin dada en Segovia a 30 de octubre de 1503, la magnnima
Isabel di licencia para cautivar a los caribes y venderlos, as
en Indias como en Espaa y dems lugares que por bien tuviesen los
traficantes. Porque trayndose a estas partes--deca la Provisin--
sirvindose de ellos los cristianos, podrn ser ms ligeramente
convertidos  atrados a nuestra santa f catlica.


ORDEN DE LOS REYES MANDANDO SE ENTREGAREN A JUAN DE LEZCANO CINCUENTA
INDIOS PARA DISTRIBUIRLOS EN LAS GALERAS DE SU MANDO[676].

       [676] _Arch. de Simancas._--Conde Roselly de Lorgues,
       _Cristbal Coln_, tom. III, pgs. 889 y 890.

El Rey  la Reina. Reverendo in Cristo padre obispo de Badajoz: porque
para fornescer ciertas galeras que Juan de Lezcano, nuestro capitn en
la nuestra armada, trae en nuestro servicio, habemos acordado de le
mandar dar cincuenta indios, por ende Nos vos mandamos  encargamos que
de los indios que vos ah teneis, deis al dicho Juan de Lezcano  a la
persona qul con su carta por ellos enviare los dichos cincuenta indios
que sean de edad de veinte fasta cuarenta aos;  tomad su carta de
pago  de la persona qul por ellos enviase, nombrando en ella cuntos
son los indios que as recibiere,  de qu edad cada uno, para que
si los dichos indios hubieren de ser libres retorne al dicho Juan de
Lezcano los que dellos toviere vivos,  si hobieren de ser cautivos, se
les queden para en cuenta del sueldo qul dicho Juan de Lezcano hobiere
de haber en la dicha armada,  se le descuente lo que en ellos montare,
a los precios que cada uno dellos valieren, segn la edad de cada uno
dellos: fue fecha en la ciudad de Tortosa a trece de enero de noventa y
seis aos.--Yo el Rey, etc.


CLUSULA DEL TESTAMENTO QUE HIZO FRAY BARTOLOM DE LAS CASAS, OBISPO
QUE FU DE CHIAPA[677]

       [677] El 17 de marzo de 1564, hallndose en el Monasterio
       de Nuestra Seora de Atocha (Madrid), present al escribano
       Gaspar Testa dicho testamento escrito, cerrado y sellado.

En el nombre de la Santsima Trinidad, Padre,  Hijo, y Espritu Santo,
un solo Dios verdadero: el obispo Fr. Bartolom de las Casas, porque
todo fiel cristiano debe dar testimonio de s mismo al tiempo de su fin
y muerte cuanto en s fuere con la gracia de Dios, y en aquel paso tan
peligroso ocurren muchos  grandes impedimentos, y por eso antes que en
l me vea, digo que protesto morir y vivir lo que viviere en la santa
fe catlica de la Santsima Trinidad, Padre, y Hijo, y Espritu Santo,
creyendo  teniendo como creo y tengo todo aquello que cree y tiene
la Santa Iglesia de Roma, y en esta fe y creencia protesto  afirmo
que quiero vivir lo que me resta de la vida y hasta el fin della, que
es la muerte inclusive, quiero en esta santa fe morir;  porque por
la bondad y misericordia de Dios que tuvo por bien de elegirme por su
ministro sin yo se lo merecer, para procurar y volver por aquellas
universas gentes de las que llamamos Indias, poseedores y propietarios
de aquellos reinos y tierras, sobre los agravios, males y daos nunca
otros tales vistos ni odos, que de nosotros los espaoles han recibido
contra toda razn  justicia, y por reducillos a su libertad prstina
de que han sido despojados injustamente, y por librallos de la violenta
muerte que todava padecen, y perecen, como han perecido  despobldose
por esta causa muchos millares de leguas de tierra, muchos dellos en
mi presencia, y he trabajado en la corte de los reyes de Castilla,
yendo y viniendo de las Indias a Castilla, y de Castilla a las Indias
muchas veces, cerca de cincuenta aos, desde el ao de mil  quinientos
y catorce, por solo Dios  por compasin de ver perecer tantas
multitudes de hombres nacionales, domsticos, humildes, mansuetsimos y
simplicsimos, y muy aparejados para recibir nuestra santa fe catlica
y toda moral doctrina y ser dotados de todas buenas costumbres, como
Dios es testigo que otro interese nunca pretend; por ende digo que
tengo por cierto y lo creo as, porque creo y estimo que as lo tern
la Santa Romana Iglesia, regla y mesura de nuestro creer, que cuanto se
ha cometido por los espaoles contra aquellas gentes, robos  muertes
y usurpaciones de sus estados y seoros de los naturales reyes y
seores, tierras  reinos, y otros infinitos bienes con tal malditas
crueldades, ha sido contra la ley rectsima inmaculada de Jesucristo
y contra toda razn natural,  en grandsima infamia del nombre de
Jesucristo y su religin cristiana, y en total impedimento de la fe,
y en daos irreparables de las nimas  cuerpos de aquellas inocentes
gentes;  creo que por estas impas y celerosas  ignominiosas obras,
tan injusta, tirnica y barbricamente hechos en ellas y contra
ellas, Dios ha de derramar sobre Espaa su furor  ira, porque toda
ella ha comunicado  participado poco que mucho en las sangrientas
riquezas robadas y tan usurpadas y mal habidas, y con tantos estragos 
acabamientos de aquellas gentes, si gran penitencia no hiciere, y temo
que tarde  nunca la har, porque la ceguedad que Dios por nuestros
pecados ha permitido en grandes y chicos, y mayormente en los que se
arrean  tienen nombre de discretos y sabios, y presumen de mandar
el mundo por los pecados de ellos, y generalmente de toda ella; aun
est, digo, esta obscuridad de los entendimientos tan reciente que
desde setenta aos que h que se comenzaron a escandalizar, robar 
matar y extirpar aquellas naciones, no sea ya desta hoy advertido que
tantos escndalos y infamias de nuestra santa fe, tantos robos, tantas
injusticias, tantos estragos, tantas matanzas, tantos cautiverios,
tantas usurpaciones de estados  seoros ajenos, y finalmente
tan universales asolaciones  despoblaciones hayan sido pecados y
grandsimas injusticias.--_El obispo Fr. Bartolom de las Casas._


REPRESENTACIN DE FRAY BARTOLOM DE LAS CASAS AL CONSEJO ACERCA DE LOS
INDIOS DE GUATEMALA[678].

       [678] _Colec. de dc. ind._, etc., tomo VII, pgs. 162-167.

... Otro intolerable agravio y dao padecen las gentes de las
provincias de Guatemala y su distrito, y en toda la Nueva Espaa, y as
debe ser en las otras partes; y ste es el repartimiento  perneamiento
de los indios que se hace para que se vayan a alquilar y trabajar en
las haciendas de los espaoles. Vienen los indios de diez leguas a
la ciudad  al pueblo, mtenlos en un corral como si fuesen carneros
 otras bestias, y all un alguacil reparte a un espaol tantos, y a
otros tantos. Aqul los toma de los cabellos violentamente y los lleva,
como si llevara una bestia, y en llegando a su casa, qutale la manta
que trae con que se cubre, y djale en cueros, diciendo que porque no
se le huya. Tinelo en los trabajos que quiere ponerlo sin dalle de
comer, durmiendo en un portal, muerto de fro, etc.[679].

       [679] _Colec. de doc. ind., etc._, tomo VII, pg. 105.


REMEDIOS PARA LAS ISLAS ESPAOLA, CUBA, SANT JUAN Y JAMAICA, SEGN FRAY
BARTOLOM DE LAS CASAS[680].

       [680] Pgs. 106-109.

... En cuanto a los indios, porque estn muy destrudos y muy flacos
y muy pocos, que de un cuento y cient mil nimas que haba en la Isla
Espaola, no han dejado los cristianos sino ocho  nueve mil, que
todos los han muerto, es necesario que al presente los dejen holgar
y recrearse de los trabajos incomparables pasados y tomar algunas
fuerzas...


CARTA DE GONZALO FERNNDEZ DE OVIEDO AL EMPERADOR, SOBRE LAS
DISIDENCIAS ENTRE PIZARRO Y ALMAGRO (25 DE OCTUBRE DE 1537)[681].

       [681] _Colec. de doc. ind. referentes al descubrimiento,
       conquista y colonizacin en Amrica y Oceana_, tomo III,
       pgs. 64-70.

Dcese en dicha carta lo siguiente: Por cierto, muy bien es que el oro
se les quite (a los indios) y se lleve a Espaa, porque mijor estar en
poder de hombres que no de bestias...


PLATA QUE SE HA TRADO DE LAS INDIAS, SEGN PINELO[682].

       [682] _Colec. de doc. ind. relativos al descubrimiento_,
       etc., tomo VIII, pg. 53.

Acerca de la plata--pues el oro, perlas y piedras preciosas, no se
puede contar--que ha venido de las Indias a Espaa, Antonio de Len
Pinelo, licenciado y relator del Supremo y Real Consejo de Indias, en
su libro _Del Paraso en el Nuevo Mundo_, libro III, que son ms de
tres mil y doscientos y cuarenta millones de pesos de ocho reales; y
por cuenta aritmtica, suponiendo que haya dos mil leguas desde las
Indias a Espaa, se poda hacer un camino cubierto de barras de plata,
de cuatro dedos de grueso y de catorce varas de ancho, con slo la
plata que han dado las Indias.


REAL CDULA DEL 18 DE FEBRERO DE 1549[683].

       [683] _Cedulario ndico_, tomo X, nm. 562, pgs. 330 y 330 v.

Dise Real Cdula, desde Valladolid, con fecha 18 de febrero de 1549,
firmada por Maximiliano y la Princesa, mandando que no se dejase pasar
a las Indias ninguna persona casada como no fuera en compaa de su
mujer.


REAL CDULA DEL 16 DE JULIO DE 1550[684].

       [684] _Archivo histrico nacional._--_Cedulario ndico de
       Ayala_, letra E, nm. 16.

Noticioso S. M. que a causa de averse encarecido los (esclavos) de
Guinea  islas de Cabo Verde, se llevaban a Indias de las de Cerdea,
Mallorca, Menorca y otras partes de Levante, de los quales muchos
eran de casta de Moros, y de grande inconveniente en tierra en que
se empezaba a plantar la fee: Mand a oficiales R^s de Sevilla no
permitiesen pasar Negros de Levante, ni los que, aunque fuesen de
Guinea, se huviesen criado con Moriscos. Vase tomo 16 de Reales
Cdulas, fol. 396 b., nm. 673.


CAPTULO DE ORDENANZA DE 19 DE NOVIEMBRE DE 1551[685].

       [685] _Arch. hist. nac._--_Cedulario ndico_, tomo XI, nm.
       43, pgs. 29 v. y 30.

Otros, vista la desorden que en esa ciudad y sus trminos ha habido
y hay en los negros y negras, as libres como esclavos, de servirse
de indios  indias muy sueltamente, y aun muchos de ellos las tienen
por mancevas y las tratan mal y tienen opresas, y para remediar lo
susodicho ordenaron y mandaron que ningun negro ni negra de aqu
adelante de qualquier calidad y condicin que sea, sea osado de tener
y servirse de indio ni india en esa ciudad ni sus trminos, sopena al
negro que fuere allado tener india y servirse della le sea cortada su
Naptura, y si sirviese de indio le sean dados 100 azotes pblicamente,
y si fuere esclava, por la primera vez le sean dados 100 azotes, y
por la segunda cortadas las orejas, y si fuere libre, por la primera
vez le sean dados 100 azotes y por la segunda destierro perpetuo de
sus Reinos, y mas tenga el Alguacil  persona en denunciar de lo suso
derecho 10 pesos de pena, los quales le sern pagados de qualesquier
bienes que se hallasen de los dichos negros  negras,  de gastos de
justicia no se les hallando bienes, y porque lo contenido en esta
Ordenanza haya ms cumplimento ordenaron y mandaron que los tales
seores de los tales esclavos y esclavas no consientan ni den lugar a
que los tales esclavos tengan indias ni se sirvan dellas, y tengan muy
gran cuidado de que as se haga, so pena de 100 pesos y que no puedan
decir ni alegar que no lo saben ni que vino a su noticia.




S


    Sr. D. Juan Ortega Rubio.

                                       Bilbao 29 de Julio de 1886.

Muy Sr. mo y de toda mi consideracin y aprecio: He recorrido
atentamente la obra de Canesi con el objeto de desempear cumplidamente
el encargo que en su atenta carta me hizo V. hace das, sintiendo mucho
no poder darle ms noticias que las que van por separado sobre los
puntos a que V. se refera. Muy poco es, como ver V., lo que dice de
Coln Canesi; de Cervantes no hace mencin siquiera; pero lo que ms
me extraa es que nada diga de los sucesos de los luteranos, movido,
sin duda, a callarlos de algunos escrpulos nacidos de temores o
preocupaciones religiosas.

Deseando poder complacer a V. de nuevo en cualquier otra ocasin queda
de V. affmo. s. s. q. b. s. m.,

                                         FIDEL DE SAGARMINAGA.


Canesi.--_Historia de Valladolid._--Libro V, cap. I.

Por horden de los Reyes se di tambin principio aquel ao al feliz
descubrimiento de las Indias Occidentales por Christoval Colombo,
que en lengua castellana decimos Coln, Cavallero genovs, ilustre
progenitor de los Duques de Veragua, Marqueses de Jamaica; este, pues,
argonauta insigne sali de Valladolid a esta conquista, y guiado de
los papeles que le dex en la isla de la Madera Rodrigo Faleyro,
peritssimo Marinero y gran cosmgrafo portugus, se di a la vela
viernes al amanecer tres de Agosto, acompaado de noventa compaeros
(algunos dicen ciento y veinte) en tres Navos del puerto de Palos
de Moguer, junto a la costa del Algarve, aprestados con slos diez y
seis  diez y siete mil ducados. (Aqu sigue una breve descripcin
del descubrimiento de Amrica, que nada de particular ofrece, y luego
refirindose a la residencia de Coln en Valladolid, que es lo que
importa, dice lo siguiente): Dir algo de lo mucho que de l nos
dexaron los Escriptores de aquellos tiempos, pues vivo y difunto honr
esta Ciudad de Valladolid empeado ya en sembrar al Cielo de almas, y
con esta idea volvi a proseguir con infatigable celo el adelantamiento
de su conquista, descubriendo tierras incgnitas, acompaado de su
hermano D. Bartholom y de mucha ms gente que la primera vez, y
lleno de triumphos se restitui a Espaa, mereciendo que los Reyes le
nombrasen por Almirante mayor, Virrey y Capitn general de las Indias
por l descubiertas y por descubrir para l y los sucesores en su casa
y Estado; y cas con D. Phelipa Muniz de Melo, Portuguesa de nacin,
y estando en Valladolid hizo Cobdicilo a diez y nueve de Mayo de mil
quinientos seis, ante Pedro de Hinojedo, Escribano de Cmara de los
Catholicos Reyes, que le dieron facultad para fundar el mayorazgo de
su casa el ao de mil quatrocientos y noventa y siete, y el ttulo de
Duque de Veraguas el de mil y quinientos seis, en que muri a veinte y
seis de Mayo (algunos dicen a seis) en Valladolid, y sus huesos fueron
trasladados a las Cuevas de Sevilla, donde se lee un Epitafio que
traducido en el castellano idioma dice as en esta Octava.

      Este poco comps que ves encierra
    aquel varn que di tan alto vuelo,
    que no se content con nuestro suelo
    y por darnos un nuevo se destierra;
    di riquezas inmensas a la tierra,
    innumerables nimas al Cielo,
    hall donde plantar divinas leyes
    y prsperas Provincias a sus Reyes.




T


LOS PLEITOS DE D. DIEGO Y DE D. LUIS COLN[686].

       [686] Duraron las negociaciones desde fin de enero hasta el 17
       de abril de 1492. Esta fecha llevan las _Capitulaciones_.

Cristbal Coln, antes de su muerte, para asegurarse de sus derechos
como Almirante de las Indias, consult a un letrado, el cual di su
opinin, despus de estudiar las Capitulaciones de Santa Fe y todos los
privilegios y mercedes concedidos por los reyes.

Dijo el letrado, sin que en esto pueda haber engao ni yerro, que a
Don Cristbal Coln pertenecan el tercio, el dcimo y el octavo que
produjesen las Indias descubiertas y por descubrir, esto es, un 55,80
por 100, adems de las ventajas de justicia, oficios, nombramientos,
etc.

Acept el Almirante el dictamen, y as lo consign en su testamento.

A la muerte de Coln, su hijo y heredero D. Diego, fundndose en la
citada consulta, hizo las correspondientes reclamaciones, que dieron
lugar a pleitos, los cuales duraron muchos aos.

En una peticin sin fecha, que conservamos, suplica D. Diego que se
le tenga por virrey y gobernador perpetuo de las Islas y Tierra Firme
descubiertas y por descubrir, que se le entregue la gobernacin de la
isla de San Juan y de las provincias de Veragua y Urab, que se le
seale y libre salario como tal Almirante y virrey gobernador, que
se le d y pague gente armada para su guarda, que no intervengan los
oficiales de la Casa de Contratacin en los negocios de Indias sin el
concurso de la persona o personas que el Almirante designe, que se le
entregue el diezmo de cuanto produjeron las citadas Indias, etctera.

Aunque la peticin se ajustaba casi por completo a las Capitulaciones
de Santa Fe, otorgar aqulla y reconocer la validez de las ltimas,
equivala a enajenar para siempre la soberana de todos los pases
descubiertos y por descubrir. Era evidente que D. Diego daba un
alcance a las citadas Capitulaciones que los reyes no les dieron al
estipularlas en el convenio de Santa Fe. Adems, poda la Corona, en
nuestro sistema actual de legislacin, otorgar tales mercedes?

Contestse al Almirante que, segn una ley dada en las Cortes de Toledo
de 1480, no poda darse oficio alguno de justicia con carcter de
perpetuidad, aadiendo que los dados anteriormente en esa forma deban
entenderse otorgados de por vida; de modo que, aun en el caso de que
los cargos concedidos a Coln lo hubiesen sido perptuamente, por la
ley dicha la concesin deba entenderse como hecha de por vida. Negada,
pues, la peticin principal, deban negarse todas las dems que de ella
arrancaban.

A pesar de la negativa, merced a las gestiones que hicieron a su favor
el duque de Alba[687], Rodrguez de Fonseca y el secretario Conchillos,
se dispuso, por Real Cdula de 9 de agosto de 1508, que D. Diego
marchara a las Indias y entendiese en la gobernacin de ellas, sin
perjuicio del derecho de ninguna de las partes, y, aunque as lo hizo,
en 9 de diciembre del mismo ao otorg poder a Juan de la Pea, criado
y factor del dicho duque, para que le representase ante los tribunales
e hiciere las diligencias necesarias en favor de sus intereses.

       [687] El Almirante hubo de contraer matrimonio con una hija
       del duque de Alba.

El nombramiento de gobernador, hecho a favor de Don Diego, se hizo con
arreglo a la Real Provisin de 29 de septiembre de 1509, esto es, con
ciertas facultades y por el tiempo que la voluntad real fuere; pero el
Almirante insisti en que se le nombrase virrey y gobernador perpetuo
de las Indias descubiertas y por descubrir. A ello se opuso el fiscal,
sosteniendo que en el segundo captulo de los otorgados en Santa Fe el
17 de abril de 1492 se concedi el ttulo de gobernador y virrey de las
islas y Tierra Firme que se descubriesen a D. Cristbal Coln; pero
slo a l y no a sus herederos, aadiendo que vacaron dichos oficios a
la muerte del primer Almirante y aun en su vida por demritos y por
usar mal de la merced que le fu fecha, y pasar a ms de lo que le fu
dado.

Si examinando el texto de las Capitulaciones el fiscal estaba en lo
cierto, don Diego present los traslados de dos privilegios: uno, de
23 de abril de 1492 confirmando lo capitulado en Santa Fe, y otro, de
30 de abril del mismo ao, en el cual, al conceder a D. Cristbal el
uso de los mencionados ttulos, se dice lo siguiente: Seades nuestro
almyrante e visorrey e governador en ellas e vos podades dende en
adelante llamar e yntitular don e almirante e visorrey e governador
dellas, et assy vuestros hijos e sucesores en el dicho oficio et cargo
se puedan llamar e yntitular don e almyrante e visorrey e governador
dellas.

Estim el fiscal que el ltimo privilegio no alteraba las
Capitulaciones, ni poda alterarlas; pero, dado que se entendiese como
quera D Diego, resultaba contrario a las leyes. Replic el Almirante.

El 5 de mayo de 1511 el Consejo Real, formado por los doctores
Carvajal, Palacios Rubios y Cabrero, y los licenciados Zapata,
Muxica, Santiago, Aguirre y Sosa firmaron la declaracin o sentencia
que a continuacin copiamos: 1. Que al Almirante y sus sucesores
pertenecan la gobernacin y administracin de justicia, en nombre
de los reyes, as de la Isla Espaola como de las otras islas que
el Almirante D. Cristbal Coln, su padre, descubri en aquellos
mares, y la de aquellas islas que por industria del dicho su padre
se descubrieron, con ttulo de virrey de juro y heredad para siempre
jams, para que por s y sus tenientes y oficiales de justicia,
conforme a sus privilegios, pudiesen ejercer y administrar la
jurisdiccin civil y criminal de las dichas islas, cmo y de la
manera que los otros gobernadores y virreyes la usan y pueden y deben
usar en los lmites de su jurisdiccin. 2. Que la dcima del oro y
dems cosas perteneca al Almirante D. Diego y a sus sucesores de
juro y heredad, ahora y para siempre. 3. Que no perteneca parte
ni cosa alguna al Almirante D. Diego y sus sucesores de los diezmos
eclesisticos. 4. Que de las penas que pertenecan a la Cmara de sus
Altezas no corresponda parte alguna al Almirante ni a sus sucesores,
pero que pertenecan al Almirante y a sus oficiales las penas que
por las leyes correspondan a las justicias y jueces. 5. Que las
apelaciones interpuestas de los alcaldes por eleccin o nombramiento
de los Consejos, fuesen primeramente al Almirante y a sus tenientes y
de ellos fuesen a sus Altezas y a sus Audiencias. 6. Que sus Altezas
podan poner en las islas jueces que conociesen de las apelaciones.
7. Que tambin perteneca a sus Altezas el nombramiento de regidores
y jurados, fieles y procuradores y otros oficios de gobernacin de
dichas islas que deben ser perpetuos. 8. Que la provisin de las
escribanas perteneca a sus Altezas, excepto las del juzgado del
Almirante, que perteneca a ste; pero debiendo poner notarios o
escribanos de sus Altezas. 9. Que sus Altezas podan mandar, cuando lo
juzgasen conveniente, tomar residencia al Almirante y a sus oficiales,
conforme a las leyes del reino. Y 10. Que a sus Altezas, y a quien su
poder tuviese, y no al Almirante, perteneca el repartimiento de los
indios[688].

       [688] Becker y Gonzlez, _Los pleitos de Coln_, pgs. 210 y
       211, en la _Historia del Mundo_, publicada por la Universidad
       de Cambridge, tomo XXIII.

Aprobse la sentencia por Real provisin el 17 de julio del mismo ao,
y aunque el fiscal Pero Ruiz interpuso splica, se confirm aqulla por
Real cdula de 5 de noviembre.

Tenaz D. Diego, volvi a continuar sus pleitos, pues con fecha 3 de
enero de 1512 Juan de la Pea present un escrito para que se declarase
que el Almirante no estaba obligado a hacer residencia, que los jueces
nombrados por la Corona slo podran conocer en grado de apelacin,
que se declarase pertenecerle la gobernacin del Darin y que se le
autorizara para tomar en el repartimiento los indios que necesitase
para su grangera. Se opuso el fiscal a estas pretensiones, replic
Pea en nombre del Almirante, acordando el Consejo que su Alteza
proveera respecto a la residencia y que se recibiese el pleito a
prueba por trmino de ciento veinte das--que luego se ampli hasta un
ao--lo relativo a la gobernacin de Darin.

En tanto que probaba D. Diego con las declaraciones de 39 testigos cmo
su padre haba descubierto el Darin, formul en 29 de diciembre de
1512 una protesta contra la sentencia dada en Sevilla el ao anterior
por el Consejo Real.

Continuaron los pedimentos y rplicas, llegando el atrevimiento del
Almirante a consignar en un memorial de agravios que contena 42
captulos, que le corresponda el gobierno absoluto, provisin de
oficios, administracin de justicia y percepcin de rentas en la
tierra extendida de polo a polo al Occidente de la lnea trazada
por el pontfice Alejandro VI, a las islas del Pacfico, _y a ms,
si ms se descubriese_, sentando que no le alcanzaba el precepto
legal de dar residencia de sus actos. Aadi en dichos documentos
que los reyes de Castilla no tenan facultad para entender en el
repartimiento de indios, ni para establecer tributos de cualquiera
especie que fueran, toda vez que habran de afectar al dcimo y octavo
de productos, pertenecientes al Almirantazgo por las Capitulaciones de
Santa Fe, y afirm, en fin, su derecho a percibir parte de los diezmos
eclesisticos y de las penas de Cmara, y a nombrar, no solamente los
consejos de los pueblos, sino los capitanes de los navos que fueran a
las Indias[689].

       [689] Becker y Gonzlez, _Los pleitos de Coln_, pg. 212,
       en la _Historia del Mundo_, publicada por la Universidad de
       Cambridge, tomo XXIII.

Sin embargo de peticiones tan exageradas y hasta imprudentes,
continuaron las pruebas de testigos. Volvi a insistir el 15 de
diciembre de 1515 en un nuevo memorial de agravios, con otros 42
captulos, recayendo sentencia, dada en la Corua el 17 de mayo de
1520. En dicha sentencia se dispona cmo haban de proveerse los
oficios en Indias; se declar que el Almirante tena derecho de
gobernador y virrey en todas las islas que su padre descubri o por
su industria se descubrieron; se dispuso que se guardase lo acordado
 determinado acerca de los indios libres; se hizo constar que el
Rey poda nombrar comisarios que procediesen contra el Almirante,
bien que el proceso se haba de remitir al Consejo Real para que
administrasen justicia; se orden que no se tomase residencia al
Almirante sino en ciertos casos, pero el Rey poda mandar que se
tomase residencia a los jueces nombrados por el Almirante; se concedi
permiso al dicho Almirante para nombrar un representante suyo en la
casa de Contratacin; y, por ltimo, se consign que al Almirante
corresponda la dcima parte de los productos de las Indias, excepto el
almojarifazgo y otros servicios.

Con la misma fecha de la sentencia se dict Real Cdula ordenando
a Miguel de Pasamonte, tesorero de la Isla Espaola, que entregase
anualmente 376.000 maravedises al Almirante, para su ayuda de costa,
en alguna enmyenda y remuneracin de lo mucho que a gastado despus
que vino de las yndias andando en nuestra corte y servicio e en
equivalencia de lo que llevava a causa de la gente que se le sola
librar.

Apel don Diego de la sentencia el 23 de agosto de 1520, y como se
opusiese el fiscal, en 24 de abril de 1524 solicit que se mandasen
buscar y traer los procesos incoados el 1500 y 1501, por los quales
const e pareci que de fecho e contra derecho el almyrante don
cristbal coln ynjustamente hizo ahorcar e matar a ciertos ombres en
la ysla espaola e les tom sus bienes, de cuya causa el Rey e Reina
catlicos, de gloriosa memoria, se movieron a le mandar venyr a esta
corte detenydo e le quitaron los oficios de visorrey e gobernador.

Cada vez ms intransigente, Don Diego quiso oponerse a las pretensiones
de Hernn Corts y Diego Velzquez, alegando que la gobernacin
de Yucatn le perteneca. No era un absurdo creer que por las
Capitulaciones de Santa Fe todo lo que se descubriese deba convertirse
en feudo de la familia de Coln?

Habiendo muerto Don Diego, su viuda, doa Mara de Toledo, continu
los pleitos en nombre de su hijo Don Luis, apoyada por su cuado Don
Fernando y por su padre el comendador mayor de Len. Despus de
muchos incidentes, Doa Mara, _la desdichada virreina_, como ella se
intitulaba, logr que el mismo Don Hernando de Toledo se personase en
el pleito, consiguiendo que el 25 de junio de 1527 se declarasen nulas
las sentencias dadas en Sevilla y la Corua; a su vez se mandaba que
se vieran y fallaran de nuevo los autos. Hasta el 27 de agosto de 1534
no se dict sentencia, la cual constaba de 33 captulos; en ella se
reconoca una vez ms a los herederos de Cristbal Coln el derecho
al almirantazgo de Indias, extendindose su gobierno al Darin, con
facultad de poner en ste un teniente; mas se le negaba derecho a la
dcima del impuesto de almojarifazgo y a parte alguna de los diezmos
eclesisticos.

Vese con toda claridad que los Colones vean premiados sus esfuerzos;
pero cuanto ms se les conceda, mayores eran sus ambiciones; as que
tampoco se dieron por satisfechos con el ltimo fallo. Tanto molest
esta conducta al fiscal Villalobos, que formul un alegato, queriendo
demostrar que las Indias se descubrieron, no por industria de Coln,
sino por la de Martn Alonso Pinzn y otros marinos. Sostuvo, del
mismo modo, que los reyes otorgaron mercedes y privilegios a Coln,
creyndole descubridor. Terminaba afirmando que la mitad de las honras
y provechos correspondan al dicho Pinzn, segn el convenio celebrado
por ambos marinos antes de emprender el viaje. El Consejo estim
impertinente el alegato, y, con fecha 18 de agosto de 1535, dict nueva
sentencia, reconociendo a los sucesores del Descubridor del Nuevo
Mundo el derecho de disfrutar perptuamente los oficios de virrey y
gobernador en la Isla Espaola y adyacentes, en las provincias de Paria
y de Veragua, en Tierra Firme; tambin percibiran la dcima de las
rentas reales.

Los defensores de Don Luis Coln, tercer Almirante, volvieron a
interponer nueva apelacin, y tacharon de injusta la anterior sentencia.

Lejos de imponer a los tenaces litigantes perpetuo silencio, como por
el matrimonio de D. Diego Coln con Doa Mara de Toledo, el Almirante
de Indias se haba emparentado con las casas ms poderosas de la
nobleza, se pens acabar los litigios mediante una transaccin. Se
ofreci al Almirante el territorio comprendido entre el Cabo de Gracias
a Dios y Puerto Bello, y los islotes adyacentes, con ttulo de Duque
o Marqus. Vnose al fin a un acuerdo, encargndose Fray Garca de
Loaysa, Cardenal de Santa Susana, Obispo de Sigenza, Presidente de
Indias y Comisario general de la Santa Cruzada, y el Doctor Gaspar de
Montoya, del Consejo de Castilla, de dictar un laudo arbitral, como
as hicieron el 28 de junio de 1536. Por l D. Luis Coln y sucesores
conservaran el ttulo de Almirante de Indias con diez mil ducados de
renta en ellas, la isla de Jamaica, con ttulo de Duque o Marqus, 25
leguas cuadradas en Veragua con jurisdiccin civil y criminal, y otras
preeminencias y rentas para las hijas de D. Diego Coln.

Don Luis no rechaz la sentencia, si bien se consider perjudicado y
logr, por decisin del Consejo, que el Emperador confirm por Cdula
de 6 de septiembre, que se mejorasen las condiciones de la mencionada
sentencia. Luego, por otra Cdula de 8 de noviembre, se di a Doa
Mara de Toledo la cantidad de cuatro mil ducados en oro, pagados por
las Cajas de Puerto Rico.

El testarudo D. Luis volvi a sus reclamaciones, y el pacientsimo
Emperador, para terminar de una vez para siempre, consinti nuevo
juicio arbitral, que decidieron el dicho Cardenal Loaysa y D. Francisco
de los Cobos, Comendador Mayor de Len, en laudo de 5 de febrero de
1540.

Por ltimo, D. Luis volvi a provocar nuevos incidentes, que terminaron
cuando la muerte arrebat la vida del tercer Almirante de Indias.

Esta rpida exposicin de los hechos--escribe el Sr. Becker
Gonzlez--basta para destruir la leyenda de la ingratitud de Espaa
con el descubridor y con sus sucesores. Se les di alta posicin
poltica y social, pinges rentas, grandes posesiones territoriales y
ttulos honorficos, y lograron enlazarse con una de las principales
familias de la nobleza. A qu ms se les considera con derecho, y
que ms podan pretender? Qu ms ha hecho nacin alguna por sus
descubridores, por sus navegantes y por sus conquistadores? Quin
no recuerda cmo Inglaterra trat a Raleigh, a Clive y a Hastings, y
Francia, a Dupleix y a Lally?[690].

       [690] Obra citada, pg. 217.




U


COMPROMISO DE MAYORAZGO Y DE TESTAMENTO[691].

       [691] _Archivo de Indias._--_Colec. de doc. ind._, tomo XXX,
       pgs. 481-500.

En virtud de real autorizacin del 23 de abril de 1497 hizo una
institucin de mayorazgo el 22 de febrero de 1498. El mismo Coln dijo
cinco aos despus que haba fundado aquel mayorazgo al objeto de que
fuera al mayor provecho para su alma, para el servicio de Dios, para
su honra y la de sus sucesores. Este documento es de importancia suma
para la historia de Cristbal Coln. El mismo Almirante dice: Que
siendo yo nacido en _Gnova_, les vine a servir (a sus Altezas) aqu
en Castilla... Ms adelante aade: Mando al dicho D. Diego (su hijo
primognito) o a quien poseyere el dicho mayorazgo, que procure e se
trabaxe siempre por la honrra e bienes e acrescentamiento de la cibdad
de _Gnova_, e ponga todas sus fuerzas e bienes a defender e alimentar
el bien e honrra de la Repblica della, non yendo contra el servicio
de la Iglesia de Dios, e alto Estado del Rey o de la Reyna Nuestros
Seores e de sus subcesores.

El carcter del mayorazgo es eminentemente religioso. Manda a sus
descendientes que preparen los medios de rescatar el Santo Sepulcro,
de mantener la integridad del poder temporal del Papa, de pagar el
diezmo a Dios en sus pobres, de establecer un hospital para socorrer
a los pobres, de fundar un seminario de misiones extranjeras para la
conversin de los pueblos idlatras y de erigir una iglesia en honra de
la Inmaculada Concepcin. Todo ello se hara bajo la direccin del Sumo
Pontfice, y mediante la aprobacin lo mismo del Papa que de los Reyes
Catlicos.


                         (APCRIFO Y SUPUESTO)

TESTAMENTO MILITAR DEL ALMIRANTE D. CRISTBAL COLN[692].

       [692] Ibidem, pg. 501.

    Valladolid 4 de mayo de 1506.

Habindome honrado con un devotsimo Memorial de preces el Sumo
Pontfice Alejandro VI, dndome un gran consuelo en mi cabtividad,
en mis batallas e adversidades, quiero que dempues de mi muerte, se
entregue por memoria a mi amantsima Patria la Repblica de _Gnova_,
e por los beneficios rrescebidos en esta Cibdad, es mi voluntad, que
funde en ella un nuevo Hospital de mis rrentas heredadas en _Italia_,
e para la mejor sustentacin de los pobres en mi Patria, faltando
mi lnea masculina, declaro e substituyo en mi Almirantazgo de las
_Indias_, e sus anexidades, por subcesora, a la misma Repblica de San
Xorge.

Dado en Valladolid a quatro de mayo de mil e quinientos e seys aos.
(Est sellado y firmado).




X


CARTA DE AMERRIGO VESPUCCI AL CARDENAL ARZOBISPO DE TOLEDO (JIMNEZ
DE CISNEROS), DNDOLE SU PARECER SOBRE LAS MERCANCAS QUE HUBIERAN DE
LLEVARSE A LAS ISLAS ANTILLAS[693].

       [693] _Cartas de Indias_, pgs. 11-13. Madrid, 1877.

Muy reverendo  magnfico seor: Tengo, pues, de agradezer la confianza
que debo a vuestra reverendsima seora, que non dexar de dezirle my
pareszer, syn que me mueva ynterese alguno, aunque non oviere gana de
hablar dello; ya que agora he de responder sobre lo que hse de llevar
a las yslas, sy es bien que vaya por una mano y que Su Alteza lleve el
provecho, segun que lo haze el rey de Portugal en lo de la Mina de Oro,
 sea, como creo aver entendido ser la manera de pensar de Su Alteza,
que cada uno tenga lybertad de yr i llevar lo que quisyere.

Yo hallo grande diferenzia del tracto del rey de Portugal a este dac,
por quel uno es enviar a tierra de moros i a un solo lugar una  dos
mercaderias apreziadas a zierto prezio, y de aquellas le responde los
fatores que all tiene, con el valor del mismo prezio  con la ropa;
y ac es al contrario, porque lo que se ha de llevar a las yslas es
diversidad de todas cosas que las personas puedan aver menester, asy
de vestyr como vestidos y muchas cosas nezesarias para edifyzios i
grangerias, que no tienen quenta ny razon; de manera, que yo averia por
muy dificoltoso i casy imposyble que Su Alteza lo pueda mandar hazer
desta manera, en espezial que muchas de las cosas que son menester para
las yslas, cumple ms llevarlas de otras partes que destas, asy como
de las yslas de Canaria y las de Portugal, de las quales sacan ganados
y vituallas y otras cosas nezesarias; i para cosa seria menester un
fator, i ay muchas dellas de que non se podria dar quenta, porque
dellas se comen, dellas se daan y otras se pierden; y desta causa, a
my ver, non se podria llevar este negozio por la dicha manera, i sy en
espirienzia lo pusyere, el tiempo doy por testygo.

Syempre que Su Alteza tenga algun provecho en la entrada de las ropas
que a las yslas se llevaren syn cuidado ny costa, ocurreme uno de dos
camynos: el uno, poner un zierto derecho en todo lo que a las yslas se
llevase, qual a Su Alteza paresziere, i que cada uno pudiese libremente
yr i llevar lo que quisyere; el otro, es encargar esta negoziacion a
mercaderes que repartiesen el provecho con Su Alteza i forneziesen todo
lo que fuese menester, sin que Su Alteza toviese dello cuidado. I en
esta tal companya seria de tener esta orden: que toviese en las dichas
yslas cargo de entender en el reszibir i vender de las ropas que all
se enviaren el thesorero de Su Alteza, en companya del fator de los
mercaderes, tenyendo cada uno dellos su libro en que, por dos manos, se
asentase todo lo que se vendiese.

Y de todas las ropas que se enviasen en cada navio, fuese la quenta de
lo oviesen costado, firmada del mercader y del thesorero, o bien de
otro factor que Su Alteza deputado a estar en Sevilla o en Cadiz, para
que, segun aquella, pudiesen en las yslas soldar quenta de todo lo que
llevare cada navio sobre sy, i tomar cada uno su parte de la gananzia,
entregandose el mercader del costo de la ropa con costa y fletes,
porque desta manera averia orden y conzierto, ny podria aver fraude ny
engao alguno; i para las cosas que se oviesen de llevar de fuera dac
y de las yslas de suso nombradas y saber el costo dellas, el mercader
y fator de Su Alteza que estoviese en Sevilla o Cadiz, podria dar el
cargo a alguna presona que a ellos paresziere.

Este es my pareszer, remityendome a los que ms saben.

De Sevilla, a IX dias del mes de diziembre de mill  quinientos  ocho
aos.

De vuestra reverendisima seora humyldemente beso las manos.

                                              _Amerrigo Vespucci_,
                                              piloto mayor.


_Sobre._ Reverendisymo  magnifyco Seor (el Seor) Cardenal d'Espaa,
Arzobispo de Toledo.




NDICE


                                                                Pginas.
PRLOGO

  Poltica de Espaa en las Indias.                                    V
  Plan de la obra.                                                XXXIII
  Fuentes de conocimiento.                                            XL
  Exposicin de propsitos.                                           LV
  Descripcin geogrfica de Amrica.                               LVIII


CAPTULO I

  Unidad y variedad de la especie humana.--El evolucionismo.
  --La seleccin.--El pithecantropus.--Protohistoria
  americana.--El salvajismo.--Antigedad de los indios.--Razas
  mixtas.--El _homo asiaticus_ y el _homo
  americanus_.--Diferencias y semejanzas entre uno y
  otro.--Algunos pobladores de Amrica son autctonos.--Razas
  cultas y salvajes.                                                   3


CAPTULO II

  Comunicacin de Amrica con Asia y con Africa.
  --Consideraciones acerca de la doctrina de Platn, Teopompo
  de Quio, Aristteles, Diodoro Sculo y Sneca. De dnde
  proceden los indios no autctonos?--Los egipcios.--Los
  griegos.--Los fenicios.--Los cartagineses.--Los religiosos
  budhistas.--Significado y situacin de Ophir.--Los hebreos.
  --Los romanos.--Los etiopes cristianos.--Los troyanos.--Los
  scythas.--Los trtaros.--Origen de los indios segn Fr.
  Garca, el Dr. Patrn, Humboldt y Riao.                            15


CAPTULO III

  Relaciones entre Amrica y Europa durante la Edad Media.--Los
  vascos espaoles y franceses.--Los ingleses o irlandeses.--La
  Islandia.--Los Sagas.--Las Crnicas.--El islands Gunnbjorn.
  --Erico el Rojo en Groenlandia.--Biarne.--Leif en Helluland,
  Markland y Virland.--Thorvall: sus expediciones; su muerte.
  --Expedicin de Thorstein y Thorfinn.--Thorfinnhudi.--Lucha
  entre groenlandeses y esquimales.--Regiones visitadas por
  Leif y Thorfinn.--Gudrid en Roma.--Expedicin de Freydisa.
  --Otras expediciones.--Autenticidad de los Sagas.--La
  religin catlica en el Nuevo Mundo: los obispos; los diezmos
  de los colonos de Vinlandia.--Las colonias.--Interrupcin de
  las relaciones entre normandos y americanos.--Correspondencia
  de lugares antiguos con los modernos.--Estatua de Leif en
  Boston.--Trabajos arqueolgicos.--Casas descubiertas en
  Cambridge.--Leif y Coln segn Fastenrath.                          34


CAPTULO IV

  Amrica Meridional: tribus del Ocano Atlntico y del
  Pacfico.--Regin amaznica: su situacin.--Los tupies y los
  guaranes.--Los omaguas, cocamas y chiriguanos.--Los tapuyas.
  --Los payagaes, agaces, subayaes y otras tribus.--Tribus que
  habitaban en el Uruguay: Confederacin uruguaya: los charras.
  --Los chans y otras tribus.--Los arawak.--Los caribes.
  --Tribus del Alto Orinoco y del Alto Amazonas.--Tribus de las
  mesetas de Bolivia: los chiquitos,--Regin pampeana: tribus
  del Gran Chaco y de las Pampas.--Los araucanos.--Tribus
  patagnicas.--Los calchaques.                                      52


CAPTULO V

  Amrica Meridional.--Regin Colombiana.--Tribus del Istmo:
  los cunas y otras tribus.--Los chibchas.--Reyes de Tunja y de
  Bogot.--Tribus de Chiriqui.--Los panches y otras tribus.
  --Regin peruana: tribus principales.--El Per antes del
  imperio de los incas. Son indgenas los incas?--Manco Capac
  y Mama Ocllo.--Cinchi Lloca: su gobierno.--Lloce Yupanqui: su
  carcter.--Mayta Capac: su pasin por la guerra.--Capac
  Yupanqui: sus conquistas.--Inca Focca: sus victorias.--Yahuar
  Huacac: su cobarda.--Huiracocha: sus triunfos.--Urco: su
  destronamiento.--Titu-Manco-Capac: su cultura.--Yupanqui: sus
  guerras: concilio en el Cuzco.--Tupac Yupanqui: su poder
  militar.--Huayna Capac: su crueldad.--Huascar y Atahualpa:
  guerra civil.--El Inca.--Los incas, curacas y amantas.--Los
  virreyes.--Los gobernadores.--El ejrcito.--La religin.--La
  cultura.--La poesa.--Las comedias y tragedias.--La msica y
  el baile.--La lengua.--La industria.--Vas de comunicacin:
  caminos y correos.--Fuentes.--Acueductos.--Las colonias.
  --Colonias militares.                                               66


CAPTULO VI

  Amrica Central.--Primeros habitantes del pas.--Los mayas.
  --Los quichs y cakchiqueles.--Fundacin de la monarqua
  quich.--Lucha entre quichs y cakchiqueles: batalla de
  Guanhtemalan.--Lucha entre cakchiqueles y otros pueblos.
  --Estado interior de Guatemala y relaciones exteriores.
  --Pedro de Alvarado en el pas.--Salvador, Honduras,
  Nicaragua y Costa Rica.--Estado social de los quichs.
  --Cultura de los habitantes de Honduras, Nicaragua, Panam y
  Costa Rica.--Las Antillas, en particular Hayt y Cuba: artes
  e industria.                                                        84


CAPTULO VII

  Amrica Septentrional.--Obscuridad de la historia de Mxico
  en sus primeros tiempos.--Los quinametzn.--Los quinams.
  --Los nahuas, xicalancas y almecas: su origen.--Los
  chichimecas y fundacin de su imperio.--Los toltecas: su
  peregrinacin; su asiento en Tula.--Tribus menos importantes.
  --Relaciones entre chichimecas y toltecas.--Monarqua tolteca
  en Tula.--Las tres monarquas; Quetzalcoatl; su doctrina.
  --Tetacatlipoca y otros reyes.--Los chichimecas se apoderan
  de Tula.--Reyes toltecas en Tula.--Cultura de los toltecas.
  --Los chichimecas: su vida.--Gobierno de Xolott.--El
  feudalismo.--Tribus que invaden  el imperio.--Nopaltzin y
  Huetzin.--El reino de Tezcuco.--Los aztecas: su procedencia.
  --Las casas grandes de Gila.--Los aztecas antes de
  establecerse en Mxico y Tlatelolco.--Quinantzin y
  Techotlalazin.--Las 75 provincias.--Ixtlilxochitl: guerra
  civil.--Rivalidad entre Tezcuco y Mxico.--Netzahualcoyotl.
  --Los reinos confederados.--Guerra civil.--Los espaoles en
  Tabasco.--Moctezuma II.--La religin y la guerra.--El jefe
  del clan, el capulli y el tlacalecuhli.--Las fratias y la
  tribu.--Consejo Tribal.--La industria.--El Calendario.--Obras
  pblicas.--La escritura.--Ciencias religiosas.                      95


CAPTULO VIII

  Amrica Septentrional.--Tribus mejicanas.--Los
  shoshoneamus.--Los comanches: sus costumbres.--Tribus
  sonoras: los pimas, los patas y los tarahumares:
  sus costumbres.--Tribus iroquesas: sus
  costumbres.--Confederacin iroquesa: religin e
  industria.--Los esquimales: su carcter y costumbres.--Los
  algonquinos y athabascos.--Los navajos y los
  apaches.--Los sioux o dakotas.--Los muskokis.--Los
  creeks y otros pueblos.--Los californios.--Los
  tlinkits.--Los pieles-rojas.--Regin de los pueblos.--Los
  chinuks.--Situacin y costumbres de los pueblos citados.           122

CAPTULO IX

  Estado social de los indios.--La antropofagia.--El
  emperador en Mxico y en el Per.--Los caciques.--La
  polica.--Los mercados.--La Hacienda.--La administracin
  de justicia.--Los tributos.--Incas, curecas y amantas.--El
  Interregno.--El clan, el sachem y el Consejo.--Nomen y
  totem.--La tribu.--Confederaciones tribales.--El matrimonio:
  monogamia; poligamia; adulterio; divorcio.--Los hijos.--Los
  ancianos.--Las viviendas.--Instituciones civiles.--La
  propiedad en Mxico y en el Per.--La sucesin: tutela,
  curatela y adopcin.--Esclavitud.--Leyes penales y de
  procedimientos.--Leyes sociales y administrativas.--Las
  postas entre los nahuas y entre los peruanos. 140


CAPTULO X

  Instituciones militares.--El arco y la flecha.--La
  lanza, los dardos, las jabalinas, las hondas y otras
  armas.--Las armas defensivas: escudo, peto, cota y
  casco.--Armas de las razas cultas y de las salvajes.--Las
  fortificaciones.--Banderas.--Msica militar.--Organizacin
  de la fuerza armada.--La guerra.--Los tambos o
  cuarteles-psitos.--La tctica y la estrategia.--Premios y
  castigos.--Leyes militares.--La paz en los pueblos salvajes
  y en los cultos.                                                   153


CAPTULO XI

  Lenguas americanas: su nmero.--Lengua de los habitantes de
  la Tierra del Fuego: el yahgan.--Lenguas que se hablaban en
  las Pampas y en el Gran Chaco.--Lengua charra.--Lenguas de
  la Amrica Meridional: grupo atlntico y grupo andino.--El
  goagiro arawak.--El tapuya, el tup y el guaran.--Lengua
  chiquita.--El chibcha, el quichua y el aimar.--Otras
  lenguas.--Lenguas de la Amrica Central.--El maya-quich
  y el nahuatl o azteca.--El otomi y el pama.--Lenguas de
  la Amrica Septentrional: el cahita y otros.--El pata y
  el dacota.--El chiglet y otros.--Partes de la oracin en
  las lenguas americanas.--La escritura.--El lenguaje de los
  gestos.                                                            162


CAPTULO XII

  Las ciencias y letras entre los indios.--Las matemticas,
  la geografa y la astronoma.--La medicina.--La
  religin: el dios de los indios.--Los sacerdotes y
  hechiceros.--El diablo.--Las plegarias.--Las ofrendas.--Los
  sacrificios.--La penitencia.--El cuerpo humano.--El
  alma.--La inmortalidad.--Los sueos.--La vida futura.--Las
  sepulturas.--Los duelos.--El Diluvio.--Las letras, la
  oratoria, la poesa, el drama Ollanta: el baile drama
  Rabinal-Achi.                                                    173


CAPTULO XIII

  Las bellas artes entre los indios.--Carcter de las bellas
  artes en Mxico y en el Per.--Materiales empleados en
  los monumentos.--Las pirmides.--Relaciones entre los
  monumentos de Amrica y los del Antiguo Mundo.--Los templos:
  el de Mxico.--Los palacios.--Monumentos de Mitla.--Ruinas
  de Palenque.--Oratorios de Ocotzingo.--Estatuas de
  Palenque.--Pirmides de Ak.--Los monumentos de Yucatn
  y de Honduras.--Consideraciones sobre los teocallis.--Su
  semejanza con otros del Asia.--La falsa bveda en
  Amrica.--La arquitectura en el Per: monumentos
  pre-incsicos y de los incas.--El templo del Cuzco.--Otros
  edificios.--La arquitectura peruana y la del Viejo
  Continente.--La escultura.--El dibujo y la pintura.--La
  msica en Mxico y en el Per.--Las bellas artes en Bolivia
  y en la Amrica central.--El canto: el areito.                     185


CAPTULO XIV

  La industria.--La metalurgia.--La minera.--Los
  curtidos.--Los tejidos.--La cermica.--Los colores.--Otras
  industrias.--La agricultura.--La ganadera.--El
  comercio.--La moneda.                                              200


CAPTULO XV

  Alimentacin del indio.--El canibalismo.--Bebidas
  embriagadoras de los indios.--El fuego: modo de
  obtenerlo.--La luz.--Las lmparas.--Las casas de los
  indios.--Las aldeas.--Las viviendas del salvaje.--El
  vestido.--Los adornos.--La caza y la pesca.--Las canoas o
  piraguas.--Los juegos de azar.--El juego de pelota.                209


CAPTULO XVI

  Reyes de Castilla a fines de la Edad Media:
  Enrique II, Juan I, Enrique III, Juan II y Enrique
  IV.--Reyes Catlicos.--Cultura literaria en aquellos
  tiempos.--Cristbal Coln en Espaa.                               221


CAPTULO XVII

  Descubrimientos anteriores al del Nuevo Mundo.--El
  Preste Juan.--Viaje de Marco Polo.--De imagine mundi
  de Pedro de Ailly.--Supuestas cartas de Toscanelli a
  Coln.--Expediciones de Enrique el Navegante.--Viajes
  de Diego Gmez.--Los conocimientos geogrficos en aquella
  poca.--La astronoma.--Viajes de Diego Cao.--El cosmgrafo
  Behaim: su famoso globo.--Expedicin de Bartolom
  Daz.--Viajes de Covilham y Paiva.                                 234


CAPTULO XVIII

  Cristbal Coln: su patria y familia.--Coln en Portugal:
  su matrimonio.--La familia de su mujer.--Alonso Snchez
  de Huelva.--Cultura de Coln.--La esfericidad de la
  Tierra.--La Academia de Toledo.--Rogerio Bacon y Raimundo
  Lulio.--Proyecto de Coln de ir directamente a la India por
  Occidente.--La librera de Coln.--Junta convocada por Juan
  II y presidida por el obispo de Ceuta: opinin del conde de
  Villarreal.                                                        247


CAPTULO XIX

  Cristbal Coln en Palos y en la Rbida.--Coln en
  Sevilla.--El duque de Medinasidonia y el duque de
  Medinaceli.--Coln en Crdoba: se presenta a los
  Reyes.--Retrato moral y fsico de Coln.--Amigos y enemigos
  del genovs.--Poltica exterior e interior.--Junta
  de Crdoba.--Junta de Salamanca.--Coln ante los
  Reyes en Alcal de Henares.--Beatriz Enrquez de
  Arana.--Proposiciones presentadas por Coln a los Reyes
  Catlicos.--Coln en la Rbida.--Los consejeros de
  Coln.--Juan Prez ante Doa Isabel.--Tratado entre
  los Reyes Catlicos y Coln.--El Almirante en la
  Rbida.--Martn Alonso Pinzn.--_Santa Mara_, la _Nia_ y
  la _Pinta_.--Convenio entre Coln y Pinzn.                        275


CAPTULO XX

  Primer viaje de Coln.--Incidentes ms importantes
  que ocurrieron durante el viaje.--Disgusto de algunos
  marineros.--El 11 de octubre de 1492.--Rodrguez Bermejo
  es el primero que grita _Tierra!_--Guanahan (San
  Salvador), Santa Mara de la Concepcin, Fernandina,
  Isabela (Saometo), Cuba (Juana) y Espaola (Hait).--El
  cacique Guacanagari.--Fuerte de Navidad--Vuelta de Coln a
  Espaa.--Coln en Lisboa y en Palos.--Coln en Sevilla y en
  Barcelona.--Breves de Alejandro VI.--Castilla y Aragn en el
  descubrimiento.                                                    292


CAPTULO XXI

  Segundo viaje de Coln.--Prisa de los Reyes en que se
  realizase.--Junta de Tordesillas.--Personas notables
  que acompaaron al Almirante--Descubrimientos: la
  Dominica y otras islas.--El Fuerte de Navidad.--La
  Isabela.--Insurreccin general.--El comisario regio Juan
  de Aguado.--Coln en Espaa.--Presntase a los Reyes en
  Burgos.--El comerciante joyero Mosn Jaime Ferrer.                 311


CAPTULO XXII

  Tercer viaje de Coln.--Relacin de este viaje hecha por
  el mismo Almirante.--Supo Coln que haba hallado un
  Nuevo Continente?--Coln en Hait: anarqua en la colonia:
  los repartimientos.--Enemiga al Almirante en la Espaola
  y en la corte.--El comisario regio Bobadilla en Santo
  Domingo.--Proceso contra Coln.--Carcter y cualidades del
  Almirante.--Coln es preso y cargado de cadenas.--Ingratitud
  general con Coln.--Presntase a los Reyes en
  Granada.--Nicols de Ovando, gobernador de la Espaola.            326


CAPTULO XXIII

  Cuarto y ltimo viaje de Coln.--Muerte de Bobadilla, Roldn
  y otros en alta mar.--Conducta de Ovando con Coln.--Ovando
  en Xaragua.--Anacaona: su muerte.--Coln en las playas de
  Jamica.--Diego Mndez y Bartolom Fieschi.--Escobar en
  auxilio de Coln.--Conducta de Ovando con Coln y de la
  Reina con los indios.--Repartimientos de indios.--Coln en
  Espaa.--Insurreccin de los indgenas.--Diego Coln en la
  Espaola.--Censuras a la poltica de Cristbal Coln en
  Santo Domingo.                                                     336


CAPTULO XXIV

  Ultimos das de Coln.--Coln en Sanlcar y en Sevilla.--Sus
  padecimientos fsicos y morales.--Conducta del Rey
  Catlico con Coln.--Presntase Coln a D. Fernando en
  Segovia.--Carta del Almirante a D. Juana y a Felipe
  el Hermoso.--Coln en Valladolid.--Testamento del
  Almirante.--Su muerte.--Celebracin de sus exequias.--Sus
  restos en el convento de San Francisco.--Juicio que de Coln
  formaron sus contemporneos.--Firma de Coln.--Casa donde
  muri Coln.--Traslacin de sus restos a la Cartuja de Santa
  Mara de las Cuevas en Sevilla, luego a la Catedral de
  Santo Domingo, despus a Cuba y ltimamente a la Catedral
  de Sevilla.--Religiosidad de Coln.--Su carcter, segn
  Herrera.--Opinin de los Reyes Catlicos.--Opinin de
  Bolvar.--Coln, segn algunos escritores de nuestros das.        354


CAPTULO XXV

  Descubrimientos posteriores al del Nuevo Mundo.--Viajes
  de los Cabot bajo la proteccin de la Corona de
  Inglaterra.--Vasco de Gama bajo la proteccin de D. Manuel
  de Portugal.--Expedicin de Alonso de Ojeda al Nuevo
  Mundo.--Juan de la Cosa y Amrico Vespucio forman parte de
  la expedicin.--Viaje de Pero Alonso Nio.--Viaje de Vicente
  Yez Pinzn.--Expedicin de Diego de Lepe.--Relacin de
  Amrico Vespucio.--El portugus Pedro Alvarez Cabral en el
  Brasil y en la India.                                              377


CAPTULO XXVI

  Expedicin de Rodrigo de Bastidas.--Expedicin de Alonso
  de Ojeda.--Viajes de Amrico Vespucio al servicio de
  Portugal.--Coln y Vespucio en Sevilla.--Vespucio
  al servicio de Espaa.--Origen del nombre
  Amrica.--Expediciones de Cristbal y Luis Guerra, y de Juan
  de la Cosa.--Real Cdula en favor de Bastidas.--Capitulacin
  hecha con Ojeda.--Capitulacin con Yez Pinzn.--Viajes de
  Yez Pinzn y de Sols.--Privilegio en favor de Nicuesa y
  de la Cosa.--Viajes de Ojeda y de Nicuesa.--La Espaola,
  Cuba y Puerto Rico en aquellos tiempos.--Expedicin de Ponce
  de Len a la Florida y luego a Bimin.--Prez de Ortubia en
  Bimin y Ponce de Len en Puerto Rico.                             392


CAPTULO XXVII

  Descubrimiento y exploracin del Grande Ocano u
  Ocano Pacfico por Nez de Balboa.--Balboa antes del
  descubrimiento.--Balboa y Enciso.--Lucha entre los
  amigos de Balboa y de Enciso.--Nicuesa en Santa Mara
  la Antigua.--Muerte de Nicuesa y Enciso sale para
  Espaa.--Balboa y el cacique Careta.--Descubrimiento
  del Pacfico.--Pedrarias gobernador de la colonia del
  Darin.--Enemiga entre Balboa y Pedrarias.--Muerte de
  Balboa.--Pedrarias toma la provincia de Paque.                     407

CAPTULO XXVIII

  Expedicin de Juan Daz de Sols.--Segundo viaje de
  Sols.--Expedicin de Francisco Hernndez de Crdova.--Viaje
  de Juan de Grijalba a Yucatn.--Famoso viaje de Fernando de
  Magallanes alrededor del mundo.--Juan Sebastin El Cano.           419

CAPTULO XXIX

  Expedicin de Espinosa: funda a Panam.--Expediciones
  ordenadas por Pedrarias.--Gil Gonzlez Dvila se
  dirige a Nicaragua.--Ciudades fundadas por Hernndez
  de Crdova.--Andagoya en el Per.--Segundo viaje de
  Gonzlez Dvila desde Santo Domingo a Nicaragua y
  Yucatn.--Expedicin de Cristbal de Olid: su muerte.--Pedro
  de Alvarado sale de Mxico para Guatemala.--Expedicin
  de Rodrigo de Bastidas a Colombia.--Expedicin a
  Venezuela.--Nueva Cdiz.--Famosa expedicin de Francisco
  de Orellana al ro Amazonas.--Luchas de Orellana con
  los indgenas.--Las Amazonas.--Importancia de la
  expedicin.--Segunda expedicin de Orellana: desgracias de
  este navegante y su muerte.                                        430

CAPTULO XXX

  Expedicin de Juan da Nova.--Segunda expedicin de Vasco de
  Gama a la India.--Expediciones de Alfonso y de Francisco de
  Alburquerque.--Francisco de Almeida es nombrado virrey de la
  India.--Gobierno de Alfonso de Alburquerque: toma de Goa y
  de Malaca.--Sucesores de Alburquerque.--Vasco da Gama virrey
  de la India: su muerte.--Sucesores de Vasco da Gama.--Los
  portugueses en las Molucas.--Antonio de Abreu sale para
  las Molucas.--Aventuras de Serrao.--Viaje de Tristn de
  Meneses.--Viaje de Antonio Brito.--Portugueses y espaoles
  en Tidor.--Gobierno de Brito.--Gobierno de Garca Enrquez.        439




NDICE DE APNDICES


         Pginas     Pginas
          en que       del
         se cita.    apndice.
         --------    ---------
  A.         X         451
  B.       XVI         453
  C.      XXII         455
  D.      XXXI         456
  E.      XLVI         460
  F.       149         462
  G.       150         467
  H.       266         469
  I.       285         475
  J.       298         476
  L.       300         481
  M.       305         482
  N.       307         483
  O.       309         487
  P.       314         489
  Q.       336         501
  R.       342         505
  S.       355         510
  T.       356         512
  U.       357         518
  X.       396         519




PAUTA

PARA LA COLOCACIN DE LAS LMINAS DE ESTE TOMO.


                                                        Pginas.

  _Leif Erikson._                                             40

  _Isabel la Catlica._                                      223

  _Fernando el Catlico._                                    229

  _Enrique el Navegante._                                    238

  _Coln._                                                   247

  _Santa Mara de la Rbida antes de su restauracin._       277

  _Fr. Bartolom de las Casas._                              332

  _Vasco Nez de Balboa._                                   407




GRABADOS

INCLUDOS EN LAS PGINAS DE ESTE TOMO.


                                                         Pginas.

  _Crneo neoltico._                                           7

  _Tipo esquimal._                                             42

  _Primera representacin grfica conocida de los aborgenes
  americanos._                                                 52

  _Caribe._                                                    59

  _Indio peruano._                                             73

  _Tipos mayas._                                               84

  _Mujer esquimal._                                           129

  _Apache._                                                   132

  _Indio del ro de San Juan._                                137

  _Teocalli en Palenque._                                     190

  _Escultura en las ruinas de Copn._                         196

  _Dibujo propiciatorio._                                     198

  _Amrico Vespucio._                                         327

  _Sebastin Caboto._                                         378





End of the Project Gutenberg EBook of Historia de Amrica desde sus tiempos
ms remotos hasta nuestros das, tomo I, by Juan Ortega Rubio

*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK HISTORIA DE AMERICA, TOMO 1 ***

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Sections 3 and 4 and the Foundation information page at
www.gutenberg.org



Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation

The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary
Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by
U.S. federal laws and your state's laws.

The Foundation's principal office is in Fairbanks, Alaska, with the
mailing address: PO Box 750175, Fairbanks, AK 99775, but its
volunteers and employees are scattered throughout numerous
locations. Its business office is located at 809 North 1500 West, Salt
Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up to
date contact information can be found at the Foundation's web site and
official page at www.gutenberg.org/contact

For additional contact information:

    Dr. Gregory B. Newby
    Chief Executive and Director
    gbnewby@pglaf.org

Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation

Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
spread public support and donations to carry out its mission of
increasing the number of public domain and licensed works that can be
freely distributed in machine readable form accessible by the widest
array of equipment including outdated equipment. Many small donations
($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
status with the IRS.

The Foundation is committed to complying with the laws regulating
charities and charitable donations in all 50 states of the United
States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
with these requirements. We do not solicit donations in locations
where we have not received written confirmation of compliance. To SEND
DONATIONS or determine the status of compliance for any particular
state visit www.gutenberg.org/donate

While we cannot and do not solicit contributions from states where we
have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
against accepting unsolicited donations from donors in such states who
approach us with offers to donate.

International donations are gratefully accepted, but we cannot make
any statements concerning tax treatment of donations received from
outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.

Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
ways including checks, online payments and credit card donations. To
donate, please visit: www.gutenberg.org/donate

Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic works.

Professor Michael S. Hart was the originator of the Project
Gutenberg-tm concept of a library of electronic works that could be
freely shared with anyone. For forty years, he produced and
distributed Project Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of
volunteer support.

Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in
the U.S. unless a copyright notice is included. Thus, we do not
necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper
edition.

Most people start at our Web site which has the main PG search
facility: www.gutenberg.org

This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.

