The Project Gutenberg EBook of Estudios histricos del reinado de Felipe II, by 
Cesreo Fernndez Duro

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Title: Estudios histricos del reinado de Felipe II

Author: Cesreo Fernndez Duro

Release Date: June 9, 2009 [EBook #29078]

Language: Spanish

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ESTUDIOS HISTRICOS
DEL
REINADO DE FELIPE II


EL DESASTRE DE LOS GELVES
(1560-1561)

ANTONIO PREZ EN INGLATERRA Y FRANCIA
(1591-1612)


POR
D. CESREO FERNNDEZ DURO
De la R. Academia de la Historia


MADRID
IMPRENTA Y FUNDICIN DE M. TELLO
_Impresor de Cmara de S. M._
Don Evaristo, 8
1890




[Nota del transcriptor:

En esta edicin se han mantenido las convenciones ortogrficas del
original, incluyendo las variadas normas de acentuacin presentes en el
texto. El ndice se ha colocado al principio del texto en vez de al
final, como era el caso de la obra impresa, para facilitar su consulta.

Las abreviaturas, a excepcin de aquellas que indican ordinales, se han
representado con el smbolo ^ precediendo la letra o letras finales
voladas, o bien aadiendo {} si dichas letras preceden una parte no
volada de la abreviatura.]




NDICE.


                                                                Pginas.

El desastre de los Gelves                                              1

APNDICE I--Relacin de la jornada que hicieron a Trpol de
Berbera las armadas catlicas, aos 1560 y 61                        67

Relacin breve y verdadera de la jornada de los Gelves, desde el
da que arrib el armada turquesca hasta quel fuerte fu tomado
por los turcos, sacada de italiano en espaol                        163

APNDICE II--Carta de D. Juan de la Cerda, Duque de Medina Celi,
fecha en Mesina  7 de enero de 1564, remitiendo al Dr. Pez,
Cronista de S. M., la relacin que D. lvaro de Sande haba dado
 S. M. acerca de la jornada de Berbera, con anotaciones suyas      199

Epigrama dedicado  Juan Andrea Doria                                245

Antonio Prez en Inglaterra y Francia                                249

Documentos                                                           381

Los papeles y cartas que truxo Miguel Igun sobre cosas de Francia    383

Cartas de Antonio Prez                                              387




DESASTRE DE LOS GELVES
(1560)


La isla de los Gelves  Gerves de nuestras crnicas, designada por los
naturales con el nombre de Jerbah y por los italianos con el de Gerb y
Zerv, se halla al SO. de la de Malta, en el golfo de Caps  Khabes por
latitud media de 33 45' Norte, tan prxima  la costa de Trpoli y boca
del ro Tritn, antiguo Lotofagite, que se comunicaba con la tierra
firme por un puente de madera, y aun  marea baja poda vadearse el
canalizo de separacin.

En extensin superficial mide la isla unos 40 kilmetros de largo por 26
de anchura; abunda en olivos y palmares, cuyos frutos mantenan  la
poblacin, repartida en aldehuelas y alqueras, supliendo con pozos la
carencia de ros y fuentes de agua potable.

Rodean  los Gelves por todos lados bajos y canalizos de difcil acceso,
que obligan  las embarcaciones de algn calado  fondear  tres  ms
millas de distancia.

Siempre fu este rincn nido de piratas y peligroso padrastro de Malta,
Sicilia y Cerdea. El Almirante de Aragn Roger de Lauria castig los
latrocinios de aquellos naturales desembarcando en 1284. Pens el Rey
Don Fernando el Catlico reprimirlos de nuevo, y lo hiciera de su orden
en 1501 el Gran Capitn,  no estorbrselo las complicaciones de la
guerra de Italia. En fin, se organiz al efecto la expedicin del Conde
Pedro Navarro en 1510: qued en breve sometido Trpoli, saliendo de
Mlaga segunda armada  las rdenes de Don Garca de Toledo, sobrino del
Rey Catlico, padre del gran Duque de Alba, para dar fin  la jornada,
ocupando la isla de los Gerbes, yendo no menos de 16.000 infantes, sin
contar la gente marinera de las naves; dato que sirve  la medida de la
importancia de la empresa.

Verificado sin oposicin el desembarco el 30 de agosto del mismo 1510,
emprendieron los escuadrones la marcha hacia el interior, llevando
D. Garca la vanguardia. El ardor del sol, el peso de las armas, la falta
de agua sobre todo, fatigaron tanto  los soldados, que al llegar  la
arboleda y sitio de los pozos no hubo razn ni palabra que los
contuviera, precipitndose en el mayor desorden  satisfacer la
exigencia de la sed con porfa y aun lucha de unos con otros.

Unos cuantos moros  caballo que salieron en la oportunidad, de la
emboscada en que estaban tras las palmeras, sembraron el pnico cargando
al tropel desmoralizado. En vano quiso alentarlos con la palabra
D. Garca de Toledo, y con el ejemplo los estimul echando pie  tierra y
tomando una pica, con la que avanz y contuvo al enemigo por de pronto,
seguido de muy pocos; su herica muerte sirvi tan slo para poner alas
al miedo y para que los fugitivos desordenaran  los escuadrones de
atrs[1]. Aquellos soldados mismos de Buga y de Trpoli, asombro de
Europa pocos das antes, tirando las armas se arrojaban al mar  se
dejaban degollar como carneros[2], sin que la autoridad y locucin del
Conde Navarro fueran atendidas. Hubo, por otra parte, cristiano que por
entre las lanzas de los moros asa una vasija de agua y beba
traspasado[3].

    [Nota 1: Fernando de Herrera, _Anotaciones  las obras de
    Garcilaso_.]

    [Nota 2: Pedro Mrtir de Anglera, _Opus epistolarum_.]

    [Nota 3: Herrera, _loc. cit._]

La rota fu espantosa: con D. Garca de Toledo sucumbieron 60 capitanes
 caballeros principales[4], calculndose, con ms  menos, en 4.000
hombres los muertos y cautivos; y como de ordinario la desmoralizacin
tenga consecuencias, perdironse luego cuatro naos con toda la gente
embarcada, y otra vez en la isla inmediata de los Querquenes, la gente,
sorprendida y acobardada, se dej acuchillar por nmero muy inferior de
moros mal prevenidos.

    [Nota 4: Garcilaso, _Egloga segunda_.]

Diez aos despus llev  los Gelves Don Hugo de Moncada, Virrey de
Sicilia, otra armada de cien velas conductora de 13.500 infantes y 1.000
caballos; los puso en tierra por el mes de abril (1520), y no llanamente
se abri paso; que si el escuadrn que personalmente guiaba arroll 
los moros, otro de los suyos cej vindose en aprieto. Con todo, pidi
paz el jeque de la isla, reconocindose sometido y librando al Virrey de
ansiedades[5].

    [Nota 5: Gaspar de Baeza, _Vida de D. Hugo de Moncada: Coleccin de
    documentos inditos para la Historia de Espaa_, tomo XXIV.]

Djose entonces en Espaa por proverbio Los Gelves, madre, malos son de
ganar[6], aunque no pudiera presentirse que haban de ser teatro de
desastre harto ms serio, por uno de los mayores de la historia militar
espaola, as en prdidas de personal y material, como en la ms
sensible de la reputacin y de la confianza ganada con tantas victorias
anteriores.

    [Nota 6: Fr. Prudencio de Sandoval, _Vida de Carlos V_. Para el
    conocimiento de la desgraciada empresa de los Gelves en 1510, son de
    consultar,  ms de los autores citados en las notas anteriores, Luis
    del Mrmol, _Descripcin del frica. Reino de Tnez_.--Bernldez,
    _Crnica de los Reyes Catlicos_.--Zurita, _Anales de Aragn_ y
    _Vida de D. Fernando_.--lvaro Gmez, _De rebus gestis_.--Oviedo,
    _Quincuagenas_, Q. I, Est. XXX.--D. Martn de los Heros, _Historia
    del Conde Pedro Navarro_.--_Coleccin de documentos inditos para la
    Historia de Espaa_, tomo XXV.]

Del suceso quedan relaciones suficientemente circunstanciadas para
juzgarlo con apartamiento de la pasin de los contemporneos. Antn
Francesco Cirni Corso escribi una muy de atender, por la circunstancia
de hallarse en contacto con el Capitn general y conocer las
providencias del Consejo de guerra[7]. Ms concisa, pero mereciendo
tambin la fe de testimonio presencial, es de citar la de M. T. de
Carrelires, Capitn de una compaa de franceses, relacionado con el
gran Maestre de San Juan[8]; de las varias que circulaban form la suya
Alonso de Ulloa[9], trasladndola despus al italiano con agregacin de
otras campaas[10], y acaso tambin sirvieran al genovs Foglietta[11],
tenindose en cuenta al redactar historias generales del reinado, tales
como las de Antonio de Herrera[12] y Luis Cabrera de Crdova[13], pues
que lo esencial de la jornada se encuentra en ellas.

    [Nota 7: _Successi dell' Armata della Maesta Catholica destinata
    all' impresa di Tripoli di Barbaria, della presa de le Gerve, etc.,
    progressi dell' Armata Turchesca, scritti per Anton Francesco Cirni
    Corso. In Venetia, appresso Francesco Lorencini da Turino_, M.DLX.
    8.]

    [Nota 8: _Histoire de l'entrepise de Tripoli et prinse des Gerves:
    Faite par les Chrestiens en l'an 1559. Et l'issue de l'arme
    Chrestienne. Par M. T. de Carrelires, Capitain Franois estant en la
    diste arme, dedi a l'illustrissime Grand maistre de Malthe. A Lyon,
    Par Gabriel Cotier_, 1561. 16., 72 pginas.]

    [Nota 9: _Sucesso de la iornada que se comen para Trpol, ao de
    1559, y se acab en los Gelues el de 1560. Al Ilmo. y Excmo. Prncipe
    Don Gonzalo Hernandez de Crdova, Duque de Sessa. Nuevamente publicado
    por Alonso de Ulloa. Impreso en Venetia en casa de Juan Grisso. Ao
    MDLXII._ 8.--En el prlogo dice fu  sus manos el presente tratado
    que S. M. mand hacer, y lo hizo imprimir, parecindole digno de ser
    ledo.]

    [Nota 10: _La Historia dell' impresa di Tripoli di Barbaria, della
    presa del pegnon di Velez della Gomera in Africa, et del suceso
    della potentissima armata Turchesca Venuta sopra l' isola di Malta
    l' anno 1565. La descritione dell' Isola di Malta. Il disegno
    dell' Isola delle Zerbe et del forte fattovi da christiani, et la sua
    descrittione._ Sin ao ni lugar. 4.

    _La Historia dell' impresa di Tripoli di Barbaria fatta per ordine
    del sereniss. re catolico l' anno MDLX, con le cose avenute a
    Christianni nell' Isole delle Zerbe. Nuovamente mandata in luce. In
    Venezia, appresso Francesco Rampacetto, MDLXVI._ 4.]

    [Nota 11: _Istoria di Mons. Vberto Foglietta, nobile Genovese della
    Sacra Lega contra Selim, e d' alcune altre imprese di suoi tempi,
    cio dell' impresa del Gerbi, soccorso d' Oran, impresa del Pignon,
    di Tunigi, et assedio di Malta_, fatta volgare Givlio Gvastavini.
    Gnova, 1598. 4., 671-6 pginas.]

    [Nota 12: Antonio de Herrera, _Historia general del mundo_. Primera
    parte: Madrid, 1601. En folio.]

    [Nota 13: Cabrera de Crdova, _Felipe II_: Madrid, 1876, tomo I.]

Pero an quedaron manuscritas, circulando privadamente, algunas que en
ms  en menos se apartaban de las que alcanzaron sancin oficial. Al
cabo de los aos transcurridos han venido  dar  luz los Sres. Marqus
de la Fuensanta del Valle y Sancho Rayn, en su _Coleccin de libros
raros  curiosos_, una desconocida, escrita por Diego del Castillo, en
defensa de D. lvaro de Sande[14], y no sola, toda vez que Nicols
Antonio vi y cita en la _Bibliotheca hispana nova_, tomo I, pg. 273,
del mismo autor, otra cuyo paradero se ignora, intitulada _Historia de
la liberacin de D. lvaro de Sande y de la toma del Pen de Vlez de
la Gomera y el suceso de la armada enviada por el gran Turco sobre la
isla de Malta_.

    [Nota 14: _Historia de la presa de los Gelves en frica, y
    valerossima defensa que hizo de la fortaleza D. lvaro de Sande
    hasta su prdida, dedicada al Sermo. Sr. Emmanuel Filiberto, Duque
    de Saboya, por Diego del Castillo._--_Coleccin de libros espaoles
    raros  curiosos._ Tomo IX, rotulado _Tres relaciones histricas:
    Gibraltar, Los Xerves, Alcazarquivir_: Madrid, imprenta de M.
    Ginesta, 1889. 8.]

Diego del Castillo no asisti  la jornada de los Gelves que relata:
habla por referencia, pero con buenos informes, que no es aventurado
presumir procedieran del mismo D. lvaro de Sande,  quien ampara contra
opiniones contrarias, pues refiere dichos y hechos que no constan en las
otras relaciones ni era fcil supiera de otra lengua; y la oportunidad
de sus escritos se acredita por los que van apareciendo, en prueba del
gran nmero de los que sin duda produjo el desastre que  tantas
familias dejaba lastimadas.

Uno se halla indito en la Biblioteca del Escorial, por traduccin del
italiano[15]; otro, que aqu aparecer por vez primera, se guarda en la
Academia de la Historia[16], mereciendo principal consideracin, as por
obra de quien presenci cuanto refiere, como por la apreciacin distinta
con que juzga los sucesos: con harta severidad, tal vez; con
competencia, seguramente. D. lvaro de Sande no sale tan bien librado
como en las relaciones impresas, en sta, que deja suspenso y conmovido
el nimo del lector.

    [Nota 15: Titlase _Relacin breve y verdadera de la jornada de los
    Gelves, desde el da que arrib el armada turquesca, hasta que el
    fuerte fu tomado por los turcos. Sacada del italiano en espaol._
    Copia en la Biblioteca de Marina, Coleccin MS. de Navarrete, _T-4_,
    documento nm. 13.]

    [Nota 16: Coleccin Salazar, _G-64_.]

Forma un cdice en 4. de 61 fojas, escritas por tres manos distintas,
por cuadernillos, por la urgencia con que se tendra que sacar la copia.
La hoja primera de guarda dice:

_La jornada de Berbera de 1560 y 1561. Escrita en la Torre del gran
Turco sigun dir por... Corrales, natural de Ocaa. Diseme en Micyna 
31 de mayo de 1561._

Por bajo, de letra diferente, se lee:

Est llena de mentiras.

Corrales se nombra en dos pasajes de la relacin, y, aunque no lo diga,
parece ser autor de una carta annima que inserta, como dirigida  D.
lvaro de Sande, y no tiene mayor categora que la de soldado
particular.

Si no fu su escrito, otro parecido movi  D. lvaro  dirigirse al Rey
en memorial de agravio, narrando por s los sucesos y suplicando se
abriera informacin de ellos. El Duque de Medinaceli tampoco estaba
satisfecho de las versiones que corran, ni sta de D. lvaro acababa de
llenar los deseos de poner  cubierto su honra, en que mordan no pocos:
se propuso, por tanto, hacer por s tambin narracin de los hechos; y
mientras con calma ordenaba los apuntes y dispona otros materiales,
coment por de pronto el mencionado memorial de D. lvaro de Sande,
remitindolo en tal forma al Dr. Pez, cronista del Rey D. Felipe,  fin
de que en sus oficios, donde se guard original[17], surtiera efectos
ms fciles de lograr que con rplicas y discusiones.

    [Nota 17: Y se conserva en la Academia de la Historia, Coleccin
    Velzquez, _T-36_, est. 22, gr. 4, nm. 75.]

Por dicha se ha conservado este importante documento, que tambin ahora
se estampa, ofreciendo, con el sello personal del estilo de los dos
jefes principales del ejrcito en la jornada, datos con que mejor
conocerlos y juzgarlos.

Antes de hacerlo, conviene, sin embargo, recordar que, hallndose los
caballeros de la Orden de San Juan de Jerusaln dispersos y sin
domicilio propio despus de la toma de la isla de Rodas por Solimn,
como el gran Maestre y principales dignatarios se acogieran  la ciudad
de Zaragoza de Sicilia, diles el Emperador Carlos V para habitacin y
defensa la isla de Malta y la ciudad de Trpoli, con las conquistas del
Conde Pedro Navarro y D. Hugo de Moncada.

El ao de 1558, por alianza del gran Turco con el Rey de Francia 
instancias de ste, entr en el Mediterrneo armada de cien galeras al
mando de Piali-Baj, con propsito de ganar el Condado de Niza. Las
costas de Calabria y Npoles sufrieron mucho de esta escuadra, que se
lleg tambin  las islas Baleares, expugnando  Ciudadela en Menorca.
Iba all el tristemente clebre Dragut, atenido  su antigua ocupacin
de corsario desde que la conquista de la ciudad de frica que gobernaba,
por el Virrey de Sicilia, Juan de Vega, le enajen la gracia del gran
Seor, y no poco fueron debidos  su pericia marinera y prctica de las
costas los resultados de la expedicin de Piali. Influyendo por lo mismo
su consejo, antes de la retirada al Bsforo, se dirigi la armada turca
 Trpoli, poniendo sitio  la ciudad por mar y tierra con asistencia
de los secuaces conservados por Dragut entre los berberiscos[18].

    [Nota 18: De estas empresas ha tratado el almirante Jurien de la
    Gravire en su libro titulado _Les Corsaires barbaresques et la
    marine de Soliman le Grand_: Pars, 1887. 8.]

Mal prevenido el gran Maestre de San Juan, Gaspar de Valette, no pudo
resistir el furioso embate y repetidos asaltos de los genzaros;
faltronle municiones, vituallas y gente, obligndole la necesidad 
capitular con seguro de las vidas. Dragut se hizo recompensar el
servicio encareciendo  Solimn la importancia de la conquista como base
de las sucesivas de Malta, Sicilia, Cerdea y Crcega y aun de Italia,
que brindaba al Sultn por empresas dignas de su pujanza y  las que
contribuira de buen grado. Octuvo el gobierno de Trpoli, que volvi en
sus manos  ser depsito del botn, nido de piratas, origen de
expediciones y recelo perpetuo de los habitantes de las costas de
Italia. Independientemente se entr Dragut por las tierras del Rey de
Caravn, en el interior, despojndole de una buena parte; y como la isla
de los Gelves conviniera grandemente  sus empresas, so capa amistosa
mat al jeque, gan  los principales y se hizo seor y tirano.

Al Maestre de San Juan, Valette, antes nombrado, haba sucedido
F. Parisiote, residiendo en Malta con la idea fija de recuperar 
Trpoli. La coyuntura de la paz entre Espaa y Francia, acordada en abril
de 1559, le pareci excelente, pues que consentira utilizar las grandes
fuerzas de mar y tierra de que dispona el Rey Catlico antes de
deshacerlas. Pidi, pues, con instancia  D. Felipe la asistencia contra
los infieles, enviando por embajador  la corte al Comendador Guimarn.

Aseguraban al Monarca que era la empresa cierta ejecutndola con
celeridad y secreto, porque entretenido Dragut en cabalgadas y presas
hacia el interior de Berbera, no contando Trpoli con ms de 500 turcos
de guarnicin, sin repuesto de mantenimientos; asegurado el concurso del
Rey de Caravn y el de la mayora de los berberiscos, vejados y
oprimidos de los turcos, por naturaleza soberbios, injustos y avaros; y
siendo difcil que  tiempo tuviera socorro Solimn de tan larga
distancia, concurriran las circunstancias contra el astuto corsario y
deban de aprovecharse antes que su creciente podero llegara  amagar
otros puntos.

Gobernaba por entonces en Sicilia por Virrey D. Juan de la Cerda, Duque
de Medinaceli, gran Seor en Espaa, que secund en la corte los
propsitos del gran Maestre con sus informes favorables, deseando
ocasin de honra personal en la jornada, como su antecesor en el
virreinato lo alcanz con la conquista de la ciudad de frica.

El Rey acogi con favor el pensamiento, ordenando sin dilaciones as al
Prncipe Andrea Doria, general de la mar, como  los Virreyes y
Gobernadores de Italia, facilitaran al Duque de Medinaceli, nombrado
Capitn general de la empresa, los elementos que reclamara, sin esperar
otro mandato. Sin embargo, como la armada turca se dejara ver en el
Adritico amenazando con ataques como los pasados, ninguna de las
autoridades principales quiso desprenderse de fuerzas de que poda haber
necesidad; lo que hicieron por de pronto fu cuidar la reunin en Mesina
de las escuadras de galeras, formando armada respetable  que concurri
D. Juan de Mendoza, general de las galeras de Espaa, y fu bastante la
prevencin para que Piali regresara  Constantinopla sin intentar nada.

Pas con las demoras la oportunidad de la jornada, que, segn el consejo
del Prncipe Doria, era en los meses de septiembre y octubre, por haber
de ir la armada  costa peligrosa tan escasa de puertos como abundante
en bajos. El Duque de Medinaceli activaba ciertamente los alistamientos
de gente, junta de navos, acopio de municiones y raciones, haciendo
asientos  contratas  la vez en Sicilia, Npoles, Gnova, Cerdea;
encontraba, sin embargo, dificultades tan insuperables en las distancias
y en las comunicaciones, como en las voluntades, que no se aunan
llanamente.

En Milan, por ejemplo, estaba encargado D. lvaro de Sande de alistar
2.000 alemanes y 2.000 italianos de los que iba  despedir el Duque de
Sessa y de conducirlos  Mesina juntamente con los 2.000 espaoles que
por orden del Rey facilitaba aquel estado. Por interrupcin en los
despachos se fueron los ms de los alemanes  su tierra, sin que se
pudieran juntar ms de tres compaas.  esta sazn lleg nueva de la
muerte del Rey de Francia, y el Duque de Sessa retuvo los espaoles,
receloso de trastornos.

Caminaron al fin los soldados  Gnova; mas al llegar se encontraron con
que el embajador Figueroa haba despedido las naves que estaban fletadas
y provedas, en la creencia de no ser ya necesarias. Encontrar otras
cost quince das y alojar  los soldados en tierra. Al embarcar pasando
muestra, no recibiendo todas las pagas debidas, se amotinaron los
espaoles, hiriendo al capitn Antonio de Mercado que procuraba
acordarlos, y tomaron el camino para volverse  Lombarda. D. lvaro de
Sande y el embajador los alcanzaron  diez millas de distancia, que slo
desandaron con promesa de recibir cuatro pagas. Una de las naves en que
haban embarcado 1.500 italianos di al travs antes de salir del
puerto, ahogndose algunos, perdiendo otros armas y ropas. Hubo que
desembarcar la gente y aderezar la nao, causa de nueva dilacin.

En Npoles surgieron entorpecimientos parecidos, mientras el Virrey
Duque de Alcal no estuvo seguro de que podan salir del reino sin
inconveniente los soldados.

No dejaron de presentarse algunos en la armada, en razn  no ir en la
Real el Prncipe Andrea Doria, general de la mar, agobiado de los aos.
De orden suya haba arbolado el estandarte real su sobrino y
lugarteniente Juan Andrea Doria, mozo brioso y maoso, inclinado  las
cosas de mar, en cuyo manejo se haba criado[19], pero muy distante en
autoridad de la del Prncipe. D. Juan de Mendoza, general de las galeras
de Espaa, aleg orden de S. M. para regresar  sus costas, por no estar
subordinado  Juan Andrea; otros generales lo estuvieron  ms no poder.

    [Nota 19: Cabrera de Crdova, tomo I, pg. 282.]

 principios de octubre se pas muestra en Mesina  12.000 hombres bien
armados, puestos bajo el guin del Duque de Medinaceli. Por
lugarteniente iba D. lvaro de Sande; maestre de campo general D. Luis
Osorio; general de la artillera Bernardo de Aldana; administrador del
hospital el obispo de Mallorca. Embarcbanse sin cesar artillera,
municiones, vituallas y mquinas, pero iban muy retrasados los aprestos.

Se haba desatendido por una  otra razn la primera de las condiciones
que requera el xito de la empresa: la celeridad. La segunda, la
reserva, se perdi por la tardanza misma, y por haber cado en manos de
los turcos una de las fragatas despachadas por el gran Maestre de Malta
para espiar la costa berberisca. Dragut, harto embarazado con la
hostilidad insistente de los berberiscos, tan luego supo el nublado que
de la otra parte se preparaba, despach persona de su confianza con
cartas y regalos capaces de dar  entender la urgencia de socorro si
haba de guardarse Trpoli; y tan bien la explic el enviado, que
mientras con parsimonia seguan en Sicilia los embarcos, llegaba desde
Constantinopla un refuerzo de 2.000 turcos  la guarnicin de la ciudad
amenazada, cuyas fortificaciones se aumentaron lo mismo que las
provisiones de boca y guerra.

El Duque de Medinaceli traslad las fuerzas expedicionarias desde Mesina
 Zaragoza de Sicilia, como puerto ms adecuado  las ltimas
diligencias. Emple no obstante en ellas cerca de dos meses, teniendo
las tropas embarcadas en prevencin de las deserciones, rias y motines
con que se manifestaba la mala disposicin de aquel ejrcito, en gran
parte colecticio,  costa del consumo de las raciones acopiadas, cuya
mala calidad afect la salud del soldado, enfermando y muriendo por
centenas en los hospitales.

En todo tiempo ha sido el logro norte de los contratistas; en ningn
acaso se echa de ver tanto como en la poca de continuas guerras
martimas de que se va tratando, en que sin previsin, sin
fiscalizacin, antes con la premura que no admite examen ni advertencia
se demandaban los artculos en enormes proporciones. Bien puede decirse
que ms vidas ha perdido Espaa por asentistas que por enemigos.

Hbiles y entendidos como nadie en estos negocios los genoveses, haban
tomado  cargo el suministro de raciones de la expedicin, calculadas en
3.600.000,  sean las suficientes para 30.000 hombres en cuatro meses, y
antes de salir del puerto se advirti que estaban en putrefaccin,
siendo indispensable reemplazar una parte al menos, que familiarizara 
los estmagos soldadescos con la menos adulterada  mala.

Pasada nueva revista, result por enfermedades y deserciones baja de ms
de 3.000 hombres, componindose el ejrcito de 37 banderas  compaas
de espaoles, 4 de alemanes, 35 de italianos, 2 de franceses y 100
caballos, griegos y sicilianos. La armada, entre naves de combate y
transporte, alcanzaba la cifra de ms de 100 velas, descomponindose de
esta suerte:

Capitn general, Juan Andrea Doria, en la Real.--16 galeras ms de su
escuadra.

General de la escuadra de Npoles, D. Sancho de Leyva.--7 galeras, 2 de
ellas de Stefano di Mare  Mari.

General de la escuadra de Sicilia, D. Berenguer de Requesens.--10
galeras, 2 de ellas del Marqus de Terranova, 2 de Mnaco, 2 de Visconte
Cicala.

General de la escuadra pontificia, Flaminio de Languillara[20].--4
galeras.

    [Nota 20: Herrera le nombra Flaminio Orsino.]

General de la escuadra del Duque de Florencia, Nicolo Gentile.--4
galeras.

General de la escuadra de Malta, el Comendador Carlo de Tixeres.--4
galeras, una galeota, un galen.

Galeras sueltas de particulares.--5 galeras de Antonio Doria, mandadas
por su hijo Scipin Doria, 2 galeras de Bendinello Sauli, 2 galeotas de
D. Luis Osorio, una galeota de Federico Stait.

General de las naos, Andrea Gonzaga.--Un galen de Fernando Cicala, 28
naves gruesas, 12 escorchapines, 7 bergantines, 16 fragatas[21].

    [Nota 21: En la composicin de las escuadras hay variedad en las
    relaciones: en el total de vasos estn conformes las ms.]

Salieron del puerto de Zaragoza todas las naves en los das 17 al 20 de
noviembre de 1559 con desdichada estrella; un cambio brusco del tiempo
las oblig  arribar desde Cabo Passaro con dolencia de las tropas y
graves sntomas de descontento. La compaa de Don Lope de Figueroa,
formada con bandidos de Sicilia[22], que iba en el galen de Cicala, se
sublev; di muerte al sargento, saque la carga, y poniendo fuego al
resto escap  tierra, sin que pudieran aprehender ms de 25  30
individuos los que acudieran  remediar el desorden. Otro tanto quiso
hacer la compaa de Vicente Castaola, asimismo de sicilianos; y aunque
el general, por justicia y escarmiento, mand ahorcar  tres de los
culpables, perdieron otros las orejas y fueron sentenciados  galeras
los dems, la impresin pesimista  que contribua el naufragio de una
de las galeras de Juan Andrea Doria se dej sentir en los nimos,
desconfiados de la estrella y aun de la autoridad del caudillo que los
rega.

    [Nota 22: Foragidos, dice Ulloa.]

Los menos asustadizos, aquellos capitanes y soldados viejos que servan
de ncleo al ejrcito, pensaban que la empresa no era ya de provecho,
habiendo pasado tanto tiempo y entrado el invierno, y dbales razn la
mortandad de la gente que continuaba adoleciendo, y echndola en tierra
los patrones, perecan de hambre y mal pasar en las playas sin que se
hallase fcilmente quien les diese sepultura[23]. Apenas quedaban ya en
la armada 8.000 hombres, y no sanos; mas no por ello quiso el Duque
apartarse de su propsito y suspender el viaje.

    [Nota 23: Herrera, lib. I, cap. IX.--Cabrera de Crdova, tomo I,
    pgina 284.]

Parcial  totalmente se volvi  intentar en los das de diciembre, sin
que las naves lograran montar el Cabo Passaro por la constancia de los
vientos contrarios, ni aun  remolque de las galeras. Todo el mes fu
preciso para que en dispersin llegaran  Marza Mussetto, en Malta,
punto de reunin que se les haba sealado, y que las ltimas alcanzaron
el 10 de enero de 1560.

Desembarc la gente  refrescarse, y se organiz el hospital por pasar
de 3.000 los enfermos; y as, mientras el gran Maestre y Caballeros de
San Juan celebraban con salvas de artillera y arcos triunfales la
llegada de los expedicionarios, nada menos que alegra se dibujaba en el
semblante de stos.

Mand el Duque Coroneles para reclutar en Italia 2.000 hombres ms;
pidi al Virrey de Npoles, Duque de Alcal, auxilio,  que acudi
envindole tres naves con siete compaas de espaoles, que sumaban
1.000 hombres; despach al Proveedor general de la armada, D. Pedro
Velzquez, en comisin de procurar vveres en Cerdea y otros lugares;
en una palabra, procur rehacer aquel armamento tan castigado.

Hasta el 10 de febrero no se concluyeron los aprestos, cuya duracin,
llevados al principio, era en esta fecha de seis meses. Unido  la
armada el contingente preparado por la religin de San Juan, que
consista en las cuatro galeras y una galeota dichas, un galen bien
artillado, con nueve piezas gruesas, sin las menores, 40 caballeros y
700 arcabuceros escogidos, di la vela, con viento prspero de Levante,
hacia Seco del Palo, fondeadero situado entre Trpoli y la isla de los
Gelves, que haba de servir de punto de reunin. En este momento
empezaba en realidad la jornada.

Las galeras hicieron su derrota por las escalas de las islas Gozzo,
Lampadosa y Querquenes, bajando de sta  tomar el canal de Alcntara y
costear la isla de los Gelbes, entre ella y la tierra firme hacia
Oriente, con objeto de entrar en la Roqueta de los Gelves, donde se hace
aguada.

Acercndose las escuadras hacia la torre que construyeron los catalanes
en 1284, donde suele residir el jeque con alguna poblacin, descubrieron
dos naos: la una surta en el canal que llaman de la Cntara; la otra
entre la Cntara y la Roqueta, y una milla ms adentro, cerca de la
puente que comunica  la isla con la tierra firme, dos galeotas. El
Duque orden que aquellas embarcaciones se apresaran  destruyeran, y
las galeras fueron en tropel,  boga arrancada, por llegar primero al
saco, sin tener en cuenta la dificultad de los canalizos. D. Sancho de
Leyva, que tena  bordo un excelente prctico moro, abord la primera
de las naos;  la otra llegaron Scipin Doria y Gil de Andrada con sus
respectivas galeras, hallando que dichas naos, que eran de Alejandra,
cargadas de mercancas, estaban abandonadas. De las dos galeotas
enemigas nadie se ocup por la codicia del saco en que todos queran
poner mano, y fu falta militar de graves consecuencias. Dragut no
posea ms que aquellas dos embarcaciones, con las que luego pudo dar
aviso  Constantinopla y recibir socorro, como ms adelante se supo; y
por mayor mortificacin de descuidados, vino  ser conocida la certeza
de tener  bordo su tesoro por desconfianza de los moros de tierra.

Cuntas veces por causas pequesimas se han malogrado los mejores
clculos! Cuntas ha conducido al desastre la excesiva confianza!

En ese mismo canal de la Cntara, mejor dicho de Alcntara, callejn sin
salida, sorprendi el viejo Andrea Doria  la escuadrilla de Dragut
despus de la toma de frica. Seguro de apresarla en totalidad, ya
porque quisiera hacerlo con menos efusin de sangre, ya porque pensara
estrecharle poco  poco, se content con asegurar la boca del canal,
dejando descansar  sus tripulaciones; y en tanto, el inteligente
corsario con las suyas y el refuerzo de 2.000 trabajadores,
generosamente pagados, abri canal por donde no lo haba. Durante la
noche arrastr por l una  una sus embarcaciones, y al amanecer, con
asombro del Capitn general de la mar, el puerto estaba vaco: slo
quedaba en l una seal infame con que Dragut mofaba  su enemigo, y
una vez ms daba  entender el valor que tiene el tiempo en acciones de
guerra.

Habiendo comprendido el Duque de Medinaceli la conveniencia de destruir
 tomar las dos galeotas que ahora estaban cerca del puente, en el fondo
del cao, mal podan dejar de sentirla los generales de mar, sabedores
de lo que fuera capaz de hacer con ellas Dragut; y no obstante, ni Juan
Andrea Doria, bien que se hallara enfermo por entonces, ni Gasparn
Doria, su Capitn de bandera, ni D. Sancho de Leyva, atendieron las
reiteradas instancias del Capitn general de la empresa, desdeando la
operacin de acometer con tan gran armada  dos embarcaciones, con
menosprecio de la autoridad del jefe, y con carga de la responsabilidad
que sobre ellos vino  caer por entero.

Fueron todas las galeras  dar fondo en la Roqueta, con prevencin de
Juan Andrea Doria de prepararse al aguada al amanecer el da 15 de
febrero, y de desembarcar la tropa que haba de proteger la operacin.
D. lvaro de Sande la dirigi en persona, formando cuatro escuadrones de
picas con mangas de arcabuceros; y aunque trataron de defender el
desembarco unos 400 turcos escopeteros  caballo, apoyados por 300 moros
 pie, y de cargar  los que llenaban los barriles, no lo consiguieron.

Tampoco  los nuestros fu posible tomar hombre vivo  los enemigos por
la ventaja de la caballera con que se reparaban, aunque dieron con tal
propsito algunas cargas  la carrera los arcabuceros, por lo que
importaba tomar lengua. De haber sabido que Dragut se hallaba en aquel
momento en la isla con poca gente, en hostilidad con la de los naturales
y lo de las dos galeras, tomara otro sesgo la jornada.

Duraron las escaramuzas hasta el obscurecer. Concluda la operacin del
agua, que vino  costar algunos heridos, entre ellos Don lvaro de Sande
de arcabuzazo en la ijada y el Capitn Pedro de Aguayo en un brazo.
Aquella noche, despus del reembarco, march Uluch-Al con las dos
galeras  pedir socorro al gran Seor, y Dragut pas por el puente 
tierra firme, temeroso de que se lo cortaran.

No parece que ocurriera  nadie hacerlo: las galeras zarparon al
amanecer del da 16, pasando  Seco del Palo en espera de las naves y
aun de las galeras rezagadas, en nmero de ocho,  saber: las cuatro de
Malta, dos de Mnaco y las patronas de Doria y de Sicilia. Cuando
llegaron estas ocho  la Roqueta, echando gente  tierra para la aguada
sin el orden debido, por competencia sobre quin haba de hacer cabeza,
los turcos, que vieron el desorden y las proas de las galeras  la mar,
descuido inconcebible, por vengar los muertos de la escaramuza anterior,
cargaron con furia, matando 150 espaoles, comprendidos los Capitanes
Alonso de Guzmn, Antonio Mercado, Adrin Garca, Pedro Venegas y Pedro
Bermdez[24].

    [Nota 24: Hay diferencias de apreciacin de bajas en las dos aguadas
    en las narraciones de Cabrera de Crdova y Herrera: el primero dice
    que en la dirigida por D. lvaro de Sande hubo 157 muertos y 30
    heridos, y en la de las galeras de Malta 80 muertos y cautivos,
    comprendidos los cinco Capitanes. Ulloa no consigna este suceso.]

Prximos al Seco de Palo estaban acampadas las tribus Mahamidas,
enemigas de los turcos, y al llegar las galeras se pusieron en
comunicacin, informando al Duque de cuanto va aqu indicado, del paso
de Dragut hacia Trpoli con 800 caballos y de la partida de Uluch-Al
con las galeras. Ofrecan su cooperacin y la del Rey de Caravn, que
por entonces estaba en el interior, pretendiendo fuera la armada
cristiana  los Gelves y pusieran en posesin de ella  Mazaud, jeque
elegido, expeliendo  los turcos, y que hecho esto poda pasarse 
Trpoli, para cuya conquista todos ayudaran. Llevaban la voz en la
proposicin los principales de la isla.

En parlamentos, consejos y discusiones, pasaron quince das sin llegar
 ningn acuerdo. Quin opinaba por la vuelta  Sicilia, visto que
Trpoli se hallaba en defensa; quin propona la ocupacin de los
Gelves, como empleo de la expedicin y base para continuar lo de Trpoli
en el otoo prximo, y quin sostena se cumpliera el objeto del
armamento, que haba sido el ataque de Trpoli.

Durante las conferencias,  los efectos de la mala calidad de los
vveres, se unan los del agua salobre de aquellos lugares y las
emanaciones de los pantanos de Zuara, creciendo el nmero de los
enfermos. Lo estaba Juan Andrea Doria y el Comisario de Florencia Pedro
Machiaveli; haban fallecido Quirco Espnola, cuatro Caballeros de San
Juan y ms de 2.000 hombres; escaseaban las raciones por haberse perdido
en los Querquenes en aquellos mismos das dos naves de provisiones, y en
la propia costa de Trpoli la nao capitana nombrada _La Imperial_, por
andar en malos tiempos en sitio de tantos bajos.

El Duque encomend separadamente  los jefes discurriesen lo que ms
convena, citndolos  Consejo definitivo, que haba de celebrarse en la
galera Real. Al reunirse reconocieron unnimes la necesidad de la
empresa de Trpoli, pues que para ella los haba enviado S. M. Catlica,
juntando la armada; pero juzgronla por de pronto irrealizable,
conviniendo al fin en ir  los Gelves en espera de la gente y naos con
que se haba de reforzar la expedicin. Quedaron por amigos los
Mahamidas, recibiendo regalos, con oferta de guardar el paso de la
puente  los turcos, y aun de formar un cuerpo de 400 caballos, pagados
por los cristianos.

El 2 de marzo se traslad la armada  las cercanas del cabo Valguarnera
con mal tiempo, que estorb el desembarco. Haba de hacerse al Oeste del
castillo unas seis millas, por ser el terreno  propsito y cercano 
once pozos de agua dulce, aunque no muy buena, segn las noticias de los
confidentes, confirmadas en el reconocimiento que hicieron el Cmitre
Real y el Maese de campo Miguel de Barahona.

Se puso toda la gente en tierra el 7 de marzo sin oposicin alguna;
antes vinieron dos moros  hablar al Duque de parte del jeque Mazaud,
haciendo saber que haba sido recibido de toda la gente de la isla por
Seor, y en este concepto se reconoca buen vasallo de S. M. Catlica:
por tanto, poda volver  embarcar la tropa; y si quera comprar algunos
refrescos, que se trasladara  la Roqueta, donde el jeque ira  verse
con l para tratar del ataque de Trpoli.

Conocida la malicia de semejante embajada, aunque se contest
blandamente y con razones que requeran el alojamiento de la gente, se
previnieron las guardias, sabiendo por un cautivo cristiano escapado
cmo toda la gente de la isla estaba unida con pensamiento de dar la
batalla juntamente con los turcos que haba en el castillo.

 8 de marzo, formado el ejrcito en tres cuerpos, llevando la
vanguardia el Comendador de Malta con sus caballeros y las compaas
alemanas y francesas; el centro Andrea Gonzaga con las italianas, y la
retaguardia D. Luis Osorio con las espaolas, emprendi la marcha hacia
los pozos, distantes ocho  nueve millas de camino llano y espacioso. El
Duque despleg el guin de Capitn general, donde tena pintada la torre
de Babel en runas con esta letra: NISI DOMINUS DIFICAVERIT DOMUM IN
VANUM LABORAVERUNT QUI DIFICANT EAM.

Los berberiscos se prometan repetir la accin que tuvieron con
D. Garca de Toledo, dejando que la tropa marchara sin otra molestia que
la sed para atacarla en los pozos, que haban cegado con piedra y arena,
 excepcin de uno. Confiaban en la dolencia que traa postrados  los
ms de los expedicionarios, y ms les anim el accidente de haberse
atascado la artillera en un pantano: mas no les sali la cuenta.

Cuando los escuadrones se acercaban al bosque, mientras lo flanqueaban
las mangas de mosqueteros, sali  limpiar los pozos una seccin de
gastadores, y los berberiscos emboscados tuvieron que avanzar antes de
lo que queran, cargando la caballera con alaridos espantosos tres
veces,  pesar del destrozo que hizo en ellos la arcabucera. La
escaramuza se prolong luego hasta el anochecer, sin que hubiera de
nuestra parte ms de 30 muertos y 50 heridos, muy graves los Capitanes
Gregorio Ruiz, Bartolom Gonzlez y Fras, mientras los enemigos
tuvieron 300 muertos y 500 heridos, sin contar el desengao.

Vieron que les convena ms el sistema de contemporizacin, por el cual
el jeque Mazuad hizo sumisin en forma, obligndose  pagar el tributo
mismo que la isla satisfaca al Sultn Solimn y  Dragut. Entreg en
consecuencia el castillo, y el Rey de Caravn, el jeque de Tnez y los
de las tribus Mahamidas visitaron al Duque ofreciendo servicios y
tomando  cargo la custodia del puente de la isla contra los turcos.

El ejrcito se aloj en campo atrincherado, al que acudan los moros con
provisiones, mientras se adoptaba en Consejo de generales el plan
sucesivo, que no dej de tener vacilaciones, siendo por ltimo el de
fortificar aquel castillo de fbrica romana para dejar guarnicin que
tuviera segura la isla  impidiera el armamento de corsarios,  favor de
otro fuerte ms pequeo en la Cntara, como llave del puerto y de la
puente.

Hizo el trazado de las obras el ingeniero Antonio Conde de concierto con
el general de artillera Bernardo de Aldana y del de marina Sancho de
Leyva, y consista en cuatro grandes caballeros  baluartes, que con
bastiones y cortinas encerraban la fbrica antigua; el ejrcito vino 
alojarse  la inmediacin el 17 de marzo, distribuyndose los trabajos
ordenadamente.  los alemanes se encarg la excavacin del foso; uno de
los baluartes  los caballeros de Malta; otro  los italianos; otro 
los espaoles; el cuarto  la gente de mar, independientemente de las
secciones que acopiaban material de palmas, olivos, greda y fagina,
transportndola con camellos de la isla.

La emulacin de las naciones fu muy provechosa  la rapidez de la
construccin, aunque mucha gente adoleca de fiebres malignas. En el
castillo antiguo se derribaron las almenas morunas, sustituyndolas con
plataformas artilladas; se aderezaron las cisternas abiertas en pea
viva, ordenando  la gente de las galeras echara cada da 50 barriles de
agua y fuera trasladando  los almacenes las vituallas embarcadas. En
todo se adelant de modo que el 23 de abril estaba el fuerte en estado
de defensa, faltando obras ligeras que podan hacer los de la
guarnicin.

Constaba la designada de 2.000 infantes, espaoles, italianos y
alemanes, y la compaa de caballos, teniendo por gobernador al Maestre
de campo Barahona y lugarteniente el capitn Olivera. Bendecido por el
Obispo de Mallorca, se arbol el estandarte real, saludado por la
artillera y arcabucera, y se trat de embarcar la gente que no haca
falta.

En todo este tiempo haban ido llevando las naves desde Sicilia y
Cerdea mantenimientos, dinero y ms soldados, y se haba hecho la
ceremonia de la sumisin y juramento del jeque y principales de la isla,
que lo verificaron sobre el Corn, capitulando el tributo de 6.000
escudos, cuatro avestruces, cuatro gacelas, cuatro nebles y un camello.
Haban ocurrido por otro lado rias y muertes entre moros y soldados, y
llegaban nuevas de armamentos en Constantinopla. Con su vista haba
reclamado el gran Maestre de Malta el regreso de las galeras y gente que
necesitaba para la defensa de la isla: marcharon el 8 de abril. El
Virrey de Npoles reclamaba tambin la infantera con urgencia,
influyendo todo en la terminacin de la campaa.

Dise pregn y orden de embarco el 6 de mayo, hacindolo la infantera
italiana y parte de la espaola, con mucha calma: durante la operacin,
dos horas antes de anochecer el da 10, lleg una fragata despachada por
el gran Maestre haciendo saber que la armada turca haba tocado en la
isla de Gozzo cuatro  cinco das antes, en nmero de 80 velas, que
haba hecho aguada y continuaba su derrota  Trpoli al parecer, aunque
por una presa saba el nmero de naves y galeras que estaban en los
Gelves.

En efecto, ocho das haban sido suficientes  Piali-Baj para armar 74
galeras reforzadas, embarcar en cada una 100 genzaros y salir  la mar
con fuerza de vela.

Esparcida la nueva por el campamento, empaquetaron por encanto los
soldados sus efectos, corriendo  la playa en tropel y metindose en el
agua por asaltar los esquifes. El desorden, la gritera, la obscuridad
que comenzaba, daban  la escena un aspecto que no es fcil describir:
nadie pensaba ms que en su inters, en tanto llegaba el momento de
pensar slo en la persona. D. lvaro de Sande di acicate  los de la
guarnicin del fuerte para entrar ms municiones y vveres por un lado,
y para embarcar enfermos por el otro. El aplomo con que ordenaba y se
haca obedecer en medio del desbarajuste, de la confusin parecida  la
de la runa que en el guin tena pintada el general, daba esfuerzo 
los buenos[25].

    [Nota 25: D. lvaro de Sande dispona las cosas  su gusto. (Cabrera
    de Crdova, lib. I, pg. 295.)]

No estaban ms serenos los nimos en la escuadra. Reunido el Consejo 
bordo de la Real, sin pedirlo, manifest Juan Andrea Doria que slo iba
 tratarse de la manera de salir cuanto antes de los bajos, y de dar la
vela aprovechando el buen viento del Sur que felizmente estaba
entablado. Las opiniones, como de ordinario sucede, no se concertaban;
haba, sin embargo, mayora en la estimacin de contar con unas doce
horas antes de amanecer, en cuyo espacio se poda embarcar la tropa y
salir con buen orden. D. Sancho de Leyva insisti en que enviados
esquifes y barcas  tierra, y trayendo una barcada de gente, salieran 
la mar las galeras: si no se descubra al amanecer la armada turca,
volveran por el resto de los soldados; en caso de avistarla,
procederan  lo que se decidiera. Deban quedar en el puerto dos
galeras destinadas al General Duque de Medinaceli y su casa.

En punto  combate, el mismo Leyva, sostenido de Scipin Doria y pocos
ms votos, juzgaba que, bien combinadas las galeras con las naves,
formaban fuerza no inferior  la de los turcos, ya fondearan en lnea,
interpolados, ya navegaran en grupos, pues slo las naos, que eran 30, y
los tres galeones haban de hacer con la artillera mucho dao. No
prevaleci la opinin, sosteniendo, con Orsini, Juan Andrea Doria la
suya, de que no teniendo el Rey Catlico otra escuadra, era necesario
ante todo conservarla para que junta con las galeras de Espaa tuviera
en respeto al gran turco. Contra todos los medios indicados hall
razones, ya en la poca agua que tenan  bordo las galeras, ya en el
peligro de los bajos para las naos, ya en la imposibilidad real de que
unas y otras navegasen  combatiesen juntas y de concierto. Deca que
los turcos llegaban descansados y fuertes, mientras en la armada
cristiana estaban fatigados y enfermos de los trabajos pasados. Tena
por seguro que ningn hombre prudente se obstinara en poner en aventura
las fuerzas del Rey, y, por consiguiente, protestando de cualquiera otra
opinin decida valer ms _una buena escapada que un combate en que
evidentemente se perdieran_[26]. Determin en consecuencia que las
naves se pusieran en franqua desde luego y se preparasen para hacerlo
las galeras.

    [Nota 26: _Un bel fuggire che un bravo combattere e perdersi 
    fatto._ (Antn Cirni Corso.)]

Lleg en esto el Duque  bordo de la Real, con lo que se prolong el
Consejo: Juan Andrea se felicitaba de la circunstancia que consenta
practicar su plan, pues nada impeda ya que las galeras marcharan desde
el momento; el Duque observ que lo impedan los soldados, pues no los
quera abandonar, y  pesar de la insistencia de Doria y de las
protestas de seguridad de la armada, se volvi  la playa, dejando
acordado un viaje de los esquifes y la permanencia en el puerto de dos
galeras ligeras para que el General embarcara con los ltimos al
amanecer.

Arrepentido de la condescendencia, Doria hizo en la Real seales de
levar pasada la media noche: haba ocurrido una mudanza en el viento que
trastornaba todos los supuestos. De Sur que empujaba el viaje hacia
Malta, haba saltado al NE., justamente por la proa.

En tierra habl el Duque con D. lvaro de Sande, imponindole de lo
ocurrido y de su propsito de embarcar por la madrugada. Al Gobernador
del fuerte dej instruccin de cmo se haba de manejar con el jeque; 
los Oficiales dijo que si pensase que la armada turca viniera contra el
castillo, se quedara con ellos; pero que siendo la armada la que estaba
en peligro, se iba  correrlo en ella. Con esto y haber conferenciado
con el Rey de Caravn y con Mazaud, asegurado de sus buenas
disposiciones, se embarc con D. lvaro en una fragata que les llevara 
la galera.

Empezaba  clarear el da, y  este tiempo,  fuerza de remo contra
viento y mar, se haba desatracado de la costa Andrea Doria cosa de
siete millas. Unas tres  sotavento se descubri la armada turca bien
unida y haciendo camino por la cristiana. Piali, desde la isla de Gozzo
 la Lampadosa y de sta hacia la costa, haba sufrido vientos
contrarios que le obligaron  tomar el fondeadero de Seco de Palo. Tuvo
all noticias de las fuerzas de mar y tierra con que contaba el Duque,
acaso un tanto exageradas, y receloso del encuentro quera esquivarlo,
limitndose  poner en tierra el socorro de soldados para Trpoli; pero
tanto le inst Uluch-Al  verificar un reconocimiento  que
personalmente se ofreca, como tan prctico de los Gelves, que consinti
en que se hiciera con una galeota ligera, en que fu tambin Cara
Mustaf, Virrey de Mitilene. La suerte les depar la presa de una
embarcacin pequea, por cuya gente supieron cuanto podan desear,
siendo ya fcil  Uluch-Al decidir  su jefe al ataque de un enemigo
descuidado y en desorden. En la tarde anterior haba fondeado por fuera
de los Gelves,  17 millas de distancia, pensando emprender el ataque,
como lo hizo, al amanecer.

En la vanguardia cristiana iba Scipin Doria con tres galeras; y como
fu el primero en descubrir las turcas y no tena instrucciones, arrib
hacia la Real, sealando la presencia del enemigo con el disparo de una
pieza. Ninguna disposicin orden Andrea Doria: arrib tambin con la
Real en direccin del fondeadero de que haba salido, con precipitacin
y aturdimiento, que aumentaba la poca claridad del alba. Calaba mucho la
galera, que era hermoso buque; se tomaron mal las enfilaciones del
canal, y qued varada en un cantil. Entonces, plegando el estandarte, se
fu  tierra Doria con el esquife, abandonando el bajel  los forzados,
que no tardaron en ponerlo  flote y unirse  las fuerzas de Piali.

Fcil es calcular la influencia que el ejemplo del General tendra en
las escuadras. Indecisos los jefes un momento, no existiendo acuerdo ni
prevencin para el caso, tir cada cual por su lado, con dispersin y
desorden tan grande, que ni aun  huir acertaban. Cinco de las galeras
de Juan Andrea arribaron como l hacia tierra, y lograron ponerse bajo
la artillera del fuerte; otras encallaron en los bajos en nmero de
ocho  diez. De las que tomaron la mar, cargadas de vela algunas, sin
medir la gran fuerza del viento, partieron los palos  las entenas,
despus de separarse de las que formaban grupo.

Los turcos dividieron su armada en dos secciones, dirigidas
respectivamente hacia los que escapaban por mar  tierra. En stas, que
haban varado en los bajos, hubo escenas vergonzosas: la gente se tiraba
al agua sin pensar en la resistencia, habiendo galera que fu tomada por
un bergantn  un esquife con ocho  diez turcos. De las que tomaron el
largo, las de Scipin Doria, de Antonio Maldonado y tres de Florencia,
escaparon por pies, defendindose; Flaminio de Anguillara, General
de las del Papa, resisti peleando bizarramente con tres enemigas;
D. Sancho de Leyva reuni cuatro de su escuadra, con las que hizo intil,
pero honrosa resistencia. Cuatro veces rechaz el abordaje de las
enemigas, castigndolas[27], y hubo al fin de sucumbir al nmero.

    [Nota 27: Carrelires, _Histoire de l'enterprise_.]

Aparte esta defensa y el voto marinero de combatir  la armada turca
bien al ancla, bien  la vela, combinadas las galeras con las naves,
decisin que hubiera producido muy distinto resultado, las ms de las
relaciones atribuyen  D. Sancho de Leyva mucha parte del fracaso.
Pntanlo de carcter dscolo, opuesto por sistema  lo que otros,
principalmente superiores, proponan. Por l escaparon las dos galeotas
de Uluch-Al; por l se retardaron los trabajos del fuerte, en que no
quiso tomar parte, ya que lo hiciera para entorpecerlos; por l se
retras el embarco de soldados, teniendo ocupados los esquifes en llenar
sus galeras de aceite, lanas, frutas, ganados, con que se prometa
comerciar y lucrarse, y con lo que las abarrot y embaraz,
imposibilitando la defensa en el combate, con mengua de su reputacin,
de su nombre y de lo que deba  su autoridad de General de las galeras
de Npoles.

 las naves bien artilladas no osaron los turcos, contentndose con las
que en aquel desorden les eran abandonadas, acreditando la experiencia
la razn con que algunos jefes haban sostenido en el Consejo que en la
unin de las fuerzas cristianas consista su salvacin. Si al menos
hubieran hecho todos lo que Anguillara; si las galeras se mantuvieran
juntas, no tuviera la derrota tan grandes proporciones: haca falta para
ello que el General estuviera en su puesto, y antes de combatir, celara
las disposiciones del combate, lejos de lo cual apareci que las
galeras de particulares, por no desperdiciar tan bella ocasin, estaban
tambin cargadas, hasta no poder ms, de los frutos cogidos en los
Gelves.

Fueron apresadas[28]: de Juan Andrea Doria, _La Real Signora_,
_Condesa_, _Pellegrina_, _Presa_, _Divitia_: total, 6.

    [Nota 28: Segn Cirni Corso, nico que recogi pormenores.]

Del Papa, _La Capitana_, _San Pedro_, _Toscana_: 3.

Del Duque de Florencia, _La Elbigiana_: 1.

De Npoles, _Capitana_, _Patrona_, _San Jacobo_, _Leyva_, _Mendoza_: 5.

De Sicilia[29], _Capitana_, _Patrona_, _Galifa_, _guila_, _Capitana_,
del Marqus de Terranova; _Patrona_, de id.; _Capitana_ y _Patrona_, de
Mnaco: 8.

    [Nota 29: La escuadra de Sicilia sigui el ejemplo de la Real,
    embarrancando en los Gelves y rindindose sin resistencia.]

De Antonio Doria, _La Fede_, 1; de Bandinelo Sauli, 1; de Starti, 1; de
Mar, la _Patrona_, 1: total, 4.

De modo que, sin sangre, se hicieron dueos por entonces los turcos de
27 galeras y 14 naves, salvndose 17 de las primeras, que llegaron 
Trpana, y 16 de las otras en varios puertos[30].

    [Nota 30: Herrera, lib. II, cap. II, sube  25 las naves apresadas.
    Otros anotan 28 galeras, una galeota y 27 naves apresadas. Castillo
    refiere que se perdieron en el combate 19 galeras,  saber: 4 de
    Juan Andrea Doria, 5 de Npoles, 2 de Sicilia, una de Mnaco, 2 del
    Papa, una del Marqus de Terranova, 2 de Florencia, una de Antonio
    Doria y una de Mario. No incluye en el nmero otras siete galeras
    que, acertando con el canal, se refugiaron por el pronto bajo los
    caones del fuerte; mas al fin se perdieron con ste.]

D. lvaro de Sande acudi con arcabuceros  la playa con el fin de
proteger  los muchos que, desnudos, llegaban nadando, mientras el
Duque, Juan Andrea y el Comendador de Guimarn conferenciaban acerca de
lo que se hubiera de hacer, sin ocurrir  los dos ltimos otra cosa que
salir como se pudiera de la isla.

La iniciativa era de Doria, razonando que para lo pasado no haba
remedio; que los sucesos de la guerra estn sujetos  la fortuna, y que
habiendo de acudir al remedio de mayores males, era bueno que el Duque
marchara inmediatamente  Sicilia para asegurar las plazas, juntando
dineros y gente. En cuanto  su persona, decidido estaba  marchar de
noche en una fragata, reunir las galeras que se hubieran salvado y dar
orden en el armamento de otras tres que en Sicilia y Malta se hallaban.

El Duque, remiso en embarcar en la armada sin los soldados, bien que
entendiera que nada tena que hacer en los Gelves, no quiso tampoco
determinar por s ni aceptar el consejo de Juan Andrea Doria, sin que
otros jefes deliberaran sobre lo que ante todo convendra  la honra; y
como todos juzgaran que deba acudir  su obligacin en Sicilia, venci
la repugnancia.

Quiso llevar consigo  D. lvaro de Sande, que tampoco tena obligacin
que cumplir en los Gelves: con todo, djole ste que, considerando si le
era mejor hacer compaa  Su Excelencia  quedar donde se hallaba,
entenda convenir lo ltimo al servicio de Dios y del Rey y  su propio
respeto, porque habindose salvado mucha gente de las galeras y siendo
de diferentes naciones y calidades la acogida al fuerte, era menester
persona de mayor cargo que el Maestre de campo Barahona para tenerla 
raya y cuidar de la economa del agua y bastimentos. Ofreca, pues, la
suya con la certeza de sucumbir en el fuerte, porque no poda hacerse
ilusiones en cuanto al socorro que hubiera de darle la armada de S. M.,
deshecha y desmoralizada; pero contaba entretener  la del Turco en el
asedio todo el verano, y librar, por consiguiente,  Sicilia y Npoles
del gravsimo peligro de tener sobre sus costas  los mahometanos
victoriosos.

Odas estas razones, autoriz el Duque la generosa resolucin de optar
por las miserias que amagaban  los infelices de los Gelves; y llegada
la noche, los generales de tierra y mar, acompaados de algunos
ntimos, aprovecharon la distraccin de los turcos, ocupados en marinar
y saquear las presas para escapar en varias fragatas. Llegaron en salvo
 Malta en _bel fuggire_, consiguiendo libertad; pero el iniciador Juan
Andrea  costa de la honra, que dejaba en lengua de marineros y
soldados.

Para el Duque fu ms benvolo el juicio de los contemporneos: las
condiciones de caballerosidad de su persona y la deferencia y agrado con
que trat  los capitanes y jefes extranjeros de la expedicin,
suavizaron la consideracin de las condiciones de caudillo que le hacan
falta. Dijeron, s, que era ms apto para lucir en los salones de la
corte el fausto de su arrogancia, que para dirigir en campaa una
hueste. Ms severos los que se encontraban lejos del peligro, los que
para nada tenan en cuenta la situacin del General derrotado, ni del
padre que sacrificaba  su propio hijo, dieron fcil sentencia, si hemos
de admitir la que condens en estas frases el palatino cronista Cabrera
de Crdova[31]:

    [Nota 31: _Felipe II_, tomo I, pg. 296.]

Increble parece que una armada poderosa de gente y vasos en un
instante se arruinase de su temor ms que de la fuerza vencida, con
prdida de tanta gente, municiones, mquinas, bajeles, aumentando  los
enemigos el triunfo y la victoria tan sin sangre alcanzada, con infamia
de los cristianos; porque si las naves y galeras esperaran en batalla, 
detuvieran el furor del enemigo,  les costara la victoria tanto que no
se atrevieran  sitiar el fuerte, y se salvara la guarnicin. Pero qu
no envilece el miedo? y qu no pone en confusin? y qu no mete en
peligro la ambicin, la satisfaccin, la poca prctica, como la del
Duque, de lamentable memoria para Espaa?

Justicia ante todo: la ambicin, la satisfaccin, la ineptitud militar
del Duque, si se quiere, fueron poderosas causas del desastre; pero si
el temor, como parece cierto, lo produjo multiplicando las proporciones,
no influy en el nimo del General del ejrcito; turb la mente y
empequeeci el corazn del General de mar, en cuyas manos puso el
destino aquel da y los siguientes la suerte de la jornada. Juan Andrea
Doria, temeroso tambin en Lepanto, cuyo triunfo estuvo  punto de
comprometer, responde ante la historia del tremendo fracaso de los
Gelves, si bien Monsieur Jurien de la Gravire, siempre juicioso y
benvolo, como quien ha sentido sobre los hombros el peso enorme de la
responsabilidad, lo tiene dicho: Vencer  los turcos en la mar en el
siglo XVI, era tan difcil como derrotar  los ingleses en los das de
Abukir y Trafalgar.

El turco Piali desembarc su gente; orden  Dragut le acudiera con la
de Trpoli y con artillera de batir, y antes de abrir trincheras
ofreci por el fuerte buenos partidos  D. lvaro de Sande, que contest
no pensara haberlo  tan poca costa como la armada[32]. Entonces
comenzaron las operaciones de uno de los sitios ms dignos de memoria
por las circunstancias que ms que de los enemigos afligan  tanta
gente intil acogida en el fuerte,  consecuencia de los sucesos de la
armada, por falta de agua que darles, y por el plan certero de Piali de
cerrar todo acceso y dejar al tiempo el resultado, sin asaltos ni
aproches.

    [Nota 32: Herrera, lib. II, cap. II.]

Es de observar cmo en las expediciones y armadas del siglo XVI, lo
mismo en frica que en Amrica  Oceana, cualquiera que fueran el
objeto, el trmino y las dificultades, iban mujeres espaolas decididas
 compartir los trabajos del soldado, sin aspiracin  la gloria que
pudiera caberle. D. lvaro de Sande se encontr en el fuerte con muchas
de estas mujeres, que hacan subir el nmero de bocas  ms de 5.000,
cuando las raciones estaban calculadas para 2.500 en mes y medio. Para
la provisin de agua discurri uno de los soldados evaporar la del mar,
y recogiendo las vasijas de cobre construyeron 18 alambiques que al
principio daban 30 barriles diarios, disminudos luego por escasez de
lea[33]. Mezclndola con la salobre de los pozos del castillo y
distribuyndola en cortsimas raciones, se fu prolongando la
distribucin con malestar indecible. Mucho tena que ser el del hambre,
cuando hubo en la guarnicin quien la mitigara acudiendo al remedio en
los cadveres de turcos; mas de todo punto se haca irresistible el
tormento de la sed en aquella abrasada tierra, en el rigor de la
cancula, trabajando durante la noche con picos y azadones, peleando
durante el da sin reposo de un momento. Muchos perecieron en tan
atroces suplicios; muchos, no resistindolos, se arrojaban de la
muralla, buscando en el campo enemigo la esclavitud  trueque de un
sorbo de agua; solo al fin, D. lvaro de Sande pretenda que la
humanidad no fuera flaca, presenciando horrores con tal de ver por un
sol ms flotando al aire en el fuerte el estandarte de Castilla.

    [Nota 33: Corrales dice que un siciliano, que se llamaba el capitn
    Sebastin, ofreci destilar agua del mar, por lo que le prometi Don
    lvaro 500 ducados en dinero y 200 de renta. Diego del Castillo
    ampla que el inventor siciliano se nombraba Sebastin Poller, y
    conforma con la utilidad que reportaron los alambiques, produciendo
    25 barriles diarios de agua, mientras hubo combustible.]

Llevada la resistencia hasta fines de junio  sea  los ochenta y un
das de la llegada de los turcos; cuando quedaba, segn se crey, para
dos la insuficiente racin de agua, no teniendo los baluartes ningn
can en uso; despus de caer sobre ellos 12.000 balas y 40.000 flechas;
reducida la gente  800 hombres de armas tomar, les anim el General 
una salida desesperada que haba de verificarse en dos columnas.
Llevando la cabeza de una pas dos trincheras, arroll las guardias
enemigas... mas no  todos inflamaba su nimo: vi con dolor que
capitanes y soldados arrojaban las armas; vise abandonado, teniendo que
correr hacia las galeras amparadas bajo el castillo con nimo de
resistir todava, y para lamentarse de la suerte, que le puso al cabo en
manos de Piali. Con qu dolor refiri al Rey en el Memorial la
extremidad, en que no le acompa la entereza ni la consideracin de
todos sus capitanes!

Hubo, no obstante, quien pens malignamente que la salida no era ms que
un pretexto estudiado por D. lvaro para dejar honrosamente el fuerte y
escapar en una fragata que haba mandado alistar de antemano. Corrales
lo insina en su relato; otros debieron decirlo con ms claridad, pues
Diego del Castillo se crey en la necesidad de desmentirlo
escribiendo[34]:

    [Nota 34: Pg. 274, en el citado tomo de la _Coleccin de libros
    espaoles raros  curiosos_.]

Despus de la ltima salida, cuando Don lvaro, por no poder entrar en
el castillo, se tuvo que meter en las galeras, creyendo que se queria
ir, fu una persona principal  decirle:--Seor, yo vengo  suplicaros
que me llevis con vos.--Le respondi con rostro severo y
airado:--Soy yo, por ventura, hombre que haba de huir y dejar  mis
amigos y compaeros? Yo os prometo de no desampararlos hasta que todos
hayamos un mismo fin, y estoy muy maravillado que personas como vosotros
hayis pensado una cosa tan indigna de m y tan fuera de toda razn y
posibilidad; porque aunque yo quisiera irme, cmo lo podra hacer, pues
agora ya debe de saber el Baj cmo yo estoy aqu, y debe de haber
mandado tomar los pasos, de modo que sera imposible salir de aqu bajel
ninguno? Yo ir al fuerte y castigar los que esta noche han hecho tan
gran falta al servicio de Dios y de su Rey y de sus propias honras
desamparndome vilmente en tal trance, sin estorbarles el enemigo el
seguirme, y probar otra vez nuestra ventura de da, que quiz vindonos
los unos  los otros, la vergenza har hacer  algunos lo que esta
noche pasada no han hecho. Y ya que la fortuna nos niega la victoria, no
nos quitar  lo menos el morir peleando como soldados, que vale harto
ms que vivir siendo esclavos destos crueles  inhumanos brbaros, y
seremos ejemplo  nuestros sucesores  estimar ms las honras que las
vidas.

Rendido el fuerte, rendidas las galeras, los enfermos y heridos pasaron
por la espada turca  fueron vendidos en almoneda  las gentes de
Trpoli; los baluartes que abrigaron  los defensores, arrasados con la
tierra; qued con ello pujante en la mar la armada turca; las costas de
Npoles y Sicilia sufrieron las consecuencias, tanto en la retirada de
Piali como despus en las acometidas de Dragut, habiendo formado
escuadra de 40 velas, sin que Juan Andrea Doria, con 17 galeras y 7
galeotas,  que fueron  juntarse las de la escuadra de Espaa mandadas
por D. Juan de Mendoza, se atreviera  hacerle frente, antes cayeron en
manos del corsario ocho de las de la escuadra de Sicilia, tres de ellas
del Rey y cinco de particulares, en sorpresas y combates parciales.

Piali Baj celebr el triunfo entrando en Constantinopla el 27 de
septiembre de 1560, en cabeza de su armada. Seguan  la Capitana las
galeras de fanal, en fila; iban en pos las presas, con las banderas y
estandartes por el agua, lo de abajo arriba, cerrando la marcha las
galeras sencillas turcas, empavesadas y embanderadas, haciendo disparos
de artillera.

El da 1. de octubre llevaron en procesin  los cautivos al palacio
del Sultn: D. lvaro de Sande, D. Berenguer de Requesens y Don Sancho
de Leyva iban  caballo; detrs marchaban los Capitanes de tres en tres,
y seguan los soldados mirando tristes cmo les precedan, arrastrando
por el suelo, sus estandartes y banderas, cuyas santas imgenes servan
de escarnio  los mahometanos. Acabada la fiesta y ceremonia, separaron
 los cristianos por categoras, llevando  D. lvaro de Sande  un
castillo con juramento del Sultn de que no hara ms la guerra, porque
en la prisin haba de morir sin que hubiera para l rescate por ningn
dinero. Los dems fueron destinados al remo en las galeras; y como al
oirlo se dejara vencer de la pena un Capitn, djole D. Alvaro: Llore
quien se ha perdido mal, que yo como hombre me perd[35].

    [Nota 35: Diego del Castillo emplea la misma frase, pero en distinto
    lugar. Dice que en la retirada de la armada turca toc en un punto
    de Sicilia llamado la Brxula, entre Cabo Passaro y Augusta, por
    hacer aguada, y el Capitn espaol Sayavedra, que all se hallaba,
    fu con salvoconducto  la galera Real del Baj, con propsito de
    hacer algn rescate. Vi all  D. Sancho de Leyva, D. Berenguer de
    Requesens y D. Juan de Cardona, que le recibieron con lgrimas
    en los ojos, y mirando  D. lvaro de Sande, vi que con alegre
    semblante rea. Preguntndole el Capitn Sayavedra cmo, estando en
    aquella prisin, estaba con tan buen nimo, le respondi: Seor
    Capitn, llore quien se ha perdido mal, que yo, si he perdido la
    libertad, he conservado la honra, habiendo hecho en esta jornada lo
    que era obligado  Dios y  mi Rey, y como hombre he de pasar las
    adversidades y trances de fortuna.

    Otra especie consigna Diego del Castillo: que los Bajs que asisten
    en el Divn prometieron  D. lvaro honores y riquezas si se quera
    volver turco, y de no ser as, que sirviese al gran Seor contra el
    Sof, sin dejar la ley que tena; y viendo la poca estima que de
    ellos y sus promesas haca, condenronle  cortar la cabeza, y le
    sacaron luego  caballo muy acompaado de ejecutores; pero el Sultn
    di contraorden, mandando llevarle  la torre del Mar Negro, donde
    estuvo con un criado y un capelln hasta que Dios fu servido darle
    libertad.

    Corrales asegura que en una historia de la jornada que D. lvaro
    escriba en la torre, auxiliado de este capelln, llamado Carnero,
    tena puesto que le ofrecieron el gobierno de Egipto con 50.000
    ducados de salario, si renegaba de la fe cristiana. _Craselo quien
    quisiere_, aada. Lo cierto es que en el memorial dirigido al Rey
    nada escribe D. lvaro de esto.]

Muchos de los prisioneros de los Gelves murieron en el cautiverio  lo
soportaron largos aos: algunos de los significados debieron la libertad
 la favorable ocasin de las treguas ajustadas por el Emperador
Fernando con Solimn el ao 1562, pues gracias  la gestin del Rey
Felipe II se asent entre las clusulas del tratado el canje  entrega
de los principales, sin que alcanzara, sin embargo, el beneficio  Sande
por el juramento que decan el gran Seor tena hecho al Profeta, y
cosa es digna de referir cmo unos pocos consiguieron librarse por s
mismos.

El ao 1564 andaba en Constantinopla una galera llevando materiales para
la fbrica del palacio del harem: movan los remos 200 esclavos
cristianos, entre ellos 16 Capitanes del Rey Catlico, prisioneros de
los Gelves,  saber: ocho espaoles, cinco italianos y tres alemanes; y
buscando oportunidad, armados de piedras, mataron  los turcos de
guardia y se alzaron con el bajel, llegando con felicidad  Sicilia.
Hicieron cabeza Juan Bautista Doria, genovs, y Antonio de Olivera,
castellano, Gobernador que fu del castillo de la isla despus de la
muerte del Maestre de campo Barahona.

Por ltimo, muerto Solimn, inst el Rey D. Felipe  Carlos IX de
Francia para que empleara su influencia en favor de la soltura de Sande.
Hzolo, comisionando especialmente  Francisco Salviati, Caballero de
Malta, por embajador; y aunque en un principio se neg Selim  tratar
del asunto, por ser la primera cosa que peda su aliado al ascender al
trono, la otorg, y D. lvaro fu  Francia en compaa de Salviati, y
se restituy  su casa.

Bien mereciera este soldado estudio especial de sus compatriotas ms
extenso, aunque no fuera tan entusiasta como el que le dedic el
extranjero Brantome, contemporneo y admirador de sus condiciones,  el
del P. Haedo en la mencin que hizo en su _Historia de Argel_, reseando
las campaas de Italia y Francia en que tom sealada parte, reinando el
Emperador; la batalla de Muhlberg, en que fu principal instrumento de
victoria; el socorro de Malta, donde pag  los turcos la deuda que con
ellos tena, y el gobierno de la plaza de Orn, fin de su carrera.

D. Luis Zapata le dedic un captulo de la _Miscelnea_, en que algo
difiere respecto al rescate, diciendo[36]:

    [Nota 36: _Memorial histrico espaol_, publicado por la Real
    Academia de la Historia, tomo XI: Madrid, 1859, fol. 43.]

D. lvaro de Sande, claro por mil hechos y mil jornadas, que siendo
tesorero de Plasencia, como Aquiles dej las faldas largas y empu la
espada y lanza, y salt en ser soldado, siendo cercado en los Gelves de
una poderossima turquesca armada, defendi el hechizo fuerte tres 
cuatro meses, sin se le poder entrar con muchos y muy terribles asaltos,
en los que mat infinitos turcos que quedaron por ah tendidos en el
campo. Mas no siendo socorrido y siendo espantable y rabiosa la sed y la
hambre, que comieron las cosas viles que comen otros cercados hasta
acabarlas, y beban el agua salada de la mar, sacada an en poca
cantidad por alquitaras, de lo que ya toda la gente enfermara; de las
cuales tres cosas, teniendo la muerte cierta, hambre, sed y enfermedad,
rendir la plaza era vileza, defenderla era imposible, tom un
valentsimo medio, que fu salir y morir peleando como un caballero tan
sealado. Habla y anima  su gente; confiesan y comulgan todos; dan
fuego  sus alhajuelas, que no les qued otra cosa sino las armas, y
salen  los enemigos con ellas en la mano; hieren y matan cuantos
pueden, y al fin qued preso D. lvaro con mucha sangre de ambas partes,
y el fuerte de los enemigos, no fuerte, antes flaco hecho, en los
secanos y sirtes de Berbera. No se perdi reputacin ninguna; otra cosa
se perdi, si no la hechura, por no ser de ningn peso ni importancia,
como parece por este soneto hecho por un valiente soldado, del que pongo
los cuatro versos primeros por no hacer ms  nuestro caso:

    Quin eres t que espantas slo en verte?
    Soy muchedumbre de rboles cortados,
    Que sobre flaca arena fabricados
    Contra toda razn me llaman fuerte.

De all D. lvaro de Sande y D. Sancho de Leyva fueron llevados tras
Constantinopla,  la torre del Mar Negro, en donde el que entra jams
sale; mas ellos salieron por gran milagro: D. Sancho, trocado por otro
turco principal que haba cautivo ac, y D. lvaro, averiguando ser
criado del Emperador D. Fernando, casado con dama suya, con el cual
Emperador el gran Turco tena treguas por ciertos aos.

Si se compara el desastre de los Gelves con el de la _Armada
invencible_, ocurrido en 1588, parecer algo menor la prdida de
material en el primero, sin otra consideracin que el valor comparativo
de construccin de galeras y naos, y el mayor nmero de piezas de
artillera que las ltimas llevaban; la diferencia no es, sin embargo,
de mucha importancia, y se nivelara  tomar en cuenta el valor
intrnseco de los esclavos y cautivos perdidos que andaban al remo. En
la moral fu por de pronto ms grave la derrota de los Gelves, por dejar
en absoluto dueos y seores de la mar  los turcos, y entregadas  su
estrago no slo las costas de Italia, sino tambin las de Espaa,
mientras que el fracaso de Inglaterra poco afectaba  estas costas ni 
su navegacin ultramarina, como se vi en las desastrosas expediciones
de los ingleses  la Corua, Lisboa y Azores. La ms sensible prdida de
personas excedi con mucho en la jornada de Trpoli  la de Inglaterra.
Varan bastante las cifras recogidas por los historiadores; mas tiene
fundamentos la de Cirni Corso, que fija en 18.000 los hombres consumidos
en la fatal empresa de Berbera, mientras no pasaron de 10.000 en la
otra.

Coincidencia singular: los Duques de Medinaceli y de Medinasidonia
dieron amparo  Cristbal Coln; y rivalizando en cierto modo con la
Corona, pretendan alistar por su cuenta naves con que se resolviera el
problema del camino del Catay, y se asentara el cimiento de la
preponderancia martima de Espaa. Nietos de aquellos Duques, y Duques
tambin de Medinaceli y de Medinasidonia, D. Juan de la Cerda y
D. Alonso Prez de Guzmn _el Bueno_, presidieron con paralela falta de
aptitud  igual desgracia  las dos ms grandes desdichas que registra
la historia naval, como que con ellas acab aquella preponderancia.

Antn Francesco Cirni Corso form lista de las personas principales que
sucumbieron en la triste jornada de los Gelves. No es completa esta
lista, pues por Ulloa y otros escritores se citan nombres no
comprendidos en ella: acaso hay tambin equivocaciones en la ortografa
italiana de que se vala el autor; pero  falta de otra, bien merece que
por testimonio de estimacin se reproduzca adicionada.


CAUTIVOS EN LA ARMADA Y EL FUERTE.

General, D. Sancho de Leyva, con sus hijos
  Juan de Leyva.
  Diego de Leyva.

General, D. Berenguer de Requesens.
  Juan de Cardona.
  Fadrique de Cardona.
  Gastn de la Cerda, hijo del Duque de Medinaceli[37].

General, D. lvaro de Sande.
  El Obispo de Mallorca.

Maestre de campo, Bernardo de Aldana.

Ingeniero, Antonio Conde.

Mdico del Duque, el Licenciado Bernardo.

Capelln de D. lvaro, Carnero.
  Baltasar Mediavilla.
  Alfonso de Pallar.

Sargento mayor, Maroto.

Coronel, Pedro del Ms.

Capitanes, Sciana Smeraldo.
  Francisco Enrique.
  Orejn.
  Simn, florentino.
  Montes de Oca.
  Tomaso, italiano.
  igo Hurtado.
  Francisco de Casale.
  Nicolo de Casale.
  Lope de Figueroa.
  Juan Bautista Doria, genovs.
  Antonio de Olivera.
  Monsalve.

    [Nota 37: Muri en Constantinopla.]


MUERTOS DE ENFERMEDAD.

Coroneles, Quirico Spnola.
  Diego de valos.

Capitanes, lvaro de Sande, sobrino del General.
  Alonso de Hita.
  Jernimo Imperatore.
  Aquilante de Castillo.
  Andrea Grifo.
  Antn Cicala.
  Francisco de Crdenas.
  Giacopo Gallupoli.


MUERTOS EN COMBATE.

General, Flaminio dell' Anguillara.
  Per lvarez Golfn.
  Juan de Ovando.
  Cristbal Pacheco.

Alfrez, Gil de Oli.
  Sebastin Hurtado.
  igo de Soto.
  Nuncibay.
  Juan Prez de Vargas.
  Francisco Ortiz.
  Salazar.


QUEDARON EN EL FUERTE Y NO CONSTA LA SUERTE QUE TUVIERON, SI BIEN LOS
MS MURIERON.

Coronel, Stefano Leopart.

Sargento mayor, Martn de Lequeque.

Capitanes, Bernardino lvarez de Mendoza.
  Federico Mazzalotte.
  Juan Osorio de Ulloa.
  Rodrigo Zapata, que entreg el fuerte.
  Juan de Funes, que capitul.
  Juan del guila, idem.
  Jernimo de la Cerda.
  Juan de Gama.
  Sebastin Poller, inventor de los alambiques.

Maestres de campo, Alonso Padilla.
  Miguel de Barahona.
  Jernimo de Piantanigo.

Capitanes, Bartolom Gonzlez.
  Adrin Garca.
  Pedro Vanegas.
  Alonso de Guzmn.
  Pedro Bermdez.
  Antonio de Mercado.
  Gregorio Ruiz.
  Juan de Vargas.
  Carlos de Haro.
  El Conde Galzano Anguisciolo, florentino.
  Diego de la Cerda.
  Luis de Aguilar.
  lvaro de Luna.
  Jernimo de Sande.
  Juan Ortiz de Leyva.
  Fras.
  Martn Galarza.
  Alonso Escobar.
  Alonso Golfn.
  Bravo.
  Gaspar de Tapia.
  Juan Paulo.
  Pedro de Aguayo.
  Juan Daza.
  Francisco Rota.
  Francisco Collazos.
  lvaro de Luna.
  Clemente, siciliano.
  Gabriel Girardo.
  Georgio, siciliano.
  Stefano Palavicino.
  Charles de Vera.
  Mos de Indn.
  Mos de Lampujada.
  lvaro de Lara.
  Julio Malvesn.
  Gaspar Peralta.
  Juan Antonio Spnola.
  Jernimo de Montesoro.
  Constantino Sacano.
  Giuseppe Tremarchi.
  Juan Andrea Fantone.
  Pedro de Vida.
  Pedro de Juan.
  Lucas Calabres.
  Pedro de Almaguer.
  Juan de Zayas.
  Perucho Morn.
  Juan de Zayas.
  Juan de Castilla.
  Luis de Aguilar.
  Diego de Santa Cruz.
  Pedro de Vargas.
  Bernardino de Velasco.
  Sebastin.
  Bernardo de Quirs.
  Piantanigo.
  Borja.
  Guilln Barbarn.
  Garay.
  Fuentes.
  Juan Prez de Vargas.
  Diego de Vera.
  Antonio Dvila.
Alfrez, Sedeo.
  Herrera.
  Beltrn.
  Serrano.
  Pedro Ginovs.
  Hidalgo.
  Francisco Ortiz Zapata.
  Diego de Castilla.
  Martn de Ulloa.
  Andrea Espinguel.
  Rodrigo de Crdenas.
  Valds.
Comisario, Pacheco.
Contador, Juan de Alarcn.




APNDICE I


RELACIN

_de la jornada que hicieron  Trpol de Berbera las armadas catlicas,
aos 1560 y 61._[38]

    [Nota 38: Academia de la Historia, Coleccin Salazar, _G-64_.]

Fray Parisote, Maestre de los Caballeros de San Juan, codicioso de
adelantar y ennoblecer su religin, como buen administrador della,
teniendo siempre ante los ojos la perdicin de Trpol, con deseo de
recobrarle, aunque no se haba perdido en su tiempo que l gobernaba,
sino en el del Maestre pasado, ans por enmendar el dao que los turcos
haban fecho en cosas de la Religin, como por el mal y desasosiego que
daban  Malta los cosarios que en Trpol se recelaban, viendo la paz y
hermandad que de nuevo haba entre los Reyes de Espaa y Francia,
parecile oportunidad para anteponer la impresa, comunicndolo primero
con el Duque de Medinaceli, que al presente estaba en el gobierno de
Sicilia, porque  l como Visorrey de aquel reino tocaba ser General de
la impresa cuando se hobiese de hacer.

Al Duque paresci muy bien lo que el Maestre procuraba, porque allende
del beneficio grande que vena al reino quitando un tan mal padrastro,
de cabo l por su parte deseara hacer alguna cosa en Berbera, digna de
memoria, como lo haba hecho el Visorrey pasado Joan de Vega en la
tomada de Africa, y ans acordaron de escrebir los dos al Rey sobrello,
encargando la solicitud del negocio al Comendador Guimarn, que se
hallaba en la corte.

No pareci mal al Rey lo que el Maestre y Visorrey demandaban, por
amparar y favorecer una religin de tanta antigedad y nobleza, con el
amor y aficin que lo haba hecho la buena memoria del Emperador, su
padre, y los Reyes de Espaa, por el beneficio y quietud que resultara
 sus vasallos.

Trat el negocio con los que se hallaban all en corte, que lo
entendan, y no contento con esto di parte dello al Prncipe Doria,
para no hacer cosa sin consejo y parecer de un hombre de tanta
reputacin y que con tanta aficin y lealtad haba servido siempre, y de
ms experiencia en semejantes cosas ms que otro alguno.

En este medio, el Maestre y el Duque tornaron  escrebir sobre el mismo
negocio  S. M. Estaba de partida para Espaa, y viendo la respuesta del
Prncipe, escribi al Duque de Medinaceli que hiciese la jornada con el
consejo y parecer del Prncipe Doria y del Maestre y Duque de Florencia,
que haba de enviar sus galeras. Para ello mand al Duque de Alcal,
Visorrey de Npoles, que diese la infantera espaola de aquel reino, y
que D. Alvaro de Sande, coronel della, la llevase, con la que el Duque
de Sesa, gobernador del estado de Miln, dara. Escribi ans mismo 
Joan Andrea, General de la mar, que fuese  servir en la jornada con sus
galeras, sin apartarse de lo que el Duque de Medinaceli hobiese menester
del armada.  D. Sancho de Leyva, General de las galeras de Npoles,
escribi mandndole que llegados en Berbera saliese en tierra con el
Duque, y en el progreso de las cosas de guerra le aconsejase, como
prudente, todo lo que hobiese de cumplir, y al Duque escribi que no
hiciese cosa sin dar parte  D. Sancho.

El Visorrey, vista la orden de S. M., avis al Maestre para que toviese
en orden las galeras y gente que haba de servir en la jornada, y por su
parte entendi en buscar dinero para las provisiones que eran menester,
y para pagar los soldados espaoles de la isla, que se les deban
catorce pagas, y para hacer de nuevo gente envi  Caldes, caballero de
la Orden de Santiago,  Npoles,  demandar la gente y artillera que le
haban de dar.

Al Duque de Alcal no le pareci, en tiempo tan sospechoso, quitar los
presidios de las tierras de marina, estando como estaba el armada del
gran Turco  la Belona y teniendo la nueva que tenan de la muerte del
Rey de Francia, que por este mismo respeto el Duque de Sesa haba
suspendido el licenciar la gente, por no estar bien acabada de confirmar
la paz.

Todos los ministros de S. M. estaban  la mira si con el nuevo Rey
hobiese nuevo acuerdo en lo de la paz, y ans acordaron en Consejo que
Don Alvaro de Sande viniese  Mesina, como vino; y hallando quel
Visorrey daba priesa  las provisiones, con deseo de llevar adelante la
empresa, y viendo esta determinacin, por no perder tiempo, parti
D. Alvaro con las galeras  Gnova, para ir de all  Miln por la
gente.

Severino fu por pagador, con los dineros, y di la paga en Gnova, de
manera que anduvo despus en pleito con los maestros racionales, que no
se le daban por bueno, aunque daba por excusa que D. Alvaro se lo haba
mandado hacer ans.

Mientras D. Alvaro fu  Miln, el Duque despidi capitanes para que
hiciesen gente en Sicilia y Calabria y reparti por todas las tierras de
la isla, que cada una diese tantos gastadores. Destos hicieron compaas
con sus capitanes y banderas.

Entre tanto que la gente de guerra se recoga  Mesina, se entenda en
embarcar la artillera y municiones y vituallas. Todo esto era tan bueno
y en tanta abundancia, que sobraba para doblado ejrcito del que haba
de ir. Deslucilo todo la poca maa que el Comisario D. Pedro Velzquez
tuvo, ans en el embarcar, como en el repartir; y si flojamente se pas
en esto, muy peor lo hizo en tomar muestra  los soldados espaoles de
la isla y  los calabreses y sicilianos. Di lugar, por ser mal pltico,
 que los capitanes se aprovechasen  su placer. Tomaba la muestra en la
iglesia mayor, abiertas todas las puertas, y muchas veces de noche, y
ans, cuando pensamos llevar 15  16.000 hombres, hubo pocos ms de
10.000. El mismo engao de las pagas hubo despus en las raciones.

D. Alvaro volvi de Miln de mediado el mes de septiembre y trajo 18
banderas de espaoles, tan pobres de gente, que no pasaban de 800  900
soldados, y tres de tudescos, en que haba otros 800, sin otra que se
hizo despus, y 16 banderas de italianos, en que haba hasta 3.000,
muchos dellos franceses y gascones. Desde  pocos das despus de
llegado se ech bando, que dur una hora el publicarle, y entre muchas
cosas que deca mandaba que ningn soldado fuese  correr en Berbera ni
tomase ropa ni esclavo  otro, so pena de la vida. Fuera harto mejor
mandar que no talasen los morales y olivos de que muchos pobres
ciudadanos mesineses se mantenan, sin que cada da los tenamos en arma
con las muertes y revueltas que  cada paso se hacan, por venir muchos
foragidos del reino de Npoles y Sicilia, con salvoconducto para servir
lo que durase la jornada.

El Duque y D. Alvaro entendan en hacer escuadrones y escaramuzas en el
Brazo de Sarranela, que dieron harto que reir  muchos y perder la
esperanza de que saliesen bien con lo comenzado.

En estas escaramuzas y nieras acaeci que un soldado espaol que se
deca Herrera di un bofetn  un caballero ginovs, hijo de Antonio
Doria. Pesle  toda nuestra nacin en el alma, por tener tanta aficin
 su padre, estando este caballero  pie mirando cmo escaramuzaban los
de  caballo. El soldado, por huir de los caballos que venan torneando
el escuadrn, vino  topar con l y ponrsele delante, y sobre hacerle
apartar, le dijo palabras quel soldado se descomedi  darle el bofetn.
Metieron todos manos  las espadas, y llegaron all luego el Visorrey y
otros muchos. El soldado se desapareci por la mucha gente que haba, y
se fu  salvar en una casa donde estaba bien secreto si no le
vendieran. Dironse tan buena maa el Csar Doria y sus hermanos, con
espas y sobornos, que vinieron  saber dnde estaba, y con mucha gente
armada entraron de noche y lo mataron y llevronlo arrastrando  la
marina, mostrndolo de galera en galera con un esquife. De ah lo
llevaron  la plaza del castillo, donde pasaba el Visorrey, hacindole
guardia hasta el da, para que le vieran los que salan y entraban. Esto
indin muy mucho la gente de guerra, por lo que sucedieron muertes y se
vinieron  poner carteles, sin que se hiciese castigo ni demostracin
dello.

Entrando el mes de otubre con gran lluvia y tempestad de vientos, 
todos los que se les entenda algo de cosas de mar, les pareca desvaro
partir en tal tiempo una armada tan grande como aqulla, mayormente
dndose la poca priesa que se daban  embarcar lo que era menester, que,
segn la torpeza y flojedad que en esto usaban, no acabaran por todo
aquel mes.

Juan Andrea Doria perdi una galera y un esquife de otra, all en el
Faro, y deca pblicamente que si las galeras que traa fueran del Rey,
como eran suyas, que no fuera  la jornada, aunque el Rey se lo haba
mandado; pero que iba porque no pudiese nadie decir que dejaba ms la
ida por temor de perder su hacienda, que por lo que cumpla al servicio
de S. M.

D. Berenguer de Requesens, General de las galeras de Sicilia, fu
siempre de parecer que no se fuese  Trpol, y ans lo deca
pblicamente y lo escribi al Rey, por lo que vino el Duque  desabrirse
con l y  no tratar con alguno de los que contradecan la ida. Con
D. Alvaro solamente consultaba y comunicaba todo lo que se haba de
hacer.

De aqu comenz la discordia entre los que mandaban, y con este buen
principio,  los 25 de otubre de 1560, hizo vela del puerto de Mesina la
nave _Emperial_, que iba por capitana de todas las dems, que seran
hasta 40. Iba en ella por Comisario general Andrea de Gonzaga, Coronel y
Maestre de campo general de toda la gente italiana, y las naves
anduvieron ocho das en bonanzas, dando bordos, sin poder pasar de
Zaragoza, donde se entraron el 1. de septiembre por el mal tiempo. Este
mismo da llegaron all las galeras con el Visorrey, y dende  pocos
das se acabaron de recoger las galeras de Cigala y otras naves que
faltaban, con gente y municiones.

Por todo el mes de noviembre no se pudo partir de Zaragoza por los malos
tiempos. Hzose muy gran dao en la campaa, cortndole los olivos y
vias y rboles fructferos della para quemar, robndoles las maseras,
sin dejarles buey ni oveja en ellas, ni cosa de comer.

Primero de diciembre parti de aqu la armada para Malta, y ya otra vez
haban salido y vultose al puerto de 20 millas de all. Esta segunda
vez llegaron las naves y galeras  Cabo Pxaro, 60 millas de Zaragoza, y
de all se engolfaron en el canal de Malta. Las galeras pasaron adelante
y llegaron otro da  Malta, donde fueron recibidos del Maestre y
Caballeros con mucha fiesta. Las naves volvieron aquella noche  Cabo
Pxaro con viento contrario, y las dos galeras de Mnaco con ellas, que
no pudieron proejar para tomar la isla con las dems por estar largas 
la mar. Dieron fondo todas  Cabo Pxaro; y temindose de unas burrascas
que comenzaron de media noche abajo, dispar la Capitana  levar, y
algunas dellas, por darse ms priesa, se dejaron las ncoras y se fueron
todas  Zaragoza. Despus perdieron algunas las barcar por enviar por
las ncoras. Deste mesmo puerto salieron otras tres veces, y tantas se
tornaron sin poder pasar  Cabo Pxaro.

En esto comenz la gente  enfermar y morir  ms furia quel mes pasado,
y los de la ciudad, desdeados del estrago que se les haba hecho y
haca en la campaa, no queran acoger los enfermos, y ans murieron muy
muchos por dejados, como los dejaban  la marina al agua y sereno.
Primero que se determinase  darles recaudo, fueron tantos los muertos,
que hubo banderas desarboladas y nave en que no quedaron 20 hombres.

Viendo esto Andrea de Gonzaga, envi una fragata  dar aviso al Visorrey
de lo que pasaba y de la poca gente que haba, porque, sin los muertos,
se huan cada da muchos soldados y marineros, tanto que haba muchas
naves que no podan navegar por falta dellos. Pasaron veinticinco das
que no tuvimos aviso de las galeras ni se supo dnde estaban. Andrea
Gonzaga estaba con determinacin de no partir de all sin tener
respuesta del Duque.

 los 20 del mes se comenz  publicar una nueva, sin cierto autor, que
las galeras haban pasado  los Gelves sin haber reposado en Malta, mas
de tomar gente y municiones. Esta nueva debieron de inventar los
zaragozanos  los de aquellos contornos, por hacer ir de all las naves.
Como esto se comenz  divulgar entre los soldados, todos deseaban ser
ya all, y ans daban priesa en la partida, y hubo Capitanes que se
quisieron ir sin aguardar la Real, por lo que acord Andrea Gonzaga
partir la noche de Navidad, y otro da, en amaneciendo, al salir del
puerto, lleg D. Pedro Velzquez, Comisario de la armada, en una galeota
y di nueva que estaban en Malta.

Ms adelante se descubrieron 22 galeras que traa el Comendador Guimarn
para hacer ir  las naves y pasar  Mesina por dineros. Llegadas estas
galeras  Zaragoza, hicieron lo que solan en las posesiones della.
Cargaron de lea para Mesina, y lo mesmo hicieron  la vuelta para
Malta. Las naves siguieron su camino con poco viento, y ans tardaron
ocho das y ms en recogerse todos  Malta, donde haban llegado otras
naves con siete compaas de infantera espaola del reino de Npoles,
sin otras cuatro que haban venido primero  Mesina. Estas 11 banderas
trajeron harto ms gente que las de Lombarda. Como iban llegando las
naves, les sala  dar orden una fragata que se fuesen  Puerto Xaloque,
ocho millas de all. Despus las mandaron venir, y trayendo algunas 
jorro las galeras, se meti un temporal tan fuerte, que las galeras las
desmampararon y se tornaron  Malta. Las naves corrieron la vuelta de
Sicilia hasta llegar  Cabo Pxaro, donde surgieron para volverse con el
primer buen tiempo. En una de ellas, en que iba un Gregorio, toc una
compaa de calabreses. Antes que llegase al Cabo, tomando la vuelta
para entrar en l, se amotinaron los soldados y dejaron ir la nave en
popa, la vuelta de Calabria, hasta llegar al Cabo de Espartivento, y
teniendo ligado el Capitn y sus Oficiales, maltratndoles, se hicieron
echar en tierra y se fueron  sus tierras.

En el galen de Cigala iba una compaa de sicilianos del Capitn Lope
de Figueroa y otra de gastadores. En vindole surto, hicieron lo mesmo
que los calabreses, y an ms, porque mataron al Sargento y llevaron al
Alfrez ligado en tierra, y trataban de tirarle con las escopetas. El
Capitn de la compaa haba quedado en Malta. Primero que salieron del
galen enclavaron el artillera porque no les tirasen con ella, y no
pudiendo caber todos en las dos barcas, quedaron de los amotinados hasta
24  30. Los marineros y muchos soldados que no haban sido en el motn,
se juntaron y prendieron stos, y dieron aviso  una nave questaba all
junto, donde estaba el Capitn Artacho, que traa  cargo las siete
compaas del reino de Npoles. Envi por ellos y trjolos  Malta,
donde ahorcaron tres de los ms culpantes y siete desorejaron y echaron
 galera.

Llegados ya todos  Malta torn la gente  morir, mucho ms que en
Zaragoza: la causa de esto era el mal pasar de tanto tiempo por la mar,
y para los grandes fros que haca estar la gente desnuda y sin pagas,
trayendo, como traan, mucha ropa de Gnova y Miln. Dejaron morir muy
mucha gente de fro por no darles  tiempo de vestir. Estaban los
monasterios  iglesias llenos de enfermos, que era la mayor compasin
verlos morir por aquellos suelos, sin darles recaudo, hasta que el
Obispo de Mallorca demand un casal en que estuviesen, y otras casas en
el Burgo, donde los recogi y gobern lo mejor que pudo.

La solicitud deste Obispo fu parte  que no muriesen muy muchos ms de
los que murieron. D. Sancho de Leyva hizo adereszar otras casas en que
recoga los enfermos que caban, y los haca curar y gobernar muy bien
de sus dineros, visitndolos l cada da, mandando  los que los tenan
encargo que no les dejasen faltar nada. Fu obra para en Malta de gran
caridad y de harto ms provecho para los pobres que nadie podr creer,
sino los que vieron la necesidad que all pasaron enfermos y sanos.

Con toda esta mortalidad no faltaban cada da en casa del Maestre
mscaras, danzas y fiestas de damas, y torneos y sortijas, con tanto
placer y regocijo como se pudieran hacer al tornar de la jornada con
victoria.

Aqu se tom muestra  la gente italiana en la campaa, contndolos en
el escuadrn por hileras, y diciendo el Duque de Vivona que haba pocos
ms de 3.000, en los que all haba, que an faltaban naves por
desembarcar su gente, el Duque de Medinaceli le dijo que no dijese que
eran tan pocos, de manera que lo entendiese nadie, como si los que
salan  verlo no miraran lo mesmo que el Duque, y algunos Capitanes,
creyndose que se haca la muestra para darles dineros, recogan criados
de caballeros que trajeron all. Conocindolos algunos que iban con el
Duque, se los mostraron y no hizo caso dello; y vista la poca gente que
haba en las naves, hubo grandes contrastes sobre si se ira adelante 
no. Todos eran de parecer que se tornasen; D. lvaro slo tuvo fuerte en
que se fuese, tratando de pusilnimos  los que contradecan. El Duque
deseaba en extremo salir con lo que haba comenzado, viendo que un
hombre de tanto valor y experiencia como D. lvaro, en cosas de guerra,
mayormente en Berbera, donde haba hecho tantas y tan buenas cosas,
facilitaba tanto la empresa, tena esperanza de salir con ella, y ans
acord de enviar capitanes  Sicilia y Npoles  hacer gente de nuevo,
dndoles orden que nos viniesen  hallar en Trpol.

En este medio tornaron las galeras que haban ido  Mesina. El Visorrey,
fastidiado de haberse detenido tanto en Malta, di priesa  la partida,
y  los 9 de hebrero se sali de casa del Maestre sin despedirse dl ni
hablarle, se fu  embarcar. El Maestre quisiera tornarle aquella noche
 casa y no pudo.

Otro da se parti con toda la gente y armada; las galeras sacaron fuera
las naves que haban de ir. Licenciaron algunas ans por la falta de
gente como de vituallas, y pudiera licenciarse ms, que hubo nave que
fu con 200 quintales de bizcocho, sin gente ni otro cargo. La licencia
que dieron  los pobres patrones fu para acabarlos de echar  perder,
porque allende de no pagarles lo servido, les tomaron las gumenas y
ncoras y marineros, para darlos  los que iban  servir, y sobre todo
esto, compuso muchos dellos el alguacil real de Joan Andrea, como hizo 
otros en Mesina.

Dise orden  todas las naves que siguiesen la capitana, sin decirles
dnde haban de acudir si acaso se perdiesen unas de otras, como suele
acontecer. La general llevaba orden de ir  Cabo de Palos; caminaron
todo aquel da y la noche con viento prspero; despus se les volvi el
tiempo de manera que vinieron  descaecer  los Secos de los Querquenes,
donde surgieron, aunque no todas, que algunas haban perdido la Real por
un mal temporal que dur poco.

Las galeras partieron de Malta ya tarde, el mismo da que las naves, y
llegadas al paraje de una isla que se dice la Lampadosa, donde se haba
de hacer agua y lea, por la falta que hay della en Berbera, pasronse
sin tomalla, caminando derechas  la isla de los Gelves, donde llegaron
sobre tarde.

Antes de llegar descubrieron dos naves: fueron D. Sancho de Leyva y
Scipin de Oria, y tom cada uno la suya; la gente dellas se huy en
tierra. Tambin descubrieron dos galeotas en la Cntara. Segn se ha
entendido de los esclavos dellas, estaban ya los turcos para huirse en
tierra si vieran que iban nuestras galeras  ellas. Debironlo dejar por
ser ya tarde. Ellas se huyeron aquella noche y hicieron harto dao.
Tomaron algunos bajeles pequeos que se haban perdido de las naves, y
fu el Truchal, que las traa,  Constantinopla  solicitar la venida
de la armada. Nuestras galeras se recogieron todas  la Roqueta, y otro
da por la maana echaron gente en tierra para hacer agua; y como los de
la isla haban descubierto las galeras el da antes, acudi mucha gente
de pie y caballo: pusironse en unos palmares all cerca. El Visorrey
tena en tierra hasta 3.000 hombres, y hecho el escuadrn, mand salir
arcabuceros que fuesen  escaramuzar con los enemigos. Trabse de manera
la escaramuza que dur cinco  seis horas, y tan reida, que vinieron
hartas veces  las espadas. No osaban los nuestros alargarse mucho del
escuadrn por la caballera de los enemigos. Muchos soldados pelearon
este da muy bien. Hubo muertos y heridos de todas partes, aunque pocos.
No se tom ninguno para lengua, que fu harto mal para nosotros no saber
lo que haba en la isla antes de partir della.

Despus quel Duque entendi que las galeras haban hecho su aguada, por
ser ya tarde mand retirar la gente del escaramuza, y al recoger, que
se recogan al escuadrn, comenzaron  cargar los enemigos, con la grita
y alarido que suelen, y acercronse tanto, que hirieron algunos en el
mesmo escuadrn.

 D. lvaro dieron este da un arcabuzazo, andando  caballo. No le hizo
mal. Anduvo muy bueno este da en dar orden, y todo lo dems que se
deba  su cargo y reputacin. Toda la gente se embarc, sin que los
enemigos hiciesen ms mal, aunque al embarcar, por darse algunos ms
priesa que era menester, hubo alguna desorden.

Aquella misma noche se fueron las galeras y vinieron el da siguiente 
hallar las naves surtas en los Secos. Proveyeron de agua  muchas naves
que les faltaba, que con la priesa del partir de Malta no haban tomado
el agua que haban menester. De all partieron todos juntos  Cabo de
Palos, donde llegaron otro da.

Al salir de Malta quedaron nueve galeras que no partieron con la
Capitana: las ocho dellas partieron aquella misma noche: la patrona de
Cigala se qued en el puerto: las ocho siguieron el mismo marinaje que
las primeras: llegaron  los Gelves con dos horas de da  la misma
Roqueta donde las otras haban estado, y teniendo necesidad de tomar
agua, juntronse los Capitanes de infantera espaola; fueron  hablar
al Duque de Vivona, que vena en la Capitana de Florencia, para ver si
la hacan; el Duque les dijo que iba all como hombre particular, que no
tena cargo para dar orden; que ellos, como hombres de guerra, viesen
lo que era menester, que l les favorescera con su persona y criados, y
ans determinaron los Capitanes de salir en tierra con sus Oficiales y
hasta 300 hombres, hecho un escuadrn. Dellos apartaron hasta 30
arcabuceros, y pusironlos en un alto, cerca del escuadrn, para que
tirasen de all unos moros de  caballo para que no se acercasen 
estorbar el hacer del agua, y ans estuvieron todo el tiempo que dur el
hacerla. Hecha el agua, se comenzaron  embarcar algunos soldados, y con
ellos el Capitn Joan de Funes, y el Capitn Joan del Aguila haba harto
que haba embarcado diciendo que no se senta bueno. Los otros cinco
Capitanes no se quisieron embarcar hasta los postreros. En esto se
levaron unas galeras para mejorarse  otro puerto  donde descubriesen
los moros para tirarles. Como los enemigos les vieron vueltas las popas
y retirarse los arcabuceros que les tiraban para irse  embarcar,
cerraron con ellos y rompironlos. Entrando dentro en la mar,
secutndolos, mataron y prendieron hasta 150 hombres; los presos fueron
muy pocos; murieron todos cinco Capitanes peleando muy valerosamente
delante sus soldados. El Capitn Adrin Garca, Pedro Vanegas, Pedro
Belmudes, Antonio Mercado y D. Alonso de Guzmn. stos se perdieron de
buenos, que bien se pudieran embarcar si quisieran. Tuvieron por mejor
morir que no desamparar sus soldados. Los dems se recogieron  las
galeras, quin  nado, quin en los esquifes. Partironse luego de all
con este buen suceso, y vinieron  Cabo de Palos. A todos di pena esta
desgracia.

En Cabo de Palos se supo de unos jeques de alarbes que vinieron 
ofrecerse de servir contra los turcos, como Dragut quedaba en los Gelves
con 400 caballos y hasta 1.500 hombres de pie entre turcos y moros, y
qul era el que haba escaramuzado con los nuestros al agua, y el que
haba hecho el dao en la gente de las ocho galeras, y quel da antes
que llegasen nuestras galeras haba peleado con la gente de la isla, al
paso, y roto y muerto muchos moros gervinos, y robado y quemado los
casales y haciendas de los que no eran de su parcialidad. Por no darnos
maa el da de la escaramuza de tomar lengua ni meter un moro de los que
llevbamos en tierra para que supiese lo que haba y lo que se saba de
Trpol, como era razn que se supiese, dejamos de prender all  Dragut,
que los mismos de la isla ayudaron  ello, y tomndole el paso, no
podra en ningn modo escapar, y ans hacamos la jornada de Trpol y la
de los Gelves con prenderle. Por eso dicen que no hay mejor adivino quel
que bien piensa lo que hace, y ans los que tienen cargo, mayormente en
cosas de guerra, por muy discretos y avisados que sean, no han de hacer
cosa sin consejo y parescer de muchos, lo que no se hizo en esta
jornada, y ans slo ella se puede llamar guerra sin consejo.

En Cabo de Palos estuvimos todo el mes de hebrero sin poder pasar
adelante por los malos tiempos. Aqu se perdi la nave _Imperial_,
remolcndola las galeras de una parte  otra.

Salvse la gente della y repartironla por las otras naves. Ahogronse
dos sacando el artillera de batir que traa. Perdise harta plvora,
balas y cuerda y muy muchas vituallas. Aqu comenzaron algunos de nuevo
 quejarse del Visorrey, diciendo que no haca caso de nadie ni llamaba
 Consejo los Oficiales de S. M., que eran diputados para ello, y muchos
seores y caballeros que venan  servir, por lo que comenzaban 
suceder mal algunas cosas, y ans acordaron pedir lista de la gente que
haba  los Capitanes de los soldados que cada uno tena, porque se dijo
que haba muchos enfermos.

Vista la poca gente que haba, se determinaron en la ida de los Gelves,
de Cabo Palos; escribieron al Baj del Carun, y enviaron un moro 
Trpol por espa para saber la gente que tena Dragut dentro y ver si se
fortificaba. Dironle tres escudos, y no volvi con la respuesta.
Tambin asoldaron unos jeques de alarbes para que viniesen  servir en
los Gelves. Vinieron  tiempo que no fueron menester.

Primero de marzo, al hacer del alba, hicimos vela para los Gelves con
muy buen tiempo, donde llegamos aquella misma noche, y reforz tanto el
viento, que fu muy gran ventura no perderse muchas naves al tornar de
los Secos. Los cinco das siguientes hizo una tormenta tan deshecha,
refrescando el viento de hora en hora, que  hallarnos en playa, se
perda todo el armada sin remedio alguno.

 los siete das desembarc toda la gente en la isla,  la parte de
poniente,  una torre que dicen de Valguarnera, quest ocho millas
pequeas del castillo, lugar nada cmodo para desembarcar, porque las
naves estaban cinco millas largas de tierra, y las galeras ms de tres,
y sin nada desto, por ser parte donde no haba agua. Luego se puso
diligencia en hacer pozos y no se hall agua, por lo que padesci la
gente harta sed. Tardse todo el da en desembarcar los soldados y
artillera. Esta parte donde desembarcamos es la ms estril de toda la
isla, y ans no paresca hombre por toda la campaa.

Aquella tarde vino un moro viejo  caballo con otro de  pie con l, de
parte del jeque y los gervinos, diciendo que no queran pelear contra la
gente del Rey Felipe, antes se holgaban y se tenan por muy dichosos en
estar debajo de su amparo y proteccin, y ofrescan de ayudar de muy
buena gana  echar  Dragut de Trpol y de toda Berbera. El Virrey le
recibi alegremente, agradeciendo al jeque y  los de la isla la
voluntad que mostraban al servicio de S. M., y ans l les ofresca
hacerles todo buen tratamiento, que en el castillo trataran lo que
cumpla  todos.

El viejo era hombre de bien: se parti muy contento; pero el que vena
con l no era todo bueno; pero bien lo pag, que lo mataron otro da en
la escaramuza. Este tuvo cuenta con la poca gente que vena, y con ver
que mucha della estaba flaca y maltratada. Di de todo relacin  los
moros, persuadindoles que nos diesen la batalla y peleasen antes que
hacer acuerdo alguno con cristianos.

Otro da bien de maana comenz  caminar el campo, marina  marina, en
muy buena orden, la vuelta de los pozos, donde habamos de alojar.
Estaba un poco ms de cinco millas de all. Andrea Gonzaga iba de
vanguardia con un escuadrn de italianos: la Religin, tudescos y
franceses iban con otro escuadrn de batalla; la infantera espaola iba
de retaguardia, cada tercio por s. En su orden cada escuadrn llevaba
delante piezas de campo y mosquetes, y ans caminamos hasta los pozos
sin descubrir moro que nos diese empacho. Desde los pozos se descubran
muy muchos moros entre unos palmares, bien adelante al paso por donde se
iba al castillo.

Llegada la vanguardia  los pozos, se entendi en limpiarlos, y sin
aguardar en su orden hasta que llegase la batalla, sali el Coronel
Spnola con algunos arcabuceros italianos hacia los palmares. Como los
moros vieron caminar esta gente adelante, alterronse, parescindoles
que no se afirmaba el campo aquella noche en los pozos, sino que pasaban
al castillo, questaba poco ms de dos millas de all, donde tenan los
ms facultosos las mujeres y hijos y haciendas; y como entre ellos haba
muchos de la parte de Dragut, amigos de alteraciones y revueltas, que no
venan bien en que se hiciese paz, con esta ocasin comenzaron  decir 
los dems: Ya veis que los cristianos pasan al castillo con desinio de
tomar nuestras mujeres y hijos por esclavos: lo mismo queran hacer de
nosotros; mejor es que muramos peleando por nuestra libertad, que no
dejarnos engaar con palabras y ser esclavos, cuanto ms, que siendo
como somos doblada gente que ellos, sanos y rebustos, haciendo lo que
debemos, no hay duda sino que ser nuestra la vitoria, siendo los
cristianos tan pocos y muchos dellos enfermos y malparados. Por eso,
determinaos  pelear y acometmosles luego, porque ya que no les podamos
romper, vienen tan cansados y tan embarazados con las armas que traen,
que nos saldremos dellos y nos volveremos, sin que nos puedan alcanzar
ni enojar. A lo menos no nos quejaremos de nosotros mismos por haber
dejado de probar nuestra fortuna.

El jeque, que era nuevo y no tena los de la isla tan  su devocin que
pudiese estorbarles que dejasen de concurrir con los que procuraban
alteraciones y desasosiegos, y as persuadidos de los dems, comenzaron
todos juntos  dar voces y alaridos, tomando puos de tierra y
echndolos en alto para adelante, ques seal entre ellos de querer
pelear, y juntamente con esto dispararon escopetas  los nuestros, y
ans se comenz la escaramuza.

En esto arribaba la infantera espaola  los pozos. Tard tanto, por
desempantanar una pieza de artillera que traan los de vanguardia. En
sintiendo la arcabucera en los palmares, mandaron marchar la artillera
y gente delante, y fu bien menester, porque de otra manera degollaban
todos los que haban salido con el Coronel Spnola, por ser pocos y
haberse alargado ms de lo que era razn.

El escuadrn los recogi y afirmse poco ms de cien pasos de las
primeras palmas. Los moros cobraron grande nimo en ver que los nuestros
les haban vuelto las caras, y vinieron con gran mpetu, hechos un
horror  acometer el escuadrn. Su cuerno derecho cerr animosa y
determinadamente con la arcabucera questaba por guarnicin del lado
izquierdo de nuestro escuadrn  la parte de la marina; pero no con
menos valor resistieron los nuestros el mpetu y furor de los enemigos,
sin tornar paso atrs, disparando una vez los arcabuces, no teniendo
lugar para tornar  cargarlos, por estar ya revueltos con los moros.
Vinieron con ellos  las espadas; los hicieron retirar huyendo, quedando
dellos 43 muertos en el mismo lugar que embistieron, sin otros muchos
que mataron en el alcance. El otro cuerno izquierdo suyo, que vena 
dar por la parte derecha del escuadrn nuestro, y la media lnea, que
vena  dar con el frente dl, viendo el mal suceso de los primeros, se
retiraron sin osar llegar  las manos.

En este medio jugaba nuestra artillera por todas partes, que pona gran
temor en los enemigos. Tornse de nuevo  otra escaramuza; sustentronla
gran rato el Capitn Gregorio Ruiz y Bartolom Gonzlez, reparndose con
los fosos de unas vias, de donde hicieron harto dao en los moros,
hasta que lleg de nuevo con ms gente el Capitn Joan Osorio de Ulloa,
y pas tan adelante, que falt poco perderse l y los que le seguan.
Viendo los enemigos tan pocos, y que de mal plticos haban disparado
los arcabuces todos juntos, dieron sobre ellos y hicironlos tornar con
ms priesa de la que haban trado. Fueron causa stos, con su mal
orden, que los dos Capitanes que hasta all se haban mantenido bien,
desamparasen los puestos y se retirasen, y hirieron en el alcance 
Gregorio Ruiz de una lanzada, de que muri dende  pocos das. Perdise
gente en esta retirada, y perdiranse todos si el escuadrn no marchara
 socorrerlos.

Las retiradas vergonzosas que hicieron este da los arcabuceros
italianos y los nuestros, fueron por ir ms adelante de lo que deban,
sin llevar picas que los amparasen. El Duque, para la poca pltica que
tena en semejantes cosas, anduvo este da muy bueno, alegrando y
animando la gente, acudiendo  todas partes, dando la orden que
convena; lo que no hicieron otros que eran ms obligados  ello, con
quien tuvieron muy gran cuenta los soldados.

Los pocos caballos que tenamos, que seran hasta 20, que los dems no
eran desembarcados, sirvieron bien.  D. Luis Osorio, Maestre de campo
de la gente de Sicilia, mataron el caballo y matranlo  l si no lo
socorrieran, y pele como muy buen caballero este da, y todo lo que
dur la jornada hizo lo que deba. Los moros tenan 5  6 caballos, en
que andaban los que los gobernaban; pero seran 13  14.000 hombres de 
pie; los nuestros podran llegar hasta 7.000.

Murieron este da, de nuestra parte, 30 hombres; pocos ms saldran
heridos, y casi todos de lanza y espada, porque tenan muy pocas
escopetas. De los moros, entre muertos y heridos, pasaron de 500, segn
dijeron ellos mismos.

Despus de acabada de recoger la arcabucera de la escaramuza, por ser
ya tarde y estar la gente fatigada del trabajo y sed, que hubo hombres
que cayeron en el escuadrn muertos de sed, mand el Duque retirar la
gente al alojamiento, que estaba hecho  los pozos, donde se hall poca
agua y mala.

Estando este da en la furia de la escaramuza vino  faltar la plvora y
cuerda; y yendo  pedirla  Aldana, General de la artillera, respondi
que enviaba por ella  las naves. Vino bien que era ya tarde, que poda
ya durar muy poco la escaramuza, y si mal recaudo di el Comisario en
las municiones del artillera, harto peor fu en las vituallas, que
salimos tan bien provedos, que  tornar cuatro  seis das de mal
tiempo, como los pasados, pereciramos de hambre.

Toda aquella noche se oyeron muy grandes llantos de las moras que
andaban retirando los muertos. Tardamos all cuatro das mientras las
galeras hicieron agua y desembarcaron vituallas de las naves. No se
consinti salir estos das  escaramuzar con los moros, aunque ellos
venan  demandar escaramuza. Harto mejor hubiera sido haberlo excusado
el primer da, hasta ver si los moros estaban en la determinacin que
haban dicho.

Xama y otro moro, que servan en la compaa de Suero de Vega, salieron
una noche por la isla  tomar lengua y trujeron un moro.

Desde  dos noches torn  salir Lope Osorio, teniente de la misma
compaa, y di en unos casales, cerca de su campo, y trajo siete moros
y moras y mat algunos que se defendieron. Hecha la paz di el Duque
libertad  todos y los pag  los soldados. No por ello nos dieron ellos
los esclavos cristianos que tenan en la isla.

Desde  tres das vino un moro  caballo, viejo, y lleg  un tiro de
arcabuz de nuestras trincheras, donde se ape y hinc un palo en tierra.
Dej all una carta y alargse. Fueron por ella y trajronla al Duque.
Dijeron que era para tratar de nuevo la paz, y tarde vino un moro viejo
con una carta de crdito de D. Alonso de la Cueva en que le abonaba por
hombre de verdad. Este fu con demandas y respuestas, y no concluyndose
nada, determin el Duque pasar adelante.

A los 12 del mes mand echar bando para la partida, mandando, so pena de
la vida, que ningn soldado se empachase en tomar prisionero ni ropa
mientras se pelease. Toda la gente iba muy alegre y contenta en oir el
bando, teniendo por cierto que se peleara. La infantera espaola iba
de vanguardia; los franceses, alemanes y Religin, en batalla; los
italianos, de retaguardia, todos en sus escuadrones en muy buen orden.
D. Luis Osorio iba delante de los escuadrones con una manga de
arcabuceros espaoles, y ya que la vanguardia llegaba cerca de los
enemigos questaban al paso, sali el mismo moro que sola venir 
nuestro campo. El Duque mand hacer alto  la gente por ver lo que
quera el moro. Demand un cristiano por rehn y trujo un moro criado
del jeque en cambio suyo. Estos estuvieron detenidos hasta que
concluyeron los patos, y fueron quel jeque dara el castillo y la isla
quedara por el Rey, y que envindole un salvoconducto vendra  verse
con el Visorrey y  tratar lo dems que le pedan; y que por cuanto l y
algunos de sus moros tenan en el castillo sus mujeres  hijos, y
sacndolos, estando all los soldados, podra haber alguna desorden, le
suplicase que por aquella noche solamente se volviese  los pozos, quel
prometa su palabra dar desembarazado el castillo por todo el da
siguiente.

El Duque holg complacer al jeque en aquello, y mand volver la gente al
alojamiento, publicando que era hecha la paz, de lo que pes muy de
veras  los soldados, yendo, como iban, ganosos de pelear, teniendo por
tan cierta la victoria. Un soldado de la compaa de Orejn, dicindole
que era hecha la paz, vino en tanta desesperacin, que se di dos
pualadas por los pechos, de que muri dende  pocas horas. Sobre el mal
contento que los soldados llevaban, llovi toda aquella noche y lo ms
del da siguiente. Hizo esta agua muy gran dao en la gente, porque no
haba tiendas en tierra en que se reparasen, sino de algunos caballeros
y Oficiales. Desto vinieron despus  adolecer y morir muchos. El jeque
entreg el castillo, como lo prometi, y fueron otro da  poner el
estandarte real en l, y dende  dos das fu el Duque y otros muchos
seores y caballeros por mar  l, y disinaron el fuerte. Andaban tan
siguros entre los moros, que se pudieran hallar burlados, porque
tuvieron oportunidad para prenderlos sin que nadie se lo estorbara.

 los 18 parti todo el campo para el castillo. Este mismo da se
comenz la fortificacin dl. Alojse todo el ejrcito  rededor dl.
Los italianos  la parte de Poniente; la Religin, alemanes y franceses
al Medioda; los espaoles  la parte de Levante. Desta manera tenamos
torneado el castillo por la parte de tierra: todo lo dems era mar. Los
moros traan provisiones de pan y carne en abundancia, porque lo vendan
como queran, que en esto nunca hubo orden ni en tierra de amigos ni
enemigos. Compramos la lea y el agua, cosa no vista jams en el campo,
y tan cara, que se venda al principio una carga de agua por cuatro
asperos, que son tarn de la moneda de Sicilia, que vale doce tarines un
escudo. Despus calaron  dos asperos, y  este precio se bebi siempre.
Pozos hartos haba, pero amargos y salados. Dos que haba buenos, del
uno se serva el Visorrey y del otro tomaba quien poda. Con toda esta
caresta, no se di paga entera  los soldados desde que partimos de
Mesina hasta que se perdi el fuerte, sino dos escudos en tres veces que
les dieron socorro, y as murieron muy muchos por no tener dineros con
que gobernarse.

Desde que se entr en la isla hasta mediado de abril, enferm y muri
muy mucha gente de fiebres contagiosas. Hubo da que murieron 50 y 60
hombres, hasta que comenz la gente  hacerse al aire de la tierra, ques
muy sano. El Visorrey envi  decir al jeque que viese cundo queran
venir  tratar lo que haba dicho, qul enviara el seguro. l se
resolvi en no querer venir, diciendo que  su padre haban muerto
turcos por fiarse dellos; que no quera que le sucediese  l lo mismo
con cristianos, y ans acordaron que se viesen un da en la campaa. El
jeque vino acompaado de ms de 4.000 moros, y firmse una milla del
castillo. D. Alvaro sali  l con muchos caballeros, por ver si le
podra hacer entrar en el campo, pero no aprovech nada con l.

Viendo que no quera pasar adelante, volvi D. Alvaro y llev al Duque,
y llegando, se saludaron el uno al otro con mucho amor, y apartados de
la gente hablaron un rato por una lengua que tenan consigo, y dende 
poco se despidieron y se volvi el Virrey al campo y el jeque  su casa,
questaba dentro en la isla, 10  12 millas de all, y dende  pocos das
vino el Papa del Carun. El Visorrey lo recibi y hosped
honrossimamente.

En este medio todos trabajaban  porfa en levantar el fuerte, aunque
muchos eran de parescer que no se hiciese all, por la falta que haba
de agua y por no poder dar socorro  los navos que le vernan 
vituallar. Cuanto ms lo contradecan, tanto ms priesa se daban en la
obra. Unos traan fajina, otros palmas, otros entendan en la fbrica,
otros abrir el foso. Esto hacan los tudescos porque se lo pagaban muy
bien. Todo lo dems hacan los soldados por no haber ya gastadores:
todos eran muertos de mal pasar, y harta parte dellos en Sicilia: en
las mismas crceles en que estaban depositados moranse por no darles de
comer.

La obra del fuerte creca cada da cosa no creedera, por andar como
andaban trabajando en l los soldados  porfa. El gran Comendador de
Francia, General de las galeras,  cuyo cargo venan los 1.000 hombres
que la Religin daba entre caballeros y soldados, viendo que se atenda
solamente  la fortificacin de la fuerza, sin tratarse ms de ir 
Trpol, que era para el efeto que daba la Religin aquella gente, sin
cinco galeras y una galeota y dos galeones y seis piezas de artillera
de batir, sin otras piezas de campaa, con el recaudo de municiones que
convena para todas, demand licencia y se fu con ellas, y mucha gente
y caballeros enfermos.

Por la misma causa se pudieran licenciar todas las naves que all
estaban detenidas, con los soldados que no eran menester y gente intil,
reservando los que haban de quedar en el fuerte y los que pudieran ir
en las galeras, y mandar asimismo  Sicilia para que despidiesen la
gente que se haba mandado hacer desde Malta, y no hacerla venir, como
vino, sin ser menester. No solamente no se hizo esto, ni aun nos
acordamos de dar aviso nunca de lo que hacamos ni dnde estbamos,
porque desde los 10 de hebrero que partimos de Malta hasta de mediado de
abril, no supieron all ni en Sicilia de nosotros. Con este descuido
tenamos  todos con pena, temiendo no fusemos perdidos por los malos
tiempos que haban corrido los meses pasados.

En esto lleg un Caballero de la Religin en una fragata que inviaba el
Maestre  buscarnos. ste di aviso que estaban en Malta naves detenidas
con gente y municiones, por no saber dnde nos venan  buscar, y as se
acord de inviar  Cigala con 10  12 galeras  hacer venir estas naves.
Vinieron  la fin de abril con muchas municiones y cuatro compaas de
sicilianos. No desembarcaron todos, por estar, como estbamos, de
partida. Con Cigala volvieron tres galeras de la Religin, que por la
mucha gente que les haba enfermado y muerto, haban desarmado las dos.

En este tiempo vino al Visorrey un moro gervino y le dijo que vena de
Trpol y que haca saber que teniendo Dragut nueva cierta que la armada
del turco era en viaje para venirle  socorrer y que la nuestra estaba
para partir, haba mandado llamar  l y  otros moros de la isla y
dcholes que viniesen  los Gelves, encargndoles muy mucho que
procurasen con los moros de la isla y alarbes, hacer alguna revuelta con
los cristianos para entretenerlos que no partiesen tan presto, hasta que
llegase su armada, certificando este moro al Visorrey que el armada
sera all dentro de ocho  diez das; y cuando no hallase ser verdad lo
que deca, se pondra en prisin con dos hijos que tena, para que les
cortasen las cabezas. El Duque le agradeci mucho el aviso y le mand
dar diez escudos.

Dende  dos das sucedi la revuelta de quel moro haba avisado, en el
zoco, donde ellos se ajuntaban  vender el da de mercado. Fueron
alarbes los que comenzaron, pero no ganaron nada. En ella murieron
dellos ms de 50, sin otros muchos que se tornaron en prisin. Acertse
otro da  ahorcar un ladrn que estaba das haba condenado. Los moros
se dieron  entender que era por la revuelta, y as tornaron  la
contratacin como de primero. El jeque ahorc otro moro de los que
haban sido origen del alboroto. El Duque mand soltar todos los
prisioneros y volverles lo que les haban tomado, y envi con su
secretario Monreal al jeque, siete esclavos negros que se haban hudo
de sus amos para venir  ser cristianos. Paresci mal  todos, porque
cuando quisieran complacer al jeque y  sus dueos, pudieran pagrselos.
No tuvo tanto cuidado el jeque de inviarnos los que se iban  l de
nuestro campo  tornar moros, que fueron tres  cuatro mozuelos mal
informados. No solamente no los inviaba, pero tenaselos en su casa
pblicamente, que los viesen todos los cristianos que iban  negociar
con l. Dende  dos das tornaron  tocar arma  las compaas questaban
de guardia fuera del campo, sin haber otra cosa ms.

En esto llegaron dos fragatas de Npoles, en que vena Hernando Zapata
de parte del Visorrey,  dar aviso cmo era fuera el armada turquesca, y
 dar priesa  D. Sancho de Leyva y D. lvaro de Sande y al Maestre de
campo Aldana, que se fuesen con la gente que all haba de aquel reino.
Juan Andrea haba das que daba priesa  la partida, por estar ya el
fuerte en defensa, que no le faltaba ms que el parapeto, y el
caballero que l haba tomado  cargo le haba ya hecho. Lo dems, la
gente que quedaba de guarnicin lo poda hacer, pues no le faltaba otra
cosa, estando ya las dos cisternas llenas de agua.

 los 25 de abril se haba determinado que partisemos, y pudiramoslo
hacer, quedando el fuerte de la manera quest dicho. Con toda esta
solicitud de Joan Andrea y la furia que haba de nuevas de armada
estbamos tan de reposo como si tuviramos certinidad que estuviese en
el atarazonal de Constantinopla, sin considerar la falta que haca al
reino de Npoles la gente que all tenamos suya y haber dejado 
Sicilia empeada y sin un hombre de guerra, habiendo trado parte de los
pocos soldados que tenan los castillos y dejando  muchos dellos sin
plvora ni municiones, y estando all los ms de los Capitanes darmas de
las tierras de marina y los Sargentos mayores de las milicias del reino
de Sicilia.

Despus de haber hecho muchas visitas el secretario Monreal al jeque,
trajo los captulos del concierto, y contenan que los moros de la isla
diesen  S. M. cada un ao, en reconocimiento de vasallaje, 6.000 doblas
y ciertos halcones, y con ellos otros animales pequeos del tamao de
cabras salvajes, que tienen la piel pintada,  manera de gamos. Esto se
pregon por bando pblico, mandando que tratsemos y tuvisemos los
zervinos por leales vasallos de S. M. Tanto dur su lealtad cuanto
comenz el armada turquesca  parecer.

Al principio de mayo comenz  embarcarse la gente.  los diez en la
tarde,  hora de vsperas, lleg una fragata de Malta que inviaba el
Maestre, y di aviso cmo el armada del turco haba hecho agua en el
Gozo, isla ocho millas de Malta, y haba partido de all tres das
haba, cuatro horas antes que esta fragata partiese.  esta isla del
Gozo vino el armada desde Modn sin dar nueva de s ni tocar en otra
banda. Llevaba la proa  Trpol, y el tiempo los hizo descaer  Malta.
All, en el Gozo, tom la armada un malts que haba poco que faltaba de
los Gelves, y fu tan ruin y tan mal cristiano, que porque le prometi
el Baj libertad, di nueva de nuestra armada y le dijo de la manera que
estaba, y le di orden para que se pudiese aprovechar mejor de nuestras
galeras. Despus le dijo otro moro de los Alfaques lo mismo,
certificando lo que el malts haba dicho, dicindole que haba
discordia entre el General de la mar y el de la tierra sobre el partir.
Estos le dieron nimo de venir  buscar nuestra armada, y viniendo hacia
los Gelves costeando la Berbera, Luchal y Caromostaf venan tres 
cuatro millas del armada y descubrieron unas naves nuestras  la vela,
que salan de los Gelves ya tarde  puesta de sol. Hicieron humo desde
las galeras para que el armada amainase, que iba  la vela, y as viendo
la seal amainaron. Este Caromostaf y Luchal vinieron aquella noche en
una barca  reconocer nuestras galeras, y dieron nueva al Baj cmo las
dejaban surtas.

Cuando la fragata de Malta lleg, la ms de la gente estaba embarcada; y
como se entendi nueva cierta quel armada turquesca tenamos tan cerca,
los que hasta all se burlaban de las nuevas pasadas, diciendo que eran
cosas fingidas con invidia, para poner miedo, porque dejase de dar fin 
una cosa tan principal como la que se haca, conosciendo su error y mal
gobierno, andaban como fuera de s, caminando de una parte  otra sin
hablarse unos con otros, ni publicar la nueva, ni dar expediente  lo
que en semejantes casos suelen hacer los prudentes.

Juan Andrea Doria llam  su galera los Generales y Capitanes de galeras
y les dijo la nueva que la fragata haba dado, para que viesen lo que se
deba hacer. En estas juntas y consejos de mar, habiendo propuesto Juan
Andrea el caso, el primer voto era el del General del Papa; tras stos
hablaban D. Sancho y D. Berenguel, y el del Duque de Florencia, Cigala y
Scipin Doria y los dems.

Flaminio del Angilara dijo que se entendiese en la partida, porque ya
quel enemigo hobiese pasado  Trpol, como se tena por cierto, no poda
faltar de venir presto  buscar nuestras galeras.

D. Sancho de Leyva dijo que partiesen luego las naves, pues las haca
buen tiempo para salir  la mar, y entre tanto que cargaban las naves
tuviesen los esquifes de las galeras en tierra para que se embarcase el
Visorrey y toda la ms gente que pudiese venir, y se fuesen con las
naves sin apartarse dellas, porque yendo juntos no era parte  enojar
las 64  66 galeras que los enemigos traan; y pues el fuerte quedaba
tan bien artillado, no era mucho que en un tiempo como aqul le quedase
ms gente de los 2.000 soldados que se haba acordado dejar en l, que
despus vendra  tomarlos.

Cigala dijo que era poca vergenza y poca reputacin embarcarse el
Visorrey sin la gente que haba de ir, y que parescera que iba huyendo.
Que si el armada hubiera tomado el camino de los Gelves aquel da
hobiera amanecido all, habiendo partido del Gozo antes de la fragata
que trajo el aviso, y que se fuesen las naves y esperasen con las
galeras  tomar la gente que quedaba por embarcar y hacer su aguada.

Scipin Doria fu del parescer de Cigala y algunos otros que all
estaban.

Estando en el Consejo, vinieron el General de la Religin y Sicilia, y
fueron del parecer de Don Sancho. En estos dos pareceres se resolvieron
todos, aprobando unos el parescer de D. Sancho y otros el de Cigala. 
Joan Andrea paresci bien lo que D. Sancho haba dicho, y llam al
patrn de la fragata de Malta y demandle con qu tiempo haba venido y
por dnde. Despus de habrselo dicho, se aseguraron todos ms diciendo
que pues el armada no haba parescido aquel da, sera ida  Trpol.

El Comendador Guimarn se hall presente  esto. Fu requerido que
dijese su parescer, y no quiso, diciendo algunos que no tenan agua para
sus galeras y que por esto que no se deban de partir tan presto, por lo
que se torn  altercar sobre los paresceres.

Dijo Scipin Doria que se saliesen 10  12 millas  la mar, y si al da
no descubriesen larmada, volveran por la gente y haran su aguada. A
todos paresci bien el consejo deste mozo. Acordaron de hacerlo as.
Guimarn, aunque no haba hablado hasta all, viendo esta determinacin,
deca que era muy mal hecho hacer embarcar al Virrey tan
arrebatadamente.

Este Guimarn era favorito de Juan Andrea y medio ayo suyo, aunque era
harto ms discreto el Juan Andrea que l. Este fu siempre torcedor 
que tardase all tanto el Juan Andrea, por complacer al Virrey, porque
los Maestres y los Caballeros de Malta han menester tanto los Virreyes
de Sicilia, que no pueden vivir si no los tienen contentos. El Cigala,
que era de la misma opinin, andaba por reconciliarse con el Virrey,
porque aunque al principio aprobaba la empresa, diciendo que no era
menester para ella ms que pan y paciencia, despus anduvo remontado con
los dems; y viendo ya que estaban al cabo y que le haba menester en
Sicilia para cobrar el sueldo de sus galeras, ya siete, y el Guimarn
por no tener designio  ms de lo que les cumpla, fueron parte  hacer
perder el armada.

Guimarn se fu  tierra y di parte al Virrey de lo que pasaba en las
galeras. El Duque vino  las galeras, pasadas dos horas de noche, y dijo
que le faltaban por embarcar los tudescos; que les haba dado su palabra
de no ir sin ellos, y que le diesen los esquifes de las galeras para
embarcarlos. Juan Andrea mand  todas las galeras que inviasen todos
los esquifes en tierra, y que si l se levase antes que viniesen, que
le siguiesen sin aguardarlos, y que todos guardasen muy bien el agua que
tenan.

Juan Andrea se lev, pasadas tres horas de noche y ms, para salir  la
mar, como haban acordado, sin aguardar los esquifes, y fu causa que se
dejase de salvar mucha gente principal que se embarcara en ellos de las
galeras que encallaron.

Dende  poco se meti viento de afuera y mar, que no les dejaba pasar
adelante, por venir por proa, y por no cansar la chusma di fondo bien
cerca de donde el armada turquesca estaba surta, sin que nuestras
galeras ni Scipin, que era de guardia, las descubriesen hasta que era
ya el da. Algunas galeras nuestras acertaron  dar fondo junto al
armada, y en descubrindola hicieron trinquetes y se metieron en huda,
y as vinieron otras muchas  hacer lo mismo, de mano en mano; y siendo
ya todas  la vela, trabajaban por salir  la mar, tenindose  la orza
cuanto podan, por hallarse muy dentro y sotavento del armada de los
enemigos.

Como los turcos vieron huir nuestras galeras tan derramadas, sin orden
ninguna, hicieron vela sobre ellas, y como venan en popa, ganbanles
mucho camino, y la Real, vindose tan dentro  tierra que no poda salir
 la mar, hizo el caro para entrarse por el canal al fuerte. Siguironla
26  27 galeras y las 4 galeotas. Tomaron dellas los turcos las 18  19.
La Real encall tan lejos del fuerte, que no se pudo favorecer dl. Las
galeotas y otras tres galeras ligeras se entraron por el canal hasta
surgir en el reparo, sin perder nada. La patrona de Sicilia y otras dos
galeras de las de aquel reino se perdieron muy ruinmente por
desampararlas, as los capitanes dellas, como los de infantera que iban
all con sus soldados, aun encallado tan cerca del fuerte que no podan
llegar  ellas sino con esquifes, porque la artillera dl haca estar 
largo las galeotas de los turcos que las haban seguido. Como las
desampararon, huyronse los ms de los esclavos y forzados dellas y
saqueronlas. Ayudronles  ello los mismos marineros con muchos
esquifes y fragatas que entendan en este servicio, sin haber quien se
lo estorbase ni castigase. La _Condesa_, que haba encallado junto 
stas, combati todo el da muy bien, disparando artillera  las
galeotas y  la Real, que estaba ya por los turcos.  la tarde, con la
creciente, se entr sta con las dems en el reparo, y salieron dos
galeotas de las nuestras por ver si podan recobrar una galera; y
despus de haber dispardose artillera de una y otra parte, se tornaron
sin osar llegar  las manos. A una galera del Marqus de Terranova, que
la haban desamparado como las otras, se meti fuego, porque no se
aprovechasen della los turcos. Estaba llena de olio soto, cubierta y
embarazada con lana y mercancas. Desta manera iban las ms de nuestras
galeras, que tuvieran trabajo escapar puestas en caza, aunque las de los
enemigos eran tales, que no haba en todas 20 galeras ligeras para
poderlas alcanzar.

Las galeras que se tuvieron  la mar se escaparon. De las naves se
perdieron nueve de las ms pequeas; parte dellas haba ya desamparado
la gente, y pasdose  los galeones y naves gruesas que iban bien
artilladas. Nenguna destas se perdi, ni de otras que quisieron pelear.
Una nave arragucesa pele muy bien: di un caonazo  una galera que la
segua, que le llev 19 remeros y cinco soldados, y viendo esto los
dems, se alargaron della.  otra daba caza el Baj, despus de haber
tomado una galera. Dispar un can que le pas por entre los fanales,
que espant  Dramuxo, Arriz y Cmitre Real, y le dijo qu quera hacer
de aqulla, si quera perder de gozar de la victoria que haba habido.
Los galeones fueron siempre disparando artillera  las galeras que los
seguan, hacindolas estar bien largas dellos, sin perder de hacer su
camino.

Perdironse nuestras galeras tan ruinmente, que entre todas slo dos 
tres pelearon. La _Mendoza_ de Npoles qued sin gente: toda muri
combatiendo. Murieron en ellas el Alfrez Gil de Oli y el Alfrez
Sebastin Hurtado y otro Alfrez que se deca Iigo de Soto, peleando
como muy buenos soldados. Aunque en las dems no se pele, no por eso
dejaron de matar los turcos mucha gente en ellas, parescindoles que no
era vitoria si no la ensangrentasen.

 Flaminio, General del Papa, mat una bala de artillera. Prendieron 
D. Sancho de Leyva, General de las galeras de Npoles, con dos hijos
suyos, D. Juan y D. Diego. El D. Juan vena en la _Leyva_ con gente de
su compaa, y slo l tom armas para los enemigos, y se fu  la proa
de la galera con una espada y una rodela para defender que no entrasen
los turcos.

Prendieron  D. Berenguel, General de las galeras de Sicilia, con
D. Juan de Cardona, su yerno. Estos se perdieron por hacer lo que deban
en seguir al General. Prendieron  D. Gastn de la Cerda, hijo del
Visorrey de Sicilia, y al Obispo de Mallorca, y D. Fadrique de Cardona,
y el Maestre de campo Aldana y otros muchos caballeros y Capitanes.
Salvse Juan Andrea en una fragata. Estaba muy flaco de una recada.
Haba llegado dos veces  morir, y como lleg en tierra, vinieron algunos
 consolarle; respondi que se contentaba de haber perdido la hacienda y
no la honra, como otros, aunque de esta vuelta no se le puede dar honra
alguna ni loar su buen gobierno, pues dej de salir con tiempo  la mar,
y desampar las naves, que no lo haba nunca de pensar. Haba de
entender que los queran de opinin que se fuesen de por s las naves, no
tenan gana de pelear ni hacer lo que deban; solamente lo hacan por ir
escapulos para huir, y ya que se determinaran  ir sin ellas, si
quisieran, pelear con las 45  46 galeras que tenan, y cuatro galeotas
tan buenas, que pasaban por galeras, sin muchas fragatas y bergantines.

En teniendo nueva de los enemigos, tomaran ms gente, que en esto
pudieran llevar la ventaja que ellos tenan de ms galeras; hiciranlos
estar da y noche con las armas en la mano y no llevarlas en cubierta
como las llevaban. Debieran tomar ejemplo de Faser Bay, renegado corso,
General de Rodas, el cual, teniendo nueva que el gran Prior de Francia
andaba por aquellas mares con cinco galeras de la Religin y una
fragata, pudiendo armar ms galeras, arm solamente cuatro y le fu 
buscar, y hallndolas en la isla de Canda, combati con ellas y les
tom una galera.

Podr decir el Rey nuestro Seor por el suceso de estas galeras, lo que
dijo la buena memoria del Emperador su padre por lo de la Previsa: que
donde no est su dueo, ah est su duelo.

Disparando este da una pieza de artillera de lo alto del castillo 
unas galeotas, revent y hiri y mat siete  ocho hombres. Err muy
poco de matar al Duque. De los heridos y muertos, los cuatro  cinco
eran criados suyos.

Aquella noche se embarcaron el Duque y Juan Andrea secretamente en
sendas fragatas para ir  Sicilia. No les hizo tiempo para partirse:
furonse la noche siguiente. No se tuvo nada bien el Duque, ya que se
iba, irse sin hablar  la gente. Fueron cinco  seis fragatas juntas, en
que iban el Conde de Vicar, D. Pedro de Urrias y otros muchos
caballeros.

Tratndose aquel da si los enemigos metiesen gente en tierra ir 
estorbrselo, pregunt D. Alvaro al Duque qu armas llevara. El Duque
le respondi que all tena armas y un volante; pero que no ira, por
quedar en el fuerte  dar orden de lo que era menester. D. Alvaro dijo
que tampoco saldra l. Este mismo salieron de la isla el Papa del
Carun y el Infante de Tnez y el jeque con los moros de su parcialidad.

El Baj se recogi dende  dos das con las galeras que all haban
quedado: era la mayor parte de la armada, porque hasta con 30 fu dando
caza el Baj  las galeras y naves. Dispararon mucha artillera las unas
y las otras. Al juntarse tuvimos miedo no hubiesen tomado las fragatas
en que iban el Virrey y Juan Andrea: dende  pocos das supimos cmo
haban llegado  Malta en salvamento, donde hallaron algunas de las
galeras que se haban escapado.

D. Alvaro de Sande, despus de ido el Duque y los que iban con l,
comenz  cortar dellos, y inviando D. Enrique de Mendoza, uno de los
que se haban ido, por una armadura que haba dejado, dijo D. Alvaro que
llevasen las armas del conejo. Quejbase ans mismo de D. Pedro
Velzquez, diciendo que por culpa suya, sin 200 botas de vino y ms, sin
otras vituallas que se llevaban las naves, por no haber dado orden que
lo desembarcasen. En esto tena muy gran razn, aunque por lo que l
estaba ms mal con l, era por no haberle querido dar dineros de la
corte  cuenta de su salario, y porque haba dicho el Duque que no se
fuese de la fuerza hasta que se fuese Don Alvaro. No deca mal en
conservador, porque si el Duque no se iba, haca lo que deba  buen
caballero y buen Capitn, quedndose  favorescer la gente que haba
trado consigo, para morir con ellos, y nunca el fuerte se perda, que
todava se diera orden  pelear; el jeque se viniera con l al castillo
y el Papa y el Infante no se fueran, y no osaron los turcos meter gente
en tierra, sino vieran idos stos; ni el Rey de Tnez diera las
vituallas con que se entretuvo el armada, si el Visorrey desde all le
escribiera agradecindole lo que le haba inviado  ofrecer,
reconcilindole con Don Alvaro de la Cueva, alcaide y General de la
Goleta.

Cinco das despus de perdidas las galeras, nos estuvimos mano sobre
mano mirndonos unos  otros sin trabajar en el fuerte. Despus se
comenz  traer fajina, que era menester pelear para tomarla. En muy
pocos das se hizo el parapeto del fuerte, y el lienzo de la marina,
questaba  la parte de poniente, se detuvo, por ser de piedra. Tornse 
hacer de fajina y tierra, porque se pens que los enemigos batieran por
aquella parte. En esto lleg de Trpol Dragut con sus galeras, y
determinse el Baj  echar gente en tierra, y envi  Monsalve, uno
de los que se haban preso en las galeras, con una carta suya para
D. Alvaro; pero no la quiso tomar ni ver: trat mal de palabra al
Monsalve, y dijo que si no mirara al amistad que tena con el Capitn
Monsalve su hermano, le hiciera un castigo ejemplar, y as le invi luego
con su carta dicindole que dijese al Baj que pues Dios les haba dado
una tan gran vitoria en mar, sin pelear, que viniese  probar su ventura
en tierra.

 muchos Capitanes pes oir esta respuesta, as por no haber hecho caso
dellos, como porque les paresci que se pudiera ver la carta entre
todos y responder con el comedimiento que era razn, pues la crianza y
cortesa no impidi jams el combatir. Un esclavo cristiano que escribi
la carta, dijo que el Baj inviaba por ella  pedir el fuerte,
ofresciendo en cambio todo buen partido que le pidiesen.

Con esta ocasin pudiramos entretener algunos das el armada en
demandas y respuestas, para que mientras ellos perdan tiempo en esto,
tuvisemos lugar de fortificarnos mejor, y Sicilia y Npoles proveer sus
marinas y estar ms apercibidos, porque cuanto ms se detuvieran en
esto, menos tiempo tuvieran para sitiarnos, y as no se pasara en el
asedio el trabajo y necesidad que se pas de agua.

D. Alvaro mand llamar los Capitanes que all haban quedado, aunque no
todos tenan all sus compaas, y djoles que l haba quedado all
para guardar aquel fuerte; que hiciesen todos como l y jurasen de no lo
rendir hasta morir todos en la defensa. Los Capitanes dijeron todos que
eran muy contentos. Dende  tres das los torn a juntar dicindoles que
entre ellos eligiesen seis Capitanes para que uno de ellos gobernase si
acaso matasen  l y al Gobernador Barahona. A esto dieron por respuesta
que hiciese l la eleccin de los seis Capitanes como mejor le
pareciese.

Los turcos asaltaron de noche nuestras galeras: no pudieron llegar 
ellas por el reparo que tenan en torno de rboles y antenas; y as se
retiraron luego sin la jornada, porque les tiraban del fuerte y de las
mismas galeras.

Los turcos estaban muy confiados que las espas que traan en nuestro
campo haran lo que les haban prometido. Fu de esta manera. Que
teniendo Dragut nueva cierta que nuestra armada vena sobre l, invi un
portugus y otros renegados  Italia  saber lo que se haca. Algunos
dellos, como hombres plticos en la lengua, entraron por soldados en las
compaas que venan  servir en la jornada: stos dieron siempre aviso
en Trpol  Dragut, y en los Gelves iban cada noche  hablarle. Uno se
ofreci  quemar las municiones; otro, de atosigar el agua de las
cisternas; otro, de dar fuego  las galeras. Con las promesas destos
persuadi Dragut al Baj que intentase tomar el fuerte. Tambin inviaron
algunos renegados que animasen y ayudasen en ello. Decan stos que se
huan de los turcos por tornarse  la fe, que los haban hecho renegar
por fuerza siendo nios.

Vnose  descubrir el tratado una tarde. Puestas ya las guardias,
estando unos soldados apartados un poco del campo, vieron ir uno hacia
el de los enemigos. Llamronle: l, por disimular ms su bellaquera,
esper; llegaron  l y prendironle. Fu de tan poco estmago, que por
el camino comenz  turbarse y confesar su maldad. Prendieron algunos de
la liga; otros, en ver prender sus compaeros, se pusieron en cobro. Los
presos confesaron la traicin, y as los ahorcaron de los pies como 
traidores.

La noche primera que saltaron en tierra, que fu  los 16, vino un
renegado  nuestro campo y dijo cmo los enemigos tenan en tierra ocho
piezas de artillera por encabalgar, y que haban con ellas salido pocos
ms de 2.000 hombres, y que los dems se desembarcaran el da
siguiente, y que en los de tierra haba muchos desarmados, de los que
venan por remeros en la armada, que haban salido para gastadores.
Fueron muchos con l  D. Alvaro, dicindole que pues haba tan buena
oportunidad para romper aquellos turcos que eran en tierra, que saliesen
aquella noche  ellos. D. Alvaro respondi: Dejadlos llegar, que yo
har de las mas.

Esta noche se pudiera hacer harto dao en los enemigos. Excsase
D. Alvaro con decir que lo dej, temindose de los moros de la isla no
cargasen sobre nosotros al retirar, no sucediendo bien la salida, y los
turcos por la otra parte, de manera que no pudisemos resistir  todos.
Tenamos la retirada marina  marina, llana y descubierta, y no era
lejos del fuerte ms de dos millas el lugar donde los turcos haban
desembarcado, que era en los mismos pozos donde nosotros habamos estado
diez das, y tenamos ms de 70 caballos, con los de la compaa, y los
caballos que haba dejado el Visorrey y otros caballeros, no tenindolos
los enemigos ni los de la isla caballos con que enojarnos, porque an no
eran llegados los caballos alarbes que esperaban; y si se dej por
entretener all la armada, porque no fuese  hacer mal en Sicilia  en
el reino de Npoles, el mejor entretenimiento fuera matarle la gente, de
manera que no la pudiera echar en tierra, y tuviera harto que guardar
sus galeras con los que llevaba. Los enemigos sacaron su artillera y
municiones en tierra sin que les disemos empacho, ms que tocarles
algn arma.

Otra noche invi D. Alvaro  un caballo ligero que se llama Miguel de
Huerta, buen soldado, que fuese marina  marina y mirase si hallaba
siete barriles pasada una mezquita que estaba entre el campo y el
fuerte. Hall cinco barriles; caminando adelante por ver si topara con
los otros, hall dos medias botas. Volvise  decirlo  D. Alvaro, y
invile  que lo dijera  Quirs, Capitn de caballos. Aquella noche
estaba la gente y caballos  punto para salir fuera. Deba de haber
concierto con algn renegado, y falt el designio, pues se dej de ir.

La noche siguiente inviaron al mismo por ver si estaban all los
barriles; no hallndolos, pas adelante; vi salir del campo de los
enemigos nueve caballos con dos antorchas encendidas; metironse
adentro, en la isla; l se acerc  sus trincheas sin que nadie le
sintiese ni viese; haba gran silencio en el campo; parescile que
dorman todos; tocles arma y vi que acudan todos  la marina hudos.

No parti de los pozos su campo hasta tener encabalgada la artillera y
que llegasen los caballos y gente de pie que esperaba Dragut. Entre
tanto caminaban por la isla muy  su placer, haciendo dao en las casas
y posesiones de los que se haban ido con el jeque. Tomaron de su casa
media culebrina y otras piezezuelas pequeas de bronce.

Venan cada da los turcos  reconocer el fuerte desde unos palmares que
estaban  tiro de can dl. De all tiraban  la gente que estaba de
guardia  los pozos, donde haba cada da escaramuzas, donde haba
muertos y heridos de todas partes.

Mucha gente de la que se haba escapado de las galeras perdidas y de la
que se haba quedado por embarcar, se iba cada noche  Sicilia en
fragatas y barcos por no tener que comer, que no les daban racin 
stos ni  otros muchos que moran de hambre, y la que daban  los
soldados era tan poca. Cuando tuvimos agua nos falt el pan, y cuando
volvi  faltar el agua, lo daban de sobra. Para esperar asedio, como
esperbamos, no se acert  dejar ir esta gente. Harto mejor fuera
estivar las galeras, fragatas y barcos, y de toda la gente intil y
heridos inviarlos  Sicilia, y retener los sanos y gobernarlos de manera
que se sustentaran para poder servir. Desta manera se aventuraban 
salir las galeras y se deshaca de la gente que empachaba.

Luego que los enemigos fueron en tierra, mand D. Alvaro entrar en el
fuerte todos los espaoles, dejando fuera los alemanes, italianos y
franceses, llegados bien al fuerte y reparados con muy buena trinchea.
Comenzse  murmurar desto, y as los meti  todos dentro y mand salir
fuera banderas de espaoles. Dende  pocos das mand desamparar
aquellas trincheas y meti toda la gente dentro. Estbamos tan
estrechos, que no se poda andar por el fuerte. En el contraescarpe del
foso quedaron hasta 400 soldados, y dende  poco los fueron  quitar
porque se iban  los turcos. Dentro, en el fuerte, mudaban cada da
compaas de una parte  otra, y con esta inquietud anduvimos hasta el
cabo.

Los enemigos comenzaron  caminar la vuelta del fuerte diez das despus
de desembarcados, y firmronse entre unos palmares, donde estuvieron
tres das. Aqu se pudiera salir bien  hacerles dao, por estar tan
cerca, que poda haber una milla entre su campo y el fuerte. Alcanzaba
all nuestra artillera.

Salieron una noche, estando all los enemigos, hasta 150 soldados, y
antes que llegasen  las trincheas de los turcos eran descubiertos, y
as se volvieron sin hacer nada. De aqu comenzaron los enemigos  hacer
trinchea para venir cubiertos con su artillera, sin que la nuestra les
pudiese hacer mal.

Salan del fuerte cada da cuatro compaas  la guardia; la que ms
lejos estaba, seran 500 pasos del fuerte: una de la parte de poniente,
donde los enemigos venan; las dos compaas,  los pozos; la otra, 
las casas de Dragut, que estaban  la marina por la parte de levante.
Teniendo bien reconocido los turcos la poca gente que haba en ellas y
el mal reparo que tenan, el ltimo de mayo  medio da comnzaron 
venir por la parte de poniente y  los pozos, dando muestra de querer
escaramuzar como otras veces solan. Viendo que comenzaban  salir los
nuestros  la escaramuza y retirbanse por alargarlos ms,
asegurndolos desta manera, cerraron con ellos de tropel ms de 3.000
turcos y los caballos alarbes, que eran los que ms dao hacan en los
nuestros y mejor peleaban. Nuestra gente era tan poca, que ni los que
estaban de guardia ni otros que haban ido  escaramuzar, pudieron
resistir la furia de los enemigos, y as se retiraron con run orden y
harta prdida de buenos soldados que se hallaron delante en la
escaramuza. Nuestra caballera no pareci nada  la de los enemigos;
estvose hecha alto sin osar salir  favorescer nuestra infantera. Los
caballos de los enemigos que salieron  esto, seran hasta 100; los
dems venan con otros 4  5.000 turcos que venan atrs caminando con
la artillera. Pelearon tan bien estos pocos caballos de alarbes y tan
valerosamente, que vinieron entre los soldados hasta llegar  las
propias trincheas que tena por reparo la gente que alojaba fuera del
fuerte, sin temer la arcabucera y artillera que se les disparaba dl.
Si nuestros caballos lo hicieron ruinmente este da, muchos hubo entre
los de  pie que, por tenerles compaa, huyeron muy sin vergenza, y
Capitanes con quien se tuvo gran cuenta.

D. Alvaro de Sande los trat muy mal de palabra, dicindoles que
renegaba de la parte que tena de caballero, si ellos lo eran. Viendo la
carga que los enemigos venan dando  los nuestros, acudieron muchos
soldados por aquella parte para salir  socorrer. No lo pudieron hacer
tan presto que ya los nuestros no fuesen recogidos en las trincheas, y
queriendo de nuevo salir  los enemigos, se puso delante el Gobernador
Barahona y los hizo tornar. Los turcos se quedaron en las trincheas
viejas donde se sola alojar nuestro campo, y pusieron en ellas muchos
estandartes y banderetas.

Los alemanes pelearon este da muy bien; mataron muchos turcos,
favoreciendo las compaas que eran de guardia  los pozos. La compaa
que estaba  la marina de levante, se retir  su salvo sin recibir dao
ninguno. Todo lo que qued del da se entendi en tirar escopetas y
arcabuces de una parte  otra, no cesando nuestra artillera de disparar
 donde vea que poda hacer mal.

Aquella misma tarde, acabado de recoger su campo, comenzaron  tirarnos
con dos piezas de artillera por la parte de poniente. Tomaban de una
marina  otra en torno del castillo, ocupando harto ms sitio del que
podan guardar con la gente que ellos traan. En tanto que ellos
estuvieron desta manera, hobo grande oportunidad para aprovecharnos
dellos, si en nosotros hobiera juicio y valor para intentarlo, teniendo
como tenamos gente para poder darles la batalla, aunque fueran hartos
ms de los que eran, porque sin la gente que haba de quedar en el
fuerte, quedaron los tudescos y compaas de italianos y espaoles que
estaban por embarcar, sin otros muchos que haban salido de las galeras
que se perdieron y la gente que tenan las siete galeras y cuatro
galeotas que all estaban. Con todo esto nos sitiaron, y ganaron los
pozos aquel da.

La prdida de estos pozos fu toda nuestra runa, porque si los
mantenamos, como era razn que se hiciera, no se nos muriera la gente
de sed ni se huyera  los enemigos. Fu muy gran bajeza perderlos,
teniendo gente demasiada para guardarlos, estando tan cerca como estaban
del fuerte y tan descubiertos para favorescer la gente que all
estuviese, con la artillera dl, estando, como estaban, quinientos
pasos del fuerte. D. Bernaldino de Velasco di voces sobre que se
guardasen; el Capitn Clemente, siciliano, que es un valiente soldado, y
de los que mejor entienden la fortificacin, se obligaba  guardarlos
con 500 hombres. Pudiransele dar 2.000 y quedar el fuerte con ms gente
de la que haba menester, y cuando bien stos se perdieran, vinirales 
faltar  los enemigos gente y tiempo para poder sitiar la fuerza: como
no se sintiera en ella la falta de agua que hubo, no eran parte seis
tantos turcos  tomarla. Toda la gente que all haba quedado se pudiera
muy bien entretener con las municiones que quedaban en el castillo, de
comer, porque para 2.000 hombres que all haban de quedar en la fuerza,
les quedaba de comer para diez y ocho meses, y dos cisternas de agua, la
una con 18.000 barriles y la otra con 13.000, sin palmo y medio que
tena ella de agua cuando se comenz  hinchir. Esta ms pequea estaba
dentro del castillo. Sin tener ms agua que sta nos encerramos, con
darse de ordinario 5.500 raciones, sin mucha otra gente  quien no se
daba racin.

El Capitn de las galeotas del Duque vino  D. Alvaro  pedirle de comer
para la gente dellas  licencia para irse. Respondile que no tena que
darle, y en lo de la licencia hiciese lo que quisiese, que l no
entenda cosas de mar ni era marinero. Hallndose all acaso Charles de
la Vera, le dijo que pues al Duque no haba quedado otra cosa que
aquellas galeotas, que las remediase, porque no fuesen  perderse.
Respondile muy enojado que las remediase l; que el Duque se haba ido
y dejdole all; que era un hombre remiso y su secretario flojo, no
acababa nunca de concluir cosa, y as fu discurriendo por el mayordomo
y los dems, tachando  cada uno de lo que le paresca.

Viendo esto el Capitn, que ya no haba donde hacer agua, se fu otro
da con sus galeotas y otras dos que haba all: una de D. Luis Osorio y
la otra de Federico Stait. La de Stait se perdi por no seguir la
conserva, habiendo ya escapulado el armada. Fu mal empleada la prdida
en su patrn, porque fu el que mejor se trat de cuantos sicilianos
vinieron  ella. Dende  pocos das, queriendo hacer lo mismo la
_Condesa_ del Prncipe y otra de Vindinelo, y alistadas ya y puestas en
orden para partir, se les fu un esclavo y di aviso  los enemigos, por
lo que se dej la ida.

A 2 de junio, primero da de Pascua de Espritu Santo, salieron por la
parte de Levante 600 hombres de todas naciones, y llegados  las
trincheas de los enemigos, se las ganaron, matando y hiriendo muchos,
hasta hacerles desamparar el artillera. Enclavronle dos piezas della,
con punteroles, por no llevar recado de otra cosa. Pudiranles quemar
la plvora: no osaron hacerlo por no quemarse ellos tambin. Pasaron
adelante secutando la vitoria hasta llegar cerca de la tienda de Dragut.
Entrando en otra que estaba junto  ella, mataron muchos turcos,
entrellos un hombre principal. Spose despus que era el Sanjach Bay de
Negroponte. Todos iban huyendo, si no por unos turcos principales que
los hicieron volver  cuchilladas, dicindoles la poca gente de que
huan, porque an no haban llegado todos los que haban salido al
efeto; y de los que entraron, hobo algunos que por embarazarse  robar,
dieron lugar  que los enemigos se rehiciesen y degollasen muchos de los
nuestros, los que mejor haban peleado y ms se haban adelantado
siguiendo los enemigos, y as ellos, al retirarse, que se retiraron los
nuestros, los siguieron animosamente hasta meterlos en el fuerte, donde
quedaron muchos turcos muertos  la marina, junto al muro del caballero
Gonzaga. Muri este da el Conde Galvn, placentn, y el Capitn Carlos
de Haro, peleando como muy valerosos Capitanes. Tambin muri Uncibay,
Alfrez de Galarza, con muy buenos soldados de su compaa, que entraron
con l en la tienda del Visorrey de Negroponte. Era un muy valiente
hombre este Alfrez, y as pele este da como tal.

Esta salida se conoci claramente el efeto que se hobiera hecho  haber
salido 2  3.000 hombres  pelear con los enemigos, porque si este da
reforzaran con otros 1.500  2.000 hombres ms, no hay que dudar sino
que era nuestra la vitoria. Despus de retirada esta gente, dijo
D. Alvaro al Capitn Galarza que se haba dejado ganar la mano derecha
de Carlos de Haro al estar por las trincheas de los turcos; que no haba
guardado la orden que le di. El Galarza respondi que ninguno poda
decir con verdad que haba pasado  pelear delante dl, ni gandole la
mano; y  lo que deca de guardar la orden, que no le haba dado orden
ninguna. D. Alvaro le dijo que se fuese y que no respondiese otro da
tan aficionadamente.

Esto de la orden paresce que se conforma con lo que dicen los soldados
que salieron aquella maana. Estando ya  la trinchea de los enemigos,
se afirmaron un poco. Viendo esto los soldados, dijeron  los Capitanes:
Qu hacemos que no pasamos adelante? Asaetearnos han aqu los turcos,
habindonos descubierto. Respondi Carlos de Haro que no tena orden
para ms. No pens D. Alvaro que esta gente llegara donde lleg, ni que
pasasen de las trincheas, pues no les tuvo socorro para pasar adelante.
Este Capitn Galarza era un buen soldado, y sac dos arcabuzazos en la
rodela, y dende  pocos das le mataron en el caballero de San Juan de
un arcabuzazo.

Desta salida comenzaron los enemigos  recogerse ms y fortificarse con
trincheas altas de tierra y fajina, y enviaron caballos y gente de pie
al paso de la Cntara, por donde se entraba de tierra firme  la isla,
creyendo que esperbamos socorro del jeque  del Rey de Carun.

A los 3 de junio hizo un calor tan excesivo y arda tanto el sol, que
tenamos por cierto que era fuego que los enemigos haban puesto  la
campaa; y como haba cuatro das que eran perdidos los pozos y no
haban an comenzado  dar agua de racin, padescise tanto de sed, que
murieron ms de 50 hombres, sin ms de 300 que quedaron muy al cabo,
tendidos en tierra, dando voces por agua. Verdaderamente fu inhumanidad
grande de Barahona dejar morir aquella gente, pudindola remediar con
bien poca de agua.

Deste da hicieron principio de pasarse muchos  los turcos, y vinieron
tantos  desvergonzarse tanto en la ida, que se haban hudo ms de 500
y muertos otros tantos y ms de sed, porque los que no tenan racin, y
algunos que no les bastaba dos cuartuchos de agua que daban, iban 
beber  una gruta de una agua salada que haba en ella, que mat  todos
los que la bebieron. Corrompalos, quitndoles la gana de comer, y los
pona secos, y as se iban consumiendo sin poderles dar remedio.

Ibamos cada da retirando y estrechando tanto, que perdimos un pozo de
agua amarga que estaba junto  las trincheas donde estbamos, no 30
pasos de ellas. Este pozo tena agua en abundancia, y aunque amargaba,
mataba la sed y no haca el dao que la salada hizo. A haber sustentado
este pozo, remediara mucho la necesidad que se pasaba, y no se nos
moran los caballos de sed, por no querer nunca beber de la salada.
Cincuenta  sesenta pasos deste pozo estaban otros dos de la misma
suerte de agua.

Un siciliano que llamaban el Capitn Sebastin se ofreci  sacar agua
dulce para beber de la de la mar. D. Alvaro le prometi 500 ducados en
dinero y 200 de renta. Hicironse muchos alambiques y henchanlos de
agua de la mar y les daban fuego, y destilaba agua dulce y muy buena,
sana, sin ningn sabor de sal. Haca 40 barriles della, que bastaban 
dar racin  700 hombres. Cada Oficial, sin esto, hizo su alambico para
su casa, y muchos vivanderos hicieron los suyos, con que sacaban agua
para vender. Vendanla al principio  un real el cuartucho; despus fu
faltando lea, y vino  valer  dos reales el cuartucho, ques media
azumbre de la medida de Espaa.

Esta agua fu muy gran parte  que no muriese mucha ms gente de la que
muri. La cisterna que estaba fuera del castillo, tuvo muy poca. No se
di  un mes entero racin della. O se sala,  por el mal recado que
pusieron en ella, porque la hallamos rota. Una maana que haban sacado
agua della, temise no la hobiesen abierto para atosigarla. Spose que
lo haban hecho soldados por robar el agua.

Viendo ya al cabo esta cisterna, en quien ms confianza tenamos, se
comenz  hacer la mezcla de la salada.  dos barriles de agua de la
cisterna y uno de los alambiques, se echaba otro barril de salada. Esto
hizo mucho dao  la gente, que con saber  la sal, no solamente no
quitaba sed, pero daba ms. Los calores eran tan grandes, y as
padescan los soldados ms de lo que se puede encarescer; puestos todo
el da al sol, sin beber agua que les matara la sed, y esa miseria de
racin que se daba, quitaban parte della algunos Capitanes  sus
soldados, por lo que vino D. lvaro  tratarlos muy mal y deshonrarlos.
Otros vendan el agua. Hubo Capitn en prisin por esto. Por otra parte,
se hurtaban tantas raciones, que fu hasta causa que nos perdisemos,
porque por ello vino  faltarnos el agua tan presto, de que estaba D.
lvaro desesperado en ver la bellaquera y poco miramiento de los
Capitanes en un tiempo de tanta necesidad, habindoles tomado juramento
que dijesen los soldados que tenan, aunque harto mejor fuera tomarles
muestra.

Diciendo  Juan Daza que cmo era posible que viniese  faltar tan
presto el agua, le mostr cmo se daban 4.000 y tantas raciones. Esto
fu ya al cabo de la jornada. Probse de hacer pozos en el fuerte, de
que se sac agua en abundancia, tan salada, que no se poda beber.

Tratndose de tomar lengua para saber cmo estaban los enemigos, se
acord que saliese un soldado por la parte de levante de las galeras y
se fuese la vuelta de las trincheas de los enemigos, como que se pasaba
 ellos, como lo hacan otros cada hora, para salir con los caballos y
tomar alguno de los que saliesen  tomarlo, que estaban ya tan
arregostados los turcos de los que se iban, que en viendo ir uno la
vuelta de las trincheas, no salan 20  tomarle. Como ste parti de las
galeras antes que se diese aviso en el fuerte para que le tirasen,
salieron unos  l y hobiranle de matar si no se acogiera  una barca.
Despus sali otro y salieron  l siete  ocho turcos; como fueran un
poco en la mar, l se iba deteniendo por alargarlos ms. En esto
salieron seis caballos y cortronles el paso; alancearon dos dellos que
no se dejaban prender, y dieron con uno en tierra dos veces, hasta que
llegaron soldados de pie y lo prendieron. Los otros se escaparon: uno
dellos hiri un caballo y otro tom la lanza  otro de caballo. Este
prisionero dijo cmo habamos perdido de haber vitoria aquella maana
que se sali  ellos; que todos iban desbaratados, y que  importunacin
de Dragut estaba all el Baj. Que eran pocos ms de 6.000 hombres, y
que para sacar stos haba sido menester desarmar las galeras. Que cada
da iban turcos  ellas  hacerles guardia, temindose no fuesen sobre
ellas los cristianos, y que estando como estaban, 40  50 galeras que
viniesen las tomaban todas, por estar con tan pocos turcos y tan llenas
de cristianos.

Otras muchas veces se sali  tomar lengua y no se pudo, porque todos se
dejaban matar por no venir en prisin. Por la parte de poniente salieron
cuatro Capitanes italianos  caballo haciendo lo mismo que los primeros,
y mataron algunos turcos y trajeron  uno vivo. Estos dos solos se
prendieron en todo el tiempo que dur el asedio. Este ltimo di aviso
cmo los enemigos tenan desino de tomar las galeras.

Otra vez se orden inviar un soldado que tuviese el primer moro que le
llegase  tomar, hasta que llegasen soldados  socorrerle, porque en
este tiempo no haba caballos. Este soldado sali y lo haba hecho tan
bien, que dos turcos que llegaron  l juntos los detuvo asidos
entrambos un gran rato, y fueron tan de poco los que haban de
socorrerle, que no salieron y lo dejaron matar de los turcos.

 los 6 comenzaron  batir con seis piezas de artillera el lienzo de la
puerta del castillo, desde la misma puerta hasta el turrin de la mano
derecha, donde tenamos las municiones, porque no pretendan hacer otro,
sino quitrnoslas. Nosotros trabajamos en repararlas y mudarlas donde
estuviesen en seguridad. Mudaban luego la batera donde saban que las
habamos puesto. De los que se iban saban todo lo que hacamos; pero no
hicieron dao en ellas con la artillera, ni cosa en el fuerte de pensar
que estar por batera, ms que derribar alguna marama del castillo y
desencabalgar algunas piezas de artillera nuestras. Pasaron despus la
artillera adelante y batieron el turrin de la marina del castillo. En
ste hicieron ms batera que otro ninguno. Pusieron dos piezas  la
marina con que batieron las galeras hasta meterlas en fondo, que no se
poda estar soto cubierta, que de lo dems, ya ellas estaban en seco en
pasando la cresciente.

En las galeras mat mucha gente la artillera, que de 3.000 balas que
tiraron mientras dur el cerco, el mayor dao que hicieron fu en las
galeras. Al Capitn D. Diego de la Cerda, estando de guarda en ella, le
mataron una yegua en que iba y  l le cortaron una pierna, de que
muri. Viendo los turcos que la guardia que metan de noche  las
galeras sala el da en tierra, acordaron venir  tomrnoslas con
desino de batir dellas el fuerte, porque lo ms flaco dl era  la
marina.  los 22 de junio por la maana aguardaron la menguante y
salieron de sus trincheas por la parte de levante hasta 2.000 hombres,
trayendo algunas escalas. Iban tres dellos delante con estandartes en
las manos, corriendo hacia las galeras. Tocse luego arma en el fuerte y
comenzaron  salir soldados,  quien ms presto poda, por la puerta de
la marina, y por una escala que estaba al caballero de San Juan. La
gente iba de muy buena gana, unos de meterse en las galeras para
defenderlas y guardarlas; otros para pelear con los enemigos para
estorbarles que no llegasen  ellas hasta que los nuestros estuviesen
dentro, hacindoles retirar por dos  tres veces, hasta que unos turcos
que andaban  caballo les daban de cuchilladas. Estos caballos pasaron
dos veces por nuestra gente, entre el fuerte y las galeras, haciendo
carrera entre los nuestros como si hobieran de jugar caas, tanto que
dieron lugar  que los turcos metiesen las banderas sobre dos galeras
que estaban sin gente. La una haba servido de hospital y haban sacado
la gente y heridos della por la artillera que les haca dao. La otra
estaba medio deshecha.

Poco les dur estar en ellas; echronlos desde las otras luego 
arcabuzazos. Retirronse los turcos con hartos heridos y muertos. De los
nuestros murieron algunos, y los ms dellos mat nuestra artillera por
andar mezclados con los enemigos. Pelese muy bien este da: era cosa de
ver cun reida pelea fu. No dejaron salir mucha gente del fuerte,
porque estaban los turcos con aparencia de querer arremeter, y crease
que aquella gente que era fuera, en venir como venan con escalas, diera
en el fuerte por la parte de la marina.

Al retirar que se retiraban los que haban venido  las galeras,
arremetieron otros por la parte de Levante, hasta llegar junto al
fuerte. Pusieron banderetas junto al contraescarpe del foso. Retirronse
luego por el dao que haca en ellos nuestra arcabucera. Sali herido
este da el Gobernador Barahona de un arcabuzazo de que muri dende 
pocos das, en pblico contento de todos, porque era mal criado y
demasiadamente cruel: con todo esto era solcito y valiente. Tambin
muri el Capitn Diego de Aguayo desgraciadamente de una pieza de
artillera nuestra que tom fuego de un barril que se quem.

Aquella noche se puso fuego en las dos galeras donde haban estado los
turcos. Harto mejor fuera deshacerlas y aprovecharnos de la lea dellas.
De ah adelante se meti muy buena guarda en ellas, sin partir dellas de
da ni noche.

En este medio se pasaba mucha gente  los turcos y moran muchos, as
por la falta de medicinas como por el mal gobierno que haba en el
hospital, que aun para enterrar los muertos no nos supimos dar maa,
sino echarlos de la muralla abajo, para que entendiesen los enemigos lo
poco que podamos durar, porque huyndose y muriendo tantos, no poda
faltar de verse presto el cabo de nosotros.

Algunos que se huyeron del armada de los enemigos dijeron  D. Alvaro
les haban dicho unos renegados, que se espantaban de nosotros, cmo no
salamos  ellos  medio da, que eran idos todos por aquellos jardines
 sestear. Lo mismo decan los cristianos esclavos que salan  trabajar
 las trincheas, y nosotros los vamos ir cada da desde el castillo.

No aprovechaba nada con D. Alvaro que dejase salir  ellos, antes rea
con los que salan alguna vez  escaramuzar. Todo el da se le iba en
decir mal de Capitanes y soldados; lo mismo hacan ellos dl. Uno que
deseaba la enmienda desto, le ech una carta del tenor siguiente:

     Iltre. seor: Los que se desvelan y ponen toda su felicidad en ser
     tenidos y tratados de ilustres, debranse preciar de serlo, as en
     obras de buenos cristianos, como de animosos caballeros.

     Digo esto, seor, porque se dice pblicamente de vos que vivs
     como gentil y gobernis como tirano, y que si hobirades hecho la
     centena parte de lo que habis dicho, pudiramos caminar de aqu 
     Constantinopla sin topar con enemigos. Tratndose un da  la tabla
     del Maestre de Malta que haba poca gente para jornada, por la
     mucha que haba muerto, dejistes: que cuando se determinasen todos
      no ir, vos solo irades con la galeota de Estait  tomar 
     Trpol, y que os echasen con una fragata en Berbera, que con una
     espada y una rodela la conquistarades toda, diciendo que eran
     cobardes y hombres nacidos en hora menguada los que ponan
     dificultad  la ida.

     Tratndose otro da delante el mismo Maestre que faltaran
     vituallas, porque haba cuatro meses y ms que se coma de las que
     habamos embarcado, dejistes que no eran menester, que de las
     piernas de turcos comeramos (parceme que nos aliamos mal 
     cortarlas, agora que fueran bien menester, teniendo la falta que
     tenemos de carne), y que respondi el Maestre, como sabio, diciendo
     que tena por mejor llevar pan que no ir en aquella confianza.

     Antes que el armada metiese gente en tierra, publicbades que
     darades  saco vuestro pabelln el da que visedes que sacaban
     artillera, porque se la habades de ganar y tomar en prisin 
     Dragut y otros turcos, para cambiar con D. Gastn y dems que all
     tienen nuestros.

     Ya salieron dos millas del fuerte harto pocos turcos sin que
     salisemos  ellos, y vinindonos cada da  buscar, pocos y sin
     orden, no consentades que se saliese  escaramuzar con ellos.

     Perdistes los pozos en un da, pudindolos muy bien guardar,
     sabiendo que importaba la vida de todos mantenerlos, habiendo dicho
     muchas veces al Duque que no tena la fuerza mucha necesidad de
     agua, porque los 2.000 hombres que haban de quedar en ella
     bastaban  defender los pozos  toda la potencia del gran Turco, y
     que con aquellos soldados os atrevades vos  ir por tierra de aqu
      Turqua.

     Harta ms gente se ha perdido entre los que han muerto de sed y
     hudose  los turcos, que se podan aventurar en haber guardado
     los pozos, como fueron muchos de parecer que se hiciese.

     Respondis  lo que os dicen que mandis dar recado  los heridos,
     que los dejen morir, porque no coman las vituallas. Buena manera es
     sta de animar  los sanos  pelear.

     Decs mal del Duque, que es un hombre remiso y que se fu de
     miedo; que para vos se guardan semejantes empresas que sta. El da
     que se ofreci pelear, el Duque, para la poca experiencia que tena
     en cosas de guerra, lo hizo tan bien, que ech en vergenza  los
     muy plticos y bravosos. Su venida aqu, y la estada que hizo y la
     ida de agora, todo ha sido por consejo y parescer vuestro.

     Decs que ya no hay soldados que peleen, y que ningn Capitn se
     os viene  ofrecer de querer salir  los enemigos, porque no hay
     alguno que tenga valor y nimo para ello, y que echis en ms cargo
     al Rey en guardarle esta fuerza con tan run gente, que Antonio de
     Leyva en guardarle  Pavia y Miln con tanto buen soldado como
     tena. Con stas y otras cosas que estaran mejor por decir, tenis
     desdeada toda la gente de guerra, y dicen que si vos gobernsedes
     y pelesedes como el Sr. Antonio, que tenis Oficiales y soldados
     que harn lo que los suyos, y que si en ellos hobiese la falta que
     decs, no se os habran echado  los pies suplicndoos que los
     dejsedes salir  pelear fuera, como lo han hecho, el Coronel Mas,
     el Capitn Alvaro de Luna, Jernimo de la Cerda, Rodrigo Zapata,
     Galarza, Juan Ortiz de Leyva y otros Capitanes y Oficiales y
     soldados particulares.

     Dbables por respuesta que se dejasen gobernar, y ans dicen que
     en vos solo est la culpa; que os estis encerrado siempre sin dar
     una vuelta al fuerte ni consultar con nadie lo que cumple, ni dar
     orden  nada, y sobre todo, mandis agora de nuevo echar agua
     salada en las raciones que se dan  los soldados, que los destempla
     y quita el comer  todos, de modo que en pocos das los pondr
     tales que no se har provecho dellos.

     Si os temis de largo asedio, acometed luego los enemigos, porque
     cuanto ms lo dilatredes, menos gente ternis para ello, y la que
     hobiere estar tan dbil y flaca, que no podr pelear. As que,
     seor, mirad con tiempo en esto y juntad vuestros Capitanes; dadles
     parte dello y deliberad lo que ms cumple  todos; porque os hago
     saber que todas las naciones que aqu hay os dan culpa del mal
     suceso de las galeras, diciendo que por odio y rencor que tenades
     con algunos, fusteis cabsa que tardasen aqu ms de lo que era
     menester. Todos piensan avisar al Rey, tanto de lo pasado como de
     lo presente.

     Hoslo querido seor, decir, porque deseo que salgis con
     honra de aqu, por lo que debo al servicio de Dios como cristiano,
     y al de S. M. como vasallo suyo, para que trabajis de hacer algn
     buen hecho en enmienda de lo pasado, pues hay tanta oportunidad
     para ello, siendo los enemigos tan pocos y estando tan repartidos y
     derramados, que es muy gran bajeza de los que aqu nos hallamos
     habernos dejado sitiar de otros tantos turcos como aqu ramos
     soldados.

     En el fuerte de los Gelves  los 28 de junio, ao de 1560.

De all adelante comenz D. Alvaro  salir y acariciar los soldados,
mandando dar dineros  los que hacan algn buen hecho  buen tiro con
el arcabuz, y  los 4 de julio, teniendo determinado salir  los
enemigos, como la maana de Pascua, se dej porque se fueron aquella
noche  dar aviso  los turcos siete  ocho bellacos, y as se mand
echar bando que cualquiera que matase al que se pasaba  los enemigos,
le daran seis escudos.

Hubo hartos que ganaron el precio, porque con la golosina del dinero
hacan mejor guardia. Todava salieron de da  una trinchea que vena 
la gruta, donde mataron algunos turcos. Los dems la desampararon. No
pasaron adelante los nuestros por ser pocos. Las veces que se sali 
estas cosas y  escaramuza, inviaban tan pocos, que nunca se hizo cosa
que luciese, porque en lugar de reforzarlos y ayudarles con gente,
cuando iban ganando tierra  los enemigos, apenas eran llegados  las
manos cuando los mandaban retirar, y hacanlo de manera que siempre
dejaban all los mejores soldados, por no ir  la vanguardia  dar la
orden que se retirasen, sino darla en la retaguardia, y as venan 
quedar solos los que iban delante. La culpa de esto estaba en los
Sargentos mayores.

A los 6 tornaron los enemigos por la misma parte  acometer  las
galeras, aunque no con tanta gente como la primera vez, ni duraron tanto
en el combate por el dao que resciban dellas y del fuerte. As se
volvieron,  pesar de los que los mandaban: no bast palos ni
cuchilladas  hacerlos volver.

No sali gente  ellos este da del fuerte por estar bien provedas las
galeras esta vez segunda que vinieron por tierra. Entraban por la parte
de Poniente muchos turcos; pero no se acercaron como los otros, porque
deban de ir con ms gana de robar que de pelear.

Viendo los enemigos que no podan con las galeras, se haban determinado
dar asalto al fuerte, y un mal cristiano que se pas  ellos aconsej
que no lo hiciesen, dicindoles que estbamos muy apercibidos con
ingenios de fuego esperndolos, cargada el artillera con dados y
cadenas, que si arremetan recibiran gran dao y no haran nada.

El consejo deste les hizo dejar el desio que tenan: pasaron dos piezas
de artillera al campo de los pozos, y continuaron una trinchea que
tenan comenzada que vena  dar al caballero Doria. Despus de haber
combatido por tierra dos veces las galeras, tentaron por la mar, y  los
8 vinieron del armada con hasta 130 esquifes y barquetas y algunos
bergantines empavesados con piezas de artillera pequeas y mosquetes y
ingenios de fuego, con mucha gente de pelea en ellos. Los que traan la
artillera y mosquetes combatan con las galeras, mientras los dems
trabajaban con hachas y sierras y otros instrumentos romper la palizada
y cadenas que nuestras galeras tenan por reparo, de manera que con ms
de 20 pasos no se poda acostar ningn bajel  ellas. Mientras los
enemigos entendan en combatir y romper la palizada, no perdan tiempo
los nuestros, tirando  unos y  otros, haciendo gran dao en ellos por
tenerlos cerca y  caballero, tirndoles de mampuesto, seguros con los
reparos que haban hecho para ello, porque las galeras estaban muy bien
abestionadas por la parte que las batan y empavesadas por todas partes.
El artillera del fuerte haca gran dao en los enemigos; echles 
fondo dos esquifes y una barca y matles mucha gente: con todo esto
pelearon hasta hora y media de da, porfiando de romper la palizada, y
viendo que no podan, se retiraron con prdida de ms de 300 entre
heridos y muertos.

Fu de ver el combate este da. Dur dos horas y media y ms, porque
vinieron una hora antes que amaneciese sobre las galeras. De los
nuestros salieron hasta 30 heridos y los muertos no llegaron  10.
Pelearon muy bien. Hallronse este da en las galeras el Coronel Mas,
caballero francs de la Orden de San Juan; el Capitn Fantn, Piantanido
y Almaguer. Todos estos Capitanes se sealaron esta jornada como buenos
soldados en todo lo que se les encomend.

Este mesmo da esperbamos que diesen asalto al fuerte, porque estaban
los turcos en arma con demostracin de querer arremeter. Harto mejor
fuera de acometerlos nosotros, pues estaba entendido que el estar as
recogidos era de miedo, por ser pocos, que les faltaba aquella gente que
combata en las galeras, porque saliendo por la parte de Poniente pocos
soldados de los nuestros, comenzaron  huir los turcos y desamparar las
trincheas, y llegronse con los del montn.

Aquella noche se meti fuego  las dos galeras por tener menos que
guardar, y para lo que despus sucedi, fuera mejor quemarlas todas, por
quitar desinios que nadie se fuese  favorescer en ellas, y porque
hiciera ms servicio en el fuerte la gente que se ocupaba en guardarlas,
y por estar ya los turcos tan cerca del fuerte, que no se poda entrar
ni salir  ellas sin gran riesgo, y as mataban cada da los ms de los
que les llevaban agua y de comer, tanto que no se osaba ya ir de da 
proveerlas; y viendo los turcos que iban de noche, aguardaban  un
barcn que estaba cerca dellas, al paso, y all prendieron muchos en
veces, as de los que iban  llevar la provisin, como de los que
entraban y salan de guarda.

Como los turcos vieron que no podan nada con las galeras en cuatro
veces que haban probado de combatirlas, tornaron de nuevo  trabajar en
la trinchea que solan, hasta llegar  la gruta para quitrnosla,
creyndose que con ella nos entretenamos, sin tener otra agua para
beber.

Vindolos venir tan cerca con esta trinchea, fueron algunos  decir 
D. Alvaro que era mal hecho dejar venir los enemigos tan adelante.
Respondales que los dejasen llegar. Por la marina de Levante vinieron
tambin con otra trinchea hasta llegar al parapeto del foso, y arrimados
 l levantaron un turrin con palmas y tierra. Lo ms de entorno del
fuerte, que era piedra, que  200 ni 300 pasos no se poda hacer
trinchea. Cuando llegaban  estas partes, la hacan de noche con tierra
y fajina. Era cosa de admiracin la solicitud y atrevimiento que tenan
en arriscarse  trabajar donde tantos moran.

Este turrin que comenzaron  levantar descubra todo el caballero de
Gonzaga. El Capitn Juan de Funes estaba de guardia en l; fu  Don
Alvaro y djoselo: respondile que tena miedo de los enemigos y por eso
vena con ese mensaje. El Juan de Funes le dijo que ya l saba cmo l
peleaba, y salise enojado diciendo que no entrara ms en su casa ni le
dara aviso de nada. D. Alvaro le mand llamar; comenzle  acariciar
dicindole: Vos no sabis que habemos de venir con los enemigos  las
manos: dejadlos; llguense cuanto quisieren.

En pocos das levantaron otros tres turriones, que no aprovech para que
los dejasen de hacer tirarles mucha artillera y salir  quemrselos.
stos descubran los caballeros y todo el fuerte, de manera que no se
poda andar por l ni estar en las tiendas, que por todo llova balas y
flechas. Mataron al Capitn D. Luis de Aguilar y  Tapia, y  Alvaro de
Luna hirieron, de que muri.

Despus del armada, ste se puede alabar que sirvi extremadamente bien,
aunque no tena all su compaa. Daba cada da cinco  seis vueltas al
fuerte, lo que no haca Capitn ni Oficial ninguno.

A los 19 acometieron dar asalto por todas partes y cargaron  la parte
de la gruta y ganronla. Perdise en ella el Alfrez Juan Prez de
Vargas con siete soldados. No llegaron por otra parte alguna  pelear.
Ganada la gruta, caminaron por el foso hasta llegar al caballero Doria,
y comenzaron  cavar y sacar palmas dl, y hobo turcos tan animosos que
subieron arriba hasta el parapeto, donde los mataron. Los de abajo
cavaban todava en el caballero, por no haber travs donde les hiciese
mal.

De arriba les echaban trompas y ollas de fuego artificial y barriles de
plvora, con que quemaron muchos, mas no para que se les quitase de
cavar.

No se poda descubrir nadie en nuestra muralla que no los asaeteasen
desde sus torreones y desde el mismo parapeto de nuestro foso, donde se
haba puesto su escopetera, porque haba das que lo haba mandado
desamparar D. Alvaro por los muchos que se iban de all  los turcos,
que desde el da del gran calor hasta que nos perdimos, siempre se
fueron, pocos  muchos. Todos los que se fueron eran italianos y
espaoles, que de los tudescos y franceses hubo muy pocos  ningunos que
se fuesen, y esos que se iban no eran de su nacin, sino que andaban
entre ellos por saber la lengua. Furonse algunas mujeres tudescas, y
as se pueden loar estas dos naciones no haber cado en una tan gran
maldad.

Viendo los enemigos que tan  su salud los dejaban cavar en el
caballero, sin salir  estorbrselo, se llegaron aquella noche  los
dems, y hicieron lo mismo, y en tres das los pusieron de manera que se
poda subir  caballo por ellos. Cuando los enemigos vinieron  esto,
tenamos muy poca artillera de que servirnos, que mucha haba reventado
y otra por encabalgar, y para las piezas pequeas no se hallaban ya
balas. Esto fu por la mala orden que tuvo al principio el Gobernador
Barahona, que antes que nos sitiasen no se descubra el turco una milla
que no le haca tirar 20 piezas, y as sin provecho gast los caones y
vino  faltarnos cuando ms lo hobimos menester.

Como los enemigos iban trabajando en cavar y derribar los caballeros,
bamos por la parte de dentro cortndolos y fortificndonos lo mejor que
podamos. No se entenda en otro todas las noches, porque de da no se
poda trabajar por estar, como estbamos, descubiertos. Del campo de los
enemigos se echaron flechas escritas y otras con plizas de avisos para
que estuvisemos apercibidos que queran dar asalto.

Un renegado entr muchas veces  hablar con D. Alvaro; no se supo lo que
trataba con l: algunos quieren decir que era echadizo, y as los
renegados que hablaban cada noche desde sus trincheas con los nuestros
decan que nos guardsemos, que nos engaaba aquel renegado, que
estuvisemos avisados que quera huirse D. Alvaro del fuerte, que nos
rindisemos con tiempo, que nos haran todo buen partido. En esto se
huy un cristiano del armada: dijo la falta que tenan de vituallas,
por lo que tena por cierto que se iran muy presto.

A los 23, ya tarde, arremetieron por la parte de Levante al caballero de
Gonzaga y  la cortina que estaba hasta el de La Cerda, y teniendo tan
buena entrada, no tardaron de subir arriba. Menos tardaron los nuestros
en echarlos abajo, peleando animosamente, hiriendo y matando en los
enemigos, haciendo lo mismo todas las veces que porfiaron  subir.
D. Alvaro anduvo este da como muy buen caballero, haciendo lo que deba,
as  buen General como  buen soldado, con un crucifijo en las manos,
animando  todos, mostrndole el Capitn en cuyo nombre combatan.

El combate este da fu bien reido y dur ms que ninguno de los
pasados, y durara mucho ms si el da diera lugar  ello, porque los
turcos que mandaban daban palos y cuchilladas  los que se retiraban de
la batera, y reforzaban cada hora el combate. Estos das hobo muchos
heridos y muertos de los turcos. De los nuestros muy pocos. Muri el
Capitn D. Jernimo de Sande, sobrino de D. Alvaro, peleando como buen
caballero. Di luego su compaa D. Alvaro al Sargento della, que se
llamaba Francisco Ortiz, un muy valiente soldado. Matronle dende  dos
das en el mismo lugar. Al Alfrez Salazar mataron nuestros soldados por
tirar  unos turcos con quien peleaba. Desta manera murieron muchos esta
jornada por la poca pltica de nuestra arcabucera. Los enemigos mataron
desde su campo, dentro en el fuerte, el tiempo que dur el asedio muy
mucha gente, y entre ellos Capitanes y Oficiales de todas naciones muy
valientes y animosos, que por no saber sus nombres los dejo de nombrar.
Al Coronel de tudescos hirieron de un arcabuzazo en la cabeza en el
caballero de la Cerda, de que muri dende  pocos das. Pes  todas
naciones la muerte deste Coronel, que era muy valiente y muy bien
quisto. Tom D. Alvaro la Coronela para s y puso un Teniente en ella.
A Piantanido, Maestre de campo de los italianos, mataron el da de la
gruta en el caballero de San Juan de un arcabuzazo: muri luego en
cayendo. Era un muy valiente soldado y solcito y muy bien entendido en
cosas de fortificacin. El mismo da mataron al Capitn Juan Ortiz de
Leyva, muy buen soldado. Al Capitn Escolar haban muerto dos das
haba.

La noche que se haba dado el asalto al turrin de San Juan, lleg una
fragata de Sicilia con cuerda, que era bien menester, y medicinas, de
que haba tanta necesidad, que hobiera dado la vida  muchos  venir
antes. Dende  dos das estaba despedida para irse. Impidila D. Alvaro,
y mand al Capitn Pedro y  su hermano que pusiesen en orden otra
fragata de un trapans que estaba all por la corte desde que el Duque
se fu.

Viendo los turcos lo poco que ganaban en venir  las manos con los del
fuerte ni galeras, acordaron de esperar  que acabsemos el agua, porque
de los que se huan tenan cada hora aviso de la poca agua que tenamos,
y los que se iban, por cubrir su bellaquera y por complacer los turcos,
publicaban ms necesidad que la que haba. Muerto el gobernador
Barahona, que tena cuenta con el agua, se di el gobierno del fuerte y
el cargo de la cisterna al Capitn Antonio de Olivera; y estando herido
de un arcabuzazo, se di cargo del agua  Juan de Alarcn, Secretario de
D. Alvaro, que serva de Contador en la fuerza. ste enga  D. Alvaro
dndole  entender  los 28 de Julio que no haba agua para ms de tres
 cuatro das. D. Alvaro, sin ir  ver la cisterna, llam algunos
Capitanes y particulares amigos suyos y les dijo la necesidad que haba
de agua, y que se determinaba salir aquella noche  los enemigos 
ganarles los pozos.

Publicando esta determinacin, invi los Sargentos mayores  todos los
Capitanes, mandndoles que diesen la gente que tenan para pelear,
dndoles  entender que por estar el fuerte tan abierto por todas partes
y haber poca gente para guardarle, por los muchos que se haban ido y
iban  los enemigos, y por la falta de agua, quera salir  la campaa
con los que quedaban. Asimismo lo hizo entender  todos los
particulares. Mand que se diese aquella tarde  cada soldado un
cuartucho de agua sin mezcla y medio de vino.

D. Alvaro fu aquella noche  la tienda de Olivera y  la del Capitn
Piantanigo, que por la muerte de su hermano le haba hecho  l Maestre
de campo, que tambin estaba herido.  stos dijo la determinacin que
tena; que se entrasen en el castillo por si no sucediese bien la salida
y viniesen los enemigos  entrarse por las bateras, que ellos hiciesen
desde all sus partidas.

Estando ya todos recogidos, dos horas antes del da, se fu D. Alvaro
con ellos  la puerta de la marina y la mand desabestionar, que estaba
cerrada con piedra y tierra. D. Alvaro iba armado de un peto fuerte y
una celada, con una rodela acerada,  prueba de arcabuz, y una espada
desnuda en la mano; y en llegando  la puerta, dijo que le haca mal el
peto y quitsele. Tomle Don Bernardino de Mendoza y dile  guardar 
Francisco Ortiz Zapata, sargento de Rodrigo Zapata, que estaba herido en
la tienda, y djole que no lo diese  otro que  l   quien le asiese
el dedo pulgar.

La puerta estaba tan abestionada, que tard un rato en abrirse, y con
tanta dificultad, que no poda salir ms de uno en uno por ella.
Comenzando  salir, se di por nombre _Jess_, dando  entender  todos
que no haba agua y que era menester romper los enemigos y ganar los
pozos. Dende  poco que comenzaron  salir, pregunt D. Alvaro, que
estaba sentado  la puerta, si seran fuera 200 hombres. Algunos dijeron
que s: uno que los haba contado le dijo que fueran pocos ms de 100. 
ste dijo D. Alvaro que contase hasta 250  300 hombres y le avisase.

Viendo que eran ya fuera hasta este nmero, mand que le llamasen al
Capitn Pedro Nicardo, de su tienda, que estaba all junto, y dicindole
que era fuera  la marina, dijo que le dijesen  l y  un hermano suyo
que no se apartasen dl un paso. Estos dos hermanos tenan  cargo las
barcas y fragatas del fuerte como guardianes del puerto, y el Pedro
haba poco que entenda en la artillera. Llambanle Capitn porque
haba ido en corso con una galeota. En saliendo los 300, sali D. Alvaro
de la puerta y torn  llamar los dos hermanos.

Entre los que iban con D. Alvaro, haba caballeros y Oficiales de ms
calidad que ellos. Pesbales ver que se tuviese tanta cuenta con el
Pedro y su hermano, parecindoles que fiaba ms en ellos que en los
dems. La segunda vez que los llam, le dijo un caballero sardo, que se
deca D. Guilln Barbarn, que iba  su lado: Aqu imos Corrales y yo
con vuestra seora. D. Alvaro le respondi, medio enojado, que le
dejase y volviese  los soldados que eran fuera, para ir de vanguardia,
questaban de rodillas arrimados al caballero de San Juan, y mandlos
arremeter, que ya eran descubiertos de los enemigos, y as comenzaron
luego  caminar adelante. En pasando el foso, volvieron sobre la mano
derecha, por fuera del parapeto, hacindole desamparar  los enemigos
que le tenan. Los cuatro Capitanes que iban de vanguardia, con hasta 20
particulares que fueron con ellos y algunos soldados que les siguieron,
pelearon valerosamente, diciendo  grandes voces:--Vitoria, vitoria!
que hicieron desamparar las trincheas  los turcos y llevaron
reculndolos hasta pasar el torren que estaba sobre el turrin de San
Juan, de donde tiraban los enemigos artillera y fuegos artificiales.
En alargndose un poco los que haban salido de vanguardia, comenz
D. Alvaro  caminar con los suyos que tena delante, con unos pocos que
tena consigo, marina  marina, hacia la parte donde batan las galeras.

Sin aguardar  que saliesen los que quedaban en el fuerte, D. Guilln y
otros tres, con hasta 20 soldados, llegaron  la primera trinchea, que
estaba delante de la en que tenan la batera, que la haban dejado los
turcos antes que ellos llegasen, y recogiendo gente de la que sala del
fuerte para ir adelante, vieron que los que haban salido de vanguardia
se retiraban al fuerte con harta ms priesa y poca orden que era
menester, porque los enemigos los seguan, ni tiraban tanta escopetera
como solan y flechas, como otras veces.

Viendo esto los que haban ido por la mar, se retiraron, porque no los
tomasen en medio los turcos, si cargaban sobre los nuestros. Llegados 
ellos, trabajaron por hacerlos tornar: no fueron parte para ello por ir
la gente de arrancada.

A todo esto no eran fuera del fuerte las dos partes de los que estaban
recogidos para el efeto, por salir uno  uno por la puerta, pudiendo
salir por los caballeros todos juntos y dar sobre los enemigos antes que
se apercibiesen. Estando debajo de los caballeros, como estaba toda la
gente, se torn  entrar dentro en el fuerte, quin por la puerta, quin
por la muralla, con dos moros que se vinieron entre ellos, sin saber
cmo se haban entrado entre los cristianos. Esta priesa se hizo aquella
maana. Muri el Capitn Bravo, que haba dos das que lo era. De
aquesta compaa mataron tres Capitanes en cinco das. Mataron al
Capitn Golfn y algunos soldados;  Moroto, Sargento mayor del tercio
de Npoles, tomaron en prisin.

Antes que la gente acabase de entrar en el fuerte era ya da claro, y
yendo  ver si haba entrado por algn caballero  si estara en su
tienda Don Alvaro, lleg el Capitn Pedro Nicardo y dijo que lo dejaba
en las galeras. Luego lleg un soldado de la compaa de D. Gastn, que
se llamaba Varn, con una carta. Estando este soldado para echarse al
agua, le dijo D. Alvaro: Dec  los Capitanes del fuerte que se tengan
por todo hoy, si fuere posible. Y an no era la gente que se haba
salido  pelear de dentro del fuerte, cuando algunos Capitanes y otros
particulares se recogieron al castillo.

El Capitn Joan de Funes, Juan Prez de Vargas, Collazos, Jernimo de la
Cerda, Diego de Vera, el Sargento mayor de Sicilia, Antonio Dvila,
D. Bernaldino de Mendoza, Pacheco, Comisario de la Religin (estos dos no
tenan cargo). El castellano Fuentes, recogidos stos y otros amigos
suyos, rompi la escala y comenz  bestionar la puerta del castillo.

Viendo esto el Alfrez Sedeo y el Alfrez Herrera, y Beltrn,
Maestresala del Virrey, comenzaron de abajo  darles voces, llamndoles
de traidores, que desamparaban el fuerte y se alzaban con las vituallas.

El encerramiento destos Capitanes y el ausencia de D. Alvaro desanim
mucho la gente, viendo que los enemigos podan entrar por las bateras,
y dijo el Alfrez Serrano, que tena cargo del artillera  estos
Capitanes, que por qu no se iban  la batera con sus soldados.
Respondile Juan Prez de Vargas que fuese l. Dende  poco salieron
fuera y anduvieron en concilios de una  otra sobre lo que haran, sin
resolverse en nada. Antonio de Avila fu  D. Juan de Castilla de parte
de algunos Capitanes, diciendo que le haban estado esperando para que
dijiese su parecer, para darle el cargo del gobierno de aquel fuerte.
D. Juan le respondi que por no dejar la batera sola no haba ido. El
Antonio de Avila prosigui diciendo que todos holgaran que acetase el
gobierno, que por estar el fuerte de manera que no se podra defender,
ni haba gente para ello ni agua que beber, que alzase una bandera para
tratar partidos con el Baj. D. Juan respondi que si l acetase el
gobierno, haba de ser para defender el fuerte y no para rendirle: que
si para esto queran, que l tomara el cargo. El Antonio Dvila se fu
con esta respuesta.

Juntronse esta maana en la tienda del Capitn Zapata, que estaba en la
cama herido de una flecha, y acordse entre los que all se hallaban de
escribir una carta  D. Alvaro dndole  entender cmo su ida haba
alborotado toda la gente; que viniese  dar orden de lo que haba de
hacer; donde no, que ellos haran lo que viesen que cumpla. Hecha esta
carta y firmada de muchos, no la enviaron por parecer  algunos que
tardara en venir respuesta para sus disinios, que era rendir el fuerte,
temiendo que los enemigos diesen asalto.

Tratndose en la misma tienda que era bien ver el agua que haba en la
cisterna para gobernarse por ella, dijo Juan de Funes que en lo del agua
no haba que tratar, que no haba para ms de aquel da. Corrales les
dijo que no era posible porque l haba tenido cuenta del agua que se
haba echado en la cisterna y con los das que se beba della; que haba
agua para ms de quince das. Acordse que los dos, con D. Guilln de
Barbarn y el Sargento Hidalgo, fuesen  verlo en presencia de muchos
soldados, y hicieron entrar en la cisterna un moro que se llamaba Xama,
que era de los que les pesaba de ver que se tratase de rendir el fuerte,
porque era muy valiente y haba mucho que serva en nuestra caballera,
en la Goleta y Sicilia, y habiendo salido de la isla  acompaar al
Infante de Tnez, le dej en tierra firme y se volvi  meter en el
fuerte, diciendo que, pues en tiempo de paz haba llevado el sueldo del
Rey, quera venir  servirle en la guerra.

El agua que tena la cisterna daba  este moro, con ser alto, cerca de
la horcajadura. Despus entr otro y lo midi con una cana de la medida
italiana, y hall tres palmos y medio de agua, ques una vara de Espaa,
y ms la cisterna tena cuatro canas de hueco. Cada cana vern  ser dos
varas y una tercia de la medida de Espaa.

Como el Joan de Funes vido el agua que haba, comenzse  santiguar
diciendo: Buena casquetada han hecho hacer  D. Alvaro.

Los mismos que fueron  ver la agua llamaron  Pedro Ginovs, que
reparta las raciones por la lista que tena, y demandronle que
menguaba cada da la cisterna, y dijo que no llegaban  tres dedos; de
manera que, dando las raciones que se daban, haba agua para quince
das; y si se tomara resea de la gente que haba, para que no se diesen
raciones demasiadas, como se daban, haba agua para mucho ms; y sin
nada desto, los alambiques solos de la municin y los de particulares
bastaban  sustentar 800 hombres y ms cada da, dndoles racin sin
mezcla de agua salada y darles un tercio ms de agua que se les daba.

En esto iba por el fuerte un capelln de Don Alvaro, que se deca
Carnero, animando los soldados, diciendo que los que se haban ido lo
haban hecho de cobardes y runes. Iba muy alborotado porque le haban
dicho que se juntaban en la iglesia muchos Oficiales y soldados, donde
l tena las conservas qul haba retirado del hospital porque no
hicieran mal  los enfermos, y los dineros que haban dejado los muertos
 quien l era amigo. De cun flojamente se pas con los enfermos,
porque se di mejor maa  ser albacea que  hacerles curar, que si los
que moran dejaban algunos dineros  los clrigos y frailes que all les
servan, se lo tomaba. Hallando en la iglesia muchos Capitanes que se
haban recogido para tratar lo que haban de hacer, les dijo mirasen que
estaban en la casa de Dios, donde se haba de tratar verdad y lo que
cumpliese  su servicio y al de Su Majestad, y  la honra y provecho de
todos, que era morir por la fe de Jesucristo. Despus vino al castillo 
reir con el Gobernador Olivera y el Castellano, exhortndoles lo
mismo. Si los Oficiales tuvieran el nimo y determinacin deste clrigo,
no viniramos  lo que hemos venido.

El Capitn Pedro y el Secretario Alarcn fueron en una barca  las
galeras, donde llevaron agua y bizcocho y los remos y velas de una
fragata. Fueron en esta barca el Coronel Mas y Mos de Indn, diciendo
que iban  traer  D. Alvaro, pero no volvieron ms al fuerte. A medio
da se tornaron  juntar los Capitanes y hicieron Gobernador del fuerte
al Capitn Rodrigo Zapata, que se haba levantado de la cama. Despus de
haberle elegido le dijeron los mismos Capitanes que por estar el fuerte
como estaba no se poda defender; sera bien alzar una bandera para
tratar partidos con el Baj. Respondi que no haba acetado el cargo
para rendir la fuerza, sino para morir en ella defendindola; por lo
dems, acudieran  Olivera, Gobernador, y ans fu el Capitn Collazos 
hablar  Olivera de parte de todos. Respondiles que hiciesen una carta
qul la firmara, y dara por bien todo lo que hiciesen.

La carta se escribi en la misma tienda y llevla  firmar el sargento
de Francisco Henrquez. No la pudo firmar Olivera por la herida que
tena en la mano. Enviles  decir que la firmase uno por l, que dara
por bueno todo lo que los Capitanes hiciesen; con todo esto, el Zapata
sali de all y fu dando orden por toda la muralla que todos tomasen
sus armas, porque los enemigos estaban de manera de querer dar el
asalto. Los tudescos estuvieron todo aquel da en orden sin partirse
del cuartel que tenan  cargo, diciendo que haran lo que los espaoles
y italianos y franceses. Ans Oficiales como soldados se fueron con las
armas  sus postas, ofrecindose de guardarlas  morir en ellas: muy
buenos soldados.

Andando en esto, encontr con el Sargento mayor Antonio Dvila, que
vena hacia el castillo, y djole que se fuese por 30 soldados y los
llevase al caballero de la Cerda. Respondile que, pues haba Gobernador
nuevo, hiciesen Sargento mayor tambin. Mientras el Zapata andaba por la
muralla, se juntaron en la tienda de Juan Osorio de Ulloa, que estaba en
la cama malato, cuatro Capitanes: Joan de Funes, Joan del Aguila, Zayas
y Borja. Estos trataron que se rindiese el fuerte y enviaron al Zayas 
hablar  Zapata de parte de todos para que hiciese alzar bandera. El
Zapata le di por respuesta lo mismo que haba dicho en la tienda de
Joan Prez de Vargas. Viniendo todos juntos  persuadrselo, porfindole
que lo hiciese, respondi que nunca Dios quisiese qul acabase de perder
lo que otros haban comenzado. Joan de Funes respondi que ya no era
tiempo de aguardar ms; que los enemigos estaban para dar el asalto;
qul tena orden de D. Alvaro de lo que se haba de hacer; que D. Alvaro
no haba salido del fuerte con disinio de volver ms  l.

Dende  poco fueron Zayas y Joan de Funes y hicieron  un soldado,
llamado Villacis, que arbolase una bandera en una pica. ste lo hizo
luego. Viendo esto los turcos, arbolaron una toca, y ans se fu el
Villacis y los dos Capitanes tras l. Joan del Aguila se ech por otra
parte, y ans se fueron todos al Baj, de su propia autoridad.

Mientras ellos hablaban con el Baj, se llegaron muchos turcos junto al
fuerte. Los soldados estaban con sus armas  la muralla dicindoles que
se alargasen. Dragut envi  llamar  Zapata, questaba en el caballero
de San Joan, y no quiso ir, diciendo que no tena licencia de sus
compaeros.

El Baj tuvo nueva aquella maana, de un italiano que se huy, cmo
D. Alvaro estaba en las galeras, y mand volver dos piezas de artillera
que les tirasen. Primero haba sabido que faltaba D. Alvaro del fuerte,
del Sargento mayor Moroto, que era de los que iban con l  las galeras.
Acertronle  prender. Desta manera, estando un turco que escap de la
galera de Joan Andrea, llamado Uzan,  quien hizo Al Portu Capitn de
fanal, su Lugarteniente, por ser turco principal y buen marinero,
cavando en el caballero de San Joan y sacando palmas dl con otros
turcos, oyendo las voces y arcabucera de la otra parte del fuerte,
salieron  la mar por descubrir lo que era, y vieron la vuelta de las
galeras cuatro  cinco hombres. Creyendo que eran de los que solan
llevar provisin, los siguieron hasta pasar de un barcn questaba junto
 las galeras, y llegaron cerca del reparo que las galeras tenan en
torno. De all se retiraron porque la guardia de las galeras comenz 
tirarles. Este Uzan prendi al Moroto, que vena un poco atrs. Como
vi que los dems seguan  D. Alvaro, no supo decir si era vivo 
muerto, y ans le hizo el Baj mostrar algunas cabezas para que viese si
era alguna la de Don Alvaro.

A l y al Capitn Pedro recogi el Capitn Clemente y meti en su
galera. Aunque oan voces junto al barcn que decan: Rndete  buena
guerra, como no vean los que eran con la obscuridad que haca, no se
atrevan  salir de las galeras, creyendo que los turcos lo hacan
aposta por hacerles salir.

Estando los Capitanes fuera del fuerte, llegaron muchos esquifes que
venan del armada, y tomando la vuelta de las galeras, el Capitn
Clemente, que estaba por cabeza de la gente que all estaba, mand que
tomasen todos las armas. Viendo esto D. Alvaro le pregunt qu quera
hacer. El Clemente respondi que pelear y defender las galeras.
D. Alvaro le dijo que no hara nada, estando como estaban los del fuerte.
Que tratase l tambin partidos. Clemente le respondi que no
acostumbraba  tratar partidos, sino pelear, y pues l era de aquel
parecer y era su General, que tratase lo que quisiese, que l le tena
como la persona del Rey, y as acord que el Coronel Mas tratase
partidos con los enemigos; y tardaron tanto en ello, que dieron lugar 
que los esquifes llegasen y rompiesen la palizada y saqueasen las
galeras, donde tomaron  todos en prisin.

Darmux Arrez, Cmitre real, llev  D. Alvaro en su esquife al Baj.
Jon de Funes volvi al fuerte, dando  entender que haba tratado con
el Baj que dejase ir libres  los Capitanes con 25 soldados por
compaa. Entrando en el castillo le dijo Diego de Vera: No habemos de
saber en qu ley vivimos  cmo nos rendimos? Respondile no quisiese
saber ms de que l y sus amigos iban libres. Despus fu el castellano
Fuentes  rendir el castillo y el municionero Joan Daza  ofrescer el
dinero, que tena  cargo, del Rey, pues no faltaba otra cosa, que la
sangre y libertad nuestra ya la haban rendido.

Los primeros, Joan del Aguila, se fu de armada; Zayas volvi con
Villacis y un renegado que se deca Mamy, diciendo que el Baj y
D. Alvaro mandaban que toda la gente se entrase  puesta de sol en el
castillo; que les diesen un moro que se llamaba Sayte y el hijo del
jeque que habamos trado de Sicilia para hacerle seor de la isla, con
otros tres rehenes que haban dejado los alarbes que haban venido 
servir.  todos quebr el corazn ver llevar stos en prisin, porque se
tena entendido las crueldades que los turcos haran con ellos. Por slo
esto habamos de morir primero todos, que darlos, pues haban dejado de
irse con los de su ley, por el amor y aficin que tenan con nosotros.

El mandar entrar la gente en el castillo fu por dar lugar  que los
jenzaros y turcos saqueasen el fuerte, aunque ellos se dieron tanta
priesa  entrar, que mataron y prendieron muchos fuera del castillo.
Todos los enfermos y heridos que hubo por las tiendas degollaron, que
era gran compasin. Aqu prendieron al Capitn D. Joan de Castilla; ni
fu nunca de parescer que se rindiese el fuerte: siempre dijo que
quera morir peleando y defendiendo la parte que le tocaba con sus
soldados, y ans le mataron muchos dellos.

Los del castillo, viendo lo que pasaba fuera, se abestionaron y pusieron
sus guardias porque no entrasen los turcos. Aquella noche llamaron dos
turcos  la puerta; la guardia les pregunt qu queran: dijronles que
les llamasen un Capitn cojo y otro que tena las narices rajadas, que
los llamaba el mayordomo del Baj. Entendiendo que lo decan por Joan de
Funes y Zayas, se los llamaron. Vino con ellos Diego de Vera. El
mayordomo les dijo que se los encomendaba el Baj; que estuviesen de
buen nimo, qul cumplira con ellos lo que les haba prometido, y
quellos cumpliesen con l lo que le haban mandado. Los Capitanes fueron
 Joan Daza  pedir dineros para el mayordomo, diciendo que era su
libertad. Diselos en plata y con firma de todos 250 escudos: llevselos
el castellano Fuentes.

Otro da por la maana se sentaron el Baj y Dragut en el muro de la
marina con muchos jenzaros y espayes, con sus arcos y escopetas en las
manos en torno dellos; mandaron salir primero los Capitanes, despus
todos los soldados. Embarcbanlos como iban saliendo; llevronlos todos
 escribir  la galera del Baj; de all los repartieron por las otras
galeras. Toda la gente que se recogi al castillo seran hasta 1.000
hombres; los dems se perdieron fuera dl.

Aqu hizo fin la mal fortunada jornada que se comenz para Trpol, que
de haber tenido run principio y peor medio, vino  acabar tan
vergonzosa y vilmente como acab. Si ruinmente lo hicieron los de las
galeras, muy peor lo hicimos los del fuerte, como si anduviramos 
porfa unos de otros sobre quin hara mayor error, y ans fu desde el
principio de la empresa, que parece que estudibamos para no acertar en
nada. Es salir de juicio pensar los desvaros y mal gobierno nuestro, y
ans no hay que decir sino que quiso Dios castigar nuestra soberbia para
darnos  entender que l es el que guarda las tierras y el que vence las
batallas, y que no hay poder que pueda sino el suyo.

Rustn Baj, yerno del gran Turco y Vicario general suyo, dice una cosa
muy acertada, como hombre sabio y valeroso: que los cristianos nos
venamos  perder por querernos sacar los ojos unos  los otros, por
rencor y odio particular que tenemos, como hombres de poca fe, y por
fiar ms en nosotros que en Dios.

Plegue  l, por S. M., que cese aqu el flajelo de su pueblo, y sirva
esta desgracia para despertador de los Reyes y Prncipes cristianos,
para que unnimes, con el amor y hermandad que se debe  nuestra fe y
religin, miren con tiempo por el beneficio y aumento de la cristiandad.
Los turcos mismos que se han hallado en esta empresa estn espantados de
lo que han hecho, diciendo que no saben  quin atribuirlo sino  la
buena fortuna del gran Seor. No se les quite al Baj y  los que se
hallaban con l de haber hecho la ms principal y ms sealada cosa que
han hecho mahometanos despus que comenz su imperio.

Como el Baj se entreg en la fuerza, tard ocho das all hasta que
llegaron cinco galeras que haban ido  Tnez por bizcocho. Fuese luego
 hacer agua y tom el camino de Trpol, donde entr con gran gazara y
grita, colgados nuestros estandartes y banderas, lo de abajo arriba, en
las popas y entenas de las galeras. Disparse mucha artillera dellas y
del castillo, y de las galeras de la presa no dispar ninguna. Entraron
demostrando el descontento que todos traamos en vernos llevar  Trpol
tan al contrario de como pensbamos ir  l.

La armada tard all tres das: de aqu licenci el Baj dos fragatas
que haba das que tena. Eran venidas  rescatar cristianos. Tratse si
se engolfaran de all para Levante; y por la falta que tenan de
vituallas, Cara Mustaf fu de parescer que viniesen por la va de Malta
y Sicilia y costa de Calabria, por respeto del agua, por la mucha gente
que llevaban. Ponindose  atravesar un golfo de 700 millas y ms,
aventuraban perder mucha gente de sed, y as acordaron de venir  Malta
y hicieron agua en el Gozo y todo el dao que pudieron en la campaa,
matando todas las bestias que hallaron para comer y las de servicio, sin
cuatro  cinco hombres que prendieron.

Otro da echaron gente en Malta y volvironse luego  embarcar con
prdida de gente, por estar los de la isla apercibidos y con caballera,
ques lo que ms temen los turcos. El Baj tir luego  recoger y se
lev. Pas junto al castillo, de donde tiraron muchas balas. Las galeras
de Malta salieron  hacer lo mismo, pero no hicieron dao ninguno.

El Baj porfi  engolfarse desde all, y habiendo caminado un da y una
noche se volvi un temporal contrario que les hizo volver  Sicilia.
Amaneci  Cabo Pxaro y Zaragoza, y pas tan junto  esta ciudad, que
le tiraron mucha artillera, pero no que le hiciese dao. Metise
aquella noche en un puerto questaba entre Agusta y Zaragoza. Aqu
echaron menos seis  siete galeras que se haban apartado del armada.

Otro da salieron  hacer agua ocho millas de all, y en tomndola se
hicieron  la vela: se fueron su camino. Como fueron 20 millas en mar
comenzaron  meterse unas burrascas con viento contrario, por lo que se
torn al mismo puerto. Esta vuelta fu por mal de Agusta, que fueron
otro da de maana  ella y saquearon lo que hallaron dentro y
metironle fuego por muchas partes. La gente toda se haba hudo. Aqu y
donde se hizo el agua se perdieron algunos turcos por haber entrado
mucho en la isla.

Torn una fragata, que haba venido al pasar de Malta la armada, 
tratar rescates de unos sobrinos del Maestre en cambio de otros turcos
que la Religin tena.

A los 21 de agosto partimos de Agusta, y diciendo que haban de ir  la
Fosa de San Juan  rescatar, la armada pas  vista de Catania y aquella
noche lleg  Cabo de Espartivento. Se fu sin detenerse, costeando la
Calabria, hasta Cabo Blanco, de donde se engolf sin hacer agua, aunque
haba galeras que tenan necesidad dello.

A los 25 tom tierra en la isla de Paesa, que est entre la Previsa y
Corf. Otro da por la maana envi 22 galeras  Lepanto por bizcocho, y
con las dems se fu el Baj  la Previsa, donde entr con la solenidad
que en Trpol. De aqu envi el escribano del atarazonal al gran Turco 
darle aviso de su venida y de la vitoria. Aqu hallamos las galeras que
se haban perdido del armada. Aqu despalmaron todas las galeras, y 
los 2 de septiembre partieron. Otro da vinieron  la isla de Chefalonia
y de all al Zante, mostrando la vitoria que traan. De all vinieron 
Modn, donde estuvimos dos das esperando las galeras que haban ido por
el bizcocho, y como tardaban, nos partimos sin aguardarlas. En el camino
tuvo nueva el Baj de las galeras de cristianos. Apartse con hasta 30
galeras en busca dellas: las dems se fueron costa  costa sin perder
camino. Juntronse con ellas otro da las que venan con el bizcocho, y
al Cabo de Santngel, dende  cuatro das, se torn el Baj  juntar con
ellas sin haber visto galeras de cristianos.

De aqu vinieron  los castillos  los 13, donde se hizo muy gran fiesta
ans en los castillos como en las galeras. De aqu fuimos  Galipol,
donde licenci el Baj las galeras de Rodas y de Meteln. Envi  Al
Portu con 15 galeras por guardia del Archipilago.

En vinindole la orden, se parti para Constantinopla, donde entramos 
los 27 de septiembre. Entr la Real delante, con todas las galeras de
fanal en su hilera, con muchas banderas y estandartes arbolados,
arrastrando los nuestros como solan. Tras stas venan todas las
galeras de la presa. Todo el resto de la armada vena de retaguardia.

Como llegaron al paraje de las casas del gran Turco, que nos va venir
de una ventana, dispararon todas mucha artillera, ans las de la presa
como las otras, dando los turcos muy gran grita y alarido. Dende  un
rato tornaron  disparar toda la artillera. Otro da por la maana vino
el gran Turco en una fragata  ver las galeras y hicironle muy gran
salva.

Martes 1. de octubre llevaron  D. Alvaro y  D. Sancho de Leyva y 
D. Berenguer de Requesens  caballo, con los ms de los soldados que se
haban perdido,  pie, tras ellos, y armados muchos con coseletes,
ponindolos por orden de tres en tres, asidos de las manos. Los llevaron
 casa del gran Turco. El Quiaya del atarazonal y Sufaga iban delante de
todos,  caballo. Llevaban los estandartes de galera los mismos
esclavos, arrastrando por el suelo. Lo que ms se sinti de aquel
triunfo, y lo que ms enterneci  todos los cristianos que all bamos,
fu ver arrastrar un estandarte que llevaba la figura de Cristo.

Llevados  casa del gran Turco, los metieron en un patio grande donde
haba muchos jenzaros y espayes muy lucidos, puestos en su orden. Ms
adentro estaban muchos turcos de condicin y bajaes. Llevaron 
D. Alvaro  hablar  Rustn Baj; despus de haber detendole un gran
rato, sali.

Dice D. Alvaro que toda la pltica fu persuadirle que se tornase turco,
questuvo siempre de rodillas. Su capelln le ayuda por pagarle el mal
que dijo dl cuando se fu  las galeras. Que le prometan el gobierno
de la provincia de Ejito con 50.000 ducados de salario, porque se
tornase turco, y que D. Alvaro le haba respondido que aunque todos los
Reyes cristianos de toda la cristiandad se tornasen turcos, l solo
quedara  morir por la fe de Cristo, y ans lo tiene escrito de su mano
en una historia que tienen hecha los dos del progreso desta jornada.
Craselo quien quisiere.

Dende poco metieron estos tres Generales y los pasaron delante del gran
Turco, con algunos Capitanes, yendo el Baj delante,  presentallos, con
70 piezas de brocados y rasos que di con ellos. De all los llevaron 
las prisiones, donde estn.




RELACIN

     _breve y verdadera de la jornada de los Gelves, desde el da que
     arrib el armada turquesca hasta quel fuerte fu tomado por los
     turcos, sacada de italiano en espaol._[39]

    [Nota 39: Biblioteca de Marina, Coleccin Navarrete, _T-4_, nm. 13.]


Estando la Excelencia del Duque de Medinaceli, Virrey de Sicilia y
Capitn general de la empresa de Berbera, de da en da para
embarcarse, habiendo ganado  los Gelves con grandsima reputacin y en
gran servicio de Dios y de Su Majestad Catlica, y hechas todas las
provisiones y expediciones necesarias para el fuerte y para la guardia
dl, habiendo sealado 2.000 infantes escogidos entre italianos,
franceses y espaoles, y algunos alemanes, y por su Gobernador  Miguel
de Barahona, el cual haba sido Maestre de campo de un tercio de
espaoles, y queriendo Su Excelencia con el resto de los seores y
capitanes y soldados irse  Sicilia para proveer las otras fuerzas ms
necesarias y de ms importancia, y para tal efecto se haba ya embarcado
gran parte del ejrcito, y todava se embarcaban, sino que, por
desgracia y mala ventura, los soldados se revolvieron con los moros en
el Zoco y hobieron una gran cuestin, la cual fu causa que la
embarcacin se suspendi por tres  cuatro das, de lo cual Su
Excelencia estaba con gran pesar; mas todo lo remedi con su prudencia 
hizo que fuese adelante la dicha embarcacin.

 los 10 de mayo,  hora de Vsperas, lleg Fray Copones, inviado por el
gran Maestre en una fragata con la nueva que la armada turquesca haba
estado en el Gozo, que pluguiera  Dios que tal nueva no llegara, que
ciertamente fu causa de la perdicin que sucedi al armada de los
cristianos, que otramente, todos estaban seguros y firmes, y jams
acaeciera semejante desgracia; y segn esta nueva, todos hacan cuenta
que dentro de dos das  lo ms largo la armada turquesca parecera, y
as Su Excelencia hizo toda la diligencia posible para embarcarse
aquella noche con todo el resto, y no fu posible hasta el da, porque
los alemanes le daban gran pesadumbre y trabajo, que no estaban an
determinados de quedar en el fuerte, ni se haban podido acordar; y
entendiendo ellos que Su Excelencia quera ir  hablar con el seor Juan
Andrea Doria  las galeras, para dar la mejor expedicin que acordasen,
los sobredichos alemanes tomaron la palabra  Su Excelencia que sin
ellos no se fuese, y fu fuerza que Su Excelencia se lo prometiese y la
cumpliese despus, cosa por cierto muy conviniente y de gran valor, que
un Prncipe cumpla aquello que promete, mayormente no habiendo sospecha
de contrario suceso; y as Su Excelencia se embarc y fu  donde estaba
el seor Joan Andrea Doria, dejando en tierra  Alvaro de Sande para que
diese rdenes en las cosas que fuesen menester, el cual dicen que se
ech en la cama  reposar.

Vuelto que fu Su Excelencia en tierra, poco antes del da, di orden de
aquello que se haba de hacer, y entonces se torn  embarcar en un
esquife, l y D. Alvaro, para irse  la galera _Condesa_, del Prncipe,
que para este efecto los esperaba, porque el seor Joan Andrea, Capitn
general del armada imperial, se haba hecho  lo largo para descubrir la
mar, y haba llevado consigo el resto de las galeras y enviado todos los
esquifes  tierra para embarcar la infantera y otros seores del
Consejo y Capitanes que haban quedado con Su Excelencia en la orilla.

Volviendo los dichos esquifes cargados de soldados y otras gentes, fu
descubierta la armada turquesca, y como los mismos turcos dicen, con
poca satisfaccin y contentamiento de haber sido vista del armada de
cristianos, y luego se pusieron  hacer consejo, con muestras de temor,
para tomar mejor acuerdo, creyendo que la armada cristiana quisiese
combatir, porque ellos no tenan orden del gran Turco de irla  buscar,
sino de ir  darle socorro  Trpol, y dudando asimismo que las galeras
de Espaa estuviesen all, de las cuales especialmente tenan gran
miedo, y decan que, por estar en Micina las dichas galeras de Espaa el
ao antes de la dicha impresa, las galeras turquescas no pasaron ms
adelante de la Belona, y as entonces estaban con esta sospecha, y en
este medio no hacan otro que preguntar unos  otros si las dichas
galeras estaban all, y D. Juan de Mendoza, su General, con ellas. En
este punto la armada de cristianos se lev con la mayor desorden que
jams se ha visto y se puso en huda, y se rompi ella misma de suyo.

Viendo el Baj una cosa tan vergonzosa, hizo vela y comenz  seguir la
armada de cristianos, y toda la desbarat sin pelear, y Su Excelencia,
que  esta sazn se hallaba en la mar con un esquife, con D. Alvaro de
Sande, en que se iba  embarcar, viendo que la armada turquesca daba
caza  la cristiana, con el mismo esquife se torn en tierra, y as
hicieron todos los otros seores capitanes y soldados que pudieron hacer
lo semejante, cosa de gran compasin, de ver el seor Juan Andrea Doria
embestido con su galera en tierra, la cual encall, y todos fueron
presos, y l se fu con su esquife al fuerte.

Parte de las otras galeras se perdieron por haber encallado; parte se
retiraron cerca del fuerte,  un tiro de can. Estas fueron siete
galeras y cuatro galeotas; del resto se perdieron de 28 hasta 30 galeras
de cristianos, entre las cuales se perdi la Capitana de Sicilia, donde
se hall D. Gastn de la Cerda, hijo segundo de Su Excelencia, y
D. Berenguer de Requesens, Capitn general de las dichas galeras de
Sicilia; D. Juan de Cardona, su yerno, y otros muchos gentiles-hombres
de casa de Su Excelencia, y una seora duea, la cual tena cargo de
tener cuenta del dicho D. Gastn, y por este efecto se hallaron en la
dicha jornada sus personas y sus galeras y sus hijos.

Perdise tambin la Capitana del Papa con su General, el seor Flaminio
Ursino, el cual fu vendido por 150 cupros, que son tres escudos,
estando herido. Muri de ah  cuarenta das. Se perdieron asimismo la
Capitana de Terranova y la Capitana de Monacho, todas, como Dios sabe,
ruinmente, con gran nmero de Capitanes y de soldados y gentiles-hombres
particulares.

La una parte de las galeras turquescas qued cercana al fuerte, y las
otras fueron siguiendo  las naos y galeras de cristianos que huan, y
tomaron hasta ocho  nueve naos. El galen de Cigala pele bien, y el
Baj con su galera y otras 17 le combata, y  todas hizo tenerse 
largo: lo semejante hicieron dos naos arragocesas que se defendieron
valientemente. Las galeras de Malta, con las de Scipin de Oria y Cigala,
se salvaron, y viendo los turcos que no las podan alcanzar, se tornaron
 los Gelves  juntarse con su armada, y como arribaron, el Baj hizo
hacer grande alegra y salva, y tres das arreo hicieron lo mismo, dando
gracias  Dios y  su Mahoma por haber alcanzado la victoria contra
cristianos.

Despus desta desgracia, habiendo estado Su Excelencia dos das en el
fuerte y dado orden de lo que se haba de hacer, fu muy apretado 
importunado del Consejo, que continuamente le protestaba que se fuese 
Sicilia  proveer lo que era necesario en tal coyuntura. Siendo Su
Excelencia forzado hacer lo que era ms conveniente al servicio de Su
Majestad, se hubo de partir, hablando con los hombres de cargo muy
amorosamente y esforzndoles con prometerles que procurara con todas
sus fuerzas de volver con socorro muy presto. Otro tanto hizo el seor
Juan Andrea de Oria, y se embarcaron en 11 fragatas, con otros seores
del Consejo y alguna otra gente particular, y se fueron de noche y
pasaron junto al armada turquesca, con ms peligro que aqullos que
quedaron en el fuerte. Llegaron  salvamento por la gracia de Dios.

Qued en el fuerte por su Lugarteniente el seor D. Alvaro de Sande,
Coronel de la infantera espaola, y as habiendo quedado con l todos
los capitanes y soldados muy alegres y contentos por hallarse en
semejante empresa contra los infieles enemigos de Jesucristo, y
esperando la victoria con el ayuda de Dios, y de cobrar lo perdido.

Viendo D. Alvaro que haba tanto nmero de gente, deseaba mucho poder
enviar  Sicilia 2  3.000 hombres en aquellas galeras que all estaban
metidas en aquel canal, y haba crecido mucho el nmero de la gente
entre mozos de soldados, marineros y otros soldados que escaparon  nado
y estaban sin armas y desnudos; y no pudindose hallar otro remedio, se
hizo lo mejor que se pudo, teniendo por entendido que tenellos all era
la destruicin del mundo dellos y de s mismos.

Como el Baj con toda su armada se puso al derredor del fuerte esperando
la venida de Dragut, el cual lleg con 16 galeras y galeotas de Trpol,
y trajo 2.000 hombres, entre turcos y renegados y moros, y su artillera
y municiones y vituallas, y en llegando se comenzaron  desembarcar, dos
millas lejos del fuerte, hacia Poniente, con gran desorden, y as
estuvieron dos das, hasta que se acab de desembarcar todo lo que
haban de sacar en tierra, en esto el Sr. D. Alvaro ha perdido gran
ocasin, por no hacer lo que todos los capitanes y soldados deseaban,
que eran de parecer de salir  pelear con ellos, porque ciertamente los
rompan.

En este medio el fuerte se reparaba, porque an no estaba acabado de
fortificar, y los turcos comenzaron  marchar al frente; y viendo esto
el Sr. D. Alvaro, hizo parlamento  todos los capitanes, esforzndolos y
dando orden cmo se haban de hacer las guardias, y fu de esta manera.

De fuera, en la campaa, al pozo del agua, que estaba un tiro de can
lejos del fuerte, hacia la parte del Zoco donde los moros hacan el
mercado, pas una compaa de arcabuceros para hacer la guardia hasta la
marina, que ni ms ni menos tena su socorro cuando hobiese arma. A la
banda de Poniente, hacia el campo de los turcos, estaba otra compaa; 
sta le tocaba la guardia por orden del Sargento mayor, con su socorro
tambin, como los otros. Esta compaa se pona cerca de una mezquita
de moros, y poco lejos della se ponan las centinelas hasta la marina.
En el foso del fuerte estaban de guardia de da y de noche 1.500
soldados de todas nasciones, y de aquellos viejos que haban venido de
Piamonte. El resto todo estaba dentro del fuerte, cada uno en su
guardia, y todos esperando  los enemigos con gran regocijo.

El segundo alojamiento que los turcos hicieron fu por derecho de la
dicha mezquita, de la parte de Poniente hacia el palmar, donde los
turcos se reparaban por miedo de la artillera del fuerte, que les haca
gran dao, y desde all iban el Baj y Dragut con gente de pie y de
caballo  reconocer el fuerte y el alojamiento que tenan los nuestros,
y continuamente se hacan buenas escaramuzas con gran dao de los
turcos.

Al ltimo de mayo, estando al pozo del agua el capitn Juan Osorio con
su compaa de arcabuceros, que tena 120 soldados con que haca la
guardia all, y  la parte de Levante cerca de la casa de Dragut hasta
la marina, estaba el capitn Galarza con su compaa de 150 arcabuceros.
A la vuelta de Poniente,  la parte del campo de los turcos, acerca de
la mezquita que se ha dicho, estaba el capitn D. Juan de Castilla con
su compaa de coseletes, que tena hasta 70  80 soldados, y
recelndose el dicho capitn D. Juan que poda ser roto de la parte de
la marina, de los caballos, envi 12 soldados del cuerpo de guardia, con
su cabo de escuadra, que estuviesen en la dicha mezquita, porque all
descubran  todas partes, y diles orden que avisasen siempre de lo
que viesen hacer  los turcos; y si los apretasen mucho, que
escaramuzando se retirasen con buena orden hacia donde l quedaba, que
con el resto de su compaa saldran  dalles socorro.

Los turcos aquel da estaban determinados de hacer algn efecto, por el
trato y concierto que tuvieron dentro del fuerte, y esperaban la seal
que les haban prometido de quemar la plvora del castillo; y no
saliendo esto en efecto, determinaron de ir  ganar el agua y acometer
de todas partes  los nuestros, porque estaban puestos  punto para
hacello, y as, por estar ms cercana aquella guardia de Poniente que
las otras, enviaron hasta 300  400 turcos  la vuelta de la dicha
mezquita, los cuales rompieron el cuerpo de la guardia que all estaba
de los 12 soldados, y ellos escaramuzando se retiraron  la vuelta del
fuerte, no aguardando la orden de su Capitn porque la carga fu muy
grande y no pudieron volver como los haban mandado. Viendo el dicho
D. Joan de Castilla que stos sus soldados volvan las espaldas, sali
fuera con el resto de su compaa  hizo rostro  los turcos y trab la
escaramuza con ellos y mataron algunos de los turcos, y de sus soldados
pocos fueron heridos; y viendo los turcos el dao que resceban, se
retiraron  la vuelta de su campo, y ans el dicho Capitn recogi  los
dichos sus soldados sin perder ninguno. Allegndole en esto socorro del
fuerte, dieron carga sobre los enemigos; y viendo esto los turcos, sali
todo el campo fuera,  pie y  caballo, por todas partes, con
determinacin de romper todas las tres guardias que estaban fuera en
campaa, y as ganaron este da el pozo del agua.

El dicho capitn D. Joan de Castilla, con los otros que le vinieron 
socorrer, recibieron la carga de los enemigos, y escaramuzando
valientemente, como se haca por todos cabos alrededor del fuerte, se
retiraron ms debajo del artillera, y all se entretuvieron hasta la
noche, matando muchos turcos, y vinieron  las manos  pica y espada con
ellos. Los turcos eran tantos de nmero, que ganaron el sitio donde
estaba el capitn Juan Osorio, el cual se retiraba escaramuzando la
vuelta del fuerte, y lleg  socorrelle el capitn D. Jernimo de Sande
con su compaa de arcabuceros; mas tornando  cargar los turcos,
ganaron por fuerza el primer sitio del pozo, y viendo D. Alvaro de Sande
trabada la escaramuza tan bravamente, que siempre crecan los turcos con
algunos moros que venan con ellos, di orden  los dos Capitanes que se
retirasen  la vuelta del fuerte, y lo mismo puso el capitn Galarza, el
cual escaramuzaba en la posta de su guardia sin haberse retirado, porque
allende del socorro que le haba llegado, el sitio era aparejado para
poderse defender. Entonces se retiraron escaramuzando hacia el fuerte, y
as los turcos pusieron su campo desde aquella guardia hasta la otra de
Poniente y ganaron el pozo de Su Excelencia; y luego los turcos
arbolaron ms de 480 banderetas y gallardetes, y comenzaron  hacer las
trincheras, aunque la mayor parte hallaron hechas, porque los
cristianos las hicieron como llegaron en aquel lugar donde se hizo el
fuerte para su defensa y repararse de los moros de la isla, y as las
haban desamparado de la parte que el gran comendador Tigeres, General
de las galeras de la Religin, con todos sus Caballeros de San Juan, que
eran bien 300  400 y ms de 1.000 napolitanos de los bravos, todos
arcabuceros, con sus morriones y plumas, y el resto del campo de los
cristianos, parte se haba embarcado y parte se retiraron en el fuerte,
de modo que no tuvieron tiempo de deshacer sus trincheras viejas, y por
eso los turcos hallaron esta comodidad y aparejo; y como las rehicieron,
luego  la hora plantaron ocho piezas de artillera gruesas  la parte
de la casa de Dragut, y comenzaron  batir el castillo, creyendo que
echaran  perder toda la municin y vituallas, y la cisterna del agua
que eran dentro del castillo; mas el coronel D. Alvaro de Sande hizo
cortar las murallas del castillo y terraplenarlo y puso encima
artillera, con la cual hacan gran dao; mas por aqulla de fuera les
fu quitada, porque tiraron ms de 3.000 pelotas de can; pero las
municiones y vituallas estaban bien guardadas y reparadas y debajo de
tierra, tanto que en esto los turcos no hobieron el intento de su desio
ni de la traicin que tenan concertada dentro el fuerte de quemar la
plvora y atosigar el agua de la cisterna y otros tratos, hasta enclavar
la artillera, como se hizo, aunque haba buena guardia del resto. Todo
se descubri y ahorcaron de los pies ms de 50 hombres.

Viendo los turcos que todos sus desios les salan en vano, comenzaron 
desmayar y  perder la esperanza que tenan de ganar el fuerte, y el
Baj se quiso levantar de sobre l  irse con Dios, y estaba descontento
de Dragut porque le haba hecho desembarcar la gente, y los jenzaros
estaban medio amotinados contra l porque mataban dellos cada da; y
viendo Dragut tan enojado el Baj y  los jenzaros y soldados que
estaban mal contentos y se quejaban dl, les dijo que tuviesen buen
nimo y se sufriesen porque l haba hecho las cisternas que estaban en
el castillo y saba bien cunta agua poda caber dentro dellas y cunto
tiempo poda durar, y que sin pelear ni dar el asalto ni perder un
hombre ms, quera tomar el fuerte y prender  los cristianos en menos
de quince das, y cuando no, que el gran Turco le hiciese cortar la
cabeza.

Con estas palabras y otras tales entretenan al Baj, que en ninguna
manera se quera entretener ms all, porque los cristianos desharan su
armada, y estaba  gran peligro; y si como entonces se entenda de los
mismos renegados, si 25  30 galeras de cristianos bien en orden
parecan, no solamente bastaban  dar socorro al fuerte, mas cobraban
todo lo que se haba perdido, con mucha honra, y desto tena gran temor
el Baj, por tener toda su gente en tierra, as los soldados como la
chusma, y as sus galeras como las que tomaron  los cristianos estaban
todas desarmadas, que no tenan 50 hombres por galera, y tenan los
remos y timones en la mar, temiendo que los esclavos cristianos se
alzasen con las galeras, y as los cristianos perdieron en esto una gran
ocasin, que  lo menos deban parecer y hacer muestra que eran vivos,
que tocando solamente una arma en la mar, bastaba para hacer embarcar el
Baj con todos sus turcos, sin esperar ms, y por lo menos el fuerte era
socorrido y quedaba libre, porque los cristianos podan salir fuera 
tomar agua y otros refrescos, y  deshacer las trincheras y reparos de
los turcos. Allende desto, el Baj estaba con gran recelo y duda de
detenerse all, y se quera embarcar, porque haba entendido que dentro
del fuerte los cristianos hacan agua dulce del agua de la mar,
sacndola por alambiques, como en efecto era verdad que se haca, mas no
bastaba para dar recaudo  todos los cristianos, y as Dragut deshaca
todas estas cosas diciendo que los espaoles eran maosos y cautelosos,
y que daban  entender que hacan esta agua, mas que no era verdad, ni
menos poda ser, y as haca detener al Baj, segn se entenda dentro
del fuerte por va de un renegado, el cual vena muchas veces de noche 
hablar con D. Alvaro, y le traa avisos de todo cuanto se haca en el
campo, y esto tambin se entenda por plizas que otros renegados
tiraban con las flechas y caan dentro del fuerte, y stos no osaban
venirse  l, dudando de la falta que despus hobo del agua, que al fin
haban de venir  perderse y que  ellos les haran pedazos.

En este medio, viendo los turcos que no les salan los ardides que
probaban por tierra, acordaron una noche dar el asalto  las galeras y
galeotas de cristianos que estaban cerca del fuerte retiradas, y
combatiendo, las hallaron que estaban bien  recaudo, porque tenan muy
buena guardia de soldados viejos de todas naciones, y el Coronel
D. Alvaro, con los esquifes que estaban en tierra, luego  la hora les
envi socorro con el capitn D. Juan de Castilla, y as los turcos se
retiraron, con gran dao dentrambas partes de heridos, porque las
galeras, cuando les fueron  dar el combate, se hallaron con las tiendas
puestas; mas tenan lejos, un tiro de piedra, una cadena de rboles y
entenas para que no se les pudiese llegar barca ninguna sin que se
sintiese, y esto les hizo gran provecho.

De ah  pocos das se fueron cuatro galeotas  la vuelta de Sicilia,
con orden de llevar gran parte de la gente intil del fuerte; mas ellas
hicieron lo que les pareci que era ms  su provecho y ganancia: las
tres fueron  salvamento; la una vino  poder de los turcos. Las otras
siete galeras que quedaron fueron combatidas otra vez  una hora de da,
 tiempo que el agua iba menguando, porque all, entre da y noche,
crece y mengua el agua dos veces; y as por la parte de tierra las
dieron combate 3  4.000 turcos y moros, y el resto de su campo quedaba
en las trincheras, dudando de aquello que poda fcilmente acaecer, como
los capitanes y soldados queran tomallos en medio, que los otros
estaban en la mar combatiendo con las galeras y con el socorro que haba
salido del fuerte, que ciertamente era una hermosa cosa de ver combatir
los cristianos con los turcos dentro del agua hasta la cinta, y por
habrseles mojado la plvora dentro de los frascos no se podan
aprovechar de los arcabuces, y as peleaban con las espadas y picas, y
fueron muertos y heridos muchos turcos, porque el artillera del fuerte
y mosquetes y arcabucera, allende de la que tiraban de las galeras, los
tomaba por travs y les haca gran dao, y as se retiraron los turcos
con gran prdida, y de los cristianos hobo pocos heridos, entre los
cuales dieron un arcabuzazo en una pierna al Maestre de campo Miguel de
Barahona, porque l haba salido fuera con el socorro, y de ah  pocos
das muri de la herida.

La maana de Pascua de Espritu Santo, el coronel D. Alvaro de Sande di
orden al Maestre de campo de los italianos, Hiernimo de Piantanido,
milans, que con los capitanes Galarza y Carlos de Haro, que haban de
llevar sus compaas, l tomase hasta cumplimiento de 600 hombres, entre
espaoles  italianos, de la mejor gente que tena, y fuese  acometer
las trincheras de los turcos y procurasen de enclavar la artillera, y
que para este efecto hallaran en compaa  Estfano, coronel de los
alemanes, y al capitn Olivera con su compaa de espaoles, los cuales
tenan 400 coseletes entre alemanes y espaoles, que les haran espaldas
para cuando se hubiesen de retirar, no hallando ocasin para pasar
adelante; y con esta orden, los dichos Maese de campo y Capitanes
salieron dos horas antes del da y acometieron  los turcos, los cuales
estaban en arma, porque haban sentido el ruido; mas no obstante esto
los acometieron, hicieron volver las espaldas y mataron muchos dellos,
entre los cuales fu muerto el Ag de los jenzaros por mano de un
alfrez espaol que se llamaba Nuncibay, que era alfrez del capitn
Galarza y un muy valiente soldado, y jams quiso tomalle por prisionero,
sino matalle, y ans siguiendo la victoria llegaron hasta la artillera
y enclavaron parte della; y viendo los turcos que eran tan pocos los
cristianos que les haban acometido, tornaron  rehacerse y encomenzaron
 dalles la carga, de manera que siendo tan poco nmero de soldados, les
fu forzado retirarse escaramuzando y recibiendo la carga de lo mejor
que podan, hasta el lugar donde estaba el coronel Estfano con los 400
coseletes, que para este efecto aguardaban all.

Como los turcos vieron aquel cuerpo de guardia en aquella parte, no
osaron pasar adelante, y los cristianos, no teniendo otra orden, se
volvieron todos al fuerte, y al retirarse mataron al capitn Carlos de
Haro y al alfrez Nuncibay, porque la escaramuza fu muy trabada; y si
este da, por lo que se vi, salieran 2.000 infantes, como los capitanes
y soldados lo deseaban y decan pblicamente, desbarataban todo el campo
de los turcos, y as lo decan ellos mismos, y la jornada fuera acabada;
pero D. Alvaro de Sande nunca quiso ni tuvo por bien de hacello, movido
por ciertos respetos que  l le parescieron.

Hecha que fu esta faccin, los capitanes y todos los soldados viejos de
todas las naciones que all se hallaron, deseaban cada da ir 
combatir con los turcos, teniendo por cierta y segura la victoria con
la ayuda de Dios, y todos pedan esta impresa; mas D. Alvaro no
solamente no quiso otorgrsela, mas los hizo retirar de tal suerte que
jams consinti en ninguna manera que se saliese fuera  escaramuzar con
ellos. Hizo retirar  toda la guardia que tena en el foso y metella
dentro el fuerte, dejando guardia ordinaria de da y de noche en el
dicho foso y en la gruta donde se sacaba alguna poca de agua, y de esto
estaban muy desdeados y con gran pesar todos, porque encomenzaban 
pasarlo mal de sed y enfermaban muchos y se moran, y los heridos no
podan ser bien curados, de manera que cada da venan  faltar y  ser
menos, y los turcos se aumentaban y se acercaban ms al fuerte con sus
trincheras, mudando la artillera en ms partes; y por hacer ms dao
dentro el fuerte, como cada hora se haca, comenzaron  hacer ciertos
garitones  modo de plataformas, tan altos como los caballeros del
fuerte, y aun algo ms levantados, donde ponan escopeteros que mataron
muchas gentes dentro, porque descubran  los que estaban en el fuerte
hasta los pies, y estaban tan cerca que la artillera no les poda hacer
dao.

Entonces los soldados, queriendo hacer por la parte dentro reparos para
quitar estos garitones en la artillera, D. Alvaro les deca que los
dejasen hacer, que l los quera que se acercasen ms, y as no quiso
dar orden de otro recaudo ninguno, tanto que los turcos, poco  poco,
fueron ganando hasta dentro el foso donde estaba la gruta del agua
salada, sobre la cual se hizo grande estrago de una parte y otra, hasta
que se perdi del todo, porque de los traveses de los caballeros no
podan defender nada el foso y los turcos podan estar seguros en l 
su placer; y teniendo este aparejo y buena ocasin, comenzaron  cavar
los bastiones  medio da sin estorbo ni embarazo ninguno, si no era
algunas veces que arrojndoles fuegos artificiales quemaron muchos
dellos y los hicieron apartar. En lo dems no reciban otra pesadumbre
ni dao, porque estaban tan arrimados al fuerte, que si no era con gran
desventaja de los cristianos, no se les poda hacer dao, y por esto no
podan salir fuera  estorbarles que no cavasen,  ya desto no se daban
mucho, deseando venir  las manos, y por esto tampoco reparaban las
bateras[40], que eran de 70  80 pasos y ms, y tan llanas que podan
entrar por ellas carros cargados. La una de ellas era dentro del
caballero de Su Excelencia y la otra en el caballero del seor Andrea
Gonzaga, y con todo esto los turcos an no osaban dar el asalto.

    [Nota 40: Brechas.]

Antes de noche se retiraban  sus trincheras y desamparaban el foso y
las bateras, y de da muchas veces arremetan con gran furia y voces,
tirando piedras y escopetazos, y muchos dellos llevaban picas de las que
tomaron en las galeras de los cristianos, y se mostraban encima de la
batera todos descubiertos, y asimismo los cristianos, y se combatan de
manera que los turcos jams podan pasar adelante ni ganar palmo de
tierra, que siempre los hacan volver y retirarse con dao.

En esta sazn los cristianos comenzaban ya  pasallo tan mal en todas
cosas y  padecer tanto, que no se puede decir ni creer, porque haba
mes y medio que no tenan agua, si no es dos cuartuchos y medio de
racin al da  cada soldado, y otro tanto de agua  cada Capitn, y
esta agua era repartida de esta manera: una parte de agua de la cisterna
y otra agua salada y la tercera parte de la que se sacaba por alambiques
y alquitaras, y as toda mezclada se daba por racin, como se ha dicho.

Este ingenio de sacar agua de la mar lambicada, lo hizo un siciliano,
hombre de buen juicio y entendimiento, y era buena agua y delicada. A
las mujeres que se hallaron all, se les daba un cuartucho de racin, y
 los mozos medio, y  muchos otros no les daban nada; y vindose morir
de sed muchos dellos, se huan al campo de los turcos, que fueron ms de
700 personas, entre los cuales se iban tambin soldados de todas las
naciones, y algunos dellos, que eran de confianza, que los ponan  la
guardia fuera, en el foso, y tambin de dentro el fuerte se huyeron
algunos dejando la guardia, y hobo otros que se echaban de noche por la
muralla y se fueron  los turcos.

Viendo D. Alvaro este gran desorden, hizo echar bando que cualquiera que
matase uno destos que se iban al campo de los turcos, le diesen seis
escudos, y as mataron algunos, y as no se huan tantos, y acaeci
alguna vez que yendo  matar  los que se iban huyendo desta manera,
los que iban tras ellos con sus armas para matallos, se huan tambin y
se pasaban  los turcos, y haba muchos que deseaban esta ocasin para
huirse; y como los turcos vieron que los cristianos mataban aqullos que
se pasaban  su campo, en saliendo alguno, venan prestamente 
defenderle, y al que tomaban  la hora le vendan, y ningn da haba
que entre da y noche que as de las galeras como del fuerte no se
huyesen de 25 hasta 30 hombres, y destos, porque los turcos tenan
relacin cada hora de lo que se haca de dentro del fuerte y en las
galeras, y haban de mar y tierra aviso de todo, y la causa porque se
huan era porque no les bastaba el agua que les daban, y porque era
salada y les pona ms sed, y eran forzados de escoger este partido de
irse con gran peligro de su vida  beber del agua de la gruta, la cual
asimismo era salada, mas tan fresca, que con todo eso beban hasta
hartarse; mas pocos de stos escapaban, y tenan por menos mal stos ser
captivos, que verse morir sin tener otro remedio, y no haba da que por
falta del agua de los enfermos y heridos no muriesen 25  30 personas, y
vinieron  comer los asnos y los caballos de una compaa que all
qued, de la cual era capitn Bernardo de Quirs, y asimismo comieron
los camellos que haban tomado  los moros, y una gallina se venda por
siete escudos, y no se hallaba, para los enfermos y heridos, y un
cuartucho de agua de la cisterna se venda, vez haba, por medio escudo
 uno de oro.

Algunos soldados, en lugar de alquitaras, lambicaban el agua en los
morriones y la vendan escondidamente por aquello que queran, porque la
orden del Sr. D. Alvaro era que no se pudiese vender ms de dos reales
el cuartucho: ser esta medida poco menos de cuartillo y medio de
azumbre de Castilla.

Las medicinas para los enfermos y heridos estaban asimismo estragadas y
corrompidas, as por el calor que all haca, como por ser viejas y
haber venido por mar, y aqullas que se haban de hacer de nuevo el agua
salada las estragaba, y la tela y el lienzo con que se curaban los
heridos se lavaba con esta agua, y por esta causa se moran, por poca
herida que tuviesen, que no escapaba de ciento, uno, y habiendo de hacer
pan fresco de la harina que tenan, era necesario hacerlo con la misma
agua salada, y asimismo para guisar cualquiera cosa, as en potaje como
de otra manera, y por esto lo pasaban muy mal, aunque tenan provisin
de legumbres y arroz.

Los turcos tenan aviso ya de lo que padecan, y as por apretallos ms,
 los 8 de junio, al alba, el Baj haba mandado poner en orden todos
los esquifes del armada y algunas fragatas armadas y barquillas con
esmeriles y mosquetes y banderetas, con 2.500 turcos, y as vinieron 
la vuelta de las galeras, y Dragut envi por tierra otros 4.000 turcos y
moros, porque en aquella sazn menguaba el agua, y as dieron el combate
 las galeras por un gran rato, sin poder llegar  ellas, porque estaban
muy bien provedas de soldados franceses, italianos y espaoles, los
cuales las defendieron muy valientemente, y mataron  hirieron ms de
400 turcos, entre los cuales fueron muertos ms de 25  30 capitanes de
galeras y arraezes, como ellos se quejaban y decan pblicamente.

Este da se hall en las dichas galeras por cabeza de los italianos el
capitn Fantn, siciliano, bien entendido y valiente soldado; de los
franceses el coronel Masa, caballero de la Orden de San Juan; de algunos
espaoles, el sargento del Capitn Orejn; y as viendo los turcos que
allende del dao que les hacan de las galeras, que del fuerte tambin
haban echado  fondo algunos esquifes llenos de turcos, y que ya los
esmeriles y arcabuces de la muralla los mataban por travs, acordaron de
retirarse con gran prdida.

Estando este ruido y hervor de combate, pareci en el fuerte una paloma
blanca con algunas pintas, la cual, entre tanto que pas el dicho
combate, andaba volando alrededor del fuerte; y como los cristianos
hobieron la victoria, se fu, que no la vieron ms despus, ni primero
la haban visto, si no es aquel da. Los soldados, habiendo tenido sta
por buena seal, alababan  Dios y decan que les enviaba el Espritu
Santo, que les haba trado la victoria, como en efecto fu gran
milagro, y luego D. Alvaro de Sande hizo decir una misa cantada del
Espritu Santo con _Te Deum laudamus_, y todos los capitanes y soldados
cobraron gran esfuerzo y ms que antes tenan, y en este propio da se
entendi que el Baj se quera ir dejando la empresa, y as lo hicieran
si no por Dragut, el cual con grandes ruegos y haciendo grande
instancia se ofreca de fenecella, diciendo que sin combate por mar ni
por tierra ni perder un hombre ms le quera dar el fuerte en las manos,
porque de nuevo haba entendido por muy cierto que en el fuerte no haba
ms agua, como era verdad.

Pasado que fu esto, D. Alvaro hizo poner fuego  tres galeras de las
que haba en el canal, y la guardia que estaba en ellas la hizo venir al
fuerte, porque tena bien menester della, estando seguro que las cuatro
galeras no seran ms acometidas, porque eran bastantes para guardarse y
tener el paso de la mar para que las fragatas que viniesen de Sicilia y
Malta pudiesen venir y tornar, y que las galeras y otros bajeles de los
enemigos no se pudiesen acercar al fuerte ni dalles nenguna pesadumbre.
Las dichas cuatro galeras que quedaron estaban bien provedas de
soldados.

En el fuerte, en tanto estrecho y extrema necesidad de agua, determin 
los 29 de julio de salir fuera con todos los capitanes y soldados que
estaban para poder pelear,  ir con ellos  dar la batalla al campo de
los turcos y desbaratallos  quedar all muertos todos. Eran muy pocos
los cristianos, que entre todos los que se hallaron para poder tomar
armas, no llegaban  800 soldados, y todos flacos y maltratados y
consumidos de la hambre y sed y mal que padecan; los dems estaban
heridos y enfermos, que seran 1.500 escasamente, y as, dejando en las
dos bateras y en toda la otra muralla hasta 200 soldados, con el
resto, dos horas antes del da, D. Alvaro, sin haber dicho palabra  los
Capitanes, que quera hacer tal efecto de salir fuera, ni menos habiendo
antes de eso querido comunicar cosa alguna con nadie ni consentido que
ninguno viniese  decille su parecer, haciendo todas las cosas de su
cabeza, sin tratallas con algunos, bien que los Capitanes y soldados
plticos entendan que se poda hacer de otra manera mejor que se haca,
y le dejaban hacer por la autoridad que tena, siendo Coronel de toda la
infantera espaola y Lugarteniente de Su Excelencia, y as cada uno
estaba callado, que no osaba hacer otra cosa, y tambin le vali mucho
para esto el crdito que en lo pasado haba tenido de buen soldado,
segn todos dicen.

Esta vez sali fuera con muy mala orden, que al parecer de buenos
soldados, por el caballero de Su Excelencia, que estaba todo batido y
abierto, y muy cercano  la trinchera de los turcos, y por el caballero
del seor Andrea Gonzaga, que asimismo estaba deshecho y derribado,
poda salir Don Alvaro, haciendo dos partes de toda la gente, y en la
una ir l, y dar otra  algunos buenos y plticos Capitanes, los cuales
tomasen la vanguardia, y salir todos juntos de golpe y  un tiempo, con
orden y concierto de venirse  encontrar en medio del camino, donde
haba plaza para quedar los que salan en retaguardia, en escuadrn, y
marchar los dems, pasando  cuchillo  todos cuantos turcos topase en
estrecho,  ir en escuadrn con buen concierto, siguiendo la victoria,
que la tenan desta manera, con la ayuda de Dios, muy segura y cierta,
y as suceda muy mejor de lo que fu; pero D. Alvaro dentro, y creyendo
que fuese muerto  preso, estaban muy confusos y alborotados, y algunos
capitanes y gentiles-hombres particulares, desampar[ando] sus cuarteles
y la muralla, se metan dentro del castillo con determinacin de curarse
y abestionarse dentro, y hacer sus partidos y conciertos para salvarse,
teniendo ya por perdido el fuerte, no acordndose de lo que eran
obligados hacer por su honra ni la salvacin de sus compaas ni de los
otros soldados que haban dejado fuera al cuchillo de los enemigos.

En este medio lleg nueva que D. Alvaro enviaba  tomar vestidos para
mudarse y  que llevasen los remos y vela que estaban dentro el castillo
de una fragata que era venida de Mesina pocos das haba, con intencin
de irse en siendo de noche; y como se entendi esto, los capitanes y
soldados comenzaron  alborotarse y  no consentir que le llevasen la
vela y remos, y entre los otros D. Guilln Barbarn, caballero sardo,
di de cuchilladas  aqullos que los llevaban,  hzoselos dejar.

Vindose todos en tales trminos, que D. Alvaro haba desamparado el
fuerte, y con determinacin, segn se entenda, de no volver ms  l,
habiendo tanta falta de agua, que de lo dems tenan bastimento para
muchos das, sabiendo que fuera, en el caballero de Gonzaga, se hallaba
el capitn D. Juan de Castilla con su compaa, que ninguna otra cosa
haba quedado fuera del castillo, y tena consigo las compaas del
capitn Juan de Funes y del capitn Olivera y Ortiz, el cual haba
muerto un da antes, las cuales compaas estaban sealadas para la
guardia del dicho caballero y batera, que todo estaba abierto y llano,
y estas compaas con la mayor parte destos oficiales y todos los
soldados se hallaban all para su defensa, y no llegaban  80 hombres;
dems destos tenan orden de socorrellos cuando fuera menester, el
capitn siciliano Jorge Siciliano y otro capitn milans que se llamaba
Juan Paulo, y era izquierdo; todos eran buenos capitanes y valientes, y
se hallaron con el dicho capitn D. Juan de Castilla, entrambos con
hasta 30 soldados de los suyos y un lugarteniente de alemanes de la
guardia de D. Alvaro de Sande, con otros 30 soldados tudescos. Tambin
se hallaron all algunos gentiles-hombres de la casa de Su Excelencia,
los cuales asimismo tenan orden de acudir  este caballero cuando
quiera que se tocara arma, y todos lo hicieron muy bien, entre los
cuales se hall un gentil-hombre que se llamaba Beltrn, que era
maestresala de Su Excelencia, y ste se seal ms que todos peleando
hasta que el dicho caballero fu tomado, porque todos stos que habemos
dicho no saban nada de cosa que se haca dentro el fuerte, antes
pensaban que todos estuviesen en sus postas y en los lugares que les
haban sealado para que guardasen, y que los otros capitanes y
gentiles-hombres particulares que faltaban era por otra causa y no por
haberse hudo y retirado al castillo.

En esto arrib Antonio de Avila, sargento mayor del tercio de Sicilia, y
en presencia de todos llam al capitn D. Juan de Castilla y le dijo de
parte de todos los capitanes y soldados que Don Alvaro se haba metido
en las galeras con intencin, segn deca, de irse en la fragata en
siendo de noche, y que los otros capitanes se haban retirado en el
castillo, por lo cual le rogaban que quisiese tomar el gobierno de
aquellos soldados y del fuerte, y que hiciese arbolar una bandera de paz
y rindiese el fuerte, y hiciese con los turcos los mejores partidos que
pudiese para salvar aquella gente que all estaba, la cual se tena ya
por perdida.

El dicho capitn D. Juan de Castilla di por respuesta que, aunque
D. Alvaro y todos los otros capitanes hobiesen faltado de cumplir con lo
que eran obligados, que l era cristiano y buen caballero, y soldado
como todos ellos, y que no hara falta de lo que cumpla al servicio de
Dios y de Su Majestad y  su honor, y que se maravillaba mucho dellos
que tuviesen dl tan mala opinin que le enviasen  decir semejante
embajada, que hobiese de hacer cosa tan vil y vergonzosa como era rendir
el fuerte; y as les envi  decir que, si ellos queran defenderse y
morir por la fe de Nuestro Seor Jesucristo y por servicio de su Rey, y
por la honra y reputacin de cada nacin de las que all haba, que l
tomara el gobierno dellos y del fuerte, y que lo terna por gran favor
y honra que le hacan, y que esperaba de Dios de tener tan buen orden,
que se habra la victoria, porque tena aviso por una carta que haba
tirado un renegado con una flecha, aquella propia maana, que les haba
de dar el asalto, y que ninguno se parase  pensar en la falta que haba
de agua ni de ninguna otra cosa, sino que cada uno atendiese  pelear y
defender el fuerte y  s mismos; y con esta respuesta envi al dicho
sargento mayor, y que no queriendo as que ni l ni aquellos otros dos
capitanes italianos con el resto de los soldados y de otros amigos suyos
no queran sino pelear y morir antes que hacer cosa que fuese menoscabo
de su honra, y no tornando dicho sargento mayor, los dichos capitanes de
ah  poco queran hacer consejo entrellos, y enviaron  decir  D. Juan
de Castilla con un caballero de la orden de San Juan, que se llama
Garay, que viniese  hallarse en consejo, y l, viendo que los turcos se
ponan en orden y se juntaban, enviles  decir cmo los turcos estaban
juntos en gran nmero en las trincheras y que tenan las armas en las
manos, y que ya no era tiempo de otro consejo ni acuerdo sino de estar
cada uno en su lugar como l y otros lo hacan, que servan al Rey, y
que lo tuvieran por excusado, y que les rogaba que hiciesen lo que
deban; y esto les envi por respuesta con el dicho caballero, el cual
se lo dijo as  los dichos capitanes, y con esta resolucin ellos
hicieron su consejo y eligieron por gobernador al capitn Rodrigo
Zapata, y as, de all  un poco, en el caballero de Su Excelencia se
arbol una bandera blanca de paz, y vindola los turcos saltaron fuera
de las trincheras y comenzaron  venir hacia el fuerte  parlamento, y
buena parte dellos, con muchos de pie y de caballo, se fueron la vuelta
de las galeras, porque haban odo decir que D. Alvaro de Sande estaba
dentro dellas, y los que haba en su guardia, viendo el fuerte en aquel
trmino y creyendo que fuese ya perdido, se rindieron sin pelear, y Don
Alvaro de Sande fu tomado por Barmuzo, cmitre real del armada
turquesca, y fu llevado con una fragata en tierra, en la tienda del
Baj, el cual y Dragut tambin estaban en sus trincheras esperando la
respuesta de lo que los del fuerte queran hacer.

En esto los capitanes y soldados arriba nombrados, que se hallaban en el
caballero de Gonzaga, pensando que los turcos queran dar el asalto,
comenzaron  tocar arma y tiraron arcabuzazos y poner en orden las minas
de fuego y otras cosas que tenan hechas para su defensa, y del
caballero de la Cerda les dieron voces que no tirasen, porque estaba ya
arbolada la bandera de paz. Y as, viniendo al caballero de Gonzaga el
gobernador Rodrigo Zapata y el capitn Diego de Vera, como los vi el
capitn D. Juan de Castilla, quiso reir con ellos y djoles bien alto,
que lo oyeron todos, que  qu venan all y qu queran, y yndose
ellos les envi el alfrez del capitn Olivera, al cual encarg que
dijese al dicho gobernador Rodrigo Zapata que D. Juan de Castilla se
protestaba de parte de Su Majestad y de Su Excelencia que no hablase ni
dejase hablar  ningn soldado con los turcos, ni hacer otro pacto ni
concierto con ellos, porque no se lo cumpliran ni guardaran, sino que
procuraran de defender el fuerte, que an estaban  tiempo de poderlo
hacer, y  esto no respondieron cosa ninguna; que  esta sazn el
capitn de Funes y el capitn Juan de Montiel de Zayas y el capitn Juan
del Aguila, haban salido  parlamento fuera del fuerte, con el Baj y
Dragut; y el capitn Juan de Funes, por orden del Baj, despus que
hobieron hablado largamente, volvi dentro en el fuerte diciendo que
seran salvos y libres todos los Oficiales y 25 soldados por cada
compaa, y con este recaudo y resolucin le enviaba el Baj, y con l
dos turcos para escrebir y tomar por letra los dineros, moniciones y
vituallas, y el nmero de la gente que se hallaba dentro.

El capitn Juan de Gama se sali fuera y se fu de su propia autoridad y
sin orden de ninguno  la tienda del Baj y all se rindi  buena
guerra, por no faltar de su costumbre, y despus con el tiempo y su poca
vergenza, le dieron libertad, y se fu con los otros capitanes que
haban rendido el fuerte, en libertad, los cuales, ni ms ni menos,
habido la libertad por este insine servicio que hicieron al Baj, sin
ningn temor de Dios ni vergenza de la cristiandad.

Los turcos decan que los dineros pasaban de 50.000 ducados, mas tinese
por cierto que no sea verdad y que no fuesen aun la mitad. Y viendo esto
el capitn D. Juan de Castilla, y habindole avisado un paje de Su
Excelencia, llamado Calveti, que los soldados hablaban con los turcos y
que tomaban pan y agua y fruta que les daban, hizo retirar y puso de
guardia en la dicha batera  su alfrez D. Diego de Castilla, su
hermano, y al sargento del capitn Olivera, que se llamaba Valds, y
ste qued despus captivo en Trpol, y entrambos  dos eran muy
valientes soldados, y diles orden que no dejasen llegar  nadie  la
batera, ni menos que tomasen cosa alguna de los turcos, y l entre
tanto entenda en repararse y apercibir y poner en orden  los soldados
que all tena para defenderse, determinado de hacer todo lo posible
hasta la muerte; y as mand  su alfrez que quemase la bandera, y 
sus criados que rompiesen y echasen en el fuego unos reposteros suyos,
porque tenan el escudo de sus armas, y esto hizo  fin que los turcos
no podiesen hacer triunfo con su bandera como hicieron de las otras que
ganaron de los nuestros, colgndolas de las entenas de sus galeras, y
as di  saco lo dems de su ropa y no quiso salvalla dentro del
castillo, como lo hicieron otros Capitanes y gentiles-hombres; tambin
quera que quedase all su ropa y lo que tena.

Y como los turcos hobieron asegurado un poco  los del fuerte,
mostrndoles buen rostro y el semblante alegre, de all  dos horas, al
poner el sol, estando todos bien descuidados desto, arremetieron por
todas partes y sin mucha resistencia entraron dentro y encomenzaron 
matar  cuantos hallaron en aquella primera furia, y as murieron
muchos, especialmente aqullos que estaban enfermos y heridos, y la
mayor parte de aqullos se hallaron en el caballero del seor Andrea
Gonzaga, porque no se queran rendir sino peleando, se defendan cuanto
podan, y as los que escaparon con la vida, fueron tomados con sus
armas defendindose, y stos fueron los que estaban bien armados, y as
acabaron todos muy honrosamente, como valientes y esforzados capitanes y
soldados.

Luego los turcos se pusieron al derredor del castillo, y este da no lo
tomaron, hasta otro que el Baj y Dragut se hallaron  la puerta del
castillo, como salan los capitanes que se haban encerrado y retirado
dentro, por miedo que tuvieron de perder la vida, y asimismo otros
capitanes y gentiles-hombres particulares que estaban heridos, que entre
todos seran pocos menos de 1.000 hombres, y los escriban  cada uno
por su nombre, y fueron consignados por captivos del gran Turco, y donde
los pobres quedan con poca esperanza de haber libertad, y stos creyendo
salvarse en el castillo acertaron mal, porque fu peor para ellos, que
los otros que fueron presos en el fuerte quedaron en poder de
particulares, los cuales con el tiempo podrn haber la libertad,  por
rescate  por otra manera, y algunos se rescataron muy presto y otros
huyeron y se salvaron.

As miserablemente se perdieron aqullos que quedaron en el fuerte y en
las galeras. Dios se lo perdone  quien fu causa de tan gran prdida y
destrozo y tan universal dao de la cristiandad, porque si al tiempo que
la armada turquesca lleg estaban quedos y firmes as los de mar como
los de tierra, no les poda faltar ms seguro partido y mejor suerte, y
no murieran tantos pobres hombres y desdichados heridos y dolientes, que
era la mayor piedad y compasin del mundo vellos hacer pedazos sin poder
tomar armas para defenderse, y con tanta crueldad ser muertos.

Dios d gloria y reposo  sus nimas, y concordia  los cristianos para
que puedan vengarse deste dao que recibieron de los enemigos de
Jesucristo, que ciertamente esta victoria ha ensoberbecido de tal manera
 aquellos infieles, que no estiman ms  los cristianos que si no
estuviesen en el mundo, y si Dios no provee, se harn de contino ms
grandes y poderosos.

Todo esto que he dicho v por mis propios ojos y aun podra contar otras
particularidades; mas me remito al que quisiere tomar la mano que sea de
mejor juicio, y por lo pasado y porvenir, sea loado el nombre de Nuestro
Seor Jesucristo. Amn.

       *       *       *       *       *

Hllase esta traduccin, de letra del siglo XVI, en un cdice en 4. de
_Miscelneas_ que se halla en la biblioteca alta del Escorial, _iij-23_,
y tiene el original 17 hojas. Confrontse all mismo  10 de noviembre
de 1791.--Martn Fernndez de Navarrete.




APNDICE II


CARTA

     _de D. Juan de la Cerda, Duque de Medina Celi, fecha en Mesina  7
     de enero de 1564, remitiendo al Dr. Pez, Cronista de S. M., la
     relacin que D. Alvaro de Sande haba dado  S. M. acerca de la
     jornada de Berbera, con anotaciones suyas_[41].

    [Nota 41: Original en la Academia de la Historia, Coleccin
    Velzquez, _T-36_, est. 22, gr. 4, nm. 75.]

Muy magnfico Seor: Los otros das me enviaron de la Corte la copia de
una relacin que di D. Alvaro de Sande  su maj. del progreso de la
jornada de Berbera,  por mejor decir, de nuestra tragedia; sobre la
cual me paresci apunctar algunas cosas de que tena memoria pontual por
hauerlas encomendado los mismos das que sucedan  la escritura; la
qual solamente con lo que tena vestido saqu del fuerte, y vna pequea
ymagen de plata de nra. Sra. en el gueco de la qual hauia ciertas
Reliquias que mis padres tenan en mucho, por deuocin y compaa de los
peligros del viaje de la fragata, y porque los papeles acabassen
conmigo si ass nro. Sr. lo quera, los quales se estn todava en
borrador ass porque juzgndose comunmente los hechos por los fines no
merecan sacarse en limpio, como por las ocupaciones deste cargo, y
tambin por no Renouar los dolores, y digo pues Sr. que lo que apuncto
en la dicha Relacin es la pura verdad, y que si quisiera escribir
historia,  en aquel lugar conviniera que en cada cosa me pudiera
dilatar mucho, ass sobre lo que apuncto como sobre lo que queda omiso
en algunos lugares, porque mi intencin ha sido apunctar lo que 
D. Alvaro no se acuerda y declarar algunos motivos y causas que me
mouieron  las Resoluciones que tom desde el comieno de la jornada
hasta que dex aquel castillo en su poder. Y porque no menos me tienen
cansado los juicios que sin oir las partes he entendido que en diuersos
cabos se han hecho del discurso de este viaje y del fin del que su
adverso succeso no pensaua tratar ms dl: sino satisfacerme con
enterrallo yo de mi parte, aunque otros lo tengan al ayre. Todaua por
lo que se deue  la subcessin, pues nro. Sr. ha sido seruido de
drmela, pienso hurtar algn tiempo  las horas de Reposar de los
trauajos ordinarios y sacar en limpio las notas que hize, y embiaroslas
Sor. las quales sino fueren por el estilo  orden que  buen orador
conuiene, no ser menester pedir que nos cause admiracin, pues se sabe
que no estudi, lo qual fuera bien apropsito haberlo hecho para esto,
si tubiera tanto fin  que paresciera bien lo que se hizo, como de que
sepis la verdad, para lo qual hubiera menester buscar suficiente ayuda,
lo qual no Requiere mi intento, porque es la Verdad vna coluna tan firme
que no puede ser rota jams, y tan clara y tersa que no puede durar
mucho en ella la mancha y escuridad. Acceptarlo eys Sor. quando fuere y
agora esta Relacin para hazer della lo que os paresciere, que aunque
slo sirua de que la veays, es demasiada satisfaccin para m que vn tan
mi amigo sepa en esto lo mismo que yo y que considere en todo el
discurso que lo que la fortuna no quiso que se hiziesse lo ped en la
ocasin  cuyo cargo libremente estaua, que lo que se perdi no me hall
en ello en persona ny en consejo, y que no falt cosa de lo que toc 
mi prouisin como los Retratadores del viaje proponan, y que perd ms
hacienda, ms amigos, ms criados y mi propia sangre, y lo ganado y las
esperanzas dello, lo cual no caresce de misterio, y todo para que
conozca  Dios, el qual, quin sabe si me ha guardado para alguna cosa
de mayor importancia de su seruicio y de my Rey, lo que me tiene con
esperanza entre cclopos en no pequea penitencia, y tal que por lo que
yo deuo holgar de escribiros Sor. siquiera por gustar de vuestras
Respuestas y hazello tan raras vezes, la podeys muy bien juzgar, y si la
ocupacin es pequea  fastidiosa. Guarde nro. Sor. vra. muy magnfica
persona como Sor. deseays, de Mecina  vij de enero 1564.

A lo que v. m. mandare.--D. Juan de la Cerda.

Sobrescrito.--Al muy magnfico Sr. el Sr. Doctor Paez, Coronista de su
Majestad.


COPIA

     _de la relacin que D. Aluaro de Sande di  su Maj. de la jornada
     de Berbera de los aos 1559 y 60, con algunos apuntamientos en la
     margen de D. Juan de la Cerda, Duque de Medina Cely, sobre las
     cosas en que su persona se hall._

S. C. R. M.

1. D. Alvaro de Sande, digo, que yo vine  esta corte  besar las Reales
manos de V. M., y por su ausencia he estado aguardando aqu algunos
das, en los cuales he entendido que algunas personas, con particulares
respectos  invidias, han querido informar  V. M. de cosas que en la
jornada de Trpol y fuerte de los Gelves me quieren cargar injustamente
y en contrario de la verdad,  aunque estoy cierto que V. M. no habr
dado crdito, ni dar  sus parleras, todava he querido dar  V. M.
relacin por escrito de todo lo que en la dicha jornada pas, desde el
principio hasta el fin, la cual es la siguiente, y suplico  V. M. sea
servido verla.

2. Habiendo vuelto de Npoles de Lombarda el ao de 1559 por el mes de
junio, de tomar la posesin de los cargos en que all V. M. me mand
servir, y hallndome en Paun [as] con mi mujer y casa, determinado en
reposando algunos das venir en Spaa  besar  V. M. las manos y
pedille merced por mis servicios, lleg  Miln el Comendador Guimarn
con una su orden para el Duque de Sessa, para que de la infantera
spaola que all haba diese mil y quinientos hombres para que fuesen 
servir  la empresa de Trpol, que V. M. mandaba se hiciese, y  m me
mand servir y orden que tomase la dicha gente y que con ella y con
otros 2.000 espaoles de los de Npoles, del cargo de mi coronela, que
mandaba al Duque de Alcal me diese, fuese  servir en la dicha empresa,
y que en Gnova, por su orden, se adrezaran naves en que pasase la
gente de Lombarda.

3. Succedi en este tiempo la muerte del Rey Enrique de Francia, y
aunque el Duque de Sessa estaba determinado dar los mil y quinientos
hombres que V. M. le mandaba, y andaba procurando el pagamento della
para expedirla, parescile que de la muerte de Enrique podran nascer
algunas novedades,  que no era bien hasta tener otra orden de V. M.
desguarnecer aquellas plazas y estado, y as el dicho Duque tom esta
resolucin conmigo.

4. Parescindome que en el medio que llegara la nueva orden de V. M. yo
podra ir  Npoles y Sicilia  entender de los Virreyes de aquellos
reinos, del de Npoles, si era su voluntad dar la gente, y del de
Sicilia, para saber dl lo que mandaba, vista la dificultad que el Duque
de Sessa pona en dar la suya, y as lo puse por obra y fu  Npoles,
adonde hall  D. Sancho de Leyva y al Comendador Caldes, que haba ido
de parte del Duque de Medina  solicitar la ida de la infantera y 
pedir cierta artillera, municiones  vituallas, y habiendo tratado
algunas cosas en este particular, l me respondi que dara la gente,
que no la diese el Duque de Sessa, y con una galera que me mand de las
del dicho D. Sancho, pas luego en Sicilia, y hall que el Duque de
Medina Cely, Visorrey della, y  quien se haba cometido la dicha
empresa, tena ya hechos muchos aparatos para ella, as de vituallas,
artilleras y municiones, como fletado muchas naves para que sirviesen
en ella, y me haba despachado un correo para que con la infantera
espaola que haba de llevar de Lombarda llevase asimismo dos mil y
quinientos italianos y procurase recoger dos mil alemanes de los que
entonces se licenciaban y los llevase tambin, el cual despacho no me
hall en Miln ni top en el camino, por haberle hecho yo por mar. Hall
asimismo que el dicho Duque de Medina haba mandado levantar gente en
Sicilia y Calabria, y parescindome qul estaba ya determinado hacerla y
que lo mucho que se haba gastado y los preparamientos que estaban
hechos forzaban  que se prosiguiese en ella, y que para aceptarla y que
hubiese buen efecto convena llevar ms gente vieja y pltica de la que
entonces vea, que era sola la de Lombarda y tres  cuatro compaas de
la de Sicilia[42] y muy poca de la de Npoles, aprob la orden que el
dicho Duque me haba enviado de levantar y traer con la infantera
espaola de Lombarda la alemana y italiana, y con esta determinacin y
orden volv  embarcarme y fu  Npoles y Gnova, y de all pas 
Miln, donde hall que ya el Duque de Sessa le haba llegado nueva orden
de V. M. para que diese los dos mil  quinientos infantes, y en el medio
que los pagaban, yo hice levantar tres mil italianos y setecientos
alemanes en tres banderas, y con ella y la espaola fu  Gnova, donde,
as porque no estaban adrezadas las naves en que haban de pasar los
alemanes  italianos, como por contrarios tiempos, me detuve diez y ocho
das.

    [Nota 42: Al margen dice el Duque: Las compaas del tercio de
    Sicilia eran doce, y los soldados ms de dos mil.]

5. Orden el Duque de Sessa que la paga de la infantera espaola se
fuese  hacer en Gnova, por evitar que no se quedasen algunos soldados
despus de la paga; y como en aqulla se quisieron reformar las ventajas
y se trat de que hubiese algn perdn  suelta de pagas, la gente se
alter y amotin, y lo mejor que pude lo pacigu y aquiet, y despus de
haberla pagado la embarqu en las galeras de Sicilia, con las cuales
estaba all D. Berenguel de Requesens para aquel efecto[43].

    [Nota 43: Al margen dice el Duque: Este motn fu uno de los
    principales disturbios que hubo en esta jornada, porque se
    detuvieron estos soldados sin embarcarse quince  diez y seis das,
    que cierto no era tiempo de hacer nuevos captulos con ellos, pues
    al fin de la jornada bastara que se hicieran, y fuera ms seguro y
    ms  provecho de su Maj. por los muchos que suelen faltar en la
    guerra, de ms que con la ganancia que se esperaba,  con no
    habellos menester, se hiciera mejor lo que se pretenda dellos, as
    de las pagas ordinarias como de las ventajas.]

 porque en este medio haba hecho partir las naves con los alemanes 
italianos, por no perder tiempo, por una borrasca  temporal que
tuvieron, volvi al puerto una en que iba parte de la infantera
italiana, algo mal tratada,  para repararla  hacerla partir con
brevedad, hice que el dicho Don Berenguel se partiese con la infantera
que tena embarcada en sus galeras, dejndome  m una de las suyas con
otra que all estaba del Prncipe Doria, con las cuales, dejando ya
reparada la nave y  cargo del Prncipe Doria y el Embajador Figueroa
que la mandase partir con el primer tiempo, me part dos das despus
que el dicho D. Berenguel y llegu  Mecina algunos das antes qul, 
primero de xbre., y despus llegaron todas las dichas naves  salvamento
sin haber disturbado  nada la dilacin de su llegada.

6. Parti de Mecina el Duque con toda la armada  primero de noviembre,
y no pudiendo pasar de Zaragoza por los contrarios tiempos, estuvo all
hasta primero de diciembre, que parti para Malta, donde llegaron todas
las galeras, y las naves volvieron  Zaragoza; por la extremidad de los
malos y contrarios vientos tard muchos das en junctarse toda la armada
y hubo grandes dificultades en ello, y en el medio que se junctaba, el
gran Maestre y todos los plticos de la costa de Berbera fueron de
parescer que el armada, con el tiempo que partiese de all, fuese al
Seco del Palo, que es en la costa de frica, en Trpol, y la isla de los
Gelves, 85  90 millas distancia de lo uno y de lo otro, y que los
navos que primero llegasen esperasen all  los otros, y con esta
resolucin, con el primer tiempo, que fu  los 10 de hebrero, se hizo
el armada  la vela y las naves siguieron su derrote al Seco, y las
galeras fueron  los Gelves para hacer all agua; donde allegaron fueron
descubiertas dos naves turquescas surtas, la una adonde llaman la
Cntara, y la otra junto  la Roqueta, y para tomarlas, algunas galeras
se adelantaron, y entre ellas la Capitana de D. Sancho de Leyva, que
lleg primero que nadie, y la una dellas la tom sin haber hallado en
ella persona ninguna,  aunque la nave se haba entrado por una canal
donde con mucha dificultad poda entrar galera ninguna, entr D. Sancho,
porque llevaba consigo un Chuzamuza, cosario turco que l tena preso, y
era muy pltico en aquella costa. Arrimndose la armada  ella,
descubrimos dos bajeles de remos que estaban surtos en la Cntara, en
parte donde les era imposible huir. Estaba Juan Andrea muy malo, y
envile el Duque  decir que ordenase  D. Sancho que fuese  tomar
aquellos bajeles, que  lo que se poda juzgar parescan galeotas. No s
si le orden; pero s que nadie fu  tomarlos, y que se supo que eran
una galeota y una galera sotil,  que estos navos fueron 
Constantinopla, y en ellos Luchaly  pedir el socorro de Trpol y  dar
la nueva de la allegada de nuestra armada; y si se tomaran, como se
orden y fcilmente pudiera, no solamente el aviso le tuvieran tan
brevemente en Constantinopla, de que tanto dao result, pero se supiera
que estaba en la isla el Draguti y fuera posible, y an no lo dudo que
se tomara, y de su prisin nasca con muy poca dificultad la prdida de
Trpol y los Gelves, sin haber sucedido ninguno de los inconvenientes
pasados.

6. _Aqu escribe el Duque._--Y porque partiendo por el mes de noviembre
 jornada que se haba de ir por mar, habr muchos, y no sin fundamento,
que no les parezca buena determinacin, es bien, para entender la verdad
del todo, que se sepa que me movieron  partir las cosas siguientes. La
primera, que la navegacin era segura, porque de Mecina al puerto de
Augusta hay 70 millas, el cual es capacsimo para recibir muy mayor
armada. Del dicho puerto al de Zaragoza 30 millas, y desde Zaragoza 
Malta 100, y de Malta  la Lampadosa 90, y de all al Seco de los Gelves
170, y del Seco de los Gelves al Seco del Palo 50, que todos son
puertos, y donde el armada se poda reparar, como se repar, y
aguardando tiempo en cada una destas partes para ir  la otra, no
acaesce de ordinario en estas mares levantarse tan presto temporal que
estorbe en tan poca distancia que no se tome puerto, como se hizo.
Tambin me movi  partir hallarme con casi 15.000 hombres de guerra en
el reino de Sicilia y sin dineros para pagallos, de que tocaba una buena
parte al Visorrey de Npoles, pues si se despidieran sin pagas, se
haban de alojar  discrecin y fuera darles en prenda el reino, y esto
es cosa tan nueva y recia para Sicilia, dems de la escabrosidad de la
gente, que, certsimo, sucedieran grandes desrdenes y alborotos, como
ya en tiempo de mis predecesores en este cargo acaesci diversas veces,
especialmente cuando el motn de randazo, pues siendo tanto menos gente,
fu desorden tan notable, que tal pudiera suceder de invernar tanta ms
y de diversas naciones, sino que en lugar de conquistar se destruyera la
casa propia, como ya lo consider D. Hugo de Moncada cuando tuvo
alojados 15.000 espaoles en la Fariana, isla despoblada, aunque no se
hizo de manera que Marsala no lo sienta hasta agora. Tvose atencin 
partir de Zaragoza  lo susodicho, y  que en Malta habra menos
inconvenientes que en Sicilia se esperaban, porque la gente, no slo
estuviera fuera de la fertilidad de Sicilia, mas en una isla muy
estril, porque si cometieran alguna ruindad no poda dejar de salilles
mal y de entregarse de hambre, pues teniendo por contrarios al Maestre y
Caballeros, el Burgo y Castillos, juncto con las galeras y naves, y mi
persona y gente principal que  la jornada iba, no podan meterse los
soldados en parte en toda la isla que tuviesen de comer; y si
partindose de all en invierno no se pudiera llegar  Trpol por no
haber puerto para nosotros, no slo era de menos inconveniente invernar
en Berbera con el ejrcito yendo tan bien provedo de vituallas, pero
era mejor, por ser la regin ms sana y poderse hacer algo en los
Gelves, como lo escreb  S. M. antes que partiese de Zaragoza,  en
alguna otra parte, con que los soldados se entretuviesen y refrescasen,
de ms que se llevaba esperanza fundada en mucha razn, que los moros
proveeran de vituallas frescas por dineros (como lo hicieron),  causa
de la enemistad que tenan con Dragut, de que haba mucha noticia,
dejado aparte que es costumbre suya muy sabida, por su particular
ganancia. Hallme obligado  esto, porque como se fu junctando la gente
poco  poco y con muy gran esperanza de la que me haban de dar los
Duques de Sessa y de Alcal, haba de ser cierta y presta como su Maj.
mandaba, no hubo razn ni causa para que yo dejase de junctar la que 
m me tocaba, y hacer tan gran gasto como se hizo en esto y en la
abundancia de vituallas y municiones que se llevaron, porque la
infantera espaola de Lombarda se detuvo  causa de la muerte del Rey
de Francia, como dice D. Alvaro de Sande, y del motn de Gnova, y la de
Npoles, esperndola de hora en hora, tard, de manera que habiendo de
venir por orden de S. M. 2.500 hombres, no lleg el cumplimiento sobre
los 600, poco ms  menos, que trujo D. Sancho en las galeras, hasta los
ltimos de diciembre que vinieron  Malta. Es as que se descubrieron
las naves que dice D. Alvaro, y que la que saque D. Sancho de Leyva
estaba metida por el canal una buena milla de donde dieron fondo las
galeras, por no saberlo y tener por proa los secanos, donde invistieron
algunas, y  D. Sancho le gui Chu Zamuza, arraez de una galeota que
haba tomado das haba en la costa del reino de Npoles, hombre muy
pltico de aquellos secanos, y as abord la nave, que estaba sola,
dejada de los moros, al cual sigui el Capitn Suero Feyj con una
galeota ma, y desde donde descubrieron dos galeras de turcos que se
iban metiendo el canal adelante, cuanto ms podan, hacia la Cntara,
que quiere decir puente, por la cual se pasa de la isla  tierra firme;
sindole dicho  D. Sancho por el dicho Capitn Feyj que se fuese tras
aquellas galeras, no lo hizo, mas antes cortaron el cabo que tena dado
la galeota  la nave, y vino el dicho Capitn  la Capitana de Juan
Andrea, donde yo estaba, y me dijo todo lo que haba pasado. Estaba
entonces Juan Andrea en la cmara de popa malo y en la cama, y
hallndose en lo alto de la popa conmigo el patrn de la Capitana,
Gasparn Doria, que era de quien ms caudal haca en el gobierno de las
cosas de la mar, le dije y rogu, no una vez, sino muchas, que se
entrase por aquellas galeras,  lo cual me respondi que para qu quera
leame, diciendo que la gente envestira en tierra, y yo le dije que
cuando as fuese sera muy bien quemarlas, porque cuando nosotros
passemos  Trpol no podan dejar de salir  los navos que venan
atrs y hacernos dao en ello y en las vituallas que nos viniesen,
cuanto ms que podra ser tomarse alguna gente de la cual habramos
lengua de lo que en Berbera pasaba. Respondime por ltima resolucin
que en ninguna manera convena  la reputacin de aquella armada que se
entrase por leame especialmente, que podra suceder algn peligro 
alguna galera. Entonces le ofresc que entrase mi galeota primero,
descubriendo lo que haba, y el canal, y no bastando esto, vista su
pertinacia, envi  pedir  Juan Andrea con grandsima instancia, y con
las mismas razones, que tuviese por bien de que se entrase por aquellos
bajeles, y no le paresci; y como yo no llevaba mando ninguno sobre las
cosas de la mar, como me desenga bien en Mecina delante de D. Juan de
Mendoza, y quiz por su consejo, hube de tener paciencia y por mejor lo
que quera, que no porfiando con l ser causa de que sucediese algn
disgusto y se volviese  Sicilia. Desde  poco vino D. Sancho de Leyva
de saquear la nave, y subiendo  la galera de Juan Andrea le dije que
cmo no haba entrado tras las galeras, importando ms tomar un bajel de
remo que 50 naves,  lo cual me respondi que no era cosa de hablar en
ello, porque era gran peligro, y que all haba estado el Prncipe Doria
sobre Dragut y se le haba salido con las galeras rastrando del otro
cabo del puente  Cntara, y le haba dejado por escarnio en una torre
que est all y que tenamos  la vista, colgado un priapo de hombre, 
lo cual yo le respond que haba muy gran diferencia de lo uno  lo
otro, por la ventaja que haba de todas las galeras de Dragut  aquellas
dos sobre que habamos amanescido con tal armada y  la imprevista y sin
que pudiese haber defensa que estorbase la entrada, especialmente
teniendo tan buen piloto como me haba dicho que tena en Chuza Muza,
que le haba guiado yendo en la proa de la galera hasta donde lleg.
Finalmente, se resolvi en que no se entrase por las dichas galeras, las
cuales, dems que fueron las que trujeron el armada del turco, estaban
de manera que los turcos dellas no se acordaban de otra cosa sino de
salvar sus personas  nado, y hubo muchos que entregaron su dinero  los
cristianos que estaban  la cadena, como se ha sabido de hartos que han
escapado y rescatado despus ac, de los cuales se tomaba lengua, y
tomada sitibamos  Dragut en los Gelves y todas sus fuerzas, las cuales
no podan salir en ninguna manera, ya que su persona saliera de noche en
una barca, y se tomaban asimismo las dos galeras con ms de 60  70.000
escudos que tena Dragut embarcados de la composicin que haba hecho en
los Gelves aquellos das; y si quisiramos saltar en tierra era de tener
por muy cierta la victoria, por ser antes que nos faltase la mucha gente
que se nos muri en el Seco del Palo, y porque la isla estaba mal con
l,  lo menos la mitad della que se volviera en nuestro favor, y cuando
quisiramos pasar con aquella bonanza, que dur siete  ocho das, le
podamos sitiar con tomalle la Cntara y las dos galeras y los ms
bajeles que hubiera por la costa alrededor de la isla, en un da, y
dejar cuatro galeras de una parte y cuatro de otra, y irnos  Trpol y
tomarlo sin muerte de un hombre, porque lo haba dejado Dragut con solos
400 turcos poco ms  menos, viejos, cojos y mancos.

7. _Sigue D. lvaro de Sande._--Detuvironse las galeras en saquear las
naves casi todo lo que quedaba del da, y acordse que el siguiente se
fuese  hacer el agua de la Roqueta; y para asegurar  la gente que la
haba de hacer, el Duque sac toda la infantera que iba en las galeras,
y tvose la mayor parte del da una gruesa escaramuza con los moros de
aquella parte, que son aficionados  turcos, y con ms de 500 turcos 
pie y  caballo que all estaban con el Dragut, y  otro da sucedi por
mala orden la desgracia  las ocho galeras que se haban quedado atrs.

8. El da siguiente las galeras partieron de all  fuimos al Seco del
Palo, donde hallamos algunas naves de las nuestras surtas, y fueron
llegando de da en da las que faltaban, y las ocho galeras que arriba
digo: as por la dilacin de la llegada de las naves, como por ser los
tiempos muy psimos y contrarios, al Duque le fuerza estar all muchos
das, en los cuales, as porque la gente iba muy cansada y fatigada de
la larga navegacin y trabajo de aquel invierno, como por la mutacin de
los aires y ser las aguas muy suaves, se inficion una enfermedad y
pestilencia tan grande, que se echaban cada da gran cantidad de cuerpos
 la mar;  visto esto,  que an no haban llegado algunas naves en que
iba infantera espaola  alemana  vituallas,  que el tiempo era
contrario para ir  Trpol y las naves estaban con gran peligro de dar
al travs como haba dado la nave Capitana, acord el Duque de tomar
parescer de todos los que ramos del Consejo, para que se viese lo que
se haba de hacer  mas convena al servicio de V. M.  al bien de la
empresa  que bamos. Fu mi parecer  voto que d que V. M. me haba
ordenado que fuese  servir en aquella empresa,  que estaba presto y
aparejado para morir sirviendo en ella. Resolvironse todos en que la
empresa se hiciese,  que porque del estar all nasca tanto dao, por
la mortandad de la gente y la disminucin de las vituallas, que con el
primer tiempo, sin esperar las naves que faltaban, se partiese el
armada;  que si el tiempo viniese contrario para poder ir  Trpol 
bueno para volver  los Gelves, que por salir de all se fuese  ellos,
donde la gente podra desembarcar  refrescar  limpiar las naves,
creyendo  teniendo por cierto que los moros de la isla eran amigos,
porque en ella hay tres parcialidades: una amiga de turcos, y las dos
enemigas;  porque stas haban enviado  Sicilia  pedir ayuda para
echarlos de la isla, y tambin porque sabamos que el Dragut, despus
que tuvimos con l la escaramuza y entendi que bamos  Trpol, se fu
 meter en ella con todos sus turcos sin dejar ninguno en la isla, sino
muy pocos en la guarnicin del castillo, y que con el primer buen tiempo
se embarcara la gente  proseguiramos nuestra jornada, y que asimismo
recogeramos all las naves que faltaban y las vituallas que venan de
Sicilia, y as con esta resolucin y acuerdo pusieron todas las naves 
pique para partir  donde el primer tiempo nos encaminase.

8. _El Duque._--Si no hubiesen pasado por D. lvaro de Sande tantos
trabajos, maravillarme ha de que se le olvidase que su parecer no fu
tan ambiguo, pues no obstante que lo que all se resolvi fu lo ms
acertado, conforme  los tiempos y  la poca salud que el ejrcito
tena, y  la gente que nos haba faltado, y de manera que yo me
resolviera en ello, aunque no tuviera el Consejo y parescer de las
personas que llevaba; pero no dudo de que cuando D. lvaro vea estos
apunctamientos le volver  la memoria que especificada y abiertamente
fu del parescer de todos, y que en pblico y en secreto lo trat
diversas veces conmigo, inclinndose  la ida de los Gelves luego que se
supo de las galeras que quedaron atrs que dejbamos  Dragut en los
Gelves, de la gente de las cuales supo de nosotros, porque de la
escaramuza no haba tomado lengua, como asimesmo tampoco la tomamos
nosotros; y fu ms de esta opinin cuando supo que era ido  Trpol, en
que yo me conform por ver la falta que de la gente que sacamos de
Sicilia haba, y la que de cada da iba faltando, porque lo de Trpol se
pona en peligro y lo de los Gelves era cosa segura y haca muy cierta
la empresa de Trpol, por ser el principal sustento de aquella plaza y
de los turcos que la guardan, como se podra discurrir largo y se ve por
el gran esfuerzo que Dragut hizo en cobrarlos y el peligro en que se
puso toda la armada del turco, quedando sin gente y sola, como qued;
dejado aparte que el tiempo no estaba para ir all, y el temporal que
nos trujo  los Gelves era viento por proa para Trpol, y de ms de diez
millas por hora, y dur tanto que se pudiera ir bien tarde  Trpol si
se esperara en el Seco del Palo, y aun nunca  tierra de cristianos,
pasando adelante la mortandad de la gente que cada da iba cresciendo,
lo cual ces en los Gelves, por ser la tierra muy sana y haber salido la
gente de la mar; as que lo sobredicho no lo digo porque lo hice por
parescer de D. lvaro, pues yo lo hiciera y no se poda hacer otra cosa,
sino por decir lo que  l se le olvida, pues lo que se hizo con deseo
de servir al Rey nuestro seor y con toda la razn de guerra del mundo,
y no sin pelear y peligro, como es ordinario en tales jornadas no me
paresce que es razn, porque la fortuna haya querido ser contraria, y
que fuese adverso el fin, que quede por olvidado lo que fu bueno; y
para tornar mejor  la memoria su parescer  D. lvaro, no dudo de que
se acordar que queriendo junctar otra vez el Consejo, como se hizo para
tratar de nuestra ida y desembarcacin y conquista de aquella isla, le
dije que conociendo yo en D. Sancho de Leyva que todo lo que se
propona, parescindole que sala de l, lo contradeca, que me paresca
que aquel da no se conformase conmigo, y que vera cmo tiraba 
D. Sancho  todo lo que al servicio de S. M. convena, y entonces fu
cuando vot que l hara lo que yo le ordenase, cierto diferentemente de
lo que concertamos, pues en lugar de dar desvo para traer  D. Sancho 
lo que convena y haba tratado con l, se quiso poner en seguro de que
yo huelgo mucho que lo est; y digo que sea as, que yo lo determin sin
l, y que sali bien, y saliera mejor si las galeras no se perdieran al
fin de la jornada, con que se perdi todo.

9. _Prosigue D. lvaro de Sande._--Quiso Dios que el da siguiente, que
fu  2 de marzo, no solamente se mejor el tiempo para ir  nuestro
viaje; pero refresc tanto al contrario, que partiendo con l para los
Gelves, conforme  la determinacin que se haba tomado, que en menos de
diez das fuimos surtos al cabo que llaman de Valguarnera, que es lo
ltimo de la isla  la parte de poniente, y donde es la parcialidad ms
enemiga de turcos, y era la obstinacin de los tiempos malos tanta, que
estuvimos sin poder desembarcar cinco das; y contra la opinin que
llevbamos, no solamente  los moros les pes de nuestra ida all, pero
nos negaron las vituallas, y el da siguiente, que nos desembarcamos,
que fu  los 8 de marzo, por defendernos los pozos, dieron la batalla;
y acampndose juncto con nosotros, estuvieron cinco das, hasta que
visto que el Duque quera volver  pelear con ellos, se rindieron y
sometieron  la devocin de V. M., echando los turcos del castillo 
entregndole,  con las dems condiciones que V. M. habr visto.

10. Y paresciendo que pues aquella isla se habia subjetado y atrado 
la devocin de V. M., era bien de procurar de conservarla, y convena
hacerlo por lo mucho que importaba  la quietud de los reinos de Sicilia
y Npoles y navegacin de ellos, por ser aquella isla tan vecina 
ellos, donde se recogan muchos cosarios, as  vituallarse como 
repararse  hacer navos y invernar en ella y vender las presas que en
los dichos reinos y costa de Italia hacan, que para esto era bien hacer
un fuerte competente donde se pudiese meter guarnicin de gente y
artillera, porque habindole se quitara la frecuentacin de los
cosarios y disturbara mucho la contratacin y paso de los turcos que
pasan  Argel  poniente y se pona la isla en perpetua subjecin, y
podra servir de escala y de casa de municin para las empresas que en
frica se quisieran hacer,  para los navos que quisiesen andar en
corso contra turcos, y que el mejor sitio y parte donde se poda hacer
era donde estaba el castillo, incorporndole en l, porque no se quera
comenzar obra que pudiese disturbar  que, con el primer tiempo y
llegado de Sicilia las vituallas y gente que se esperaba, no se pudiese
partir el armada  Trpol, sino dejase la obra imperfecta; y porque la
comodidad del castillo y haber en l lugar para poder meter vituallas y
municiones y dos cisternas, y cerca tierra, leinmo, fajina y arena para
poder edificar, hacan fcil  breve el edificarse el fuerte,  tambin
paresca ms conveniente hacerle all que en otra parte, por ser el
medio de la isla y donde los moros hacen sus mercados, contractaciones y
ferias,  porque de ms desto, en cualquier otra parte que se quisiera
hacer era menester mucho tiempo, por no tener tan  mano los materiales,
 por ser necesario hacer, allende de la fortificacin, magacenes para
las vituallas y municiones; y si se quisiera hacer en la Cntara, donde
algunos dicen que se haba de hacer, por haber agua, haba en ello la
dilacin de tiempo que era contra lo que se tenia determinado, y quedaba
subjeta la plaza  ser batida por mar, por haber en aquella parte mucho
fondo, lo que aseguraba el castillo, que por ser secanos no se puede
acostar armada  tiro de can, aunque por una canal estrecha pueden
llegar fustas y galeotas  otros navos mercantiles; ans que, movidos
destas cosas, se determin que se hiciese all el fuerte, y D. Sancho de
Leyva tom  su cargo el ir con Antonio Conde, ingeniero, y el Capitn
general de la artillera Bernaldo de Aldana  designiar el fuerte, y
ans lo hizo, y por su disio se comenz  fortificar, tomando Juan
Andrea Doria  cargo fortificar l un bestin con la gente de Quiroco
Espnola, y de levantar otro se encarg el gran Comendador Jegieres con
la gente de la Religin, y el Duque con la infantera espaola de otro,
y el cuarto tom  cargo Andrea Gonzaga con la infantera italiana de
Lombarda,  yo le tuve de solicitar  ayudar  los unos y  los otros;
y estando la fortificacin en buen trmino, fu nueva que el turco
enviaba armada para socorrer  Trpol, por la instancia que Luchaly
haba hecho, el cual le haba ido  pedir, segn dicen, en los dos
navos que arriba digo que se dejaron en la Cntara; y como de muchas
partes se confirmase la venida de la dicha armada y el Duque,
desesperando el poder hacer la empresa de Trpol  por desembarazarse de
all hizo dar gran prisa  la fortificacin del fuerte, el cual fu en
defensa el da de San Marcos, y de aquel da en adelante no se ocup en
trabajar ms gente de la que all haba el Duque determinado que
quedase. Habase encargado D. Sancho de Leyva de hinchir la cisterna del
fuerte, y dejse de echar agua en ella estando llena no ms que la
mitad, y la cisterna que estaba dentro del castillo, que era pequea, se
hinch con los forzados de dos galeras de Sicilia: haba buen nmero de
botas y tinajas para hinchirlas de agua, y no se hizo.

10. _El Duque._--La isla qued no slo  devocin de S. M., pero por
suya, y el jeque por su vasallo, con pagarle lo que pagaban al turco, y
el aduana rentar poco menos que hiciera de costa la guarnicin. Y como
comenc  fortificar, no esper ms poder ir  Trpol aquel verano.

Hubo otra calidad de importancia para fundar all el fuerte, que fu que
por razn de los secaos no se poda poner armada sobre l, porque
habiendo de echar la gente en tierra seis millas de donde haba de
quedar, era entregalla  la de S. M. si viniera  salvamento, como se
esper, aunque por otro cabo paresca inconviniente para avituallarlo
con una nave, lo cual se remediaba proveyndole con carabelas armadas 
otros bajeles pequeos y de poco fondo.

D. Sancho pretendi que se hiciese en la Cntara el fuerte, y no
convena porque no haba agua ni cisternas, como en el castillo, y se
vi cuando Dragut estuvo all encerrado de Andrea Doria, que enviaba 
veinte millas  hacerla, como el veedor Hiernimo Sedeo lo vi por
vista de ojos, habindole enviado entonces Andrea Doria  la isla y  su
casa  negociar con el jeque. Yo v los cordeles para designiar el
fuerte en la mano  D. Sancho de Leyva. Verdad es que el designio estaba
hecho por quien lo entenda mejor, y se haba estrechado casi dos tantos
de lo que D. Alvaro haba platicado. D. Sancho nunca ayud  poner una
piedra, ni con una espuerta de tierra ni un haz de fajina, teniendo
muchos buenos esclavos y forzados, aunque yo se lo ped y hice pedir con
toda la instancia del mundo, y es cierto que hiciera ms la chusma de
una galera que cuatro banderas de infantera, porque se tard el doble
en partir. Antes ocup la gente en cargar las galeras de lana y aceite
para llevar  Sicilia y  Npoles, y de vacas  Pysciota, y esto es
verdad, y la causa porque perdi todas las de su cargo sin poder huir, y
as las tomaron sin pelear.

Tambin Juan Andrea, habiendo tomado  su cargo un baluarte y hecha
maravillosa obra en l, pretendiendo ir con las galeras  Sicilia y
dejarnos  todos all, no parescindole al Consejo, sin faltar ninguno
sino D. Alvaro, que no declar su voto, sino dijo que lo que se haba de
hacer que fuese luego, con que D. Juan de Cardona se conform,
habindole contradicho siempre, alz el dicho Juan Andrea la mano del
bestin, en que se perdi ms de diez das de tiempo.

No s si D. Sancho se encarg de hinchir las cisternas, porque  Juan
Andrea ped que lo mandase  los de su cargo de la mar, y l lo mand,
creo,  D. Sancho y D. Berenguel; pero s que, como cosa que tanto
importaba, estuve muchas y diversas veces todas las horas del da 
verlas hinchir, y que venan muchos barriles con la mitad del agua, que
fu causa de dilatarse la estada all, y la verdad es que se hincheron,
aunque de espacio, y que la de fuera del castillo se vaci dos palmos y
cerca de tres, y con todo esto, si nuestra armada no se perdiera, que
quedaba demasiada agua para la gente que dejaba, hasta las primeras del
invierno, dems que no osara la armada desembarcar su gente, como dicho
es, y si lo hiciera se perdiera, lo cual lo confiesan los mismos turcos.

11. _D. lvaro de Sande._--Estaba en este tiempo muy malo Juan Andrea
Doria, y envi algunas veces con Plinio de Bolonia  decir al Duque que
mandase que se embarcase la gente y las otras cosas que haban de ir en
cristiandad, y si tambin que el Duque mand dar 200 escudos de su casa
 Agustn Febo, alguacil real del armada, porque solicitase la
embarcacin de la manera que Juan Andrea peda que le embarcasen y el
Duque que lo embarcasen: las causas que hubo para lo que quera el uno y
el otro no se hiciese, se pueden bien saber y  m no toca decirlas.

11. _El Duque._--Las causas que yo me puedo acordar que hubo para
dilatarse la embarcacin fueron: la primera, mucho embarazo que nos
dieron los soldados que haban de quedar en el fuerte, con esconderse y
irse  los navos y con las quejas de sus capitanes. La otra por la
flojedad que hubo en enviar esquifes para embarcar la gente, ocupndolos
en llevar mercaduras  las galeras, especialmente  las de D. Sancho de
Leyva, porque esto yo lo v. Tanto que los camellos que iban y venan 
la marina llevndolos  embarcar, me acuerdo que nos desasosegaban
vellos pasar por muy cerca del altar donde oamos misa en el campo. Y
hubo persona de crdito que me ha dicho que llegando esquifes de
D. Sancho de Leyva  la marina y pidiendo  los hombres que venan en
ellos que tomasen soldados para llevar  las galeras, no lo quisieron
hacer, diciendo que haban de llevar primero un caballo. Tambin nos
embaraz que parescindole al Maestre de campo Barahona que el foso del
castillo en la parte de Levante no quedaba tan bien como l quisiera, lo
desbarat un da para dejallo ms ancho, de manera que lo puso llano, y
se hubo de andar tratando con los tudescos que lo aderezasen; y dems de
todo esto, lo ms principal fu el ruido que se tuvo en el zoco de los
moros entre ellos y los cristianos sobre un albarcoque que tom un
cristiano  un moro sin pagrselo, de que hubo hartos muertos y presos
de los moros y de algunos cristianos,  cuya causa, y por dejar el
castillo en paz con la isla y que quedase por subjecta como lo era, se
hubo de dilatar la embarcacin dos  tres das; y es verdad que
D. Alvaro de Sande me dijo que nos embarcsemos luego, y poco despus de
sucedido este ruido, y yo le dije que parescera que nos embarcbamos de
miedo de los moros, de que no ganara nada el castillo  fuerte
embarcarnos de aquella manera sin asosegar la isla primero y capitular
con el jeque, dems de la reputacin, y no tener por tan cierta la
venida tan presta del armada, antes estar en opinin de hombre de
experiencia y marinero, que no verna por todo mayo, el cual haba muy
poco que lleg de Sicilia.

12. _D. lvaro de Sande._--Haba el Duque acordado de dejar al Maestre
de campo Miguel de Barahona por gobernador del fuerte hasta que V. M.
proveyese otra cosa, y que por aquel verano quedase en l 2.000
hombres, incluyndose en este nmero los soldados y la dems gente
necesaria, as para el servicio de la artillera y municiones, como para
el de todas las cosas necesarias, y hobiese embarcado  los 10 de mayo
toda la gente que haba de venir en cristiandad, excepto alguna parte de
los alemanes y muy italianos, que entre todos no haban 400 hombres, que
con facilidad con dos barcadas con los esquifes de galera se embarcaron
todos.

13. Lleg este propio da, tres  cuatro horas antes que anocheciese,
una fragata con dos despachos del Gran Maestre, el uno para el Duque y
el otro para Juan Andrea, en que les avisaba que el armada turquesca
haba hecho agua en el Gozo. Fu el Duque  verse con Juan Andrea y
hall que estaba en Consejo con los capitanes de la mar tratando de lo
que se deba hacer,  yo qued en el fuerte, y no s lo que pas en el
Consejo; mas de decirme el Duque que haba determinado y se haban
resuelto de no pelear, sino salvarse, y que dos  tres haban sido de
parescer que peleasen, junctndose con las naves,  que aquella noche
saldran de los Secos, y que como fuesen fuera, eran seguros, y que
dejaran la galera _Condesa_ en aqul,  los que con l estbamos nos
pudisemos ir, y que enviaran  tierra los esquifes de las galeras,
porque no viniendo el armada ni paresciendo  la maana, embarcaran la
gente que faltaba de embarcar,  que con esta determinacin salieron del
Consejo.

13. _El Duque._--La fragata vino, como dice D. Alvaro, antes una hora
ms tarde que ms temprano, la cual vimos l y yo llegar  tierra y en
ella el Comendador Guimarn y otro gentil-hombre que en el vestir y la
manera me paresci que vena de fuera, y luego lo dije  D. Alvaro, y
que me paresca que deba de haber alguna nueva, y en esto camin hacia
los dos, y Guimarn se adelant  m y me dijo suso: Vamos de aqu, que
el armada es con nosotros; y yo le dije: Cmo! Respondime: Este
caballero que viene conmigo, que se llama Copones, es de mi tierra:
viene con la nueva de parte del gran Maestre y avisa cmo el armada toc
en el Gozo y fu vista de todos, y se pas un renegado espaol y dijo
cmo vena  Trpol derecha, y que  la cuenta de la navegacin que ella
haba hecho, llegara aquella noche y otra podra venir  los Gelves.
Yo le respond que cmo nos habamos de ir; l me respondi que nos
embarcsemos en aquella fragata D. Alvaro y l y yo, y que nos fusemos
 las galeras con Juan Andrea y los dems, los cuales estaban
determinados de irse luego. Yo le dije que cmo era posible que pudiese
hacer aquello dejndome en tierra los alemanes y otros soldados y
gentes, que era casi en nmero de otra tanta como la que quedaba en el
fuerte, y que para el agua que haba era grandsimo inconveniente. En
esto dije  D. Alvaro y  Guimarn y  Copones que fusemos  mi tienda,
y que no se dijese nada por no alterar el campo, y as se hizo,
mostrando Don Alvaro que tena gran esfuerzo y que no vendra all el
armada en dos  tres das, diciendo que se repararan en Trpol y
trataran con Dragut, y otras cosas, y quiso que nos sentsemos  cenar;
y yo, porque mi diligencia no paresciese menos nimo que el suyo, hice
lo que quiso y enviamos  Guimarn  que procurase con Juan Andrea que
me enviase los esquifes, pues paresca que no convena que yo me
embarcase y dejase la gente que haba de ir, especialmente siendo tanto
dao quedando el agua limitada, y  la verdad, como no me puse  cenar
con gana ni con sosiego, no lo pude sufrir y dije  D. Alvaro: Dejemos
esto, seor; entendamos en lo que hemos de hacer; no es tiempo de cenar
con reposo; y as, hice llamar  mi secretario, entre tanto que
Guimarn volva, y firm y despach algunas cosas necesarias, y hice
embarcar en los pocos barcos que haba  mi hijo y  la mayor parte de
mi casa, y orden  la gente que haba de embarcarse que estuviese 
puncto  la marina, esperando los esquifes, pudiendo venir todos como
vino l en uno, siendo tan necesario desembarazar aquella plaza de la
gente sobrada por razn del agua, y dijo cmo Juan Andrea y los otros
caballeros y capitanes de galeras se haban juntado en Consejo, y
resultose que las naves se levasen y se fuesen, y partirse ellos
aquella noche, porque cuando el armada viniese el da siguiente de
Trpol, donde presuman que estara, no les hallase all; y que no haba
para qu enviar los esquifes, sino que yo y Don Alvaro nos metisemos en
el que l vena y que nos fusemos, porque no esperaban otra cosa que 
mi ida, y que D. Sancho de Leyva deca que no era razn que yo por
dejarme de embarcar pusiese en peligro que se perdiese aquella armada de
S. M.; y acordndome yo que haba dado mi palabra como caballero de no
dejar en Berbera  los tudescos, y de ponerlos en tierra firme y de
cristianos, envi  llamar al Coronel y  los otros oficiales y djeles
lo que me enviaban  decir de la mar y el trmino en que estaban las
cosas, y que viesen lo que de m queran, que el armada se poda ir muy
bien sin m, y no yo sin cumplir mi palabra. Ellos se resolvieron que
queran los esquifes. Visto esto, me trujeron  puncto todos los que
all estaban, y pienso que D. Alvaro, que permitiran que yo fuese 
pedir los esquifes  Juan Andrea con que yo diese mi palabra de volver
con s  con no. Yo fu, y as fu Guimarn conmigo, solos, y hallamos 
Juan Andrea y  Plinio en la cmara de popa de su galera, que  mi
parecer sera  hora y media  dos de noche, y entrando que entramos en
la cmara dijo Juan Andrea suso: Leva, vamos. Yo le dije: igame
V. S. primero, porque no vengo para poderme ir desta manera; y contle
lo que haba pasado con los alemanes y lo que con ellos haba tratado, y
pedle los esquifes. Respondime muchas cortesas, diciendo que por mi
persona aventurara las galeras, y que no se ira sin m. Yo le respond
otras semejantes, diciendo que as aventurara yo y pondra por l todo
lo que tena, y que si lo deca por sus galeras, que yo aceptara el
ofrecimiento como entre amigos; pero que si lo deca por el armada de
S. M. que tena  su cargo, que en ninguna manera la aventurase por m,
sino que hiciese aquello que le paresciese mejor para su salvacin, y
que yo volvera  cumplir mi palabra con los tudescos, y que todava me
podan dar los esquifes con que traer los que estaban en la marina, que
sera cumplir con todo. Orden que se diesen, y dijo que viniesen los
tudescos presto porque le hallasen all, y que l pensaba hacerse  la
mar aquella noche; y si descubra  la maana  la armada hacer su
camino de Sicilia, y si no que volvera por los tudescos y la otra gente
 recogerlos, si no hubiesen llegado antes que partiese, y que dejara
all la galera _Condesa_, que era la mejor que l tena, para que
esperase todo lo posible para recogerme si quisiese irme; y con esto
volv al fuerte y d orden que se embarcase toda la gente que se pudiese
en los esquifes, especialmente los alemanes, y fumonos  la marina 
embarcar D. Alvaro y Guimarn y D. Pedro Velzquez y yo, donde por ser
bajamar y no poder llegar  la orilla una fragata en que habamos de ir
todos  las galeras, pasamos  ella D. Alvaro y yo en un barco muy chico
con orden que volviese por el Conservador y por Guimarn,  los cuales,
 por no haberlos hallado all,  no haber vuelto  ella el barco, no
vinieron  nosotros, y parescindonos gran vergenza irnos sin ellos,
los esperamos hartas horas; y en comenzando  crescer el agua, ya cerca
del da, nos allegamos  tierra, y preguntando por ellos nos dijeron que
haba gran rato que eran idos, con lo cual nos fuimos, entendiendo que
haban pasado de largo por no habernos hallado en la posta que
estbamos, y as nos amanesci en el camino y reconoscimos que toda el
armada era levada, y la vamos que iba lejos, y mucho ms adelante otras
velas que juzgamos ser nuestras naves, y parte eran algunas dellas y la
mayor el armada del turco. Vimos en la posta de las galeras  la que nos
haba dejado Juan Andrea, y llegando casi cerca della nos salieron al
encuentro Guimarn y el Conservador en un barquillo, y nos dijeron que
las velas que juzgbamos ser nuestras naves era el armada enemiga, la
cual revolva sobre la nuestra, que iba bien descuidada,  lo que yo
puedo juzgar de toparse con ella, pues si esto se pensara, se hubiera
abrazado con las naves  pasado por el Canal de los Querquenes, como
dice un piloto malts de la religin de San Juan, que se llama Tom, que
lo aconsej; de manera que no reprobando ni loando el consejo que en la
mar tuvieron, porque si se fund en la relacin del renegado, el suceso
fu vario, con el cual el pueblo siempre tiene cuenta. Como quiera que
sea, digo, que por suerte  por cualquiera otra cosa que fuese, yo no me
hall en l, ni pas ms ni menos de lo que he dicho. Y torn  decir
que si por D. Alvaro no hubiesen pasado los trabajos que han pasado, que
me maravillara mucho de que no se le acordase cmo pas este negocio,
pues lo supo de muchos y de m, y sola tener buena memoria. Es bien que
se entienda que ni por partirse  la hora que vino Copones, ni mucho
antes ni despus, nuestras galeras dejaban de topar los enemigos, porque
las llevaban por proa; y si haban de pasar sin ser vistas por aquel
camino que determinaron y no por el Canal de los Querquenes, haba de
ser de noche, como partieron, y segn paresce, por un griego levante que
se levant algo furioso, me paresce que dieron fondo aquella noche y
estuvieron surtas dos  tres horas entre el armada turquesca y tierra,
de manera que no se excusaba la destinada prdida, y fuera mayor, porque
al amanescer se hallara ms cerca de los enemigos, para no poderse
escapar las que vinieron  Sicilia, y ms lejos del fuerte, para
salvarse por entonces las que vinieron  l. Por donde yo juzgo que no
fu sin misterio las causas que hubo  no embarcarme, por lo que  mi
persona toca, y querer nuestro Seor, por cumplir mi obligacin, no slo
que no me perdiese, pero que no me mojase el pie, pues no se pudo juzgar
entonces cul fuese ms segura, la mar  la tierra; pues si lo era la
tierra, no embarcara mi hijo, y si la mar, el quedarme en tierra fu por
hacer lo que deba. As que reconoscido muy bien la vuelta que haban
tomado nuestras galeras y la caza que les daban los turcos, y que
algunas venan  dar en tierra, recogimos los esquifes que tras m iban
con los tudescos y otras gentes  embarcarse, nos volvimos al fuerte.

14. _D. lvaro de Sande._--El Duque vino en tierra y despach todo lo
que tena que tratar con el rey de Carun, que era poco. Orden al
gobernador del fuerte lo que con el jeque haba de hacer,  todas las
otras cosas convinientes  la guarda y conservacin de la isla, y dos
horas antes del da se embarc en una fragata  yo con l, para ir en la
galera que se haba ordenado que quedase all para tomarle, que estaba 
cargo del Comendador Guimarn, el cual estuvo esperando casi hasta el
da, y l haba pasado  su galera sin haber visto al Duque por la
escuridad de la noche. Con la claridad del da el Duque mand que la
fragata fuese la vuelta de la galera,  bien fuera de pensar que las
dems estuviesen donde las hall, porque lo haban acordado, que como
digo era salir de los Secos; y como el da fu claro, descubrimos el
armada turquesca  volvimos al fuerte.

15. Visto que nuestra armada era rota y desbaratada y que toda la gente
de las galeras que haban encallado, y las que haban venido  la vuelta
del castillo, se echaban  la mar  venan nadando, quin con barril,
quin con pavs y quin  fuerza de brazos, y que cada uno se daba
priesa  tomar tierra  lo menos cerca, creyendo que los moros que
parescan en la marina, que no eran pocos, eran amigos; pero como vieron
el armada turquesca victoriosa, y que para disculparse de lo que haban
jurado pocos das haba, que era vasallaje y fedelidad  V. M., era bien
poner las manos en los cristianos, lo comenzaron  hacer de manera que
fu menester que el Duque me mandase que fuese con gente  socorrer 
los que venan  salvarse  tierra. Fu gran nmero de gente la que se
recogi y de diversas naciones y estados. Visto por el Duque una cosa
tan impensada, como era ver perdida nuestra armada, envi  decir al
jeque de la isla y al rey de Carun el run suceso y  esforzarlos 
estar de buen nimo; pero como vieron ellos el armada desbaratada y
conoscieron los nimos de los moros, pusironse en salvo,  lo mismo
hizo el to del rey de Tnez, con quien el Duque les haba enviado 
hablar.

16. Juan Andrea, habiendo dado en los Secos con su galera, se recogi al
fuerte y dijo al Duque que l se quera ir en una fragata  Sicilia 
recoger las galeras que se haban salvado y  dar orden como se armasen
otras tres que en Sicilia y Malta haban quedado, y asimismo dijo al
Duque que l hiciese lo propio, porque pudiese poner recaudo en las
plazas y fuerzas de Sicilia que quedaban tan sin gente y desprovedas.
Mandnos el Duque  D. Pedro de Urres y al Comendador Guimarn y 
otros que nos juntsemos  tratar de lo que nos paresca que se deba
hacer. El mo fu que el Duque haba de hacer lo que Juan Andrea le
aconsejaba, porque su persona no era tan necesaria en aquel fuerte
cuanto en Sicilia. Dijo el Duque que no se le diese consejo teniendo
respecto  su salud, sino  su honra y  lo que convena al servicio de
V. M.; y como todos fueron del propio parescer, se decidi  hacerlo,
dicindome  m que me pusiese  puncto para irme con l, pues quedaba
all el Maestre de campo Barahona, que era soldado que dara en todo
buen recaudo, y que quedaban otros que le ayudaran.

Respond que no obstante que en Barahona haba las partes que S. E.
deca, y en m no ms obligacin de quedar all de la que tenan los
que iban con l, que porque vea que para gobernar la gente que all
quedaba, por respecto de la mucha que se haba salvado de las galeras, y
ser de diferentes naciones y calidades, era menester persona de mayor
cargo que el dicho Barahona, y que para ello yo ofreca la ma  quera
quedar en aquel fuerte, para que en los reinos de Sicilia y Npoles se
pudiesen proveer  reparar del peligro en que estaban, ans por estar
desprovedos de gente, como por lo que poda el armada hacer yendo tan
victoriosa  poderosa,  que me paresca que ninguno podra hacer esto
mejor que yo,  que as para ello haca eleccin de m propio y
suplicaba  S. E. lo tuviese por bien, y tambin porque el agua y las
dems vituallas eran pocas y era menester desde luego mandarlas dar con
gran orden, especialmente el agua, que como digo era muy poca, y
acabada, se acababa la empresa  los turcos,  que entenda bien cun 
peligro de perderme quedaba,  que para no serlo hallaba uno de tres
remedios, y eran:  que los turcos por abreviar su empresa diesen una
gruesa batera y asalto,  que nuestro Seor nos socorriese con unos
turbiones de agua que en verano suele haber en Berbera,  que V. M. nos
mandase socorrer, que, cierto, sola la fama de que se juntaban galeras
en Sicilia  Malta bastara  hacer que los turcos se alargaran de la
empresa,  la abreviaran procurando tomarnos por fuerza y no por asedio,
porque por tener la gente en tierra tenan las galeras desarmadas, y la
parte donde ellos tenan su armada, eran secanos, y tan lejos de
tierra, que con mucha dificultad un esquife de galera poda hacer ms de
dos viajes en un da; y si tuvieran nueva que se junctaban algunas
galeras, les era fuerza, por guardar las suyas, embarcar la gente y
tenerla en el armada, por la dificultad que, como digo, haba de poderla
embarcar brevemente y dejarnos  los del fuerte desembarazados, y para
esto bastaban 30  40 galeras, porque no embarcados, les podan tomar y
quemar su armada,  querindola guardar nos dejaban en la isla libres, y
siempre tuve esperanza que se hara, por no ser muy difcil, y que no
embargante que entenda que me podan faltar cualquiera destas cosas, 
todas, yo quedaba all por entretener aquel cuerpo muerto, que por tal
se poda juzgar habiendo asedio, y que en esto quera hacer servicio 
V. M., no ponindoseme adelante ni mirando otro particular que ste, y
tambin que no quisiese Dios que yo me salvase viendo quedar perdidos
los que me haban sido compaeros en aquella jornada, y algunos dellos
en otras muchas, y que S. E. fuese cierto que si los enemigos me
quisiesen tomar por asedio, no poda dejar de perderme; pero que le
prometa que cuando  estos trminos llegase, y el agua me faltase,
saldra  perderme dando la batalla, y que hasta esta extremidad yo
procurara entretener el fuerte  los turcos en aquella empresa, como
despus hice lo uno y lo otro. El Duque, odas las razones que para
quedar all le haba dado, tvolo por bien, y con la comodidad que
tuvo, que fu harto peligrosa, se fu en Sicilia, donde nuestro Seor
fu servido que llegase  salvamento.

16. _El Duque._--D. Alvaro quiso quedar en el fuerte, como dice; pero no
qued tan desesperado de defenderse, y las vituallas y municiones fueron
en demasiado nmero, y no siendo socorrido, de necesidad se haba de
perder por falta de agua, tenindose dentro la gente que sali de las
galeras,  lo menos la intil; y esto se ve claro, pues nunca se perdi
por fuerza, sino por desfallescer las fuerzas  la gente que estaba
dentro, que, como demasiada, se bebi el agua antes de tiempo, y no
tanto antes que no se tuviesen tres meses.

Sobre lo que despus sucedi hasta la prdida del fuerte, porque no s
cosa sino de odas, no me paresce apunctar ni tractar aqu dello.

17. _D. lvaro de Sande._--Dicen algunos que la salida que hice la
ltima noche fuera mejor hacerla cuando los turcos desembarcaron, que
ramos ms, y ms enteros y fuertes podamos pelear con ellos con 2 
3.000 hombres  ms: stos hablan como mal plticos  mal informados, 
demasiadamente apasionados, porque allende de que mi intento principal
fuese entretener all el armada, y slo este particular me haba hecho
quedar all, por las causas dichas, no haba de salir temerariamente 
perder aquella gente y hacer  los enemigos breve su empresa, sin
poderles hacer dao; porque ellos se desembarcaron y alojaron en el
propio alojamiento  fuerte que nuestro campo tuvo despus de ganada la
batalla cuando en aquella isla saltamos con el ejrcito, que ultra de
estar cuatro  cinco millas del fuerte, estaban ellos no menos fuertes
en l que nosotros en el nuestro, y no s cmo paresciera  con qu
razn se poda hacer ir con 2  3.000 hombres que entre buenos y malos
poda sacar, dejando el fuerte desamparado, no solamente  combatir con
12.000 turcos que estaban tan lejos de donde me poda retirar, y en un
alojamiento muy fuerte y atrincheado, con 20 piezas de artillera, pero
con todos los moros, que siendo nosotros 7  8.000 hombres cuando
saltamos en aquella isla, sin ayuda ninguna de turcos nos acometieron 
dar batalla  pelearon de manera que tuvimos la victoria dudosa, y se
haban puesto y alojado  nuestra mano izquierda, y por las espaldas
tenamos los rabes que haban entrado en la isla por orden del Dragut,
que seran 1.500 caballos;  ultra de todas estas dificultades, haba
otra que no era menor, y era, para haber yo de acometer  los turcos en
su alojamiento, me era fuerza ir de marina  marina, donde ellos con sus
galeotas, fustas  bergantines me batan por costado; as que de salir 
buscar los enemigos  irlos  combatir  su alojamiento, no poda
suceder sino la prdida de todos los que saliramos y de los que
quedaran en el fuerte. Dicen tambin que despus que los turcos se me
llegaron, sal menos veces de las que debiera, y stos, si se hallaron
all, se acuerdan mal,  si no lo estuvieron, estn mal informados,
porque ultra de lo que creo yo que ninguna tierra que haya asediada y
combatida ha echado tantas veces gente fuera ni con mejor orden, no se
deben acordar que siempre que la ech volvieron huyendo con prdida, 
de que una vez que entre las otras, estando los turcos combatindonos
las galeras, por disturbarlas y parescerme que se les poda hacer algn
dao en aquella conjunctura, mand  dos capitanes que con 300 soldados
espaoles  italianos saliesen asaltar las trincheas de los enemigos por
la parte del Poniente,  que no solamente lo hicieran, pero que despus
de salidos, sin pasar del foso ni hacer ningn efecto, se volvieron al
fuerte huyendo, y de que muchos que la quise echar, tenindola  puncto
 para salir, se iban las propias centinelas  dar aviso  los turcos; y
tambin se les debe de haber olvidado que se me fueron  los turcos ms
de 1.000 hombres, de su propia voluntad, as por la mucha sed como por
flaqueza de nimo,  que no haba hora ninguna de las del da  noche
que los enemigos no supiesen ni fuesen avisados de los nuestros propios
de lo que dentro del fuerte se haca, sin haber bastado remedio ninguno
 que pudiese dejar de ser, buscando los que fueron posibles, porque
para este particular tuve guardia, y porque de la mesma que mandaba
poner se me iban, hice echar un bando que cualquier soldado que matase 
prendiese al fugitivo se le daran seis escudos al que le trujese vivo y
cuatro al que le matase, y esto se observ y cumpli; y mand hacer
justicia de muchos que se huan, sin haber perdonado  ninguno. Las
necesidades que all se pasaron fueron con extremo grandes, las cuales
no quiero tractar aqu todas, porque s que V. M. est informado
dellas; pero dir algunas del agua salada dulce. Comironse los caballos
y otros animales, repartindolos por raciones, y hubo algunos, y no es
manera de decir, que comieron hgados de turcos; y se vi vender una
gallina en 14 ducados, y muchas cabezas de cebollas, que llev una
fragata que fu con unos despachos de Sicilia,  ducado cada una, y cada
cabeza de ajos un real, y  este respecto, y otras cosas que llev. El
pan se amasaba con agua salada; y como la municin era queso y tocino y
otras cosas saladas que apetecan  beber y la racin de agua era
limitadsima, se entretuvo la gente por temor de la sal muchos das con
garbanzos y algn bizcocho que se les daba y di, y muchos murieron de
sola sed, y eran los caniculares y en Berbera: trabajaba la gente toda
la noche y peleaba el da sin tener ningn reposo. En ninguna parte se
pele donde no me hallase: defend por mi persona y con pocos amigos el
bestin de Gonzaga, abandonado de los que lo guardaban, dndole el
asalto por un fuego que tom un barril de plvora: fu all herido en
una mano  matronme delante de los ojos al Capitn D. Hiernimo de
Sande, mi sobrino,  otros amigos  muchas personas.

18. Haba ochenta y un das que el armada estaba all, y viendo que ya
me faltaba el agua y no la haba para poder dar ms racin que dos 
tres das, determin de salir  dar la batalla, como lo haba propuesto
desde el principio, y ans, dejando la parte por donde ms fcilmente y
sin peligro de ser sentido podra salirme, paresci mandar abrir una
puerta que estaba tapiada  la parte de la marina y sacar por all la
gente, porque bajando la mar haba harta plaza para ponerla junta, y en
aquella parte no hacan centinela los turcos, y por todas las otras
partes las tenan pegadas con el fuerte y era imposible salir un hombre
sin que fuese sentido, y d orden que seis capitanes de todas naciones
tomasen la vanguardia con 300 soldados,  que yo con la dems gente 
capitanes  hombres particulares, que seran otros tantos, los seguira,
dejando algunos capitanes  la retaguardia con orden que hiciesen
caminar adelante la gente y degollasen  todos los que se retirasen, y 
m el primero si lo hiciese, porque aquella salida no era para volver al
fuerte sin victoria, y esto, ponindome yo  una parte de la puerta y 
la otra Maroto, Sargento mayor de la infantera espaola de Npoles, lo
estuvimos diciendo  toda la gente que sala. Orden que la vanguardia
acometiese y caminase derecho  las tiendas donde decan que alojaba el
Baj y Dragut,  que yo ira  una tienda grande que estaba ms  la
marina, donde los turcos hacan guardia  la artillera,  que rota
aqulla me ira  junctar con la vanguardia,  todos en un cuerpo
iramos ejecutando la victoria degollando toda la gente que hallsemos
hasta el caballero de San Juan,  que tena por cierto que si
acertbamos  degollar alguna de las cabezas, el campo se retirara, 
que si no, no se poda dejar de hacer tanto dao en los turcos que no
fuesen forzados  recogerse ms de lo que estaban,  darnos lugar para
salir  tomar agua.

19. Estando sacando la gente dos horas antes que amanesciese,  que
estara del fuerte fuera ms que la mitad, fuimos sentidos de los turcos
y tocaron  arma,  por no dar lugar  que se recogiesen, orden que la
vanguardia partiese,  yo con obra de 60 hombres segu el camino que
haba determinado, dejando atrs los capitanes que arriba digo, as para
que hiciesen  la gente que iba saliendo que me siguiese, como para que
hiciesen lo que tengo dicho, despus de salida toda la vanguardia de 
camino por donde le haba yo ordenado,  rota la guardia de algunas
trincheas, llegaron  las tiendas donde iban,  yo con la poca gente que
me segua romp la guardia de la artillera, y pasando algunas trincheas
para irme  junctar con la vanguardia, estando ya muy adelante, me di
voces Perucho de Morn Ricardo que dnde iba, que no me segua nadie, 
que la avanguardia se le iba dando la carga los turcos, y hallndonos
solos el dicho Perucho y el Sargento mayor Maroto, que fueron los que no
me desampararon, y estando irresolutos de lo que podamos hacer, por ser
imposible tomar el fuerte, por estar ya entre l y nosotros muchos
turcos, el Perucho me dijo que le siguiera, que l me llevara por parte
que me pudiese salvar en nuestras galeras,  ayudndonos la escuridad de
la noche lo hizo  me llev  ellas, siguindonos algunos turcos, 
peleando con ellos fu herido y preso el dicho Sargento mayor Maroto, y
dl supo el Baj Piali que yo estaba en las galeras, donde despus,
hasta que fu preso, me di una recia batera. Matronme aquella noche
al Capitn Alonso Golfn, que era mi primo hermano, yendo conmigo, y 
otros caballeros muy deudos mos.

20. Como llegu  las galeras, envi un soldado que fuese  nado al
fuerte para que diese aviso que yo estaba all, y escrib al Contador
Juan del Arcn que hablase  los capitanes y de mi parte les dijese que
yo estaba en las galeras y que les rogaba se entretuviesen sin rendirse
hasta que yo fuese, que lo hara en cresciendo la mar; y aunque es bien
verdad que era imposible tenerse el fuerte y dejarse de perder aquel da
 el otro  ms tardar, tengo con mucha razn queja de algunos capitanes
que, no observando mi orden y sin darme parte, ni  algunos de los
capitanes que estaban en el fuerte, no solamente eligieron y nombraron
por Gobernador para que rindiese el fuerte al Capitn Rodrigo Zapata,
que al presente est en esta corte, y l lo acept, pero aun por su
orden, como paresce por unos carteles que el Capitn Juan de Zayas le ha
puesto. Le salieron  rendir el Capitn Juan de Funes y otros, sin
querer esperar lo que yo les quisiese dar, ni hacerme saber ninguna
cosa, estando tan cerca dellos, y por ello el Baj les di libertad
gratis, y despus vinieron  esta corte y V. M. les hizo merced.

21. Despus que fu rendido el fuerte, los turcos fueron  combatir las
galeras en que yo estaba,  como del fuerte no me ayudasen, la gente
dellas desmay de manera que, echndose casi todos  la mar, no
queriendo pelear, fu preso sin poder hacer mucha resistencia. Habr
V. M. entendido sumariamente por esta relacin las cosas de la jornada de
Trpol que tocan  mi particular, de los cuales he querido informar 
V. M. por las causas que al principio della digo;  para que entienda que
en ello no hice cosa por la cual merezca reprensin, antes por el haber
quedado en aquel fuerte sin tocarme, con slo celo de servir  V. M. 
por entretener todo el verano aquella armada que tanto dao pudiera
haber hecho, como lo hizo, me paresce que todos los servicios que hice
al Emperador nuestro seor y he hecho  V. M. no merescen la recompensa
que slo ste.  as yo vena muy confiado de que V. M. me hara mucha
merced, considerando todo esto, y lo estoy de que informando y
desengandose de que en las cosas que se me han puesto hay ms pasin
que razn, me la har, y estoy cierto que ningn asedio de tierra ha
habido de muchos aos  esta parte donde tanto se haya peleado, y que
con tanta extremidad de necesidad y trabajos se haya entretenido tanto
el enemigo, y as lo hallarn todos los que sin pasin lo quieran mirar
y considerar.

Por tanto,  V. M. humildemente suplico mande hacer informacin de cmo
es verdad todo lo contenido en sta mi relacin, y nombrar persona para
ello que sea de confianza, para que por ella conste  V. M. ser verdad
todo lo que en ella digo, y lo que algunas personas con daada intencin
y malbula voluntad de m han dicho, queriendo inturnar los sealados
servicios que  V. M. he hecho, as en esto como en otras cosas,
maculando mi honra  reputacin, ser falsedad muy notoria, en lo cual
recibir muy particular merced de V. M.,  ofrezco  dar la dicha
informacin ante V. M.  ante la persona que V. M. nombrare.




EPIGRAMA

DEDICADO  JUAN ANDREA DORIA[44].


PASQUIN.  Marfodio, tuto vegno spaventato
          e non so si en le spalle sto ferito.

MARFODIO. Del traditor Paschin forse ay fugito?

PASQUIN.  Non, ma di buona voglia ritirato.

MARFODIO. Quanti inimici nostri ay ammazzato?

PASQUIN.  Ni un con mano armata, ben coldito,
          perche quel Mondo va tuto smarrito
          per le prodese che con luy e fato.

MARFODIO. Non dico questo, ferma per Dio il passo,
          che anchora par che di paura fugi
          e di me perche voltasti il fianco.

PASQUIN.  Diro il vero fugir mi fe yl fracazo
          li tiri, le bombarde li archibugi
          ma sopra tute cose un moro bianco.

    [Nota 44: Bibl. Nac., _M-375_. Obras de diversos recopiladas por
    D. Pedro de Rojas, 1582.]




ANTONIO PREZ

EN INGLATERRA Y FRANCIA

(1591-1612)


Por muchos aos el libro de _Relaciones, memoriales y cartas de Rafael
Peregrino_, escrito con suma habilidad por el Secretario de Estado que
fu de Felipe II para vindicarse de las acusaciones de los tribunales y
darse por vctima paciente de injustas persecuciones, ejemplo lastimoso
de la crueldad del sino, ha servido al juicio de su persona, andando de
mano en mano impreso en todas las lenguas y en multiplicadas ediciones,
no por apologa hecha de puo propio, parafraseada y puesta en la
trompeta de la fama por el autor mismo, antes por _Retrato al vivo del
natural de la fortuna de Antonio Prez_, como ttulo que aplic ms
tarde al libro, ya que pasaba sin objecin ni respuesta.

Siglos adelante vino  drsela, hasta cierto punto, el Sr. D. Salvador
Bermdez de Castro. Persuadido de que en las _Relaciones_ la verdad se
halla frecuentemente alterada, el sentido histrico camina forzado  un
fin, y son, ms bien que narracin imparcial, alegato jurdico en propia
defensa, acometi el estudio del personaje acopiando materiales de la
poca que le di notoriedad desdichada, y bosquej otro retrato[45] en
que, si por algo asoma la pasin humana, se ve influda de la
conmiseracin que no dejan nunca de despertar en almas generosas los
grandes infortunios.

    [Nota 45: _Antonio Prez, Secretario de Estado del Rey Felipe II.
    Estudios histricos_ por D. Salvador Bermdez de Castro: Madrid,
    1841. En 8., 409 pginas, incluso el Apndice de documentos
    inditos.]

Con ser mucho el mrito del cuadro, tiene an algn otro defecto,
notado, dicho sea en verdad, donde la facilidad de comunicaciones
consenta la disposicin de elementos que no estaban al alcance del
primer investigador. El Sr. Bermdez de Castro no saba que ya desde el
siglo anterior circulaban en Inglaterra importantes documentos de la
historia de Antonio Prez; las cartas confidenciales que haba dirigido
al Conde de Essex, conservadas entre los papeles reservados de Antonio
Bacon[46]. No pudo tampoco haber  las manos la correspondencia oficial
de los embajadores de Espaa en Francia, sustrada del Archivo de
Simancas; y como hallara en la marcha de los sucesos lagunas
infranqueables, busc en el criterio vehculo con que pasarlas; recurso
criticado por M. Mignet, al advertir que los pormenores,  su parecer de
pura invencin, amenguan el valor y la autoridad de tan buen trabajo.

    [Nota 46: Se publicaron en la obra titulada _Memoirs of the reign of
    Queen Elisabeth, particularly illustrated from the original papers
    of Anthony Bacon, and others manuscripts never before published_,
    by Thomas Birch: London, 1754. En 4. Actualmente se hallan los
    documentos originales en el Museo britnico.]

No son, sin embargo, de fantasa todos esos pormenores: bastantes de
ellos se encuentran, en una  otra forma, en las cartas familiares de
Antonio Prez, dando ocasin, cuando ms,  la conjetura de haberles
prestado fe _por familiares_, el mismo que desconfiaba de la veracidad
de las _Relaciones_. Es fcil la comprobacin, ya que la Coleccin de
las _Cartas_, por rara, fu includa en el _Epistolario espaol_ que
orden D. Eugenio de Ochoa[47].

    [Nota 47: _Biblioteca de Autores espaoles de Rivadeneyra.
    Epistolario espaol ordenado por D. Eugenio de Ochoa. Cartas de
    Antonio Prez._ Tomo I: Madrid, 1850.]

El citado Acadmico francs M. Mignet, teniendo por base el estudio de
Bermdez de Castro, dispuso adems del contingente de papeles
conservados en los Archivos de Pars, que son muchos, contndose los
referidos que pertenecieron al de Simancas y los de la Coleccin
importante llamada de Llorente, llevados  Francia por el autor de la
_Historia crtica de la Inquisicin_, secretario que fu del Supremo
Tribunal de la misma. Tuvo igualmente  su disposicin la
correspondencia encontrada en Flandes por el hispanfilo M. Gachard, y,
por ltimo, el registro del _State paper office_ de Londres; valiosos
recursos en manos de quien saba utilizarlos con maestra.

El nuevo libro que di  la estampa, tres aos despus que el de
Bermdez de Castro[48], es aceptado por la crtica cual _retrato
verdadero_. Ha de ser permitido pensar, no obstante, que pudiera ser ms
acabada la pintura. Sea porque los artistas se satisfacen ms de las
obras  grandes rasgos; sea porque tambin en el nimo del historiador
extranjero vibr la cuerda simptica de la piedad, parando mientes en la
inmensa desventura del expatriado, las sombras de la figura que presenta
estn desvanecidas  atenuadas. Es Antonio Prez sin gnero de duda; es,
en conjunto, el privado de Felipe II, tal cual debe de estar en la
historia universal: no es todava el de la historia de Espaa, ms
severa en el juicio, ms obligada  discernir los motivos en que lo
sustente.

    [Nota 48: _Antonio Prez et Philippe II_, por M. Mignet: Pars,
    1845. 8. Se han publicado otras cuatro ediciones: la ltima del ao
    1881.]

Con posterioridad al libro de M. Mignet se han hecho en nuestro pas
investigaciones que van aportando ms y ms claridad  los sucesos del
reinado de Felipe II (como  los otros),  medida que se desarrollan las
colecciones de documentos inditos. En no pocos de los que han servido 
los estudios especiales; en el de _La Princesa de Eboli_, de D. Gaspar
Muro, por ejemplo, hay piezas indispensables  la biografa  historia
definitiva de Antonio Prez.

Algunas ms, conocidas y aprovechadas por M. Mignet, mencionadas
igualmente por el P. Le Long en la _Bibliothque historique de la
France_, di  luz M. A. Morel Fatio al formar, con otros manuscritos
interesantes de la Biblioteca Nacional de Pars, el tomo que titul
_Espaa en los siglos XVI y XVII_[49]. Los relativos  Antonio Prez
son 57 cartas: las siete includas en la serie dada  la prensa en vida
de su autor, aunque limadas y compuestas con aquel cuidado que el
ex-secretario de D. Felipe pona en lo que haba de andar  vista de
todos; las 50 ntimas, en casi totalidad dirigidas al Condestable de
Francia, Duque de Montmorenci,   su secretario. La circunstancia de
estar todas stas juntas en un volumen, encabezadas por cdula que el
Rey Felipe II envi al Condestable anterior, ofrece presuncin de haber
sido sacadas del Archivo particular de la casa, al formar Bthune la
Coleccin de documentos relativos al reinado de Enrique IV, en la que
tiene el volumen el nmero 3.652.

    [Nota 49: _L'Espagne au XVI et au XVII sicle_: Heilbronn, 1878.]

M. Morel Fatio ha compuesto con ellas captulo de su libro[50],
emitiendo el juicio que de Antonio Prez su autor tena formado, sin que
lo modifique la penosa impresin de las declaraciones que hace. Las
peticiones de favor y dinero al Rey; las protestas de adhesin dictadas
por el hambre; las adulaciones bien pensadas en objeto y precio, no
inspiran, dice, ms que conmiseracin. Si no puede estimarse del mismo
modo la prctica de sacar partido de los secretos de Estado, no por ello
debe juzgrsele con demasiada severidad, porque el sentimiento harto
complejo que definimos por la palabra _patriotismo_, no haba nacido en
el siglo XVI. No solamente el suelo, la raza, la nacionalidad, el medio,
no representaban en aquella poca lo que hoy representan, sino que el
afecto  la patria se confunda entonces y aun se resuma en muchos
conceptos, en el de la persona del soberano. El proceder de Felipe II no
era de naturaleza para fortificar en su Ministro ese patriotismo
personal. Perseguido en tierra extranjera, Prez se consideraba
desligado del juramento de fidelidad. Socorrido y protegido por Enrique
IV, se crea obligado, como en efecto lo estaba,  conducirse como
verdadero vasallo de ste, aun cuando las circunstancias del compromiso
que le ligaba al Rey de Francia tuvieran la consecuencia de ir
directamente contra los intereses de su antigua patria. Se cometera,
pues, un anacronismo calificando de traicin la conducta poltica de
Prez despus de su salida de Espaa. Permitido es lamentar que hombre
de tan notable inteligencia se viera llevado por la fuerza de los
acaecimientos  emplearla en beneficio de los enemigos de su pas;
mas no hay razn con que condenarle en absoluto, porque no tena
conciencia de los deberes que ni comprendan ni practicaban sus
contemporneos[51].

    [Nota 50: _Lettres d'Antonio Perez ecrits pendant son sejour en
    Angleterre et en France_, pginas 257  314.]

    [Nota 51: Morel Fatio, _loc. cit._, pg. 263.]

El contemporneo Gregorio Letti hizo estudio especial del patriotismo en
Espaa[52], que no abona semejantes consideraciones, sugeridas, bien se
ve, por el mismo espritu de compasiva benevolencia que blandeaba en
Bermdez de Castro y en M. Mignet la dureza del sentimiento de
justicia,  favor del atractivo que mantienen los escritos de aquel
maestro en las artes de la seduccin y del artificio; acaso tambin por
influencia inadvertida de ideas en paralelo.

    [Nota 52: En la _Vita di D. Pietro Giron, Duca d'Ossuna._]

Contemporneos de Antonio Prez impuestos en sus ms secretos manejos,
familiarizados con su conversacin y confidencia, enemigos declarados de
Espaa y de su Rey, le juzgaron de otro modo. Daremos crdito, con
preferencia  las declaraciones de los antiguos,  la crtica ms
ilustrada de los modernos,  habr todava que dejar la decisin 
tribunal de _Ms Seores_?

La prudencia no es opuesta  revista de autos; no vagar, no, la
exposicin ms completa, eslabonando por antecedentes las cartas de la
Coleccin Bthune (copiadas nuevamente de los originales con su misma
puntuacin y ortografa), con las de la Coleccin Birch[53]; agregando
tal cual papel indito; citando de los conocidos los precisos al
esclarecimiento tan slo de lo que hizo Antonio Prez fuera de Espaa.

Manos  la obra.

    [Nota 53: En las _Memoirs of the reign of Queen Elisabeth_, antes
    citadas.]


I.

Vencida la insurreccin de Aragn, andaba oculto por la frontera de
Francia Antonio Prez, como perro de fidelidad natural, que apaleado y
mal tratado de su seor  de los de su casa, no sabe apartarse de sus
paredes[54]. Esperaba todava que abriera Dios los ojos del
entendimiento  quien poda remediar su situacin; pero en tanto se
aproximaban al ltimo retiro de Sallent los soldados del ejrcito real,
que se tendran por afortunados ponindole la mano encima.

Decidido  franquear los Pirineos por recurso nico de salvacin,
despach  su amigo Gil de Mesa con carta fechada  18 de noviembre de
1591, en que peda asilo y proteccin  Catalina de Borbn, hermana de
Enrique IV, en trminos discretamente dirigidos  mover juntamente la
piedad y el inters de la Princesa de Bearn[55], y  medida de los
deseos y las necesidades del momento, respondi la poltica tanto como
la compasin  la demanda[56], brindndole acogida en Pau.

    [Nota 54: _Relaciones_, pg. 163. Edicin de Ginebra, 1644. La misma
    de las citas de M. Mignet.]

    [Nota 55: La primera carta de la Coleccin Ochoa.]

    [Nota 56: _Relaciones_, pginas 167, 168.]

All se fragu inmediatamente el intento de una invasin francesa que
atizara la llama de la guerra de Aragn, yendo  vanguardia Gil de Mesa,
Manuel Don Lope, los otros amigos y compaeros del emigrado, ya que l
de su persona no fuera de ayuda, por ser hombre delicado[57],  ms
propiamente dicho, por no ser hombre de armas tomar. La empresa fracas,
volviendo  pasar los montes, desbaratados y corridos, los invasores,
con desencanto primero del instigador, consentido das antes hasta el
punto de responder con altivez y amenazar[58]  las insinuaciones
oficiosas de someterse  la autoridad de aquel amo de que se deca perro
fiel, apaleado.

    [Nota 57: _Relaciones_, pginas 167, 168.]

    [Nota 58: Coleccin Llorente. Cartas citadas por M. Mignet.]

Pens M. Mignet que desconcertado el Rey Felipe II en la venganza con la
huda de Prez; temeroso del mal que con la revelacin de los secretos
de Estado fuera capaz de hacerle, procur volviera  Espaa con engao,
fin de las referidas indicaciones; y ya que no lo consiguiera, intent
matarlo, ganando  las personas menos sospechosas  su natural
suspicacia, como eran el genovs Mayorini, compaero de evasin, y el
aragons Gaspar Burces, tambin fugitivo[59]. El literato francs se
fundaba en el dicho del mismo Prez[60] y en algn precedente de
ofertas hechas para su captura cuando estuvo en Sallent[61], no
recordando, sin duda, otros de ms importancia.

    [Nota 59: M. Mignet, _Antonio Prez_. Edicin de 1881, pginas 314 
    317.]

    [Nota 60: _Relaciones_, pginas 169  173.]

    [Nota 61: Llorente, _Histoire critique de l'Inquisition_, tomo III,
    pgina 347.]

Sentenciado en rebelda Antonio Prez, el Capitn general de Aragn,
D. Alonso de Vargas, di pregn en Zaragoza ofreciendo 6.000 ducados por
su persona, segn uso jurdico que hoy todava practica la culta
Inglaterra. La suma era ms que suficiente para despertar la codicia de
aqullos que en cualquier poca y ocasin, desde la de Judas, hallan
buena la ganancia en mercadera de sangre ajena. Tal crey Bermdez de
Castro[62], y de creer es que Gaspar Burces, como cualquiera otro de los
que amagaron  la vida del prfugo, obedecan al inters del lucro
combinado con el de hacerse perdonar delitos propios, mientras que la
credulidad resiste cuentos como el de _la hermosaza_, _galanaza_,
_gentilaza_, _muy dama_, que, perdida de amor, vino  confesar  Prez
la celada que le tendan[63],  los ms cautelosos en que atribuye el
interesado  D. Juan de Idiquez y al Rey los intentos de borrarle de
la lista de los vivos, por mayor realce de aquellos relatos de
persecucin nunca vista, de infortunios sin igual en _monstruo de la
fortuna_, que le servan de pasaporte y bordn de peregrino. El papel de
avisos enviados al Rey, que ahora sale  luz por vez primera[64],
servir de esclarecimiento.

    [Nota 62: Bermdez de Castro, _Antonio Prez_, pg. 236.]

    [Nota 63: _Relaciones_, pg. 176. Mignet, pg. 313.]

    [Nota 64: Nm. 1. de los que acompaan  esta investigacin, en el
    Apndice.]

De todos modos, temeroso de asechanzas, en el Bearn, Antonio Prez[65],
nada tena que hacer. Su actividad, su espritu intrigante, su ambicin,
y sobre todo el odio en que los otros estmulos se alimentaban,
necesitaba teatro de accin[66], y el examen de la poltica europea le
indicaba propicio  la satisfaccin de la venganza el de Inglaterra.
Tom, pues, desde luego el plan de ensayarlo[67], no sin aprovechar el
trnsito por Francia, porque el monarca Enrique IV, aunque de momento
tuviera harto que hacer con la Liga, tanto como Isabel de Inglaterra era
adversario tenaz de la poltica y del poder de Felipe II.

    [Nota 65: El mismo documento.]

    [Nota 66: Mignet, pg. 320.]

    [Nota 67: Documento citado, nm. 1.]

Preparado el terreno por medio de carta fechada en Pau el 9 de diciembre
de 1591 y relacin de los inconmensurables infortunios[68], acompaando
 la Princesa Catalina fu  encontrar al Rey en Tours, logrando largas
entrevistas, auxilio pecuniario y la aquiescencia de los proyectos que
iba madurando, por objetivo de intento. Enrique IV comprendi al punto
la utilidad que le reportaran gestiones encaminadas  dar unidad 
impulso  cualquier empresa contra Espaa; recibindole, pues, desde
luego  su servicio, como maestro de lengua espaola[69], tom  cargo
el vitico hasta Londres, hacindole acompaar por el Sr. Vidasme de
Chartres, portador de carta autgrafa en que haca  la Reina Isabel
recomendacin expresiva en punto  lo que poda prometerse de las
revelaciones del ex-Ministro, utilizadas las cuales en lo que conviniera
 sus intereses, peda le despachara para emplearlo l con utilidad de
las dos coronas[70].

    [Nota 68: Coleccin Ochoa.]

    [Nota 69: Coleccin Ochoa, parte I, carta IV.]

    [Nota 70: _State paper office_: London. Reproducida por M. Mignet,
    pgina 321.]

Prez, independientemente, haba despachado por s al precursor 
heraldo de siempre, Gil de Mesa, con otra carta  la Reina Isabel,
repeticin de los doloridos ayes de la persecucin y la desventura,
peticin de amparo y deseo encarecido de servirla[71].

    [Nota 71: Coleccin Ochoa, parte I, carta III.]

La primera noticia de la estancia en Inglaterra es la que da Bacon, de
haberle visitado el Conde de Essex en Simbury; de all se traslad 
Londres, alojndose en el palacio del mismo Conde, mientras se buscaba
la habitacin que ocup luego en casa del Maestrescuela de San
Pablo[72].

    [Nota 72: Birch, _Memoirs_, tomo I.]

Poco tiempo necesit la penetracin del ex-Secretario de Estado para
darse cuenta exacta de la poltica del reino, oyendo  uno de los que
ms la influan. El Conde de Essex, joven, impetuoso, popular, favorito
de la Reina Isabel, en asuntos de gobierno tena balanceada la
influencia por la circunspeccin de los Consejos del lord Tesorero
Cecil, barn de Burghley, antiguo y experimentado Ministro. Mientras el
primero, deseoso de fama, procuraba el principio de una campaa ofensiva
contra Felipe II, en estrecha unin con Francia, Cecil quera medir la
asistencia que se diera  Enrique IV, por las ventajas positivas que
produjera  cambio; y como precisamente por entonces, casi vencida la
Liga, haba abjurado el Prncipe de Bearne, aspirando  concluir con la
conquista de la opinin lo que no haba logrado del todo con las
conquistas de las armas, Burghley pensaba no haber razn que aconsejara
otros procedimientos que los apropiados  entretener la guerra en
Francia y en los Pases Bajos, alejndola de Inglaterra.

La Reina se inclinaba decididamente  la poltica del Ministro, as por
la confianza que le mereca su saber, por tanto tiempo acreditado, como
por responder de momento  las condiciones de prudencia, circunspeccin
y economa de carcter propio. Antonio Prez no tena, pues, que
vacilar: el inters de Enrique IV,  quien ya serva; el que el rencor
le haca mirar como personal suyo, estaban al lado del Conde ambicioso y
decidido.

Puesto el empeo en granjearse la amistad y el concepto del magnate, por
aquellos resortes flacos del corazn humano, fu dando inters  las
entrevistas frecuentes y largas que  solas tuvieron en el palacio de
Walsingham[73], hasta desarrollar por completo el plan que, hiriendo de
muerte al Monarca catlico, procurara al caudillo britnico gloria
inmarcesible y cuantiosa riqueza[74].

    [Nota 73: Birch, tomo I, pginas 140  143.]

    [Nota 74: Idem.--Forneron, _Histoire de Philippe II_: Pars, 1882,
    tomo IV, pg. 265.]

Felipe II no haba querido entender nunca que el Prncipe que fuere
seor de la mar, ser monarca y dueo de la tierra; tena en abandono
y sin defensa los puertos; flacas y necesitadas de todo las armadas,
incapaces por el nmero de cubrir el vasto imperio de las Indias
Orientales y Occidentales, y de asegurar la venida de los tesoros en que
consista el secreto de su poder. El da que los tesoros faltaran,
faltara necesariamente el nervio de la guerra:  impedir la llegada,
apoderndose de ellos, haba de dirigirse, por consiguiente, el clculo
del enemigo inteligente y activo, sin perjuicio de cualquier diversin
preparatoria de un golpe bien dirigido  la reputacin del podero.
Tanto ms sensible y ruidoso sera este golpe, cuanto se aproximara ms
al centro de los estados del Rey; cuando se diera en una de las ciudades
de la Pennsula espaola, y la de Cdiz entre todas ofreca
probabilidad; seguridad, poda decir, de xito cumplido.

Ni Prez careca de elocuencia con que hacer de este discurso semilla
fructfera, ni le faltaban en toda especie datos estadsticos con que
mostrar la perspectiva de la cosecha. El Conde le fu escuchando con
agrado; acab por aceptar completamente las ideas, estimndole orculo
en negocios de Espaa[75], y  seguida las insinu en la corte,
mantenindolas frente  la oposicin de Burghley  empresas de
aventura.

    [Nota 75: Birch, obra citada.]

Con no ser nada escrupulosa la Reina Isabel, senta repulsin por un
hombre que de tal manera se serva de los secretos de su amo: no haba
sido bastante la carta autgrafa de Enrique IV para acordarle audiencia,
ni se la haba dado el Lord tesorero, tenindolo desde un principio,
naturalmente, por enemigo poltico y antiptico agente, bien que no
desconoca ser muy capaz para su intento[76]. La insistencia del
favorito Conde alcanz, no obstante, que franqueara Prez las puertas
del palacio real, favor seguido de pensin anual de 130 libras[77],
dejando al tacto y la imaginacin del insinuante emigrado mostrar su
reconocimiento y hacerse agradable  Isabel con la relacin de aventuras
galantes y cuentos de la corte de Espaa[78].

    [Nota 76: _A knave for his labour_. Birch, pg. 140.]

    [Nota 77: Birch, tomo I, pg. 193.]

    [Nota 78: Idem id.]

As referidos en los documentos del archivo de Bacon los primeros pasos
de Antonio Prez en Londres, debe rectificarse la relacin que de los
mismos hizo Bermdez de Castro. Por principio consigna este escritor que
Prez se neg en Pars  admitir la pensin que le ofreca Enrique IV;
que pasando  Londres rehus igualmente, sin vacilar, la que la Reina
deseaba asignarle al dispensar sealado y obsequioso recibimiento  su
persona, asegurando que, aunque dispuesto  servir  tan generosa
protectora, conservaba esperanzas de arreglar en Espaa sus negocios, y
no quera recayera en sus hijos la pena sealada por las leyes  los
pensionados de Reyes extranjeros sin licencia del propio.

Antonio Prez ocult por conveniencia la verdad del caso; al Rey de
Francia escribi que le engaaban los que decan que gozaba pensin ni
socorro de un franco de Rey ni Reina desde que sali de Espaa, sino del
pan que haba comido de S. M. y de Madama su hermana. En el tiempo de
Inglaterra, de la liberalidad del Conde de Essex haba vivido[79].
Bermdez de Castro lo crey al pie de la letra, pues aade que, en vista
de sus razones, mand Isabel al Conde de Essex que le alojase en su
ostentoso palacio, donde goz de los placeres del favor y la opulencia.

    [Nota 79: Coleccin Ochoa, parte I, carta XIII.]

Gustaba Isabel (sigue diciendo) de escuchar ancdotas de la corte,
singularmente las de amores de Felipe II. El encanto particular de la
conversacin del Ministro, los hbitos y plticas, con el distintivo de
la elegancia, prestaban nuevo aliciente de curiosidad  los secretos
que posea.[80]

Un tanto amengua luego tan brillante situacin, contando cmo las damas
de Isabel le motejaban de traidor  su patria y  su seor con
manifestaciones de desagrado que hubieron de obligar  la Reina 
sincerarse de la acogida que tena en palacio. Mylores, dijo en
presencia de sus cortesanos; no os maravillis de que honre  este
_traidor espaol_, porque guardo mucha obligacin al Sr. Gonzalo Prez,
su padre[81]; y obligada deba de estar, en efecto, al Secretario de
D. Felipe por las mortificaciones de que le libr reinando su hermana
Mara, esposa del Prncipe de Espaa.

    [Nota 80: Bermdez de Castro, pg. 250.]

    [Nota 81: Idem, pg. 257.]

Fuera de la corte no mereca mejor concepto Antonio Prez. Si los
allegados al Conde de Essex seguan naturalmente el ejemplo del magnate,
los agasajos de uno de ellos, de Francisco Bacn, que le reciba  mesa
y mantel en Twickenham-Park, dieron origen  un testimonio irrecusable.
Lady Bacon escriba  su hijo Antonio estas frases:

Lstima tengo de vuestro hermano, viendo que le acompaa en casa y en
el coche ese Prez, sanguinario, vanidoso, profano, dilapidador[82].
Temo que semejante compaa desve la bendicin del Seor Dios... Un
miserable como l[83] no puede llevar otra mira que vivir  expensas de
Francisco[84].

    [Nota 82: That bloody Prez... a proud, profane, costly fellow.]

    [Nota 83: Such wretches as hi is.]

    [Nota 84: Birch, tomo I, pg. 143, transcrita por Mignet, pginas
    329, 330. Lady Ann Bacon no era mujer vulgar: puritana influyente
    y literata, que posea las lenguas griega, latina, italiana y
    francesa, se hizo principalmente notoria por las epstolas, que se
    imprimieron en coleccin, de la que est tomada la presente.]

Mas nada de esto quitaba al emigrado la satisfaccin de ver en vas de
hecho los vengativos proyectos dirigidos contra la patria, ya que no de
otro modo pudiera alcanzar al objeto de la ira que le cegaba. En Walter
Raleigh, en Drake, en Hawkins, en todos aquellos corsarios ansiosos de
botn, tena que hallar fciles auxiliares; en el Conde de Essex estaba
asegurado el impulso[85]. Todava tentaba la fidelidad de los
prisioneros espaoles para que sirvieran de guas  las
expediciones[86], y desdichado el que, desechando las insinuaciones,
caa por su cuenta. Por semejante falta haba conseguido que le
entregaran  un sargento de los de la Invencible, y tenalo en su casa
sometido al ms brbaro tratamiento slo por el placer diablico de
descargar en un espaol su encono.[87]

    [Nota 85: El que dirige el Consejo es el Conde de Esez, que tanto
    trato tiene con la Reyna, y ste se gobierna mucho por Antonio
    Prez. _Avisos de Inglaterra. Arch. de Simancas. Estado. Flandes_,
    leg. 609. Cit. por Mignet, pg. 328.]

    [Nota 86: Un soldado aragons declar que haba estado dos veces
    (en Inglaterra) con Antonio Prez y con otros dos aragoneses, uno de
    ellos hermano de D. Manuel Don Lope, que le persuadan se quedase
    con ellos y le haran dar una compaa, y no quiso. _Docum. ind.
    para la Hist. de Esp._, tomo XXXVI, pg. 332.]

    [Nota 87: Carta de un ingls confidente  D. Bernardino de Mendoza,
    Embajador de Espaa en Pars, transmitida por ste al Rey: Pars,
    Arch. Nat., _Papiers de Simancas_, _K-1.598_, correspondiente  los
    aos 1594-1596.]

Sin perjuicio de las gestiones activas, escribi por entonces las
_Relaciones_, bajo el nombre de _Rafael Peregrino_, no por ocultar el
suyo, transparente en las aventuras: por procurarle atractivo mayor en
la curiosidad de las gentes. El libro estaba formado con habilidad y
soltura; es el estilo pesado para nosotros por la afectacin continua de
que se reviste y los giros que le adornan; pero en su tiempo era un
modelo: la incesante digresin que rompe el hilo de las narraciones; las
sentencias que, como Tcito, derrama la obra; la abundancia de conceptos
y dulzura de las imgenes, encantaron  los hombres ilustrados[88].
Dispuesta con arte magistral la exposicin de aventuras, cautivando la
benevolencia y la conmiseracin en favor de su persona, haca ms odiosa
la de su ingrato  implacable perseguidor[89].

    [Nota 88: Bermdez de Castro.]

    [Nota 89: Mignet, pg. 330.]

Tradujo el libro al latn un espaol llamado Ciprin[90]; se tradujo
tambin al holands[91], como arma poltica que avivara el sentimiento
de insurreccin en las Provincias Unidas[92], destinando al mismo objeto
en Aragn otro libro titulado _Un pedazo de historia de lo sucedido en
Saragosa de Aragn  24 de septiembre de 1591_. Ambos fueron amparados
por el Conde de Essex, y probablemente  su costa impresos, aunque la
voz pblica admitiera por editora  la Reina[93].

    [Nota 90: Birch.]

    [Nota 91: _Cort-Begryp de stucken der geschiedenissen van Antonio
    Perez uit het Spaensch ghetoghen door Joost Byl_: Gravenhaghe, 1594.]

    [Nota 92: Mignet, pg. 331.]

    [Nota 93: Antonio Prez est muy estimado entre los del Consejo de
    la Reyna, y tenido por muy grande hombre de Estado, y les ha dado
    en sus demandas mucha satisfaccin. Los libros que hizo fueron
    imprimidos  costa de la Reyna y han embiado un gran nmero dellos
    en Aragn para revolver aquel reyno. _Avisos de Inglaterra. Arch.
    de Simancas. Estado. Flandes_, leg. 609. Cit. por Mignet, pg. 331.]

Las cartas de remisin con dedicatoria que envi Antonio Prez  los
principales personajes de Inglaterra, Burghley, Lord Southampton, Lord
Montjoy, Lord Harris, Sir Robert Sidney, Sir Henry Unton, al mismo Conde
de Essex[94], dicen lo satisfecho que haba quedado de sus obras, y
desautorizan otro de los conceptos de Bermdez de Castro que debe
rectificarse.

    [Nota 94: Vanse en la Coleccin Ochoa.]

Consigna nuestro crtico que desde la llegada  Inglaterra us Prez
para cerrar las cartas un anillo romano, en cuya piedra estaba labrada
una virgen vestal con la lmpara encendida sobre la cabeza, y la
inscripcin DUM CASTE, LUCEAM, queriendo manifestar de alegrico modo,
que slo la reserva, la humildad y la modestia podran libertar de
naufragio  los que, peregrinos como l, vagaban por tierras
extraas[95]. La declaracin es de Prez mismo[96], y tan incierta como
las ms que haca.

    [Nota 95: Bermdez de Castro, pg. 254.]

    [Nota 96: _Aphorismos de las Relaciones de Antonio Prez, Monstruum
    Fortun_: Pars, sin ao. 8.]

Las cartas originales existentes en la Biblioteca Nacional de Pars,
cuyas copias acompaan  la presente exposicin, conservan el sello de
lacre en que distintamente se ve _el laberinto cerrado_ y _el Minotauro
con el dedo en la boca_; emblemas que los seores ingleses atribuyeron
al orgullo y el peligro de sus funestos amores; simbolismo apropiado 
quien haca del misterio condicin utilitaria.

 juicio de M. Mignet recreci la saa de Felipe II la aparicin del
libro de las _Relaciones_, que por toda Europa denunciaba sus perfidias
y crueldades. El vengativo Monarca trat otra vez de deshacerse del
autor por medio de dos irlandeses pagados por el Conde de Fuentes para
matarle: les fueron ocupadas en Londres las cartas acusadoras, y
confesado el intento, sufrieron la ltima pena[97]. El Rey de Espaa
fracas igualmente en el empeo de despertar contra el proscripto los
recelos de la corte de Inglaterra[98].

    [Nota 97: Mignet, pg. 331.]

    [Nota 98: Idem, pg. 332.]

El propsito de asesinato hizo realmente mucho ruido por entonces en
Londres: varios historiadores, Birch, el mismo Prez, lo consignan; pero
es asunto, lo mismo que el de otros intentos contra la vida de Isabel,
que dista mucho de la claridad y de las pruebas que haran falta  una
afirmacin cual la hizo M. Mignet.  los irlandeses se les ocuparon
papeles escritos en cifra en que nicamente apareca evidente el nombre
de Antonio Prez: lo que decan no lleg  saberse; las declaraciones de
los presos fueron contradictorias, si bien en el tormento acabaron _por
confesar_ haber sido despachados por el Conde de Fuentes con el fin de
dar muerte al refugiado[99].

    [Nota 99: Bermdez de Castro, pg. 258.]

La segunda inculpacin  Felipe II se apoya en basamento ms flaco
todava: en una carta escrita por el interesado al Conde de Essex[100],
y M. Mignet no par mientes en que de palabra y por escrito repiti ms
adelante en Francia que en la tierra de _Egipto_ (que as nombraba ya 
su patria) _los Faraones_ maquinaban sin cesar contra su crdito; con lo
que se viene  descubrir ser tctica practicada, as para disimulacin
del doble juego de sus acciones, como al propsito de mantener en boga
la idea de los peligros y rugidos con que le cercaba la
persecucin[101].

As y todo, viva en Inglaterra lo bastante bien para sentir que los
riesgos por aquella parte se acabaran. Llamado por Enrique IV el mismo
ao de 1593, busc en el mal estado de la salud, por causa de las penas
y los trabajos, excusa de demora[102]; dej  favor de otros pretextos
que transcurriera todo el ao de 1594, oponiendo,  nuevos mandatos
comunicados por el Embajador de Francia[103], protestas de adhesin, por
la que haba de ser el Rey Enrique ltimo de sus amores, pensando
descansar y morir  su lado[104], causas  incidentes que fueron
entreteniendo el tiempo[105], y motivaron la embajada del Sr. Gil de
Mesa, encargado en ocasiones semejantes de decir de viva voz lo que no
era bueno quedara escrito[106]. Slo cuando Enrique, declarada la guerra
 Espaa, le escribi directamente con fecha 30 de abril, manifestando
el deseo de hablar de asuntos de importancia,  cuyo fin rogaba  la
Reina le consintiera hacer el viaje y al Conde de Essex que lo
facilitara[107], se resign  emprender la marcha declarando, y esta vez
por escrito, al Conde, que separarse de l era tanto como morir, porque
 su lado viva[108].

    [Nota 100: Birch, tomo I, pg. 237.]

    [Nota 101: Coleccin Ochoa, parte I, carta XIII.]

    [Nota 102: Idem id., carta V.]

    [Nota 103: Idem id., carta X.]

    [Nota 104: Idem id., carta V.]

    [Nota 105: Idem id., cartas VI y VII.]

    [Nota 106: Coleccin Ochoa, carta XI.]

    [Nota 107: Se halla esta carta en la Bibl. Nac. de Pars,
    _Fr-3.652_: la publicaron Bermdez de Castro, pg. 259, y Mignet,
    pg. 332.]

    [Nota 108: Birch, tomo I, pg. 256.]

Otra carta por dems curiosa, enviada por aquel entonces  Bacon por
M. Standen[109], da  conocer las impresiones de despedida. Estando
comiendo, dice, con mylady Rich[110], el Sr. Prez y Sir Nicols
Clyfford, entr Sir Robert Sidney, determinando la asamblea que el
siguiente da fuera el Sr. Prez con el Conde  la corte, y que despus
se reuniera la compaa  comer en casa de Walsingham. Tambin qued
resuelto que no marchara el seor Prez, porque el Conde haba
conseguido para su persona el mismo oficio que tienen los eunucos en
Turqua.

    [Nota 109: La copia Birch.]

    [Nota 110: Penlope, hermana del Conde de Essex, casada con Robert,
    Lord Rich, despus Conde de Warwich.]

Senta el Peregrino salir de Londres,  juicio de Bermdez de Castro,
porque all pasaba la vida lejos de los negocios, sin tentaciones para
su lealtad, y eso no haba de sucederle en Pars, centro de intrigas
anti-espaolas[111]. Juicio bondadoso! Senta salir de Londres
precisamente por ser el centro de maquinaciones anti-espaolas que en
Francia no haba medio de igualar, y sala por la voluntad decidida del
Conde de Essex de que all le sirviera de instrumento, segn le haba
servido hasta entonces. Tres cartas de recomendacin le precedan,
pidiendo el magnate ingls al Duque de Bouillon,  M. de Sancy y 
M. Beavois le Noele, Embajador que haba sido de Francia en Londres, que
le ampararan y favorecieran. Pues el Rey le ha llamado, escriba, es
cuestin de honra de S. M. que quede satisfecho del recibimiento que se
le haga; que no slo se cuide de ponerle  cubierto de las asechanzas
del enemigo, sino que encuentre apoyo en el arreglo de sus negocios;
situacin correspondiente  sus cualidades y mritos; empleo donde
ejercite las facultades de hombre especulativo y su gran habilidad en
la poltica. Sin estos cuidados haran su condicin peor que la que
disfrutaba en Inglaterra, y deberan devolverlo  esta nacin, que no
quera considerarle perdido para ella[112].

    [Nota 111: Bermdez de Castro, pg. 260.]

    [Nota 112: Birch, tomo I, pg. 267.]

Por efecto de mayor solicitud, si cabe, puso el Conde de Essex al lado
del proscripto, en clase de criado,  ms bien de secretario,  un joven
dependiente de la casa de Bacon, llamado Godfrey Aleyn, en razn  que
Antonio Prez no conoca los idiomas ingls ni francs; y si bien se
haca entender en castellano, lengua que por entonces posea toda
persona bien educada en ambos reinos, acudiendo  la latina en casos
necesarios, era bueno tuviera  mano persona ejercitada en la escritura
usual. Godfrey tena instruccin privada de comunicar todo cuanto
ocurriera  su nuevo amo: tal era la verdadera misin,  cuyo
cumplimiento se deben las noticias que irn apareciendo.

Antonio Prez se despidi de la Reina, dejando en su mano un memorial
dictado en los trminos conceptuosos de su estilo ordinario, y puesto en
francs por mano propia de Bacon[113]. Peda en el documento que no
confiara  nadie su cifra y correspondencia secreta, haciendo en cambio
la promesa incalificable, que teniendo entendido iba  ser husped del
Secretario de Estado, Villeroy, procurara sacar partido de la
circunstancia en provecho del servicio de S. M.

    [Nota 113: Birch, tomo I, pg. 256. Acababa diciendo: Pardonnez moi,
    pardonnez moi, Madame, car nul ne parle icy sinon le pauvre de
    l'imperatrice.]

Isabel no dej de fijar la atencin en una oferta que transparentaba del
todo la moral del que la haca[114].

Tambin hizo Prez memorial de despedida, escrito en latn, al Conde de
Essex, recomendndole no demorase la expedicin convenida contra
Cdiz[115].

    [Nota 114: Birch, tomo I, pg. 265. Mignet, pg. 233.]

    [Nota 115: Birch, idem.]


II.

Las cartas de Godfrey Aleyn  Bacon empezaron desde el momento de la
partida de Inglaterra  narrar los sucesos. La primera, con fecha 2 de
agosto de 1595, avisaba la llegada  Dieppe, cuyo gobernador recibi 
Prez con grandes atenciones.

Bermdez de Castro confundi al funcionario con el Duque de Chartres:
era el Comendador de Chaste, vencido en la isla Tercera por D. Alvaro de
Bazn, que por entonces andaba en proyectos de expedicin corsaria, por
su cuenta,  las Indias[116]; as podan serle de mucha utilidad la
presencia y las noticias del viajero; mas ste se aburra en una ciudad
en que apenas pudo saber algo de Flandes que comunicar  su buen amigo
al otro lado del Canal, y queriendo trasladarse  Ruan (_Rouen_), le
acompa por el camino el referido gobernador, llevando escolta de 50
caballos[117].

    [Nota 116: V. _La Conquista de las Azores por D. lvaro de Bazn_.]

    [Nota 117: Birch, tomo I, pg. 283.]

Hall en el Duque de Montpensier, que rega la plaza, acogida no menos
grata que en Dieppe; el Prncipe le sali al encuentro con 100 caballos;
le sent  su mesa, procurando hacerle agradable la estancia, como el
Rey se lo mandaba, y confirmando las palabras tuvo Prez carta datada en
Lyon  26 de agosto en que el mismo Rey le daba bienvenida.

Como pienso ponerme en camino, deca, no quiero tengis la molestia de
pasar adelante, sino que me esperis en _Rouen_. Hoy mismo escribo  mi
primo el Duque de Montpensier que os dispense las consideraciones
merecidas por vuestras virtudes, que yo siempre os he de dispensar. Sin
embargo, si prefers ir  Pars, lo dejo  vuestra decisin: all
encontraris en tal caso  mi primo el Prncipe de Conti, al Sr. de
Schomberg y  los de mi Consejo, que tienen prevencin de recibiros y
acojeros como lo hara yo mismo. Consolbale  seguida del accidente
mortal ocurrido al pobre D. Martn de Lanuza, recomendando se conformara
con la voluntad de Dios, en la seguridad de que la suya no haba de
faltarle nunca[118].

    [Nota 118: La carta en el Museo Britnico. Mignet, pg. 334.]

Satisfecho poda estar el Peregrino si no nublara un tanto los auspicios
favorables la diligencia del Sr. Gil de Mesa en comunicarle nuevas de
otro gnero. Habale mostrado el Ministro Villeroy avisos de Flandes de
andar por Pars el seor de la Pinilla de Aragn, de quien se deca
haber tomado 6.000 ducados de oro  cuenta de la vida del fugitivo,
yendo en su compaa un fraile y un criado. Por otra parte, le
anunciaban, con referencia al gobernador del Havre, que cuando l
(Prez) march  Inglaterra, un ingls llamado Burle propuso al dicho
gobernador ganarse 100.000 ducados si entregaba vivo al pasajero, 
50.000 si quera darlo muerto; proposicin que rechaz indignado.

Estas confidencias, nada  propsito para tranquilizar el nimo en quien
no le tena muy grande, templaron el deseo de encaminarse  Pars,
mientras no lo hiciera un cuerpo de tropa mandado por M. D'Incarville.
El mismo Duque de Montpensier le aconsej esperar esta ocasin, y aun
agreg  la tropa varios oficiales del Rey que le dieran particular
escolta.

Llegado  la capital el 10 de septiembre, le visitaron los seores del
Consejo de Estado, confirmando las rdenes que del Rey tenan recibidas
para velar, sobre todo, por la seguridad. Preguntaron si conoca al
seor de la Pinilla; y como la respuesta fuera afirmativa, le
propusieron alojamiento en la Bastilla, por ser lugar fuerte en que
haba perennemente guardia de soldados; pero si no le agradaba la
mansin, estaban dispuestos  poner en la casa que eligiera cuatro
guardias del Rey, que le custodiaran da y noche. Prez opt por lo
ltimo: la visita de la Bastilla hecha el mismo da no le haba
satisfecho, y descans en una posada elegida por M. D'Incarville. De
ella escribi al Conde de Essex los pormenores que van referidos; agreg
las noticias polticas que haba recogido desde la separacin, y
contestando las recibidas de Londres manifest su aprobacin, as
relativamente  los aprestos que se iban haciendo de la expedicin
contra Cdiz, como  los ms atrasados de la jornada de Drake  las
Indias. Sobre sta en particular se extenda, tratando del partido que
poda obtenerse de los indgenas; materia dispuesta  la rebelin,
tanto por condicin propia como por los agravios recibidos de los
espaoles[119].

Ocho das despus le instalaron los del Consejo en una casa muy hermosa
que haba pertenecido al Duque de Mercoeur, sin que tuviera que ocuparse
de nada; los guardias ofrecidos y el cocinero ocupaban sus respectivos
puestos. Hecho por su parte acatamiento  Madama Catalina, la hermana
del Rey, le llev la Princesa en su carroza  ver la comedia, honra
(escriba  Essex) que haba sorprendido  mucha gente y  l le daba
alegra y satisfaccin[120].

Los trminos de la carta supliran por s solos la ltima confesin,
segn pintan las impresiones de la vanidad satisfecha; slo que duraron
poco. La epstola inmediata trataba del complot descubierto contra su
vida; de la prisin del seor de la Pinilla; de la inquietud que senta:
quisiera volver  Inglaterra, y no le vendran mal algunos fondos[121].

    [Nota 119: Birch, tomo I, pginas 295, 297.]

    [Nota 120: Idem id.]

    [Nota 121: Idem id.]

El incidente de la prisin, que pareca justificar los temores y las
precauciones, requiere consideracin un tanto detenida, empezando por la
narracin de Bermdez de Castro, que vale tanto como decir la que hizo
la pluma de Antonio Prez.

D. Rodrigo de Mur, seor de la Pinilla, acompaado de un criado y de un
fraile vizcano, de nombre Mateo de Aguirre, aparecieron en Pars,
despachados por D. Juan de Idiquez con expreso fin de matar al
ex-Secretario de D. Felipe. Tres veces en una noche intent D. Rodrigo
penetrar en la casa del refugiado, pretextando necesidad de hablarle:
otras tantas le negaron acceso los suizos de guardia, y recelosos de la
insistencia le detuvieron en la ltima. Hallronle dos pistoletes
cargados cada uno con un par de balas encajadas en cera, por seguridad
de la puntera, y fuera de la ciudad le esperaba el criado con los
caballos. Ante el tribunal confes _su traicin_, por lo que fu
ajusticiado en la plaza de la Greve[122].

    [Nota 122: Bermdez de Castro, pg. 264.]

La exposicin de M. Mignet se parece mucho, como procedente del mismo
origen.

El Secretario Villeroy, lo propio que el Mariscal de la Force, tenan
avisos de Espaa[123] anunciando que el Barn de la Pinilla, el mismo
que haba tratado de prender  Prez en Sallent, se haba puesto en
camino en compaa de otros dos hombres, uno de ellos fraile disfrazado
de lico. Pinilla haba recibido previamente 600 ducados de oro[124];
hizo en Pars los preparativos para escapar despus del golpe; pero fu
detenido con uno de los cmplices, logrando el fraile ponerse en salvo.
En casa de Pinilla se encontraron dos pistoletes cargados con dos balas
cada uno: todo lo confes en el tormento, de modo que, meses despus,
fu ejecutado en la plaza de la Greve[125].

    [Nota 123: Antes haban dicho que de Flandes.]

    [Nota 124: Antes 6.000.]

    [Nota 125: Mignet, pg. 335.]

El escritor francs apoya la aseveracin en el libro de las
_Relaciones_[126], en las cartas enviadas por el interesado al Conde de
Essex[127] y en la siguiente noticia de un diario de Pars:

    [Nota 126: _Relaciones_, pginas 179, 180.]

    [Nota 127: Birch, tomo I, pginas 282, 299, 402.]

El viernes 19 fu ajusticiado un espaol en la plaza de Greve de Pars,
_convicto_ de haber querido matar  D. Peres, Secretario del Rey de
Espaa, que sigue  la corte, siendo bien venido al lado de S. M., por
haberle descubierto muchos manejos del Rey de Espaa contra su persona y
su Estado[128].

    [Nota 128: L'Etoile, _Journal de Henri IV_. Collect. Petitot, tomo
    XLVII, pg. 151.]

Las pruebas no son de aqullas que desvanecen dudas, no ya en asunto tan
grave para el desdichado D. Rodrigo de Mur, para la opinin del
Secretario de Estado D. Juan de Idiquez, y por ende de su amo, sino
para cualquiera que interesara  la historia. Comparadas estas pruebas
entre s, ponen en claro que el seor de la Pinilla fu  la casa de
Prez, guardada por suizos; pidi  los mismos guardas entrada,  iba
desarmado, pues los pistoletes en la posada se encontraron, no en la
persona. Perspicaz sera el juez que con tales indicios descubri
intento de asesinato y prevenciones de huda.

Hay ms: la coleccin de documentos de Birch, citada por M. Mignet,
contiene algunos que valen la pena de registro. Uno dice que en el
momento de llegar Prez de Inglaterra  Dieppe, recibi cartas que le
diriga desde Pars el seor de la Pinilla[129]. El contenido de las
cartas no se expresa, y, sin embargo, tan vaga especie basta  la
persuasin de que D. Rodrigo no vino de Espaa  Pars  objeto expreso
de encontrar  Antonio Prez, pues que le precedi; al paso que
demuestra no tener propsito de recatarse, antes de anticipar el deseo,
acaso tambin la razn, de una entrevista.

    [Nota 129: Birch. Primera carta de Godfrey Aleyn  Bacon, fecha 2 de
    agosto 1595]

Otro papel, escrito por el Secretario de Antonio Prez[130], refiriendo
la ejecucin de Pinilla, consigna que hasta el momento del suplicio no
confes otra cosa sino que haba venido  tratar con su amo; lo mismo
que viene  declarar L'Etoile en el _Journal de Henri IV_, esto es, que
muri _convicto_.

    [Nota 130: Carta de Edward Yates  Bacon, fecha  6 de febrero de
    1596.]

De qu iba  tratar; cul era la comisin que de D. Juan Idiquez se le
supona; por qu con tanta insistencia pretenda una entrevista, podr
entenderse por cartas cifradas que al mismo Secretario Idiquez envi el
Encargado de Negocios de Espaa, D. Diego de Ibarra, al tener noticia
inexacta de la llegada del proscripto. Deca:

Antonio Prez volvi de Inglaterra: no he olido lo que ha trado; pero
l se top cerca de este lugar con el Duque de Guisa y le habl en sus
desventuras. Vea V. S. si con este hombre es menester hacer algo  con
D. Martn de Lanuza, que tambin anda con el Prncipe de Bearne, y ha
llegado  las puertas de Pars, y dice desea reducirse. No se me ha
respondido  lo que avis de D. Manuel de Portugal, que me haba escrito
D. Martn de Guzpide, ni al particular deste pobre hombre, que muere de
hambre, y as en ninguna de las dos cosas he hecho nada. El D. Manuel
est con el de Bearne, y ha dicho  personas que me lo han dicho que
desea echarse  los pies de S. M., y est aguardando respuesta de lo que
de Roan se escribi. Aviso de todo  V. S. por si S. M. quisiere mandar
algo, lo pueda hacer  tiempo.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Lo que me dijo el Duque de Guisa que le haba pasado con Antonio Prez,
no fu as: hase sabido despus que est todava en Inglaterra, y que
debi de ser alguno que se vali de su nombre[131].

    [Nota 131: Carta cifrada, fecha en Pars  14 de agosto de 1593:
    Pars, Arch. nat., _Papiers de Simancas_, _K-1.589_, _B-78_, piezas
    52 y 62.]

Con estos hechos, mientras las pruebas del proceso no aparezcan, hay,
pues, motivo para relegar el supuesto intento de D. Rodrigo de Mur, en
unin con el de los irlandeses de Londres y algunos ms,  la categora
de cuentos intencionados, con la presuncin de que los ejemplares de
verdaderos atentados de la poca serviran  la credulidad sin otro
examen.

Reanudando la ilacin de los sucesos, como la guerra con Espaa no
empezaba cual por all desearan, llam el Rey  Prez  la ciudad de
Chauny, cerca de la Fere, cuyo cerco iba  poner, para consultarle el
plan de campaa por la parte de Flandes. La marcha de los sucesos le
tena alarmado. Hzole entender el Peregrino que sin la cooperacin
activa de Inglaterra, sin un acuerdo que aunara los esfuerzos contra el
enemigo comn, difcilmente llegara  contrarrestar el impulso dado
por el Conde de Fuentes metindose en Picarda y ganando una tras otra
las plazas de la Chapelle, Catelet y Dourlens. Mas era acaso fcil
convencer  la Reina Isabel, alcanzar socorros de ella, cuando acababa
de retirar los que envi contra los espaoles de Bretaa al verlos en
Brest, esto es,  las puertas de su casa?

Bien conoca Antonio Prez la exactitud de la objecin, sintiendo en el
despecho _no estar debajo de tierra_ antes que ver  _la insolente
fortuna de Felipe_ sobreponindole  todos los enemigos, sin que sus
consejos fueran escuchados ni su residencia all produjera fruto[132].
Deba de insistir, sin embargo,  insista en inclinar al Rey de Francia
 dar nuevos pasos que movieran la voluntad de la inglesa, de _Juno_,
segn la nombraba en la conversacin confidencial, dando ejercicio  su
prurito de aplicar sobrenombres, mientras por el lado del favorito de la
Reina tiraba de los hilos de la intriga con que se tramara la misma
tela.

    [Nota 132: Carta de Prez al Conde de Essex. Birch, tomo I.]

Enrique IV no poda desconocer la excelencia del pensamiento ni la
necesidad de acudir  realizarlo, empezando con el halago del consejero
y agente; no escase, en consecuencia, las honras en la palabra,
ofreciendo la dispensacin de otras ms efectivas, el collar de la
Orden del Espritu Santo, por ejemplo.

Godfrey Aleyn, que oy referir  su amo en la mesa las distinciones de
que haba sido objeto, presuma que el Sr. Antonio las rehusara sin ms
excepcin que la de la Orden, y esto si poda proporcionarse las prendas
que necesariamente deben de vestirse en la ceremonia. Hubiera rogado al
Conde de Essex que le ayudara al efecto, si no estuviera cohibido por la
consideracin de los muchos favores recibidos. La celebracin del
Captulo era el da primero del ao prximo; la nota de las prendas y de
su valor, pedida por curiosidad al sastre de S. M., adjunta[133].

    [Nota 133: Carta de Godfrey Aleyn  Bacon, de Chauny, noviembre.
    Coleccin Birch, tomo I.]

Sirviendo Prez  dos seores, natural era que se creyera con derecho 
seguir disfrutando de las liberalidades del uno tanto como de las del
otro. El ms cercano le tena  su lado en pblico; sali con l por el
camino al marchar hacia la Fere, y dejndole en Chauny encomend mucho 
Villeroy cuidase de su persona, acompandole cuando hubiera de ir  San
Quintn, porque no poda pasarse sin su compaa. Todo esto era
altamente honorfico sin duda; mas no lo que esperaba el Sr. Antonio,
dndolo  entender, en ausencia del Soberano, con expresin repetida de
no ser para su genio el carcter de los franceses, entre los que no
crea podra vivir mucho tiempo, y menos en los mezquinos alojamientos
que le sealaban[134].

No lo dijo en balde:  los pocos das le instalaban en una de las
mejores casas de la ciudad; llegaba  sus manos oferta nueva del Rey de
conferirle las insignias de la orden consabida, con una plaza en el
Consejo privado y las rentas de la primera Abada que vacara, en espera
de lo cual disfrutara desde luego pensin de 4.000 escudos
anuales[135].

    [Nota 134: Carta de Godfrey  Bacon, de Chauny, noviembre. Coleccin
    Birch, tomo I.]

    [Nota 135: Idem, id.]

Por complemento escribi el Rey al Conde de Essex[136], agradeciendo
infinito lo que haba hecho por Prez, consejero digno de toda clase de
miramientos, que le era muy querido y agradable. Senta no poderle dar
todo lo que deseara y l se mereca; aseguraba, s, que participara de
la miseria de Francia con la buena voluntad del que la rega.

    [Nota 136: Del Real  4 de diciembre 1595. Coleccin Birch.]

El interesado, en vista de la gracia y pensin sealada por el Monarca,
_sin pedirla l_, hizo saber  Villeroy que era perro y peregrino; pero
perro peregrino en la fidelidad[137]. Casi al mismo tiempo informaba 
su amigo el Conde de Essex de haberse interceptado cartas de Espaa por
las cuales se vena en conocimiento de los proyectos del Conde de
Fuentes en Flandes, as como de las miras de _Nabucodonosor_, que  toda
prisa reuna ejrcito y armada. Desconfiando de los recursos de Enrique
IV para resistir, y aun de que en Inglaterra dieran  sus enemigos la
atencin debida, le instigaba  despertar el espritu pblico, temeroso
de que les ocurriera lo que  las vrgenes de la parbola del Evangelio,
que se acordaron tarde del aceite. El que espera siempre es vencido; de
los audaces que atacan es el lauro. Si no queran oirle, determinado
estaba  despedirse de Francia y de Inglaterra  la vez, al paso que
nada igualara  su satisfaccin estando al lado de amigos buenos que
con prudencia y energa siguieran sus advertencias[138].

    [Nota 137: Coleccin Ochoa, parte I, carta LIV.]

    [Nota 138: Antonio Prez al Conde de Essex, fecha  14 noviembre
    1595. Birch, tomo I, pg. 318.]

Repetalas sin cesar, manifestando las cartas sucesivas por qu
procedimientos iba convenciendo al Rey de la necesidad de entenderse
directamente con el Conde de Essex, tan interesado en sus progresos;
utilizando avisos reservados de Flandes, de Venecia, de Miln, de la
corte de Madrid y de la misma de Francia; teniendo que reservar  veces
algunos de estos ltimos, parecindole que no le agradara  Enrique
saber que le eran conocidos. Recibale el Monarca  todas horas, 
solas, aun estando en la cama, no sin inconvenientes; que empezaban 
manifestarse los celos de los palaciegos, y singularmente la envidia de
Villeroy, por ms que procurara adormecerla con lisonjas[139]. Como
defensa, haba manifestado al Rey que mal podra subsistir all si  las
persecuciones y peligros de la triste fortuna se agregaba la
malquerencia de sus Ministros[140]: preciso sera,  falta de mayor
favor y amparo, que buscara otro retiro; idea que afligi mucho 
Enrique[141].

Lo que ms costaba al consejero era contrarrestar el efecto de
insinuaciones que partan de elevadas personas, del Secretario de Estado
Villeroy entre ellas, en favor de la paz con Espaa, recordada  cada
nueva victoria de las del Conde de Fuentes. Urga influir en opuesto
sentido con el despacho de la expedicin contra Cdiz, mucho ms
habiendo llegado  Pars un agente de _Roberto el Diablo_ (Sir Robert
Cecil)[142].

    [Nota 139: V. en la Coleccin Ochoa las cartas al Sr. de Villaroel,
    XIX, XLVII, XLVIII, LI, LII, LIV, LXVI, LXVIII.]

    [Nota 140: Coleccin Ochoa, Cartas al Rey, VIII, LX.]

    [Nota 141: Antonio Prez al Conde de Essex, diciembre de 1595.
    Coleccin Birch.]

    [Nota 142: Idem id.]

Un incidente imprevisto estuvo  punto de poner  Prez en apuro. Bacon
abri inadvertidamente una carta que Godfrey Aleyn (el criado suyo que
di por amanuense  secretario al amigo espaol) enviaba  su padre, y
despertando su atencin que estuviera escrita en cifra, interpret lo
que sigue:

Godfrey manifestaba propsito de no continuar mucho tiempo al lado de su
amo, vistas la inconstancia y rareza del carcter. No pudiendo sufrir
sus originalidades,  pesar de hacer cuanto estaba en su mano para
complacerle, aprovechara una buena oportunidad tan luego como penetrara
ciertas cosas que empezaba  conocer y que podran serle de mucho
provecho. Los trabajos de Prez se encaminaban por todos lados 
conseguir Liga estrecha y fuerte entre Francia  Inglaterra contra el
Rey de Espaa, convenciendo  las dos partes de que por tal medio lo
hundiran. Procuraba al mismo tiempo, por medio de la Reina, la soltura
de su mujer  hijos, detenidos en Madrid; pero tena emulacin con
M. Edmondes, agente especial del Conde de Essex, estorbndose uno al
otro: el Rey empezaba  cansarse de las singularidades de Prez, y los
ms de los hombres con que esperaba contar le enseaban ya los dientes.

Se vino  descubrir por esta misiva que habiendo aprendido Godfrey al
lado del seor Antonio lo que vala un secreto, tomaba copia de las
cartas ms importantes que se enviaban al Conde de Essex, y haca que
fueran  manos del Rey de Escocia por conducto de su Embajador en Pars.
Essex, muy alarmado, previno incontinenti al corresponsal, dndole
tiempo de poner remedio, que fu el de su tctica probada. Anunci al
Rey otra tenebrosa traza de los Faraones de Egipto, enderezada 
perderle con la invencin de cartas que pusieran en duda su lealtad, su
amor, su adhesin, etc. Despus, manifestando  Godfrey que era preciso
enviar al Conde una clave nueva de escritura, comisin delicada que no
quera fiar  otra persona, le despach para Inglaterra, donde en el
acto de poner el pie le echaron mano, encerrndole en la prisin de
Clink[143]. Le sustituy Edward Yates, hombre de toda confianza, pagado
como el otro por el Conde, y exclusivamente destinado  transmitir los
despachos secretos que importaran  ste   la Reina[144].

    [Nota 143: Coleccin Birch.]

    [Nota 144: Idem.]

Hay que dejar aqu en suspenso los manejos secretos, hasta referir
someramente los efectos que producan en la poltica.

La Reina de Inglaterra, siguiendo los consejos de los Cecil, padre 
hijo, contrarios siempre  los del Conde de Essex, haba negado 
Enrique IV la cooperacin activa en la guerra, y este Rey insinu por
medio de Embajador especial que, no contando ms que con los recursos
propios, se vera en la precisin de aceptar paz honrosa con Espaa.
Isabel, inquieta con las ventajas que en Francia iba consiguiendo el
Conde de Fuentes, recibi la declaracin con doble sentimiento, y
comision inmediatamente  Sir Henri Unton para que con carcter de
Embajador sondeara en Pars la verdadera disposicin del Rey, hacindole
conocer la necesidad en que se vea el Gobierno de Inglaterra de proveer
 la propia seguridad, amenazada en aquella isla y en Irlanda. Si
Enrique IV se inclinaba en realidad  entenderse con Felipe II, el
Embajador deba procurar impedirlo con ofrecimiento de alianza y auxilio
efectivo: si en la indicacin no haba ms que amenaza, ninguna
modificacin se hara en la marcha de las relaciones; pero  estas
instrucciones oficiales opuso las suyas particulares el Conde de Essex,
seguro de verlas cumplidas, por lo mucho que Sir Unton le deba; y
contrariamente  lo que el Secretario de Estado le mandaba, haba de
sostener al Soberano de Francia en la afirmacin de no continuar la
guerra sin ayuda, aunque en pblico y como Embajador diera  entender
lo contrario.

Al mismo tiempo haba de escribir Prez cartas que se mostraran  la
Reina, para que la coincidencia de sus informes y los del Embajador
influyera en el nimo de Isabel. Las instrucciones del Conde decan:
Antonio me escribir, en carta que pueda ensearse, que la llegada de
Sir Unton ha empeorado los negocios, y me preguntar por qu, conociendo
el carcter del Rey de Francia y los asuntos del reino, no me he opuesto
al envo del Embajador. Aadir temores de que se haya dejado avanzar al
Rey hasta un punto de que no pueda ya retroceder[145].

    [Nota 145: Coleccin Birch, tomo I, pg. 354.]

Sir Henri Unton desempe perfectamente su papel; el Rey conferenci con
Prez, cuyas cartas completaron en Inglaterra el efecto de los despachos
del Embajador[146].

    [Nota 146: M. Mignet explana con bastante extensin estas intrigas,
    pginas 337  348.]

Empezaba en esto el ao de 1596 con descontento del Peregrino, que vino
 mudar en pena, la falsa nueva de la muerte de Doa Juana Coello, su
mujer. Un caballero de la Cmara de D. Felipe escribi  Gnova _dcese_
que se propag de seguida por cosa cierta...[147]. Antonio Prez mostr
gran sentimiento, escribiendo expresamente para el Conde de Essex
necrologa latina[148], y otra castellana ms extensa destinada al
pblico[149], por muestra de la inmensidad del infortunio. Gil de Mesa
fu en su nombre  noticiar  la Princesa Catalina de Borbn, al Rey, 
Villeroy la resolucin de abandonar el mundo, entrando en religin;
propsito que pareca muy bien al Secretario de Estado. Probablemente
por vez primera se ofreca con sinceridad  secundarle con su influencia
para entrar en situacin en que _podra hacer su fortuna y la de sus
amigos_. No menos expresiva Madama de Borbn, prometi solicitar de su
hermano una mitra  un capelo que le proporcionaran dignidad en el
estado religioso; por ltimo, el Rey, despus de enviar con psame 
M. D'Incarville, le haca saber que iban  extenderse las cdulas de
nombramiento de Consejero real, asignndole la sexta plaza; otra de
inclusin en la lista de los que haban de recibir la Orden del Espritu
Santo, ms la de Gentilhombre de Cmara en favor de Gil de Mesa[150].

    [Nota 147: Coleccin Ochoa, parte II, carta CXVI.]

    [Nota 148: Coleccin Birch, tomo I, pg. 366.]

    [Nota 149: Coleccin Ochoa, parte II, carta CXVII.]

    [Nota 150: Coleccin Birch. Cartas de Jacomo Bassadonua al Conde de
    Essex, enero de 1596.]

Como reflejo de la situacin del nimo, recrecido el odio con la
progresin de la desgracia, haca para Essex estudio de los sucesos
polticos cuya fuerza obligaba al Rey  inclinarse cada vez ms  la
paz. Instigbale ms que nunca  que hiciera entender secretamente 
Isabel el peligro gravsimo que amagaba. El Papa trabajaba con
vehemencia; el Duque de Saboya no era obstculo; la llegada  Espaa de
la flota de galeones consenta el refuerzo de ejrcito y armada. Qu
letargo el de Francia; qu negligencia en Inglaterra; qu dolor no haber
interceptado los tesoros de las Indias, siguiendo el plan que l mismo
entreg  la Reina! Sucumbira en la empresa con la seguridad de no
haberse equivocado; y como los oprimidos infunden compasin y los
engaados risa, quera ms ser objeto de piedad que de ridculo[151].

    [Nota 151: Antonio Prez al Conde de Essex 18 de enero 1596.
    Coleccin Birch, tomo I, pg. 372.]

Trabajo le costaba discurrir sobre la ceguera del Gobierno ingls,
desacertado en todo; el Embajador Sir Henri Unton, corts en invitarle 
su mesa, se reservaba de l y no se daba maa para influir con Enrique.
Ah! no queran ayudarle en la guerra _contra la bestia salvaje que se
propona trastornar los fundamentos de la tierra y la fe de los
hombres_... no saban gastar dinero sin dolor... tiempo llegara de
lamentarlo[152].

    [Nota 152: Coleccin Birch, tomo I, pginas 373, 375.]

Por mortificacin mayor saba, gracias  los buenos oficios de
D. Cristbal, el hijo menor del Prior de Ocrato, que un agente espaol en
Nantes deca sin reserva que haba de morir antes de un mes, siendo cosa
notoria que un _D. Rodrigo de Martilos_ (_sic_) le asesinara, como
tambin al Rey de Francia. Por absurdo que el aviso debiera parecer,
reprodujo en Antonio Prez una de aquellas crisis temerosas alimentadas
por la suspicacia del carcter. Se crea blanco de la enemiga de los
Guisas por haber sacado  luz en las _Relaciones_ los proyectos de
confederacin que formaron con D. Juan de Austria; presuma que la
envidia de Villeroy le armara alguna celada, llevando la desconfianza al
lmite de entender que Gil de Mesa, su _alter ego_, le espiaba y venda
al Rey, y que ste, para alcanzar arreglo ventajoso con Espaa,
entregara  D. Felipe la persona de su fugitivo secretario[153].

    [Nota 153: Cartas de Nanton al Conde de Essex, de Coucy, febrero y
    marzo 1596. Coleccin Birch, tomo I, pg. 433.]

Exasperado, insufrible en el trato, encerrado en la casa de Coucy,
negndose  ir con Enrique IV  la Fere, con pretexto de una cada sobre
el hielo, desataba la lengua contra la informalidad de los franceses,
que al parecer pretendan hacer con l lo que con un limn, que se
arroja despus de exprimido,  ms de entorpecer sus asuntos y retrasar
el pago de la pensin que le haban sealado[154]. De no cambiar de
sistema y seguir poniendo  prueba su paciencia, amenazaba con volverse
 Inglaterra, donde vivira con dignidad y sin peligro,   cualquier
parte, _ comer carbn_, antes que ser juguete de franceses, con ofertas
que rechazaba con ms grandeza que le eran hechas[155].

Si conferenciaba con el Embajador ingls, las quejas y las amenazas eran
de otra naturaleza: entonces el lugar de retiro era Florencia 
Holanda[156]; pero de cualquier modo, ni hablaba con sordos ni dejaba de
pensar en el alcance de lo que deca. El Embajador transmita las
extravagancias, pero se allanaba  pagarle las deudas. Enrique IV no
sufra con paciencia las libertades que se iba tomando el espaol en su
presencia, envindole no obstante la visita de Villeroy, y aun la de su
mdico cuando pretext la dolencia de la cada[157]. El Rey se le
quejaba de que tuviera  Inglaterra ms afecto que  Francia; pedale
_con abrazos y besos_ que no le dejara, asegurando que en ninguna parte
estara ms seguro que  su lado[158].

    [Nota 154: Coleccin Birch, tomo I, pg. 433.]

    [Nota 155: Idem id.]

    [Nota 156: Idem id.]

    [Nota 157: A la visita del mdico alude en el documento XII del
    Apndice. Tratan de ella tambin las cartas de Nanton. Coleccin
    Birch, tomo I, pg. 433.]

    [Nota 158: _Me amplecteas et osculans._ Antonio Prez al Conde de
    Essex. Coleccin Birch.]

Otra ms provechosa entrevista con la Princesa Catalina serva para
preguntarle si se dara por satisfecho con un Obispado como el de
Burdeos, por ejemplo, que vala 7.000 escudos anuales, con el nmero de
beneficios eclesisticos suficientes para sostener la dignidad de
Cardenal, y con una guardia de seis  ocho suizos que desvanecera todo
recelo de atentado contra su persona[159], mientras de la parte de all
le anunciaban las cartas del Conde de Essex que, vencida por voluntad de
la Reina la oposicin de los Cecil, estaba resuelto y en vas de
preparacin el envo de una escuadra inglesa  las Indias, y el de la
expedicin contra Cdiz[160].

    [Nota 159: Antonio Prez al Conde de Essex. Coleccin Birch.]

    [Nota 160: El Conde de Essex  Antonio Prez. Idem id.]

Acontecimiento inesperado, el asalto y captura de Cals (_Calais_) por
el ejrcito espaol de Flandes, vino  decidir otra de las negociaciones
en que andaba tan empeado. El peligro de la vecindad se impuso  toda
otra consideracin en la poltica de Isabel, y he aqu cmo Antonio
Prez, acompaando al Duque de Bouillon y con plenos poderes para
negociar la alianza defensiva y ofensiva, se embarc para volver 
Inglaterra.

Ahora s, pensaba el Embajador, que podr buscar retiro en que pasar
tranquilo y sin peligros los das de vida que me queden, dejando  estas
naciones que gocen de su amor, despus de haber hecho oficio de
sacerdote en la unin conyugal[161].

    [Nota 161: Coleccin Birch, tomo I, pg. 434.]

Encontr en Dover al Conde de Essex, que le consult ciertos puntos de
la expedicin de Cdiz,  la sazn muy adelantada en los preparativos;
encontr  Bacon constante en los amistosos sentimientos; en Londres
hall, en cambio, la ms cruel de las mortificaciones.

La nueva del fracaso completo de aquella otra expedicin costosa enviada
 las Indias, derrotada en Puerto-Rico, en Chagres, en Tierra firme,
deshecha al fin sobre la isla de Pinos por la armada espaola de
D. Bernardino de Avellaneda; la jornada que, segn Prez, haba de llenar
las arcas de Inglaterra con los tesoros de Felipe II, y que en la
realidad cost la vida de los dos caudillos de mar ms populares, sin
mencin del desastre, impresion  la Reina contra el consejero
insistente, en quien Lord Cobhan, Sir Robert Cecil y Henri Brook
descargaban el peso de la responsabilidad, ya que contra su parecer se
hizo. El mismo Conde de Essex, al ver el nublado, seguido de las quejas,
reclamaciones y exigencias impertinentes de Prez, march  Plymouth,
hacindolo por otro lado Bacon[162].

El tratado entre Inglaterra y Francia se firm el 10 de mayo sin
intervencin del oficioso Embajador, desatendido, profundamente
humillado en aquella corte de que hablaba sin cesar en Pars cuando
quera dar la medida de su influencia[163]. Dudando estuvo si volver 
Francia, donde sera patente el desengao,  buscar asilo nuevo entre
los rebeldes de los Pases Bajos[164]; pero como lo segundo fuera
aventurado[165], desand el camino de la Embajada, sin obtener la
atencin siquiera de que le avisaran la salida de aquella armada de 150
velas, conductora del ejrcito que al mando de Essex haba de atacar 
Cdiz[166], donde esperaban, por lo contrario, al iniciador de la
empresa[167].

    [Nota 162: Coleccin Birch, tomo I, pginas 466, 473, 486.]

    [Nota 163: Idem id., tomo II, pginas 3, 4.]

    [Nota 164: Coleccin Birch, tomo I, pg. 473.]

    [Nota 165: Parece que Prez tuvo tambin idea de retirarse  Escocia
    y tent el recibimiento en carta dirigida al Rey Jacobo VI, que
    se halla junta con la contestacin de Sir T. Parry en el Museo
    Britnico, Calgula, E-VII, segn _The English Cyclopdia_: London,
    1857, art. Prez.]

    [Nota 166: Apndice, documento V.]

    [Nota 167: _Documentos relativos  la toma y saco de Cdiz por los
    ingleses. Coleccin de documentos ind. para la Hist. de Esp._, tomo
    XXXVI.]


III.

En los momentos difciles se acreditan las condiciones de los hombres.
El Peregrino, con su ordinaria sangre fra, se vali de la nueva de la
agresin inglesa para explicar en Francia la razn de no figurar su
personalidad en el tratado de alianza firmado en Londres, por aqullas
que recomiendan la ocultacin del maquinista al mover en el teatro los
hilos de mutacin de las escenas, sin dejar de utilizar la noticia
simultneamente contra el mal efecto que al otro lado del Canal haba
causado, como dicho queda, la desdichada expedicin de Drake. Al
felicitar oportunamente  la Reina Isabel, acompaaba protesta de su
constante adhesin, expresando que an podra serle provechoso en otras
jornadas[168].

    [Nota 168: Coleccin Birch, junio 1596, tomo II, pg. 42.]

As lo iba entendiendo el Conde de Essex desque en la victoria descubri
la exactitud de los clculos por donde se haba alcanzado. Prez era
ciertamente instrumento til.  fin de conservarlo le escribi, por
tanto, en 14 de septiembre de 1596, la carta ms afectuosa, excusando
lo ocurrido; pidiendo _que no le condenara sin oirle_[169]; refiriendo,
en fin, los sucesos de la campaa; y como el Sr. Antonio no deseara otra
cosa, reanudada la correspondencia, mientras discurra por all los
medios de seguir afligiendo  Espaa, procuraba ac contener las
vacilaciones del Rey, sobre todo las que le llevaban  considerar las
ventajas de la paz.

    [Nota 169: _Ne desinas, Antoni, me amare, ne festines me inauditum
    condemnare. Attendi Essexi apologiam._ Birch, tomo II, pg. 143.]

De tomar esta resolucin Enrique IV, inquieto como estaba con el triunfo
conseguido por los turcos contra el Emperador y dado  discurrir si era
llegado el caso de la unin de los Prncipes cristianos contra el
enemigo comn, quedaba segada en flor la idea primordial de la triple
alianza contra Espaa; anulada la sucesin de los proyectos belicosos. 
toda costa,  costa de la prudencia, acudi Prez contra el peligro,
avisndolo secretamente al Embajador de Inglaterra,  fin de que su
Gobierno lo desvara[170], mientras que sin temor de colocarse en
oposicin abierta con el Secretario de Estado, deca al Rey, en
presencia de aqul, que slo un insensato sera capaz de hablarle de
transacciones humillantes[171].

    [Nota 170: Nanton al Conde de Essex, 28 de noviembre 1596. Coleccin
    Birch, tomo II.]

    [Nota 171: Nanton al Conde de Essex, 28 de noviembre 1596. Coleccin
    Birch, tomo III.]

 todo esto se aproximaba el fin del ao 1596, no habiendo pasado de
buenas palabras las ofertas de honras y beneficios; Antonio Prez no era
todava Caballero del Espritu Santo, ni Obispo, ni ms que pensionado
con demoras  intermitencias, sin que la tctica de lamentaciones y
amenazas de buscar nuevo amo, seguida siempre que las circunstancias la
recomendaban, diera el apetecido resultado. Se determin, pues, 
formular por escrito una especie de _ultimatum_ que deban de apoyar
Juan de Vivonne, Marqus de Pisani, Embajador que haba sido de Francia
en Espaa por los aos de 1572  1582, poca en que cultiv la amistad
de Prez, y el Duque de Montmorenci, Condestable de Francia, amigo de
ahora y protector decidido. El memorial[172] iba acompaado de una
especie de estipulacin redactada sin miramientos por la pluma del
pretendiente. Tal deba de ser que no la admiti el Rey, observando que
era aquello proyecto de tratado ms bien que splica humilde[173]; lo
modific naturalmente, con declaracin de que Antonio Prez deseaba
servir  S. M. como vasallo y criado, presentndose desde luego como
tal, haciendo las siguientes peticiones, por debajo de lo que el Rey
tena ofrecido[174]:

    [Nota 172: Apndice, documento VI.]

    [Nota 173: Nanton al Conde de Essex, 28 de diciembre 1596. Coleccin
    Birch, tomo II, pg. 239.]

    [Nota 174: Apndice, documento VII.]

1. Que se le procurara el capelo de Cardenal, dado caso que hubiera
fallecido su mujer, aplicndolo  su hijo Gonzalo Prez en el contrario,
con advertencia de no indicar  Su Santidad para quin se pretenda.

2. Que se le sealara renta de 12.000 escudos anuales en obispados,
abadas y beneficios eclesisticos como fueren vacando, con autorizacin
de transmitirlos  sus hijos.

3. Que mientras no se completase dicha renta, aunque percibiera una
parte, siguiera cobrando la pensin de 4.000 escudos que le estaba
asignada, situndola en parte donde la cobrara con exactitud.

4. Que independientemente, mientras no se le completara la renta dicha,
se le daran cada ao 2.000 escudos de ayuda de costa en avisos de
gracias que l tendra cuidado de buscar.

5. Que para habilitarse por de pronto en la situacin de Consejero con
que le honraba S. M., se le dieran en el acto 2.000 escudos.

6. Que considerado el peligro que corra su vida por la persecucin
del Rey de Espaa, se pondran  su disposicin algunos suizos de la
guardia real.

7. Que si llegara  tratarse de paces entre Francia y Espaa, se haba
de procurar la libertad de su mujer  hijos, as como lo acostumbrado
respecto  bienes de vasallos retenidos por otro Prncipe.

8. Que por excusar pesadumbres tomara el Condestable de Francia  su
cargo, y en nombre de S. M., el cumplimiento de las clusulas.

Todas, sin excepcin, fueron acordadas, expresndose en el _asiento_ que
el Rey, siempre bondadoso con los afligidos, haba acogido en su reino
al Sr. Antonio Prez, atendiendo  las virtudes que le distinguan y 
los servicios que de l esperaba, y ahora reciba su fe y le acordaba
proteccin contra los que le perseguan.

Lo firm en Ruan (_Rouen_) el 13 de enero de 1597 el Secretario de
Estado, de Neufville (Villeroy) por orden del Rey, confirmando la
ejecucin el Condestable en 18 del mismo mes y ao[175].

    [Nota 175: Apndice, documento VII. M. Mignet lo ha puesto por nota
    en las pginas 355 y 356.]

Habiendo jurado el cargo de Consejero, era asunto delicado comunicar al
Conde de Essex lo que pasaba en el Consejo: al efecto, convinieron los
interesados en que las cartas seran encomendadas  un criado de
confianza que personalmente las llevara  Inglaterra, quemndolas
inmediatamente el Conde[176]. Por este medio propuso Antonio Prez un
proyecto nuevo de gran importancia. Contaba con cuatro plazas y dos
puertos en el reino de Npoles: con el beneplcito de la Reina y la
direccin del Conde de Essex, se comprometa  tomar la empresa  su
cuenta y riesgo, en la inteligencia de que la corona de Inglaterra no
aceptaria responsabilidad de ninguna clase hasta adquirir la certeza de
que l (Prez) estaba en aptitud de hacer por s solo la guerra al Rey
de Espaa por uno  dos aos[177]. Demostrado esto, ofreca dar  la
Reina Isabel la posesin y soberana de dicho reino de Npoles, poniendo
en sus manos las plazas y puertos de referencia; de modo que, enviando
all una escuadra, entretena la guerra lejos de su reino, y, por medio
de inteligencias con el turco, se molestaba al ms temible enemigo. En
compensacin no peda ms que la Reina  el Conde adquirieran en Venecia
una casa de valor de 20  30.000 ducados donde Antonio Prez pudiera
dejar en completa seguridad  su mujer  hijos si perda la vida en la
demanda; y como quedaran en rehenes sus dos hijos mayores y el ttulo
de propiedad haba de extenderse en nombre de la Reina para el caso
contrario, nada perdera de ningn modo[178].

    [Nota 176: Coleccin Birch, tomo II, pg. 244.]

    [Nota 177: Able to wage war against de king of Spain himself for a
    year or two. Coleccin Birch, tomo II, pg. 239.]

 este proyecto present objeciones Nanton, haciendo ver las
dificultades de enviar una escuadra hasta el fondo del Mediterrneo, as
como la resistencia que los napolitanos opondran  la religin
reformada, y molestado con la contradiccin respondi el Sr. Antonio que
si la Reina no quera hacer el ensayo, _ella se lo perda_[179].

 Enrique IV propuso al mismo tiempo negociarle en Gnova un emprstito
de 2.000.000 con tal que destinara de la suma 40.000 libras mensuales 
una invasin por el reino de Aragn[180]. En carta al Conde de Essex
deca que, animado el Rey con el buen resultado de la jornada de Cdiz,
era probable que se atreviera  tentar algo por ese lado y por el de
Miln. Entre tanto Inglaterra debera enviar un agente  Marruecos,
enmendando la falta de no haberlo hecho cuando la expedicin de Cdiz,
porque desde all hubieran ayudado[181]. Perdonaba y _miraba por encima
del hombro_  los mulos que tanto le haban contrariado en Inglaterra,
esperando taparles la boca con el cumplimiento de sus vaticinios y con
el triunfo que tambin en Francia haba conseguido sobre Villeroy, Saucy
y los compaeros que queran  toda costa impedir su entrada en el
Consejo real[182].

    [Nota 178: Able to wage war against de king of Spain himself for a
    year or two. Coleccin Birch, tomo II, pg. 239.]

    [Nota 179: Idem id.]

    [Nota 180: Idem id.]

    [Nota 181: Able to wage war against de king of Spain himself for a
    year or two. Coleccin Birch, tomo II, pg. 244.]

    [Nota 182: Idem id.]

Mal poda sospechar Antonio Prez que, al escribir las impresiones del
orgullo satisfecho, un Capitn espaol iba  cambiarlas sbito,
apoderndose de la plaza de Amiens y del parque de artillera de
Francia, con un saco de nueces. Ocurri el suceso el 11 de marzo de
1597, trastornando por completo los planes de Enrique IV: hubo de
reclamar de Inglaterra el auxilio convenido en el tratado de alianza,
sin que se lo dieran; cambironse las reclamaciones del caso,
agrindolas las embajadas especiales, de forma que decidi aceptar los
buenos oficios del Legado del Papa y negociar la paz con Espaa tan
luego como recuper la plaza.

Vanos fueron los supremos esfuerzos de Prez para impedirlo: por ms que
participara al Embajador de Inglaterra cuanto en la corte se pensaba, y
en su ayuda vinieran  Pars Sir Robert Cecil y Justino de Nassau, como
fracasara por entonces el Conde de Essex en la segunda jornada contra
los galeones de la plata y no compensara el dao que pudo hacer en las
Azores durante el verano de 1597[183], los gastos y averas del
armamento, el disgusto de la Reina Isabel y de sus consejeros, que daba
mayor tirantez  las relaciones, vino  hacer irrevocable la resolucin
de Enrique IV; y lo que el intrigante consejero consigui tan slo,
resistindola indiscretamente, fu que, descubiertos los manejos, le
fuera cerrada la Cmara del Rey[184].

    [Nota 183: _Relacam do succedido na ilha de San Miguel sendo
    gobernador nella Gonzalo Vaz Covtinho, com armada real de Inglaterra,
    general Roberto de Bovers, Conde de Essexia, anno de 1597_: Lisboa,
    1597.]

    [Nota 184: Coleccin Birch, tomo II, pg. 286.]

Cambiando entonces de sistema, procur como siempre sacar partido de las
circunstancias. Rechaz como novela inventada por sus enemigos la
acusacin de confidencias  Inglaterra, enviando  Gil de Mesa  casa
del Condestable con una memoria en que deca, entre otras cosas propias
de su sin igual desenfado[185]:

    [Nota 185: Apndice, documento XII.]

Viniendo al punto presente de la calumnia que escribo  Inglaterra,
digo y suplico al seor Condestable que me haga la merced de pedir 
S. M. que mande averiguar esto, y siendo falso, como lo es, hacer la
demostracin que es justa en mi satisfaccin, y darme licencia que me
retire de sus reinos y de cortes de Prncipes, y de sus peligros y
juicios, antes que me acaben la salud y vida, ofresciendo, como ofresco
 S. M. que, bien  mal tratado, mientras viviere y donde quiera que
viviere, le mantendr la fe y amor  su nombre y corona, de muy fiel
siervo.

La salud di por perdida desde el momento,  causa del disgusto; hzose
el malo[186], ocupando  los amigos en la distribucin de lamentaciones
y cartas, y porque no se perdiera la ocasin empe  los ms allegados
y  los ms influyentes  fin de utilizar lo mismo que con tanto empeo
haba querido deshacer. Antes de que se abrieran las negociaciones en
Vervins, haba ya escrito repetidamente al Rey[187] se acordara de lo
que le tena ofrecido en el asiento, y pusiera, por tanto, en el tratado
de paz un captulo especial exigiendo la libertad de su mujer  hijos y
la devolucin de bienes;  la Princesa Catalina rogaba influyera con
tesn en este resultado, y  Gabriela d'Estres, Duquesa de Beaufort,
ntima de Enrique IV, encomendaba el asunto expresado, que en las
grandes ocasiones se acude  los grandes santos[188].

    [Nota 186: Mignet, pg. 362, con cita de _An historical view_, pg.
    19.]

    [Nota 187: Coleccin Ochoa, parte I, cartas LXIV, LXV.]

    [Nota 188: Coleccin Ochoa, parte I, carta LXIX.]

Suplico  V. M., deca al primero, se acuerde de lo que por su grandeza
y benignidad me tiene ofrecido tocante  la redencin de mi mujer 
hijos y  la restitucin de mis bienes... Ya es llegada la hora y
coyuntura de mostrar V. M. su natural de piedad en el caso ms piadoso
destos siglos, en el cumplimiento de su palabra real... Habr V. M.
hecho una obra en gracia del cielo, en gloria suya con las gentes, en
mrito para con Dios... Porque el Rey de Espaa pensara que aquellos
artculos y promesas haban sido ceremonia, y lo recibira como por
seguro y permisin de la ejecucin de mi perdicin. Avisbale que
Felipe II haba de poner por condicin en el tratado el indulto del
Duque de Aumale, refugiado en Bruselas, y que nada ms natural que
estipular en cambio el suyo.

Escuch el Rey las splicas? Si pudiera en algo darse crdito al mismo
Prez, Enrique tom con grandsimo empeo su causa: los
plenipotenciarios de Francia presentaron en Vervins la propuesta,
respondiendo los de Espaa, Richardot y Tassis, que Antonio Prez no era
emigrado poltico como el Duque de Aumale, sino fugitivo sentenciado
por la Inquisicin[189].

    [Nota 189: Coleccin Ochoa. Cartas  un seor amigo, parte II, carta
    CXLVIII.]

Posible es que el Rey le dijera esto; mas por entonces no estaba
satisfecho del Consejero de modo que fuera  entorpecer por l las
negociaciones. M. Mignet, que examin exprofeso las instrucciones y
despachos de los plenipotenciarios franceses Bellivre y Sillery; no
slo no encontr comprobacin del inters que se les hubiera
encomendado, sino que, por el contrario, di con la orden precisa de
rechazar en el tratado cuanto pudiera tener relacin con el Duque de
Aumale. El nombre de ste figura en los protocolos por esta razn; el de
Antonio Prez no se menciona siquiera, y el hecho es que en la paz de
Vervins, firmada el 2 de mayo de 1598, no se comprendi  ninguno de los
dos[190].

    [Nota 190: Cita en comprobacin las _Mmoires de Bellivre et de
    Sillery_: La Haye, 1696.]

Dos incidentes derivados del descubrimiento de las inteligencias de
Antonio merecen especial atencin. El primero el de la propuesta de un
convenio nuevo que envi al Conde de Essex al darle cuenta de los
disgustos que haba sufrido; consista: 1., en la completa seguridad de
la persona que en lo sucesivo se encargara de llevar las cartas; 2.,
que reuniendo el Conde todas las que tena en su poder y las que posea
Bacon, las quemara, _sin lstima de las bellezas literarias_,
avisndole de su propia mano estar cumplida la destruccin; 3., que
haba de asegurarle hara lo mismo con todas las cartas sucesivas, sin
mostrarlas  nadie ms que  la Reina; 4., que si por resultado de la
correspondencia, contra lo que poda suponerse, llegaba  perder la
situacin que tena en Francia, volvera  tomarle el Conde bajo su
proteccin en Inglaterra. En postdata haca saber hallarse necesitado de
alguna ayuda de costa[191].

    [Nota 191: Coleccin Birch, tomo II, pg. 314.]

El segundo curioso incidente consiste en el escrpulo de conciencia que
lleg  sentir por la prosecucin de estas inteligencias, que
consideraba las de su verdadera vocacin. Un confesor italiano
desvaneci aqul, dicindole que, por los deseos de venganza que
abrigaba contra su antiguo seor, pecaba mortalmente; pero que tratando,
como Consejero del Rey de Francia y como catlico, del bien general de
Europa, considerados los fines que se propona, su inteligencia con
Estados herticos no slo era excusable, sino altamente meritoria[192].

    [Nota 192: Nanton al Conde de Essex. Coleccin Birch, tomo II, pg.
    314.]


IV.

Despus del tratado de paz de Vervins, son ms escasas las noticias
autnticas del Peregrino. Por las que recogi Bermdez de Castro,
aparece domiciliado en Pars, en trato ntimo con el Soberano, que
gustaba mucho de sus plticas y le llamaba su maestro de cuentos;
obsequiado de los palaciegos y de los personajes de la alta nobleza, con
regalos y favores; siendo objeto de todas las conversaciones; en todas
partes buscado y atendido; pasando la vida entre festines; haciendo
ostentacin de criados extranjeros y manifestaciones mltiples del
lujo[193].

    [Nota 193: Bermdez de Castro, pginas 262, 263.]

Hay algo de verdad en la indicacin general de la vida; hay no poca
exageracin en cambio.

Se estableci en Pars y ocup tres aos una casa enfrente del hotel de
Borgoa, donde se representaban las comedias, y al lado del hotel
Mendoza, as llamado por un volteador de maroma que haca notables
habilidades[194]. En la puerta estaban los suizos de la guardia real,
que le seguan por las calles,  uno y otro lado de la carroza,
precindose de que sta fuera _la ms linda de la corte_[195], as como
de tener _metresa_[196].

No siempre reciba con puntualidad el importe de las pensiones, ni de
ordinario ganaba en actividad  los que avisaban primero las vacantes de
beneficios y gracias: harto se quejaba de ello[197]; con todo, lo que
perciba en Francia, junto con las liberalidades del Conde de Essex,
bastaba al sostenimiento de la situacin de Ministro en que se haba
colocado. Los Embajadores de Inglaterra y de Venecia, el Condestable, el
Marqus de Pisani, el Duque de Bouillon, con otros personajes, y ms que
todos M. Zamet, el gran anfitrin de Pars, el confidente servicial de
Enrique IV, reciban asiduamente  Antonio Prez, estimando el don, que
como pocos posea, de hacerse escuchar en la mesa y salones, gracioso,
ocurrente y oportuno. Las ancdotas de la corte de Espaa,
principalmente aqullas amorosas en que haca papel el Rey D. Felipe,
tenido por austero personaje, y tan slo visto por el lado de la
poltica, interesaban vivsimamente al auditorio, pendiente de la
narracin del ex-Secretario, no lerdo para presentar en semejantes
plticas  _Nabucodonosor_   la _bestia salvaje_, antes siguiendo el
plan de las _Relaciones_ de nombrarle en pblico _su amo_, que no era
bice  las confidencias de interioridad, ejemplo aqulla de que _nunca
oli ni conoci diferencia de olores_[198].

    [Nota 194: Coleccin Ochoa, parte I, carta CXXXVIII.]

    [Nota 195: Apndice, documento XLIV.]

    [Nota 196: Idem, documento XXVIII.]

    [Nota 197: Idem, documentos XI, XIII, XIV, XV, etc.]

    [Nota 198: Coleccin Ochoa, parte II, carta XXXI.]

Gozaba, pues, de estimacin y aprecio en ciertos crculos de la
sociedad, sin ser por ello figura de primera notoriedad, cual admiti
Bermdez de Castro. Las memorias de Sully, como las de Villeroy, tan
ricas en pormenores de la corte francesa por aquellos tiempos, no hacen
una sola vez mencin de Antonio Prez; y si no hay que olvidar que ambos
escritores y polticos le quisieron mal, no estaban en el mismo caso
Pierre de Lestoile ni Palma Cayet, cronistas minuciosos de las calles y
las ocurrencias, ni de Thou, Jean Choisnin, Claude Groulart, que
ilustraron las memorias del reinado sin dedicar dos lneas de escritura
al espaol refugiado.

En cuanto a Enrique IV, mirbale despus del descubrimiento de los
manejos ingleses con prevencin, y tras de la paz de Vervins como intil
y aun perjudicial  sus intereses[199]. No era el Rey quien le llamara
_maestro de cuentos_: la frase deba proceder de un ofendido  de un
chusco,  juzgar por la respuesta: Que no es malo saber cuentos, pues
que ensean entreteniendo; que cuando el que le criticaba supiera
muchos, sabra ms que ignorndolos[200]. Sin embargo, los cuentos 
las indiscreciones granjearon  Antonio Prez enemigos mortales en las
familias de Guisa y de Montpensier, sin contar los de menos altura.

    [Nota 199: Mignet, pginas 360, 381.]

    [Nota 200: Coleccin Ochoa, parte I, carta XLI.]

En visitas, reclamaciones y banquetes, aparte de los quehaceres del
cargo oficial, pasaba efectivamente la mayor parte del da; alguna
distraa la audiencia de las muchas personas de cierto gnero que
acudan  su casa: aragoneses, italianos, portugueses, que tenan alguna
razn para esquivarse de la justicia; _foragidos_, en el concepto del
Embajador de Espaa, con los que tena constitudo un centro de
conspiracin permanente. De noche escriba[201] las sentenciosas obras.

Empez publicando nueva edicin corregida y aumentada de las
_Relaciones_, con dedicatoria al Rey Enrique IV, fechada en Pars  24
de septiembre de 1598, y  poco aparecieron separadamente los
_Aphorismos de las Relaciones de Antonio Prez, Monstruum Fortun_.
Quera dar  entender que la publicacin se hizo contra su gusto, 
devocin de un gran personaje (el Rey), y que un curioso haba sacado
los aforismos de todo el libro,  imitacin del Bitonto, que destil 
Cornelio Tcito[202]: ello es que remiti este libro  varios de sus
favorecedores y amigos[203], y que lo hizo tambin de la edicin de Lyon
titulada _Pedazos de historia  Relaciones_, as llamadas por sus
autores los peregrinos. Retrato al vivo del natural de la Fortuna[204].

El xito le anim  dar sucesivamente  la estampa primera, segunda y
tercera serie de memoriales y cartas, excusando, sin necesidad, el
propsito de alimentar la curiosidad. Ya deca que un amigo le arrebat
varias cartas, y por haberle agradado las ha hecho imprimir; tema que
lo mismo sucediera con unas ciento cincuenta ms espaolas y una
centuria de latinas que envi  Gil de Mesa  instancias de un gran
personaje[205]. Anunciaba  poco la aparicin de las _Cartas espaolas
y latinas, y aforismos_[206], diciendo luego: Saltaron las cartas
espaolas y latinas  mi desgusto[207]. Un amigo se quiso meter 
hacer imprimir las cartas  devocin de un gran personaje: no lo ha
podido remediar[208].

Enviando ejemplar al Duque de _Humayne_ (Du Maine), volva  decir que
un amigo haba impreso las cartas  demanda de una dama aficionada  la
lengua espaola: el dao estaba hecho[209].  otro personaje confiaba
lo ocurrido por diferente modo: Haca l que un escribiente, antes de
cerrar las cartas, las fuera copiando en un libro. El que copiaba, las
iba copiando por s tambin: curiosidad natural  criados.  este tal
pareca que se las haba sacado una dama. No le acontecera ms[210].

En la coleccin de las cartas andan revueltas, con las ahora citadas,
aqullas con que remita  Gil de Mesa la primera, la segunda y la
tercera parte, para que se encargara de la impresin[211], as como las
que le inspiraban el enojo de la correccin de pruebas y las demoras de
cajistas. Por lo dems, aun reservando las piezas demostrativas de que
para morder no hay colmillo de jabal que tal navajada d como la
pluma[212], razn sobrada tena estando satisfecho de la acogida
otorgada por el pblico  sus obras, si no haba semana que no
acudieran  su posada de varias partes  preguntar si estaban ya
impresos los memoriales[213].

Qu culpa tengo yo, pona, de que llamen por esas calles sentencias, y
doradas, aquellos aforismos de mis cartas?[214].

Pregntanme si algunas cartas que andan entre las impresas con nombres
de otros, son en realidad de verdad mas  de aqullos. Porque el
estilo, quien quiera que leyere las unas y las otras con un poco de
atencin, no le juzgar diferente, como ni una persona vestida de
mscara, por mucho que se quiera disfrazar, podr dejar de ser
conoscido, yo dir francamente la verdad. Todas cuantas cartas andan en
nombre de otros con las mas, son desa mi pluma grosera, tal cual la que
me cupo por suerte. Lo mismo digo de cuanto anda en el libro de las
_Relaciones_,  sea debajo del nombre de _El Curioso_  de cualquiera
otro,  de la pluma arrojada, cual la ma vive, por muy run,
justamente[215].

    [Nota 201: Apndice, documento XXXII.]

    [Nota 202: Coleccin Ochoa, parte II, cartas XVIII y XIX.]

    [Nota 203: Apndice, documentos XVI, XVII.]

    [Nota 204: Coleccin Ochoa, parte II, carta LXXXIX.]

    [Nota 205: Idem, parte II, carta CXIII.]

    [Nota 206: Idem, parte II, carta XVII.]

    [Nota 207: Idem, parte II, carta XVIII.]

    [Nota 208: Coleccin Ochoa, parte II, carta XIX.]

    [Nota 209: Idem, parte II, carta LXV.]

    [Nota 210: Idem, parte II, carta LXXXI.]

    [Nota 211: Idem, parte I, carta XLII y ltima carta; parte II, carta
    CXLVII.]

    [Nota 212: Idem, parte II, carta LXXXIII.]

    [Nota 213: Coleccin Ochoa, parte II, carta CXIV.]

    [Nota 214: Idem, parte II, carta CXIII.]

    [Nota 215: Idem, parte II, carta CXXIX.]

Las cartas familiares y de amigo  amigo declaran ms el natural que el
rostro propio  un fisignomo, y as las llam no s quin retrato del
nimo[216].

Han sido juzgadas con alguna variedad estas cartas, bien que
generalmente se reconozca su mrito. D. Eugenio de Ochoa, que las
reimprimi, pensaba que el escritor brilla ms en ellas por la novedad
de los pensamientos y la valenta de los giros, que por la pureza y
correccin del lenguaje[217]; Bermdez de Castro, en el supuesto de que
todos los personajes de la corte de Francia queran testimonio de su
estilo y de tener que poner en prensa el ingenio para discurrir
lisonjera y graciosamente sobre ftiles consultas, alaba al escritor
fcil y sentencioso, moralista divagador al gusto de la poca,
entendiendo que por estar entonces menos formada la lengua francesa que
la nuestra, se enriqueci con los giros que introduca el espaol
proscripto[218].

    [Nota 216: Coleccin Ochoa, parte I, carta XCVI.]

    [Nota 217: Idem, introduccin.]

    [Nota 218: Bermdez de Castro.]

Reconocen efectivamente la influencia literatos de esta nacin[219], por
ms que alguno piense fuera en parte debido al favor que por entonces
gozaba en la corte y en la buena sociedad la lengua castellana[220],
al que se debi la publicacin de varias ediciones en la misma en
que las cartas haban sido escritas[221], sin perjuicio de las
traducciones[222]. Ticknor estimaba las cartas por su variedad de
estilo, propias, castizas y muy interesantes[223]; Morel Fatio cree se
deben de poner en la literatura epistolar espaola al nivel de las del
autor del _Centn_ dicho de Cibdadreal[224]; no falta, sin embargo,
quien las encuentre un tanto cansadas (_tedious_)[225].

    [Nota 219: M. Philarte Chasles, _Antonio Prez, Revue de
    Deux-Mondes_, tomo XXII, serie 4.: Pars, 1840, pginas 701  716.
    Dice: L'loquent exil avait donn l'impulsion castellane a cet
    esprit franais que le moindre souffle fait vibrer, et qui se laisse
    entrainer avec tant de facilit et de force vers des regions
    inconnues. Alors l'Espagnole Anne d'Autriche, pouse Louis XIII;
    tout devient espagnol en France. Perez vient d'ouvrir une voie
    nouvelle au mouvement rapide des esprits franais... le refugi
    Perez fut videmment l'initiateur de cette inondation espagnole dont
    Corneille fut le dieu... qui alla se perdre, non sans laisser des
    traces nergiques de son pasage, sous le trne de Louis XIV.]

    [Nota 220: Pierre Larousse, _Grand Dictionnaire universel_, art.
    _Antonio Prez_. Nous lui devons d'avoir introduit chez nous le got
    de la litterature dja fort avance de son pays.]

    [Nota 221: Tambin se public en Pars, sin fecha, la primera
    centuria de cartas en latn; otra edicin en Nuremberg en 1683.]

    [Nota 222: D'Alibrey tradujo al francs _Relaciones_ y _Memoriales_
    con el ttulo de _OEuvres amoureuses et politiques d'Antonio Perez_:
    Pars, 1641, y un tomo de epstolas: Pars, 1638.]

    [Nota 223: _Hist. de la literatura espaola_, traduccin de D. P. de
    Gayangos y D. E. de Vedia: Madrid, 1854, tomo III, pg. 365.]

    [Nota 224: _L'Espagne_, cit., pg. 264. En otro libro, _tudes sur
    l'Espagne_, premire serie, Pars, 1888, escribe: Qui sait si
    Voiture et nos autres virtuoses dans l'art d'crire une lettre ne
    lui doivent pas quelque chose?]

    [Nota 225: _The Enciclopdia Britanica_: Edimburgh, 1885, art.
    _Antonio Prez_.]

En ms honda consideracin se reconoce la exactitud con que el autor
defina las cartas familiares: en stas se halla su retrato moral
pareciendo entre los rasgos, que si alguno exceda al de la
adulacin[226], era el de la vanidad. Por ella no es mejor la coleccin
epistolar, limpia de las ftiles misivas  que Bermdez de Castro se
refiere, que repiten unos mismos conceptos rebuscados; por ella no est
despojada de personales alabanzas, que por otro lado sirven grandemente
 la pintura: la del docto amigo  quien ruega pase los ojos por los
renglones que le han cado de la pluma para esculpir en un rel
destinado  Gonzalo, su hijo[227]; la que anuncia un anillo de dos
rengleras de diamantes  su mujer[228]; la de los retratos que se manda
hacer[229].

    [Nota 226: Coleccin Ochoa, parte I, carta LXII.]

    [Nota 227: Idem, parte II, carta CXXXV.]

    [Nota 228: Idem, parte II, cartas CXLIV, CXLVI.]

    [Nota 229: Idem, parte I, carta CXVII; parte II, cartas CLVI, CLXI.]

Se ha atribudo injustamente al Peregrino otra obra literaria, cuya
malignidad tratando de supuestas inteligencias entre D. Juan de Austria
y el Duque de Guisa  sobre la muerte del Prncipe D. Carlos, y cuya
complacencia en describir la agona del Rey Felipe II, podan estimarse
en consonancia con las que trazaba la pluma aqulla, _ms temible que
colmillo de jabal_. La vanidad sirviera justamente para reconocer cun
ajeno fu de tal escrito, si el estilo no lo dijera  primera vista. Se
habla en este libro con extrema parquedad de Antonio Prez, y l no
saba hacerlo, _por mucho que se quisiera disfrazar_.

La obra se titula _Breve compendio y elogio de la vida de el Rey Phelipe
segundo de Espaa, por Antonio Prez_, y de ella existen varias copias
manuscritas, habindolas en la Biblioteca Nacional de Pars y en el
Museo Britnico de Londres. M. Mignet, que posea una con otro ttulo,
_Vida reservada del Seor Rey Phelipe 2., por Antonio Prez_, no dud
que el autor fuese realmente el ex-Secretario del Rey _elogiado_, y
transcribi la relacin de los ltimos momentos del Soberano, porque se
supiera que la muerte no le quiso arrebatar antes de haberle hecho
sentir que los prncipes y monarcas de la tierra tienen tan miserables y
vergonzosas salidas de la vida como los pobres de ella. Ella le embisti
al fin con una asquerosa phitiriase con un ejrcito innumerable de
piojos...[230].

    [Nota 230: Mignet, pginas 366, 370.]

En el Catlogo de manuscritos espaoles de la Biblioteca Nacional de
Pars, formado por M. Morel Fatio (pg. 65, nm. 178), se explica cmo
el _Breve compendio_, atribudo  Antonio Prez, es simplemente
traduccin de un captulo del libro primero de la _Histoire de France et
des choses memorables advenues aux provinces etrangres durant sept
annes de paix, etc._, par Pierre Mathieu: Pars, 1606, en 4., tomo I,
pginas 35  148, versin espaola que public D. Antonio Valladares de
Sotomayor con ttulo de _Vida interior del Rey D. Felipe II, atribuda
comunmente al Abad de San Real, y por algunos al clebre espaol Antonio
Prez, su Secretario de Estado_: Madrid, 1788, en 8.


V.

La muerte del Rey de Espaa deba de influir en el nimo de su
expatriado Ministro, mitigando cuando menos el odio personal en que
principalmente se inspiraban sus acciones. Tenale adems probado la
experiencia que la medida de sus fuerzas no llenaba la del orgullo loco
con que se crey capaz de luchar mano  mano frente al coloso de la
poltica; en Inglaterra como en Francia vea declinar de da en da las
estrellas de su reputacin y su influencia, que formaban constelacin
con la de la fortuna. En esta disposicin, la idea de recobrar la
posicion antigua; el deseo de ver el cielo de la patria y el techo del
hogar, no ajeno  las almas ms escpticas y depravadas, se iba
haciendo sentir en la suya.

Algn amigo oficioso hizo vibrar las sensaciones apoyadas con la falsa
nueva de haber recado resolucin importante por disposicin
testamentaria de D. Felipe. Corri voz y aviso del testamento que
dejaba... con captulo tocante _al descargo del alma_ en las cosas de
Antonio Prez... Unos referan que haba dejado orden que diesen luego
libertad  la mujer  hijos; que le restituyesen toda su hacienda, y aun
8.000 ducados de renta en satisfaccin de lo padecido...[231]. Otros
hablaban de recomendacin especial al Prncipe para emplear  Antonio
Prez en Flandes  en Italia...

Qu razn se opondra al regreso de Prez, influyendo en el nuevo Rey
D. Francisco Gmez de Sandoval, Marqus de Denia, amigo de la juventud,
que le haba visitado en la prisin arrostrando la clera del
Soberano?[232]. Bien se poda saber que sali de Espaa huyendo del
enojo de su Prncipe, sin haber cometido delito de felona ni hecho cosa
contra la corona[233]; bien se poda juzgar que si haba servido con
algn consejo  advertimiento  reyes extraos, era obligado de las
circunstancias: no es de ley natural servir al que da amparo?[234].

    [Nota 231: Coleccin Ochoa, parte II, carta CXLVIII.]

    [Nota 232: Idem id.]

    [Nota 233: Idem id.]

El Sr. Antonio pensaba en aquellos das en admirable conformidad con
M. Morel Fatio en los presentes; los contemporneos eran los que no la
tenan, por ms que el natural piadoso de Felipe III le estimulase
doblemente  sealar su advenimiento con actos de clemencia y de
dulzura.

Haban transcurrido seis meses sin variacin alguna: por fin, en abril
de 1599 se expidi la orden de libertad de Doa Juana Coello[235]; luego
la de sus hijos, con licencia de reclamar la restitucin de 20.000
escudos distrados de la renta eclesistica que corresponda al mayor,
Gonzalo[236]; pero de Antonio Prez nadie se acordaba. Aunque la entrada
del Rey en Zaragoza se solemnizara con el perdn de los proscriptos, la
libertad de los presos, el derribo de los padrones de infamia de los
caudillos de la revolucin aragonesa[237], Antonio Prez segua
exceptuado, recibiendo mortificacin y desengao nuevo. Ah! escriba,
 cabo de nueve aos de prisiones han soltado  madre  hijos; pero se
les ha mandado que no puedan salir de Espaa. Paresce cosa de rehenes
del tiempo de aquellos reyes moros; paresce que valgo algo, y no valgo
nada[238].

Sin desesperar por esto, acudi  los resortes ejercitados del halago,
del ruego y de la amenaza, tocndolos  la vez en Espaa y Francia. A la
primera envi sentidas cartas para el Ministro universal, entre ellas
una que haba de ensearle los medios de conservarse en el poder,
ampliando el texto de aqulla que figuraba en su coleccin de las
publicadas con epgrafe _ un gran privado_[239].

    [Nota 234: Coleccin Ochoa, parte II, carta CXLVIII.]

    [Nota 235: Idem id. Cabrera de Crdoba refiere en las _Relaciones_
    que la mujer de Antonio Prez fu puesta en libertad el 17 de abril
    de 1599; los hijos el 14 de agosto.]

    [Nota 236: Idem id.]

    [Nota 237: Idem id.]

    [Nota 238: Coleccin Ochoa, parte I, carta XXXII. Cabrera de Crdoba
    refiere en las _Relaciones_ que la mujer de Antonio Prez fu
    puesta en libertad el 17 de abril de 1599: los hijos el 14 de
    agosto.]

    [Nota 239: Idem, parte II, carta XLI.]

La nueva se halla traducida al italiano por un annimo que dice oy
elogiar en Ferrara  Antonio Prez como uno de los maestros en el arte
cortesano. Despertada su curiosidad, pudo procurarse noticias que
recopil con el ttulo de _Vita et qualit di Anton Perez_; y
parecindole que la carta era joya preciosa, no slo procedi 
traducirla, la estudi y coment en volumen de 154 fojas. Existe copia
en el Museo Britnico de Londres; otra en la Biblioteca Nacional de
Pars (_Fr-3.444_), ambas con ttulo de _Lettera di Antonio Perez
scritta al Duca di Lerma circa il modo che si doueno gouernare li
fauoriti di Principi per conseruare la loro fortuna_[240].

    [Nota 240: En Italia incluy Bulifon, en la coleccin titulada
    _Lettere memorabili_, tomo II, pginas 50  68, dos cartas de
    Antonio Prez al Duque de Lerma.]

En lo de Francia, acudi al Condestable exponiendo que desde que estaba
en el reino, con haber tenido del Rey muchas promesas y las prendas
firmadas en Ruan, ninguna cosa se le haba cumplido ni ao haba pasado
en que creciera en fortuna un dedo, sino menguado de da en da, y no
quera morir, que  los hijos y  l no les quedaba sino la vida para
ver ms de lo visto[241]. Acompaaba memorial al Rey diciendo:

    [Nota 241: Apndice, documento XVIII.]

Que apretndole cada vez ms las quejas de los suyos y los disfavores y
desconsuelos aqu, sin ser de ningn servicio, le era forzoso consignar
que en promesas de prncipes, fuera de lo que toca  su honra, era de
consideracin excusar desengao. Decanle los suyos no menos sino que no
esperase verlos en Francia, y que se resolviera  que no lo tuvieran ni
por marido, ni por padre, ni por hombre de entraas humanas ni
agradecidas  lo que haban padecido... Que pues aqu viva intil para
S. M., y el estado en que se hallaba era de tanto dao si le tomaba la
muerte dejndolos hijos de francs por el pan de la boca, le diera
licencia para irse  alguna ciudad neutral  donde probar si estaba en
esto el efecto de verse junto  los suyos[242].

    [Nota 242: Apndice, documento XIX.]

Algn efecto produjeron las ltimas gestiones: el Conde de la Rochepot,
enviado como Embajador  Espaa en 1600, recibi encargo de interesarse
por Prez con la eficacia que acredita el siguiente prrafo de las
instrucciones:

Cuidar particularmente de inquirir lo que podr hacerse en favor del
Sr. Antonio Prez, por la suerte del cual tiene gran compasin Su
Majestad, pues ha llegado  la desdicha en que se encuentra por
desgracia y no por malignidad. Se informar de la manera con que son
tratados la mujer  hijos, intercediendo por ellos  fin de conseguir
que se restituyan en totalidad los bienes pertenecientes al padre y 
los hijos, para que disfruten los beneficios de la paz y de la
recomendacin de S. M.[243].

    [Nota 243: _Memoirs_ de Duplessis Mornay: Pars, 1824, tomo IX,
    pgina 355, cit. por M. Mignet, pg. 365.]

Conocida la instruccin, deca la pluma incorregible del Peregrino:
Este Rey est fuerte en no consentir  los franceses absentes gozar sus
casas y bienes si  Antonio Prez no le dan su mujer, hijos y hacienda.
Quiz este mismo favor daar, pero sern gloriosos daos. Del nuevo Rey
de Espaa quiero esperar que imitar  David, _por no probar los azotes
de su reino por pecados ajenos_[244].

    [Nota 244: Coleccin Ochoa, parte I, carta CXXVII.]

Debi de daar en verdad, ms que la recomendacin, la advertencia; en
nada se alter la resolucin del Ministro de dejar las cosas como
estaban, mientras que la bilis del expatriado sufra alteraciones graves
al punto de obscurecer las dotes de hombre de negocios.

Roni me trata mal, escriba al Condestable; el Rey manda que no me mude
mi pensin, y Roni no quiere: no entiendo; y si lo entendiendo, que si
me faltare el pan, buscar un amo  quien servir, y esta licencia no me
la negar el Rey[245].

    [Nota 245: Apndice, documento XXX.]

Ms agrio  medida que el tiempo trascurra, volva  decir al
Condestable en 1604:

Dijo el Rey  Roni que no me tocase en la consignacin, y Roni no
quiere, y h tres meses que debo el pan que como. Pero ms ha hecho el
Sr. Gil de Mesa hoy, que ha dicho  M. de la Varenne que, si el Rey no
quiere, que hable claro y no nos traiga engaados, que buscar Antonio
Prez un amo  quien servir. Por cierto, chico estmago tiene la corona
de Francia si tan pequea partida embaraza[246].

    [Nota 246: Apndice, documento XXXVI.]

Sin embargo, por un resto de consideracin  indulgencia sola Enrique
IV defender alguna vez  su Consejero de la malquerencia de Villeroy y
de Rosny; prueba esta carta dirigida al ltimo:

Antonio Prez ha venido  darme gracias por los tres mil escudos que se
le han dado, y  suplicarme se extiendan  la cantidad de cuatro mil,
con el fin de que si llega  saberse en Espaa no digan que recibe menos
que en los aos anteriores. As, por satisfacer la vanidad de este
hombre, os ruego se le complete la referida suma de cuatro mil
escudos[247].

    [Nota 247: Mignet, pg. 383.]

De todos modos, empeoraban la situacin crtica del proscripto el peso
de su inutilidad, la humillacin del descrdito, la necesidad apremiante
de la subsistencia, instndole  redoblar las diligencias que le
abrieran la puerta del destierro. En los preliminares de paz entre
Espaa  Inglaterra entrevi la ocasin de descorrer por s mismo el
cerrojo, haciendo valer servicios  influencias que parecieran grandes,
y con la osada que no le falt nunca acometi el plan rpidamente
concebido.

En la preparacin hay pormenores que no estn suficientemente
esclarecidos. Birch[248] presuma que los artificios de la corte de
Espaa, empleados para apartarle de Enrique IV, le engaaron; que
persona de la embajada de Espaa en Pars, garantida por la palabra de
un Grande que pasaba por all hacia Flandes, le asegur, en el caso de
renunciar  la pensin que disfrutaba en Francia, que antes de seis
meses sera reintegrado en los bienes y honores que haba tenido en su
pas.

    [Nota 248: _Memoirs_, cit.]

Bermdez de Castro, dando crdito en esto, como en otras cosas, al
interesado, consigna que el Conde de Miranda, Presidente del Consejo de
Castilla, declar explcitamente  Doa Juana Coello que slo dejando el
servicio del Rey de Francia podra abrigar esperanzas de acomodar
satisfactoriamente los asuntos. Con este conocimiento fu Antonio Prez
 visitar al Embajador D. Baltasar de Ziga, quien no slo aprob los
consejos del Conde, sino que inform al Peregrino de los despachos del
Duque de Lerma, en los mismos trminos concebidos[249].

    [Nota 249: Bermdez de Castro, pg. 274.]

Hay pruebas fehacientes de la inexactitud de tal relato: podran muy
bien, los que de veras se interesaban por la suerte del emigrado,
hacerle indicacin de no ser su proceder el ms  propsito para
alcanzar el olvido de los anteriores; porque ello es que al tiempo mismo
en que solicitaba con empeo y amenaza lo que crea pertenecerle, pasaba
por Consejero oficial del Rey de Francia; continuaba siendo confidente
secreto del de Inglaterra, dando  los Embajadores Winwood y Parry
avisos que ellos transmitan al Secretario de Estado Cecil[250], y
segua reuniendo en su casa el foco de la conspiracin de los refugiados
enemigos de Espaa. Podra tambin ser cierto que las personas  quienes
Antonio Perez demandaba recomendacin alimentaran vagamente sus
esperanzas, por no tener parte en el desengao; todo cabe menos la idea
de que hubiera persona que intencionadamente se propusiera agravar un
estado que inspiraba conmiseracin.

    [Nota 250: Ed. Sawyer, _Memorials of affaires of State in the reigns
    of Queen Elizabeth and James I_: London, 1725, tomo I, pginas 366 
    407.--Birch, _Memoirs_, cit.--Mignet, pg. 384.]

Bermdez de Castro agrega que con la intervencin del Condestable de
Castilla, del Embajador de Venecia, del Cardenal Legado, se present 
Enrique IV, exponiendo humildemente su situacin y suplicndole que,
alzando los juramentos, admitiese la renuncia de la pensin que gozaba.
Oyle con calma el Rey y preguntle si haba reflexionado maduramente;
hzole mil ofertas para que no le dejase, y prometi pagarle el sueldo
en secreto si juzgaba que arga infamia el pblico socorro. Aunque con
agradecimiento y respetuosa cortesa se mantuvo firme Antonio Prez en
su resolucin,  irritado el Monarca del desaire, declar al Embajador
de Espaa que el Ministro emigrado nada tena ya que ver con su
servicio[251].

M. Mignet no ha encontrado indicio que acredite este incidente ms que
los anteriores, ni en la Coleccin Birch se justifica tampoco: hay, como
se ver, documentos que en una parte lo contradicen.

Para apartarse de Pars, donde se pona en duda su lealtad y la
sinceridad de sus deseos (contina diciendo Bermdez de Castro), pens
marcharse  Venecia, entendindose con el Nuncio y con el cambista
Alejandro Teregli; pero renunci  este plan, porque se movieron tratos
para que se presentase en San Juan de Luz  una entrevista con los
comisionados del Santo Oficio. Deshecho tambin este proyecto, determin
retirarse  Inglaterra  esperar su suerte  la sombra de sus antiguos
protectores[252].

    [Nota 251: Bermdez de Castro, pg. 275.]

    [Nota 252: Idem, pginas 275 y 276.]

Lo de Venecia es evidentemente fantasa de aqullas que continuamente
inventaba el autor de las _Relaciones_; no lo es menos el retiro
pensado en Inglaterra. Protectores all! Despus de la desgracia y
suplicio del Conde de Essex, seguido de la muerte de Antonio Bacon, en
1601, no le quedaban ms que enemigos. As no pensaba en arrimo ni
sombra que le cobijara en las islas, sino en puente que desde ellas le
pasara  la corte de Espaa. Con el Embajador Ziga y con el
Condestable de Castilla, contaba  ciencia cierta que haban de
encarecer el valor de su intervencin en el tratado de paces, porque se
le acordara siquiera domiciliarse en Flandes al lado del segundo; por el
lado del Embajador de Inglaterra, Toms Parry, se haba provisto de
cartas para Cecil.

Completamente equivocado el Sr. Bermdez de Castro, acaba el episodio
explicando que al despedirse Antonio Prez de Enrique IV recibile con
suma frialdad, pues sospechaba que iba  Londres con misin secreta del
Soberano espaol para concertar, de acuerdo con el Condestable de
Castilla, la paz entre ambos reinos (!), que en vano le protest Manuel
Don Lope la verdad: no se desenga hasta ms tarde[253].

    [Nota 253: Bermdez de Castro, pg. 276.]

Enrique IV saba positivamente ser la intencin de su ex-Consejero
insinuarse con el Rey Jacobo I, penetrar sus disposiciones y
comunicarlas al Condestable D. Juan de Velasco, que podra sacar
partido en beneficio de las negociaciones. Tan lo saba, que lo advirti
anticipadamente en carta personal  su Embajador en Londres, Conde de
Beaumont, escribiendo esta frase: Cree hacerse el necesario y me parece
que se equivoca[254]; y antes lo haba advertido su Ministro de Estado
M. de Villeroy diciendo: Cuidado con Antonio Prez, que nos ha
informado de su marcha, no vaya  sorprender, como se promete,  los
cortesanos y  las damas con las lisonjas y adulaciones de costumbre, y
d  entender con motivo de las paces que ha prestado servicio de tal
naturaleza, que merece ser reintegrado en los bienes y honores que tuvo.
No he visto jams en hombre impudencia, vanidad y desenfado como los
suyos... tened cuenta con todo lo que haga y diga, hasta en las menores
cosas, porque da contento al Rey saberlo, y me encarga os lo
recomiende[255].

    [Nota 254: Enrique IV  M. de Beaumont, en 6 de marzo 1604.--Mignet,
    pg. 386.]

    [Nota 255: M. de Villeroy  M. de Beaumont, en 29 febrero
    1604.--Mignet, pg. 385.]

Los despachos atestiguan que el conocimiento de la persona era tan
exacto como el de las intenciones. No menos le conocan en Inglaterra.

Antes de desembarcar en la isla, recibi carta del Conde de Devonshire
hacindole saber que el Rey no le acordaba licencia de entrar en sus
Estados _por tener de l muy mala opinin y merecer  lord Cecil odio y
desprecio_[256]. No haba motivo para tenerse por lisonjeado; no se di
tampoco por entendido: con la atrevida inconsideracin genial puso pie
en tierra, avanzando hasta Canterbury, desde cuya ciudad escribi al Rey
larga carta en latn, manifestando la extraeza que le haba causado
recibir una orden inusitada en vez de los favores que se le haban hecho
esperar. Invocaba la autoridad del Embajador Parry, que le haba dado
cartas, diciendo: Por eso me dirijo  V. M. y apelo  su justicia,
poniendo por delante su nombre y palabra para que se sirva examinar con
prudencia, pesar y decidir si el punto  que han llegado las cosas,
segn la ley natural, conviene  la Majestad real y es debido  un
extranjero no desconocido en el mundo y que se ha fiado en tal palabra.
Si por otro lado puede servir mi persona de obstculo en los negocios
que actualmente se tratan, pues en tal caso, aunque yo no sea un Jons
que haga alborotar la mar y los otros elementos, me retirar 
cualquier rincn del reino bajo el favor y proteccin de V. M., que lo
consentir, para que las gentes no se admiren y quieran saber por qu
slo se niega  Antonio Prez lo que  ningn desterrado ni  ningn
fugitivo en un reino libre y poderoso[257].

    [Nota 256: His Majesty having a very ill opinion of him, and the
    lord Cecil both hating and despising him. Coleccin Birch, pg.
    142.--Carta de M. de Beaumont  M. de Villeroy de 29 febrero
    1604.--Mignet, pg. 386.]

    [Nota 257: M. Mignet inserta el texto ntegro en latn, pg. 388.]

La epstola produjo en Jacobo paroxismo de clera; mesndose la
barba[258] tild de animal  su Embajador en Pars[259] y reiter la
orden que Prez tuvo que cumplir, volviendo corrido al continente 
saber que sin su agencia ni concurso se haba firmado el tratado de paz
en Londres en agosto de aquel ao, 1604.

    [Nota 258: Falling into such a rage, that he tore his beard. Birch,
    pg. 142.]

    [Nota 259: M. de Beaumont  M. de Villeroy en 29 febrero
    1604.--Mignet, pg. 389.]

Los ingleses nos han devuelto algo incivilmente  Antonio Prez,
escriba Villeroy al Conde de Beaumont. Ahora pide al Rey, de limosna,
la pensin de 12.000 libras que le daba S. M. antes de marchar; pero le
conocemos y estimamos en lo que merece, como ah y acaso ms. Viene
contando que Cecil le ha jugado esta pasada, de acuerdo con el Embajador
de Espaa, por la amistad que tuvo con el Conde de Essex: lo cierto es
que la adversidad no le ha enseado  ser ms cauto y prudente que el
auje[260].

    [Nota 260: M. de Villeroy  M. de Beaumont en 9 de marzo de
    1604.--Mignet, pg. 389.]

No perdi momento Prez, como Villeroy refiere, en el ensayo de
reconquistar el terreno perdido en Francia; por intermisin del
Condestable y embajada de Manuel Don Lope quiso justificar el viaje por
aventura arriesgada de necesidad, de la que volva postrado con gran
calentura. Empezaba por pedir al Rey, con la disculpa, mandara le
admitieran en el Convento de San _Denis_, para que si muriese tuviera
cerca la sepultura, y por final pona: Con esta prueba, Syre, que he
hecho por mi mujer  hijos, habr cumplido con ellos y con estas
obligaciones generales y cristianas; y si  poco ms que les dar de
trmino, que no pasarn de dos  tres meses, para ver si me los quieren
dar, con que habr cumplido con todo, yo me resolver  morir siervo de
V. M. en sus reinos, sin dejarme engaar ms[261].

Manuel Don Lope estaba encargado de encaminar la insinuacin  favor de
memorandum trazado por la pluma del hbil intrigante, sin olvidar la
amenaza de buscar otro amo, testimonio de la penetracin de
Villeroy[262].

    [Nota 261: Apndice, documento XXXVIII.]

    [Nota 262: Idem, documento XXXIX.]

Sin perjuicio de estas diligencias, cumpla realmente el Sr. Antonio la
indicacin puesta en la carta  Enrique IV de intentar otra prueba en
Espaa, que sera la ltima. Comunicado el proyecto con D. Juan de
Velasco, ofreca formalmente al Embajador de Espaa servir de espa,
utilizando las relaciones que tena en Francia, y comunicar los secretos
de la poltica de esta nacin, estableciendo, por ms seguridad, su
residencia en Besanon  en Constanza, siempre que se le dieran 150
escudos al mes. D. Baltasar de Ziga se procur informaciones, tuvo
varias conferencias con el pretendiente y hubo de dar curso  la
proposicin, remitindola, con despacho suyo, al Duque de Lerma, que la
puso en trmite secreto del Consejo de Estado.

En tanto, no parece que logr Prez la celda gratuita en San
Dionisio[263] ni en otro Convento de Bernardos[264], volviendo  Pars
al barrio de San Lzaro[265], vendidos los coches y mobiliario para
subsistir. Pudiera dar lo mismo por perdida la ilusin de pasar los
Pirineos  tener conocimiento de lo que en la corte de Espaa ocurra.
En despacho al Embajador D. Baltasar de Ziga, de Valladolid  10 de
junio de 1604, deca el Rey Don Felipe:

    [Nota 263: Apndice, documentos XLIII y XLIV.]

    [Nota 264: Idem, documentos XLIV y XLV.]

    [Nota 265: Mignet, pg. 392.]

Cuanto  lo que os dijo el Rey por Manuel Don Lope, ser acertado que
pase en disimulacin, pues la calidad de su delito no permite otra cosa,
y as daris all la salida que mejor os pareciere[266].

    [Nota 266: Archivo Nacional de Pars, _Papiers de Simancas_,
    _K-1.451_, _A-58_, pg. 116.]

Es decir, que Enrique IV mostraba por un emigrado de la causa de Antonio
Prez un inters que no era ya extensivo  ste, y que considerado sin
remisin el delito del subalterno, necesariamente se haba de tener en
Espaa igual, si no mayor rigor, con el jefe. De lo primero es
confirmacin el proyecto de tratado definitivo de paz entregado en 31 de
agosto del propio ao  M. Emery de Barrault, nuevo Embajador de Francia
en Espaa, sin mencin de Antonio Prez[267]; de lo otro no deja duda la
pltica que entre el otro Embajador, La Rochepot y el Duque de Lerma, se
verific el mismo mes de agosto. Quejndose el de Lerma de muchas cosas
pasadas despus de la paz de Vervins, en perjuicio de los juramentos
solemnes de conservarla, y enumerndolas, dijo: Que Antonio Prez y
otros espaoles y portugueses se acogieron de muy poco ac  Francia, y
que tal manera de vivir cra muy gran desconfianza entre los dos Reyes 
impide una verdadera reconciliacin tal cual est deseada.

    [Nota 267: Biblioteca Nacional de Pars, Esp., 336, fol. 109.]

Contest el Embajador que Antonio Prez y los dems acogidos  Francia,
 todos es muy manifiesto que eso fu en tiempo de la guerra y no
despus de la paz hecha[268].

    [Nota 268: Archivo Nacional de Pars, _Papiers de Simancas_,
    _K-1.593_, _B-81_, pg. 51. M. Mignet vi este documento: lo cita
    pg. 390.]

Pero un documento de mayor importancia, que no conocieron Bermdez de
Castro ni Mignet, explica con mayor claridad por qu el Duque de Lerma
entretena indefinidamente la solucin tan esperada. La seccin secreta
del Consejo de Estado haba informado al Rey en estos trminos:

Seor: En la Junta de dos se vi una carta del Condestable de Castilla
para el Duque de Lerma, de 25 de julio, y la copia de un captulo de
carta de D. Baltasar de Ziga para el Condestable, y en las dos hablan
de Antonio Prez; y la substancia es que  Antonio Prez se le d algn
dinero por mano del Embajador, y que salga de all y vaya  residir 
alguna parte neutral, donde dicen que podr ser de provecho para las
materias de Francia cuando estuvieren en estado de poder negociar en l
las cosas de substancia, como si aquel Rey faltase, porque tiene
particular noticia de las cosas de uios y es estrecho amigo de
venecianos y ingleses, digo, de sus Embajadores, y del Condestable de
Francia y del Duque de Suessons [as], y que en Bisanson  en Constancia
se le podran dar 100  150 escudos al mes por va de la Embajada de
Francia; y la conveniencia de sacarle de Francia es por quitar que
portugueses, aragoneses y otros foragidos no acudan  l, sobre lo cual
se vot como se sigue.

El Comendador mayor, que Antonio Prez ha sido y es el que se sabe, y
de ninguna prudencia y consejo, y que muchas veces se ha maravillado de
que, tras tantos trabajos y en su edad, no se haya retirado  un rincn
 hacer penitencia de sus pecados, y que agora que se halla desvalido y
desfavorescido y desautorizado en Francia, mueve nuevas plticas, y por
ventura fingidas, para engaar y poder deservir mejor, como lo ha hecho
siempre y se puede creer del acto que hizo de despedirse de aquel Rey, y
en ese color quiso ir  Ingalaterra, donde no tena que hacer; y pues no
iba por cuenta y orden de V. M., se ha de creer que iba por la del Rey
de Francia, como se verifica, pues cuando el de Ingalaterra no le di
entrada, se volvi  Pars y all fu recibido; y habindole dejado de
admitir en su reino el de Ingalaterra, por tener respecto  V. M., le
podra dar mucho que pensar si agora le viese amparado de V. M., cuanto
ms que el quererle guardar para cosas de Francia para adelante, se dice
como si Antonio Prez no tuviese ms aos que el Rey de Francia, y por
lo menos confiesan las cartas que de presente no es de ningn fruto, y
en lo de adelante es muy dudoso todo lo que dl se puede esperar, aun
cuando de su fidelidad se pudiera tener certeza, y lo que se debe tener
est bien entendido; y entretenerle en uios de ninguna manera
convendra, pues se ha negociado con ellos cuanto se ha deseado, y
podra ser que all hiciese, por lo menos, oficios por todos, y
revolviese lo que est bien asentado. Y yo no hallo que en Francia pueda
ser de dao, ni en ninguna parte de provecho para el servicio de Dios ni
de V. M., y que de los daos que hiciese en otras partes no habra
disculpa, pues no hay razn para prometerse dl mejores cosas que las
pasadas. Y que cuando se hubiese de hacer algo por l, sera
entretenerle en alguna isla remota, no para que haga algo, sino para que
se salve, y aun dar cuidado que all no haga dao.

El Conde de Miranda, que l ha sido el que ha hecho ms oficios con
V. M. por la mujer y hijos de este hombre, para que V. M., apiadndose
de la grandeza de su necesidad, les hiciese la merced que les ha hecho;
pero que por el hombre no puede interceder, siendo el que ha sido y el
que es, y que si estuviera en un calabozo, por ventura se doliera dl; y
que lo que conviene para el ejemplo pblico y para todo, es que, si
puede ser habido, se castigue como obligan las leyes divinas y humanas,
pues ha sido infiel  Dios y  su Rey y Seor natural; y que aun cuando
entregara  V. M. dos  tres fuerzas, no sabe si viniera en lo que se
propone, y tanto menos estando agora actualmente ofendiendo  ambas
Majestades; y que l se ve reducido  trminos que ya el de Francia ni
nadie se fa dl, y que tanto ms sera de mal ejemplo y consecuencia
que V. M. se sirviese ni fiase dl; y que aunque en los Reyes no ha de
haber rencor, han de ser constantes y firmes en favor de la justicia, y
que as en lo que se ha de poner la mira es en procurar de haberle  las
manos, porque la misericordia de los Reyes no ha de ser para tan malos y
perversos hombres; y que no es menos necesario que los Ministros
entiendan que si cayeren en semejantes delitos, no ha de haber
misericordia para ellos; y que  la mujer y hijos podr V. M. hacerles
la merced y bien que fuere servido.

El Comendador mayor de Len aadi que D. Juan de Luna, castellano de
Miln, por un disgusto se fu  Pars, y que, aunque no hizo ningn
otro deservicio, se exceptu en cdula aparte en las paces del ao de
59, sin que S. M., que haya gloria, se dejase vencer por ninguna
consideracin.--V. M. mandar lo que sea servido. En Valladolid  30 de
agosto de 1604.--Rbrica[269].

    [Nota 269: Archivo Nacional de Pars, _Papiers de Simancas_,
    _K-1.593_, _B-81_, pg. 53.]

En Inglaterra, en Francia, en Espaa, el juicio y la opinin de Antonio
Prez eran, como se ve, de paridad nada envidiable: si el Gobierno, en
la ltima de estas naciones, en la patria del desdichado, dejaba sin
respuesta las splicas; si las personas  quienes particularmente peda
recomendacin en su favor el proscripto ocultaban la verdad y
alimentaban vagamente la esperanza,  piadoso engao, no  cruel
animosidad, obedecan.


VI.

En Francia se iban cerrando una tras otra las puertas que el espaol
suntuoso atravesaba al concurrir  los saraos y festines de los
cortesanos parisienses, imitadores de su Rey; el comensal picante, el
que un da por gala se deca _Antonio Prez, mendigo en Francia_[270],
vea con espanto la horrible faz de la miseria, sin encontrar reparo
que le escudara; sordo el monarca  las splicas, pretenda llegaran 
los personajes influyentes con agasajos de aquellas industrias espaolas
de estimacin galante. Se dedic al adobo de pieles en mbar con que
hacer guantes[271],  la preparacin de perfumes y aun de mondadientes,
lisonjeando la vanidad incurable con ejemplos de mayor desventura.
Dionisio el tirano, habiendo perdido su reino, di en ser maestro de
escuela por pasar la prdida mejor con oficio en algo semejante de
mandar y castigar; l daba en maestro de plumas por conservar los
dientes para morder como herido[272].

    [Nota 270: Carta  M. Jamet, Coleccin Ochoa, parte II, carta XCV.]

    [Nota 271: Apndice, documento XXII.]

    [Nota 272: Coleccin Ochoa, parte II, carta LXXXIII--Apndice,
    documentos XXXIV, XLVII.]

Haba topado en sus destilaciones una agua de olor de la religin de los
ngeles. Entretenase en esto por no destilar el juicio, por sustentar
el cuerpo...[273]; prevena polvos, secreto de los que ms valen agora
con las damas...[274].

La necesidad le llevaba  _melancolizar_ filosficamente en el solitario
albergue, sealando sus cartas, cual piedras miliarias, las etapas del
camino de la amargura. La envidia[275]; el corazn del hombre[276]; la
poca seguridad de los amigos[277]; el olvido[278]; la instabilidad de la
fortuna[279]; la soledad; la soledad, sobre todo, afliga al hombre que
con el bullicio y el enredo se alimentaba[280]. Con todo, como la
nacin espaola dentro de un asedio es la ms paciente de todas, que en
esta opinin es tenida y los testimonios de historias lo confirman, no
haba que pensar que  l le tomaran por hambre en el asedio de la
soledad[281].

    [Nota 273: Coleccin Ochoa, parte I, carta CXXI.]

    [Nota 274: Idem, parte II, carta LXXVI.]

    [Nota 275: Idem, parte II, carta LXXIV.]

    [Nota 276: Coleccin Ochoa, parte II, cartas XXXIX, XL.]

    [Nota 277: Idem, parte I, carta CXXXVI; parte II, cartas LX, C.]

    [Nota 278: Idem, parte II, cartas XXXII, LXXIII.]

    [Nota 279: Idem, parte I, carta CXXXVIII.]

    [Nota 280: Parte II, cartas XXIX, XXX, XXXI, XXXV, LXXXVI, CX.
    Apndice.]

    [Nota 281: Idem, parte II, carta LXXIII.]

Por la pensin del Rey de Francia acudi al Consejo de Estado[282] y al
Parlamento[283] sin resultado; por el perdn del de Espaa visitaba 
cuantos caballeros de viso pasaban por Pars: al P. Antonio Crespo[284];
al P. Rengifo, de la Compaa de Jess, confesor del Duque de
Feria[285];  otros cuyos nombres calla[286], distribuyndoles
generosamente ejemplares de sus obras y espantndose de que las
censuraran[287]. Le asombraba que entre espaoles no se leyera con
calma, por ejemplo, la felicitacin  Enrique IV por la victoria de
Amiens, victoria ganada  los espaoles[288], mientras no recibi el
doloroso correctivo de la siguiente epstola:

    [Nota 282: Apndice, documento LIV.]

    [Nota 283: Coleccin Ochoa, parte II, carta CXL.]

    [Nota 284: Idem, parte I, carta CXXX.]

    [Nota 285: Idem, parte I, cartas CXXIX, CXXXIII.]

    [Nota 286: Idem, parte II, cartas XX, XLIV.]

    [Nota 287: Coleccin Ochoa, parte II, carta CXXXI.]

    [Nota 288: Idem, parte I, carta LXIII.]

Seor: V. md. debi de saber con cunta lstima llegamos  este reino
de los trabajos que v. md. padesce fuera del nuestro; pero ha querido
quitrnosla con que veamos sus libros, que en ellos no cabe, y as se
los volvemos  v. md.,  quien guarde Dios.--De la Posada, hoy
martes.--El Marqus de Cerralvo.--El Marqus de Tavara[289].

    [Nota 289: Bermdez de Castro, pg. 282.]

El primero de los firmantes escribi en una hoja blanca de las
_Relaciones_:

Caminando en la lectura de este libro de v. md. con la indignacin que
poda criar en un pecho leal y en una vena de mi sangre la descompostura
con que v. md. habla de las acciones de su Prncipe (y tal Prncipe), he
llegado hasta aqu, donde he hallado el discurso de esta autoridad con
que v. md. le remata, pues habindole escogido el que escribe el libro
para fin de l, parece que disculpa todo lo escrito, y en fe de que es
ltima voluntad merece que le pasemos por descargo de conciencia y
medio para perdn[290].

    [Nota 290: Bermdez de Castro, pg. 282.]

Acusaban todos  las libertades de la pluma sin decirle nada nuevo, que
la experiencia le tena enseado que hiere ms que la espada[291]: no
podran con la pluma cauterizarse las heridas?  la prueba se puso
escribiendo rpidamente un libro de la ciencia de gobierno, enderezado
al Duque de Lerma, con el ttulo de _Norte de Prncipes, Virreis,
Presidentes, Consejeros, Gobernadores y advertimientos polticos sobre
lo pblico y particular de una Monarqua, importantsimos  los tales,
fundados en materia y razn de Estado y Gobierno_.

    [Nota 291: Coleccin Ochoa, parte I, carta CXXXVI.]

Hubo quien colg al triste escritor la paternidad del _Elogio de Felipe
II_, por ser obra maligna; tambin ha habido quien se la niegue del
_Norte_, por tener mucho bueno. El error viene de otro libro muy
semejante que apareci ms tarde bajo cubierta de _El conocimiento de
las naciones, que Antonio Prez, Secretario de Estado de la Majestad de
Felipe II, escribi desde su prisin al Rey Felipe III despus de haber
heredado, ao de 1598_.

Se supo que este segundo libro haba sido redactado por Baltasar lamos
de Barrientos, demostrndolo D. J. M. Guardia al darlo  luz con el
ttulo de _Antonio Prez.--L'art de gouverner. Discours adress a
Philippe III (1598), publi pour la premire fois en espagnol et en
frances, etc., par J. M. Guardia_: _Pars_, 1867, en 8.; y como
M. Morel Fatio encontrara en la Biblioteca Nacional de Pars manuscritos
de ambas producciones cuando formaba el catlogo de los espaoles, 
continuacin del membrete de la primera,  sea el _Norte de Prncipes_,
escribi[292]:

    [Nota 292: _Catlogo de MSS. espaoles_, pg. 31, nm. 89.]

Este tratado, que, segn ha demostrado M. J. M. Guardia, es debido 
Baltasar lamos de Barrientos, se ha publicado con la siguiente portada:
_Norte de Prncipes, Virreyes, Presidentes y Gobernadores, y
advertencias polticas segn lo pblico y particular de una Monarqua,
importantsimas  los tales, fundadas en materia y razn de Estado y
Gobierno. Escritas por Antonio Prez, Secretario de Estado que fu del
Rey Catlico D. Felipe, segundo de este nombre, para el uso del Duque de
Lerma, gran privado del Seor Rey D. Felipe III_: _Madrid_, 1778, en
8.

La equivocacin no es extraa, porque son las dos obras muy semejantes:
podra decirse que, en opiniones, en sentencias, en conceptos completos,
son iguales, lo que se explica con poco favor de Barrientos, emigrado,
dependiente y amigo de Antonio Prez, y que probablemente tuvo  la
vista el _Norte de Prncipes_ al escribir _El conocimiento de las
naciones_: as la justicia retributiva demanda que se reconozca 
Antonio Prez, no slo la redaccin del primero, sino tambin el
espritu, orden y forma del otro.

Respecto del primero, si no quedara en muchas cartas prueba de
autenticidad, la diera el estilo, que, bien deca el autor, no se
confunde con otro. Vase cmo empieza[293]:

    [Nota 293: Segn el MS. de la Biblioteca Nacional de Pars, Esp.,
    366.]

Yo, como vasallo desta corona y criado de V. E., en la voluntad al
menos, para merecer serlo en la obra, deseo dar alguna muestra de mi
servicio con que no parezca intil del todo, y sta que comienzo me
anima  seguridad que llevo de no perder, por el nimo grande de V. E.,
y porque, segn la opinin con que indignamente me persigue el mundo,
alabndome con exceso, quiz injustamente, pero para dao mo, que es
fortuna de desgraciados y alabanza propia de enemigos, y tiros
inexcusables los que se le hacen desta suerte, por mucho que me levante
y suba con mi discurso, no poder ya caer en ms abismo de miseria del
en que me hallo, pues aun lo bueno veo que me daa, que de lo malo no
es justo esperar provecho, y ms, seor, que ha llegado  trmino que no
hay fruto mo, aunque parezca bueno, de que no tema que haya quien saque
veneno contra m. La culpa entonces ser suya, siendo obra de malos
mdicos; pero qu aprovecha si yo llevo la pena della con el estado en
que me hallo?

La obra ha sido juzgada sin pasin[294], hallando que encierra doctrinas
tiles, morales, previsoras, algunas de las cuales se adelantan  la
poca[295]; nada haba que aadir sobre el particular en la presente
ligera exposicin de hechos, si algunos de los consejos al privado de
Felipe III no estuvieran encarnados en la conducta del que lo haba sido
de Felipe II.

    [Nota 294: Por Bermdez de Castro y Mignet.]

    [Nota 295: Mignet, pg. 398.]

El primero, el que encabeza la parte destinada  la enseanza poltica,
dice:

El Prncipe que fuere seor de la mar, ser monarca y dueo de la
tierra.

Su amo no quiso estimar el aforismo; en Inglaterra asent sus
fundamentos Antonio Prez; quiso hacerlo igualmente en Francia, sin
hacerse oir de Enrique IV, y al recomendarlo por cuarta vez para su
patria, razonaba: Porque Francia no tiene imperio en el mar, es poco
de temer, mayormente con la inconstancia y desasosiego de sus naturales.
Por este medio nicamente se puede refrenar  Inglaterra y  las
provincias rebeldes.

La idea falsa de los tesoros de las Indias, censura con la notable
frase: Las riquezas, el oro y la plata de las Indias trajeron consigo
este mal, para que podamos llorar, y con razn, si esto que llamamos
merced fuese castigo del cielo.

Por distinto concepto se fija la atencin en otra sentencia que le
sugiere el lujo: Ms quieren las mujeres parecer y ser malas, que no
pobres.

Las mujeres! Pues y los hombres? Y el autor? No ofrece l mismo
materia para dudar de la sinceridad de las declamaciones, entendiendo
que, _sitiado por hambre_, no estaba todava rendido?

Su tenaz fortaleza requera an la multiplicacin de trincheras y
bateras que le pusieron la senectud, los achaques, la indigencia, los
dolores del alma, como el de la muerte de su hija Gregoria, pobre
inocente.

En 1606, cuando march con licencia el Embajador D. Baltasar de Ziga,
pidile con lgrimas que hablara en su favor al Rey, y as hubo de
prometrselo por continuacin de las gestiones anteriores, dejando en su
sr las esperanzas que, un ao ms tarde, pintaba esta carta al
Condestable de Francia:

De m no s nada, sino que de cualquier manera, con la llegada de
D. Baltasar de Ziga,  vuelta por mejor decir, espero alguna
resolucin, y por lo menos desengao, que ste es el trmino que he
puesto  este encanto, como lo escrib ayer al Rey Cristiansimo, con
que me echar  vivir y morir sin ms padescer los tormentos de
esperanzas humanas, que aunque las conozco y sus engaos, he tenido por
obligacin hacer esta ltima prueba, porque vea el mundo que no qued
por bizarra ni falta de todas justificaciones en cuanto  m ha sido. Y
con esto entregar  Dios el juicio ltimo[296].

    [Nota 296: Apndice, documento LI.]

La ltima prueba del nufrago acompaa al ltimo suspiro. D. Baltasar
volvi sin resolucin ni desengao, y en la ausencia haba pasado el
suplicante de la estrechez  la miseria por ms y ms humildes
habitaciones en la calle del _Temple_ y _faubourg Saint-Victor_[297]. En
1608 se mud  la calle _de la Cerisaie_, cerca del Arsenal y de la
iglesia de San Pablo;  sta iba frecuentemente  demandar  Dios el
consuelo que los hombres le negaban[298], y en el tiempo que los
achaques y las oraciones no exigan, entretena el espritu ejercitando
la pluma siempre activa.

    [Nota 297: Mignet, pg. 396.]

    [Nota 298: Bermdez de Castro, pg. 283.--Mignet, pg. 396.]

Los papeles eran sus compaeros y entretenimiento ordinario: balos
recogiendo para dar una parte de los negocios grandes que haban pasado
por sus manos y por las de su padre...[299]. Se empleaba en revolver sus
historias y borradores... qu bocados le traa al odo la
soledad![300].

    [Nota 299: Coleccin Ochoa, parte II, carta CXLIX.]

    [Nota 300: Idem, parte II, carta XXIX.]

Momento pasajero de alegra tuvo al estrechar en los brazos  sus hijos
Gonzalo y Rafael, autorizados  visitarle. Qu ms? El Duque de Lerma
le enviaba testimonio de reconocimiento por el _Norte de Prncipes_ que
le haba dedicado... y esperanzas, que corroboraba el nuevo Embajador
D. Pedro de Toledo. Decanle que el Rey se encontraba animado de las
mejores disposiciones, que las de su valido eran conocidas; mas que no
poda exponerlas  choque con la Inquisicin.

Confortado un tanto el nimo con esto; asegurado del Embajador, que
quiso repasar y aadir de su mano alguna frase en la minuta, firm  9
de agosto de 1608 nueva carta al Duque:

Apidese V. E., yo le suplico muy humildemente, de m y de los mos,
que si idolatr no lo hice sino necesitado y importunado grandemente
deste Rey, engaado l de mi poco valor y de su mucha piedad. Buena
prueba he dado con la obediencia con que dej todo en mandndomelo,
metindome en mil peligros y aventuras con mucha incomodidad y pobreza
ma, no por el premio que poda esperar de tal Rey, sino por la
satisfaccin de mi nimo de haber cumplido con mi obligacin, como lo he
declarado  D. Pedro de Toledo para que con brevedad procure el remedio,
porque no viva ms tiempo _suspenso en este estado, miserable mucho y
peligroso ms_, como l lo articularizar y calificar con las
particularidades y verdades que  la boca le he referido. Pero, seor,
como ningunos trabajos me pueden quitar el deseo de morir vasallo de
quien lo nac, paresce razonable que tal Rey, como yo lo espero, lo
permita, y que resista S. M. y V. E.  los que pretendieren impedir que
 este cuerpo, _que ya est hecho tierra como sin alma_, le recoja su
naturaleza para acabar sus das... Ha permitido V. E. que mis hijos
puedan haber visto el estado miserable en que estoy; yo le suplico
permita que la que los pari no cierre los ojos, pues por los aos que
h que lloran merescen  lo menos que vean esto[301].

    [Nota 301: Bermdez de Castro, pg. 393. Las frases de letra cursiva
    son las aadidas por D. Pedro de Toledo.]

Rafael Prez fu portador de esta carta[302] porque fuera mejor
recibida; Gonzalo continu algn tiempo ms al lado de su padre,
haciendo las diligencias que ya no poda el septuagenario intentar por
s mismo; diligencias penosas de que da idea esta otra carta dirigida al
Condestable de Francia:

    [Nota 302: Birch.]

Yo he enviado hoy  mi hijo  hablar  Mos de Villarroel, y hale
respondido con mucho favor y gracia, que esta maana habl al Rey y que
le respondi que era necesario que V. E. y l se hallasen con S. M.
juntos para resolver esto... Resta, seor, agora que V. E. acabe de sus
manos con Mos de Villarroel este milagro, que mi corta ventura es tal,
que milagro es menester para resolucin que haya de ser en mi favor. Y
porque yo creo que mi hijo no debe de haberse dado  entender  V. E.
con la vergenza que ha conoscido en m de llegar  tal atrevimiento
como  pedir pan  V. E. sobre tanto favor y favores como le debo,
suplico  V. E. que me socorra con alguna limosna de su liberalidad y
piedad natural, para esperar esta resolucin de S. M.[303].

    [Nota 303: Apndice, documento LVII.]

M. Morel Fatio ha encontrado declaracin por la que consta, con fecha 31
de diciembre de 1609, haber recibido Antonio Prez del Tesorero del Rey
la cantidad de 3.600 libras _por la pensin que S. M. le acordaba en el
presente ao_[304]. En vista del documento, piensa el mismo Sr. Morel
Fatio que se enga M. Mignet al afirmar que la pensin no fu
devuelta[305]; pero habiendo sido necesario _un milagro_ para conseguir
este socorro que pronto liquidaran los acreedores, no parece que el
engaado fuera M. Mignet. Si la pensin corriera, no hubiera escrito
Prez al Embajador D. Pedro de Toledo,  poco:

    [Nota 304: Apndice, documento LVIII.]

    [Nota 305: Morel Fatio, _L'Espagne_, pg. 297.]

Estoy en el extremo ltimo con haber ya agotado  mis amigos que me
socorran y con no saber dnde hallar el pan de maana[306].

Bermdez de Castro formul suposicin, tambin errnea, al referir
ocurrencias posteriores. Sea que no le descubriese, como esperaba
(dice) secretos de la corte francesa; sea que tuviera malas noticias de
su lealtad, la buena disposicin de D. Pedro de Toledo por Antonio Prez
ces repentinamente; llegle casi  echar de su casa, rogndole en seco
tono que no le importunase con sus splicas, y al presentarse otro da
D. Gonzalo con un billete de su padre, delante del Embajador de Austria
se lo devolvi sin abrirlo[307].

    [Nota 306: Bermdez de Castro, pg. 394.]

    [Nota 307: Idem, pg. 281.]

Pues que D. Pedro de Toledo segua dicindole que no dependa de la
voluntad del Rey ni de la de su Ministro una gracia opuesta  las
atribuciones del Santo Oficio[308], sabiendo bien  qu atenerse,
evidentemente esquivaba la ocasin de destruir las ilusiones del pobre
anciano, restringidas al nico pensamiento de dejar los huesos en tierra
espaola. Con toda probabilidad, la insistente recomendacin del
Embajador cuando march llevndola Gonzalo Prez le valdra reprimenda;
prefiri, sin embargo,  comunicarla, cerrar la puerta  la importunidad
del ruego: procedi piadosamente.

    [Nota 308: Bermdez de Castro, pg. 279.]

Corra el ao de 1610 cuando mano alevosa cort el hilo de la vida de
Enrique IV, aunque tibio, protector todava del proscripto; y como
produjera la ocurrencia embajada extraordinaria de Espaa confiada al
Duque de Feria, acudi ansioso buscando la nueva que esperaba. El Duque
no haba recibido rdenes que le concernieran[309].

    [Nota 309: Hllanse en el Archivo Nacional de Pars, _K-1.593_,
    _B-81_, las instrucciones generales y las reservadas que recibi en
    esta ocasin el Duque de Feria. Haba de hablar de la proteccin
    dada al Prncipe de Cond y de los oficios hechos con l para que se
    reconciliase con su Rey. De Antonio Prez ni una palabra.]

Quedaba todava un recurso, el ltimo: el Tribunal de la Inquisicin.
Gonzalo Prez emprendi viaje  Roma con recomendaciones del Nuncio
para interesar al Papa; Antonio escribi  Fr. Francisco de Sosa,
General de la Orden de religiosos observantes, Obispo de Canarias y
Consejero del Santo Oficio, para que le alcanzara salvoconducto con que
presentarse voluntariamente en las crceles del Tribunal  la defensa de
su causa, y con su aquiescencia dirigi memorial al Consejo en 22 de
septiembre de 1611. Por entonces ni aun  la iglesia le consentan ir
los achaques; pasaba el da rezando en el oratorio instalado en su casa
con licencia del Pontfice, que le haba acordado adems absolucin de
las censuras en que pudiera haber incurrido en sus relaciones con
herticos[310]. Antes de llegar la contestacin de la instancia cay
gravemente enfermo, y sintindose  las puertas de la muerte dict  Gil
de Mesa esta declaracin[311]:

    [Nota 310: Llorente, _Histoire critique de l'Inquisition_, tomo III,
    pgina 360.]

    [Nota 311: Bermdez de Castro, pg. 285.]

Por el paso en que estoy, y por la cuenta que voy  dar  Dios, declaro
y juro que he vivido siempre y muero como fiel y catlico cristiano, y
de esto hago  Dios testigo. Y confieso  mi Rey y seor natural, y 
todas las coronas y reinos que posee, que jams fu sino fiel servidor y
vasallo suyo; de lo cual podrn ser buenos testigos el seor Condestable
de Castilla y su sobrino el Sr. D. Baltasar de Ziga, que me lo oyeron
decir diversas veces en los discursos largos que tuvieron conmigo, y los
ofrecimientos que muchas  infinitas veces hice de retirarme  donde me
mandase mi Rey  vivir y morir como fiel y leal vasallo. Y ahora
ltimamente, por mano del propio Gil de Mesa y de otro mi confidente, he
escrito cartas al Supremo Consejo de la Inquisicin, y al ilustrsimo
Cardenal de Toledo, Inquisidor general, al seor Obispo de Canarias,
ofrecindoles que me presentara al dicho Santo Oficio para justificarme
de la acusacin que en l me haba sido puesta; y para esto les ped
salvoconducto, y que me presentara donde me fuese mandado y sealado,
como el dicho seor Obispo podr atestiguar. Y por ser sta la verdad,
digo que si muero en este reino y amparo desta corona, ha sido  ms no
poder, y por la necesidad en que me ha puesto la violencia de mis
trabajos, asegurando al mundo toda esta verdad, y suplicando  mi Rey y
seor natural que con su gran clemencia y piedad se acuerde de los
servicios hechos por mi padre  la Majestad del suyo y  la de su
abuelo, para que por ellos merezcan mi mujer  hijos, hurfanos y
desamparados, que se les haga alguna merced, y que stos, afligidos y
miserables, no pierdan, por haber acabado su padre en reinos extraos,
la gracia y favor que merecen por fieles y leales vasallos,  los cuales
mando que vivan y mueran en la ley de tales. Y sin poder decir ms, lo
firmo de mi mano y nombre en Pars  3 de noviembre de 1611.

Pocas horas despus, auxiliado por Fray Andrs Garn, de la Orden de
Santo Domingo, espir[312], cerrndole los ojos los fidelsimos amigos
Gil de Mesa y Manuel Don Lope, que acompaaron el cuerpo, seguidos de
algunos mendigos con hachas, hasta la iglesia del Convento de los
Celestinos, donde fu sepultado. En toda probabilidad, ellos pondran el
epitafio que subsisti hasta el derribo del edificio,  fines del siglo
pasado[313]:

HIC JACET

  illustrissimus D. Antonius Perez,
  olim Philippo II, hispaniarum regi,
      a secretioribus consiliis,
cujus odium male auspicatum effugiens,
  ad Henricum IV, galliarum regem,
      invictissimum se contulit,
  ejusque beneficentiam expertus est,
demum parisiis diem clausit extremum
      anno salutis MDCXI.

    [Nota 312: Llorente, _Histoire critique de l'Inquisition_, tomo III,
    pgina 360.--Bermdez de Castro, pg. 286.]

    [Nota 313: Mignet, pg. 403.]

No consignaron que contaba setenta y dos de edad.

M. Birch[314] transmiti el rumor de la poca de haber ido  poder del
Ministro Villeroy los papeles del Peregrino, y de haber sido quemados
por consideracin  Espaa. Llorente di noticia de algunos documentos
existentes en el Tribunal de la Inquisicin con motivo de la demanda que
en rehabilitacin de su memoria presentaron en 21 de febrero de 1612 los
seis hijos de Antonio Prez. Estos documentos eran[315]:

    [Nota 314: _Memoirs_, cit.]

    [Nota 315: _Histoire critique de l'Inquisition d'Espagne par Jean
    Antoine Llorente, traduite de l'espagnol sur le manuscrit et
    sous les yeux de l'auteur par Alexis Pellier_, segunda edicin:
    Pars, 1816, tomo III, pginas 356  412.]

1. Certificado de la Facultad de Teologa de la Sorbona, expedido por su
Secretario en 3 de septiembre de 1603, atestando la pureza de la
doctrina catlica de Antonio Prez.

2. Breve de Su Santidad de 26 de junio de 1607, dado  ruego de Antonio
Prez, absolvindole _ad cautelam_ de las censuras en que hubiera podido
incurrir por el comercio que haba tenido con herticos, aunque no
hubiera dejado de ser catlico.

3. Testamento de Antonio Prez, otorgado en Pars el 29 de octubre de
1611, haciendo profesin de fe catlica, mandando se enterrara su
cuerpo en la iglesia del Convento de los Celestinos, y que se celebraran
misas por el reposo de su alma.

4. Informacin hecha en Pars  principios de febrero de 1612 ante el
Auditor de la Nunciatura eclesistica,  peticin de Gil de Mesa,
espaol, Gentilhombre de la casa del Rey de Francia, y su Chambeln,
compatriota, amigo, pariente y ejecutor testamentario de Antonio Prez,
en que declararon el Vicario de la parroquia de San Pablo; otro clrigo;
Fr. Andrs Garn, religioso de la Orden de Santo Domingo; Manuel Don
Lope, noble de Zaragoza; Alejandro Toregli, banquero de Pars, natural
de Luca, y otros testigos.

Todos dan fe de que, de tiempo atrs, Prez haca en Pars vida no slo
catlica, sino ejemplar, frecuentando los Sacramentos de la Penitencia y
de la Eucarista en su parroquia de San Pablo y en las iglesias de los
Celestinos y de Santo Domingo. Que tres aos antes de morir, por no
permitirle la debilidad de las piernas asistir al templo, instal
oratorio en su casa de la calle de la Cerisaye, obtenida autorizacin
para ello, para oir misa y recibir los Sacramentos. Que en la ltima
enfermedad se confes y recibi absolucin de Fr. Andrs Garn, uno de
los testigos, el cual no se apart de la casa en aquellos das; le
administr el Vitico con permiso del cura de la parroquia; asisti 
la Extremauncin, y le ayud  morir, formando convencimiento de haber
finado santamente en el Seor por la piedad y devocin.

Otros tres testigos dijeron haberle odo muchas veces manifestar deseos
de regresar  Espaa con el fin de acreditar la pureza de sus creencias,
y que durante la enfermedad se afliga de no haber podido realizar el
propsito y desvanecer la nota de infamia que pesara sobre su mujer 
hijos, manifestando, sin embargo, que esta desgracia no le impedira
morir buen catlico, como siempre lo haba sido.

Manuel Don Lope declar por s haberle odo frecuentemente sorprenderse
de que los protestantes, estando tan versados en la Santa Escritura,
predicaran errores que la palabra de Dios destrua, lo que le haca
pensar que los enseaban no creyndolos. El testigo recordaba tambin
que, hablando con el difunto de diferentes cosas, le haba dicho que
muchas personas eran de parecer que l, Antonio Prez, debiera haber
aceptado la pensin de doce mil libras que el Rey Enrique IV quera
otorgarle en consideracin  su edad, enfermedades y falta de medios de
subsistencia, y que Prez haba respondido que no se arrepenta, as
faltaran  la palabra que le dieron, antes, por el contrario, que si
todava le hicieran la misma proposicin segunda vez, la rehusara con
objeto de probar la verdad con que tantas veces haba hecho
manifestacin de fidelidad al Rey de Espaa, su soberano, y con la
esperanza de que con tal proceder alcanzara su gracia. Que en medio del
infortunio haba tenido al menos el consuelo de advertir que el ilustre
Condestable de Castilla, D. Baltasar de Ziga, Embajador de Espaa en
Francia, y ngelo Badoer, Nuncio de Venecia, no haban olvidado la
manera de conducirse con ellos en este delicado asunto. Por ltimo, que
con las manos juntas se confiaba en Dios todopoderoso y en la gracia de
su soberano.

5. Cartas autnticas de Monseor Roberto, Obispo y Nuncio de Su Santidad
en Pars, fecha 6 de febrero de 1612, acreditando que conoci bien 
Antonio Prez y le acord permiso para tener oratorio en su casa,
teniendo certeza de haberse servido de l hasta la ltima enfermedad.
Dice poder dar testimonio de los sentimientos piadosos, de devocin y de
amor  la religin catlica en que muri, as como de que le oy
lamentarse muchas veces de no tener salvoconducto del Rey Catlico para
entrar en Espaa sin peligro y presentarse ante el Santo Oficio, objeto
constante de sus votos.

6. Declaracin hecha  la hora de la muerte, escrita al dictado por Gil
de Mesa y firmada de su mano. (La que antes se inserta.)

Otra declaracin contenida en escrito indito, lleva ms all de este
mundo las noticias del ex-Secretario. Dice as[316]:

    [Nota 316: Debo esta curiosa noticia  la buena amistad del Sr. Don
    Justo Zaragoza, que la encontr en la Biblioteca de S. M. el Rey,
    Sala 2, Est. O, Plut. 3.]

En la Historia de la vida, virtudes y milagros de la Benerable Madre
Ana de San Bartolom, conpaera yseparable de la Santa Madre Theresa de
Jhs., Propagadora insigne de la reformacion de las Carmelitas descalzas
y Priora del Monasterio de Amberes, dedicada  la Serensima Seora Doa
Isavel Clara Eugenia, infanta de Espaa, por el Maestro Fray Chrisstomo
Henrriquez, Coronista general de la Orden de San Bernardo en Bruselas;
en el captulo nobeno, en la plana folio 619, calificando la vida,
muerte y salvacion del Secretario Antonio Perez, siendo entonces esta
Madre Abadesa de Fonte Ebrando, que es un lugar poco ms de dos leguas
de Tours, en Francia, dice lo siguiente, que para aprobacion de sus
escritos un curioso lo copi de dicho libro y puso aqu para
calificarlos y que se haga dellos la estimacion que se deve:

Un dia de la Octava del Santssimo Sacramento la mostr el Seor mucha
gracia y la conbidava  que pidiesse algo; y estando recogida en esta
vission, vi delante de s tres personas: la una era una hermana suya,
la otra un Primo y la otra Antonio Perez, Secretario del Cathlico y
prudente Rey Don Phelipe segundo.

No la di  entender el Seor que estubiessen en algun aprieto; pero
ella, biendo la ocassion presente y considerando el ofrecimiento que la
havia hecho de que la concederia lo que le pidiesse, le tom la palabra
y le pidi la salvacion de aquellas tres personas, seal bien evidente
de su grande caridad, pues no pide para s gracias y favores,
mostrndose solcita de la salud de las almas ms que de s misma.
Agradle  Christo peticion tan ajustada con su Divina voluntad, y ans
se la concedi con mucho gusto.

Dentro de poco tiempo recibi cartas en que le avisavan que su hermana
havia caido en una agua y se havia ahogado, y fu el mismo dia en que se
le avia aparecido. El otro Primo suyo muri de calenturas, tambien el
mismo dia. El Secretario Antonio Perez, despues de varios tranzes, de
peligros grandssimos y mil persecuciones con que pareze quiso mostrar
la fortuna que levanta  la cumbre de la privanza  los que fian en el
valor de Prncipes para derrivarlos en un avismo de miserias, muri en
Pars; pero con tales demostraciones de piedad y christiandad, que bien
pudieran conocer todos se cumplia con l lo que la Benerable Madre havia
alcanzado del Seor. Lo que ella dize hablando dl, en esta ocasion, es
esto: Muri con seales muy ciertas de su salvacion, reciviendo  menudo
los Sacramentos, con el confesor siempre  su lado; y el dia que muri
se puso de rodillas con un mpetu de amor de Dios, y ans se qued como
digo, con seales grandes de su salvacion. Dichosssimo quien tubo fin
tan venturoso: importa poco no conservasse en la privanza de los Reyes,
quando, despues de muchas desgracias, se biene  alcanzar la verdadera
dicha, que consiste en ir  gozar de la gloria eterna.

Ms dichoso fu este cavallero en haver conocido  nuestra Benerable
Madre Ana, aunque pobre y humilde en quanto al mundo, que en haver
tenido entrada con los mayores Prncipes de Europa. Ella, quando le
conoci y trat en Pars, le cobr tanto amor, que estando ausente le
alcanz de Dios la salvacion de su alma, que es lo ms que nos puede dar
Dios, pues anss se nos da asimismo. Los Reyes, aunque muchos favores le
ofrecieron, pero slo le dieron disfavores.

Fu Antonio Perez hombre agudo de ingenio, pero desgraciado; mui
principal y noble, de que en mi Monasterio Real de Huerta, depositario
de la Nobleza de Castilla, Aragon, Navarra y otras partes, ay
testimonios graves. Pero lo principal es la seguridad que nos dex esta
Santa Madre de que est en el cielo.

Una estrella de la poltica francesa, que alboreaba justamente en el
ocaso de sta espaola, traz en pocos rasgos, con alguna pasin y poca
exactitud, juicio[317] que agregar al de los coetneos lord Cecil, de
Inglaterra; Villeroy, de Francia; el Conde de Miranda y el Comendador
mayor de Len, de Espaa.

    [Nota 317: _Memoirs de Richelieu_, lib. III, 1611.]

La muerte de Antonio Prez, acaecida en noviembre, escriba, me ofrece
materia para ejemplo de la fragilidad de la privanza de los Reyes, de la
instabilidad de la fortuna, del odio implacable de los espaoles y de la
humanidad de Francia con los extranjeros. Haba gobernado al Rey Felipe
II, su seor, Prncipe tenido por prudente y constante en las
decisiones; cay, no obstante, de su crdito, sin ser culpable, en
opinin comn.

En las cmaras de los Reyes hay escollos mucho ms peligrosos que los
negocios de Estado, por graves que stos sean, sobre todo en aquellas
intrigas en que intervienen mujeres  en las que toma parte la pasin
de los monarcas[318].

    [Nota 318: Antonio Prez haba dicho: Aqu son los bajos de la
    bajeza humana; aqu es menester grande tiento, y navegar con la
    sonda en la mano. Coleccin Ochoa, _Carta  un gran privado_.]

Antonio Prez lo experiment: mujeres fueron causa de todas sus
desdichas. Haciendo su amo excepcin de la firmeza en cuanto  la
benevolencia, la ejercit en el odio hasta la muerte. El privado haba
subido  la cspide de los honores y grandezas: todo lo perdi en un
instante con la gracia del Rey, que aprision  sus hijos con el fin de
que no le asistieran.

Emigrado en Francia en el perodo lgido de las guerras civiles, no
fueron obstculo las circunstancias para que el Rey le recibiera
humanamente, dndole medios de vivir con desahogo  favor de pensin de
4.000 escudos, que siempre le fu bien pagada.

En Espaa no podan sufrir el bienestar de que disfrutaba; atentaron 
su vida enviando dos hombres que se la quitaran, en vista de lo cual,
por garanta en lo sucesivo, comision el Rey  dos suizos de su guardia
personal, que le seguan por la ciudad  las portezuelas de la carroza,
y cuidaban de que ninguna persona desconocida tuviera acceso  la casa.

Entonces discurrieron los espaoles otros procedimientos que llegaran
al propsito no alcanzado por la violencia: se le ofreci, por conducto
de persona de la Embajada, que su amo le restituira los bienes, siempre
que renunciara la pensin y saliera de Francia. El Condestable de
Castilla confirm la oferta al pasar por Pars; y como la esperanza del
deseo suele cegar, renunci, en efecto, despidindose de S. M., que
procur disuadirle y le predijo haba de arrepentirse. March, no
obstante,  Inglaterra, lugar que le haban designado; mas apenas lleg
 Douvres se le prohibi pasar adelante, por ruego y amenaza del
Embajador de Espaa. El pobre hombre volvi  Francia y no se atrevi 
presentarse ante el Rey, ya que pareca haber desairado su favor y
consejo; sin embargo, compadecido el Soberano de la miseria en que
estaba, sufriendo incomodidades despus de enajenar el mobiliario, si no
lo consider como antes, no dej de disponer que se le diera algn
socorro con que subvenir  lo ms preciso.

Habanle tenido en Espaa por hombre de juicio y de cabeza, mientras
llevaba el cargo de Secretario de Estado; en Francia no se le estim en
tanto por la ordinaria presuncin de los de su pas que, llevada al
extremo, tiene algo de locura,  juicio de las dems naciones.

Aos adelante, alcanzando el que esto escribi la madurez del talento;
Duque, Cardenal, Ministro, gran Ministro; queriendo llevar al
convencimiento de su Rey la opinin de ser indispensable  su poder la
organizacin de la marina de guerra, deca[319]:

    [Nota 319: _Maximes d'Etat ou testament politique d'Armand du
    Plessis, Cardinal Duc de Richelieu_: Pars, 1764, tomo II, seccin
    V, pg. 109.]

Cuando Antonio Prez fu acogido en Francia por el Rey vuestro padre, y
por atenuar su miseria le acord pensin, deseando el extranjero
acreditar el reconocimiento de los beneficios recibidos y ofrecer
testimonio de que no por desgraciado era ingrato, di al mismo Rey tres
avisos que no son de poca consideracin: ROMA, CONSEJO Y MAR. La
advertencia del anciano espaol, consumado en asuntos de Estado, no ha
de considerarse tanto por la autoridad del que lo daba, como por su
propio peso.

Es de recordar que deca Brantome al Rey Carlos IX:

Si les rois, vos prdcesseurs, enssent fait cas de la marine comme de
la terre, vous auriez pent-tre encore Gnes, l'Etat de Milan et le
royaume de Naples. L'Espagnol les a conservs plutt par les moyens de
la mer que de la terre.

En los tiempos modernos, M. Mignet condensa y acaba su juicio de esta
guisa:

Antonio Prez, sin llegar  la talla de los grandes Ministros de Felipe
II; del imperioso Cardenal Espinosa, del diestro Ruy Gmez, del altanero
Duque de Alba  del discreto Granvela, posey un tiempo el favor del
Rey, figurando como personaje el ms influyente de la Monarqua
espaola. Escal el poder con harta facilidad para saber conservarlo.
Ministro por herencia, fu aventurero de aficin. Apasionado, vido,
disipador, violento, artificioso, indiscreto, corrompido, introdujo el
desarreglo de su conducta en una corte de exterioridad severa; agit con
la intriga el nimo de un Prncipe amante de la dignidad mesurada; hiri
con la rivalidad de los amores y la audacia de los actos  un amo
hipcrita, vengativo y absoluto. Aunque conociera bien al que serva;
aunque poseyera el secreto de sus pasiones, de su terrible disimulo, de
la suspicacia de su poder, por la que la confianza haba de ser
instable; aunque supiera que Felipe II haba matado al Cardenal Espinosa
con una palabra, que alej al Duque de Alba por la rigidez, que slo por
consumada habilidad y condescendencia se mantuvo  su lado Ruy Gmez
hasta el fin, se atrevi  engaarle y se perdi. En la desesperada
lucha  que le arrastraron las faltas y las demasas, despleg recursos
de ingenio tan varios y tal energa de carcter; tan oprimido, tan
elocuente, tan pattico se mostr, que fu objeto de universal simpata.
Empero los defectos mismos que causaron su runa en Espaa, le
desacreditaron en Inglaterra y Francia. Siempre igual, aun la desgracia
torn antiptica, muriendo abandonado y pobre.

Hay que condenar  la personalidad,  la vez desordenada y atractiva,
sagaz  inconsiderada, de ingenio agradable y de carcter ligero, rica
de actividad, de imaginacin, de vanidad, de pasin, de intriga; hay, no
obstante, algo que conmueve en ciertos de sus sentimientos y en la
magnitud de sus desdichas.

En las historias de la poca, tales como las de Herrera, Cabrera de
Crdoba, Argensola, Babia; en los diccionarios biogrficos 
bibliogrficos, agregando  los ya citados los de Baena, Latassa,
Moreri, Didot, Bouillet, Michaud, se encuentran conceptos varios[320]
oscilando entre estos extremos.

    [Nota 320: No parecer temeridad adjudicar  Antonio Prez la
    alusin de un concienzudo y benvolo historiador que escribe:
    _Philippe II a t bien des fois trahi: ce sont surtout des
    tratres qui nou sont crayonn son portrait._ Le Vice-Amiral Jurien
    de la Gravire, _Les chevaliers de Malte et la Marine de Philippe
    II_: Pars, 1887, pg. 146.]

Antonio Prez mat un hombre por obedecer  Felipe II; quit al Rey su
querida; sublev una provincia; luch cinco aos con tan temible
soberano; escribi relacin de su vida, tan verdadera y profunda como
las inexorables memorias del Duque de Saint-Simon[321].

    [Nota 321: Philarete Chasles, _Antonio Prez, Revue de Deux-Mondes_,
    citada.]

Antonio Prez alcanz fama literaria casi exclusivamente debida al
inters de sus desgracias personales[322].

    [Nota 322: _The Enciclopdia Britanica, Antonio Prez_, cit.]

Tenaz, perverso, infatigable, intrigante siempre y en todas partes,
dando  conocer los puntos vulnerables de su patria, fu su papel en la
historia el del parricida[323].

    [Nota 323: J. M. Dargaud, _Histoire d'Elisabeth d'Angleterre_: Pars,
    1866, 8.]

De la comparacin de todos los artculos, por lo general apasionados 
ligeros, nada se deduce que esencialmente altere lo que dicho queda
acerca de la vida de Antonio Prez fuera de Espaa. Aparece, en cambio,
la evidencia moral y consoladora de no empecer  la execracin perpetua
del mayor de los crmenes la compasin del delincuente, y de cumplirse
en todos los tiempos la sentencia que la pluma del Peregrino mismo dej
escrita. El traidor es limn que, una vez exprimido, se arroja.




DOCUMENTOS

[Nota del transcriptor: Algunos de los encabezamientos de las cartas
van precedidos de una cruz, indicada como [cruz].]


I.

     _Los papeles y cartas que truxo Miguel Igun sobre cosas de Francia
     recibidas en Valladolid a 29 de junio de 1592._

     Lo que se a podido entender de bearne por cosa cierta es q. antonyo
     perez est en pau con don martin de la nua y manuel don lope y
     christobal frontin y juan francisco mayorin, todos los cuales estn
     con el dicho antonio perez, y estando comiendo la princesa estaban
     con ella, la cual tenia pltica con antonyo perez en tanto q. la
     comida dur, porq. el personado que se enbi estubo ally presente
     en tanto q. la comida dur, porq. tenia q. tratar con la princesa
     acerca de las Rentas del condado de bigorra, q. es vso en aquella
     tierra comer en pblico y todos los q. tienen q. negociar entran en
     la sala q. comen.

     gil de mesa no estaba ally y sentiende aydo Al prncipe de bearne y
     asta yngalaterra, q. a muchos dias falta, como se ber por vna
     carta q. traigo dantonyo perez, q. escribi a vno de aragoa
     llamado Marco de Arayz, quera criado de don diego de Eredia, q.
     est preso en aragoa, datada de 29 de mayo, q. cuando parti le
     dijo yba la buelta de bayona, pero despues ac se sabe pas donde
     est dicho, como por la larga ausencia se bee, siendo de quien mas
     antonyo perez se fia, y el q. es causa de todos los males sucedidos
     en aragon.

     Sbese cierto que antonyo perez tiene despacho de pasaportes para
     irse a yngalaterra y q. a de berse con el principe de bearne, sino
     que no osa salir de pau, porq. a entendido q. por orden del capitan
     general y trato del de gabin, que est preso en el condado de
     bigorra, en el castillo de lorda, en compaa de don diego de
     Eredia, ermano del gusticia de las montaas daragon, q. abia
     personas grabes q. se ofrecian a entregarle con cantidad de dinero,
     de manera q. estando advertido de todas estas cosas y diligencias
     q. en este caso se an echo, como de las personas q. lo querian acer
     y entregar con la ausencia de la princesa, las cuales dir de boca
     quienes dicen q. eran, q. son de las mas grabes de la tierra, porq.
     se trata saldr presto de bearne para casarse con el conde de
     fueson, y as se cree q. si la princesa sale y el no ba a
     ingalaterra, se saldr de pau y porn en nabarreus y en la villa de
     bayona, para la seguridad de su persona.

     El onbre q. fue a pau, q. se trata muy amenudo con don martin de la
     nua, y preguntndole de sus cosas en lestado q. estaban, porq.
     muchas beces q. suele yr a pau ablan siempre destas cosas, y
     preguntando del estado en q. estaban, le respondi q. no le podia
     decir nada dellas asta daora, mas de q. la princesa lo tenia
     entretenido a El y a los dems dndoles muchas esperanas de parte
     de su Ermano, como de la suya, mostrndoles muy amenudo cosas del
     prncipe su Ermano por las cuales encomienda a su Ermana mucho la
     persona dantonyo perez y de todos los dems caballeros questaban
     con El, y q. les asegurase que si el Rey despaa les abia tomado
     sus aciendas, que El tenia para ellos, q. es todo lo q. del dicho
     don martin se a podido descubrir y entender.

            *       *       *       *       *

     Marco de Arayz, criado de don diego deredia, quest preso en
     aragoa, le dejado en vn castillo del seor de maulion, donde bibe
     su madre madama de maulion, q. abr como tres meses q. bino vyendo
     de catalunia, de acia taragona, y pas el puerto de Salat, q.
     siendo camino por esta casa lleg all muy malo, y esta seora,
     ques muy caritatiba, le yo quedar  curarse, donde yo tengo
     grandsima amistad de mas de beinte aos, q. yendo a besitarle y
     darle el psame de la muerte de su hijo mosiur de maulion, le all
     all al dicho Arayz, y por la primera bista no me quiso decir quin
     era, y bolbiendo quince dias despues a demandar unos dineros q.
     dicha seora me debia, me dijo ella misma cmo el espaol q. estaba
     en su casa abia recibido vna carta dantonyo perez, y que se queria
     ir en bearne, pero q. ella abia entendido le querian estrosar en el
     camino, no muy lejos de su casa, porq. decian traia todo su jibon
     lleno de doblones, y tubo abiso desto, y as no le habia dejado
     partir, porq. le pesara mucho saliendo de su casa se le hiciera
     agrabio, y que as le abia Rogado estubiese en ella todo el tiempo
     q. quisiese, y me Rog yo se lo digese de su parte, y le quitase de
     la boluntad de yr en bearne, q. si lo acia tomaria muy mal camino,
     y q. si era buen catlico no lo debia dacer, porq. iria a tierra
     donde no se ejercita de ninguna manera vna Religion catlica, sino
     la seta de los Erejes luteranos, y q. para la seguridad de su
     persona en ninguna parte lo estaria mas q. en su casa. Yo con esta
     ocasion entr en pltica con el mas q. la primera bez, y me ense
     la carta que habia escrito antonio perez en lausencia de gil de
     mesa, q. despues yo tube orden de cobrarla despues daber yo partido
     porq. no tubiese sospecha de m, que me la enbiaron  la villa de
     salinas, donde aguard dos dias solo por eso, a legua y media del
     castillo, ques de la manera que la e cobrado, dicha carta.

     E pasado muchas cosas con el dicho Marco de Arayz, q. sabe muchas
     cosas de todo lo que en aragoa a pasado, porq. era el que mas
     amenudo besitaba adantonio perez estando preso, de quien su amo don
     diego deredia acia mucha confianza. Yo le puse en Razon, y solo q.
     su Mag. le perdonase, tubiendo seguridad desto, le aria aser
     cualquier cosa q. se le ordenase por el serbicio de su Mag., y as
     bolv tercera bez, estando para partir y le dije benia por un mes 
     seis semanas asta aragoa y q. si queria dase noticia al general
     dl y de lo q. me abia ofrecido acer, q. lo aria, y me dijo le
     aria muy grande placer, y as le anunci y puse grande esperana de
     su Remedio.--VS. podr ber si este puede serbir de algo q. fues de
     ynportancia y q. despues daberlo echo se le perdonase y no antes,
     que si la met de lo que dice puede acer, ace, importar arto mas
     perdonarle q. dejarlo de acer, q. no es de los beinte y dos, sino
     de los ciento y tantos de la postrer lista. VS. me mande su
     parecer, para q. no pareciendo serbirse dl no lo tenga mas en
     esperanas, q. yo allar salida para responderle de q. por aora no
     se quier tratar de nada asta acabadas las cortes de aragon.

Arch. Nat. de Pars, _Papiers de Simancas_, _K-1.592_, _B-81_, pg. 48.


II.

        Il.^mo Sr.

     Dipoi di visitar a V. S. Ill.^ma, et renderle gratie de li molti,
     et continui fauori che mi f, et ralegrarmi de la confirmacione di
     Paris, et de la altre noue. Voleua dar conto a V. S. Ill.^ma di tre
     cose, che ho intesso. Le due non di tanta consideratione, pero la
     Terza, di molta, al manco degna di saperla il nro. Re, et e,
     certissima, et saputa in gran secreto.

     La Terza dir prima, quella e, che il Re Cath.^co ha fatto far
     secreta offerta a la Rep.^ca di Venegia di Lx Galere per la sua
     diffessa sempre che il Turco inuadera li soy Statti, et il
     Imbassator che ha fatto la offerta, li ha detto queste parole al
     fine, _che non trouaranno nisnu amico tale come lei_. Questo, e
     certo.

     La altra e che ha auuto gelosia di auerse la Rp.^ca valuto di
     questo Regno per grani.

     Le altra, che il Papa voleua imponere vna noua X^ma sopra li
     Ecclesiastici veneciani per aiutar al imp.^or, e la Rep.^ca non lo
     ha voluto consentir.

     Il discurso di queste cose lasso per altra occasione che bene, et
     assay e che dir.

     De V. S. Ill.^ma--_Ant. Pz._

     (Sobrescrito.) Al Ill.^mo Sr. mi Sr. Mylord Imbassator.

     (De mano ajena.) 1594.

Colec. Morel Fatio, I.--Cree fuera dirigida al Embajador de Francia en
Londres, que sera probablemente Jean de la Fin, pues ste residi en la
corte de Isabel hasta octubre de 1594.--Biblioteca Nacional de Pars,
MS., Esp., 336, fol. 91.


III.

        Muy Ill.^e Sr.

     Mos de Beaumond me ha confirmado el lugar en que biuo en la gracia
     VS., que es muy conforme  lo que VS. me ha assegurado por su
     carta: a que he ya respondido. Pero las cosas de consuelo, y
     contentamiento, mill vezes que se oygan recrean. Consulame mucho
     del modo con que pudiera llegar a ver a V. S., y a presentrmele,
     que essa voluntad y piedad la veo fundada en su Gentil natural; que
     sino yo temiera del desengao quando V. S. me conozca. De my, de my
     partida, del desseo q. tengo de llegar a los Reales pies de Su M.^d
     he Supplicado a Mos de Beaumond q. haga relacion a V. S. Cuya Muy
     Ill.^e persona y Estado Nro. S. Guarde y prospere como dessea.

     De Londres  xj. de enero de 1595.

     Muy Ill.^e Sr.--Besa las manos de V. S., su muy seruy.^r--_Ant.
     Perez_.

     (Sobrescrito.) Al Muy Ill.^e Sr. mi Sr. Mos de Neufville, S.^o
     destado del Rey Christia.^mo

Colec. Morel Fatio, nm. IV. Nota que Mos de Beaumond era sin duda
Charles du Plessis, seor de Liancour y Conde de Beaumont.--Neufville,
Nicols Neufville de Villeroy. Bibl. Nac. de Pars, Esp., 336, fol. 93.

En la Colec. Ochoa hay varias cartas dirigidas al mismo personaje con
nombre de Mos de Villarroel y en tono de intimidad que indica la
continuacin de las relaciones.


IV.

        Ex.^mo Sr.

     El saber lo que passa por el Mundo de mas del entretenimiento,
     commun gusto de todos,  las Personas que tienen la mano, y la
     auctoridad en el timon del gouierno, suele ser de algun momento,
     pues los mejores consejos nascen de la noticia de las cosas. Por
     esso embio esso q. he tenido de Genoua del amigo que suele
     escriuirme. Tambien lo escribi por buscar ocasion de hablar con V.
     Ex.^a y aunq. fuesse de alguna pessadumbre, q. no lo creo de V.
     Ex.^a, duese dessimular al sediento de consuelo, como hazen las
     fuentes, q. no cessan de correr por mucho q. se beua dellas.

     De V. Ex.^a sieruo.--_Antonio Perez_.

     A iiij de Junio.

     (En la cubierta.) Al Condestable de Francia mi Seor.

Enrique de Damville, Duque de Montmorenci, hombre de habilidad en
negocios pblicos, aunque no saba escribir, prest importantes
servicios  Enrique IV, que los recompens confirindole en 1593 la
dignidad de Condestable de Francia de que antes haba estado investido
su padre Ana de Montmorenci. Fu protector constante del emigrado
espaol, y muri poco despus que l, en 1614,  los setenta aos de
edad.

Bibl. Nac. de Pars, Fr., 3.652, fol. 39. Colec. Morel Fatio, nm. XLIX.


V.

        Ex.^mo S.^r

     Acaban de llegar cartas de Mylord de Essex de xij deste a Mylord
     Rotelan (yo no las tengo), por las quales escriue lo siguiente. Q.
     se embarcaua para una jornada a Espaa. General de mar y tierra el
     dicho Conde. Con 18 naues de la Reyna, 25 de los Estados, y otro
     nmero de particulares. Mucha nobleza consigo. Las dems
     particularidades sabr. A su Mag.^d se lo ha ydo a referir Enrique
     Dauerso, Caballero ingls, q. su Mag.^d conoce. Por esto no voy yo.
     Pero he querido auisrselo a V. Ex.^a--_A. Pz._

Bibl. Nac. de Pars., Esp., 3.652, fol. 134. Coleccin Morel Fatio, nm.
V.


VI.

     Lo que Antonio Perez Supplica y aduierte de mas de presentar la
     Memoria q. va con esta de lo que ha podido saber para parte del
     cumplimiento de lo que ha pedido es.

     Que su Mag. le haga merced de lo q. en la Memoria se contiene, en
     principio y muestra de que le quiere plantar de veras y de rayz en
     su seruiio.

     Item, que su Mag. cometa a alguna persona platica de estas cosas,
     q. busque la forma en que se pueda cumplir lo de mas. Declarndole
     ser su voluntad verdadera q. aquello aya effecto. Porque de otra
     manera ser cansar a Su Mag. y andar Ant. Perez arrastrando sin
     llegar nunca al fin q. pretende de alguna resolucion (desseo justo
     deuido  qualquier negociante, quanto mas a vn Peregrino, viejo,
     con muger, con siete Hijos, con tantas prendas en poder de otro
     Prncipe). Al fin, digo que pretende, _que es,  ser de su Mag. 
     suyo_, y esto con breuedad por las muchas consideraciones ya
     declaradas. Y aun por lo que toca a la auctoridad de Su Mag., que
     no piense el mundo que lo demas era mas expediente para passar
     tiempo, q. para llegar a execucion y effecto, cosa que Ant. Perez
     est obligado a obuiar.

     Item supp.^ca q. el seor Condestable tenga la mano sobrello, porq.
     de otra manera Ant. Perez ala la mano, y se dar por respondido.

     Item dize, Que de tal manera pide esto y que Su Mag. cometa a la
     tal persona el cumplimiento del memorial q. ha dado, que el dicho
     Antonio Perez no tenga q. acudir a ministro ninguno, sino al Sr.
     Condestable y a la tal persona por los despachos para la execucion.
     Porq. si no se despachase todo ello como cosa del serui.^o de su
     Mag. y por orden suya, seria entrar Ant. Perez en los Labyrinthos
     de dificultades acostumbradas de Ministros en quebrantamiento y
     corrimiento de Antonio Perez sin fructo otro alguno. Cosa que no
     sufre esta demanda y las causas de ella. Differente mucho todo
     esto, que las gracias q. vn vassallo pide, y recibe de gracia--_A.
     P.^z_

     (En la cubierta.) Memoria de Antonio Prez al seor Condestable.

Bibl. Nac. de Pars, Fr., 3.652, folios 112  113. En la Colec. Morel
Fatio, nm. V.


VII.

     Que Antonio Perez dessea, como siempre lo ha assegurado, seruir a
     su Mag.^d como vassallo, y criado, que l se le presenta por tal.
     Presente, que ha reseruado siempre a su Mag.^d hasta tal punto,
     como el de la obediencia a su mandamiento.

     Que non paresca atreuimiento llegar a supplicar a su Mag.^d las
     cosas particulares que aqu porn, pues la prenda que l da de
     Fidelidad de Vassallo y Criado, considerada su fortuna pressente, y
     Passada, y las prendas de su muger, si biue, y Hijos, q.^e tiene
     Captiuos; y las otras fortunas y bienes y Hacienda, y la
     satisfaccion q.^e deue dar a todo esto, y al mundo en tal
     resolucion (No menos que de perder esperana y cerrar puerta a todo
     aquello q.^e a vna sola muerte puede esperar la redemption dello)
     le disculpar deste attrevimiento. Demas, que no se porn aquy sino
     menos de lo prometido de la Graia de su Mag.^d otras vezes.

     Viniendo pues a lo particular dize:

     Primeramente que sobre todo, como de mas valor q.^e todo, su Mag.^d
     reciua debaxo de su protection, y amparo, pues es la prinipal
     defensa, y seguro, q. ha menester su fortuna, y la persecuion tan
     notoria de vn Prncipe tan grande, que las gentes vean, que su
     mag.^d le mira con ojos de particular graia y favor.

     Que su mag.^d se sirua, de procurarle con effecto capello de
     Cardenal para su persona siendo muerta su muger, o para don Gonzalo
     Perez su Hijo, y que desde luego se pida a su Sancti.^d, y que su
     Mag.^d lo reserve en su Pecho para quien su Mag.^d le Quiere.

     Que le den doce mil escudos de renta por la graia de su Mag.^d en
     obispados, o Abbadas, y Beneficios Ecclesisticos como fueren
     vacando desde luego, con permision que los Pueda regresar en sus
     Hijos.

     Que hasta tanto, q. se cumpliere la dicha cantidad de renta, aunque
     se le d alguna parte de ella, se continue la pension de quatro
     mill escudos, que agora tiene, mandado q. se consignen en parte que
     con effecto los cobre.

     Que demas desto entre ao, hasta que se le haya hecho la merced de
     renta ecclesistica dicha, se le den dos mil escudos de ayuda de
     costa cada ao en auisos de Graias que l terna cuydado de buscar.

     Que por estar agora tan gastado y para componerse en el grado de
     criado, y consejero, con que le ha querido su Mag.^d honrrar, se le
     den dos mill escudos de ayuda de costa al pressente.

     Que considerando el gran peligro que corre su vida por la
     persecucion del Rey de Espaa contra su persona, se le d alguno,
     o, algunos suyos de los de la guarda de su Mag.^d para su
     seguridad, y respecto del que maquinare contra l.

     Que si se viniere a tratar de Pazes entre esta Corona, y la de
     Espaa, su Mag. procure la redemption de su muger y hijos y haga lo
     que se acostumbra en tales casos por vassallos, y bienes dellos
     retenidos de otro Prncipe.

     Que para todo esto y por excusar las pessadumbres que cada dia se
     pueden ofrescer, El Ex.^mo Sr. Condestable tome a su cargo en
     nombre de su mag.^d El Cumplimiento y Execution de todo esto.

     En Ruan a Primero de henero 1597.

     (En la cubierta, letra de A. Perez.) Copia del assiento de Su m.^d
     con Antonio Perez en Ruan a 13 de En.^o 1597.

     Sin esta capitulacion ay lo q. el Sr. Condestable le prometi en
     nombre de su m.^d con palabra de cauallero de ser fiador de lo que
     le offrescia.

Bibl. Nac. de Pars. Hllase original en el mencionado volumen de la
Colec. Bthune, Fr., 3.652, folios 3-4, y hay copia en la Colec.
Fontaineu, Fr., _T-440_. En la Morel Fatio tiene nm. VI.


TEXTO FRANCS, EN RESPUESTA.

Le Roy qui habonde en toute bont enuers les affliges A tres volontiers
recuilly en son Royaume le Sr. Antonio Perez pour les vertus qui
l'accompagnent et les servies que Sa Maj. espera de luy Au moyen de
quoy Sa Maj. accepte aussy tres volontiers sa foy et luy accorde sa
Royale Protection contre ceulx qui le perscutent.

Sa Maj. lui procurere de bon cueur le chappeu de Cardinal pour luy si sa
femme est morte, sinon pour son fils et en ecrire au S.^r de Luxembourg
affin quil en parle a Notre S.^t Pere.

Le Roy aure egard aussy de le pourveoir de bnefices et dignits en
l'eglise jusques a la concurrence de la somme de douze mil escus de
Reuenu par an auec permision de les rsigner a ses enfans.

Quoy attendant Sa Maj. entend quil coutinne a estre pay de la pension
de quatre mil escus par au quelle luy a accorde & quil en soit si bien
assign quil puisse tirer la commodit que Sa Maj. entend.

Se presentant occasions & moyens de gratifier le Sr. Perez de la ds.
somme Sa Maj. les embrassere volontiers.

Sera command a ceulx de son conseil de finances d aduiser sil y aure
moyen de secourir le ds. Perez de quelque somme d argent pour lui ayder
a mettre sus son aequipage.

Sera command au Cappitain des Suysses de la Garde de Sa Maj. ou a ses
liutenents de faire tenir ordinairement vng ou deux soldats suysses pres
la personne du ds. Perez pour prendre Garde a la suret d Icelle.

Ces accord articles ont et respondus a Roan par le commandement du
Roy. Mr. le Connestable pric. le 13 de Janvier 1597. Sign. Neufville.

Monseigneur le Connestable connoisant les vertus & merites du ds. seig.
Perez & sur l'assurance quil luy a donee de son affection et fidelit au
service de Sa Maj. Scachant aussi combien elle l'ayme & estime luy offre
de semployer volontiers de tout Son pouuoir en toutes ses affaires & a
toutes ocasions & dapporter tout ce qui dependra de sa priere &
solicitacion soit enuers Sa Maj. & ceulx de son conseil pour
lacomplissament des presents articles. En foy de quoy il a signe la
prte. response a Ruan le 18 Januier 1597.


VIII.

        [cruz] Seor.

     Por estar el Sr. Gil de Mesa enfermo, doy  V. m. esta pessadumbre.
     Yo le sup.^co sepa del seor Condestable, mi Seor, que como a tal
     le amo, y reverencio, a que hora ser seruido, que yo le pueda yr a
     besar las manos con menos incomodidad suya[324]. Que por estar yo
     malo hago esta preuencion, q. sino fuera esto, como vno de los
     seruidores de su casa, me fuera ay a esperar hora y a entretenerme
     ay como criado suyo.

     Besa las manos de V. m.--_Ant. Perez_.

     (En la cubierta.) Le Seig.^r Anthoine de Perez. Janvier.

Bibl. Nac. de Pars, Fr., 3.652, fol. 32. Coleccin Morel Fatio, nm.
XLVI.

    [Nota 324: (En el margen.) O hoy,  maana: q. quando su Ex.^a se
    retira a la tarde, si fuere mas apropsito, yo yr.]


IX.

        Ex.^mo Sr.

     Vn Peregrino, que sali de su patria en cueros, no puede dar don
     sino de cuero. Esto ser disculpa de mi altreuimiento en embiar a
     V. Ex.^a Essa bota, o, borracha, q. llaman y vsan en Espaa para
     regalo adobada all con ambar, que me truxo El Sr. Jacome Marenco.
     Y sy V. Ex.^a mandare que yo vaya a hazer la salua, yo yr.

     De V. Ex.^a muy humilde y obligado seruidor.--_Ant. Perez_.

     (En la cubierta.) Al Ex.^mo Sr. el Condestable mi S.^or

Bibl. Nac. de Pars, Fr., 3.652, fol. 37. Coleccin Morel Fatio, nm.
XLVII. Pone por nota esta oportuna y curiosa referencia, tomada de una
carta dirigida en 1596 desde St. Omer  D. Pedro Espndola, en Madrid.

En Madrid se husan unas botas o borrachas adressadas con solo ambar y
tambien unos toneles, que yo los tengo por mejores y duran ms, que no
caven mas de dos pottes, pero no tienen otra cosa ninguna que hambar
grisa sin almiscle. Sy pudiessedes traherme una seria para my muy gran
regalo, porque el almiscle y lalgalia me hace mal a la cabea, y el
hambar mucho bien; y como teneis tantes (sic) seores y seoras que os
favorescen, podriedes pedir una y trahermela. Y sy os paresciere a
propsito pedirla a my Seora la Condesa de Fuentes, o a my Seora la
princesa de Ascoli, me remito: yo os assiguro que seria para my un gran
presente. Ally he visto unos barrillejos de las Indias muy lindos, y
aunque sea de un pote o hacerle hacer y adressar a posta, porque el
ambar me dicen se mete en las costuras del barril y, no se como, que
dura muchos aos. El Conde de Arembergue tiene uno y Coloma otro, que
creo costaron all cada uno veinte escudos con la boca de plata y
serrada con tornillo.

Bibl. Nac. de Pars, Esp., 336, fol. 194.

Con vino de Espaa y aceitunas de Sevilla sola responder el Peregrino 
las finezas que reciba. Vanse en la Colec. Ochoa las cartas de
remisin  M. Zamet y  otras personas, entre ellas la 95 de la parte I.


X.

        [cruz] Seor.

     Agora q. son las vj de la tarde, 30 deste, me dan la carta de v.
     md. sobre lo que el Sr. de Villaroel le encomend que me escriviese
     cerca de aquel _don diego de Robles, y Veray, y Aragon_, y a la
     misma hora me pongo a responder. Y aunque V. m. ha dicho todo lo
     que yo se, por lo que se deue a la obediencia digo.

     En Ruan me embi el S.^r Condestable con un S.^o suyo vn consejero
     con vna carta deste don diego, muy larga, para my.* Y despues Su
     Mag.^d le dixo al mismo Consejero, q. me hablasse, y a my q. le
     oyesse. La carta contenia vna larga Historia, o fbula de vn
     casamiento suyo intentado con vna doa Tal de Osorio. A El no le
     conozco. El escriuia q. El a my sy. Pero a los que tienen tales
     lugares les succede lo q. a los predicadores, q. los conoscen
     muchos, y ellos no a tantos. A la Seora conozco, q. es de las q.
     facilm.^te aur buscado un estudiante moo, y loco, q. no los
     quieren con cuidados. Dixe entonces, lo q. dir agora. Que me
     parescia maraa todo, o, para hallar pan en Francia, sy se venia
     huydo por alguna occasion, o, para intentar algo. Q. locos tambien
     buscarn ya en Egipto para las cosas q. maquinan, q. cuerdos no los
     hallarn. Q. con todo esso me parescia bien oyrle, q la oreja no se
     gasta por oyr, como otros instrumentos. Pero q. no llegase a la
     presencia del Rey, y aun dixe q. all le oyese el yerno del
     Condestable (q. ya entendia yo que auia entrado en fran.^a), y q.
     conforme a lo que dixesse, se hiziesse. Pero sy no quiere hablar
     all, a la buen hora venga, q. el Sr. de Villarroel le sabr oyr, y
     conocer luego en el ayre, como tan buen cazador de cosas d'Estado.

     Esto es lo que se me offresce. Dios Guarde a V. m. De Pars el dia
     q he dicho.

     De V. m.--_Ant. Perez_.

     (Al margen.)* Esta carta dex yo en poder del S.^o del S.^r
     Condestable.

     (Sobrescrito.) Al Sr. Gil de Mesa.--En su mano.

Bibl. Nac. de Pars, Esp., 336, fol. 23. Coleccin Morel Fatio, nm.
XLIV.


XI.

     Conosco, Seor, que yo no valgo la mayor parte del fauor y gracia
     que V. M.^d me hace y el Sennor Jacome Marenco, y mis demandas
     hallan en V. M.^d Este conoscimiento es el vltimo agradescimiento
     que puede prestar vn tronco tan intil como yo. Quanto a la paga de
     la pension no cansar a V. M.^d, pues lo escribo al Sennor de
     Villaroel. Beso  V. M.^d sus reales pies por las dos gracias de
     los dos breuetes que V. M.^d me ha echo; pero porque de ninguno
     dellos podr en muchos dias sacar soccorro presente, como lo son
     mis necesid. Supplico muy hulmilmente a V. M.^d y a su liberalidad
     natural me haga lo que pido, por esse placer, en cambio de la de
     los _euentes_, que ser para mi necesidad remedio y m.^d muy
     grande. Quanto a la vacante de M. de Meos, veo lo que V. M.^d se a
     dignado responder con tanto fauor, que por auer llegado otro antes,
     no ha hauido lugar. Pensar, seor, que yo podr nunca llegar a
     tiempo es donaire; siempre ser el postrero en auisos como en
     mritos, y assy suplico a V. M.^d mande a las personas por cuya
     mano passan estas prouisiones, que lo que de aqu adelante vacare
     de Abadas y beneficios ecclesisticos hasta la quantidad que V.
     M.^d me ha offrescido, se reserue para Anthonio Peres y para el
     complimiento que V. M.^d le tiene offrescido, porque de otra manera
     nunca llegar la hora en que yo la gose, y si el hauer pedido
     alguno a V. M.^d lo que agora ha vacado, antes que llegasse mi
     auiso, ha sido causa de que no me haya hecho V. M.^d la merced. Mas
     bastante podr parescer al que llegase primero en lo que adelante
     vacare, el hauerlo prometido V. M.^d, pues excede el cumplimiento
     de palabra dada de vn tan gran Rey a qualquier demanda, y ms dada
     a un peregrino que ha entregado a V. M.^d y a su seruicio su fe y
     libertad, prendas que en mi estado y fortuna suffren a cualquier
     consideracion y sentimiento, de las que escriuo al Seor de
     Villars. En fin, Seor, yo suplico a V. M.^d mande que no me den a
     my causa de darle pesadumbre por el cumplimiento de las mercedes
     que V. M.^d me ha hecho, que esto es lo que siento a par de muerte,
     y dexar de acudir  V. M.^d my Rey ya y Seor, seria dejarme morir,
     y offensa de desconfiana a V. M.^d, que es lo que ms offende a
     Dios y que offenderia a V. M.^d, que representa su lugar en tierra.
     Sieruo de V. M.^d--_Ant. Perez._

Esta carta no es original, sino copia sacada por amanuense italiano, al
parecer.

_Jacome Marenco_, caballero genovs, agente de negocios, amigo y
corresponsal de Antonio Prez,  cuyas gestiones debi, en parte, ser
nombrado luego cnsul de Francia en Gnova.

_Villarroel_: Nicols de Neufville, seor de Villeroy, consejero y
secretario de Estado de Enrique IV, como antes se ha dicho.

Bibl. Nac. de Pars, Fr., 3.652, fol. 35: en la Colec. Morel Fatio, nm.
VII. Presume estar escrita  mediados de 1597 por la alusin al Obispado
de Meaux que vac  principios de este ao y fu proveda en 13 de
julio.


XII.

     _Para hablar al Seor Condestable a... de noviembre 1597._

     _Lo que se dice que yo he escripto a Inglaterra de Paris_[325].

     Lo que se puede juzgar por otras cosas q. se han entendido, que yo
     comuniqu al seor Condestable, sin saber an de esto nada.

     Dexando lo del mdico de Ruan, y dexado quien le embi pagado para
     conturbar mi crdito (testigo su Mag.^d q. me di el auiso en Cusy,
     quando me vino por su gran Piedad y Humanidad a visitar).

     Vengo  un punto muy considerable: es a saber, lo q. vn ministro
     dixo a Virginio Ursino, segun l refiri, tratando de aquellos sus
     designios.

     Que eran grandes los officios q. se hacian con el Rey por Prncipes
     de fuera, para q. no se fiase de m; pero q. Su Mag.^d estaba ya
     desengaado.

     Pero la impression de todo esto se vee: En la sequedad: En el
     recato de my: En la diminucion de fauores: En el oluido del
     cumplimiento de las cosas offrescidas. No buelvo al primer fauor
     concedido, mas de en quanto fu el Primero, y dado para quiebra y
     nota. Lo del Consejo, dado de Su Mag.^d de su propio motu y
     election, sin demanda mia, q. no soy tan confiado q. tal pidiera.
     Honor q. no ha sido sino para nota y grillos. Y porque se vea la
     diminucion de que trato, Acurdese su Mag.^d del fauor q. me hizo
     en Consejo en Amiens, en presencia del Sr. Conde de San Pol y de
     Mosiur Le Grande, y de otros. Y que sobre esto se diga por alguno,
     y se vea, q. es Ttulo ad honores. No: que mi fortuna, por
     perseguida q. sea, my natural, los lugares q. yo he tenido acerca
     de Prncipes, los favores mismos q. su Mag.^d me ha hecho, me
     accusarian de hombre de poco, sy mi nimo se conhortase a biuir
     disminuido en ninguna parte, demas del riesgo y peligro nueuo en q.
     entraria mi vida sobre tal menoscabo.

     Pues en las mercedes prometidas: Bien se vee que da esto su parte
     de testimonio: Pues en las Abbadas y beneficios ecclesisticos que
     han vacado, y ddose a quien no ha lleuado el auiso, no ha habido
     memoria de my. A lo cual corresponde lo q. el otro dixo, q. no
     tenia q. esperar ms y q. aun mirasse cmo conseruaua lo que tenia.

     Que ansy, viniendo al punto presente de la calumnia, que escriuo a
     Inglaterra, digo y sup.^co al Seor Condestable q. me haga tanta
     merced de pedir a su Mag.^d Que mande aueriguar esto, y siendo
     falso, como lo es, hazer la demostracion q. es justa en mi
     satisfaccion; y darme licencia q. me retire de sus Reynos, y de
     Cortes de Prncipes, y de sus peligros y juicios, antes que me
     acaben la salud y vida. Offresciendo, como offrezco a su Mag.^d
     que, bien  mal tratado, mientras biuiere y donde quiera que
     biuiere, le mantern la fee y Amor a su nombre y corona, de muy
     fiel sieruo. Como debido al Amor q. su Mag.^d de su propio natural
     me ha mostrado siempre; y a la cierta creencia y confianca de mi
     nimo q. estos officios contra my, no son gratos a su Mag.^d, sino
     a la inuidia. No digan luego, como suelen algunos, que valo yo,
     para q. aya q. inuidiar en mi? Es muy gran verdad: Nada: Tay soy:
     yo lo conozco. Pero es destino de mi Fortuna la Persecucion: Bien
     se vee, pues en tales cosas me roen: Enemigo que se ha de vencer
     huyendo, y huyrle los q. tienen corta la vida, y la ventura, y las
     esperanzas.

                                                  _A. Pz._

     En fin, Seor: Pues la Malicia no me dexa gozar de la Presencia de
     su Mag.^d (q. tenia yo por mi elemento) con quietud: Que harto lo
     procuraua yo con biuir mudo y sordo y ciego. Pido a su Mag.^d lo q.
     le pido, porq. ya que no me dexan biuir de ac ni de all, me dexen
     morir a lo menos con sossiego. Consejo de necessidad, Pues tales
     officios no dizen otro, sino q. no me canse en buscar, ni esperar
     otra cosa.

                                                  _A. Pz._

     (En la cubierta.) Memoria al Sr. Gil de Mesa para hablar al Sr.
     Condestable.

Bibl. Nac. de Pars, Fr., 3.652, folios 14-15. Coleccin Morel Fatio,
nm. VIII. Supone que Mosiur Le Grand fuera el caballerizo mayor (Grand
cuyer) Roger de St. Lary, Duque de Bellegard. En la Colec. Ochoa hay
carta dirigida  _Monsieur el Grande_ (la 70 de la parte I), y tanto las
Memorias de Sully como las de Villerroy hablan de un Mr. _Le Grand_, por
cuya influencia otorg el Rey la mitra de Burdeos, que pretenda Antonio
Prez.

    [Nota 325: Est subrayado.]


XIII.

     Ex.^mo Seor. Perdone V. Ex.^a el atreuimiento del presente. Que si
     el mismo tuuiera sentido, de verguena no llegara a su presencia.
     Pues del seor Gil de Mesa, yo creo, que por lo mismo quisiera
     auer llevado puesta vna mscara. No por cubrir lo moreno, que aunq.
     su gesto, por su natural, y mi coraon por su mala fortuna son de
     vna misma color, Dios en lo moreno hall la Hermosura, q. le
     content.

     Y en l, y en my, por negros, y intiles q. nos pinten, hallar V.
     Ex.^a, y del Rey abaxo, quien nos prouare, la Hermosura verdadera:
     que es mucha Fidelidad, y Amor. Diga la Malicia lo q. quisiere.

     Pero porq. yo estoy resuelto de no biuir subjecto a dichos ni
     hechos de nadie, ny a mudanas de extremo a extremo, ny perder mi
     libertad, q. es lo que solo me ha quedado. Pido  V. Ex.^a q. me
     procure resolucion presta. Que resuelto estoy de no consentir ms
     q. me acaben la vida en tal vida, que se me va consumiendo a vista
     de ojos, intilmente para su Mag.^d y para my. Antes mendigo de
     puerta en puerta. Assy lo diga V. Ex.^a al Rey; yo se lo supp.^co.

     Ex.^mo Sr. muy Humilde seruy.^or de V. Ex.^a--_Ant. Perez_.

     A 29 de noui.^e 1597.

     (En la cubierta) Al Ex.^mo seor El Condestable de Francia, mi
     seor.--En su mano.

Bibl. Nac. de Pars, Fr., 3.652, fol. 101. Coleccin Morel Fatio, nm.
IX.


XIV.

        Ex.^mo seor.

     El S.^r Gil de Mesa dir a V. Ex.^a las diligencias q. se han hecho
     para saber de aquella hacienda, y lo q. hasta agora se ha podido
     saber. El mismo supplicar a V. Ex.^a en su nombre y mio por su
     fauor para q. el S.^r Jacome Marenco sea despachado, que por estar
     malo de la gota no va en persona, y por boluer a su casa dessea
     resolucion de lo q. Su Mag.^d es seruido, y por auer venido por
     mandado de su Mag.^d seria justo q. buelua satisfecho, ya q. no ha
     quedado por l, el fructo de los seruicios q. ha offrescido a su
     Mag.^d

     De V. Ex.^a Muy humilde, y obligado Serui.^or--_Ant. Perez_.

     (Sobrescrito.) Al Ex.^mo S.^r El Condestable mi S.^r

Bibl. Nac. de Pars, Fr., 3.652, fol. 108. Coleccin Morel Fatio, nm.
LII.


XV.

        Sire.

     Antonio Perez dize, que el fauor que V. Mag.^d le ha hecho en esta
     occasion presente es en tal grado, q. casi le yguala la
     indignacion, q. el enojo ha descuuierto contra l agora de nueuo,
     tan fresco como el primer dia. Que porque seria hacer grande
     offensa a la Piedad de V. Mag.^d, q. se diga q. nada le iguala,
     habla desta manera: Sy no es necessario q. assy sea, para q. ella
     se descubra en su ygual contrario.

     Dize mas, Que siente muy en el alma q. en tiempo en q. se habia de
     ocupar todo en dar muestra a V. Mag.^d del reconoscimiento de tanto
     fauor (q. todo lo q. el vale no podria seruir sino de una pequea
     centella de su agradescimiento) se ocupe en suplicar por mas y mas
     mercedes. Pero q. presupuesto q. la clemencia de V. Mag.^d ha
     descubierto tanto rigor, q. se puede muy bien juzgar q. su vida y
     persona quedan en mayor riesgo y peligro q. jamas tras esta prueua
     por la nota, y encuentro que reciue el Rigor de la Piedad, le es
     forzoso sup.^car a V. Mag.^d que llegue al cabo el negocio en esta
     coyuntura. Porque passada sin auer conseguido effecto ser mas
     cierta y presta su perdicion.

     Y que demas desto se sepa desde luego la resolucion que V. Mag.^d
     ser seruido tomar en la seguridad de su vida y en el estado que su
     persona ha de tener, visto este desengao (Estado muy differente q.
     el pasado) para q. el Enojo se temple, siendo por las
     demostraciones del fauor de V. Mag.^d en lo que estimar mi
     perdicion.

     Mucho pido a ojos de quien mirare lo poco q. valgo; pero no a los
     de quien considerare las prendas que V. Mag.^d ha metido ya, y q.
     ya es llegada la hora de affirmar de assiento en el seruicio de V.
     Mag.^d o retirarme a un rincon a morir mi muerte natural (caudal
     ltimo que me queda que escapar de la Persecucion) lexos del
     commercio y trato del Enojo q. me persigue. Bastante y patente
     causa para que Ant. Perez sea disculpado de llegar a esto.

     A 18 de junio 1598.

                                                  _Ant. Perez._

     (En la cubierta.) Antonio Perez, y rbrica.

Bibl. Nac. de Pars, Fr., 3.652, fol. 9. Coleccin Morel Fatio, nm. X.


XVI.

        Ex.^mo Sr.

     En las perdidas tan grandes, y tan lastimosas, como la que V. Ex.^a
     ha hecho, no han de acudir Los que mucho aman, y deuen con otra
     consolacion, sino con ayudar a sentirlas, y llorarlas.

     A esto huuiera yo ydo sino huuiera sabido del sentimiento de V.
     Ex.^a ser tan grande, que excede a la obligacion q. tiene a no
     macerarse de manera, q. ponga en aventura su salud, y vida. Vida de
     tanta importancia para la criana de essos Angeles, para darles
     compaeros, porq. no dependa de tan pocos pinpollos la posteridad
     de tal renombre: para el bien pblico, para el beneficio de sus
     seruidores. Consideraciones todas, q. no pueden dexar de vencer a
     tan justo dolor sin offensas de Dios.

     Embio a V. Ex.^a esse libro de mis prisiones q. ha salido agora. En
     esta occasion le embio, como el msico, q. canta canciones al
     propsito del estado, y humor del oyente.

     Ex.^mo Sr. De V. Ex.^a muy humilde serui.^or--_Ant. Perez._

     (En la cubierta.) Al Ex.^mo Sr. Condestable de Francia, mi Sr.


XVII.

        Ill.^e Sr.

     Supp.^co a V. m. d essa carta, y libro al S.^r Condestable en la
     occasion que le paresciere mas a propsito, certificndole, que no
     ay en Francia persona a quien yo ceda en sentimiento, y dolor de
     sus dolores, y prdidas. Esta es verdad del Alma, y yo no he ydo en
     persona a hazer este officio por no embaraar ay en tal tristeza. Y
     pienso q. su Ex.^a no atribuir a otra causa el no auer acudido con
     mis lgrimas.

     A V. m. le tern vn libro para quando en buen hora venga por ac,
     en demostracion de mi amor, y por lo q. veo q. ama la lengua
     espaola.

     Serui.^or de V. m.--_Ant. Perez._

     (Sobrescrito.) Al Ill.^e S.^r el S.^r Maridat, Secret.^o del
     Condestable de Francia.

Estas dos cartas XVI y XVII aluden  la muerte de la mujer del
Condestable Montmorency, que ocurri repentinamente el ao 1598. Sally
trata del suceso en el captulo XCI de sus Memorias  _Royales
Oeconomies_, y de lo mucho que daban que hablar las circunstancias. El
vulgo supona que el diablo se haba llevado  esta seora, aventajada
discpula suya en las artes mgicas. Dej dos hijas: los ngeles _con
tan pocos pimpollos_ de la carta.

El libro de las prisiones _que ha salido agora_, ha de ser el de la
edicin hecha en Pars con el ttulo de _Aphorismos de las Relaciones de
Antonio Prez, Monstruum Fortun_, que tiene en la portada vieta de la
divisa del laberinto cerrado, y el Minotauro, en 8. menor, sin ao,
pero con dedicatoria al Rey Enrique IV, fecha en Pars  24 de
septiembre de 1598. Contiene el volumen las _Relaciones_ y _Memoriales_,
algunas cartas, y los dichos aforismos.

Hay otra edicin, hecha despus de su muerte, en que est cambiado el
orden de las piezas correspondientes del libro. La portada reza _Retrato
al vivo del natvral de la fortvna de Ant. Perez, Fama meliore, quam
Fortuna_. Vieta (una prisin subterrnea llena de grillos, cadenas,
candados). _En Rhodanvsia.  costa de Ambrosio Trauersanis_, MDCXXV, 8.

Ambas cartas XVI y XVII se hallan en la Coleccin Ochoa, pg. 481,
nmeros 79 y 80, corregidas de estilo; en la Colec. Morel Fatio con los
nmeros XI y XII, anotando en la primera que Louise de Budos, segunda
mujer del Condestable, falleci en Chantilly el 26 de septiembre de
1598. Las cartas originales se hallan en el referido volumen de la Bibl.
Nac., Fr., 3.652, folios 20 y 131.


XVIII.

        Ex.^mo Sr.

     V. Ex.^a es testigo de los meses que ha q. le di parte de lo q.
     contiene esse Memorial, y Mos de Frene lo es q. se la di de todo
     aquello. Desde que estoy en Francia, con auer tenido de su Mag.^d
     muchas promessas de favores y mds. y sobre todas ellas las prendas
     por escripto que V. Ex.^a sabe, firmadas en Ruan de Mos de
     Villaroel por mandado de su Mag.^d y con firma de V. Ex.^a ninguna
     cosa se me ha cumplido, ni ningun ao ha passado en q. aya crescido
     mi Fortuna vn dedo (cosa S.^r de gran consideracion  qualquier
     juizio humano), sino mengvado de dia en dia. Por el seruicio desse
     Rey, a quien amo, padescer mucho mas q. esto, pero no
     interueniendo este, no quiero morir, q. no les queda a mis hijos ni
     a mi esperana en Dios sino la vida, para ver mas de lo q. he
     visto. Sup.^co a V. Ex.^a pida a Su Mag.^d me mande responder con
     breuedad a esse papel, y q. por su gran Piedad, y por la q. se deve
     a Peregrinos no permita que me sea differida la respuesta.

     De V. Ex.^a sieruo.--_Ant. Perez._

     (Sobrescrito.) Mem.^al a Su M.^d y al Sr. Condestable.

Bibl. Nac. de Pars, Fr., 3.652, fol. 68. Coleccin Morel Fatio, nm.
XLVIII.


XIX.

     Syre.--Ant. Perez dize, que los dias passados di quenta a V.
     Mag.^d de los auisos que tenia de Espaa, y muchos antes la auia
     dado al Sr. Condestable, con lo demas que aquy dir. Que
     apretndole cada dia mas las quexas de los suyos, y los disfauores
     y desconsuelos de aqu, sin ser de ningun seruicio a V. Mag.^d, le
     es forzoso llegar a estos ltimos tranzes, por no acabar la vida
     en este estado.

     Dize pues que lo que los suyos le escriven, son muchas quexas de su
     mujer y hijos, _como su Mag. mismo lo ha tenido por auiso_, de su
     oluido dellos; de lo poco que veen de seal del fauor que tanto les
     he auisado y encarescido de su Mg.^d Christi.^ma

     Dicen demas, Que siendo esto quanto a esta parte los deuo auer
     engaado en lo demas _de fauores y mercedes prometidas_, pues si
     tal fuera verdad, y mas por capitulacion y decretos tan en forma
     como los he auisado, era imposible, que sino por mi, por la
     auctoridad del mismo prncipe, no se hubieran cumplido en tantos
     aos, siquiera por el exemplo y consequencia. Que en promesas de
     Prncipes, es de consideracion grande, fuera de lo que toca a su
     honrra escusar el escarmiento y desengao de otros. Pero que
     auiendo dexado _llegar las cosas a tal punto sin hallarme prendado,
     dizen_ este es el remate en que vienen a parar madre y hijos.
     Dizen, digo, no menos sino que no espere jamas ver ny muger ni
     hijos en Francia: Que aun para escreuirme mi muger pedia licencia,
     y aun no la tenia. Y que assy sobreste fundamento me resuelua syno
     quiero verlos ny gozarlos, ni que me vean de sus ojos, que me
     resuelua dizen, a que no me tengan ny por marido ny por padre, ny
     por honbre de entraas humanas ni agradescidas a lo que han
     padescido por mi, y a que digan que el Ayre de Francia, y la dulce
     Francia, como all suelen dezir, me han hechizado, como a Ulixes
     la otra Circe. Que si esto no es, y los amo, que salga de aqu para
     hacer la prueua de sy est en esto el encanto y misterio de vernos
     juntos, posponiendo no solo esperanzas passadas, pero effectos
     presentes y bienes de Fortuna, a la ley y obligacion natural, y que
     por el pan de la boca no los dexe hijos de Francs, si me tomare la
     muerte en vltima ruyna suya, por las mismas leyes del Reyno.

     Que esto passa: Que agora dir yo a su Mag.^d lo que se me
     offresce; a que sup.^co me de el oydo attencto; para que mi demanda
     y justas consideraciones hallen lugar en el nimo de su Mag.^d y
     ceuen en la Piedad natural.

     Que digo, Syre, que mi amor a su persona Real y seruicio es todo el
     que debo  la obligacion del amparo y seguro que he tenido debaxo
     de su protection, Que siempre le he deseado seruir, a lo menos
     valer para ello. Que por inutil no ha podido passar de desseo mi
     agradescimiento. Y que pues aqy biuo inutil para su Mag.^d y este
     estado en que me hallo es de tanto dao para mis hijos tomndome en
     l la muerte, y con los disfauores y desconsuelos que padezco me
     podr durar poco la vida, y a padres y a hijos no les queda sino mi
     vida para ver el fin de mi Fortuna. Me es fuerza de llegar a
     sup.^car a su Mag.^d como le sup.^co muy humildemente, _me de
     licencia para irme a alguna cibdad neutral adonde prouar si est en
     esto el effecto de verme junto con mi muger y hijos_.

     Que si su Mag.^d quisiere que yo vaya y est adonde pienso hazer la
     prueua que digo, debaxo de su protection y nombre, presto estoy a
     obedescer y a darle satisfaccion, assy en esto como en el disponer
     despues de mi persona, precediendo entonces para ello las prendas y
     demonstraciones q. meresce tal ofrescimiento y las que merescer el
     cumplimiento del.--_Ant. Perez._

Bibl. Nac. de Pars, Fr., 3.652, fols. 6 y 7. Coleccin Morel Fatio,
nm. XIII.--Supone ste que la carta fu escrita despus de firmada la
paz de Vervins (quedando defraudadas las esperanzas de Prez) y antes de
poner en libertad  su mujer, lo que ocurri  principios de abril de
1599.


XX.

        Ill.^e Sr.

     El Sr. Condestable mand al Sr. Gil de Mesa, que embissemos a V.
     m. al Perfumador Portugus. Llmase Manuel Mendez: es muy Honrrado
     y singular en su arte. Si el S.^r Condestable le quisiere ver, y q.
     le bese las manos, V. m. me haga md. de presentrsele, y darnos El
     despacho de criado de su Ex.^a

     Pluguiesse a dios yo supiera alguna arte para tener luego ttulo de
     su tal artfice. Pero soy tan inbil, q. no se ninguna Arte, sino
     amar, pero en esto pienso q. soy singular, y assy me quedar lugar
     en essa casa y ttulo de sieruo de su Ex.^a y de enamorado de Tal
     Seor, y de tan singular trato en fauorescer los q. se le
     encomiendan.

     Seru.^or de V. m.--_Ant. Perez._

     (De letra ajena.) Maridat, Mars 1599.

Bibl. Nac. de Pars, Fr., 3.652, fol. 117. Coleccin Morel Fatio, nm.
XIV.


XXI.

        Ill.^e S.^r

     Diga V. m. a mi S.^r Condestable, q. acabo de tener cartas con
     auiso de Seuilla de xxiiij del passado, q. dizen, que los
     flamencos fortifican en la Gran Canaria: (assy lo dixo ayer El
     prncipe de Oranges).

     Iten q. auian compustose con las villas de mas de las islas a 10
     mill y a 12 mill y a 20 mill escudos por villa porq. no las
     saqueasen, q. El saco de la Canaria mayor valdria 300 mill escudos.

     Q. El Adelantado estaua En Cadiz con 40 galeras y 40 Galeones, y
     otro nmero de nauos menores, y q. partia con todo a las Islas de
     Canaria, pero q. a primero de Agosto no eran partidas. De suerte
     que no deue de ser verdad auer venido a Estos mares, sino
     dissimulacion, para desmentir la yda a las Islas, el pedir puerto,
     y vituallas en los puertos de Francia.

     Io q. tengo auiso a quien deuo por mi Seor, Cuyo soy sieruo, y de
     V. m. Serui.^or--_Ant. Perez._

     A la tarde yr a besar las manos de su Ex.^a por quedar consolado
     con su bendicion en su absencia.

     (Sobrescrito.) Al Ill.^e S.^r mi S.^r Maridat, Secret.^o del Ex.^mo
     Condestable.

Trata de la expedicin que hizo  Canarias el General holands Peter
Vander Does con 71 naves y 8.000 hombres, ao 1599. Aunque efectivamente
saquearon en algunas de las islas, embarcando hasta las campanas, no
alcanz la ganancia  costear la jornada, ni el dao que hicieron 
compensar las prdidas propias. Murieron de enfermedad el General, todos
los capitanes, menos dos, y las tres cuartas partes de la gente; de modo
que  duras penas volvieron los bajeles  Holanda. As lo cuenta Palma
Cayet.

_El Adelantado_: D. Martn de Padilla, Conde de Santa Gadea, Capitn
general del mar Ocano.

Bibl. Nac. de Pars, Fr., 3.652, fol. 119. Coleccin Morel Fatio, nm.
XV.


XXII.

     Ex.^mo Sr.--Por amor de Dios q. V. Ex.^a me perdone. Mas pido, q.
     no diga a nadie mi atreuimiento, q. el es tal q. V. Ex.^a le deue
     callar por su auctoridad.--Es S.^r q. yo veo q. nunca trae V. Ex.^a
     guantes de ambar, sino de los delgadillos de cabrito.--Prueue V.
     Ex.^a le supp.^co Essos, que yo hago aderezar a _mi modo
     antiguo_[326], que tienen no se q. de Hidalgo, y con ser limpios
     conseruan bien las manos, y manos q. se emplean en El bien pblico,
     y en el de los q. se le encomiendan con tanta entereza, y limpieza,
     deuen ser estimadas, y conseruadas por muchos aos de vida.

     Assy sea amen, amen.

     De V. Ex.^a sieruo.--_Ant. Perez._

     (En la cubierta) Al Ex.^mo S. El Condestable de Francia mi Seor.
     Octubre 1599.

Los guantes de piel de perro adobados con mbar, de fabricacin
espaola, deban de ser por entonces artculo muy estimado: Antonio
Prez los ofreca con encarecimiento, lo mismo en Inglaterra que en
Francia,  los ms altos personajes, como don estimable, y chase de ver
cunto lo era por la carta 145, parte II de la Coleccin Ochoa, en que
avisa  su mujer el envo de dos docenas desde Pars, con encargo de
distribuirlos, diciendo: que aunque pareciera cosa rara enviar de
Francia  Espaa guantes, lo haca por haberlos fabricado bajo su
direccin un guantero llamado Alexandre, tan acreditado ya, que era
menester entrarle pidiendo _guantes de Antonio Prez_. En otra carta
habla de los ensayos que hizo primeramente para el adobo en mbar de las
pieles de perro, cuyas primicias dedic al Condestable. Introdujo, pues,
en Francia una nueva industria que era especial de nuestra Pennsula.

Bibl. Nac. de Pars, Fr., 3.652, fol. 99. Coleccin Morel Fatio, nm.
XVI.

    [Nota 326: Subrayado en la carta, y al margen de la frase dice:
    _Fuera vanidad, q. soy espaol_.]


XXIII.

        [cruz] Ex.^mo S.^r

     A tanta merced, a tantas muestras de la gracia en q. biuo de V.
     Ex.^a, que quiere que diga? Enmudecer, y dar de aquellas voces,
     que los mudos dan con aquella ansia de no poderse explicar. Que
     quiere V. Ex.^a que haga? A V. Ex.^a acudir, q. me redima desta
     obligacion. Pero no Seor. Que es para m dulce seruidumbre. En
     essa quiero biuir, y morir captiuo. Dir pues q. V. Excelencia
     llueue todos essos fauores en possession suya, y q. es posseedor
     por derecho suyo, y justo de esta alma, y persona.

     Seor, veo el fin q. han tenido todos aquellos conciertos; El que
     suelen tener conciertos humanos. Adonde vaya a dar todo esto, no es
     tan fcil de juzgar, como de temer. Plegue a dios no sean las
     cabeas de Hydra, q. de vna que se piensa cortar salgan siete.

     Sup.^co a V. Ex.^a que entre estas y estas attienda a conseruar su
     salud por el bien pblico y particular. Que los Reyes no la pueden
     dar, aunque la puedan quitar con diffauores, jurisdiction que
     tienen en nimos pequeos: que los grandes estmagos dixeren veneno
     como vianda ordinaria. Tambien sup.^co por la vianda de mi vida,
     por alguna respiracion de su memoria de quando en quando. Que la
     respiracion de los absentes es la memoria de los q. aman.

     A 16 de Ag.^o

     Sieruo de V. Ex.^a muy humilde.--_Ant. Perez._

     (Sobrescrito.) Al Ex.^mo S.^r El Condestable de Francia mi seor,
     1600.

Publicada en la Colec. Ochoa, pg. 495, con variantes y fecha 10 de
noviembre de 1601.

La original, Bibl. Nac. de Pars, Fr., 3.652, folio 151. Colec. Morel
Fatio, nm. XVII.


XXIV.

        Ill.^e S.^r

     No se me canse V. m. con mis importunidades. Fuy ayer a ver la
     presencia del Sr. Condestable, no le hall; boluime, porq. ando con
     vn desconcierto de estmago. Por el mismo no voy hoy. Maana, aunq.
     no quiera mi salud yr por biuir, y hoy tambien me tienen mis
     amigos occupado, que me han venido a ver. No quiero respuesta, sino
     que V. m. me ame y tenga por su serui.^or--_Ant. Perez._

     (De mano ajena.) Maridat, Dc. 1601.

Bibl. Nac. de Pars, Fr., 3.652, fol. 129. Coleccin Morel Fatio, nm.
XIX.


XXV.

     Ilustre Sr.--Como ya soy Inutil para tratar en amores propios,
     trato de los agenos, q. sin vnos, o otros no se biuir, como las
     Putas, q. cuando no son de prouecho para sy, se hazen alcaguetas de
     otras, por vltimo entretenimiento.

     Esta es la caussa porq. embio a V. m. essa carta, para q. se la lea
     al Sr. Condestable muy a solas, q. es del q. V. m. ver escripta
     sobre aquel fracaso de amores de Bearne con aquella dama, de los
     quales amores yo hazia memoria anoche a su Ex.^a, como inutil que
     no tiene q. tratar de cosas de mas substancia. Pero grandeza es de
     Grandes Seores entre perros de caa, sustentar otros intiles,
     cual yo, pero Perro en la fidelidad, y aun en los colmillos, para
     morder en serui.^o de su seor.

     De V. m.--_Ant. Perez._

     (En la cubierta.) Al Ill.^e Sr. de Maridat, Primer Secretario del
     Condestable de Francia, Dc. 1601.

Bibl. Nac. de Pars, Fr., 3.652, fol. 123. Tal carta no acredita en
ninguno de los conceptos la delicadeza del que la escriba, y, sin
embargo, el ms grosero de ellos est repetido en las que di al
pblico. De la Coleccin Ochoa, la 122, parte II, dirigida _A un
ministro del Rey, de los supremos_, dice: Ya que no tengo colmillos, me
entretengo en asegurar el gusto de mi amigo; paradero de malas mujeres,
dar en alcahuetas cuando mas no pueden.

La 98, parte II, _A un gentil hombre amigo_, anuncia: Vino Madama...
Con la ocasion (que vale mucho no perderlas) pude entrar por la rotura
del guante. No mas: hola, tiento; que ya se iba a arrojar la malicia a
su centro; que no hay ocasion, por segura que parezca para el mas, que
no sea peligrosa; y no quiero mas pleitos por princesas. Convida a
nuestra seora a comer maana: en su nombre se lo escribo.

Otra, la 14, parte II, _A un gentil hombre veneciano_, expresa:

Suplico  V. Sria. se esfuerce a estar bueno para maana, que le ir a
tomar en el coche, y pues V. Sria. me ha hecho alcahuete de su negocio,
sufra que lo sea del gusto de nuestro amigo, que debe querer regalarnos
en su casa, adonde entiendo que concurren algunas damas  lo mismo; a lo
menos nos llevaremos la recreacion de la vista y sacaremos la boca dulce
de las salutaciones desta tierra, que si en Italia y en Espaa saludan
con, _beso las manos_, de palabra, ac con beso la boca, de obra; y
V. Sria. sentir _qui vir sies_, y yo quiz me menear en el sepulcro
deste ruin pellejo, donde vivo sepultado, y por ruin que es, y la
fortuna mia, no queria salir dl tan presto. De paso dir  V. Sria. lo
que se me ha ofrescido a la consideracion, de la causa de este modo de
salutaciones, y porque no se use entre los nuestros; y no hallo otras,
sino que la frialdad destas provincias ha menester mas fuego que el
ordinario para moverse, y que el calor de mi tierra y otras tales no lo
sufriria; antes seria ocasion de mil incendios y desconciertos; a lo
menos, de que a pocas salutaciones se hallasen las damas sin labios,
como el perro de Alcibiades, y sin lengua los hombres, en venganza.

Tambin repite en otras cartas los sustantivos que hoy parecen mal
sonantes; al referir _A un Consejero de Estado_ el cuento de la dama de
Toledo (parte II, cartas 156 y 157), pone: Lleg con ella hasta la
puerta del jardin y despidiola con la puta vieja de la madre, que en
todo este tiempo no hizo otro oficio que de estatua  sombra de pintura
de aquellas de Ticiano. Pero la frase estaba, no slo admitida por
entonces, sino tenida por graciosa: dganlo los _Dilogos de Villalobos_
y _El Quijote_. Respecto de la otra, bastar recordar el _Enigma del
guarda-infante,  sea del alcahuete en la Academia burlesca del Buen
Retiro_.


XXVI.

        [cruz] Ill.^e S.^r

     Esta maana fuy a ver al mi S.^r El Condestable, no le pude hablar.
     Sup.^co a V. m. me lo haga de saber si al leuantar a la maana ser
     buen hora, porq. tengo vn pecadillo q. confessarle, que confessores
     ay del Coraon, como del Alma. Y no voy esta noche por no
     acostumbrar a tan ordinario regalo a mi estmago.

     De V. m.--_Ant. Perez._

     (Sobrescrito.) Al Ill.^e S.^r mi S.^r Maridat.

Bibl. Nac. de Pars, Fr., 3.652, fol. 146. Coleccin Morel Fatio, nm.
LVII.


XXVII.

        [cruz] Ill.^e S.^r

     Suplico a V. m. me auise si es verdad q. se va hoy El S.^r
     Condestable, porq. me lo han dicho, y yo por mi catarro no he ydo
     estos dias a besarle las manos. Tambien supp.^co a V. m. en mi
     nombre pida a su Ex.^a vna gracia. Que pida de veras a Madama de
     Angulema q.^e despache con todo fauor al aduogado M.^r Guidemeau,
     q. me importa q. conozca q. le vale algo mi medio.

     De V. m. muy seru.^or--_Ant. Perez._

     A Mosieur.--Mosieur Maridat.

Bibl. Nac. de Pars, Fr., 3.652, fol. 144. Coleccin Morel Fatio, nm.
LV.


XXVIII.

     Exmo. Sr.--No escriuia yo a V. Ex.^a para obligarle a respuesta, q.
     bien me conozco, sino para consolarme, y regalarme, de que biuo
     bien necesitado, y mas en absencia de V. Ex.^a--Del amigo Lercazo
     he tenido auiso, aunq. viejo, pero aquella dama mia le queria oyr
     muy gratamente, de manera q. hallo memoria en absentes, y V.
     Excelencia no se escandalizar q. yo tenga alguna metresa, q. de la
     vida passada me qued no saber biuir sin alguna.

     A la vista lo demas.

     De V. Ex.^a Sieruo.--_Ant. Perez._

     (En la cubierta.) Al Ex.^mo S. mi S.^r El Condestable.

Bibl. Nac. de Pars, Fr., 3.652, fol. 97. Coleccin Morel Fatio, nm.
LI.

Aun  los vicios extendi la vanidad _el Peregrino_, aludiendo
frecuentemente  los favores que tena recibidos  reciba de las damas.
En las cartas con tanta fruicin preparadas para la imprenta, no senta
empacho repitiendo, como en la presente, que ha hecho vida licenciosa.
_Nunca me mir dama dos veces que no la siguiera y buscase_, dice 
M. Gondi (Colec. Ochoa, parte I, carta 102), y con el pie en la sepultura,
rayando en los setenta aos, escribe todava (idem, parte II, carta
122): Doa Juana (su esposa) me ha enviado dos manguitos de ambar,
encarescindome ser de lo muy lindo, y adobados en su presencia.
Enviamelos con condicion que yo use del uno en estos frios de Francia, y
que el otro no le d  dama del cuerpo, _temindose que aun me dura mi
mala costumbre_.

Una dama y un Rey me lastimaron y perdieron explica  una seora
(idem, parte I, carta 69), hiriendo  la Princesa de Eboli no menos
claramente que en la declaracin de vivir en Pars al lado del hotel de
Mendoza, _sin haber buscado tal posada por la vecindad del nombre_
(idem, parte I, carta 138),  en la ya citada (parte II, 98), _no quiero
ms pleitos por Princesas_.


XXIX.

        [cruz] Ill.^e S.^r

     Sea la buelta del mi S.^r El Condestable muy en buen hora. No voy
     al punto a besarle las manos, porq. me tiene trauado vna Tos de vn
     catarro terrible, y hoy hago vna medicina contra l. Entretanto
     presenteme en Spru V. m.  su Ex.^a (cuyo medio me es gratismo). Y
     assy aado aquy, que sup.^co a V. m. q. guarde, y de su mano me d
     aquella carta q. le embi de los amores de Bearne, sin q. nadie,
     sepa della[327]. Digo ni mi mano yzquierda, q. la derecha la embio;
     y Huelgo algunas vezes, _q. la vna no sepa lo q. la otra
     haze_[328], como dize nro. prouerbio. Sabe V. m. la causa? sino, yo
     se la dir, porque cada mano cae a su lado, y no sabe la vna, quin
     est al lado de la otra.

     No se ria V. m. de mis deuaneos de viejo, y diga al S.^r
     Condestable, q. si le paresciere q. caduco, q. me perdone su
     Prudencia.

     Muy serui.^or de V. m.--_Ant. Perez._

     (Sobrescrito.) A Mosieur.--Mosieur Maridat--En su mano.

     (De otra letra.) Decemb. 1601.

Bibl. Nac. de Pars, Fr., 3.652, fol. 138. Coleccin Morel Fatio, nm.
XXI. Vase la carta anterior nm. XXV.

    [Nota 327: (Al margen) Y aunq. si para gusto fuere menester all, la
    dexar.]

    [Nota 328: Subrayado.]


XXX.

        Illt.^e S.^r

     Sup.^co a V. m. presente mi humilde reuerencia al seor
     Condestable, y le diga, que con su absencia se me va secando el
     alma, y q. si mucho tarda podr dezir lo de Job, _simane me
     qusierit, non subsistam_. Que Roni me trata mal, q. el Rey manda
     q. no me mude mi pension, q. Roni no quiere. Que no entiendo y si
     lo entiendo. Que si me faltare el pan buscar un amo aquien seruir
     en Francia. Q. esta licencia no me la negar el Rey. Y con esto no
     creo que me faltar alguno q. me reciba por criado, aunq. intil,
     q. a fee que si agora le tuuiera, que yo le tomara.

     Mas le diga V. m. q. diera por su oydo por vn quarto de hora para
     mi consuelo, vna gran cosa y para algo q. reyr. Que lo guardar
     para la vista, que viandas ay q. fiambres se comen, y se conseruan
     con la pimienta. Esta la tiene.

     V. m. me ame como a consieruo y a serui.^or Suyo.--_Ant. Perez._

     A x de Maro.

     (Sobrescrito.) Al Ill.^e S.^r mi S.^r Mos de Maridat, Primer
     Secretario del Condestable de Francia. (Len.)

     Esta tenia escripta y despues he querido regalarme con mi S.^r

Bibl. Nac. de Pars, Fr., 3.652, fol. 121. Coleccin Morel Fatio, nm.
LIV.


XXXI.

        [cruz] Ill.^e S.^r

     Diga V. m. al mi S.^r el Condestable, q. soy espa de sus venidas,
     y q. assy he sabido q. venia a comer aquy.

     Lo q. ay de nuevo en su absencia, es, que anoche tuue cartas de
     auisos de Flandes, q. dizen que espera el Archiduq.^e q. le
     embiaran 12 galeras y 4 mill soldados, con dos mill forzados para
     ellas.

     Aade vna cosa el auiso, q. tambien 14 mill hombres, y El duq.^e de
     Parma por Capitan General. Por esto lo auiso principalmente, Porq.
     si esto fuesse verdad creeria algo de passada en Italia del Rey de
     Espaa.

     Otros pecadillos y auisos tengo, q. dir yo a boca a Su Ex.^a, q.
     por de poca substancia no cargo este papel.

     He ay las 3 cartas.

     Muy serui.^or de V. m.--_Ant. Perez._

     Y no creo que se aur oluidado V. m. de decir el quento del duque
     de Sessa, de quan alto tienen las damas de Palacio aquel negocio.

     (En el sobrescrito, de mano ajena.) Maridat, Febvrier 1602.

Bibl. Nac. de Pars, Fr., 3.652, fol. 133. El cuento del Duque de Sessa
est referido en la Coleccin Ochoa, carta dirigida  Francisco Lercano,
parte II, nm. 48. Colec. Morel Fatio, nmero XXII.


XXXII.

        Ex.^mo Sr.

     Acabando de cenar me di un lacayo de V. Ex.^a su despacho, y aur
     de tornar a comenar esta carta, pues no supe de la primera vez.
     Digo, pues, que acabndome con no cenar, ni comer, porq. no me
     sustenta este pan material, me lleg la carta de V. Ex.^a, q.^e es
     mi pan del alma, y del cuerpo por el consiguiente. De suerte q. V.
     Ex.^a me sustenta absente, como presente. El no responderme V.
     Ex.^a a lo de Mos de Bullon, sobre q. escriu a Mos de Maridat, me
     es respuesta, porq. entiendo q. callando me otorga V. Ex.^a su
     fauor, y obrando me responde.

     De V. Ex.^a sieruo.--_Ant. Perez._

     Sr., escruenme de Ruan, q. el Adelantado de Castilla muri
     sbitamente en el puerto de Sta. Mara. Poco tiempo para cuentos
     largos.

     (En el sobrescrito.) Al Condestable de Francia, mi S.

Bibl. Nac. de Pars, Fr., 3.652, fol. 61. Ocupado durante el da, y de
bien temprano, en visitas y pretensiones, dedicaba parte de la noche 
los trabajos literarios: dcelo con retrucano en otra carta (la 80,
parte II, Colec. Ochoa), escribiendo  Manuel Don Lope que sus horas
para escribir disparates  los amigos son las de sobrecena: La causa,
porque como no cmo cuando cmo, sino cuando cmo de la vianda del
alma, que es tratar con los amigos, hcenme hasto todas las demas
viandas.

Colec. Morel Fatio, nm. XXIII. Anota que _Mos de Bullon_ hace
referencia  Henri de la Tour, Vizconde de Turenne, Duque de Bouillon,
despus de la muerte de su mujer, Carlota de la Marck.

_Muri sbitamente el Adelantado de Castilla._ Muri en el Puerto de
Santa Mara el 20 de mayo de 1602. Segn Garma, _Teatro universal de
Espaa_, tomo IV, pg. 73, le sobrevino un accidente, sin preceder otra
indisposicin. Mandronle sangrar los mdicos, y con la sangra se qued
muerto. Cabrera de Crdova noticia tambin la muerte en las
_Relaciones_, pg. 143.


XXXIII.

        Ill.^e S.^r

     Aunq. no parezco por all 3 das ha (tres mill me parescen a m),
     biuo, pero con vn catarro tal, q. no me dexa salir de la cmara.
     Sup.^co a V. m. lo diga al S.^r nro. El Condestable, porq. no
     piense q. soy muerto, q. de otra manera no faltara mi fee a su
     serui.^o y amor.

     De V. m.--_Ant. Perez._

     (Sobrescrito.) A Mos.^r-Mosieur Maridat.

     Octobre 1602.

Bibl. Nac. de Pars, Fr., 3.652, fol. 140. Coleccin Morel Fatio, nm.
XXIV.


XXXIV.

        Ex.^mo Sr.

     Ay va el Papel, q. papel blanco valdria mas mio, q. escripto,
     porque mi pluma no sabe dezir sino disparates.

     Los cueros de perro van tambien, y mire V. Ex.^a que es medicina
     fiel, porq. es de Perro, y el Perro es la Hyeroglfica de la
     fidelidad, de que biue stril el syglo: y por esso se ha de estimar
     El Perro serui.^or q. se topare.

     Perro de V. Ex.^a--_A. Perez._

     Febvrier 1603.

Bibl. Nac. de Pars, Fr., 3.652, fol. 94. Abusaba Antonio Prez del
smil del perro, que sin duda le haba cado en gracia. Tan repetida
como en estas cartas ntimas se ve la _hieroglfica_ de la fidelidad en
las impresas de la Colec. Ochoa, suscribindose _perro desollado_ de my
lady Rich (parte I, carta 22); _perro y servidor_ de Mad Knolles (parte
I, carta 24); _perro y peregrino, pero perro peregrino en la fidelidad_
de M. de Villeroy (parte I, carta 54), y as de otros, no dejando de
saber que el perro fiel lame la mano del amo que le castiga.

Consecuente en la alusin  lo canino, no habla menos en las cartas de
dentelladas. Los dientes, escriba al Duque de Espernn (parte II,
carta 107), son para morder de venganza y para morder de amor. En otra
(parte II, carta 116) expresa que un escribiente copiaba sus cartas
para darlas a una dama aficionada a la lengua espaola. Cosa singular
que dama se aficione a la lengua, siendo la parte del hombre que mas
aborrescen ellas, as por ser el secreto, que ellas tanto aman, enemigo
de la lengua, como porque obras buscan ellas y no palabras; quiz
porque, segun dicen, _li fatti sonno maschi, le parole femine_; quiz de
all viene que la vez que cojen una lengua entre dientes, la muerden,
como vbora rabiosa.


XXXV.

        [cruz] Seor.

     Suplique V. m. en mi nombre al Sr. Condestable por vna carta de
     fauor suya en fauor de la persona, y en la sustancia de lo q. va en
     esta memoria, que es vn estudiante honrrado, y q. me le ha
     encomendado persona grave desta vniversidad.

     Tambien diga V. m. al Sr. Condestable q. pienso ser all vn dia
     desta semana, porq. he tenido cartas de Espaa, y me instan mucho a
     q. llegue con breuedad a gozar de la permision q. su Mag.^d me ha
     dado por su benignidad y real nimo, y mas le diga V. m. q. si no
     hallare posada, le suplicare me mande dar vna camera en su casa de
     Fontanableau, q. quanto menor ser meyor por el tiempo, y q.^e cama
     yo me la tern.

     Nuestro S.^r guarde a V. m., de paris a primero de nouiembre 1603.

     De V. m.--_Ant. Perez._

     (Sobrescrito) A Monsieur.--Monsieur Maridat, premier Segretaire de
     mons.^r le Conestable.--A Fontainebleau.

Esta carta es de mano ajena.

Bibl. Nac. de Pars, Fr., 3.652, fol 150. Coleccin Morel Fatio, nm.
XXVI.


XXXVI.

        Ex.^mo Sr.

     Como los enamorados, q. se entretienen en desgustos en absencia de
     lo q. aman, assy yo hallo alguna satisfaccion de ser mal tratado en
     absencia de V. Ex.^a

     A V. Ex.^a dixo el Rey ay lo q. V. Ex.^a me refiri. A Mr. Zamet,
     q. dixesse a Roni q. no me tocase en la consignacion de mi pension.
     A Mr. de Frene lo mismo. Al Sr. Gil de Mesa, dndole un papel mio
     sobrello, _yo lo quiero assy, yo lo mandar_. A m antenoche lo
     mismo. Y Roni no quiere. Y ha tres meses q. deuo el pan q. como.
     Pues ms ha hecho el Sr. Gil de Mesa hoy, q. ha dicho a M.^s de la
     Varena, q. si el Rey no quiere, q. hable claro, y no nos traigan
     engaados (victoria no grande para un gran Rey), y q. buscar Ant.
     Perez vn amo a quien seruir. Dixo que se lo diria al Rey. Por
     cierto, chico estmago tiene la Corona de Fran.^a si tan pequea
     partida embaraa.

     Venga V. Ex.^a y bsqueme un amo, si no meresciere yo seruir a V.
     Ex.^a y comer su pan como criado.

     Pero quiera V. Ex.^a o no quiera, Sieruo suyo soy, y ser.--_Ant.
     Perez._

     (Sobrescrito.) Al Ex.^mo Sr. El Condestable de Francia mi S.^r

     Febrier 1604.

Bibl. Nac. de Pars, Fr., 3.652, fol. 63. _Roni_: Maximiliano de
Bthune, Seor  Barn de Rosny, ms adelante Duque de Sully, Ministro
de Hacienda de Enrique IV.

Sebastin _Zamet_,  Zametto, italiano, zapatero de Catalina de Mdicis,
por la proteccin de sta y sus condiciones de intrigante, lleg  ser
de los ms ricos capitalistas de Francia, confidente de Enrique IV, 
quien prestaba servicios de complacencia. Fabric hotel magnfico, rue
de Crisaie, cerca del Arsenal; daba en l suntuosos banquetes.

_M. de Frene_, Felipe de Canaye, Seor de Fresnes, Embajador de Francia
en Madrid por los aos de 1589. Es probable que se relacionara entonces
con Antonio Prez.

Colec. Morel Fatio, nm. XVIII.


XXXVII.

        Ex.^mo Sr.

     El S.^r Manuel don Lope aur dicho a V.^a Ex.^a mis auenturas, y
     pues es padre no se marauillar de que vna persona se auenture
     tanto por tales prendas, pero dexo esto agora y vengo al punto en
     que estoy. He llegado aqu muy malo, y quedo en la cama con gran
     calentura. Sup.^co  su Mag.^d lo que por esa carta. Si el Sr.
     Manuel don Lope no estuuiere ay, a V. Ex.^a pido se la d, y me
     alcance el tal fauor, y de qualquier manera, q. est  no est, me
     fauoresca en l, y con breuedad, _que lo pide mi estado_[329].

     _De V. Ex.^a muy humilde serui.^or_--_Ant. Perez._

     (Sobrescrito.) Al Ex.^mo S.^r mi Seor el Condestable de Francia.

     Mars 1604

Bibl. Nac. de Pars, Fr., 3.652, fol. 103. Coleccin Morel Fatio, nm.
XXVII.

    [Nota 329: Slo las palabras de letra cursiva son de mano del que
    firma.]


XXXVIII.

     Syre.--Ya V. M.^d ha sabido mis auenturas por relacion del Sr.
     Manuel don Lope. Auenturas a que necesitan Muger, y Hijos, y el
     Amor natural; y q. disculpan tambien. Yo he llegado aquy a Sandinis
     muy malo, y tal que quedo con gran calentura. Sup.^co a V. M.^d, a
     su natural Piedad digo, q. con ella lo quiero auer, me haga merced
     de mandar escriuir al Prior de esta Abbada, que me recoja en ella
     para q. me cure, pues no estoy para passar casi de una casa a otra,
      para q. si muriese, tenga cerca la sepultura, y algun amigo al
     lado. Con esta Prueua, Syre, q. he hecho por mi muger y Hijos,
     aur cumplido con ellos, y con estas obligaciones generales, y
     Christianas, y si a pocas horas ms que les dar de trmino, que no
     passarn de dos  tres meses, para ver si me los quieren dar, con
     q. aur cumplido con todo, yo me resoluer a morir sieruo de V.
     M.^d en sus Reynos, sin cansarme ms por ellos, por los Hijos digo,
     ni dejarme engaar ms.

     Sieruo de V. M.^d--_Ant. Perez._

     Por la breuedad sup.^co a V. M.^d

     (En la cubierta.) Al Rey mi seor.

Bibl. Nac. de Pars, Fr., 3.652, fol. 2. Comprndese bien que
_Sandinis_,  donde lleg muy malo, es _Saint Denis_. Colec. Morel
Fatio, nmero XXVIII.


XXXIX.

        M. don lope.

     Que el estado en q. tiene sus cosas, no suffre palabras.

     La calidad, vala, Amigos de M. d. l. Ho todos esto.

     El conocimiento de lo de ac... de considerar estas dos partes para
     la resolucion.

     Que es fuera llegar al corte en esta cura, 

     Darle licencia que se acomode, 

     Atarle luego con lo prometido, y

     l se contentar con la mitad.

     Qual convenga ms. Su Mag.^d como Rey, pues este punto es del
     officio, lo entender mejor.

     Que si manda dir my poco juicio.

     Que no le deje yr, q. le accomode de su mano y poder. Por el
     prouecho que podr haber. Por escusar el que podr causar all. Por
     lo que se animarn otros con el exemplo. Pues ny sin exemplos, ny
     contra ellos no hay arte que obre cosa de prouecho. Por el juicio
     que harn de la prudencia.

     Que no le engaen consejos de nimos miserables y sin noticia de
     tales accidentes. Que vn hombre puede valer ms que su pesso de
     oro.

        Draques.

     La Razon natural.

     Que yo no valgo para dar consejo, por mi natural, inclinado a curar
     la enfermedad, no el gusto. Mdicos q. no se estiman en pequeas
     enfermedades, ny a los principios, y que en las grandes se buscan
     con corrimiento y las ms veces sin prouecho.

     Que la Razon de Estado nunca se midi a medida de ynters, sino de
     conveniencia. Dao que corren Reyes que posseen dentro de vn cerco
     su grandeza. Con otro segundo, que tengan por Estado el dinero.

     Contrario effecto obra en los Reyes que tienen varios Reinos, y de
     varias naciones, que tengan por _Estado_ a los hombres y no el
     dinero; pues ms Reynos se perdieron por falta de hombres que de
     dinero.

     Que ningun Rio lleg a gran Grandeza por s solo; arroyos auenidas,
     rios pequeos otros los hicieron grandes. Como pequeos, y a
     poderse vadear, aun el Danubio sangrndole, como dizen. Propio
     exemplo del crescer y menguar de los reynos, el natural de los
     rios.

     Dixe vadear, porque la estimacion de los Reyes es el Fondo de los
     rios, y si la pierden los vadear  pi enxuto cada qual.

Bibl. Nac. de Pars, Fr., 3.652, fol. 115. Esta minuta de mano de
Antonio Prez, para memoria de lo que Manuel Don Lope haba de razonar
al Rey, est escrita en dos columnas y separados los prrafos por rayas
de tinta que cortan toda la columna para darles ms relieve  irlos
tomando de memoria. El de _Draques_ es significativo.

El smil del Danubio y el de los ros que se vadean estn aprovechados
en la carta 134, parte II de la Colec. Ochoa.

Colec. Morel Fatio, nm. LIII.


XL.

        [cruz] Ill.^e S.^r

     Sup.^co a V. m. diga al my seor El Condestable, que yo soy el q.
     hieren, y matan de los que salen en desafos, pues me cuesta no
     poder llegarme a su vista, con los diablos de las querelas que
     llueuen. Y que si fuera vn Rodamonte, hiciera vn desafo campal con
     su cartel muy en forma, a todos los que auian de salir a desafos
     para que no huuiesse mas querelas, o yo muriesse de vna vez, que
     aunq. estoy acostumbrado a morir muchas, Esta muerte la siento mas
     que todas las otras.

     De V. m.--_Ant. Perez._

Bibl. Nac. de Pars, Fr., 3.652, fol. 146. Empezaban los desaires y los
desprecios  amargar la vida del emigrado. Hay otra carta (la 36, parte
I de la Colec. Ochoa), en que hace tambin fieros, contando que tiene 
la cabecera dos espadas, una damasquina y otra escocesa, _que no se cie
ya armas ordinarias_. No hay, sin embargo, constancia de que pusiera 
prueba el temple; antes abundan otras de que era, ms que de manos,
suelto de lengua, _teniendo experiencia de cortar la pluma ms que las
espadas_. (Colec. Ochoa, parte I, carta 136.)


XLI.

        Ex.^mo S.^r y mio.

     V. Ex.^a perdone el respecto deuido a la Grandeza, q. no ay
     enamorado, q. aunq. sea un Pastor, q. si se vee delante de su dama,
     sea quan gran seora quisiere, q. no salga de los Trminos del
     respecto, y q. no le diga amores como a vn igual. Tal puede el
     amor, q. iguale lo baxo con lo mas Alto. Perdone pues V. Ex.^a la
     entrada de la carta con lo q. he dicho y conq. digo verdad del
     alma.

     V. Ex.^a mi seor, (q. all me bueluo) me ha dado salud al nimo, y
     al cuerpo con su visita, y carta q. me ha traydo este Gentil
     hombre suyo, para esperar llegar resuscitado, y biuo a su
     presencia, q. sabe Dios, q. lo desseo sobre todos los desseos de
     consuelo de Francia. El S.^r Angelo Badrero podr bien testificar
     desto, como l a m de quan biuo halla en V. Ex.^a su amor, y
     fauor, deuido a la passion con q. le he amado, y reuerenciado
     siempre, q. ser el mismo mientras biuiere, como de V. Ex.^a sieruo
     Fiel su _Ant. Perez_.

     (Sobrescrito.) Al Ex.^mo S.^r el Condestable de Francia mi Seor.

     Avril 1604.

Bibl. Nac. de Pars, Fr., 3.652, fol. 110. Coleccin Morel Fatio, nm.
XXIX.--_Angelo Badrero_, Angelo Badoer, Embajador de Venecia en Pars.


XLII.

        Ex.^mo S.^r

     Hame hecho V. Ex.^a gran regalo, (trmino de viejo solitario) con
     la merced de la carta para el obpo. de Bologna. Espero q. har lo
     q. V. Excelencia le pide, sino es porq. ande el cielo estos meses
     retrgrado en todo lo que me conuiene, y desseo.

     Desseo verme cerca de V. Ex.^a para en algunos ratos entregarle
     este pecho, y depositarle en esse oydo, y Amor, como en rario de
     mi alma.

     He hecho a Charles, lacayo de V. Ex.^a q l mismo lleue la carta al
     obpo. diciendo q. V. Excelencia se lo ha mandado, assy ver lo q.
     responde. Entre tanto hago estos renglones, porq. no suffre mi
     agradescimiento dilacion alguna en responder a tanta obligacion.
     Haga el obpo. lo que mandare, q. las obligaciones no dependen de
     los sucessos, sino del Amor de quien haze lo q. se le pide.

     De V. Ex.^a Sieruo del Alma.--_Ant. Perez._

     (En la cubierta.) Al Ex.^mo S.^r mi seor El Condestable de
     Francia.

     Sep. 1604.

Bibl. Nac. de Pars, Fr., 3.652, fol. 28. Coleccin Morel Fatio, nm.
XXX. Duda ste si se trata del Obispo de Boulogne, Claude d'Ormy,  del
Obispo de Boloa, Alfonso Paleoti:  mi juicio se alude al primero y 
la facultad que tendra de dar alojamiento gratuito en alguna abada de
su jurisdiccin, acaso la de Saint Denis, donde Antonio Prez quera
refugiarse.


XLIII.

        Ill.^e S.^r

     Ya s q. la gracia, como la limosna, viue del nimo. Pero no hay
     nadie q. no mire con buenos ojos a la mano q. da lo q. le manda El
     coraon. Assy yo, aunq. me proceda del fauor, y gracia del S.^r
     Condestable la merced que su Excelencia me ha hecho en escribir lo
     que le supliqu al obpo. de Bologna, conozco q. Essa mano, que
     mueue la pluma q. escriui la carta, me ha puesto en oblig.^on por
     esso doy a v. m. las gracias, digo por esta parte, y le pido q. me
     ame, como solia, q. yo el mismo soy, q. nunca me mudo, sino para
     mas amar. A Dios.

     a vj de otubre 1604.

     Serui.^r de V. m.--_Ant. Perez._

     (Sobrescrito.) A Mos.^r--Mos.^r Maridat Primer S.^o de Mons.^r El
     Condestable.

     No s lo qu responde el obpo. Si no es bueno, sup.^co a V. m.
     procure se le apriete. Si lo es, me lo auise. Yo no he querido, por
     el respeto, abrir la carta, q. esto aprend del trato con Reyes y
     prncipes.

Bibl. Nac. de Pars, Fr., 3.652, fol. 127. Coleccin Morel Fatio, nm.
XXXI.


XLIV.

        Ex.^mo S.^r

     Sepa V. Ex.^a q. despues q. El obpo. de Bologna respondi a V.
     Ex.^a Me vino a ver con la mas extrauagante Consideracion sobre el
     alojarme en su casa, y por mi din.^o, como suelen estar otros (esto
     es verdad) q. se puede imaginar, tal q. no la quiero fiar a pluma,
     yo la dir a V. Ex.^a a boca.

     Al fin de la pltica, viendo q. yo no queria q. por respecto mio l
     padesciese ningun dao, dixo, que le embiasse all vn hombre mio,
     q. veria de accomodarme. Hzole mostrar lo que bastaba para
     dezirme, q. no lo tomase. Con esto ha cessado aquella comodidad.

     V. Ex.^a me haga md. de mandar que se calle esto hasta q. yo le
     bese las manos. Sup.^{co}lo, y que a l no le hable mas en esto.

     He buscado en otra casa de religiosos. He hallado en los
     Bernardinos un religioso q. es El Prouisor de la casa, El principal
     de la casa, Vassallo de V. Ex.^a natural de Memorancy. Ha
     offrescido de acomodarme muy bien all.

     Sup.^co a V. Ex.^a le escriua luego, q. lo haga, y q. V. Ex.^a ser
     seruido en ello, por ser yo mas suyo q. los nacidos en Memorancy,
     ni en Chantilly, que aunq. est lexos, mas q. san Martin, yo lo
     har cerca con mi carroa, la mas linda de la corte, porq. me ha
     embiado mi muger vna joya.

     Pero, ola, Seor, q. la carroa es mejor q. la primera, y s q. a
     V. Ex.^a le contentar la hechura.

     Y perdon pido a Essa Grandeza q. le escriua tales baxezas. El Amor
     es la causa, q. es atreuido.

     De V. Ex.^a sieruo.--_Ant. Perez._

     A xj de Octubre.

     (En la cubierta.) Al Ex.^mo Sr. mi seor Condestable de Francia.

     Septiembre 1604.

Bibl. Nac. de Pars, Fr., 3.652, fol. 22. Coleccin Morel Fatio, nm.
XXXII.


XLV.

     Mi S.^r Maridat.--V. m. me la haga q. solo su Ex.^a vea essa carta
     por la primera parte. Tambien q. con la mayor brevedad posible
     embie la carta q. pido para el Prouisor de los Bernardinos,
     vassallo de su Ex.^a, conforme a lo q. pido en mi carta

     De V. m. muy serui.^or--_Ant. Perez._

     Embeme V. m., le sup.^co El sobrescripto en blanco, a lo menos q.
     se pueda poner ac su nombre propio del Prouisor.

     (Sobrescrito.) A Mos.^r--Mos.^r Maridat, S.^o Primero del
     Condestable de Francia.

     El Conserge del S.^r Condestable se encarga deste despacho. Sup.^co
     a V. m. me embie por alguno la respuesta porq. venga presto.

Bibl. Nac de Pars, Fr., 3.652, fol. 142. Coleccin Morel Fatio, nm.
XXXIII.


XLVI.

        Ex.^mo Sr.

     Ya comieno a gozar de provechos de mi casa nueua, q. Estando
     anoche a la ventana pass vn criado de V. Ex.^a por aqu, y vn
     lacayo suyo. Al lacayo rogu q boluiese. Doile estos renglones para
     dezirle lo dicho. Y ms, q. a vno q. ama no ay nada lexos, pero q.
     se regala en acercarse quanto ms, ms.

     De Fran.^co Lercao tengo algo.

     A la vista todo, y El alma q. dentro, y fuera es de V.^a
     Ex.^a--_Ant. Perez._

     (Sobrescrito) Al Ex.^mo Sr. Condestable Francia, mi S.

Bibl. Nac. de Pars, Fr., 3.652, fol. 90. Coleccin Morel Fatio, nm.
L.


XLVII.

        Ex.^mo Sr.

     Supp.^co a V. Ex.^a se acuerde de pensar un poco en si seria bien
     hazer algun officio en las cosas mias y de mi Hijo, q. penden en
     Roma, con el nuevo Papa, tan afficionado a esta Mag.^d, del tiempo
     q. fu aquy Legado, y tan obligado agora en su Eleccion.

     O sy ser bien no mouer agora nada hasta ver que viene de mi muger,
     q. en tantas esperanzas me entretiene, pues an no est tan cerca
     la partida de Mos de Neuers.

     Embio a V. Ex.^a vnos guantes de Perro, mucho ms delgados, y ms
     anchos, q. los q. le lleu la otra noche. Y crea V. Ex.^a q. de mi
     sangre y pellejo haria yo medicina para su salud. Pero el pellejo
     est muy arrugado de viejo, y de desnudo de carne, y es grossero
     como su dueo: y la sangre tostada de la Melanchola de mi fortuna.
     Condiciones no a propsito para esa indisposicion.

     Seor, Seor, si mis seoras la Condesa de Ubernia, y duquesa de
     Ventador auisasen a V. Ex.^a q.^e les he embiado de aquellos
     guantecillos, y q. a Madama la Condesa he escripto vn papel con
     ellos, lleno de Amores, sanme ellos mismos testigos q. no son sino
     amores del Alma, q. merescen premio, no castigo.

     De V. Ex.^a sieruo y Boticario.--_Ant. Perez._

     A v de Mayo. 1605.

     (Sobrescrito.) Al Condestable de Francia, mi seor.

Bibl. Nac. de Pars, Fr., 3.652, fol. 66. La Condesa _de Ubernia_ y la
Duquesa _de Ventador_, hijas del Condestable; _los ngeles de pocos
pimpollos_ de la carta XVI. El papel lleno de amores es la 8, parte II,
Colec. Ochoa.

_Boticario_ es otra de las palabras de que sac partido Antonio Prez en
el tiempo en que se dedic  rectificar loes, adobar con mbar, hacer
pastillas, polvos y aguas de olor: si los boticarios de Pars lo
supiesen (dice, parte II, carta 117), se conjuraran contra l, por
usurpador del oficio. Por servir  Mad. Andraga, se haba hecho
boticario (parte II, carta 76); boticario se haba hecho por servir  un
veneciano, _siendo oficio que si la fortuna le apretara ms, no
ejercera aunque le faltase pan; tan enemigo era de misturas y
composturas, que l era real en todo,  sea natural_ (parte I, carta
116).

Parece deducirse de los ensayos y agasajos  que los destinaba, que la
industria de perfumera, como la de los guantes, estaba por entonces ms
adelantada en Espaa que en Francia, viniendo en cierto modo 
acreditarlo un despacho del Rey Felipe III al Embajador D. Baltasar de
Ziga en el ao 1604, recomendndole cuide mucho de que no se abran en
la frontera dos bales _con cosas de olor_ que enva  la Infanta su
hermana (Arch. Nat. de Pars, _Papiers de Simancas_, _K-1.451_, _A-58_,
pg. 112).

Esta carta XLVII tiene en la Colec. Morel Fatio el nm. XXXV, y anota el
colector que el nuevo Papa de referencia era Len XI, elegido el 1. de
abril de 1605, muerto el 27 del mismo mes. Las damas, Carlota de
Montmorenci, mujer de Carlos de Valois, Conde de Auvergne, y Margarita
de Montmorenci, casada con Anne de Lvis, Duque de Ventadour.


XLVIII.

        Ex.^mo Sr.

     No se puede ya sufrir tanto silencio, que me quedar hecho vna
     statua, quando no me cate, pues la memoria de V. Ex.^a me sustenta
     biuo. Escriu a V. Ex.^a los otros dias con vn Gentilhombre suyo.
     Que aya llegado a sus manos mi papel, me basta, pues en el no
     responderme hallar beneficio, como en el responderme. Tal fuerza
     tiene, y hace el Amor entero: Que el q. ama halle conueniencia y
     beneficio en lo q. su Seor haze, sea lo q. fuere.

     M.^r Le Mestre de V. Ex.^a me ha venido a ver antes de su partida
     para V. Ex.^a Ha sido para m gran consolacion ver q. me tengan sus
     criados de V. Ex.^a por tan sieruo suyo, q. me visiten como a tal.
     Tal, cierto, soy: y me honrro, y honrrar dello; y para despues de
     muerto lo dexar testificado mi pluma, como lo ha comenado a
     hazer, sabiendo ella q. satisfaze y descarga en ello a su dueo.

     No le desagradar a V. Ex.^a este reconoscimiento, pues es el q.
     ms agrada a Dios. Y los Dioses de la Tierra, los Prncipes y
     Grandes, digo, deuen imitarle en esto.

     Grandes llamo no solo en el grado, sino en el nimo, que estos
     tales son los verdaderos Grandes. Que de Prncipes, Grandes, Seor,
     se han visto, aunq. no los deue de auer agora (no s si me engao),
     q. toda su grandeza de Reinos, y podero, no los pudo hazer, ny aun
     parescer grandes. Tal poder tiene el natural de vn Hombre, q.
     contraste, que resista, q. vena a todas las obligaciones de ser
     grande en sus acciones, y q. ni aquellas, ni los medios de q. la
     fortuna los enrriquezi para honrrarse, y hazerse gloriosos, ayan
     bastado a obrar tal effecto en ellos, como ni la falta de
     nascimiento, ny de fortuna, ni de grados, ni de possibilidad en
     otros, para q. no sean honrrosos, y parezcan grandes. Esso nos
     puede sealar tambien aquel aparescerse dios en la zarza, para q.
     no tuuiessen los pequeos por desconfiados de tal Huesped; para q.
     por el consiguiente tambien, y mejor creamos, q. el nimo,
     descendencia de dios, puede ser Grande en el chico como en el
     Grande.

     Seor, perdon de tales disparates, que la Melanchola nunca
     concibi ni pari otro parto; y ninguna mayor q. la q. engendra a
     vn enamorado la absencia de su amado.

     Perdon tambien a estos amores, que en los Cantares nos los ense
     dios, y pues l se requiebra con su alma, y quiere q. su alma se
     requiebre con l con tan suaues y tiernos amores, y requiebros como
     aquellos, no le harn hasto a V. Excelencia estos mis amores, pues
     son del Alma, y salen de lo mas profundo della. Y si V. Ex.^a
     viesse vn papel largo que tengo debaxo de mi tapete, adonde me
     pongo a melancolizar, y a hablar con mis Seores, y amigos en su
     absencia, veria ally su nombre, y como por dias y horas voy
     apuntando el curso de lo que se offresce. A los ojos se lo mostrar
     al portador desta. V. Ex.^a venga, y lo ver, y oyr vna confission
     general. Pero lo q. hace al caso, venga V. Ex.^a a resuscitar a los
     suyos: Buelua al cuerpo del bien pblico, porque biue, como sin
     alma, sin V. Ex.^a No soy yo solo el q. lo digo, q. personas
     graues, que biuen lexos de la inuidia, y de aquel barrio del
     infierno, lo gimen, lo braman, me preguntan de su venida.

     Es verdad, Seor, q. alguna absencia suele aprouechar, para mas
     conoscimiento del valor de vno, para toque de los amigos, para
     prueua de los no tales: al tono de lo q. dizen, q. la Mala fortuna
     descubre los amigos y la Buena encubre enemigos: y la Absencia obra
     algunas vezes algo de lo q. digo: Pero, seor, no tanta Absencia,
     q. se har cargo de Consciencia.

     Dios trayga a V. Ex.^a con bien, como se lo dessea su
     sieruo.--_Ant. Perez._

     A iiij de Sept.^e

     (En la cubierta.) Al Ex.^mo Sr. El Condestable de Francia mi Seor.

        Seor.

     Es carta para rato ocioso, q. no contiene sino consuelo mio.

     Octobre 1605.

Bibl. Nac. de Pars, Fr., 3.652, fol. 25. Publicada en la Colec. Ochoa,
pg. 508, muy variada en estilo y sin fecha; en la de Morel Fatio,
nmero XXXVI.


XLIX.

        Ex.^mo S.^r

     Mos de Fosussa me haze md. de lleuar estos renglones. Seor de que
     V. Ex.^a biua con la salud que se nos quenta, biuimos los suyos,
     como con el Alma propia. Yo como vno dellos y de los mas suyos
     rebiuir con tales nueuas, de una gran enfermedad en q. cay en
     partindose V. Excelencia, qual dir el Portador desta. Que si
     dizen que vn Hombre es a otro dios, _Homo homini deus_, bien podr
     yo dezir, q. es el alma de mi persona, y vida la salud y gracia de
     quien yo sobre todos estimo y amo. Este es V. Ex.^a y

     Su sieruo muy humilde.--_Ant. Perez._

     a jx de Octubre.

     Sup.^co a V. Ex.^a lo q. dir Mos de Fosusa, es vna carta para el
     Gran Maestre de Malta. Por memoria seruir la copia de la del Rey
     q. a mi intercesion ha dado. Pero sup.^co por la breuedad, y a M.^r
     Maridat, El Cuydado.

     (Sobrescrito.) Al Condestable de Francia mi Seor.

     Octobre 1606.

Bibl. Nac. de Pars, Fr., 3.652, fol. 104. Coleccin Morel Fatio, nm.
XXXVII. _Mos de Fosussa_, Pedro II de Montmorency, Marqus de Thury,
Barn de Tosseux.


L.

        [cruz] Ill.^e S.^r

     No sean las mananas de Tntalo, Tener aquy a mi S.^r El
     Condestable, y no alcanzar vn bocado. Pero ya me dixo ayer por vn
     Gentilhombre suyo, que las noches podria yr a beuer como solia. Y
     sbeme su Ex.^a la necessidad, porq. muero de sed dessa beuida de
     su presencia, y me huelgo, q. me trate como a Murcigalo, de mas q.
     mi dia, y sol, es la vista de quien amo, q. el Amor es como
     Carbunco, q. se haze luz en lo obscuro.

     Tengo pecados q. confesar, tambien, y para pecados, y pecadores son
     las noches.

     No s si el concurso de gentes me dexar comenzar Esta noche. Con
     todo esso aportar all a la tarde y entretanto me regalo con V. m.
     Como el Mercurio de mi Jpiter, q. para esto escriuo esto, y no
     para obligar a V. m. a respuesta.

     Serui.^or de V. m. mucho.--_Ant. Perez._

     No es burla, q. como enamorado me he vestido hoy galan, del
     contento de tener aquy a mi Mcenas: q. no ama el alma, q. no lo
     descubre de fuera. Respecto, no Amores.

     (En el sobrescrito.) Al Ill.^e s.^r el S.^r de Maridat, Primer
     Secretario del Condestable de Francia.

     (De mano ajena.) Nov. (la cifra es dudosa: parece 1601  1607).

Bibl. Nac. de Pars, Fr., 3.652, fol. 123. Est publicada en la Colec.
Ochoa, con varias correcciones y sin la postdata, pg. 509. En la de
Morel Fatio, nm. XXXVII duplicado.


LI.

        Ex.^mo S.^r

     No se marauillar V. Ex.^a de q. no aya respondido  su carta en
     respuesta de la merced que por mia yo habia sup.^do a V. Ex.^a por
     el Sr. Julio Csar, si considerase q. los muertos ni escriuen ni
     hablan. Tal he estado tres meses h. Agora que comieno a mouerme
     quise occupar todo el aliento q. he cobrado en esta mano, para q.
     diga esto, y quanto me anim su carta de V. Ex.^a, q. sin duda
     aquellos fauores me han conseruado y retenido, hasta q. estos ojos
     bueluan a ver a V. Excelencia.

     Por la m.^d q. V. Ex.^a me haze en lo de M.^r Julio Csar beso mill
     vezes las manos, pluguiera a Dios hubiera llegado, q. me he hallado
     solo, y agora en la conualescencia mucho mas.

     Si V. Ex.^a no huuiese de venir tan presto, como lo temo, y
     conueniendo a la salud de V. Excelencia no dejar essos ayres, lo
     tomar en paciencia, que no ser poco forzar mi consuelo a ello.
     Sup.^co a V. Ex.^a mande sea despachado quanto mas presto.

     Mill mudanas aur entendido V. Ex.^a de Espaa por all, pues ac
     han llegado con muchas particularidades, que ponen espanto aun a
     los que conoscen las mudanas de Cortes de Prncipes, y de sus
     rebueltas quando mas dormidos paresce q. Estn. No es para papel
     dezir mas sobresto.

     Al Sr. Zamet d las saludes de parte de V. Excelencia; de m no s
     nada sino q. de cualquier manera con la llegada de don Baltasar de
     iga, o buelta por mejor dezir, espero alguna resolucion, y por
     lo menos desengao, y este el trmino q. he puesto a este encanto,
     como lo escriu ayer al Rey Christir.^mo, como q. me echar a biuir
     y morir sin mas padescer los tormentos de Esperana humana q.
     aunque las conozco, y sus engaos, he tenido por obligacion hacer
     esta ltima prueua, porque vea el mundo q. no qued por bizarra ni
     falta de todas justificaciones en quanto en m ha sido. Y con esto
     entregar  Dios el juicio ltimo.

     El Guarde la Ex.^a persona de V. Ex.^a como yo deseo. De Pars  26
     de Abril, 1607.

     De V. Ex.^a Sieruo perpetuo.--_Ant. Perez._

     (En la cubierta.) Al Ex.^mo Sr. El Condestable, mi Seor.

Bibl. Nac. de Pars, Fr., 3.652, fol. 11. Coleccin Morel Fatio, nm.
XXXIX. Las mudanzas de Espaa que ponen espanto, aluden  los escritos
que circularon contra la corrupcin del Gobierno y de la corte,
dirigidos singularmente  la censura del trfico que hacan Pedro
Franqueza y Rodrigo Caldern, hechuras del de Lerma.


LII.

        Ex.^mo S.^r

     Dios guarde a V. Ex.^a muchos aos, q. tal consuelo me ha dado con
     su carta de iij deste uindole acercrsenos, conq. nos alcanar
     mejor a los suyos el ayre fresco de su fauor, y gracia. Que si el
     cuerpo se refresca, y recrea en estos soles y calores con el fresco
     del Ayre elementar, las Almas en el calor, y esto de sus
     afflictiones, y en la confusion de no saber ya que hazerse, rebiuen
     con la communicacion de sus Protectores, Ayre y respiracion
     verdadera, mas delicado, y suave para las almas, q. essotro commun
     para los cuerpos.

     Ea pues, seor, porq. yo no pueda dizir lo q. la Magdalena a su
     seor, y nro. _domine si fuisses hic, frater meus non fuisset
     mortus_: Porque anda muy apretado, y cerca de la Huessa su Sieruo
     de V. Ex.^a--_Ant. Perez._

     Lunes a iiij de Agosto 1608.

     (Sobrescrito.) Al Ex.^mo Sr. El Condestable de Francia mi S.^r

Bibl. Nac. de Pars, Fr., 3.652, fol. 106. Coleccin Morel Fatio, nm.
XL.


LIII.

        Ex.^mo S.^r

     La causa deste papel es sup.^ar a V. Ex.^a q. escriua vna carta a
     Mos de Souray Gouernador de Mos.^r El Delphin en fauor de esse
     criado mio, q. se ha visto en presencia de V. E.^a algunas vezes.
     Tngole obligacion del tiempo de mis grandes enfermedades, en q. me
     sirui con mucho cuydado, y trabajo. Desde entonces le offresc el
     fauor de V. Ex.^a para cuando se pusiese la casa a M.^r el Delphin.
     Llega hoy su Al.^a aqu y dzeme q. luego se le pone casa. Sup.^co
     a V. Ex.^a le mande escriuir una carta tal q. l entienda q. no es
     cumplimiento sino cosa en q. V. Ex.^a reciuir seruicio, como por
     cosa propia, que le accomode en seru.^o de su Al.^a en off.^o qual
     le parescer apropsito.

     Esto sup.^co a V. Ex.^a como quien le es Sieruo del alma.--_Ant.
     Perez._

     Diciembre 1608.

     (Sobrescrito.) Al Condestable de Francia mi seor.

Bibl. Nac. de Pars, Fr., 3.652. Colec. Morel Fatio, nm. XLI. _Mos de
Souray_, Gilles de Souvr, Marqus de Courtenvaux.


LIV.

        Sacro ac Ills.^mo Priuato Consilio.

                                                  _Ant. Perez._

     Cum ex infirmitate jaceam in lecto, nec possim hac de caussa
     personaliter comparere ante vos Ills.^mi viri ausus sum hc verba
     ad vos mittere, preter sententiam vnius ex grauioribus causidicis
     totius curi Parisiensis ne mutus Judicer. Scilicet debere ante
     poni sacro isti priuato consilio in reuocatione legum Galli quam
     continent litter Regis in fauorem de Piraneau, reuocari etiam
     gratiam factam peregrino viuenti sub custodia, & protectione
     christianiss. Mag.^tes Sciente tota Europa. Semper que fuisse
     habitam in summo pretio dignitatem regiam in promissis prestandis,
     saltem satisfaciendis quando aliquid forte contra leges
     promisserunt.

     Quanto magis in gratia contra leges reuocanda? Illud etiam me nolle
     litigare, consulto tamen prius rege a sacro suo consilio, si adhuc
     intercedat vltima & absoluta illius voluntas, sed ei cedere & que
     liberaliter mihi concessit liberaliter illi redere. Sed humiliter
     peto, vt hec mea berba referantur regi, sicut ille alter, qui
     prouocauit a Cesare dormiente ad Cesarem non dormientem: a Rege non
     bene informato ad Regem bene informatum. Credibile est enim tantum
     Regem rationem, Justitiam, suamque authoritatem antepositurum
     voluntati propie, nedum a liene.

                                                  _Ant. Perez._

     (En la cubierta.) Sacro ac Ills.^mo Consilio.

                                                  _Ant. Perez._

Bibl. Nac. de Pars, Fr., 3.652, fol. 18. Coleccin Morel Fatio, nm.
XLV.


LV.

        Ex.^mo S.^r

     Sea V. Ex.^a muy bien venido, y Sant Elmo para m como lo ha sido
     siempre, El q. se aparesce a los nauegantes en las tormentas. El
     portador desta dir a V. Ex.^a el estado en q. estoy. Yo dir aqu
     q. Esperando de dia en dia la venida de V. Ex.^a y llegada a
     Fontanableo, tiene all algunos dias h vn despacho mio para V.
     Ex.^a el seor Gil de Mesa. El dar quenta de los seores q. han
     tomado a cargo fauorescerme con su Magestad o pedirle licencia q.
     Ellos me ayuden. Pero con la fuera de la presencia de V. Ex.^a
     espero yo El buen effecto. Tambien tiene a cargo el Sr. Gil de Mesa
     de sup.^car a V. Ex.^a por su fauor para esse criado mio, q. ya q.
     no le puedo pagar el buen serui.^o q. le deuo sino por medio del
     fauor de V. Ex.^a, no puedo dexar de tornar vna y otra vez 
     importunarle q. le fauorezca para que alcance algun lugar, y
     comodidad en la casa de M.^r el delphin. Esto sup.^co yo a V. Ex.^a
     cuyo sieruo, y muy Humilde es--_Ant. Perez._

     (Sobrescrito.) Al Condestable de Francia mi seor.

     Juing 1609.

Bibl. Nac. de Pars, Fr., 3.652, fol. 96. Coleccin Morel Fatio, nm.
XLII.


LVI.

     Mos.^r El q. sta ha dado a V. S. (Pierres mi criado) bien
     conoscido en essa casa, me ha dicho el fauor q. ha hallado en V. S.
     y q. vltimamente le aconsej q. acudiesse a essa Real casa despues
     de llegada su Ex.^a a ella, El va, V. S. le fauorezca con nro.
     S.^r El Condestable en su deseo, en mi nombre, y con el amor q.
     siempre ha mostrado a Su serui.^or--_Ant. Perez._

     (Sobrescrito.) A Mos.^r--Mos.^r Castillon, Primer S.^o del
     Condestable mi Sr.

     (De mano ajena.) Juillet 1609.

Bibl. Nac. de Pars, Fr., 3.652, fol 136. Coleccin Morel Fatio, nm.
XLIII.


LVII.

        Ex.^mo Sr.

     Yo he embiado a mi Hijo a hablar a Mos de Villarroel y hale
     respondido con mucho fauor, y gracia, Que esta maana habl al Rey,
     y q. le respondi, que era necessario, que V. Ex.^a, y l (mos de
     Villarroel) se hallassen con su Mag.^d juntos para resoluer esto:
     como su Mag.^d lo auia dicho a V. Ex.^a

     Mas dize Mos de Villarroel, q. l hablaria a V. Ex.^a, y le daria
     quenta desto, para q. se concluyesse ya este negocio, y, Seor,
     pues su Magestad tiene tan en la memoria, lo q. concert con V.
     Ex.^a (_Vos mon compere, y Mos de Villarroel, y mue resolueremos
     esto_), seal es que V. Ex.^a y su fauor le tiene tan bien
     dispuesto, que ha obrado este respecto a V. Ex.^a demas de su
     dignidad y auctoridad.

     Resta, Seor, agora, q. V. Ex.^a acabe de su mano con Mos de
     Villarroel este milagro, que mi corta ventura es tal, que milagro
     es menester para resolucion q. aya de ser en mi fauor.

     Y porq. yo creo, q. mi hijo no deue de auerse dado a entender a V.
     Ex.^a con la verguena q. ha conoscido en my de llegar a tal
     atreuimiento, como a pedir pan a V. Ex.^a sobre tanto fauor, y
     fauores, como le deuo. Supp.^co a V. Ex.^a q. me socorra con alguna
     limosna de su liberalidad y Piedad natural, para esperar esta
     resolucion de su Magestad.

     De V. Ex.^a sieruo.--_Ant. Perez._

     (Sin sobrescrito.)

Bibl. Nac. de Pars, Fr., 3.652, fol. 30. Efectivamente usaba Enrique IV
con el Condestable del calificativo de _Compadre_ aun en documentos
oficiales. La forma en que Antonio Prez reproduce la frase del Rey y la
alteracin de los apellidos que cita en las cartas, no indican que
hiciera progresos en el conocimiento de la lengua francesa.

Colec. Morel Fatio, nm. XXXIV. Estima, de acuerdo con M. Mignet, que
fu escrita esta carta despus del regreso de Antonio Prez de
Inglaterra, probablemente en 1605. Pues que dice el texto haber hablado
_su hijo_ el mismo da con Villarroel, como se sabe la fecha en que
Gonzalo Prez tuvo licencia para dirigirse  Roma, pasando por Pars,
hay que atenerse  este dato y ponerla en 1609.


LVIII.

     Nous domp Anthonio Perez confessons auoir receu comptant de M.^r
     Raymon Phelypeaux, con.^er du Roy en son Conseil d'estat et
     tresorier de son espargne, _la Somme de trois mil six cens liures_
     a nous ordonnee par ledit S.^r pour la pention qu'il plaist a sa
     m.^t nous donner durant la presente anne De laquelle somme de
     III.^m VI.^c l. nous nous tenons content et bien pay et en
     quictons ledit S.^r Phelypeaux, tresorier de l'espargne de nostre
     main, le dernier jour de decembre mil six cens neuf.--_Ant. Perez._

Bibl. Nac. de Pars, _Cabinet des titres, Pices originales, Dossier
Perez_. Morel Fatio, Colleccin, pg. 297.




     _Este libro se acab de imprimir
           en Madrid, en casa de
            Manuel Tello, el da
               9 de diciembre
                 del ao de
                   1890._





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Felipe II, by Cesreo Fernndez Duro

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The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
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throughout numerous locations.  Its business office is located at
809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
business@pglaf.org.  Email contact links and up to date contact
information can be found at the Foundation's web site and official
page at https://pglaf.org

For additional contact information:
     Dr. Gregory B. Newby
     Chief Executive and Director
     gbnewby@pglaf.org


Section 4.  Information about Donations to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation

Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
spread public support and donations to carry out its mission of
increasing the number of public domain and licensed works that can be
freely distributed in machine readable form accessible by the widest
array of equipment including outdated equipment.  Many small donations
($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
status with the IRS.

The Foundation is committed to complying with the laws regulating
charities and charitable donations in all 50 states of the United
States.  Compliance requirements are not uniform and it takes a
considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
with these requirements.  We do not solicit donations in locations
where we have not received written confirmation of compliance.  To
SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
particular state visit https://pglaf.org

While we cannot and do not solicit contributions from states where we
have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
against accepting unsolicited donations from donors in such states who
approach us with offers to donate.

International donations are gratefully accepted, but we cannot make
any statements concerning tax treatment of donations received from
outside the United States.  U.S. laws alone swamp our small staff.

Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
methods and addresses.  Donations are accepted in a number of other
ways including including checks, online payments and credit card
donations.  To donate, please visit: https://pglaf.org/donate


Section 5.  General Information About Project Gutenberg-tm electronic
works.

Professor Michael S. Hart was the originator of the Project Gutenberg-tm
concept of a library of electronic works that could be freely shared
with anyone.  For thirty years, he produced and distributed Project
Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.


Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
unless a copyright notice is included.  Thus, we do not necessarily
keep eBooks in compliance with any particular paper edition.


Most people start at our Web site which has the main PG search facility:

     https://www.gutenberg.org

This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
