The Project Gutenberg EBook of Memoria histrica, geogrfica, poltica y
conmica sobre la provincia de Misiones de indios guarans, by Gonzalo de Doblas

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Title: Memoria histrica, geogrfica, poltica y conmica sobre la provincia de Misiones de indios guarans

Author: Gonzalo de Doblas

Contributor: Pedro de Angelis

Release Date: November 25, 2007 [EBook #23617]

Language: Spanish

Character set encoding: ISO-8859-1

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MEMORIA

HISTRICA, GEOGRFICA, POLTICA Y ECONMICA

sobre la

PROVINCIA DE MISIONES

DE INDIOS GUARANS

POR

Gonzalo de Doblas

TENIENTE GOBERNADOR.

Primera Edicon.

BUENOS-AIRES.

IMPRENTA DEL ESTADO.

1836.




PRIMERA PARTE




Discurso preliminar a la memoria sobre Misiones


El aislamiento en que vivan los padres de la Compaa de Jess en sus
misiones del Paraguay, cuyo acceso impedan a los mismos espaoles, ha
hecho ignorar hasta ahora el plan de esta singular repblica, y los
arbitrios de que se valan para gobernarla. Las relaciones que se
publicaron para justificar su supresin no merecen crdito, por el
espritu que presidi a su redaccin y el objeto que se propusieron los
que las divulgaban. Ninguno de los miembros de aquella orden famosa se
empe en rebatir estas calumnias; sea que los desalentase la desgracia,
sea por la necesidad que sienten los que sufren males inmerecidos de
buscar algn alivio en objetos nuevos y fantsticos. Sin desamparar el
estudio, y conservando todos los hbitos de una vida laboriosa y
arreglada, los Jesuitas perdieron de vista sus nefitos, y tomaron parte
en los trabajos cientficos y literarios que ilustraron los ltimos aos
de la pasada centuria. En Roma, en Boloa, en Venecia, se hicieron
admirar en las academias los que haban sido declarados enemigos de la
sociedad y del trono.

Estos mritos no bastaron a restablecer su crdito, ni a librarlos del
anatema de sus perseguidores. Los hombres ms imparciales hacan
justicia a los individuos, sin aprobar el espritu de su instituto,
sobre todo en lo concerniente a su modo de administrar las misiones del
Paraguay.

Lo que ms contribuy a acreditar estas calumnias fue la
publicacin de una obra, titulada _Reino Jesutico del Paraguay_[1],
que el padre Bernardo Ibez escribi bajo el influjo de sentimientos
rencorosos, despus de haber sido expulsado de las Misiones por sus
intrigas con el Marqus de Valdelirios en tiempo de la guerra
guarantica. Este impostor lleg a Madrid cuando se meditaba la
destruccin de su orden, y se colig con sus enemigos, denigrando a sus
propios hermanos. Le sali al encuentro el padre Muriel en su apndice a
la traduccin latina de la obra del padre Charlevoix; pero el idioma en
que redact sus notas, y el poco inters que inspiraba entonces esta
apologa, la dejaron ignorada en el pblico, para quien el silencio
suele ser prueba de culpabilidad en los acusados.

[Nota 1: La public el Ministerio espaol en el tomo IV de la
Coleccin de documentos relativos a la expulsin de los Jesuitas,
Madrid, 1770, en 4..]

Con estas prevenciones, que eran generales en Europa, lleg a Buenos
Aires don Flix de Azara, uno de los comisarios espaoles para la ltima
demarcacin de lmites. Empeado en recoger materiales para la
publicacin de su obra sobre la historia poltica y natural de estas
provincias, solicit del administrador de uno de los departamentos de
Misiones, que haba examinado con ms esmero el carcter de los indios y
el de sus instituciones, un informe detallado de su origen y progresos,
indicando los arbitrios que, a su juicio, podan emplearse para sacarlos
de su abatimiento.

Para formase una idea de los males que acarre a estos pueblos la
supresin de la Compaa de Jess, basta echar la vista al siguiente
estado comparativo de su situacin en 1768, cuando salieron de las manos
de sus doctrineros, y en 1772, cuando pasaron a las de don Juan ngel de
Lascano, su administrador general.

   +----------+-------+-------+---------+--------+-------+
   |          | GANADO|BUEYES.|CABALLOS.| YEGUAS.|POTROS.|
   |          |   DE  |       |         |        |       |
   |          | RODEO.|       |         |        |       |
   +----------+-------+-------+---------+--------+-------+
   |    Ao   |       |       |         |        |       |
   | de 1768. |743,608| 44,114|   31,603|  64,352|  3,256|
   |          |       |       |         |        |       |
   |   Ao    |       |       |         |        |       |
   | de 1772. |158,699| 25,493|   18,149|  34,605|  4,619|
   +----------+-------+-------+---------+--------+-------+
   |  Falla   |584,909| 18,621|   13,454|  29,747|       |
   +----------+-------+-------+---------+--------+-------+

   +----------+------+-------+--------+-------+
   |          |MULAS.|BURROS.| BURROS |OVEJAS.|
   |          |      |       |ECHORES.|       |
   |          |      |       |        |       |
   +----------+------+-------+--------+-------+
   |    Ao   |      |       |        |       |
   | de 1768. |12,705|  6,058|   1,411|225,486|
   |          |      |       |        |       |
   |   Ao    |      |       |        |       |
   | de 1772. | 8,145|  5,083|     109| 93,739|
   +----------+------+-------+--------+-------+
   |  Falla   | 4,560|    975|   1,302| 29,747|
   +----------+------+-------+--------+-------+

La poblacin disminuy, si no en los mismos trminos, al menos de un
modo notable, llegando por ltimo hasta dejar yermos los pueblos y
solitarios sus campos. El de Candelaria, donde resida el autor de este
informe, una de las principales reducciones de los Jesuitas, es en el
da un montn de ruinas, y el mismo aspecto de desolacin presentan los
dems pueblos. Esta decadencia, que no poda atribuirse a los estragos
de la guerra, que nunca asol aquella provincia, era efecto inmediato de
los vicios, o ms bien de la incompatibilidad del nuevo rgimen que se
estableci en los pueblos de Misiones con el genio desidioso y aptico
de sus habitantes. El autor de la memoria da a esta conjetura toda la
fuerza de una verdad, apoyndola en una serie de observaciones sobre las
inclinaciones y hbitos de sus administrados.

Sagaz en sus investigaciones, y exento del espritu de rutina que
prevaleca en su poca, descubre con una severa imparcialidad todos los
defectos del nuevo gobierno econmico, introducido por Espaa en los
pueblos de Misiones, y propone otro en que no supo evitarlos,
substituyendo al sistema de _comunidad_, que formaba la base del rgimen
Jesutico, el de _factora_, que slo difiere en el nombre.

Las objeciones que le hizo Azara sobre esta parte de su memoria le
parecieron tan convincentes que le obligaron a refundirla en un nuevo
escrito, que titul: _Disertacin que trata del estado decadente en que
se hallan los pueblos de Misiones, con los medios convenientes a su
reparacin_. Como estos pensamientos han dejado de ser aplicables a la
situacin presente de aquellos pueblos, hemos prescindido de
publicarlos, contentndonos con haberlos mencionado para acreditar el
celo perseverante de don Gonzalo de Doblas.

Nacido en 1744, en el seno de una familia distinguida de la villa de
Iznjar en el reino de Andaluca, abandon la carrera del comercio, a
que lo destinaban sus padres, para dedicarse al servicio pblico. Pas a
Amrica en el ao de 1768, y por una singular coincidencia se embarc en
el mismo jabeque que llevaba al gobernador Bucareli la cdula de
supresin de la Compaa de Jess, cuyas tareas estaba destinado a
continuar en sus establecimientos de Misiones.

Su carcter afable y una razn despejada le ganaron la benevolencia del
virrey Vertiz, que en 1781 le nombr Teniente de Gobernador del
departamento de Concepcin. En la memoria indita que acabamos de citar,
da cuenta l mismo de las disposiciones en que se hallaba cuando tom
posesin de su empleo. Lo primero que se present a mi examen y
consideracin fueron las infelicidades y miserias de aquellos naturales,
que bajo de un clima excelente y en terrenos fertilsimos, con cuantas
proporciones se pueden apetecer por las comodidades de la vida y del
comercio, se hallaban reducidos al estado ms infeliz a que pueden bajar
los hombres... Senta que unos seres inteligentes y racionales, iguales
mos por naturaleza, estuviesen, sin culpa suya, sumergidos en la
ignorancia y privados de disfrutar de los derechos y halagos de la
sociedad, y de las mismas producciones que les prodigaba su suelo
natal.

Estas reflexiones envolvan un problema interesante, que emprendi a
examinar, y de cuya solucin se ocup con ms fervor para satisfacer los
deseos de Azara. A ms de la copia que puso en manos de este jefe, sac
otras para los brigadieres Alvear, Lecoq, Varela, y para los virreyes
Loreto y Avils, que la juzgaron distintamente. Pero Varela a su regreso
a Espaa la elev al conocimiento del Rey, que se manifest dispuesto a
adoptar en gran parte el plan de reforma trazado por el autor.

Mientras esto suceda en Madrid, Doblas fue reemplazado en su
gobierno, y llamado a plantificar la poblacin de Quilmes. Antes de
salir de Misiones fue a reconocer la _Isla de Apip_ en el Paran, y
lleg a su destino poco antes de la segunda invasin de los ingleses,
contra la que present tambin un plan de defensa.

Tantos mritos, contrados en una larga y laboriosa carrera, no le
merecieron ms recompensa que la de recibir los despachos de teniente
coronel; bajando al sepulcro, a principios de 1809, lleno de inquietudes
sobre la suerte futura de su familia, a quien slo legaba un nombre sin
tacha.

Gran parte de estos recuerdos, honrosos para su memoria, se hubieran
borrado sin el laudable empeo del seor cannigo doctor don Saturnino
Segurola de acopiar en su biblioteca el fruto de tantos trabajos, y de
franquearla generosamente a los que quieren aprovecharla.

   _Buenos Aires, noviembre de 1836._
               PEDRO DE ANGELIS.




Al seor don Flix de Azara, Capitn de fragata de la Real Armada, y
Comandante de la tercera partida de la demarcacin de lmites con
Portugal por la provincia del Paraguay.

Muy seor mo:

Aunque mi deseo y la obligacin de servir a usted me han estimulado a
formar con la mayor brevedad la relacin de noticias que usted me dej
encargadas cuando se retiraba de estos pueblos despus de verificadas
sus observaciones astronmicas, mis muchas ocupaciones, que le han sido
notorias, me han impedido por algn tiempo el aplicarme a esta gustosa
ocupacin; pero, al fin, en los intervalos que los asuntos de mi
obligacin me dejan libres, y hurtando algunos ratos al preciso tiempo
de mi descanso, determin aplicarme con empeo y tesn, para no retardar
ms lo que tal vez le estar haciendo falta para perfeccionar su obra.
Algo dilatado ser este papel; pero, de todas las noticias que yo
amontonare en l, podr usted elegir las que le sean ms oportunas, y
desechar las menos necesarias; y si entre ellas encuentra usted algunas
que puedan ser tiles al servicio del Rey, bien de estos naturales, o
engrandecimiento del estado, podr usted valerse de ellas en los
trminos que tenga por conveniente; pues me compadezco de ver una
provincia tan frtil como sta, y que ni sus habitadores ni el Rey
disfruten las conveniencias y adelantamientos que les est ofreciendo.

Si mi intento fuera dar a usted una historia completa de esta provincia,
sera preciso comenzar a lo menos desde que fueron reducidos estos
naturales a poblaciones, y describir los diferentes parajes a que en
distintas ocasiones han sido trasladados los ms de los pueblos, con
otras particularidades y noticias que hicieran amena la lectura. Esto
peda mucho tiempo para examinar los varios escritos que hay sobre ello,
juntar las tradiciones de los naturales y, entresacando lo ms conforme
a la verdad, desechar lo que ha sido introducido por voluntad o inters
de los escritores; pero, no siendo mi nimo otro que el de instruir a
usted de aquellas noticias que concepto pueden convenirle, o redundar
en beneficio de estos naturales y aumento del real erario, me ceir a
solo aquello que me parece conduce a este fin; y si a usted le
conviniese para otros particulares algunas noticias ms, podr
pedrmelas, con la seguridad de que no perdonar fatiga ni diligencia
hasta conseguir el satisfacer a usted.

         _Su atento y seguro servidor,_
                GONZALO DE DOBLAS.




Primera parte

Descripcin del pas, de sus habitantes y producciones


Esta provincia de Misiones est situada entre los 26 y 30 de latitud
meridional, y entre los 319 y 323 de longitud, contados desde la isla
de Ferro. Se compone de treinta pueblos de indios, de la nacin Guaran,
comnmente llamados Tapes; su nmero en todos los pueblos ascenda el
ao de 1717 a 121.168 almas, en treinta y una reducciones que entonces
haba, segn lo refiere el padre Juan Patricio Fernndez, de la Compaa
de Jess, en su _Relacin histrica de los Chiquitos_. El ao de 1744 se
contaban en los treinta pueblos que hay al presente 84.606 almas, segn
se hallan numeradas en un mapa de esta provincia impreso en Viena. Al
tiempo del extraamiento de los Jesuitas, curas de estos pueblos, se
hallaron ms de 100.000 almas; y al presente pueden computarse, los que
existen numerados, en 60.000 almas, y en ms de 8 o 10.000 los que no
estn empadronados, porque andan fugitivos de sus propios pueblos,
dispersos en la misma provincia, y fuera de ella, en las jurisdicciones
del Paraguay, Corrientes, Santa Fe, Buenos Aires, Montevideo, Arroyo de
la China, Gualeguay y otras partes. El temperamento es benigno y
saludable, y aunque se distinguen las estaciones de invierno y esto, ni
uno ni otro son rigorosos, sucediendo en esta provincia lo que es comn
a la de Buenos Aires y del Paraguay, de experimentarse muchos das de
calor en el rigor del invierno, y otros fros en el verano. Es el aire
ms hmedo que seco, a causa de los muchos bosques y ros, y en los
pueblos inmediatos a ellos se experimentan en el invierno frecuentes
neblinas, que duran hasta las 10 del da. Son frecuentes los huracanes,
y mucho ms las tormentas de truenos, en que caen algunas centellas, y
no se experimentan terremotos. La tierra es regularmente doblada, no se
encuentran cerros de mucha elevacin, ni llanuras dilatadas; tampoco hay
serranas, y las que principian entre el Paran y Uruguay, cerca de los
pueblos de San Jos y Santa Ana, pasando por el de los Mrtires, y
siguiendo hacia el este, por el del Corpus y el de San Xavier, son de
poca elevacin, y todas ellas estn cubiertas de bosques inaccesibles
por su espesura. En lo restante de la provincia hay muchas isletas de
rboles, unas en las cumbres de los cerrillos y otras en los terrenos
ms bajos y orillas de los arroyos y ros, dejando lo dems de la tierra
enteramente limpio; de modo que donde hay rboles es tanta la espesura
desde su orilla, y tan cubiertos de maleza, que es muy dificultoso el
entrar a ellos, y en los terrenos descubiertos apenas se ve un rbol. En
estos bosques, as en los que se hallan en las alturas como en los
valles o quebradas, se encuentran muchas maderas de varias especies, a
propsito para construccin de embarcaciones, fbricas de casas y
muebles; algunas bastante preciosas, que para especificarlas todas se
necesitaba una prolija relacin que omito, porque hasta con que usted
sepa que en maderas y frutas silvestres son estos montes unos mismos con
la provincia del Paraguay. No obstante, si usted necesita la noticia
extensiva de todas ellas, con su aviso la formar y se la remitir.

Toda la provincia la atraviesan los dos grandes ros, Paran y Uruguay,
acercndose entre s desde Corpus a Candelaria el Paran, y desde San
Xavier hasta cerca de Apstoles el Uruguay, de modo que entre uno y otro
apenas mediar de 15 a 18 leguas comunes. En ellos desaguan muchos
riachuelos y arroyos, que dentro de la misma provincia tienen su origen
y que son a propsito para fomentar la agricultura con el beneficio de
los regados; as estos arroyos, como las muchas fuentes que hay en todas
partes, deben su origen a algn pantano grande o chico, segn el caudal
del manantial de que se forma.

La calidad de la tierra es gredosa, mezclada con cieno o tierra
hortense, con mucho esmeril y alguna arena; su color es rojo casi como
la almagra, y slo en algunos bajos se halla tierra negra, que al
parecer es compuesta de los residuos de los vegetales que por la humedad
de los sitios crecen y se multiplican all ms que en otras partes. Es
asimismo muy pedregosa y generalmente frtil, principalmente en las
faldas de los cerros cerca de los montes y en los rozados; y sin embargo
de lo poco que los naturales cultivan la tierra para sembrarla, recogen
abundantes cosechas, particularmente de toda especie de legumbres. El
trigo, aunque no rinde tanto como en Buenos Aires, con todo se recogen
buenas cosechas, siendo lo regular dar diez por una. El arroz se cra
bien, y viene con abundancia, el maz lo mismo, y todo cuanto se siembra
produce bien. Lo mismo sucede con los dems frutos comerciables. Los
rboles de la yerba nombrada del Paraguay, se cran muy bien en los
mismos pueblos, y todos tienen inmediatos a ellos algunos yerbales que
han plantado y cultivan, de los que benefician todos los aos para su
gasto, y remitir a Buenos Aires. A estos naturales les es mucho ms
fcil y cmodo que a los vecinos del Paraguay el extraer de los yerbales
silvestres grandes porciones de yerba, porque, adems de estar no muy
lejos los montes, tienen la comodidad de traerla por los ros. El
algodn se cra bien y produce con abundancia; la caa de azcar, aunque
no con tanta generalidad como en el Paraguay, en algunos pueblos se
cosecha mejor que en aquella provincia. El cacao es sin comparacin de
mejor calidad el que se beneficia en estos pueblos que en el Paraguay.
El ail se cra muy frondoso, aunque hasta ahora no se sabe su calidad,
porque falta quien lo beneficie. Las batatas y mandiocas son el
principal rengln para el alimento de estos naturales; y, en fin,
cuantas simientes se arrojan a la tierra producen con abundancia; de
modo que, si hubiera estmulo que obligara a los hombres a aplicarse a
la agricultura, no faltaran en todo el ao en las huertas cuantas
verduras se recogen en las de los otros pases en las varias estaciones
del ao. Lo mismo digo de las frutas, todos los frutales se cran y
fructifican bien, particularmente los naranjos y limones, que crecen
hasta llegar a una corpulencia desmedida. Las vides se cran bien, y dan
muy buena uva, y en otros tiempos se ha hecho algn vino en los pueblos
que lo han intentado; particularmente en el pueblo de la Cruz, en donde
consta se haca bastante y muy bueno en tiempo de los ex-jesuitas. Los
ganados de todas especies se conservan y multiplican muy bien; y, en
fin, por cuantos lados se miren estos terrenos se encontrarn los ms
frtiles y de mejores proporciones para formar una provincia la ms
comerciante; y, por consiguiente, si no la ms rica, a lo menos la ms
cmoda de todo este virreinato.

Inmediato al Paran, en una y otra banda, cerca de los pueblos de
Candelaria y Santa Ana, hay minas de exquisito cobre; pero, aunque se
trabajaron despus de la expulsin, fueron abandonadas, porque no
alcanzaban las utilidades a sufragar los costos; y aunque se asegura que
las hay de azogue y de otros metales, hasta ahora no he visto prueba que
me convenza de su existencia. Tambin hay en muchos parajes minas de
cristal de roca muy superior; ste se cra en el corazn de pedernales
huecos de varios tamaos, y que en mi concepto crecen. All estn
embutidas las piedras por toda la circunferencia interior como los
granos de una granada, pero dejando hueco en el centro, hacia donde
todas terminan en punta con varias superficies, tan iguales que parece
que con arte han sido colocadas y labradas. Algunas de estas piedras son
moradas, tan difanas y duras que no me queda duda son amatistas finas;
y es de creer que, si en los parajes donde se hallan en la superficie de
la tierra se buscasen en su interior, tal vez se encontraran algunas de
valor.

En toda la provincia hay canteras de piedra para edificios, muy dciles
de labrar y de mucha consistencia para permanecer. De estas canteras
sacaron los ex-jesuitas algunas columnas de cuatro y an ms varas de
largo, muy slidas y de superficie muy igual; en algunas son las piedras
de la propiedad de las pizarras, compuestas de varias vetas que se
desunen con mucha facilidad, formndose lozas de superficie tan igual
que no es menester labrarlas. En el prtico de la iglesia de San Ignacio
Min hay tres de estas losas, que la mayor tiene ms de quince pies de
largo y diez de ancho, y las otras dos son poco menores. Otra especie de
piedra hay muy tosca, pero facilsima de labrar, y segn su peso y
algunas seales de ella parece vena de fierro, y es la que ms
comnmente se emplea en las paredes de los edificios.

Las yerbas medicinales que se encuentran son muchas; los indios las usan
en sus enfermedades, dndoles nombres propios en su idioma, pero el
beneficio de su conocimiento no se podr lograr con utilidad entretanto
no se destine un inteligente que descubra sus virtudes y determine sus
usos.

De los renglones ms necesarios a la conservacin y comodidad de los
hombres slo faltan dos en esta provincia, que son la sal y la cal; del
primero es preciso abastecerse de Buenos Aires o del Paraguay, y el
segundo se suple, para blanquear las iglesias y habitaciones, con
caracoles grandes calcinados, que los hay en los campos con mucha
abundancia, y de ellos se hace exquisita cal, pero sta slo alcanza
para blanquear y no ms.

En esta provincia son muy pocos los insectos que incomodan a los
hombres. Las pulgas, chinches y piojos son raros. Mosquitos apenas se ve
alguno dentro de las habitaciones, aunque en el campo los hay de varias
especies que incomodan a los animales y a los hombres. La nica molestia
que hay en los pueblos es la de los que llaman _piques_, que son unos
insectos que se introducen por el cutis en los pies, all toman
incremento y multiplican su especie prodigiosamente; pero, adems de la
facilidad de extraerlos, en teniendo un poco de aseo en las habitaciones
se pasan muchos meses sin experimentar esta molestia.

Hay tambin vboras de muchas especies, y algunas de mortal veneno, pero
no son tantas como se dice, y en los poblados raras veces se ve alguna.

En los montes y campos se cran tigres, leopardos, zorras, antas y
avestruces, pero por lo regular no molestan a los hombres. Hay asimismo
muchas aves particulares, como son loros, que los hay de muchas
especies, guacamayos, cuervos blancos y tucanes; estos ltimos son del
tamao de una paloma, y su pico tiene de largo una sesma de vara, y dos
pulgadas y media de grueso; es tambin muy abundante de palomas
torcazas, trtolas, patos grandes y chicos, y muchos pjaros pequeos
comestibles.

El clima es tan saludable que apenas se encuentra otro que lo sea ms,
aun para los forasteros; slo los que se entregan al vicio de la
incontinencia experimentan los estragos del mal venreo de que los
naturales estn bastante tocados, aunque en ellos no se experimentan los
fuertes efectos que en los espaoles; y aunque en algunas estaciones del
ao, particularmente en el otoo, se experimentan fiebres intermitentes,
que aqu llaman _chuccho_, son de tan poca malicia que si alguno muere
es por falta de asistencia. Slo las viruelas y el sarampin son los que
causan estragos horrorosos; bien es que stos provienen en parte de que,
pasndose muchos aos sin experimentarse estas epidemias, cuando
acometen, como son pocos los que viven que las hayan tenido, y se
extiende prontamente el contagio, no se halla quien asista a los
enfermos, porque todos huyen de que se les comuniquen, con que no es
mucho que mueran casi todos, siendo maravilla el que escape alguno a
esfuerzos de la naturaleza. Yo me compadezco mucho de la miseria que
padecen en sus enfermedades; y aunque he procurado proporcionarles los
auxilios que me han parecido oportunos para su alivio en todas sus
dolencias, no lo he podido conseguir como lo he deseado, porque cuanto
se destina para los enfermos lo consumen los mismos por cuya mano se le
suministra, sin que hayan bastado cuantas providencias y arbitrios he
imaginado para evitarlo.

En toda esta provincia no he visto ni tengo noticia haya ningn loco ni
demente; son raros los paralticos y defectuosos y no se experimentan
muchas enfermedades crnicas.

Esta provincia se compone de pueblos, todos ellos tan semejantes los
unos a los otros que visto uno estn vistos los dems; y aunque usted
los tiene observados, le mando el plano del de Candelaria y el de
Concepcin, para que pueda satisfacer la curiosidad de otros. Sus casas
son de teja, a excepcin de los de San Cosme y Jess, que la mayor parte
son de paja. La figura de los edificios o casas de los indios es la de
un galpn de 50 a 60 varas de largo y 10 de ancho, inclusos los
corredores que tienen en contorno; son muy bajas, y cada galpn se
divide en 8 o 10 divisiones. Las iglesias son bastante suntuosas y
grandes, pero de irregular arquitectura y poca duracin, por lo
corruptible de sus materiales que son de madera. Los ornamentos, vasos
sagrados, alhajas de plata y oro de que son servidas, son tantas, y en
algunas tan preciosas, que pueden competir con las mejores catedrales de
Amrica. Las casas principales, llamadas comnmente colegios, son muy
capaces y cmodas, regularmente situadas en parajes de deliciosa vista.

Son estos naturales de regular estatura y disposicin; su color es
moreno algo plido, particularmente las mujeres, las que, sin embargo de
andar todas descalzas y casi desnudas, y estar ordinariamente ocupadas
desde nias en los trabajos de agricultura, como son carpidos y otros,
se admira lo pequeo y bien formado de sus pies y manos, y buena
disposicin de sus cuerpos. Son todos de regular habilidad y comprensin
en cuanto se les aplica; comprenden ms por la vista que por el odo;
cualesquiera cosa que se les pone por delante, la imitan con bastante
perfeccin; pero, por ms que se les explique lo que no ven, no aciertan
con ello. Son tan humildes y obedientes, particularmente a los
espaoles, y a los que reconocen superiores, que obedecen ciegamente y
sin examen cuanto se les manda. Son tenidos comnmente por perezosos,
fundndose en que es preciso compelerlos con rigor al trabajo, no tan
slo para lo que es de comunidad, sino tambin para lo que es propio de
ellos. Tambin son tenidos por ladrones diestros, y, en efecto, el menos
notado de este vicio es el que no busca la ocasin, porque al que se le
presenta no la pierde.

Es grande la inclinacin que tienen estos indios a saber, de modo que
siempre que se les proporciona ocasin de instruirse la aprovechan. Todo
aquello que ven ejecutar a los espaoles procuran imitarlo, y ponen
atentos odos cuando en su idioma se los refieren algunos puntos de
historia, o se les hace relacin de algunas particularidades de Europa,
refirindolas ellos entre s con gusto y admiracin. Pero la lstima es
que tienen cerradas las puertas a toda instruccin; ellos no entienden
nuestro idioma, y en el suyo no hay quien les d noticia de nada, sino
nicamente de las cosas ms precisas de la religin; no tienen libros en
que aprender, ni objetos que mirar, con que es preciso que su
imaginativa est perpetuamente en inaccin, y por consiguiente vivan
envueltos en las tinieblas de la ignorancia.

Asimismo es grande en ellos la inclinacin a tratar y contratar
continuamente, cambiar unas cosas por otras; pero, como no tienen
conocimiento del verdadero valor de ellas, por casualidad se verifica un
trato con igualdad, y sucede muy frecuente el engaarlos algunos
espaoles de pocas obligaciones que clandestinamente tratan con ellos,
sin que el gobierno ni los administradores puedan remediarlo; porque,
aunque muchas veces se les hace ver el engao que han padecido, no hay
forma de persuadirlos a que no compren ni vendan por s solos, teniendo
por mengua el que los consideren incapaces de comprar y vender. Pero
algunos, que en esta parte se han aventajado a los dems, no es fcil el
que los engaen, pues saben muy bien darle la estimacin a las cosas que
poseen.

Todos ellos son inclinados a mandar y anhelar por cualesquiera empleo y
ocupacin por despreciable que sea; y procuran desempearlo el tiempo
que les dura, y manifiestan mucho sentimiento cuando, fuera de tiempo y
por algn motivo que hayan dado, se les priva del empleo, tenindolo por
mengua y deshonor; sienten asimismo las palabras injuriosas, y el estar
en desgracia del que los manda, de modo que, en cometiendo alguna falta,
aunque sean los muchachos, desean que luego los azoten, y no los
maltraten de palabras, para volver a la gracia de sus superiores. Es en
ellos circunstancia apreciable para emplearlos la elocuencia y
persuasiva, y tienen en poco al que le falta esta prerrogativa, aunque
tenga otras recomendables; se precian mucho de vergonzosos y
pundonorosos, pero por falta de educacin y de ideas no saben usar
rectamente de estas virtudes. En ellos no es deshonor el emplearse en
oficios ruines, aun los que acaban de obtener los empleos ms
honorficos, porque no conocen ni distinguen lo noble de lo uno, ni lo
ruin de lo otro. Tampoco es deshonor el que los azoten cada da, bien es
que, si esto lo fuera, muy raro sera el que no se considerara
deshonrado. La incontinencia de las mujeres, as solteras como casadas,
se mira con indiferencia; aun los mismos maridos paran poco la
consideracin en eso, y as se entregan las mujeres al apetito de los
hombres, particularmente si son espaoles o mandarines, con poca
repugnancia y ciega obediencia, tal es la disposicin de su nimo a
obedecer a todos los que consideran superiores. Son inclinados estos
naturales, como todos los indios, a la embriaguez, pero no la practican,
porque no tienen proporciones para ello, y porque se castiga al que se
embriaga; si alguno cae en este vicio es por causa de algunos
inconsiderados espaoles, que por obsequiarlos les dan bebida. Son
tambin muy amantes de la msica, a cuyo ejercicio se aplican sin ser
compelidos, y as en cada pueblo hay infinidad de msicos; los tambores
y todo instrumento estrepitoso son muy de su gusto, y as les acompaan
para todo. No hay faena a que no se destinen tres o cuatro tamboriles
que estn tocando entre tanto los otros trabajan, y se conoce desmayo en
ellos cuando no tocan al tiempo que faenan. Son muy sufridos en todos
los trabajos; apenas se les oir quejarse, ni aun cuando rigorosamente
los azotan, ni cuando por algn descuido son heridos de algn gran golpe
en los obrajes o faenas. Lo mismo sucede en sus enfermedades, por agudos
e intensos que sean sus dolores, slo se les conoce porque ellos lo
dicen cuando se les pregunta, o porque a la naturaleza del mal son
inseparables algunas seales de sentimiento; pero ellos los sufren con
una constancia y serenidad que admira. Yo me dedico bastante a visitar
los enfermos, y en estas visitas, y en las veces que acompao al
Santsimo Sacramento cuando se les da por vitico, nunca he visto ni a
un solo enfermo desasosegado; siempre fijos en la hamaca o catre sobre
un cuero, que es regularmente su cama, parecen difuntos, segn la
quietud con que se mantienen; slo se conoce estn vivos por el
movimiento de los ojos, o por lo que responden cuando se les pregunta;
as permanecen hasta que mueren o sanan.

En sus casas se tratan con mucha indecencia y desaseo; regularmente
andan desnudos los padres y las madres delante de los hijos e hijas, aun
siendo adultos, y stos lo mismo delante de sus padres; y no tan
solamente los de una propia familia, sino tambin los de otras que viven
dentro de una sola habitacin, pues son inclinados a vivir muchos
juntos. Esto parece lo hacen porque en ello encuentran alguna
conveniencia, pues con un solo fogn guisan la comida, se calientan y
alumbran, y aun juntan sus viandas y comen juntos; y como todo esto lo
hacen dentro de la vivienda en que asisten, la tienen tan inmunda,
negra, llena de humo y hediondez, que es repugnante entrar en ellas, y
contribuye no poco a su desaseo y abatimiento.

Los indios tratan regularmente a sus mujeres, y las tienen como muy
inferiores a ellos, y las obligan a todo gnero de trabajo, as en sus
chacras en las labranzas y carpidos, como en sus casas en hilados y
traer a ellas todo lo necesario para la comida y disponerla, excusndose
ellos cuanto pueden del trabajo y cargndole a la mujer, a la que no
pocas veces maltratan inhumanamente, parecindoles le es lcito y pueden
hacerlo, y de esto es rara la vez que la mujer se queja, aun sabiendo
que la justicia castiga severamente a los que as se portan.

Los padres de familia cuidan poco o nada de la educacin de los hijos,
ni de su alimento y vestuario, porque de todo ha de cuidar el comn,
quien a su placer los emplea donde y conforme les parece, desde que son
capaces de hacer algo; tampoco anhelan por adquirir bienes que dejarles
a sus hijos, ni tienen idea de lo que es herencia, ni aun de la
propiedad actual de las cosas, porque la costumbre de dejarlas, y de
verlas dejar de otros para ir a donde el comn los destina, les hace
mirarlas con indiferencia y abandonarlas sin sentimiento. Resisten con
notable constancia el trabajo y la hambre, pasndose muchas veces todo
el da trabajando, sin haberse desayunado y sin manifestar flaqueza;
pero al mismo tiempo admira lo que comen cuando lo tienen. El vestido
regular en las mujeres es una especie de saco de lienzo de algodn, a
que llaman _tipoy_, sin mangas ni cuello, sino slo unas puntadas por
una de sus bocas con que lo acomodan al cuerpo; otras forman con lo
mismo una camisa larga a manera de una alba que es algo ms decente,
aunque ya esto est bastante mejorado.

Son estos naturales muy amantes al Rey, y muy obedientes a todo cuanto
se les manda en su real nombre; en los cabildos el comn modo de
explicarse y de persuadir a los otros a que hagan lo que deben es
decirles que as lo manda Dios y el Rey. Cuando alguno viene a pedir
alguna gracia o justicia, su introduccin es: Dios y el Rey os ha
mandado para que nos amparis como a pobres miserables que somos, y as
en su real nombre os suplicamos, etc.. Y de este modo se explican en
todos sus razonamientos, trayendo siempre juntos a Dios y al Rey.

Del mismo modo aman a los espaoles, y viven persuadidos que cuanto bien
poseen lo deben a ellos, parecindoles que si los desamparasen
pereceran; y se maravillan de que dejemos nuestras casas, parientes y
amigos slo por venir (como ellos dicen) a cumplir la voluntad de Dios y
del Rey en beneficio suyo.

Estos pueblos, desde su reduccin, se han mantenido y mantienen en
comunidad; y aunque este mtodo de gobierno sera til a los principios,
despus no ha servido, en mi concepto, sino a impedir los progresos de
polica y civilidad, los que subsistirn del mismo modo, entre tanto no
se mude de gobierno, dando entera libertad a los indios como dicta la
misma naturaleza. Pero antes de tratar de esto ser bueno el dar a usted
una idea de lo que fue esta comunidad en tiempo de los Jesuitas que la
establecieron, y lo que es al presente desde su expulsin, con las
consecuencias precisas que se siguen de ella.

Como la vida de estos naturales, en su gentilidad, era el andar errantes
por los montes en pequeas familias o cacicazgos, alimentndose de
frutas silvestres, miel de abejas, que las hay en los montes de muchas
especies, de los animales que cazaban, y tal vez de algunas semillas que
sembraban; fue preciso, para reducirlos a pueblos y educarlos en nuestra
santa fe, el proporcionarles el sustento fuera de los montes en que
antes lo encontraban. Para esto parece no se presentaba mejor mtodo,
atendiendo a su rudeza, que el que eligieron aquellos primeros
doctrineros, que fue constituirse cada uno en su reduccin como padre
temporal de sus nefitos, persuadindolos y obligndolos a sembrar de
comn, recoger y guardar sus frutos, y distriburselos con economa, de
modo que no les faltase en todo el ao; y as en todo lo dems que
establecieron con el tiempo, y que uniformemente practicaban en todos
estos pueblos.

Por algunos cuadernos que existen del tiempo de los expatriados, por la
costumbre de los indios y por las noticias que con facilidad se
adquieren, se sabe con toda certeza que el gobierno de estos pueblos, al
tiempo de la expulsin, era el siguiente. En cada pueblo haba un
corregidor indio, un teniente de corregidor, dos alcaldes y algunos
regidores, y otros individuos de cabildo, todos sujetos enteramente a la
direccin y voluntad del cura. As mismo, haba una casa grande contigua
a la iglesia, con muchas viviendas, oficinas y almacenes, a la que
llamaban _colegio_, que serva de vivienda a los padres, de almacenar
los frutos y efectos de sus manufacturas y de oficinas para todos los
oficios que mantenan. Cada pueblo tena su estancia o estancias, bien
provistas de ganados de todas especies, todo al cargo del cura que
administraba los bienes de comunidad.

A los indios en aquel tiempo no se les permita propiedad en cosa
alguna, pues, aunque a todos se les obligaba a tener chacras propias, y
se les daba tiempo para que las cultivasen, stas haban de ser del
tamao que el padre quera y en el paraje que l sealaba, y sus frutos
los haban de consumir y gastar conforme a la voluntad del padre; y, en
fin, en un todo haban de vivir sin libertad.

Cada semana sealaban los tres primeros das para que todos los indios
trabajasen para la comunidad, en los trabajos que el padre dispona, y
los tres restantes haban de ir a trabajar a sus chacras, lo que
asimismo celaba el padre que lo cumplieran, castigando a los que
faltaban a ello.

Para los tejedores y dems empleados en oficios o faenas, como asimismo
para las viudas, hurfanos y viejos, sembraban una grande chacra,
cultivndola como lo dems de comunidad, y sus frutos los repartan
entre aquellos para quien se sembraba.

A las indias repartan regularmente diez y ocho onzas de algodn a la
semana, en dos porciones y en distintos das, las que traan en los
mismos, seis onzas de hilo en dos ovillos. En esto haba alguna
diferencia de unos pueblos a otros, como asimismo en la cantidad de
algodn; pues, si el hilo haba de ser para lienzo grueso, la tarea era
como queda dicho, pero, si haba de ser para mediano o delgado, era
menor, proporcionado a la calidad del hilo. Y como los carpidos de los
algodonales y de otros sembrados los haban de hacer las indias, cuando
las ocupaban en estos trabajos no les daban tarea de algodn sino a las
embarazadas, a las que estaban criando y a otras que tenan legtimo
impedimento para salir al campo. Lo mismo hacan con los muchachos y
muchachas, que corran, hasta que se casaban, al cargo del padre, as en
el alimento y vestido como en la educacin y aplicacin al trabajo.

Tenan en cada pueblo una casa en que recogan a las indias de mal
vivir, a los enfermos habituales y viejos impedidos; all los
sustentaban y vestan, aplicando cada uno a lo que podan.

Cuidaban de los enfermos con aquella asistencia que las circunstancias
permitan; la falta de mdico la suplan con enfermeros, que llamaban
_curusuys_, que a lo ms saban sangrar y aplicar algunos remedios que
el padre le deca eran buenos, o a ellos les pareca lo eran. stos
tenan obligacin de visitar a menudo los enfermos, cuidar que la
comida, que el padre les haca disponer, se les llevase y comiesen, y
principalmente el avisar al cura cuando les pareca estaba alguno de
peligro, para que le administrase los santos sacramentos, pues los de
casa, por ms inmediatos que fueran, se consideraban desobligados de
esto.

Todos los frutos de comunidad se recogan y almacenaban en el colegio,
de los cuales los que eran comerciables los despachaban fuera de la
provincia, la mayor parte a Buenos Aires, y con su producto pagaban los
tributos, diezmos, etc. El sobrante lo retornaban en efectos para el
consumo de los pueblos, de los que mucha parte se inverta en adornos y
alhajas de las iglesias, en algunos efectos comerciables, y una no
pequea parte en comprar vestidos costossimos, que ms servan de
ridiculizar que de adorno en sus festividades.

Uno de los mayores cuidados de los curas, y tal vez el mayor, era el
mantener una perfecta igualdad entre todos los indios, as en el traje
como en la asistencia a los trabajos; de modo que el corregidor y
corregidora haban de ser los primeros en concurrir al paraje en donde
deban acudir todos, y as los dems de cabildo y sus mujeres. A ninguno
permitan calzado, ni distinguirse en la ropa, ni modo de traerla, todos
haban de ser iguales, y slo se distingua el cabildo en las varas y
bastones, y los das de fiesta o de funcin en los vestidos que la
comunidad tena guardados para aquellas ocasiones. Los caciques eran
regularmente los ms miserables; raro es de los de aquel tiempo el que
sabe leer; y no los ocupaban en empleo alguno, o, si lo hacan, era con
alguno muy raro. As, se conoci al tiempo de la expulsin que en los
treinta pueblos slo haba tres o cuatro caciques corregidores; sin duda
recelaban que, juntndose a la veneracin que los indios tienen a sus
caciques, la que les corresponda por el empleo, quisieran tener ms
autoridad que la que en aquel tiempo convena.

Cada semana daban, dos o tres das, racin de carne, o conforme el
pueblo poda, y en los dems les daban menestras o carne en las faenas,
particularmente a los muchachos y muchachas, a quienes siempre les daban
cocida la comida; y en los aos estriles, en que no recogan lo preciso
en sus chacras, les repartan de la comunidad lo necesario para que no
padeciesen; y lo mismo hacan con el vestuario, al que ocurran conforme
la necesidad peda.

Ya usted ve, amigo mo, que ste era un rgimen excelente practicado con
pupilos, o por un padre con sus hijos entretanto estn bajo la patria
potestad, pero no para formar pueblos con nimo de que sus habitadores
adelantaran en cultura y polica, segn ha sido en todos tiempos la
voluntad del Rey. As se practicaba, y las consecuencias fueron las
mismas que se deban esperar. No poda ocultrsele esto a sus curas, ni
al cuerpo de la religin que los gobernaba, pero sus fines particulares
tenan el primer lugar en todo lo que ejecutaban, y as preferan este
mtodo, separando por medio de l a los indios de todo lo que pudiera
sacarlos de su ignorancia y abatimiento.

Con este rgimen, y la economa jesutica, no es de admirar que, en ms
de ciento y cincuenta aos que hace estn fundados estos pueblos,
acopiasen los fondos que tenan al tiempo de su extraamiento, as en
las iglesias como en lo que se llama fondo de comunidad. Yo por mi parte
no me admiro de lo que haba, atendiendo a lo frtil de esta provincia y
la mucha subordinacin de los indios, que, con tenerles negado
absolutamente el trato con los espaoles, no conocan otra autoridad que
la de los jesuitas, y as hacan cuanto queran de ellos.

Ya que he manifestado a usted del mejor modo que he podido lo que fueron
estos indios en tiempo de sus antiguos curas, dir a usted lo que han
sido y son hasta el presente, en el nuevo gobierno.

Despus que fueron expulsados los Jesuitas, curas a cuyo cargo corran
estos pueblos tanto en lo espiritual como en lo temporal, se estableci
en ellos el mtodo de gobierno que an subsiste, bajo las reglas y
ordenanzas que form el excelentsimo seor don Francisco Bucareli,
Gobernador y Capitn General de Buenos Aires, las que, despus de
algunas mutaciones, vinieron a fijarse en los trminos siguientes:

Se estableci un gobernador con jurisdiccin sobre los treinta pueblos,
equiparada a la que tienen por las leyes los corregidores y alcaldes
mayores de pueblos de indios, pero subordinado al gobierno de Buenos
Aires. Al mismo tiempo se establecieron tres tenientazgos subordinados
al gobernador, pero con la misma jurisdiccin los tenientes en sus
respectivos departamentos, hacindoles responsables, as al gobernador
como a los tenientes, de las resultas de la parte que a cada uno se le
encargaba, segn se expresa en las citadas ordenanzas.

Para cada pueblo se nombr un Administrador espaol que manejase sus
bienes, cuidase de sus aumentos, dirigiese a los naturales, as en sus
faenas como en el giro y distribucin que debe darse a los bienes de
comunidad, teniendo obligacin de dar cuenta de todo cuanto se le
pidiere, con otros varios cargos que constan de las ordenanzas y rdenes
expedidas posteriormente, a los que les seal de sueldo 300 pesos al
ao y la manutencin.

Asimismo se pusieron en cada pueblo dos religiosos con ttulo de cura y
compaero, para que cuidasen de la direccin de las almas y del culto
divino, prohibindoles toda mezcla en los asuntos temporales,
sealndole al cura 300 pesos de snodo, y al compaero 250 pesos, y que
a uno y otro les suministrase el pueblo el alimento. Esta asignacin se
les rebaj a ambos religiosos, sealando a cada uno 200 pesos por real
cdula de 5 de octubre de 1778.

En las mismas ordenanzas se previene que en cada pueblo se contine el
nombramiento de un corregidor indio, dos alcaldes, cuatro regidores, un
alguacil mayor, dos alcaldes de la hermandad y un mayordomo, con otros
oficios correspondientes a la iglesia, como son un sacristn, tres
cantores y dos fiscales, que cuiden de aquellos ministerios propios de
su destino, y estas elecciones las confirma el gobernador de los
pueblos.

El nombramiento de corregidores tocaba, segn las ordenanzas, al
gobernador de Buenos Aires, y cada corregidor no deba serlo por ms
tiempo que el de tres aos; pero no se observan estos puntos, pues el
gobernador de Misiones nombra los corregidores, y stos toman posesin
en clase de perpetuos, de modo que slo por algn defecto se les priva
del empleo, y as hay todava en los pueblos corregidores que lo eran en
tiempo de los jesuitas. Puede ser que esta prctica se haya seguido
porque no es fcil encontrar en los pueblos muchos indios que puedan
desempear el cargo de corregidores, pero, por cualquiera motivo que se
haya seguido, debe tenerse por un abuso perjudicialsimo a los indios,
pues priva a otros de la esperanza de conseguir este empleo, hacindose
acreedores a l con su aplicacin y buenos procedimientos. Lo que tal
vez no ponen en ejecucin porque no esperan ningn premio, y se da lugar
a los indios corregidores a que se hagan despticos, y a que opriman a
los otros, seguros de que su empleo no tiene trmino, lo que no
sucedera si supieran que les haba de durar slo tres aos; y si
pasados stos no se encontraba absolutamente otro en el pueblo capaz de
ser corregidor, ningn inconveniente haba en volverlo a proponer,
despus de haber dado los descargos que pudieran resultarle de los tres
aos de su empleo.

A todos los indios e indias se les dej sujetos a la comunidad, como lo
estaban en tiempo de sus precedentes curas, considerndolos incapaces de
poder subsistir de otro modo; el gobierno y direccin de toda la
comunidad se deposit en el corregidor y cabildo, ayudados y dirigidos
del administrador espaol, y sujetos en un todo al gobernador o
tenientes a quienes correspondiese el inmediato mando, dndose reglas en
la misma ordenanza para el mejor manejo de los bienes y sus
adelantamientos, como tambin para desterrar de los naturales la rudeza
y abatimiento en que haban sido educados, infundindoles ideas
polticas y racionales que les excitasen el deseo de una felicidad que
no conocan, y a que les est convidando la fertilidad de sus terrenos,
con otras muchas y sabias reglas que all se establecen.

Para que el sobrante de los frutos y efectos que se recogen y benefician
en estos pueblos se expendiesen con aquella estimacin ms ventajosa a
los pueblos, se estableci un Administrador general en la ciudad de
Buenos Aires, dndole reglas equitativas y muy tiles para que, puestos
los frutos y efectos en una sola mano, no perdiesen la estimacin, como
sucedera distribuidos en las de muchos; y que por mano de ste se
surtiesen los pueblos de lo necesario, pagasen los reales tributos segn
los padrones, a razn de un peso por cada tributario, y enterase a la
iglesia los diezmos que estn regulados a 100 pesos cada pueblo.

Aunque desde los principios se conoci que lo que ms haba influido
para la incapacidad de estos indios era el haberlos tenido sujetos a la
comunidad y no haberles inspirado otras ideas que las de la sumisin y
obediencia, tratndolos como a hijos de familia menores de edad, no
pudiendo ilustrar sus entendimientos para que desde luego aprendiesen a
trabajar para ellos, tratar y comerciar unos con otros con sus frutos y
efectos, conchabndose los de menos habilidad con los ms expertos y
laboriosos, y a verificar todos aquellos medios y arbitrios que se
practican entre gente civilizada, tratando y comerciando, no tan
solamente entre s, sino tambin con los forasteros, que es en lo que
consiste el aumento y felicidad de los pueblos y naciones; no pudiendo,
como digo, darles a conocer desde luego estas ventajas, pareci lo ms
conveniente el dejarlos por entonces sujetos a la misma comunidad, como
lo haban estado, hasta que con el tiempo se hiciesen ms capaces. Pero,
como el principal motivo que los tena reducidos a la incapacidad era la
sujecin a la comunidad, subsistiendo sta, subsista siempre el
impedimento de sacarlos de tan miserable estado; y as se ha
experimentado que, por ms que se ha trabajado, es muy poco lo que se ha
adelantado en el particular.

Establecido el gobierno en los trminos que sumariamente va explicado,
fueron colocados al principio, para administradores, unos hombres cuales
los depar la suerte. Eran los ms de stos de tan poca habilidad como
los mismos indios; y como, aun los expertos, eran bisoos en aquel
manejo, y no tenan a quien imitar ni consultar, se mantenan en la
mayor inaccin. Al mismo tiempo los indios, no acostumbrados a moverse a
nada sin ser mandados y aun obligados, como los administradores nada o
muy poco disponan, ellos tampoco hacan nada; de modo que slo se daban
prisa para mandar traer de las estancias crecidas mitas de ganado, a lo
que los administradores no se oponan, porque ni saban cmo deban
manejar lo que tenan a su cargo, ni tenan valor para oponerse a los
indios, ni aun saban lo que ellos hacan. De este modo en pocos aos
disiparon y consumieron cuanto haba en los pueblos y estancias, sin
pensar en trabajar ni reponer lo que consuman. A esto se sigui la
grande epidemia de viruelas que caus la desolacin de los pueblos, que
quedaron sin indios ni hacienda. Cuando el Gobierno conoci el dao, ya
no tena otro remedio que aplicarse a repararlo del mejor modo posible.
Para esto se removieron todos aquellos administradores intiles,
sustituyndolos con otros de ms habilidad y mejor conducta; se trat de
obligar a los indios al trabajo, poniendo el mayor empeo en el
restablecimiento de las estancias, y, en fin, se adoptaron todos
aquellos medios que parecieron conducentes; y efectivamente con ellos se
consigui, si no en todos los pueblos, en los ms, el volverlos a poner
en una mediana que promete algn alivio a sus naturales, y mayores
adelantamientos en lo futuro.

Este atraso se les sigui a los pueblos por no haber verificado lo que
se previene en las mismas ordenanzas, y es que cada ao en el tiempo ms
oportuno se celebrase en Candelaria una Junta general, compuesta del
gobernador, los tenientes, los corregidores y administradores de todos
los pueblos, para que en ella se examinen con los libros de acuerdos que
deben tener todos ellos, y las disposiciones acordadas semanalmente por
los cabildos y administradores, sus efectos y consecuencias, proponiendo
cada uno lo que considere ms til a los pueblos, acordando y
determinando lo que a la misma Junta te pareciese ms conveniente, de la
cual deban resultar los estados anuales que deban remitirse al
Gobierno de Buenos Aires, con los informes necesarios y las propuestas
que en beneficio de los pueblos tuviesen por convenientes. Pero esta
Junta, tan esencial y conveniente a los pueblos, no se ha verificado ni
una sola vez; los motivos que la han impedido los ignoro, y el nico que
se presenta a mi idea es la dificultad de juntarse todos, por la
distancia que hay de los pueblos ms distantes. Pero hacindose cargo
que algunos administradores por solo concurrir a alguna funcin dejan su
pueblo y van a otro, que dista tal vez ms leguas que las que hay desde
los ms apartados al de Candelaria, no se hallar dificultad en que
todos concurrieran a la Junta. Pero, aun dado caso que este motivo se
estime como suficiente, con facilidad se allanaba por otro mtodo que
surtira los mismos efectos, y era el que cada teniente en su distrito
formase una junta particular de los de su jurisdiccin, y con sus
resultas uno o dos administradores y otros tantos corregidores de su
satisfaccin pasasen a Candelaria, en donde juntos todos los tenientes
con sus asociados, y lo resultivo de sus juntas, formaran la general con
el gobernador, evitando as los inconvenientes que pudieran seguirse de
concurrir todos, y sin duda tendra los mismos efectos que si se
celebrase como se previene en las ordenanzas. Si esta Junta hubiera
tenido efecto, seguramente no hubieran experimentado los pueblos
aquellos atrasos que tuvieron a los principios, y las cosas se hubieran
arreglado en mejor pie del que se hallan; pues, tomando de cada uno
aquello que haba tenido mejor xito, se estableceran con conocimiento
las reglas ms oportunas para lo futuro; all se conocera el mrito y
aplicacin de cada uno, y se desecharan todos aquellos que por su
impericia u otros motivos diesen lugar a ello, y se trabajara con ms
uniformidad y acierto.

Como a los principios de nada se cuidaba, y despus fue preciso atender
solamente a poblar de ganados las estancias, se descuidaron los otros
objetos que se encargan en las ordenanzas, y que exigan la atencin de
todo buen gobierno. Se ha desatendido la reparacin y aumento de los
edificios, as de las casas principales llamadas colegios, como de
particulares de los indios, de modo que los pueblos se han arruinado y
las iglesias algunas amenazan ruina. Los yerbales que se cultivan junto
a los pueblos se han dejado casi perder, no haciendo otra cosa que
sacarles cuanta utilidad han podido, sin cuidar de reponer con nuevas
plantas las que se iban perdiendo o envejeciendo, por aplicar la poca
gente que haba quedado a otras labores, de que en el mismo ao se
recoge la utilidad.

Tampoco se ha cuidado de introducir el aseo en las personas y casas de
estas gentes, ni el que se traten con honestidad, descuidando tambin el
suministrarles aun lo preciso para su subsistencia, pues por atender al
restablecimiento de las estancias fue preciso abandonar todo lo dems.

Como la experiencia dio a conocer la incapacidad de los indios y su
propensin a gastarlo todo y no trabajar, fue preciso que las
providencias del gobierno ampliasen las facultades a los
administradores, subordinndoles en cierto modo a los corregidores y
cabildos, para que as obligasen a los dems indios al trabajo y
moderasen los gastos. Con estas providencias, en las que siempre se ha
procurado en lo posible salvar el espritu de las ordenanzas, se ha
venido por ltimo a fijar la prctica de gobierno que al presente se
observa, la que en muchos puntos se aparta bastante de las ordenanzas,
pero la necesidad ha dado lugar a ello.

Aunque por las ordenanzas se establece que la direccin del pueblo haya
de correr a cargo del corregidor y cabildo, y que el administrador slo
sea un director que les aconseje y persuada lo mejor, y que nada debe
hacerse sin que sea dispuesto y acordado por el cabildo, no sucede as,
pues los administradores son los que tienen toda la superioridad,
sirviendo los corregidores y cabildos solamente de ejecutores de las
disposiciones que el administrador les da, sin que en ellas se encuentre
repugnancia en practicar cuanto el administrador les dicta, ni tampoco
en asentir a cualquiera trato que el administrador celebra, firmando
cuantos papeles les ponen delante y consintiendo gustosos y sin examen
en todo lo que el administrador quiera hacer de ellos y de su pueblo.

Y aunque es circunstancia precisa que todos los tratos que hacen los
administradores los ha de autorizar con su permiso el gobernador o
teniente a quienes corresponda el inmediato mando, como no siempre
pueden enterarse de la calidad de lo que se compra, que lo regular es
ganado vacuno o caballar, no puede saber si efectivamente es de la
calidad que se le propone en la propuesta, ni sirve comisionar a otro
para que presencie la entrega, porque o ha de ser de la parte
interesada, o con facilidad puede ser sobornado, y los indios, que por
interesados deban ser los ms celosos, son los que ms procuran ocultar
sus mismos perjuicios, con que es preciso estar a la buena fe del
administrador, sin que se encuentre medio de atajar los fraudes si l es
de mala conciencia. A lo que puede agregarse la permisin o
condescendencia del inmediato superior que, si tal sucediera en algn
tiempo, yendo a la parte con los administradores, podran con facilidad
destruir los intereses de los indios; y stos firmaran gustosos los
documentos que acrediten la legtima inversin de sus caudales, aunque
supieran y conocieran que se convertan en utilidades de otros.

Siendo el administrador, como lo es en las presentes circunstancias, el
superior en el pueblo, l determina por s solo todo cuanto se ha de
hacer, a l se le presenta el corregidor y cabildo como sbditos, de l
reciben las rdenes y a l dan cuenta de la ejecucin y resultas. Por su
informe y a su pedimento confiere el gobierno los empleos, porque, como
la ocupacin de stos es ms en las faenas que en la administracin de
justicia, el que el administrador propone para corregidor, a se se
nombra, y lo mismo los dems empleos y ocupaciones del pueblo.

Las faenas de los pueblos se reducen a podar, arar y carpir los
algodonales, recoger el algodn, resembrarlos cuando se han perdido
muchas matas, o sembrarlos de nuevo cuando se envejecen o hay necesidad.
Estos trabajos se ejecutan por los indios (el arar, sembrar y podar),
pero el carpir y recoger el algodn se hace con las indias, muchachos y
muchachas. Las sementeras de trigo, maz y toda clase de legumbres se
verifican en la misma conformidad que el cultivo de los algodonales.
Cuando los yerbales del pueblo estn en sazn, se ocupan en el beneficio
de la yerba, como en todo lo dems, cada uno a lo que puede o alcanzan
sus fuerzas, y lo mismo en otras faenas menores de agricultura, para lo
cual se destina la mitad del tiempo, y la otra mitad para que acudan a
sus chacras particulares y se proporcionen su subsistencia. Pero, aunque
regularmente se dice que se les deja a los indios la mitad del tiempo
para sus particulares labores, siempre la comunidad cercena muchos das,
de modo que apenas les quedar la tercera parte para ellos.

Las indias se ocupan regularmente en hilar para la comunidad, a las que
se les reparten dos tareas a la semana, o tres cuando lo pide la
necesidad. En cada tarea se les da diez onzas de algodn para que
traigan tres de hilo, y se procura no ocuparlas en otra cosa; pero, en
las ocasiones de carpidos y otras semejantes, destinan a ellas, cuando
no a todas, las ms robustas y que no estn embarazadas ni criando; y
las que no van a carpir se ejercitan en hilar.

Los indios de oficios, como son tejedores de lienzos, carpinteros,
rosarieros y otros, que siempre se mantienen ms por costumbre que por
utilidad, trabajan en sus oficios el tiempo que deben hacerlo para la
comunidad, y el restante van a sus chacras, que es preciso las tengan,
pues de lo contrario no podran subsistir. Slo los tejedores permanecen
algo ms en sus oficios, del que no se les permite se aparten hasta que
concluyan la pieza comenzada, y entonces se les da cinco varas de lienzo
y una o dos semanas libres, para que vayan a sus chacras, y despus
vuelven a su ocupacin.

Un pueblo que tenga 300 indios de trabajo, y correspondiente nmero de
indias, muchachos y muchachas, con un administrador de buena conducta,
se puede regular la cosecha de un ao bueno en los frutos siguientes:
800 arrobas de algodn, otras tantas de yerba, 100 fanegas de trigo, 200
de todas las dems especies de grano, incluso el maz, 50 arrobas de
tabaco, otras tantas de miel, y 15.000 varas de lienzo. En lo que
conocer usted que, a excepcin de los lienzos, en que el hilado es obra
de las indias, todo lo dems podra verificarse con 25 o 50 peones bien
distribuidos, mayormente en estos pueblos cuyos terrenos son muy
frtiles, y que abundan de bueyes y todas las providencias para hacer
ventajosas las faenas; pero slo se tira a pasar el tiempo, como
manifestar a usted.

Como las estancias son el nervio principal que asegura la subsistencia
de los pueblos, se ha puesto en ellas y se pone el principal cuidado; y
en efecto se ha conseguido el que las ms estn en un ventajoso estado
comparadas con el que tenan ahora diez aos; y, aunque se admire el
buen gobierno que ahora tienen respecto al que entonces tenan, quin
negar que es perjudicialsimo el crecido nmero de indios que hay en
cada estancia? En la que menos hay 30 indios, que con sus mujeres,
muchachos y muchachas regularmente pasan de 70 personas, aunque no
tengan que cuidar arriba de 20.000 animales de todas especies, cuando
entre espaoles con una docena de peones estara bien servida una
estancia semejante. As consumen cada ao ms de 400 reses, fuera de las
terneras que roban, y que precisamente han de ser muchas, cuando nunca
pasa la yerra de la sexta parte del ganado que hay, siendo as que
pudiera llegar cuando menos a la cuarta parte. Pero no hay arbitrio para
remediar este desorden en las presentes circunstancias, porque, de
quererlos apremiar, luego se experimenta la desercin.

Cada semana se les da, dos o tres das, racin de carne en el pueblo,
segn la posibilidad de l. Regularmente se mata para cada cien personas
un toro, y los despojos de todos se distribuyen a los muchachos y
muchachas.

Adems de las reses que se distribuyen los das de racin, se matan cada
da una o dos reses para el consumo diario de los curas, administrador,
enfermos, corregidor, mayordomos, los de oficios, y generalmente los
sirvientes del colegio, que son en gran nmero.

Tambin se consumen varias reses en las faenas de comunidad, pues
regularmente se les da de comer a medioda, o al tiempo de retirarse del
trabajo, mayormente cuando la faena es algo pesada. De modo que a un
pueblo que tiene 300 indios de trabajo se le puede regular de consumo
2.000 reses al ao.

Asimismo, todas las menestras que recogen se consumen en dar de comer a
los muchachos y muchachas, y en suplir a algunos para que siembren.

En los pueblos que estn bien asistidos se les da cada ao de vestir a
los muchachos y muchachas, a los impedidos, viejos y viejas, y
regularmente a los que se les nota desnudez, que son aquellos y aquellas
que no son de provecho para s ni para la comunidad, en cuyos socorros,
y las mortajas, que tambin se dan, puede regularse el consumo de un
pueblo de indios del nmero insinuado en 4.000 varas al ao.

Tambin se les da racin de yerba, pero en el pueblo que ms no pasa de
300 arrobas al ao.

De los dems frutos y efectos es muy poco lo que disfrutan los indios;
el trigo, el tabaco, la miel, la azcar que se beneficia o se compra, lo
comestible que de Buenos Aires viene, comprado con el caudal de los
indios, todo se consume en la casa principal; slo el corregidor, los de
cabildo y los enfermos disfrutan alguna cortedad de estos efectos.

Esto es lo que los pueblos mejor arreglados, y que mejor asisten a los
indios, distribuyen anualmente, cuyos frutos, regulado su valor por los
precios ms subidos de estos pueblos, pueden ascender a 5.000 pesos, a
los que, agregando los reales tributos, diezmos, sueldo del
administrador y gasto de iglesia, podr computarse todo el gasto en
8.000 pesos al ao.

Un pueblo de 300 indios de trabajo podr tener 1.200 almas entre chicos
y grandes, con que, teniendo presente que desde cinco aos para arriba
todos trabajan lo que pueden, y que los muchachos y muchachas no tienen
das libres, se podr regular en 800 trabajadores que emplean la mitad
del ao en beneficio de la comunidad; repartiendo entre ellos los 8.000
pesos de gastos precisos, toca a cada uno 10 pesos. Ahora bien, en qu
podr usted ejercitar a un indio o india en esta provincia tan frtil y
de tantas proporciones, que trabajando con una mediana aplicacin no
produzca su trabajo cuando menos 40 o 50 pesos en la mitad de un ao?
Agregue usted a esto el producto de las estancias que, llegando a 20.000
cabezas de ganado mayor, ha de rendir, fuera de gastos y costos, 3.000
pesos cuando menos cada ao; y hallar usted que el no adelantarse los
pueblos es, o porque la inaccin de estos naturales es mucha, o porque
el consumo y desperdicio de la casa principal es grande; uno y otro
sucede, como manifestar en su lugar.

Hasta ahora he referido a usted sencillamente el modo con que se
gobiernan estos pueblos sin manifestarle las vejaciones, opresiones y
violencias que sufren los naturales, todo ello consecuencia precisa de
la comunidad a que viven sujetos; materia es sta de tanta consideracin
que debiera tratarse por otra pluma ms elocuente que la ma, pero
escribo solamente para usted, que sabr poner en mejor orden lo que yo
desaliadamente le noticiare. Volver a tomar el hilo desde el
principio, para su mayor claridad e inteligencia.

Puesto el gobierno particular de cada pueblo a cargo de un administrador
secular que cuidase de la temporalidad, y de dos religiosos que
doctrinasen a los indios, les administrasen los santos sacramentos y
atendiesen a la direccin de sus almas, se dividi el mando, que antes
estaba en una sola persona que cuidaba de lo espiritual y temporal.
Estos religiosos fueron elegidos y nombrados conforme se encontraron;
los ms eran muy mozos, y sin prudencia ni conocimiento. Los indios,
acostumbrados a obedecer solamente a sus curas, miraban al principio con
indiferencia cuanto los administradores les dictaban, de modo que nada
se haca sin consultarlo primero al padre. De estos principios nacieron
las grandes discordias entre curas y administradores, y que
contribuyeron en gran parte a la ruina de los pueblos, como se queja don
Francisco Bruno de Zavala en la representacin que hizo a Su Majestad el
ao de 1774. Los curas se hicieron dueos de las casas principales,
nombradas colegios, no permitiendo vivir en ellas a los administradores;
lo mismo hicieron con las huertas y sus frutales, de todo pretendan
disponer a su arbitrio; y como los indios estaban de su parte conseguan
cuanto se les antojaba. Procurose poner remedio a estas imprudentes
pretensiones de los religiosos con algunas providencias de gobierno,
pero no se adelantaba un paso en ello sin ocasionar a los indios muchas
vejaciones y molestias; porque, adictos siempre a obedecer a los
religiosos, y no cesando stos de influirles mximas contrarias a la
paz, era preciso usar del rigor con ellos para sujetarlos al gobierno.

Consiguiose al fin el hacer conocer a los indios que slo en las cosas
concernientes a su salvacin deban prestar atentos odos a sus curas, y
en lo dems a sus administradores; pero no por esto cesaron las
discordias entre administradores y curas, porque, como unos y otros
viven en una misma casa y con cierta dependencia en sus funciones, jams
se conformaban en sus distribuciones. Los curas queran que los indios
asistiesen todos los das a la misa y al rosario, a la hora que se les
antojaba, que muchas veces era bastante intempestiva; los
administradores se lo impedan, unas veces con razn y otras sin ella, y
lo que resultaba era que el cura mandaba azotar a los que obedecan al
administrador, y el administrador a los que obedecan al cura; y unos y
otros castigos se ejecutaban en los miserables indios, sin ms culpa que
obedecer al que les acomodaba mejor el obedecer; hasta los mismos
corregidores y cabildantes no estaban libres de estas vejaciones, que no
pocas veces se vieron apaleados y maltratados de los curas y
administradores, sin saber a qu partido arrimarse. Esta persecucin no
es tanta en el da, y, aunque una y otra vez se experimenta, no es con
tanto escndalo.

Por motivos menores y particulares se encendan cada da, y an se
encienden, grandes incomodidades entre curas y administradores; como los
pueblos tienen obligacin de alimentar a los curas, y esto corre a cargo
de los administradores, stos, estando enemistados como regularmente
sucede, tienen ocasin de vengarse del cura hacindole esperar, dndole
lo peor y escaso, y por otros medios dictados por el espritu de
venganza. Bien es que no siempre tienen razn los curas para quejarse,
pues solicitan que la comida sea con tanta abundancia que les sobre para
dar de comer, adems de los muchachos que les sirven, a seis u ocho que
suelen agregrseles.

Como en los pueblos no hay maestros de oficios que trabajen para el que
quiera comprarles su obra, ni aun se puede conchabar un pen sin dar
cuenta al administrador, porque todos estn sujetos a la comunidad, ni
los indios saben vender su trabajo, ni hay cmo suplirse de las precisas
necesidades, la prctica que se observa es: si uno de los empleados
tiene necesidad de un par de zapatos, llama al zapatero, le da los
materiales y le dice le haga zapatos; l los hace y los trae, y si le
dan algo lo recibe, y si no se va sin pedir nada; lo mismo sucede con
todas las dems necesidades. Si el cura ocupa al zapatero o a otro, y
est mal con el administrador, si ste lo sabe, inmediatamente lo
despacha a los trabajos de comunidad, para que retarde o no haga la
obra; luego lo sabe el cura, y est armada la zambra, y de todas las
resultas las paga el indio o los indios, a los que se persiguen porque
otros los protegen.

Aunque en las ordenanzas se previene que para el servicio de la iglesia
se destine un sacristn y tres cantores, lo que se practica es que en
estos ministerios se ocupan dos sacristanes mayores con otros tres o
cuatro menores y diez o doce muchachos para aclitos, con ms una
infinidad de msicos, que, aunque estos ltimos no dejan de ocuparse en
otras cosas, siempre es preciso tener algunos a mano para lo que se
ofrezca; y no estando prontos, o parecindole al cura pocos los que
acuden, ya hay ria sobre que se tira a arruinar el culto divino.
Tambin la hay muy frecuente sobre que algunos curas quieran tener
ocupados todo el da a los sacristanes y aclitos en su beneficio.

Los bienes de los indios son tratados como sus personas; distribuyndose
stos con la mayor escasez entre los indios necesitados, y aun enfermos,
se gastan con la mayor profusin, no tan solamente entre los espaoles
empleados, sino tambin con cuantos pasajeros llegan, y que tal vez sin
motivo ninguno se detienen en los pueblos los das que quieren,
facilitndoles cuantas comodidades se les antoja, lo que reciben como
cosa que de justicia se les debe, y de no hacerlo as se muestran
quejosos de los administradores que no los han tratado (dicen) como
deben; y aunque el gobierno ha dado algunas disposiciones sobre esto,
ningn efecto han surtido.

Regularmente se tienen empleados uno o ms indios para cuidar cada
especie de frutos o efectos de los que se trabajan o benefician; pero,
con todo, es increble lo que se desperdicia y pierde, ya sea por
impericia o descuido de los mismos indios, o por abandono de los
administradores. Quin creer que llegando a 2.000, y aun a ms, las
reses que se consumen cada ao en un pueblo, se gasten todos los cueros
de ellas en sacos y otros ministerios? Pues ello es as, todos los dejan
perderse, pudiendo con su beneficio y venta acrecentar los haberes de la
comunidad. Lo mismo sucede con todo lo dems, sin encontrar medio para
remediarlo.

Para el administrador y los religiosos, que tiene el pueblo obligacin
de alimentar, hay ocupados dentro del colegio ms de 50 personas. A
usted le parecer ponderacin, pues no lo es, y si no haga usted la
cuenta: para uno o dos almudes de trigo que se amasan cada da se
emplean dos o tres atahoneros, donde hay atahona, que donde no la hay se
emplean seis lo menos, y cuatro o seis panaderos; en la cocina lo menos
se emplean seis, y, si los religiosos cocinan, apartan otros tantos; dos
lo menos de hortelanos, dos de aguateros, cuatro o ms de refectoleros,
y uno o dos cuidadores de los caballos de cada persona. Todos stos
alternan por semana con otros tantos, y ni unos ni otros trabajan para
la comunidad, porque la semana libre es para ellos; a lo que agregar
usted los muchachos sirvientes, que cada uno tiene dos lo menos, y ver
usted qu cuenta tan abultada saca. Adems de esto, todos los sbados ha
de traer cada persona un palo para la lea del consumo de la semana.

Donde tambin se denota la facilidad con que se disipan los bienes de
los indios es en las fiestas anuales de los santos patronos de los
pueblos. No baja lo que se gasta, en las ms reducidas, del valor de 300
a 400 pesos; y de stos los que disfrutan menos son los indios, a los
que slo se da carne en abundancia esos das, y algn corto regalillo
que se les distribuye; pero para los religiosos, administradores y otros
espaoles que concurren, como tambin para el gobernador o tenientes, si
asisten, hay abundantes y exquisitas comidas, y regalos llamados
_tupambaes_. Esta costumbre o abuso la hall establecida, y se
practicaba en el tiempo de los jesuitas; y aunque desde luego me repugn
y lo di a entender, como se me encarg siguiera en todo el mtodo de mi
antecesor, y vi que as en los pueblos del inmediato mando del
gobernador como en los dems tenientazgos se practicaba lo mismo, no
tuve por conveniente el hacer yo novedad en una cosa en que tienen
imbuidos a los indios, que hacen un grande obsequio al santo de aquel
da en repartir parte de sus bienes entre quienes no lo necesitan, y
sera mejor los repartieran a los necesitados, y se ofenden si alguno
rehsa el recibir su regalo; en fin, ello va as hasta que Dios provea
de remedio.

Otros muchos males y perjuicios se les siguen a los indios, as en sus
bienes como en sus personas, pero por no ser tan comunes y frecuentes se
omiten; pero es preciso advertir que los perjuicios referidos hasta
ahora, aunque tienen su origen en la sujecin a la comunidad, su aumento
lo ha ocasionado la imprudencia o mala versacin de algunos de los que
los administran y dirigen, y as no ha sido en todos los pueblos igual
el desorden, sino en unos ms que en otros. Pero los que ahora expresar
son comunes a todos los pueblos, y en mi inteligencia irremediables,
aunque en todos los ministerios se empleasen hombres cuales convena;
porque estos males son inseparables del estado a que estn reducidos por
la comunidad, y que slo podrn libertarse de ellos con la total
extincin de aqusta.

Luego que los muchachos entran en la edad de 4 para 5 aos, ya los toma
a su cargo la comunidad, la que tiene nombrados dos o ms indios con
nombre de alcaldes y secretarios de los muchachos; stos tienen la
matrcula de todos ellos, y cuidan de recogerlos todos los das por la
maana temprano, tal vez al alba, los llevan a la puerta de la iglesia a
rezar, all los tienen hasta que se dice la misa, y despus los
distribuyen a los trabajos u ocupaciones que les estn sealadas, y
dejando en el pueblo los aprendices de msica y de primeras letras, los
de los tejedores y dems oficios, conducen los restantes a carpir, o al
trabajo que les tienen sealado; a las 2 o a las 3 de la tarde los
vuelven a traer y los tienen juntos, hasta que, habiendo rezado el
rosario en la iglesia, les permiten que se vuelvan a sus casas.

La eleccin de oficios o destinos que se les da a los muchachos, no es a
la voluntad de sus padres, sino de los que los gobiernan o los
necesitan; para la msica elige el maestro de ella los que le parecen
ms a propsito; los curas emplean los que mejor les parece para
aclitos y sirvientes suyos; lo mismo en los dems oficios y
ocupaciones, sin que a sus padres les quede el arbitrio de repugnarlo.
Pero no les causa ningn sentimiento, porque, como ellos se criaron con
la misma educacin, y no conocen otra, viven tan desprendidos de sus
hijos desde que llegan a la dicha edad que de nada cuidan de ellos, ni
procuran el sealarles la doctrina cristiana y buenas costumbres, ni el
alimentarlos y vestirlos. Si no vienen a casa a la hora que los sueltan
sus cuidadores, tampoco los solicitan ni buscan, ni aunque se huyan del
pueblo hacen diligencia de buscarlos y traerlos, pues se consideran
desobligados de todo, y aun se tendran por dignos de reprensin si
tomasen a su cargo aquel cuidado. Lo mismo sucede con las muchachas, las
que igualmente estn al cargo de dos o ms indios viejos con el mismo
ttulo de alcaldes y secretarios; stas hasta los diez o doce aos no
tienen otra ocupacin que carpir, recoger algodn al tiempo de la
cosecha y otras ocupaciones de agricultura correspondientes a su edad; y
en llegando a dicha edad se les aplica (cuando no hay mucho que hacer en
las chacras) a que hilen, sin cuidar de darles ninguna otra enseanza;
pues, aunque la costura es tan propia de su sexo, es rara la que sabe ni
aun malamente coser, y estos oficios regularmente los hacen los
sacristanes y msicos; en todo lo dems se practica con las muchachas lo
mismo que con los muchachos, hasta que se casan.

Ya usted conocer que con esta educacin es imposible el que conserven
honestidad, ni aun tengan idea de esta virtud; as pierden hasta el
nativo pudor, andan con libertad por donde quieren, sin que sus padres
se lo impidan, porque no tienen dominio en ellos; se prostituyen muy
jvenes, y se entregan al vicio de la incontinencia, de modo que cuando
se casan ya estn relajadas, y aun perdida la fecundidad, y as se
menoscaba considerablemente la poblacin.

Como en todos tiempos ha sido tan frecuente entre estos naturales el
azotarlos, tienen tan perdido el horror a los azotes, tanto los que
castigan como los que son castigados, o los que los ven, que ninguna
mocin les causa el azotar, ser azotados o verlo ejecutar; y as
castigan con la mayor inhumanidad a las criaturas en todas las
ocupaciones a que los destinan, acostumbrndolos de este modo a sufrir
con la mayor indiferencia los azotes, en cualesquiera tiempo o edad.

Con esta separacin o enajenamiento que padecen los padres de los hijos,
y que en su imaginacin la tienen tan anticipada que desde que nacen los
cran para aquel destino, no tiene lugar en ellos aquel cario que vemos
en los padres y madres que se han criado y cran a sus hijos con el
rgimen y educacin que se acostumbra entre los espaoles; y as, aunque
vean maltratar a sus hijos, se les da poco o ningn cuidado, y del mismo
modo miran los hijos a sus padres, como que ni los necesitan ni esperan
nada de ellos.

Luego que los muchachos llegan a la edad de poderse casar, no retardan
mucho el verificarlo, ya porque sus padres o el cura les dicen que se
casen, o porque los estmulos de la concupiscencia les incitan a ello.
Los ms se casan con la que les dicen que se casen, pues hasta en esto
tienen tan cautiva la voluntad que no se atreven a hacer eleccin de la
que ha de ser su mujer.

Desde que se casan, as l como ella, salen de la potestad que tenan y
entran en otra. A los secretarios de hombres toca desde entonces el
tener en su matrcula al varn, y los de mujeres a ella. Lo primero a
que se le obliga es a formar chacra propia, y si tiene oficio
regularmente lo aplican a l, si no sigue las faenas de comunidad en los
das que se destinan para ellas. A la mujer le reparten tarea como a
todas, o la emplean en otras cosas, segn lo dispone la comunidad.

Como estos matrimonios se efectan sin que de parte de los contrayentes
haya precedido aquella inclinacin que une las voluntades, se juntan
como dos brutos, con slo el fin de saciar el apetito de la sensualidad;
y como la comunidad dispone a su arbitrio de sus personas, nunca pueden
conocer ni disfrutar de aquellas conveniencias que proporciona el
matrimonio, ni mirarlo como un vnculo que les facilita el cuidarse
mutuamente para su felicidad y la de su prole, y as se miran
regularmente con indiferencia hasta la muerte; en la que, cuando sucede
la de alguno, tiene poco o ningn sentimiento, porque no pierden ninguna
conveniencia ni bienestar.

Con la misma indiferencia que miran los maridos a sus mujeres, y stas a
sus maridos, y ambos a sus hijos, y stos a sus padres, con la misma
miran unos y otros a los bienes que han adquirido o pueden adquirir,
porque stos no les pueden servir sino de peso y embarazo, y de ningn
modo de conveniencia. Considere usted un indio que, desnudo de todas las
impresiones que ha causado la educacin a los dems, de genio activo y
laborioso, y que llevado de la viveza de su natural, con las
conveniencias que le facilita su pueblo de darle tierras para sembrar y
bueyes para que las labren, quiere aprovecharse de la fertilidad de la
tierra para proporcionarse una vida cmoda, empleando su actividad en
los das que le deja libre la comunidad; que en efecto prepare un gran
terreno, y lo siembre de todas aquellas semillas que pueden rendirle
segn su deseo; la estacin del ao le favorece, y, por ltimo, aunque a
costa de muchos afanes, por verse slo sin poder conchabar a otros que
le ayuden, ni aun valerse cuando quisiera de la ayuda de su mujer,
porque la comunidad la tiene ocupada, ni aun de su persona que tambin
la emplea la comunidad; por ltimo, digo, recoge una cosecha tres o
cuatro veces mayor que lo que l necesita para el sustento de su persona
y familia en todo el ao; y qu har ste de aquellos frutos? Venderlos
a otros. Y quines son estos otros? Los dems indios de su pueblo, o de
otros pueblos. Y stos qu le darn por ellos? Nada tienen suyo, otros
frutos semejantes a los suyos. Extraerlos fuera de la provincia no
puede, porque o no tiene cmo poderlo hacer, o son mayores los costos
que su valor, con que se ve precisado o a dejarlos perder, o a darlos a
necesitados. Conociendo ste por experiencia que nada le ha servido su
trabajo en aquel ao, y no permitindole su genio el mantenerse en
ociosidad, determina sembrar un buen algodonal, un caaveral y un
tabacal, persuadido de que el algodn, la miel o azcar, y el tabaco son
efectos comerciables. Pnelo en ejecucin como lo determina, y consigue
verlo todo logrado; el algodn y la caa no dan fruto, o muy poco, el
primer ao, y el tabaco es preciso, desde que comienza a sazonar hasta
concluir su beneficio, no apartarse de l ni un instante; y como l
tiene que acudir a los trabajos de comunidad, lo que recogi los das
que tuvo para su utilidad se le pierde en los que dej de atender, y al
fin o no recoge nada, o recoge poco y malo. Al siguiente ao, que
esperaba tener algn beneficio del algodn y la caa, lo destinan de
pen a la estancia o a los yerbales, o a otro paraje en que debe
permanecer mucho tiempo; todo lo abandona y va a donde lo mandan,
dejando todo su trabajo perdido.

Animales no puede tener ni criar, porque l no los puede cuidar siempre,
por la obligacin que tiene de acudir a la comunidad, ni conchabar a
otros, porque todos estn sujetos lo mismo.

Ahora bien, qu har este indio?, y qu harn todos?, pues en poco o
mucho estn viendo y experimentando cada da esto mismo; la respuesta es
clara, desmayar, entregarse a la ociosidad y el abandono de todo, y,
cuando ms, contentarse con sembrar aquello poco que le parece
suficiente para su alimento, o que baste para libertarse del castigo que
le daran si no sembrase, y si el ao no favorece, como es poco lo
sembrado, no les alcanza para nada lo que recogen. As sucede y suceder
entretanto vivan como hasta aqu.

Agregue usted a esto las ideas tan bajas que tienen de s mismos, el
poco conocimiento de la vida acomodada de los que poseen bienes, y de
las distinciones y honras que stos logran entre los dems hombres, y el
no tener ambicin de dejar a sus hijos herencia despus de su muerte,
porque de esto ni idea ni noticia tienen; y concluir usted que de
necesidad forzosa los indios han de vivir en una continua ociosidad
entretanto vivan en comunidad.

Si los indios miran don indiferencia los bienes suyos propios, los de
comunidad los miran con aborrecimiento, y por consiguiente el tiempo que
se les emplea en beneficio de ella es lo mismo para ellos que
destinarlos para galeras. La costumbre en que se han criado, su mucha
sumisin y el miedo del azote son los que les hacen sujetar a ello; y
as cuesta un sumo trabajo el juntarlos y conducirlos a las faenas. Para
cada ocupacin es necesario nombrar un cuidador; hay cuidadores de los
tejedores, de los carpinteros, de los herreros, de los cocineros, de los
sacristanes, de los carniceros y, en fin, de todos los oficios. Lo mismo
es menester en los trabajos de los chacareros de todas especies; y, como
todos son indios, es preciso poner sobre estos cuidadores otros que
reparen si aqullos cumplen con su encargo. Estos segundos cuidadores
regularmente son los alcaldes y regidores, de los que se tiene la misma
confianza, con corta diferencia, que de los primeros; y as es preciso
que el corregidor cuide de hacerlos cumplir. Pero, aun con esto, es
preciso que el administrador cele sobre el corregidor y todos los dems
para que hagan algo, que, por ms cuidado que ponga, nunca se trabaja ni
aun la cuarta parte de lo que se pudiera; pues antes que salgan del
pueblo dan regularmente las ocho de la maana, y slo a las nueve, o
despus, comienzan a trabajar, lo que ejecutan como forzados. A las tres
de la tarde ya dejan el trabajo y se vuelven, habiendo hecho poco ms de
nada.

Agregue usted a esto el crecido nmero de personas que se quedan
ociosas, que cuando menos son ms de la tercera parte, si no llega a la
mitad, unos por empleados en cosas que no son necesarias en el colegio,
otros que se fingen enfermos, otros que el corregidor y cabildantes
ocultan y libertan de los trabajos de comunidad para emplearlos en sus
chacras particulares, a ms del crecido nmero de cuidadores, y ver
usted los que quedan para trabajar, y cmo as los que trabajan y los
que los cuidan no aspiran a ms que a libertarse del castigo o
represin, y en parecindoles que han hecho lo que basta para
libertarse, ya no se mueven.

En la recogida de los frutos sucede el mismo desorden; los primeros que
roban son los cuidadores, y, para que por los otros se les disimule,
permiten a todos hagan lo mismo; de modo que, como son muchos, y la
cosecha corta, en no habiendo mucho cuidado por parte del administrador
roban cuando menos la mitad de lo que se recoge.

Pero qu extrao es que as suceda si el corregidor y todos los dems
de cabildo no tienen sueldo ni gratificacin sealada por sus oficios?
Es preciso que ellos se la proporcionen, ya sea robando a la comunidad,
ya empleando clandestinamente indios en sus chacras; lo cierto es que
todos los que tienen oficios, entretanto les dura, se asean y tienen sus
casas con abundancia de todo, sin que se les pueda impedir este
desorden. Porque, aunque entre todos ellos se sabe, ninguno es capaz de
atreverse a denunciarles por no caer en desgracia y persecucin de los
que los mandan, y porque as los estrechan menos al trabajo.

La repugnancia y oposicin que los indios tienen a la comunidad nace de
dos principios; el uno es inseparable de toda comunidad de cualesquiera
clase de gentes que se componga. As lo vemos en las religiones, que,
como cualesquiera de sus individuos pueden excusarse sin nota de los
actos de comunidad de que no esperan premio, lo hacen, y se aplican con
gusto de lo que conocen les ha de proporcionar adelantamientos; y el
mejor prelado para ellos es el que con ms profusin asiste a la
comunidad, mas que conozcan que despus les ha de hacer falta. Lo mismo
sucede a los indios, que, como saben que de su aplicacin lo que les
resulta es trabajo y no premio, siempre que pueden excusarse con algn
pretexto que los liberte del castigo, se excusan, y el mejor da para
ellos es aqul en que se gasta parte de los bienes de la comunidad,
aunque sea con extraos, por lo que a ellos les toca en aquella funcin.
Parecidos en esto a los hijos de familia, que nunca estn ms contentos
que el da en que su padre da un convite a sus amigos, que, por lo que
participan, quisieran se repitiese todos los das, sin reflexionar que
lo que el padre disipa les ha de hacer falta en sus herencias. Pero,
para qu me canso en smiles, cuando es patente a todo el mundo que los
bienes de comunidad no los miran los individuos que la componen como
propios, sino para disiparlos, porque les falta la propiedad en
particular?

El segundo motivo que causa a los indios el aborrecimiento a sus
comunidades es el ver que de los efectos y frutos ms preciosos que se
recogen y almacenan no tienen ms parte en ellos que el haberlos
cultivado y recogido; ellos siembran, cultivan y benefician la caa para
la miel y azcar, lo mismo el tabaco y trigo; ellos ven o saben que de
Buenos Aires mandan sal, que ellos tanto apetecen, y otros efectos
comprados con el importe de los frutos que produce su trabajo, y que
todo se guarda en los almacenes, de donde no vuelve a salir para ellos;
conque no es mucho que a vista de esto desmayen y aun aborrezcan todo
cuanto se dirige a bien de la comunidad.

A todos los hombres nos estimulan dos motivos para obrar bien: la
esperanza del premio y el miedo del castigo son los polos a que se
dirige la recta razn y en los que se sustenta nuestra felicidad. Para
los indios no hay sino un polo en que estribar, que es el miedo del
castigo; conque si ste les falta nada se hace y todo da en tierra; y
as es preciso estar con el azote levantado, descargndolo continuamente
en estos infelices sin haber remedio para evitar este rigor. Y lo peor
es que, con pretexto de castigar las faltas de asistencia a los trabajos
de comunidad, castigan el corregidor y los de cabildo a muchos sin otro
motivo que el de vengar sus particulares agravios o sentimientos, que es
otra opresin que padecen estos infelices.

Aunque el gobierno sabe estos desrdenes y le toca remediarlos, por ms
empeo que ponga no es posible conseguirlo; porque, si se reprende al
corregidor y cabildo por alguno de estos hechos, y se le quieren limitar
sus facultades, stos, por no verse segunda vez reprendidos, toleran las
faltas que se cometen, no prestan aquella actividad que se requiere para
hacer trabajar a gente forzada. Los indios conocen la falta de autoridad
de su corregidor y cabildo, les pierden el miedo, que es el nico motivo
que les obliga a trabajar, y todo se convierte en desorden. El
administrador se queja de que nada se hace, el corregidor se disculpa
con que los indios no le obedecen, porque no le tienen miedo, y todo
para en que es preciso dejar al corregidor y cabildo obrar con libertad,
porque el pueblo no se pierda.

Del aborrecimiento que los indios tienen a la comunidad, de la corta
asistencia que tienen de sta y de las vejaciones que reciben de los
corregidores y cabildos resulta la mayor parte de la desercin que se
experimenta en los pueblos; la que es tanta que se puede computar que en
el da est fuera de sus pueblos cuando menos la octava parte de los
naturales que existen. stos estn dispersos en las jurisdicciones de
Buenos Aires, Montevideo, Santa Fe, Bajada, Gualeguay, Arroyo de la
China, terrenos de Yapey, Corrientes y Paraguay, cuyos parajes aseguran
todos estn llenos de indios Tapes; y muchos de los prfugos de los
pueblos permanecen en esta provincia de Misiones, pasados de unos
pueblos a otros, en los que los tienen ocultos en sus chacras los mismos
indios.

Los perjuicios que se ocasionan de estas deserciones son muchos, y
algunos de la mayor consideracin. De los reales tributos se hace
inverificable la recaudacin; la decadencia de los pueblos, as en la
populacin, que se disminuye con la falta de ellos y de su posteridad,
como en la de sus bienes, privndose del trabajo de los desertores, es
considerable; pero lo ms doloroso es el dao espiritual que se
experimenta en ellos y que pide se solicite remedio.

Los indios que se desertan llevan regularmente alguna india que no es su
mujer, con la que vive como si lo fuera; y, ya salga de la provincia o
se quede en ella, en todas partes pasan por casados, porque aqullos a
que se agregan, sean indios o espaoles, slo cuidan de disfrutar de su
trabajo, sin reparar en que vivan como cristianos o no. Y as ni
procuran que oigan misa, ni el que se confiesen, ni que ejerciten ningn
acto de cristianos, pues saben que si los quieren obligar a ello se van
a otra parte y los dejan; conque, por no privarse del servicio que les
hacen, los dejan vivir como infieles.

Los que se van solos, abandonando a sus mujeres y familias, y lo mismo
las indias que tambin se huyen solas, en cualesquiera parte que se
establecen procuran, si pueden, casarse; luego es muy creble que este
desorden haya sido ms frecuente en los aos anteriores, por poco
cuidado de los curas de espaoles en las informaciones, o por testigos
falsos que afirman la soltura; en los mismos pueblos se ha visto tambin
este desorden. El seor Malbar en su general visita dej provedo en
forma de auto a todos los curas de espaoles no pudiesen casar a ningn
indio sin dar primeramente parte a sus propios curas. De esta acertada
providencia se puede inferir que en el da no ser tanto el exceso;
pero, cuando esto no suceda, sucede el que el indio que se ahuyenta,
dejando a su mujer, o la india que deja a su marido, el que permanece en
el pueblo queda sin que jams pueda tomar estado, aunque haya enviudado;
porque, como se ignora dnde se halla el fugitivo, se ignora tambin si
es vivo o muerto, y as no pueden pasar a segundas nupcias, de lo que
resulta vivir siempre en continuo amancebamiento, con ruina de sus almas
ocasionada de estas deserciones.

Tengo noticia que en Santa Fe y Corrientes, y aun dentro de los mismos
pueblos, est sucediendo que los curas han casado indios con negras y
mulatas esclavas, y, como las leyes previenen que la mujer del indio y
sus hijos sean del pueblo de l, y por otra parte la esclava debe seguir
a su amo y los hijos son esclavos, no s cmo pueda componerse esto; al
mismo tiempo el indio habr de seguir a la mujer, y entonces se
perjudican los reales tributos, y el pueblo con su falta y la de la
posteridad; y me parece que ste es un punto que pide remedio.

ste es el estado presente de estos pueblos en lo general, y al que
viven reducidos estos naturales.

Ya que he manifestado a usted lo que han sido y son en general estos
pueblos y su gobierno, quiero decir algo en particular de los del
departamento de mi cargo, con la satisfaccin de que hablo con quien los
ha visto y comparado con el resto de los dems pueblos de esta
provincia, y que puedo confirmar cuanto dijere, con la autoridad del
seor don Pedro Melo de Portugal, Gobernador Intendente y Capitn
General de esa provincia del Paraguay, que tambin los ha visto, cuya
narracin podr servir de confirmacin de cuanto llevo dicho, y de
anticipacin para lo que dijere cuando trate de los medios que me
parecen oportunos para mejorar el gobierno de estos pueblos, aumento del
real erario, y felicidad de estos naturales, a quienes deseo la mayor
prosperidad.

A mediados del ao de 1781 me encargu del mando de este departamento,
que se compona de ocho pueblos, incluso el de Nuestra Seora de
Candelaria, que ahora se ha separado por pertenecer al obispado del
Paraguay, y por consiguiente a su gobierno e intendencia, quedndome
ahora los de San Carlos, San Jos, Apstoles, Concepcin, Santos
Mrtires, Santa Mara la Mayor y San Francisco Xavier. Estos pueblos por
su situacin son los de menos proporciones para su adelantamiento: no
tienen yerbales silvestres, campos para vaqueras, ni cmo extraer
maderas, porque, por lo peligroso del Uruguay, sobre cuya costa estn
sus montes, nunca se ha intentado enviar a Buenos Aires; conque slo la
agricultura e industria les han de producir su subsistencia. Adems de
esto, son todos ellos de muy corto nmero de habitadores; el ao de 1781
tenan 8.752 almas y 1.822 tributarios, segn los padrones que form mi
antecesor, el teniente de dragones don Juan Valiente.

Por los aos de 1773 y 74 estuvieron estos pueblos en la ltima miseria,
solo el pueblo de Concepcin tena algn ganado en sus estancias, en las
de los dems era muy poco el que haba. Los almacenes de todos estaban
vacos, el chacarero arruinado, sin algodonales ni cosa que les pudiera
producir para su subsistencia. Pero la solicitud de dicho mi antecedente
les proporcion el volver a poblar sus estancias, hizo plantar
algodonales y puso en regular estado todos los pueblos a l
encomendados, de modo que a mi ingreso tenan las estancias de los ocho
pueblos ms de 100.000 cabezas de ganado vacuno y caballar, y dems
especies en buen estado, y el chacarero y algodonales bastante
adelantados, bien que estaban empeados en ms de 90.000 pesos de
comercio, resto del importe de los ganados acopiados para poblar las
estancias. En lo dems estaban bastante atrasados, sus almacenes
enteramente vacos, las casas, as las principales nombradas colegios
como las particulares de los indios, cadas o muy deterioradas; mucha
desnudez, ninguna civilidad, en fin, en sus costumbres y preocupaciones
convenan con los dems pueblos en los trminos que queda dicho.

Al principio apliqu todo mi cuidado en granjearme la voluntad y
confianza de todos los individuos del departamento, no tan solamente de
los indios, sino tambin de los curas y administradores; y lo logr tan
cumplidamente que hasta el presente nadie me ha ocasionado quebranto de
consideracin; todos desean complacerme, y as consigo cuanto deseo.

Conociendo que de las enemistades de curas y administradores resultaba
parte de la ruina de los pueblos, o estorbaba su adelantamiento, procur
ante todas cosas arrancar de raz el espritu de discordia,
estableciendo con algunos reglamentos una paz slida, que cada da se ha
asegurado ms y ms. Es verdad que alguna u otra vez ha habido algunos
disgustos entre curas y administradores, pero stos han sido de poca
consideracin, y con facilidad se han disipado sin que haya sido
menester dar parte a la superioridad, adonde antes era preciso acudir a
menudo.

Procur tambin que a los corregidores y cabildos se les tratara con
aquella atencin que encargan las leyes, y que ninguna persona de
ninguna calidad se atreviese a faltar al respeto debido a ninguno de sus
individuos, hacindoles conocer a stos el modo con que deban portarse
para no desmerecer las honras y distinciones debidas a sus empleos, y
que yo quera se les guardasen como lo manda el Rey.

Establec reglas para que entre el cabildo y administrador no hubiese
motivo de discordia en la distribucin de las faenas de comunidad y su
verificacin, con otros varios puntos concernientes al buen gobierno del
pueblo; y particularmente para evitar las vejaciones que padecan los
indios por los corregidores y cabildos, que muchas veces los castigaban
por sus fines particulares, aunque con pretexto de otras faltas. Para
remediar esto mand que en el cabildo haya un libro en que se escriban
todos los castigos que se ejecutan, en esta forma: A fulano de tal se
le dieron tal da tantos azotes por tal delito, por mandado de tal juez
que entendi en su causa, y al fin del mes han de firmar y autorizar
todos los del cabildo esta relacin, y el administrador ha de certificar
a continuacin constarle no haberse hecho ms castigos que los que all
se refieren, y si se ha dejado o no de castigar a otros que lo han
merecido, con todo lo dems que le parezca digno de mi noticia; y
sacando del libro una copia, me la envan mensualmente. Con esta
providencia he atajado, cuando no todas, mucha parte de las injusticias
que hacan, y he dado una regular forma al gobierno econmico de los
pueblos y a la armona que debe haber entre el corregidor, cabildo y
administrador de cada establecimiento.

Apliqu todo mi conato a promover la agricultura y la industria,
animndolos con mis exhortaciones y consejos; y para que se aplicasen
con ms empeo, acrecent la racin de carne que se les daba en un
tercio ms, y as he conseguido sin rigor el que se apliquen al trabajo,
y el ver pagadas todas las deudas, y aumentado el ganado vacuno en las
estancias, que al presente tienen cerca de 80.000 cabezas ms de las que
tenan a mi ingreso, y a proporcin es al aumento de las boyadas,
yeguas, potros, caballos, mulas y ovejas, no siendo menor la ventaja que
se conoce en el chacarero. Se han aumentado los algodonales, plantado
caaverales, reparado los yerbales y mejorado todos los ramos de
agricultura; tambin he procurado se construyan casas nuevas en todos
los pueblos, y que se reparen las que haba, como asimismo las iglesias
y casas principales. Aunque en esto no se ha adelantado tanto como yo
quisiera, porque la falta de albailes lo ha impedido, no ha sido tan
poco lo que se ha hecho que no se conozca bastante diferencia de ahora a
como estaban antes. Pero, para haber conseguido estos adelantamientos,
me ha sido preciso recorrer a lo menos cada dos meses todos los pueblos,
ver sus obrajes y chacareros, mejorar lo que no estaba segn deba,
establecer lo que consideraba til, animar a los indios y no perdonar
diligencia ni fatiga como la considerase oportuna al logro del
adelantamiento. Hasta las mismas estancias he visitado, sin embargo de
estar muy separadas de los pueblos (algunas distan ms de 40 leguas); he
reconocido todos sus terrenos, poblaciones, puestos, rodeos, corrales,
estado de sus ganados, aperos de los peones y, en fin, cuanto puede
conducir al conocimiento prctico de ellas, remediando muchos abusos y
otras faltas que encontr, dejando establecido con consejo de dos
capataces hbiles y de experiencia cuanto consider poda ser til al
aumento y buen estado de los ganados; y el xito ha correspondido
conforme a mis deseos.

Viendo que una de las principales causas que influa para el abatimiento
en que vivan estos naturales era la indecencia y desaseo con que se
trataban en sus casas, procur que a los corregidores se les dispusieran
habitaciones decentes, dndoles a entender lo que me agradara el
encontrarlos a ellos y sus mujeres con decencia siempre que yo los
visitase, que sera a menudo. Despus establec que cada ao aseasen y
reparasen sus casas interior y exteriormente todos los de cabildo, y as
se van mejorando los pueblos y acostumbrando a vivir con decencia.

Para que al aseo de sus casas correspondiese el de sus personas, les
procur persuadir cun grato me sera el ver que en lugar de _tipoy_, de
que usaban sus mujeres, vistiesen camisas, polleras o enaguas, aunque
fueran de lienzo de algodn, y corpios o ajustadores que cieran su
cuerpo y ocultaran los pechos; y que las que se presentasen con ms aseo
seran tratadas por m, y hara lo fuesen por todos con ms distincin.
En este punto hubo algo que vencer, porque, preocupados los indios con
la igualdad en que los haban criado, no permitan que ninguna
sobresaliese de las otras; pero al fin se les ha desimpresionado de este
error, y el aseo se ha introducido con no pequeos adelantamientos.

Como las cosas que se intentan no se consiguen con el xito que se desea
si al mandarlas o persuadirlas no se acompaan con la prctica de
algunos actos en que por la experiencia se conozcan los favorables
efectos y conveniencias que se le propone, para que desde luego
conocieran estos naturales lo que se les haba de seguir del aseo,
dispuse el que en las casas principales, en la del corregidor, o en las
de otros indios principales, no se les impidiese el juntarse a tener sus
diversiones caseras cuando hubiera un razonable motivo, y con la
decencia y orden regular, a las que no pocas veces asist yo con mi
mujer, y a mi ejemplo asisten siempre los administradores y sus mujeres,
con lo que he conseguido desterrar la odiosa separacin que haba entre
espaoles e indios, estableciendo el trato y comunicacin mutua, no tan
solamente en estas ocasiones, sino tambin en todos los das del ao que
mutuamente se visitan con los espaoles y espaolas todas las familias
en quien resplandece el aseo; y ste es un poderoso estmulo para
animarlos ms y ms cada da, como se va experimentando.

Considerando las pocas proporciones que tienen estos naturales para
conseguir algunos adelantamientos, por faltarles los medios de
beneficiar, por medio de la venta, los frutos que pueden adquirir con su
trabajo, y que de no proporcionarles este beneficio seran intiles mis
esfuerzos y providencias, he dispuesto que todos los frutos que recojan
en sus chacras particulares y quieran venderlos a la comunidad, se los
han de comprar precisamente, pagndoles de contado su valor en aquellos
frutos o efectos que ellos quieran o el pueblo tenga, hacindoles
reservar lo preciso para el alimento de aquel ao. Asimismo deben
comprarles por su justo precio cualquiera cosa que con su industria
hayan adquirido, por los precios que seal en un arancel que form para
el efecto.

Esta providencia ha tenido favorables efectos, que en slo dos aos que
se practica han adquirido muchos indios unas regulares conveniencias, se
han aseado muchas familias y, ya aseadas, no se avergenzan de parecer
delante de toda clase de gentes, con cuyo trato se van haciendo
sociables y adquiriendo una perfecta civilidad, reinando en todos la
abundancia, y cada da va a ms, pues el ejemplo de unos sirve de
estmulo a otros. Usted lo ha visto, y tambin lo ha visto el seor
Gobernador Intendente de esta provincia, y as no me queda recelo de que
le parezca a usted encarecimiento nacido del amor propio.

Aunque en la opinin comn son tenidos estos naturales por perezosos e
incapaces de poderles infundir deseo de salir de la miseria y
abatimiento en que se hallan, parecindoles a los que as opinan que es
natural en ellos este abandono, yo nunca me he podido persuadir de esta
opinin. No negar que el temperamento y alimentos pueden influir algo
en la robustez y disposicin del cuerpo, y hacerlo ms o menos activo
segn sus cualidades; y mucho ms puede influir, en mi concepto, la
educacin, por la cual se imprimen en el nimo las ideas que determinan
sus operaciones; pero negar siempre que stos sean unos estorbos
incapaces de vencerlos, como muchos piensan. Convendr, s, en que
costar trabajo, pero no en que es imposible.

Por reiteradas experiencias tengo conocido que los indios Guarans no
son tan perezosos como los suponen, ni aun se les debe notar de
perezosos. Del pueblo de Candelaria destin a trabajar al de Santa Mara
la Mayor a cuatro indios aserradores, por no haber indios de este oficio
en Santa Mara; a stos se les seal de jornal dos reales cada da, el
uno para la comunidad de su pueblo y el otro para ellos; en dicho pueblo
trabajaban de sol a sol muy gustosos por el jornal que saban estaban
ganando. Lleg el caso de haber de despedir dos de ellos, por haber ya
aprendido a aserrar otros de Santa Mara; ninguno de los cuatro quera
ser despedido, todos queran continuar, sin acobardarse del fuerte
trabajo de la sierra, y les caus mucho sentimiento cuando los
despidieron. Lo mismo ha sucedido con los que han trabajado de calafates
en los barcos de San Jos; y, en fin, cuantos se emplean en estos
trminos trabajan con gusto y empeo.

Todos los espaoles empleados en los pueblos tienen uno o ms indios que
los sirven, sin darles ms jornal que la comida, el vestido y algn
corto realillo. Y con solo esto son muy puntuales y eficaces sirvientes,
sin que jams se excusen a lo que se les manda, aunque sea trabajossima
la ejecucin, y el mayor castigo que puede drseles a estos sirvientes
es el despedirlos, porque es cosa que les cuesta mucho sentimiento.

Cualquier indio a quien se ofrezca un corto inters est pronto a todo
cuanto quieran mandarle, brindndose ellos mismos, y procurando ser
preferidos a los otros; conque stos no son procedimientos de perezosos,
porque, si lo fueran, ningn inters les moviera a trabajar.

En todas partes en que a los indios Tapes los ocupan pagndoles jornal
son muy buenos peones, como se experimenta en la ciudad de Buenos Aires
y en todas las de espaoles, que los prefieren a otros peones; conque el
no ser aqu aplicados es porque les falta el estmulo de la paga.

Tambin son notados de ladrones, y es verdad que roban cuanto pueden,
pero a ello les obliga la necesidad; ellos apetecen cuanto ven, y mucho
ms lo que no hay dentro de los pueblos, y como lo desean y no tienen
cmo comprarlo, y aunque tuvieran no hallaran quien se lo vendiera, no
conociendo otro modo de adquirirlo, roban, si hallan ocasin. Bien es
que ya no es tan general este vicio, en el que no conciben infamia, pues
tal vez el que este ao lo castigaron por ladrn, al siguiente lo hacen
alcalde. Yo en este vicio descubro en los indios una buena disposicin
para civilizarlos y hacerlos laboriosos, pues una vez que codician lo
brillante, si se les proporciona poderlo adquirir a costa de su trabajo,
se aplicarn con empeo, lo que no sucedera si mirasen las cosas con
indiferencia.

Para completar esta relacin quiero referir aqu lo ms particular del
gobierno poltico y econmico de estos naturales, segn la generalidad
con que lo practican en estos pueblos, para que usted venga ms en
conocimiento de las luces, genio y costumbre de todos ellos.

Cada pueblo tiene un cabildo compuesto de un corregidor, teniente de
corregidor, dos alcaldes, cuatro regidores, un alcalde de la hermandad,
un alguacil mayor, un mayordomo y un secretario, los que se eligen el
da de ao nuevo, segn lo prevenido en las leyes, a excepcin del
corregidor y teniente, que no tienen tiempo determinado. Las elecciones
las practican juntndose ocho o ms das antes, y cada capitular propone
un indio para que ocupe el empleo que l ejerce, consultando antes la
voluntad del corregidor y la del administrador, que son los principales
en que rueda esta mquina. Estando todos acordes, llevan la lista de los
que piensan nombrar al administrador, el que, si les parece bien, les
dice que lo hagan as, y si alguno de los sealados tiene alguna tacha,
o no es del gusto del administrador, les dice que aqul no conviene, y
que sealen otro que tal vez el administrador les indica, o lo insina
privadamente al corregidor, y as se hace. Adems de los empleos de
cabildantes, se nombran el ao entrante todos los empleos militares, los
de los cuidadores de las faenas y maestros principales de todos los
oficios y artes, de modo que en cada pueblo pasan de 80 y aun 100 los
que ocupan oficios, y si el pueblo es corto, todos se vuelven
mandarines, y quedan pocos a quien mandar. Estos ltimos empleos toca al
corregidor privativamente el nombrarlos, pero siempre lo hace con
acuerdo del administrador, particularmente aqullos cuya ocupacin es el
cuidado de los bienes de comunidad.

Dispuestas las listas y acordes todos, se juntan el da de ao nuevo, de
maana temprano, y a toque de caja van publicando en las puertas de la
casa de cabildo los nombrados, a cuyo acto asiste toda la gente del
pueblo, unos por curiosidad, y otros para recibirse de sus empleos, de
que al instante toman posesin, sin aguardar la confirmacin del
gobierno. All entregan las varas y bastones a los alcaldes y dems
cabildantes nuevamente nombrados, y a los oficiales militares las
insignias correspondientes; desde all van a misa, y despus a casa del
administrador a hacerse presente, el que les encarga el cumplimiento de
su obligacin; y si no est ya extendido el acuerdo de las elecciones,
lo extiende, y firmado de los electores, que dicen siempre que todos
unnimes y a pluralidad de votos han elegido y nombrado a los
contenidos, se remite al gobernador de la provincia para su aprobacin;
para los dems empleos que no son de cabildo basta el _visto bueno_ del
teniente gobernador del departamento.

Todos los das del ao, al amanecer, ya estn juntos todos los
cabildantes a la puerta del corregidor, en cuyos corredores tienen un
banco o escao en que se sientan entretanto es hora de ir a misa, que
siempre es temprano. Los alcaldes llevan sus varas, y los regidores sus
bastones, que rara vez los sueltan de las manos, y acabada la misa es la
primera diligencia el ir a la puerta de la habitacin del cura, a
saludarlo, y tomar las gracias, y desde all pasan a la del
administrador, el que les previene lo que han de hacer aquel da; y,
despedidos, se van juntos a la casa del corregidor, y a su puerta
determinan el reparto de la gente, y dems que corresponde a las faenas.
Entretanto llega la hora de ir a los trabajos, que siempre es tarde,
oyen las quejas y demandas que hay, que casi siempre son faltas al
trabajo, hurtos, amancebamientos y chismes de unos con otros. Si el
acusador es cabildante, o tiene a su cargo el cuidado de alguna cosa,
hacen traer preso al indio o india acusado, y con muy poco examen le
mandan azotar, segn les parece. Bien es que nunca pueden pasar sus
castigos de 50 azotes que este gobierno les permite, reservndose los
castigos de los delitos mayores para entender en sus causas y
sentencias, a excepcin de las capitales, o que merecen pena a otros que
a los reos, que se despachan a Buenos Aires con las sumarias. A los
ejecutores de las prisiones y castigos llaman sargentos, y stos nunca
dejan de la mano la alabarda, y el azote lo traen ceido al cuerpo para
estar prontos al instante que se lo mandan. Regularmente entienden en
las causas todos los cabildantes, juntos con el corregidor y alcaldes;
pero en las faenas y trabajos cualquiera del cabildo, aunque no sea sino
regidor, manda azotar al que le falta o comete otro defecto.

Desde el tiempo de los jesuitas tienen por costumbre, y observan todava
puntualsimamente, el que, en acabando de azotar a los delincuentes, se
han de levantar del suelo, donde los hacen tender, y con mucha humildad
van delante del que los mand castigar, y le dan los agradecimientos de
haberles corregido sus defectos. Si alguno omite este requisito le hacen
cargo de ello, y tenindolo por prueba de soberbia, lo vuelven a mandar
azotar para que se humille, quiera o no quiera.

Siempre se procura que en las crceles no se detengan presos, sino
aquellos procesados por delitos capitales, o a los que se desertan con
frecuencia, y a los dems se les aplica la pena, luego que se justifica
el delito, y se ponen en libertad, porque las crceles son poco seguras,
y los que las tienen a su cargo muy descuidados; y as se les van a
menudo los presos sin que baste el castigar a los cuidadores. Ellos los
dejan salir solos a sus necesidades, los llevan a or misa, aun a los
homicidas, de modo que no se va el que no quiere.

Todos los das clsicos y de funcin se visten de gala con los vestidos
que tiene el pueblo para estas funciones. Vstense tambin los oficiales
militares con los suyos, y otros muchos se visten y forman
acompaamiento; entre estos vestidos hay algunos costosos, pero ms les
sirve de ridiculizarlos que de adornarlos. En el pueblo donde asiste el
gobernador o algn teniente gobernador concurren todos a su habitacin,
lo acompaan de ida y vuelta a la iglesia en toda ceremonia, pero
estando solos guardan poca formalidad. Siempre que van juntos van en
pelotn, o ms bien en hilera, el corregidor delante, al que sigue el
teniente y alcaldes, y por su orden los dems, siendo el ltimo el menos
graduado. En la iglesia se sientan en escaos; regularmente se dividen
en las dos bandas, aunque en algunos pueblos se sientan todos los de
cabildo en un solo escao, y el teniente de corregidor con los oficiales
militares ocupan el puesto; pero los caciques, que deban ser
preferidos, no tienen ningn lugar sealado, ni cosa que los distinga,
sino es que, por tener empleo, ocupan el lugar que por l les toca.

Al gobernador de los pueblos le ponen en la iglesia silla, tapete y
almohada, y se le guardan por los curas todas las preeminencias que
disponen las leyes se guarden a los gobernadores los das de funciones
clsicas, y en que asisten religiosos de otros pueblos. Le da paz un
sacerdote con estola, y en los dems festivos un aclito con banda
aseada; lo mismo se observa con los tenientes gobernadores, cuando no
est presente el gobernador, por disposicin del excelentsimo seor don
Francisco Bucareli; aunque los gobernadores por condescendencia han
permitido que al teniente se le ponga otra silla inmediata a la suya,
cuando se halla algn teniente en donde l est. Supongo ser esto
porque, como los indios son tan rudos, no piensen es desaire que se les
hace, o que el teniente, en ausencia del gobernador, le usurpa aquel
honor; en fin, ello as se practica. A los cabildos da la paz un
aclito, y el cura les da el agua bendita a la puerta de la iglesia los
das ms clsicos; pero al gobernador todos los festivos.

Los das de cumpleaos del Rey, los de su real nombre, y todos aquellos
en que se festeja alguna felicidad de la monarqua o de la real familia,
desde la vspera de maana se pone el Cabildo en ceremonia; sacan de las
casas de cabildo las cuatro banderas que tiene cada pueblo, dos con las
armas reales y dos con cruces de Borgoa, y las dems insignias
militares, que son cuatro picas largas de a cinco o seis varas, y muy
delgadas, con mojarras pequeas en las puntas, y algunos pequeos
plumajes de colores; puestos con orden y distribucin en algunas partes
de ellas, cuatro jinetas a la usanza antigua, y algunos bastones, unos
en la forma comn, y otros con escudete de metal o acero por puos.
Desde las diez del da comienzan a dar varias vueltas con orden, a toque
o ruido de cajas, por la plaza, unos a pie y otros a caballo, en que
arman varias escaramuzas y torneos; hasta las doce, a cuya hora se
anuncia la festividad con repiques de campanas y algunos tiros de
camaretas, a cuya seal concurren todos los del pueblo a la puerta de la
iglesia, en cuyo prtico est colocado el real retrato en el lado
correspondiente al evangelio, en un cajn, con sus puertas y cortinas
interiores, y al lado opuesto estn las armas reales pintadas en la
pared o en lienzo. Juntos todos, con la msica completa, se abre el
cajn y descubre el real retrato repitiendo varias veces: Viva el Rey,
Nuestro Seor, don Carlos III, y se pone una guardia con las banderas,
y dos centinelas efectivas delante del real retrato. A la tarde se
cantan vsperas con mucha solemnidad, esmerndose en esto no poco los
religiosos curas, y despus vuelven a las escaramuzas, entretanto
disponen algunos bailes o danzas de muchachos, que maravilla el orden y
comps que guardan, aunque sean de tan corta edad que no lleguen a ocho
aos. Los bailes que usan son antiguos o extranjeros; yo no he visto en
Espaa danzas semejantes, ni en las diversiones pblicas de algunos
pueblos, ni en las que se usan en el da y octava de _Corpus_. Ahora
modernamente van introduciendo algunas contradanzas inglesas, danzas
valencianas y otros bailes que usan los espaoles. A estos muchachos
danzantes los adornan con vestidos a propsito, con coronas y guirnaldas
que hacen vistosas las danzas; hay algunas que se componen de 24
danzantes, que forman varios enlaces, y aun letras, con el nombre que
quieren.

Entre danza y danza hacen juegos o entremeses, que en su idioma llaman
_menguas_, todos de su invencin, y algunos de ellos que parecen de
bastante artificio y gracia a los principios, pero que no saben
concluirlos con propiedad, los ms los acaban a golpes y azotes, lo que
celebran con mucha risa los circunstantes.

Al ponerse el sol se reserva el real retrato con las ceremonias y
vtores con que se descubre, y a la noche se ponen luminarias y se arman
fogones en la plaza, y se repiten los bailes como a la tarde. Al da
siguiente, al salir el sol, se vuelve a descubrir el real retrato en la
forma dicha, el que permanece descubierto todo el da. A la hora
acostumbrada, y dados los repiques de campanas, se junta toda la gente
en la iglesia, en la que se canta la misa y _Te Deum_ con mucha
solemnidad, y despus se prosiguen en la plaza las carreras de caballos
en contorno, en las que, divididos en cuatro cuadrillas, los indios
hacen muchas evoluciones o figuras, a la usanza antigua, todo a toque de
muchas cajas y clarines, y con grande algazara y ruido de cascabeles
grandes, de que llevan cubiertos los pretales y cabezadas de los
caballos, lo que tienen por adorno y grandeza.

Para medioda tienen dispuestas seis u ocho mesas de convite, que se
hace en casa del corregidor, y en las de algunos caciques y cabildantes,
para las cuales se da de los bienes de comunidad, para cada mesa, un
toro, un poco de sal y un par de frascos de miel, y ellos agregan de lo
suyo lo que pueden. En cada casa en que hay convite disponen una mesa
larga en los corredores, que suele ser una tabla angosta sobre dos
palos, y una mesita chica adornada a manera de altarito, con respaldo,
en la que colocan alguna imagen o estampa de santo; en esta mesita ponen
las viandas ms finas y delicadas, como son aves, pasteles, batatas
cocidas o asadas, pan, etc. Estas mesas, con ms algunos grandes pedazos
de asados, y otras cosas, las traen a la plaza, cerca de la puerta del
colegio, a las doce del da, a que el cura les eche la bendicin, a cuya
ceremonia gustan los indios que asistan todos los espaoles que hay en
el pueblo, particularmente si est el gobernador o teniente gobernador;
y luego que el cura les bendice la comida, saludan con toque de cajas y
clarines, y baten las banderas y la msica, entonan una letra, que
tienen dispuesta en su idioma, para dar gracias a Dios que les da de
comer, y hecho esto se retiran con las mesas a sus casas, y se ponen a
comer en los corredores, lo que ejecutan estos das con toda ceremonia.
No se sientan en aquellas mesas sino los que son convidados, que deben
tener oficio o cargo; tampoco se sienta ninguna india. En tomando
asiento los indios, que todos dan la cara a la plaza, vienen las mujeres
e hijas de los convidados, cada una con un plato de barro grande; llega
y lo pone debajo de la mesa, a los pies del padre o marido, y se retira
un poco, mantenindose en pie, frente de su marido, todo el tiempo que
dura la comida, la que van sirviendo algunos indios, que traen a cada
convidado un plato de buen porte colmado de comida, del que come un poco
o hace que come, y luego lo desocupa en el plato que tiene a sus pies;
da el plato vaco, y se lo vuelven a traer lleno de otra cosa o de la
misma, y hace lo mismo que con el primero; y as continan hasta que
concluyen. De modo que juntan en un plato todas las sobras de cuantas
viandas les han servido a la mesa; hasta los dulces, si los hay, los
juntan con lo dems. Luego que han acabado, llegan las mujeres y toman
los platos de las sobras y se los llevan a sus casas, a donde tambin
van los maridos, y juntos con sus hijos o amigos comen lo que ha sobrado
en el convite.

Aunque los corregidores tenan el mismo estilo cuando yo vine a estos
pueblos, lo han desterrado enteramente en sus particulares, y el
convite, que en estas fiestas y en la del santo patrn titular del
pueblo tienen en su casa, lo hacen ya del mismo modo que los espaoles.
Dentro de su casa disponen la mesa bien servida y aseada, en ella se
sientan las mujeres juntamente con sus maridos y se portan con
sobriedad, y los curas van a casa de los corregidores a bendecirles la
mesa.

A la tarde corren sortija en la plaza, dando premios al que la lleva, y
a la noche se repiten los bailes y _menguas_.

De estas funciones la que se hace con ms solemnidad es la del da del
santo del patrn titular del pueblo. Para ella disponen en la plaza, en
la entrada de la calle que est en frente de la puerta de la iglesia, un
castillo o andamio hecho de maderos altos, en el que forman prticos y
balcones, con ramos verdes, y adornan con colgaduras y bastidores de
lienzo pintado; all colocan en un altar la imagen del santo titular, y
delante, al pie del mismo altar, dejan lugar para enarbolar el real
estandarte. Desde muy temprano, la maana de la vspera, ya estn todos
los cabildantes, oficios militares y dems empleados del pueblo vestidos
y con caballos ensillados para salir a recibir al camino al gobernador,
a los tenientes y a los curas, administradores y cabildos de otros
pueblos, convidados a la fiesta; tienen puestas espas en todos los
caminos, y en avisando que viene alguno salen a medio cuarto de legua a
encontrarlo; all lo saludan, le dan la bienvenida y lo acompaan hasta
su alojamiento. En estos recibimientos pasan toda la maana, empleando
los intervalos de tiempo en correr a caballo alrededor de la plaza, que
es la pasin ms dominante de los indios, que no cesan de correr los
tres das que dura la funcin; y para ello tienen reservados con mucho
cuidado los caballos que han de servir esos das, a los que llaman _los
caballos del santo_; y stos slo en faenas particulares sirven, pero no
en el servicio diario de las estancias; lo que tambin es conveniente,
pues se hallan en buen estado aquellos caballos cuando se necesitan.

En el regidor primero es en quien recae el empleo de alfrez real, a
cuya casa acude el cabildo a las doce del da, y lo acompaan a la casa
de cabildo, en donde le entregan la insignia de alfrez real, que es un
bastn alto que tiene sobre el puo un escudo de plata del tamao de una
mano, en el que estn grabadas las armas reales. Al alfrez real
acompaa un indiecito que le sirve de paje, y le lleva el bastn cuando
l lleva el real estandarte. Para uno y otro tienen los pueblos vestidos
iguales, con bordados y galones muy costosos; pero, como estn cortados
a la antigua y no les ajusta a sus cuerpos, los hacen ridculos. El
alfrez real toma el real estandarte y con todo el acompaamiento lo
lleva y coloca en el castillo, repitiendo muchas veces: Viva el Rey,
Nuestro Seor, don Carlos III. Desde all van todos a la puerta de la
iglesia, y descubren el retrato en la forma que queda dicho; y despus
entran en la iglesia, en donde se canta el _magnificat_, y se retiran,
acompaando hasta su casa al alfrez real.

A la tarde, despus de dados dos repiques de campanas para anunciar las
vsperas, va el cabildo, montados y acompaados de los oficiales reales
y dems concurrentes, a casa del gobernador, o teniente gobernador, a
sacarlo para el paseo del estandarte, donde concurren todos los
administradores y dems espaoles concurrentes, como asimismo los
corregidores y cabildos de otros pueblos; y todos montados van desde
all a casa del alfrez real, al que acompaan y llevan a que tome el
real estandarte; y al recibirlo repite el viva el Rey al son de cajas,
clarines, campanas y varios tiros de camaretas; y dispuestos en buen
orden dan vuelta la plaza, caminando delante los oficiales militares de
a pie con las banderas, picas y dems insignias, jugando y batiendo las
banderas de trecho a trecho, y repitiendo viva el Rey. Llegan a la
puerta de la iglesia, donde esperan los curas a todos los religiosos
concurrentes, los que, despus de dada el agua bendita, acompaan hasta
el presbiterio al real estandarte, el que recibe el cura o el que ha de
celebrar la misa, y coloca dentro del presbiterio, al lado del
evangelio, en un pie de madera, y al alfrez real le ponen silla, tapete
y almohada, al mismo lado de afuera del presbiterio, enfrente de la que
ocupa el gobernador o teniente gobernador; y, en acabndose las
vsperas, vuelven a retirarse en la misma forma y, dando antes vuelta a
la plaza, colocan el real estandarte en su lugar.

Al otro da se repite el paseo, y se canta la misa como la tarde antes
las vsperas, y a las doce del da se reserva el real estandarte; pero
el real retrato permanece descubierto todo el da, el que ocupan en
correr en la plaza, en bailes, sortija a la tarde y otras diversiones.
En la forma dicha continan lo mismo el da siguiente, en el que suelen
correr algunos toros, cortadas las aspas para que no lastimen a los
toreros, que son muy torpes y atrevidos. En algunos pueblos representan
a las noches peras o comedias truncadas, pero, como los representantes
son indios, y los ms de ellos muchachos, y no entienden lo que dicen ni
pueden pronunciar bien el castellano, se les entiende poco y tienen poca
gracia estas representaciones para los espaoles y para ellos.

Al medioda juntan las mesas en la plaza para la bendicin en la forma
dicha; regularmente pasan este da de veinte mesas las que se disponen,
y en algunos pueblos ricos aun llegan a ciento, y todas muy abundantes
de carne, pues el pueblo ms econmico es preciso gaste este da cuando
menos 50 toros, porque de los pueblos inmediatos concurre mucha gente, y
a todos dan de comer con abundancia.

En esos das se reparten, al tiempo de los bailes, sortija y toros,
varias menudencias de las que se trabajan en los pueblos, como son
rosarios, vasos, cucharas, peines de aspa y lienzo de algodn; tambin
se les da, si hay en el almacn, agujas, cintas, cuchillos y otras
menudencias que ellos estiman mucho. De esto, unas cosas se dan por
premio a los que bailan o llevan la sortija, y otras se tiran a que las
cojan, que es en lo que ellos tienen ms diversin, y se juntan todos a
cogerlas; hasta los cabildantes, si cae alguna cosa hacia donde estn
sentados, olvidan la formalidad con que estn y se arrojan como nios a
coger lo que pueden; aunque ya en el da se contienen algo.

Todo el ao trabajan gustosos slo con la esperanza de que la fiesta se
haga con grandeza; y si se les quiere cercenar algo, contestan que ellos
trabajan contentos slo con el fin de gastarlo ese da; y si a pesar
suyo se moderan los gastos, se reconoce desmayo en adelante en la
aplicacin al trabajo.

Aunque por la costumbre que tienen de acudir a sus distribuciones saben
el da y hora de todo, estn tan acostumbrados a no hacer nada sin que
se lo manden, que para todo aguardan la seal del tambor, o la voz del
pregonero o publicador; y as en todo el da se oyen repetidos toques de
cajas y publicar por las calles lo que deben hacer. Al alba, luego que
la campana hace seal, corresponden los tambores, y se reparten por las
calles algunos indios, que a voz alta les dicen se levanten a alabar a
Dios, a disponerse para ir a la iglesia a or misa, despus al trabajo,
y que as harn la voluntad de Dios, se proporcionarn el sustento y
agradarn a sus superiores. En todas las horas del da repiten esta
misma diligencia conforme lo que tienen que hacer; lo mismo para que
acudan al rosario, sin embargo de que la campana les avisa.

Habiendo yo notado que en varias horas de la noche tocaban las cajas,
particularmente a la madrugada, me movi la curiosidad a preguntar a qu
fin eran aquellos toques; y me respondieron que siempre haban tenido
aquella costumbre de recordar toda la gente en algunas horas de la
noche, y que por eso lo hacan. Apurando ms esta materia y su origen,
me dijeron que los jesuitas, conociendo el genio perezoso de los indios,
y que, cansados del trabajo de todo el da, luego que llegaban a sus
casas y cenaban, se dorman hasta el otro da, que al alba les hacan
levantar para ir a la iglesia y de all a los trabajos; as no se
llegaban los maridos a sus mujeres en mucho tiempo, y se disminua la
populacin; y que por eso dispusieron el que en algunas horas de la
noche los recordaran para que cumplieran con la obligacin de casados.

No se nota en estos pueblos aquel bullicio que ocasionan las gentes en
las poblaciones; cada uno en su casa observa un profundo silencio, no se
juntan a conversacin ni diversin alguna, ni aunque estn juntos se les
ofrece qu hablar, porque estn faltos de especies; ni tienen juegos
para pasar el tiempo desocupado, ni aun los muchachos juegan ni se
divierten en las plazas y calles, como es propio de su edad; no se oyen
cantares en su idioma, ni en castellano, y as no se les oye cantar en
sus faenas ni ocupaciones, como lo acostumbran los trabajadores para
aliviar el trabajo; ni tampoco cantan las indias, ni aun saben ellos ni
ellas hablar alto. Desde chicos los cran tan encogidos que, si les
mandan llamar a alguno, aunque lo tengan a la vista, no saben levantar
la voz para llamarlo, y van donde est, y all le dicen que lo llaman;
tampoco acostumbran ni les permitan el tocar en sus casas guitarras ni
otro instrumento, y menos el tener bailes caseros; en el da se les
permite, aunque con bastantes limitaciones.

Esto es lo ms particular del gobierno poltico y econmico de estos
indios, cuya noticia podr contribuir a formar cabal concepto de lo que
son y del estado en que se hallan.

Ya que he referido a usted lo que me ha parecido ms particular de esta
provincia y sus naturales, discurro no le ser desagradable el que,
antes de pasar a tratar de otros puntos, le hable a usted algo de las
naciones de indios infieles, confinantes con estos pueblos, as por lo
que pueden con el tiempo aumentar esta provincia, como porque con su
noticia se podr formar ms cabal concepto de todo lo dicho, y de lo que
despus propusiere para los fines de mejorarla. Y omitiendo la nacin de
los Guaicurus, que antes molestaba los pueblos ms inmediatos al
Paraguay, porque ya en el da se considera distante, mediante las
acertadas providencias del actual gobernador, el seor don Pedro Melo de
Portugal, que con haber establecido las poblaciones de embu, y tomado
otras providencias, ha sujetado aquella nacin, de modo que no ha dejado
ni el menor recelo de invasin en estos pueblos, hablar solamente de
los Guayans, los Tups, los Minuanes y Charras.

Bajo de la nominacin de Guayans comprenden estos naturales a otras
muchas naciones, que tienen cierta relacin entre s, y cuyo genio,
costumbres y lenguaje se diferencian poco; ste es semejante al guaran,
y probablemente tiene el mismo origen; y, aunque alterado y desfigurado
con distinto acento y pronunciacin, los entienden con poca dificultad
los indios de estos pueblos.

La nacin Guayan, junta con las dems naciones sus semejantes, es
bastante numerosa; viven a una y otra banda del Paran, desde unas 20
leguas del Corpus, hasta el Salto Grande de dicho Paran y an ms
arriba, extendindose hasta cerca del Uruguay, por el Ro Iguaz, el de
San Antonio y otros. Su natural es docilsimo, y tan sociable con los
indios de estos pueblos que no hay noticia les hayan hecho el ms leve
dao en los frecuentes viajes que hacen a los yerbales; antes bien les
ayudan a trabajarles, buscan y manifiestan los parajes en donde hay
muchos rboles de yerba y aun les socorren con alimento cuando les
escasea, contentndose con algunas frioleras que se les da, como son
abalorios, espejitos, algunas hachas chicas y algn lienzo de algodn.

Estos indios viven dispersos por los montes, se alimentan de la caza,
que matan con flechas sin veneno, que no lo usan ni conocen; comen de
todas sabandijas, pero lo principal de su alimento es la miel de abejas
de los montes. Tambin siembran algunas chacras, pero no las cultivan;
lo que hacen es derramar la semilla en algn paraje, y al tiempo que ya
les parece tendr fruto vuelven por all y recogen lo que hallan; las
semillas que tienen son: porotos de varias especies, y que algunos dan
fruto todo el ao hasta que el fro consume las matas, el maz y
calabazas o zapallos de varias especies, algunos de exquisito gusto.

A doce leguas del pueblo de Corpus, hacia la parte del este, hay una
pequea reduccin de la nacin Guayan, nombrada San Francisco de Paula,
que est a cargo de los religiosos dominicos; y aunque ya hace muchos
aos que se fund, ni se aumenta, ni hay esperanza pueda permanecer con
fruto; pues, aunque los indios manifiestan mucha inclinacin a ser
cristianos, hay muchos estorbos que dificultan el que se consiga el
establecerlos a vida civil y cristiana.

El nmero de personas cristianas de que se compone la reduccin al
presente son unas 50, entre chicos y grandes; pero stos no siempre
asisten en la reduccin, pues, acostumbrados a buscar su alimento en los
montes, se entran por ellos a procurrselo, en donde tratan y conversan
con sus parientes y amigos los infieles, estndose con ellos muchos
meses, de lo que resulta el que tal vez no vuelven a la reduccin.
Tambin los infieles frecuentan sta a menudo, particularmente cuando
los reducidos tienen qu comer; entonces se llena la reduccin de
infieles, y en consumiendo lo que hay se retiran, llevndose consigo a
muchos de los cristianos, que, o aficionados del trato, u obligados de
la necesidad, se van con ellos.

El paraje en donde est situada la reduccin es una de las mayores
dificultades que hay para que se aumente; la cercana y trato con los
suyos no les deja olvidar sus antiguas costumbres e inclinaciones; el
poco terreno descubierto de bosques no les permite extender sus chacras,
y mucho menos el criar animales, pues, adems de la falta de terreno,
abunda tanto de mosquitos, tbanos y jejenes de diversas especies, que
ni aun pueden tener un caballo para el servicio del religioso
doctrinero.

Por el mes de octubre del ao prximo pasado de 1784, al tiempo que el
ilustrsimo seor don Fray Luis de Velasco, obispo de esa ciudad del
Paraguay, visitaba los pueblos de su dicesis, estando en el de Corpus
bajaron los indios Guayans cristianos a confirmarse en aquel pueblo.
Con este motivo tuvo ocasin dicho seor ilustrsimo, y la tuve yo, de
hablar con ellos, y particularmente con el corregidor, que, aunque de
nacin Guayan, fue nacido y criado en el pueblo de Corpus; y
preguntndole por las causas que a l le parecan motivaban el poco
adelantamiento de su reduccin, dijo que la cortedad de sus terrenos y
la inmediacin a los montes, donde encontraban lo necesario para su
alimento, juntamente con no estar habituados al trabajo, eran los
motivos que distraan de la reduccin a los reducidos; y que los
infieles, aunque todos deseaban ser cristianos, viendo que no tenan qu
comer en la reduccin, no queran venir a ella, y que slo se acercan
por all cuando saben que hay qu comer, y en consumindolo vuelven a
los montes; y que solamente que se les diese terrenos buenos en otra
parte se conseguira el aumento de la reduccin. A lo que les dijo el
seor obispo que hablasen a sus parientes y amigos y los persuadiesen a
salir de entre los montes, que la piedad del Rey les concedera terrenos
y modo de subsistir en otros parajes con las comodidades que vean en
los de aquel pueblo, y les destinaran ministros que los doctrinasen y
enseasen el camino del Cielo; y que esta diligencia la pusiesen en
ejecucin luego que volviesen a la reduccin, y que de sus resultas me
avisasen a m, para que yo lo participase al seor obispo y al
excelentsimo seor virrey con el informe que tuviese por conveniente; y
aunque quedaron en hacerlo, particularmente el corregidor, hasta ahora
nada ha resultado, ni creo resultar por lo que dir a usted.

En el tiempo que el pueblo de Candelaria estaba comprendido en los de mi
cargo, tena dispuesto que aquellos indios frecuentasen los viajes a los
yerbales silvestres; y entre otros puntos que encargaba para que se
gobernasen en aquella faena, era el que conservasen la mejor armona con
los infieles, aficionndolos al trato con ellos; y que siempre que
tuvieran oportunidad les persuadiesen a ser cristianos y a salir de los
montes, convidndoles con las conveniencias que ellos tenan en sus
pueblos; y para que les fuesen patentes, vieran si podan persuadir a
algunos caciques a que, como de paseo, vinieran a ver su pueblo; y en
efecto vino uno con otros dos indios con algunos de Candelaria, a los
que agasaj y regal bastante. Y tratndoles del asunto de su conversin
y reduccin, me respondieron que as ellos, como todos los dems de
aquellos montes, deseaban ser cristianos, pero que fuesen all los
religiosos a ensearlos, porque ellos no podan salir de all, porque si
venan a los pueblos se haban de morir; y de esta persuasin, de que no
daban ninguna causa, no los pude disuadir. Pero me parece que no sera
dificultoso el apartarlos de ella, aunque fuera poco a poco, porque como
llevo dicho son muy dciles; y de querer juntarlos en la reduccin
principiada o a otra en aquellos parajes, me parece que todos los
esfuerzos y gastos seran intiles; porque, aunque la piedad del Rey les
facilite algunos socorros, al instante que stos llegasen a la reduccin
vendran a ella cuantos hay en los montes, y permaneceran all hasta
que los consuman o se los escaseen, y les quisieran obligar a trabajar;
lo que no sucedera si los trasladasen a otra parte.

La prueba mayor que tengo para convencerme de la docilidad y buena
disposicin de estos indios es que hace tres aos que se han mantenido
sin religioso que los doctrine y gobierne, y en todo este tiempo ni han
abandonado la reduccin, ni han dejado de cumplir en lo posible con las
obligaciones de cristianos. Y lo ms es que, habiendo visto el seor
obispo la desnudez de algunos, determin socorrerlos, y en efecto lo
hizo; y hacindoles cargo que por qu no trabajaban en hilar y tejer
para vestirse, dijo el corregidor que en aquel ao haban recogido poco
algodn, y que aquel poco lo haban hilado y tejido, y lo tenan
guardado para _tupambae_ del padre, y que de modo ninguno haban de
gastarlo hasta que l viniera y dispusiera de l.

A la banda del sur del Uruguay, en los montes que principian desde el
pueblo de San Francisco Javier, habita la nacin nombrada Tups. sta
parece no es muy numerosa, o andan muy dispersos, porque nunca aparecen
muchos juntos; son caribes, y tan feroces que ni aun los tigres les
igualan. Viven siempre en los montes, desnudos enteramente, sus armas
son arcos y flechas, que as aqullos como stas son de ms de dos varas
de largo; algunas veces se dejan ver junto al dicho pueblo de San Javier
a la banda opuesta del Uruguay; y aunque siempre que esto sucede se les
ha procurado hablar y atraerlos, ofrecindoles y mostrndoles cintas,
abalorios, gorros colorados, maz y otras cosas, nunca han querido
llegarse ni esperar, correspondiendo con sus flechas, con las que han
herido algunos indios cuando han visto que las canoas o balsas se
acercan hacia donde ellos estn, retirndose precipitadamente al monte.

El pueblo de San Javier mantena en aquel lado una estanzuela, y por las
invasiones de estos indios les fue preciso abandonarla; pues, aunque no
acometan a las casas, buscaban ocasin de encontrar algn indio solo
para acometerle, y no se podan perseguir, porque ganaban el monte, del
que jams se apartaban mucho. En tiempo de los jesuitas pudieron los
indios de San Javier aprisionar uno de estos indios, y lo trajeron al
pueblo, en el que procuraron agasajarlo con la suavidad del trato; pero
nada bast para que depusiese su ferocidad, en la que permaneci sin
querer tomar alimento ni hablar una palabra, hasta que muri.

Estos mismos indios se extienden por aquellos montes hasta cerca del
pueblo de Santo ngel, y por todos los montes que median entre el
Uruguay y los pueblos del destacamento de San Miguel, conocidos por los
de la Banda Oriental del Uruguay. Cuando los indios de estos pueblos van
a los montes a beneficiar la yerba nombrada del Paraguay, es menester
que vivan con la precaucin de no separarse uno solo, porque los Tups
los acechan desde el monte a manera de tigres, y el que ven solo y
retirado de los otros le acometen, y si no puede escapar, lo matan, lo
llevan y lo comen.

De estos indios cuentan los Guarans algunas patraas, ocasionadas del
miedo que les tienen; una de ellas es que sus pies no tienen dedos, y
que en ellos tienen dos talones o calcaales, y que as no se puede
conocer por las pisadas si van o vienen.

En los campos que se dilatan a la Banda Oriental del Uruguay, desde el
ro Negro hasta el Ibicuy, habitan las dos naciones de Charras y
Minuanes; la primera hacia el lado del ro Negro, y la otra hacia el
Ibicuy y estancias que por all tienen los pueblos. Estas dos naciones
son semejantes en su genio, costumbres y modo de vivir, y as lo que
dijere de los Minuanes, que son los ms inmediatos a estos pueblos,
conviene a los Charras.

Los indios Minuanes viven en tolderas, compuestas de parcialidades o
cacicazgos, aunque regularmente conocen superioridad en alguno de los
caciques de aquellos territorios, ya por tener mayor nmero de indios a
su devocin, o por ms valeroso y hbil; ahora el que domina es el
cacique Miguel Caray. Estos indios son bastante tratables, guardan fe en
sus contratos, castigan a los delincuentes, sin permitir se haga dao a
nadie, si no han recibido antes algn agravio, y as viven en buena
armona con todos los de los pueblos, menos con los de Yapey, que,
porque stos les han hecho algunos daos, siempre que pueden se vengan
de ellos.

Estos indios permiten en sus tolderas, y en todo el terreno en que se
extienden, a cuantos indios Guarans se desertan de sus pueblos y
quieren vivir entre ellos; pero han de usar la poltica de avisarles y
decirles que van a favorecerse de ellos. Del mismo modo permiten
espaoles gauderios y changadores, que andan por aquellos campos matando
toros para aprovechar los cueros, los que extraen llevndolos a la
ciudad de Montevideo, introducindolos en ella clandestinamente entre
los que extraen con permiso o de otra forma, o pasndolos al Brasil por
medio de inteligencia con los portugueses del Viamont y Ro Pardo, en
cuyos parajes introducen los mismos gauderios espaoles algunas
porciones de ganado de los mismos campos. Pero es mucho ms lo que
extraen los mismos portugueses, a los que ayudan y favorecen mucho los
Minuanes, porque los regalan con ms frecuencia, dndoles lo que ms
apetecen, particularmente el aguardiente, por medio de lo cual
consiguen, no tan solamente el que les permitan matar y extraer todo el
ganado que quieren y sus corambres, sino que, en caso de que alguna
partida espaola los encuentre, los favorecen, no permitiendo se les
haga ningn mal.

Aunque por la buena fe que estos indios observan con los de estos
pueblos se conserva la paz, son muy perjudiciales; lo primero, por el
asilo que dan a los indios que se desertan de estos pueblos; lo segundo,
por el favor que prestan a los espaoles y portugueses changadores que
destruyen los ganados de aquellos campos; y, por ltimo, porque siempre
es preciso contemplar con ellos, regalndolos con yerba, tabaco y otras
cosas, a fin de que con cualquier pretexto no impidan las vaqueras,
robando las caballadas y haciendo otras extorsiones a los que van a
ellas.

El buen natural de estos indios parece franqueara la entrada a su
reduccin y conversin, pero en nada menos piensan que en reducirse; y,
aunque no les es repugnante nuestra religin, les es la sujecin que ven
en los indios de estos pueblos reducidos a pueblos, y precisados a
trabajar, lo que a ellos no sucede. Nadie determina sus operaciones,
cada uno es dueo de las suyas, en el campo tienen su sustento en el
mucho ganado que hay en l, y tienen pocas luces para conocer lo feliz
de la vida civil, y mucha malicia para no dejarse sujetar al yugo de una
reduccin. A m me parece que los Minuanes jams se reducirn con sola
la persuasin de la predicacin evanglica.

Rstame ahora dar a usted una individual noticia del gobierno
eclesistico y culto divino de estos pueblos; pues, siendo mi nimo el
presentar al examen y consideracin de usted la idea que me ha ocurrido
de mejorar el gobierno temporal de esta provincia, ser preciso mudar en
parte el que se observa en la eclesistico, as para conformarlo con el
temporal, como para que se logren y tengan efecto las piadosas
intenciones de Su Majestad y prelados eclesisticos, y que estos
naturales logren la asistencia, doctrina y sufragios necesarios a la
salvacin de sus almas. En esta narracin tocar algo de lo que alcanzo
con certeza del tiempo de los expatriados, y me extender en el
presente, como que tengo entera noticia, para que con conocimiento de lo
que ahora se observa puedan conocerse las ventajas del que premedito.

En tiempo de los jesuitas haba en cada uno de estos pueblos un cura que
presentaba el gobernador de Buenos Aires, como vicepatrono de los
treinta pueblos, al que daba la colacin y cannica institucin el
obispo de Buenos Aires a los de los diez y siete pueblos del Uruguay, y
el del Paraguay a los trece del Paran. Estos curas tenan de snodo 476
pesos, sealados en los reales tributos, los que perciba su religin,
quien sealaba los compaeros y coadjutores que le pareca, ponindolos
y quitndolos a su arbitrio, o a pedimento de los curas, y a unos y
otros les suministraba lo preciso para su comodidad y decencia. El cura
se haca cargo y cuidaba principalmente de las temporalidades, y daba al
compaero el cargo el cargo de lo espiritual, sujetndolo en todo a sus
disposiciones; y como ya dejo dicho del modo que se gobernaban en lo
temporal, dir lo que alcanzo del que practicaban en lo espiritual.

Lo primero que se presenta a la vista son los templos; stos, aunque no
guardan regularidad en su arquitectura y son de poca duracin,
atendiendo a la pobreza de los pueblos y la de sus naturales, son muy
suntuosos y estn bien adornados interiormente de retablos, los ms de
ellos muy toscos, y todos dorados, y los bustos de los santos que ocupan
sus nichos pocos son los que hay de buena escultura. Las pinturas que
adornan sus paredes son toscas y desproporcionadas. Las alhajas de plata
son muchas y grandes, aunque su obra es poco pulida, a excepcin de
alguna otra pieza. Los vasos sagrados son tambin muchos y de mejor
obra, y algunos de ellos de oro; igualmente los ornamentos son muchos,
ricos y costosos. De modo que, aunque para el servicio de Dios y culto
divino ninguna riqueza puede decirse que es excesiva, con todo,
atendiendo a la pobreza de los pueblos y sus naturales, parece que se
excedieron en esto. Las torres o campanarios son de madera, formados de
cuatro pilares u horcones gruesos y altos, con dos o tres entablados que
hacen otros tantos cuerpos, y su tejadito. Estos campanarios estn en
los patios de las casas principales, contiguos a las mismas iglesias, y
en ellos muchas campanas de varios tamaos, y algunas bastante grandes y
de buenos sonidos, las ms son fundidas en estos pueblos.

Una de las cosas en que he reparado es que, teniendo las iglesias de
estos pueblos tantas alhajas de plata, aun para usos poco necesarios, y
muchas de ellas duplicadas en un mismo uso, no hayan empleado parte de
esta plata en coronas de las imgenes de la Madre de Dios, resplandores
de crucifijos y laureolas de santos, siendo muy rara la imagen en cuyo
adorno hayan empleado plata alguna. Lo mismo digo de los bustos de Jess
Nazareno, en los varios pasos de su pasin, el de la Virgen y otros
santos que sacan en las procesiones de Semana Santa; todos stos son
unos trozos de madera mal labrados y peor pintados, sin ningn adorno en
sus cuerpos, ni en las andas en que los colocan, siendo stas una
especie de parihuelas mal formadas, y parece que deban haber puesto en
esto ms que en otra cosa su esmero; pues, siendo la representacin de
estos pasos quien nos trae a la memoria la obra de nuestra redencin, es
muy conveniente que los bustos de Jess, la Virgen y dems santos sean
bien formados y adornados, mayormente entre estas gentes, que les entran
las especies ms por la vista que por el odo, y pudieran haber empleado
parte de las ricas telas que emplearon en los ornamentos en vestidos
decentes de estas imgenes y otros adornos de ellas.

Las funciones de iglesia correspondientes al culto divino las hacan con
mucha solemnidad, pero no ponan tanto cuidado en lo que perteneca al
bien espiritual de las almas de sus feligreses, pues segn se explica el
seor don Manuel Antonio de La Torre, obispo que fue de Buenos Aires, en
el informe que dio al excelentsimo seor don Francisco Bucareli,
gobernador de dicha ciudad, tratando del sealamiento de snodo a los
nuevos curas que sustituyeron a los jesuitas, stos no aplicaban ninguna
de las misas por los difuntos, ni las de los das de fiesta por el
pueblo, ni la que deban cantar los lunes por las almas del purgatorio,
ni tampoco llevaban el Santsimo Sacramento a casa de los enfermos, pues
a stos, cuando se les haba de administrar, los llevaban y ponan en
una casa o capilla, frente de la misma iglesia, y all solos
administraban, sucediendo algunas veces el que al llevarlos o volverlos
se moran algunos de fro en el camino. Esta costumbre permaneci algn
tiempo despus. Yo alcanc todava en dos de los pueblos de mi cargo, lo
que ces a una leve insinuacin ma; lo dems que practicaban era
conforme a lo que expresar adelante, cuando trate del culto divino
presente. Pues en la mayor parte los curas actuales han seguido la
costumbre que encontraron, segn la practicaban los mismos indios, a
excepcin de tal cual cosa de poca consideracin que han alterado; y si
tenan alguna otra particularidad, la ignoro.

El lugar que ocupaban los jesuitas fue sustituido por religiosos de las
tres rdenes: Santo Domingo, San Francisco y la Merced; para cada pueblo
fueron nombrados dos religiosos con ttulos de cura y compaero,
sealando a cada uno distinto snodo, como ya queda dicho.

Para el nombramiento del religioso que ha de servir el empleo de cura se
guardan las formalidades que previenen las leyes del real patronato,
haciendo la nominacin el provincial, la presentacin el vicepatrono, y
dndole la institucin el diocesano; pero a los compaeros los nombra el
provincial, y con la aprobacin y pase del vicepatrono vienen a ocupar
su destino, dejando tomada razn en los tribunales de real hacienda para
el abono de sus snodos.

Luego que el cura se presenta al gobernador de la provincia o teniente
del departamento en cuyo distrito est el pueblo de su destino, vistos
sus ttulos, despacha orden al cabildo y administrador para que por su
parte lo reciban y le acudan con el sustento, segn est mandado en las
ordenanzas. Con esta orden y sus ttulos se presenta en el pueblo, y el
cura que cesa le hace entrega formal del curato, libros, iglesia,
sacrista y ornamentos. Asistiendo a todo el cabildo y administrador,
reconocen si los ornamentos y alhajas de la iglesia estn cabales, segn
el primer inventario, anotando lo que deben anotar, y dan parte de la
ejecucin al inmediato superior.

Los compaeros se presentan con la licencia de su provincial y orden del
vicepatrono, y mediante ella son admitidos sin hacerles entrega de nada.

Hace dudar, y an dudo, si estos religiosos son ambos curas, o a lo
menos si ambos tienen iguales cargas. Esta duda nace de que, gozando
iguales y distintos snodos, deben considerarse dos distintos
beneficios, y por consiguiente cada uno debe tener anexas sus cargas
particulares, o repartirse entre s todas las comunes del curato. A que
se agrega que, si slo el que se nombra cura es el obligado a cumplir
las cargas del curato, y el compaero a lo que el cura le encargare, la
certificacin de ste deba darla el cura, y la del cura el cabildo,
segn resulta la asistencia que lograba el pueblo; pero no es as,
porque a cada religioso separadamente se le da su certificacin, sin que
el cura pueda quitar ni poner en la que dan a su compaero. Adems de
esto, el ao de 82, por disposicin real, public edictos el Ilustrsimo
Seor Obispo de Buenos Aires, llamando a los clrigos que quisieran
oponerse a los curatos de los diez y siete pueblos de indios de este
obispado, y llama Su Seora Ilustrsima para cada pueblo a dos
individuos para curas, expresando que el snodo de cada uno son 200
pesos; y aade Su Seora Ilustrsima que para el pueblo de Yapey slo
llaman a uno por estar ya provisto otro clrigo en l. De lo que se
infiere que los empleos de cura y compaero son dos beneficios
distintos, cada uno con sus cargas anexas, o que todas las del curato
son comunes a los dos, y deben dividirlas entre s igualmente. Pero a
esto se opone el que slo el que se nombra cura trae los ttulos de tal,
con todas las formalidades debidas, y el compaero, aunque para el goce
del snodo sean suficientes los que traen, de ningn modo puede serlo
para la administracin de sacramentos; a excepcin del de la confesin,
pues para ese solo trae licencia del Obispo, y necesita para lo dems la
del cura del pueblo a que viene destinado.

Aunque regularmente suelen avenirse bien los curas y compaeros,
partiendo entre s el trabajo, no dejan de ofrecerse algunas disensiones
sobre esto, pretendiendo algunos curas que slo deben los compaeros
hacer aquello que determinadamente ellos les mandaren, y nada ms; otros
por el contrario quieren que los compaeros tengan las mismas
obligaciones y cargas que ellos, y los compaeros quieren que todas las
misas que deben aplicarse a los feligreses sean del cargo del cura; y
nadie hay que resuelva esta duda, ni la haya querido consultar a la
Superioridad. Pero lo cierto es que a los compaeros no les pasan en su
religin, particularmente a los de San Francisco, el tiempo que lo han
sido para su jubilacin, contndoles slo el que han servido de curas.

De estos principios nace el que los religiosos compaeros no reconocen
superioridad en los curas, ni stos se atreven a obligarlos y tratarlos
como sbditos; de modo que ni unos ni otros conocen superior alguno
dentro de esta provincia, porque por parte del real patronato el
gobernador y teniente somos solamente unos celadores que debemos avisar
al vicepatrono lo que consideremos digno de su noticia, y nada ms. Por
parte de los prelados regulares y diocesanos, no hay superior ni vicario
que ejerza jurisdiccin alguna, y as no es de maravillar el que hayan
sucedido muchos desrdenes en estos pueblos, estando tan lejos los
recursos, y tan enlazadas las tres jurisdicciones real, episcopal y
regular, y que las ms veces participan de todos tres fueros, las causas
de que se originan, a las que da cuerpo y fomento la mucha ignorancia de
todos. El gobernador y tenientes estamos lejos y sin ningn conocimiento
de las leyes, y as ni podemos usar de ellas, ni aun formar con mtodo y
formalidad un expediente jurdico; los religiosos regularmente no saben
ms que alguna teologa moral, y nada de derecho civil, ni cannico.
Aqu no hay ningn profesor de derecho, con que unas veces por no errar,
y otras por evitar mayores escndalos, es preciso que los ms prudentes
cedan el campo a los orgullosos, y si por ser los desrdenes de
naturaleza que no puedan tolerarse se forma algn expediente, y se da
parte con l a la Superioridad, va tan lleno de nulidades, unas por
exceso y otras por defecto, que los tribunales superiores se ven
embarazados con ellos, y no pueden resolver nada. Conque a vista de esto
no es de extraar nada de lo sucedido, antes es maravilla el que no
suceda ms.

Cuando sucede el enfermar algn religioso, que est solo en su pueblo, y
que no puede atender al cumplimiento de su ministerio, y dan parte al
gobernador o teniente inmediato, ste no tiene otro arbitrio que el de
escribir una carta suplicatoria a otro cura o compaero de aqullos en
cuyos pueblos hay dos religiosos, manifestndole la necesidad; y si ste
no quiere ir a suplirla, no le puede obligar. Ya ha sucedido tener el
gobernador que escribir a muchos, sin hallar uno que quisiera ir a
suplir una de estas necesidades.

Aunque por los concilios y otras disposiciones cannicas est mandado
que los curas no se ausenten de sus feligresas sino en los tiempos y
con los motivos que all sealan, y con la licencia de los prelados y
dems que pueden darlas, aqu no se observa nada de esto. Fuera de las
frecuentes ausencias que hacen los curas y compaeros dentro de la misma
provincia de unos pueblos a otros con motivo de funciones de iglesia, y
otros particulares en que tal vez dejan solo el pueblo de su cargo por
algunos das, hacen otras ausencias fuera de la provincia con motivo de
ir a Buenos Aires a cobrar los snodos, y a Corrientes y el Paraguay a
ver sus parientas. Para estas ausencias, que siempre son de meses, y tal
vez de ao o aos, lo que acostumbran es presentarse al gobernador o
teniente del distrito pidiendo el pase para el viaje que va a emprender,
el que se le concede en cuanto est de parte del gobierno secular; y con
este solo requisito se ponen en camino, van a la capital, se presentan,
negocian el cobro de sus snodos y dems a que van, y ni por parte de su
religin, ni por la del obispo, se les hace ningn cargo. Supongo les
tendrn concedida tcita licencia, y los religiosos usarn de ella en
las ocasiones que la necesiten, pues de otro modo no s cmo podrn
componerse con sus conciencias.

Como en tiempo de los jesuitas todo lo gobernaban curas en estos
pueblos, los indios, acostumbrados a llevar todas las causas a ellos,
continuaron lo mismo, despus de la expulsin, con los religiosos que
ocuparon su lugar. stos, unos por ignorancia y otros por ampliar su
jurisdiccin, se apoderaban de ellas, como si legtimamente les
pertenecieran; y aunque el gobierno procur poner remedio y consigui el
separarlos de tan ilcito y perjudicial abuso, siempre se han mantenido
fuertes los religiosos en querer entender en las causas que por su
naturaleza corresponden a los jueces eclesisticos, y otras que son de
mixto fuero, como son amancebamientos, rias entre casados y otras
semejantes, sin que el gobierno haya podido apartarlos de estas
pretensiones. Aunque al presente se les va haciendo conocer que la
jurisdiccin de curas no se extiende al fuero externo, no teniendo
comisin particular del obispo o vicario general del obispado, y por lo
mismo no deben entender en ninguna causa externa, ni imponer
condenaciones, ni prender indios; y mucho menos fulminar censuras, como
antes lo han hecho, pues todo esto est reservado para los jueces
eclesisticos, que los curas no lo son; pero, aunque se abstienen, es
con grandsima repugnancia.

En el modo de celebrar los divinos oficios parece se han conformado los
curas con la prctica antigua que tenan los pueblos, aprendindola de
los mismos indios, porque la uniformidad que en lo sustancial se observa
en todos los pueblos lo manifiesta bastante. Todos los domingos y das
festivos del ao se anuncia, la vspera a las oraciones, con repique de
campanas, que se repiten al alba; y al salir el sol, o poco despus, se
da el primer repique para convocar la gente a la iglesia, repitiendo
otros dos con intermisin de seis u ocho minutos entre uno y otro. En
cuyo tiempo se junta toda la gente del pueblo en la iglesia, y all,
haciendo coro algn fiscal u otro viejo instruido, y algunas veces los
muchachos ms hbiles, rezan las oraciones de la doctrina cristiana;
despus va el cura o compaero, y les explica algn punto de doctrina,
empleando algn poco de moral sobre el mismo punto, en lo que
regularmente gasta media hora; y, concluido, avisan con la campana que
va a comenzarse la misa mayor, la que celebra el cura o compaero con
bastante solemnidad, porque la msica es numerosa, y regularmente
instruidos los msicos. El altar mayor se adorna con muchas luces, unas
de cera y otras de sebo; acompaan en el altar al sacerdote seis
muchachos de diez a doce aos, vestidos con sotanillas encarnadas los
das que la iglesia viste de blanco o encarnado, y para los das de
otros colores las tienen de los mismos que la iglesia usa, y con
roquetes ms o menos costosos y decentes, segn la festividad del da.
Dos de estos muchachos sirven el incensario y navetas, otros dos los
ciriales y los dos restantes acuden a todo lo dems del altar, en que
estn bastante diestros y prontos. Adems de estos muchachos hay
alrededor del altar dos o ms indios sacristanes, pero sin ninguna
vestidura eclesistica, pero aseados; stos estn all para correr los
velos, poner fuego en los incensarios, arrimar o poner sillas y otras
ocupaciones semejantes. Al salir la misa lo anuncian los indios en la
puerta de la iglesia, del umbral para adentro, con toque de cajas y
trompetas, para lo que nunca faltan seis u ocho en esta ocupacin,
causando tal estrpito que aturden a cuantos hay en la iglesia,
repitiendo lo mismo al tiempo del evangelio, al _Sanctus_, a la
elevacin de hostia y cliz, a la segunda elevacin y al ltimo
evangelio.

Si algunos han confesado, se les da la sagrada comunin luego que el
sacerdote consume, y en acabando la misa entonan los tiples de la msica
el bendito y alabado, en tono muy dulce y agraciado, el que repite todo
el comn del pueblo; y en acabando se retiran a sus casas.

En los pueblos donde hay dos religiosos sera lo ms conveniente que, en
los das de precepto para los indios, el uno dijera la misa temprano,
para que los que tienen enfermos que asistir fuesen a orla, dejando
otros entretanto que los cuidasen, y lo mismo aquellos o aquellas que
por su desnudez no pueden ir a la iglesia, les prestaran otros y otras
su ropa para que oyeran misa; pero es muy raro el pueblo en que se
practica esto. En los ms se dicen las misas a un tiempo, de modo que
los que tienen stos u otros impedimentos no pueden orla; como tampoco
los que el pueblo tiene empleados en guardar los chacareros, que, como
los robos se recelan de noche, y la misa se dice temprano, no pueden
venir a orla, lo que podran hacer si la misa mayor se celebrase a una
hora regular, que aunque estuvieran toda la noche en su ocupacin tenan
tiempo desde que amaneca de venir a misa sin ningn recelo.

Todos los dems das del ao, que no son de precepto para los indios,
aunque lo sean para los espaoles, se dicen ambas misas al salir el sol
o antes, y en algunos pueblos luego que amanece, de modo que muchos se
quedan sin orla si se descuidan en madrugar, por cuya causa se originan
algunas de las disensiones entre curas y administradores. En todos los
das, aunque la misa sea rezada, asiste la msica y cantan en el coro
los kiries, la gloria, credo y sanctus, y todo lo que cantaran siendo
la misa cantada, y les tambores tocan y hacen el mismo estrpito que en
los das festivos.

Todas las tardes se reza el rosario en la iglesia, una hora antes que el
sol se ponga; en lo que tambin hay alguna diferencia de unos pueblos a
otros, segn la voluntad del cura.

Solemnzase en el ao algunas fiestas con ms particularidad que las
dems, como son las principales de Nuestro Seor Jesucristo y la Virgen,
la de San Miguel, la del Santo Patriarca de la religin de los curas,
los das del Rey Nuestro Seor y su cumpleaos. Estos das se anuncia su
festividad con repique de campanas la vspera al medio da, a cuya hora
concurre lo ms del pueblo a la iglesia, en donde el cura con la msica
canta el _magnificat_, y a la tarde se cantan vsperas solemnes,
precedidas de los repiques de campanas, los que se repiten a las
oraciones y nimas, como asimismo al alba del otro da, y para convocar
a la misa mayor, en que oficia la msica con ms solemnidad que otros
das; y despus se ejecutan en el pueblo algunas diversiones pblicas, y
se dan algunas reses y otras cosillas extraordinarias como ya queda
dicho.

La funcin que ms se singulariza entre todas es la del Santo Patrn
titular del pueblo; para sta se convidan algunos religiosos de los
pueblos inmediatos, para que en las vsperas y misa se vistan de
diconos y asistan otros a los dems ministerios del altar; se encarga
con anticipacin el sermn que se predica, mitad en guaran y mitad en
castellano, cuya diligencia corre a cargo del cabildo y administrador;
pero se comunica antes con el cura, el que tambin concurre a convidar a
los religiosos que han de asistir a la funcin; y al tiempo que stos
van llegando al pueblo, la vspera del da de la fiesta los reciben a la
puerta de la iglesia los curas con repiques de campanas y msica, y lo
mismo practican con el gobernador y teniente del departamento si
concurre, cuya ceremonia slo puede excusarla de abuso el estar
introducida desde el tiempo de los jesuitas, que as lo practicaban con
sus curas, y que de no hacerlo as ahora lo extraaran los indios; lo
dems de estas funciones queda ya dicho en otra parte.

Al da siguiente se celebra en los pueblos de este departamento, por
disposicin ma, un aniversario por las almas de los hijos del pueblo,
con vigilia, misa y responso solemne, y aplican todos los religiosos que
asisten las misas de aquel da, pagando su estipendio del comn del
pueblo.

Las funciones de Semana Santa se hacen con bastante solemnidad y
devocin, aunque con poca decencia las procesiones, por lo imperfecto de
las imgenes y ningn adorno de todo cuanto en ellas sirve. En algunos
pueblos comienzan las procesiones desde el Lunes Santo, pero lo ms
comn es desde el mircoles; este da a la tarde se cantan en la iglesia
las tinieblas con toda la msica, con tanta solemnidad como pudieran en
una colegiata, en donde es de admirar el or cantar las lamentaciones y
dems lecciones a muchachos de ocho o diez aos de edad, aunque no con
propiedad latina, porque no entienden lo que leen, ni pueden pronunciar
bien el latn, ni el castellano, porque carecen en su idioma de las
letras L, F y R, speras, pero muy corridas y ajustadas a la msica.
Duran las tinieblas hasta las oraciones, a cuya hora, al tiempo del
_Miserere mei Deus_, cerradas las puertas y apagadas las luces, se
azotan rigorosamente los indios; poco despus se hace pltica de pasin
en el idioma guaran, la que, acabada, se dispone la procesin en esta
forma.

Dispuestas las imgenes que han de salir en la procesin, y pronta la
msica en medio de la iglesia, van entrando por la puerta, que cae al
patio del colegio, varios muchachos vestidos con sotanillas y roquetes
de los aclitos, con los instrumentos y signos de la pasin de Cristo.
Entra uno de stos con la linterna, y dos a sus lados con dos faroles
hechos con telas de las entraas de los toros, puestos en la punta de
caas largas; se hincan de rodillas delante de la imagen que est en
medio de la iglesia, y entre tanto canta la msica un motete en guaran,
que expresa aquel paso, el que concluido se levantan estos muchachos y
siguen a ponerse en orden en la procesin, y entran otros con otra
insignia; y as van siguiendo hasta que concluyen todos, que son tal vez
veinte o ms, y las insignias que llevan tan toscas y materiales que la
soga es un lazo de enlazar, el azote uno de cuero de los que ellos usan
para castigar, la escalera la que el Viernes Santo sirve para el
descendimiento, y as de lo dems.

Luego que acaban de pasar, se levanta el cura y los dems que han estado
sentados entretanto, y sigue la procesin, que sale y anda alrededor de
la plaza, que est iluminada, y dispuestos en las cuatro esquinas
altares para hacer paradas. En toda la plaza se ven muchos indios
disciplinantes, y entre ellos algunas indias, que unos y otros se azotan
brbaramente, hacindose punzar las espaldas y algunos los muslos, de
donde corre con abundancia la sangre; otros cargan pesadsimas cruces
sobre sus hombros, otros aspados o puestos en cruz, otros con grillos,
etc. En algunos pueblos se ejecutan en la plaza los pasos del encuentro
de la Vernica, el de la Virgen y San Juan, como tambin el del
descendimiento el Viernes Santo; pero estos pasos parece han sido
introducidos despus de la expulsin, porque ni son comunes en todos los
pueblos, ni hay en todos imgenes a propsito para ellos, ni los curas
se sirven de los indios para ejecutarlos, particularmente el
descendimiento, sino de los espaoles que concurren en aquellos das
all. Lo que en tiempo de los jesuitas se practicaba eran algunas ms
graves y disonantes penitencias, que los curas y superiores seculares
del tiempo presente han prohibido; y sin embargo este presente ao se me
avis que en uno de los pueblos de mi cargo haban vuelto a renovar
algunas de ellas los indios, de cuyas resultas quedaron maltratados
algunos en la cara y cuerpo, tanto que en muchos das estuvieron
imposibilitados, por ser maltratados por ajenas manos, por lo que he
reprendido a los que lo dispusieron, y prevendoles no lo vuelvan a
hacer.

El Jueves Santo se celebra la misa con mucha solemnidad, en la que
regularmente comulga el cabildo, y despus se lleva el Santsimo
Sacramento en procesin alrededor de la iglesia, y se pone en el
monumento; el que, aunque de bastidores de lienzo mal pintados, es
vistoso en algunos pueblos, y en todos se adorna con las alhajas de
plata que hay, con muchas luces, aunque las ms son velas de sebo.

Luego que se coloca el Santsimo en el monumento, arriman las varas y
bastones el corregidor, alcaldes y dems justicia, y en su lugar toman
cruces pequeas en las manos, las que traen hasta el Sbado Santo
despus de los oficios, que vuelven a tomar sus insignias de justicia.

El mismo da a la tarde se repite la funcin del antecedente, variando
el paso de la procesin, y en el Viernes y Sbado Santo no hay nada de
particular, pues los oficios de la maana son como se practican en todas
partes, y las tinieblas y procesiones como las de los das antecedentes,
a excepcin de los pueblos en que se hace descendimiento. En todas estas
procesiones asisten los indios con pequeas cruces en las manos, y las
indias con cruces o bustos pequeos de cualquiera santo o vocacin;
algunas llevan entre sus brazos dos o tres de ellos, pero todos asisten
con mucha modestia y veneracin. El Sbado lo particular que hay es que
a la puerta de la iglesia hacen una grande hoguera encendida con la
nueva luz, de la que cada uno lleva a su casa un tizn para hacer fuego,
y tambin llevan agua de la que se bendice ese da.

El Domingo de Quasimodo dan la comunin y cumplimiento de iglesia a los
impedidos, a los cuales juntan en la casa o capillita que est frente a
la iglesia, y all se la administran; y aunque no se sigue detrimento en
sacar a estos impedidos de sus casas, me parece sera de ms edificacin
el llevarles el Santsimo a ellas.

La festividad que me agrada y edifica mucho es la del _Corpus Christi_;
para esta funcin disponen y adornan la plaza toda en contorno, formando
calles de arcos y prticos o tabernculos de ramos verdes, con enlaces y
enrejados de caas y hojas muy vistosas, y en las cuatro esquinas
disponen altares para las paradas de la procesin. En los tabernculos y
arcos de todo el contorno de la plaza cuelgan cuantos animales y aves
pueden coger muertos y vivos en el campo, y los animales domsticos que
tienen atan all; tambin cuelgan la ropa ms decente que tienen, los
tejidos, las telas urdidas, las herramientas de sus oficios y
agricultura, los lazos, bolas y cencerros de sus animales, los arcos y
flechas con que cazan, la comida de aquel da, y aun de muchos, siendo
cosa que se pueda guardar, y as llenan los altares de tortas hechas de
raz, mandioca, amoldadas en moldes de varias figuras, vejigas de grasa,
pedazos de carne asada y cuantos comestibles tienen; pero de lo que se
ve con ms abundancia es legumbres de todas especies, en canastas
curiosamente labradas, las que guardan para sembrar, creyendo su fe que
con la presencia las bendice Nuestro Seor Jesucristo. En los pueblos
inmediatos a ros ponen mucho pescado, alguno vivo en canoas pequeas
con agua; y, en fin, cuanto produce la tierra y alcanza su industria,
todo sirve de adorno a los arcos y altares de la plaza, de modo que
apenas se descubre lo verde de los ramos de que son formados, y dicen
que a Dios, que es Seor y Criador de todas las cosas, se le debe servir
con todas ellas.

El aparato de la procesin es correspondiente a lo que dejo dicho de las
otras funciones: buena custodia de mano, numerosa msica, mucho
estruendo de campanas y tambores, muchas danzas de muchachos y bastante
devocin. Por el suelo echan, en lugar de flores, granos de maz tostado
y reventado, que cada grano abulta ms que una avellana, y parecen
flores blancas, de que llevan varias canastillas, van rociando delante
del sacerdote que lleva la custodia, y detrs los muchachos lo recogen y
comen.

En las dems festividades del ao no hay cosa digna de reparo; en todas
se sigue el ceremonial de la iglesia en la forma ordinaria y en los
trminos que ya queda notado.

En las dems obligaciones anexas al ministerio de prrocos sucede aqu
lo que en todas partes, que unos son ms eficaces que otros; pero me es
preciso notar algunas cosas que se practican y que me son disonantes, y
que ser muy raro el que, si no en todos los puntos a lo menos en
algunos, ha de estar comprendido, y considero sera de mucha importancia
se estableciese otro mtodo ms ajustado.

Aunque por razn de prrocos tienen obligacin estos curas de aplicar
las misas de los das festivos por el pueblo, cantar cada lunes una por
las almas de los difuntos, y aplicar otra en cada entierro de los
adultos que murieren, como todo se expresa en el informe ya citado que
dio el Ilustrsimo Seor Obispo de Buenos Aires, no tengo noticia de que
algn cura cumpla con todas estas cargas, y lo ms que s es que unos
cumplen con unas y otros con otras, segn la mayor o menor disonancia
que le hace el faltar o no a ellas. Y aunque en conversacin he
significado a algunos curas esta falta que he notado, me han respondido
que cuando el seor don Manuel Antonio de La Torre expres las cargas de
los curas en los trminos que constan en las ordenanzas, hacindose
cargo de ellas, seal 300 pesos de snodo a cada cura, y 250 al
compaero por precisa congrua, atendiendo a las cargas que tenan; y
que, habindolos rebajado el snodo, no estn obligados a ellas,
mayormente pensionndolos de ordinario sus prelados con misas que tienen
que aplicar por el convento, y no les queda lugar para todas las del
pueblo. A los religiosos de San Francisco los obligan regularmente los
provinciales a que en el trienio apliquen por su intencin 100 misas los
curas y 150 los compaeros, fuera de las que tienen obligacin de
aplicar por los religiosos difuntos. Sea lo que fuere, la verdad es que
estos naturales carecen en parte de los beneficios espirituales que la
Silla Apostlica les concede por las obligaciones que impone a los
prrocos, y que la piedad de nuestro Soberano quiere se les cumplan,
sealando y pagando ministros para ello, en quienes descarga su
conciencia, y estos pueblos acuden con puntualidad con los alimentos a
sus curas, sin faltarles en nada.

En la administracin de los santos sacramentos siguen estos curas el
mismo mtodo, con corta diferencia, que el que observaban los jesuitas.
stos, en naciendo las criaturas, si estaban de peligro, se las traan a
su cuarto y les administraban el bautismo privadamente, y el domingo
bautizaban solemnemente a todas las criaturas que haban nacido en toda
la semana, y ponan los leos a las que les haban echado el agua. Esto
mismo se practica en algunos pueblos; en los ms no hay da fijo para
administrar este sacramento.

El modo que se observaba y observa en todos los pueblos en la
administracin del sacramento de la penitencia merece me detenga un
poco; porque, siendo ste la puerta que tenemos para el regreso a la
gracia perdida, y la tabla que despus del naufragio de la culpa nos
conduce a la seguridad del puerto, me parece es en donde deban los
curas poner mayor cuidado, as para que se confesasen bien, como para
que llegasen con la disposicin debida a recibir la sagrada comunin, y
formasen idea perfecta de tan santos y necesarios sacramentos. Pero es
mucho el descuido y abuso que hay en la prctica que se observa, como
manifestar a usted.

Los indios no se confiesan, por lo regular, sino una vez al ao para el
cumplimiento de la iglesia; el modo con que esto se verifica es el
siguiente. Desde antes que entre la cuaresma disponen los curas que a
cada da vengan los indios o indias de dos o tres cacicazgos a
examinarse de la doctrina cristiana a la puerta de la iglesia, cuyo
examen lo ejecuta uno o ms indios de la confianza del cura, a que
asiste l algunas veces, tal vez siempre, segn su mayor o menor
eficacia. Todos los que saben la doctrina a satisfaccin del cura o del
que los examina van aprobados, y los que no la saben continan
aprendindola con los que estn sealados para ensearla; y, estando
capaces, se les da la aprobacin de examen. En entrando la cuaresma,
cita el cura para cada da los cacicazgos que han de venir a confesarse,
a los que las justicias obligan a que vayan, estn o no dispuestos; las
confesiones se hacen a las tardes, y aun a la noche, y al otro da
temprano se les da la sagrada comunin al tiempo de la misa, y hasta la
tarde no confiesan otros, en la que repiten lo mismo, hasta que
concluyen con todos, cuya prctica merece algunas reflexiones.

Los indios, por la poca instruccin que tienen, carecen de un perfecto
conocimiento de la gravedad de los pecados, y por consiguiente no pueden
ser movidos sus interiores sentimientos a la detestacin y
aborrecimiento de ellos con aquella viveza y eficacia que es necesaria
para disponerse a confesarlos y dolerse de haberlos cometido, en cuya
disposicin no piensan, porque no saben cundo han de confesarse, y en
mandndoselo, estn o no dispuestos para ello, se han de confesar,
quieran o no quieran, y tal vez es cuando ellos menos piensan en ello.
Sucediendo a menudo que, porque no han concurrido todos los citados, o
porque al cura sobra tiempo, van los fiscales y traen a los primeros que
hallan para que se confiesen, y ellos lo hacen como si estuvieran bien
preparados, y al otro da comulgan como si se hubieran confesado bien, y
no piensan en otra confesin hasta otro ao, con que vea usted qu
confesiones tan buenas sern stas. Lo que sucede es que, estando a los
pies del confesor, se acusan de lo que primero les ocurre, sin examinar
si lo han cometido o no; de lo que resulta que, si el confesor se
detiene en examinarlos, les encuentra en mil inconsecuencias imposibles
de desatar, lo que atribuyen a malicia, y no lo es, siendo slo la causa
de ello su mucha ignorancia y la ninguna disposicin con que llegan. Un
cura me refiri que, estando confesando una tarde a algunos indios,
haban trado para el mismo efecto algunas muchachas de edad suficiente
para confesarse, las que, estando cerca del confesionario, tenan entre
s mucha risa y alboroto, tanto que le oblig a reirles y mandarles
callar. Comenz a confesarlas, y hall que todas ellas se confesaron de
unos mismos pecados en nmero y en especie, de lo que concibi que la
risa que haban tenido sera originada de estar propalando entre s los
pecados de que haban de acusarse, pues no poda ser de otro modo el que
todas se confesasen de unos mismos. A otros curas les he odo muchos
casos semejantes, ya de acusarse de haber faltado al precepto de la misa
ms veces que los das a que estn obligados en el ao, otros en haber
quebrantado el ayuno en mayor nmero que les obliga, y de algunos que
han confesado pecados que moralmente es imposible que ellos los hayan
cometido, y que examinndolos bien hallan ser mentira fraguada para
confesarse de algo, por no tener hecho examen, o no querer confesarse de
lo que verdaderamente han hecho, y parecerles que el padre no los ha de
creer si no se acusan de muchos y graves pecados.

Como los ms de los curas estn persuadidos de que les toca de derecho
el celar y corregir los pecados pblicos de incontinencia, practican
algunas averiguaciones sobre ello, en las que los acusados suelen negar,
y cuando llega el caso de confesarse callan sus pecados, porque antes
los han negado, sin distinguir que aqul es otro tribunal, y que por lo
que all confesaren no han de ser castigados. Otros, porque el cura no
sepa sus defectos y los cele despus, no se atreven a confesarlos,
mayormente si saben que el cura los persigue por este vicio que en ellos
es muy comn.

A lo defectuoso de estas confesiones se agrega el que, confesndose el
da antes, quedan expuestos por su rudeza y flaqueza a pecar antes de
recibir la comunin; el poco recato que tienen en sus casas, en donde
por lo regular viven distintos matrimonios, tal vez sin ser parientes, y
aunque lo sean, reparan poco en los incestos; lo dados que estn al
vicio de la incontinencia y el poco conocimiento del sacrilegio que
cometen son motivos para creer que pocos llegarn a la comunin sin
haber aadido nuevos pecados a los que dejaran de confesar,
principalmente las indias, que, si estn amancebadas con espaol o algn
indio mandarn, es cosa sentada que no dejar de condescender con la
voluntad de su mancebo, por no tener resolucin para negarse, aun cuando
su voluntad fuera el abstenerse siquiera esa noche.

Ya usted ve, amigo mo, con cunta razn digo merece este punto de
atencin y remedio, principalmente para que las confesiones se hagan en
toda la maana desde el alba hasta el medioda, dando de hora en hora la
sagrada comunin, y no hacer las cosas al revs, confesando toda la
tarde y teniendo la maana toda franca.

A los enfermos los confiesan los curas y llevan el santsimo por vitico
a sus casas, lo que se ejecuta con bastante decencia, a que asiste
siempre un buen nmero de indios msicos y otros que no lo son. Llevan a
Su Majestad debajo de palio, repican las campanas todo el tiempo que
tarda desde que sale hasta que vuelve a la iglesia; van algunos indios
con tamboriles, que stos nunca faltan en las funciones, y todo se hace
con bastante aparato. A la casa del enfermo llevan con anticipacin de
la iglesia lo necesario para disponer un altarito decente, con sitial,
ara, candeleros, manteles y alfombra, y si el enfermo est muy de
peligro le ponen la Santa Uncin, y si no aguardan a que lo est, y
entonces se la administran. Todo esto se hace con bastante veneracin, y
si llueve o las calles estn con lodo, llevan al sacerdote en silla de
manos, o por mejor decir de hombros, pues en ellos la llevan cuatro o
ms indios, sin que por esto deje de sacarse el palio y dems decencia
que queda explicada.

Para celebrar los matrimonios parece tenan los jesuitas tiempo
determinado, y era despus de cuaresma. Entonces se hacan traer lista
de todos los muchachos y muchachas, viudos y viudas del pueblo, capaces
de casarse, y aun los hacan concurrir a unos y a otros a la puerta de
la iglesia, y all examinaban si algunos o algunas tenan tratado el
casarse, o los padres de los muchachos les tenan tratado matrimonio; y
a los que ya lo tenan tratado, que eran pocos o ningunos, procuraban se
efectuase, si no hallaban causa para impedirlo; y a los dems all mismo
les hacan elegir mujer, o ellos se la sealaban, y, guardando las
ceremonias de proclamas, los casaban tal vez todos en un da, por lo
menos a muchos juntos. Yo he visto un cordn compuesto de cuentas que
serva de yugo para las velaciones con divisiones correspondientes para
26 pares. En el da, aunque no los estrechan tanto los curas, la
costumbre de ellos no les hace pensar en casarse hasta despus de Semana
Santa, y para ello es preciso que los curas les amonesten que procuren
casarse, para retirarlos as de los amancebamientos que tienen, tal vez
con sus hermanas; y son tales los indios que no piensan en tomar estado
hasta que se lo manda el cura o sus padres, no atrevindose ellos a
determinar por s mismos materia en que tanto se interesa su bien en
todo el resto de la vida.

Los entierros de adultos y prvulos hacen los curas de maana, despus
de acabada la misa, o a la tarde, antes o despus del rosario, para que
asista la msica y toda o la mayor parte de la gente del pueblo. No va
el cura con la cruz a la casa del difunto a traer el cuerpo, pues con
anticipacin lo traen en el fretro los parientes o amigos, cubrindolo
con un pao negro, y amortajado con un saco de lienzo de algodn blanco,
envuelto y cocido de modo que no se le ve pie, mano ni cara, y lo
colocan en el prtico de la iglesia, en frente de la puerta principal;
all sale el cura con capa, los aclitos con sotanillas negras y
roquetes, y con cruz alta. Canta la msica los responsos all, y en dos
o tres paradas hasta llegar al cementerio, que se comunica por puerta
que tiene la iglesia que corresponde a aquel lugar, en donde lo
entierran entretanto le cantan el oficio que llaman de sepultura; pero a
muy pocos he visto les hayan cantado vigilia y misa de cuerpo presente.
A los prvulos les hacen su entierro del mismo modo, con la diferencia
que pide la diversidad que hay de prvulos o adultos.

No he visto a estos indios conserven ninguna supersticin ni rito de los
de su gentilidad con sus muertos; lo nico que hacen es, luego que
expira, y en el tiempo que el cuerpo permanece en sus casas, y tambin
en el entierro, se oye que algunas indias viejas, parientas o cercanas
del difunto, lloran con una especie de tono ronco y desagradable,
mezclando algunas palabras de sentimiento. Pero ni esto es comn en
todos los que mueren, ni es tan ruidoso que merezca la atencin; y al
tiempo de estarle echando la tierra, se llegan algunas indias que llevan
calabazas con agua encima, y van rociando la tierra, humedecindola; y
en estando ya llena del todo la sepultura, echan agua bastante encima
hasta que hacen barro, y la cubren toda. Pero en esto no concibo otra
cosa sino el impedir que quede la tierra movediza, y que si es tiempo de
seca levantaran mucho polvo los vientos sin esta precaucin. Encima de
la sepultura ponen una pequea cruz de madera, y una tablita con el
nombre del que all est enterrado, con el da, mes y ao de su
fallecimiento.

Una cosa particular se observa en los cementerios de estos pueblos, y es
que en las sepulturas se consumen los huesos de los difuntos, juntamente
con la carne, de modo que cuando las abren todo est deshecho, sin
encontrar calaveras, canillas, ni hueso alguno en ninguna. Yo deseaba
saber si esto suceda solamente con los cadveres de los indios, y se me
cumpli el deseo; pocos das hace que en la iglesia de este pueblo se
abri una sepultura en que fue enterrado un espaol hace cuatro aos, y
se encontraron todos los huesos enteros, aunque comenzados a deshacer
por la superficie, de lo que infiero que, si hubiera estado ms tiempo,
tambin se hubieran desecho. Atribuyo la mayor facilidad en consumirse
los huesos de los indios a que no comen sal, porque no la tienen; no s
si errar el pensamiento.

En cada pueblo hay dos cofradas o congregaciones, que les llamaban los
jesuitas: una de San Miguel, patrn universal de toda esta provincia, y
la otra de la Santsima Virgen Mara, que en unos pueblos es con la
advocacin de la Asumpcin, y en otros el de la Natividad; y aunque en
esos das se celebra fiesta particular, no veo que al presente haya
mucho esmero en promover esta devocin. Son pocos los cofrades que ahora
hay; stos tienen escritos sus nombres en una tabla que arriba tiene la
imagen de la vocacin de la cofrada, y al margen de los nombres hay
agujeros con hilos y borlas de varios colores, que cada cofrade conoce
el suyo. Estas tablas las ponen colgadas todos los das de maana y
tarde a la puerta de la iglesia, y al entrar el cofrade saca el hilo que
corresponde a su nombre, y as se sabe los que asisten o faltan a la
misa o rosario.

El cuidado de las iglesias, sacristas, ornamentos, vasos sagrados,
alhajas de plata y oro y dems correspondiente al culto divino, est a
cargo de los curas de los pueblos, aunque el gobierno secular est al
reparo de que stos no extraigan ni menoscaben lo que est a su cuidado,
as por lo que toca este cuidado al real patronato, como porque los
pueblos se interesen en su conservacin y buen estado, pues tiene que
costear todo lo que se vaya inutilizando o haga falta. Entrgase a los
curas todo lo que existe en la iglesia por inventario, presenciando la
entrega el corregidor, cabildo y administrador; tomando un tanto de
dicho inventario firmado del cura, lo colocan en el archivo para poderle
hacer cargo en todo tiempo. En estas entregas ha habido notable descuido
y poqusima formalidad; son muy pocos los pueblos en donde el cura se
haya recibido por peso de las alhajas de plata y oro que se le han
entregado, ni aun expresan si la alhaja es chica o grande, si est sobre
madera o maciza, poniendo a bulto tantos candeleros, tantas cruces,
tantos clices, tantas vinajeras, etc.; lo mismo de los ornamentos,
diciendo tantas capas, tantas casullas, tantas albas, etc., siendo as
que estas ropas deban especificarse con individualidad, porque hay
casullas y capas de riqusimos tiss, y otras de tela de seda muy
inferiores. En la visita que a fines del ao pasado de 1784 practic el
Ilustrsimo Seor Obispo de esa ciudad en los pueblos de su distrito, y
que en toda ella acompa a Su Seora Ilustrsima, me impuse bastante
en este punto, pues, aunque no lo ignoraba, no me constaba con tanta
certeza. Fue raro el pueblo en que se hallasen con alguna formalidad los
inventarios de la iglesia, de modo que Su Seora Ilustrsima tuvo a
bien formarlos de nuevo con especificacin de todo, para que a lo menos
en adelante se observe alguna formalidad y cuidado.

Aunque los curas se reciben de las iglesias y sus alhajas, quien corre
con ellas, las cuida y guarda, son los indios sacristanes, de modo que
en algunos pueblos es tanto el descuido de los curas que ni saben lo que
hay, ni dnde estn las cosas, aun las ms preciosas y usuales. Bien lo
not el Ilustrsimo Seor Obispo de esa dicesis en su visita, en la que
dej dadas las correspondientes providencias para remediar el doloroso
abandono que advirti en algunos pueblos, siendo maravilla el que con
tanto descuido no faltasen ya muchas alhajas de la iglesia, mayormente
sucediendo que a menudo suelen quitar y poner sacristanes, sin que a los
entrantes se les entregue por cuenta la sacrista, ni a los salientes se
les tome cuenta, de modo que si faltase alguna cosa sera imposible el
averiguar cundo o en qu tiempo haba faltado; y si no suceden
frecuentes extravos o robos es porque los indios tienen mucha
veneracin a las cosas de la iglesia. Aunque, si hubiera rigoroso cotejo
de las presentes existencias con las que haba al tiempo de la
expulsin, no dejara de encontrarse alguna falla, a la que no podran
dar ms salida los curas sino que se consumi con el uso.

Aunque las libreras que tenan los curas jesuitas en sus cuartos,
pertenecientes a las comunidades por ser compradas con los haberes de
los pueblos, no deban ni deben considerarse por bienes de la iglesia,
pareci conveniente dejarlas al cuidado de los curas, as porque pueden
tenerlas con ms aseo, como para que se aprovechen de la lectura de los
libros tiles a su ministerio. En cuyo poder permanecen, aunque algunas
muy deterioradas, y de las que faltan muchos libros por la facilidad de
prestarlos y descuido en recogerlos; de modo que rara de estas libreras
se hallar hoy en buen estado, porque el polvo, los ratones y otras
sabandijas las han menoscabado, y muchas obras truncadas por haberse
perdido parte de sus libros.

stas son las noticias de estos pueblos que me parece puede apetecer
usted, en las que he procurado no omitir cosa alguna digna de su
noticia. Recbalas usted con la satisfaccin de que todo cuanto digo lo
s por experiencia y diligencia propia, y que puedo hacerlo patente
siempre que se ofrezca; porque la aplicacin de cuatro aos, el trato
continuo con los indios, el oficio de teniente gobernador y el haber
visto y examinado todos los treinta terrenos con el mayor cuidado, me
han puesto en estado de poder hablar con conocimiento de todo, como lo
he hecho. En esta memoria es regular encuentre usted muchas cosas
superfluas para su intento, las que desde luego podr desechar como
intiles; pero, por malo que sea este papel, no lo ser tanto que no
tenga algo de bueno, a lo menos tiene el mrito de no contener cosa que
no sea verdadera, y escrita con el nimo de complacer a usted, y ser
til a estos naturales y a la monarqua. Y con estos deseos concluyo la
primera parte de esta memoria, y paso a formar la segunda.




SEGUNDA PARTE

Plan general de gobierno, acomodado a las circunstancias de estos pueblos


Parceme, amigo mo, habr quedado satisfecho el deseo de usted con las
noticias que le doy en la primera parte de esta memoria. Mi voluntad ha
sido acertar a complacerle, y mover su nimo a desear, como yo deseo, el
bien de estos naturales, facilitndoselo con algn nuevo mtodo de
gobierno que los saque de la miseria, sujecin y abatimiento en que se
hallan, y gocen en vida poltica y civil los bienes de la libertad que
Su Majestad les franquea, y las abundancias y conveniencias que tan
liberalmente les ofrecen sus terrenos; y que el real erario tenga los
aumentos que son consecuentes al floridsimo comercio que se puede
establecer, con otras muchas ventajas que lograra la monarqua.

Pero, como el deseo solo no es suficiente para mejorar las cosas si no
se proponen los medios de conseguirlo, para que vistos y examinados
pueda ponerlos en ejecucin quien tiene facultad para ello, nada o muy
poco habra yo adelantado con poner en la consideracin de usted todos
los males que padece esta provincia y causas de que se originan; y as
me considero en la obligacin de formar un plan o reglamento de nuevo
gobierno, acomodado a las circunstancias del pas y sus naturales, para
que, examinndolo la perspicacia de usted, con el conocimiento e
instruccin que le acompaa, lo corrija y reforme en los trminos que le
parezca; y si, despus de corregido e ilustrado, conociese usted que
puede ponerse en manos de la superioridad, podr darle el giro que crea
ser til y conveniente a los fines a que se dirige.

Cuando a un hbil arquitecto le proponen la fbrica de un suntuoso
edificio, consulta la idea y voluntad del fundador, examina los
materiales de que se ha de fabricar, el terreno en que ha de tener su
asiento y las calidades del clima para precaver las principales
habitaciones de las humedades, vientos nocivos y obstculos que puedan
impedirles la vista, y asegura toda la obra de los huracanes, terremotos
y otros contratiempos que pueden sobrevenir, y principalmente consulta
los fondos o caudales que se destinan para costear la obra; y
considerado todo, y bien combinado, delinea el plano con todas sus
dimensiones, y la perspectiva con todos sus adornos, y lo expone al
gusto y censura del fundador y de otros crticos; y con sus pareceres
pone en ejecucin la obra, sin riesgo de que se malogren los gastos.
As, pues, el arquitecto poltico es preciso tenga presente todos los
principios o elementos de que ha de componerse la fbrica que quiere
levantar, para combinarlos y ajustarlos con la mayor naturalidad y
proporcin que sea posible, y que todas las piezas se unan con tal
trabazn que parezca han sido criadas o formadas para que cada una ocupe
el lugar a que se le destine. Porque los hombres, que son los
principales materiales de que se componen los edificios polticos, son
ms difciles de labrar y ajustar que los mrmoles ms duros en los
edificios materiales; y as es menester que, en cuanto sea posible, se
les busquen y acomoden las junturas tan a su natural que sea poco o nada
lo que haya que vencer. El fundador de esta grande obra poltica es el
Soberano, cuya real beneficencia se extiende hasta lo ms remoto de sus
dominios; el arquitecto, el vasallo o vasallos que, con el amor y
lealtad que se debe a Su Majestad y a la patria, propone los
pensamientos que su aplicacin y experiencia le han producido. Esto es
lo que har yo, y espero del amor y celo que he conocido en usted al
real servicio y bien de la sociedad coadyuvar, ilustrando este plan con
las notas que le parezcan oportunas al logro de nuestro deseos, para
mayor servicio de Dios y del Rey, Nuestro Seor, y bien de estos
naturales.

Los materiales de que debe formarse esta obra no pueden ser ni ms
preciosos ni ms abundantes. La bondad del clima, la fertilidad de los
terrenos, la grande copia de los frutos que produce, comerciables con
todas las provincias de este continente, los ros navegables para
extraerlos con facilidad y lo bien poblado de toda la provincia son
principios todos que ofrecen el mejor xito. A que debe agregarse la
docilidad y buena disposicin de estos naturales, que, como una masa
docilsima, estn en punto de admitir la forma que quieran darles, como
los saquen de la opresin en que los tiene la comunidad, a la que
aborrecen sobre todos los males que son imaginables.

Cuando se trata de fundar alguna poblacin, o poblar alguna provincia,
despus de examinadas las ventajas que ofrece su situacin y terrenos,
presentan regularmente dos poderosas dificultades, que son: el persuadir
u obligar a los primeros pobladores a que vayan a ocupar el sitio
destinado, y el proporcionar fondos propios para los gastos de todo
aquello que ha de resultar en bien comn. Por falta de stos, se ven
tantas ciudades y poblaciones de mucha antigedad sin las precisas
comodidades y alivios que pudieran tener si los tuvieran, siendo preciso
para establecer las indispensables ocurrir a los arbitrios u otras
derramas que el pueblo mira con aborrecimiento, sin conocer la utilidad
que les resulta. Pero aqu en estos pueblos, en las presentes
circunstancias, ninguno de estos dos escollos hay que vencer. La
provincia est bien poblada de gentes, y los pueblos con caudales
crecidos, que pueden servir de propios, con ms otras proporciones que
expresar en donde corresponde; de modo que me parece que en todo el
mundo no pudiera hallarse otra provincia con iguales recursos, si se
verificase el reglamento que voy a proponer.

Los pueblos de este departamento de mi cargo, sin embargo de ser los de
menos proporciones, como tengo manifestado en otra parte, se hallan al
presente con unos fondos ms que medianos, y sin contar lo que puede
tener o deber en Buenos Aires. Hay pueblo que no dara los haberes de
comunidad por 100.000 pesos de plata sin poner en cuenta las casas,
tierras, ni muebles, sino solamente los ganados, plantos, frutos y
efectos comerciables, y el que menos no bajar de 35.000. Y aunque es
verdad que hay otros pueblos en la provincia que no llegar su caudal a
esta suma, tambin lo es que hay algunos que sobrepujan mucho, y que
ninguno hay que con lo que tiene y sus proporciones no pueda establecer
unos propios que los quisieran tener muchas ciudades de Amrica. Conque
vea usted si tengo razn para decir que los materiales para esta obra
son los ms preciosos y ms abundantes que pueden desearse. Vamos pues a
delinear la planta.

El contexto de toda la narracin de esa memoria habr sin duda
persuadido a usted que el medio nico de adelantar esta provincia y
sacar a sus naturales de la ignorancia, miseria y abatimiento en que se
hallan es el extinguir las comunidades, dejando a los indios en plena
libertad para que cada uno trabaje para su propia utilidad, comercie con
los frutos y efectos de su trabajo e industria, y que en un todo vivan y
sean tratados como los dems vasallos del Rey. Esto es lo que dicta la
buena razn, y esto es a lo que parece se dirigen mis pensamientos.
Pero, amigo mo, por la misma narracin habr usted conocido que la
sujecin en que estn los indios a sus comunidades les ha impedido, e
impide, el adquirir luces para saber proporcionarse los auxilios y
socorros necesarios a la vida; y esta incapacidad es un poderoso estorbo
para franquearles la libertad, de modo que, entretanto estn en
comunidad, jams podrn adquirir las luces necesarias para
proporcionarse por s mismos las comodidades necesarias a la vida, y
mientras no tengan stas parece imposible el franquearles la libertad
sin exponerlos a su total ruina. Siendo cosa evidente a todos los que
los conocemos que el franquearles la libertad sera lo mismo que si a
cada individuo lo colocasen en un desierto sin ninguna compaa, y all
tuviese que proporcionarse por s solo todos los socorros necesarios a
la vida, que sera lo mismo que ponerlo a perecer. Y no le parezca a
usted ponderacin; la falta de inteligencia en todo lo que es ayudarse
mutuamente, el no saber vender ni permutar unos bienes por otros, ni
valerse unos de la habilidad de los otros, los reducira al ms
miserable estado, se imposibilitara la recaudacin de los reales
tributos, se minorara y aun acabara el culto de los templos, y aun se
dispersaran los indios, ocasionando tal vez la total ruina de los
pueblos. Y aunque no pensemos tan melanclicamente, y consideremos ms
inteligencia en los indios que la que supongo, y que mediante la
habilidad de algunos pocos se lograra el que stos conchabasen a los
menos expertos, y que por este medio se consiguiera el ponerlos a todos
en ejercicio para adquirir lo necesario; en este caso sucedera que se
llenaran estos pueblos de espaoles vagabundos o de pocas obligaciones,
que, con pretexto de poblar la tierra o de entrar a tratar y contratar,
se aprovecharan del trabajo de los indios, ponindolos en ms opresin
y menos asistencia que la que ahora tienen, y les quitaran por cuatro
bagatelas todo lo que a costa de mucho trabajo hubieran adquirido, sin
que el gobierno pudiera remediarlo, con otras peores consecuencias que
podran esperarse.

Por otra parte, si se piensa en dejar a los indios en comunidad como
estn ahora, tambin me parece que la ruina de los pueblos ser
infalible antes de muchos aos, o a lo menos sern poqusimos los
adelantamientos; y stos los habr si los que los gobernaren
inmediatamente tienen todas las calidades que se requieren para estos
parajes, porque los indios saben que son libres, y conocen los bienes de
la libertad, como los conocen, los desean, y, desendolos, la buscan; y
esto es en parte causa de los muchos que se desertan de los pueblos, sin
otro motivo que verse oprimidos y sin la libertad que desean, y los que
permanecen es porque an no han adquirido valor para dejar su patria; y
en la repugnancia que tienen a todo lo que los destina la comunidad se
conoce lo violento que estn, y as es preciso mucha prudencia y
suavidad para gobernarlos, para que no conozcan flaqueza de parte del
gobierno, porque entonces nada haran, ni los exaspere el rigor, porque
tendra peores consecuencias. Antes que los indios conocieran la
libertad era cosa facilsima el dirigirlos como se quisiera, y por eso
los jesuitas impedan tanto la entrada de espaoles en estos pueblos
(mayormente paraguayos, que saben el idioma de los indios), para
ocultarles todas las noticias y especies que pudieran moverles el deseo
de la libertad; pero ahora ni pueden gobernarse como entonces, y mucho
menos el volverlos a poner en aquel estado, porque ya no estn capaces
de eso.

En medio de tantas dificultades no es de maravillar que hayan sido
tantos los dictmenes que tengo noticia ha habido y hay sobre el
gobierno de estos pueblos, y que nada se haya resuelto por la
Superioridad hasta ahora. Todos es preciso convengan en que esta
provincia es fertilsima, no tan solamente en los frutos para su
consumo, sino tambin en otros comerciables; que sus habitadores todos
trabajan, y fuera del grosero alimento es poco lo que gastan y es casi
nada lo que les sobra, cuando en otras partes, en trabajando la sexta u
octava parte de los hombres en la agricultura, hay para proveer a todos
de alimento con abundancia; y con la mitad de los dems, que se apliquen
a las artes y oficios, brilla el lujo, como se ve en las ciudades,
quedando los restantes sin ocupaciones, de aquellas que aumentan los
frutos y efectos. Convendrn tambin en que de esto es causa el estar
los indios sujetos a la comunidad; pero, en llegando a tratarse del modo
de remediarlo, es preciso haya tantos pareceres como hombres. Pero yo,
sin que me atemoricen tantos inconvenientes, tengo por cosa facilsima
la ejecucin del reglamento que voy a proponer, y por infalibles las
favorables consecuencias en todas partes de que se componga.

Sin embargo de los riesgos e inconvenientes que he manifestado a usted
pueden seguirse de dar a los indios entera libertad, sta deber ser la
base de toda la obra. Los indios, en mi reglamento, debern quedar
libres enteramente, con libertad absoluta, como la tenemos todos los
espaoles.

Supuesta la libertad de los indios, deberan quedar los bienes de las
comunidades para propios de los pueblos, entregndolos a administradores
hbiles y cuales convena para los efectos que se expresarn, haciendo
tasacin de todos ellos, a lo menos de los que son comerciables y sirven
para el aumento del giro que haba de drsele a este caudal; y as para
su entrega, como para el manejo que de l deban tener, era necesario
establecer las reglas oportunas y convenientes.

El administrador, hecho cargo del caudal de un pueblo, deba
considerarse como un factor (y este nombre le convendr mejor que el de
administrador) que abrazase en s todos los ramos de agricultura, artes
y faenas que el pueblo tuviera, o pudiera an establecerse con utilidad;
pero no haba de precisar a ninguno a que trabajara contra su voluntad,
y a todos los que voluntariamente quisieran conchabarse les haba de dar
ocupacin, pagndoles su jornal y dndoles la comida del medioda, sin
que jams se verificase que alguno, chico o grande, se haba quedado sin
jornal, habindolo pedido, pues para todos hay en los pueblos, en todos
tiempos, destinos en que emplearlos con utilidad del que los ocupa; y
los que no quisieran trabajar en la factora, y lo verificasen en sus
labores propias, o conchabndose con otros, ya fuesen espaoles
avecindados o con otros indios, dejaran hacerlo libremente. Pero a los
que anduviesen ociosos (que en mi inteligencia seran raros) se les
deba compeler a trabajar por aquellos medios ms oportunos y eficaces
que se tuviera por conveniente, hasta proceder contra ellos, como se
ejecuta con los vagos en las repblicas civilizadas.

Las indias se deberan ocupar en hilar algodn, comprndoles por su
justo precio cada da o cada semana el hilo, pagndoselo de contado
segn su calidad, dndoles algodn en parte de pago, para que nunca les
faltase qu hilar.

A los muchachos, muchachas, viejos, viejas y otros de esta calidad, se
les debera emplear en cosas que cmodamente pudieran hacer, de forma
que ganaran para comer y vestir; pues, como digo, hay para ocuparlos a
todos con utilidad de la factora.

Aunque con esta providencia se les aseguraba a los indios las
proporciones de subsistir, quedaban siempre expuestos al riesgo de que
los tratantes fuesen los que lograsen el fruto de su trabajo, as en los
que les vendiesen como en lo que les comprasen, si no se tomasen otras
precauciones: y as, para asegurarlos por todos lados de todo perjuicio,
sera muy til que el comercio de los efectos que se traen de fuera de
la provincia corriese en cada pueblo a cargo del factor, y que fuera
tambin de la obligacin de ste el abastecer su pueblo de vveres y de
cuanto es necesario a la vida y comodidad de los hombres; y del mismo
modo haba de estar obligado a comprar todos los frutos y efectos que
los naturales quisieran venderle, asegurando la equidad, as en las
compras como en las ventas, con reglamentos adecuados. De este modo
aseguraban los naturales las ventas de sus frutos y manufacturas, y
tenan con equidad dnde proveerse de cuanto necesitasen, y todas las
utilidades que resultasen de estas compras y ventas a la factora
recaeran en beneficio del comn, como que de cuenta de l se manejaba
todo.

Dispuestas as las cosas, quedaba la comunidad reducida a un asiento y
factora, para que jams faltase qu trabajar a los indios, y el pueblo
estuviese abastecido de todo lo necesario; y los frutos y efectos que
produjere el trabajo e industria de los particulares lograsen el giro
ms ventajoso, resumiendo en una sola mano todos los ramos de
agricultura, industria y comercio, y con la ventaja de que todas las
utilidades haban de recaer en los mismos que las producan, dejando, no
obstante esto, la libertad a todos los particulares de disponer de sus
frutos dentro y fuera de los pueblos, para venderlos o extraerlos como
gustasen, como no fuese para traer en retorno efectos comerciables,
porque esto debera ser privativo a la factora.

Pero, para que este arreglo produjera las ventajas deseadas, era preciso
introducir el uso de la moneda, pues sin ella todo sera embarazos, y
los efectos perderan de valor pasando de mano en mano. Es la moneda el
alma del comercio y la sangre de las repblicas; faltando sta, falta el
estmulo, la actividad y la aplicacin; no puede haber igualdad en los
contratos, ni regla fija en la sociedad. Es este precioso signo del
comercio ms grato a la codicia de los hombres que lo fue el man al
paladar de los israelitas, porque al fin stos se cansaron de l, y el
dinero a nadie ha cansado hasta ahora.

Si yo escribiera para el comn de los hombres, hara, antes de pasar
adelante, algunas reflexiones sobre el diseo o plan propuesto, para dar
a conocer a los que no profundizan las cosas las grandes utilidades y
ventajosas consecuencias que ofrece; pero escribo slo para usted, quien
con su profunda penetracin las conocer mejor que yo pueda explicarlas;
pero no pasar en silencio dos, que son como origen de otras muchas. La
primera, el evitar que en esta repblica haya tantos hombres ociosos
como hay en todas las dems, empleados en comerciantes y tratantes,
comiendo y enriquecindose a costa del pblico; y la segunda, el que
todas las ganancias, que haban de recaer en stos e invertirse en
utilidad de sus fines particulares, recaeran en beneficio del pblico y
se emplearan en aquello que fuese ms til a la sociedad, como ms
adelante se dir.

Tampoco me detendr en patentizar lo justo y necesario que es el
comercio privativo en estos pueblos; pues, adems de ser una cosa
forzosa para impedir los perjuicios de estos naturales, se halla
autorizado con el ejemplo de muchas compaas establecidas en diferentes
partes para precaver los perjuicios que pudiera originarse de un
comercio libre, siendo as que aquellos perjuicios los sufriran algunos
particulares comerciantes, y en nuestro caso los sufrira toda la
provincia, fuera de que esta exclusin poda durar el tiempo que fuese
preciso, o el de la voluntad del Soberano.

Aunque en toda esta memoria he procedido sin mtodo en la distribucin
de asuntos, procurar en este reglamento tratar cada materia
separadamente para mayor inteligencia de usted, previniendo que el que
hasta ahora se ha llamado administrador ha de nombrarse en este plan
_factor_, y lo que se ha dicho comunidad se llamar _factora_; as
porque me parece mejor convenirles estos nombres, como por desterrar de
los odos de los indios el nombre de comunidad y de administrador, que
aun para los mismos que ejercen estos empleos no es de buen sonido; pero
esto es accidental, pues puede drsele el nombre que se quiera.

Deben buscarse para factores mozos instruidos en casas de comercio u
oficinas de real hacienda, para que con la instruccin que all hayan
adquirido les sea fcil el imponerse del vasto manejo que ha de ponerse
a su cuidado; conviene no sean tan mozos que bajen de 30 aos, ni tan
viejos que pasen de los 50. Es preciso en ellos mucha viveza de genio y
robustez, un trato dulce para con los indios y que estn libres de
vicios, principalmente de los de incontinencia, embriaguez y juego de
naipes, siendo cosa precisa que al que se le notare cualesquiera de
estos vicios fuera al instante removido; pues, aunque en todas partes
son perjudiciales los que los tienen, aqu seran intolerables por las
ocasiones ms frecuentes y por lo trascendental que seran, con notable
perjuicio de los naturales, que es preciso evitarlo, mayormente en
cualquiera nueva plantificacin.

Al factor convendra se le entregasen los haberes del pueblo para su
manejo, del modo que hasta ahora se les han entregado a los
administradores, con sola la diferencia de que se le haban de entregar
tasados y hacerle cargo de sus valores; pero con la misma intervencin
que ahora tienen el corregidor y mayordomo del pueblo, conservando cada
uno una de las tres llaves de cada almacn; pues, no siendo fcil
encontrar factores con las calidades expresadas, y que al mismo tiempo
tengan fianzas para asegurar los caudales de su manejo, sera cosa
arriesgada el poner en su mano, con libertad absoluta, este manejo.

Para que el factor se empeara y buscara todos los medios imaginables en
utilidad y beneficio de la factora, era cosa conveniente el sealarle,
en lugar de salario, un tanto por ciento de las utilidades anuales de la
factora; pero al mismo tiempo convendra el que la factora no le
suministrase nada para su alimento y comodidades, ni permitirle criado
alguno indio ni muchacho que no fuese pagndole su salario y dndole el
alimento, con ms la circunstancia de que haba de ser voluntario y no
forzado. Con esta providencia se minorara, y aun extinguira, la
multitud de empleados intilmente en los colegios, y saldran a trabajar
en lo que fuese til a ellos y al pueblo; se excusaran los crecidos
gastos que diariamente tiene ahora la comunidad en alimentar no tan
solamente al administrador y su familia, sino tambin los que se
ocasionan dando de comer a cuantos tratantes y aun vagabundos andan en
estos pueblos; pues, siendo a costa de los factores el mantener su mesa,
no la franquearan con tanta liberalidad a todos. Si se examinan las
facturas que han venido de Buenos Aires desde la expulsin, se ver en
ellas que la mayor parte de lo que contienen son especies comestibles y
utensilios de cocina y mesa, que todos los han consumido los
administradores y nada se ha empleado en alivio de los indios; y todo
esto estaba cortado conque cada uno comiese y se sirviese a su costa.

Sera del cargo del factor el determinar las faenas que deba mantener
la factora, prefiriendo siempre aquellas que ofreciesen mayores
utilidades. El buen estado de las estancias deba llevar la primera
atencin, como que en ellas se afianzaba la principal subsistencia del
pueblo, y que, estando bien atendidas, rinden con sus progresos
considerables ganancias. Los yerbales de cultivo que hay en todos los
pueblos, y que por falta de cuidado estn muy deteriorados, y aun
perdidos, se empeara el factor en restablecerlos con el oportuno
cultivo y con la reposicin y aumento de nuevas plantas, para lograr de
este modo buenas cosechas de yerba, y la parte de aumento de valor que
tendran cuando entregase el pueblo, pues cada cosa se debera tasar
segn el estado de recibo y entrega. Atendera igualmente al aumento y
buen estado de algodonales y caas de azcar, as para lograr las
abundantes cosechas como para aumentar las fincas y sus valores.

Pueden tambin emprenderse otras muchas faenas en los pueblos, y los
factores no se descuidaran en aprovecharse de las proporciones del
pas. El corte de maderas y remisin de ellas a Buenos Aires; la
construccin de embarcaciones, as para venderlas en Buenos Aires como
para trajinar con ellas por los ros, trasportando las haciendas; los
beneficios de yerba en los yerbales silvestres del Paran y Uruguay, as
por tierra como por agua; las vaqueras a los campos del ganado alzado,
y otras muchas que se practican y se han practicado siempre.

Tambin pueden inventarse otras nuevas faenas que ofrecen tantas o
mayores ventajas como las ya establecidas y conocidas: el cultivo y
beneficio del ail, de que hay ejemplar de haberse beneficiado muy bueno
en los pueblos, y tengo noticia se beneficia en el Paraguay por un
particular con bastante utilidad suya; ya harina de mandioca, conocida
por _faria de po_ entre los portugueses, y su almidn, que ambas
especies se estiman y consumen mucho en Buenos Aires, y que es cosa
facilsima el fabricarlas y abundantsima la mandioca en estos pueblos.
El arroz tambin ofrece mucha cuenta, en construyendo ingenios para
limpiarlo, y una infinidad de menudencias que ayudaran al aumento del
comercio, ocupaciones y utilidades de los indios.

El cultivo y beneficio del tabaco, as el negro como el que llaman
colorado, ofrece en estos pueblos crecidsimas ventajas. Este ramo, que
en el estado presente no es posible adelantarlo, si se extinguieran las
comunidades poda ofrecer muchos aumentos; es la siembra y cultivo del
tabaco facilsima a cualesquiera particular que est dedicado a la
agricultura, pero el beneficiarlo despus de recogida la hoja es penoso
a los que no tenan libertad, tiempo y proporciones para ello, y mucho
ms el beneficio del tabaco negro para el que son necesarios muchos
aperos. Al mismo tiempo seran embarazosas a la factora las crecidas
siembras, cultivo y recogidas del tabaco, pero sera fcil el
beneficiarlo despus de recogidas las hojas; y as lo que convendra era
que los indios, y cualesquiera otros particulares, hiciesen las siembras
en sus mismas chacras y comprarles la hoja en recogindola sazonada,
pagndosela de contado al precio que se regulase, de modo que le quedase
una moderada utilidad a la factora, a la que, con los aperos
correspondientes, le sera facilsimo el beneficiar crecidas porciones
de tabaco negro y colorado, aplicando a cada clase el que fuese mejor
para ella. De esta forma era preciso creciesen los acopios, pues, por
poco que cada indio sembrase, como ellos son muchos, teniendo libertad
para trabajar en los terrenos tan frtiles, se haran buenas cosechas,
las que se acrecentaran con las siembras que por su parte hiciese la
factora, que tambin convendra las tuviese.

Las siembras de todos los frutos de abasto, como son trigo, maz y toda
clase de menestras, las verificaran los indios, como que estn
acostumbrados a hacerlas, y a ellos se las comprara la factora para el
abasto del pueblo. Bien es que, si fuese preciso o til, tambin poda
hacerlas la factora.

Para mantener todas estas faenas, o aquellas que ms cuenta ofreciesen,
se deberan conchabar los indios que fuesen precisos para peones,
aplicando a los muchachos y viejos a las ocupaciones en que ellos
pudiesen dar cumplimiento. Estos peones deberan ser voluntarios, y se
les habra de pagar semanalmente, regulndoles un jornal muy moderado,
que en mi inteligencia bastara para que no faltasen peones y que
trabajasen con empeo, el que a los ms trabajadores y aplicados se les
regulase a 6 reales por semana, a 5, 4 y 3 a los de menos actividad,
graduando la de cada uno; dndoles a todos una abundante comida al
medioda, y a los muchachos, muchachas, viejos y viejas bastara el que
les alcanzase el jornal a vestirse y alimentarse.

Aunque por la inclinacin que conozco en todos estos indios a
conchabarse y ganar jornal no me queda duda de que no faltaran cuantos
peones necesitase la factora para sus faenas, antes por el contrario,
considero que tendra la factora precisin de entablar otras para
ocuparlos a todos; si mi concepto saliese errado en esta parte, y los
indios se aplicasen ms a sus labores particulares que a conchabarse en
la factora, ningn inconveniente se seguira de que la factora
redujese sus faenas slo a las ms tiles y precisas, y que para stas
se obligasen semanalmente y por turno los peones necesarios, pagndoles
sus jornales; y esto en caso de no haber indios desaplicados, pues,
habindolos, a stos y no a otros se deban precisar a trabajar, como a
gente ociosa y vagabunda.

Ser cosa muy conveniente que el factor pueda conchabar, y conchabe,
cuantos espaoles se presenten, o puedan hallarse, para peones de las
estancias, faenas de yerbales, beneficio de tabaco y para todas las
ocupaciones que tenga a bien destinarlos, para que, mezclados con los
indios en el trabajo, les enseen y animen a trabajar; y as mismo
convendra el conchabar algunos de estos espaoles para capataces de las
varias faenas que se emprendiesen, aunque estos ltimos se deberan
admitir con aprobacin del gobierno, y no de otro modo.

Al fin de cada semana se deberan hacer los pagamentos de los jornales
que hubieran devengado los peones en toda la semana, segn las papeletas
que les diesen los capataces, que deberan ser arregladas a la
asistencia y aplicacin que cada uno hubiese tenido aquella semana.

Todos los acopios que se hiciesen de frutos o efectos deberan ponerse
semanalmente en los almacenes de tres llaves con intervencin del
corregidor y mayordomo, y aun del cabildo, si se tuviese por
conveniente, asentando en un libro, que debera existir dentro del mismo
almacn, las entradas, firmando todos en l, practicando lo mismo con
las salidas, que as unas como otras deberan hacerse por mayor en los
almacenes; y el factor y mayordomo deberan tener libros particulares en
que anotar las mismas partidas, como asimismo un diario en que apuntasen
las partidas pequeas que en el discurso de la semana se fueran
acopiando o expendiendo, para que as constase con claridad la pureza de
este manejo.

Dentro de la casa principal debera destinarse una pieza a propsito
para poner en ella una tienda o pulpera a cargo de algn espaol o
indio a propsito asalariado, en la que se vendiese de toda clase de
comestibles y menudencias de diaria necesidad, entregando por cuenta
todo lo que all se haba de vender, y recogiendo cada sbado el dinero
que rindiesen las ventas de la semana, el que asimismo debera colocarse
en el almacn en caja de tres llaves, que debera haber con libro en
ella de entradas y salidas de dinero, con las mismas formalidades que el
de los frutos y efectos; y cada cuatro meses, o cuando el factor tuviera
por conveniente, tomara cuentas finales de esta pulpera para conocer
el estado de ella y de su manejo, avisando de sus resultas al gobierno.

Para que esta pulpera estuviese surtida de todo, debera cuidar el
factor, por su parte, y hacer que cuidase el mayordomo, de que todo el
sebo de las reses, as de las que se matasen en las estancias como en el
pueblo, sirviese para velas que se pusiesen all, como asimismo la grasa
de ellas. Que se amasase pan, que no faltasen menestras, maz y dems
comestibles que produce el pas y consumen los indios, como asimismo
sal, azcar, miel, jabn, de modo que nada les faltase de cuanto pudiera
ofrecrseles, a excepcin de bebidas fuertes, que stas deberan
prohibirse enteramente, como lo estn por las leyes.

Para que los precios de las ventas que se hiciesen en estas pulperas al
menudeo no fuese arbitrario a los factores ni pulperos, deberan
drseles por el gobierno aranceles, arreglados a los precios que
estuviesen establecidos por otros aranceles, para las compras que
hubiera de hacer la factora a los indios; de modo que vendiendo al
menudeo no pudiera excederse de 25 o 30 por ciento el aumento de precio
de aqul a que se haba comprado, y vendiendo por mayor slo la mitad
del de menudeo.

El abasto de carne debera estar a cargo de otro espaol o indio,
arreglado de forma que cada res de buen tamao dejara de utilidad a la
factora un peso de plata, y el valor del cuero para gastos de
manipulantes y pastores.

Sera cosa conveniente y muy precisa que los almacenes estuvieran
surtidos de ropas adecuadas para estas gentes, as de las que se llaman
de Castilla como de las del pas, procurando que en las fbricas de
lienzos de los pueblos se trabajasen listadillos, y todos aquellos que
usan y apetecen los indios; como asimismo el que no faltasen frenos,
espuelas y cuantas menudencias se sabe les son de utilidad, y procurando
no introducir cosas intiles y superfluas; y solamente los sbados, y
con asistencia del corregidor, mayordomo y algunos de cabildo, se
deberan abrir los almacenes y verificar venta de estos efectos que no
son de diaria necesidad, y su importe depositarlo all mismo en la caja
de tres llaves en la forma que queda dicho, y con separacin de otras
partidas. A estos efectos pudiera cargrsele de aumento, sobre el
principal costo de Buenos Aires, un 40 o 50 por ciento, para que as
sufragasen los costos de conduccin, averas y menoscabos que pudieran
sufrir, y las alcabalas que deban pagar, y que dejasen una buena
ganancia, para que sta sirviese en utilidad del comn, en los fines y
trminos que despus se dir.

A ningn espaol o indio, establecido o empleado en los pueblos, debera
permitrsele el que introdujera efectos para vender, ni aun los de su
preciso uso, pues todos deberan comprarlos a la factora; pero a sta
le sera permitido el venderlos con las licencias necesarias a los
particulares que de fuera de la provincia viniesen a comprarlos para
extraerlos, aun rebajando algo del precio en que regularmente se
vendieran al menudeo a los establecidos dentro de ella, para aumentar
as el ramo de comercio, y por consiguiente las utilidades de la
factora.

Al mismo tiempo que la factora y factor deberan dar jornal y ocupacin
a todos los que lo pidiesen, y obligar por medio de las justicias a que
trabajasen los ociosos, deberan tambin comprar a los indios, y aun a
los espaoles avecindados, cuantos frutos y efectos adquiriesen con su
trabajo e industria por los precios que el gobierno hubiese establecido,
aun cuando no le resultase utilidad ninguna de la venta que de ellos
hubiese de hacer; pues sera cosa muy conveniente que todos tuviesen
asegurada la venta del producto de su trabajo. Bien es que el gobierno
tendra cuidado de poner nfimos precios a los frutos y efectos poco
necesarios, para separar a los indios de la aplicacin a cosas intiles,
inclinndolos a las tiles por medio de los mejores precios y utilidades
que les rindieran, como se dir cuando se trate del gobierno.

Al cargo del mayordomo estara, con la intervencin, direccin y cuidado
del factor, el comprar diariamente cuantos frutos y menudencias le
llevasen a vender los indios, pagndoles de contado a los precios
establecidos, para lo cual debera tener en su poder algn dinero de que
se le tomara cuenta al fin de la semana, recibiendo y almacenando lo
que hubiese comprado, y entregndole el dinero suficiente para la semana
siguiente. Este mismo mayordomo debera comprar y pagar el hilo que las
indias hilasen y quisiesen vender, arreglando los precios segn sus
calidades, que en mi inteligencia deba pagrseles a 3 reales la libra
de pabilo, a 4 la de hilo para lienzo grueso, a 7 el de mediano, a 12 el
de fino y a 16 el superfino, y venderlos en la pulpera a medio real la
libra de algodn en rama, o a 10 reales la arroba, en el supuesto de que
se les comprara a 8 reales la arroba del que quisiesen vender de sus
cosechas.

El hilo que se acopiase podra destinarse para lienzos segn sus
calidades, pagando a los tejedores su trabajo, segn las varas y
calidades de las piezas.

El factor debera tener atahona para que todos los que quisiesen moler
trigo tuvieran dnde hacerlo, sin ms paga por la molienda que la que se
considerase suficiente para mantener peones, mulas y composturas de
atahonas; y as mismo tendra trapiches, y todos utensilios para moler
la caa y beneficiar la miel y azcar; y, en fin, tendra todas aquellas
oficinas que no es fcil las costeen los pobres, y que por falta de
ellas o no siembran ni plantan aquellos efectos, por la imposibilidad de
beneficiarlos, o los pierden, por falta de ellos.

Tambin deberan mantener inmediatos a los pueblos una buena porcin de
bueyes para alquilarlos a los que los necesitasen para sus labranzas,
fuesen espaoles o indios; bien es que a stos se les arreglara un
precio moderado que slo sufragase el menoscabo de los bueyes y salarios
de pastores.

A ninguno debera drsele nada de balde, pudiendo trabajar, para que as
cada uno procurara tener bueyes, caballos y todo lo necesario para
ahorrarse de tener que pagar alquileres.

En poder del factor no debera extinguir ni por un solo da dinero, ni
cosa alguna que perteneciese a la factora, pues todo habra de
almacenarse bajo de las tres llaves dichas; y entre tanto se verificaba
al fin de cada semana, que permaneciese en poder del mayordomo y dems
destinados al manejo, y que el factor cuidase de la conducta de stos, y
de tomar las cuentas semanalmente como queda dicho.

Tampoco se le debera permitir al factor, ni a ningn otro de los
empleados, el tomar de la pulpera, carnicera ni almacenes cosa alguna
con pretexto de suplemento, ni al fiado para el gasto diario, pues toda
lo haba de comprar al contado, y si tena alguna necesidad, con la
orden del gobierno y formalidades necesarias se les poda socorrer en
dinero a cuenta de la parte de utilidad que en el ajuste de cuentas le
correspondiese; ni tampoco haban de servirse de bueyes, caballos ni
otros aperos de la factora en sus fines particulares, si no es pagando
de contado los alquileres de todo.

Deberan suprimirse y venderse, a beneficio de la factora, todos los
muebles y utensilios de cocina y refectorio, sin dejar otros muebles que
los precisos para alhajar y adornar las casas capitulares, cuanto de
hospedera del gobernador y algunos otros de esta clase; y estos muebles
tenerlos y conservarlos como consejiles, destinados para ornatos de los
mismos pueblos.

Los frutos comerciables sobrantes de los pueblos se deberan remitir por
los factores a los parajes en que pudieran tener mayor beneficio en su
venta, particularmente a la capital de Buenos Aires, para que los
vendiesen a beneficio de la factora y les remitiesen con su producto lo
que pidiesen; y para que este giro fuese ventajoso y no estuviese
expuesto a perjuicios e inconvenientes, me parece deba establecerse en
esta forma.

Por la Junta superior de propios y arbitrios de Buenos Aires, o por
quien la Superioridad tuviese por conveniente, pudieran nombrarse en
aquella ciudad tres o cuatro sujetos de calidad, y con las fianzas
convenientes, para apoderados de los pueblos, habilitndolos para que
pudiesen recibir encomiendas de ellos; y que a stos y no a otros
dirigieran los factores las haciendas de sus respectivos manejos, pero
dejndoles la libertad de elegir de estos apoderados aquel que
quisieren, y la de remover las encomiendas cuando lo considerasen til a
sus intereses, sin necesitar de pruebas, como tampoco las necesitaran
los mismos apoderados para excusarse a recibir las encomiendas cuando no
les acomodase el recibirlas, as como se practica entre comerciantes. Y
que estos apoderados estuviesen dependientes y sujetos a los respectivos
pueblos de quien tuviesen encomiendas, para arreglarse a sus
disposiciones, rendir las cuentas cuando se las pidieran y todo lo dems
concerniente al manejo que administraba, entendindose sin perjuicio de
las disposiciones y reglas que tuviese a bien darles la Superioridad, y
dems que expresar cuando trate del gobierno poltico de estos pueblos
y modo con que los factores deberan rendir sus cuentas.

Con esta providencia se conseguira el que los apoderados, por conservar
las comisiones que ya tuviesen, y por adquirir otras ms que pudieran
agregrseles de otros pueblos, procuraran ser puntuales en el desempeo
de sus cargos, dando el mejor valor a los efectos que se les remitiesen,
y comprando con la posible equidad lo que se les pidiese; y aseguraran
la confianza de los naturales y factores con el cotejo que haran de las
ventas y compras de unos y otros apoderados, lo que jams podrn hacer
siendo uno solo como lo ha sido hasta ahora el que administre sus
haciendas, evitndose tambin el perjuicio que se seguira de que cada
pueblo tuviese su apoderado particular, como algunos han opinado, en lo
que concibo mayor perjuicio que en que haya uno solo.

Para que todas estas cosas se observasen con igualdad y puntualidad en
todos los pueblos, era preciso formar una instruccin, en que
menudamente con claridad y mtodo se arreglase el gobierno econmico de
cada pueblo, y que sirviese de ordenanza a los factores y dems
empleados en este manejo, la que, en caso necesario, me sera fcil de
formar, mediante la prctica y conocimiento que tengo de cuanto se
practica y puede practicarse.

Arreglado y puesto en prctica el mtodo propuesto, seran en mi
concepto infalibles las favorables resultas, as para la factora como
para los indios, pues tenan seguros los jornales, y dnde proveerse en
todas sus necesidades, los que no tuviesen labranzas propias, y los que
las tuviesen la seguridad de vender todos sus frutos a un precio fijo y
determinado; y la factora la seguridad de unos crecidos aumentos en
todos los ramos que beneficiase, no quedndome duda que en un pueblo de
medianos fondos y proporciones no bajaran de 8 a 10.000 pesos las
utilidades anuales, aun considerados a los principios y con solas las
faenas presentes, lo que evidenciar a usted con el siguiente tanteo.

En un pueblo cuyas estancias tengan 20.000 cabezas de ganado vacuno, no
baja el procreo de 4.000 de yerra al ao; y teniendo, como todas tienen,
cras de yeguas y de mulas, producen tambin el aumento de las cras; de
modo que tengo bien averiguado que, rebajando las que se mueren,
pierden, roban, consumo anual de estancias, y computando jornales de
peones y capataz, pasa de 3.000 pesos el valor del aumento anual en una
estancia como la propuesta.

En un pueblo que tenga 1.200 almas entre chicos y grandes, no baja el
consumo anual de 2.500 cabezas de ganado; y aunque no regulemos sino
2.000, considerando las restantes para dar de comer a los peones que
trabajaren por cuenta de la factora, y consideremos un peso de utilidad
en cada una, segn lo que dejo dicho, son 2.000 pesos.

Por limitadas que sean las ventas en la pulpera de los efectos de
consumo diario, habiendo de proveerse de all todos los del pueblo, y no
siendo dable que teniendo dinero de los jornales dejen de comprar lo que
apetezcan, pueden computarse las ganancias de este ramo, cuando menos,
en 1.000 pesos al ao.

Aunque los yerbales de cultivo de los pueblos estn bastante
deteriorados y son cortas las cosechas, sin embargo siempre podemos
regular en 500 pesos su producto anual, despus de rebajados los
jornales que pueden emplearse en cultivarlos y beneficiar la yerba.

La cosecha de algodn puede cmodamente producir lo mismo que la yerba,
y aun excederles en mucho, siempre que se ponga un poco de aplicacin.

El planto y beneficio del tabaco, as torcido como enmanojado, es un
rengln de mucha utilidad, y beneficindolo como queda dicho puede
asegurarse, sin riesgo de equivocacin, que pasaran de 1.000 pesos las
utilidades que rindiera.

Los tejidos de lienzos, en un pueblo del nmero de gentes expresadas,
suben en el da a 16.000 varas, sin contar casi otras tantas que
particularmente tejen para vestirse suyo propio; conque, aunque no
contemos sino las mismas 16.000 varas, y en ellas medio real de utilidad
en cada vara para la factora, son 1.000 pesos.

El consumo de efectos trados de Buenos Aires, para vender a los indios
en los trminos dichos, me parece no bajara de 4.000 pesos de principal
anuales, a lo menos pasado uno o dos aos, los que, cargndoles un
cincuenta por ciento, produciran en la venta 6.000 pesos, y de ellos
2.000 de utilidad, y considerando que los gastos de comisin de compra,
conduccin y alcabalas ascendiesen a 500 pesos, quedaban libres 1.500.

Aunque en los pueblos hay otros muchos ramos de que sacar utilidad, como
son los beneficios de yerba en los montes, las vaqueras, el corte y
remisin de maderas, el beneficio de la azcar y miel, el del ail, si
se estableciese, y otros muchos que quedan apuntados, no me detendr en
hacer cmputo de las utilidades que rendiran, porque para mi intento
bastan los insinuados, y que con ellos se evidencian suficientes
utilidades, como se demuestra en el siguiente resumen.

                                                         Pesos
   Utilidades del procreo de las estancias               3.000
   dem del consumo de carnes en el pueblo               2.000
   dem de la pulpera                                   1.000
   dem de la yerba que se beneficia en el pueblo          500
   dem de los algodonales                                 500
   dem del beneficio de tabaco                          1.000
   dem de los tejidos de lienzo de algodn              1.000
   dem del consumo de efectos de fuera de la provincia  1.500
                                                        ______
   Son pesos                                            10.500

Del antecedente resumen resultan, de utilidades libres a la factora,
10.500 pesos.

Es verdad que en algunos pueblos no pueden esperarse estas utilidades, a
lo menos en los principios, porque sus estancias estn muy atrasadas, y
el corto nmero de indios no permitira el poder emprender muchas
faenas, ni los abastos y comercios rendiran mucho; pero tambin lo es
que hay otros que por sus proporciones, y lo numeroso de ellos,
excederan en mucho. Yo no tengo duda en asegurar que, aun a los
principios, no bajaran los aumentos anuales, en los treinta pueblos de
la provincia, de 300.000 pesos, y sobre esta suma he de fundar el
arreglo del gobierno, as general de la provincia como particular de
cada pueblo.

Para establecer el arreglo propuesto era preciso a los principios el que
de Buenos Aires se enviasen a los pueblos algunas cantidades de dinero,
siquiera 2 o 3.000 pesos a cada pueblo, pues sin l nada sera
verificable; y, siendo cosa cierta que muchos pueblos no tienen all
fondos propios, pudieran suplrseles del real erario a cuenta del tabaco
que beneficiaran despus. Para esta providencia me parece no habra
embarazo, pues la piedad de Su Majestad franquea en la nueva ordenanza
sus reales haberes para socorrer a los indios necesitados, suplindoles
por va de prstamo, y sin ningn inters, lo que necesiten para
fomentarlos, libertndolos as de los repartimientos que antes sufran.
Y aunque aquella disposicin se dirige a socorrer a los particulares, y
sta al comn, como en el comn se incluyen los particulares, debe
tenerse por una misma, teniendo sta la ventaja de la mayor seguridad en
la recaudacin, que en mi concepto el pueblo ms atrasado, al segundo o
tercero ao, ya habra satisfecho lo que le hubiesen suplido.

Habiendo de ser tan vasto el manejo de los factores, y ellos sujetos,
como queda expresado, me parece debrseles sealar diez por ciento de
las utilidades que quedasen libres a la factora, que es lo mismo que
sealan las leyes a los tutores de menores por la administracin de sus
bienes; pero no deba permitrseles ningn otro giro ni granjera
particular por s, ni por interpsita persona, ni tampoco el que usasen
de cosa alguna de la factora, a excepcin de la habitacin, que
deberan tener en las casas principales, sin otra alguna cosa. Y si para
que les aliviase del trabajo queran tener algn dependiente, fuese
espaol o indio, deberan pagarle su trabajo de la parte que le tocase
de sus utilidades, no entendindose esto con los que manejasen las
pulperas, los capataces ni dems empleados en el beneficio,
conservacin y aumento de la factora, pues a stos, como a todos los
dems peones y trabajadores, se les debera pagar su salarios y jornales
del cuerpo del manejo, como que trabajaban en su beneficio y utilidad; y
todos los dems gastos que se ofreciesen en el pueblo que no tuviesen
relacin ni se dirigiesen a beneficio de los bienes de la factora, los
debera sufrir la parte de utilidades que a esta correspondiesen, como
son alimentos y vestuarios de viejos impedidos, cura de enfermos pobres,
salarios de justicias, pago de reales tributos, diezmos y cualquiera
obra til o pa que se estableciese en beneficio del comn, como se ir
expresando en donde corresponda.

Con la asignacin de diez por ciento a los factores me parece no
faltaran personas tiles que las sirviesen, considerando que en los
pueblos de una mediana ascenderan cuando menos a 10.000 pesos las
utilidades, como queda demostrado, y de ellos le correspondan al factor
1.000 pesos. Y aunque en algunos no ascendiera a tanto, siempre tenan
la esperanza de los ascensos, segn el mrito y circunstancias de cada
uno, hasta llegar a los ms provechosos. Bien es que sera conveniente
que ninguno pretendiese ascenso sin haber primero servido cinco aos en
el pueblo que ocupaba, siendo conveniente no se mudasen muy a menudo.

Para que el mayordomo indio de cada pueblo se aplicase al desempeo de
tan importante encargo, y no tuviese motivo con que disculparse de
cualquiera malversacin, se le deberan sealar dos por ciento de las
utilidades de la factora.

Y parecindome bastante lo que llevo especificado en orden al gobierno
econmico de los pueblos, y de los bienes de sus comunidades, para que
usted conozca las utilidades que se les seguiran, paso a manifestar a
usted el que comprendo convendra se estableciesen en lo general de la
provincia.

Por las novsimas disposiciones de Su Majestad quedan los treinta
pueblos de esta provincia sujetos a un gobernador con slo la
jurisdiccin en ellos en lo militar y causas de justicia, quedando los
dos ramos de polica y hacienda real a cargo de los seores gobernadores
intendentes de Buenos Aires y del Paraguay, cada uno en el distrito de
su obispado. Y porque no he visto sino de paso las ordenanzas, ni
tampoco es mi nimo manifestar a usted las conveniencias y
desconveniencias que de su total observancia pudieran seguirse a estos
pueblos, segn las circunstancias de ellos, dir a usted lo que me
parece convendra, mediante el conocimiento que con la prctica he
adquirido. Aunque siempre seguir el espritu y disposiciones de las
nuevas ordenanzas, en cuanto a lo general de su establecimiento en este
virreinato.

Segn el conocimiento que me asiste de la situacin de esta provincia,
unin, relacin y dependencia que tienen unos pueblos con otros, y otras
circunstancias que son bien notorias, y que sera prolijo el referirlas,
me parece que lo ms conveniente sera el que permaneciesen unidos todos
los treinta pueblos, a lo menos los veinte y seis, excluyendo o
separando los cuatro ms inmediatos al Paraguay, que son Santiago, Santa
Rosa, Nuestra Seora de Fe y San Ignacio Guaz, que tienen poca o
ninguna relacin con los dems, y estn en mejor situacin para
agregarse a aquella provincia; y que fuesen gobernados por un gobernador
intendente que tuviese a su cargo todos los ramos, en la misma forma que
los dems nuevamente creados, y con facultad de nombrar subdelegados en
los partidos que lo necesitasen; que, segn mi conocimiento, convendra
se pusiese uno en los seis pueblos que comprende el departamento de San
Miguel, y otro en los cuatro del Yapey; y si los pueblos del
departamento de Santiago hubiesen de quedar sujetos a esta provincia y
gobernacin, convendra poner all otro; y los pueblos restantes
pudieran quedar todos sujetos al inmediato mando del gobernador, pues
estn cerca de Candelaria, que debera ser la capital.

Los lmites de esta provincia, considerando inclusos en ella todos los
treinta pueblos, me perece deberan ser los siguientes: por la banda del
norte, el ro Tebicuari, desde sus cabeceras hasta el estero de embuc;
por el oeste, el dicho estero hasta el Paran, atravesndolo ms abajo
del Salto, siguiendo por la laguna Ibera, incluyendo las tierras que
estn a la banda occidental de dicha laguna y que sus vertientes caen a
ella, y siguiendo a buscar el origen del ro Miriay, que podr servir
de lmites por ese lado hasta el Uruguay, atravesndolo a buscar la
embocadura del ro Cuarey, que podr servir de lmites por la banda del
sur, siguiendo hasta su origen y dirigindose por entre las cabeceras
del Ro Negro y las de Ibicuy a buscar las fronteras de Portugal,
sirviendo stas de trmino por la banda del este.

Si se excluyen los cuatro pueblos mencionados, pudiera servir de
lmites, por la banda del norte, el monte grande de Santiago, y sus
esteros y pantanos, que corren hasta entrar por el Salto en el Paran, y
en lo dems como queda dicho.

Pero, segn lo que considero, podrn estos pueblos dentro de pocos aos
hacer tales adelantamientos que juzgo podrn ser susceptibles de
erigirse en ellos un obispado con rentas ms pinges que el del
Paraguay, y entonces convendra otra demarcacin o divisin de lmites,
que propondr a usted para que la examine y me diga lo que le parece,
dado caso que as sucediese.

Lo que a m me parece es que los cuatro pueblos de Santiago, Santa Rosa,
Nuestra Seora de Fe y San Ignacio Guaz deberan quedar agregados al
obispado del Paraguay, y los veinte y seis restantes al de esta
provincia; y que sus lmites, por el norte, fuesen el monte de Santiago
hasta el Paran, como queda dicho, bajando por l hasta la ciudad de
Corrientes, incluyendo en esta provincia aquella ciudad y su
jurisdiccin, y bajando hasta el ro Guayquiraro, que sirviese de
trminos por la banda del oeste, y siguiendo el Guayquiraro hasta su
origen, y de all lnea recta a buscar el arroyo Mocoret hasta el
Uruguay, pasando a buscar el ro Cuarey, como ya queda dicho.

Me parece no poder ocultarse las conveniencias y utilidades de esta
ltima demarcacin. La ciudad de Corrientes y su jurisdiccin tienen su
trato y giro en estos pueblos, y mantienen cierta dependencia y
correspondencia til en su giro y comercio, y seran mayores la
utilidades de unos y otros si estuviesen bajo de un solo gobierno. Esta
provincia hace frontera con los dominios de Portugal por toda la banda
del este, y en tiempo de desavenencias con aquella corona no tiene el
gobernador en aquella provincia sino indios con que defenderse de las
invasiones, y es preciso que de Buenos Aires le manden los auxilios de
gente espaola; y teniendo bajo su mando a los Correntinos, tena en
ellos un pronto y eficaz socorro para cualquier urgencia. Los
inconvenientes que para esta divisin puedan ofrecerse los ignoro, y as
slo manifiesto a usted las conveniencias que conozco, segn las
alcanzo.

Es tan corto el tributo que estos naturales pagan a Su Majestad, que aun
en el da no alcanza a cubrir los sueldos y snodos que devengan los
empleados, que los cobran de la real hacienda, aun siendo stos muy
moderados. Y si se pusiera un gobernador intendente con la autoridad que
a tal empleo corresponde, sera preciso asignarle un sueldo
proporcionado, y sera gravar ms el real erario; y para que as no
sucediera, me parece que lo mejor sera que as al gobernador como a los
subdelegados se les pagasen sus sueldos de las utilidades que resultasen
a las factoras; pues, habiendo de dirigirse la nueva forma de gobierno
al bien y utilidad de los naturales, sera regular que stos costeasen
cuanto en su beneficio se estableciese, mayormente hallndose tan
aliviados en los tributos. Y as me parece que de las utilidades de
todos los pueblos se sacasen dos y medio por ciento, y repartirlas en
este forma: al gobernador medio por ciento de lo que rindiesen todos los
pueblos, con ms el dos por ciento restante de los pueblos que
estuviesen slo a su cuidado; y a los subdelegados el dos por ciento de
lo que produjesen los de su inmediato cuidado. As procuraran unos y
otros el adelantamiento de los pueblos, pues en ello aseguraban los
suyos.

Convendra que el gobernador tuviese un asesor o teniente letrado, un
ayudante y escribano de gobierno, y que asimismo hubiese un protector de
indios y un fiscal letrado, pues de otra forma no podra darse buena
forma a este gobierno; y para pagar estas cinco plazas se podan sacar
tres por ciento de las utilidades, sealando a cada uno lo que pareciese
conveniente.

Tambin sera conveniente se criase un ministro de real hacienda, con
los dependientes necesarios pagados de los reales haberes, para que
atendiesen al cobro de los reales derechos, reales tributos y dems
perteneciente a Su Majestad, y principalmente al ramo de tabacos, que
aqu son mejores que en el Paraguay, y pudiera adelantarse su cultivo y
beneficio con muchos aumentos de la real hacienda.

El pueblo de Candelaria es muy a propsito, por su situacin y
proporciones, para capital de la provincia; y para que lo fuera con ms
lustre y esplendor pudiera solicitarse de Su Majestad la gracia de que
le condecorase con el ttulo y privilegios de ciudad; pues, ponindose
all los tribunales y dems ministerios que despus dir, no tengo duda
que en breve se aumentara su poblacin con los muchos espaoles que se
avecindaran all.

Para que en los pueblos floreciesen las ciencias y las artes sera lo
ms conveniente que en dicho pueblo de Candelaria se estableciese un
colegio para letras y un hospicio para artes; en el primero se deberan
ensear desde las primeras letras hasta la teologa, jurisprudencia,
medicina y dems ciencias escolsticas que se tuviese por conveniente
ensearles a estos naturales, con todas las dems partes de educacin y
polica, teniendo a los jvenes en clausura como colegiales para que, no
rozndose con los otros, desechasen o no adquiriesen la rusticidad con
que al presente se cran, y fuesen despus tiles en sus pueblos, sin
perder el amor a la patria, como sucedera si los sacasen a aprender
fuera de la provincia. En el hospicio aprenderan las artes y oficios
ms tiles y necesarios en estos pueblos, ponindoles maestros hbiles,
y cuales convena para que despus, distribuidos en sus pueblos,
trabajasen con perfeccin las obras de sus facultades y pudiesen ensear
a otros.

De las libreras de todos los pueblos pudiera formarse una muy buena
para el colegio de la Candelaria y, dejando en cada pueblo aquellos
libros que a los curas pudieran servirles para el preciso ejercicio de
su ministerio, remitir los restantes a Buenos Aires para que all se
vendiesen, aunque fuera a bajo precio, y con su importe comprar las
obras modernas que se necesitasen para la librera del colegio.

Tambin sera bueno hubiese en la capital un seminario para ensear
nias a todas las labores propias de su sexo, y principalmente al
gobierno de una casa y familia, a la crianza y educacin de los hijos y
dems correspondiente a las mujeres; y as a stas como a los muchachos
se deberan instruir con perfeccin en el idioma castellano, formando,
para que todo se consiguiese y tuviera el debido efecto, una buena
instruccin y ponindolo todo a cargo de un director cual convena.

Las rentas para mantener estas casas deberan salir de las utilidades de
todos los pueblos, sacando tres por ciento, y aplicando tambin al mismo
fin el valor de las obras que se trabajasen en el hospicio, y el
producto del paso de los ganados que atraviesan el Paran por
Candelaria, hacindolo paso preciso y quitando el que transiten por otra
parte; y si el gobierno encontraba algn otro ramo o arbitrio, pudiera
aplicarlo a este mismo fin.

De cada pueblo deberan enviarse cada ao a Candelaria, cuando menos, 4
muchachos y 2 muchachas, prefiriendo siempre a los hijos de los
caciques, para que all los destinasen a lo que fuese cada uno a
propsito o tuviesen inclinacin; y por cada uno de los que enviasen,
debera acudir con uno o dos pesos mensuales, o con lo que se tuviese
por conveniente sealar para ayuda de alimentos y vestuarios de ellos y
ellas, que a todos se deban tener con decencia.

Tambin convendra se solicitase el real permiso para que pudiesen
fundar conventos en Candelaria las tres religiones, Santo Domingo, San
Francisco y la Merced, para que los religiosos de ellas pudieran ocupar
las ctedras del colegio y practicar lo dems concerniente a su
instituto y a la salvacin de las almas, pero con el cargo de admitir al
hbito a los indiecitos que fuesen capaces para ello.

Cosa muy conveniente sera el que en la capital se estableciese una
junta provincial, compuesta del gobernador, su asesor, el ministro de
real hacienda, el fiscal y el protector, y que, si se hallase alguno de
los subdelegados, tuviese lugar en ella, con voto o sin l, como
pareciese conveniente. En esta junta se vera y tratara todo lo
perteneciente a real hacienda, haberes de los pueblos y polica de
ellos: dando parte de todo a la junta superior de Buenos Aires, para
que, visto all, se determinase lo ms conveniente.

A esta junta presentaran los factores sus cuentas para que las
examinase, y, con el parecer del protector, vista fiscal y el informe de
la junta provincial, se remitieran a la superior de Buenos Aires para su
aprobacin.

Los apoderados de Buenos Aires sera conveniente el que sus cuentas las
rindiesen cada dos aos, dndolas a los pueblos de quienes eran
dependientes; y los factores las invertiran con las suyas, como ramo
dependiente de ellas, exponiendo o alegando lo que de ellas le
pareciese, y la junta provincial las examinara con las del factor, y
las dara giro como ya queda dicho.

Todos los pueblos se hallan con cuentas pendientes, aun desde el tiempo
de los expatriados, y cada da se va imposibilitando ms su liquidacin,
sin que el gobierno pueda separar los estorbos que se ofrecen cuando se
trata de ajustarlas; y la junta provincial les allanara todos,
trazndolas y liquidndolas en la mejor forma posible.

La junta provincial arreglara los gastos que cada pueblo hubiera de
tener anualmente en las fiestas del santo titular, las de los das del
Rey y su cumpleaos, y otras que se ofrecieran; como as mismo los
gastos ordinarios o extraordinarios de cada uno, dando la forma que en
librarlos, gastarlos y dar las cuentas se deba observar.

Para que los indios se empeasen a trabajar en lo que fuese ms til a
la provincia, al real erario y a ellos, pudiera disponer la misma junta
provincial que en cada uno de los pueblos se sealasen premios a los que
ms se aplicasen y adelantasen en las ocupaciones o ramos ms tiles, a
la manera que se practica en Espaa en las reales sociedades econmicas
de los amigos del pas, sacando estos premios de los fondos comunes,
segn los tuviesen los pueblos, y dando de todo parte a la junta
superior para su aprobacin.

Arreglndose en la forma dicha el gobierno de estos pueblos, me parece
que los objetos a que el gobernador debera dirigir sus cuidados con
particularidad son los siguientes:

En primer lugar, era preciso que el gobernador atendiese a que a los
indios no se les faltase por los factores en nada, en la forma que queda
explicado, que sus jornales les fuesen justamente pagados, que se les
vendiesen los mantenimientos y dems necesarios a su conservacin y
comodidad con la mayor equidad, y que se les comprase cuanto ellos
tuviesen y quisiesen vender por sus justos precios, formando aranceles
para todo; de forma que cada ao, por el mes de febrero o marzo, que es
cuando se han verificado las cosechas y se disponen las futuras
siembras, se publicasen los aranceles para el ao siguiente, as de los
precios a que se les haba de comprar todo lo que ellos recogieran y
beneficiasen, como a los que se haba de vender, que, siendo por mayor
la venta, no excediese del precio a que se compraba de un quince por
ciento, y por menor de un veinte y cinco. Y para formarlos con acierto
se atendera qu frutos son de ms consumo y necesidad en la provincia,
a cules se aplicaban ms los indios o les costaba menos trabajo al
adquirirlos o beneficiarlos, cules son de mayor comercio o valor fuera
de los pueblos; y considerado todo, y conocida la ventaja, desventaja,
aplicacin o desaplicacin por las cosechas anteriores, arreglar los
aranceles, dndoles ms valor a los frutos que se hubiesen aplicado
menos los indios a su cultivo, y que son de mayor necesidad o utilidad
en el comercio, y bajndolo a los que hubiesen abundado y fuesen menos
necesarios, consultndolo con la junta provincial para el mayor acierto,
y dando parte de todo a la superior de Buenos Aires para su aprobacin.

En segundo lugar, cuidara el gobernador de que a los indios no se les
impidiese el sembrar y hacer sus chacras en donde les pareciese y
acomodase, como lo practican ahora; pues, estando acostumbrados todos
ellos a tener chacras, es preciso que a lo menos los primeros aos sigan
esta misma costumbre, hasta que la experiencia les haga conocer que no
necesitan todos tenerlas; pues, con el dinero que adquieran con sus
jornales o en otras ocupaciones, compraran lo necesario a otros, y
sera perjudicial a ellos si se les estorbasen las siembras donde y como
quisieran hacerlas. Pero se les hara saber que, para adquirir propiedad
de los terrenos que ocuparen, y para que nadie pudiera desposeerlos de
ellos, haban de presentarse al gobernador pidiendo el terreno que
pretendan ocupar; y siendo proporcionado a sus fuerzas, y no estando
ocupado con ttulo de propiedad por otro, se les podra despachar ttulo
condicionado de propiedad, encargndoles que dentro de tres aos haban
de tener en l las plantas de yerba, de naranjos, limones, duraznos,
algodn, caa de azcar y dems que al gobierno parezcan convenientes; y
de no tenerlas en el trmino de los dichos tres aos, podra otro
cualquiera pedirlas, y le seran dadas; pero, si las plantase y tuviese
como deba, a los tres aos se le dara ttulo de propiedad absoluta
para l, sus hijos y descendientes, y para que la pudiera vender o
enajenar como mejor le estuviera, y que adquirida la propiedad de un
sitio pudiera pedir en la misma forma otro, que no se le negara. En la
misma conformidad y con las mismas condiciones sera conveniente el
repartirles tierras a los espaoles que se estableciesen en los pueblos,
que no dudo seran muchos los que vendran a esta provincia, a la que
sera muy til, pues habra ms que ocupasen a los indios y les diesen
jornal, y ellos tendran donde emplearse a su gusto y abundara todo.
Pero ni a unos ni a otros se les deberan dar tierras para estancias, y
si las necesitaban podran arrendar las grandes y cmodas rinconadas que
hay en los trminos de los pueblos, o comprarlas segn lo considerasen
ms til, pero con la obligacin de tener casa poblada en el pueblo a
donde correspondieran.

En tercer lugar, cuidara el gobernador se aumentasen los edificios de
los pueblos y que se fabricasen con otra regularidad y conveniencias,
destinando, con intervencin de la junta provincial y aprobacin de la
superior, los caudales que se hubiesen de emplear en construccin de
edificios nuevos y reparacin de los existentes, y que en estos ltimos
se permitiese a los indios el vivir de balde, a lo menos en los cinco
aos primeros. Hacindoles saber que, pasados stos, haban de pagar
alquileres, y los que ocupasen las casas que nuevamente se vayan
construyendo, fuesen indios o espaoles, que pagaran anual o
mensualmente los alquileres que se les tasase; y los que quisieran
fabricar casas propias, se les franqueara los solares de balde.

En cuarto lugar, debera cuidar el gobernador de que en los aos
estriles no les faltase a los indios en qu ocuparse, a lo menos para
ganar para comer y vestirse. En estas ocasiones hara que los factores
los aplicasen al corte de maderas en los montes, o que les comprasen la
que ellos hubiesen cortado y labrado; y que los destinasen a los
beneficios de la yerba en los montes, a las vaqueras y otras
ocupaciones que la provincia ofrece aun en los aos ms estriles; y si
aun esto no bastase, que de los fondos comunes se destinase mayor
cantidad que la ordinaria para emplearla en composicin de caminos, en
construir puentes, fuentes y acequias para regadizos y otras obras
pblicas, que al paso que daban ocupacin y jornales a los indios
aumentaran la comodidad en la provincia y la utilidad de todos; y de
esta forma jams faltara en qu trabajar ni qu comer a los naturales,
suponiendo que en la factora no faltaran los repuestos para estas
ocasiones.

Lo quinto y ltimo, cuidara el gobernador de que en los pueblos se
reedificase la casa de misericordia que haba en tiempo de los jesuitas,
y que en ella se recogiesen todos los viejos, viejas, pobres e impedidos
que no tuviesen cmo mantenerse, o que voluntariamente quisiesen
recogerse all, como tambin los que enfermando no tuviesen cmo
curarse; y que a todos stos se les asistiese de los bienes de la
factora, y que, a los que pudiesen trabajar en algo, se aplicasen a lo
que pudiesen hacer a beneficio de la misma factora, de modo que no
hubiese en los pueblos ningn necesitado.

Adems de lo expresado, convendra se formase, con intervencin del
gobernador y la junta provincial y aprobacin de la superior, un fondo
que fuese comn a todos los pueblos, sacando de cada uno tres por ciento
de sus utilidades, para ocurrir a los infortunios de los pueblos que los
padeciesen inculpablemente, como son naufragios, incendios, langosta,
peste u otros, justificando no haber sido culpable aquella fatalidad,
que debera cubrirse enteramente de aquellos fondos; y para prstamos
para fomentar algunos pueblos que estuviesen atrasados, y para los dems
fines que el gobierno y superioridad tuviese por conveniente; y tambin
para gratificar a los factores que hiciesen descubrimientos tiles a
beneficio de toda la provincia, como asimismo para los gastos que
pudieran ofrecerse en pretensiones de la provincia y en todo lo que
fuese de su esplendor y engrandecimiento. Y si estos fondos ofreciesen
mucho, pudieran servir para facilitar la navegacin por los ros,
rompiendo arrecifes o construyendo canales, y en fin para todo lo que se
juzgase til.

Aunque considero que, arreglndose el gobierno como queda dicho cesara
la desercin de los indios porque cesaban las causas que la motivaban, y
aun se restituiran voluntariamente muchos a sus pueblos, con todo
considero muy precisas algunas providencias de gobierno para que todos
los indios dispersos fuera de esta provincia se restituyesen a sus
respectivos pueblos, y que adelante no se desertasen de ellos. Y para
esto sera conveniente que el excelentsimo seor virrey se sirviese
mandar por bando, en los parajes en que puede haber indios Tapes, que
todos se restituyesen a sus pueblos, imponiendo penas pecuniarias a los
ocultadores y corporales a los indios, o a los que no tengan con qu
satisfacer las pecuniarias. Y para que tuviese efecto la superior
disposicin, que el gobernador de estos pueblos pudiera nombrar y
despachar partidas, a costa de los mismos pueblos, a los parajes en que
se sabe hay indios de ellos; y a los que encontrasen con espaoles, los
prendiesen a unos y a otros, y que las justicias del partido les
hiciesen exigir a los espaoles la multa, que debera ser para los de la
partida. Y trayendo los indios a los pueblos, que cada uno por los
indios que le haba trado le diese una gratificacin, y que los indios
fugitivos trados trabajasen para el pueblo, hasta tanto que hubiesen
devengado los costos de su aprensin y conduccin. Y por lo que hace a
los indios que andan en los mismos pueblos fuera de los suyos, si
pareciese conveniente, pudiera permitrseles el que se quedasen
avecindados en los pueblos en que se hallan, si en ellos quisiesen
permanecer, agregndose al cacicazgo de su gusto dentro del trmino que
se les sealase. Y esto slo en esta nueva planta de gobierno, porque
despus no convendra el permitirlo, y se tendran celadores en todos
los pueblos para que no permitieran extraos, dando algn premio por
cada uno que denunciasen, que satisfara el pueblo a que correspondiese
el fugitivo, haciendo que con su trabajo lo devengase, y dando el
castigo merecido as al fugitivo como al encubridor, con lo que me
parece cesaran las deserciones, y no se seguiran los daos y
perjuicios que por esta causa suceden, como dejo manifestado en su
lugar.

stos son los puntos ms principales a que me parece deba dirigir su
atencin el gobernador de estos pueblos; y omitiendo otros, por no ser
demasiado prolijo, paso a manifestar el particular gobierno que
considero convendra a cada pueblo en particular.

El corregidor, teniente de corregidor, alcaldes, regidores y dems de
que se componen los cabildos de estos pueblos, me parece convendra
subsistiesen en el mismo nmero y denominaciones que tienen al presente;
pero convendra que el corregidor y teniente de corregidor lo fuesen
slo por tres aos, y, cumplidos stos, cesasen y no pudiesen volverlo a
ser, sin haber sido residenciados, para impedir el que con la
perpetuidad se hagan despticos, y para animar con la esperanza a otros
indios, que arreglaran su conducta y procedimientos para merecer el
ascenso a estos empleos.

Para quitar enteramente las parcialidades que siempre hay en los
pueblos, me parece que convendra que los corregidores no lo fuesen del
pueblo de su naturaleza; porque su parentela y amigos tienen mucho
influjo en sus disposiciones, lo que no sucedera siendo de otro pueblo,
ni podra apandillarse en tres aos que deba durarle su empleo, ni los
naturales sabran los defectos de toda la vida del corregidor, que ahora
los saben y tal vez se los echan en cara, y es causa de odios y
vejaciones, y servira de estmulo a todos, as empleados como no
empleados; a los primeros para conseguir ascenso a otro mejor
corregimiento, en cumpliendo bien el trienio en el que servan; y a los
no empleados para merecer el que los empleasen, mayormente viendo que
del pueblo en que haba ms aplicacin y adelantamientos en cultura y
civilidad salan ms corregidores que de los otros. Pero el teniente de
corregidor convendra lo fuese del mismo pueblo de su naturaleza.

El cuidado del corregidor y de las dems justicias lo haban de dirigir
a que en los pueblos no hubiese nadie ocioso, que todos se ocupasen en
las labores propias o ajenas, teniendo individual noticia en que se
ejercitaba cada uno, y darle ocupacin al que no la tuviese. Cuidando al
mismo tiempo de que los indios no anduviesen vagantes de unos pueblos a
otros, y de restituir al que encontrasen fuera de su pueblo, sin
licencia de su corregidor, para que lo corrigiesen en la forma que
tuviese dispuesto el gobierno.

Celara el corregidor y cabildo el buen orden del pueblo, procurando
impedir los delitos pblicos y ofensas a Dios, particularmente aqullos
en que son ms viciosos estos naturales, como son los de incontinencia y
ladronicio; y para que en estos ltimos no quedasen los agravios sin la
debida satisfaccin, si el ladrn tena haberes se satisfara de ellos
el hurto, dndole el correspondiente castigo; y si era tan pobre que
nada tena, se satisfara el robo al interesado de los bienes de la
factora, y se aplicara el reo a que trabajase a beneficio de ella por
el tiempo que fuese necesario para devengar lo que por l se haba
pagado, y dndole su merecido castigo, entendindose en uno y otro caso
estar bien averiguado el robo y quin lo hizo, para no dar lugar a
injusticias. Y hacindolo as, me parece que se abstendran de robar,
porque si ahora lo hacen con tanta frecuencia es porque, adems de no
concebir ni conocer la ruindad del hecho, no se les compele a la
satisfaccin, si no existe la cosa hurtada, y slo pagan su delito con
azotes; pero, en sabiendo que adems de los azotes les han de hacer
pagar el valor de lo hurtado, ellos se abstendran de este vicio.

La buena educacin de la juventud es la parte principalsima para
conseguir la civilidad, porque de los viejos, o casi viejos, poco o nada
se podr conseguir. Y como los padres y madres de familia en el gobierno
presente no cuidan de la educacin de los hijos, debe recelarse que
seguirn en adelante lo mismo, y que, con la libertad que se les
franqueaba de tener y disponer de sus hijos a su voluntad, se olvidasen
enteramente de darles educacin y aplicacin; y para evitar esto sera
muy conveniente que se les hiciese saber a todos que los padres o madres
que no diesen educacin a sus hijos o hijas se les quitara el dominio
de ellos, y se pondran en donde fuesen bien educados; que la educacin
debera consistir en ensearles la doctrina cristiana y buenas
costumbres, a rezar el rosario todos los das en sus casas o en la
iglesia, or misa todos los das de fiesta, y los de trabajo que
pudieran; y, en fin, a vivir como verdaderos y buenos cristianos, no
permitindoles a los hijos hurtos, pendencias, amancebamientos ni
ninguna otra cosa mala, y lo mismo a las hijas particularmente; deberan
cuidar el que guardasen honestidad, y tambin deberan celar las
justicias el tratamiento que daban los padres a los hijos, para que no
fuese inhumano, y que los asistieran con el alimento necesario y los
trajesen vestidos con honestidad, particularmente a las hijas. Y a los
que as no lo hiciesen, si siendo amonestados y reprendidos no cumplan
como deban, se les pudiera privar del dominio de sus hijos, como
incapaces de darles educacin, y a los que les diesen la crianza,
aplicacin y asistencia de vida, se les dejase libremente disponer de
ellos.

Para que en los pueblos pudieran tener los muchachos una mediana
enseanza, sin la precisin de ir al de la Candelaria, se debera
mantener en cada uno escuela de primeras letras, en que aprendiesen a
leer, escribir y contar, la que debera estar a cargo del indio
sacristn mayor, al que auxiliara el pueblo con una ayuda de costa,
para que, con lo que le estuviese sealado por la iglesia en su
ministerio (como dir despus), pudiese mantenerse sin ocuparse en otra
cosa.

Tambin se conservaran en todos los pueblos las escuelas de msica y de
danza, reducindolas a una misma, y en la misma conformidad que las de
primeras letras, teniendo el maestro renta por la iglesia, y ayuda de
costa por el pueblo, en los trminos que se juzgase conveniente, y que a
los muchachos de ambas escuelas les asistiese el pueblo con una comida
cada da, y con algn socorro anual para su decencia, para que as los
aplicasen los padres con voluntad a ellas.

Convendra que el gobierno formase ceremonial y ordenanza para el
gobierno de los cabildos, as para sus elecciones como para las
formalidades con que deban juntarse en cuerpo de ayuntamientos y los
das que deban hacerlo, prohibindoles el que todos los das se
juntasen, como ahora lo hacen, y el que los alcaldes traigan siempre la
vara en mano, ensendoles a que lleven bastones, y que cuando se junten
en cuerpo de cabildo se vistan con decencia, y desde que salgan de las
casas capitulares hasta que vuelvan y se disuelva aquella junta no se
separen con ningn motivo del destino y objeto que debi juntarlos, y
que las atenciones y cortesas las usen y tengan despus de separados.

Para que los corregidores y cabildantes pudieran conservar con decencia
el honor de sus empleos, sera conveniente que de los bienes del comn
se les sealase algn sueldo o gratificacin, que me parece que en los
pueblos de una mediana pudieran asignarle al corregidor 100 pesos
anuales con ms lo que dir despus, 80 al teniente de corregidor, 60 a
cada uno de los alcaldes, 50 al alguacil mayor y 40 a cada uno de los
dems regidores, incluso el secretario de cabildo, y lo que pareciese
conveniente a los dems empleados de justicia y otros que los pueblos
mantienen, como son tamborileros, clarineros, etc.

El corregidor debera tener intervencin en todos los asuntos de la
factora; tendra una llave de cada almacn y de la caja del dinero;
celara y procurara se cumpliesen todas las disposiciones del factor,
quien consultara con l todas aquellas cosas en que los indios tienen
experiencia, y le dara noticia de todo lo que se iba a emprender para
que as llegase a noticia de todos los del pueblo y se asegurasen de que
cuanto se haca era en su beneficio. Y por este trabajo, y el cuidado
que debera tener con todo lo perteneciente a la factora y sus
aumentos, se le deberan sealar dos por ciento de sus utilidades.

A ningn indio ni espaol, empleados o no empleados en los pueblos, se
le debera permitir indios ni indias en su servicio sin pagarles sus
jornales; pero pagndoles, y siendo voluntarios, que pudieran tener
todos los que quisieran.

Las facultades de administrar justicia, y casos a que pudiera extenderse
la jurisdiccin de los indios, pudieran y deberan ser arregladas a lo
que est prevenido por las leyes; y el gobierno les dara instruccin, a
la que se deberan arreglar, como en todo lo dems que se tuviese a bien
el instruirlos.

Esta provincia de Misiones est fronteriza con los dominios de Portugal,
y con algunas naciones de indios infieles, como queda dicho, y por lo
mismo era preciso que el gobernador de ella fuese militar, para que en
las ocasiones de algn rompimiento con aquella corona se pudiesen hacer
las defensas y ofensas necesarias por este lado, y lo mismo cuando fuese
preciso contener las invasiones de los infieles; y para lo uno y lo otro
era menester tener aqu un cuerpo efectivo de tropas veteranas que se
compusiera a lo menos de tres compaas, de a ochenta o cien hombres con
sus oficiales correspondientes, y un buen comandante, sujetos al
gobernador de estos pueblos.

Esta tropa debera tener su destino en las fronteras de Portugal, desde
la fortaleza de Santa Tecla hasta la guardia de San Martn,
extendindose a los dems parajes ventajosos, que los prcticos de
aquellos campos conocen, para impedir en tiempo de paz las
introducciones de contrabandos que por all pudieran hacer, y estorbar
la saca de cueros y animales que los gauderios y changadores, espaoles
y portugueses, extraen de aquellos campos con mucho perjuicio de estos
pueblos y de la real hacienda.

Tambin impedira esta tropa la comunicacin y abrigo que tienen los
portugueses con los Minuanes, no permitindoles a stos salir a
comunicar con aqullos; lo mismo haran que observasen con los indios
guarans que se desertan de estos pueblos, previnindoles que no los
permitiesen en sus tierras, lo que sin duda ejecutaran teniendo a la
vista un cuerpo de tropas tan respetable, y que les hara cumplir lo que
se les mandase, en caso de inobservancia, y aun se les podra obligar a
vivir unidos en reduccin, y conseguir, si no de los adultos a lo menos
de los prvulos y de los que fuesen naciendo, el que se incorporasen en
el gremio de la iglesia y obediencia del Rey.

De esta tropa pudiera destinarse, por destacamentos, la que se tuviese
por conveniente al pueblo de la Candelaria, para que sirviese de
autoridad y respeto al gobernador, quien destinara la que le pareciese
a los departamentos que fuese necesaria para la quietud de la tierra; y
que en las entradas y salidas de la provincia celasen la introduccin y
extraccin de todo lo que encontrasen sin las correspondientes
licencias, o que no fuese lcito introducir ni extraer; y tambin el que
los indios no se desertasen, y de recoger los fugitivos, remudndose
estos destacamentos en los tiempos y manera que se tuviese por
conveniente.

Para que ese cuerpo de tropas no fuese gravoso al real erario, era
menester buscar un arbitrio para pagarles sus sueldos y dems necesario
para que puedan subsistir; y sera el que propondr a la consideracin
de usted.

Bien sabida es la posesin en que se hallan algunos pueblos de esta
provincia de ser dueos de los ganados que hay en los campos de la Banda
Oriental del Ro Uruguay, desde Paisand, costas y cabeza de Ro Negro,
campos del Yi, y todos los que se incluyen desde la jurisdiccin de
Montevideo hasta estos pueblos. La mayor parte de estos campos son en mi
concepto realengos, y aunque los ganados que pastan y procrean en ellos
tengan su origen de los pueblos que gozan la propiedad de ellos, me
parece que en mucha parte deban considerarse propios del Rey, pues en
sus campos han tenido el incremento. Con esta consideracin, y la de que
la tropa de la frontera haba de servir en beneficio de los pueblos y
custodia de los campos de vaqueras, ningn agravio me parece se har a
los pueblos, que se tienen por interesados en aquellos campos y sus
ganados, el que de ellos se sacase lo suficiente para mantener y pagar
la misma tropa en los trminos que dir.

Si los expresados campos se celasen como es debido, para que los
portugueses y changadores no extrajesen los corambres y ganados que
conducen al Brasil, y que los indios de estos pueblos que andan por los
campos, y los que van a las vaqueras, no hicieran los horrorosos
estragos que ejecutan en los ganados, y practicndose las faenas de
cueros con arreglo, y slo en las toradas viejas, y que la saca de
ganados de las vaqueras se hiciesen arregladas, me parece que, aunque
cada ao se extrajesen de aquellos campos 150.000 cabezas, entre
corambres y vaqueras, no se experimentara decadencia en los ganados; y
regulando cada cabeza a 4 reales de plata en el campo, importaran
75.000 pesos cada ao.

Por el derecho que pueden tener los pueblos que estn en posesin de
aquellos ganados, podan percibir 2 reales de cada res que se extrajese
de los campos, o se matase en ellos para aprovechar el cuero; y lo
restante, que sera 37.500, para pagamento y asistencia de la tropa de
la frontera, que me parece que con esta cantidad sera suficiente, y si
no alcanzase pudiera destinrsele uno o dos por ciento de toda la
provincia.

A todos los pueblos de estas misiones se les dara permiso para hacer
vaqueras y corambres, pagando a 4 reales los que no tienen derecho a
ellas por cada res que matasen o extrajesen, y dos los que lo tienen;
pero ni los unos ni los otros deberan hacerlas sin el permiso del
gobierno, y arreglndose a la instruccin que para verificarlas se
formase.

Para que en las ocasiones de rompimiento de guerra con alguna potencia
se encontrase esta provincia en estado de defensa por s misma, o de
acudir con un buen socorro a la capital de Buenos Aires, convendra se
levantase en ella un batalln de milicias provinciales de infantera, en
el mismo pie y forma que lo estn las de Espaa, en su lugar un
regimiento de Dragones. Estas milicias se procurara tenerlas bien
disciplinadas, de forma que en cualquiera tiempo estuvieran prontas y
armadas para lo que se ofreciese o les mandasen; y para socorrer a los
soldados en los tiempos de asamblea, que pudiera tenerse una o dos veces
al ao, y para pagar los oficiales de plana mayor que deberan tener
sueldo, y lo que por va de socorro se diese a los sargentos y cabos,
pudiera destinarse uno y medio por ciento de las utilidades de toda la
provincia.

ste, amigo mo, es el proyecto que, entre otros muchos que se han
presentado a mi imaginacin, me ha parecido el ms conveniente para
arreglar el gobierno de esta provincia, atendiendo a las circunstancias
presentes; y para que del todo vaya completo, quiero aadir a l un
reglamento para que el gobierno eclesistico concuerde con el secular, y
se eviten los inconvenientes que hasta ahora se han experimentado.

Para poner en orden cuanto pertenece al gobierno eclesistico y culto
divino, y uniformar todos los pueblos en l, y acudir al remedio por lo
que pueda ocurrir en adelante, me parece convendra que los curas
tuviesen dentro de la provincia un inmediato superior o vicario, con
todas las facultades necesarias, as en lo que pertenece a su vida y
costumbres, como en lo que corresponde al oficio de curas; para que, sin
embarazarse el gobierno secular en los varios recursos que le es preciso
hacer, pudieran corregirse y cortarse aqu aquellas cosas menores, y las
ms graves se despacharan al tribunal correspondiente, despus de
formalizadas las causas aqu, para que la Superioridad determinase lo
conveniente. Estos superiores o vicarios cuidaran de que ningn
religioso se ausentase de su pueblo sin legtima causa, haran que todos
cumplieran con las cargas anexas al curato, procuraran que la falta que
ocurriese de cura en un pueblo la supliese el de otro, y que las vidas y
costumbres de todos fueran ejemplares.

Asimismo, excusara este dicho vicario los muchos embarazos que se
ofrecen a los prelados y superiores con los informes encontrados que van
de estos pueblos, pudindolos dar jurdicos con plena informacin de los
casos.

Pero me dir usted que para la nominacin de vicarios se ofrecen muchas
dificultades, como son el que, siendo tres las religiones que ocupan
esta provincia, mezcladas en toda ella, es dificultoso el sujetar los
religiosos de las unas a vicario de la otra; que, siendo dos las
jurisdicciones eclesisticas, pudiera haber alguna dificultad en
conformarse los prelados; y lo que es ms, que sera aadir nuevo
gravamen al real erario con el snodo que se hubiese de sealar al
vicario para su decencia y manutencin, siendo as que los tributos no
alcanzan a los gastos que Su Majestad tiene en esta provincia, y algunos
otros inconvenientes que yo no conocer. Pero, amigo mo, en todo lo que
se pretende reformar hay algo que vencer; todas estas dificultades me
parece se salvaran con arreglo que voy a proponer a la consideracin de
usted.

Cuando se tom la determinacin de colocar mezclados en toda esta
provincia los religiosos de las tres religiones que ocupan sus curatos,
tendra el gobierno razones que le obligasen a esta determinacin, pero
en el da no descubro motivo que embarazase el que cada religin ocupe
un partido; y as me parece que la de San Francisco pudiera ocupar los
trece pueblos que corresponden al obispado del Paraguay, as porque esta
religin es ms numerosa y puede hacerse cargo de mayor nmero de
pueblos, con la ayuda de las misiones que vienen de Europa, como porque
tienen contiguos a ellos los pueblos que proveen en lo restante de la
provincia del Paraguay.

A la religin de la Merced pudiera sealarse los diez pueblos de los
departamentos de San Miguel y Yapey, y a la de Santo Domingo los siete
de este departamento de mi cargo, porque esta religin es menos numerosa
o carece ms que las otras de religiosos lenguaraces.

Algunos de los pueblos de esta provincia, por el corto nmero de almas,
y por estar con inmediacin a otros, les sera muy suficiente tener slo
un religioso para el cumplimiento de todas las cargas del curato; as se
experimenta en muchos que se han mantenido y se mantienen con solo el
cura, y estn asistidos como los que tienen cura y compaero.

El Rey, Nuestro Seor, tiene destinados 12.000 pesos cada ao para los
snodos de curas y compaeros de los treinta pueblos, y aunque por no
estar completos no se gastasen todos, siempre en la mente piadosa de Su
Majestad el que, siendo necesario, se emplee este caudal en el bien
espiritual de estos naturales. Bajo de este supuesto poda determinase
que los pueblos de San Ignacio Guaz, Nuestra Seora de Fe, Trinidad,
San Ignacio Min y Loreto, en el obispado del Paraguay; San Jos, San
Carlos, los Mrtires, Santa Mara la Mayor y San Lorenzo, en los de
Buenos Aires, tuviesen un solo religioso de cura, porque el corto nmero
de indios de estos pueblos, y la inmediacin que tienen con otros, les
proporciona comodidad para ello.

De cada religin poda nombrarse un religioso, cual convena para
superior o vicario, de los de su orden. Sin cargo de curato, y en cuya
nominacin poda guardarse la forma del real patronato, proponiendo los
tres prelados, para que de ellos nombrase uno el vicepatrono, al que
podan los prelados regulares dar sus facultades en lo que les toca de
la vida y costumbres de los religiosos, y los seores obispos las que
corresponden al ministerio de curas para visitarlos, y lo dems anexo a
la vicara, pudindole ampliar las facultades para los casos en que la
jurisdiccin eclesistica pueda conocer en causas de legos.

A cada uno de estos vicarios poda drsele de snodo para su decencia y
manutencin 500 pesos, sacados de los 2.000 que componen los diez
compaeros que pudieran suprimirse en los diez pueblos dichos.

Los 500 pesos restantes pudieran aplicarse a los diez curas que deban
quedar solos en los pueblos sealados, dando 50 pesos de gratificacin a
cada uno sobre los 200 de snodos que gozan, para suavizar as la
molestia de estar solo, y para que pudiese gratificar a algn religioso
que confesase la gente de la estancia en el tiempo del cumplimiento de
iglesia, y para otros casos que pudieran ofrecrsele; y as todo quedaba
remediado.

Aunque el Rey, Nuestro Seor, ha determinado que los curatos de estos
pueblos se provean en clrigos, me parece no tendr efecto por falta de
sujetos que quieran oponerse a ellos por el corto snodo que gozan, que
slo es suficiente para religiosos, y no para clrigos que necesitan ms
para su decencia; y entretanto no sean codiciales estos curatos, y que
se verifique la real intencin, me parece no lograrn tener curas como
los necesitan, porque las religiones mandan solamente religiosos mozos,
sin madurez ni experiencia, y que aunque hayan estudiado algo se les
olvida por falta de ejercicios, faltndoles ste en el tiempo y edad que
ms lo necesitaban. Y aunque en el da hay algunos religiosos empleados
de curas en estos pueblos de regulares luces, y de muy buenas
costumbres, particularmente en este departamento de mi cargo, y que con
el mtodo propuesto arriba se mejorara mucho ms, con todo no puede
esperarse que todo est cual conviene para el bien de las almas de estos
naturales, entre tanto no sean ocupados por sujetos que aspiren a
mayores adelantamientos, y as voy a expresar a usted otro pensamiento
que me parece que con su ejecucin podan hacerse apetecibles estos
curatos, y por consiguiente los ocuparan sujetos cuales se necesitan.

Siendo como son tan desiguales los pueblos en el nmero de personas, lo
son tambin en el trabajo que los curas tienen en administrarles los
sacramentos, y parece bien serlo tambin en el goce de snodos,
proporcionndolos segn la gente de cada pueblo; y el mtodo ms
equitativo que se me ofrece es el siguiente.

En lugar de dos curas, o cura y compaero que cada pueblo debe tener en
la prctica presente, se poda arreglar que en cada uno hubiese
solamente un cura, con el snodo que proporcionalmente le tocase a cada
pueblo, el que poda arreglarse como se dir despus; y suponiendo que
este arreglo se dirige a que estos curatos los puedan ocupar clrigos,
es lo ms preciso el que stos tengan vicario dentro de la provincia a
quien estar sujetos, y parece sera lo mejor el que hubiera dos, uno en
los pueblos pertenecientes al obispado de Buenos Aires y otro en los del
Paraguay, as por lo dilatado de esta provincia como por ser dos las
jurisdicciones; y dispuestas en esta forma la divisin de curatos y
vicaras, se les poda sealar el snodo en esta forma.

De los 12.000 pesos que deben invertirse en snodos de curas, pudieran
separarse, en primer lugar, 1.500 pesos para los dos vicarios, sealando
al de los pueblos de Buenos Aires 850, y al del Paraguay 650. En segundo
lugar, se podan separar 4.500 pesos, y repartirlos por iguales partes
entre todos los curatos, a 150 pesos a cada uno, los que podan
considerarse como renta fija de cada curato; y los 6.000 pesos restantes
repartirlos proporcionalmente entre todos los curatos, segn el mayor o
menor nmero de almas de cada uno, regulndolas por los tributarios que
cada pueblo tuviese. Supongamos que en los treinta pueblos se numeran
12.000 indios tributarios, entre cuyo nmero quieren partirse los 6.000
pesos dichos; les tocara a 4 reales por cada tributario, y as diremos
que el pueblo en que hubiese 200 tributarios deber percibir el cura
como por obvenciones 100 pesos, que juntos con los 150 de renta fija
compondran 250, y que ste sea su snodo; en el que los tributarios
sean 500, le corresponderan 250, que con los 150 componen 400; y en el
que hubiese 800 tributarios, ascendera el snodo del cura a 550 pesos;
y dndoles los pueblos para que puedan alimentarse, como dir despus,
seran los curatos mayores muy apetecibles, y habra sujetos de
conducta, habilidad y virtud que se opusieran a ellos.

Para que los curatos estuvieran bien servidos y que los feligreses no
carecieran del pasto espiritual, que no podra subministrrseles como
era debido un cura solo en un pueblo numeroso, pudiera obligrseles a
los curas de los pueblos en que llegase el nmero de tributarios a 400 a
que tuvieran tenientes de curas puestos para ellos mismos, con sola la
aprobacin del ordinario, como se acostumbra en curatos de espaoles,
que, dndole al cura la facultad de sealarle sueldo, segn se
convinieran entre ellos, y despedirlos no hallndose gustosos, con tal
que luego pusieran otros en su lugar.

Dispuesta de este modo la distribucin de curatos, me parece no
faltaran sujetos que los sirvieran, aun los de poca renta, porque,
siendo stos escala para los ms pinges, se opondran a ellos para
proporcionarse despus el ascenso a los mayores; tampoco faltara
quienes ocupasen los tenientazgos, aun por muy corto estipendio, slo
para hacer mritos para oponerse a los curatos, siendo regular se
atendiese con preferencia a los que actualmente servan en los pueblos.

Para que los factores ni ninguno otro del pueblo tuviese que embarazarse
en la asistencia de los curas y sus alimentos, convendra que de las
utilidades de la factora se sealasen para alimento de cura, tuviese o
no compaero, tres por ciento, que debera considerarse como por va de
primicias y otras obvenciones; y que el cura con esto y su snodo se
proporcionase su subsistencia, y que los criados que hubiera de tener
los alimentase y pagase, y no los detuviese en su servicio contra su
voluntad.

Todas las iglesias tienen en el da, con corta diferencia, igual nmero
de empleados, y los mismos gastos las de los pueblos chicos o pobres que
las de los grandes o ricos; y me parece no deba ser as, sino a
proporcin de los posibles se deban arreglar los gastos; y para que as
se verificase, y que las iglesias no estuviesen dependientes de los
factores ni de otros para sus gastos, me parece que lo mejor sera
sealar cinco por ciento de las utilidades de la factora para gastos de
la iglesia, lo que debera ser en los trminos que se arreglase por los
prelados eclesisticos y vicepatrones reales en la forma que lo tuviesen
por conveniente, tenindose esta asignacin como renta perteneciente a
la fbrica de la iglesia.

Tambin deberan destinarse para aumentar esta renta los derechos que se
tuviese a bien el imponer por las sepulturas de la iglesia, de modo que
el que se hubiese de enterrar en ella, fuese indio o espaol, pagase la
sepultura, y el que no, que se enterrase en el cementerio; y tambin
debera tener su parte la fbrica de la iglesia en el arancel que
debera formarse para los derechos que haban de pagar los espaoles que
se avecindasen en estos pueblos.

De estas rentas deberan pagarse todos los gastos de la iglesia, culto
divino, salarios de sacristanes y cantores, que tambin tendran ayuda
de costa por el pueblo para que fuesen maestros de nios, como dejo
dicho, los aclitos, que stos sera bueno lo fuesen de los de la
escuela; y as ellos como los maestros y discpulos de la msica
tendran obligacin de acudir a la iglesia a todo lo que se ofreciese,
como que las escuelas haban de estar contiguas a la iglesia.

Tambin tendran salario los fiscales, y dems que fuese necesario para
el mejor culto de la iglesia, y que hubiese quien celase y obligase a
que todos acudieran a la iglesia y a todas las obligaciones de
cristianos, lo que tambin celaran las justicias, como ya queda dicho.

Habiendo en los pueblos vicarios, en los trminos que queda dicho,
arreglaran todo lo dems concerniente al culto divino, y proveeran que
a los indios se ensease la doctrina cristiana, y que ellos acudiesen a
ser educados en la mejor forma y con el menor gravamen que fuese
posible, y segn se viese se aplicaban o descuidaban, porque sobre esto
no puedo formar concepto que me satisfaga; pero de todos modos el
gobierno debera estar a la mira, y dara los auxilios necesarios para
que se lograse tan importante fin.

As como los pueblos pobres o de poca gente estn gravados ms que los
ricos o numerosos en los gastos de las iglesias y sus empleados, tambin
lo estn en lo que pagan por razn de diezmos; es verdad que en esta
parte estn tan aliviados que se hace notable la moderacin de su tasa,
pues no paga cada pueblo sino solos cien pesos de plata cada ao; y mi
reparo es que, habiendo tanta desigualdad de unos a otros, as en
caudales como en individuos, todos hayan de ser iguales en el pagar; y
por no pasar en silencio este punto, dir algo sobre la materia, por lo
que pueda importar.

En el ao pasado de 74 represent el cabildo eclesistico de Buenos
Aires a Su Majestad; se les segua notable perjuicio por no acudirles
los pueblos de esta provincia, pertenecientes al obispado de aquella
capital, con los diezmos que deban satisfacer estos naturales, y Su
Majestad se sirvi resolver en 5 de octubre de 78 se cobrasen slo 100
pesos de cada pueblo, as de los del obispado de Buenos Aires, como de
los del de Paraguay, que era lo mismo que siempre haban pagado, hasta
que en los snodos que los prelados deban celebrar se arreglase este
punto con las formalidades correspondientes; y como hasta ahora no ha
tenido efecto la celebracin de los dichos snodos, tampoco ha habido
novedad en este particular. Pero, hablando con usted con la satisfaccin
que tenemos y la ingenuidad que acostumbro, digo que, segn el
conocimiento que tengo de estos pueblos, es poqusimo lo que se da a
Dios respecto a lo que se recoge; y aunque es menester tener
consideracin a que los indios mantienen en un todo sus iglesias y
alimentan a sus curas, con todo vuelvo a decir que es poqusimo,
mayormente estando resumido en los 100 pesos los diezmos de todos los
frutos de comunidad y de particulares. Y as me parece que, teniendo
presente lo que emplean en la iglesia, la conmiseracin con que Su
Majestad mira a estos naturales y la miseria de ellos, lo que deberan
pagar por ahora hasta que estuviesen en otro estado, me parece, deba
ser a razn de 4 reales por cada tributario de los que hay en cada
pueblo; as se proporcionara mejor y con ms igualdad la satisfaccin
de los diezmos, y aun quedando tan moderados, considero se duplicara su
monta, porque ahora slo importa 3.000 pesos, y creo que en esta forma
llegara a 6.000, o faltara poco.

Los espaoles que hay establecidos en estos pueblos, ninguno paga
diezmos ni primicias, porque nadie se lo pide; y aunque no son muchos
los que hay, y stos son pobres, siempre sera bueno estuviesen sujetos
a la ley, para que, as ellos como los que se vayan estableciendo, no se
les haga costoso cuando se quiera hacerla cumplir.

Rstame solamente para concluir la segunda parte de esta memoria el
formar un resumen de todos los gastos anuales de un pueblo en los
trminos que queda dicho, y suponiendo que las utilidades de la factora
ascendern a 10.000 pesos; sobre este supuesto formar la cuenta como
sigue.


                                                                          Pesos
  Al factor, diez por ciento                                              1.000
  Al mayordomo, dos por ciento                                              200
  Para el gobernador y subdelegado, deber contribuir cada pueblo dos y medio
   por ciento                                                               250
  Para el teniente letrado, el ayudante de gobierno, el fiscal, protector y
   escribano, tres por ciento de cada pueblo                                300
  Para el colegio y seminario de la Candelaria, tres por ciento de cada
   pueblo                                                                   300
  Para los infortunios que puedan suceder en algunos pueblos, tres por
   ciento de cada uno                                                       300
  Para el corregidor, dos por ciento                                        200
  Para milicianos, uno y medio por ciento de cada pueblo                    150
  Para alimentos de curas, tres por ciento                                  300
  Para renta de la fbrica de la iglesia, cinco por ciento                  500
  Para gratificaciones de los empleados en cabildo, segn el reglamento
   propuesto, puede considerarse que con siete por ciento es ms que
   suficiente, incluyendo los empleados en tamboriteros, clarineros, etc.   700
  Para mantener la casa de misericordia, los maestros de escuelas y msica,
   reparacin de edificios, compostura de caminos y puentes, alimentos de
   los que se destinaren al colegio y hospicio a Candelaria, premios de los
   ms aplicados, tributos, diezmos y todo lo dems que pueda ofrecerse, me
   parece que bastara con diez y ocho por ciento                          1.800

  Suma total de gastos y asignaciones                                      6.000


De manera que, satisfaciendo cada pueblo las asignaciones que van
sealadas, empleara sesenta por ciento de sus utilidades, y siendo
stas 10.000 pesos, como se pone, importarn 6.000 pesos, y le quedaran
de aumento cuarenta por ciento, o 4.000 pesos.

Aunque los pueblos no pueden ser iguales en sus adelantamientos, y es
preciso que en muchos de ellos no puedan subir las utilidades a la suma
expresada, particularmente a los principios, como hay algunos que las
pueden tener muchos mayores, me parece que unos con otros no bajaran de
los 10.000 pesos; y en este supuesto dar formada la cuenta de todo lo
que se destinaba y deba servir generalmente a toda la provincia, y
comprendindose en ella los treinta pueblos, montaran las utilidades de
toda ella a 300.000 pesos, lo que se destinaba para objetos y empleos
generales, como se manifiesta.

  Para el gobernador y subdelegado, dos y medio por ciento            7.500
  Para el teniente letrado, el ayudante, fiscal protector y escribano,
   tres por ciento                                                    9.000
  Para el colegio y seminario de la Candelaria, tres por ciento       9.000
  Para los infortunios de la provincia, tres por ciento               9.000
  Para las milicias, uno y medio por ciento                           4.500
                                                                     ______
                                                                     39.000

Suman las cinco partidas antecedentes 39.000 pesos, los que deberan
invertirse en los empleos y destinos tiles a la provincia, y que juntos
con los 141.000 pesos que los pueblos invertiran en lo particular de
cada uno suman 180.000 pesos, que en su mayor parte pasara a manos de
los indios, y de las de stos a las factoras, y con esta circulacin se
aumentara el comercio y la aplicacin, y creceran los caudales, as
comunes como particulares; todo redundara en opulencia de la provincia
y sus moradores, y se acrecentaran los haberes reales con las alcabalas
que adeudara el vasto comercio; se aumentaran los tributos,
recogindose todos los indios a sus pueblos, y sobre todo el producto de
los tabacos que aqu se fabricaran.

Ya, amigo mo, tengo concluido el plan de mi proyectado reglamento; no
s si habr acertado a delinearlo segn conviene, lo que s s que todo
es acomodado a las circunstancias presentes de esta provincia y sus
naturales, y que nada propongo que se oponga ni aun indirectamente a las
leyes, antes en la mayor parte conforma con ellas, como podra usted
verlo en las _Recopiladas de Indias_, en todo el libro sexto,
particularmente en los ttulos 2, 10 y 12, que tratan de la libertad,
del tratamiento y servicio personal de los indios.

Si agradase a usted, como lo deseo, ninguna duda me quedar de su
utilidad, y desde luego debo suponer podr tener aceptacin en la
Superioridad, a la que, si usted lo tiene a bien, podr comunicar lo que
de l le pareciese conveniente para el servicio de Dios y del Rey, bien
y utilidad de estos pobres indios.

Nuestro Seor guarde a usted muchos aos. Pueblo de Concepcin y
septiembre 27 de 1785.

    Besa su mano su ms atento y seguro servidor
         GONZALO DE DOBLAS





End of the Project Gutenberg EBook of Memoria histrica, geogrfica,
poltica y conmica sobre la provincia de Misiones de indios guarans, by Gonzalo de Doblas

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or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.


Section  2.  Information about the Mission of Project Gutenberg-tm

Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
electronic works in formats readable by the widest variety of computers
including obsolete, old, middle-aged and new computers.  It exists
because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
people in all walks of life.

Volunteers and financial support to provide volunteers with the
assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
remain freely available for generations to come.  In 2001, the Project
Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.


Section 3.  Information about the Project Gutenberg Literary Archive
Foundation

The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
Revenue Service.  The Foundation's EIN or federal tax identification
number is 64-6221541.  Its 501(c)(3) letter is posted at
http://pglaf.org/fundraising.  Contributions to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
permitted by U.S. federal laws and your state's laws.

The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
throughout numerous locations.  Its business office is located at
809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
business@pglaf.org.  Email contact links and up to date contact
information can be found at the Foundation's web site and official
page at http://pglaf.org

For additional contact information:
     Dr. Gregory B. Newby
     Chief Executive and Director
     gbnewby@pglaf.org


Section 4.  Information about Donations to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation

Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
spread public support and donations to carry out its mission of
increasing the number of public domain and licensed works that can be
freely distributed in machine readable form accessible by the widest
array of equipment including outdated equipment.  Many small donations
($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
status with the IRS.

The Foundation is committed to complying with the laws regulating
charities and charitable donations in all 50 states of the United
States.  Compliance requirements are not uniform and it takes a
considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
with these requirements.  We do not solicit donations in locations
where we have not received written confirmation of compliance.  To
SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
particular state visit http://pglaf.org

While we cannot and do not solicit contributions from states where we
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approach us with offers to donate.

International donations are gratefully accepted, but we cannot make
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Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
methods and addresses.  Donations are accepted in a number of other
ways including checks, online payments and credit card donations.
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Section 5.  General Information About Project Gutenberg-tm electronic
works.

Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
concept of a library of electronic works that could be freely shared
with anyone.  For thirty years, he produced and distributed Project
Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.


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editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
unless a copyright notice is included.  Thus, we do not necessarily
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